Overblog
Seguir este blog Administration + Create my blog
18 septiembre 2020 5 18 /09 /septiembre /2020 09:02

E.M.Forster uno de los miembros del Grupo de Bloomsbury (nacido con el siglo y fallecido en 1970, a los 69 años) , fue uno de los grandes escritores británicos de mediados del siglo XX. "El más largo viaje" apareció en España en 1977  (siete años después de la muerte del escritor) y yo la leí apasionadamente, como todo lo que se iba traduciendo de este novelista, narrador y ensayista que se iría a la tumba sin salir del armario y que me desconcertaba  por su manera de describir el amor, hasta que en los ochenta, creo, se tradujo su novela póstuma "Maurice" (aparecido en inglés en 1971) y yo entendí la ambigüedad de muchos personajes masculinos de Forster y sobre todo la doble lectura de sus inteligentes diálogos y observaciones. Dicho esto sin sombra alguna de censura o juicio. Siempre he respetado las diversidades sexuales ajenas.

Me ha gustado volver a las complejas disquisiciones intelectuales de tantos personajes inolvidables, "Viaje a la India", "Una habitación con vistas", "La mansión" convertida en famosa serie de tv. con el título "Regreso a Howard End") y los relatos de "La vida futura". En trece ocasiones fue nombrado como aspirante al Premio Nobel sin llegar a serle concedido (quisiera creer que no fue por su opción sexual personal). En la década de los treinta sus charlas literarias y culturales por la BBC tuvieron una extraordinaria acogida popular y su labor divulgativa fue objeto de varios premios. También publicó varios ensayos y biografías. Que yo sepa sólo se ha traducido "Aspectos de la novela", en los setenta que fue convenientemente devorado por todos los que aspirábamos a ser eficientes y honestos críticos literarios).

Sigue siendo una novelista atractivo, de lectura gratificante aunque no siempre fácil y uno de los más destacados escritores- analistas que ha dado la grey universitaria inglesa desde Oxford a Cambridge (o como en esta novela, Swaston) que llevaba consigo la elección de un tipo de vida peculiar y de una manera de comportarse en sociedad con su sello distintivo. En esta novela Forster apuesta por una especie de novela de tesis, en la que -muy actual- reivindica cierto tipo de actitudes en las que se privilegia las ideas y una vida dedicada a ellas sobre la explotación práctica y profesional de las aptitudes y estudios. Forster consideraba que esta novela, quizá una de las menos populares, es, sin embargo un reflejo literario de sus personales preocupaciones y su desarrollo como persona. Una especie de Bildungsroman (como los alemanes llaman a las novelas de "aprendizaje" vital) que refleja los azares existenciales, emocionales e intelectuales de Rickie Elliot, probablemente un trasunto del autor.

Especialmente interesante es la información que nos da Foster de su decidida actitud, tan adelantada a su tiempo, de comunión esencial y amor a la Naturaleza. Y así dice de uno de sus personajes: "Su actitud ante la naturaleza era decididamente estética: una actitud más estéril que la totalmente práctica. Aplicaba el criterio de belleza a la sombra, al olor y al sonido; nunca sentía reverencia hacia estas cosas ni se emocionaba con ellas; nunca las había considerado como una irresistible trinidad que puede embriagar de alegría al devoto. Si le gustaba el campo arado era como mancha de color, no como insinuación de la inagotable fuerza de la tierra". (pág. 118).  O mas adelante (pág.213), "Percibió con mayor claridad la crueldad de la naturaleza, para quien nuestro refinamiento y nuestra piedad no son más que burbujas, que desaparecen a toda prisa en el agua turbia".

No hay ninguna de las obras de  Forster donde no se prodiguen detalles de una filosofía y una percepción sensual hacia la naturaleza, ante los que los actuales gurús de la ecología no babearían de placer. Eso como simple adorno de una complejidad magnífica de sentimientos y emociones en un escritor fundamentalmente intelectual y de gran formación clásica.

FICHA

EL MÁS LARGO VIAJE.- E.M. Forster.-Trad. José Luís López Muñoz.- Alianza Tres. 316 págs.

Compartir este post

Repost0
15 septiembre 2020 2 15 /09 /septiembre /2020 08:52

El maestro Emilio Lledó escribe “educar es crear libertad, dar posibilidades, hacer pensar”. A la vista del caos operativo que la pandemia ha insuflado a la educación española, uno relee la “Misión de la Universidad” de Ortega y Gasset, publicada en 1930 y la combativa “Sobre la educación” del citado Lledó, de 2018. Los dos citan la profética frase de Kant: “El hombre sólo puede  ser hombre por la educación. No es nada más que lo que la educación hace de él”. Y Ortega apostilla con respecto a la Universidad: “es ineludible crear (en la enseñanza) el amor a la cultura o sistema de las ideas vivas que el tiempo posee”. Se refiere al “zeitgeist” de nuestra época, el espíritu cultural que todos respiramos.. Es decir la implicación de  la cultura como expresión de la vida ya que “para andar con acierto en la selva de la vida hay que ser culto, es decir, conocer la topografía vital, sus rutas y métodos, tener idea del espacio y del tiempo en que se vive”. Y esta falta de conexión de la enseñanza a todos los niveles con las necesidades de la existencia y la falta de orientación en ella (por eso resulta suicida el desecho de las Humanidades, principalmente de la filosofía) hace que la deriva social utilitarista que se impone en estos tiempos, desvirtúe la enseñanza en su aspecto más primigenio: enseñar a ser persona, sus valores y prioridades, priorizar el ser sobre el tener, etc., lo cual afecta seriamente la preparación de los futuros profesionales.

Esta perspectiva de la educación (la antigua “paideia” de los griegos la tenía muy en cuenta)  no se ha evaluado de forma correcta, ni por el sistema educativo ni por la familia, la tercera pata del trípode: sistema, profesores y alumnos, padres. La visión asignatural y el chantaje ritual del examen siguen siendo las pautas firmes desde la enseñanza media a la universidad. ¿No sería fructífera la creación de comisiones transversales de expertos, ideólogos y profesores, alumnos y padres curtidos en sus profesiones, para hacer la tan urgente revolución en la enseñanza? Hay ejemplos “fuera” que podrían servir como guía. Y la pandemia es una ocasión revolucionaria.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

Compartir este post

Repost0
31 agosto 2020 1 31 /08 /agosto /2020 11:39

Compartir este post

Repost0
25 agosto 2020 2 25 /08 /agosto /2020 17:17

(PUBLICADA EN LA COMARCA EL 250020)

Todos los seres humanos son idiotas en ciertos momentos de sus vidas,  pero la mayoría lo son más que otros y durante mucho más tiempo. Esta es una teoría bastante plausible. Según Popper, no existen las teorías verdaderas, sino aquellas que han sido contrastadas sin poder ser falseadas. Pero aunque esta fuera falseada (que nadie lo ha logrado), tampoco se abandona, salvo que encontremos una alternativa mejor.

Y si están ustedes bien informados (y no desinformados o saturados) verán múltiples pruebas de esa teoría sobre el virus de la idiotez aplicada a la actual pandemia y a otros enigmas más o menos letales: desde los fanáticos seguidores de un agricultor inspirado, Josep Pamies, que aconseja la ingesta de un producto (el clorito de sodio) parecido a la solución de lejía que preconizaba Trump o Bolsonaro en algunos de sus dislates, a los feroces enemigos de las mascarillas que se reúnen en multitudes bien apretujadas riéndose de las multas y las amenazas, a los reincidentes jóvenes de sacrosantos derechos a la juerga, las fiestas patronales y los botellones: todo es mentira, paranoia conspirativa, intereses económicos ocultos y perversos. Y si viene la vacuna hay que hacer frente común: el Gobierno, o la Internacional Capitalista, nos quieren implantar con la vacuna chips para dominarnos mejor y controlarnos a todos. Y esos "todos" son, por ejemplo los antisistema que viven del sistema, los okupas que viven de la estafa y la extorsión vistiéndose de nuevos samaritanos, provocando situaciones de desamparo y vejación que son el asombro y la incredulidad para el resto de Europa, (leyes inicuas al servicio de pretensiones humanitarias), algunos -no todos- de los clientes del buenismo de nuestra desorientada izquierda que reciben una ayuda indiscriminada sin la debida contraprestación de servicios, todos estos a la altura de los terraplanistas o de los que creen que la llegada del hombre a la Luna fue un truco de Hollywood y la Casa Blanca.  La abundancia de los idiotas ocultaría la luz del sol dejando al orbe en tinieblas. Y no olvidemos a los mini-idiotas: los que se cuelan en las colas, el que se salta las normas de circulación porque cree que nadie lo va a ver, el que tira las mascarillas usadas en las aceras o se cisca en las normas de higiene pública o en las de buena vecindad porque le conviene en un momento dado, o algunos que huyen de la ciudad y llegan a los pueblos para cometer impunemente los agravios que su egoísmo o descuido les sugiere, desde aparcar mal a no dejar dormir a los vecinos con sus gritos y bromas o actuar como si el virus no fuera con ellos. La semana que viene más.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post

Repost0
23 agosto 2020 7 23 /08 /agosto /2020 09:02

Siempre me he sentido atraído por Spinoza, deslumbrado con su pensamiento, intrigado por su vida y perplejo por  las dificultades inherentes a su lectura. Como Sócrates, Montaigne, Russell, Wittgenstein, Epicuro o Pirrón pertenece al grupo no muy amplio de filósofos vitalistas, es decir, aquellos que viven la filosofía como una forma o estilo de vida. Y al más reducido círculo de los que pagaron con persecuciones, acosos sociales o religiosos, ataques físicos e incluso la tortura y la muerte, la coherencia existencial con sus ideas. Nació en Amsterdam en 1632,  hijo de padres judíos de origen portugués y español. Fue temprano lector de Lucrecio, Hobbes, Cervantes, Quevedo, Góngora y Giordano Bruno.  Toda su filosofía es una meditación sobre Dios, pero no de un Dios trascendente como en las tres religiones monoteístas sino de un Dios que es, en sí mismo. tiempo, materia y espíritu. Semejante idea le valió el anatema total y la expulsión de la Sinagoga y de la fe judía y con el tiempo (mal interpretado y menos entendido) se le calificó de uno de los primeros ateos de la historia. Murió joven, 44 años, y rechazado por su comunidad, a causa de una enfermedad pulmonar, tisis, provocada por el polvo que inhalaba debido a su oficio de pulidor de lentes.

De su filosofía, principalmente su "Etica" ("Demostrada según el orden geométrico") o su "Tratado teológico político", han surgido muchas de las reflexiones que me han facilitado la vida y agudizado el entendimiento en asuntos religiosos, morales, políticos o históricos. Aparte de inspirarme cierta alegría de vivir, amor a la Naturaleza y ética personal que han guiado mi vida en momentos delicados y en los asuntos cotidianos. Su norma existencial "Caute!" (cautela en el pensar, el hablar y el actuar) me ha librado de buenos líos a través de los años. De todas formas incido en mi observación al principio de este texto: es de lectura dificultosa. Precisamente por eso, libros como el que hoy les recomiendo, "Spinoza y el libro de la vida" de Steven B. Smith (profesor de ciencia política en la Universidad de Yale), junto a "En busca de Spinoza" de Antonio Damasio (uno de los neurólogos más conocidos y respetados, norteamericano de origen portugués) nos ilustrarán de manera muy eficaz en la importancia de la obra de Spinoza en la historia de la Filosofía y las influencias que su pensamiento tuvo en los más grandes filósofos del siglo XX y del actual.

Es uno de los más citados pensadores en todos los que luchamos por la libertad de pensamiento, la hegemonía de la razón, la igualdad y la solidaridad humana por encima de razas y nacionalidades, en busca de la convivencia pacífica y el progreso sostenible y ecológico. Seguidor de las ideas estoicas greco-romanas. Spinoza cultivó una austeridad y una sencillez ejemplares en su vida y un estado de bienestar mental y alegría. Opinaba que el amor al conocimiento, al arte y a la vida y la contemplación en la Naturaleza, eran en sí mismas las vías para alcanzar la sabiduría.

Spinoza sostiene, según un comentarista al que cito por su claridad expositiva pero del que, lamentablemente no conozco el nombre, que "Dios es lo uno y lo múltiple. Para conocerlo, solo tenemos que observar y estudiar la totalidad de la que formamos parte. Dios no está en lo alto, sino en el aquí y ahora. En la filosofía de Spinoza no hay ninguna concesión a la trascendencia. Dios no es lo que está más allá, sino la red infinita que nos envuelve. Al señalar la extensión como atributo infinito de Dios, Spinoza impugna la idea bíblica de la creación, donde la materia solo es una herramienta o sustrato, no algo divino. El hombre participa del conatus o impulso por perseverar en la existencia común a todos los seres vivos. Esa es su “chispa divina”, no la quimérica humanidad de Dios. El alma del hombre solo es una idea, la conciencia reflexiva de su realidad corporal. Para Spinoza la virtud es obrar bajo la luz de la razón, con una comprensión adecuada de las cosas, intentando no ser objetos pasivos de las circunstancias y las emociones. La virtud nos hace obrar bien y no hay mayor felicidad... ya que el sabio contempla el universo “sub specie aeternitatis”, es decir, como un todo regulado por la razón y la necesidad." Un hombre libre reserva su sabiduría para meditar sobre la vida, no sobre el morir. Arrepentirse es un gesto estéril. El que lo hace es “doblemente miserable e impotente”. Hay que abstenerse de condenar. Lo esencial es comprender, especialmente nuestros propios errores, y saber que “no queremos, apetecemos, ni deseamos algo porque lo juzgamos bueno, sino que, al contrario, juzgamos que algo es bueno porque lo queremos, apetecemos y deseamos”.

Como dice  Steven B. Smith, Spinoza "nos enseña a abrazar el mundo, más bien que a huir de él; a mirar la libertad como una bendición, más que como a una desgracia: a encontrar placer en esas cosas que tienden a incrementar nuestra sensación de poder y capacidad de actuación. Su pureza y osadía como pensador provocó que por razones religiosas no fuera reivindicado como filósofo hasta fines del siglo  XVIII y principio del XIX por los idealistas alemanes (Goethe y Novalis entre ellos) que rechazaron su presunto ateísmo para paradójica y más justamente calificarlo como el "filósofo ebrio de Dios".De su actualidad y por tanto la pertinencia de dedicar un tiempo gratificante a leer los dos libros que recomiendo habla el hecho de que Spinoza fue el profeta de una doctrina absolutamente presente: la defensa de la individualidad, la creatividad y la celebración de la vida como libertad. Y el repudio de todo o que mutila, mortifica o denigra la libertad, la solidaridad y la vida.

FICHAS

SPINOZA Y EL LIBRO DE LA VIDA.- Steven B. Smith.- Trad. Juan Manuel Forte.- Ed. Biblioteca Nueva- 260 págs.

EN BUSCA DE SPINOZA.-Antonio Damasio.-Trad. Joandomenec Ros.- Ed. Crítica.-334 págs.

 

 

 

 

Compartir este post

Repost0
21 agosto 2020 5 21 /08 /agosto /2020 15:38

La lectura del reciente libro de Maxime Rovere, "Qué hacemos con los idiotas" (del que les hablaré otro día) me ha recordado tres joyitas clásicas que disfruté en su día, "El encomio de la estulticia" más conocido por "Elogio de la locura" del gran Erasmo, un librito del filósofo francés André Glucksmann "La estupidez, ideologías del postmodernismo" (año 1988, editado por Península) del que les hablaré otro día y un excelente trabajo del italiano Carlo Cipolla "Leyes fundamentales de la estupidez humana" que también les comento. 

Ya Flaubert advertía que en el "estupidismo" se podría encontrar una de las claves activas e inevitables de los errores humanos en la historia de todos los países y de todos los tiempos. Glucksmann se hace eco de ello y asegura que la estupidez, la idiotez, la memez, la mezquina y bobalicona insistencia en tener razón en lo que sea  cuando no se sabe qué es la razón  ni tampoco la importancia o función e incluso la existencia de ese "lo que sea", (es una creación mental realizada por las carencias y complejos del ego del idiota), no es algo banal ni intrascendente: es uno de los cánceres del transcurso de la historia. Más allá de los jinetes del Apocalipsis que decían que eran cuatro, cabalga el quinto jinete envolviéndolos a todos con un manto tan invisible y letal como ella, la estupidez. Etimológicamente, el término viene del latín stupor que se refiere al efecto de pasmo que puede producir algo en quien lo contempla; literalmente el quedarse sin habla. Estupefacto y atónito, el estúpido es tonto porque así lo decide. Ante el asombro que le provoca algo,  otra persona, una frase que no entiende, un acto que decide rechazar sin saber porqué,  permanece rígido, “estólido” y de inmediato reacciona de manera absurda e inapropiada.

Para que comprendan lo grave que es esto, les cito "in extenso", tres de las leyes que rigen el idiotismo, según Carlo Cipolla y lo convierten en "una de las más poderosas y oscuras fuerzas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humana»: a) siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo; b) la posibilidad de que una persona determinada sea una estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma; c) las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas.

Mientras uno se mantiene en su "torre de marfil" (ventajas de la jubilación), leyendo a los clásicos y acompañándose con Sócrates, Epicuro, Pirron, Montaigne, Séneca, Marco Aurelio., Wittgenstein, Russell, Nietzsche, Voltaire o Schopenhauer, el mundo cotidiano se desenvuelve con amabilidad e inteligencia. Pero, ay, eso es un espejismo. Si sales de tu biblioteca y de tu hogar, en cualquier lugar, a cualquier hora, en la más inofensiva de las circunstancias y por un motivo de lo más banal, topas con un idiota. Y el mundo perfecto se volatiliza. Hombre o mujer, joven o viejo, esa persona instaura algo que hace que tu propia inteligencia y comprensión decaiga, se desvanezca. Entras en una situación en la que tu ansia de comprender lo que ocurre, lo que te dice el idiota o sus argumentos, cuando los tiene, se convierte en una labor imposible, anula tu capacidad de análisis y razonamiento y por un extraño sortilegio te escuchas tratando de balbucear en su propia lengua y a plegarte a su extraño y peculiar modo de relacionarse. Hasta el punto que el idiota, triunfante en su pegajosa y a veces agresiva estupidez, piensa que el idiota eres tú. No importa que lo que tratas de hacer le beneficie directa o indirectamente, el idiota tratará de obstaculizarte y como decía Rovere "intentará ahogar tus argumentos con razonamientos sin fin, responderá a tu benevolencia con amenazas,  tu afabilidad con violencia y tu busca del bien común la ridiculizará aunque con ello dañe su propio interés individual". Por ello el refranero popular es tajante: "el estúpido es más peligroso que el malvado".

Decía Schopenhauer  que en la historia, los siglos van pasando parecidos unos a otros en dos elementos comunes e  inmemoriales: la maldad (o crueldad)  y la estupidez de los hombres. O como decía otro autor: "el ser verdaderamente estúpido no es sino aquel que confunde su razón con la razón universal; quien cree saberlo todo, quien se queda pasmado ante su inteligencia y no necesita moverse de ese punto, quien viaja con la inercia de su propio pensamiento sin contemplar el del resto". Y tiene un peligro evidente: la idiotez es algo evidente para casi todos, excepto para el que la sufre. Por eso lo peligroso no es ser estúpido sino creer estar exento de la estupidez. Y allí llegamos a una constatación: Todos tenemos momentos de mayor o menor duración es que somos irremediablemente idiotas. Es más una situación, una circunstancia, en la que perdemos la razón de vista. La cuestión para no sentar plaza de estúpido es darse cuenta de cuando uno lo es y tras analizar los hechos y las actitudes,  hacer propósito de enmienda y grabar en la propia mente lo vivido como una "guía de perplejos" a la que acudir en próximas ocasiones. Y seguir el consejo de Sócrates: "conoce al imbécil que hay en tí"

En el próximo artículo entraremos en harina y veremos el interesante y arrasador análisis de la estupidez como fenómeno mundial, humano, político, existencial, lógico y, como corolario, el porvenir de la estupidez y la defensa del intelectual (según Glucksmann).

FICHA

LAS  LEYES FUNDAMENTALES DE LA  ESTUPIDEZ HUMANA.- Carlo Cipolla.- Editorial Crítica-Trad. María Pons

 

Compartir este post

Repost0
16 agosto 2020 7 16 /08 /agosto /2020 16:07

Los griegos llamaban idiota al tipo que sólo se ocupaba de sus asuntos propios y despreciaba  los problemas de la ciudad o de sus vecinos. En latín se le da el significado de “ignorante” o “estúpido”.  No se trata de algo banal. El "idiotavirus" es uno de los cánceres más dañinos y costosos de la historia. Tres son las leyes que rigen el idiotismo, según el filósofo Carlo Cipolla y lo convierte en "una de las más poderosas y oscuras fuerzas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humana”: 1) siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de idiotas que circulan por el mundo; 2) la posibilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma; 3) las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de los idiotas.

En cualquier lugar, a cualquier hora, en la más inofensiva de las circunstancias topas con un idiota. Hombre o mujer, joven o viejo, esa persona te dice, te hace o instaura algo que provoca que tu propia inteligencia y comprensión decaiga, se desvanezca. Entras en una situación en la que tu ansia de comprender lo que ocurre, lo que te dice el idiota o sus argumentos, se convierte en una labor imposible, anula tu capacidad de análisis y razonamiento y por un extraño sortilegio te escuchas tratando de balbucear en su propio lenguaje y plegarte a su peculiar modo de comportarse. Hasta el punto que el idiota, triunfante en su pegajosa y a veces agresiva estupidez, piensa que el idiota eres tú. No importa que lo que tratas de hacer le beneficie directa o indirectamente, el idiota tratará de obstaculizarlo y como decía el profesor  francés  Maxime Rovere, "intentará ahogar tus argumentos con razonamientos sin fin, responderá a tu benevolencia con amenazas,  tu afabilidad con violencia y tu busca del bien común la ridiculizará aunque con ello dañe su propio interés individual". Por ello el refranero popular es tajante: "el idiota es más peligroso que el malvado".

Decía Schopenhauer  que en la historia hay dos elementos permanentes: la maldad y la estupidez de los hombres. O como decía otro autor: "el ser verdaderamente idiota es aquel que confunde su razón con la razón universal; quien cree saberlo todo, quien se queda pasmado ante su inteligencia y no necesita moverse de ese punto, quien viaja con la inercia de su propio pensamiento sin contemplar el del resto". Y es que la idiotez es algo evidente para casi todos, excepto para el que la sufre. Por eso es tan dañino ser estúpido como creer estar exento de la idiotez. Lo cierto es que todos tenemos algunos momentos en que nos comportamos como idiotas. Pero eso no es ningún consuelo. El idiotavirus es aún más peligroso que el Covid19. Seguiremos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA, escritor

 

Compartir este post

Repost0
30 julio 2020 4 30 /07 /julio /2020 11:39

Ya en el siglo XXI las protestas feministas comenzaron a tomar una curiosa imagen simbólica, vagamente aterradora: la televisión había entrado a saco en la novela distópica de Margaret Atwood "El cuento de la criada" y nos había mostrado una civilización en la que las mujeres estaban reducidas a instrumentos y despojadas de cualquier referencia humana que no fuera su sexo y los limitados pero contundentes  usos que sus cuerpos ofrecían. Las feministas aparecían vestidas con amplios sayales rojos y en la cabeza una especie de toca monjil blanca con alas amplias. Así las describía  la novela y las mostraba la serie.

Lo que los aficionados a la ciencia ficción clásica sabíamos es que la  escritora canadiense describía en clave sus  sensaciones y proyecciones imaginativas ante el horror social y político de la Rusia posterior a Stalin pero igualmente sofocante que podía vislumbrar desde su refugio literario en Berlin occidental y sus visitas a otros países tras el Telón de Acero. Como Orwell y como Huxley y otros clásicos, la Atwood puso en su enfoque los regímenes totalitarios de la clase o ideología que fuesen, pues todos tienen un punto en común: el desprecio total hacia la dignidad del ser humano, por encima de sexo, color, raza o nación.  Y en el caso del "Cuento" de la mujer, reducida a la condición de "hembra fértil".

Lo más angustioso de la novela es la sensación que te va creando de posibilidad. "Eso aquí, en este país, en esta época, no puede pasar" nos decimos. Pero nos equivocamos. Como ha ocurrido con el Covid, todo puede  pasar y las reacciones humanas suelen ser lamentables por lo desastrosamente previsibles. La República de Gilead es una reedición del puritanismo norteamericano del siglo XVII que, cuando Atwood escribía su novela, en 1984, parecía imposible de reeditar...Imagínense con Trump en el poder una legislatura más.

La maestría de la autora es visible aunque sutil. Empieza por negar los datos habituales al lector. Este entra de golpe en la narración y vive en primera persona una existencia que parece una pesadilla, en un país que poco a poco va intuyendo y en una época post apocalíptica de la que no se nos fan detalles. Es la cultura sobreviviente a un acontecimiento que ha cambiado brutalmente la historia conocida. Fanatismo religioso, moral del poder, el abuso y la utilidad. Necesidad de reproducción humana pues el Horror ha dejada diezmada a la población. Como suele ocurrir eso supone la instauración de la dictadura total y la reproducción fiel de los niveles sociales. El poder y la riqueza a un lado, en medio la fuerza física, los vigilantes y el resto, el pueblo base, los que trabajan,  los explotados. Entre ellos una fracción aún más ruinmente explotada: las mujeres fértiles (los índices de fertilidad del país cayeron en picado debido a la contaminación: otro de los aciertos de Atwood que casi pronostica las apariciones de pandemias).

Criadas, tías (con su vestimenta marrón) esposas (vestidas de virginal azul, ya que son estériles) o las marthas, enmascaradas en un verde pálido, limpian y cocinan para los que mandan y para mayor sadismo puritano masculino las no-mujeres y econoesposas, las primeras de pasado pecaminoso que han sido torturadas y desterradas del país y las segundas, con trajes a franjas, son las mujeres de hombres pobres destinadas  a servicios de bajo nivel. Es el universo femenino de la República. El masculino tiene sus funciones limitadas oor el poder y la actividad, desde los comandantes, vestidos de negro, los que detentan el poder supremo, los ángeles, servidores operativos y burocráticos, los guardianes, matones y cuidadores del orden público y los "ojos de Dios" una especie de servicio secreto y de espionaje que vela, como la Inquisición, por eliminar a los "infieles".

La lectura de esta absorbente novela nos devuelve a una sensación que el Covid ha elevado a la categoría de convicción: la de la fragilidad y vulnerabilidad del ser humano. Y también algo aún más inquietante: la falta de solidaridad y cooperación entre las personas, que es la causa de que se instauren regímenes totalitarios que degradan a la mayor parte de la población pero permiten vivir con privilegios más o menos progresivos a otra parte de esos ciudadanos, con la excusa de una ideología o una creencia (políticas, raciales o religiosas) que los convierte en el bloque elegido por el poder para poder perpetuarse. 

Léanla ustedes. Hay mucho que aprender de ella y mucho que pensar tras su lectura. Luego, miran a su alrededor y verán como en muchos países de nuestro entorno (y también en algunos sectores del nuestro) las semillas espantosas de la ficción de "El cuento de la criada" pueden hacerse realidad.

FICHA

EL CUENTO DE LA CRIADA.- Margaret Atwood.- Trad.Elsa Mateo.- Ed. Salamandra.-412 págs.

 

 

 

 

 

Compartir este post

Repost0
16 junio 2020 2 16 /06 /junio /2020 19:21

Hubo un tiempo en el que una parte de la Humanidad comprendió que era mejor vivir compartiendo que compitiendo, en el que la codicia dejó que prevaleciera la solidaridad y la compasión. Pero duró poco. Quizá un par de meses.  No se trataba de una revolución política, ni financiera, ni social, ni religiosa. Fue un momento mágico, imprevisible y lleno de inseguridad y temor: un virus local se extendió haciéndose global, la muerte pasó a ser un asunto que nos concernía a todos (en realidad siempre ha sido así, pero no queríamos darnos cuenta). Lo patético de la historia que les cuento es que no supimos entender que detrás del virus orgánico se hacía fuerte el virus sistémico, origen oculto del SARS-CoV-2. Ese es el culpable de que  no comprendiéramos que los verdaderos contagiados eran los negacionistas, los Trump, Bolsonaro, los chalecos amarillos italianos, los jóvenes cachorros del capitalismo salvaje que anteponen sus caprichos y diversiones a la propagación del virus, o el neoliberalismo que aspira a la dictadura del beneficio neto, que alienta el racismo, la desigualdad, la crisis económica basada en la explotación, la conversión del mundo en un panóptico digital que domine y controle a los individuos a cambio de una diaria ración de estupidez y mentiras, elaborada para ser emitida desde una omnipresente pantallita que los ciudadanos han incorporado a su persona como un miembro artificial de sus organismos. El virus sistémico no supone el fin del sistema que nos ha empujado a este caos sino su reforzamiento. Es el causante del suicidio climático, del arrase intencionado de especies de todo tipo por un beneficio calculado para ser efímero para los agentes del ecocidio y una fuente de riqueza para los pocos que controlan el mundo, una élite financiera absolutamente miope que no entiende que el agotamiento de recursos, medio ambiente y seres humanos y sociedades, es también el fin de todo su poder. En el fondo serán las últimas víctimas de un Magog creado por el hombre, un ente sistémico de perfecta eficiencia cuyo único defecto consiste en que es erróneo y por esa misma razón, letal para los humanos y para el planeta. La única razón que podría consolarnos a algunos es que este mismo planeta hermosísimo, agotado, arrasado y contaminado nos sobrevivirá. Y seguirá su larguísimo proceso vital hasta su inevitable fin que, cuando acontezca, al menos, habrán pasado eones de tiempo desde cuando se desembarazó del bichejo más cruel, magnífico, esplendoroso y destructivo que ha creado la Naturaleza: el ser humano. Para entonces todos seremos polvo y no importará mucho que volvamos a nuestro origen y nuestro destino: ser polvo de estrellas. Polvo enamorado, diría el poeta, enamorado del milagro de la Vida.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post

Repost0
21 mayo 2020 4 21 /05 /mayo /2020 09:01

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con un libro de historia de la filosofía como con "Tiempo de magos" del filósofo y periodista Wolfram Eilenberger que ha logrado la hazaña de escribir una especie de "Vidas Paralelas" no sobre emperadores o filósofos romanos y griegos, sino con grandes filósofos de nuestro ayer más cercano, la por él bautizada "gran década de la filosofía", de 1919 a 1929. Diez años prodigiosos en los que las vidas y los acontecimientos personales e intelectuales de cuatro pensadores de primera fila, Ludwig Wittgenstein, Walter Benjamin, Martin Heiddegger y Ernst Cassirer, marcaron de una forma indeleble, decisiva, la especulación filosófica, social y científica de todo el siglo XX y se extiende sobre el XXI.

La gracia del libro estriba en la habilidad con la que el autor va engarzando las vidas de estos cuatro hombres,con sus penurias, vacilaciones, contradicciones, logros e ideas, tejiendo un tapiz que tiene la virtud de mostrar de una forma sencilla y atractiva los entrecruzamientos de los cuatro. No sólo en el entorno geográfico y político social a los que pertenecen por vivir en la misma época y países cercanos entre sí, sino en la esencia conceptual de sus ideas, todas ellas  (quizá con la excepción del muy ortodoxo Cassirer), de tan difícil sustantación y definibilidad que resulta una hazaña intelectual hacerlas digeribles al lector. Como elementos hábiles de hacer amena la lectura, Eilenberger escoge anécdotas vitales -muchas de ellas bastante poco conocidas- que van perfilando las figuras de estos pensadores tan controvertido como Heiddegger,  tan contradictorio y desdichado como Benjamin, o el difícil trato con el autista genial y no menos desdichado, Wittgenstein.

Destaco la anécdota del examen de doctorado de Wittgenstein en la Universidad de Cambrige en 1929, ante un tribunal formado por los filósofos Bertrand Russell y G.E. Moore, entre otros. Un cuarentón Wittgenstein que sólo había publicado una obra (que nadie había entendido) y que trabajaba como maestro de escuela tras haber rechazado su herencia, una fortuna extraordinaria, se presenta ante el tribunal, se niega a dar demasiadas explicaciones de sus ideas y ante sus asombrados jueces se levanta, da unos golpecitos amistosos en los hombros a Russell y Moore y les espeta: "No se preocupen, sé que jamás lo entenderán". Evidentemente fue aprobado. No por la soberbia un poco cómoda y excesiva de la frase sino porque todos los examinadores de forma unánime sabían que estaban ante un genio irrefutable.

Los cuatro pensadores analizados en este libro son altamente creativos, impertinentes y revolucionarios. Forman una extraña conjunción mágica del pensamiento especulativo. Son centroeuropeos, tres alemanes y un austríaco y han vivido una época convulsa con la  República de Weimar, la I Guerra Mundial, la llegada del nazismo y la II Guerra mundial. Nuestro autor va intercalando las cuatro historias separadas en capítulos donde de forma simpática e ilustrativa nos define las posturas y actividades de sus biografiados. Por ejemplo empieza en 1919, el año en que "el doctor Benjamin huye de su padre, el subteniente Wittgenstein comete un suicidio económico, el profesor auxiliar Heidegger abandona la fe y monsieur Cassirer trabaja en el tranvía para inspirarse".

Los cuatro pensadores parecen buscar una respuesta adecuada y moderna a la pregunta de Kant, ¿Qué es el hombre"  y llegar en su análisis a muy distintas conclusiones. Y es aquí en lo que Eilenberger logra su mejor acierto: hacernos inteligibles las difíciles ideas y planteamientos del oscuro Heiddeger, del místico Wittgenstein o del brillante pero enigmático Benjamin y, por supuesto, del olvidado Cassirer que tuvo la genialidad apenas reconocida de usar el lenguaje y los símbolos para dar su versión de lo que es la naturaleza humana.

Nos dice brillantemente Eilenberg: "Era previsible que la vieja pregunta de Kant acerca del hombre condujera, según se asumiera la respuesta de Cassirer o la de Heidegger, a dos ideales completamente opuestos de evolución cultural y política, tomar partido por una humanidad con iguales derechos formada por todos los seres que utilizan los signos [Cassirer] se oponía al coraje elitista de ser auténtico [Heidegger]; la esperanza de una domesticación civilizadora de las profundas angustias del hombre se enfrentaba a la exigencia de exponerse radicalmente a ellas; el compromiso con el pluralismo y la diversidad de las formas culturales contradecía el presentimiento de una inevitable pérdida de la individualidad en esa sobreabundancia; la continuidad moderadora se oponía a una voluntad de ruptura total y de nuevo comienzo".

Desde el  Tractatus logico-philosophicus, de Wittgenstein, a La filosofía de las formas simbólicas, de Cassirer, o el "Ser y tiempo" de Heidegger, o las ideas dinámicas aunque caóticas de Benjamin, son convertidas por nuestro autor en las raíces nutricias de la filosofía del siglo XX. Y lo explica en una entrevista: “Los cuatro son los padres fundadores de las escuelas que aún dominan la discusión: Heidegger, del existencialismo, la hermenéutica y la deconstrucción; Benjamin, de la teoría crítica y la Escuela de Fráncfort. Wittgenstein, de la filosofía analítica. Y creo que los estudios culturales no serían lo mismo sin Cassirer”.

Es este un libro apasionante no sólo para los estudiantes y lectores de filosofía, sino para cualquier lector que sienta curiosidad por la historia de las ideas  que han modificado y condicionado el siglo en el que vivimos.

FICHA

TIEMPO DE MAGOS.- Wolfram Eilenberger- Tra. Joaquín Chamorro.- Ed. Taurus.- 383 págs.- 22,90 EUROS.- ISBN 9788430622085

 

Compartir este post

Repost0

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens