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17 junio 2014 2 17 /06 /junio /2014 07:32
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Lo cierto es que a menudo los norteamericanos acometen adaptaciones innecesarias, creidos seguramente de que van a mejorar el original adaptado. En esta ocasión es el irregular pero voluntarioso Spike Lee --cada vez más despistado-- el que se encarga de una nueva versión de un clásico coreano de los años 90, Park Chan-wook, que llevó a la pantalla una desasosegante historia de una venganza compleja, alambicada y brutal con temas de violación, incesto y violencia, según un cómic -manga--editado en 1997. Una especie de recreación del Conde de Montecristo, un secuestro que parece diseñado por Becket en donde un infeliz se pasa la vida metido en una habitación esperando la llegada de  alguien, un Godot que esconde otra historia de venganza. La grandeza épica y siniestra de aquella versión no resiste la comparación con esta que, aunque se deja ver e intriga en alhgunos momentos, luego se vuelve una sucesión continua y gratuita de violen cia extrema y de sadismo de primer orden. No me gusta Josh Brolin en esta cinta y los demás actores tampoco pasarán a la historia del cine. La cosa no es sutil y la verborrea de las explicaciones finales no añaden tensión ni ritmo a un espectador un poco sobrecogido por la sangrienta marcha del encerrado y su previsible final de asunción de la culpa y el castigo (vamos en plan Dostoievsky  o Tolstoi, el remordimiento eslavo entre lo tétrico y lo teatral). Lástima de intervención del gran Samuel L. Jackson, que parece un mal remedo de sí mismo.
    
 
 
 

 

     

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16 junio 2014 1 16 /06 /junio /2014 07:37

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Espectacular biopic sentimental de Charles Dickens bajo la batuta y la inspirada actuación de Ralph Fiennes. Después de su magnífico "Coriolano" --la vi embobado siguiendo el desarrollo en mi texto de Shakespeare-- otra película con aires clásicos, sensibilidad a raudales y un respetuoso tratamiento al amor imposible del enorme Dickens con una muchacha casi treinta años más joven. Fiennes se ha documentado bien y trata la historia biográfica con un cuidado y un esmero digno de loa, obviando los elementos más comerciales y fiándolo todo en una cuidada interpretación general, una ambientación al detalle y un pulso narrativo digno de directores mucho más avezados. Uns película clásica en su factura que seguramente no tendrá una gran taquilla pero que quedará en ese maravilloso limbo de las buenas películas.

La joven, Nelly, (interpretada por Felicity Jones con bastante altura) tiene 18 años cuando conoce al soberbio autor y novelista, un cincuentón, y comienza una compleja historia de amor prohibido, una pasión sin posible satisfacción, la condena de una mujer joven a ser la mujer invisible, la sombra prohibida y vergonzante. En la historia  se extreman los detalles delicados, las miradas, los roces, las palabras musitadas a media voz, todo con la sutileza que hay que suponer en una época donde tal relación es piedra de escándalo. La linea argumental, con un flash back que va punteando toda la historia desde un presente donde ya no es posible amar. Abismos emocionales en los que Fiennes da lo mejor de sí mismo complementado por la joven actriz y sobre todo con una soberbia, dignísima, esposa de Dickens, una interpretación de Oscar para Joanna Scanlan y una correctísima como siempre Kristin Scott Thomas. Brillante traslación del mundo de Dickens, de su enorme capacidad de trabajo y de seducción, su amistad con Wilkie Collins (el autor de "La piedra lunar", otra gran figura de las letras inglesas victorianas) , la familia del escritor y la vida íntima con los hijos y la rotunda esposa convertida en un ente invisible. Película de clarooscuros, con una ambientación y una fotografía que huelen a algo antiguo, encorsetado, pero lleno de tensión vital y pasiones reprimidas. Excelente.

 

 

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15 junio 2014 7 15 /06 /junio /2014 08:49

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Decía Séneca en "De senectute" que la vejez solo tiene dos caminos y aunque los dos van a parar al mismo sitio más tarde o más temprano, seguramente lo segundo, son bastante distintos entre sí. Uno, el vivir añorando la juyventud, odiando el propio cuerpo y sus achaques y odiando a todos los que le rodean, sin jóvenes por serlo, si son viejos por no haberse muerto ya y darle la lata con las semejanzas. Y dos, viviendo de acuerdo con la edad y las circunstancias. Sacando lección de lo vivido, aprovechando y disfrutando el sosiego u la sabiduría de la vejez y viviendo cada día con gratitud por estar vivio y con paciencia y tilerancia hacia la sfacultades disminuidas, disfrutando de las que con le eadad pueden haberse ampliado.

Pues bien, los prtagonistas de esta cinta Gaspard (con 63 años) y Hubert, su padre (con casi 90) son dos viejos fastidiosos, tenazmente agresivos y egoístas y, en el fondo, patéticos. El retrato de ambos es sumamente realista y el director Nick Quinn (¿algo que ver con el desaparecido y gran actor?) no nos ahorra detalles cómico-lamentables que no acaban de funcionar por su humor poco compasivo y algo crispado.

Pierre Arditi y Jean Pierre Marielle componen las dos figuras a las que la llegada de un "hada", Zana (Julie Ferrier) en figura de asistenta del cascarrabias y vomitivo Hubert, les hace cambiar (presuntamente) empezar a comprenderse y disfrutar de algunas cosas de la vida cotidiana. Demasiado idealista. Un aire de onírica felicidad practicamente increible se apodera de las ultimas escenas, dándole coherencia al hecho de que estamos viendo una comedia y a la francesa. Una freeedición con personajes cambiados de "Amelie". Un juguete bienintencionado e inane que puede hacer sonreir a algunos y parpadear reflexivamente a otros (los de más edad) si en casi ningun momento sobrepasarnel,liston de lo correcto y lo comodo.   
 

 

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14 junio 2014 6 14 /06 /junio /2014 07:20

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Se trata del último libro, el libro póstumo de ese genial andarín, hombre de letras, erudito, soldado, espía y seductor que se llamó Patrick Leigh Fermor y de quien hemos escrito largamente en estas páginas y en otras muchas, siempre entre la elegía y el panegírico, pues comencé a leerle ya en sus últimos años (murió en 2011). "El último tramo", subtitulada "De las Puertas de Hierro a Monte Athos", es el titulo dado por sus editores al original ya que el autor falleció cuando trataba de raealizar la enésima corrección de su texto. La enorme belleza de sus descripciones, la bizarrra concepción de sus personajes, la poesía que salta aquí y allá como un delfín en aguas profundas, la personalidad culta, ligeramente ingenua, valerosa e inteligente de PLF, "Paddy" para los amigos, convierten los libros de viajes de este inglés descendiente ideal de Byron, Lawrence, Burton y tantos otros isleños enloquecidos por lo exótico y por la aventura, en un monumento literario a una época ya lejana y desaparecida, reflejada en la sorprendente diversidad de los lugares por donde transitó.

"El último tramo", debería haber sido el colofón, la tercera y última parte de una trilogía viajera formada por "El tiempo de los regalos", "Entre los bosques y el agua" (editadas en tomo único hace un año por esta misma editorial, RBA) y "A Youthful Journey ", un texto manuscrito en la decada de los 60 que ha  sido corregido y anotado por los editores --Colin Thrubon y el propio biógrafo de Leigh, Artemis Cooper, en una minuciosa labor casi de entomólogo. A este texto expurgado y aligerado de reiteraciones y errores,  se ha añadido un diario sobre la estancia del autor en el Monte Athos (1935) a fin de darle una cierta prestancia de libro. Este último texto parece más cercano a los incluidos en el libro "Un tiempo para guardar silencio" donde PLF narraba la estancia en diversos monasterios europeos.

La especialisima singularidad de estas tres obras viajeras estriba fundamentalmente en que fueron escritas varios decenios después de que un joven universitario inglés indeciso sobre su futuro, de 18 años, decidiera en 1933 darse un respiro en los estudios y recorrer Europa en un viaje a pie por Alemania, Austria y Checoslovaquia, con una libra semanal de asignación paterna y un ejemplar de las "Odas" de Horacio y el "The Oxford Book of english" en la mochila. El primer libro recoge el recorrido a lo largo del cauce del Rin, en dirección contraria a la corriente, desde Holanda hasta Europa Central y luego seguir el curso del Danubio atravesando Hungria hasta Transilvania. Un año de camino  cuyo texto no es publicado hasta más de 40 años después. Claro que mientras tanto formó parte de un comando de operaciones especiales en la Creta ocupada por los nazis, tuvo amores con una princesa rumana y acabaría casandose con una compatriota y viviendo en el Peloponeso en una casa construida por él mismo. En los 50 comenzó a ser conocido por un libro de viajes por el Caribe y una novela "Los violines de Saint Jacques" mas un precioso librito de ensayo espiritual llamado "Un tiempo para callar", además de dos libros "Mani" y "Roumeli" sobre la tierra de adpción, su adorada Grecia. En los setenta escribiría el segundo volumen de su gran viaje a Constatinopla, aunque tampoco acabaría el periplo, a pesar de que la palabra "Continuará" al final del segundo volumen se cinvirtió en un dogal que le molestaria hasta el final de sus días y llenaría de espera a sus fans. La muerte de su paciente editor de siempre y de su propia mujer, Joan, en 2003, le sumió en algo muy parecido al desinterés depresivo. La fuerza y la potencia memorística que le permitió escribir practicamente de memoria los dos tomos de la trilogía ya no le apoyaban cuando trató de arreglar "A Youthful Journeuy" (manuscrito que fue abandonado en 1965 y que es la simiente principal del libro que hoy les recomiendo). Y aun así en un parrafo confiesa, "La avalancha de detalles irrelevantes, de lineas interconectadas de pensamientos y asociaciones y los ecos de ecos que a su vez me llegan reverberados y rebortados es abrumadora...". Pero al final la cita con la muerte llegó antes. Su manuscrito quedó cerrado en una frase inacabada: "y, sin embargo, en otro sentido, aunque"...tres locuciones adversativas seguidas que parecen una metáfora de la dificultad de llevar a un buen fin un libro que se había demorado  más de medio siglo en realizarse como tal.

Es una historia, un personaje y una acción de otros tiempos, en una Europa de entreguerras que aún conservaba ciertos valores y principios que empezaron a arruinarse tras la primera guerra y se hundieron y cambiaron radicalmente --a peor-- tras la segunda guerra mundial. Documento cultural de primera mano, pues, servido con un cuidadísimo estilo (aunque se acaban notando ciertos defectos de hilación y coherencia que desmerecen ante los dos primeros tomos, pero asumibles y disculpables por la historia de su rescate: los damos por bien recibidos). Recomendarles, una vez más, la lectura de los tres libros de la trilogía y el librito de Dolores Payás sobre el mismisimo PLF (publicado por Acantilado), al que estuvo visitando unos meses antes de que muriera en 2011.

FICHA

 

"El último tramo".-P. Leigh Fermor.- Trad. Inés Belaustegui e Ismael Attrache.-RBA Libros.

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13 junio 2014 5 13 /06 /junio /2014 07:11

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La editorial Periférica sigue con su magnífica racha de libros dedicados a los libros, los libreros, los bibliotecarios, con delicias como los libros de Morley "La librería encantada" y "La librería ambulante" y otras más de parecido jaez. Ahora le ha tocado el turno al zaragozano Ángel Esteban, catedrático universitario, que con "El escritor en su paraíso" hace un documentado y voluntarioso análisis de la vida y obra de treinta grandes escritores que han rozado en algun momento de su vida con las actividades y el oficio de bibliotecario. Quizá sea el exceso apurado de datos lo que entorpece un poco la agilidad, brillantez y alegría que esa temática parece merecer: el amor a los libros es una obligada constante de los escritores y poder disponer de miles de ellos en el ejercicio de una ocupación remunerada no deja de ser un privilegio y una ventaja.

Tal parece como si el autor se dejara contagiar un poco por la "profesionalidad" sin alma o nervio de algunos de los autores examinados que no vivieron la actividad de bibliotecario con el espíritu que cabía esperar. De todas formas el libro es ilustrativo de unas facetas de ciertos escritores de las que no existe demasiada información.

Con un prólogo autobiográfico de Vargas Llosa ( uno de los autores analizados, que parece un visitante ocasional del libro más que un prologuista) donde este escritor rompe una lanza más contra la desaparición anunciada pero tal vez inexistente del libro de papel, el libro hace un recorrido por las vidas de escritores tan disímiles como  Borges o Casanova, Arias Montano o Moratín, Darío o Lewis Carroll, Goethe o los hermanos Grimm, Harzembusch o Stephen King, Menendez Pelayo o D'Ors, Perec o Proust y Musil o Gloria Fuertes, entre otros.

Quizá echo de menos esa pasión que la mayoría de los escritores sienten por el mundo de los libros o ésta --seguramente indudable en un hombre como Angel Esteban-- queda diluida por el "síndrome matrimonial" que el autor menciona al final de libro cuando cita una frase de Onetti respecto a Vargas Llosa, precisamente, al asegurar que "el peruano tiene una relación matrimonial con la literatura, llena de horarios, disciplina, obligaciones y compromiso" mientras que la suya es "adulterina, que solo respondía a la llamada del placer, del gusto, de la trangresión y de la ausencia de compromisos" (pág 357). Y así, a mi parecer, el lector puede llegar a pensar que este libro, por otra parte interesantísimo, está escirto de una forma "matrimonial" más que "adúltera".

FICHA

 

"El escritor en su paraíso".- Ángel Esteban.- Ed- Periférica.376 págs. 19,95 euros

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12 junio 2014 4 12 /06 /junio /2014 07:12

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Excelente comedia argentina con sus puntas y ribetes de narración mágica y de ciencia ficción. Irrealidad y fantasía metiéndose en una historia cuajada de amargura, visión crítica social y el hábil y certero psicologismo tan argentino. Está basada en un cuento de Alberto Laiseca que, como una genial humorada de los directores, sale personalmente en la película, en toma aparte del argumento, para comentar la historia, el personaje central y el hecho de que los "boludos" que dirigen la pelicula no le quisieron hacer caso para el final y algunos detalles más. En el original un hombre muy enamorado de su mujer prefiere hacer un pacto con el diablo por un millón de dólares antes de perderla por falta de dinero. En la peli la cosa se vuelve más estupenda: el hombre está hasta el colodrillo de su mujer y de su vida pasmosamente banal y aburrida y hace el pacto con un desternillante diablo o duende menor (en realidad un mercader de otra epoca que ha sufrido dos descargas de rayos, uno le mató y el segundo le resucitó con el poder de no morir jamás y otras cosas) interpretado por Eusebio Poncela. Lo que el pobre hombres quiere es usar el dinero para irse bien lejos, aunque debe cumplir con la condición de estar un tiempo, diez años, en una epoca de su pasado...con su memoria intacta. Bueno no les desvelo más. Sólo decirles que la van a gozar a pesar de sus evidentes flojedades. Emilio Disi y Darío Lopilato interpretan al protagonista en dos edades distintas. Los intentos del joven para hacerse rico y famoso son tan desastrosos como los del hombre maduro. Es una nulidad que además se busca sus propios problemas y los agrava por su inmoralidad, prepotencia y estupidez. Desde el 20-S hasta la autoría de una canción de Lennon, el pobre y antipático protagonista intenta aprovechar su memoria del "pasado" para cambiar su presente-futuro. Con resultados chusco-dramáticos. Simplona y cachonda, la película merece unas risas. Sin más. Dirigen Mariano Cohn y Gastón Duprat. Bien por ellos.



 

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11 junio 2014 3 11 /06 /junio /2014 07:16

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Correcta película hindú que podría haberse convertido en un clásico, de los contados pero rutilantes, que nos ofrece el cine de ese subcontinete de cultura paradójica y apasionante. Dirigida por Ritesh Batra, creo que es su primera película, apunta maneras de buen director aunque no logra dar profundidad y consistencia a muchas secuencias y se pierde en detalles irrelevantes. Nos ofrece una historia perdida entre miles de historias semejantes. En la ciudad oriental de Mumbai, miles de amas de casa envían la comida a sus maridos a su  lugar de trabajo utilizando un eficaz medio de transporte que ocupa a decenas de personas entre porteadores, ciclistas y repartidores. En semejante maremagnum de fiambreras y paquetes no es raro que se produzca un error persistente: su envío no lo recibe el marido --al que le llega el envío destinado al otro hombre-- sino un modesto y taciturno funcionario viudo a punto de jubilarse. Este comienza a apreciar muchisimo la comida que recibe por equivocación y no avisa del error. Por su parte el marido es un joven infatuado que no le da ningun valor a la comida de su esposa y está teniendo un asunto con otra mujer.

A partoir de ese momento los dos desconocidos, la mujer y el funcionario, comienzan a intercambiar notas, primero sobre la comida y después van ampliando la temática hasta lo personal. En un esquema ya explotado por el cine (recordemos aquella magnífica "La última carta"). Y aquí se acaba la buena andadura de la película y comienzan los tópicos impostados, los detalles acomodaticios y simples y el final poco verosímil y forzado. El espectador, sobre todo los que somos de otra cultura muy alejada del complejisimo mundo hindú, disfrutamos con una cámara casi testimonial pero con algunos detalles poéticos y una historia que promete, mostrándonos el abigarrado mundo cotidiano de una gran ciudad india. Las secuencias dedicadas a la elaboración de las comidas por la joven esposa insatisfecha tienen una fuerza y una calidad excelente --uno sale del cine buscando un restaurante hindú--. Lástima, pues el intento se gana nuestra simpatías, aunque poco a poco la desganada actuación del viudo (por cierto la pelicula le atribuye una edad que sin duda no aparenta, es el actor Irfann Khan, que tiene 46 años y no los más de 60 que nos dicen que tiene), y la poco verosimil conducta pasiva de la bella joven, Nimrat Kaur, unido a un desarrollo de la trama adocenado y tópico, sin vigor ni ritmo, que deja casi sin esperanza al espectador. "A veces el tren equivocado te lleva a la estación correcta" viene a ser el lema argumental de la película, pero el real debería ser "a veces una película de comienzo brillante, te lleva a un desarrollo y un final equivocados".

   

   

   
   

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10 junio 2014 2 10 /06 /junio /2014 07:56

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Menudo lujo de película. Wes Anderson, quien siempre guarda la varita mágica del encantamiento y la maneja con singular y brillante e interesante destreza (recordemos su "Moonrise Kingdom", la magia del "Viaje a Darjeelin" la más floja "Life Aquatic", el descubrimiento inicial con "Los Tenenbaums" o esa delicia de animación que fue "Fantastico Sr.Fox") en ofrecernos situaciones surrealistas, estética rompedora e hipnotizante y geniales intérpretes que él los lleva al estado de gracia, como sus iconos habituales Bill Murray y Owen Wilson, aunque hace florecer a Gene Hackman, Cate Blanchet, Bruce Willis, Anjélica Huston o, como en esta ocasión Ralph Fiennes, F.Murray Abraham, Jude Law, a los que despoja de sus tópicos actorales y los convierte de divos incontestables en divertidos personajes que amanan humor y humanidad por todos los poros. Y un nuevo en la plaza, Tony Revolori, que hace el papel del narrador joven (ya mayor, se convierte en el respetable y sardónico gesto del gran F.Murray) y se desenvuelve a la altura de sus compañeros. Un trabajo colectivo actoral que hace maravillas.
Ahora Anderson abandona el mundo norteamericano y se atreve a dar el salto y colocarse en la Europa de entreguerras, de la mano literaria que emana de la obra de Stephan Zweig, en un Gran Hotel Budapest (semejante a otros descritos por el malogrado novelista alemán), con una estética chillona y onírica (que comienza a ser marca de la casa Anderson) y un desarrollo nostálgico de un pasado caballeroso y elegante en el que ya se anuncia el horror y la vesanía de la cruz gamada (que acabaría motivando el suicidio de Zweig).
Solo le queda al espectador ceder y rendirse ante el placer del relato, como si Anderson hubiese parido a una Sherezade sensual y disparatada que nos va seduciendo con su historia, sus imágenes y sus criaturas. Todo ello sin maldad, casi con una cierta aparente ingenuidad que no tiene nada de ingenua pero sí de seductora.
No hay límites en la busqueda de Anderson del "más difícil todavía" y cabalga sin esfuerzo por la truculencia, el disparate, la poesía y la crítica solapada pero compasiva en el fondo. Asombra la creatividad de este director nacido en 1969 y se está convirtiendo en un clásico vivo que va sumando aciertos en una carrera vertiginosa hacia la excelencia.
Nada sobra en esta película: puesta en escena brillantísima, música ad hoc, actores deslumbrantes, imaginación a raudales. Ha sido un gozo. No os la perdáis.
 
     
 

 

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7 junio 2014 6 07 /06 /junio /2014 08:37

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Enrique Vila-Matas, como Javier Marías, comparten una característica: son escritores egoicos, es decir aquellos narradores que parten de sí mismos, se convierten en personajes y protagonistas de una eterna novela que toma a través del tiempo diversas vestiduras pero que esencialmente pertenecen a un solo y gigantesco libro con distintos volúmenes: los avatares, incidentes y aventuras externas y los pensamientos, reflexiones y estructuras mentales de ellos mismos a través del tiempo progresivo de su propia vida hecha literatura. Pero lo que en Marías es afán de trascendencia, experimentación intelectual y proyección del saber y de la propia importancia literaria, en el catalán Vila Matas es sentido del humor, una cierta perplejidad  cachonda y proyección gozosa de la inanidad de sí mismo en un mundo sin demasiado sentido, todo bajo la mirada irónica y el hacer juguetón de un tipo que a pesar de ciertas vanidades pequeñas sigue una trayectoria de sarcástica lucidez, repartiendo mandoblazos críticos la mar de saludables en torno suyo. Eso sí  sin dogmatismo y con una estoica calada en el absurdo de la existencia.

Por ejemplo, desde Huston a Hitchcock, pasando por todos los directores que ofrecen un pretexto para iniciar una escena o una historia y luego se olvidan de él en el desarrollo de la trama, en el cine se ha  hecho justamente famoso el "mcguffin". Un aficionado al cine como Enrique Vila-Matas hace un doblete ingenioso con el "mcguffin": empieza su novela explicándonos qué es un "mcguffin" y de hecho lo convierte en el pretexto literario con el que comienza la historia autoreferencial (como casi todas las suyas) que el lector se dispone a leer, y durante la narración va usándo los mcguffin indiscriminadamente convirtiéndolo de hecho en una actuación absurda que trata de adornar la acción sembrando el desconcierto y el humor en torno suyo. De hecho, toda la novela es un divertido mcguffin en el que Vila Matas nos describe la aventura interior de deambular como escritor invitado, convertido él mismo en una parte o instalación artística de la feria de arte vanguardista llamada Documenta que cada cierto tiempo se realiza en la ciudad alemana de Kassel.

Definida por su propio autor como "reportaje novelado" (otro mcguffin), la novela es, en esencia, un festivo juego autoincriminatorio, por asi decirlo, en el que Vila Matas nos abre una ventanita juguetona en su propia mente y nos narra la divertida aventura de ser él mismo y los diversos personajes que se va inventando sobre la marcha, metido como un virus mordaz y reticente, en el transcurso de una semana de la Documenta del pasado año en Kassel, interactuando con  los -las- miembros reales del staff de la institución organizadora, el paisaje urbano de Kassel y las instalaciones artísticas de los diversos participantes --también reales-- ofreciéndonos no sólo un recorrido por el arte de vanguardia que allí se muestra, sino por el ameno y gozoso transcurrir neurótico del protagonista, el propio Vila Matas, sujeto a los vaivenes de sus estados de ánimo casi bipolares o sus desdoblamientos literarios descacharrantes.

Jugosamente literaria, esta anécdota artística se convierte en una deliciosa mirada humorística sobre sí mismo, sus manías y sus filias, con páginas que no desmerecen del confeso y admirado homenaje a Jonathan Swift o, y aqui no se le cita pero está presente, el caballero Tristham Sandy. Pero esa mirada plena de humor y critica compasiva --empezando por sí mismo, lo que la hace más sana-- no le impide repartir sartenazos a diestro y siniestro, como cuando clama por la decadencia de Europa ("un relato de fantasmas") la instrumentalización del horror nazi, o la detestable y veergonzante incuria de los políticos, ya sean europeos, españoles o catalanes.

Quizá sea esa referencia lúcida y de rechazo la que imprime a la mirada del autor una profundidad de campo que trasciende el mensaje humoristico y lo convierte en una análisis pesimista del mundo en que vivimos, donde solo la boutade o el mcguffin permiten sobrevivir con cierta dignidad.

El viaje que propone Vila Matas resulta brillante y está lleno de momentos rutilantes aunque peca un poco del exceso grafómano de este autor tremendamehte simpático y seductor. Sus guiños al lector "entendido" son constantes e incluso, disfrazadas de mcguffins, el sentido común liberador y la franca mirada de un escritor libre, nos hacen pensar en las divertidas e inteligentes e irónicas dobleces sobre la propia materia del relato: la vanguardia artística, "obras de arte arriesgadas que carecerían de sentido si no contuvieran el fracaso en su propia esencia" y que provocan que el escritor acaba no entendiendo nada y con ello comience a entenderlo todo.

La anécdota esencial de la novela, Vila-Matas invitado durante una semana a sentarse a escribir en un restaurante chino de Kassel, a disposición de visitantes, como una instalación más de la Documenta como "escritor residente" no deja de ser un "mcguffin" más que permitirá al escritor llegar a la esencia de su propio oficio, "se escribe para  atar al lector, para adueñarse de él, para seducirlo, para subyugarlo, para entrar en el espíritu de otro y quedarse alli, para comocionarlo, para conquistarlo" (pag 44). Y con este fin, Vila Matas se vale de su buen bagaje de trucos, guiños, autocomplacencias divertidas y una capacidad infantil de asombro y de juego permanente (desde el ocurrente y quimérico  "método Synge" para"entender" cualquier idioma que se hable cerca de él,  hasta las visiones y experiencias lúdicas que le proporciona su estado de animo oscilante, pasando por los supuestos efectos que el arte de Kassel provoca en él: "Kassel me habia contagiado creatividad, entusiasmo, cortocircuitos en el lenguaje racional...y discontinuidades que buscaban el sentido en lo ilógico para crear nuevos mundos". Y con ello, "El encuentro con lo insólito, el deseo de ser otro, la fusión de vida y literatura, las ganas de penetrar en una dimensión insondable". Es decir, Vila-Matas convertido él mismo en un mcguffin genial, en ese escritor que él ha sido siempre, "con un desvelo continuo por buscar lo nuevo, por creer que quizás pueda existir lo nuevo o por encontrar eso nuevo que siempre estuvo allí" (pag. 171). En resumen, una novela menor, divertida y en ocasiones brillante. Un puro producto Vila Matas, el escritor que vive escribiéndose a sí mismo.

 

FICHA

"Kassel no invita a la lógica".- En rique Vila-Matas.-Seix Barral. 300 págs. 19,50 euros.




  

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6 junio 2014 5 06 /06 /junio /2014 07:29

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Catedrático de literatura francesa, guionista de cómics, novelista, Antonio Altarriba, junto al dibujante Kim firman un libro-cómic. El dibujante es el creador del célebre "Martínez, el facha" y ha sido uno de los pilares de la mayoría de las revistas del que llamo cómic comprometido, que suele tomar la forma de denuncia de tipo histórico, político, social o humanitario. Estos dos hombres publicaron hace algún tiempo "El arte de volar" que se llevó en 2010 el premio nacional de Cómic de ese año y que ahora me pasa el librero Octavi Serret, fino gustador de piezas interesantes. Desde el advenimiento de la supuesta democracia en la que vivimos (en tiempos del franquismo y la decada posterior yo solía leer todos los comics de denuncia), he dejado de estar al tanto del desarrollo del cómic comprometido, un arte que se ha mostrado decisivo en la denuncia de las injusticias y mezquindades de dictaduras, totalitarismo y en general de la estupidez, malicia  e inmoralidad humanas. No conocía este libro y su lectura, aumentado el efecto por la contundencia del dibujo concienzudo, crítico y feísta de Kim, me ha dejado fascinado. Lo he leido de un tirón, estremecido por el horror y la compasión, como me ocurrió con los álbumes de Giménez sobre la infancia desvalida de los hijos de "los rojos" en la España de Franco o el soberbio album de Art Spielgman, "Maus" que recibió el Pullitzer de 1992. El hecho de ser el homenaje de Antonio Altarriba a su padre y a la durísima vida que este vivió a caballo de los comienzos del siglo XX, --una época plena de desastres políticos y humanos-- la miseria campesina de su familia, la República, la guerra civil, la huida a Francia, la segunda guerra mundial y la vuelta a la España rencorosa y demencial de Franco, hasta el final trágico que convierte a ese hombre en un doloroso símbolo humano de la locura y vesanía de una sociedad bajo el signo del abuso y del miedo.

Kim comenzó a dibujar "El arte de volar" en 2006 siguiendo las primeras páginas del guión de Antonio y alternando ese trabajo con sus colaboraciones en "El jueves". Después de tres años de trabajo y documentación, en 2009, Ediciones de Ponent lanzó una primera edición en formato de lujo y un poco mas tarde una versión en rústica. Pero aun siendo magníficos los dibujos, me he sentido particularmente conmovido con el guión literario de Antonio, desde su identificación con su padre convirtiéndolo en narrador "yo sé como se suicidó, aunque no estaba allí, estaba en él...porque un  padre está hecho de sus hijos...yo desciendo de mi padre y al tiempo soy su prolongación, por eso voy a contar su historia con sus ojos y su voz, pero desde mi perspectiva". La historia se divide en cuatro tramos que corresponden metafóricamente a los pisos que atraviesa el padre de Antonio al lanzarse desde la cuarta planta. El primero cubre su infancia y adolescencia ("El coche de madera", 1919-1931); sigue la juventud ("las alpargatas de Durruti", 1931-1949), la madurez ("Galletas amargas", 1949-1985) y la vejez y el final ( "La madriguera del topo" 1985-2001). Un libro espeluznante y conmovedor.

 

 

 

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FICHA

EL ARTE DE VOLAR.- Antonio Altarriba.-Dibujos de Kim. Edicions de Ponent. 207 págs.

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  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
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