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12 junio 2021 6 12 /06 /junio /2021 12:16

LA CONEXIÓN SÁHARA-CEUTA

(artículo publicado en La Comarca 110621)

A finales de los 50, mi padre estaba destinado en Marruecos. Yo era un niño de once años que viví la declaración de independencia marroquí, la entronización de Mohamed V  y algunos momentos de tensión  popular sin consecuencias graves. Unos años después comenzó la repatriación voluntaria de la mayoría de los españoles. Volví repetidamente a tierras marroquíes como enviado especial del periódico para el que trabajaba. Eran los años setenta y fui testigo de la osada maniobra política y militar que el Gobierno marroquí preparaba y puso en marcha con el apoyo logístico de Estados Unidos. Se trataba de la “Marcha Verde”, una disciplinada columna  de  300.000 ciudadanos marroquíes, trufados de policías y militares vestidos de paisano, que entró en el territorio del Sahara español violando la frontera y desafiando, (gracias a ir todos –ancianos, mujeres, niños, adolescentes, hombres- supuestamente desarmados) al ejército español desplegado en la zona. Hassan II, el rey de Marruecos, aprovechaba el momento adecuado: el vacío de poder creado por la enfermedad terminal de Franco.

Las presiones internacionales y de la ONU, provocaron el vergonzante abandono del Sahara por las tropas españolas el 27 de febrero de 1976,  (a pesar de las promesas de apoyo y protección que les habían dado a los saharauis los más altos representantes de nuestro Gobierno). Así allanó el camino a la dominación militar marroquí del territorio, cuyas riquezas ambicionaban todos los actores directos o indirectos del drama desde Hassan II, a otros países de Europa y  a Estados Unidos. La razón del apoyo al régimen de la monarquía alauita era su islamismo moderado y dialogante y su amistoso afán por atraer inversores poderosos.

La guerra de guerrillas del Sahara –primero contra los españoles en los 50 y 60  y después contra los marroquíes- se cronificó tras la construcción del vigiladísimo muro marroquí y siguió en estado latente y esporádico pero vivo, durante decenios.

Años más tarde volví al Sahara ex español, junto a otros periodistas, invitados por Rabat para comprobar la “triunfante marroquización” del Sáhara. No se nos permitió adentrarnos en el país y se nos mantuvo en la capital, El Aaiún (adaptación fonética al español del nombre árabe de la zona que significa “lugar de manantiales y fuentes”), amable y férreamente vigilados.  Se nos ofreció una entrevista con varios jefes tribales saharauis que habían cambiado el carnet de Senadores españoles franquistas por la nueva tarjeta de identidad marroquí. Fue un acto cínico que nos avergonzó. Nuestra protesta fue no publicar ni una línea del acto. Los intentos por conectar con saharauis “de verdad”  o con simpatizantes del Frente Polisario,  fueron inútiles. La mayoría de la población era marroquí, de otras partes del reino, que habían sido “convencidos” para asentarse en el territorio, bajo control militar.

Unos dos meses después, el Polisario me invitó a viajar a Tinduf (Argelia) para conocer las condiciones en las que vivían los saharauis de los campamentos en territorio argelino. Conocí la precariedad de inmensos barrios de tiendas de campaña, la escasez de agua y alimentos, el reguero de ayudas de ONG’s internacionales (varias españolas) que apenas mitigaban las necesidades básicas de una población en crecimiento constante. En el plano militar, el hostigamiento intermitente entre los guerrilleros del Polisario y la máquina militar marroquí bien pertrechada que vigilaba el inmenso muro defensivo.

Por todo lo anterior se comprende esa “segunda marcha” de marroquíes que asaltaron la frontera española en Ceuta, con el apoyo y la tolerancia de su propia policía. Así mostraba Rabat su indignación por la hospitalización del líder del Polisario en España, maniobra humanitaria pero no adecuada, ni política, ni diplomáticamente. Para el rey marroquí la penosa maniobra de Trump de “reconocer” los derechos de Marruecos sobre el Sahara, era suficiente razón para no admitir un gesto como el de España. Aunque Trump ya no está, Biden no ha rectificado ese punto por el momento. Marruecos sigue jugando con el “tradicional amigo” español, con cartas marcadas y a veces “de farol”. –

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 https://www.lacomarca.net/opinion/el-desafio-saharaui/

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