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24 noviembre 2020 2 24 /11 /noviembre /2020 19:54

En lo últimos meses he escrito varias veces sobre el “poder femenino” en términos de política internacional y en concreto en las respuestas a la pandemia en algunos países gobernados por damas. Evidentemente hay de todo (sólo hay que recordar, por poner un ejemplo cercano, a la señora que gobierna la Comunidad de Madrid), pero ciertas reflexiones y lecturas últimas me están reafirmando en una opinión que mantengo desde hace años: el potencial de gestión, comunicación y firmeza, honestidad y transparencia de las mujeres en cuestiones públicas o empresariales es de una solidez evidente en los pocos casos en los que se les deja ejercer. Usar la lógica y la razón –incluso la empatía- en modelos de relación política, económica o empresarial en lugar de algunos valores masculinos de rancio sabor a testosterona, es algo que seguramente hubiera cambiado la historia sangrienta de la Humanidad desde que los homínidos se creyeron los reyes del planeta (en la mesa de negociadores tras la I Guerra Mundial no hubo ni una sola mujer: quizá por eso tuvimos una II GM).

Recuerdo una cita de la poetisa George Eliot (Mary Ann Evans) que evoca a las mujeres ocultas por las circunstancias que, desde el silencio y a veces del desprecio, han hecho avanzar muchos aspectos de nuestra cultura dominada por el cada vez más resquebrajado poder absoluto masculino y patriarcal. “Que el bien siga creciendo en el mundo/ depende en parte de actos no históricos/ y que las cosas no salgan tan mal entre nosotros como podría haber sido/ se debe en parte a aquellos que vivieron fielmente/ una vida oculta y descansan en tumbas que nadie visita”.

El director de la “Global Government Forum” confirma que de los 193 países de la ONU, solo 21 tienen una dirigente y que el 40 % de las mejores políticas frente al Covid es en países con mujeres en el poder. Y predice: “a medida que elevemos ese 11% de mujeres al mando en el estado, hasta un 50% por ejemplo, el mundo será más seguro y se priorizará la educación, la salud y la protección del medio ambiente frente al empleo de la fuerza para resolver problemas y las estrategias militares de dominio”.

El Banco Mundial ha verificado que las empresas dirigidas por mujeres obtienen más rentabilidad y estabilidad. Y menos tendencia a la corrupción. Y se trata de unos sistemas políticos en el mundo,  con excepciones, que siguen considerando a la mujer como ciudadana de segunda categoría (o sin categoría alguna, los más miopes). ¿No es hora de cambiar eso?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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20 noviembre 2020 5 20 /11 /noviembre /2020 10:22

 Es un desafío magnífico. Si en el pasado los retos humanos con el medio se relacionaban con descubrimientos geográficos, de tierras, civilizaciones ocultas y aborígenes en tierras extrañas y en el próximo futuro con nuevos planetas habitables y quién sabe si con culturas alienígenas, ya llevamos muchos siglos, casi tantos como tiene el hombre, preocupándonos por descubrir una "terra incógnita" que siempre hemos tenido dentro de nosotros: la naturaleza, posibilidades y funciones de nuestro propio cerebro. He aquí un reto inconmensurable, ya que como decía el poeta Blake,  el infinito cabe en nuestra propia mente.

El libro de Isabel Güell hace un exhaustivo viaje a través de  las posibilidades del cerebro a la luz de los últimos descubrimientos  de las neurociencias sin apartarse del rigor científico pero con el suficiente olfato comunicativo para hacerlo de forma amena, desde la complejidad de las emociones y su fundamental papel en la teoría del conocimiento  hasta cuestiones operativas básicas como la generación del lenguaje, las complejidades de la causación de los movimientos y sus correlatos cerebrales, la extraordinaria estructura y funcionamiento de la memoria, los enlazamientos neuronales que facilitan la acción, las afasias, en suma la casuística que se desliza desde la propia evolución del cerebro hasta lo que sabemos de su estructuración y funcionamiento.

Saber que cada nueva experiencia modifica la estructura y relaciones intercerebrales sin importar si se trata de un cerebro joven o del de un anciano, conocer la plasticidad de este órgano maravilloso, conocer sus entramados funcionales y verlos reflejados a través de una serie de ejemplos clínicos que la autora ha conocido en el ejercicio como neuróloga en el Instituto Dexeus y la clínica Teknon de Barcelona, es un doble ejercicio de conocimiento y praxis que desvincula el libro de la árida objetividad de un manual científico para convertirlo en un apasionante viaje por el entramado humano de los pacientes. Como exigían los antiguos pedagogos, no se puede enseñar ninguna teoría "sine exemplum" (exemplum, es la construcción retórica de la realidad, básica para la argumentación y para hacer más agradable el discurso).

En Suiza los científicos que trabajan en el Blue Brain Project han descubierto que nuestro cerebro tiene algunas estructuras capaces de procesar hasta once dimensiones, con lo que determinadas experiencias que antes formaban parte de la ciencia ficción o la parapsicología comienzan a tener un potencial científico que permitiría "despertar" empíricamente tales funciones, como las llamadas sinestias, por ejemplo, "escuchar colores, saborear palabras o ver sonidos" sin que tengamos que llamar a urgencias de una clínica neurológica o pedir hora al psiquiatra más cercano.

Concretamente,  los neurocientíficos han usado topología algebraica, una rama de las matemáticas que puede describir sistemas con cualquier número de dimensiones, para descubrir estructuras y espacios multidimensionales en el cerebro. Pongo entre paréntesis esta información por falta de documentación especializada y el criterio profesional de alguien mejor formado que yo en esas áreas.

Una de las preguntas que me estimula leyendo el libro de Isabel Güell, es la función de la memoria, su estructura, funcionalidad y operatividad . A veces en la práctica psicológica uno tiene "insigths" o intuiciones que años más tarde los avances neurocientíficos corroboran (aunque sea más frecuente que la ciencia los falsee). Pero mi creencia, entonces sin fundamento científico, de que el global deterioro cognitivo que la edad producía en el cerebro era una falacia, fue confirmada por la neurología muchos años más tarde de que yo abandonara la Universidad. La plasticidad del cerebro demostraba que las neuronas no morían implacablemente en la vejez, sino que, en cierta forma, se podía alargar e incrementar su vida útil si las personas no dejan de ejercitar su cerebro, desde hacer crucigramas a aprender idiomas o subir montañas, dedicar tiempo a cocinar, jardinería o informática, hacer senderismo en grupo o formar parte de una escuela de baile o de profesor voluntario para niños inmigrantes.

Además, tomen nota las empresas, desestimar la experiencia de los empleados mayores es un error. Se ha descubierto en técnicas de resolución de problemas que los cerebros de esas personas -no de todas, sólo los que no han dejado de ejercitar su cerebro- da con soluciones mucho mas rápido y eficazmente que los jóvenes, debido a la  capacidad de sus cerebros de saltar pasos intermedios del proceso de búsqueda aprovechando circuitos de memoria que recuerdan problemas semejantes en el pasado. Como dijo el neurobiólogo alemán Martin Korte, "las neuronas resisten más el deterioro cuanto más se usen".

Así que los mayores de 50 años apunten: nada de multitareas, una sola cada vez y con la máxima concentración; pierdan el miedo a fracasar, eso entorpece el éxito y además, uno aprende mucho más de los errores; almacenamos mejor la información si la leemos en un libro, no en pantallas, y tomamos notas o gráficos a mano,la memoria visual es mas eficaz. Escuchar música o aprender a tocar un instrumento, jugar al ajedrez, relacionarte  y darle toda la marcha posible al cerebro. Les auguro una vejez activa.

La  autora, además de informarnos, se permite alguna que otra especulación -la imaginación es un valor activo para el cerebro- que reluce en sus páginas llenas de datos, conceptos y experiencias clínica como una ventana abierta a la fantasía. Así casi al final del libro escribe: "Tal vez nuestro cerebro encierre mucho más conocimiento del que somos capaces de imaginar. ¿Y si el saber estuviera predeterminado entre nuestra neuronas del mismo modo que ocurre con el lenguaje? Recuerdos como almas inmortales navegando por nuestras vías neuronales rescatables a través de la reflexión o estímulos ambientales apropiados? ¿Por qué no?". Efectivamente,  Isabel,  ¿por qué no?  Alguna vez el que esto suscribe en plena sesión de meditación zen, con gran sorpresa, "ha rescatado" algún lejano suceso interior que parece haber sido escogido por su relevancia psicológica en el momento actual que vivía.  Mi escepticismo largamente cultivado por la razón y la voluntad se ha rebelado de inmediato, pero la duda y la admiración por esta inconcebible "caja negra" que es la memoria dentro del cerebro, han crecido exponencialmente.

Libros como el que les recomiendo es, en su sencillez y claridad, un estímulo para ahondar en nuestra lecturas sobre el cerebro, esa caja mágica que la Naturaleza nos ha regalado y de cuyo funcionamiento y capacidades seguimos teniendo, a pesar de todo, un conocimiento relativo. Es una aventura apasionante..

 

FICHA

EL CEREBRO AL DESCUBIERTO.- Isabel Güell.- Editorial Kairós. 191 págs.

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17 noviembre 2020 2 17 /11 /noviembre /2020 10:33

LOGOI 175

DIGITALIDIOTAS

Las crisis políticas y sociales generan impensables compañeros de cama. Nadie pensó que la actual crisis occidental acercaría a jóvenes herederos de los anarco-hippies y a una extrema derecha paranoica y negacionista. En las redes la confusión es dramática. Los inventores de bulos y majaderías negadoras de la evidencia exigen libertad de expresión para defender su “derecho” a instigar el odio y la desconfianza entre la población adicta a las pantallas. Escribió Emilio Lledó: “…Siempre se habla de tener libertad de expresión, pero lo que hay que tener antes que eso es facultad de pensar. Si mi libertad de expresión solo sirve para que diga idioteces, de qué le sirve a nadie mi uso  de esa libertad. ¿Para qué nos sirve, si no sabemos pensar…si careces de sentido crítico, si eres un adicto a las “fake news”, los bulos y las insensateces proferidas por “influencers” de la Red, que no saben hacer la “o” con un canuto”.

Ahora el camaleónico Sánchez sugiere una “agencia” que ponga orden en ese universo digital caótico. Tiembla uno sólo de pensarlo. No porque la medida sea inoportuna o absurda, sino por cómo se piensa realizar, quién controlaría a los controladores de los filtrajes y hasta qué punto la deriva del control no abarcaría medios de comunicación independientes que tan molestos resultan a un poder enquistado en sus sillones.

El neurocientífico Michel Desmurget, nos dice que estadísticamente un joven de 18 años suele pasar por término medio de 5 a 8 horas todos los días frente a una pantalla. Por ello ciertas regiones cerebrales relacionadas con el procesamiento de señales visuales entorpecen por sobrecarga la maduración de las redes lingüísticas, esenciales en campos como la lógica, el  sentido crítico y la elaboración de un pensamiento estructurado.

Unamos el mal uso de la libertad de expresión, el invento apresurado de un control gubernamental de los ataques y supuestos ataques a la norma y  los “levantamientos populares” orquestados por los fascismos “democráticos” que los perpetran, y obtenemos un cóctel explosivo preocupante. César Vallejo escribió en 1939: “¡Cuídate España de tu propia España! Cuídate de la víctima a pesar suyo, del verdugo a pesar suyo y del indiferente a pesar suyo! Cuídate del que antes de que cante el gallo, negárate tres veces y del que te negó, después, tres veces. Cuídate de los nuevos poderosos. Cuídate de los que dicen que te aman. Cuídate de tus héroes. Cuídate del futuro.”

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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16 noviembre 2020 1 16 /11 /noviembre /2020 10:07

García Campayo, psiquiatra, catedrático de la Universidad de Zaragoza, investigador y practicante de disciplinas psicofísicas y espirituales, especialista en mind-fulness firma un notable trabajo en torno a la deconstrucción del yo, a través de ciertas cualidades de la mente (metacognición, descentramiento y no apego) que suelen ser objetivos de disciplinas espirituales de la calidad del zen, el budismo tibetano, cierta filosofía greco-latina o el taoísmo, sumados a técnicas empíricas como el mindfulness y sus ramas especializadas en reducción del stress, terapia cognitiva o dialéctico conductual. Basado en la no dualidad entre el sujeto y el objeto, el yo y los otros, el uso del término “deconstrucción”, debido a sus connotaciones lingüísticas y psicoanalíticas y la rebuscada terminología del estructuralismo, resultaba alarmante y confuso. En las venerables técnicas de búsqueda de la vacuidad en las que se basa, por ejemplo, el zen (con el que estoy familiarizado) suele haber una advertencia implícita para los que inician esas vías: antes de desestructurar el yo, debes asegurarte de tener un yo estructurado de una forma correcta. Es un trabajo que se debe hacer “después” de haber alcanzado un equilibrio psíquico en el que el yo forma parte, no “antes”. No tener en cuenta esta importante requisito es abrir la puerta no sólo a la ineficacia real de la disciplina sino a ciertos desórdenes psicológicos, en el mejor de los casos, y a a ciertas patologías en casos extremos. No se juega con la mente profunda.

Afortunadamente el profesor  García Campayo tiene en cuenta  ese problema metodológico y recomienda numerosas “prácticas” en las que propone medidas progresivas y una gran cautela en el enorme trabajo a realizar. Nos recuerda en algún momento la frase de Suzuki Roshi “Nada de lo que está fuera de vosotros puede causaros ningún problema. Solo tú eres quien genera los movimientos de la mente hacia el sufrimiento o la aceptación”. Así que es esa mente indagadora la que hay que “vaciar”previamente de todos sus contenidos –excepto los meramente operativos-  que son los que configuran el “yo” que hemos de “deconstruir”. Y lo hace recomendando, “No mezcles la mente con pensamientos, emociones o sensaciones. Intenta sentir qué es lo que realmente eres”.

Hay que resaltar la enorme cantidad y calidad de información que el autor nos facilita sobre todos los movimientos, técnicas y disciplinas que se ocupan de la no dualidad y la vacuidad. Se percibe también la voluntad de hacerlos comprensibles y de proporcionar medios para entrar en ese difícil camino de equilibrio psíquico y espiritual. En esencia, el autor nos viene a decir: no importan los medios o vehículos que utilices, su conocimiento no te llevará a la verdad, pero su práctica, en algún momento, sincronizará con ella. Y una vez cruzado el río hacia la sabiduría, la balsa o canoa utilizada –los conocimientos- puedes dejarla en la otra orilla. La afortunada conexión interdisciplinar entre las especialidades científicas dedicadas al funcionamiento del cerebro y la mente y las venerables y eficaces disciplinas orientales dedicadas a promover el equilibrio y el bienestar como camino hacia objetivos metafísicos y espirituales de cara a la ansiada "liberación o iluminación" del ser humano, logra extender el interés de este libro hacia algo más que simple información o utilidad de conocimiento: puede provocar un impulso hacia la búsqueda de la excelencia personal del lector y eso, en sí mismo, es el efecto de mayor interés que ansía cualquier autor.

VACUIDAD Y NO-DUALIDAD.- Javier García Campayo.- Ed. Kairós.- 499 págs.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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10 noviembre 2020 2 10 /11 /noviembre /2020 09:27

LOGOI 174

 PRIVACIDAD Y ENTELEQUIA

El artículo 18 de nuestra Constitución considera la privacidad uno de los derechos fundamentales  con sus tres pilares: el honor, la intimidad y la imagen personal. No creo que nunca haya sido efectiva. Al menos con el rigor que cabría esperar de una Ley de alto rango. La cual,  desde mayo de 2018, ha sido reforzada por el REPD (Reglamento Europeo para la protección de datos).

Pasemos a la palabra “entelequia” que, como saben, significa “cosa  irreal”. Con lo cual estamos diciendo que la tan cacareada “privacidad” del siglo XXI es algo irreal y como tal, engañoso. A pesar de brotes  de casos  “ejemplares” de castigo a los que se da cumplida publicidad. Lisa y llanamente, el colmo de la hipocresía.

Centrémonos en el mundo digital en el que vivimos la mayor parte de los ciudadanos. Algún evolucionista guasón ha descrito al hombre del siglo XXII con unos descomunales índices y pulgares, atrofia de los demás dedos, ojos miopes habituados a  distancias cortas, mirando sin cesar pantallas luminosas  y una mente focalizada en aquello que reciben y asimilan por vía digital. ¿Vieron ustedes esa joya de dibujos animados de la antigua Pixar que se tituló “Wall.e” y se estrenó allá por el 2008? Pues bien, recuerden a aquellos seres humanos gordinflones y pasivos  encerrados en un Arca interestelar. O, más seria, la película “El círculo” (2017) con Tom Hanks y Emma Watson, donde las personas son controladas  las 24 horas a través de una empresa dictatorial que manipula sus vidas a cambio de comodidad y servicios. Una especie de “1984” y su “Gran Hermano”. Todos sujetos a la gestión de un agresivo computador algorítmico programado heurísticamente (Como el HAL 9000 de Stanley Kubrick).

¿Ciencia ficción? ¿Distopía? ¿Están seguros de que su privacidad está protegida? Todos los que tenemos un ordenador, cuentas en Yahoo, Google, Facebook , Twiter, etc. y un móvil, estamos facilitando –gratis y voluntariamente-  nuestros perfiles socioeconómicos y psicológicos, que son ordenados por tendencias, con algoritmos de búsqueda – y usados comercial o políticamente-, que se legalizan cada vez que clicamos un “ok” a las “condiciones” que nos imponen para permitirnos operar en internet. En consecuencia,  hablar de privacidad es una entelequia, por muchas leyes y organismos que nos aseguren que estamos protegidos.

 ALBERTO DÍAZ RUEDA

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6 noviembre 2020 5 06 /11 /noviembre /2020 09:11

Era un adolescente cuando Alberto Camus murió en un accidente lleno de suposiciones e incógnitas, profundamente sospechoso. Mi padre me dijo con una nota de tristeza en la voz: "A tí que tanto te gusta leer deberías intentar leer algo de Albert Camus. Acaba de morir. Pásate luego por la librería y le dices que te den un libro de él, a poder ser "La peste". Que lo pongan en mi cuenta. Está en francés, claro. Pero tu lo lees bastante bien. Si tienes alguna duda me preguntas o miras en el diccionario. Te impresionará". Desde entonces Camus me ha acompañado toda la vida. Años más tarde en la Facultad de Derecho había dos grupos rivales: los que apoyaban las  tesis políticas de Sartre y los que apoyábamos las de Camus. Había una profunda enemistad entre ambos grupos. Los de Sartre se consideraban de extrema izquierda y los de Camus eramos humanistas y dábamos más importancia a ciertos valores éticos e intelectuales que a la disciplina de un partido político supuestamente salvador de un mundo ahogado por el capitalismo. Todo era mucho más simple, sin duda erróneo en ambos planteamientos, pero estaba en general infinitamente más claro que las actuales confusiones. En todo eso he pensado cuando he releído la novela de Berta Vias y me he decidido a contárselo a ustedes. 

"No hay nada más escandaloso que la muerte de un niño y nada más estúpido que morir en un accidente de coche". Lo había escrito Albert Camus. Y lo repite Berta Vias Mahou, una escritora madrileña de 50 años, traductora y narradora, en su última novela "Venían a buscarlo a él", en la que logra comunicarnos la angustia, la soledad y la honestidad de ese escritor francés, premio Nobel, de pasado argelino, una de las más conocidas víctimas del desastre de la guerra de Argelia.

El 4 de enero de 1960 Albert Camus perdía la vida en un absurdo "accidente" de automóvil, en una carretera secundaria comarcal entre Sens y Fontainebleau. Berta Vias logra a través de una recreación literaria basada  en pasajes de la obra póstuma  de Camus "El primer hombre" y en retazos y citas oportunas de otras de sus obras, conferir una autenticidad y coherencia a su narración, que rebasa el puro andiamaje novelesco.

Compartimos ese último periodo de la vida de Camus a través de un juego de espejos en el que Jacques, el trasunto de A.C. (protagonista precisamente de la novela póstuma citada), vive la turbulenta historia de amenazas y horrores que rodea el doble terrorismo francés y argelino, un goteo inmisericorde de atentados, asesinatos y matanzas, en un contexto internacional en el que las fronteras del racionalismo y la ceguera política se entremezclan, con una izquierda incapaz de aceptar la sensatez y el pacifismo de buena ley que destila la persona y el pensamiento de Camus. Somos testigos del enfrentamiento con Sartre desde la óptica del escritor mártir, demonizado por el duro y alicorto "establishment" intelectual de la época. Y se nos comunica con inquietante efectividad el clima de desasosiego, temor y rectitud en el que vive Camus hasta su muerte, apresuradamente orquestada y manipulada por las autoridades francesas, por todas las elites políticas e intelectuales en el poder.

Con una versatilidad a veces desconcertante Berta Vias juega con los diferentes narradores y alterna las personas del narrador, incluso en el mismo capítulo, acercándonos a las figuras claves del drama: el joven argelino de madre española que es testigo indirecto de la presencia y el objetivo de los asesinos, las figuras de éstos y su trayectoria bajo el control de la FLN, el juego disparatado de intereses encontrados que decidirán la muerte de Camus y el entorno del escritor donde se introduce también la tercera columna de los que facilitan el camino a los asesinos. Dominándolo todo la presencia de Jacques-Albert, sus jornadas de escritura, sus recuerdos, algunas vivencias y relaciones que ensamblan un relato apasionante y angustioso. Desde las jornadas de sol y mar de su Argelia infantil hasta la vida en un cada vez más agobiante París que le niega el pan y la sal a causa de su enfrentamiento y coherencia en la debacle del fin del colonialismo francés.

¿Cuál podía ser la suerte de un hombre que se atreve a aspirar a una "tercera vía" en el horror argelino, empuñando las banderas de la paz, el entendimiento de los hombres y el respeto a las diferencias raciales? Una vez más es el inocente, la víctima propiciatoria de todas las partes del problema, enfangadas en la defensa a ultranza de intereses bastardos. Berta nos habla permanentemente del miedo de Camus ante los fantasmas del odio y la intolerancia. Y uno acaba por aceptar la apuesta de la autora: en ese contexto la muerte de Camus es la catarsis necesaria para el cumplimiento del horror en toda su absurda vaciedad de humanidad. Se configura como una "crónica de una muerte anunciada", con la temible exactitud trágica de un sacrificio laico a los dioses: el del inocente, odiado por igual por todas las partes en conflicto.

Se trata de  una excelente novela y un trabajo serio e imaginativo de recreación e interpretación de los hechos de la vida de un gran hombre.

 

FICHA. "Venían a buscarlo a él", Berta Vias Mahou.- Ed. Acantilado, Barcelona 2010. 227 páginas.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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5 noviembre 2020 4 05 /11 /noviembre /2020 11:07

LOGOI 173

ZOONOSIS

Desde hace un siglo, cuando se declaró la  primera gran epidemia de nuestros tiempos, la llamada “influenza”, en 1918-19  (el virus H1N1 de origen aviar) que devastó Europa, Estados Unidos (su origen)  y otros países, se han sufrido cinco grandes pandemias. A causa de aquél virus murieron 50 millones de personas en el mundo. La última pandemia, el coronavirus, aparecido en diciembre de 2019, está en su segunda ola y ha causado en el planeta más de un millón de víctimas y más de 46 millones de contagiados. En España, más de un millón de contagiados y 35.000 fallecidos.

El panel de expertos en biodiversidad de las Naciones Unidas ya lleva tiempo advirtiendo que la brutal deforestación en algunas partes del planeta y el comercio de fauna salvaje en otras, junto a las actividades humanas que generan el progreso del cambio climático y la pérdida implacable de la biodiversidad, están provocando conjuntamente un aumento exponencial (se habla de un 70%) de enfermedades emergentes encuadradas como zoonosis (patologías contagiosas de animales a personas). De otros circuitos científicos situados en diversos países del mundo se activan las alarmas por la plausible aparición de nuevas pandemias semejantes -- o más graves, contagiosas y letales-- a la Covid-19 en los próximos años, si no se controla la expansión de la agricultura intensiva aliada a la deforestación y no se remodela el sistema económico basado en un comercio, producción y consumo insostenibles.

Los especialistas en enfermedades zoonóticas tratan de crear una cultura de prevención más que de lucha antivírica. Destinar fondos para implementar modelos de prevención  e información  sanitarias, que vinculen el control de las causas conocidas de la zoonosis con la estructuración sanitaria suficiente para intervenir eficazmente en el inicio de la pandemia, sería mucho más lógico y económico que tratar de frenar lo inevitable cuando ya se ha despertado el dragón. Es decir, evitar en el futuro (quizá bastante más cercano de lo que creemos) justo lo que se está haciendo con el Covid, con los desastrosos resultados que cabía esperar y nadie parece haber previsto. Incluso, creo yo, con estas medidas razonables evitaríamos también el vergonzante  espectáculo de un negacionismo contra todas las evidencias, que además se está volviendo agresivo de forma progresiva. Es la constatación estadística y sociopolítica de una verdad algo humillante: la idiotez es el virus más peligroso que amenaza al género humano.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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31 octubre 2020 6 31 /10 /octubre /2020 10:34

Este mes vamos a adentrarnos en uno de los más interesantes asuntos que competen a la inteligencia humana: la dialéctica que se establece entre el amor al conocimiento y la aspiración a la sabiduría. Una cuestión compleja y enigmática,  donde las  suposiciones y las inferencias no resuelven el problema. Y que, para ciertas mentes resulta ser algo sencillo y evidente, como para el poeta T.S. Eliott o el medieval Maestro Eckart. En todo caso ha desafiado a las más notables inteligencias que han existido desde las épocas más remotas: de Sócrates a Buda, de Platón a Wittgenstein, de Pirrón a Montaigne, de Einstein a Aristóteles, de Epicuro a Marx, de Spinoza a Santo Tomás y San Agustín, de Leibniz a Nietzsche, de Kant a Pitágoras,  de Kierkegaard a Freud, de  Descartes a Maquiavelo, de Pascal a Russell… y, en el otro lado del espectro, en el lugar de lo cotidiano, de usted, lector o lectora, a mí, el que medita estas líneas e intenta que logremos clarificar la equívoca relación entre sabiduría o conocimiento. Es el reto a muchas inteligencias, que el citado T.S. Eliott supo sintetizar de forma inolvidable: “De prisa, aquí, ahora, siempre/ una condición de sencillez absoluta/ (lo que cuesta es nada menos que todo)/Y todo irá bien/ y todo género de cosas saldrá bien”.

Por un lado las religiones instituidas, por el otro, el misticismo y su hermano pobre el “espiritualismo” que renace popularmente en los sesenta del pasado siglo y se ha mantenido a base de best sellers de gurús o falsos profetas y de técnicas psico-físicas avaladas, ahora ya, por las Universidades (de una forma empírica y científica, que todo hay que decirlo), la moda de los rentables libros llamados redundantemente de “auto-ayuda” y la poderosa mafia cultural de los masters, cursillos y retiros de todo tipo, valía y condición (bastante de ellos bienintencionados y  documentados) dan las pruebas irrefutables de una realidad sociocultural: una parte considerable de la  Humanidad ha rebasado la infancia psíquica y está empezando a cuestionarse un sistema de vida aparentemente satisfactorio pero que les deja vacíos por dentro (en el mal sentido), inmotivados, desorientados e infelices. A ese vacío responde la venerable tendencia de la búsqueda racional-intuitiva de la que hablamos.

Ya sea por la vía de una cierta espiritualidad  liberada de aspectos místicos o religiosos o por la vía del empirismo científico y riguroso apoyado en técnicas y conocimientos  que van desde la neurología más avanzada a estudios psicológicos de gran profundidad y debidamente contrastados, la dicotomía sabiduría-conocimiento comienza a mostrar su verdadera faz: ni son semejantes, ni son rivales, ni están separadas radicalmente. Son, en el mejor de los casos, complementarios. Puede haber sabiduría sin conocimientos librescos o científicos y puede haber conocimientos extensos sin un solo gramo de sabiduría auténtica. Una cosa no presupone la otra necesariamente. La historia de la ciencia, la filosofía, la literatura, está llena de ejemplos de personas con enormes conocimientos que han sido infelices hasta el suicidio y han  extendido en torno de ellos la desdicha y, al contrario, ejemplos casi nunca públicos de personas dotadas de una sabiduría profunda –y escasos conocimientos técnicos o profesionales- que han pasado por la vida ayudando y tratando de satisfacer a los demás y han dado ejemplo personal de profundo equilibrio personal incluso en las condiciones más salvajemente duras.

Para ilustrar el aparente misterio entre la existencia de personas que poseen sabiduría y  los que sólo tienen amplios conocimientos, ofrezco al lector dos libros que ejemplifican en cierta forma dos maneras de superar el enigma: la obra de un reconocido científico convertido más o menos en poeta de la naturaleza (cuestionado por la grey científica por eso mismo, a pesar de sus notables ideas) Rupert Sheldrake, cuya “resonancia mórfica” fue uno de los principios básicos de la “New Age” en la ciencia de hace unos años. Y a su lado, a un psiquiatra que aplica criterios científicos a toda una serie de técnicas milenarias espirituales, desde el Vedanta al Zen o a la réplica moderna de éstas, estructurada en la técnica del Mindfulness, el profesor de la Universidad de Zaragoza, Javier García Campayo. Ambos libros editados por Kairós, la editorial icónica en esta temática desde los años 60 del pasado siglo.

García Campayo hace un notable trabajo en torno a la deconstrucción del yo, una teoría que aprovecha ciertas cualidades de la mente (metacognición, descentramiento y no apego) que suelen ser objetivos de disciplinas espirituales de la calidad del zen, el budismo tibetano, la filosofía greco-latina o el taoísmo, sumados a técnicas empíricas como el mindfulness y sus ramas especializadas en reducción del stress, terapia cognitiva o dialéctico conductual. Basada en la no dualidad entre el sujeto y el objeto, el yo y los otros, el uso del término “deconstrucción” me alarmó en principio debido a sus connotaciones lingüísticas y psicoanalíticas que propiciaron una avalancha de teorías disidentes y rebuscada terminología en el tercer tercio del pasado siglo. Cosa que propició algunos sonados disparates y desconcierto al común de los lectores. En las venerables técnicas de búsqueda de la vacuidad en las que se basa, por ejemplo, el zen (es la que conozco mejor) suele haber una advertencia “en letra pequeña”: antes de desestructurar el yo, debes asegurarte de tener un yo estructurado de una forma correcta. Es un trabajo que se hace “después” de haber alcanzado un equilibrio psíquico en el que el yo forma parte.

Afortunadamente el profesor  García Campayo tiene en cuenta  ese problema metodológico y en las numerosas “prácticas” que va recomendando según avanza el libro, resulta obvio que propone medidas progresivas y una gran cautela en el enorme trabajo a realizar. Nos recuerda en algún momento la frase de Suzuki Roshi “Nada de lo que está fuera de vosotros puede causaros ningún problema. Solo tú eres quien genera los movimientos de la mente hacia el sufrimiento o la aceptación”. Así que es esa mente la que hay que vaciar previamente de todos sus contenidos, que son los que configuran el “yo” que hemos de “deconstruir”. Y lo hace recomendando, “No mezcles la mente con pensamientos, emociones o sensaciones. Intenta sentir qué es lo que realmente eres”.

Excede la capacidad de este artículo enfatizar la enorme información que el autor nos facilita sobre todos los movimientos, técnicas y disciplinas que se ocupan de la no dualidad y la vacuidad. Pero deseo destacar la voluntad de hacerlos comprensibles y de proporcionar al lector métodos y medios para entrar en ese difícil camino de equilibrio psíquico y espiritual que preconiza. En esencia, el autor nos viene a decir: no importan los medios o vehículos que utilices, su conocimiento no te llevará a la verdad, pero su práctica en algún momento sincronizará con ella. Y una vez cruzado el río hacia la sabiduría, la balsa o canoa utilizada puedes dejarla en la otra orilla.

El segundo libro que les recomiendo es un ejemplo del “otro camino” hacia la sabiduría a través del conocimiento. Se debe al controvertido biólogo Rupert Sheldrake que provocó sarpullidos a muchos científicos con su teoría de la “resonancia mórfica”. En esencia venía a decir que “la probabilidad de ocurrencia de un fenómeno aumenta proporcionalmente a su ocurrencia pasada”. Después de que las ratas de un laboratorio de Cambridge aprenden a escapar de un laberinto, las ratas de otro laboratorio de Nueva Delhi o Barcelona escapan mucho más rápidamente de un laberinto similar.  Se debe a esa “resonancia mórfica”: formas y conductas de organismos pasados influyen sobre organismos presentes.  Para Sheldrake las regularidades de la naturaleza son más hábitos que leyes inmutables. Esa hipótesis le valió a Sheldrake ser calificado por una revista científica de primer orden como “el mejor candidato a la hoguera que se ha visto en muchos años”.

Pero a pesar de su talante anti ortodoxo y rebelde a algunos paradigmas de la ciencia actual, Sheldrake, o tal vez por eso mismo, nos brinda en si libro en su “Caminos para ir más allá” un manual de técnicas y sistemas para alcanzar estado alterados de conciencia con fines espirituales y de mejora personal. Aquí se supera ampliamente la banalidad de la simple autoayuda para  convertirse en un documento inspirador, serio y documentado, de sumo interés para cualquiera que quiera lograr esa visión clara de lo real, a través de la vida cotidiana, de la práctica deportiva, la observación de los comportamientos de algunos animales (¿se le ha ocurrido a usted observar cómo se comporta su gato, su atención focalizada, su perfecta relajación, sus reacciones súbitas y eficientes de una rapidez instantánea?),  o la contemplación de la naturaleza, el poder de la oración, la práctica del ayuno, los psicodélicos, y, naturalmente, fiel a sus principios científicos, la utilidad esencial de generar buenos hábitos para lograr ese difícil equilibrio de la vida plena. La utilidad de las siete prácticas espirituales analizadas por el autor (en otro libro suyo había analizado otras siete relacionadas directamente con la ciencia) no estriba en seguirlas para obtener los beneficios que producen en la salud o para llegar a ser más felices o tener más éxito, sino para lograr sentir una conexión con una conciencia, un ser o una presencia superiores. “Incluso una experiencia breve de un estado de conexión gozosa -nos dice Sheldrake- puede bastar para cambiar el curso de la vida de alguien”. Y nos advierte, no se trata de establecer contactos con misteriosos seres espirituales fuera del mundo físico, sino que es el resultado de los efectos fisiológicos, químicos y físicos sobre el cuerpo y el cerebro causados por esas prácticas.

Y concluye: “En la medida en que todas esas prácticas espirituales pueden conducirnos a un mayor sentido de conexión con la totalidad o el Todo, o el amor de Dios, expanden nuestra conciencia de parentesco con otras personas, otros animales, plantas y árboles, ríos y océanos, rocas y tierra, con toda la Naturaleza. Y eso nos impulsa y motiva para comportarnos de manera más amable y a vivir y trabajar para un bien común, mayor que el nuestro individual. “. Y esto, se llama sabiduría a través del conocimiento.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

FICHAS

VACUIDAD Y NO-DUALIDAD.- Javier García Campayo.- Ed. Kairós.- 499 págs.

CAMINOS PARA IR MÁS ALLÁ.- Rupert Sheldrake.- Ed. Kairós. Trad. Vicente Merlo. 418 págs.

 

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29 octubre 2020 4 29 /10 /octubre /2020 19:21

En la recepción que Jorge Marco Bergoglio, más conocido como el Papa Francisco, dio a Pedro Sánchez y señora, el Pontífice tomó la palabra para hacer una clara advertencia a los políticos españoles. Más o menos les dijo “vayan con cuidado, el país se les está yendo de las manos” y pidió a todos que rebajaran la fratricida tensión ideológica que se estaba apoderando del escenario político español. Citó el “resurgir de nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos”, aseguró que la hegemonía social del egoísmo y el individualismo más insolidario, las “fantasías tradicionalistas” y las tensiones territoriales estaban abocando a las democracias, no sólo en España sino en todo Occidente, a una regresión autoritaria cada vez más evidente. Este lúcido Papa hizo una referencia sutil a la degradación de la República alemana de Weimar, hace ahora cien años, que supuso el triunfo del nazismo y la pesadilla hitleriana que anegó el mundo.

El Papa pidió a Sánchez que transmitiera a todas las fuerzas políticas españolas la necesidad de optar por el camino de concordia, colaboración y solidaridad que reflejaba su reciente encíclica “Fratilli tutti” (“Todos hermanos”). Quizá la sutileza de Francisco, más interesante para nuestro país, fuese su uso de tres conceptos para definir una misma realidad necesaria: País, Nación y Patria. Mejorar el primero, consolidar la segunda y hacer progresar la tercera. Y ninguno de los tres pertenece a una ideología en exclusiva. Territorio, política y símbolo histórico común, asaltados por separado por los partidos y las ideologías, en un rifirrafe donde pierden su naturaleza y se convierten en “herramientas” ofensivas y disgregadoras. Ni la izquierda, ni la derecha, ni los extremos de ambas, ni nacionalistas obcecados o separatistas visionarios, tienen en sus respectivas manos las medidas para evitar (o traer) otro Weimar en España. Pero los ataques extremistas por todos los flancos a esta España asolada por la pandemia y la crisis económica y la falta de respuesta unitaria de los políticos democráticos, constituyen un peligro cierto y real de regresión a las dictaduras. El Papa Francisco estuvo acertado.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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24 octubre 2020 6 24 /10 /octubre /2020 09:01

Ya sea por la vía de una cierta espiritualidad  liberada de aspectos religiosos o por la vía del empirismo científico y riguroso apoyado en técnicas y conocimientos que van desde la neurología avanzada a complejos estudios psicológicos empíricamente valorados, la dualidad sabiduría-conocimiento  muestra que ni estos elementos son semejantes, ni rivales, ni están confrontados. Son, en el mejor de los casos, complementarios. Puede haber sabiduría sin conocimientos librescos o científicos y puede haber conocimientos extensos sin un solo gramo de sabiduría auténtica. Una cosa no presupone la otra necesariamente. La historia de la ciencia, la filosofía, la literatura, muestra ejemplos de personas de gran erudición que han sido muy desdichados y han extendido en torno a sí esa desdicha y, al contrario, ejemplos, a veces anónimos, de personas dotadas de una sabiduría profunda, con escasos conocimientos técnicos o profesionales. Estas han vivido una existencia de bondad, servicio, generosidad y amor; ejemplos de un admirable equilibrio y fortaleza, incluso en condiciones salvajemente duras.

Para ilustrar la aparente dicotomía entre los considerados “sabios” y  los que “sólo” tienen amplios conocimientos de todo tipo, lean este libro que apuntan formas de superar el enigma: la obra de un conocido científico cuestionado por sus colegas a pesar de sus notables ideas,  Rupert Sheldrake, cuya “resonancia mórfica” fue uno de los principios de la “New Age” en la ciencia de hace unos años. El  controvertido biólogo provocó la ira de muchos científicos con su teoría de la “resonancia mórfica”, publicada en su libro A New Science of Life: The Hypothesis of Morphic Resonance ('Una nueva ciencia de la vida: la hipótesis de la resonancia mórfica'), en 1981.  En esencia venía a rechazar el esquema de un universo mecánico y abonar la existencia de una memoria colectiva dentro de las especies. Según este heterodoxo científico británico, existe un proceso de conexión no material llamado “resonancia mórfica” que propaga la memoria de la naturaleza y determina la evolución de las especies ya que  la probabilidad de ocurrencia de un fenómeno aumenta proporcionalmente a su ocurrencia pasada”. Ejemplo: tiempo después de que las ratas de un laboratorio de Cambridge aprenden a escapar de un laberinto, las ratas de otro laboratorio de Nueva Delhi o Barcelona- sin ningún contacto entre ellas o entre los que las usan- escapan mucho más rápidamente de un laberinto similar.  Esa hipótesis es interesante pero vaga y falseable, dado que por el momento no ha sido demostrada de forma empírica, ya que los experimentos no se han podido reproducir.  Ya desde el principio le valió a Sheldrake ser calificado por una revista científica como “el mejor candidato a la hoguera que se ha visto en muchos años”. El mismo año  de la aparición del libro, la revista Nature publicó un editorial de John Maddox, su editor jefe, titulado ¿Un libro para quemar?, donde decía: " los argumentos de Sheldrake no son, en ningún sentido, argumentos científicos, sino un ejercicio de pseudociencia...".

Sin embargo, lejos de todo esto, pero tal vez imbuido por el mismo aliento  heterodoxo y experimental, Sheldrake, en su libro “Caminos para ir más allá” nos ofrece un manual de técnicas y sistemas para alcanzar estados alterados de conciencia con fines espirituales y de mejora personal. Se trata de un libro inspirador, serio y documentado, cuidadoso con las fronteras científicas. Útil para cualquiera que quiera lograr esa visión clara de lo real, simplemente de una forma peculiar de existir en la vida cotidiana, a través  de la práctica deportiva, la observación de los comportamientos de algunos animales o la contemplación de la naturaleza, el poder de la oración, la práctica del ayuno, los efectos de algunos psicodélicos, y, naturalmente, la generación de buenos hábitos para lograr ese difícil equilibrio de la vida plena. La utilidad de las siete prácticas espirituales analizadas no estriba en seguirlas para obtener beneficios en la salud o para ser más felices o tener más éxito, sino para conseguir sentir la “conexión” con una conciencia, un ser o una presencia superiores. “Incluso una experiencia breve de un estado de conexión gozosa -nos dice Sheldrake- puede bastar para cambiar el curso de la vida de alguien”. No se trata de establecer contactos con misteriosos seres espirituales fuera del mundo físico, sino que es el resultado de los efectos fisiológicos, químicos y físicos sobre el cuerpo y el cerebro causados por esas prácticas.

Y concluye: “En la medida en que todas esas prácticas espirituales pueden conducirnos a un mayor sentido de conexión con la totalidad … expanden nuestra conciencia de parentesco con otras personas, animales, plantas y árboles, ríos y océanos, rocas y tierra, con toda la Naturaleza. Y eso nos motiva para tener un comportamiento amable y  trabajar para un bien común, superior al individual".

Por lo tanto el "Ir más allá" de Sheldrake consiste en pasar a un estado superior de consciencia, a un lugar donde es posible percibir una mayor comprensión, amor y conexión con lo y los que nos rodean, donde quizá podamos encontrar el significado de la vida. Sheldrake investiga por qué funcionan esas antiguas disciplinas espirituales y físicas, en qué forma interactúan con nuestro cerebro provocando en algunos casos formas expandidas de consciencia. Interesante, incluso para un escéptico como yo.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

CAMINOS PARA IR MÁS ALLÁ.- Rupert Sheldrake.- Ed. Kairós. Trad. Vicente Merlo. 418 págs

 

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