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9 octubre 2021 6 09 /10 /octubre /2021 15:47

En los años previos al estallido de la Segunda Guerra Mundial, el mundo asistía perplejo a la transformación radical de todo cuanto se conocía. En apenas una década, la civilización occidental derrumbó los cimientos que la habían sostenido durante centurias y de esas cenizas emergió una nueva sociedad. La aparición de los regímenes totalitarios y su “nueva” forma de hacer política y de modular el comportamiento social obligó a pensadores y a artistas a replantearse la esencia de la naturaleza humana. La locura desencadenada por Hitler y por Stalin, que arrastraría al mundo a una guerra sin cuartel, supuso el aniquilamiento de una forma de vida. A pesar de la victoria aliada, la quiebra del orden social había alcanzado tal magnitud que los valores previos no servían para explicar el sentido de la vida, vistos los horrores de la contienda y la muerte indiscriminada de millones de personas.

Pocos de cuantos vivieron aquel drama salieron indemnes. Muchos sufrieron en primera persona sus consecuencias, ya sea con la pérdida de alguien cercano o con el abandono forzoso de sus hogares. Otros padecieron, de forma algo más indirecta, los efectos del conflicto bélico, pues la práctica totalidad de los países hubieron de reconducir sus sistemas productivos para hacer frente a la guerra. Incluso en las naciones que permanecieron neutrales casi ningún ciudadano pudo vivir al margen de cuanto acaecía a su alrededor.

Prueba de la importancia de aquel período son los incontables libros que lo han tratado, de los que últimamente hemos reseñado Apaciguar a Hitler. Chamberlain, Churchill y el camino a la guerra (puedes leer la reseña aquí), Berlín, 1936. Dieciséis días de agosto (aquí), La Alemania de Weimar. Presagio y tragedia (aquí) o La fractura. Vida y cultura en Occidente 1918-1938 (aquí). Las biografías de los protagonistas de aquella época o los trabajos sobre la Segunda Guerra Mundial se cuentan por millares y, casi cien años después, seguimos fascinados por cómo se transformó el mundo en apenas un pestañeo. Se siguen estudiando los prolegómenos de una lucha que, más allá de la mera conquista de territorios, supuso una batalla ideológica en la que los vencedores se repartieron el control del planeta durante el resto de la centuria.

El filósofo y divulgador alemán Wolfram Eilenberger se aproxima a estos años, de una forma original, en su obra El fuego de la libertad. La salvación de la filosofía en tiempos de oscuridad. 1933-1943*. Sus protagonistas son cuatro de las grandes pensadoras del siglo XX: Simone de Beauvoir, Simone Weil, Ayn Rand y Hannah Arendt. Las cuatro fueron testigos de los cambios que se estaban produciendo en Occidente y algunas sufrieron en primera persona la persecución nazi. Sus escritos recogen las impresiones generadas por los acontecimientos que se producían y, si bien no participaron de forma directa en la toma de decisiones, su pensamiento influyó en la postguerra hasta alcanzar un lugar preminente en el mundo académico e intelectual. Muchos de sus textos están inspirados y reflexionan, precisamente, sobre lo sucedido en la década de los treinta y principios de los cuarenta.

Wolfram Eilenberger ya empleó un esquema similar en su anterior obra Tiempo de magos. La gran década de la filosofía: 1919-1929. En la que ahora ve la luz adopta distintos enfoques para analizar al cuarteto protagonista. El suyo es, por un lado, un trabajo de historia de la filosofía, en el que se exponen de forma general, y accesible para el lector no especializado, los principales presupuestos filosóficos de las cuatro pensadoras. Por otro lado, esboza las vivencias de Weil, Beauvoir, Rand y Arendt durante los diez años objeto de estudio, mostrando el contexto personal en el que se desenvuelven, su entorno y los hitos más relevantes de sus biografías. Finalmente, a medida que explora las vidas de las cuatro escritoras, recrea el mundo que les tocó vivir. Ni siquiera Rand, que pasó gran parte de la guerra en Estados Unidos, pudo abstraerse de lo que estaba sucediendo, pues su familia permaneció en Leningrado durante el asedio alemán.

No hay constancia de que, en la década de los treinta, nuestras protagonistas se conociesen en persona y hubieran leído nada de las otras. Nacidas con una diferencia de apenas cuatro años (Rand, la mayor, nació en 1905 y Weil, la más joven, en 1909), en el período que abarca el libro rondaban la treintena y no habían alcanzado la fama que tendrían posteriormente. De hecho, casi todas tuvieron problemas para editar sus escritos. Aun cuando sus experiencias vitales difieren notablemente, cuentan un denominador común: fueron mujeres cuya inteligencia les permitió romper los moldes de la época. Es cierto que, para eso, hubieron de superar numerosos obstáculos, afrontar adversidades y sobreponerse a ellas. Quizás, la historia más trágica (y a la vez la más peculiar) sea la de Simone Weil, fallecida en 1943, cuyo pensamiento solo trascendió tras su muerte, gracias especialmente a la labor realizada por Albert Camus.

Aunque la obra sigue un eje cronológico (cada epígrafe abarca uno o dos años) al narrar la vida de cuatro personalidades tan diferentes, los saltos en la narración son constantes. Eilenberger pasa de los cafés de París o del Hollywood de los años treinta a la Palestina inglesa, siguiendo los avatares de las protagonistas. Un cierto caos narrativo refleja, en paralelo, la confusión que reinaba durante aquellos años, pero no es obstáculo para darnos a conocer cómo los vivieron cuatro de las mujeres más importantes de la centuria pasada.

Wolfram Eilenberger (Freiburg, 1972) estudió filosofía, psicología y filología románica en Heidelberg, Turku y Zúrich. Colaborador habitual en los periódicos Die Zeit y Tagesspiegel, fue editor en jefe de la edición alemana de la revista Philosophie Magazine. Su trabajo periodístico y divulgador se caracteriza por la aplicación de perspectivas filosóficas a cuestiones de política, vida cotidiana y deporte. Entre sus obras destaca Tiempo de Magos. La gran década de la filosofía: 1919-1929.

El fuego de la libertad es la emocionante historia de cuatro iconos mundiales, Simone de Beauvoir, Simone Weil, Ayn Rand y Hannah Arendt, que diseñaron un mundo nuevo en una época oscura.

El escritor Wolfram Eilenberger regresa a las librerías tras el éxito que le otorgó su primer ensayo Tiempo de magos, considerado una obra imprescindible dentro la divulgación histórica.

El fuego de la libertad. El refugio de la filosofía en tiempos sombríos 1933-1943, escrita por el prestigioso periodista alemán Wolfram Eilenberger, que también publicó en 2019 Tiempo de magos. La gran década de la filosofía: 1919-1929. Una obra que se convirtió en todo un éxito dentro de la no ficción que la crítica y el público celebraron con gran entusiasmo. Así, no es de extrañar que con su nuevo ensayo, El fuego de la libertad, haya conseguido en muy poco tiempo el aval de la prensa internacional. Puedes consultar al final de esta convocatoria algunas de las reseñas que ya acompañan a su último libro.

La década de 1933 a 1943 marcó el capítulo más triste de la Europa moderna. En medio del horror, Simone de BeauvoirSimone WeilAyn Rand y Hannah Arendt, cuatro de las figuras más influyentes del siglo XX, mostraron lo que significa llevar una vida verdaderamente emancipada y, al mismo tiempo, desarrollaron sus ideas visionarias sobre la relación entre el individuo y la sociedad, el hombre y la mujer, el sexo y el género, la libertad y el totalitarismo y Dios y la humanidad.

Fue una época oscura en la que los intelectuales se vieron obligados a posicionarse políticamente ante los totalitarismos que arrasaron Europa y a reflexionar sobre la libertad del individuo frente al destino de la comunidad. En aquel ambiente de campos de concentración, persecución de disidentes y supresión de las libertades, Arendt, Beauvoir, Weil y Rand crearon los principios rectores de su futuro trabajo y, aunque lo hicieron cada una de un modo distinto a las otras, las cuatro se comprometieron con la libertad del individuo frente a la dictadura del líder opresor.

Con gran habilidad narrativa y un equilibrio magistral entre el relato biográfico y el análisis de las ideas, Eilenberger nos ofrece la historia de cuatro vidas legendarias que, en medio de la convulsión, como refugiadas y combatientes de la resistencia, condenadas al ostracismo e ilustradas, cambiaron nuestra forma de entender el mundo y sentaron las bases para una sociedad verdaderamente libre.

Sus aventuras las llevaron del Leningrado de Stalin a Hollywood, del Berlín de Hitler y el París ocupado a Nueva York; pero, sobre todo, dieron lugar a sus ideas revolucionarias, sin las cuales nuestro presente, y nuestro futuro, no serían los mismos. Sus trayectorias muestran cómo la filosofía también puede vivirse y son un testimonio impresionante del poder liberador del pensamiento.

En 1933, ninguna tenía más de 27 años y, una década después, la sangría de la Guerra Civil española, el Holocausto de la Alemania nazi y las grandes hambrunas del estalinismo soviético habían pasado por encima de sus biografías. Algunas de ellas acabaron convertidas en refugiadas políticas, otras se unieron a la resistencia armada, varias terminaron condenadas al ostracismo… Pero todas encontraron la forma de demostrar que seguían siendo mujeres libres. Y esa libertad tenía su base en la escritura. La expresión de sus pensamientos a través de los libros fue lo que evitó que fueran vencidas por los totalitarismos y, con su valentía, salvaron al mundo del desastre absoluto.

Wolfram Eilenberger traza la trama filosófica que dibujó unos de los períodos más convulsos y sombríos de nuestra historia. El fuego de la libertad descifra los enigmas de cuatro intelectuales universales que marcaron el rumbo del pensamiento occidental: Simone de BeauvoirSimone WeilAyn Rand y Hannah Arendt.

A finales de 1942 una francesa "preparada para matar alemanes", se embarcó en un carguero que de Nueva York iba a llevarla de regreso a Europa de donde había escapado al exilio con su familia tan solo unos meses antes. Nada más llegar a Inglaterra, en el instante decisivo de la Segunda Guerra Mundial, Simone Weil se presentó en las instalaciones de la Francia Libre y se ofreció para lanzarse inmediatamente en paracaídas -aseguró haber estudiado los manuales al respecto- sobre suelo francés para combatir. No hace falta decir que quienes recibieron atónitos la propuesta de aquella mujer menuda, cegata y claramente enferma, la despacharon al instante. "Pero, ¡si está loca!", habría comentado el general De Gaulle. Le propusieron a cambio que preparase un informe para esbozar la fase posterior a la victoria sobre Hitler y Weil, filósofa, políglota y una de las inteligencias más luminosas del siglo XX, se aplicó a ello con su obsesión habitual, dejando prácticamente de comer y dormir. Un día la encontraron en el suelo de su cuarto y fue llevada al hospital donde murió el 24 de agosto de 1943. Tenía treinta y cinco años.

 

Simone Weil es una de las cuatro protagonistas de 'El fuego de la libertad. El refugio de la filosofía en tiempos sombríos 1933-1943' (Taurus), de Wolfram Eilenberger. Las otras son la también gala Simone de Beauvoir, la alemana Hannah Arendt y la estadounidense de origen ruso Ayn Rand. El autor sigue aquí el modelo de su 'Tiempo de magos' (2018), su primer y fascinante libro en torno a Heidegger, Wittgenstein, Cassirer y Benjamin: coges a cuatro cerebros privilegiados en su momento de formación y en un tiempo concreto limitado -una década- que coindide por lo demás con un momento captal de la historia reciente, y te ocupas de explicar sus ideas en conexión directa y esencial con sus vidas. El resultado vuelve a exhibir todo un espectáculo de la narración filosófica, tal vez aún más sugestivo que en la primera entrega por tratarse de cuatro mujeres no tan conocidas.

finales de 1942 una francesa "preparada para matar alemanes", se embarcó en un carguero que de Nueva York iba a llevarla de regreso a Europa de donde había escapado al exilio con su familia tan solo unos meses antes. Nada más llegar a Inglaterra, en el instante decisivo de la Segunda Guerra Mundial, Simone Weil se presentó en las instalaciones de la Francia Libre y se ofreció para lanzarse inmediatamente en paracaídas -aseguró haber estudiado los manuales al respecto- sobre suelo francés para combatir. No hace falta decir que quienes recibieron atónitos la propuesta de aquella mujer menuda, cegata y claramente enferma, la despacharon al instante. "Pero, ¡si está loca!", habría comentado el general De Gaulle. Le propusieron a cambio que preparase un informe para esbozar la fase posterior a la victoria sobre Hitler y Weil, filósofa, políglota y una de las inteligencias más luminosas del siglo XX, se aplicó a ello con su obsesión habitual, dejando prácticamente de comer y dormir. Un día la encontraron en el suelo de su cuarto y fue llevada al hospital donde murió el 24 de agosto de 1943. Tenía treinta y cinco años.

 

Simone Weil es una de las cuatro protagonistas de 'El fuego de la libertad. El refugio de la filosofía en tiempos sombríos 1933-1943' (Taurus), de Wolfram Eilenberger. Las otras son la también gala Simone de Beauvoir, la alemana Hannah Arendt y la estadounidense de origen ruso Ayn Rand. El autor sigue aquí el modelo de su 'Tiempo de magos' (2018), su primer y fascinante libro en torno a Heidegger, Wittgenstein, Cassirer y Benjamin: coges a cuatro cerebros privilegiados en su momento de formación y en un tiempo concreto limitado -una década- que coindide por lo demás con un momento captal de la historia reciente, y te ocupas de explicar sus ideas en conexión directa y esencial con sus vidas. El resultado vuelve a exhibir todo un espectáculo de la narración filosófica, tal vez aún más sugestivo que en la primera entrega por tratarse de cuatro mujeres no tan conocidas.

P. Antes he dicho que sus historias son corales pero, en fin, no del todo. Si en 'Tiempo de magos' el personaje más desconocido y entrañable resultaba ser Cassirer, ¿muestra predilección en ‘El fuego de la libertad' por la fascinante Simone Weil?

 

R. Todas son gigantes y pensadoras olvidadas que, en mi opinión, deberían ser leídas y enseñadas de forma mucho más amplia que en la actualidad. Sus voces tienen mucho que darnos, especialmente ahora. Y en el caso de Simone Weil, bueno, ¿qué hay que decir? El hecho de que este ser humano absolutamente extraordinario, una vez descrito por Albert Camus como el 'el único gran espíritu de nuestro tiempo', haya sido ignorado de manera tan consistente y completa por la filosofía académica dominante, por no hablar de la filosofía analítica desesperadamente fimótica de la actualidad, atrapada en su narcisismo de distinciones demasiado finas, dice mucho. Por otro lado, hay de hecho, dentro y fuera de la academia, un creciente interés en la profundidad y el poder transformador del pensamiento y el ejemplo de Simone Weil. Una tendencia que sin duda aplaudo.

P. Es curioso porque en Weil se mezclan una lucidez asombrosa con rasgos de locura, desde el éxtasis religioso al desequilibrio físico y mental. Fue por ejemplo de las más tempranas en señalar algo que hoy se da por hecho: la equivalencia básica entre el totalitarismo nazi y el soviético. ¿La lucidez y la locura pueden retroalimentarse?

 

R. Por supuesto que pueden. De hecho, así es como una vez comenzó la filosofía, continuó a través de las edades y también volverá a comenzar. El concepto español de “loco” y “locura” captura esta eterna ambivalencia mucho mejor que la mayoría de los otros idiomas. Piense en Sócrates como la figura fundadora de nuestra tradición: un vagabundo y un bicho raro muy conocido que escuchó voces extrañas en su cabeza y, sin embargo, fue el más sabio de todos los tontos humanos. Por supuesto, no fue considerado como tal por la mayoría de sus semejantes, sino por los siglos venideros y el oráculo de su comunidad. Especialmente en los momentos más oscuros, cuando el mundo entero "se ha vuelto loco", ser absolutamente lúcido, honesto y sobrehumanamente intrépido te hará parecer necesariamente una loca o un loco a los ojos de los demasiados. En este sentido, la mente y la capacidad de comprensión de Weil sólo pueden calificarse de "proféticas", ya que evidentemente se nutren de fuentes y voces que no son sólo de este mundo. Pero dar tal respuesta en una entrevista en el año 2021 de Nuestro Señor, y respaldarla plenamente, hace que uno mismo parezca un loco, ¿no es cierto?

P. De hecho, aunque intente disimularlo,diría que no logra esconder usted cierta animadversión por Ayn Rand. En varias ocasiones confronta su egoísmo con su vida personal, tan necesitada de amor como cualquiera. Es curioso, Rand tal vez sea la filósofa menos profunda y compleja de las cuatro pero probablemente es la que más influencia ha tenido después, al menos en EEUU. ¡Y la que más libros ha vendido!

 

R. Es interesante que lo lea usted de esta manera. Permítanme decir esto: Ayn Rand es una filósofa y escritora mucho mejor de lo que se le atribuye, especialmente en Europa. Además, no es menos extremista y de carácter profético que Simone Weil. Pero donde Weil ve la celebración del Ego como la raíz del mal de la modernidad, la autocanonización de ese mismo Ego, sin compromisos ni restricciones, marca para Rand el primer y decisivo paso hacia todo lo bueno y bello de este mundo. Es el primer paso en el camino hacia la verdadera libertad. Por lo tanto, le dio a la "Tierra de los Libres" una filosofía de un tipo particular, y de manera muy influyente. Es difícil sobreestimar su importancia para la cultura de la posguerra en Estados Unidos. Y, por lo tanto, una irresponsabilidad intelectual de no perder tiempo en sus fundamentos filosóficos: "Conoce a tu enemigo", si es que ella tiene que ser un enemigo.

P. Simone de Beauvoir se reía de Weil por su fugaz lucha en la guerra civil española pero ella, Sartre y la mayoría de los intelectuales de su círculo parisino no vivieron nada mal durante la ocupación nazi pese a su teórica beligerancia política. Uno no puede dejar de sentir cierto malestar observando a estos tipos que copulaban, escribían y leían a Hegel en aparente despreocupación mientras el mundo ardía. ¿Nace con ellos la ‘gauche caviar’?

 

R. Bueno, es un hecho que los intelectuales franceses de cierto medio tenían, y todavía tienen, un talento especial para marcarse a sí mismos como intrépidos anti-sistema y proto-revolucionarios. Al mismo tiempo, pueden y están dispuestos a disfrutar plenamente de las comodidades de los líderes de opinión financiados por el estado, así como a usar y abusar de los privilegios sexuales que parecen surgir "naturalmente" de este estado. Beauvoir y Sartre son ejemplos estelares de esta constelación y sirven como modelos a seguir para las generaciones venideras. Sin embargo, Beauvoir sigue siendo una persona extremadamente inspiradora y estimulante desde un punto de vista filosófico: no nació como filósofa y reformadora social, tenía que convertirse en una. Fue una lucha muy dura ya que el camino hacia "el Otro" fue especialmente largo para ella. Para seguirlo, tuvo que conquistar sus intuiciones y miedos más profundos. Se conquistó a sí misma pensando en sí misma. ¿Qué mejor se puede decir de un filósofo?

 

P. Al lado de Beauvoir, Arendt parece de verdad valiente, tanto filosófica como vitalmente. Judía, víctima, apátrida, es la que vive el peligro más cerca, logra escapar y nunca le vence la desesperación ni reniega a su independencia. Tampoco en el amor... ¿Amar en condiciones de igualdad, sin subordinación, como busca Arendt, no es en realidad una quimera, no va, desgraciadamente, contra la realidad esencial del amor?

 

R. Al comienzo de la lucha totalitaria, Arendt, como Rand y Weil, se encuentra en una situación de marginación triple: mujer, intelectual, judía. La consecuencia es el exilio, tanto física como mentalmente. Entonces, la pregunta para ella es la siguiente: ¿Cómo amar al mundo a pesar de todos sus abismos y oscuridades demasiado obvias? Y su primera respuesta, su principal intuición es esta: atreverse a amar el abismo más obvio y oscuro que todos, todos los días de nuestra vida social, encontramos. Amando la vista y el rostro de otro ser humano. Una vez que lo logras, sin perderte por completo en el abismo sin fin que el otro es, el mundo se convierte en un lugar para vivir, la existencia se convierte en algo para ser apreciado y celebrado. El concepto de amor de Arendt se basa en una igualdad que aprecia las diferencias que nos hacen únicos. El ideal totalitario, en cambio, consiste en borrar con fuerza las mismas diferencias que nos permiten amar al mundo y a nosotros mismos, que es una forma más de decir que es ontológicamente maligno.

 

P. Se ha escrito que su libro trata de cuatro filósofas contra el nazismo pero a mí me parece que no es ese en realidad el auténtico objeto de ‘El fuego de la libertad’. Diría que el asunto esencial que se plantean estas cuatro mujeres es el problema de la comunidad humana: ¿cómo podemos relacionarnos con los demás?, ¿es eso siquiera posible?

 

R. Me alegra que lo vea de esa manera. Sí, la cuestión del otro, me parece la cuestión central del libro. El nazismo es sólo una forma política de responder o más bien negar esa pregunta, esa búsqueda, ya que busca borrarla con su fuerza. Lo cual, al final, solo se puede lograr aniquilando toda alteridad, destruyendo todas y cada una de las cosas que son o parecen encarnar esa misma cuestión.

 

P. Las "sociedades de esclavos" totalitarias fueron finalmente vencidas por las "sociedades libres" (salvo en el caso del comunismo que años después también acabaría cayendo). ¿El fuego de la libertad es más poderoso que el de la opresión o fue sólo cuestión de suerte?

 

R. No necesariamente es así. Al menos es una cuestión que no puede ser abordada, y mucho menos definitivamente respondida, solo por la historia. Preguntarnos de dónde brota este fuego de libertad, quién lo creó y cultivó y quién lo guardará para nosotros en el futuro, es en el fondo una tarea metafísica. Y junto con Simone Weil y su lectura del mito de Prometeo, debería pensar que nosotros, es decir, los humanos, no iniciamos este incendio. Pero si no nos cuidamos adecuadamente unos a otros, así como a su verdadera fuente, bien podríamos ser capaces de matarlo de una vez por todas en el futuro previsible.

 

Hay mucha energía oscura en estos días y parece canalizarse hacia colectivismos de uno u otro tipo

 

P. Comparamos mucho actualmente el periodo de entreguerras con su auge autoritario, nacionalista e identitario con el actual pero, ¿toca ahora farsa o tragedia?

 

R. Sí, y estas comparaciones no carecen de fundamento. Hay mucha energía oscura en estos días, y gran parte de ella parece canalizarse hacia colectivismos de uno u otro tipo. El retorno político del "yo" al "nosotros", en otras palabras, está en pleno apogeo. Al mismo tiempo, siempre existe el peligro de caer en la trampa de la exculpación política cuando se trazan estos paralelos demasiado de cerca. El más aterrador de todos los pensamientos políticos, después de todo, sigue siendo que la historia en realidad nunca se repite, porque es ontológicamente abierta y que, además, nunca está completamente en nuestras propias manos. Pensar de otra manera significa caer en una farsa filosófica. Y esto, entonces, con demasiada frecuencia termina en tragedia. La pregunta sigue siendo: ¿cómo salimos responsablemente de este círculo vicioso?

 

P. Auge, caída y reconstrucción. Me parece que le falta un tercer libro. ¿Quiénes serán sus cuatro protagonistas?

 

R. Sí, el proyecto continúa. Pero buscará nuevos caminos, tanto formal como cronológicamente. Desafortunadamente, estos caminos permanecen todavía muy a oscuras para mí. O, dicho de manera más positiva, permanecen al descubierto. Veremos.

 

 

 

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