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19 agosto 2019 1 19 /08 /agosto /2019 07:18

El talón de Aquiles de la democracia parlamentaria, los populismos y sus emboscados, los fascismos ultraderechistas (o ultras de izquierda; como suele suceder no hay muchas diferencias), nos están comenzando a asediar, escudándose en el juego más o menos libre que permite la tolerancia democrática. Justamente en estos tiempos de globalización digital (que tiene su propia problemática y no precisamente banal) el populismo está adquiriendo fuerza y osadía. Los nacionalismos se enrocan con una miopía que nace del olvido de la historia reciente, el sangriento siglo XX. Hemos ignorado la rápida expansión de unas ideologías basadas en la violencia, en la falta de ética y en los egoísmos y mezquindades de una sociedad que ha olvidado sus errores y achaca todos los males a un "otro", una comunidad que puede estar en el seno de esa sociedad o en el país vecino, cediendo al azuzar demagógico de líderes obsesionados por el poder (absoluto). Hay que reivindicar la fórmula de los ilustrados, "sapere aude!" (atrévete a saber) y transformarla en otra "cogito aude...tu ipse!" (atrévete a pensar...por tí mismo). ¿Desde cuándo el latín es una lengua muerta? En filosofía política está claro que no.

 Nos enfrentamos a dos tipos no antagónicos de tiranía. Una, la que está viniendo del futuro inmediato, de hoy mismo, con un nuevo caballo de potencial apocalipsis: la revolución digital, los big data, los big deal, el data mining que es la exploración y manipulación de los datos personales  de los ciudadanos, cedidos por ellos mismos, sin coacción alguna, a ritmo de “clicks” en el ordenador. Leímos en Chul Han o en Seth Stephens o, quizá en Freud: “La incapacidad de ser libres es la incapacidad de actuar sobre el mecanismo voluntad-deseo-creencia-razón de manera tal que se pueda gozar de la imparcialidad del pensamiento racional”.

Sin pensamiento crítico racional no hay libertad. Y ese tipo de pensamiento es el que anula de entrada el segundo tipo de tiranía, los populismos. Iris Murdoch denunciaba a esos  líderes y sus partidos, una maquinaria visceral y primaria que impide a los ciudadanos “ser libres, es decir, existir sensatamente sin miedos y percibir lo que es real” El pensador norteamericano Timothy Snyder propone veinte ideas para luchas contra los totalitarismos, desde evitar la obediencia anticipatoria, el apoyo a la pluralidad de partidos y elecciones democráticas, cero tolerancia contra los símbolos fascistas, ética profesional sin concesiones, hasta distanciarte de las neolenguas digitales, expresarte bien, leer libros para equilibrar la influencia de Internet, ser celoso de tu vida privada y atreverse a ser valiente para defender la libertad, entre otras medidas y actitudes que conciernen a todos. La tiranía se apoya en la indiferencia y el encogimiento de hombros de la gente asustada.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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17 agosto 2019 6 17 /08 /agosto /2019 10:51

"Feedback" es un término inglés que significa "retroalimentación" y más específicamente en la teoría de la comunicación "devolución de una señal de recibo al emisor". Quiere decirse que cuando alguien envía un mensaje del tipo que sea, es una norma básica de educación, eficacia operativa, a veces exigencia legal y de lógica comunicativa, que el que recibe tal mensaje emita (feedback) una señal que muestre que lo ha recibido. Luego queda  al arbitrio de dicho receptor si sólo contesta con un "recibido" o enriquece la respuesta con otras consideraciones. Todo esto suena a lógico y a muestra natural de una cierta educación cívica. Pues, habitualmente no es así. Tal vez contagiados por la burocracia funcionarial de las administraciones públicas, se está consolidando el "silencio administrativo" --una aberración de la lógica operativa-- como práctica habitual entre particulares y empresas privadas.

Ello redunda en un enlentecimiento de la dinámica en los asuntos laborales, profesionales y particulares. En numerosos casos, en actitudes o acciones erróneas o problemas que podrían haber sido evitados con una simple respuesta. ¿Hay algún lector que no pueda exponer algún caso personal en el que la falta de feedback entre un emisor y un receptor no haya ocasionado consecuencias no positivas? ¿Aprendemos de esa casuística de la falta de "feedback? Parece ser que no. Muchos de los que han padecido ese silencio ominoso del que no da señales de vida a sus requerimientos, adoptan esa postura absurda y algo estúpida de "si ellos lo hacen, también yo", extendiendo la mancha resinosa de abulia y procrastinación (  Se trata de la tendencia y el resultado de procrastinar, es decir, de demorar, retardar o retrasar algo; RAE) por todo el tejido social. Ese es uno de los elementos que definen cierto tipo de sociedad que los tópicos del norte endilgan a los países del sur, no sin algo de razón. En todo caso, aquí en el sur de Europa, las escuelas de negocios de élite, enseñan a los futuros líderes de empresa a no ignorar las exigencias del feedback en sus comunicaciones y a huir como de la peste de procrastinar. No es difícil de aprender y es muy gratificante en resultados positivos.- ALBERTO DÍAZ RUEDA. 

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7 agosto 2019 3 07 /08 /agosto /2019 16:09

 Askesis es una palabra griega que designa un tipo de ejercicio filosófico y espiritual. Este implementa un proceso de pensamiento cuyo objetivo está relacionado con la mejora de la persona, de sus pensamientos y la correspondiente coherencia con sus acciones o actitudes. De ella procede la palabra latina Ascesis, que conformaba una serie de reglas y prácticas tendentes a liberar el espíritu y forjar un comportamiento virtuoso (de donde proviene el adjetivo ascético) con gran importancia en la vida religiosa desde la Alta Edad Media hasta prácticamente el siglo XXI.  En nuestros días el filósofo practicante, no el académico o meramente pedagógico o especulativo, se plantea su existencia y su pensamiento como una aventura espiritual, una apuesta radical que cuestiona todo tipo de creencias sociales, políticas o intelectuales, analizándolas por el rasero inclemente de la ética del ejercicio cotidiano, negándose a aceptar esa esclerosis de la filosofía que se conforma con el relativismo de la transgresión como mal menor.

Los griegos llevaron a la excelencia sus actitudes críticas ya sea con la radicalidad de los escépticos o los cínicos o la más equilibrada oposición de los estoicos o los epicúreos. Pero son las escuelas orientales filosóficas las que logran aunar con maestría la postura filosófica con la práctica política o social. La taoístas y confucionistas llevan a la vida cotidiana el sentido de la estrategia, la eficacia y una ética basada en la norma natural universal del proceso de la existencia.  Todo ello, a diferencia de los griegos, formulando ideas intuitivas sin establecer modelos teóricos de pensamiento, sino tácticas y estrategias de comportamiento  individual y social, aplicadas a un proceso permanente de devenir, regulado por una lógica que hay que descubrir y respetar.

Los taoístas dicen: no hay que forzar nada, no hay que controlar, es preciso seguir con atención la marcha de las cosas, aprovechar ese potencial, esa energía en transformación y adaptarte al curso y a la orientación de ese proceso, para actuar en el momento más favorable. Fundamentalmente actualizar nuestro potencial moral, madurarlo y permitir una acción espontánea y natural que se ajuste al proceso como un elemento más. El filósofo debe combinar la virtud (la ética, el altruismo, la generosidad) y la eficacia práctica. Lo importante es percatarte que la existencia es duración, proceso invisible, no acontecimiento ocasional e inquietante, lo nuevo, sino la persistencia de lo ordinario, el sereno proceso de las cosas que no necesitan ser forzadas. En ese proceso es posible inducir cambios lentos y profundos en los momentos favorables, que son más persistentes que las rupturas o enfrentamientos, los cuales sólo provocan antagonismos y rupturas del orden de las  cosas.- ALBERTO DÍAZ RUEDA 

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2 agosto 2019 5 02 /08 /agosto /2019 07:34

La tiránica, totalitaria e invasiva sociedad que imaginó George Orwell en su novela distópica "1984" (una crítica evidente al régimen soviético y al estalinismo, el nazismo y los fascismos vigentes en la época de su publicación, 1949) hizo populares términos como Big Brother, la Policía del pensamiento y la neolengua, el lenguaje transformado diariamente con fines represivos, la imagen permanente del rostro del lider absoluto en las pantallas de todos los hogares como símbolo de una vigilancia constante y la manipulación cotidiana de la información y del pasado a tenor del capricho del poder omnimodo (es una novela que debe mucho a un relato del ruso Zamiatin, "Nosotros", publicado casi treinta años antes). Curiosamente no sólo no ha perdido actualidad, sino que se ha agravado a extremos aberrantes, con una diferencia: en "1984" el sistema de poder obligaba y reprimía, en 2019 el poder está difuminado, se oculta en la seducción y el ciudadano se entrega con fruición a su obediencia y esclavitud con oropeles de consumismo, diversión  y comodidad

Como ocurrió con "Farenheit 451" de Ray Bradbury, con "Vivir", de Ayn Rand,  "Rebelión en la granja"de Orwell también o "El mundo feliz"  y "La isla" de Aldous Huxley y anterior a todas ellas, "Erewhon" de Samuel Butler, se nos dibujan mundos utópicos en los que esos autores proyectan sus ideas críticas con el estilo irónico, de un sarcasmo a veces brutal, a la manera de Jonathan Swift o la lógica poética y burlona de un Lewis Carroll. El mecanismo está claro: planteada una nueva idea  política o filosófica contemporánea al autor, sospechosa de ser dañina, éste la disecciona y hace una proyección lógica y coherente de sus consecuencias futuras si se aplica con toda su dureza y su falta de humanidad. Eran mundos futuros que reflejaban un pasado cercano (el de los autores) por mucho que se elevara en el tiempo, como los aparatos, la moral y el comportamiento de un "futurismo" inocente con las exageraciones estéticas o éticas de rigor.

Pero en nuestros días, eso ha cambiado de una forma sutil aunque dolorosamente evidente: el israelí Yuval Noah Harari ("Sapiens", "Homo deus" o "21 lecciones para el siglo XXI") o el filosofo coreano-aleman, Byung-Chul Han ("Psicopolítica" "En el enjambre", ) o el italiano Alessandro Baricco (con su reciente "The Game") no escriben de distopías, sino del deterioro progresivo de una realidad actual que sufrimos y conocemos bien, de las amenazas de unas tecnologías que van colocándose fuera del control humano pese a ser creación de científicos actuales, de una especie de ceguera complaciente de la población humana que va enredándose de forma voluntaria y hasta ávida en el nudo gordiano que nos rodea la garganta como especie de tal manera que el tajo de la espada de un utópico Alejandro nos cercenaría el cuello al tiempo que el dogal. Nunca como hasta ahora el salto imaginativo de las distopías ha sido tan peligroso, real y cómplice. Seguiremos con el tema, aunque somos "vox clamantis in deserto", mal que nos pese.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

 

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29 julio 2019 1 29 /07 /julio /2019 17:15

Lo dijo Quinto Horacio Flaco el plácido poeta romano que vivió la Roma conflictiva y angustiada del asesinato de Julio César y el advenimiento de Cesar Augusto: "Nullius in verba", es decir no te fíes de las palabras, no es suficiente para llegar al conocimiento, a la verdad. Acuñaría otras breves frases con más fortuna: "Carpe diem", "Aprovecha el día que vives (aunque poca gente sabe el final de la frase, "quan minimum credula postero", fiate lo menos posible del mañana") o "Beatus ille" que es una alabanza de la vida rural.

Horacio profesaba las doctrinas filosóficas de Epicuro aunque su "Nullius in verba" tenía sabor escéptico, incluso cínico. Esa desconfianza ante la palabra evoca desde las sombras de la antiguedad las teorías de Wittgenstein, Heidegger, Russell o Carnap y más cercanamente al poeta, en el siglo XVII, al lema de la Royal Society y las exigencias epistemológicas de la Ilustración que exigían a la ciencia que las hipótesis científicas tenían que ser comprobadas empíricamente, no bastaba con las palabras . La importancia del lenguaje en la filosofía  y en la psicología contemporáneas (desde Freud a Jung o Lacan) plantean problemas de método y de conocimiento que aún no han sido resueltosde manera satisfactoria,

En la vida social y de relación, en la laboral o la política, la palabra es una entelequia con dos caras como Jano. Una es la que emana de la evidencia de las palabras como comunicación básica. Y la otra cara, la demoníaca, es la que muestra la relatividad del valor de las palabras, de su cariz estratégico de mentira interesada, de doblez, de falsedad, de subterfugio. Como decía Spinoza, con las palabras, "caute" (cautela). Y nuestro Gracián, "Te arrepentirás más veces de lo que dices que de lo que callas". Los griegos desconfiaban de la "doxa" (opinión) y apoyaban la "episteme" (conocimiento). Creo que con las palabras uno debe estar siempre atento al contexto en el que se pronuncian y ajustarlas a ls circunstancias del momento que uno vive. Y como norma básica, desconfiar de ellas, es decir "nullius in verba", y pasarlas a todas por el cedazo del pensamiento crítico. ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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23 julio 2019 2 23 /07 /julio /2019 09:14

Pensando amargamente en la sideral distancia entre los escenarios político-sociales de esos soñadores y la triste y quijotesca realidad, dióme en meditar en torno a figuras como Platón, Ortega y Gasset, Unamuno o Labordeta, por dar una nota local y cercana, aunque Sócrates y Aristóteles ( y muchos otros que mencionar no quiero) también tuvieron sus más y sus menos con la brecha insalvable entre la teoría política y la vida real.

Pero por hoy quedémonos en el eximio Platón, idealista donde los haya cuya filosofía fracasaría ( y responsable de algunos males psicológico-morales del individuo, sobre todo a partir de la versión religiosa de su filosofía:  Nietzsche definió el cristianismo como "platonismo para la plebe"). Pero también es el autor de " La República" donde a través del diálogo nos muestra sus ideas sobre el orden político, la metafísica transmutada en normas para el gobierno de la polis o ciudad, es decir, el Estado. El estableció tres estamentos sociales: comerciantes, guerreros y gobernantes (o filósofos). Establecía una meritocracia basada en el conocimiento y defendía la idea de que un Estado gobernado por filósofos estaba libre de la lacra de la corrupción. La piedra de toque de la posible aplicación de las ideas platónicas a la política práctica tuvo unos resultados desastrosos para el propio Platón que realizó tres viajes a Sicilia con la finalidad de instruir al tirano Dionisio I y luego a su hijo en las artes de la política aristocrática e idealista. Del primero de los viajes salió escoltado por una nave de guerra y vendido como esclavo en Egina (rescatado "in extremis" por el también filósofo Aniceris de Cirene). Con Dionisio II también terminó de forma abrupta y poco amistosa. Quedaba claro que la filosofía (no sólo la platónica) no se lleva bien con la política práctica de cada día.

Me pregunto y tal vez dentro de un tiempo sea capaz de responderme, ahora desde luego sólo especulo, qué es lo que tiene el "poder", --siquiera sea en la minúscula medida de lo que alguien llamaba con acre humor "lo municipal y espeso", ámbito con el que me voy relacionando-- para transformar la percepción de sí mismos en algunos que lo ostentan. Hasta el punto que dicho "poder" crea una especie de "falso contexto" en el que el sujeto (etimológicamente, el que no puede moverse libremente) parece olvidar el sentido de la ética universal  (lo que es bueno, correcto, bello), si es que alguna vez la ha conocido, para regirse por otra "ética" circunstancial  dirigida a objetivos pragmáticos (no necesariamente malos, pero sí limitados por los propios intereses). Sin ni siquiera tener en cuenta el kantiano "imperativo categórico": lo ético es lo aceptado como tal por todos. Lean: "Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en ley universal".Volveremos a este tema.- ALBERTO DIAZ RUEDA

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21 julio 2019 7 21 /07 /julio /2019 14:33

El catedrático de Harvard Martin Puchner analiza la importancia de la literatura en la historia de la humanidad y nos habla de los "textos fundacionales" como la Biblia, la Iliada o la Odisea, la epopeya de Gilgamesh (2100 aC en escritura cuneiforme) o, puestos al caso, el Manifiesto comunista o el Mein Kampft, el Sutra del Diamante (868 dC) o la Novela de Genji (en el Japón del año 1000). Textos vinculados con la narrativa oral y que tienen una importancia generativa esencial en el imaginario humano de la época. Hasta el punto que durante generaciones se mantenían como patrimonio religioso y cultural al cuidado de la clase sacerdotal y como guía de comportamientos sociales y  modelos de excelencia.

Jung y Lacan, entre otros grandes psicólogos, incluído Freud (que pasó de puntillas por el tema religioso que él reducía a la infancia y adolescencia de la humanidad) y un número considerable de filósofos (incluidos los que rechazaban al mismo tiempo la importancia "sagrada" de algunos textos pero admitían la potencia dinámica de "lo sagrado" en la psique) no sólo admitían la fuerza generadora de esos textos fundacionales en los usos y costumbres y en las leyendas y símbolos formativos del intelecto y las emociones y sentimientos, sino que rastreaban en algunos el origen de muchos grandes complejos humanos, actitudes y comportamientos de los pueblos a través de la historia. 

En nuestra Era Digital (cuyo desarrollo y cambios aún solo podemos conjeturar) los textos fundacionales comienzan a ser híbridos, de "El señor de los anillos" a "Harry Potter", en concordancia con el empobrecimiento icónico imaginativo: el griego del siglo IV aC no necesitaba imágenes auxiliares para "ver" dentro de sí a Aquiles, el de los pies ligeros, enfrentándose al rey Agamenon por la rubia Briseida o emocionarse con la destrucción de Troya tras el ardid del Caballo de madera o el astuto Ulises engañando al enorme Cíclope. Los héroes y los malvados de las grandes historias fundacionales formaban los arquetipos que Jung estudió y nos mostró en el fondo de los oscuros demonios que inspiraron a los nazis o los que anidan en la torturada mente de neuróticos y psicóticos. Valentin Propp, Mircea Elialde y otros mitólogos nos han advertido de la influencia subliminal de las leyendas y los cuentos infantiles tradicionales.

Es de esperar que la Era Digital nos proporcione otro tipo de relatos fundacionales. Pero todo es un elemento básico, profundamente enraizado en el ser humano desde su nacimiento, en la genética de la especie: la necesidad del "bípedo implume" como nos llamaba Sócrates, según Platón, de tener una historia, una narración que nos contamos, en relación con la cual entender la propia vida.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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17 julio 2019 3 17 /07 /julio /2019 08:44

Decía Aristóteles que el hombre es un "zoon politikon", es decir, un animal político y también social. Para el filósofo, la política es la ciencia práctica suprema, un área de conocimiento que tiene como objetivo básico el bien de la "polis" o ciudad-estado. Y la herramienta esencial es la ética. Cada hombre es como una rama del gran árbol que es el Estado, por lo que la ética individual debe estar sustanciada por la ética del Estado y sus dirigentes. Simple y claro...aunque quizá utópico, ¿no les parece? Desde el idealista Platón al muy cínico y pragmático Maquiavelo o a nuestro escéptico y realista  Baltasar Gracián, la figura del político ha sido objeto de amplias especulaciones.

Echemos un cuarto a espadas sobre el tapete del juego político: pienso que en política y entre los políticos la ética se escribe con H. El político de la Grecia y la Roma clásicas tenía como exigencia personal el respeto a la "areté", la "virtus" latina, la virtud, la acción correcta y desinteresada. Y su objetivo era la "aristós" o la excelencia en su trabajo y proyectos. Yo apuntaría, como elementos básicos, para nuestra época más práctica (y banal) las tres "H": Honestidad, Humildad y Humor. Exigibles a todos los que profesan la política (al hacerse “profesional” la política ha entrado en terreno éticamente pantanoso) en sus actitudes y comportamientos. Como a los emperadores romanos, al político de turno, en su toma de posesión, le debería acompañar un secretario o un jefe de negociado con muchos quinquenios en su haber, susurrándole al oído, "el poder es efímero, la ética, eterna", En nuestros tiempos supuestamente democráticos, el poder político es una falacia con obsolescencia programada. Humor y humildad preparan el camino y facilitan la andadura. Y para aplicarlo todo hace falta inteligencia y sentido común (decía nuestro Gracián, "más vale un grano de buen sentido que montañas de inteligencia"). En muchos casos la Honestidad es sustituida por la Holganza ética, la Humildad por el Histrionismo y el Humor por la Histeria. El problema es que, como todo el mundo sabe, la H es muda.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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12 julio 2019 5 12 /07 /julio /2019 09:37

Para el pensador polaco Zygmunt Bauman  ( 1925/2017) vivimos en una sociedad posmoderna que tiene características "líquidas"  ya que en ella "las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas de actuar se consoliden en unos hábitos y en una rutina determinadas". Ese tipo de sociedad refuerza constantemente un estilo de vida incapaz de mantener una forma o un modo de vivir determinados durante mucho tiempo. Como escribe Bauman "los logros individuales --en esta sociedad moderna líquida- no pueden solidificarse en bienes duraderos porque los activos se convierten en pasivos y las capacidades en discapacidades en un abrir y cerrar de ojos". ¿Dónde nos va a llevar esto? Bauman  tiene la honestidad de afirmar "ninguna estimación de la evolución futura de esta sociedad líquida y sus individuos poder ser considerada plena y verdaderamente fiables", ya que "la extrapolación de hechos del pasado con el objeto de predecir tendencias futuras no deja de ser una práctica cada vez más arriesgada y ....engañosa".

Esta lúcida reflexión parece dejarnos con las manos atadas respecto a ese futuro hipotético. Por lo que se precisa una actuación en el presente. Y un cambio de percepción que garantice esa actuación. Sólo tenemos una posibilidad fáctica: terminar con la ignorancia política y con la inactividad subsiguiente. ¿Quienes se aprovechan de esos dos elementos?: los extremismos fanatizados que recurren al sustrato emocional, las bajas pasiones y el miedo de los individuos para, sin permitir la reflexión crítica, crear fuentes de presión ciudadana a favor de las políticas irracionales y viscerales. A través de la ignorancia y la incertidumbre, deliberada y emocionalmente cultivadas se ata de pies y manos a la democracia con sus propias leyes y creencias. Dice Bauman: "Necesitamos la educación permanente para tener opciones entre las que elegir". Y la educación política permitiría crear condiciones de vida y formación que pongan a nuestro alcance y posibilidades tales opciones. Vuelve a ser necesaria e inevitable la educación política en esta sociedad "líquida" en la que lo único que permanece "sólido" es el fanatismo político o religioso.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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9 julio 2019 2 09 /07 /julio /2019 11:12

La humildad tiene mala prensa. El cristianismo, que empezó tan bien, no tardó en manipular esa virtud, o mejor, característica deseable y operativa (más de lo que parece) y la convirtió en una exigencia puramente de apariencia (como un disfraz circunstancial para lograr objetivos e intereses bastardos). El defecto contrario es la soberbia, la prepotencia, el orgullo desmedido y la total falta de empatía hacia los demás. Lo más peligroso es cuando a esa falta de humildad se une el poder, la ambición megalómana y la ausencia de responsabilidad por las consecuencias de los propios actos (basta con echar un vistazo a los Trump, Putin, etc.; hay donde escoger).

Se podría sugerir una indolora terapia cognitiva para ese tipo de personajes que crecen como la mala hierba en todos los círculos del poder, hasta los más humildes. Se trataría de someterles a un especie de "ejercicios espirituales" de al menos una semana de duración intensiva. La base temática de los ejercicios sería los recientes datos astronómicos en los que se barajan hechos incontestables referentes a magnitudes, distancias y funciones que se producen en el espacio exterior, fuera de este minúsculo e infatuado planeta. Por ejemplo: aparte de hacer referencia a la necesidad, ya vigente y pronto urgente, de buscar un planeta habitable porque el nuestro está cerca del punto de no retorno por excesos cometidos por la especie humana o la importancia de nuestra pequeña estrella , el sol, cuyo estado (en decadencia imparable: segunda ley de la termodinámica)  y explosiones en la superficie tienen un efecto considerable en nuestra atmósfera y en nosotros. El plato fuerte sería, por ejemplo, los agujeros negros y la existencia de uno cuya masa oscura tiene el tamaño de nuestra galaxia multiplicada con millones de veces y que va creciendo zampándose galaxias enteras como aperitivo.Pero lo que causa (al menos a mí y quizá a algún soberbio al que se le enseñe a pensar en ello) auténticos escalofríos de pura humildad, es cuando el astrónomo o físico de turno nos dice a qué distancia está (lo que explica la irresoluble dificultad en ser localizado y menos fotografiado): tan lejos que no hay telescopio (ni siquiera los que se colocarán en órbita o más allá a bordo de satélites) capaz de acercarse. Es como (dijo el astrónomo) si intentáramos ver con nuestros ojos los pequeños agujeritos de una pelota de golf colocada en plena Plaza Roja de Moscú desde la Plaza  de la Pilarica en Zaragoza. Sabemos de su existencia a través de aparatos muy complejos que analizan señales y huellas de radio. Imaginen por un  momento el auténtico tamaño relativo de nuestra castigada Tierra y aún más los "agujeritos de pelota de golf" que constituye nuestro país, y la microbiana presencia de esas despreciables partículas, los humanos,  que se afanan pensando que son importantes y existe un designio divino que avala su infinitesimal existencia. Ante esa grandeza solo cabe el estupor y la maravilla como decía Cervantes en su soneto al túmulo del Rey : ¡Voto a Dios que me espanta esta grandeza/y que diera un doblón por describilla!/Porque ¿a quién no sorprende y maravilla/esta máquina insigne, esta riqueza?.- ALBERTO DÍAZ RUEDA
 

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