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22 diciembre 2019 7 22 /12 /diciembre /2019 19:11

Durante mi infancia en Marruecos, en la época del Protectorado español, donde mi padre ocupaba un cargo oficial, viví una profunda amistad con una familia judía que residía en una casa aledaña a la nuestra. Era una pareja de mediana edad que no tenían hijos y para los que poco a poco me convertí en un invitado especial (principalmente para la mujer, una dama elegante de gestos suaves y voz musical con acento francés). Ella me fue contando detalles sobre su cultura, sus creencias, su amor a los libros y a la Palabra, entendida como un vínculo con lo divino que hay en nuestro interior. No se si a mi corta edad entendía lo que me contaba,  pero lo cierto es que dejó en mí un poso de curiosidad insaciable por el mundo de los judíos, su cerrada cultura endogámica y la dinámica inteligencia de sus planteamientos. Ella me enseñó a leer de una manera distinta a la que aprendí en el colegio y me facilitó algunas claves para entender la manera de vivir judía. Después, ya en España, tuve amigos judíos en el Colegio y la Universidad y hubo un fácil y cómplice entendimiento con la mayoría, a pesar de que siempre llegaba a un punto donde aparecían los obstáculos de "la diferencia".

Y es precisamente esa característica del pueblo judío, que ha construido su identidad mediante el amor al Libro, a los libros, la lectura, la discusión, la enseñanza y la obligatoriedad de estructurar eso en la educación de los hijos por sus padres, en la cohesión de la familia con lazos de ese tipo, lo que constituye la principal fascinación que me ha provocado esta etnia. Convertir en señal de identidad de un pueblo algo como la íntima y secular relación entre la persona y las palabras, un principio vital articulado en mi propia vida como individuo fascinado por los libros, me parece algo asombroso.

Amos Oz en un ensayo titulado "Los judíos y las palabras" dice que en el interior de cada judío hay una biblioteca, salvo para aquellos que han desdeñado sus raíces y asimilado otras culturas. La pasión por saber, por interpretar, convierte "al mundo entero en un texto" y no es casual que la mayoría de grandes cerebros de la historia de la humanidad, en la ciencia, las artes, la filosofía o la literatura, hayan sido judíos. El judaísmo avala la búsqueda incansable del conocimiento y la verdad, aunque siga habiendo temas pendientes como el sometimiento de la mujer, la prepotencia patriarcal, la tradicional verbosidad compensatoria judía, la actitud ante el sexo o el sentido oscuro del humor (Woody Allen o Groucho Marx) y el complejo permanente y profundo de culpabilidad (Freud). Los judíos no deberían ser el Otro, el Forastero por antonomasia, sino unos hermanos a los que no hemos aprendido a amar, a entender o a conocer (aunque tampoco ellos han sabido propiciar ese acercamiento). El judío es la asignatura pendiente de la Humanidad. Lo malo es que parece que ellos también lo creen así, aunque por razones diametralmente opuestas. En realidad son el gran Malentendido de la historia.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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18 diciembre 2019 3 18 /12 /diciembre /2019 18:01

Esas banderías facinerosas que campan por las calles catalanas, escudadas tras los derechos que protege el Gobierno que tildan de "fascista", han perpetrado dos "heroicidades" más: quemar ejemplares de la Constitución y la bandera de nuestro país (que es utilizada de forma partidista desde hace muchos años, siendo como es un símbolo de todos y no sólo de unos cuantos). Los partidarios del "peor es mejor" con despacho en la Generalitat se deben sentir orgullosos por los actos de esa turba de neo-oligofrénicos que con esa quema de símbolos superiores del país al que jurídicamente pertenecen están favoreciendo la eclosión de fascismos retrógrados: cada una de las hojas del texto constitucional lanzado a la hoguera supone, seguramente, más de un millar de votos a la ultraderecha y, al tiempo, un insulto inicuo al resto de los ciudadanos de este país, entre ellos muchos catalanes.

La palabra iniquidad significa una acción o acto realizado con maldad, abuso, injusticia, infamia o ignominia. Algo contrario no sólo a las leyes positivas del país sino a la ética del resto de los españoles. Encaja con otro concepto, el de anomia, que es una perturbación psicológica que afecta a una persona o a un grupo, que les hace rechazar las normas o convenciones de la  sociedad en la que viven y les hace ignorar y transgredir las leyes y el conjunto de reglas que regulan la convivencia pacífica.

Hay una frase de Steiner que parece definir la situación actual en la querida y atribulada Cataluña: "ninguna mentira es tan burda que no pueda expresarse tercamente, ninguna crueldad tan abyecta que no encuentre disculpa en la charlatanería del historicismo...el lenguaje de la política se ha contaminado de oscuridad y locura". Steiner, desde luego, no se refería a todas las manipulaciones  y falsedades del "procés", ni a la excusa de agravios históricos empleada absurdamente por la propaganda historicista del independentismo... pero lo cierto es que la frase parece ajustarse a esos hechos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA, Escritor

 

 

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3 diciembre 2019 2 03 /12 /diciembre /2019 18:25

Creo que deberíamos estudiar más a los griegos. Pienso que muchas de las respuestas a los problemas de la actualidad se encuentran en obras escritas hace más de dos mil años. Sólo es preciso percatarse de que todo ha cambiado en nuestro entorno desde aquellos tiempos arcaicos,  pero hay algo que se mantiene casi idéntico bajo el barniz de la modernidad y la virtualidad: las pasiones, deseos y carencias del animal humano, enterrados en el cerebro reptiliano que aún conservamos, rodeado de las circunvalaciones mágicas del neocórtex, esa maravilla gris cuyo funcionamiento aún no entendemos del todo pero ya intentamos replicarlo en la IA.

La palabra griega carácter describía la figura o el rostro grabado en las monedas o la figura alegórica grabada en piedra de una u otra cualidad humana, el heroísmo, la bondad, la ira. Para nosotros la palabra ha tomado el significado opuesto. Es ese algo que distingue a una persona de otra, mientras para los griegos es una característica que compartimos en algún momento. El problema es que ahora vemos cada cosa por separado, individualidades, y los griegos (como los chinos taoístas y los budistas) veían cada cosa como partes de un todo. 

La profesora norteamericana de origen alemán Edith Hamilton (1867,-1963) ponía un ejemplo al respecto: los templos griegos y las catedrales en la edad media. Los primeros eran colocados en un punto elevado y hermoso de la naturaleza, rodeados por la belleza natural, bosques y rocas, cielo y mar. Los cristianos hundían sus iglesias y catedrales en el centro de la ciudad, rodeadas de casuchas y barrios miserables. Eso sí, lanzando sus torres y campanarios hacia el cielo, como símbolo del poder único de la Iglesia  y de su carácter sagrado, "celestial". El pensamiento, la lengua y la literatura griega hace una apelación a nuestros tiempos: "El florecimiento del genio en Grecia se debió al inmenso ímpetu recibido cuando la claridad y el poder del pensamiento se añadieron a una gran fuerza espiritual de tipo filosófico" ¿Cuál era esa fuerza? "Una ausencia de lucha, de crispación, un poder reconciliador, algo agradable y sereno que el mundo no ha vuelto a ver desde entonces". Algo de eso nos iría bien...

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29 noviembre 2019 5 29 /11 /noviembre /2019 15:51

Entre otros sinsentidos, falacias y paradojas del momento político y social, en Cataluña estamos viviendo un oxímoron casi cotidiano con absoluta impunidad crítica y con la indiferencia, aprobación o rechazo de toda la población, que parece no percatarse del absurdo despropósito en el que se ha convertido un legítimo sueño de mayor autonomía en un disparate basado en principios ilegales y sostenido con medios ilegales y violencia callejera, inexplicables en tal país y en tales ciudadanos históricos. Sin entrar en los excesos de los CDR (Cerebros Desahuciados Reprogramados, según un viejo amigo de Esquerra), lo del "Tsunami Democrático" es un retorcimiento de la lengua y el concepto, que sería cómico si no fuera trágico. Se trata de un oxímoron, según la RAE "combinación en una misma  estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido". Un tsunami, fenómeno climatológico devastador, por esencia no es algo democrático ya que "no ha sido elegido" por una mayoría de ciudadanos, sino impuesto de una forma inapelable y podríamos decir dictatorial.  Además de que caemos en una "falacia patética"  que es atribuir juicios humanos a un fenómeno natural. Los tsunamis no son ni democráticos ni fascistas. Es una combinación desastrosa y de efectos trágicos de varios fenómenos naturales. Llamar así a lo que algunos descerebrados hacen en Cataluña, (destruyo un país, ¿ para construir qué?) es una definición tan inconsciente como cruel.

Justamente esa es la manera que usan los exaltados para imponer al resto de la población catalana o foránea sus confusos argumentos de "legitimidad", que no de legalidad. Y no sólo a esa "mitad", siendo generosos, de catalanes funcionales (es decir los que viven y trabajan en Cataluña aunque no sean catalanes de nacimiento) sino también a una buena parte de militantes propios, (enardecidos por la obtusa gestión que se ha hecho del asunto por las dos partes implicadas), a los que se les aplica sin rubor ni vergüenza lo que he llamado "la falacia del traidor". Es decir, el "estás conmigo o estás contra mí"; el "si no apoyas la barbarie y la destrucción, eres un traidor";  o el "si cuestionas mis métodos es que eres un fascista". Paremos este absurdo alienado o seremos cómplices de él.

ALBERTO DÍAZ RUEDA, escritor

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26 noviembre 2019 2 26 /11 /noviembre /2019 15:53

Los CDR catalanes (como los llama un amigo barcelonés, "Cerebros Desequilibrados Reprogramados") están integrados por manadas de jóvenes, bandas violentas que hemos visto estos días en las calles catalanas. que están formadas por algunos jóvenes independentistas educados desde la infancia en un ideario sin fundamentos jurídicos ni históricos, rico en consignas esquemáticas, maniqueas y viscerales. Los grupos más violentos los integran tipos que se auto titulan “anarquistas” sin tener ni idea de esa ideología decimonónica o con la ateniense “secta del perro” –creada por Antístenes y Diógenes, (ambos del siglo IV aC)-  doctrinas cínicas que darían más tarde lugar, una vez depuradas de irracionalidad,  al estoicismo, al escepticismo y a Epicuro y su escuela. Todo esto es cultura y está lejos de esos individuos  que ignoran y resumen lo que hacen  con un primario “cuanto peor, mejor” y aprovechan la masa para destrozar e incendiar como catarsis de sus fracasos personales. Serían equiparables a los “homo sacer”, tipos considerados proscritos en la civitas romana o la polis griega, de la que eran desterrados,  despojados de sus derechos y condenados a vivir al margen de la sociedad civilizada, donde impera la ley y el trabajo. En principio la palabra "sacer" significa sagrado, pero en una segunda y mas popular acepción los romanos llamaban así a los desarraigados y réprobos que obedecían a los dioses "malos". Pero ahora hay otros “homo sacer” que abundan y provienen de las oleadas de inmigrantes que encerramos en campamentos precarios o los desterramos a la ilegalidad, de los jóvenes anti sistemas que aprovechan todas las ventajas que les da el sistema que dicen odiar, de los parias con carencias y sin escrúpulos, de filas de vagabundos profesionales que deambulan por toda Europa eludiendo tanto a la policía como a la posibilidad de trabajar. Al final los convertimos en responsables de todo lo malo que nos amenaza o que ya tenemos a las puertas de nuestras existencias más o menos seguras, cómodas o amables.

Un libro reciente, “La melancolía en tiempos de incertidumbre” de Joke J. Hermgen (Siruela) aclara un poco los elementos sociales y personales que definen las actitudes y comportamientos de los “homo sacer” de nuestro tiempo. Y nos señalan también el mecanismo socio psicológico que los convierte en “chivos expiatorios” de situaciones cuya causalidad y responsabilidad no tiene  nada que ver con ellos. ¿Quiénes son los auténticos responsables de que existan jóvenes sin pensamiento crítico, carnaza de manipuladores, que integran las masas violentas infiltradas de delincuentes comunes? ¿Quiénes son los que carecen de interés por una gestión inteligente y humanitaria de las oleadas de inmigrantes? Pensemos en ello.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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24 noviembre 2019 7 24 /11 /noviembre /2019 15:54

Dicen los expertos en climatología y en paleontología que los efectos de un cambio climático inducido por la civilización humana (por llamarla de alguna manera) gracias a las emisiones de CO2 no es un invento de científicos catastrofistas  e imaginativos autores de ciencia ficción, sino un proceso, ya casi ineludible, que se ha acelerado en los tres últimos decenios y que desmonta fácticamente los argumentos de los negacionistas (que abundan en las naciones más contaminadoras, precisamente) y de los optimistas que creen que se trata de un ciclo de larga duración que dará tiempo a que la tecnología encuentre alguna solución que nos permita seguir con un estilo de vida (reservado a una cierta parte de la población mundial: los demás no cuentan) que se ha caracterizado por su aptitud a la depredación y el despilfarro.

Cualquier observador obstinado, que trate de estar al tanto de la deriva negativa de nuestra civilización, se habrá percatado de que en los últimos quince o veinte años la miseria, la desertificación, las inundaciones y una explotación obtusa de los recursos están creando auténticas mareas de inmigrantes, - con el complemento de las "pequeñas guerras" locales y genocidas-- procedentes de sectores de Africa postsahariana, Latinoamérica, sudeste asiático, Oriente Medio y brotes en Europa y el Mediterráneo. El Banco Mundial cifra en 140 millones de refugiados en los próximos 30 años y la ONU hace una estimación de 200 millones. Eso en un planeta que no deja de ser esquilmado por un lado y sobrepoblado por la otra. ¿No estaremos siguiendo la "táctica del avestruz" que se define como  "actitud de quien trata de ignorar peligros o problemas" ? Ni los protocolos de Kioto en 1997 ni el de Paris en 2016 han logrado algún avance. ¿Todo son exageraciones? Alguien dijo: si descartamos lo imposible, lo que queda, por más improbable que parezca, es lo que va a suceder".- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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11 noviembre 2019 1 11 /11 /noviembre /2019 09:48

Los presocráticos griegos eran protocientíficos: la filosofía nace de la curiosidad de unos hombres que observaban constantemente los fenómenos naturales más comunes y trataban de encontrar causas y leyes que los rigieran. El libro clásico de Benjamin Farrington "Ciencia y filosofía en la antigüedad"nos cuenta con la fascinación de un relato homérico cómo pensadores de Egipto, Mesopotamia, Grecia y Roma desde los más remotos en el siglo VI a.C. crearon las bases sobre las que florecería la ciencia, buscando razones y desdeñando la fácil explicación de una serie de dioses de los que procedían los fenómenos y los controlaban. La curiosidad es había convertido en el primer motor de la ciencia. Después, mucho más tarde y hasta nuestros días viene la ambición de su utilidad práctica para generar el bienestar humano y sus infinitos e insaciables apetitos. Ahora parece que ese efecto secundario se ha convertido en el objetivo principal.

En un breve ensayo de Abraham Flexner, publicado en 1939, se advierte con notable premonición a los científicos: “Quería que quedara claro que la defensa de lo inútil [lo no ligado al afán de lucro] no atañe solo a escritores y humanistas, sino que es una lucha que concierne también a los científicos. El estado no puede renunciar a la ciencia básica en aras del beneficio. Las Universidades y Escuelas Técnicas Superiores cada vez se asemejan más a empresas de empleo y beneficios económicos y materiales". Y añade: "...a lo largo de la historia de la ciencia la mayoría de descubrimientos realmente importantes que al final se han probado beneficiosos para la humanidad se debían a hombres y mujeres que no se guiaron por el afán de ser útiles sino meramente por el deseo de satisfacer su curiosidad". Hace un recorrido por las obras y vidas de importantes científicos del pasado y advierte: "Cuanto menos se desvíen (los científicos) por consideraciones de utilidad inmediata, tanto más probable será que contribuyan al bienestar humano". Para finalizar con esta impagable frase:"Un poema, una sinfonía, una pintura, una verdad matemática, un nuevo hecho científico, todos ellos constituyen en sí mismos la única justificación que universidades, escuelas e institutos de investigación necesitan o requieren". ¿Hasta qué punto esto es cierto en el siglo XXI?

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10 noviembre 2019 7 10 /11 /noviembre /2019 08:46

Sapere Aude, atrévete a saber, atrévete a pensar, atrévete a usar tu propia razón. Fue el lema de los hombres sabios --y osados para su época: el siglo XVIII--  de la Ilustración. La emplea Kant en su obra "¿qué es la Ilustración?, aunque su origen se remonta a una epístola de Horacio,  poeta satírico y filósofo epicúreo  romano del siglo I aC. Entre los objetivos que se plantean los Ilustrados en el llamado Siglo de las Luces está el uso y predominio de la Razón en los asuntos humanos, la tendencia hacia el Progreso y la Ciencia y un Humanismo que engloba el amor a la Naturaleza, la libertad y la búsqueda de la felicidad para todos los hombres. Han pasado tres siglos de la aparición de aquellos seres iluminados que vivían en una dictadura secular de monarcas absolutos y revoluciones sangrientas (como la francesa de 1789). ¿Diría usted lector que se ha conseguido en algún momento los sueños de aquellos ilustrados? Steven Pinker, el ensayista, cree que sí. No suficiente en ninguno de los casos, no firme y mantenido; con bastantes deformaciones, carencias y manipulaciones en su totalidad. Pero hay algo que ha quedado claro:

El atrévete a pensar por tí mismo es la clave filósofica de nuestro tiempo. Es clara y contundente. No demos nada por hecho o por resuelto. Vamos a cuestionar si lo que nos "venden" como verdades realmente lo son. En un mundo digital donde las "fakes news" son el pan nuestro de cada día, donde todo el mundo miente de alguna forma y en cierta medida, según los intereses del momento, hay que exigir a nuestra mente: atrévete a razonar, a cuestionar lo que te cuentan e incluso lo que ves en televisión, periódicos y radio, atrévete a intentar aplicar la lógica, la honestidad, la bondad a los argumentos que emplean para justificar lo que sabes intuitivamente que es injustificable. Tenemos la libertad de pensar por nosotros mismos. Parece una labor ingente, pesada e ingrata. Pero es lo único que certifica nuestra humanidad y nuestro derecho a ser libres y tratar de hacer un mundo más justo y si no más feliz, menos desdichado y cruel. Siempre existe un momento clave en el que nuestra intuición y nuestra integridad -caso de que nos hayan enseñado a tenerlas- nos dicen: te están engañando. Párate, no sigas. Detente y piensa. Atrévete a pensar. Y luego actúa o deja de hacerlo. No aumentemos con nuestra acción o nuestra inhibición la terrible injusticia de nuestro mundo.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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5 noviembre 2019 2 05 /11 /noviembre /2019 17:54

Harold Bloom, profesor de Humanidades de la Universidad de Yale durante más de sesenta años, ha muerto con 89 años -tres dias después de impartir la que sería su ultima clase, en pleno uso de sus  enormes facultades, su gigantesca erudición y su tajante y provocadora actitud crítica. Como Mr. Chipps, el  protagonista de la novela del mismo título de James Hilton, profesor británico de entre guerras, ha dejado memoria de su bien hacer en varias generaciones de estudiantes. Con Bloom desaparece una determinada ortodoxia crítica que se ha mantenido fiel a sí misma, dominando a los clásicos y haciendo una labor crítica magnífica y exigente que sabía ver entre el grano y la paja en la ceremonia de la confusión editorial de hoy. En contra de lo banal, de la vulgarización de la lectura, pero atento al lector común, Bloom ha arremetido, a lo largo de su larga vida, contra casi todos los ismos y la invasión interdisciplinar en la crítica literaria, sobre todo la escuela psicologista y la sociológica. Su "Canon" le valió ataques de todos lados y el ser considerado una especie de "condottiero" de la ortodoxia crítica. Nos decía lo que había que leer y por qué. Consideraba a Shakespeare como el "creador" de lo humano y a Cervantes como el segundo de a bordo. Más de 40 libros publicados, monografías, artículos y prólogos dan fe de su laboriosidad y dedicación. Este vástago de una humilde familia judía del Bronx neoyorquino era capaz de recitar los sonetos de Shakespeare de uno en uno y repetir la primera página de un centenar de novelas clásicas. Bromeaba con sus alumnos de su portentosa memoria, afirmando que era un legado mental de uno de sus antepasados cabalistas. Sus enemigos, los tenía abundantes y buenos (como él mismo reconocía), le acusaban de oscurantismo y excentricidad. Les contestó con un brillantísimo libro sobre los poetas ingleses románticos y un ensayo personal "La ansiedad de la influencia". Para mí fue un punto de referencia en mi labor como crítico desde sus primeras obras y en particular sentí cierta complicidad cuando arremetió contra "la escuela del resentimiento", aquellos escritores, ensayistas e intelectuales que arrinconaban a los clásicos en aras de las "nuevas" teorías culturales, segadas y colaterales, para los que un análisis de una escuela de diseño de moda era tan valioso como un  análisis de la poesía de  Blake o Shelley y su reflejo en las formas modernas de la espiritualidad. Adios, Mr. Bloom, le echaremos de menos,

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2 noviembre 2019 6 02 /11 /noviembre /2019 17:36

A veces en la práctica psicológica uno tiene "insigths" o intuiciones que años más tarde los avances neurocientíficos corroboran (aunque sea más frecuente que la ciencia los falsee). Pero mi creencia, entonces sin fundamento científico, de que el global deterioro cognitivo que la edad producía en el cerebro era una falacia, fue confirmada por la neurología muchos años más tarde de que yo abandonara la Universidad. La plasticidad del cerebro demostraba que las neuronas no morían implacablemente en la vejez, sino que, en cierta forma, se podía alargar e incrementar su vida útil si las personas no dejan de ejercitar su cerebro, desde hacer crucigramas a aprender idiomas o subir montañas, dedicar tiempo a cocinar, jardinería o informática, hacer senderismo en grupo o formar parte de una escuela de baile o de profesor voluntario para niños inmigrantes.

Además, tomen nota las empresas, desestimar la experiencia de los empleados mayores es un error. Se ha descubierto en técnicas de resolución de problemas que los cerebros de esas personas -no de todas, sólo los que no han dejado de ejercitar su cerebro- da con soluciones mucho mas rápido y eficazmente que los jóvenes, debido a la  capacidad de sus cerebros de saltar pasos intermedios del proceso de búsqueda aprovechando circuitos de memoria que recuerdan problemas semejantes en el pasado. Como dijo el neurobiólogo alemán Martin Korte, "las neuronas resisten más el deterioro cuanto más se usen".

Así que los mayores de 50 años apunten: nada de multitareas, una sola cada vez y con la máxima concentración; pierdan el miedo a fracasar, eso entorpece el éxito y además, uno aprende mucho más de los errores; almacenamos mejor la información si la leemos en un libro, no en pantallas, y tomamos notas o gráficos a mano,la memoria visual es mas eficaz. Escuchar música o aprender a tocar un instrumento, jugar al ajedrez, relacionarte  y darle toda la marcha posible al cerebro. Les auguro una vejez activa.-

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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