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19 agosto 2019 1 19 /08 /agosto /2019 07:18

El talón de Aquiles de la democracia parlamentaria, los populismos y sus emboscados, los fascismos ultraderechistas (o ultras de izquierda; como suele suceder no hay muchas diferencias), nos están comenzando a asediar, escudándose en el juego más o menos libre que permite la tolerancia democrática. Justamente en estos tiempos de globalización digital (que tiene su propia problemática y no precisamente banal) el populismo está adquiriendo fuerza y osadía. Los nacionalismos se enrocan con una miopía que nace del olvido de la historia reciente, el sangriento siglo XX. Hemos ignorado la rápida expansión de unas ideologías basadas en la violencia, en la falta de ética y en los egoísmos y mezquindades de una sociedad que ha olvidado sus errores y achaca todos los males a un "otro", una comunidad que puede estar en el seno de esa sociedad o en el país vecino, cediendo al azuzar demagógico de líderes obsesionados por el poder (absoluto). Hay que reivindicar la fórmula de los ilustrados, "sapere aude!" (atrévete a saber) y transformarla en otra "cogito aude...tu ipse!" (atrévete a pensar...por tí mismo). ¿Desde cuándo el latín es una lengua muerta? En filosofía política está claro que no.

 Nos enfrentamos a dos tipos no antagónicos de tiranía. Una, la que está viniendo del futuro inmediato, de hoy mismo, con un nuevo caballo de potencial apocalipsis: la revolución digital, los big data, los big deal, el data mining que es la exploración y manipulación de los datos personales  de los ciudadanos, cedidos por ellos mismos, sin coacción alguna, a ritmo de “clicks” en el ordenador. Leímos en Chul Han o en Seth Stephens o, quizá en Freud: “La incapacidad de ser libres es la incapacidad de actuar sobre el mecanismo voluntad-deseo-creencia-razón de manera tal que se pueda gozar de la imparcialidad del pensamiento racional”.

Sin pensamiento crítico racional no hay libertad. Y ese tipo de pensamiento es el que anula de entrada el segundo tipo de tiranía, los populismos. Iris Murdoch denunciaba a esos  líderes y sus partidos, una maquinaria visceral y primaria que impide a los ciudadanos “ser libres, es decir, existir sensatamente sin miedos y percibir lo que es real” El pensador norteamericano Timothy Snyder propone veinte ideas para luchas contra los totalitarismos, desde evitar la obediencia anticipatoria, el apoyo a la pluralidad de partidos y elecciones democráticas, cero tolerancia contra los símbolos fascistas, ética profesional sin concesiones, hasta distanciarte de las neolenguas digitales, expresarte bien, leer libros para equilibrar la influencia de Internet, ser celoso de tu vida privada y atreverse a ser valiente para defender la libertad, entre otras medidas y actitudes que conciernen a todos. La tiranía se apoya en la indiferencia y el encogimiento de hombros de la gente asustada.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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17 agosto 2019 6 17 /08 /agosto /2019 10:51

"Feedback" es un término inglés que significa "retroalimentación" y más específicamente en la teoría de la comunicación "devolución de una señal de recibo al emisor". Quiere decirse que cuando alguien envía un mensaje del tipo que sea, es una norma básica de educación, eficacia operativa, a veces exigencia legal y de lógica comunicativa, que el que recibe tal mensaje emita (feedback) una señal que muestre que lo ha recibido. Luego queda  al arbitrio de dicho receptor si sólo contesta con un "recibido" o enriquece la respuesta con otras consideraciones. Todo esto suena a lógico y a muestra natural de una cierta educación cívica. Pues, habitualmente no es así. Tal vez contagiados por la burocracia funcionarial de las administraciones públicas, se está consolidando el "silencio administrativo" --una aberración de la lógica operativa-- como práctica habitual entre particulares y empresas privadas.

Ello redunda en un enlentecimiento de la dinámica en los asuntos laborales, profesionales y particulares. En numerosos casos, en actitudes o acciones erróneas o problemas que podrían haber sido evitados con una simple respuesta. ¿Hay algún lector que no pueda exponer algún caso personal en el que la falta de feedback entre un emisor y un receptor no haya ocasionado consecuencias no positivas? ¿Aprendemos de esa casuística de la falta de "feedback? Parece ser que no. Muchos de los que han padecido ese silencio ominoso del que no da señales de vida a sus requerimientos, adoptan esa postura absurda y algo estúpida de "si ellos lo hacen, también yo", extendiendo la mancha resinosa de abulia y procrastinación (  Se trata de la tendencia y el resultado de procrastinar, es decir, de demorar, retardar o retrasar algo; RAE) por todo el tejido social. Ese es uno de los elementos que definen cierto tipo de sociedad que los tópicos del norte endilgan a los países del sur, no sin algo de razón. En todo caso, aquí en el sur de Europa, las escuelas de negocios de élite, enseñan a los futuros líderes de empresa a no ignorar las exigencias del feedback en sus comunicaciones y a huir como de la peste de procrastinar. No es difícil de aprender y es muy gratificante en resultados positivos.- ALBERTO DÍAZ RUEDA. 

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15 agosto 2019 4 15 /08 /agosto /2019 18:55

 

El talón de Aquiles de la democracia parlamentaria, los populismos y sus emboscados, los fascismos ultraderechistas (o ultras de izquierda, como suele suceder no hay muchas diferencias), nos están comenzando a asediar, escudándose en el juego más o menos libre que permite la tolerancia democrática. Justamente en estos tiempos de globalización digital (que tiene su propia problemática y no precisamente banal) el populismo está adquiriendo fuerza y osadía. Los nacionalismos se enrocan con una miopía que nace del olvido de la historia reciente, el sangriento siglo XX. Hemos olvidado la rápida expansión de una ideología basada en la violencia, en la falta de ética y en los egoísmos y mezquindades de una sociedad que ha olvidado sus errores y achaca todos los males a un "otro", una comunidad que puede estar en el seno de esa sociedad o en el país vecino con el azuzar demagógico de líderes obsesionados por el poder (absoluto).

Timothy Snyder, catedrático de historia en Yale, doctorado en Oxford y autor de media docena de libros imprescindibles para entender el siglo XX y aprender de sus duras lecciones, nos ofrece un opúsculo, un ensayo de poco más de cien páginas en el que resume en 20 pequeños capítulos titulados como una advertencia, un consejo o una admonición, los problemas y circunstancias que hemos de analizar y aprender para evitar caer en errores capitales de tipo político, social y personal. Errores que podrían provocar un derrumbre global y un desastre como los que asolaron el pasado siglo (y amenazan al XXI cada vez de forma más evidente).

Sobre la tiranía es un libro breve, casi una síntesis de lo que nos amenaza, si cedemos a las "tentaciones" del  populismo. No es necesario  citar a países como Rusia, Corea del Norte, Inglaterra, Hungría, Polonia (incluso Francia y España) y el peligro evidente que supone el histrionismo  irresponsable del actual huésped de la Casa Blanca. Hay una preocupación justificada por la eclosión de una cierta nostalgia por líderes mesiánicos como Stalin o Hitler (con increíble olvido de la cara demoníaca de esos sujetos y su inconcebible brutalidad), por el enquistamiento de los nacionalismos, la sociedad desorientada por "posverdades" y manipulaciones del mundo digital y el advenimiento de un nuevo ciudadano sujeto al tópico hombre-teclado-pantalla que está desvirtuando los valores y principios humanísticos que han regido hasta ahora. 

Snyder no se queda en la superficie de la crítica o la advertencia (como cada vez es más normal que sea) sino contextualiza su mensaje, relacionándolo con el pasado y creando una dialéctica que estimula el pensamiento crítico del lector, provocando una respuesta o una toma de partido coherentes. Para ello nos recuerda a los inevitables y medio olvidados clásicos: sus razonamientos siguen siendo válidos, porque el hombre en sí tampoco ha cambiado tanto (hasta el momento). Desde la Ilustración hasta la globalización, la manipulación del lenguaje y la larvada amenaza constante de las tiranías, Snyder (autor junto al malogrado y lúcido Tony Judt de un libro esencial;: "Pensar el siglo XX") nos advierte sobre la resbaladiza senda que lleva de la democracia aparente a la tiranía disfrazada, de la peligrosa "posverdad" al fascismo latente y al totalitarismo digital.

Hay que reivindicar tras la lectura de este libro oportuno, a veces reiterativo y algo simplista, la fórmula de los ilustrados, "sapere aude!" (atrévete a saber) y añadiéndole "cogito aude...tu ipse!" (atrévete a pensar...por tí mismo). ¿Desde cuándo el latín es una lengua muerta? 

SOBRE LA TIRANÍA.- Timothy Snyder.-  Trad. Alejandro Pradera. 150 págs. Galaxia Gutemberg.- ISBN 9788416734979

 

 

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13 agosto 2019 2 13 /08 /agosto /2019 16:00

Publicado en "El Heraldo de Aragón", julio 2019

 

Edgard Allan Poe en su relato “La carta oculta” nos enseñó que la mejor manera de “ocultar” algo valioso es dejarlo entre otros muchos objetos semejantes aunque no valiosos. La similitud oculta la excepcionalidad.  Por otra parte, el inmortal Sherlock Holmes solía decir:”Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad”. Ustedes se preguntarán qué diablos tienen que ver estas citas literarias con el título de este artículo. Un poco de paciencia: antes de llegar a la firma lo comprenderán  (o eso espero).

La despoblación que aflige a determinadas zonas de nuestro país y se ensaña, por ejemplo, en Aragón, con Teruel, donde este año tenemos 506 habitantes menos a restar de los escasos 133.344 de toda la provincia, es hija de muchos padres (causas) y esclava de muchos errores (actitudes y medidas políticas). Como decía el estoico Epicteto,  las cosas que dependen de nosotros podemos realizarlas, modificarlas o rechazarlas; las que no dependen de nosotros, hay que aceptarlas o minimizar o reconducir los efectos.

La despoblación tiene causas estructurales, económicas, geográficas y geopolíticas que están fuera de nuestro alcance. Pero entre ellas se esconde una clave de lo que ocurre que no está fuera de nuestro alcance y compromiso: de ahí viene la cita de Poe. Se oculta entre razones y casuísticas que nos superan y alcanzan niveles ecológicos, urbanísticos, laborales, de economía internacional y de intereses globales. Es una clave, una carta, que se disimula entre otras de distinta naturaleza pero similares aparentemente y así pasa inadvertida.

Cuando analizamos el problema de la despoblación de forma crítica y vamos desmenuzando las complejidades macroeconómicas que las causan, examinando los argumentos de los agentes sociales, económicos y políticos, llegamos a un punto en el que nos parece que la despoblación es inevitable dados los supuestos analizados. No hay solución o la solución es imposible, Y aquí entra Holmes: si descartamos lo imposible (que dada la situación global del país, los políticos y los que detentan el poder económico y financiero se pongan de acuerdo en evitar la debacle poblacional) lo que queda, por improbable que parezca, puede ser la verdad del asunto, es decir una vía de solución.

 

 Y ¿qué es lo improbable? Que haya un movimiento nacional y popular que, al margen de los partidos políticos y las organizaciones oficiales, a través de los medios de comunicación virtuales y con consignas claras y figuras altruistas que representen al pueblo en su expresión más pura, comience a moverse hacia una política de solidaridad territorial en la que los pueblos pequeños configuren una red de lugares de residencia y trabajo que descongestionen las megaciudades y privilegien una forma de vida más gratificante y creativa, más humana en una palabra. Si eso llega a tomar cuerpo, es posible pensar en que se alcance un punto crítico—de la manera en que, por ejemplo, se produjo la llamada “primavera árabe”, a través de las redes sociales (luego, mal gestionada y desaprovechada, pero eso es otro cantar)-- en el que las estructuras políticas, económicas y laborales comprendan que es más fácil y productivo asumir la deriva del ecologismo existencial, en el amplio sentido del concepto. Pues bien, esa probabilidad remota pero posible es la “clave oculta” de la despoblación y tal como les dije se justifica la inclusión de las dos citas con las que comenzaba este escrito. Quod erat demostrandum. (“Lo que se quería demostrar”).

 

La citada “deriva del ecologismo existencial” está basada en un principio básico: podemos y debemos aspirar a un estilo de vida en conexión con la Naturaleza, no a su pesar ni primando en forma miope la explotación de nuestro entorno. Y, ¿quiénes por su propia naturaleza están más cerca de conocer y propiciar un entorno acorde con ese respeto básico? Un respeto que los humanos ya han olvidado con su prepotente complejo de superioridad y sórdida codicia, características que nos ha convertido en el mayor y más destructivo depredador del planeta.

Estamos hablando de los campesinos y ganaderos, del entorno rural, de los pequeños pueblos semi abandonados por el poder político, sometidos a una desertificación administrativa

 inicua. Un entorno rural al que se asfixia por “falta de medios” o lo que es igual por su escasa rentabilidad política.

 

Churchill observó agudamente que “la democracia es el peor de los sistemas políticos si exceptuamos todos los demás”. La vida rural es la peor de las formas de existencia social humana, si exceptuamos todas las demás.  Sólo hace falta que nos volquemos un poco más en ella, en su carencias, en igualar los servicios con el resto de la población –las personas de los pueblos, ¿son de segunda categoría?—en crear una institución común de servicios básicos entre los pueblos de la misma zona, que vele por la operatividad, evite la burocratización  y no se conviertan en agencias de empleos subvencionados.

Resumamos: la clave oculta de la despoblación es empezar a trabajar en el último eslabón de la cadena, los pueblos pequeños semiabandonados, buscar fórmulas para aumentar  recursos humanos, incentivar traslados de familias, mejorar drásticamente los servicios, promocionar una forma o estilo de vida rural con conexión total  a las comodidades y ventajas de nuestro tecnificado siglo, pensar “en futuro” y empadronar lugares óptimos para descongestionar ciudades…Y, en definitiva, como dijo Horacio, “Nullius in verba”, que no quede todo en palabras.-

 

 ALBERTO DÍAZ RUEDA

Alcalde de La Torre del Compte

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11 agosto 2019 7 11 /08 /agosto /2019 09:53

El escritor italiano que nos fascinó con su "Seda", "City" o "La esposa joven" y comenzó a inquietarnos con "Los bárbaros" (hace doce años) donde ya reflexionaba sobre los efectos deletéreos que las nuevas tecnologías causaban en las personas que las usaban y dependían en cierta forma de ellas, regresa a las librerías con este libro, titulado en inglés en todas las traducciones a distintas lenguas como guiño realista al idioma en el que se expresan mayoritariamente los grandes  mandarines que controlan  "The Game". Y son esos mandarines a los que Baricco trata de desenmascarar con una investigación osada y sarcástica que tiene por objetivo mostrarnos que la "revolución tecnológica" es, en realidad, una insurrección digital que está destrozando los pilares culturales y los paradigmas  sociales, usos y costumbres del siglo XX. Un siglo detestado (con sobrada razón) por esa gente joven, inicialmente contraculturales, que domina - pues las ha creado- las sutiles cuerdas que controlan, dirigen y organizan un futuro cuyas características finales ni siquiera ellos barruntan cómo va a ser, más allá de los juegos de predicciones y conjeturas a las que les gusta jugar (mostrándolas virtualmente).

Como nos dice Baricco desde el principio la mayoría de los occidentales hemos aceptado de que vivimos una revolución sin precedentes  que no sólo va a cambiar nuestro modo de vivir la vida y nuestros actos y actitudes, sino que es irreversible y sin darnos cuenta ya la hemos aceptado y la hemos integrado en nuestra vida cotidiana. Pero presenta unas características inquietantes: nos propone un tipo de mundo que no sólo no sabemos entender cómo funciona sino que desconocemos cuáles son sus propósitos y objetivos e ignoramos su escala de valores y sus principios éticos. Otra cosa es un carácter "líquido", su suavidad engañosa, su festiva y totalizadora inteligencia, su descarada proposición de desgajarse de la realidad y explosiva tendencia a imponerse para crear una realidad virtual donde todo es más amable, ligero y brillante. A consecuencia de ello las personas -creen algunos críticos- cada vez tienen más restringido su ámbito de libertad y de intimidad y delegan muchas de sus funciones, decisiones y opiniones a máquinas, algoritmos o datos, fascinados por la brillante y cómoda superficialidad del mundo digital que se nos ofrece, en tanto el nuestro, el ambivalente y complejo mundo real pierde profundidad. 

Baricco nos propone un viaje por los "fósiles",  los orígenes, de esta revolución tecnológica que está provocando un trastorno global de nuestra mente. ¿O es ésta la que ha provocado la revolución digital? Una insurrección contra los sacerdotes, los grandes maestros, los intermediarios, que dominaron el siglo desastre, el XX. Ahora son desterrados del Juego. Y así conocemos la estructura de aquellos primitivos videojuegos a los que jugaban aquéllos jóvenes que hoy mandan y encabezan el mundo digital. Desde los "Space invaders" (1978) ya mostraba las reglas mentales de su revolución: todo se jugaba rápidamente,  sin parar, sin instrucciones, aprendiendo mientras se juega, aumentando los niveles de dificultad, para obtener la inmediata gratificación en forma de puntos. ¿Les suena? En lugar de puntos el juego ha virado a los me gusta de Facebook.

Los mandarines actuales, los jóvenes de finales del XX y principios del actual, ingenieros, informáticos, inventores, licenciados, no seguían principios filosóficos o éticos. Estaban en contra de la cultura del momento, con su sangriento y caótico pasado. Inventaron los videojuegos  como una manera de preparase para dirigir a las máquinas y a programarlas. Todo dirigido hacia la creación del mundo de hoy digitalizado, el "Game", donde gradualmente casi todos los gestos y actitudes humanas están facilitadas por los instrumentos, en un entorno donde desde encender las luces con un chasquido de los dedos o comunicarse  con los antípodas con un simple "click" o realizar nuestras compras, trabajos, diversiones o proyectos siguiendo el código, hombre-teclado-pantalla o cada vez más, hombre-pantalla directamente, y de una forma muy agradable y cómoda, volcando utilidades, apps, información, con un solo dedo, suavemente, como una caricia. Y sin instrucciones, sin intermediarios, la pantalla y tú. Como un juego. Y de hecho lo es. Adiós a la profundidad. ¿Es esto bueno? Lea el libro. Vale la pena. 

FICHA

THE GAME.- Alessandro Baricco.- Ed Anagrama.Trad. Xavier González Rovira.331 págs. ISBN 9788433964366

 

 

 

 

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9 agosto 2019 5 09 /08 /agosto /2019 18:53

 

 

Publicado en Diario de Teruel, julio de 2019

 

 

Parece que la existencia de Teruel no constituye ya un problema ontológico. A tenor de lo que ocurre, con este Patio de Monipodio que configura la clase política y en esta hora confusa en la que ahora más que nunca el desconcierto del ciudadano respecto a su lugar en el mundo está limitado y condicionado por un poder sin rostro que nos somete a todos, lo que está en juego no es reivindicar que Teruel existe sino insistir en que se nos diga qué clase de existencia se nos permite tener.

Los partidos se descuelgan con ambiciosas falacias programáticas que más que mostrar caminos operativos, nos dicen una y otra vez que lo que ocurre no es bueno, la despoblación (palabro ahora de moda en los”media”) y que se trata de fijar la población en el medio rural (se olvidan de decirnos con qué medidas concretas y operativas), la creación de empleo y lo que es aún más pretencioso y utópico “vertebrar” los medios rural y urbano de manera que exista sinergia entre ambos con vista a la igualdad de oportunidades. Aquí ya rozamos el mundo angélico. Escribió Chesterton “los ángeles pueden volar porque ellos mismos se toman a la ligera”.Y este es en el fondo el problema: los políticos vuelan sobre el problema de Aragón, Castilla, Extremadura y amplias zonas de Cataluña y otras regiones, en lo que concierne al vaciamiento de una España carencial, porque en el fondo se lo toman a la ligera. No creen que sea algo que  tenga solución y vuelven la mirada esperanzada hacia el suicidio social, humano y económico que son las megalópolis.

Estamos en una de las provincias en las que los micro municipios abundan y tratan de sobrevivir ante un supuesto “café para todos”, en el que prima el número de habitantes, con lo que a los pequeños no nos llega ni para azucarillos. Y aún así no se trata sólo de dinero y subvenciones. Se trata de algo intangible, aparentemente, que se llama esperanza en el futuro. No es el “pan para hoy y hambre para mañana”.  Existe un egoísmo institucional que afecta hasta los rincones más “ocultos”. No hay un “Teruel somos todos”. Los alcaldes de muchos pueblos grandes y pequeñas ciudades, bien surtidos de representantes de partidos, lo tienen muy claro: “hay que barrer para el pueblo, el propio”. Y si sobra algo, una migaja, para el pueblecito de al lado. No hay una visión global, de conjunto, de hermandad comarcal, regional, provincial. Los pueblos diminutos son considerados como los perros en los banquetes medievales. De vez en cuando se les echa un hueso para que no alboroten.

Teruel existe, pero no insiste. Empecemos por los más desamparados. Vamos a insistir en que, paradójicamente, en los pueblos pequeños anidan las grandes soluciones para un futuro cada vez más cercano, en el que los excesos, los errores y la ignorancia, humanos, políticos y sociales, están configurando un mundo atravesado por problemas tan candentes como el cambio climático, la contaminación, la sobrepoblación urbana, la falta de principios y la ausencia de ética relacional. Es la “ansiedad por el colapso” que comienza a ser una epidemia psicológica del siglo XXI. Envíen a dos centenares de ansiosos apocalípticos a uno de nuestros pueblos y en un mes se los devolvemos sino curados, al menos serenos y activos positivamente. Insistimos, necesitamos apoyos, creatividad empresarial, apertura hacia nuestras ideas de desarrollo, mejoras de carreteras, de redes de tecnología de comunicación e información, capacidad  de gestión económica y financiera para atraer familias  e implementar proyectos. Insistimos, debemos apostar por un futuro para el que deberemos estar preparados para responder al reto de acoger a una población tránsfuga ofreciéndoles mayor calidad de vida y las mismas posibilidades de trabajar y prosperar de las que tienen en cualquier megaciudad. La distancia es un concepto elástico y subsanable en el mundo de la virtualidad.

Insistimos, aquí en Teruel nos falta algo más de ese elemento básico que llama Solidaridad. Si en la Polonia dictatorial el movimiento Solidarnosc fue capaz de terminar con un régimen, si en Portugal la solidaridad de los claveles terminó con una dictadura militar de medio siglo de existencia, qué conseguiríamos en la pequeña y semi olvidada Teruel si abriéramos nuestros espíritus y nuestras mentes a sentirnos todos los ciudadanos de esta tierra solidarios entre nosotros. Los pueblos grandes con los pequeños, las ciudades con todos, la capital encabezando un movimiento de “todos somos Teruel”. Vienen tiempos oscuros, encendamos la antorcha de la solidaridad.

Empecemos por los micro municipios (menos de 500 habitantes). Una alianza entre nosotros redundaría en una fuerza política a tener en cuenta. Aspiremos a que se nos escuche, en principio. A que se nos comprenda, después. A que se nos ayude, en definitiva. Con espíritu solidario. Como se ayuda a un hermano pequeño. Somos el último y más débil eslabón de la cadena. Justo por donde radica la debilidad de la unión provincial. Fortalezcamos la cadena íntegramente.-

 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Alcalde de La Torre del Compte

 

 

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4 agosto 2019 7 04 /08 /agosto /2019 07:29

Creo que una lectura atenta de este libro que recomendamos no sólo informará suficientemente al lector (y le alarmará en la misma medida) sino que le empujará a ampliar conocimientos. Pero empecemos con  "Psicopolítica" del filósofo coreano (del Sur, por supuesto), educado en Alemania, Byung-Chul Han, que se ha convertido en un nombre de referencia entre los filósofos críticos que analizan la sociedad del actual capitalismo avanzado y neoliberal.  Este libro nos habla de los peligros que el Big Brother de la tecnología digital, convertido en Big Data, está suponiendo ya para el individuo, inerme (y además satisfecho de su vulnerabilidad a cambio de las comodidades digitales). Para Chul Han se está generando una crisis de libertad de dimensiones planetarias que va a cambiar seguramente los modos, costumbres y acciones de unos sujetos -etimológicamente, personas obligadas a estar sujetas, constreñidas,  a algo- hasta  en su propio pensamiento, creencias y actitudes. Como escribe en la pág 94: "La extensión de la web de las personas 2.0 , a la internet de las cosas, web 3.0 es la culminación de la sociedad de control digital. La web 3.0 hace posible un registro total de la vida...nos vigilarán las cosas que usamos diariamente.". Y a través del "data mining" (exploración de datos") nos manipularán para que votemos lo que interese al político que contrate a una de las empresas dedicadas a ese trabajo (como ocurrió con las elecciones de EE.UU. donde, contra todos los pronósticos, el controvertido Donald Trump se convirtió en presidente). La otra cara detestable del Big Data, nos dice Han, es el Big Deal, cuando los datos personales de los ciudadanos  digitalizados por empresas especiales al servicio de quien pague mejor se convierten en una mercancía y se comercializan (nos pone como ejemplo a la empresa Acxiom que comercia con los datos de 300 millones de norteamericanos, de los que sabe más que el FBI y Hacienda juntos). Recientemente Google ha admitido que puede escuchar conversaciones privadas, íntimas, de los usuarios siempre que está suficientemente cerca de un terminal conectado a dicho asistente virtual. Argumenta que lo hace para aprender a identificar acentos idiomáticos. Y por supuesto no va  a dejar de hacerlo. El célebre buscador no necesita buscarnos, sabe en todo momento dónde estamos, todo lo que nos interesa, nuestros pequeños vicios y preferencias y lo que pensamos de casi todo. Lean ustedes "1984" de George Orwell o mejor aún, "Nosotros" de Yevgueni Zamiatin, en el que se basa Orwell y que fue escrito en el año 1921. Esas "profecías" o conjeturas socio-políticas han sido ampliamente superadas en el siglo XXI. Ahora resultan casi ingenuas pero terroríficas: la mayoría de las personas aceptamos encantadas la dictadura digital a cambio de los bienes y comodidades de la digitalización.

Libro pues de máxima actualidad. La digitalización de la vida cotidiana de miles de millones de personas, atraídas por los anzuelos, por ejemplo, de las APP (sólo Google Play tiene un catálogo de tres millones de App) hasta el punto que en 2018 le gente de todo el mundo se descargó más de 200.000 millones de App. Y cada una de ellas supone, simplemente, la digitalización fácil y cómoda, pero muy vinculante, de útiles personales y profesionales, comunicación, juegos, relaciones. La Red mundial ya nos cubre a casi todos los humanos de este planeta (con pequeñas lagunas donde aún no han llegado los móviles y las tablets) ¿tiene un somera idea de lo que eso supone de control y datos personales y hasta íntimos de cada uno de sus usuarios? Y el control de la información es, como ustedes saben bien, poder. ¿En manos de quien? De una élite desconocida, sumamente enriquecida y que tiene en sus manos el futuro inmediato de miles de millones de personas. ¿Ciencia ficción? Creo que no.

POr tanto, la nueva religión de la sociedad digital se llama "dataísmo". La suma astronómica de datos procedentes de nuestra interacción continua con el mundo digital, que son capaces de manejar, analizar y aplicar las computadoras (y las muy interesadas empresas privadas que las manejan) y ofrecen una información sobre todos nosotros, los sujetos (etimológicamente "sujeto" es alguien que está atado, limitada su libertad de movimientos) que usamos y abusamos de cuanto ofrece la Red de redes, las más de las veces de forma gratuita, cual anzuelos de cautividad futura. Lo saben todo sobre nosotros, nuestros gustos, carencias, deseos, vicios "ocultos", esperanzas y sueños, sentimientos, afectos y pasiones. Cada "click" es un eslabón más de la cadena que nos une a un Poder omnímodo que se impone no por la represión y la violencia, sino en la amable forma de un solucionador de problemas, de una enciclopedia al gusto, de un comprensivo cómplice, de un complaciente colega a disposición de nuestros caprichos las 24 horas de cada día, todas las semanas, todos los meses y los años.

Ante lo visto, no hay hipocresía más  inútil y bochornosa que las tan cacareadas leyes de protección de datos, una nueva forma contributiva vestida de escandalizada preocupación por la seguridad de nuestros datos personales. ¿Están de broma o creen que somos todos tontos? Mas bien lo segundo. Lo malo es que tienen razón. En los años de hierro de las dictaduras, fascismo, comunismo, filofascismo franquista, el dramaturgo y filósofo alemán Bertold Brecht escribió: "No aceptéis los hechos como cosa natural. Porque en tiempos de desorden, de confusión organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural. Nada debe parecer imposible de cambiar".

Aquí en Teruel y su casi deshabitada provincia deberíamos aplicarnos la divisa de que no podemos ni queremos aceptar que todo siga igual porque el sempiterno contexto político y social "es el que es y nadie lo puede cambiar". Si la historia nos ha enseñado algo es que las cosas, los contextos y circunstancias no dejan de cambiar, mal que les pese a los que mandan en ese momento. Y aquí es donde cierro el círculo de este mensaje: aprovechemos las posibilidades del dataísmo para hacer virales nuestros sueños y reivindicaciones. Por ahora es la otra cara de la nueva "religión". Por el momento la operativa generadora digital puede cambiar de polarización y objetivo. Es un llamamiento a las asociaciones que luchan por demostrar que Teruel existe. Y un guiño a los micromunicipios (menos de 500 habitantes) para generar una campaña permanente de "agit-prop" digital que nos vuelva a colocar en el mapa  (antes de que fenezcamos de "muerte antinatural"). 

FICHA

PSICOPOLÍTICA.- Byung-Chul Han.- Trad.Alfredo Bergés.- Ed. Herder. 127 págs. ISBN: 9788425433986

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31 julio 2019 3 31 /07 /julio /2019 16:12

Recojo el guante de un título clásico en la cultura del cercano pasado siglo. Un libro referencial escrito por Umberto Eco en los "felices sesenta", referido a la cultura de masas y sus iconos-fetiche. Hoy estamos muy lejos de aquél desconcertado, utópico y luminoso mundo  de la contracultura y las proyecciones ideológicas surrealistas con ligero sabor a la dietelamida de ácido lisérgico (LSD). Por tanto la utilización por mí, tan abusiva por otro lado como la de Eco, de apocalípticos e integrados no sigue la lógica filosófica y social que utilizó el ensayista italiano sino que se centra en una situación radicalmente nueva: la de la sociedad digital y las novísimas tecnologías que hoy, como nunca antes en toda la historia de la Humanidad, amenazan con convertir una serie de circunstancias científicas y tecnológicas en la causa de una mutación quizá irreparable del ser humano que suena a apocalipsis para algunos y a gozosa integración, llena de ventajas y progreso, para una mayoría pseudo hiper informada y visiblemente manipulada por un Poder sin rostro ni nombre -casi sin ubicación física y desde luego sin naturaleza individual- que resulta de la suma de sectores económicos, políticos y científicos formados por una elite que se aprovechará de ello pero que también forma parte de los posibles damnificados de ese hiperbólico Poder (aunque en este momento nadie parece tomar conciencia que que los peligros anunciados nos conciernen a todos los humanos -animales y vegetales también- sin excepción). Estos todos, son los "integrados".

Soy consciente que esto suena a ciencia ficción distópica, a un mundo regido por máquinas y "terminators", pero cuando ustedes acaben de leer el texto quizá se planteen un viaje a esa zona estoica que está entre los apocalípticos y entre los integrados. El gen de la adaptación y la supervivencia en los momentos más duros de nuestra historia como humanos demuestra que somos difíciles de eliminar y que sabemos hacer, en ocasiones, de la necesidad virtud, al precio que sea. En este caso mi optimismo irredento me dice que saldremos de ésta, aunque otra cosa será el precio que pagaremos.Todo se ha ido desarrollando con la paciencia y la eficacia de una tela de araña global. La Red de redes, internet, el wi-fi, el omnipresente  (y omniefectivo) 4 G, la fibra-óptica, la imparable digitalización de bancos, organismos oficiales, personas, hogares y en otro sentido, relaciones "humanas", mundo laboral, entretenimiento y cultura en el amplio valor de esos términos, desde el sexo hasta los grupos de acción o la formación educativa del grado que sea. Y en la otra banda del espectro, el ciber crimen, los ataques digitales de hackers pagados por gobiernos, las manipulaciones de las "fake news" (la palabra del año según el diccionario de Oxford), la llamada "postverdad" (“actitud de resistencia emocional ante hechos y pruebas objetivas”) una forma ridícula de llamar a la preferencia hacia la mentira maliciosa que uno quiere creer, a pesar de las pruebas en contrario) y la dependencia patológica que las pantallas van creando paulatinamente adictiva en los usuarios,que ya somos casi todos los humanos a partir de cierto elemental nivel económico (incluída la pobreza casi extrema: pasan hambre y viven en precario pero tienen móvil y televisión o ordenador).

Creo que una lectura atenta de alguno de los libros que recomendamos no sólo informará suficientemente al lector (y le alarmará en la misma medida) sino que le empujará a ampliar conocimientos con alguno más de la lista que adjunto. Sugiero empezar por "Piscopolítica" del filósofo coreano (del Sur, por supuesto), educado en Alemania, Byung-Chul Han, que se ha convertido en un nombre de referencia entre los filósofos críticos que analizan la sociedad del actual capitalismo avanzado y neoliberal.  Este libro nos habla de los peligros que el Big Brother de la tecnología digital, convertido en Big Data, está suponiendo ya para el individuo, inerme (y además satisfecho de su vulnerabilidad a cambio de las comodidades digitales). Para Chul Han se está generando una crisis de libertad de dimensiones planetarias que va a cambiar seguramente los modos, costumbres y acciones de unos sujetos -etimológicamente, personas obligadas a estar sujetas a algo- hasta su propio pensamiento, creencias y actitudes. Como escribe en la pág 94: "La extensión de la web de las personas 2.0 , a la internet de las cosas, web 3.0 es la culminación de la sociedad de control digital. La web 3.0 hace posible un registro total de la vida...nos vigilarán las cosas que usamos diariamente.". Y a través del "data mining" (exploración de datos") nos manipularán para que votemos lo que interese al político que contrate a una de las empresas dedicadas a ese trabajo (como ocurrió con las elecciones de EE.UU. donde, contra todos los pronósticos, el controvertido Donald Trump se convirtió en presidente). La otra cara detestable del Big Data, nos dice Han, es el Big Deal, cuando los datos personales de los ciudadanos  digitalizados por empresas especiales al servicio de quien pague mejor se convierten en una mercancía y se comercializan (nos pone como ejemplo a la empresa Acxiom que comercia con los datos de 300 millones de norteamericanos (de los que sabe más que el FBI y Hacienda juntos). Recientemente Google ha admitido que puede escuchar conversaciones privadas, íntimas, de los usuarios siempre que está suficientemente cerca de un terminal conectado a dicho asistente virtual. Argumenta que lo hace para aprender a identificar acentos idiomáticos. Y por supuesto no va  a dejar de hacerlo. El célebre buscador no necesita buscarnos, sabe en todo momento dónde estamos, todo lo que nos interesa, nuestros pequeños vicios y preferencias y lo que pensamos de casi todo. Lean ustedes "1984" de George Orwell o mejor aún, "Nosotros" de Yevgueni Zamiatin, en el que se basa Orwell y que fue escrito en el año 1921. Esas "profecías" o conjeturas socio-políticas han sido ampliamente superadas en el siglo XXI. Ahora resultan casi ingenuas pero terroríficas: la mayoría de las personas aceptamos encantadas la dictadura digital a cambio de los bienes y comodidades de la digitalización.

Pueden complementar el mensaje sobre apocalípticos e integrados digitales con otros dos volúmenes muy recomendables: "Todo el mundo miente" de Seth Stephens Davidowitz (uno de los padres de las funciones de "espionaje legal" de Google) y "The Game" de Alessandro Baricco, en la que amplía el dolido estupor que ya denunciaba hace diez años en "Los bárbaros" al constatar los efectos impactantes que el uso y abuso de las nuevas tecnologías estaban causando en el psiquismo, las actitudes y las conductas de los seres humanos que él conocía y con los que convivía y en las sociedades respectivas. Las advertencias sobre estos peligros no tienen nada de exageración o descabellados pronósticos de ciencia ficción derrotista: están basadas  en hechos, datos y circunstancias, observables y mensurables. Por ejemplo el salto cuántico tecnológico que supondrá pasar del 4 G a la nueva generación móvil del 5G ya anunciada y esperada con fruición por la mayoría de los convencidos consumidores, está teniendo efectos perversos en principio sobre la vida animal, a pesar de que se está en periodo de pruebas y circunscrito a lugares concretos y de no gran extensión.  Parece ser que el 5G precisa de miles de antenas colocadas cada cien metros con una potencia de emisión de microondas mil veces superior a la habitual. Se conoce un ensayo realizado en la ciudad de La Haya en 2018. Se produjo la muerte de más de un centenar de aves que anidaban en la zona, aunque no se tiene noticia (por el momento) de que afectara de forma comprobable a los humanos. Por otra parte, con la implantación del internet 3.0, de las cosas, llegará el "hogar inteligente", la digitalización del dinero y la posibilidad fáctica de controlar todo lo que somos y hacemos. Se habrá hecho realidad la dictadura digital que denunciábamos al principio, mucho más profunda e insidiosa que la descrita en las novelas de Huxley, Orwell o Wells. ¿Por qué? Porque los individuos afectados no tienen conciencia de su pérdida total de libertad. Al contrario se creen en el mejor de los mundos posibles: un mundo feliz, cómodo y lleno de gratificaciones inmediatas (al estilo de los juegos de ordenador, como apunta Baricco). Está calculado que en 2022 el 98 por ciento de lo hogares pudientes de las grandes capitales estarán "servidos" por la red 5 G. Como decían nuestros padres con un gesto de confusión y temor: "Dios no coja confesados".

No se trata de elucubraciones de pensadores contagiados del "cogito interruptus" , propio de aquellos que ven el mundo lleno de signos o síntomas o del que, en lugar de símbolos, percibe un mundo lleno de presagios. Comienza a haber un creciente número de personas repartidas por el ancho mundo que ven los signos indudables, reflejados en circunstancias y contextos, de  que algo ominoso para el ser humano se está cociendo a fuego lento en ese estado de cosas, por otra parte envuelto en el ropaje multicolor de lo deseable: signos evidentes de algo que está en todas partes y que tarde o temprano mostrará su faz dictatorial auténtica. Y esto no es ciencia ficción. 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Escitor y periodista

 

FICHAS

PSICOPOLÍTICA.- Byung-Chul Han.. Trad. Alfredo Bergés.- Ed. Herder. Pensamiento. 127 págs. ISBN 9788425433986

THE GAME.- Alessandro Baricco.- Trad. Xavier González Rovira.- Ed. Anagrama. 333 págs.ISBN 9788433964366

TODO EL MUNDO MIENTE.- Seth Stephens-Davidowitz.- ED. Capitán Swing.-287 págs. ISBN 9788494966804

De "NOSOTROS" (Yevgueni Zamiatin" y "1984" de George Orwell, hay bastantes ediciones y son fáciles de encontrar en librerías de segunda mano y en buscadores tipo Amazon o Serret.

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29 julio 2019 1 29 /07 /julio /2019 17:15

Lo dijo Quinto Horacio Flaco el plácido poeta romano que vivió la Roma conflictiva y angustiada del asesinato de Julio César y el advenimiento de Cesar Augusto: "Nullius in verba", es decir no te fíes de las palabras, no es suficiente para llegar al conocimiento, a la verdad. Acuñaría otras breves frases con más fortuna: "Carpe diem", "Aprovecha el día que vives (aunque poca gente sabe el final de la frase, "quan minimum credula postero", fiate lo menos posible del mañana") o "Beatus ille" que es una alabanza de la vida rural.

Horacio profesaba las doctrinas filosóficas de Epicuro aunque su "Nullius in verba" tenía sabor escéptico, incluso cínico. Esa desconfianza ante la palabra evoca desde las sombras de la antiguedad las teorías de Wittgenstein, Heidegger, Russell o Carnap y más cercanamente al poeta, en el siglo XVII, al lema de la Royal Society y las exigencias epistemológicas de la Ilustración que exigían a la ciencia que las hipótesis científicas tenían que ser comprobadas empíricamente, no bastaba con las palabras . La importancia del lenguaje en la filosofía  y en la psicología contemporáneas (desde Freud a Jung o Lacan) plantean problemas de método y de conocimiento que aún no han sido resueltosde manera satisfactoria,

En la vida social y de relación, en la laboral o la política, la palabra es una entelequia con dos caras como Jano. Una es la que emana de la evidencia de las palabras como comunicación básica. Y la otra cara, la demoníaca, es la que muestra la relatividad del valor de las palabras, de su cariz estratégico de mentira interesada, de doblez, de falsedad, de subterfugio. Como decía Spinoza, con las palabras, "caute" (cautela). Y nuestro Gracián, "Te arrepentirás más veces de lo que dices que de lo que callas". Los griegos desconfiaban de la "doxa" (opinión) y apoyaban la "episteme" (conocimiento). Creo que con las palabras uno debe estar siempre atento al contexto en el que se pronuncian y ajustarlas a ls circunstancias del momento que uno vive. Y como norma básica, desconfiar de ellas, es decir "nullius in verba", y pasarlas a todas por el cedazo del pensamiento crítico. ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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23 julio 2019 2 23 /07 /julio /2019 09:14

Pensando amargamente en la sideral distancia entre los escenarios político-sociales de esos soñadores y la triste y quijotesca realidad, dióme en meditar en torno a figuras como Platón, Ortega y Gasset, Unamuno o Labordeta, por dar una nota local y cercana, aunque Sócrates y Aristóteles ( y muchos otros que mencionar no quiero) también tuvieron sus más y sus menos con la brecha insalvable entre la teoría política y la vida real.

Pero por hoy quedémonos en el eximio Platón, idealista donde los haya cuya filosofía fracasaría ( y responsable de algunos males psicológico-morales del individuo, sobre todo a partir de la versión religiosa de su filosofía:  Nietzsche definió el cristianismo como "platonismo para la plebe"). Pero también es el autor de " La República" donde a través del diálogo nos muestra sus ideas sobre el orden político, la metafísica transmutada en normas para el gobierno de la polis o ciudad, es decir, el Estado. El estableció tres estamentos sociales: comerciantes, guerreros y gobernantes (o filósofos). Establecía una meritocracia basada en el conocimiento y defendía la idea de que un Estado gobernado por filósofos estaba libre de la lacra de la corrupción. La piedra de toque de la posible aplicación de las ideas platónicas a la política práctica tuvo unos resultados desastrosos para el propio Platón que realizó tres viajes a Sicilia con la finalidad de instruir al tirano Dionisio I y luego a su hijo en las artes de la política aristocrática e idealista. Del primero de los viajes salió escoltado por una nave de guerra y vendido como esclavo en Egina (rescatado "in extremis" por el también filósofo Aniceris de Cirene). Con Dionisio II también terminó de forma abrupta y poco amistosa. Quedaba claro que la filosofía (no sólo la platónica) no se lleva bien con la política práctica de cada día.

Me pregunto y tal vez dentro de un tiempo sea capaz de responderme, ahora desde luego sólo especulo, qué es lo que tiene el "poder", --siquiera sea en la minúscula medida de lo que alguien llamaba con acre humor "lo municipal y espeso", ámbito con el que me voy relacionando-- para transformar la percepción de sí mismos en algunos que lo ostentan. Hasta el punto que dicho "poder" crea una especie de "falso contexto" en el que el sujeto (etimológicamente, el que no puede moverse libremente) parece olvidar el sentido de la ética universal  (lo que es bueno, correcto, bello), si es que alguna vez la ha conocido, para regirse por otra "ética" circunstancial  dirigida a objetivos pragmáticos (no necesariamente malos, pero sí limitados por los propios intereses). Sin ni siquiera tener en cuenta el kantiano "imperativo categórico": lo ético es lo aceptado como tal por todos. Lean: "Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en ley universal".Volveremos a este tema.- ALBERTO DIAZ RUEDA

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