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21 abril 2015 2 21 /04 /abril /2015 16:29
Big Hero

Historia sobre un genio infantil de la informática (Hiro), una película de iniciación y aprendizaje juvenil en la que la figura del maestro es el hermano mayor de la criaturita que parece ir por mal camino hasta que el hermano y un robot de vinilo le hacen entrar en una facultad de superdotados. Los dibujos (que deben mucho a la estética manga) son magníficos y hacen atractiva una película trepidante con mensajes claros de superación personal y de talento bien empleado. Eso lo tenemos en una primera parte de la cinta que luego va decantándose hacia el subgénero de los superhéroes cibernéticos. En esa bastante reiterativa trama (ya vista en multitud de formas semejantes), aparece el malo de gran poder y sigue el esquema habitual: peligro, enfrentamiento, casi derrota y victoria final con destroce vengativo de los malos. Sin embargo hay algo memorable en esta reedición de trillados argumentos: el robot Boymax, un adorable elemento hinchable y gomoso que recuerda al gran muñeco de malvavisco que siembra el terror en Nueva York como un Godzilla con sonrisa maligna en "Los cazafantasmas". Su expresividad está logradísima solo con simples movimientos de los dos puntos negros como ojos y la línea recta como boca. Algo parecido a los gestos enternecedores de Walle-e.

Un éxito más de Disney post compra de Pixar, Marvel y Lucasfilm que, por una vez, transcurre en una ciudad mezcla de Los Angeles y Tokio y se rinde al universo Manga y al de los superhéroes de Marvel, y al tiempo mantiene un nada ñoño sentido del humor y una emotividad sin sentimentalismos.

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20 abril 2015 1 20 /04 /abril /2015 14:28
El lector del tren de las 6.27

La primera gran virtud de esta novela de título sencillo y enigmático es su deliberada vocación de ser sencilla, cotidiana y sin más complicaciones que las que causa la vida a todos los mortales de una manera o de otra. De ahí su considerable éxito en Francia y seguramente aquí también. Su protagonista se define acertadamente (pag. 193) en su descripción escrita dirigida a la mujer que ama: "No tengo feas verrugas en el mentón ni ceceo alguno, pero poseo un nombre gilipollesco (Guibrando Viñol, uno de sus complejos más hirientes ya que desde niño le han fastidiado con el retruécano "Vibrando Guiñol") que por sí solo vale todas las verrugas y todos los ceceos del mundo. Amo los libros, aunque me paso la mayor parte del tiempo destruyéndolos. Mi único bien es un pez rojo que se llama Rouget de Lisle y como amigos tengo a un tullido que se pasa la vida buscando sus piernas y a un versificador que sólo sabe hablar en alejandrinos". Pues bien, todo eso encaja sencillamente en una historia sin dobleces ni profundidades, escrita casi coloquialmente, pero llena de un cierto candor que la hace deliciosa. Es la típica novela de poca extensión (gracias a Dios, muestra de la inteligencia del autor: con esos personajes y ese tema un tomo de quinientas páginas hubiera resultado insoportable) 195 para ser exactos y trufadas de textos --los que lee el protagonista en el tren-- cortos, algunos desternillantes y otros magníficos, como los que escribe la chica-- antes de ser amada por Guibrando-- y ha perdido en el tren dentro de un pendrive que encuentra casualmente el lector.

Y la segunda gran virtud es el sentido del humor, un poco escatológico a veces, aunque sin llegar a la grosería. Recomiendo la atenta lectura de la página 156 en la que se describen las tres clases de ruidos que cualquier humano urbanita hace en los lavabos públicos o privados. Los ruidos "nobles", los ruidos "Pantalla" y los de "satisfacción". Se pasa un buen rato con esta novelita intrascendente, culta y traviesa. Las lecturas de Guibrando en la residencia de ancianos es otro de los momentos sugestivos de la novela. El humor de Jean-Paul Didierlaurent le permite abordar temas trágicos, como el de su amigo del alma, Giuseppe con un pulcro distanciamiento que el humor permite. Hay maestría de relato corto en este escritor (creo que esta es su primera novela) y se le nota en demasía. En realidad esta novela es un conjunto de relatos cortos unidos por una voluntad férrea en forma de una trama que se resuelve como es obligado con un sentimiento básico, el descubrimiento del amor y la esperanza de superar la soledad.

FICHA

"El lector del tren de las 6,27".- Jean-paul Didierlaurent.- Traducción (excelente) de Adolfo García Ortega.-195 págs.-Seix Barral.-17,50 euros

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19 abril 2015 7 19 /04 /abril /2015 14:14
Almirante (Admiral: Roaring Currents)

Interesante película surcoreana de grandes escenarios, ambientación cuidada, fotografía primorosa, vestuario deslumbrante y notables secuencias de batallas navales, ambientada en la lucha de Corea contra Japón en el siglo XVI. Magníficamente dirigida por Kim Han min e interpretada por un excelente Choi Min Sik, es un producto sumamente atractivo visual y argumentalmente, pese a su triunfalismo excesivo y metraje extenso (126 minutos). El cine de Corea del Sur sigue siendo uno de los más interesantes de Asia. La reconstrucción histórica es impecable. La lucha victoriosa de doce navíos coreanos contra trescientos y pico japoneses, resulta apasionante y aunque poco verosímil (se nos asegura que son hechos históricos) permite al director alcanzar un meritorio y atractivo resultado. No se la pierdan si llega a los cines.

Director Kim Han-min.- Guión Cheol-Hong Jeon, Han-min Kim.- MúsicaTae-seong Kim.- Fotografía, Tae-Seong Kim .- Reparto: Choi Min-sik, Seung-Ryong Ryoo, Ryu Seung-Ryong, Jin-Woong Cho, Myung-gon Kim, Ku Jin, Jung-hyun Lee, Min-woo No, Kim Tae-Hun, Jin-Woong

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18 abril 2015 6 18 /04 /abril /2015 16:12
Cover operation (Operacion encubierta)

Mescolanza de géneros con manifiesta vocación gore. Película para olvidar. Casi es una obligación del crítico avisar que este producto no debe ser consumido, ni en el cine (a los que no llegará si queda algo de sentido común en los distribuidores) ni en la tele. Su contenido puede llegar a disgustar seriamente a cualquier cinéfilo. Aunque algunas secuencias como la de la lucha del héroe contra un norcoreano armado mientras en el piso de arriba otro soldado de ese país trata denodadamente de violar a una muchacha china, resultan de lo más surrealistas. La película puede utilizarse para cabrear hasta el paroxismo a la dictadura del memo sonriente.

Director Mathieu Weschler.- Guión Mathieu Weschler.- Música Bruno Linck.- Fotografía Vincent Vieillard-Baron.- Reparto: Sedina Balde, Sabine Crossen, James Gerard, Antony Szeto, Kirt Kishita, Simon Yin, Jared Robinsen, Richard Sammel, Michael Chan, Jason Tobin

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18 abril 2015 6 18 /04 /abril /2015 09:27

Lo cierto es que somos legión los que opinamos que uno de los mayores placeres de la vida es la lectura. Algunos, una minoría, comparten una pasión paralela, la posesión de obras de literatura destacables en ediciones de valor. Ese amor , muchas veces desmesurado y evidentemente ilógico cuando se pasa de rosca, tiene múltiples aspectos y genera curiosos personajes. En la obrita que hoy les recomiendo, deliciosa novela-documento sobre los bibliófilos de otras épocas, se nos habla de alguien muy original en este campo a veces polvoriento y siempre interesante: el bibliótafo.

Como se nos aclara en el libro: El bibliótafo entierra libros; no literalmente, pero a veces con el mismo efecto que si los hubiera metido bajo tierra. Existen varias clases de Bibliótafo. El tipo perro del hortelano es el peor. Apenas utiliza los libros para él mismo e impide absolutamente que los utilicen los demás. (p. 15)

Los aficionados a leer y los coleccionistas de libros conocemos muy bien este tipo de obsesión tóxica (basada en una patología que los iguala con los poseedores de grandes obras de arte que las encierran en sus cajas fuertes y apenas se atreven a disfrutarlas en la intimidad de sus hogares). Por eso entendemos bien al personaje principal de este delicioso libro editado por Periférica y escrito por Leon H. Vincent a principios del siglo XX. Una obra muy original y que entusiasmará sobre todo a los amantes de la literatura clásica inglesa y de ediciones primeras de autores británicos.

Leemos: "Un bibliótafo entierra libros; no literalmente, pero a veces con el mismo efecto que si los hubiera metido bajo tierra. Uno de ellos, el más simpático que ha pisado las calles durante mucho tiempo, es el protagonista de esta historia. Acumuló sus libros durante años en el enorme desván de una granja del condado de Westchester. Cuando aquella biblioteca ya no cupo en el desván la trasladó a un gran almacén del pueblo. Era la atracción del lugar. Los aldeanos aplastaban la nariz contra las ventanas e intentaban curiosear en la penumbra a través de las persianas medio bajadas…"

El personaje en cuestión nos sirve para hacer un recorrido por una fauna humana relacionada con los libros que daban esplendor literario a finales del siglo XIX en Estados Unidos, modelando una historias apasionantes sobre las peripecias de los bibliófilos --y del bibliótafo-- a la busca y captura de las joyas que ansiaban. La curioso es que " La excentricidad del protagonista se centra no ya en su mitomanía librera sino en el hecho de que a nadie le consta que leyese los libros".

La simpática ironía del autor -y del editor- se complace en acentuar que "Una creencia popular respecto a los coleccionistas de libros dice que sus vicios son muchos, sus cualidades negativas y sus costumbres completamente imposibles de averiguar. Sin embargo, el crítico más hostil está obligado a admitir que la cofradía de los bibliófilos es eminentemente pintoresca. Si sus actividades son inescrutables, también son románticas; si sus vicios son numerosos, la perversidad de esos vicios queda mitigada por el hecho de que es posible pecar con gracia. Sea como fuere, los dichos y hechos de los coleccionistas dan vida y color a las páginas de esos buenos libros que tratan de otros libros".- Sin duda, como el que les recomiendo.

FICHA.-

El bibliótafo.-Un coleccionista de libros.Leon H. Vincent.Ed. Periférica.Traducción de Ángeles de los Santos.108 páginas.14,50 €

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17 abril 2015 5 17 /04 /abril /2015 10:21
Fast and Furious7

Una nueva entrega de una trepidante saga, "A todo gas" que ha logrado crear un amplio público --y críticos-- incondicionales de estas historias de acción inverosímiles, espectaculares, surrealistas, simples y de una brillantez visual y técnica en los antípodas de su contenido digamos literario, artístico o humano o de las interpretaciones de sus actores-fetiches musculitos dotados de una intensidad psicológica o intelectual de encefalograma plano. Pero divierten un montón.

La esencia de este cine de tarde palomitera y lavado de cerebro de preocupaciones y obsesiones cotidianas varias, consiste en dar al espectador lo único que espera: diversión a raudales a base de mamporros, ritos, explosiones y "el más difícil todavía" en secuencias rodadas por magos de los efectos especiales.

El punto de esta entrega (la séptima) es el personaje interpretado por el malogrado Paul Walker, de manera que el avisado guionista y el director han rediseñado las secuencias rodasa para darle un significado especial de despedida al actor y a sus fans. Y asi sus interacciones con los compañeros de reparto, en especial con Toreto ( Vin Diésel) y Mia (Jordana Brewster) parece mostrar una intención de ofrecer un homenaje o tributo a la persona fallecida.

Aquí tenemos a Jason Statham haciendo de malo y eso le da una vuelta de tuerca a la gratuita y descomunal violencia de la acción, aunque se salda dejando la moneda en el aire (lo cual hace sospechar que veremos un octava entrega). A favor de la saga, el paródico sentido del humor, que parece desprenderse con ironía de los excesos y de algunos diálogos que los fans de la serie suelen recibir con carcajadas referenciales.

Música ad hoc, con Bryan Tyler, y las divertidas interpretaciones de los habituales: Vin Diesel, Paul Walker, Dwayne "The Rock" Johnson, Jason Statham, Michelle Rodriguez, Tyrese Gibson, Elsa Pataky, Tony Jaa, Nathalie Emmanuel, Jordana Brewster y el resto de secundarios que parecen pasarlo bomba en el rodaje.

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17 abril 2015 5 17 /04 /abril /2015 07:07
Strappo

Martí Carbonell es un periodista doblado en escritor de ese género tan prolífico --el de novela histórica o más o menos basada en hechos del pasado, desde el más remoto (poco comprobables o falseables según el maestro Popper) hasta los siglos más cercanos al nuestro-- que trata de encaramarse en las listas de best sellers. En este caso la pluma del oficio aparece de continuo en la prosa concisa y poco dada a arabescos del amigo Gironell: se trata de un entretenido, documentado y en ocasiones apasionante texto adobado con la salsa detectivesca y la guindilla de la denuncia sobre algo que los que ya peinamos canas recordamos con una indignación que entonces sonaba a algo hippy: el expolio anónimo permanente por motivos económicos de los grandes tesoros artísticos románicos, frescos, murales, tallas, altares enteros, de las perdidas iglesias --o no tan perdidas-- de las tierras catalanas, algo considerado prácticamente sin valor en los principios de nuestro aciago siglo XX o finales del XIX.

El strappo es una técnica de extracción artística --arrancar murales de una manera que permitía su conservación y traslado-- que Gironell cita con referencia al robo de unos murales milenarios de Santa María de Mur y que amenazaba otros tesoros poco apreciados en la época en ermitas del Pallars y el valle de Boí. El autor se ha documentado bien y ha consultado a especialistas contemporáneos de aquellas historias o de cuestiones ambientales y sociales (entre ellos a mi amigo y compañero de estancia en La Vanguardia, Lluis Permanyer). El autor nos presenta a una serie de personajes, algunos reales y otros ficticios que van llevando la dinámica de sus vidas por entre los hechos que nos relata, la mayoría históricos. Las necesidades económicas de la Iglesia de la época y el lugar están detrás de una cierta connivencia entre la autoridad eclesiástica (a veces era sólo cuestión de la voluntad y la ignorancia de los párrocos) y un expolio que se basaba en ventas bajo mano de obras de arte que ni siquiera estaban catalogadas y se deterioraban en oscuros sótanos de iglesias semi ruinosas. Gironell también ilustra su libro con los intentos de frenar el expolio y las operaciones de rescate de organismos como el Institut d'Estudis Catalans o la Junta de Museus y personajes reales como Folch i Torres, Puig i Cadafall, Plandiura o Pollak. Y no ignora ni acicala la paradoja de que el expolio era tanto por parte de codiciosos aventureros como por mecenas y personalidades que se llevaban las obras de sus lugares de origen para ponerlas a buen recaudo y de paso evitar que salieran del país. Sería de agradecer que se investigara y analizara --ignoro si ya es posible-- todos los expolios de las ermitas e iglesias catalanas a partir del siglo XIX-- obras de arte que enriquecen anónimas colecciones en cualquier parte del mundo.

Como dice el personaje basado en Folch i Torres dirigiéndose irritado al marchante Pollak: " ustedes saben que esas pinturas tienen un alto valor y probablemente habrán engatusado a ...curas e incluso al obispo...con el fin de conseguir por una miseria unas obras que...son de un precio incalculable. ..Tal vez sea legal, no se lo voy a negar señor Pollak, pero estoy convencido de que no debe tener usted la conciencia muy tranquila; es antiético"... (pág. 201)

En los años setenta publicábamos en "La Vanguardia" una serie de más de treinta reportajes en color de las ermitas abandonadas por los parajes de Cataluña y su estado ruinoso, algunas de ellas con frescos o murales interesantísimos y la mayoría con pruebas claras de haberlos tenidos y haberles sido extraídos anónimamente y con fines de lucro.

La novela se lee con agrado con un estilo periodístico llano, sencillo y coloquial, que describe los hechos y los personajes con pinceladas rápidas y sin entrar en complejidades ni reflexiones de calado. Es entretenida y de una intencionalidad honestamente evidente: pretende informar divirtiendo o divertir informando, dejando a un lado análisis históricos, éticos o sociológicos (que realmente romperían el ritmo, a veces enlentecido por el legítimo afán de documentar fidedignamente).

FICHA

STRAPPO.- Martí Gironell.- 317 págs.- Ed. B.

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16 abril 2015 4 16 /04 /abril /2015 17:50
Mr. Holmes

Un nuevo libro sobre el genial personaje de Sir Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes. Son muchísimo los que se ha atrevido con mayor o menos fortuna a recrear el personaje de Holmes y como en el cine el detective británico ha tenido muchas vidas complementarias y aventuras que jamás soñó Conan Doyle en darle. En esta ocasión lo encontramos en su archisabida hacienda de Sussex dedicado al noble arte de cultivar panales de abejas y recolectar miel, escribiendo de vez en cuando algunos de sus tratados sobre la ciencia de la deducción.

El Holmes de Mitch Cullin, "A Slight Trick of the Mind" fue publicado en España en 2005 por la editorial Crescendo con el título "Un sencillo truco mental". El hecho de haberse llevado al cine (está a punto de estrenarse) con el título de "Mr. Holmes", Roca Editorial se ha apuntado a caballo ganador y la ha reeditado con el título de la cinta. Creo que hay pocos personajes literarios que han tenido tantas versiones, añadidos, especulaciones e invenciones biográficas (que deben hacer resonar los huesos del escritor en su tumba). Ha habido alguno de esos escritores con protagonista prestado (o saqueado, a menudo) que nos hablan de un Holmes centenario y mas o menos en plena forma. El de Cullin recupera a un Homes de noventa y pico años que en 1947 se ocupa de un caso matrimonial que le apasiona (porque le apasiona la mujer misteriosa que hace música con un armónium de cristal), realiza un viaje a Japón post bomba atómica y asiste conmocionado a la muerte de un niño al que quería (sin haberse dado cuenta de ello) que es el hijo de su ama de llaves y ayuda al detective en su afición por las abejas.

El Holmes de Cullin es un anciano bastante decrépito, obsesionado por sus perdidas de memoria y su soledad. No es el Holmes habitual, no solo por la edad, sino por su empeño en desvincularse de la imagen tópica que le dio Conan Doyle (de hecho en ningún momento logré encontrar al familiar personaje en ese retrato desencantado aunque ciertamente atractivo por sus debilidades y sus cuestionamientos internos. A pesar de todo nos las vemos con una buena novela, respetuosa con sus fuentes literarias y con ambición de brindarnos un retrato psicológico absolutamente verosímil y candentemente humano. Quizá es que al niño que todo lector lleva dentro no le gusta demasiado que le hablen de finales humanos de un personaje eterno. Pero al adulto que, en definitiva, es ese lector, le conmueve ese anciano que vive tristemente entre las sombras de un pasado épico y nos recuerda que sus grandes figuras hermanas, Watson, Mycroft, Moriarty ya pertenecen al remoto mundo de los mitos muertos. No es una novela detectivesca, sino una reflexión aún vital y sin duda profunda y esencial sobre los sentimientos y las emociones de un hombre que se apaga.

FICHA

MR.HOLMES.- Mitch Cullin.- Trad. Eva González.- RocaEditorial.-282 págs. 19 euros

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15 abril 2015 3 15 /04 /abril /2015 13:25
Camarada X

Encantadora y maniquea película clásica en glorioso blanco y negro, rebosante de nitrato de plata como se hacían antes, sobre el enfrentamiento tradicional en occidente, entre los Estados Unidos y la Madre Rusia oscura de los tiempos de la URSS. Es también un intento de Hollywood de enfatizar las diferencias ideológicas --y socioeconómicas- que debía terminar con la Segunda Guerra Mundial, donde los nazis lograron que los dos colosos enterraran el hacha de guerra pero no las suspicacias y los complejos. Aquí se trataba de motivar a la juventud para que se enrolaran y levantar el ánimo a la población civil para que no se traumatizara con lo que iba a venir. Como era una causa nacional se enroló a actores y directores para que rodaran lamentables productos publicitarios que ahora, con el paso del tiempo, han perdido su mordiente lastimosa y han dejado su encanto.
Al gran King Vidor le entregaron la historia de Walter Reisch, que no deja de ser una copia mala de otra obra suya, “Ninotchka” , esa delicia que dirigiera Ernst Lubitsch. El padre del guión fue Ben Hetcht, el soberbio artífice de “Primera Plana”, e hijo de inmigrantes rusos. La película consigue el efecto contrario al esperado: los norteamericanos quedan como unos berzotas con tanta sensibilidad como una alpargata y los rusos normalitos y arteros como exigía el guión. Clark Gable sólo actúa de Clark Gable y Eve Arden le da una replica jugosa, aunque la palma se le lleva Hedy Lamarr, que nos propone un modelo de mujer rusa inteligente y zalamera que se lleva de calle a la cámara y al espectador.
No obstante, uno paso un buen rato con la película, a pesar de los pesares.

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14 abril 2015 2 14 /04 /abril /2015 16:39
"Elogio del caminar"... (y otros más)

Esa bendita suerte del "filobiblos", el amigo de los libros, que tantas delicias lectoras me ha ido deparando a lo largo de mi vida, ha vuelto a brindarme uno de sus relámpagos intuitivos: el encuentro con "Elogio del caminar" de David Le Breton. Dos días más tarde sorprendo en la librería de Serret en Valderrobres el "Caminar", pequeño volúmen del poeta y ensayista Thoreau, que edita el sello Árdora en su colección Expres. Una semana después "aflora" en mi biblioteca (término con el que designo esos instantes imprevisibles y mágicos en los que , de entre un montón informe de títulos o escondido tras otros en un anaquel atestado o caído casualmente al mover varios libros, aparece un título inesperado que no sabíamos que teníamos) "El arte de caminar", dos ensayos breves en un solo librito, uno debido a la pluma de William Hazlitt y otro a la del admirado y admirable Robert Louis Stevenson, editado en formato muy pequeño por la Universidad Nacional Autónoma de México en la colección "Pequeños Grandes ensayos". Tres libros, tres, sobre una de mis aficiones más sólidas, el senderismo y justo cuando preparo un libro sobre caminatas por el Matarraña. ¿Casualidad?¿Coincidencia? ¿Sincronicidad? No es necesario ser escritor para comprobar que cuando uno se lanza a los caminos, el simple ejercicio de andar se convierte en una experiencia que, si uno está atento a sí mismo, provoca emociones, reflexiones, sensaciones, todas espoleadas por el paisaje, el silencio, la luz y el color, el sano ejercicio físico, el cansancio o el asombro y la belleza que la Naturaleza nos regala a manos llenas. La fascinacion que provocan los libros de viajeros, montañeros y caminantes, no es otra que la posibilidad de revivir en uno mismo las emociones que a aquellas personas les causó su viajar. El libro de Le Breton, editado por la sensacional Siruela (es raro no dar con algo interesante cada vez que uno mira el catálogo de esa editorial) es un tratado filosófico, literario y poético del arte de andar por los caminos. No nos propone rutas, simplemente nos hace vivir un sendero fascinante de la mano de viajeros ilustres, filósofos peripatéticos y poetas iluminados por ese "caminar sin fin para no llegar a ninguna parte, para olvidar simplemente el paso del tiempo". Desde el poeta japonés Basho, tan implicado en el zen, hasta Stevenson, Baudelaire, Walter Benjamin, el gran explorador Richard Burton o nuestro Cabeza de Vaca, el célebre Bruce Chatwin, paradigma del viajero moderno o el ínclito Camilo José Cela, cuyo "Viaje a la Alcarria", seguí paso por paso caminando por los mismos lugares cuando cumplí los 18 años, Régis Debray, el director visionario de cine Werner Herzog, Patrick Leigh Fermor que recorrió toda Europa andando desde Holanda a Constantinopla, o terminar citando al mismisimo Rousseau y a Nietzche o a Walt Whitman y Thoreau. El camino como reto personal, "el caminar es a menudo un rodeo para reencontrarse con uno mismo" y como ejercicio mental y sensitivo "una forma activa de meditación que requiere una sensorialidad plena" (pag.15) son dos de los muchos aspectos que Le Breton, profesor y antropólogo y, evidentemente, del gremio de los caminantes, refleja en un enriquecedor texto que más que leer, degustamos. En el librito "Caminar" de Henry D. Thoreau, --lectura obligada para cuantos aman la naturaleza: su "Walden o la vida en los bosques" iluminó al mundo--, leemos: "Creo que no podría mantener la salud y el ánimo sin dedicar al menos cuatro horas diarias, y habitualmente más, a deambular por bosques, colinas y praderas, linbre por completo de toda atadura mundana". En cuanto al autor de "La isla del tesoro" , Robert Louis Stevenson, sugiere que caminemos siempre que podamos en soledad ya que solo asi se puede "estar abierto a todas las impresiones y permitir que nuestros pensamientos adopten el color de lo que vemos; se debe ser como una flauta para cualquier viento". ¿Han leido ustedes antes una descripción tan bella del talante que un buen caminante debe adoptar cuando pasea por bosques y montañas? Cuando uno se aficiona al placer de caminar comprende la frase de Stevenson, "Parece como si una caminata a paso vivo nos purgara, mas que ninguna otra cosa, de toda mezquindad y orgullo". Thoreau propone una Orden de los Caminantes Andantes y una filosofía un poco radical: "Si te sientes dispuesto a abandonar padre y madre, esposa, hijo y amigos ...si has pagado tus deudas, hecho testamento, puesto en orden todos tus asuntos y eres un hombre libre; si es así, estás listo para una caminata". Tampoco hay que tomárselo así, pero bueno, da una idea de la pasión que puede envolver al andariego una vez que le encuentra el encanto a ese ejercicio que deviene, casi, una forma de vida. Que un filósofo como Rousseau escribiera "Nunca he pensado tanto, existido y vivido, ni he sido tan yo mismo, si se me permite la frase, como en los viajes que he hecho a pie". O como afirma Le Breton en su magnífico libro, "El sendero, el camino, son una memoria grabada en la tierra, el trazo en las nervaduras del suelo de los incontables caminantes que por alli han pasado a lo largo de los años, en una especie de solidaridad intergeneracional inscrita en el paisaje". Una forma bella de decir lo que todos o casi todos los montañeros hemos pensado al seguir un camino. Háganse un favor, compren estos tres libros y salgan al campo con una mochila, buen calzado y ropa adecuada. Descubrirán un mundo fascinante.

FICHA: ELOGIO DEL CAMINAR,.David Le Breton. Editorial Siruela.Traducción de Hugo Castignani.171 páginas.- CAMINAR.-H.D.Thoreau.-Ed. Ardora, 60 págs.- EL ARTE DE CAMINAR.-W. Hazlitt y R.L. Stevenson.-Ed-Univ.Auton. México. 54 págs.

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