Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
30 noviembre 2020 1 30 /11 /noviembre /2020 10:58

Querido lector: hemos cumplido tres años de compartir, mes a mes, el amor a los libros. Un amor que se ha reflejado en estos artículos que tiene la amabilidad de leer. Todos nos hemos hecho un poco más viejos o un poco menos jóvenes. Sin embargo hay una constante que se mantiene y seguramente durará tanto como nosotros: la fascinación por la lectura, esa actividad deliciosa que activa nuestras neuronas, expande nuestra visión de la realidad y nos permite ajustarnos mejor a las complejidades de la existencia. Los lectores vocacionales que circulen ya por un arco vital que supere el  supuesto "nel mezzo del cammin di nostra vita" del que hablaba Dante a los cuarenta años, siguen las novedades que surgen en el terreno literario, pero lo que en general les complace más profundamente tiene que ver con los "clásicos", aquellos libros que mantienen su vigor y belleza época tras época aunque sufren también los vaivenes de interés, las modas y las resurrecciones de rigor. Hablamos del Quijote, de Gargantúa y Pantagruel, de los Ensayos de Montaigne, la Divina Comedia, la Odisea... de tantos que mencionar no puedo. Pero aquí no voy a referirme a ese tipo de "clásicos". Hay otros clásicos que están "insertos" en un período esencial de nuestras existencias, la infancia, adolescencia y primera juventud (hasta los 20 años y pico, aunque hoy día se han retrasado las curvas evolutivas). De estos quiero hablaros en estas páginas.

En el caso de los que eran niños o jóvenes de los 50 a los 80 del pasado siglo, todo lo que voy a compartir con ustedes les será familiar, a unos de forma vaga y a otros, nostálgica. Pero, creo que también puede interesar a los que son muy jóvenes ahora, ya que los temas, los personajes, los argumentos y la forma de narrarlos tienen una característica común: de alguna manera son la plasmación literaria de emociones, sentimientos, ideas e ingenio e inteligencia que jamás decaerán porque forman parte de lo mejor del ser humano. Son casi estereotipos de las diferentes maneras de comportarse los individuos de nuestro género y que cambia sutilmente en las diferentes culturas. Sin embargo las constantes "ocultas" de lo que esos libros despiertan -emocional, afectiva, psicológicamente-  en las personas de la misma edad, son prácticamente las mismas. Quizá no los mismos personajes o autores, pero si el tipo de ligamen emocional que crean. Mi entusiasmo por  las aventuras de Guillermo Brown a los 14 años, quizá sea del mismo tipo y efectos que el de Harry Potter sobre un adolescente de hoy o "El señor de los anillos" para un joven. .

Cuando el que les escribe estas líneas tenía unos doce años, alguien me regaló un volumen rojo de portada pulida y brillante, de Editorial Molino, en la que resaltaba el rostro concentrado y optimista de un arrapiezo más o menos de mi edad, con una gorra curiosa, chaqueta y la corbata colegial a la altura de la oreja, que lucía una sonrisa irresistible y parecía la clase de amigo voluntarioso y audaz que no gusta a las mamás y encanta a los niños. Se trataba de Guillermo Brown, un niño inglés de once años con un imaginario inagotable de aventuras reales o ficticias, pesadilla incomprensible de los adultos, líder de una banda de mocosos como él a los que llamaba "los Proscritos", símbolo de la innata rebelión del espíritu infantil, de zapatos embarrados, escasa elegancia y energía sin límites. Un niño imaginativo, inteligente, capaz de generar en sus amigos y en sí mismo un contradiscurso paralelo que convertía la realidad en el escenario de innumerables y exóticas aventuras, eso sí sin despegarse de la lógica heroica y épica del carácter del niño.

"Las travesuras de Guillermo" fue ese primer acceso al mundo dorado de la campiña inglesa de entreguerras, con sus damas lánguidas, sus prados verdes, granjeros irascibles y cobertizos misteriosos, en el que Guillermo y sus proscritos reinaban a pesar de la presencia de los más ortodoxos y limpios amigos de Huberto Lane, el rival, sumiso y adicto al mundo adulto del poder. A partir de ese momento logré hacerme con los preciados volúmenes de la saga de Guillermo. Ni que decir tiene que aún conservo la colección completa de sus libros, treinta y siete títulos publicados a lo largo de cuarenta y siete años (desde 1922 en que apareció el primero; en España treinta años más tarde).

Los múltiples aspectos de ese personaje y su mundo, muy cercano en eficacia literaria al de Sherlock Holmes o las aventuras de Frodo, el hobbit de la Tierra Media y el Único Anillo del tenebroso Saurón,  pertenecen los tres al acervo del genio literario inglés. Quizá para otros lectores menos aficionados al sello "british", esta selección resulta un tanto arbitraria. No es mi propósito imitar a Bloom y su "canon occidental", ni mucho menos. Sólo quiero constatar una constante que influyó al menos en dos generaciones de españolitos. Y, por otro lado, reflejar mi hipótesis -no demostrada, pero tampoco refutada empíricamente- de que Guillermo Brown, Holmes y Frodo alimentaron el imaginario de la niñez, adolescencia y juventud de aquellos jóvenes en ciertos valores, principios y actitudes prácticas, psicológicas y morales que propiciaron los sueños manipulados de la "Revolución de las Flores", los "hippies", los Beatles y los Rollings, mayo del 68, la caída del Muro y en literatura los grandes de la generación de los ochenta y noventa (y algunos que colean todavía, como mis queridos Savater, Marías, Pérez Reverte, Javier Reverte -ya no- "e tantti altri") . 

Hubo una época en que las lecturas y adicciones íntimas y casi viscerales a ciertos personajes  constituían casi un "carnet de identidad" secreto. Si un sujeto que acababas de conocer, de una forma casual soltaba una frase, un latiguillo o unas palabras relacionadas con algunos de esos personajes, se establecía casi de una forma instantánea una "resonancia afectiva". Un "Como diría el viejo Guillermo", o un "elemental, querido amigo" o un "Frodo lives" como el pintado en los muros californianos, para indicar que lo imposible a veces es sólo improbable, podía hacer saltar la chispa, por no mencionar ciertas frases-sortilegio para los eruditos en las materias que rodean a los Proscritos, algunos imitadores de Arthur Conan Doyle que casi lograron superar al maestro y los grandes olvidados del Señor de los Anillos fílmico que en la trilogía novelesca tenían un importante papel... cuando la intervención te revelaba que el tipo era "uno de los nuestros", se producía una especie de epifanía fraternal. 

Estoy convencido que el "pantallismo" y las adicciones tecnológicas, el olvido de los clásicos y una "cultura" centrada en la utilidad, la brevedad y el analfabetismo vertical, no ha logrado evitar el contagio entre nuestras "generaciones perdidas" y los nuevos profesos o los alevines que se sienten atraídos por la extraña camaradería que crean ciertas lecturas comunes. Guillermo Brown, Sherlock Holmes y el mundo de Gandalf  y los hobbits, quizá no todos ellos --sin duda algunos son sustituidos por otro tipo de héroes generados por la literatura del nuevo siglo y algunos del antiguo que no menciono aquí-- seguirá presentes en el imaginario de los aficionados a la lectura sea en papel o en los e-books. 

La osadía y el amor a la aventura, la honestidad, el valor y el humor e ironía de Guillermo, la inteligencia, el ingenio y toda una personalidad al servicio de un ideal de servicio a la justicia de Sherlock y la firmeza indomable y combativa, la profunda humanidad y principios de amistad y entrega a un fin superior, de Frodo, Sam, Gandalf, Aragorn y Legolas, ilustran una jerarquía de valores que de una forma u otra uno lleva integrados en principio en su reservorio ético y algún día, casi sin darse cuenta, hay una acción o una intervención en la que, como una gema oculta, brilla alguna cosa que incrustó en el inconsciente la arrebatadora lectura de esos personajes tan amados.

Vaya desde aquí mi homenaje personal a todos esos personajes y autores que sembraron en mí el fabuloso virus lector. Ese que, según una teoría de la neurociencia, reflejada en el libro "Las neuronas de la lectura" de Stéphane Dehaene, catedrática de Psicología Cognitiva en el Colegio de Francia, "la lectura promueve el desarrollo cognitivo con más ímpetu de lo que se pensaba hasta ahora" y es una actividad que favorece notables cambios en el cerebro, creando nuevas conexiones sinápticas y una más ágil interrelación entre las estructuras encefálicas. Unos estudios de seguimiento estadístico realizados sobre una muestra de 470 personas durante un periodo de 20 años, grandes lectores, enfrentados a una muestra no lectora, revela llamativas diferencias a favor de los lectores entre los índices de demencia senil y un mantenimiento más vigoroso y eficaz de los circuitos mentales relacionados con el comportamiento, el carácter y las actividades de la inteligencia. Vaya que, como apuntaba el filósofo José Antonio Marina, los libros terminarán vendiéndose en las farmacias bajo prescripción facultativo-literaria. Amigo Marina, tiemblo porque llegue un día tal. Prefiero que sigan nutriéndonos las librerías. Les dispenso de fichas. Todos estos libros están fácilmente disponibles en librerías e internet, en ediciones diversas. 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

Compartir este post
Repost0

Comentarios

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens