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17 mayo 2019 5 17 /05 /mayo /2019 09:11

Alguien dijo que ni las parejas ni los pueblos felices tienen historia. No estoy de acuerdo con el aserto, ni con los que consideran que la felicidad, el bienestar y la satisfacción de vivir no tienen nada que hacer ante las ansias de conocimiento, de explorar nuevas vías al saber, de investigar hasta el agotamiento, de los estudiosos y científicos fanatizados por logros casi imposibles. La exploración, la búsqueda de lo nuevo, de lo que uno cree que debería ser, suele ir precedido de una gran insatisfacción ante lo que es. La inquietud, la preocupación, la ansiedad, incluso la obcecación y el sacrificio, son elementos al parecer adscritos a los grandes pensadores y creadores, ya sean científicos, literatos o artistas. 

El neurocientífico Goldberg asegura estadísticamente que "los trastornos bipolares y los ataques de depresión son comunes en muchos de los grandes escritores, científicos y exploradores". Y otros psicólogos han estudiado la delgada línea roja que separa la genialidad de la locura para concluir que "el trastorno maníaco-depresivo es la 'llave del genio'. Y se cita como ejemplo a Van Gogh, Beethoven, Dickens, Byron, Larra, Lewis Carroll, Schuman, Miguel Ángel, Poe, Baudelaire, Newton, Wittgenstein, Stefan Zweig, Virginia Wolf, por un lado, Hitler, Stalin, Churchill, Mao, NIxon, por otro. Y la lista es mucho más larga... Por lo visto, la conclusión es que los "rasgos afectivos negativos", formas leves de depresión y trastorno bipolar correlacionan con la capacidad creativa...y evolucionan en consonancia con las circunstancias personales del "genio".

Francamente dudo que eso sea totalmente verdad. No niego que hay muchos "genios" que podrían formar parte de ese equipo de desquiciados. Pero habría que redefinir y acotar el contenido y la aplicación de la palabra "genio". Y no presuponer que "genio" significa "persona dotada de sabiduría". Los genios son especialistas en una determinada rama del saber tecnológico o artístico y no se les puede pedir igual capacidad en el resto de los saberes humanos. Son "genios" en tal o cual rama de la ciencia o las artes. Y aprendices de las demás, como todos los demás humanos "normales". En cuanto a las "manías" están repartidas muy equitativamente en la población, genios incluidos. Y puestos a la labor, también habría que redefinir la palabra "sabiduría", muy devaluada últimamente.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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16 mayo 2019 4 16 /05 /mayo /2019 07:17

Henry Hardy es el nombre del magnífico editor y experto e Isaiah Berlin que durante los últimos años ha reunido y editado la extensa obra no publicada del excepcional intelectual y ensayista histórico y político, fallecido en 1997.  "El sentido de la realidad" fue el elemento básico de una conferencia pronunciada en 1953 en un colegio universitario norteamericano. Los siguientes ocho trabajos publicados en este libro pertenecen a conferencias y encargos repartido por revistas, actos presenciales o televisados en Europa, Asia, Canadá y los EE.UU.

Los grandes temas que Berlin, con su sorprendente erudición y lucidez van desde la revolución romántica como una de las crisis fundamentales del pensamiento moderno, el marxismo y el socialismo en el marco de la industrialización y el desarrollo científico y tecnológico que llega a nuestros días. Defiende la importancia de la educación y la cultura y su básica necesidad adyacente de libertad de expresión. Muy en sintonía con la actualidad también, Berlin reflexiona sobre la filosofía y su papel capital en el desarrollo político, pues como asegura en el texto correspondiente:  «La filosofía es el arma más segura y profiláctica, pues toda su historia es una advertencia contra la creencia de que hay preguntas permanentes y soluciones finales».

Lo más impresionante del alcance las reflexiones de Berlin es que sus apuntes sobre temas como el nacionalismo, el racismo o el fanatismo religioso no sólo se han revelado muy pertinentes sino que podrían  ser utilizados en editoriales periodísticas de plena actualidad, ya que sus conjeturas y reflexiones se han revelado absolutamente reales y significativas en el día de hoy. Así su mirada del nacionalismo y los fanatismos "religiosos", esos "patológicos y narcisistas" complejos sociales público que se basan en una creencia absurda e irracional en la superioridad ilimitada de determinados nacionalismos y credos sobre otras sociedades aledañas (y por consiguiente el derecho "sagrado" a luchar por todos los medios lícitos o no, pacíficos pero casi siempre violentos, por lograr los propios objetivos, generalmente proyecciones irreales de una superioridad inexistente).

El lector hará bien en detenerse, por ejemplo, en "El compromiso artístico, un legado ruso" , pero dados los problemas políticos actuales en nuestro país, yo aconsejaría un detenido análisis de los dos últimos trabajos del libro: "Kant como un origen desconocido del nacionalismo" y "Tagore y la conciencia de nacionalidad".

 El primero parte de una premisa que parece muy alejada del "saludable internacionalismo, racional, liberal" del gran maestro de Königsberg, ya que incluso en sus formas moderadas el nacionalismo "brota del sentimiento más que de la razón": "el lenguaje utilizado para describirlo suele ser romántico o, en casos extremos, violento, irracional, agresivo; y especialmente en nuestro propio siglo (el XX, en el nuestro se ha corregido y aumentado) propenso a desembocar en la opresión cruel y destructiva y finalmente, en masacres espantosas". Nada parece más alejado, pues, del racionalismo sereno de Kant. Este defiende" la autonomía de una nación o sociedad, fines en sí mismas en sus formas socializadas (ideas que Kant lanzó originariamente sólo como teoría ética) se mezclaron con las doctrinas explosivas de Herder y Rousseau y formaron una masa crítica que a su debido tiempo conduciría a explosiones terribles." Kant no hubiera imaginado jamás que esas ideas se desarrollarían de forma patológica en el siglo XX y XXI. Para Kant el nacionalismo era "la conciencia de independencia de una nación en un estado patológico de inflamación: el resultado de heridas producidas por alguine o algo en los sentimientos naturales de una sociedad o por barreras artificiales impuestas a su desarrollo normal".

En el  ensayo siguiente y último, aprovechando la figura del poeta hindú R. Tagore y su defensa razonable pero serena del nacionalismo en la India (que no complacía ni a hindúes ni a británicos),  Berlin hace una definición razonable de éste: "brota de un sentido ultrajado y herido de dignidad humana, del deseo de reconocimiento...una de las mayores fuerzas que impulsan la historia humana". Y añade "Puede adquirir formas espantosas, pero no es en sí mismo un sentimiento artificial o repulsivo"

 

FICHA

«El sentido de la realidad». Isaiah Berlin.-Ensayo. Taurus, 2017. 400 páginas. 19,86 euros. Trad. Pedro Cifuentes. ISBN 9788430618569

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13 mayo 2019 1 13 /05 /mayo /2019 15:43

 

Bertrand Russell es uno de los grandes maestros filosóficos del siglo XX. Sus aportaciones a las matemáticas, el positivismo lógico y la divulgación filosófica son la joya de la corona de una vida que en sí misma es un ejemplo filosófico y humanístico. Controvertido, provocador, humilde y arrogante, inteligente, sensible y pertinaz, defendió sus opiniones y posturas con una enorme honestidad a un precio, a veces elevado (estuvo dos veces en prisión por sus posiciones públicas de crítica política).

Desde su atípica y genial "Historia de la Filosofía" a sus "Retratos de memoria" o su legendaria "Autobiografía" y su influyente "Principia Mathematica",  Bertrand Russell, matemático, filósofo, personaje público controvertido, pacifista, hombre de ideas claras y de actitudes impertinentes frente al poder, es para mí el paradigma del intelectual comprometido del siglo XX.

Russell fue un aristócrata con tendencias socialistas e igualitarias, sensible (casi se desmaya cuando en su juventud un compañero de estudios le recitó de improviso unos versos de Blake), inteligente pero no dogmático (cambió varias veces de parecer sobre diversos temas y  lo reconoció paladinamente), activo admirador de las mujeres y a la vez defensor de sus derechos y se relacionó con  la flor y nata de la inteligencia británica de finales del XIX y principios del XX: desde Keynes a Lytton Strachey, de Wittgenstein a Moore o Crompton Davies o el grupo de Bloomsbury. Liberal, laborista, pacifista a ultranza, antihegeliano, admirador de la Revolución rusa y tras visitar Rusia enemigo radical del comunismo, pasó algunos meses en la cárcel a raíz de la I Guerra y en los años 60. Dicen que sus libros ya no se venden y que es un intelectual activista de un modelo periclitado, arcaico y obsoleto.

¡Por Dios que me espanta tanta estupidez! En estos tiempos en que los intelectuales tratan de criticar lo político desde la barrera, cuando no aceptan sinecuras de este o aquél partido; que los mismos políticos forman una "vasta colonia parasitaria" (en palabras de Antonio Machado: ha llovido desde entonces, pero sigue siendo actual) en la que no florece ninguna cabeza realmente amueblada humanísticamente hablando; un tiempo en que la política ha dejado de ser el aristotélico arte de lo posible, para pasar a ser el arte de lo que beneficia a unos por encima de los demás, a un determinado partido o a un supuesto líder. Volvamos a leer a Russell o, mejor, aprendamos de la honestidad, la entereza y el valor que mostró ese nonagenario Lord hasta el último día de su vida, defendiendo causas nobles y humanas, a veces equivocadas, pero siempre dando la cara y dispuesto a rectificar si le demostraban que estaba cometiendo un error. Y, por cierto, para los que le califican de obsoleto: parece ser que el lenguaje simbólico en las matemáticas de Russell y Whitehead, fue el germen de los sistemas linguísticos de los ordenadores y también de Internet.

"Retratos de memoria y otros ensayos", editado en 1956 y traducido en España en 1976, seis años después de la muerte de Russell, con 98 años, es una recopilación de artículos con contenido muy variado, aunque abundan los autobiográficos, ya sean sobre la evolución de sus pensamientos personales, como la  remembranza de los amigos de juventud y de diversas acciones emprendidas por el activísimo filósofo. Y así disfrutamos de ciertas confesiones sobre sus tempranas elecciones de estudios como las matemáticas y la filosofía, así como reflexiones agudas y sugestivas sobre temas como el camino a la felicidad, su rechazo vehemente al comunismo a pesar de haber saludado la revolución bolchevique como un acto de libertad o  su lucha perenne para evitar la destrucción de la humanidad en una guerra con misiles nucleares o el pacifismo que tantos problemas le supuso en la II Guerra Mundial y contra la de Corea o Vietnam.

Todo ello servido con una prosa elegante aunque combativa, mucha ironía y un encanto superior debido a la humildad, la clase y el desenfado con el que trata tanto a las  grandes personalidades de su tiempo,  como a los grandes temas. Como dijo Stefan Kanfer: "La filosofía se ocupa de dos clases de temas: las cuestiones resolubles que son triviales, y las importantes que no tienen solución.” En sus retratos hay personajes a los que enaltece (Shaw, Wells), uno al que admira (Conrad), otro que la despierta cariño (Whitehead), alguno al que desprecia sin perderle el respeto (D. H. Lawrence) y uno por el que muestra una sarcástica indiferencia (Santayana). Pero, eso sí, justifica sus sentimientos con honestidad y sencillez, aceptando la posibilidad de estar en un error.

Agudamente habla del talento literario y espeta: “Un estilo carece de calidad si no es la expresión íntima y casi involuntaria de la personalidad de un escritor y, aun entonces, sólo tiene calidad, si la personalidad del escritor vale la pena de ser expresada.”, frase que se le podría aplicar, sin dudarlo.

De verdad, léanlo. Refrescará sus neuronas.

FICHA

RETRATOS DE MEMORIA Y OTROS ENSAYOS.- Bertrand Russell.-Trad. Manuel Suárez.- Alianza Editorial, 1976.- ISBN 8420616206.

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7 mayo 2019 2 07 /05 /mayo /2019 09:12

Bertrand Russell, el filósofo más marchoso del siglo XX, en sus "Retratos de memoria" habla de H.G. Wells, el "hombre con atributos" del pícaro y divertido David Lodge.  Nos habla de la sociedad de discusiones bautizadas como "Los Coeficientes" donde bastantes figuras intelectuales del momento alimentaban sus ganas de polémica inteligente. Russell no coincidí con la mayor parte de los asistentes, excepto con Wells, que compartían su rechazo al imperialismo británico y a la posibilidad de una guerra contra Alemania y de hecho de todas las guerras. Una relación más íntima y familiar se reveló como un fracaso a pesar de ser ambos partidarios del amor libre. Hace algunos  juicios severos sobre Wells, como "su valor reside más bien en la cantidad que en la calidad de lo que hace, aunque en algunas calidades roza la excelencia...y en que es un liberador del pensamiento y de la imaginación...aunque sea demasiado sensible a la opinión del público lector".

¿Coincide esto con la visión que nos ofrece David Lodge de Wells? En general, sí. Aunque nuestro autor incide especialmente en los aspectos amatorios y sexuales de Wells y en los encajes de bolillos éticos  y contradicciones personales que estuvo barajando durante toda su productiva vida, tan compleja y variada como su vida íntima. Murió a los 80 años y más o menos por esas fechas, un Wells ya envejecido y gruñón, Lodge nos introduce en su vida y a través de una hábil licencia literaria va recorriendo los pasadizos del pasado a través de una entrevista que se hace Wells a sí mismo en sus momentos de reflexión o de alelamiento, según quien los defina.  El autor de obras tan señeras como La guerra de los mundos, El hombre invisible o La máquina del tiempo, moriría el 13 de agosto de 1946 en Londres, respetado como autor de ficción futurista (entonces nadie la llamaba ciencia ficción) y novelas de muy sensible contenido social, sexual y moral, donde defendía posturas sociales y familiares que las dos guerras mundiales certificarían a su favor, aunque escandalizaron en su tiempo, como el amor libre y consensuado, en el que siempre se vio apoyado, en la teoría y en la práctica, por otro intelectual libidinoso, el citado Russell. En el aspecto político, Wells fue un izquierdista militante, formando parte de la Sociedad Fabiana, donde se preconizaba la aplicación de las ideas socialistas de una forma progresiva e incesante.

La figura que Lodge nos dibuja de Wells es ligeramente dramática, con un medido patetismo que no oculta la amargura del escritor por ver cómo se hacían realidad sus peores premoniciones sobre la barbarie de la guerra mundial y el desarrollo armamentístico de las grandes potencias. El escenario psicológico del personaje Wells es doblemente triste y lamentable, ya que Wells se siente olvidado y ha dejado de mantener sus más caras creencias: todo es fútil, cruel e innecesario. Y cuando Wells mira hacia dentro el balance tampoco es halagüeño: las mujeres han sido el norte y el sur de su vida, en la eterna búsqueda de su Alma-Sombra: Jane, Isabel von Arnim,  Amber Reeves, Rosamund, Rebecca West (H.G. es "un jaguar en la cama"), Moura y muchas otras…, todas fueron en su momento imprescindibles, tal vez la encarnación de su ideal, para luego deshacerse en el pasado como humo, a veces inspiradoras, a veces retorcidas, taimadas, astutas. De ahí el  juego ligeramente escabroso que Lodge hace del título: el hombre con atributos (una palabra polisémica que tiene una acepción claramente sexual:los atributos masculinos) que, inocentemente, pensé establecía una relación temática con la obra de Musil "El hombre sin atributos", una de las grandes obras del siglo XX y que se refiere a otro tipo de "atributos", ,la identidad, la libertad y la capacidad de dar un sentido a la propia vida.

A través de los calados en el complejo pasado íntimo, social y literario de Wells realizados por su "otro yo" es donde Lodge logra afinar su irónica pluma, permitiéndose reflexiones de una punzante inteligencia que alcanza detalles especialmente lúcidos en la forma en la que "su Wells" asume y justifica sus propias contradicciones en la relación entre sus supuestas creencias e ideologías y el aspecto de aplicación práctica, de coherencia, que son exigibles en un hombre de su talento.

Me he sentido más cómodo con la magnífica biografía novelada que Lodge escribió sobre Henry James, "¡El autor!¡el autor!", por cierto amigo de Wells y al mismo tiempo víctima paródiada en uno de sus libros. Cuando Wells se ponía sardónico podía ser muy cruel: definió a James "como un hipopótamo intentando recoger un guisante en un rincón de su estudio". Con Wells, Lodge no llega a ese tipo de burla imaginativa pero deja que los hechos biográficos hablen  por sí solos con un sentido algo sarcástico del realismo. El mismo Wells en su sesgada autobiografía definió la historia de sus relaciones sentimentales como "una historia de codicia, tonterías y grandes expectativas". 

 

 

FICHA

EL HOMBRE CON ATRIBUTOS.- David Lodge.- Trad. Mariano Peyrou.- Impedimenta.-593 págs. ISBN 9788417553029

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4 mayo 2019 6 04 /05 /mayo /2019 08:01

 

Los psicoanalistas suelen tratar ciertos casos clínicos cuyas sintomatologías siguen un modelo muy específico: se trata de la existencia de unos rasgos caracterológicos impostados, falsos, enquistados en la estructura general del sujeto. Son rasgos que responden a un supuesto “deber ser” que el paciente ha adquirido por imitación de los patrones reales, percibidos en otras personas y deseados profundamente. Son rasgos o propiedades que suelen ser en otros el fruto de esfuerzos, trabajos y dedicaciones que el sujeto estima que están por encima de sus propias capacidades. Es algo carencial que tiene que ver con el aprecio social a los títulos académicos o los logros de todo tipo que despiertan admiración general y los complejos más o menos severos de quienes los desean pero no creen poder acceder a ellos por incompetencia o pereza.

Tales individuos suelen rodearse de los “signos externos”, libros, música, arte, instrumentos, uniformes, de los estatus deseados, pero siempre arrastran un temor constante aunque oculto a ser “descubiertos”. Ese temor se traduce en un estrés permanente que puede llegar a formar parte de las actitudes o el comportamiento de la persona que lo mantiene en estado larvado o lo disfraza. Mientras no se rebasan ciertos límites (que varían en cada persona) la “superchería” no causa problemas graves. Si las circunstancias o el análisis lo sacan a la luz de la conciencia o, peor, son “descubiertos”,  se dispara la gravedad de las reacciones.

En general las tendencias a actuar desde  la presunción, la vanidad o las competencias infundadas, es un defecto bastante común y que casi todas las personas han utilizado en alguna ocasión, sin convertirlas en una forma de vida. Cuando comienza a convertirse en caso clínico o en patología de cierta gravedad es en el momento en que las circunstancias han convertido el “juego” en una realidad paralela o el sujeto mismo admite la falsedad en la que vive y no sabe encauzar ese conocimiento que, en el fondo, es saludable y es también la única salida.

Aquí es donde interviene el terapeuta que invita a la aceptación de la realidad y al mismo tiempo enfatiza los valores reales del sujeto que pueden transformar la supuesta carencia en un activo, simplemente cambiando el foco de los deseos íntimos del individuo y de sus inherentes valores. Ahí se produce la liberación de la persona.

La fácil creación de falsas identidades a través de los sistemas de interrelación de la Red, están convirtiendo el problema del que hablamos en una situación común y muy difundida. Un problema que empieza como un juego de roles y acaba enquistándose en una potencial patología. Es la falacia virtual.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

 

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3 mayo 2019 5 03 /05 /mayo /2019 08:24


La longevidad tiene en la mayoría de las ocasiones elementos inevitables de deterioro físico y por supuesto psíquico. Es evidente que la incidencia y gravedad de éstos depende de muchos factores y es prácticamente imprevisible, aunque lógicamente hay variables que constituyen factores determinantes, por ejemplo el tipo de vida saludable o no que la persona lleve (y también la que llevó predominantemente en el pasado), las actividades que siguen presentes en la vida de la persona de edad, las actitudes y comportamientos, todos ellos en los planos, físico, mental, psicológico e incluso espiritual. Añadiendo consideraciones económico-sociales y sanitarias que influyen muy directamente. Pero en casi todos los casos (también hay excepciones, Bertrand Russell, por ejemplo, conservó la lucidez y la inteligencia y capacidades físicas notables hasta su muerte, pasados los noventa) de personas longevas, siempre existe el peligro de la aparición no sólo de enfermedades tipo Alzehimer, Parkinson o alguna demencia senil sino, deterioros apreciables de memoria, concentración y dificultad de aprendizaje en el plano psíquico y cerebral y disfunciones motoras u orgánicas (también dependientes en parte del cerebro). Y es precisamente el cerebro y su continua ejercitación la premisa que subyace en el texto de Elkhonon Goldberg, un neurocientífico norteamericano de origen ruso y judío para más señas (lo cual suele ser garantía de inteligencia), antiguo discípulo del fundador de la neurología, Alexander Luria. 

Goldberg nos invita a un apasionante paseo por las distintas partes del cerebro y las unciones vitales y comunicativas que controlan, desde el habla y la memoria a la visión, los pensamientos y percepciones, el dolor, el placer, en suma, desde las actividades más triviales, mover los dedos de la mano o el brazo, caminar o dormir, hasta las más complejas, comprensión, estudio., simbolización, creatividad.

Dice Russell en un trabajo sobre "Cómo envejecer" que "los que tienen preocupaciones impersonales (es decir al servicio de otros intereses que no sean debidos al ego) intensas, que impliquen actividades apropiadas, les será más fácil conseguir una vejez afortunada...es decir despreocupada por el número de sus años y aun menos de la probable brevedad de su futuro". Y esto es lo que Goldberg reivindica constantemente:  si bien el envejecimiento produce una merma generalizada   y aparentemente irreversible en nuestras facultades, no afecta a todas nuestras habilidades y tampoco con la misma intensidad. Incluso nos pone ejemplos de personas con principios de enfermedades como Alzheimer o demencias que persistieron en sus actividades (nos habla de artistas o políticos conocidos).

Y la buena noticia es que hay algo que mejora con la edad: el reconocimiento de patrones en la resolución de problemas que nos lleva a saltarnos muchos pasos en esa actividad gracias a nuestra experiencia y capacidad de relacionar situaciones presentes con semejantes en el pasado y saber qué medidas eficaces tomar. Eso que es una de las características que asociamos con el hombre "sabio", su competencia y su habilidad relacional. Y eso, es resultado de la experiencia...y de la edad.

El mensaje de Goldberg insiste en un optimismo basado en sus propias investigaciones: algunas de nuestras capacidades se conservan intactas con la edad y es posible utilizarlas para frenar el envejecimiento cerebral ejercitándolas. El conocimiento y gestión de las emociones y la ejercitación incesante de la memoria son algunas de las fórmulas magistrales que el autor nos recomienda intensa y fundamentadamente. Por ello Goldberg titula su libro como "La paradoja de la sabiduría" ya que pretende demostrar que al contrario que lel resto de los órganos del cuerpo humano, el cerebro parece que mejora con la edad. O, para ser más exacto: el cerebro no funciona peor o mejor que en la juventud, funciona de manera diferente, aprovechando todo lo que ha prendido en su vida: y si estas ha sido muy activa y creativa, tanto mejor. Las conexiones sinápticas que se establecen de forma inusual y sorprendente, las ideas nuevas, los enfoques más eficaces de problemas viejos o actuales, suelen ser producto de cerebros maduros de personas de edad avanzada. De ahí que culturas tradicionales más sabias que la nuestra valoran la vejez de algunos de sus miembros, estableciendo consejos de ancianos o senados. Gente que logra transferir sus capacidades del hemisferio derecho (creatividad, exploración, novedades, relación con la juventud) sus capacidades al izquierdo (donde tiene acceso a los patrones bien desarrollados de un experto).

Goldberg dedica su libro "a mis compañeros 'baby boomers', la generación de los testarudos", es decir a todas las personas que entran en una etapa nueva en la vida, la de la "adolescencia de la madurez", en las que sus actividades carecen del gravamen de tenerse que ganar la vida (suelen ser personas ya jubiladas o mayores que pueden capitalizar su experiencia acumulada) y de una forma generosa y sin pretensiones económicas practican profesiones u oficios creativos sin pensar en el retiro o el "dolce far niente". Como dijo Einstein: "Cuando se deja de aprender, se empieza a morir".  La curiosidad permanente, inagotable, gozosa, es la condición básica de los "baby boomers".

FICHA

LA PARADOJA DE LA SABIDURÍA.-Elkhonon Goldberg.- Editorial Crítica, colección Drakontos de bolsillo, 328 páginas, Trad. Joan Lluís Riera ISBN: 9788484329473.

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2 mayo 2019 4 02 /05 /mayo /2019 09:50

Esa bendita suerte del "filobiblos", el amigo de los libros, que tantas delicias lectoras me ha ido deparando a lo largo de mi vida, ha vuelto a brindarme uno de sus relámpagos inesperados: el encuentro con "Elogio del caminar" de David Le Breton. Dos días más tarde sorprendo en la librería de Serret en Valderrobres el "Caminar", pequeño volumen del poeta y ensayista Thoreau, que edita el sello Árdora, "La montaña viva" de Nan Sepherd, de Errata Naturae y "El arte de pasear" de Karl Gottlob Sebelle, en Diaz&Pons editores. Una semana después aparece entre mis libros un título inesperado que no recordaba tener, "El arte de caminar", dos ensayos breves en un solo librito, uno debido a la pluma de William Hazlitt y otro a la del admirado Robert Louis Stevenson, editado por la Universidad de México. Cinco libros sobre una de mis aficiones más sólidas, el senderismo y justo cuando proyecto un libro sobre caminatas por el Matarraña. ¿Casualidad?¿Sincronicidad junguiana?.

Ático de los libros se une a este conjunto de coincidencias y me envía la "Guía para caminantes" de Tristan Gooley, el autor de la celebrada "Cómo leer el agua" de la que ya dimos cuenta en su día. A pesar de la frase que Gooley nos endilga ya de entrada "prefiero morir caminando que morir de aburrimiento leyendo libros sobre cómo andar de forma segura", lo cierto es que su libro "que trata de pistas y señales al aire libre y sobre el arte de predecir y deducir" nos enseña, precisamente, el arte de caminar sin morir en el intento y sin dejar de aprender cosas de la naturaleza y por tanto sin dejar ni un solo resquicio al aburrimiento, sin olvidar reglas clarísimas y reiterativas...de seguridad.

Gooley nos enseña a distinguir las clases de suelos, a apreciar los patrones, formas y lineas de los paisajes, a no confiar ciegamente en los mapas, a aplicar las técnicas sherlockianas de observación y atención, a rastrear y distinguir huellas, a escoger las rutas adecuadas,  a leer los límites de campos y caminos, a percibir lo que nos cuentan los árboles o las plantas, hongos o líquenes sobre vientos, humedad, orientación o animales. Unamos a esto los datos para conocer los tipos de nubes y lo que nos anuncian, los cielos, la meterorología, el arco iris, las nieblas y las tormentas. Datos esenciales para los caminantes: todo lo que concierne al tiempo que nos espera, incluso los consejos para evitar los rayos, (por ejemplo evita lugares altos y árboles aislados, aunque el roble atrae a rayos y el pino o el haya no). También nos enseña a leer las estrellas y orientarnos gracias a ellas o a usar el sol o la luna como brújula o reloj. No podía faltar una generosa porción de  datos sobre los animales que podemos encontrar en nuestro caminar, aves o mariposas, los cantos de los pájaros, los reclamos, los insectos, reptiles, mamíferos.

Además Gooley nos cuenta un apasionante viaje a Borneo en busca de la tribu de los dayak (más de 30 páginas fascinantes en dos partes). Consejos para conocer y patear ciudades, pueblos y aldeas, vías, carreteras y caminos, paseos urbanos, playas, ríos y lagos, nieve y arena: todo lo que es preciso saber para desenvolverse caminando por esos sitios. El libro se complementa con un capítulo "raro y extraordinario" (y no digo más, véase la pág. 362), un índice muy práctico "para dar tus primeros pasos" y cuatro apéndices, sobre cálculo de distancias, alturas y ángulos, sobre plantas, un calendario de meteoros y estrellas fugaces y un método para localizar el sur usando las estrellas o la luna. En suma, es un regalo de conocimientos para hacer más agradable y seguras las caminatas.

Gooley es un experimentado aventurero pero no es un escritor. Su prosa es pragmática y sencilla (lo cual no es lo mismo que simple). Aunque no es preciso ser escritor para comprobar que cuando uno se lanza a los caminos, el simple ejercicio de andar se convierte en una experiencia que, si uno está atento a sí mismo (y por tanto, se olvida del ego), provoca emociones, reflexiones, sensaciones, todas espoleadas por el paisaje, el silencio, la luz y el color, el sano ejercicio físico, el cansancio o el asombro y la belleza que la Naturaleza nos regala a manos llenas. La fascinación que provocan los libros de viajeros, montañeros y caminantes, no es otra que la posibilidad de revivir en uno mismo las emociones que a aquellas personas les causó su viajar.

Esos valores aumentan cuando el caminante es escritor o poeta.Es el caso de "La montaña viva"  de Nan Shepherd. Como Gooley, Nan logra que su obra se muestre totalmente integrada en el mundo natural, trasluciendo unos conocimientos profundos sobre la naturaleza. Pero además es una suerte de reflexión poética y filosófica sobre esas montañas escocesas de los Cairngorms.que ama y nos muestra desde dentro.Son doce capítulos en los que esta escritora --nacida en 1893 en una aldea del norte escocés y logró ser profesora de inglés en la Universidad durante más de 40 años-- nos hace una descripción íntima y .global, estética y naturalista, poética y literaria de la meseta y las hondonadas que la cicatrizan, los elementos que la vivifican, el agua, el viento, la nieve, la luz, los seres que la recorren, desde los insectos a las aves o los seres humanos. La sensación del lector es que Nan (Anna) es lo que describe tan apasionada pero también sencilla y humilde, rindiendo tributo a ese milagro natural como un simple elemento más del retablo maravilloso.

Las caminatas de Anna me recuerdan los paseos meditativos del zen que practiqué durante años en las montañas del Montseny, cerca de Barcelona. Un caminar que era conexión espiritual con el entorno, olvido de uno mismo, como  en S.Juan del Cruz, "entréme donde no supe,/y quedéme no sabiendo,/ toda ciencia trascendiendo/...grandes cosas entendí/ no diré lo que sentí/ que me quedé no sabiendo/ toda ciencia trascendiendo." Como dice el prologuista Robert McFarlane, hay una perspectiva taoísta o zen en las afirmaciones de Anna: "Las montañas tienen un interior...es en sí misma".

En cuanto al "Arte de pasear", se trata  de un clásico. El autor Karl Gottlob Schelle (nacido en 1777 y muerto, se supone, en 1825, falleció durante una escapada de un sanatorio mental) lo publicó en 1802. Era amigo de Kant y llegó a editar una obra pedagógica del gran pensador alemán. Defendió siempre una visión práctica y apegada a la vida cotidiana de la filosofía en contra de las tendencias metafísicas de la filosofía académica. Su "Arte de pasear" es una inteligente y optimista  visión de cómo el ejercicio físico de la caminata vigoriza el cuerpo y estimula el espíritu y el ánimo, logrando una cierta conexión con la Naturaleza que mejora nuestra existencia.

El libro ha sido editado  por Diaz&Pons bajo la dirección de Federico L. Silvestre que escribe una magnífica introducción al tema de las caminatas : "El mundo a tres kilómetros por hora" y al final un  "Recorridos y paseos de papel" donde la erudición del prologuista convierte el texto en un punto de referencia para todos los que nos interesamos por todo lo que se publica en relación al arte y la práctica y el amor y, a menudo, la obsesión física y psíquica por vivir una vida en la que nunca falta el capítulo andariego.

Las referencias librescas enriquecen el texto de Karl Gottlob Schelle que es, esencialmente, uno de los pioneros en el maridaje de la literatura con el afán y placer del andar. Como él mismo escribe en su introducción y dedicatoria al Príncipe reinante de Anhalt-Dessau, Leopold Friedrich Franz , "Un arte de pasear interesaría a todo individuo culto, capaz de valorar la posibilidad de deambular por la naturaleza en cuerpo y alma...igual que un arte de vivir debería ser objeto de aprecio para cualquier individuo en el sentido absoluto de la palabra, si es que valora la vida como algo más que un mero juego". Y añade, "En un arte de vivir  eficaz, donde fatiga y descanso, rigor y diversión, trabajo y placer se alternen entre sí en un orden eficaz, el paseo haría valer también su lugar".

Schelle es amigo de la mesura, de la medida correcta, del equilibrio y su libro se dedica a glosar, a veces de manera que parece banal y esconde una férrea humildad, no las subidas a las altas cumbres, o las exploraciones peligrosas o las carreras campestres, no a todo aquello que limite, fuerce o desvirtúe el placer psicosomático del paseo. No con la desidia artística del "flaneur" o con las exigencias intelectuales de Aristóteles, Goethe o Rousseau. Schell nos dice: se trata de elevar una mera actividad mecánica, andar, al rango de una actividad  espiritual. Son quince capítulos cortos donde, con un estilo  sencillo y unas ideas básicas pero bien estructuradas, Schell nos va dando explicaciones obvias , desde "Pasear no es un mero movimiento del cuerpo", a los "intereses del espíritu y condicionamientos del pasear", los lugares adecuados  (el campo o los jardines públicos), la influencia del paseo por el campo en el desarrollo del espíritu, las diferencias sustanciales con los paseos a caballo o en coche, cómo caminar por montañas y valles, campos, prados y bosques para que el paseo cumpla su rica función auto educativa, los fenómenos de la naturaleza, para terminar con "algunas consideraciones sobre los condicionamientos físicos del paseo".

Situando a nuestro autor en plena Ilustración se puede calibrar la originalidad de su propuesta y la importancia que el arte de caminar, que los paseos, ha tomado en una cultura que se ha despertado a la valoración de la naturaleza.  No hay tecnicismos de ningún tipo, ni veleidades literarias en Schell. Es sencillo como un campesino y profundo como un filósofo en sus análisis y propuestas que eran una novedad cuando las publicó y ahora son una nostálgica mirada histórica a una actividad que se ha convertido casi en un lugar común. Los peripatéticos y epicúreos, Horacio, Séneca, Petrarca, Montaigne, Schiller, Rousseau, Hegel, Baudelaire, Thoreau, Goethe, Holderlin, Nerval, Huysmann, Hazlit, De Quincey, Addison, Stevenson, Walser, Nietzsche, Kant, Wordsworth y entre los contemporáneos a Onfray, Leenhadt, Deleuze, Merleau-Ponty, Dewey, Frederic Gros, Walter Benjamin, Rebeca Sonit y su "Wanderlust", Perec, Julien Gracq y otros menos conocidos en nuestro país, forman parte de esa nómina prodigiosa que ha tomado el caminar como un elemento sugerente y sugestivo de orden intelectual, artístico y filosófico.

Un libro indispensable para todos los amantes de los senderos y los caminos naturales.

Y ahora una miscelánea sobre los otros autores citados: El libro de Le Breton, editado por Siruela  es un tratado filosófico, literario y poético del arte de andar por los caminos. No nos propone rutas, simplemente nos hace vivir un sendero fascinante de la mano de viajeros ilustres, filósofos peripatéticos y poetas iluminados por ese "caminar sin fin para no llegar a ninguna parte, para olvidar simplemente el paso del tiempo". Desde el poeta japonés Basho, tan implicado en el zen, hasta Stevenson, Baudelaire, Walter Benjamin, el gran explorador Richard Burton o nuestro Cabeza de Vaca, el célebre Bruce Chatwin, paradigma del viajero moderno o el ínclito Camilo José Cela, cuyo "Viaje a la Alcarria", seguí paso por paso caminando por los mismos lugares cuando cumplí los 18 años, Régis Debray, el director visionario de cine Werner Herzog, Patrick Leigh Fermor que recorrió toda Europa andando desde Holanda a Constantinopla, o terminar citando al mismísimo Rousseau y a Nietzsche o a Walt Whitman y Thoreau. El camino como reto personal, "el caminar es a menudo un rodeo para reencontrarse con uno mismo" y como ejercicio mental y sensitivo "una forma activa de meditación que requiere una sensorialidad plena" (pag.15) son dos de los muchos aspectos que Le Breton, profesor y antropólogo y, evidentemente, del gremio de los caminantes, refleja en un enriquecedor texto que más que leer, degustamos.

En el librito "Caminar" de Henry D. Thoreau, --lectura obligada para cuantos aman la naturaleza: su "Walden o la vida en los bosques" iluminó al mundo--, leemos: "Creo que no podría mantener la salud y el ánimo sin dedicar al menos cuatro horas diarias, y habitualmente más, a deambular por bosques, colinas y praderas, linbre por completo de toda atadura mundana".

En cuanto al autor de "La isla del tesoro" , Robert Louis Stevenson, sugiere que caminemos siempre que podamos en soledad ya que solo asi se puede "estar abierto a todas las impresiones y permitir que nuestros pensamientos adopten el color de lo que vemos; se debe ser como una flauta para cualquier viento". ¿Han leido ustedes antes una descripción tan bella del talante que un buen caminante debe adoptar cuando pasea por bosques y montañas? Cuando uno se aficiona al placer de caminar comprende la frase de Stevenson, "Parece como si una caminata a paso vivo nos purgara, mas que ninguna otra cosa, de toda mezquindad y orgullo". Thoreau propone una Orden de los Caminantes Andantes y una filosofía un poco radical: "Si te sientes dispuesto a abandonar padre y madre, esposa, hijo y amigos ...si has pagado tus deudas, hecho testamento, puesto en orden todos tus asuntos y eres un hombre libre; si es así, estás listo para una caminata". Tampoco hay que tomárselo así, pero bueno, da una idea de la pasión que puede envolver al andariego una vez que le encuentra el encanto a ese ejercicio que deviene, casi, una forma de vida. Que un filósofo como Rousseau escribiera "Nunca he pensado tanto, existido y vivido, ni he sido tan yo mismo, si se me permite la frase, como en los viajes que he hecho a pie". O como afirma Le Breton en su magnífico libro, "El sendero, el camino, son una memoria grabada en la tierra, el trazo en las nervaduras del suelo de los incontables caminantes que por alli han pasado a lo largo de los años, en una especie de solidaridad intergeneracional inscrita en el paisaje". Una forma bella de decir lo que todos o casi todos los montañeros hemos pensado al seguir un camino. 

Y ahora, Robert Walser, un escritor suizo de habla alemana nacido en 1878 y muerto en 1956, durante una escapada (literal) de un sanatorio psiquiátrico suizo en plena nevada, como Schelle, curiosamente. Fue amigo de Kafka y Musil (cuyos estilos comparten sólo una cosa con Walser, la continua autoreferencia directa o indirecta) Psicologicamente era una persona inestable y aquejado de periódicas depresiones. En "El Paseo", el libro de 1917 que hoy comentamos podemos ver su estilo directo, personalísimo y en decidida comunicación directa con el lector, al que le confiesa sus dudas, vacilaciones, encuentros y hallazgos o temores. Las confesiones y reflexiones del autor tienen cierta profundidad psicológica y literaria, a la vez que un descaro sin pizca de arrogancia. "Sin pasear estaría muerto" escribió el suizo en su libro, profética y paradójicamene. Walser fue un poeta y un filósofo nato, un hombre que respiraba a través de la reflexión. Sigue a los clásicos del "tempus capere" (aprovechar la ocasión). Un tiempo que hay que saber esperar tanto como no perder. Y es el tiempo que se hace camino. en el que coincido plenamente con el autor. Walser merece una lectura atenta. En cuanto al motivo central estrictamente, el pasear, el caminante,  atestiguo después de decenas de años de practicar esa forma de andar por senderos y montañas de toda España, que esa actividad es más que un deporte o una actividad saludable...es el reflejo activo de una forma de vida.

FICHAS

GUIA  PARA CAMINANTES.- Tristan Gooley.-Trad. Victor Ruíz Aldana.- 448 págs.- 19,90 euros.-Ed. Ático de los Libros. ISBN 9788417743055

EL ARTE DE PASEAR.- Karl Gottlob Schelle.- Trad. Isabel Hernández.-Ed. Díaz Pons.-182 págs. ISBN:9788494084492

LA MONTAÑA VIVA.-Nan Shepherd.- ERRATA NATURAE.-Traductor: Silvia Moreno Parrado, 19,50 euros.- ISBN: 978-84-16544-96-7

EL PASEO.- Robert Walser. TRad. y prólogo de Menchu Gutiérrez. Ed. Siruela,. 85 págs. ISBN 9788416964512

 ELOGIO DEL CAMINAR,.David Le Breton. Editorial Siruela.Traducción de Hugo Castignani.171 páginas.-   

CAMINAR.-H.D.Thoreau.-Ed. Ardora, 60 págs.- EL ARTE DE CAMINAR.-W. Hazlitt y R.L. Stevenson.-Ed. Univ.Auton. México. 54 págs.

 

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16 abril 2019 2 16 /04 /abril /2019 19:09

Excelente libro del profesor madrileño David Hernández de la Fuente, una monografía que se suma a los cientos que se han publicado sobre el dios griego amigo de los hombres, Dioniso, el dios de la alegría y el vino pero también de la locura salvaje de las ménades y los extravíos de la pasión, el dios de los "misterios", el que conoce y ampara los caminos que llevan al "despertar del alma"(virtud que comparte con los de Démeter, Eleusis o Perséfone), inspirador del teatro y la máscara. La abundancia de textos relativos a lo dionisíaco y de grandes autores que lo han estudiado y analizado hasta la saciedad, no resta mérito alguno a este estudio que nos presenta Ariel en su elegante y excelente forma acostumbrada. Casi cien páginas de referencias, notas y bibliografía hablan a las claras de la competencia, el rigor y la seriedad académica del trabajo de este joven autor que aún no llega al medio siglo y ya posee una envidiable hoja de ruta en publicaciones.

El papel de Dioniso y Ariadna en el proceso del despertar del alma lo aclara el autor en este párrafo de la página 197: "La metáfora de Ariadna como el camino  del alma es demasiado tentadora en elplano religioso y filosófico y es posible rastrear las fuentes planteadas, desde antes del siglo IV a.C., matices salvíficos en la pareja formada por Dioniso y Ariadna, que configura su leyenda como el mito por excelencia de la salvación del alma en la antigua Grecia y en su posteridad".

Aquí se trata la figura del dios"dos veces nacido", el mito y el símbolo literario y poético en consonancia y relación con la figura de Ariadna, la joven abandonada dormida por Teseo y "despertada" en Naxos por Dioniso que se casa con ella (aunque luego caería en los infiernos y sería rescatada y llevada al Elíseo por el dios), la traidora de su patria que por amor causó la muerte del Minotauro y el desvelamiento del misterio del Laberinto.

Dioniso está implícito en la divinidad platónica y epicúrea, en la figura cristiana de Jesús (es notable la capacidad de los antiguos cristianos para asimilar e integrar los símbolos religiosos y espirituales del mundo greco latino u oriental) y luego caería en el silencio y la oscuridad de los siglos medievales bajo el control feroz de la Iglesia, para renacer  a partir del siglo XVIII,  con Hölderlin, Nietzsche y otros. O resurgiendo literariamente junto a Ariadna,  en obras de Vargas Llosa, Julio Cortázar, Sender, Borges, Azpeitia y Espriu, ciñéndonos al mundo hispano.

Precisamente nuestro autor se basa en la figura de Ariadna para diseñar su ensayo y llama a las seis partes en las que divide el tratado en "despertares". Así comienza con el análisis del mito dionisíaco utilizando icónicamente el cuadro de Tiziano que refleja el encuentro de Dionisos con Aridna en Naxos. En el segundo será el tema de la Edad de Oro, la evocación utópica de Platón. La ópera de Monteverdi sobre Ariadna será el hilo conductor del tercero que se centrará en el mito de la joven y su curso de muerte y resurrección. El cuarto nos habla de la cristianización del dios, a partir de un poema de Holderlin. La recepción del mito en la modernidad y el hilo de Ariadna de Espriu, sirven de estímulo al análisis de lo dionisíaco hoy y de la figura de la mujer bajo esa influencia en los años sesenta del pasado siglo, seá el quinto "despertar". Por último, Strauss y su "Ariadne auf Naxos" permite a De la Fuente "presentar un panorama de las interpretaciones de Dioniso que lo han convertdio en pieza esencial en la historia del pensamiento, especialmente desde el fin de siglo XIX cuando con Nietzche, Harrison, Evans y otros se cambia la noción de la antigua religión griega" (pág 23).

Fue precisamente Nietzsche el que en  1872 con su "Nacimiento de la tragedia" causaría el interés de estudiosos como Frazer, Otto, Burket y Vernant sobre el hombre dionisíaco como réplica al apolíneo del pensador alemán. A partir de ahí nuestro autor rastrea a través del análisis de los signos, mitos, símbolos, obras de arte, la presencia de de pareja divina que se refleja en Cristo-Virgen María y la huella que ambos han dejado en la poesía y la filosofía alemana del siglo XIX.

Un libro pues que interesará a todos los que sientan curiosidad por rastrear la influencia de los mitos y símbolos de la antigüedad griega en la cultura actual, manteniendo una vigencia "subterránea" permanente en las costumbres, motivaciones, actitudes y comportamientos de las personas, tal como diría Jung, pues en el fondo somos los mismos y eso es la ventaja evolutiva de la especie. Y es que nuestra vida se sigue sustentando en la influencia inconsciente del dios del hedonismo, la sexualidad y la confusión, de la búsqueda de lo espiritual como camino de mejora personal y de excelencia en el caos de la nueva sociedad tecnológica e individualista.

FICHA

EL DESPERTAR DEL ALMA.-Dioniso y Ariadna:mito y misterio.- David Hernández de la Fuente.- Ed Ariel.-453 págs.- 23,90 euros.-ISBN 9788434425835

 

 

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5 abril 2019 5 05 /04 /abril /2019 09:32

"El deseo es la esencia del hombre". Eso escribió Spinoza. Y con ello no logró gran cosa, porque en el siglo XVII, un judío rechazado por su Comunidad, perseguido y anatematizado, en una sociedad cristiana fanatizada, no podía tener ninguna relevancia. Cuatro siglos más tarde, Spinoza es una de las grandes figuras emblemáticas de la Filosofía de todos los tiempos. Y sus trabajos sobre las pasiones y emociones, sobre la felicidad del ser humano y sobre la trascendencia del cambio preciso para una vida mejor y auténtica, forman parte de núcleo duro de la excelencia a la que debería aspirar el género humano. Spinoza llamaba "conatus" a ese esfuerzo que hacemos para perseverar y crecer dentro de nuestro propio ser. El deseo es el motor, ya que sin deseo se apaga la llama de la vida. Hemos crecido bajo doctrinas e ideas que penalizaban el deseo como algo impuro, una carencia (según Platón), un afecto indiferente (según los estoicos) un pecado (según el ascetismo cristiano). Por cierto, ¿saben que en hebreo la palabra pecado significa "rumbo equivocado" y por tanto corregible? Así lo entendía Jesús... pero el cristianismo lo convierte en algo culpabilizador, condenable.

Spinoza entiende el deseo como algo que no es peligroso en sí mismo, sino  necesario para la vida. Pero hay que orientarlo y conducirlo hacia lo que nos puede alimentar la existencia y evitar que se convierta en pasiones inalcanzables. Suprimir o limitar el deseo en nombre de un ideal perfecto de persona, en una moral sobrehumana del deber, conduce a la tristeza. Hay que dirigir el deseo, orientarlo mediante la razón y la comprensión hacia personas o cosas que hagan crecer nuestra potencia, nos enriquezcan, nos llenen de alegría de vivir. Spinoza nos recuerda que la mayor parte de las grandes corrientes filosóficas de la antigüedad (Aristóteles, Epicuro, Pirrón, Séneca) advierten que hay que guiar al deseo mediante la razón y la voluntad, ya que estas dos por sí solas no pueden hacernos cambiar, necesitan necesariamente al deseo. Y nos dice, "un sentimiento solo puede ser contrariado o suprimido por otro sentimiento más fuerte". Y como diría un psicoanalista actual, Spinoza (nacido en 1632 y fallecido con 44 años), nos advierte que el odio, el amor contrariado, los temores no los hace desaparecer la razón o la lógica, sino la búsqueda a través de esas dos funciones mentales de una satisfacción personal, una amistad entrañable, un objetivo noble, una distracción intensa, un sentimiento más fuerte en suma que el que nos hacía daño; un afecto positivo que nos libere de la dependencia negativa.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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2 abril 2019 2 02 /04 /abril /2019 08:56

A veces uno lee casualmente un libro que nos atrae por su título, su estilo o su autor. O las tres cosas juntas. Eso me ha pasado con "La paradoja de la sabiduría" y su autor, el neurocientífico Elkhonon Goldberg, de la Universidad de Nueva York, cuya ironía judía y una ruda franqueza de origen ruso aplicados a un discurso sobre el cerebro, la mente  y las actividades increíbles de las neuronas, ha suscitado en mí  una curiosidad considerable. ¿Se puede explicar el fenómeno de la sabiduría a través de principios neurológicos y biológicos? La ilación tradicional entre la edad y la sabiduría no es un capricho cultural. Los neurólogos comienzan a defender que el envejecimiento de la mente no sólo tiene pérdidas mentales relacionadas con la mayor o menor neuroerosión, aseguran que en algunos casos la vejez conlleva un aumento de la competencia y de la pericia que pueden convivir con la pérdida de memoria o la capacidad sostenida de concentración. ¿Cuáles son esas ventajas que aumentan con la edad (repito: en algunas personas y siempre pertenecientes a un tipo determinado: sujetos de larga experiencia cognitiva, curiosos, sanos y de una permanente actividad mental)? Se trata de todo lo relacionado con la resolución de problemas, en un sentido muy amplio del término, que toma la forma operativa de reconocimiento de patrones (capacidad de la mente para reconocer en un objeto o problema nuevos un elemento de una clase ya familiar de objetos o problemas). La toma de decisiones se apoya en moldes cognitivos que han sido forjados por décadas de trabajo intelectual, reflexión y estudio. Los neurocientíficos llaman "atractores" a esos moldes cognitivos: se trata de una constelación de neuronas ligadas por fuertes conexiones. Múltiples y diversas  impresiones sensoriales activan un mismo atractor que codifica de manera automática y con gran simpleza y sencillez el patrón. Esta pericia de comprensión y actuación en personas de edad avanzada (de las que la historia da múltiples ejemplos en toda la gama de las actividades humanas) tiene la habilidad de resistir a los efectos del deterioro neurológico. La sabiduría, un bien que nadie inteligente cree poseer, es un punto clave de la excelencia. Goldberg apunta que tiene que ver con "la capacidad de conectar lo viejo con lo nuevo, de aplicar la experiencia previa a la solución de problemas nuevos". Los sabios son percibidos por otros como "sujetos  dotados de una habilidad única para encarar un problema o situación y resolverlo". 

A mis moldes cognitivos, relacionados con la filosofía y la psicología durante casi toda mi vida, les cuesta aceptar la visión de la sabiduría que nos proponen los neurocientíficos. Intuitivamente no me quedo satisfecho. Creo que podría ser todo eso...y algo más. Seguiremos con el tema.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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