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17 enero 2021 7 17 /01 /enero /2021 12:11

LOS DOMINIOS DEL “MAGO DE OZ”

(Publicado en Heraldo 120121)

 

Ante las  tibias reacciones de algunos Gobiernos, entre otros el nuestro, dando palos de ciegos durante la situación global que estamos viviendo, recordé una lúcida cita del malogrado Mark Fisher (1968-2017) , el politólogo británico radical: “Estas son administraciones que se encuentran al final de algo –no al comienzo-, carente de ideas y de energía, cruzando los dedos y esperando que, por medio de un milagro, el viejo mundo pueda ser traído de regreso a la vida antes de que alguien se dé cuenta de que ya ha colapsado”. El “milagro” podría ser para algunos el recurso al sable, al “milites gloriosum” que lo resuelve todo a mandoblazos y luego lo enfunda para dejar el poder al que siempre lo ha tenido.

Fisher se refiere a Gobiernos que afrontan situaciones para las que no estaban preparados (como las crisis financieras y económicas desde 2008) aunque sus palabras tienen un triste reflejo especular en las crisis que padecemos, indirectamente producidas por la pandemia, pero que al mismo tiempo también son brotes agravados de situaciones anteriores a marzo de 2020.

En ese contexto problemático el ruido de sables es irrelevante, una muestra más de la obcecación de un determinado tipo de personas. No es probable que en nuestra época sea algo más que ruido (así lo espero). Las bravatas bélicas son retóricas y están amañadas y bien sujetas. En esta época el recurso bélico se usa en momentos y lugares donde el daño es limitado y  localizado.

El Sistema político, económico y social de los países occidentales y algunos asiáticos, tiene en el fondo, más que en las formas, una semejanza curiosa que es perceptible al margen de ideologías o partidos, residuos inoperantes y corruptos del pasado. La metáfora literaria, “la tierra de Oz”, podría englobar a todos esas naciones. ¿Cómo se podía, sin cambiar la estructura oculta del sistema, mantener a la población sumisa y convencida de su viabilidad? Las normas aplicables, muy parecidas en general,  no pueden ser coercitivas, sino voluntariamente aceptadas, si acaso, como mal menor. Y todo ello a  pesar de los errores gravísimos y abusos que causa la producción imparable, la codicia de beneficios cada vez más altos  y el consumo sin freno.

En  un trabajo sobre el desmembramiento de las izquierdas, Fisher hablaba de la estrategia que se seguía en su momento (2009) para atacar a la vieja y sólida izquierda británica y convertirla en algo más digerible y dirigible. Es la que, descontextualizada, me permito usar para mostrar el tipo de manipulación de los ciudadanos sometidos al Poder de Oz. La primera es: “individualiza y privatiza todo”. No critiques la estructura, pongamos el foco en los individuos, sus actitudes y comportamientos, necesidades artificiales y deseo incesante por tener más y más de todo. Privatiza sus hospitales y sus escuelas, sus empresas eléctricas, de agua o de gas, sus residencias de ancianos…

Seguía con “haz que la reflexión y la acción parezcan difíciles, absurdas e innecesarias”. Todo se admite sin digerir, sin cuestionar y con un sesgo de impotencia y agresividad hacia los que detentan aparentemente el poder, dejando a los “poderes ocultos”  poco más que como una leyenda urbana o una falacia para uso de “bloguers” combativos. Continuaba con una norma para la clase dirigente: “propagad tanto complejo de culpa como podáis”. Así nadie cuestiona la insinuación muy difundida de que la culpa de todo la tienen ciertos individuos, gran cantidad de sujetos que no respetan las reglas de clase, de salud, de propiedad. Los  que sí  lo hacen también se sienten culpables por consentir que aquéllos existan o quizá por no haberse atrevido a unirse a ellos.

Sigamos con la metáfora: ese territorio no material pero perceptible,  está regido por “trusts” internacionales, las grandes multinacionales, en suma, “moneylandia”. Para su beneficio y supervivencia conviene mantener a las víctimas seducidas –el resto de la población, platónicamente dividida en distintos tipos de servidores-  en un estado pasivo o periódicamente activo, según las necesidades y circunstancias. Todo incurso en un proceso que persigue crear necesidades, producir para satisfacer algunas o mantener el deseo de consumo irreflexivo, un embridado descontento social  y unas desigualdades tradicionales e insalvables. Y vuelta a empezar.

Ese sistema produce, según Fisher, “la sensación generalizada de que el capitalismo no sólo es el único sistema político y económico viable, sino que ahora es imposible, incluso, imaginar una alternativa coherente”. Y añade, citando a otro autor, que estamos en una situación en la cual resulta “más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”. En estos momentos, diez años después de publicar esas líneas, la situación ha llegado a su “climax”, la pandemia ha mostrado al ilusionista farsante detrás de la cortina del poder, como en el “El mago de Oz”. El capitalismo es un envenenado juego de espejos, pero aún así el territorio internacional de Oz  se extiende y  está estructuralmente intacto. La pandemia ha cribado el exceso de población, ha dañado un tejido empresarial pequeño y mediano, pero los pilares del sistema se mantienen aún más ricos y poderosos.

El mensaje subliminal y  hegemónico emana de Oz y condiciona nuestras vidas, afecta a la cultura, al trabajo, a la educación, a las necesidades básicas. Al mismo tiempo crea una burbuja en la cual el pensamiento queda encapsulado y la acción, reprimida o dirigida para su fatal inefectividad. Quemar recipientes de basura o afrontar a policías armados con escudos, cascos y gases lacrimógenos, las denuncias de los medios “rebeldes”, tradicionales o en la Red,  no arañan siquiera la coraza del sistema. Es puro folklore. El “mago” oculto tras el telón sabe que nada de eso afecta al sistema, porque las críticas y las exigencias no están enfocadas hacia la base del poder -él-, sino hacia sus efectos teatrales externos, siempre imputables a otras causas. Es como combatir los efectos del virus sin atacar y remediar al mismo tiempo las circunstancias que causan su nacimiento y expansión. Así se luchaba contra la peste en el Medievo, rezos y aislamientos, pero sin mejorar las condiciones en las que vivía la población explotada, aceptadas como inevitables. Y seguimos actuando así.-

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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