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23 diciembre 2014 2 23 /12 /diciembre /2014 09:56
The Dying of the ligth

Con una música muy parecida a la de la saga Bourne y una intencionalidad obvia de beber un poco de esas fuentes en cuanto a ritmo, crudeza descriptiva y acción, Paul Schrader lleva a la pantalla una historia sobre un guión propio, que tiene algunas secuencias interesantes y otras excesivas, quizá por las sobreactuaciones de Nicolas Cage que no acaba de encontrarle el punto al cine que debería hacer. La historia atañe, como no, a la CIA --auténtica "bestia negra" del cine USA y aquí se dicen verdades como puños, lástima que las diga un histriónico Cage-- y a un agente ya maduro que conoció tiempos mejores (o peores según como se mire) y ahora está a punto de ser jubilado. Para complicar una historia de venganza pura y simple de Cage hacia un terrorista árabe que le torturó y que sigue vivo a pesar de haber sido dado oficialmente por muerto y su expediente archivado, durante los mas de noventa minutos de la trama, el director articula una historia compleja debido a las enfermedades que padecen tanto el agente como su odiado objetivo. Uno, con una enfermedad degenerativa cerebral que le hace tener visiones y ser incapaz de moderar su comportamiento y el árabe con otra, esta muscular, anemia degenerativa también, que le tiene confinado en una habitación sin poderse mover. Semejante panorama podría mover a compasión o al chiste negro facilón aunque el director trata de sacarle un partido dramático al asunto, sin llegar en ningún momento a crear una atmósfera de cierta profundidad psicológica.

Película de clara vocación de videoclub y para fans de Cage. Un recital de excesos gestuales que no aumentan el dramatismo de la historia y terminan dando lugar a una cierta comicidad de comedia negra, lo que en ningún momento trata de ser. Las continuas libaciones alcohólicas de Cage hacen pensar que más que una enfermedad cerebral hay un permanente delirium tremens provocado por las bebidas. Quizá con otro actor mas contenido y frugal, Schrader hubiera logrado una película mejor.

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22 diciembre 2014 1 22 /12 /diciembre /2014 10:59
Chica para matrimonio

Deliciosa comedia dramática realizada en 1952 por George Cukor, el director supuestamente especializado en actrices, (¿quizá por ser homosexual declarado?). Es una película con guión de Ruth Gordon y Garson Kanin que lo escribieron casi a encargo para mayor lucimiento de una de las actrices predilectas de Cukor , a la que posteriormente dirigiría en "Nacida ayer". "The Marrying Kind", con ridículo titulo en español "Chica para matrimonio", estuvo interpretada por Judy Holliday y Aldo Rey.. Con buenos secundarios como Madge Kennedy (que representó a la jueza que atendía el divorcio de la pareja protagonista), Sheila Bond, John Alexander, Rex Williams, Griff Barnett, Mickey Shaughness. Es la historia de una pareja desde su noviazgo hasta el transcurso de un matrimonio lleno de los altibajos normales, con tragedia incluida y deterioro final. Es en el juicio de divorcio, ante una jueza comprensiva, donde comienza y se resuelve la trama.

A pesar de que la historia matrimonial, los diálogos y las actuaciones son aceptables en aquellos años y ahora tienen un ligero sabor ingenuo y anticuado, la manera de presentarla y seguir sus vicisitudes, no han perdido frescura y gracia (la secuencia de la pesadilla etílica de Aldo es magnífica dentro de su simplicidad). Amigo y ayudante de Lubitch, Cukor mostraría su maestría en la comedia refinada y selecta en cintas muy superiores a esta, en las que las mujeres lograban un protagonismo moral y una espontaneidad y fortaleza de comportamientos y carácter muy superiores a la de sus limitados y simples compañeros de fatigas, a las que dominan con facilidad e incluso cierta crueldad. Entre sus películas más famosas destacan "Camille" (La dama de las camelias) con Greta Garbo, "Mujeres", con Norma Shearer, Joan Crawford, Paulette Goddard y Rosalind Russell (y ningún hombre en el reparto), "Historias de Filadelfia" con Katherine Hepburn, otra de sus actrices favoritas. La citada Judy Holliday en "Nacida ayer" y "Ha nacido una estrella", para terminar con dos obras magistrales: "My Fair Lady", con Audrey Hepburn y "Ricas y famosas" de 1981, su última película. Murió a los 83 años

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21 diciembre 2014 7 21 /12 /diciembre /2014 09:24
20.000 años en Sing Sing

A estas alturas del deterioro ético de nuestra sociedad, resulta inocente y un poco ingenua una película (de 1932) que se basa en la "palabra de honor" que un delincuente da al alcaide de una prisión de que volverá una vez haya visto a su novia en peligro de muerte. Si el delincuente es Spencer Tracy (nada convincente en su papel de "duro", con los años ganaría, aquí es demasiado joven) uno puede creerse la historia a pesar de su final que no desvelaré aunque es previsible. Dirige uno de los grandes del cine norteamericano clásico de acción, Michael Curtiz, de la pródiga cantera europea de todo el principio del siglo XX.

El género carcelario ha cambiado mucho con los tiempos (sólo hay que comparar nuestra "Celda 211" de Daniel Monzón) pero las secuencias carcelarias están resueltas con maestría, como era de esperar, a pesar de la voluntad visible y excesiva del director y el guionista de hacernos las cosas más aceptables y "éticas" de lo que en la realidad eran, seguramente. No obstante la propuesta que sugiere la película de trato humanitario y respetuoso que acaba por mejorar a algunos internos, es de tener en cuenta.

Spencer Tracy no es James Cagney, pero a pesar de las limitaciones de la trama --se apunta que se trata de un hecho real, basado en un libro de Lewis E. Lawes que fue funcionario y alcaide de Sing Sing durante 20 años-- el joven Tracy ya da pruebas de sus facetas de actor y su rostro que desmiente constantemente la truculencia de su pretendida "dureza", aunque muestra su potencial en secuencias como cuando el alcaide, de manos temblorosas, le acerca fuego a su cigarrillo. La mirada de Tracy mientras le sujeta la mano temblorosa es toda una lección de virilidad respetuosa. Una Bette Davis, jovencísima, lejos del rictus duro, sabio y prepotente por el que fue conocida, logra dar a un frívolo papel una hondura psicológica y dramática sorprendentes que ya preludiaban sus éxitos posteriores. Arthur Byron como alcaide da una visión humana y compasiva de su trabajo y vemos a un Calhoum ya muy elegante que asume el papel de malo que luego repetiría siempre impecablemente en tantas películas.

En fin, una película antigua que vale la pena revisar.

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20 diciembre 2014 6 20 /12 /diciembre /2014 10:53
El coleccionista de libros

Confieso mi interés, quizá desmesurado, por las novelas que tratan sobre libros, sobre lectura, ya lo habréis notado en mis reseñas. El caso es que esa afición compulsiva me ha llevado a ciertas lecturas farragosas y otras banales. También a descubrimientos de raras erudiciones y de encantadores escritores que suelen difuminarse más tarde en el amplio anonimato relativo de los pececillos literarios que sobreviven en el océano de la literatura. En el autor que hoy nos ocupa Charlie Lovett, hay una maestría sorprendente en una primera novela (aunque se trata de un profesional de la dramaturgia en el género infantil y profesor de literatura) y algo más evidente y reconfortante: es un amante de los libros, librero y coleccionista.

"El coleccionista de libros" es un excelente volumen, bien escrito, con dominio de la tensión dramática (no en vano se trata de un dramaturgo) y una erudición en libros antiguos y volúmenes raros que a cualquier fanático de la letra impresa le pone los dientes largos. Ya en las primeras veinte páginas nos pone al tanto de la trama: "Tenía que saber de dónde procedía esa pintura, de qué manera un retrato de cien años de antigüedad de su mujer que acababa de fallecer con 29 años, había acabado dentro de un libro del siglo XVIII que trataba de las falsificaciones de Shakespeare". Y así nos llevará dando saltos desde los años 80 a los 90 del pasado siglo entre Estados Unidos e Inglaterra y por otro lado en el Londres de los finales del siglo XVI y principios del XVII, en compañía de las gentes del teatro y de los grandes de entonces, incluidos naturalmente Marlowe y Shakespeare. Nos introducirá en la polémica histórica sobre la "verdadera" autoría de las obras maestras del Bardo y proseguirá una trama detectivesca entre libros antiguos, coleccionistas, libreros, ladrones de libros, con un trasfondo romántico de un amor eterno y un amor nuevo, todo bajo el protagonismo de un joven restaurador de volúmenes antiguos y raros, un tipo tímido, casi rozando la patología, pero sensible, curioso y erudito.

Desde el inciio de la trama el año 1995 en Gales, en el pueblo-librería de Hay-on-Wye, con un Peter Byerly, coleccionista y vendedor de libros antiguos, obsesionado por la prematura pérdida de su esposa Amanda. Anotemos aquí la descripción de una relación amorosa descrita con sencillez y sensibilidad, dolor y desesperación. Allí realizará el increíble descubrimiento de la acuarela victoriana que reproduce el rostro de su fallecida esposa Amanda. A partir de aquí se desarrolla una trama apasionante durante la que se cruzará con una acuarelista y editora Liz Sutcliffe y será su compañera de investigación. Y comienza el hilvanado de saltos en el tiempo desde 1983, en Carolina del Norte, donde Peter trabaja como becario en la Biblioteca de la Universidad de Ridgefield y conocerá a Amanda. El siguiente salto nos llevará a finales del siglo XVI, donde conoceremos a Bartholomew Harbottle, un librero intrigante, que se relacionará con Shakespeare y lanzará el ovillo de una trama en pos de un libro que articulará la tensión dramática de la novela a través de los siglos, cuajando su recorrido con todo el submundo difícil, complejo y peligroso de los coleccionistas de libros valiosos, sus vendedores y libreros, todos contagiados por la apasionada falta de escrúpulos que rodea la posesión de esos volúmenes. Un plato delicioso para el sillón de lectura de cualquier amante de los libros. Palabra.

FICHA

EL COLECCIONISTA DE LIBROS.- Charlie Lovett.- Traducción de Damià Alou.-Plaza Janés.- 393 págs.-19,90 euros

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20 diciembre 2014 6 20 /12 /diciembre /2014 10:27

leningrado.jpgComo complmento del "Stalingrado" comentado este mismo miercoles, recordamos la cinta del director ruso Aleksandr Buravsky que se atrevió con un tema ya architratado por el cine actual, el cerco nazi a Leningrado (que en 1943 los mismos rusos llamaron Stalingrado). La película, de 2011, tiene poco que ver con "Enemigo a las puertas" o con la citada. Aunque aquélla nos muestra la visión de aquella tragedia inmensa también "desde el lado" ruso, aunque fue realizada por un director francés Jean-Jacques Annaud (con las bendiciones de las autoridades rusas) y se centra más en la épica del célebre francotirador soviético Vassili Zaitzev (interpretado por Jude Law) en su duelo personal con el francotirador alemán, el aristocrático mayor König (extraordinariamente encarnado por Ed Harris, uno de los mejores actores vivos, aunque desgraciadamente no es un divo). "Ataque a Leningrado" es una película austera, fría, brutal en ocasiones y posiblemente mucho más cercana a la realidad de lo que lo hicieron la mayoría de las versiones ofrecidas del célebre episodio de la Segunda Guerra Mundial, donde Hitler conoció el sabor de una de sus primeras derrotas y el prólogo de su fin de sangriento visionario político.

En el convulso Moscú de 1941 el país se prepara  para resistir la invasión nazi que ha sido frenada en Leningrado. La resistencia de la capital enerva a Hitler que ordena que la arrasen (estratégicameente era un pàso vital para dominar el país y sus recursos de combustible del Volga) y los corresponsales de la prensa extranjera piden que se les envíe por el pasillo aéreo hacia Leningrado para ver in situ la encarnizada lucha en todo el perimetro de la ciudad y el estado de la martirizada población civil.

Uno de los grupos de periodistas es atacado por unos cazas alemanes y en el ataque se da por muerta a una enviada especial británica, Kate Davies (Mira Sorvino) ante la desesperación de su amante, otro corresponsal (Gabriel Byrne). La mujer sobrevive al ataque y es auxiliada por una joven policía rusa (Armin Mueller)  que la protege y le da una identidad falsa (de refugiada española) pues las autoridades rusas se niegan a reconocer que está con vida y prefieren considerarla una espía y acabar con el problema, digamos, por necesidades de coherencia oficial. Más tarde se sabrá --y aqui la pelicula toma derroteros de melodrama-- que es hija de un general ruso "blanco" en el exilio y por tanto enemigo declarado de los soviets. Por ello se organiza una caza de la "espía" que va intercalándose en el auténtico drama de la película: la durísima supervivencia de los habitantes de Leningrado sometidos al cerco de hambre y de bombardeos, tras haber  renunciado los nazis a seguir sacrificando hombres en una lucha imposible casa por casa.

Este es el verdadero protagonista de la película: el hambre, el frío, el miedo y la desesperación de los miles de civiles encerrados en la trampa militar de Leningrado. Las secuencias de hambre, debilidad, salvajadas provocadas por la falta de alimentos (el hombre enloquecido cortando la pierna a un cadaver, los famélicos hambrientos que atacan y devoran un caballo vivo, las tristes hileras de ciudadanos arrastrando muertos envueltos en sábanas buscando donde enterrarlos), sumado a la rigidez y el fanatismo político de la vida rusa, la sombra inquisitorial que luego sembraría de miedo y muerte al país entero gracias a Stalin, van formando el telón de fondo donde las vicisitudes de la periodista inglesa y su benefactora rusa (no se acaba de entender esa ayuda) mas la familia de esta, niños y adultos en una carrera hacia la inanición, adquieren un valor anecdótico que se desdibuja ante la enormidad del sufrimiento de la ciudad entera.

En lo que en otras cintas es épica militar y a veces mensaje ideológico, en este filme es una forma de mostrarnos casi documentalmente lo que es la vida cotidiana en una ciudad sitiada por la locura militar de unos y otros.

La tendencia rusa al melodrama y a la infatigable extensión de las narraciones pasa su factura a esta película emocionante que peca de exceso de minutos en algunas secuencias y de desvios de la trama en innecesarios recovecos.

Toda la histórica gesta de la carretera sobre la superficie helada del lago Ladoga para trasportar viveres y refugiados --continuamente bombardeados por los nazis-- queda también en desdibujada anécdota, siendo como es una de las gestas militares y civiles más apasionantes del cerco a Leningrado (que se prolongó durante casi dos años y costó la vida a mas de un millón de personas, sobre todo civiles).

Película que, pese a sus defectos, hay que ver y colocar en el anaquel de películas bélicas con contenido humano.

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19 diciembre 2014 5 19 /12 /diciembre /2014 09:48
Semiprofesionales

En la senda estilística de "En lo más duro del duro invierno" aquella delicia de Kenett Branagh en blanco y negro, de la que no le separan demasiadas diferencias, excepto en lo concerniente a la dignidad cinematográfica del estilo. Lo que en el clásico de KB se resuelve por la vía de un desencantado y sarcástico humor inteligente, en esta cinta de Juan Antonio Anguita echa mano a los sketchs breves y casi incoherentes de la mano de un humor de sal gorda y ciertos excesos histriónicos. No obstante, hay gracia y sensibilidad en esta propuesta casi de arte y ensayo de Anguita, autor también del guión e intérprete principal. El elenco pone mucha devoción en sus roles de aficionados que son tan convincentes quizá por ser bastante reales. Quizá falta un poco de mala leche y un poco menos de dispersión. No obstante, aplaudo la peli por lo que tiene de fresca y espontánea y espero la próxima de este director.

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18 diciembre 2014 4 18 /12 /diciembre /2014 10:22
La literatura es mi venganza
Interesante debate literario entre dos intelectuales de fuste en el panorama mundial de la cultura, el italiano Claudio Magris y el peruano Mario Vargas Llosa. El intercambio (realmente no se trata de un diálogo sino de la exposición consecutiva de la forma de pensar y las ideas de los dos intelectuales al socaire de palabras dichas por cada uno de ello. El debate tuvo lugar el 9 de diciembre del 2009 en el Instituto italiano de cultura de Lima.

El papel de la narrativa, la novela principalmente, en el desarrollo y los procesos culturales, políticos y sociales del mundo, la función del escritor y el alcance de sus ideas, forman el corpus del corto debate que nos ofrece Anagrama bajo un título poco afortunado. El dialéctica espada-pluma o arma-palabra sería más adecuada que esta "venganza" de la literatura que desvirtúa el profundo mensaje pacífico aunque revolucionario de la escritura. Pensar que sus libros son el "arma" del escritor contra las cosas que no le gustan en el mundo, es quedarse con una parte de la cuestión. Vargas Llosa nos habla de la "enfermedad incurable" de la literatura y de sus efectos a veces nocivos en el propio escritor y Magris reivindica la invención de los mundos nuevos a traves del artificio de la palabra que suele de alguna forma propiciar en el lector un ansia de cambio, un no conformismo ante la dureza e injusticia del mundo que le rodea.

No en vano, dice Vargas, la censura se ha centrado casi siempre en la novela como amenaza ya que le sugestión literaria es uno de los acicates más eficaces para provocar en las personas el ansia del cambio (quizá porque requiere menos esfuerzo intelectual que la filosofía, auténtica "arma revolucionaria").

La actualidad de esta breve obra de conversaciones entre Magris y Vargas Llosa resulta sorperendente ya que disecciona algo que a todos nos preocupa, el desprestigio casi insalvable de los políticos y la política y también la necesidad de superar la tentación de abandono e indiferencia para propiciar el cambio y fomentar el compromiso. Y siempre partiendo de la postura humilde y realista de que el escritor no es una pieza esencial como hombre, es su obra lo que concierne al cambio, no en vano muchos escritores fértiles y conocidos han sido, en lo político y personal, simpatizantes activos de iedeologías nefastas y humillantes, nazismo, estalinismo, fascismo (se cita a Pirandello, Knut Hamsum, el Sartre simpatizante de Stalin o Celine y De la Rochelle o Heiddeger)

Particularmente actual es la intervención de Vargas Llossa sobre los "valores contradictorios" (pág.87) cuando analiza valores que a todos nos parecen tener la misma respetabilidad y que al mismo tiempo son incompatibles unos con otros. Por ejemplo, la libertad y la igualdad. Si uno quiere imponer la igualdad siempre tiene que restringir la libertad. Y pone los casos de la incidencia de ciertas prácticas de la cultura musulmana o africana en Europa. Es decir, "Europa renunciando a la igualdad de sexos, uno de los grandes valores democráticos, en nombre de la igualdad de civilizaciones, de la igualdad de culturas, en nombre de una corrección política profundamente antidemocrática" (pág.89). Un libro sumamente sugerente.

FICHA

LA LITERATURA ES MI VENGANZA.- Mario Vargas llosa y Claudio Magris.-Anagrama. 92 págs. 11,90 euros

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18 diciembre 2014 4 18 /12 /diciembre /2014 09:11
Yo, Frankenstein

Vamos a ver, seamos razonables. No es la película de James Whale, el clásico en blanco y negro, ni siquiera la notable versión de Kenneth Branagh, ni es un remake estético del pasable "Van Helsing". Estamos en el subgénero de cine fantástico basado en mitos, en este caso literario. La historia de Mary Shelley ha sido nuevamente saqueada en su línea maestra pero ya desde las primeras secuencias va por libre la película y nos da las claves de lo que vamos a ver: un refrito con estética de comic, de otras muchas cintas semejantes, con gran numero de transformaciones monstruosas, aparición de gárgolas con alas y demonios que se auto consumen, con un Aaron Eckart muy musculado y simple y la chiquita de rigor, Yvonne Stregosky angelical y tal, aunque nos libran de indirectas de pareja con el señor de los remiendos (lo cual me hace sospechar que los productores tal vez piensan en una secuela: sería algo peor que una estupidez, sería un error económico) Lo mejor de la película, el gran Billy Nighy haciendo de príncipe de las tinieblas, con su elegante cinismo y con toda la pinta de estar pasándolo muy bien haciendo de poderoso demonio aunque sin creerse nada de su papel. El sentido común y una cierta coherencia científica brillan por su ausencia en este dinámico y ruidoso bodrio palomitero.

La cosa no da para más aunque lo cierto es que resulta entretenida, siquiera sea por los guiños a otras películas generalmente mejores, pero sin exagerar, como "·Blade" o "Underwold". "Yo, Frankenstein" no es un acierto, ni como película, ni como personaje central y no creo que sea un efecto de la estolidez como actor del bueno de Aaron . Todo parece centrado en los combates y batallas que están filmadas con corrección y aseguran un ratito de emoción bélica. No es una peli aburrida o inaguantable. Se puede ver si realmente uno sabe lo que va a ver exactamente y acepta el riesgo. También la tele basura tiene su público, ¿no?

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17 diciembre 2014 3 17 /12 /diciembre /2014 10:46
Stalingrad

El cine ha dedicado bastante metraje a la agónica batalla urbana en torno a la ciudad de Stalingrado durante la Segunda Guerra Mundial, una resistencia numantina de los rusos que simbolizaría el epígono nazi y la derrota de la cruz gamada. Esta ha sido producida y dirigida por los rusos y nos aporta el punto de vista ruso, como ya hiciera el francés Jean Jacques Annaud con "Enemigo a las puertas", cinta a la que ésta le debe no sólo la fuerza y belleza de los efectos de ordenador en la descripción de lucha y ambiente, sino elementos visuales y argumentales como la presencia de los tiradores de élite, la famosa fuente de las niñas danzantes, la población civil, los barrios que cambiaban de manos de un día para otro, la convivencias forzosa de los ciudadanos con los soldados de ambos bandos. Aquí, precisamente, el Stalingrado ruso se centra no sólo en la espectacularidad bélica sino en las miserias, peligros y violencias que sufren las mujeres, los ancianos y los niños de la población civil metida en el mismo saco que los combatientes. Se nos narra dos historias de amor (una por cada lado de las trincheras) y en muchos momentos la guerra y sus actores quedan desdibujados por los sentimientos, los miedos, y el peligro que acecha a todos. Al contrario de los comentarios sobre la película que he podido leer, creo que no existe un exceso de maniqueísmo, aunque claro está a los alemanes se los pinta como a salvajes sedientos de sangre (cosa que lo eran los de los dos ejércitos) la película se vierte más en la lucha del pueblo de la ciudad para sobrevivir.

La realización es bastante correcta, con secuencias muy espectaculares, gracias a unos efectos visuales excelentes (aunque, repito, se percibe la influencia de la película de Annaud) gracias al uso del IMAX 3D en el rodaje. El Stalingrado derruido y bajo una constante lluvia de ceniza, está quizá mejor logrado y da una idea seguramente más fidedigna del horror demencial que fue aquello. Lástima, en realidad, del sesgo romántico y amoroso que toma en ocasiones. Es como si una película se engastara en otra con la que comparte escenario pero no tratamiento argumental. Aun así hay cargas absurdas (como la de las antorchas humanas del principio, personajes estúpidos (sobre todo alemanes y uno solo ruso), con muertes idiotas y heroicidades poco creíbles por ejemplo el tiro de un cañón en "L"). Yanina Studilina cumple con su papel y el actor alemán Thomas Kretschmann, también. La historia se desarrolla en la Batalla de Stalingrado, pero aparte de las secuencias --pocas de acción o las del principio, generales-- se centra en lo que ocurre alrededor de los defensores y atacantes de un edificio. Vemos la evolución psicológica de varios soldados rusos de diferentes caracteres en torno a una muchacha que había sido violada por los alemanes y se convierte en objeto de deseo para alguno pero sobre todo en símbolo nostálgico de lo femenino para los demás. Y para completar el cuadro, se nos narra la vida paralela de un oficial alemán que está enamorado de una muchacha rusa que se parece a su difunta esposa. Creo que para este viaje no se necesitaban estas alforjas de una producción carísima y espectacular. Pero no obstante la película se ve con agrado y hay una crítica implícita al fanatismo de los dos lados. Los actores rusos hacen convincentemente su papeles a pesar del forzado esquematismo al que les obliga un guión algo anecdótico.

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16 diciembre 2014 2 16 /12 /diciembre /2014 10:46
Los pasos que nos separan

Marian Izaguirre es una escritora versátil, tocada por el dedo del dios de los sentimientos y las emociones, capaz de crear pequeños mundos donde suelen brillar como estrellas las cuestiones más profundas y esenciales del ser humano, el amor sobre todo, la piedad, la comprensión, pero también los celos, la posesividad, la culpa y el resentimiento. Son estructuras de aliento íntimo, viajando por mundos específicos, el de la música, el de los libros, el del arte, con una intencionalidad en la que los problemas de los países, las guerras o sus consecuencias no acaban nunca de sofocar el latido de los corazones humanos, sobrevivientes a desastres generales o íntimos.

He leído de ella "El león dormido", "La parte de los ángeles" "La vida cuando era nuestra" y ahora, "Los pasos que nos separan". Recuerdo la frase de mi madre, fallecida no hace mucho, a la que solía pasarle las novelas de Marian, "Es una escritora entrañable, nos pone la voz a las mujeres". Ella, lectora compulsiva toda su vida, a los 93 años tenía un olfato especial para poner el sexo al escritor sin neceasidad de leer su nombre. ¿Es un diagnóstico limitativo? De ninguna manera. Marian no es una "escritora para mujeres", excluyendo a la parte masculina del lectorado. Es una voz profundamente femenina. Y no hay lector masculino que no sepa apreciar en su justa medida esa voz complementaria y esencial, justo por lo que tiene de real, de auténtica.

Aquí se refleja una historia donde el tiempo, el pasado y el presente, el presente del pasado, se convierte en un personaje más. Desde que los dos protagonistas se conocen en el Trieste de 1920, "la ciudad que siempre tuvo muchos dueños y nunca perteneció a nadie", bajo el simbólico e implacable "bora", el viento helado de los Alpes, comienza una historia que se desdoblará en sus epígonos personales a través de los años, en la que los personajes femeninos, dos principalmente, giran en torno a un hombre y a un hecho natural: la concepción, la maternidad deseada o evitada y los huecos, carencias y heridas que ocasiona. La convulsa Europa de los fascismos y de la posguerra mundial presta sus escenarios tensos, oscuros y lacerantes a las heridas nostalgias y presentes ominosos de los protagonistas, junto a la Barcelona de los setenta que se agita conmocionada por el final de los felices y revolucionarios sesenta europeos. Romance y pasión, servido por la prosa plácida de Marian que va menudeando esos paqueñas frases, como retazos, aldabonazos, resúmenes sensitivos, con las que sangra el texto como si tratara de resumir o definir un estado de ánimo.Salvador, el escultor, Edita de Liubliana, Marina y su situación desalentadora, van viviendo sus vidas y sus encuentros a través de unas singladuras en el amor, la culpa, el miedo o las dificultades que acompañan siempre, más tarde o más temprano, a la maternidad o el recurso al aborto. Marian analiza sin complacencia, fuera del tópico, todas esas cuestiones desde el punto de vista de sus personajes.

Como en otras ocasiones, Marian escoge un elemento artístico o cultural como puente, puerta o elemento revulsivo que agita la historia y las emociones de sus protagonistas con una pátina de misterio y esoterismo, en este caso es el cuadro L'Annunziata de Antonello da Messina. Acompañemos pues a Salvador --como un Dante en su viaje al pasado-, pretexto masculino de una historia de mujeres y de la esencia femenina, de la maternidad, el coraje y el miedo. Una búsqueda de respuestas que Salvador inicia acompañado de su propia Laura --Marina-- para mitigar la culpa y la dolorida nostalgia.

FICHA

LOS PASOS QUE NOS SEPARAN.- Marian Izaguirre.-Ed. Lumen.-383 págs.19,90 euros

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  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
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