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7 agosto 2019 3 07 /08 /agosto /2019 16:09

 Askesis es una palabra griega que designa un tipo de ejercicio filosófico y espiritual. Este implementa un proceso de pensamiento cuyo objetivo está relacionado con la mejora de la persona, de sus pensamientos y la correspondiente coherencia con sus acciones o actitudes. De ella procede la palabra latina Ascesis, que conformaba una serie de reglas y prácticas tendentes a liberar el espíritu y forjar un comportamiento virtuoso (de donde proviene el adjetivo ascético) con gran importancia en la vida religiosa desde la Alta Edad Media hasta prácticamente el siglo XXI.  En nuestros días el filósofo practicante, no el académico o meramente pedagógico o especulativo, se plantea su existencia y su pensamiento como una aventura espiritual, una apuesta radical que cuestiona todo tipo de creencias sociales, políticas o intelectuales, analizándolas por el rasero inclemente de la ética del ejercicio cotidiano, negándose a aceptar esa esclerosis de la filosofía que se conforma con el relativismo de la transgresión como mal menor.

Los griegos llevaron a la excelencia sus actitudes críticas ya sea con la radicalidad de los escépticos o los cínicos o la más equilibrada oposición de los estoicos o los epicúreos. Pero son las escuelas orientales filosóficas las que logran aunar con maestría la postura filosófica con la práctica política o social. La taoístas y confucionistas llevan a la vida cotidiana el sentido de la estrategia, la eficacia y una ética basada en la norma natural universal del proceso de la existencia.  Todo ello, a diferencia de los griegos, formulando ideas intuitivas sin establecer modelos teóricos de pensamiento, sino tácticas y estrategias de comportamiento  individual y social, aplicadas a un proceso permanente de devenir, regulado por una lógica que hay que descubrir y respetar.

Los taoístas dicen: no hay que forzar nada, no hay que controlar, es preciso seguir con atención la marcha de las cosas, aprovechar ese potencial, esa energía en transformación y adaptarte al curso y a la orientación de ese proceso, para actuar en el momento más favorable. Fundamentalmente actualizar nuestro potencial moral, madurarlo y permitir una acción espontánea y natural que se ajuste al proceso como un elemento más. El filósofo debe combinar la virtud (la ética, el altruismo, la generosidad) y la eficacia práctica. Lo importante es percatarte que la existencia es duración, proceso invisible, no acontecimiento ocasional e inquietante, lo nuevo, sino la persistencia de lo ordinario, el sereno proceso de las cosas que no necesitan ser forzadas. En ese proceso es posible inducir cambios lentos y profundos en los momentos favorables, que son más persistentes que las rupturas o enfrentamientos, los cuales sólo provocan antagonismos y rupturas del orden de las  cosas.- ALBERTO DÍAZ RUEDA 

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4 agosto 2019 7 04 /08 /agosto /2019 07:29

Creo que una lectura atenta de este libro que recomendamos no sólo informará suficientemente al lector (y le alarmará en la misma medida) sino que le empujará a ampliar conocimientos. Pero empecemos con  "Psicopolítica" del filósofo coreano (del Sur, por supuesto), educado en Alemania, Byung-Chul Han, que se ha convertido en un nombre de referencia entre los filósofos críticos que analizan la sociedad del actual capitalismo avanzado y neoliberal.  Este libro nos habla de los peligros que el Big Brother de la tecnología digital, convertido en Big Data, está suponiendo ya para el individuo, inerme (y además satisfecho de su vulnerabilidad a cambio de las comodidades digitales). Para Chul Han se está generando una crisis de libertad de dimensiones planetarias que va a cambiar seguramente los modos, costumbres y acciones de unos sujetos -etimológicamente, personas obligadas a estar sujetas, constreñidas,  a algo- hasta  en su propio pensamiento, creencias y actitudes. Como escribe en la pág 94: "La extensión de la web de las personas 2.0 , a la internet de las cosas, web 3.0 es la culminación de la sociedad de control digital. La web 3.0 hace posible un registro total de la vida...nos vigilarán las cosas que usamos diariamente.". Y a través del "data mining" (exploración de datos") nos manipularán para que votemos lo que interese al político que contrate a una de las empresas dedicadas a ese trabajo (como ocurrió con las elecciones de EE.UU. donde, contra todos los pronósticos, el controvertido Donald Trump se convirtió en presidente). La otra cara detestable del Big Data, nos dice Han, es el Big Deal, cuando los datos personales de los ciudadanos  digitalizados por empresas especiales al servicio de quien pague mejor se convierten en una mercancía y se comercializan (nos pone como ejemplo a la empresa Acxiom que comercia con los datos de 300 millones de norteamericanos, de los que sabe más que el FBI y Hacienda juntos). Recientemente Google ha admitido que puede escuchar conversaciones privadas, íntimas, de los usuarios siempre que está suficientemente cerca de un terminal conectado a dicho asistente virtual. Argumenta que lo hace para aprender a identificar acentos idiomáticos. Y por supuesto no va  a dejar de hacerlo. El célebre buscador no necesita buscarnos, sabe en todo momento dónde estamos, todo lo que nos interesa, nuestros pequeños vicios y preferencias y lo que pensamos de casi todo. Lean ustedes "1984" de George Orwell o mejor aún, "Nosotros" de Yevgueni Zamiatin, en el que se basa Orwell y que fue escrito en el año 1921. Esas "profecías" o conjeturas socio-políticas han sido ampliamente superadas en el siglo XXI. Ahora resultan casi ingenuas pero terroríficas: la mayoría de las personas aceptamos encantadas la dictadura digital a cambio de los bienes y comodidades de la digitalización.

Libro pues de máxima actualidad. La digitalización de la vida cotidiana de miles de millones de personas, atraídas por los anzuelos, por ejemplo, de las APP (sólo Google Play tiene un catálogo de tres millones de App) hasta el punto que en 2018 le gente de todo el mundo se descargó más de 200.000 millones de App. Y cada una de ellas supone, simplemente, la digitalización fácil y cómoda, pero muy vinculante, de útiles personales y profesionales, comunicación, juegos, relaciones. La Red mundial ya nos cubre a casi todos los humanos de este planeta (con pequeñas lagunas donde aún no han llegado los móviles y las tablets) ¿tiene un somera idea de lo que eso supone de control y datos personales y hasta íntimos de cada uno de sus usuarios? Y el control de la información es, como ustedes saben bien, poder. ¿En manos de quien? De una élite desconocida, sumamente enriquecida y que tiene en sus manos el futuro inmediato de miles de millones de personas. ¿Ciencia ficción? Creo que no.

POr tanto, la nueva religión de la sociedad digital se llama "dataísmo". La suma astronómica de datos procedentes de nuestra interacción continua con el mundo digital, que son capaces de manejar, analizar y aplicar las computadoras (y las muy interesadas empresas privadas que las manejan) y ofrecen una información sobre todos nosotros, los sujetos (etimológicamente "sujeto" es alguien que está atado, limitada su libertad de movimientos) que usamos y abusamos de cuanto ofrece la Red de redes, las más de las veces de forma gratuita, cual anzuelos de cautividad futura. Lo saben todo sobre nosotros, nuestros gustos, carencias, deseos, vicios "ocultos", esperanzas y sueños, sentimientos, afectos y pasiones. Cada "click" es un eslabón más de la cadena que nos une a un Poder omnímodo que se impone no por la represión y la violencia, sino en la amable forma de un solucionador de problemas, de una enciclopedia al gusto, de un comprensivo cómplice, de un complaciente colega a disposición de nuestros caprichos las 24 horas de cada día, todas las semanas, todos los meses y los años.

Ante lo visto, no hay hipocresía más  inútil y bochornosa que las tan cacareadas leyes de protección de datos, una nueva forma contributiva vestida de escandalizada preocupación por la seguridad de nuestros datos personales. ¿Están de broma o creen que somos todos tontos? Mas bien lo segundo. Lo malo es que tienen razón. En los años de hierro de las dictaduras, fascismo, comunismo, filofascismo franquista, el dramaturgo y filósofo alemán Bertold Brecht escribió: "No aceptéis los hechos como cosa natural. Porque en tiempos de desorden, de confusión organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural. Nada debe parecer imposible de cambiar".

Aquí en Teruel y su casi deshabitada provincia deberíamos aplicarnos la divisa de que no podemos ni queremos aceptar que todo siga igual porque el sempiterno contexto político y social "es el que es y nadie lo puede cambiar". Si la historia nos ha enseñado algo es que las cosas, los contextos y circunstancias no dejan de cambiar, mal que les pese a los que mandan en ese momento. Y aquí es donde cierro el círculo de este mensaje: aprovechemos las posibilidades del dataísmo para hacer virales nuestros sueños y reivindicaciones. Por ahora es la otra cara de la nueva "religión". Por el momento la operativa generadora digital puede cambiar de polarización y objetivo. Es un llamamiento a las asociaciones que luchan por demostrar que Teruel existe. Y un guiño a los micromunicipios (menos de 500 habitantes) para generar una campaña permanente de "agit-prop" digital que nos vuelva a colocar en el mapa  (antes de que fenezcamos de "muerte antinatural"). 

FICHA

PSICOPOLÍTICA.- Byung-Chul Han.- Trad.Alfredo Bergés.- Ed. Herder. 127 págs. ISBN: 9788425433986

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26 julio 2019 5 26 /07 /julio /2019 17:14

Quinientos años de la muerte del gran Leonardo da Vinci (1452-1519), dan para mucho. Este genio indiscutible, paradigma del hombre del Renacimiento, un polímata que transitó por múltiples saberes y artes con la misma envidiable soltura (fue de forma simultánea pintor, anatomista, arquitecto, escultor, botánico, paleontólogo, escritor, científico, filósofo, ingeniero, inventor, músico, urbanista y poeta). El libro que hoy comentamos tiene el mérito de enfocar la mirada  atenta sobre una particularidad  creativa de Leonardo: los dibujos y la escritura "en espejo" en los que están realizados muchos de sus manuscritos, ofreciendo una explicación de por qué Leonardo dibujaba con la mano izquierda (sin ser zurdo) y con las letras en espejo (es decir, con las palabras escritas al revés). El libro, del profesor granadino de Psicología José María Cid Rodriguez, está dedicado a este tema y resulta un regalo pedagógico, artístico e histórico (además de psicológico) que merece ser resaltado en este aniversario,  aunque fue publicado el año pasado por Caligrama editorial, con gran aporte de dibujos, fotografías  y reproducciones de la caligrafía y los dibujos del genial florentino (nacido en Vinci a pocos kilómetros de Florencia). Concebido en forma de aporte documental, el autor desaparece voluntariamente en el seno de la información que facilita y los numerosos autores a los que cita sin  juicio o análisis crítico, sólo aportando un resumen bibliográfico (lo cual crea repeticiones y reiteraciones que lastran un poco la lectura del libro). No en vano se subtitula "Itinerario bilbiográfico ilustrado".

Sin embargo la naturaleza y originalidad específica del enfoque de este ensayo hace que la lectura sea apreciable y fructífera: la personalidad de Leonardo resplandece al conocer las conjeturas que hacen los expertos sobre su "paranoia", su miedo a que su obra fuese copiada o se hiciera uso de sus métodos y descubrimientos, los elementos "oscuros" de su personalidad, las connotaciones sexuales de muchas de sus obras y de eventos biográficos que condicionaron su peculiar manera de escribir (grafía en espejo), a pesar de que Leonardo prefería aplicar en su vida aquello de que una imagen vale más que mil palabras. También sus aportes científicos y el uso que se hace en las  nuevas tecnologías de muchas de sus ideas e intuiciones, elevan el valor considerable de este genio italiano.

La ambición documentalista de José María Cid va desde las biografías existentes en el mercado, hasta las novelas basadas en ellas o los manuscritos y códices de ese autor, pasando por los detalles de la singular escritura de Leonardo y de sus obras pictóricas y dibujos, a las distintas hipótesis que se han barajado para explicar el por qué de la escritura en espejo ( la fisio-psicológica, la criptográfica, la psicoanalítica o la higienista), la supuesta dislexia que padecía el artista, sus habilidades taquigráficas, las investigaciones sobre diversos aspectos de su obra, incluida una referencia a las obras que tratan sobre las presuntas claves del "Código Da Vinci", el best seller de Dan Brown o referencias a Leonardo como anatomista, etc. Un libro, pues, con un amplio abanico de referencias bibliográficas sobre Leonardo. De obligada lectura para quienes deseen profundizar en la, a pesar de todo, enigmática figura del genio de Vinci.

FICHA

LEONARDO DA VINCI.- José María Cid Rodríguez.- Ed. Caligrama.-250 págs. ISBN9788417335779

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19 julio 2019 5 19 /07 /julio /2019 18:03

¿Qué hubiera sido de la humanidad si no hubieran existido el lenguaje y la escritura? Seguramente jamás hubiéramos llegado a inventar la bomba atómica, al exterminio burocrático-científico de millones de personas en campos de concentración, a provocar hambrunas, éxodos y matanzas por todo el planeta, a contaminar las aguas, la tierra y los cielos hasta límites apocalípticos, a hacer desaparecer inexorablemente cientos de especies animales y vegetales (nuestros supuestos compañeros de hábitat) a entender que la violencia, el abuso, el engaño y el robo forman parte indivisa de nuestra existencia cotidiana... y tampoco hubiéramos disfrutado del Quijote, de Shakespeare, Dickens, la Divina Comedia, Milton, los Vedas, las Mil y una Noches, del Sócrates de Platon, Epicuro, Aristóteles, Kant, Montaigne, Descartes, Wittgenstein, Russell los libros de Historia, de grandes viajes, Darwin, Einstein, los geógrafos desde Ptolomeo a Humbolt... sin los textos que la amparan y canonizan no habría profundas calas de espiritualidad en la mente humana y el acervo cultural de la Humanidad no existiría. Seres simiescos a los que nunca conmovería el teatro, el cine, la música...

La pregunta es retórica y se abre a una dicotomía insalvable: la barbarie y el instinto de supervivencia de la horda primitiva o la ambivalente carga de la historia que hemos inventariado tras miles de años de signos gráficos con significado, códigos en cuyas entrañas late la identidad de pueblos y personas y el reflejo histórico de esa relativamente breve y efímera presencia, con un trasfondo dramático de imperios que surgen, florecen y mueren, a veces sin dejar rastro, del florilegio de ideas políticas, sociales, científicas o filosóficas que van dinamizando el desarrollo, progreso y a veces destrucción de naciones e individuos. Más de cuatro mil años de literatura universal convierten en mera tentativa caprichosa e incompleta cualquier intento de reflejar una variedad y complejidad casi inagotable. El libro de Martin Puchner picotea aquí y allá sin pretender en ningún momento la locura de tratar de ser exhaustivo. 

Puchner, catedrático de literatura europea de Harvard, recurre a dieciseis textos que él considera fundamentales buscamdo a través de viajes personales contextualizar dichas obras con el ambiente en el que nacieron, al menos de forma indirecta inevitable dada la distancia cronológica y los enormes cambios habidos. Aunque en algunos, como el Sáhara (desde donde evoca la "Epopeya de Sunjata") o la selva mejicana y centroamericana donde aún alguien habla del "Popol Vuh".

El autor considera esos textos como "fundacionales", que "solían estar custodiados por sacerdotes que los atesoraban en el corazón de los imperios y naciones, mientras que los reyes los impulsaban porque sabían que un relato podía justificar conquistas y proporcionar cohesión cultural.” Como es natural en la historia de la cultura hay una dinámica progresiva, desde los escasos de tiempos antiguos hasta que "a medida que se extendía su influencia fueron apareciendo nuevos textos hasta que el globo se fue pareciendo más y más a un mapa organizado por la literatura, por los textos fundacionales que dominaban una determinada región”. El creciente poder de esta clase de textos situó a la literatura “en el centro de muchos conflictos, entre ellos las guerras de religión.” O más tarde, nos dice Puchner, de forma un tanto reduccionista,en la Guerra Fría, "en gran medida una guerra entre textos fundacionales: La Unión Soviética se había fundado a partir de las ideas articuladas en un texto mucho más reciente que la Biblia: El manifiesto comunista, escrito por Marx y Engels y leído con avidez por Lenin, Mao, Ho y Castro.”

Para seguir una coherencia cronológica, nuestros autor nos lleva desde el arcaísmo de escribas que compilaban textos orales recitados por aedos ante multitudes casi hipnotizadas por el poder evocativo de las palabras, es decir obras como Gilgamesh, la Biblia hebrea del Antiguo testamento, la Iliada o la Odisea. Más tarde serán textos inspirados por Buda, Sócrates, Pitágoras, Demóstenes o Jesús. Seguirán los escritos y publicados minoritaria y limitadamente por los grandes maestros literarios y filosóficos, adorados por la aristocracia y la burguesia. Llegando a la eclosión de la imprenta, la producción masiva y las masas alfabetizadas..hasta la radical revolución digital de internet, cuyo camino futuro está tan lleno de angustiosos interrogantes, como de comodidades impensables y aspectos positivos lo está en el presente.

 

FICHA

EL PODER DE LAS HISTORIAS.- Martin Puchner. Ed. Crítica. Trad. Silvia Furió. 394 págs. 23,90 euros. ISBN 9788491990260

 

 

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17 julio 2019 3 17 /07 /julio /2019 08:44

Decía Aristóteles que el hombre es un "zoon politikon", es decir, un animal político y también social. Para el filósofo, la política es la ciencia práctica suprema, un área de conocimiento que tiene como objetivo básico el bien de la "polis" o ciudad-estado. Y la herramienta esencial es la ética. Cada hombre es como una rama del gran árbol que es el Estado, por lo que la ética individual debe estar sustanciada por la ética del Estado y sus dirigentes. Simple y claro...aunque quizá utópico, ¿no les parece? Desde el idealista Platón al muy cínico y pragmático Maquiavelo o a nuestro escéptico y realista  Baltasar Gracián, la figura del político ha sido objeto de amplias especulaciones.

Echemos un cuarto a espadas sobre el tapete del juego político: pienso que en política y entre los políticos la ética se escribe con H. El político de la Grecia y la Roma clásicas tenía como exigencia personal el respeto a la "areté", la "virtus" latina, la virtud, la acción correcta y desinteresada. Y su objetivo era la "aristós" o la excelencia en su trabajo y proyectos. Yo apuntaría, como elementos básicos, para nuestra época más práctica (y banal) las tres "H": Honestidad, Humildad y Humor. Exigibles a todos los que profesan la política (al hacerse “profesional” la política ha entrado en terreno éticamente pantanoso) en sus actitudes y comportamientos. Como a los emperadores romanos, al político de turno, en su toma de posesión, le debería acompañar un secretario o un jefe de negociado con muchos quinquenios en su haber, susurrándole al oído, "el poder es efímero, la ética, eterna", En nuestros tiempos supuestamente democráticos, el poder político es una falacia con obsolescencia programada. Humor y humildad preparan el camino y facilitan la andadura. Y para aplicarlo todo hace falta inteligencia y sentido común (decía nuestro Gracián, "más vale un grano de buen sentido que montañas de inteligencia"). En muchos casos la Honestidad es sustituida por la Holganza ética, la Humildad por el Histrionismo y el Humor por la Histeria. El problema es que, como todo el mundo sabe, la H es muda.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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12 julio 2019 5 12 /07 /julio /2019 09:37

Para el pensador polaco Zygmunt Bauman  ( 1925/2017) vivimos en una sociedad posmoderna que tiene características "líquidas"  ya que en ella "las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas de actuar se consoliden en unos hábitos y en una rutina determinadas". Ese tipo de sociedad refuerza constantemente un estilo de vida incapaz de mantener una forma o un modo de vivir determinados durante mucho tiempo. Como escribe Bauman "los logros individuales --en esta sociedad moderna líquida- no pueden solidificarse en bienes duraderos porque los activos se convierten en pasivos y las capacidades en discapacidades en un abrir y cerrar de ojos". ¿Dónde nos va a llevar esto? Bauman  tiene la honestidad de afirmar "ninguna estimación de la evolución futura de esta sociedad líquida y sus individuos poder ser considerada plena y verdaderamente fiables", ya que "la extrapolación de hechos del pasado con el objeto de predecir tendencias futuras no deja de ser una práctica cada vez más arriesgada y ....engañosa".

Esta lúcida reflexión parece dejarnos con las manos atadas respecto a ese futuro hipotético. Por lo que se precisa una actuación en el presente. Y un cambio de percepción que garantice esa actuación. Sólo tenemos una posibilidad fáctica: terminar con la ignorancia política y con la inactividad subsiguiente. ¿Quienes se aprovechan de esos dos elementos?: los extremismos fanatizados que recurren al sustrato emocional, las bajas pasiones y el miedo de los individuos para, sin permitir la reflexión crítica, crear fuentes de presión ciudadana a favor de las políticas irracionales y viscerales. A través de la ignorancia y la incertidumbre, deliberada y emocionalmente cultivadas se ata de pies y manos a la democracia con sus propias leyes y creencias. Dice Bauman: "Necesitamos la educación permanente para tener opciones entre las que elegir". Y la educación política permitiría crear condiciones de vida y formación que pongan a nuestro alcance y posibilidades tales opciones. Vuelve a ser necesaria e inevitable la educación política en esta sociedad "líquida" en la que lo único que permanece "sólido" es el fanatismo político o religioso.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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6 julio 2019 6 06 /07 /julio /2019 09:40

En castellano hay un refrán que dice: "hay que saber hacer de la necesidad, virtud". Esa actividad tiene más de sabiduría que de conocimiento. O de arte. El arte de lo poco. Que nada tiene que ver con una pobre conformidad con lo poco que se posee o que nos ofrece la vida. Uno se contenta y no aspira a más, a la mejora, al cambio.No es eso, no es eso, Se trata de unir la creatividad, el ingenio, el empuje para sacar partido de la circunstancia negativa, de las horas oscuras que parecen espesarse en determinados momentos. Requiere un talante indómito, avivar el ingenio, no permitirse el derecho al error o al renuncio, a la caída en el desaliento. Hay que aprovechar las piezas que nos han dado para el juego, hacer un uso positivo de los pocos medios disponibles, sin quejarse a los dioses (desde los griegos sabemos que los dioses son sordos e indiferentes) ni exigir a los otros. Pasa por una aceptación dinámica. Movamos las piezas de la forma más creativa: estemos seguros de que los vientos huracanados y destructivos pueden calmarse lo suficiente en algún momento para impulsar las velas de la vida lejos de la mar chicha, del pantano cenagoso de la desesperación. Y no hablo sólo del tener, de los objetos externos, hablo del ser. Del ser objetivo. Del propio cuerpo que, por los años o las circunstancias, está en horas bajas. Hay que respetarle y darle lo que precisa, sin excesos.

El arte de vivir en lo poco, nos hace valorar los pequeños placeres gratuitos de la existencia, valorar el sencillo hecho de existir, despreciar la envidia, invertir en el simple orgullo de salir adelante, armonizar nuestra vida con la insólita plenitud que guarda lo poco en su seno, inventarnos como una persona distinta, acorde con el momento, transformar los déficits en cualidades. Espiar la aparición súbita, inesperada, de lo esencial. Como un regalo. Favorece la emergencia de un estilo de vida, una sabiduría del ser más que del tener. Uno aprende no sólo a desprenderse de lo superfluo, sino a no detenerse en ello en el futuro.

Aunque esta filosofía es aplicable en cualquier momento de nuestra vida (si somos jóvenes, es particularmente creativa y apasionante) resulta ser una metáfora esencial para los que lucimos canas. El arte de lo poco es , también, el arte de saber envejecer. Pero, joven o anciano, el arte de lo poco nos enseña moderación, una actitud firme de vigilancia constante, de resistencia -y respeto- a nuestro cuerpo y a nuestro "pathos" (el sufrimiento humano y normal de la persona, el desenfreno emocional). Promueve una actitud vital que por definición nos aleja de la locura, la desmesura y la barbarie (la otra forma del "pathos" griego).-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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4 julio 2019 4 04 /07 /julio /2019 16:26

Los filósofos clásicos griegos y latinos y toda la escuela helenística, desde Platón y Aristóteles hasta Pirrón, Epicuro, Séneca o Marco Aurelio (eso sin contar a los maestros chinos, Lao Tse o Confucio o los hindúes y sufíes), han proclamado casi unánimemente que el equilibro es el principal y complejo componente caracterológico del individuo que garantiza una visión realista y gratificante de la existencia, una competente colaboración entre la razón y las emociones y una capacidad empática de relacionarse con los demás. El hombre equilibrado es un "avis rara" en nuestra desquiciada época cuasi virtual. Se trata de un individuo capaz de controlar las emociones, justipreciar los sentimientos, apelar a la razón y el sentido común como herramientas vitales, mantener una jerarquía de valores dentro de la ética y lograr aplicarlo a sus semejantes al tiempo que a sí mismo.

Para lograr ese contrapeso ideal, el sujeto equilibrado (que no nace sino se hace)  ha logrado una comprensión de sus emociones y las gestiona con la razón. Para Aristóteles no es otra cosa el comportamiento sujeto  a la "areté" o virtud que nos lleva a la "aristós" o excelencia, objetivo del hombre equilibrado que se maneja en la vida aplicando el pensamiento crítico en los momentos oportunos. A años luz del comportamiento estándar del ciudadano actual. Este es un ser desequilibrado e indefenso entre la avalancha de problemas "externos" que el Sistema le plantea en forma de amenazas: el cambio climático, la crisis, la vulnerabilidad ante la invasiva técnica de las pantallas, desde el móvil a los ordenadores y la tele. Y los "internos" que emanan de una sociedad hiperactiva que cifra una felicidad impostada en el tener más que en el ser y lo adorna todo con clamores incesantes hacia la salud deportiva compulsiva, las exigencias laborales excesivas en un escenario de inseguridad, las promesas fatuas del supermercado espiritual, meditación, mindfulness, coaching, yoga. Todo ello forman unas nubes que ocultan la necesidad acuciante de mantener un pensamiento crítico que  cuestione tanta falacia, aplique el análisis a un modelo de vida claramente deficitario y sepa distinguir, modelar y compaginar las circunstancias de nuestra vida y el contexto en el que vivimos. Poner coto a los malos hábitos mentales, las falacias del éxito y la felicidad creados por la presión social y la contaminación de las ideas víricas que hoy, como nunca antes, nos bombardean desde todo tipo de pantallas.

Como dice el profesor Jose Carlos Ruiz, "la felicidad es un modo de ser, se cultiva poco a poco y se tiene que cuidar diariamente con una forma de pensamiento crítico activo y correcto. No se puede ser feliz sin un pensamiento adecuado, es lo único que nos protege de la ansiedad, la depresión, las frustraciones, el sufrimiento y el miedo. Y para pensar bien se deben combinar los dos elementos más operativos del ser humano, la razón y el sentimiento." Esa es la conclusión de Spinoza y la de los neurocientíficos como Antonio Damasio que ha revelado los correlatos cerebrales de esos asertos filosóficos.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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30 junio 2019 7 30 /06 /junio /2019 16:23

El noruego Edvard Moser recibió el premio Nobel de Fisiología por su participación en la localización del GPS biológico que los seres humanos tienen en la red neuronal de la corteza entorrinal del cerebro. Parece ser que todos nacemos con un complejo sistema de navegación (aunque las diferencias en su calidad depende, como es lógico suponer, del uso que hacemos de él y de otros factores como la salud cerebral, el entorno en que vivimos y el género de actividades a las que nos dedicamos. La entrevista que se publica en las páginas científicas de una revista incide en el poder de almacenamiento de información del cerebro humano (casi 100.000 millones de neuronas, cada una con 10.000 conexiones con otras). Tras mencionar la esencial ayuda que la Inteligencia Artificial (IA) ofrece en el análisis de datos y la facultad de aprendizaje automático (machine learning) de los ordenadores (aquí se desliza una frase que ya nos pone en guardia), Moser dice "a menudo más allá de nuestra comprensión".

El periodista no parece captar ninguna alarma y pregunta cómo debemos afrontar el vertiginoso desarrollo de la IA. Moser, responde: "La IA realiza muchas tareas, antes exclusivas de los humanos, de una forma más rápida y perfecta, como reconocimiento de rostros o objetos y creación y percepción del lenguaje". Y añade: "La pregunta que tenemos que hacernos...es si las máquinas conseguirán la inteligencia general que les permita ser capaces de tomar sus propias decisiones. Obviamente, esto plantea problemas éticos: debemos estudiar los límites y cómo establecerlos antes de que la IA tome las decisiones por nosotros"

Y aquí se plantea una curiosa disyuntiva: está claro que el estudio de los límites está en manos de los científicos. Pero el cómo establecerlos, y cuándo, está en manos de los políticos y de sus congéneres en la sombra, los líderes financieros (ambos a su vez dominan el brazo armado de las naciones, los militares). Como decía Graham Greene, el "factor humano" es la incógnita en cualquier ecuación política, económica, social o conflictual. Y ese es el factor más inestable, imprevisible y letal del planeta. ¿Schopenhauer, Nietzsche o Voltaire volverían los ojos esperanzados hacia la IA? Quizá un escenario distópico tipo Huxley, Wells o "Matrix" esté esperándonos en una cercana encrucijada global: cuando alguien decida permitir que la IA siga su marcha hacia el poder de decidir en lugar de los humanos. O al contrario, decida limitar ese poder a temas operativos. Aquí planteamos una cuestión de ética, pero también de supervivencia.- ALBERTO DIAZ RUEDA

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27 junio 2019 4 27 /06 /junio /2019 16:18

Stanley Milgran, fue un psicólogo experimental judío norteamericano que trabajaba como profesor ayudante en Harvard en los sesenta. Diseñó varios experimentos con participación pública que la dieron una enorme popularidad, aunque bastante ambivalente: eran tan denostado como admirado. Hubo quien lo calificó de inmoral y recibió críticas muy duras de sus colegas, pero uno acaba preguntándose si no les gustaba el psicólogo y sus métodos o lo que Milgran descubría con sus experimentos sobre los seres humanos "normales", el tópico e hipervalorado ciudadano medio de los Estados Unidos (pese a que sus descubrimientos eran extrapolables a cualquier nacionalidad). En 2015 se filmó una película ("Experimenter") dirigida por Michael Almereyda sobre el trabajo de Stanley, prematuramente fallecido en los 80 a causa de un infarto . 

El experimento más importante y "escandaloso" de Milgran analizaba un fenómeno humano: la obediencia ciega a una autoridad supuestamente legal, aunque las órdenes recibidas fueran cuestionables ética y humanamente para el sujeto. La inspiración de Milgran para diseñar ese experimento tiene un nombre: el jerarca nazi Eichmann y el juicio que Israel le hizo en 1961 tras secuestrarle en Argentina. Eichmann  no aceptó su culpabilidad en ningún momento, alegando que sólo obedecía órdenes y que era un simple contable cuyos números y géneros podían ser desde seres humanos para los hornos crematorios a personal para las fábricas del régimen de Hitler. No sentía desprecio u odio hacia los judíos. Para él eran simplemente números. Eichmann fue ahorcado.

Milgran pagó a personas de diferentes clases sociales, razas o religión para que se sometieran a las reglas de su "estudio". Se trataba de saber hasta qué punto una persona "normal" puede volverse un verdugo "por obedecer órdenes". Los resultados fueron abrumadores. Más de un 60 % llegaron a infligir un supuesto "daño mortal"  y sólo un 10% se negaron a cumplir la orden de aumentar el castigo. El resto, se detuvieron en diversos grados de castigo. Evidentemente, no se hizo daño a nadie ( el "castigado" era una persona del equipo de Milgran, a la que no veían los sujetos del experimento, pero sí oían sus gritos de dolor). El motivo de castigo (descargas eléctricas que aumentaban de grado tras cada respuesta errónea) era una hipótesis inventada: el aprendizaje y la memoria aumentaban cuando se infligía dolor al sujeto. 

Un porcentaje tan alto de honorables ciudadanos que no tenían claras las prioridades éticas podría ser rebasado con creces en el siglo XXI. Pensemos en esas generaciones de jóvenes acostumbrados a la barbarie violenta a través de video juegos y películas. En esos militares que envían desde sus pantallas drones armados a terminar con "enemigos" con tal contundencia explosiva que causan daños enormes y muertes a personas  a las que ven como elementos de un video juego. ¿Estaremos mutando y perdiendo la sensibilidad ética o sólo es la misma faceta bestial que ha mostrado el ser humano durante toda nuestra sangrienta historia? Quizá unicamente ha cambiado el modo, el entorno, el juego. Parece que los humanos tienen una mezcla de los genes de Hitler, Tamerlán, Atila o Stalin en su código genético de especie. Sólo hay que darle "motivos justificados" para despertar.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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