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19 agosto 2014 2 19 /08 /agosto /2014 17:20

“The art of the steal”, "El arte del robo" es de esas películas que, aunque no son capitulos escogidos de ninguna historia del séptimo arte, ( ésta ni lo pretende), nos dejan un buen sabor de boca, se muestran razonablemente entretenidas y nos sorprenden con buenas escenas, actores muy ajiustados a su papel, una trama mas o menos sólida y algunos golpes de efecto, sobre todo al final. Y eso sí, con una buena dosis de sentido del humor y una inteligente voluntad de autoparodia (caso del avejentado pero resultón Kurt Russell). Vamos de robo inteligente de obras de arte, como una parodía menos hábil de “Ocean’s Eleven”. Matt Dillon se ciñe a su papel de sinverguenza ingenioso y se excede un poco en su papel de canalla simpático pero siempre odioso mientras su compañero trata de perfilar a un perdedor creible sin demasiadas dificultades, dado su aspecto. La película abunda en tópicos del subgénero, incluso en su final un poco complicado pero efectista.. La imperturbable presencia madura de Terence Stamp (qué lejos de ángel ciego de "Barbarella", oh tempo, oh mores), da un toque de distintión a una cinta que se ve sin aburrimiento y con cierto aire de "dejà vu". En definitiva un entretenimiento ingenioso con escenas suculentas donde brilla el humor carcelario y de bajos fondos narrado con ironía y los excesos del género..

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17 agosto 2014 7 17 /08 /agosto /2014 07:40
Nombres propios: Moshe Feldenkrais

Moshe Feldenkrais es físico nuclear, biólogo, psiconeurólogo, anatomista y uno de los primeros occidentales que logró el cinturón negro de judo; judío ruso nacionalizado israelí, nacido en 1904, una de las mentes más sagaces y brillantes del convulso siglo XX, que vivió en todos sus atroces dramas bélicos y tragedias humanas. Inventó un método de aprendizaje basado en el movimiento del cuerpo que ha devuelto la esperanza de mejorar la vida a miles de personas con dificultades motoras y comunicativas. El método Feldenkrais, rigurosamente científico y comprobado bajo los parámetros más exigentes con la finalidad de mejorar las funciones humanas más significativas. Ahora se publica en España, por editorial Sirio, una obra, "La sabiduría del cuerpo" que compendia sus más interesantes artículos y entrevistas, muchas publicadas por primera vez desde su fallecimiento en 1984, bajo la batuta de una de sus discípulas Elizabeth Beringer y con el prólogo de otro grande de la fisiopsicología David Zemach-Bersin.

Para cualquier perasona interesada en mejorar sus capacidades mentales y fisicas a través de tomar conciencia de sus movimientos y su imagen corporal (elemento psicofísico responsable desde su formación en la infancia del sujeto de muchos de los problemas y discapacidades o bloqueos que dicho sujeto padecerá el resto de su vida si no toma cartas en el asunto) la lectura de este libro puede ser un descubrimiento en muchos aspectos y con ello una posibilidad de mejora y de optimización personal.

Moshe fue uno de los primeros en enseñar algo que muchas decadas mas tarde confirmaría la ciencia neurológica: la capacidad de aprendizaje creativo del cerebro, incluso del cerebro dañado por enfermedad o trauma, lo que ahora se conoce ya como neuroplasticidad: la capacidad del cerebro humano de modificar su organización y sus respuestas a través de la experiencia y el aprendizaje a lo largo de toda nuestra vida. Y añadiendo algo revolucionario: "el sistema nervioso se sirve del movimiento para establecer las diferencia que induce a preferir o elegir acciones o patrones de conducta determinados". Es decir, trabajar sobre el movimiento corporal y la postura para facilitar movimientos mas sanos y eficaces que provocarán cambios en las actitudes y percepciones psicologicas (unidas somaticamente a patrones de comportamiento inadecuados o nocivos). Basicamente, en palabras de Feldenkrais "es preciso eliminar esos patrones compulsivos para que el sistema nervioso actue o reaccione libremente de acuerdo con la situacion que afronta y no con los habitos adquiridos". Por tanto, "el control de la musculatura es esencial para el control del ser" (pag.66). Dada la falta de espacio de esta sección, sólo resta un consejo: Compre "La sabiduría del cuerpo" y léalo atentamente. Le puede cambiar la vida.

FICHA:

LA SABIDURÍA DEL CUERPO. Recopilacion de articulos de Moshe Feldenkrais.- Ed. Sirio. Traduccion de Julia Fernández Treviño.-346 págs.-14.95 euros

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15 agosto 2014 5 15 /08 /agosto /2014 08:21
Atlas de islas remotas

¿Quién no ha disfrutado alguna vez del síndrome de Robinsón Crusoe, el deseo de soledad en una isla paradisíaca? ¿Quién no ha soñado con una remota y aventurera Isla del Tesoro? ¿Quién no ha envidiado las experiencias de los amotinados de la Bounty en las islas tahitianas del siglo XVIII? Pues la investigadora alemana Judith Schalasnky ha escrito un libro delicioso --aunque resulte a la postre bastante más melancólico: los sueños nunca cumplen las expectativas, cuando interviene la tozuda realidad-- sobre "cincuenta islas en las que nunca estuve y a las que nunca iré".

El libro, magnificamente editado por Capitán Swing y Nórdica Libros, con traducción de Isabel G. Gamero, va produciendo sentimientos encontrados en el lector, que oscilan entre el encanto de lo legendario, la sorpresa de lo insólito y una cierta tristeza o aflicción por la dureza y el desconsuelo que evocan muchas de esas islas.

Claro que esto es más comprensible si hacemos caso de lo que dice la autora en su bella inrtroducción: "No se trata de un manual de geografía, sino de un proyecto poético". Y yo añadiría filosófico. Aquella frase del poeta John Donne de "Nadie es una isla" queda en cierta forma desmentida en este libro, donde muchas islas que vamos conociendo nos recuerdan fatalmente a algunos hombres, publicos o anónimos, que han circulado por la historia y la vida. Judith destaca en su prefacio algo muy ilustrativo:"El Paraíso es una isla, el infierno también". Es la ambivalencia de todo lo humano pero también de la Naturaleza. Y uno acaba viendo correspondencia entre esas cincuenta pequeñas islas perdidas en la nada y las vidas de muchos seres humanos, o el destino azaroso y casi siempre paradójico de las utopías humanas, las que la literatura, el cine, la poesía o la historia nos permitieron conocer -- y asistir a su ruina inevitable--.

Es la otra cara del Paraíso, del sueño paradisíaco de la soledad creativa, del buen salvaje, de los espacios míticos de la libertad, la aventura y la comunión con la naturaleza. Todos los que han caminado por bosques remotos y selvas, por cumbres hostiles y zonas inhóspitas, conocen la ambivalencia de esos lugares, buenos para las ensoñaciones imaginativas y difíciles y peligrosos para la vida real. Por eso este paseo por islas remotas convertidas en prisiones inhumanas, centros de crímenes horrendos y abusos sin cuento, lugares para experimentos brutales --y no me refiero a la Isla del Doctor Moreau, sino a las usadas para la investigación atómica o energética o biológica-- o convertidas en colonias de extradiccion política, deja un poso de melancólico horror.

Pero este libro nos invita a conocer cada una de estas cincuenta islas remotas, habitadas o desiertas, nos cuenta su historia desde el descubrimiento, nos aporta datos sobre su población y las vemos en un mapa meticuloso que parece reflejar el encanto conciso y evocador del mapa de la isla del tesoro de Stevenson o de la real isla de Robinsón Crusoe, que se llamo "isla mas a tierra", y está situada en el archipiélafo de Juan Fernández, bajo la bandera chilena. Fue allí donde de 1704 a 1708 vivió un pirata fracasado llamado Alexander Selkirk. Defoe lo convirtió en Robinsón, dando a este nombre ficticio categoría de concepto linguístico cultural.

No hay nada de guía de viajes sorprendentes o separata manipulativa de las agencias de viajes, la propuesta de la escritora alemana es sucinta, desapasionada y al mismo tiempo muy sugestiva. Mantiene el atractivo casi genético de la invitación al viaje, el itinerario imaginativo, al desafío que se enraiza en la literatura más básica. "hubo una vez un remoto lugar donde..." Y ese sortilegio que huele al humo de la leña en las hogueras o chimeneas de los cuentacuentos, a la inalcanzable posibilidad de desembarcar en sus playas arcaicas y sus recortadas costas inverosímiles, se concreta en la metáfora redonda y perfecta de la isla, el lugar limitado donde se encierra el sueño de lo ilimitado

Este viaje fascinante nos lleva a través de los cuatro grandes océanos, Ártico, Atlántico, Índico o Pacífico, pero no nos plantea un reto, nos embruja con la sonrisa de una esfinge con forma de metáfora: con los medios actuales sería posible viajar a esas islas, pero Judith hace un quiebro filosófico: quizá el auténtico desafío consiste en recrearlas desde casa, junto a un buen mapa mundi, con el dedo íncide marcando la deriva que nos acerca a ese punto minúsculo que tiene un nombre legendario, donde siempre está abierta la pisibilidad de que el sueño poético se convierta en una pesadilla, donde siempre parece cobijarse la sombra ominosa de ese personaje inolvidable de Josep Conrad, Kurtz, (recreado en "Apocalipsis Now" por Brando) musitando "el horror, el horror".

Y como ejemplo del talante melancólico que concita la lectura de este libro, recomiendo al lector que lea la página que corresponde a la Isla de los Cocos (pág 120) propiedad de Costa Rica, donde un auténtico y obsesivo buscador de tesoros, August Gissler, buscó durante años el oro escondido supuestamente dejado allí por los piratas que surcaban el Cabo de Hornos. Una vida antiheroica pero apasionante que durante 16 años le mantiene en la isla agujereandola por todos lados para terminar abandonandola solo y frustrado en 1905. Poco antes de morir en 1935 declaró que seguía creyendo que en la isla había tesoros enterrados y añadió con los ojos brillantes de fiebre y fanatismo: "Si fuera joven, retomaría esa busqueda una vez mas, desde el principio". ¿Locura, fe, imaginación, inocencia de soñador? ¿Qué mas da? Como el mismo sujeto diría en otra ocasión: "Buscar es más importante que encontrar". Como en el verso de la inmortal "Viaje a Ítaca" de Kavafis: "lo importante del camino no es llegar al final, sino el camino en sí".

FICHA

ATLAS DE ISLAS REMOTAS.- Judith Schalansky.- Trad. Isabel G. Gamero.- Editada por Capitán Swimg y Nórdica libros.- 150 págs.

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14 agosto 2014 4 14 /08 /agosto /2014 08:30
Chef

Entretenida película gastronómica americana en la que se nos presenta una historia al estilo de "Rattatouille" en la que un magífico e incomprendido chef que se enfrenta a un reputado crítico debe engfrentarse a una derrota absoluta y reinventar su vida, con el éxito, por supuesto, al final. Pelicula previsible pero divertida, con un protagonista al estilo del intérprete de los Soprano y unas secuencias alimenticias de lo más sugestivo (a `pesar de qwue la mayor parte de lo ofrecido son burritos calientes y demás bagatelas).Tras una larga temporada a la sombra del blockbuster, donde entre otras cosas se encargó de reenganchar tanto a crítica como a público al universo Marvel con sus dos notables entregas de la saga 'Iron Man' (2008 & 2010), Jon Favreau se aleja (aparentemente) del circuito comercial para rodar una cinta que pretende emular las maneras del cine independiente estadounidense, pero recurriendo a modos, atajos y moralejas de gran estudio corporativo que sabe a ciencia cierta lo que espera el gran público de una historia inspiradora como la que aquí se narra. Su 'Chef' (2014) (o '#Chef', como se puede observar también en otros medios) es una película mucho más pensada que sentida, más de diseño que parida desde las entrañas, pero el oficio humorístico y la pericia narrativa de Favreau salvan de la quema a una película que, pese a todo, cae irremediablemente simpática.

La historia no es otra que la de un talentoso pero maniatado chef de cocina, divorciado y disperso como padre para más inri, que termina por ser despedido del prestigioso restaurante en el que trabaja. Una vez ha tocado fondo, tratará de resurgir de sus cenizas a través de un negocio de venta ambulante de comida rápida. Es fácil adivinar lo que se encontrará el espectador: redención profesional y familiar y la fructuosa búsqueda del sueño americano. Nada nuevo bajo el sol y ni un ápice de riesgo narrativo, formal o moral. Todo sigue estrictamente el manual del éxito del buen norteamericano, pero es de agradecer que, durante la mayor parte del metraje, su director no pretenda inculcarnos a machamartillo esa idea sino, simplemente, hacernos pasar un rato divertido. El espíritu lúdico del film no se eleva más allá de la comicidad funcional de película veraniega, pero logra que el respetable no sea duro (ni exigente) con ella y se deje llevar por la música, los olores y colores, y los ágiles diálogos que, sobre todo en su tramo inicial, ofrecen dinámicas conversaciones e ingeniosas réplicas. La nula inspiración que Favreau aporta tras las cámaras la compensa con su escritura y, sobre todo, con su indudable carisma, que en esta cinta explota como pocas veces hemos visto en pantalla. Es él el one man show que aporta, junto a un chisposo y recurrente John Leguizamo, la principal ración de ingenio del menú que propone el otrora director de 'Elf' (2003) o 'Zhatura, una aventura espacial' (2005). Por otro lado, cameos como los de Dustin Hoffman o Robert Downey Jr. obligan a paladear cada una de sus palabras, mientras que Sofia Vergara no merece apenas una mención positiva, convertida, junto a Scarlett Johansson, en mujer florero e improbable amante del personaje que interpreta Jon Favreau. Casi como anécdota, parece más una broma (in)voluntaria que un apunte dramático serio el hecho de verle rodeado (y deseado) por dos de las mujeres más explosivas del planeta.

En contraposición a su tópico y predecible viaje de reconciliación familiar y creativa, que cabe decir posee una duración desmesurada y una narrativa mecánica que se torna en repetitiva desde la hora de metraje, Favreau incorpora de manera inteligente las redes sociales a su discurso, tanto narrativo y visual como ético, y opina con certeza sobre el buen o mal uso que de ellas puede hacerse. No es que sea un dechado de hondura ni mucho menos, pero es lo único que aporta algo de auténtica frescura a su sobada historia de caída y resurgimiento. Por otro lado, su vertiente dramática funciona sólo a medias en la medida en que uno empieza a temer lo previsible del conjunto, pero la sencilla empatía que despiertan sus personajes principales consigue que, llegado un clímax emocional que no desvelaré, a uno le importe al menos un poquito lo que presencia.

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13 agosto 2014 3 13 /08 /agosto /2014 08:39
Un golpe brillante

Bueno, seguirmos con comedietas ligeras como "Mejor otro día" con un Pierce Brosnan más o menos histriónico en trance de suicidio (tal ´vez algo más amarga que la que hoy nos ocupa "Un golpe brillante") y ahora compartiendo cartel con Emma Thompson. Ya muy lejos del 007, el bueno de Brosnan monta un amor otoñal con la ajadita Thompson, siempre tan eficaz, incluso en las comedias. Una comedia romántica en la que, con la excusa del robo de un diamante, se meten en aventuras parisinas y si se tercia recomponer el matrimonio roto con la Thompson. La excusa, una venta tóxica de la empresa donde trabaja Brosnan y que supone el fin de su pensión y la de todos los empleados de la firma, amigos del exBond. El diamante pertenece al bróker granujiento que ha liderado la operación de quema y colapso empresarial.

Los dos buenos actores saben que lo que hacen es una broma, irreal, absurda y con ansia de risas. El guión no hay por donde cogerlo y los secundarios sobreactúan buscando complicidades en el espectador. Todo es una broma y cuanto más surrealista mejor. Lo cierto es que a pesar del automatismo actoral, son tan sugestivos los dos actores que logran salvar una función que roza el absurdo. Películas como la citada “Mejor otro día” o “Amor es todo lo que necesitas” para Brosnan, o “Hermosas criaturas” para Thompson son la muestra de su comprensible afán por aceptar películas alimenticias a las que, no obstante, dan un cierto sello de distinción. Así que ya saben, hay otros "Robos perfectos" en el cine actual mucho mejor hilvanados, como "El atraco" , que ya comentamos, con tres actorazos de primera, Morgan Freeman, Christophen Walken y William H. Macy, metidos en dar cambiazos de sus respectivas obras de arte amadas, aprovechando que son vigilantes del museo. Esa si es brillante.

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12 agosto 2014 2 12 /08 /agosto /2014 07:56

Terry Gilliam es , a condición de que te guste su cine siempre un poco desmesurado pero incontestablemente creativo, rompedor y surrealista, uno de los grandes directores actuales. Con cintas que se convierten en puntos de referencia como "Brazil" o "Doce monos", inexcusable para todos los amantes de la ciencia ficción o del thriller, o maravillas inclasificables como "El imaginario del Doctor Parnassus", "Miedo y asco en Las Vegas" o "Tideland". O esa joya literario-referencial que fue el documental sobre el frustrado y accidentado rodaje de "Don Quijote", hemos de convenir que estamos ante un genio visual. un creador único siempre atenazado entre las exigencias de la libertad creativa, el dogal de la industria del cine y el asombro -a veces rechazo- de un público nun ca indiferente . "The Zero Theorem" podría visualizarse como una adelantada revisión del caos brillante de "Brazil", enfocado esta vez al mundo atosigante de la publicidad y la presión brutal y poliédrica de las redes sociales, con carteles publicitarios intrusivos, pantallas de plasma y el ordenador como forma y estilo de vida. Su protagonista, un irreconocible Christophen Waltz, logra tan magnífica y elaborada actuación que se supera a sí mismo (a mi entender aún más inquietantemente atractivo que en "Gloriosos bastardos" y "Django encadenado", ambos de Tarantino, por las que obtuvo sendos Oscars). Seguro que esta vez no le caerá la estatuilla, incluso a pesar de merecerlo más. Cualquiera premia en Hollywood a Terry Gilliam. Y ahora pasemos al conjunto de la cinta: no es una película memorable, ni una gran película, pero es una cinta estimable, distinta, honesta y revolucionaria que merecería mejor destino del que sin duda va a tener: proceso habitual en creadores rebeldes con el sistema. El planteamiento es interesante, pero nos parece de que esta vez el ex Monthy Piton no es capaz de sacarle todo el partido. Quizá sea cosa del guión de Pat Rushin, que promete y sugiere mucho y luego se olvida a desarrollar las ideas. Pero no deja de ser una película de Terry Gilliam con todo lo bueno (o malo, para quien no le guste) que esto conlleva: personajes estrafalarios, una imaginería visual notable, una música lucida y unas interpretaciones llenas de histrionismo pero ferozmente adecuadas al mundo que se nos muestra. No es el mejor Terry Gilliam, pero tampoco el peor. Cine estimable, pues. Apostemos porque siga provocándonos.

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9 agosto 2014 6 09 /08 /agosto /2014 08:03
Nombres propios: Juli Micolau

Tiene el aire humilde y amable de un Miguel Hernández, y la sensualidad y el apego a la tierra de los poetas rurales de la antigua Grecia, la sensibilidad de las locas poetisas de Safo y Lesbos, hasta los devaneos sensuales de los risueños epicúreos. Se llama Juli Micolau. Uno se cruza con el poeta en La Fresneda, camino al tajo, caballero a lomos de un monstruo mecánico, un enorme tractor. Tiene la sonrisa tímida y la mirada profunda. Entroncado como un viejo olivo de ramas jóvenes en el campo humanizado, discípulo de Hesíodo, Juli, poeta, resuelve a la manera de "Los trabajos y los días" una cosmología que nace de Gea y Urano y lo hace abriendo su sensibilidad delicada a los vientos poderosos y masculinos del Matarraña y el Bajo Aragón, la tierra exigente, los roquedales omnipresentes, la amplia linea del cielo preñado de nubes pero avaro de agua, aunque la mayor parte de su poemario parece surgir de la intimidad azarosa de la circunstancia del poeta, hombre de campo y de luces, amigo de mitologías diversas.

Y así en "Átic antic" no s habla de que lo que vale la pena, realmente, "és deixar passar els dies i pujar// arribat el momento//al llom dels anys i els rumbs//" o nos confiesa: "es dur haver de dir// tan fredament// adieu, mon amour//", ya que asegura en otros versos, "no es tracta de rendir cult// a la nostalgia//Es tracta de tenir consciencia//de la memoria//...per això s'ha de meditar//seriosament//sobre què podriem conservar// o perdre".. Y nos confirma sus fuentes en un poema delicioso titulado "Fratern somriure" dirigido a l dios Apolo: "he aprés les ensenyances// d'Hesiode, un poeta grec// que impregnava els poemes// de reminiscències agràries// per això estic convençut// de la benedicciò de Themis// filla del Cel i de la Terra// deessa de la Justicia i de la Llei// Per si val qualsevol insinuació,//dirigin-me un fratern somriure,//ella va aproximar-se, lentamente,// per demanar l'energia// dels olis i dels elements". Refrescante y sensual Juli Micolau.

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8 agosto 2014 5 08 /08 /agosto /2014 07:55
Alucinaciones

Desde que leí en los 80 "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero" o "Despertares" (luego llevada al cine con un extraordinario Robert De Niro como uno de los pacientes que "despierta" gracias a una droga administrada casualmente) he seguido las apasionantes narraciones del neurólogo y psiquiatra Oliver Sacks, no sólo por su calidad literaria --que la tienen-- sino por tratar una de las cuestiones más atractivas y fascinantes de la existencia: las funciones del cerebro dentro del contexto de la vida humana, sus patologías y los surrealistas efectos que causan éstas, las cualidades de sus respuestas y los desafíos que conciernen a su funcionamiento (o a su falta de). Por motivos personales y académicos, desde que en esa época empecé estudios de psicología, los relatos de Sacks, con su cuidada vertiene filosófica que trasciende la importancia clínica de lo que narra, iluminan la nunca totalmente explicada complejidad de la mente humana y sus misterios y maravillas, todo ello fue un complemento evocativo y sugerente en mis estudios primero y en mi práctica clínica después.

En "Alucinaciones", como en otros libros de este genial autor, ya sea "Con una sola pierna", "Migraña" "Los ojos de la mente" o "Veo una voz", Sacks analiza un tópico clínico, unos casos que conciernen a diferentes funciones de la mente y el cerebro, como la percepción de los miembros fantasma, la complejidad de la visión o la audición, las raras enfermedades o las dolencias comunes (como la migraña) y lo hace enriqueciendo las historias clínicas con un despliegue de erudición literaria y filosófica que apenas tiene parangón en este tipo de narrativa. Arte, historia médica o de la literatura, música, antropología, filosofía y, por supuesto, psicología y neurociencias, forman parte del inacabable bagaje que Sacks va exponiéndonos con un verbo, un humor y una amenidad propias de los tradicionales cuentacuentos orientales a la vera del fuego de la tribu.

En este libro Sacks nos muestra cómo la mente, el cerebro, crean una realidad paralela y distinta a la que "vemos" cuando en vigilia nos consideramos dueños de nuestra lucidez y para ello el cerebro no sólo es capaz de utilizar la visión, sino también el olfato, el oido e incluso el tacto. Topo empieza y acaba en el cerebro. Desde los trampatojos más sencillos hasta las alucinaciones más decabelladas a las que tomamos como parte de "nuestra realidad".

Este autor octogenario, pero muy joven de espíritu, nos propone analizar casos que sin ser delirios o efectos de patologías, algunas personas ven algo que nadie más puede notar. Y Sacks aclara desde el principio que se trata de alucinaciones no de ilusiones, es decir unas imágenes no buscadas ni existentes, en lugar de algo buscado por la voluntad y la memoria, es decir un efecto que no relaciona con la psique histórica del sujeto y por tanto no es un producto psicoanalizable.

Nos habla del “síndrome de Charles Bonnet”, visiones alucinatorias de creciente complejidad en un hombre con ceguera, sin que ella hubiera componentes emotivos ni personales; de las visiones de algunos parkinsonianos; los extraños casos de percepción de olores sin causa objetiva o los estados cuasi-místicos que acontecen en algunos epilépticos (lo cual explica, según Sacks, muchas de las visiones místicas presentes en las religiones y tradiciones: Juana de Arco, San Juan de la Cruz o Santa Teresa ).

Muchas de las reflexiones de Sacks sobre la capacidad alucinatoria inciden en la literatura, ya hablemos de Dostoievski o Baudelaire. O de casos o tópicos literarios como la aparición de “doppelgängers”, duplicados de uno mismo pero con siniestras diferencias, que uno ha encontrado en relatos de Poe, de Mauppasant o de Stevenson.

Sacks también incluye en este libro referencias a casos de "miembros fantasmas", dentro de las distorsiones que el cerebro provoca en la imagen estructural que el hombre tiene de si mismo (algo que ya trató en obras como "Con una sola pierna" o "El hombre que confuncio...") hablándonos de casos de personas con miembros amputados que todavía sienten“calambres” en la mano o pierna que no está ( el propio Sacks tuvo un percance traumático en una pierna, creo recordar, y sufrió el mismo síndrome que después describiría con tanto arte). Es una patología de la propriocepción (la percepción de sí mismo) que crea imágenes de cosas que no existen, miembros duplicados o sensaciones inexplicables.

En esta obra, Sacks logra, con su estilo sencillo, didáctico y con ramalazos de fino humor inglés, una versión del discurso médico que logra parecerse a una buena novela, sin dejar de aportar datos y comocimientos a la amplia gama de los males neurológicos que nos podrían, en algun inesperado momento o circunstancia, provocar alucinaciones o causar surrealistas efectos, una broma pesada de ese organo vital semidesconocido al que llamamos cerebro.

FICHA

ALUCINACIONES.- Oliver Sacks.- Traducción de Damian Alou.- 343 págs. Editorial Anagrama.-19,90 euros

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7 agosto 2014 4 07 /08 /agosto /2014 08:04
The signal

Lástima. La película empieza muy bien, la historia de los dos jóvenes, acompañados por la novia de uno de ellos, a la caza de un "hacker", tiene cierta gracia, con añadidos de flsh back para explicarnos, pero nunca del todo, porqué el chico va con muletas. Al llegar al no-sitio donde procede la señal del pirata informático, con secuencias al estilo de "la bruja de Blair", la cosa parece decantarse por una peli de terror, pero muy pronto va cambiando de tercio y entramos en una trama de ciencia futurista, secretos lugares impolutos y detalles que incluyen algunos momentos de tensión y misterio. Todo lo que nos cuentan nos va dirigiendo a la célebre área secreta de los Estados Unidos, el área 51, relacionada con los ovnis y los visitantes del espacio exterior. Nos vamos despegando de la verosimilitud y con algunos fallos de guión e incoherencias del argumento, nos vemos sujetos a las aventuras de un joven del que nos van sirviendo sin cesar secuencias idílicas de su pasado. Todo se va complicando con huidas y despliegues científico militares hasta que los últimos minutos de la cinta que hacían esperar un final estilo sangriento, como La Huida o Bonnie and Clay, se da el salto definitivo hacia el intento de asombrar al respetable y saltarse a la torera la ley no escrita de la ciencia ficción: hacerla verosímil al espectador. Pero parece que al guionista ya se le acabaron las ideas y el único protagonista, la chica y el amigo fiel son puro adorno casi innecesario, cierran su aventura absortos ante la fantástica realidad que se nos ha ocultado, que Laurence FIshburne, el "Morfeo" de la saga Matrix es, en realidad, un robot. Vaya por Dios, ya nos lo temíamos, con tanta película alimenticia de, por otra parte, tan buen actor. El director Lindelof va dejando miguitas de pan para que sigamos el rastro de su historia, pequeños detalles que no aclaran nada y despistan más bien, ya que al final todo sigue sin aclarar.

Buena realización artística y de postproducción, filmada con habilidad y profesionalidad. La película es como un caramelo muy vistoso que al final solo en un pedazo de azúcar de SF sin más aditamento. El cartel, magnífico, con su velada referencia a 2001 de Kubrick: ¿un guiño para cinéfilos de que todo tiene que ver con otro Hal?

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6 agosto 2014 3 06 /08 /agosto /2014 20:04
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  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
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