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21 mayo 2020 4 21 /05 /mayo /2020 09:01

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con un libro de historia de la filosofía como con "Tiempo de magos" del filósofo y periodista Wolfram Eilenberger que ha logrado la hazaña de escribir una especie de "Vidas Paralelas" no sobre emperadores o filósofos romanos y griegos, sino con grandes filósofos de nuestro ayer más cercano, la por él bautizada "gran década de la filosofía", de 1919 a 1929. Diez años prodigiosos en los que las vidas y los acontecimientos personales e intelectuales de cuatro pensadores de primera fila, Ludwig Wittgenstein, Walter Benjamin, Martin Heiddegger y Ernst Cassirer, marcaron de una forma indeleble, decisiva, la especulación filosófica, social y científica de todo el siglo XX y se extiende sobre el XXI.

La gracia del libro estriba en la habilidad con la que el autor va engarzando las vidas de estos cuatro hombres,con sus penurias, vacilaciones, contradicciones, logros e ideas, tejiendo un tapiz que tiene la virtud de mostrar de una forma sencilla y atractiva los entrecruzamientos de los cuatro. No sólo en el entorno geográfico y político social a los que pertenecen por vivir en la misma época y países cercanos entre sí, sino en la esencia conceptual de sus ideas, todas ellas  (quizá con la excepción del muy ortodoxo Cassirer), de tan difícil sustantación y definibilidad que resulta una hazaña intelectual hacerlas digeribles al lector. Como elementos hábiles de hacer amena la lectura, Eilenberger escoge anécdotas vitales -muchas de ellas bastante poco conocidas- que van perfilando las figuras de estos pensadores tan controvertido como Heiddegger,  tan contradictorio y desdichado como Benjamin, o el difícil trato con el autista genial y no menos desdichado, Wittgenstein.

Destaco la anécdota del examen de doctorado de Wittgenstein en la Universidad de Cambrige en 1929, ante un tribunal formado por los filósofos Bertrand Russell y G.E. Moore, entre otros. Un cuarentón Wittgenstein que sólo había publicado una obra (que nadie había entendido) y que trabajaba como maestro de escuela tras haber rechazado su herencia, una fortuna extraordinaria, se presenta ante el tribunal, se niega a dar demasiadas explicaciones de sus ideas y ante sus asombrados jueces se levanta, da unos golpecitos amistosos en los hombros a Russell y Moore y les espeta: "No se preocupen, sé que jamás lo entenderán". Evidentemente fue aprobado. No por la soberbia un poco cómoda y excesiva de la frase sino porque todos los examinadores de forma unánime sabían que estaban ante un genio irrefutable.

Los cuatro pensadores analizados en este libro son altamente creativos, impertinentes y revolucionarios. Forman una extraña conjunción mágica del pensamiento especulativo. Son centroeuropeos, tres alemanes y un austríaco y han vivido una época convulsa con la  República de Weimar, la I Guerra Mundial, la llegada del nazismo y la II Guerra mundial. Nuestro autor va intercalando las cuatro historias separadas en capítulos donde de forma simpática e ilustrativa nos define las posturas y actividades de sus biografiados. Por ejemplo empieza en 1919, el año en que "el doctor Benjamin huye de su padre, el subteniente Wittgenstein comete un suicidio económico, el profesor auxiliar Heidegger abandona la fe y monsieur Cassirer trabaja en el tranvía para inspirarse".

Los cuatro pensadores parecen buscar una respuesta adecuada y moderna a la pregunta de Kant, ¿Qué es el hombre"  y llegar en su análisis a muy distintas conclusiones. Y es aquí en lo que Eilenberger logra su mejor acierto: hacernos inteligibles las difíciles ideas y planteamientos del oscuro Heiddeger, del místico Wittgenstein o del brillante pero enigmático Benjamin y, por supuesto, del olvidado Cassirer que tuvo la genialidad apenas reconocida de usar el lenguaje y los símbolos para dar su versión de lo que es la naturaleza humana.

Nos dice brillantemente Eilenberg: "Era previsible que la vieja pregunta de Kant acerca del hombre condujera, según se asumiera la respuesta de Cassirer o la de Heidegger, a dos ideales completamente opuestos de evolución cultural y política, tomar partido por una humanidad con iguales derechos formada por todos los seres que utilizan los signos [Cassirer] se oponía al coraje elitista de ser auténtico [Heidegger]; la esperanza de una domesticación civilizadora de las profundas angustias del hombre se enfrentaba a la exigencia de exponerse radicalmente a ellas; el compromiso con el pluralismo y la diversidad de las formas culturales contradecía el presentimiento de una inevitable pérdida de la individualidad en esa sobreabundancia; la continuidad moderadora se oponía a una voluntad de ruptura total y de nuevo comienzo".

Desde el  Tractatus logico-philosophicus, de Wittgenstein, a La filosofía de las formas simbólicas, de Cassirer, o el "Ser y tiempo" de Heidegger, o las ideas dinámicas aunque caóticas de Benjamin, son convertidas por nuestro autor en las raíces nutricias de la filosofía del siglo XX. Y lo explica en una entrevista: “Los cuatro son los padres fundadores de las escuelas que aún dominan la discusión: Heidegger, del existencialismo, la hermenéutica y la deconstrucción; Benjamin, de la teoría crítica y la Escuela de Fráncfort. Wittgenstein, de la filosofía analítica. Y creo que los estudios culturales no serían lo mismo sin Cassirer”.

Es este un libro apasionante no sólo para los estudiantes y lectores de filosofía, sino para cualquier lector que sienta curiosidad por la historia de las ideas  que han modificado y condicionado el siglo en el que vivimos.

FICHA

TIEMPO DE MAGOS.- Wolfram Eilenberger- Tra. Joaquín Chamorro.- Ed. Taurus.- 383 págs.- 22,90 EUROS.- ISBN 9788430622085

 
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20 mayo 2020 3 20 /05 /mayo /2020 09:05

¿HACIA UN NUEVO PARADIGMA GLOBAL?

 

El poeta inglés T.S. Eliot , en su obra "Cuatro cuartetos", publicada entre la guerra civil española y la II Guerra Mundial, nos ofrece una visión  de la condición humana a través de la naturaleza del tiempo y la forma como el poeta lo trasciende a tenor de elementos históricos, teológicos, filosóficos o físicos. "Lo que llamamos principio es a menudo el fin/ y llegar al final es llegar al comienzo/ El fin es el lugar desde donde partimos". He recordado este poema  mientras reflexionaba sobre el desafío global que supone el Covid y la impresión cada vez más acentuada de que la Humanidad se enfrenta por primera vez en la historia a un nuevo paradigma, un paradigma diferente al de los anteriores cambios históricos, culturales, económicos y científicos (desde Copérnico, Newton, Freud, Einstein, la Revolución Francesa, la Ilustración, la revolución industrial o la era digital). Eliot estaba fascinado por la salvaje y violenta muerte de una época y de un sistema de valores y horrorizado por el ignoto futuro que estaba dispuesto a comenzar y cuyo motor había sido una guerra mundial devastadora. Su versos citados nos son tan cercanos porque, sin duda, estamos viviendo un temor reverencial y una inseguridad  semejantes, provocadas por la catástrofe, de sus posible recidivas y de los  efectos demoledores en la economía mundial, que también nos conmueve y nos preocupa de forma angustiosa.

Podríamos estar viviendo el fin de una época, un apocalipsis vírico que cuestiona todos nuestros esquemas, las formas o estilos de vida, las vigentes estructuras relacionales, económicas, sociales...que parecen deteriorarse unánimemente. Al mismo tiempo que lo hacen las del poder político y de codicia económica que están siendo superadas por el desafío que nos plantea el Covid. El virus ha colocado un huevo de serpiente en el centro de nuestra orgullosa, prepotente y arrogante civilización no igualitaria, no solidaria, egoísta, derrochadora de  recursos y rapaz con un planeta ya esquilmado que comienza a desequilibrarse.

El concepto de paradigma de Thomas Kuhn se refería al conjunto de compromisos que comparte la comunidad científica respecto a teorías, conceptos ontológicos, sistemas de creencias y modelos de soluciones de problemas). Más tarde se amplió el significado y le damos la extensión global de una cultura hegemónica determinada, la del capitalismo liberal patrocinado por occidente, un modelo aceptado por el resto del mundo, al menos en sus aspectos económicos y sociales. Este es el escenario que está desvirtuando el Covid. Se trata de un  "universo de discurso" como diría Wittgenstein, que está amenazado y cuyos recursos y defensas han quedado obsoletos, así como su arrogancia..

La cuestión más enigmática que nos plantea ese cambio de paradigma es la respuesta que vamos a darle como especie. Las dos opciones más lógicas a tenor con lo que conocemos de la naturaleza humana y de su historia pasan más o menos, a) por un rechazo a la exigencia de cambio total y un suicida intento de imponer a la Naturaleza la defensa de los intereses más espurios o bastardos. O b) tras una revolución de los más capaces e informados, al margen de ideologías o intereses egoístas, tratar de ajustar la existencia humana a las directrices de supervivencia que imponen las circunstancias, utilizando para ellos las nuevas tecnologías y promoviendo una distinta manera de concebir el trabajo, las relaciones humanas, la producción de alimentos, el acceso respetuoso a los recursos, el respeto al medio ambiente, el control de la contaminación...en suma un cambio sistémico que nos lleve a colaborar globalmente respetando los tres elementos variables de la ecuación, el orden. la seguridad y la libertad. Y aceptando que el cuarto elemento, el hombre, la incógnita operativa, es el que tiene en su mano la llave de un futuro viable.

Sin embargo, los  detentores de los poderes políticos y económicos, cuyo instinto básico es la permanencia en él y los beneficios financieros por encima de cualquier otro valor, es una variable histórica con la que hay que contar y que hace casi imposible la segunda y más viable opción. Pero ni ellos podrán evitar que esta inclemente excepcionalidad de la pandemia levante el velo de supuesta normalidad que ocultaba una existencia sin ideales, materialista, consumista hasta el derroche, agobiante, histérica, deshumanizada en conceptos como el trabajo, las relaciones humanas, la violencia urbana, las explotaciones, los abusos, la miseria, la cada vez más profunda brecha entre unos pocos  ricos y una mayoría de pobres en decadente gradación hasta la inanición, las caravanas interminables de refugiados, las guerras genocidas, la destrucción del medio ambiente y la pérdida de sentido de una humanidad instalada en el Tener y olvidada del Ser. Y eso crea una dinámica de regreso a las opciones: la historia nos enseña que ese tipo de estadios de crueldad y abuso llevan a la revolución, la violencia y el caos. Y volver a empezar... 

Solo que en esta ocasión podría no haber esa nueva oportunidad...ya que esta con el tiempo nos volvería a llevar al mismo punto  o uno parecido, la teoría de la fatal reincidencia en sus errores del animal humano. La piedra de Sísifo era la metáfora simbólica de un hombre condenado a subir una piedra enorme que luego volvía a caer y el hombre arrastrar hasta la cima. Una interpretación más coherente con esta situación  es que la supuesta piedra es el ser humano,  al que la dinámica histórica conduce una y otra vez a la cumbre con mucho esfuerzo y una vez allí,  el hombre se deja resbalar hasta el fondo atraído por el abismo. Freud  sostenía que las dos fuerzas de la vida son Eros, el amor y Tánatos, la muerte. Parece que, según la historia de la condición humana, Tánatos, el abismo, prevalece sobre el amor.

Eliot nos invita en otro de sus poemas del libro citado a optar por la segunda vía: "De prisa, aquí, ahora, siempre/ una condición de sencillez absoluta/ (cuyo precio es nada menos que todo)/ y todo irá bien/ y toda clase de cosas saldrá bien". Y si no logramos consensuar la vía de la cooperación, otros versos de Eliot, igualmente proféticos, nos son aplicables: "La Palabra en el desierto/ es atacada sobre todo por voces de tentación/la Sombra que solloza en la danza fúnebre/ el sonoro lamento de la Quimera desolada". 

(Publicado en Heraldo de Aragón el 19052020)

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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19 mayo 2020 2 19 /05 /mayo /2020 09:44

El auge de los covidiotas ha sido una de las sorpresas  irritantes de este deplorable virus y de entre todos esos millones de ignorantes negacionistas o simplemente estúpidos, los más ominosos han sido los líderes de algunos países y sus manifestaciones públicas de indecente ignominia, del tenor de "total sólo se mueren viejos, negros o pobres", " es una forma natural de restaurar el equilibrio del exceso de población", "no nos matará el virus, pero nos moriremos de hambre",  "hay que volver al trabajo, dejémonos infectar y adquiriremos la inmunidad del rebaño a través de los anticuerpos generados" (hipótesis desmentida científicamente en relación con el Covid, con "d" de diciembre, como dice la peligrosa y descerebrada Díaz Ayuso)...entre otras "flores" desperdigadas por, fíjense, derecha pseudo democrática, populistas, derecha extrema, autoritarismos varios, izquierda neoliberal y los inefables Trump, Johnson y Bolsonaro, que junto a Torra y Díaz Ayuso forman la horda de honor de la estulticia covidesca.

Dice nuestro refranero que "entre la salud y el dinero, la salud es lo primero". Economistas y políticos preocupados por la pandemia financiera estatal (pero no por sus sueldos garantizados) han planteado con la mayor desvergüenza la falsa disyuntiva entre salud y economía. El cansancio, la imprudencia y el pensamiento mágico (el virus contagia a los demás, no a mí) junto a un lógico temor por lo que nos viene encima en términos de paro y desastre empresarial y financiero, están llevando a los tibios a plantearse "quemar etapas" de prudencia y abrir negocios, fronteras y turismo eso sí, con mascarilla y cierta distancia física. Presionan  a los gobiernos a tomar decisiones económicas que pueden suponer la pérdida de decenas o cientos de miles de personas. Se considera un mal menor necesario causado por "fuego amigo", como podemos llamar a esta forma de precipitación en el reintegro al trabajo. Es como si dijeran a la población: la bolsa o la vida. Y se adelantan para escoger ellos, la bolsa. Quizá porque la vida es de los otros. Lo lamentable y paradójico del caso es que hay estudios recientes proyectivos y aún no contrastados, pero sí científicamente serios, que demuestran de forma estadística que la relación entre la pérdida de vidas y los efectos negativos en la economía no confirma la veracidad de ese segundo factor. En España la gestión de la pandemia puede llegar  a costar 140.000 millones de euros por salvar 282.000 vidas hasta este momento. Es mucho dinero, de acuerdo. Pero ¿saben ustedes lo que genera la pervivencia de esas vidas salvadas? Diez veces más, 1,5 billones de euros de ganancia (se tiene en cuenta la esperanza de vida de esas personas curadas del virus).  Por ética y por lógica escojamos siempre la vida.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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17 mayo 2020 7 17 /05 /mayo /2020 09:32

La aparición, no por inesperada menos inevitable, de la pandemia vírica, un desastre anunciado como la muerte del personaje de García Márquez, ha constituido una piedra de toque para evaluar el valor genuino de la política y los políticos de los países afectados trágicamente por el  COVID. Con muy pocas excepciones, ni la política ni los políticos han dado la "ley" de su valor. Como en el costumbrismo popular, las monedas de presunto oro de la gestión pandémica han resultado ser de plomo al chocar contra la oscura piedra de toque. Si aplicamos a esta situación lo que en filosofía se llama "pensar", es decir, colocarse ante lo real desde la desnudez de prejuicios, indagar en la verdad que se esconde bajo la cortina de datos y de bulos más o menos dirigidos, buscar las líneas de fuga que los hechos desnudos muestran como si fueran problemas inevitables e "inocentes" de la culpabilidad de una mala gestión y, esencialmente, buscar remedios antes que excusas. No como los populistas, tipo Trump o Bolsonaro,  que proponen soluciones fáciles (incluso mágicas) para problemas complejos. Un ejercicio tal nos muestra que la mano invisible del estado y la economía neoliberal de los últimos cuarenta años -no sin la complicidad indirecta de los ciudadanos de la sociedad de consumo irrefrenable e irresponsable- ha provocado de este escenario trágico y que cuando llegan las malas hay que acudir a las antítesis de lo que nos ha sobrado: ante la masificación, reducción de contactos; ante la globalización viajera, cierre sanitario de fronteras; ante el negacionismo, test masivos; ante los bulos, claridad y transparencia informativa; ante la escasez sanitaria, tomar nota del error de recortes y privatizaciones y primar la salud sobre el negocio... y así seguiríamos.

Y sin embargo, en estos últimos días está circulando la constatación de un hecho de alcance internacional que está soliviantando a unos, asombrando a otros y confirmando a algunos de algo que ya se discutía "soto voce" entre los observadores políticos. Digamos que el dato fáctico es el siguiente: de los casi doscientos países que hay en el mundo, sólo diez están dirigidos políticamente por mujeres (entre ellas ninguna dictadora o populista mesiánica, dato relevante). Entre los pocos países que mejor y más pronto han sabido gestionar la crisis, lo cual ha redundado en menor número de contagios y un número llamativamente bajo de fallecimientos, están comandados por mujeres. ¿Tendrá algo que ver la testosterona en este curioso evento?, se preguntan los más irónicos observadores. Científicamente no se puede, por el momento, demostrar la hipótesis de que la testosterona, la hormona  masculina responsable de determinados rasgos secundarios masculinos, fuerza, agresividad, obcecación por la supervivencia y la preponderancia (sexual o comunitaria) cree diferencias manifiestas en el tipo de gobierno según que el líder sea un hombre o una mujer. Lo cierto es que cualidades como flexibilidad, asertividad  (pero no "por mis c..."), formación, sensibilidad a los problemas humanos, compasión, previsión, eficiencia, percepción de los "pequeños detalles" (no en vano rigen ancestralmente los hogares) tendencia a compartir, camaradería, facultad de diálogo...no son exclusivamente femeninas, pero...

Ángela Merkel (Alemania), Jacinda Ardens (Nueva Zelanda), Katrin Jakobosdottir (Islandia), Nicola Sturgeon (Escocia), Tsail Igwen (Taiwan), Erna Soldberg (Noruega), Sanna Marin (Finlandia), Mette Fredericsen (Dinamarca) son las responsables de las mejores y más eficaces políticas de reacción ante la pandemia, la mayoría aglutinando a las diferentes fuerzas políticas de sus países y con una información a sus poblaciones traNsparente, veraz , empática y co-responsable. Tanto en la preparación de hospitales, acceso y distribución general de elementos sanitarios de primera necesidad, realizando test masivos, deteniendo la entrada de aviones y turismo. Y todo ello en las dos semanas posteriores a la declaración china de la epidemia. Y con planteamientos audaces y sumamente racionales, como las dirigentes danesa y noruega que han dado ruedas de prensa a los niños usando los medios digitales para informarles de lo que ocurría y pedirles su cooperación. o las explicaciones públicas continuas y claras de una Merkel, de profesión civil física cuántica, que se convertían en virales en la Red alemana. Las diferencias de morbilidad pandémica entre estos países y los del sur de Europa (excluyendo al modélico Portugal cuyo primer ministro Antonio Costa ha realizado una gestión irreprochable auxiliado por una oposición irreprochable, ¿aprenderemos alguna vez de nuestros hermanos de península?), Norteamérica, Rusia o demasiados países sudamericanos y del este europeo (Polonia y Hungría como ejemplos escandalosos) están mostrando la cara más covidiota del planeta. ¿Será verdad lo que dice Joseph Roth sobre "la abundancia lamentable en el mundo de dos tipos de personas, los malvados y los estúpidos"?

No insistiré sobre esa superioridad femenina en la gobernanza ( y en otros ámbitos de acción social, económica, universitaria o familiar). Me faltan estudios científicos que lo demuestren. Sólo utilizo el sentido común y un empirismo al alcance de cualquiera que quiera informarse. Pero estoy convencido que los casos, conocidos por todos en este país, de señoras cuyos comportamientos públicos son, como mínimo, cuestionables ética y políticamente, responden más al "contagio" de la testosterona con la que los hombres políticos suelen dirimir sus asuntos que a sus cualidades genuinas. ¿Optimismo utópico? Tal vez sí...o quizá no.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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15 mayo 2020 5 15 /05 /mayo /2020 08:58

 

Oímos y leemos: aquí no pasa nada; lo peor ha pasado; ahora la economía es la prioridad. ¿Nada? Más de cuatro millones de casos de una pandemia avisada, con cerca de 300.000 muertos; con un ritmo de contagios y muertes que baja en Europa (aunque no en los EE.UU. de Trump); Pero eso sí, las víctimas arrasan entre la población más pobre y necesitada, en personas mayores y en comunidades minoritarias de negros o hispanos. El nivel de renta ha sido un factor decisivo: a menor renta más casos. ¿Eso es un consuelo? También exigen que  no se puede perder el turismo del verano: hay que abrir piscinas y playas. Dicen: casi todo el mundo respeta el uso de mascarillas y distancia física (no es cierto). Todo esto pronto será una pesadilla para olvidar, aseguran los “entendidos” de tertulia y café.

Quien tiene mala memoria está condenado a repetir la historia. Pero peor es obrar asumiendo que la realidad debe ser como queremos que sea. Es una reflexión que muchos no hemos dejado de hacer dentro de pequeños círculos de influencia,  se han escrito diarios de confinamiento o charlas por internet, artículos en la prensa… una gota de sentido común en un mar de irresponsabilidad.

Aquí vivimos en un pueblo pequeño, de entorno privilegiado y  se han respetado bastante las normas. Pero estamos integrados en una cultura nacional y global en la que la  tónica habitual ha obedecido a un patrón: estupor inicial, escasa información fidedigna, tardanza en reaccionar, presencia de algunos medios –escasos pero dañinos- de información pública desde el alarmismo a la ignorancia negacionista, politización permanente y de nulo nivel solidario de una gestión que debía ser unánime y no errática… junto a “covidiotas” que ignoraban las normas. Cautela, por favor. Gastar en prevención es más barato que gastar en curación.

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12 mayo 2020 2 12 /05 /mayo /2020 09:05

Logos es razón y también palabra. Logoi es una palabra curativa, que consuela, que enseña, que cura. En estos días de incertidumbre y de tribulaciones, el logoi vuelve sus ojos esperanzados a Europa, la madre nutricia, no la madrastra del cuento, egoísta. cicatera y codiciosa. Tras una de las guerras más sangrientas de la Humanidad, la oprobiosa II Guerra Mundial, cuya finalización cumplió 75 años el viernes pasado, dia 8, la historia nos brinda otro aniversario, éste el septuagésimo, que deberíamos festejar, el de la declaración fundacional europea realizada por el ministro francés de Asuntos Exteriores, Robert Schuman, uno e los "padres" de Europa. Fue el 9 de mayo de 1950. Franceses, alemanes, ingleses, italianos...pactando crear una institución común: primero fue la CECA, (Comunidad Europea del Carbón y del Acero) que presidió Jean Monnet, uno de los ideólogos de la Europa Unida. Se sellaba una paz difícil pero inteligente. No habría lugar para los errores cometidos después de la IGM (que propiciaron el inmediato estallido de la Segunda). Se pide una "solidaridad de hecho" entre los países de Europa, los fundacionales y los que ingresarían después. Ayuda mutua, cooperación. 

Pero al mismo tiempo se obra con cautela, con cierto respetuoso miedo a los nacionalismos, a las independencias de los Gobiernos, todo se va especializando, y atomizando  en comités, asociaciones, parlamento europeo, Banca, finanzas al margen, grupos  políticos de presión. Se desnaturaliza el espíritu fundacional. Una propuesta temprana, en 1951, de Paul Ribeyre pidiendo que se cree una Comunidad Europea de la Salud, planificando un sistema de hospitales, medicamentos, material médico, investigación conjunta de epidemias y virología, fronteras abiertas sanitarias, trabajo en común y proyectos de asistencia médica generalizada a toda la población europea, es unánimemente rechazada. Ningún país quiere que se inmiscuyan en su sanidad... en realidad en nada. Todos los egoísmos florecen y las sanidades nacionales comienzan un devenir errático que acabaría por hundir 40 años de neoliberalismo. La frase de Schuman resuena hoy en toda Europa: "La paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros de la amenazan". Ponga usted salud en lugar de paz y europea, aunque no sobra el mundial. ¿No es un buen momento ahora, tras la erupción violenta del Covid, para plantearnos todos los ciudadanos europeos, reforzar y renovar a la Unión Europea,  si es que queremos estar preparados para las amenazas que nos vienen: más pandemias, cambio climático, fracaso del sistema económico, modelo de vida sostenible, fin de la depredación de recursos...?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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11 mayo 2020 1 11 /05 /mayo /2020 16:23

Hace unos días hablábamos en este blog de un excelente libro, "La Viena de Wittgenstein" en el que se dilucidaba la importancia del "zeitgeist" (ambiente sociocultural propio de una época y un lugar determinados) de la Viena finisecular de los Hausburgos. De pasada citamos a Zweig que conoció, disfrutó y comenzó su brillante carrera en la sociedad vienesa en aquellos años, aunque su éxito se disparó en la Europa de entreguerras.

"El mundo de ayer", subtitulada "Memorias de un europeo", más que una obra autobiográfica como se estima generalmente, son unas memorias, bastante discretas en el plano privado y sentimental del autor, en las que Zweig se explaya en el recuerdo de un mundo perdido y de sus valores y principios, el de la alta burguesía judía vienesa en los años anteriores a la I guerra mundial y después en el pequeño y engañoso respiro entreguerras. Nuestro autor escribe un extraordinario documento nostálgico y luego doloroso y crítico, sobre los cambios del mundo y concretamente de Europa  en la primera mitad del siglo XX. Aterrorizado por las victorias depredadoras de los nazis en Alemania y de los fascistas en Italia y España, y por el fin de una manera de entender la cultura y un estilo de vida basado en la confianza, la cultura y el "safety first",  se suicidó poco después de escribir este libro en sus últimos años de exilio (1939-1941), el 22 de febrero de 1942 en Petrópolis (Brasil) y  fue publicado póstumamente por una editorial sueca.

El libro acaba con una frase premonitoria: "El sol brillaba con plenitud y fuerza...mientras regresaba a casa, de pronto observé mi sombra ante mí, del mismo modo que veía la sombra de la otra guerra detrás de la actual. Durante todo este tiempo, aquella sombra ya no se ha apartado de mí: se cernía sobre mis pensamientos noche y día; quizá su oscuro contorno se proyecta también sobre muchas páginas de este libro". Esa sombra hace de la lectura del libro un estremecedor y patético documento de un hombre derribado junto a todo lo que valoraba, pero al mismo tiempo una profunda reflexión sobre la necesidad de superar los nacionalismos ("la peor de todas las pestes: envenena la flor de nuestra cultura europea"), de integrar las diferencias, de unirse bajo una bandera de paz, cultura, concordia y colaboración: "un mundo ordenado, con estratos bien definidos y transiciones serenas, un mundo sin odio", semejante al mundo de su juventud que creía que "el progreso técnico debía ir seguido necesariamente de un progreso moral igual de veloz!".

En cambio Zweig gime por su generación y se pregunta "¿qué no hemos visto, no hemos sufrido, no hemos vivido? Hemos recorrido de cabo a rabo el catálogo de todas las calamidades imaginables (y eso que aún no hemos llegado a la última página)" Y con terrible sencillez dice "He sido homenajeado y marginado, libre y privado de libertad, rico y pobre...por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y el exilio...". Y termina con “Si los perseguidos y expulsados hemos tenido que aprender un arte nuevo, desconocido, ha sido el de saberse despedir de todo aquello que en otros tiempos había sido nuestro orgullo y nuestro amor”.

La llegada  de Hitler al poder le convirtió de ser el escritor más conocido y venerado en su país y en toda Europa, en un autor prohibido, vilipendiado y quemados sus libros en las hogueras nazis. Sus libros desaparecieron de las bibliotecas y era un delito venderlos en cualquier librería. El exilio se impuso como una cuestión de supervivencia, pero el odio nazi parecía perseguirle por donde fuera: Londres, Argentina y luego Brasil. En el prefacio del libro Zweig se queja de no tener ninguno de sus libros o documentos a su disposición para escribir "El mundo de ayer". Debía fiarlo todo a su memoria. "Tres veces me han arrebatado la casa y la existencia, me han separado de mi vida anterior y de mi pasado, me han arrojado al vacío, en ese no sé adónde ir, que ya me resulta tan familiar".  Y todo eso por ser judío, además de escritor, austríaco, humanista, pacifista y europeísta.

Después de acabar la II Guerra mundial, Zweig fue relegado al desván de los escritores "decimonónicos", apartado por los nuevos valores y la nueva manera de entender la narrativa (Joyce, Faulkner, Mann, Hemingway). Sin embargo la enorme lucidez, la honestidad y la claridad, la sencillez y la fuerza y precisión, el ritmo ágil e intenso de la prosa de Zweig comenzaron de nuevo a valorarse a finales del pasado siglo para volver a primera fila en este que vivimos, con total merecimiento (como ocurrió con escritores semejantes a Zweig, Sándor Marai por ejemplo).

Este libro que hoy les recomiendo fue publicado por la misma editorial, Acantilado, en 2002 (junto con el resto de su obra en ediciones sucesivas) y el volumen en el que trabajo es la vigesimotercera reimpresión con fecha de noviembre de 2017.  

No dejen de leerlo. Es una fuente de placer ver una inteligencia tan despierta recorriendo el mundo que fue y meditando sobre el mundo que debería ser mientras sufre el mundo que es. Algunas de sus observaciones son sugerentes y originales, como cuando trata de demostrar que el verdadero objetivo de los judíos europeos no era enriquecerse, sino “ascender al mundo del espíritu”. Lo cual se demuestra con que los hijos de familias judías más adineradas rechazaban hacerse cargo de los bancos, fábricas y negocios de sus padres, pues deseaban dedicarse a la poesía, el arte, la música o la filosofía. “No se debe a una casualidad el que un lord Rothschild llegara a ser ornitólogo, un Warburg, historiador del arte, un Cassirer, filósofo, y un Sassoon, poeta", y añadiríamos a Wittgenstein a la lista. Su canto de amor y admiración a la Viena que él conoció y vivió es asombroso: “Era magnífico vivir allí, en esa ciudad que acogía todo lo extranjero con hospitalidad y se le entregaba de buen grado; era lo más natural disfrutar de la vida en su aire ligero y, como París, impregnado de alegría”. Y la burguesía judía era el principal sustento del arte, el teatro, los libros, la cultura en general. No es sorprendente que en el siglo XX surgieran figuras como Gustav Mahler, Schönberg, Hofmannsthal, Schnitzler, Max Reinhardt y Sigmund Freud, y Ludwig Wittgenstein todos judíos.

Estudios (no muy apreciados por Zweig) desde la escuela a la Universidad, viajes (París, "de la mano de Rilke)” y luego toda Europa, primeros libros con un éxito moderado, una colección de manuscritos autógrafos de grandes escritores y compositores, amistades con figuras como Romain Rolland...y la primera guerra que apagará su idealismo romántico y aumentará su fervor pacifista... precariedad en la postguerra pero después, inusitadamente, el éxito. Pero un éxito enorme, de proporciones colosales. Después vendría Hitler...y el fin.

FICHA

EL MUNDO DE AYER.- Memorias de un europeo.- Stefan Zweig.- Trad. J. Fontcuberta y A. Orzeszek.-Ed Acantilado.546 págs. ISBN 9788495359490

 

 

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10 mayo 2020 7 10 /05 /mayo /2020 11:51

Desde muy joven he sido un convencido

partidario de la unión de

todos los pueblos que habitan la

Península Ibérica. Creo que Portugal unido

a España nos completaría como país. Tenemos

mucho que aprender de ellos, de su innata

cortesía, de su sencillez y de su honestidad

política. Mientras que nuestros políticos

siguen dando la nota, desde un Sánchez

enrocado en su sillón de líder carismático

hasta un Casado que parece desear

tanto como el poder a cualquier precio (justamente

lo que mantiene a Sánchez) ser

capaz de "darle la puntilla" a un individuo

cuya prepotencia iguala a la suya. Cada uno

es la sombra negativa y fratricida del otro. Y

así ambos olvidan al Covid y éste les convierte

a los dos en sus mejores aliados para

hundir al país. La política errática e indecisa

y poco clara del Gobierno en la gestión del

Covid, no obstante, está dando algunos resultados

apreciables y esto encona aún

más la inflexibilidad de uno y la inconsciente

agresividad del otro (voluntariamente

prefiero ignorar al resto de formaciones

políticas: los dos gallitos del corral no les

dejan capacidad de juego, incluido Torra, el

"marciano" (que sigue actuando como si el

Covid lo hubiera inventado su odiada España).

¿Cuesta tanto apreciar y tomar nota de

la actitud y comportamiento político de

nuestros vecinos peninsulares? ¿No se perciben

los buenos resultados que están dando

en la gestión del virus y en la percepción

unitaria y coherente que tienen los portugueses

de sus dirigentes? El socialista Antonio

Costa tomó desde el primer momento

una actitud responsable, eficiente, compartida

y cooperativa con la población y con el

resto del espectro político. El líder de la

oposición, el conservador Rui Rio, dejó de

lado las diferencias y se puso de inmediato

al servicio del Gobierno, por una causa mayor

que requería unidad, dejando las críticas

para cuando pasara la pandemia. Trabajar

conjuntamente, ese era el objetivo. Ni

exceso aislado del poder ni socavar al contrario

desde una oposición ombliguista.

Concordancia. Nada de gobernar a golpe de

tentativas y tener que dar marcha atrás o.

reconsiderar órdenes precipitadas. Nada de

ofrecer el lamentable espectáuclo del combate

incesante entre un líder ensimismado

en su poder y un oponente histérico por

hundirle.

¿Por qué no proponer, cuando salgamos

de ésta y suspendamos a los políticos que

tenemos, un cambio constitucional al modelo

alemán, la eficaz administración de los

"länder" que, en caso de crisis global, se

convierte en un Gobierno único con una cabeza

y una gestión confederada? Porque,

me temo, que si esta crisis no cambia nuestro

modelo de vida, vendrán más y peores...

y tendremos que gestionarlas. A la espera

de un Gobierno mundial, utópico para

nuestra especie egoísta, podríamos

apañarnos con una Iberia unida en múltiples

länder autonómicos pero unidos, no revueltos,

con un poder central, en casos de extrema

necesidad e interés común. Sin tentaciones

dictatoriales ni salvadores de la

patria. Velando por el bien común, es decir

el bienestar de la ciudadanía.

 

 

Alberto Díaz Rueda

EL

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8 mayo 2020 5 08 /05 /mayo /2020 11:40

La aparición, no por inesperada menos inevitable, de la pandemia vírica, un desastre anunciado como la muerte del personaje de García Márquez, ha constituido una piedra de toque para evaluar el valor genuino de la política y los políticos de los países afectados trágicamente por el  COVID. Con muy pocas excepciones, ni la política ni los políticos han dado la "ley" de su valor. Como en el costumbrismo popular, las monedas de presunto oro de la gestión pandémica han resultado ser de plomo al chocar contra la oscura piedra de toque. Si aplicamos a esta situación lo que en filosofía se llama "pensar", es decir, colocarse ante lo real desde la desnudez de prejuicios, indagar en la verdad que se esconde bajo la cortina de datos y de bulos más o menos dirigidos, buscar las líneas de fuga que los hechos desnudos muestran como si fueran problemas inevitables e "inocentes" de la culpabilidad de una mala gestión y, esencialmente, buscar remedios antes que excusas. No como los populistas, tipo Trump o Bolsonaro,  que proponen soluciones fáciles (incluso mágicas) para problemas complejos. Un ejercicio tal nos muestra que la mano invisible del estado y la economía neoliberal de los últimos cuarenta años -no sin la complicidad indirecta de los ciudadanos de la sociedad de consumo irrefrenable e irresponsable- ha provocado de este escenario trágico y que cuando llegan las malas hay que acudir a las antítesis de lo que nos ha sobrado: ante la masificación, reducción de contactos; ante la globalización viajera, cierre sanitario de fronteras; ante el negacionismo, test masivos; ante los bulos, claridad y transparencia informativa; ante la escasez sanitaria, tomar nota del error de recortes y privatizaciones y primar la salud sobre el negocio... y así seguiríamos.

Y sin embargo, en estos últimos días está circulando la constatación de un hecho de alcance internacional que está soliviantando a unos, asombrando a otros y confirmando a algunos de algo que ya se discutía "soto voce" entre los observadores políticos. Digamos que el dato fáctico es el siguiente: de los casi doscientos países que hay en el mundo, sólo diez están dirigidos políticamente por mujeres (entre ellas ninguna dictadora o populista mesiánica, dato relevante). Entre los pocos países que mejor y más pronto han sabido gestionar la crisis, lo cual ha redundado en menor número de contagios y un número llamativamente bajo de fallecimientos, están comandados por mujeres. ¿Tendrá algo que ver la testosterona en este curioso evento?, se preguntan los más irónicos observadores. Científicamente no se puede, por el momento, demostrar la hipótesis de que la testosterona, la hormona  masculina responsable de determinados rasgos secundarios masculinos, fuerza, agresividad, obcecación por la supervivencia y la preponderancia (sexual o comunitaria) cree diferencias manifiestas en el tipo de gobierno según que el líder sea un hombre o una mujer. Lo cierto es que cualidades como flexibilidad, asertividad  (pero no "por mis c..."), formación, sensibilidad a los problemas humanos, compasión, previsión, eficiencia, percepción de los "pequeños detalles" (no en vano rigen ancestralmente los hogares) tendencia a compartir, camaradería, facultad de diálogo...no son exclusivamente femeninas, pero...

Ángela Merkel (Alemania), Jacinda Ardens (Nueva Zelanda), Katrin Jakobosdottir (Islandia), Nicola Sturgeon (Escocia), Tsail Igwen (Taiwan), Erna Soldberg (Noruega), Sanna Marin (Finlandia), Mette Fredericsen (Dinamarca) son las responsables de las mejores y más eficaces políticas de reacción ante la pandemia, la mayoría aglutinando a las diferentes fuerzas políticas de sus países y con una información a sus poblaciones traNsparente, veraz , empática y co-responsable. Tanto en la preparación de hospitales, acceso y distribución general de elementos sanitarios de primera necesidad, realizando test masivos, deteniendo la entrada de aviones y turismo. Y todo ello en las dos semanas posteriores a la declaración china de la epidemia. Y con planteamientos audaces y sumamente racionales, como las dirigentes danesa y noruega que han dado ruedas de prensa a los niños usando los medios digitales para informarles de lo que ocurría y pedirles su cooperación. o las explicaciones públicas continuas y claras de una Merkel, de profesión civil física cuántica, que se convertían en virales en la Red alemana. Las diferencias de morbilidad pandémica entre estos países y los del sur de Europa (excluyendo al modélico Portugal cuyo primer ministro Antonio Costa ha realizado una gestión irreprochable auxiliado por una oposición irreprochable, ¿aprenderemos alguna vez de nuestros hermanos de península?), Norteamérica, Rusia o demasiados países sudamericanos y del este europeo (Polonia y Hungría como ejemplos escandalosos) están mostrando la cara más covidiota del planeta. ¿Será verdad lo que dice Joseph Roth sobre "la abundancia lamentable en el mundo de dos tipos de personas, los malvados y los estúpidos"?

No insistiré sobre esa superioridad femenina en la gobernanza ( y en otros ámbitos de acción social, económica, universitaria o familiar). Me faltan estudios científicos que lo demuestren. Sólo utilizo el sentido común y un empirismo al alcance de cualquiera que quiera informarse. Pero estoy convencido que los casos, conocidos por todos en este país, de señoras cuyos comportamientos públicos son, como mínimo, cuestionables ética y políticamente, responden más al "contagio" de la testosterona con la que los hombres políticos suelen dirimir sus asuntos que a sus cualidades genuinas. ¿Optimismo utópico? Tal vez sí...o quizá no.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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5 mayo 2020 2 05 /05 /mayo /2020 10:38

En mayo del 68 en las calles de París aparecieron pintadas gloriosas. Una de ellas decía: "Seamos realistas. Pidamos lo imposible". The Beatles triunfaban y los Rolling arrasaban entre los más progres. La teoría del "decrecimiento" que está volviendo a pegar en las redes y en algunos periódicos fuera de toda sospecha, parece haber surgido de las mentalidades jóvenes, rebeldes y utópicas de aquella manipulada revolución. Pero ahora el motor de combustión lo provoca el Covid y la plantean economistas de renombre, científicos y filósofos. De una manera u otra los que reflexionamos y escribimos sobre la actual tesitura estamos muy cerca de esa teoría que sólo puede echar a perder una fea realidad que aparece más o menos emboscada en el futuro cercano: el advenimiento de los fascismos y cierto tipo de dictaduras "constitucionalizadas" que podrían surgir sustituyendo a gobiernos democráticos sumidos en la desesperación.

¿En qué se basa esa teoría que todos los instalados en Dinerilandia temen como a la bruja del cuento? Básicamente en algo que todas las personas con un poco de sentido común  y cierta relación realista con el mundo que nos rodea ha pensado cada día más a menudo. Si no reducimos el consumo progresivo e irresponsable y, paralelamente, no se reduce el nivel encadenado de producción (la razón por la que se nos ofrecen tantos bienes que consumir) los elementos básicos o recursos en los que se fundamenta esta desaforada oferta-demanda (el orden clásico está cambiado hace tiempo: la demanda es un producto de markéting y economía de mercado que obedece casi automáticamente a la oferta sobredimensionada) no son infinitos y por consiguiente se irán acabando no sin antes llevarse de paso la salud del planeta. Y ese frenazo a la actual y suicida situación tratar de hacerlo sin provocar un desastre financiero y económico global.

Medidas concretas: Cambiemos el indicador de la marcha de la economía y no lo basemos en el PIB sino en cálculos que indiquen mejoras del bienestar  social y el medio ambiente.- Instauremos una renta básica que alivie la situación de las personas más necesitadas (y sus familias), con unos canales y medios de distribución equitativos, eficaces, seguros e inmediatos (de 500 a 600 euros, que se podrían financiar aumentado el IRPF a los tramos más altos de ingresos).-Reducir la jornada laboral a 40 o 30 horas semanales, acompañado de medidas de incentivación fiscal a las empresas para contrataciones e impuestos más bajos a los salarios reducidos.-Nacionalización de los servicios de salud como prioritarios socialmente y control de precios a las empresas que cubren necesidades básicas, agua, luz, comunicaciones.- Gestionar internacionalmente los niveles de deuda a través de un Banco Central Mundial, con todas las garantías legales y agilizar las ayudas a través de auditorías no politizadas.- Establecer como prioridad absoluta la devolución al planeta de un medio ambiente equilibrado y tratar de restablecer la biodiversidad. Para ello es preciso encontrar entre todos los países sistemas alternativos de movilidad, rediciendo drásticamente los movimientos turísticos en masa, los desplazamientos sin límites, la degradación de los lugares emblemáticos del planeta. ¿Numerus clausus? ¿Por qué no? La libertad democrática también ha de tener límites, cuando un bien superior está en juego. El asunto está en cómo se haga.

 

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