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4 diciembre 2020 5 04 /12 /diciembre /2020 10:33

 

Hemingway no es un genio, es un buen novelista, lleno de brío y de una cierta poesía de lo épico y lo masculino. Sus novelas son de estilo directo, sencillo, nada intelectual o complejo. Adjetivaba poco, escribía unos diálogos con fuerza, contundentes, como los golpes y las fintas de un boxeador. Su ironía es descarada y no hay demasiado ingenio ni brillantez en su estilo, pero si una dinámica y salvaje humanidad, una plétora de emociones y sentimientos. Es una especie de Henry Miller sin las pretensiones intelectuales de éste, con una sincera pasión por la vida, el amor -no llega a la altura de Miller cuando más que de amor escribe de sexo- la bebida, la caza, el boxeo, el trabajo duro y la escritura como un continuo rito masculino de dominación y sumisión alternadas. Era una bestia literaria en el mejor sentido.

El libro que recomiendo nos ayuda a entender el mundo y la persona de Hemingway. Su fascinación por el mito del eterno masculino y la eficaz y sorprendente magnificación de su ego para componer una mixtura literario-popular-psicológica en la que se mezcla la vida real con los mitos que él mismo alimentó sobre su persona, su historia y sus libros. Su vida más oculta y tergiversada o manipulada, junto a la real, forman un conjunto que compondría por sí mismo una apasionante novela de una complejidad psiconeurótica extraordinaria. Pero no es alimento de terapeutas, es demasiado primario en el buen sentido de la palabra o quizá era un inocente salvaje, un personaje de Fitzgerald o incluso de Pérez Reverte (todavía me pregunto por qué mi viejo conocido no se ha sumergido en este escritor con una biografía novelada).

Les guste o no Hemingway (es un escritor que levanta pasiones opuestas con  gran facilidad)  lo cierto es que el libro  de su amigo en Italia (durante la I Guerra Mundial) Henry S. Villard y el ensayista James Nagel, es francamente indispensable para hacerse uno una idea más exacta de la personalidad de Hemingway y de las luces y sombras, exageraciones e hipérboles que la fantasía y la contradictoria vanidad del escritor (que podía convertirse en una humildad franciscana y una generosidad sin límites con quienes se acercaban a él) había tejido para su, digamos, "historia oficial" y la del "gran escritor norteamericano del siglo XX". Desde sus amores con la enfermera Agnes von Kurowsky (mayor que él, que sólo contaba con 19 años cuando marchó como voluntario de la Cruz Roja a las trincheras italianas frente a los alemanes del Káiser) hasta sus famosas y exageradas heridas de metralla de granada o de ametralladora, o el cariz de sus relaciones amorosas totalmente elevadas al romanticismo más juvenil posible y sus sueños de llegar a ser un gran periodista (no parecía a esa edad que se planteara ser escritor). Más adelante sus experiencias bélico-amorosas-aventureras en Italia le darían material para varios de sus primeros relatos cortos y, sobre todo, para su celebérrima "Adiós a las armas". La lectura de las memorias de Henry Villard en las que describe su vida en plena guerra como conductor de ambulancias (Hemingway no fue conductor como asegura en su novela, sino cantinero de primera linea) y su amistad con el escritor, el diario de Agnes y sus cartas a Hemingway, (incluida una decisiva y perdida hasta los años noventa en la que rompía su relación con el futuro Nobel), las pocas cartas de éste que se han conservado de la misma época y un excelente ensayo de Nagel de unas 100 páginas sobre las investigaciones y documentación relacionadas con la estancia del escritor en Italia durante la I Gran Guerra, integran este volumen esclarecedor. Sugiero al lector interesado que lo complemente  con el breve y excelente libro de la periodista de New Yorker, Lillian Ross, "Retrato de Hemingway", para redondear la información que se desee tener sobre la vida y obra de ese escritor y de su compleja personalidad. Les aseguro que vale la pena. Sin duda es uno de los más brillantes retratos del escritor, realizado por una maestra del periodismo de la entrevista y los perfiles biográficos. Tiene un estilo fascinante, agudo y de una rara profundidad psicológica. Describe dos días vividos en Nueva York con Hemingway y su esposa Mary. Fue un "retrato" que causó mucha polémica, más debido a la personalidad compleja del escritor que a las descripciones absolutamente fieles y discretas de Ross. Su amistad con el escritor duró hasta la muerte de este (es una de las pocas comentaristas de la vida de este autor que considera que su muerte no fue un suicidio sino un accidente: muestra de su fidelidad). Me gustó la frase que dedica el estilo literario de Hemingway: "En su escritura descubrí la sencillez, y la claridad, y la belleza de la prosa desnuda. Leyendo sus novelas aprendí a escribir basándome en los hechos".

Por cierto, aviso a los cinéfilos: en los 90, el magnífico director británico Richard Attenborough dirigió una película, "En el amor y en la guerra", con Chris O´Donell en el papel de un descafeinado Hemingway y Sandra Bullock dándole una buena réplica como Agnes.

FICHAS

HEMINGWAY EN EL AMOR Y EN LA GUERRA.- Henry S.Villard y James Nagel.-Trad. Antonia Menini.- Ediciones B.-420 págs.

RETRATO DE HEMINGWAY.. Lillian Ross.- Trad. Jesús Pardo.-Muchnik Editores. 94 págs.

 

 

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