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16 febrero 2021 2 16 /02 /febrero /2021 10:26

(Publicado en La Comarca 160221)

Por razones familiares, desde mi infancia me he sentido conmovido por la condición fronteriza y la existencia “líquida”, casi “flotante”, del exiliado. Un exiliado es la versión política y cultural del inmigrante, arquetipo de la necesidad y el desarraigo por motivos de supervivencia. En ambos coincide en mayor o menor grado el elemento básico de lo inevitablemente necesario para vivir y el de la demanda permanente de identidad. En un mundo progresivamente poroso (y responsable, por causar la coerción que obliga a la persona al abandono de lo propio) los exiliados, y sus hermanos los inmigrantes, articulan una realidad que es un desafío ético, económico, político y social.

Leo “Una poética del exilio”, el brillante ensayo que la doctora en filosofía, Olga Amaris, dedica a los paralelismos vitales y conceptuales entre dos exiliadas históricas, Hannah Arendt y nuestra María Zambrano (Ed. Herder). El libro propone con su análisis de lo precario y las exigencias que definen el exilio, un motivo obligatorio de reflexión.

La enorme actualidad de la casuística del exilio y la inmigración en nuestros tiempos, están creando una necesidad filosófica y política, económica y social, que no deberíamos banalizar o convertir en simples campañas de buenas intenciones. Es un problema serio, candente y progresivo, que debe ser atendido de una forma inmediata y vinculante, no sólo por el Estado y las instituciones sino en el sentido moral de cada persona. Esta es una tarea que nos concierne a todos, puesto que es un problema tan global como la pandemia y deberíamos prepararnos para afrontarlo de una manera más eficaz y consciente y sobre todo solidaria de la que hemos usado en la lucha contra el virus.

Las invasiones de población desarraigada que rompe fronteras en busca de su simple supervivencia, no es un fenómeno aislado a unos pocos países: concierne a toda la humanidad. Y si ignoramos esto, pagaremos el mismo precio terrible que le cuesta la Covid  al mundo, por la falta de solidaridad y colaboración entre los países y una acción común.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

LOGOI 188

EXILIO

Por razones familiares, desde mi infancia me he sentido conmovido por la condición fronteriza y la existencia “líquida”, casi “flotante”, del exiliado. Un exiliado es la versión política y cultural del inmigrante, arquetipo de la necesidad y el desarraigo por motivos de supervivencia. En ambos coincide en mayor o menor grado el elemento básico de lo inevitablemente necesario para vivir y el de la demanda permanente de identidad. En un mundo progresivamente poroso (y responsable, por causar la coerción que obliga a la persona al abandono de lo propio) los exiliados, y sus hermanos los inmigrantes, articulan una realidad que es un desafío ético, económico, político y social.

Leo “Una poética del exilio”, el brillante ensayo que la doctora en filosofía, Olga Amaris, dedica a los paralelismos vitales y conceptuales entre dos exiliadas históricas, Hannah Arendt y nuestra María Zambrano (Ed. Herder). El libro propone con su análisis de lo precario y las exigencias que definen el exilio, un motivo obligatorio de reflexión.

La enorme actualidad de la casuística del exilio y la inmigración en nuestros tiempos, están creando una necesidad filosófica y política, económica y social, que no deberíamos banalizar o convertir en simples campañas de buenas intenciones. Es un problema serio, candente y progresivo, que debe ser atendido de una forma inmediata y vinculante, no sólo por el Estado y las instituciones sino en el sentido moral de cada persona. Esta es una tarea que nos concierne a todos, puesto que es un problema tan global como la pandemia y deberíamos prepararnos para afrontarlo de una manera más eficaz y consciente y sobre todo solidaria de la que hemos usado en la lucha contra el virus.

Las invasiones de población desarraigada que rompe fronteras en busca de su simple supervivencia, no es un fenómeno aislado a unos pocos países: concierne a toda la humanidad. Y si ignoramos esto, pagaremos el mismo precio terrible que le cuesta la Covid  al mundo, por la falta de solidaridad y colaboración entre los países y una acción común.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
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