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17 noviembre 2020 2 17 /11 /noviembre /2020 10:33

LOGOI 175

DIGITALIDIOTAS

Las crisis políticas y sociales generan impensables compañeros de cama. Nadie pensó que la actual crisis occidental acercaría a jóvenes herederos de los anarco-hippies y a una extrema derecha paranoica y negacionista. En las redes la confusión es dramática. Los inventores de bulos y majaderías negadoras de la evidencia exigen libertad de expresión para defender su “derecho” a instigar el odio y la desconfianza entre la población adicta a las pantallas. Escribió Emilio Lledó: “…Siempre se habla de tener libertad de expresión, pero lo que hay que tener antes que eso es facultad de pensar. Si mi libertad de expresión solo sirve para que diga idioteces, de qué le sirve a nadie mi uso  de esa libertad. ¿Para qué nos sirve, si no sabemos pensar…si careces de sentido crítico, si eres un adicto a las “fake news”, los bulos y las insensateces proferidas por “influencers” de la Red, que no saben hacer la “o” con un canuto”.

Ahora el camaleónico Sánchez sugiere una “agencia” que ponga orden en ese universo digital caótico. Tiembla uno sólo de pensarlo. No porque la medida sea inoportuna o absurda, sino por cómo se piensa realizar, quién controlaría a los controladores de los filtrajes y hasta qué punto la deriva del control no abarcaría medios de comunicación independientes que tan molestos resultan a un poder enquistado en sus sillones.

El neurocientífico Michel Desmurget, nos dice que estadísticamente un joven de 18 años suele pasar por término medio de 5 a 8 horas todos los días frente a una pantalla. Por ello ciertas regiones cerebrales relacionadas con el procesamiento de señales visuales entorpecen por sobrecarga la maduración de las redes lingüísticas, esenciales en campos como la lógica, el  sentido crítico y la elaboración de un pensamiento estructurado.

Unamos el mal uso de la libertad de expresión, el invento apresurado de un control gubernamental de los ataques y supuestos ataques a la norma y  los “levantamientos populares” orquestados por los fascismos “democráticos” que los perpetran, y obtenemos un cóctel explosivo preocupante. César Vallejo escribió en 1939: “¡Cuídate España de tu propia España! Cuídate de la víctima a pesar suyo, del verdugo a pesar suyo y del indiferente a pesar suyo! Cuídate del que antes de que cante el gallo, negárate tres veces y del que te negó, después, tres veces. Cuídate de los nuevos poderosos. Cuídate de los que dicen que te aman. Cuídate de tus héroes. Cuídate del futuro.”

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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10 noviembre 2020 2 10 /11 /noviembre /2020 09:27

LOGOI 174

 PRIVACIDAD Y ENTELEQUIA

El artículo 18 de nuestra Constitución considera la privacidad uno de los derechos fundamentales  con sus tres pilares: el honor, la intimidad y la imagen personal. No creo que nunca haya sido efectiva. Al menos con el rigor que cabría esperar de una Ley de alto rango. La cual,  desde mayo de 2018, ha sido reforzada por el REPD (Reglamento Europeo para la protección de datos).

Pasemos a la palabra “entelequia” que, como saben, significa “cosa  irreal”. Con lo cual estamos diciendo que la tan cacareada “privacidad” del siglo XXI es algo irreal y como tal, engañoso. A pesar de brotes  de casos  “ejemplares” de castigo a los que se da cumplida publicidad. Lisa y llanamente, el colmo de la hipocresía.

Centrémonos en el mundo digital en el que vivimos la mayor parte de los ciudadanos. Algún evolucionista guasón ha descrito al hombre del siglo XXII con unos descomunales índices y pulgares, atrofia de los demás dedos, ojos miopes habituados a  distancias cortas, mirando sin cesar pantallas luminosas  y una mente focalizada en aquello que reciben y asimilan por vía digital. ¿Vieron ustedes esa joya de dibujos animados de la antigua Pixar que se tituló “Wall.e” y se estrenó allá por el 2008? Pues bien, recuerden a aquellos seres humanos gordinflones y pasivos  encerrados en un Arca interestelar. O, más seria, la película “El círculo” (2017) con Tom Hanks y Emma Watson, donde las personas son controladas  las 24 horas a través de una empresa dictatorial que manipula sus vidas a cambio de comodidad y servicios. Una especie de “1984” y su “Gran Hermano”. Todos sujetos a la gestión de un agresivo computador algorítmico programado heurísticamente (Como el HAL 9000 de Stanley Kubrick).

¿Ciencia ficción? ¿Distopía? ¿Están seguros de que su privacidad está protegida? Todos los que tenemos un ordenador, cuentas en Yahoo, Google, Facebook , Twiter, etc. y un móvil, estamos facilitando –gratis y voluntariamente-  nuestros perfiles socioeconómicos y psicológicos, que son ordenados por tendencias, con algoritmos de búsqueda – y usados comercial o políticamente-, que se legalizan cada vez que clicamos un “ok” a las “condiciones” que nos imponen para permitirnos operar en internet. En consecuencia,  hablar de privacidad es una entelequia, por muchas leyes y organismos que nos aseguren que estamos protegidos.

 ALBERTO DÍAZ RUEDA

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5 noviembre 2020 4 05 /11 /noviembre /2020 11:07

LOGOI 173

ZOONOSIS

Desde hace un siglo, cuando se declaró la  primera gran epidemia de nuestros tiempos, la llamada “influenza”, en 1918-19  (el virus H1N1 de origen aviar) que devastó Europa, Estados Unidos (su origen)  y otros países, se han sufrido cinco grandes pandemias. A causa de aquél virus murieron 50 millones de personas en el mundo. La última pandemia, el coronavirus, aparecido en diciembre de 2019, está en su segunda ola y ha causado en el planeta más de un millón de víctimas y más de 46 millones de contagiados. En España, más de un millón de contagiados y 35.000 fallecidos.

El panel de expertos en biodiversidad de las Naciones Unidas ya lleva tiempo advirtiendo que la brutal deforestación en algunas partes del planeta y el comercio de fauna salvaje en otras, junto a las actividades humanas que generan el progreso del cambio climático y la pérdida implacable de la biodiversidad, están provocando conjuntamente un aumento exponencial (se habla de un 70%) de enfermedades emergentes encuadradas como zoonosis (patologías contagiosas de animales a personas). De otros circuitos científicos situados en diversos países del mundo se activan las alarmas por la plausible aparición de nuevas pandemias semejantes -- o más graves, contagiosas y letales-- a la Covid-19 en los próximos años, si no se controla la expansión de la agricultura intensiva aliada a la deforestación y no se remodela el sistema económico basado en un comercio, producción y consumo insostenibles.

Los especialistas en enfermedades zoonóticas tratan de crear una cultura de prevención más que de lucha antivírica. Destinar fondos para implementar modelos de prevención  e información  sanitarias, que vinculen el control de las causas conocidas de la zoonosis con la estructuración sanitaria suficiente para intervenir eficazmente en el inicio de la pandemia, sería mucho más lógico y económico que tratar de frenar lo inevitable cuando ya se ha despertado el dragón. Es decir, evitar en el futuro (quizá bastante más cercano de lo que creemos) justo lo que se está haciendo con el Covid, con los desastrosos resultados que cabía esperar y nadie parece haber previsto. Incluso, creo yo, con estas medidas razonables evitaríamos también el vergonzante  espectáculo de un negacionismo contra todas las evidencias, que además se está volviendo agresivo de forma progresiva. Es la constatación estadística y sociopolítica de una verdad algo humillante: la idiotez es el virus más peligroso que amenaza al género humano.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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29 octubre 2020 4 29 /10 /octubre /2020 19:21

En la recepción que Jorge Marco Bergoglio, más conocido como el Papa Francisco, dio a Pedro Sánchez y señora, el Pontífice tomó la palabra para hacer una clara advertencia a los políticos españoles. Más o menos les dijo “vayan con cuidado, el país se les está yendo de las manos” y pidió a todos que rebajaran la fratricida tensión ideológica que se estaba apoderando del escenario político español. Citó el “resurgir de nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos”, aseguró que la hegemonía social del egoísmo y el individualismo más insolidario, las “fantasías tradicionalistas” y las tensiones territoriales estaban abocando a las democracias, no sólo en España sino en todo Occidente, a una regresión autoritaria cada vez más evidente. Este lúcido Papa hizo una referencia sutil a la degradación de la República alemana de Weimar, hace ahora cien años, que supuso el triunfo del nazismo y la pesadilla hitleriana que anegó el mundo.

El Papa pidió a Sánchez que transmitiera a todas las fuerzas políticas españolas la necesidad de optar por el camino de concordia, colaboración y solidaridad que reflejaba su reciente encíclica “Fratilli tutti” (“Todos hermanos”). Quizá la sutileza de Francisco, más interesante para nuestro país, fuese su uso de tres conceptos para definir una misma realidad necesaria: País, Nación y Patria. Mejorar el primero, consolidar la segunda y hacer progresar la tercera. Y ninguno de los tres pertenece a una ideología en exclusiva. Territorio, política y símbolo histórico común, asaltados por separado por los partidos y las ideologías, en un rifirrafe donde pierden su naturaleza y se convierten en “herramientas” ofensivas y disgregadoras. Ni la izquierda, ni la derecha, ni los extremos de ambas, ni nacionalistas obcecados o separatistas visionarios, tienen en sus respectivas manos las medidas para evitar (o traer) otro Weimar en España. Pero los ataques extremistas por todos los flancos a esta España asolada por la pandemia y la crisis económica y la falta de respuesta unitaria de los políticos democráticos, constituyen un peligro cierto y real de regresión a las dictaduras. El Papa Francisco estuvo acertado.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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20 octubre 2020 2 20 /10 /octubre /2020 09:17

LOGOI 171

IRA DEORUM

Los antiguos griegos (los abuelos de la civilización europea, los romanos fueron los padres) solían  tener un gran respeto por la "ira de los dioses", aunque también temblaban ante sus defectos, como la lujuria, la vanidad o la crueldad gratuita.Muchos creían que la guerra de Troya la provocaron los del Olimpo porque estaban hartos del griterío, el desequilibrio y el bullicio de los mortales. Era una manera de disminuir la población, cuyo exceso causaba los mayores males. Para los babilónicos el Diluvio fue cosa de los dioses ante el aumento de la población humana y su mal comportamiento. Casi todas las mitologías conocidas, desde la asiria, a las nórdicas o a las hindúes o las aborígenes australianas  o norteamericana (incluso el cristianismo y el judaísmo con el Diluvio) califican de “castigo divino” las hambrunas, la peste y otras epidemias que diezmaban la población ya sea a causa de las vidas licenciosas, impías y desordenadas de los humanos o por los daños que éstos infligían a los bosques, los ríos o las montañas. El catolicismo no le fue a la zaga. En España hacíamos rogativas populares en las calles, tras el párroco y su cruz, para atajar las sequías.

En el fondo, las metáforas mitológicas esconden grandes verdades naturales: la ruptura del equilibrio de la naturaleza, en algunos de sus aspectos, por la labor codiciosa, depredadora, mezquina y abusiva, del hombre. En realidad hay una constante en los males que la Naturaleza nos inflige de una u otra manera: todos son respuestas directas o indirectas a esa falta primordial de respeto que el ser humano sigue manteniendo hacia la Naturaleza, a la que no considera un sujeto de derechos cuya violación redunde a la larga –o a la corta- en el propio bienestar humano y que está equilibrado con unas obligaciones y normas a la recíproca. Nos consideramos, sin ninguna razón que lo avale, el ser supremo de la creación. Vamos, el monarca absoluto para  el que los mares, ríos, lagos, montañas, bosques y la flora y fauna que existen en el planeta están a nuestro servicio y son el objeto de nuestras necesidades, caprichos y estupidez destructiva.En clave mitológica de la vida, el virus que nos aflige y de la manera globalizadora que se extiende y actúa, tiene todo el aspecto de ser debido a la “ira deorum”, una respuesta planetaria, ecológica, a nuestra desconsiderada explotación y desmedido consumo.

Si hacemos caso a Spinoza, el filósofo que sigue una tradición que empieza con Tales de Mileto (“todo está lleno de dioses”) y se extiende a Leibniz, Wittgenstein o a Russell entre otros, si acaso hubiera algo divino en este planeta, es la propia Naturaleza en todas sus manifestaciones. Incluido, entre ellas, al peor virus que existe para su supervivencia: el ser humano, ese animal dañino capaz de las mayores grandezas y las mayores ruindades.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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6 octubre 2020 2 06 /10 /octubre /2020 07:02

¿Escapismo cultural? Así juzgaba un amigo el texto que están leyendo. Quizá sí. Los lectores que sigan estas reflexiones semanales han visto, tal vez ensombrecidos, cómo el tono general, crítico, realista y apoyado en el actual momento mundial, ya sea en política, ecología, sanidad, economía, violencia, pedagogía, no brillaba de optimismo, precisamente. Este fin de semana, agobiado por la deriva de las circunstancias, he archivado periódicos, evitado telediarios y emisoras, cerrado el ordenador y me he dado un par de días de descanso. Caminatas por los montes, excelentes comidas caseras y algún que otro vinillo de calidad (esta tierra los tiene excelentes). Como alimento intelectual único: el señor William Shakespeare. Los “Apuntes” sobre su obra de Jan Kott (un clásico que publicó Seix y Barral en 1969), lectura de algunas de sus obras, visionado de películas sobre otras y, como señuelo investigativo, la presencia de los vinos españoles en los textos del Bardo, al que llaman el “Cisne de Avon”.

Será el orondo, irónico, amoral, festivo y cómico-dramático personaje llamado sir John Falstaff, tanto en “Las alegres comadres de Windsor” como en la “Segunda Parte del Rey Enrique IV”, el que haga el más universal elogio a las bondades del vino de Jerez, diciendo que  “limpia los cerebros de vapores necios, los hace perspicaces, despiertos e imaginativos, dan ingenio a la lengua, calienta la sangre” y, para terminar, asegura que “si mil hijos tuviera, el primer principio humano que les enseñaría sería renunciar a cualquier bebida que no fuera el jerez”.

Tanto es así que Shakespeare, que lo cita repetidamente como “sherry o “sack”, en “Noche de Epifanía o Como gustéis”, hace que uno de sus personajes,  sir Tobías, lo recete como tranquilizante para antes de ir a dormir. En “La tempestad”  Calibán y Stephano juran por él como símbolo de valor por la honestidad y cumplimiento de sus decisiones

Shakespeare hace beber vinos españoles a muchos de sus personajes –lo que indica una afición muy extendida entre la población inglesa de la época- y aunque algunos se inclinaban por las jarras de cerveza, desde los altos palacios a las más ruines tabernas la mayoría solían exigir caldos como el “malvasía, el bastardo, el charneco, el canarias o el jerez”, vinos españoles populares entre los británicos del siglo XIV al XVII. De ellos se habla en “Trabajos de amor perdidos” o en “Ricardo III” en donde el asesinato del duque de Clarence ordenado por el despiadado Ricardo, se efectúa ahogándolo en un tonel de malvasía. El “bastardo”, parecido al moscatel, es citado en “Medida por medida” y “Enrique IV”. El “canarias”, parecido al madeira y procedente de la Islas, se cita en “Las alegres comadres”.

Posteriormente otros autores ingleses desde Oscar Wilde a Arthur Conan Doyle, Dickens, Virginia Woolf, Forster o Lawrence Durrell, también citan vinos españoles como criterio de calidad, de cortesía o de prestigio social. En suma, leer y escribir sobre ello ha sido una excelente cura antiagobio.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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29 septiembre 2020 2 29 /09 /septiembre /2020 10:40

EL “JUEGO DEL PRISIONERO”

Ya son demasiados casos de insensatez y aparente locura en el mundo, ¿no les parece? Eso se debe a que los políticos y el poder  juegan, sin saberlo, al “juego del prisionero”. Es uno de los dilemas sin solución de la teoría de juegos, lúcida idea cultivada por aquél científico esquizofrénico paranoico (John Nash) que describe el libro (y la película) “Una mente maravillosa” y que acabó recibiendo el Premio Nobel de Economía en 1994, a pesar de su enfermedad.

Escojamos sólo dos casos: el empecinamiento del dañino Torra en Cataluña y el de la no menos obcecada presidenta de la Comunidad de Madrid con el jefe de Gobierno por el Covid. El juego del prisionero demuestra matemáticamente cuándo dos personas no logran cooperar aunque ello vaya contra el interés de ambas. Los intentos fracasan siempre porque la codicia y las estrategias de dominio de las dos partes impiden que usen la razón y el sentido común. La resolución se aplaza “sine die”, unida a una conclusión falsa de suma no cero (sin ganador). Se podría superar el nudo, paradójicamente, con un acuerdo que suponga ceder algo por las dos partes para perder menos cada uno, pero ello presupone contradecir la premisa básica del juego.

En la política española se sigue continuamente el “juego del prisionero”. No hay ni ganador ni perdedor absoluto, pero siempre hay un perdedor permanente: el pueblo español y su bienestar social y económico. Deberíamos internar a ciertos políticos españoles en un retiro monacal con expertos, neurólogos, psicólogos y economistas para que les demostraran cómo la cooperación, la solidaridad y el altruismo son las herramientas adecuadas para desembrollar la situación del país: el juego del prisionero se anula cuando esas personas obcecadas deciden aplicar criterios basados en una evidencia científica: cada vez que obramos de forma altruista, generosa, compasiva y solidaria se activa un área del cerebro conocida como “unión temporoparietal” que, a su vez, activa el núcleo estriado, que es el elemento cerebral del que dependen los circuitos de recompensa y motivación, cuya acción mejora nuestra salud, baja la tensión arterial, produce bienestar físico profundo y aumenta la empatía y el atractivo de las personas. Y, como consecuencia aparecen soluciones realistas y eficientes a los problemas planteados. Debería extenderse a nivel planetario.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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22 septiembre 2020 2 22 /09 /septiembre /2020 09:40

LOGOI 167: CONSPIRACIÓN

Hegel escribió que la historia suele repetirse a sí misma y el agudo Marx añadió a eso de que la historia ocurre dos veces, “la primera como gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”. Conforme nos acercamos a las elecciones norteamericanas, algunos analistas políticos comienzan a hacer sonar las alarmas. Una victoria real o manipulada de Trump supondría un revés histórico de descomunales efectos negativos a la causa del progreso humano, a la solidaridad, cooperación, y desarrollo de los países del mundo. El asombroso acercamiento de las tesis conspiratorias de la extrema derecha y de los ideales de la “New Age” ha alarmado a algunos pensadores que vaticinan la repetición de la tragedia mundial que supuso Hitler en forma de la miserable farsa (aunque sumamente peligrosa) que supone la permanencia de Trump en el poder.

No vamos a entrar en los paralelismos entre los usos y costumbres del III Reich, desde los años 20 y 30 del siglo pasado, y los de una Norteamérica que afronta la pandemia con brebajes “mágicos” casi letales en sí mismos  sugeridos por el presidente, que contempla indiferente la enormidad de muertes que provoca, que instiga al ejército contra el pueblo, que demoniza a los negros, que apoya unidades paramilitares que ejercen la “justicia trumpera” (una copia de los “camisas pardas”, los SA, milicia estatal que auparon a Hitler al poder) y sólo les falta obligar a negros y latinos a llevar una estrella amarilla (¿o tal vez roja?).

Como Hitler, Trump está buscando destrozar la solidaridad internacional y no tiene empacho alguno en anunciar guerras con China o con cualquier otro país que le provoque malestar personal y cada vez se vuelve más osado e irresponsable.

También como Hitler, Trump es un fanático de las teorías de conspiración, de hecho supera al alemán, la tecnología se lo permite, y se preocupa de difundirlas por los medios de que dispone (todos) justificando su negacionismo y sugiriendo medidas irracionales o apoyando indirectamente a la QAnon, una instancia “unfluencer” muy activa en la Red –que surge de Q, una supuesta fuente secreta del Gobierno Trump- que advierte de una malévola y demencial conjura de las fuerzas progresistas y personajes públicos (como Tom Hanks, Bill Gates o Hillary Clinton) que debe ser desarticulada –destruida con violencia-  para instaurar en nueva Era. Goebbels, Hess y Himmler secundaron y alimentaron el afán mesiánico y astrológico de Hitler como en Trump se dan influencias semejantes con respecto a la medicina alternativa y a un extraño holismo medioambiental que ignora la contaminación y en eco-bio-política la igualdad entre las razas humanas y cree en una teosofía con líderes divinizados como Trump. Según QAnon, Trump derrotará a la “élite satánica oculta” tras suspender  las democracias, instaurar un régimen dictatorial y arrasar con todos los disidentes a base de sangre y fuego. Según parece alguien preguntó públicamente a TRump sobre QAnon y respondió: “Son unos patriotas”. El ocultismo y la conspiración han encontrado su Profeta en Internet. Que Dios nos coja confesados.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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15 septiembre 2020 2 15 /09 /septiembre /2020 08:52

El maestro Emilio Lledó escribe “educar es crear libertad, dar posibilidades, hacer pensar”. A la vista del caos operativo que la pandemia ha insuflado a la educación española, uno relee la “Misión de la Universidad” de Ortega y Gasset, publicada en 1930 y la combativa “Sobre la educación” del citado Lledó, de 2018. Los dos citan la profética frase de Kant: “El hombre sólo puede  ser hombre por la educación. No es nada más que lo que la educación hace de él”. Y Ortega apostilla con respecto a la Universidad: “es ineludible crear (en la enseñanza) el amor a la cultura o sistema de las ideas vivas que el tiempo posee”. Se refiere al “zeitgeist” de nuestra época, el espíritu cultural que todos respiramos.. Es decir la implicación de  la cultura como expresión de la vida ya que “para andar con acierto en la selva de la vida hay que ser culto, es decir, conocer la topografía vital, sus rutas y métodos, tener idea del espacio y del tiempo en que se vive”. Y esta falta de conexión de la enseñanza a todos los niveles con las necesidades de la existencia y la falta de orientación en ella (por eso resulta suicida el desecho de las Humanidades, principalmente de la filosofía) hace que la deriva social utilitarista que se impone en estos tiempos, desvirtúe la enseñanza en su aspecto más primigenio: enseñar a ser persona, sus valores y prioridades, priorizar el ser sobre el tener, etc., lo cual afecta seriamente la preparación de los futuros profesionales.

Esta perspectiva de la educación (la antigua “paideia” de los griegos la tenía muy en cuenta)  no se ha evaluado de forma correcta, ni por el sistema educativo ni por la familia, la tercera pata del trípode: sistema, profesores y alumnos, padres. La visión asignatural y el chantaje ritual del examen siguen siendo las pautas firmes desde la enseñanza media a la universidad. ¿No sería fructífera la creación de comisiones transversales de expertos, ideólogos y profesores, alumnos y padres curtidos en sus profesiones, para hacer la tan urgente revolución en la enseñanza? Hay ejemplos “fuera” que podrían servir como guía. Y la pandemia es una ocasión revolucionaria.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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25 agosto 2020 2 25 /08 /agosto /2020 17:17

(PUBLICADA EN LA COMARCA EL 250020)

Todos los seres humanos son idiotas en ciertos momentos de sus vidas,  pero la mayoría lo son más que otros y durante mucho más tiempo. Esta es una teoría bastante plausible. Según Popper, no existen las teorías verdaderas, sino aquellas que han sido contrastadas sin poder ser falseadas. Pero aunque esta fuera falseada (que nadie lo ha logrado), tampoco se abandona, salvo que encontremos una alternativa mejor.

Y si están ustedes bien informados (y no desinformados o saturados) verán múltiples pruebas de esa teoría sobre el virus de la idiotez aplicada a la actual pandemia y a otros enigmas más o menos letales: desde los fanáticos seguidores de un agricultor inspirado, Josep Pamies, que aconseja la ingesta de un producto (el clorito de sodio) parecido a la solución de lejía que preconizaba Trump o Bolsonaro en algunos de sus dislates, a los feroces enemigos de las mascarillas que se reúnen en multitudes bien apretujadas riéndose de las multas y las amenazas, a los reincidentes jóvenes de sacrosantos derechos a la juerga, las fiestas patronales y los botellones: todo es mentira, paranoia conspirativa, intereses económicos ocultos y perversos. Y si viene la vacuna hay que hacer frente común: el Gobierno, o la Internacional Capitalista, nos quieren implantar con la vacuna chips para dominarnos mejor y controlarnos a todos. Y esos "todos" son, por ejemplo los antisistema que viven del sistema, los okupas que viven de la estafa y la extorsión vistiéndose de nuevos samaritanos, provocando situaciones de desamparo y vejación que son el asombro y la incredulidad para el resto de Europa, (leyes inicuas al servicio de pretensiones humanitarias), algunos -no todos- de los clientes del buenismo de nuestra desorientada izquierda que reciben una ayuda indiscriminada sin la debida contraprestación de servicios, todos estos a la altura de los terraplanistas o de los que creen que la llegada del hombre a la Luna fue un truco de Hollywood y la Casa Blanca.  La abundancia de los idiotas ocultaría la luz del sol dejando al orbe en tinieblas. Y no olvidemos a los mini-idiotas: los que se cuelan en las colas, el que se salta las normas de circulación porque cree que nadie lo va a ver, el que tira las mascarillas usadas en las aceras o se cisca en las normas de higiene pública o en las de buena vecindad porque le conviene en un momento dado, o algunos que huyen de la ciudad y llegan a los pueblos para cometer impunemente los agravios que su egoísmo o descuido les sugiere, desde aparcar mal a no dejar dormir a los vecinos con sus gritos y bromas o actuar como si el virus no fuera con ellos. La semana que viene más.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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