Overblog
Seguir este blog Administration + Create my blog
2 octubre 2020 5 02 /10 /octubre /2020 11:49

(Texto publicado el 021020 en La Comarca)

Las “marabuntas” son agresivas colonias de hormigas depredadoras existentes en algunos países de África y en Sudamérica. Les llaman hormigas guerreras o legionarias y arrasan territorios enteros, devastando la pequeña fauna y la vegetación por donde pasan, en columnas de 20 metros de ancho por 200 metros de largo. En los años 50 se hizo popular una película norteamericana dirigida por  Byron Haskin y protagonizada por Charlton Heston y Eleanor Parker. Es España se tituló “Cuando ruge la marabunta” (“The naked jungle”, “La selva desnuda” en inglés) en la que la marabunta se convertía en un exagerado flagelo letal incluso para grandes mamíferos y personas.

Ustedes me permitirán la broma, también exagerada, de comparar las tropelías devastadoras de la marabunta con ciertas actitudes, abusos, excesos, incivismo, mala educación o simples gamberradas -seguramente etílicas o anfetamínicas- del tropel veraniego que ha invadido nuestros pueblos, impulsados por las circunstancias (encabezadas por el Covid y en contra de las recomendaciones de las autoridades de las provincias de origen de los turistas).

Las últimas fiestas y “puentes” han sido un triunfo de la necesidad de desplazamiento tras la reclusión, inconsciencia y covidiotismo de cientos  de miles de personas que se han expandido por el mundo rural y el de montaña hasta límites notables incluso comparándolos con tiempos de normalidad sanitaria y económica. Entendámonos: creemos firmemente en el derecho de los ciudadanos a buscarse sus momentos de diversión, deporte, nomadismo, relajación o socialización fuera de su lugar habitual. Con dificultades para salir a otros países más exóticos y con el añadido de las penurias económicas, la gente ha decidido hormiguear por lugares más o menos cercanos, más económicos y poco poblados (hasta que llegaron ellos, naturalmente). Los aborígenes rurales y montañeses, encantados de entrada (algunos). Las pernoctaciones y alquileres o casas rurales han estado a tope. Los bares y restaurantes hicieron su agosto en setiembre. Los senderos superpoblados y arrasados por motos y bicis de montaña y ristras de mochileros protestando de tanta rueda y ruido. Las cumbres modestas y las más orgullosas han sufrido hasta colas de espera (vi una foto descorazonadora de la cruz del Aneto a rebosar de “selfies” y posados grupales).

Por las noches, hasta en los pueblos más pequeños y a pesar de las órdenes de alejamientos y mascarillas en vigor, los botellones, francachelas y escandaleras han estado en plena vigencia transgresora. Botellas vacías (y rotas), vasos de plásticos y otros residuos han constituido la pesadilla y el rosario de malas palabras de los pobres peones y alguaciles de los Ayuntamientos. Moblaje urbano destrozado, pintadas de lo más “divertido”, automóviles aparcados a la buena de Dios, vomiteras en algunas esquinas, gritos estentóreos en la noche donde sólo se escuchaba algún búho o lechuza, cantos “patrióticos” o coplas libidinosas durante la “sana” diversión nocturna importada.

Me dirán ustedes que eso no ha sido la tónica general. Que muchos de los que han buscado refugio estival en los pueblos son personas que tienen en ellos su segunda residencia, otros son amigos o familiares de los propios lugareños. En fin, que exagero un montón. ¿De veras? Den un repasito a los periódicos locales, comarcales o provinciales. Aún así, admitamos que la cosa no ha sido tan grave y que ha compensado un poco el desbarajuste económico del confinamiento. Muy bien. A cambio déjenme hacerles una propuesta discreta: Convengamos que el Aragón vaciado no es un cubo de residuos donde puede venir quien quiera a cambiar sus óbolos turísticos por cosas inconvenientes que nos afectan y desmerecen nuestro territorio. Lo que no se tolera –o se multa- en las ciudades, en nuestros pueblos queda impune. Como dijo en un semanario de la comarca un destacado político amigo mío: “si masificamos el territorio, deterioraremos los espacios y degradaremos nuestras pequeñas joyas”. ¿Por qué no regalamos  a los visitantes ocasionales o “residentes” un decálogo de buena vecindad, de educación cívica, en el que les rogamos que nos ayuden a conservar, mantener y mejorar los lugares y monumentos naturales que vienen a admirar y respeten a los que vivimos todo el año aquí y trabajamos para hacer esa labor y, en consecuencia volverles más fructífera su estancia?  ¿Es mucho pedir? ¿O prefieren dejar nuestro Aragón milenario convertido en un páramo arrasado como por el paso de la marabunta?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post

Repost0
30 septiembre 2020 3 30 /09 /septiembre /2020 08:21

ULTIMI  BARBARORUM

Marx dijo que la historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa. Calígula y Nerón fueron tragedias para Roma, Hitler y Stalin para Alemania y Rusia. Sus encarnaciones actuales, desde Berlusconi o Salvini,  al nazismo sobreviviente en grupúsculos de todo el mundo o los Bolsonaro Putin y Trump endiosados en sus omnímodos poderes, configuran mortíferas farsas. Nosotros tuvimos la tragedia en la guerra civil y tenemos nuestra farsa en la actual (no) gobernanza política española, donde se repiten esquemas, posturas y separatismos, pero sigue prevaleciendo la alargada sombra del Capital, dios único y verdadero, desdibujando los perfiles de izquierdas o derechas.

¿Será la causa que genera estos tiempos desorientados e irrazonables? ¿Nos dirigimos hacia lo que Spinoza llamó “ultimi barbarorum”, el colmo, el extremo de la barbarie? Eso apuntan los cotidianos abusos sobre el estado de derecho perpetrados por personas de muy varia condición que agitan banderías de antisistema, feminismo u homosexualidad, pero no desde la demanda legítima, sino en forma de violencia y agresividad; okupas, nazis redivivos, franquistas nostálgicos, estafadores de guante blanco, jóvenes vandálicos etilizados, profesionales de las algaradas que obedecen al que pague mejor, tipos del común muy conscientes de sus derechos, pero no de sus límites éticos o jurídicos, fanáticos de teorías de la conspiración (como los del “Q” norteamericano) cuanto más descabelladas mejor…y el rosario permanente de violaciones en grupo, arrasar a negros, “maricas” o “sudacas” y otros seres humanos condenados por las consignas de la horda, destrozar mobiliario urbano o propiedades privadas; fascistas de los dos extremos, ecofascistas como novedad, tipos expertos en porras, cocteles molotov y puños de hierro, nacionalistas manipulados por la ignorancia y la idiotez. El terrorismo “blando” y “tolerado” de los vándalos, de los “ultimi barbarorum”, que prolifera por las grandes ciudades y últimamente en algunos pueblos, por eso de huir de una pandemia en la que no creen y que van esparciendo) donde destrozan cosas que a todos les importan, excepto a ellos.

No se trata de la falsa y socorrida dialéctica de la libertad y el orden. Goethe defendió a ultranza la libertad individual pero alertó sobre sus excesos. La falacia en la que se basan las exigencias y modos de la ultra derecha y congéneres de los extremos, es su fraudulenta aceptación del orden democrático. Jamás debería haberse permitido que entraran en el juego de los partidos políticos, ya que por definición no respetan las normas de respeto y convivencia que son básicas en la democracia. Sólo las reclaman y manipulan para defender su “derecho” a discrepar que, en esencia, es una praxis de violencia, insultos, descalificaciones y amenazas. De esta manera las reglas democráticas se ven obstaculizadas en su defensa del orden y el equilibrio de la cosa pública, mientras los partidarios de la deriva autoritaria hasta sus últimas consecuencias, se ven “amparados” por esa democracia que ellos conculcan sin cesar.

En el reino de la barbarie hablar de libertad de expresión, es una incongruencia, ya que es utilizada para justificar lo injustificable. Como decía el maestro Lledó, es razonable exigir  la libertad de expresión. Sólo hay un problema para los que tememos la barbarie: ¿de qué sirve la libertad de expresión si sólo se usa para decir idioteces, mentiras, insultos, una verborrea espinosa de despropósitos agresivos? ¿No sería necesario exigir antes algo de sentido crítico, capacidad analítica, pensamiento basado en la lógica y el sentido común? Materia de educación básica y necesaria. Construimos la casa de los derechos humanos por el tejado. Y las columnas que la tienen en pie, las obligaciones correspondientes, no tienen solidez. Somos fáciles presa para los “ultimi barbarorum”. A propósito, atentos a los “idus” de noviembre: la Casa Blanca, puede dejar de ser un color para ser un símbolo de supremacía racial, si es que Trump  sigue...

ALBERTO DÍAZ RUEDA, escritor

 

 

Compartir este post

Repost0
29 septiembre 2020 2 29 /09 /septiembre /2020 10:40

EL “JUEGO DEL PRISIONERO”

Ya son demasiados casos de insensatez y aparente locura en el mundo, ¿no les parece? Eso se debe a que los políticos y el poder  juegan, sin saberlo, al “juego del prisionero”. Es uno de los dilemas sin solución de la teoría de juegos, lúcida idea cultivada por aquél científico esquizofrénico paranoico (John Nash) que describe el libro (y la película) “Una mente maravillosa” y que acabó recibiendo el Premio Nobel de Economía en 1994, a pesar de su enfermedad.

Escojamos sólo dos casos: el empecinamiento del dañino Torra en Cataluña y el de la no menos obcecada presidenta de la Comunidad de Madrid con el jefe de Gobierno por el Covid. El juego del prisionero demuestra matemáticamente cuándo dos personas no logran cooperar aunque ello vaya contra el interés de ambas. Los intentos fracasan siempre porque la codicia y las estrategias de dominio de las dos partes impiden que usen la razón y el sentido común. La resolución se aplaza “sine die”, unida a una conclusión falsa de suma no cero (sin ganador). Se podría superar el nudo, paradójicamente, con un acuerdo que suponga ceder algo por las dos partes para perder menos cada uno, pero ello presupone contradecir la premisa básica del juego.

En la política española se sigue continuamente el “juego del prisionero”. No hay ni ganador ni perdedor absoluto, pero siempre hay un perdedor permanente: el pueblo español y su bienestar social y económico. Deberíamos internar a ciertos políticos españoles en un retiro monacal con expertos, neurólogos, psicólogos y economistas para que les demostraran cómo la cooperación, la solidaridad y el altruismo son las herramientas adecuadas para desembrollar la situación del país: el juego del prisionero se anula cuando esas personas obcecadas deciden aplicar criterios basados en una evidencia científica: cada vez que obramos de forma altruista, generosa, compasiva y solidaria se activa un área del cerebro conocida como “unión temporoparietal” que, a su vez, activa el núcleo estriado, que es el elemento cerebral del que dependen los circuitos de recompensa y motivación, cuya acción mejora nuestra salud, baja la tensión arterial, produce bienestar físico profundo y aumenta la empatía y el atractivo de las personas. Y, como consecuencia aparecen soluciones realistas y eficientes a los problemas planteados. Debería extenderse a nivel planetario.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post

Repost0
13 septiembre 2020 7 13 /09 /septiembre /2020 09:14

"La edad de la penumbra" de Catherine Nixey, historiadora dedicada al periodismo de divulgación, es una obra que sintoniza perfectamente con la actual situación dentro de la cultura dominante en la que los fenómenos religiosos -no los espirituales- han tomado un sesgo ligeramente anacrónico para una parte de la población, aunque sigue candente en religiones como el mahometismo y el budismo. Con el cristianismo, y salvo en lugares y entornos muy determinados, el decaimiento de fervor y práctica ha provocado la aparición de una historiografía  crítica que ha cuestionado no sólo la perdurabilidad -exceptuando siempre a un núcleo duro inamovible entre el fanatismo y la buena fe- sino también la legitimidad de estas creencias. Aunque ya hemos tratado en estas páginas diversos ejemplos de estudios de considerable solvencia sobre esta deriva iconoclasta y desmitificadora de la historia de las religiones, el libro de Nixey pega un buen varapalo al cristianismo con cierto redentismo provocador, no exento de humor. Lo cierto es que el sarcasmo de la autora tiene un efecto dinamizante en el lector que, si ha  seguido mi propuesta de lectura en otras ocasiones de libros semejantes, apreciará sus concomitancias a pesar de los estilos totalmente diferentes.

"La edad de la penumbra" es muy incisivo en sus conclusiones y ha provocado protestas públicas de la Iglesia ante alguno de sus comentarios e informaciones. Pero, prescindiendo de las críticas institucionales, las imágenes que nos brinda la autora de la forma de vida de los cristianos de los siglos anteriores al reconocimiento del cristianismo como "religión oficial" del Imperio romano, desmiente toda la iconografía tan cara a esta religión -de origen romano, por excelencia- cuyo poder llegaría a alcanzar nuestro siglo y tiene visos de seguir, aunque en cierta forma "tocada" por una forma de vivir absolutamente distinta a la de todos los pasados siglos de su "era".

La semejanza entre los actos de barbarie y vandalismo de los cristianos del siglo IV d.C., cuando se habían hecho suficientemente fuertes y temidos por su fanatismo sin compasión, con los los barbudos sanguinarios del tristemente famoso Estado islámico, es algo más que una curiosidad. Es un síntoma, 17 siglos más tarde. ¿Hay alguien que defienda la evolución emocional del ser humano; su comprensión y respeto por otras creencias, en esta presunta época del "fin de las creencias"? Esperemos que el "triunfo de la Cristiandad" que tanta sangre, injusticias, barbarie y destrucción provocó durante siglos (hasta hace dos días y continúa en algunos lugares) no sea el espejo de actuación de los islamistas feroces parapetados más en el odio a otras creencias que en el estudio, puesta  al día, comprensión y perfeccionamiento de la propia.

Tanto los cristianos de entonces y duraderamente, cuenta Nixey, como los islamistas de ahora, buscan no un reconocimiento y respeto del contrario sino la "total subyugación de éste" a sus principios. Y para lograrlo no hay exceso violento que no ejerzan y patrocinen. Hoy se dinamitan estatuas gigantescas de Buda o se queman iglesias o asesinan a sacerdotes y fieles; en el siglo IV y V dC, se destruyó casi totalmente la hermosa y fructífera filosofía grecolatina y las manifestaciones escultóricas o arquitectónicas de aquellos antiquísimos cultos y creencias.

Lo que nos inquieta más del libro de Nixey es su aseveración documentada de que grandes hombres de aquellos tiempos, como San Agustín, apoyaba "la extirpación de toda superstición de paganos y gentiles" de la forma más radical posible. Otros "santos" como el francés Martin o el egipcio Teófilo o el italiano Benito dieron muestra de su "santidad" en su particular guerra sin piedad contra las personas y los lugares que habían sido conocidos por su espiritualidad "no cristiana". ¿Dónde está la madurez intelectual de tantos filósofos de raíz cristiana que, incluso en nuestra época, no cuestionan ni rechazan el oscurantismo provocador de aquellos pensadores?

Como con mucho sentido del humor e ironía nos cuenta la autora, "los ataques no se detenían en la cultura. Todo, desde la comida que se ponía en el plato (que debía ser sencilla y sin especias) hasta lo que se hacía en la cama (que debía ser igualmente sobrio y sin especiar) empezaba, por primera vez, a quedar bajo el control de la religión". Y sin embargo, lejos de esos grupos y cabecillas "santificados", las personas del común, corrientes, que trataban de sobrevivir, se limitaban a incorporar al dios cristiano al abundante panteón de divinidades paganas. Situación que sin embargo duró poco, ya que después de Constantino, cuando los sacerdotes de la "verdadera fe" comenzaron a controlar algunos resortes del estado, el político y el militar, los templos paganos -y sus sacerdotes- fueron destruidos unos y asesinados otros por todo el Imperio y aledaños.

La misma o parecida suerte corrió la filosofía y los últimos filósofos de las escuelas platónica (la Academia) y neoplatónica, aparte de las escuelas no asimilables al cristianismo (el platonismo fue manipulado a favor de lo permitido y también el estoicismo en alguna medida) pero el cinismo, el escepticismo y el epicureísmo fueron devastados. Las hogueras con libros prohibidos no las inventó Hitler o los islamistas, la inventaron los cristianos. Y también inventaron los palimpsestos -manuscritos sobre los que se escribían nuevos textos.  "Se ha descubierto que Agustín sobrescribió el último ejemplar de 'Sobre la República' de Cicerón para anotar encima sus comentarios de los 'Salmos'. Una obra biográfica de Séneca desapareció bajo otro 'Antiguo Testamento' más. Un códice con las 'Historias' de Salustio se raspó para dar lugar a más escritos de San Jerónimo.... Sólo un uno por ciento de la literatura latina sobrevivió a los siglos. El 99 por ciento fue destruído".

Y sugiere la autora, los cristianos del medievo y épocas posteriores modificaron la historia del recibimiento del triunfo del cristianismo en pueblos y aldeas. Fue una de las muchas "fake news" que pasaron a ser consideradas verdades dignas de figurar en los libros de historia y en la enseñanza a los niños y en las Universidades: se eliminó la memoria de que existió una fuerte y duradera oposición a dicha victoria. "El cristianismo contó a las generaciones posteriores que su victoria sobre el viejo mundo fue celebrada por todos, y las siguientes generaciones lo creyeron". Por ello el "triunfo" del cristianismo fue considerado durante los siglos posteriores como un milagro más de la "religión verdadera" y precisamente en ese dato estriba la totalidad y completud del triunfo cristiano.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHA

LA EDAD DE LA PENUMBRA.- Catherine Nixey.- Trad. Ramón González.- 317 págs.

 

Compartir este post

Repost0
25 agosto 2020 2 25 /08 /agosto /2020 17:17

(PUBLICADA EN LA COMARCA EL 250020)

Todos los seres humanos son idiotas en ciertos momentos de sus vidas,  pero la mayoría lo son más que otros y durante mucho más tiempo. Esta es una teoría bastante plausible. Según Popper, no existen las teorías verdaderas, sino aquellas que han sido contrastadas sin poder ser falseadas. Pero aunque esta fuera falseada (que nadie lo ha logrado), tampoco se abandona, salvo que encontremos una alternativa mejor.

Y si están ustedes bien informados (y no desinformados o saturados) verán múltiples pruebas de esa teoría sobre el virus de la idiotez aplicada a la actual pandemia y a otros enigmas más o menos letales: desde los fanáticos seguidores de un agricultor inspirado, Josep Pamies, que aconseja la ingesta de un producto (el clorito de sodio) parecido a la solución de lejía que preconizaba Trump o Bolsonaro en algunos de sus dislates, a los feroces enemigos de las mascarillas que se reúnen en multitudes bien apretujadas riéndose de las multas y las amenazas, a los reincidentes jóvenes de sacrosantos derechos a la juerga, las fiestas patronales y los botellones: todo es mentira, paranoia conspirativa, intereses económicos ocultos y perversos. Y si viene la vacuna hay que hacer frente común: el Gobierno, o la Internacional Capitalista, nos quieren implantar con la vacuna chips para dominarnos mejor y controlarnos a todos. Y esos "todos" son, por ejemplo los antisistema que viven del sistema, los okupas que viven de la estafa y la extorsión vistiéndose de nuevos samaritanos, provocando situaciones de desamparo y vejación que son el asombro y la incredulidad para el resto de Europa, (leyes inicuas al servicio de pretensiones humanitarias), algunos -no todos- de los clientes del buenismo de nuestra desorientada izquierda que reciben una ayuda indiscriminada sin la debida contraprestación de servicios, todos estos a la altura de los terraplanistas o de los que creen que la llegada del hombre a la Luna fue un truco de Hollywood y la Casa Blanca.  La abundancia de los idiotas ocultaría la luz del sol dejando al orbe en tinieblas. Y no olvidemos a los mini-idiotas: los que se cuelan en las colas, el que se salta las normas de circulación porque cree que nadie lo va a ver, el que tira las mascarillas usadas en las aceras o se cisca en las normas de higiene pública o en las de buena vecindad porque le conviene en un momento dado, o algunos que huyen de la ciudad y llegan a los pueblos para cometer impunemente los agravios que su egoísmo o descuido les sugiere, desde aparcar mal a no dejar dormir a los vecinos con sus gritos y bromas o actuar como si el virus no fuera con ellos. La semana que viene más.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post

Repost0
23 agosto 2020 7 23 /08 /agosto /2020 09:02

Siempre me he sentido atraído por Spinoza, deslumbrado con su pensamiento, intrigado por su vida y perplejo por  las dificultades inherentes a su lectura. Como Sócrates, Montaigne, Russell, Wittgenstein, Epicuro o Pirrón pertenece al grupo no muy amplio de filósofos vitalistas, es decir, aquellos que viven la filosofía como una forma o estilo de vida. Y al más reducido círculo de los que pagaron con persecuciones, acosos sociales o religiosos, ataques físicos e incluso la tortura y la muerte, la coherencia existencial con sus ideas. Nació en Amsterdam en 1632,  hijo de padres judíos de origen portugués y español. Fue temprano lector de Lucrecio, Hobbes, Cervantes, Quevedo, Góngora y Giordano Bruno.  Toda su filosofía es una meditación sobre Dios, pero no de un Dios trascendente como en las tres religiones monoteístas sino de un Dios que es, en sí mismo. tiempo, materia y espíritu. Semejante idea le valió el anatema total y la expulsión de la Sinagoga y de la fe judía y con el tiempo (mal interpretado y menos entendido) se le calificó de uno de los primeros ateos de la historia. Murió joven, 44 años, y rechazado por su comunidad, a causa de una enfermedad pulmonar, tisis, provocada por el polvo que inhalaba debido a su oficio de pulidor de lentes.

De su filosofía, principalmente su "Etica" ("Demostrada según el orden geométrico") o su "Tratado teológico político", han surgido muchas de las reflexiones que me han facilitado la vida y agudizado el entendimiento en asuntos religiosos, morales, políticos o históricos. Aparte de inspirarme cierta alegría de vivir, amor a la Naturaleza y ética personal que han guiado mi vida en momentos delicados y en los asuntos cotidianos. Su norma existencial "Caute!" (cautela en el pensar, el hablar y el actuar) me ha librado de buenos líos a través de los años. De todas formas incido en mi observación al principio de este texto: es de lectura dificultosa. Precisamente por eso, libros como el que hoy les recomiendo, "Spinoza y el libro de la vida" de Steven B. Smith (profesor de ciencia política en la Universidad de Yale), junto a "En busca de Spinoza" de Antonio Damasio (uno de los neurólogos más conocidos y respetados, norteamericano de origen portugués) nos ilustrarán de manera muy eficaz en la importancia de la obra de Spinoza en la historia de la Filosofía y las influencias que su pensamiento tuvo en los más grandes filósofos del siglo XX y del actual.

Es uno de los más citados pensadores en todos los que luchamos por la libertad de pensamiento, la hegemonía de la razón, la igualdad y la solidaridad humana por encima de razas y nacionalidades, en busca de la convivencia pacífica y el progreso sostenible y ecológico. Seguidor de las ideas estoicas greco-romanas. Spinoza cultivó una austeridad y una sencillez ejemplares en su vida y un estado de bienestar mental y alegría. Opinaba que el amor al conocimiento, al arte y a la vida y la contemplación en la Naturaleza, eran en sí mismas las vías para alcanzar la sabiduría.

Spinoza sostiene, según un comentarista al que cito por su claridad expositiva pero del que, lamentablemente no conozco el nombre, que "Dios es lo uno y lo múltiple. Para conocerlo, solo tenemos que observar y estudiar la totalidad de la que formamos parte. Dios no está en lo alto, sino en el aquí y ahora. En la filosofía de Spinoza no hay ninguna concesión a la trascendencia. Dios no es lo que está más allá, sino la red infinita que nos envuelve. Al señalar la extensión como atributo infinito de Dios, Spinoza impugna la idea bíblica de la creación, donde la materia solo es una herramienta o sustrato, no algo divino. El hombre participa del conatus o impulso por perseverar en la existencia común a todos los seres vivos. Esa es su “chispa divina”, no la quimérica humanidad de Dios. El alma del hombre solo es una idea, la conciencia reflexiva de su realidad corporal. Para Spinoza la virtud es obrar bajo la luz de la razón, con una comprensión adecuada de las cosas, intentando no ser objetos pasivos de las circunstancias y las emociones. La virtud nos hace obrar bien y no hay mayor felicidad... ya que el sabio contempla el universo “sub specie aeternitatis”, es decir, como un todo regulado por la razón y la necesidad." Un hombre libre reserva su sabiduría para meditar sobre la vida, no sobre el morir. Arrepentirse es un gesto estéril. El que lo hace es “doblemente miserable e impotente”. Hay que abstenerse de condenar. Lo esencial es comprender, especialmente nuestros propios errores, y saber que “no queremos, apetecemos, ni deseamos algo porque lo juzgamos bueno, sino que, al contrario, juzgamos que algo es bueno porque lo queremos, apetecemos y deseamos”.

Como dice  Steven B. Smith, Spinoza "nos enseña a abrazar el mundo, más bien que a huir de él; a mirar la libertad como una bendición, más que como a una desgracia: a encontrar placer en esas cosas que tienden a incrementar nuestra sensación de poder y capacidad de actuación. Su pureza y osadía como pensador provocó que por razones religiosas no fuera reivindicado como filósofo hasta fines del siglo  XVIII y principio del XIX por los idealistas alemanes (Goethe y Novalis entre ellos) que rechazaron su presunto ateísmo para paradójica y más justamente calificarlo como el "filósofo ebrio de Dios".De su actualidad y por tanto la pertinencia de dedicar un tiempo gratificante a leer los dos libros que recomiendo habla el hecho de que Spinoza fue el profeta de una doctrina absolutamente presente: la defensa de la individualidad, la creatividad y la celebración de la vida como libertad. Y el repudio de todo o que mutila, mortifica o denigra la libertad, la solidaridad y la vida.

FICHAS

SPINOZA Y EL LIBRO DE LA VIDA.- Steven B. Smith.- Trad. Juan Manuel Forte.- Ed. Biblioteca Nueva- 260 págs.

EN BUSCA DE SPINOZA.-Antonio Damasio.-Trad. Joandomenec Ros.- Ed. Crítica.-334 págs.

 

 

 

 

Compartir este post

Repost0
21 agosto 2020 5 21 /08 /agosto /2020 15:38

La lectura del reciente libro de Maxime Rovere, "Qué hacemos con los idiotas" (del que les hablaré otro día) me ha recordado tres joyitas clásicas que disfruté en su día, "El encomio de la estulticia" más conocido por "Elogio de la locura" del gran Erasmo, un librito del filósofo francés André Glucksmann "La estupidez, ideologías del postmodernismo" (año 1988, editado por Península) del que les hablaré otro día y un excelente trabajo del italiano Carlo Cipolla "Leyes fundamentales de la estupidez humana" que también les comento. 

Ya Flaubert advertía que en el "estupidismo" se podría encontrar una de las claves activas e inevitables de los errores humanos en la historia de todos los países y de todos los tiempos. Glucksmann se hace eco de ello y asegura que la estupidez, la idiotez, la memez, la mezquina y bobalicona insistencia en tener razón en lo que sea  cuando no se sabe qué es la razón  ni tampoco la importancia o función e incluso la existencia de ese "lo que sea", (es una creación mental realizada por las carencias y complejos del ego del idiota), no es algo banal ni intrascendente: es uno de los cánceres del transcurso de la historia. Más allá de los jinetes del Apocalipsis que decían que eran cuatro, cabalga el quinto jinete envolviéndolos a todos con un manto tan invisible y letal como ella, la estupidez. Etimológicamente, el término viene del latín stupor que se refiere al efecto de pasmo que puede producir algo en quien lo contempla; literalmente el quedarse sin habla. Estupefacto y atónito, el estúpido es tonto porque así lo decide. Ante el asombro que le provoca algo,  otra persona, una frase que no entiende, un acto que decide rechazar sin saber porqué,  permanece rígido, “estólido” y de inmediato reacciona de manera absurda e inapropiada.

Para que comprendan lo grave que es esto, les cito "in extenso", tres de las leyes que rigen el idiotismo, según Carlo Cipolla y lo convierten en "una de las más poderosas y oscuras fuerzas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humana»: a) siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo; b) la posibilidad de que una persona determinada sea una estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma; c) las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas.

Mientras uno se mantiene en su "torre de marfil" (ventajas de la jubilación), leyendo a los clásicos y acompañándose con Sócrates, Epicuro, Pirron, Montaigne, Séneca, Marco Aurelio., Wittgenstein, Russell, Nietzsche, Voltaire o Schopenhauer, el mundo cotidiano se desenvuelve con amabilidad e inteligencia. Pero, ay, eso es un espejismo. Si sales de tu biblioteca y de tu hogar, en cualquier lugar, a cualquier hora, en la más inofensiva de las circunstancias y por un motivo de lo más banal, topas con un idiota. Y el mundo perfecto se volatiliza. Hombre o mujer, joven o viejo, esa persona instaura algo que hace que tu propia inteligencia y comprensión decaiga, se desvanezca. Entras en una situación en la que tu ansia de comprender lo que ocurre, lo que te dice el idiota o sus argumentos, cuando los tiene, se convierte en una labor imposible, anula tu capacidad de análisis y razonamiento y por un extraño sortilegio te escuchas tratando de balbucear en su propia lengua y a plegarte a su extraño y peculiar modo de relacionarse. Hasta el punto que el idiota, triunfante en su pegajosa y a veces agresiva estupidez, piensa que el idiota eres tú. No importa que lo que tratas de hacer le beneficie directa o indirectamente, el idiota tratará de obstaculizarte y como decía Rovere "intentará ahogar tus argumentos con razonamientos sin fin, responderá a tu benevolencia con amenazas,  tu afabilidad con violencia y tu busca del bien común la ridiculizará aunque con ello dañe su propio interés individual". Por ello el refranero popular es tajante: "el estúpido es más peligroso que el malvado".

Decía Schopenhauer  que en la historia, los siglos van pasando parecidos unos a otros en dos elementos comunes e  inmemoriales: la maldad (o crueldad)  y la estupidez de los hombres. O como decía otro autor: "el ser verdaderamente estúpido no es sino aquel que confunde su razón con la razón universal; quien cree saberlo todo, quien se queda pasmado ante su inteligencia y no necesita moverse de ese punto, quien viaja con la inercia de su propio pensamiento sin contemplar el del resto". Y tiene un peligro evidente: la idiotez es algo evidente para casi todos, excepto para el que la sufre. Por eso lo peligroso no es ser estúpido sino creer estar exento de la estupidez. Y allí llegamos a una constatación: Todos tenemos momentos de mayor o menor duración es que somos irremediablemente idiotas. Es más una situación, una circunstancia, en la que perdemos la razón de vista. La cuestión para no sentar plaza de estúpido es darse cuenta de cuando uno lo es y tras analizar los hechos y las actitudes,  hacer propósito de enmienda y grabar en la propia mente lo vivido como una "guía de perplejos" a la que acudir en próximas ocasiones. Y seguir el consejo de Sócrates: "conoce al imbécil que hay en tí"

En el próximo artículo entraremos en harina y veremos el interesante y arrasador análisis de la estupidez como fenómeno mundial, humano, político, existencial, lógico y, como corolario, el porvenir de la estupidez y la defensa del intelectual (según Glucksmann).

FICHA

LAS  LEYES FUNDAMENTALES DE LA  ESTUPIDEZ HUMANA.- Carlo Cipolla.- Editorial Crítica-Trad. María Pons

 

Compartir este post

Repost0
4 agosto 2020 2 04 /08 /agosto /2020 09:36

En el capítulo 16, versículo 16 del libro bíblico del "Apocalipsis" se nos anuncia el "fin de los tiempos" o del mundo que conocemos debido a guerras, catástrofes de todo tipo o plagas. Ese mito destructivo se ha evocado muchas veces en momentos puntuales de la historia, en épocas en los que las religiones  hegemónicas se disputaban el poder  contra monarcas autoritarios y  las identificaciones de los "malos"  dependía de cualquiera de las tres religiones monoteístas , cristianos, judíos y musulmanes. En nombre de esta amenaza global se han cometido las mayores barbaries, pero nunca ha llegado el fin del mundo. Eso no depende de nuestros actos como "los bichos más dañinos de la Naturaleza" (así nos llamaba Jonathan Swift; sí, el autor de "Gulliver") pero lo cierto es que podemos ayudar mucho y eficazmente, no a que llegue el fin del mundo, pero sí el exterminio del género humano. Lo cual sería una suerte para el planeta y los demás seres vivientes. Y una lamentable pérdida para la cultura y el arte, pero esos son bienes bastante devaluados.

Asumiendo el hecho de que hablamos de un libro "sagrado" y que eso lo convierte en asunto de creyentes y evidentemente  en una cuestión literaria y de fe y no en una hipótesis científica razonable, usamos el término "armagedón" de una forma simbólica, un tropo.  Nuestra existencia bajo el signo atroz de esta pandemia nos ha convertido en el escenario distópico de la mejor obra de ficción catastrofista que se ha escrito jamás, precisamente por su condición empírica mensurable y su imprevisibilidad pre y post factual. 

¿Podríamos justificar el uso de "Armagedón" para definir una situación como la presente, en la que se dan  elementos como éstos (sin aspirar a ser exhaustivos)?: a) falta de un liderazgo mundial y un exceso de líderes populistas y potencialmente destructivos a favor de fronteras y uso de la fuerza; b) no existe una información clara, unificada, fiable, eficaz, científica y real sobre la pandemia, sus efectos y la forma de luchar contra ella; c) respuesta popular: pesimismo, nihilismo, negacionismo, paranoia conspirativa servida por la Red, fake news interesadas y una incertidumbre creciente sobre las vacunas alimentada por grupúsculos marginales y el mimetismo gregario de los internautas; d)falta global de pensamiento crítico, la gente no piensa lo que cree; convencen los que hiper gesticulan y vociferan simplezas; e) la crisis económica no es una entelequia: es real y desorbitada y pocos gobiernos saben cómo afrontarla; f) la inconsciencia y falta de responsabilidad de líderes y pseudo políticos que persisten en sus "guerras particulares"  (por muy legítimas que sean) en lugar de hacer piña en lo que ahora importa... y se podría seguir hasta acabar con el abecedario..

 

Compartir este post

Repost0
31 julio 2020 5 31 /07 /julio /2020 07:43

Hace cien años desaparecía Galdós del mundo de los vivos, en el número 7 de  la madrileña calle de Hilarión Eslava. Era el 4 de enero de 1920. Le acompañaba su "hija natural", María,  ya que Galdós nunca se casó". Murió a los 76 años, prácticamente ciego y con problemas económicos y estrecheces sorprendentes en un escritor tan prolífico y admirado. A su entierro oficial acudieron más de 30.000 personas, con notoria ausencia institucional. Había sido operado de cataratas dos veces, en 1911 y 1912. Un año después, y tal vez debido a una sífilis terciaria, perdió la vista casi totalmente. Su salud se resentía también por una fuerte arterioesclerosis e hipertensión. Cuando muere Galdós, como a veces pasa en este país de cainitas, algunos de sus colegas de pluma hicieron "leña del árbol caído".  El talante liberal y progresista del escritor retrasó mucho su admisión en la Academia, a la que accedió gracias al apoyo de dos escritores conservadores amigos suyos: Marcelino Menéndez Pelayo y José María Pereda. La Academia Sueca le eligió en 1912 para recibir el Premio Nobel de Literatura y por una de esas lamentables sinrazones que se dan en nuestro país, hubo una campaña conservadora y tradicionalista contra el escritor y se inundó a la Academia sueca de cientos de cartas y telegramas exigiendo que no se le diera el Premio, ya que era una persona “de ideas extremas y nocivas para la sociedad". La campaña alcanzó tal virulencia que el Jurado  sueco, atónito y escandalizado,  acabó por anular esa designación y nombró al poeta alemán Haupttmann. Al año siguiente, se repitió la miserable mascarada y nuevamente el Jurado sueco cedió en nombre en su lugar a Tagore. Muchos años después la Academia sueca reconoció ese ceder a manipulaciones políticas como un error histórico del que se sentían avergonzados.

Durante los siguientes sesenta o setenta años Galdós sólo es pieza de fascinación, agrado y exquisitez literaria para una minoría de "lletraferits" que se asombran del ninguneo que se le brinda desde los llamados "cenáculos" literarios, con la belicosa censura de Juan Benet (que se atrevió a decir con su dogmatismo habitual: "el culto a Galdós es una desgracia nacional") y algún otro, igualmente "perspicaz". La siguiente generación desde Muñoz Molina a  Trapiello, Almudena Grandes y creo que Javier Marías, supo hacer justicia.

Sin embargo el aparato crítico y erudito tanto español como extranjero nunca dejó de dar  a luz obras críticas, ensayos  y comentarios laudatorios en los que se va reivindicando cada vez con mayor firmeza la figura de este escritor , al que malas lenguas, concretamente la de Valle Inclán, en "Luces de Bohemia" hace que uno de sus personajes se refiera a Galdós con la frase "don Benito, el garbancero" tratando de significar con ello que era un escritor anacrónico, de mesa camilla y brasero, que tenía la popularidad exagerada y efímera de folletinistas al estilo de "El caballero audaz" y otros singulares plumíferos del dislate y la desmesura, como Manuel Fernández y González o Ramón Ortega y Frías. Sin embargo en el transcurso de las décadas finales del siglo XX y el nuevo siglo, la figura de Galdós va tomando una importancia y tamaño literario más acorde con su valía indiscutible.

Baso este escrito en la última biografía aparecida del autor canario, debida a Yolanda Arencibia y editada por Tusquets, aunque he aprovechado los tres tomos del clásico José E. Montesinos que editó Castalia en 1972, el volumen del hispanista norteamericano Douglas M. Rogers "El escritor y la crítica" editado por Taurus, la "Vida de Galdós" de Pedro Ortiz-Armengol en Biblioteca de bolsillo y "El Madrid de Galdós" un insólito libro de varios autores que nos describe el Madrid que amó y vivió Galdós.

Arencibia equilibra la indudable admiración de la autora por su paisano (es catedrática de la Universidad de  Las Palmas, dirige los Anales Galdosianos y la cátedra dedicada al escritor) con una indagación bastante intensa y completa de documentos, libros y referencias anotadas en las 25 páginas de bibliografía y en los apéndices e índice onomástico que enriquecen el libro. El Galdós que aparece en estas páginas está a años luz del "garbancero" provinciano y de estrechos límites que nos pintaban sus detractores (¿envidia?¿celos literarios?). Es un hombre comprometido con el "zeitgeist" de su tiempo, informado y apasionado por Europa, gran lector, viajero, epicúreo degustador de la buena mesa, el mejor vino y el trato y compañía con damas de considerable valía. La correspondencia que mantuvo con su célebre amante Emilia Pardo Bazán (de las que sólo nos quedan las cartas de ella, él era sumamente  discreto y pidió a la escritora gallega que se las devolviera) nos hablan de un hombre que sabía despertar pasiones, aunque sabía mantenerse fiel a su principio spinoziano de la cautela. Galdós tuvo muchas relaciones amorosas, desde la adolescencia (con su prima peruana Sisita) hasta la modelo Lorenza Cobián, prudente y celoso de su privacidad, con un inconmovible "perfil modesto" que, como suele suceder, enaltecía su figura intelectual y humana. Se llamaba a sí mismo "jornalero de las letras". Era el hombre de la palabra justa y el adjetivo exacto, de talante silencioso y como adusto, pero lleno de bondad y tolerancia. Pero también una persona de una variedad intelectual y artística asombrosa: fue novelista, político, periodista, dramaturgo, ensayista, músico, pintor y un dibujante excelente... 

Con mucha sutileza Arencibia nos recuerda las palabras que uno de los grandes personajes de Galdós, Gabriel, en los "Episodios Nacionales", al final de la serie dice de sí mismo: "Soy hombre práctico en la vida y religioso en mi conciencia. La vida fue mi escuela y la desgracia mi maestra. Todo lo aprendí y todo lo tuve". Y la biógrafa añade: estas son palabras que podría haber adoptado su creador, Galdós. Los vaivenes en la vida personal de Galdós, desdichas y alegrías, quedan reflejadas en la frase de uno de los protagonistas de "La campaña del Maestrazgo": "espinas sufrimos, espinas tenemos, y el que crea que no las tiene y se duela de que le pinchen, es tonto de remate". La popularidad de sus obras tiene un reflejo en el cine, un arte temprano en vida de Galdós, que él no pudo conocer por su ceguera. Desde el cine mudo con adaptaciones de “La Duda” en 1916 y en Hollywood una de "Doña Perfecta" en 2018. "El abuelo", por ejemplo tuvo versiones fílmicas en México en 1943, en Argentina en 1951 y en España con Garci en 1998, "Marianela" en 1940 y 1972, "Fortunata y Jacinta" en 1969,, "Tristana"  y "Viridiana" de Buñuel en los 70, "Tormento" de Olea en 1974 y "Doña perfecta" de Ardavin en 1977. También en los 70, TVE  adaptó una decena de obras de Galdós, aún visibles por internet.

Durante casi sesenta años de creación literaria Galdós insufló magistralmente vida a un mundo de ficción coherente, universal y variopinto. Ello confiere a su obra, como dice su biógrafa,  "atemporalidad, universalidad y eternidad". Y de su actualidad es ejemplo su propio lema personal, "Ars, Natura, Veritas" que tantos intelectuales han adoptado. El libro de Arencibia recibió el Premio Comillas de Historia y Biografía de este año y el jurado lo justifica recordando que Galdós  "refleja en su vasta producción la mejor tradición del liberalismo español y, mediante unos personajes inolvidables, lanza una mirada compasiva y humana sobre la vida y sociedad de su tiempo y también del nuestro". 

Especialmente emotivo es el Epílogo del libro en el que se nos muestra al Galdós ya anciano, aquejado de mala salud que visita el monumento que el escultor Victorio Macho le había dedicado y debía colocarse en los jardines del Retiro.  Es el año 1919, la obra había sido sufragada por suscripción popular y se había logrado la suma de 12.000 pesetas, un dineral para la época. Se inauguraría en 20 de enero de ese año. Por entonces está ciego pero preside el acto y pasa los dedos por el rostro de piedra, su rostro. Se emociona. Ese año su mala salud de hierro parece entrar en una etapa final. Galdós se encierra en sus recuerdos, habla poco y se deja cuidar por sus amigos, recibe visitas y acaba muriendo el 3 de enero.de 1920. El Ayuntamiento de Madrid hace un homenaje de cuerpo presente para que los madrileños, a los que tan bien describió y amó Galdós, se pudieran despedir de él.

Para el  que esto firma, que ahora ha emprendido la segunda lectura de "Los episodios nacionales", más de cuarenta años después de la primera, Galdós fue siempre un  modelo inalcanzable desde el punto de vista literario, pero muy cercano desde el ideológico y social. Como él, siempre he creído que "la educación es la herramienta más eficaz para acometer cualquier transformación social". Y que "el porvenir debe construirse con pedagogía y no con violencia".

ALBERTO DÍAZ  RUEDA

FICHA

GALDÓS, UNA BIOGRAFÍA.- Yolanda Arencibia (XXXII Premio Comillas). Ed. Tusquets.-861 págs.

 

Compartir este post

Repost0
30 julio 2020 4 30 /07 /julio /2020 11:39

Ya en el siglo XXI las protestas feministas comenzaron a tomar una curiosa imagen simbólica, vagamente aterradora: la televisión había entrado a saco en la novela distópica de Margaret Atwood "El cuento de la criada" y nos había mostrado una civilización en la que las mujeres estaban reducidas a instrumentos y despojadas de cualquier referencia humana que no fuera su sexo y los limitados pero contundentes  usos que sus cuerpos ofrecían. Las feministas aparecían vestidas con amplios sayales rojos y en la cabeza una especie de toca monjil blanca con alas amplias. Así las describía  la novela y las mostraba la serie.

Lo que los aficionados a la ciencia ficción clásica sabíamos es que la  escritora canadiense describía en clave sus  sensaciones y proyecciones imaginativas ante el horror social y político de la Rusia posterior a Stalin pero igualmente sofocante que podía vislumbrar desde su refugio literario en Berlin occidental y sus visitas a otros países tras el Telón de Acero. Como Orwell y como Huxley y otros clásicos, la Atwood puso en su enfoque los regímenes totalitarios de la clase o ideología que fuesen, pues todos tienen un punto en común: el desprecio total hacia la dignidad del ser humano, por encima de sexo, color, raza o nación.  Y en el caso del "Cuento" de la mujer, reducida a la condición de "hembra fértil".

Lo más angustioso de la novela es la sensación que te va creando de posibilidad. "Eso aquí, en este país, en esta época, no puede pasar" nos decimos. Pero nos equivocamos. Como ha ocurrido con el Covid, todo puede  pasar y las reacciones humanas suelen ser lamentables por lo desastrosamente previsibles. La República de Gilead es una reedición del puritanismo norteamericano del siglo XVII que, cuando Atwood escribía su novela, en 1984, parecía imposible de reeditar...Imagínense con Trump en el poder una legislatura más.

La maestría de la autora es visible aunque sutil. Empieza por negar los datos habituales al lector. Este entra de golpe en la narración y vive en primera persona una existencia que parece una pesadilla, en un país que poco a poco va intuyendo y en una época post apocalíptica de la que no se nos fan detalles. Es la cultura sobreviviente a un acontecimiento que ha cambiado brutalmente la historia conocida. Fanatismo religioso, moral del poder, el abuso y la utilidad. Necesidad de reproducción humana pues el Horror ha dejada diezmada a la población. Como suele ocurrir eso supone la instauración de la dictadura total y la reproducción fiel de los niveles sociales. El poder y la riqueza a un lado, en medio la fuerza física, los vigilantes y el resto, el pueblo base, los que trabajan,  los explotados. Entre ellos una fracción aún más ruinmente explotada: las mujeres fértiles (los índices de fertilidad del país cayeron en picado debido a la contaminación: otro de los aciertos de Atwood que casi pronostica las apariciones de pandemias).

Criadas, tías (con su vestimenta marrón) esposas (vestidas de virginal azul, ya que son estériles) o las marthas, enmascaradas en un verde pálido, limpian y cocinan para los que mandan y para mayor sadismo puritano masculino las no-mujeres y econoesposas, las primeras de pasado pecaminoso que han sido torturadas y desterradas del país y las segundas, con trajes a franjas, son las mujeres de hombres pobres destinadas  a servicios de bajo nivel. Es el universo femenino de la República. El masculino tiene sus funciones limitadas oor el poder y la actividad, desde los comandantes, vestidos de negro, los que detentan el poder supremo, los ángeles, servidores operativos y burocráticos, los guardianes, matones y cuidadores del orden público y los "ojos de Dios" una especie de servicio secreto y de espionaje que vela, como la Inquisición, por eliminar a los "infieles".

La lectura de esta absorbente novela nos devuelve a una sensación que el Covid ha elevado a la categoría de convicción: la de la fragilidad y vulnerabilidad del ser humano. Y también algo aún más inquietante: la falta de solidaridad y cooperación entre las personas, que es la causa de que se instauren regímenes totalitarios que degradan a la mayor parte de la población pero permiten vivir con privilegios más o menos progresivos a otra parte de esos ciudadanos, con la excusa de una ideología o una creencia (políticas, raciales o religiosas) que los convierte en el bloque elegido por el poder para poder perpetuarse. 

Léanla ustedes. Hay mucho que aprender de ella y mucho que pensar tras su lectura. Luego, miran a su alrededor y verán como en muchos países de nuestro entorno (y también en algunos sectores del nuestro) las semillas espantosas de la ficción de "El cuento de la criada" pueden hacerse realidad.

FICHA

EL CUENTO DE LA CRIADA.- Margaret Atwood.- Trad.Elsa Mateo.- Ed. Salamandra.-412 págs.

 

 

 

 

 

Compartir este post

Repost0

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens