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20 abril 2020 1 20 /04 /abril /2020 07:00

El poeta inglés T.S. Eliot , en su obra "Cuatro cuartetos", publicada entre la guerra civil española y la II Guerra Mundial, nos ofrece una visión  de la condición humana a través de la naturaleza del tiempo y la forma como el poeta lo trasciende a tenor de elementos históricos, teológicos, filosóficos o físicos. "Lo que llamamos principio es a menudo el fin/ y llegar al final es llegar al comienzo/ El fin es el lugar desde donde partimos". He recordado este poema  mientras reflexionaba sobre el desafío global que supone el Covid y la impresión cada vez más acentuada de que la Humanidad se enfrenta por primera vez en la historia a un nuevo paradigma, un paradigma diferente al de los anteriores cambios históricos, culturales, económicos y científicos (desde Copérnico, Newton, Freud, Einstein, la Revolución Francesa, la Ilustración, la revolución industrial o la era digital). Eliot estaba fascinado por la salvaje y violenta muerte de una época y de un sistema de valores y horrorizado por el ignoto futuro que estaba dispuesto a comenzar y cuyo motor había sido una guerra mundial devastadora. Su versos citados nos son tan cercanos porque, sin duda, estamos viviendo un temor reverencial y una inseguridad  semejantes, provocadas por la catástrofe, de sus posible recidivas y de los  efectos demoledores en la economía mundial, que también nos conmueve y nos preocupa de forma angustiosa.

Podríamos estar viviendo el fin de una época, un apocalipsis vírico que cuestiona todos nuestros esquemas, las formas o estilos de vida, las vigentes estructuras relacionales, económicas, sociales...que parecen deteriorarse unánimemente. Al mismo tiempo que lo hacen las del poder político y de codicia económica que están siendo superadas por el desafío que nos plantea el Covid. El virus ha colocado un huevo de serpiente en el centro de nuestra orgullosa, prepotente y arrogante civilización no igualitaria, no solidaria, egoísta, derrochadora de  recursos y rapaz con un planeta ya esquilmado que comienza a desequilibrarse.

El concepto de paradigma de Thomas Kuhn se refería al conjunto de compromisos que comparte la comunidad científica respecto a teorías, conceptos ontológicos, sistemas de creencias y modelos de soluciones de problemas). Más tarde se amplió el significado y le damos la extensión global de una cultura hegemónica determinada, la del capitalismo liberal patrocinado por occidente, un modelo aceptado por el resto del mundo, al menos en sus aspectos económicos y sociales. Este es el escenario que está desvirtuando el Covid. Se trata de un  "universo de discurso" como diría Wittgenstein, que está amenazado y cuyos recursos y defensas han quedado obsoletos, así como su arrogancia..

La cuestión más enigmática que nos plantea ese cambio de paradigma es la respuesta que vamos a darle como especie. Las dos opciones más lógicas a tenor con lo que conocemos de la naturaleza humana y de su historia pasan más o menos, a) por un rechazo a la exigencia de cambio total y un suicida intento de imponer a la Naturaleza la defensa de los intereses más espurios o bastardos. O b) tras una revolución de los más capaces e informados, al margen de ideologías o intereses egoístas, tratar de ajustar la existencia humana a las directrices de supervivencia que imponen las circunstancias, utilizando para ellos las nuevas tecnologías y promoviendo una distinta manera de concebir el trabajo, las relaciones humanas, la producción de alimentos, el acceso respetuoso a los recursos, el respeto al medio ambiente, el control de la contaminación...en suma un cambio sistémico que nos lleve a colaborar globalmente respetando los tres elementos variables de la ecuación, el orden. la seguridad y la libertad. Y aceptando que el cuarto elemento, el hombre, la incógnita operativa, es el que tiene en su mano la llave de un futuro viable.

Sin embargo, los  detentores de los poderes políticos y económicos, cuyo instinto básico es la permanencia en él y los beneficios financieros por encima de cualquier otro valor, es una variable histórica con la que hay que contar y que hace casi imposible la segunda y más viable opción. Pero ni ellos podrán evitar que esta inclemente excepcionalidad de la pandemia levante el velo de supuesta normalidad que ocultaba una existencia sin ideales, materialista, consumista hasta el derroche, agobiante, histérica, deshumanizada en conceptos como el trabajo, las relaciones humanas, la violencia urbana, las explotaciones, los abusos, la miseria, la cada vez más profunda brecha entre unos pocos  ricos y una mayoría de pobres en decadente gradación hasta la inanición, las caravanas interminables de refugiados, las guerras genocidas, la destrucción del medio ambiente y la pérdida de sentido de una humanidad instalada en el Tener y olvidada del Ser. Y eso crea una dinámica de regreso a las opciones: la historia nos enseña que ese tipo de estadios de crueldad y abuso llevan a la revolución, la violencia y el caos. Y volver a empezar... 

Solo que en esta ocasión podría no haber esa nueva oportunidad...ya que esta con el tiempo nos volvería a llevar al mismo punto  o uno parecido, la teoría de la fatal reincidencia en sus errores del animal humano. La piedra de Sísifo era la metáfora simbólica de un hombre condenado a subir una piedra enorme que luego volvía a caer y el hombre arrastrar hasta la cima. Una interpretación más coherente con esta situación  es que la supuesta piedra es el ser humano,  al que la dinámica histórica conduce una y otra vez a la cumbre con mucho esfuerzo y una vez allí,  el hombre se deja resbalar hasta el fondo atraído por el abismo. Freud  sostenía que las dos fuerzas de la vida son Eros, el amor y Tánatos, la muerte. Parece que, según la historia de la condición humana, Tánatos, el abismo, prevalece sobre el amor.

Eliot nos invita en otro de sus poemas del libro citado a optar por la segunda vía: "De prisa, aquí, ahora, siempre/ una condición de sencillez absoluta/ (cuyo precio es nada menos que todo)/ y todo irá bien/ y toda clase de cosas saldrá bien". Y si no logramos consensuar la vía de la cooperación, otros versos de Eliot, igualmente proféticos, no son aplicables: "La Palabra en el desierto/ es atacada sobre todo por voces de tentación/la Sombra que solloza en la danza fúnebre/ el sonoro lamento de la Quimera desolada". 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

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19 abril 2020 7 19 /04 /abril /2020 10:38

Una semana más y se permitirá que los niños salgan a pasear y jugar en horarios delimitados. Paciencia. De momento está demostrado que el confinamiento es uno de los factores positivoS para detener al coronavirus. Las más de 20.000 víctimas contabilizadas por el momento en España, merecen ser tenidas en cuenta a la hora de marcar prioridades. Más adelante llegará el momento de sacar lecciones de lo ocurrido. La alarma parcial se ha prorrogado hasta el 9 de mayo. Las críticas políticas llueven por doquier. La pregunta es: ¿ustedes, los que protestan, lo hubieran hecho mejor? ¿Basándose en qué realidades, en qué ideas positivas y científicas? ¿En el ejemplo de Trump, de Bolsonaro, de Johnson… de tantos otros que ahora están pagando su arrogancia? Sin duda no hemos tenido la mejor gestión de la crisis...pero esos son los papeles repartidos con antelación: ante la imprevisibilidad de la pandemia, hay que bailar con la que nos toca...

Otra cosa es que se tramiten 635.000 causas por desobediencia y violación del confinamiento y casi 6.000 detenciones. Mientras la pandemia se ceba en los que no pueden escaparse a correr, a pasear, porque son ancianos y dependientes y están encerrados en residencias. Hay más de 400.000 plazas en las 5.000 residencias de personas mayores en España (casi todas en manos privadas). En ellas han muerto 13.500  ancianos, lo que supone más del 50% de los fallecidos por el virus. Ese es otro de los temas candentes que no se debe olvidar cuando todo se vaya normalizando. 

Si no exigimos como ciudadanos, con opiniones conscientemente críticas y realistas,  un cambio del modelo de sanidad que tenemos y regular la necesidad de aumentar y respetar los presupuestos en las partidas de Sanidad, Educación e Investigación, jamás seremos un país serio y progresista. Seremos presa fácil de cualquier virus letal que nos llegue, sea sanitario, económico o socio-político. Y para mayor vergüenza de España, permitiremos que toda una generación, los actuales "millenials" se malogre en todos los sentidos. ¿Creen ustedes que un país como España se lo puede permitir? Sería una pandemia generacional aún más grave que la del coronavirus.

 

Alberto Díaz Rueda

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19 abril 2020 7 19 /04 /abril /2020 07:40

 Todo el mundo miente, es el provocador título que el profesor Seth Stephens ha dado a su libro, elaborado tras su experiencia como analista de datos de Google, licenciado en Filosofía por la Universidad de Stanford y en Economía por Harvard. En estos momentos en los que los big data se han convertido en uno de los recursos más utilizados (y más manipulados) de las redes sociales e informativas, leer el magnífico libro de Stephens es un aporte extraordinario de sano escepticismo y de habilidad interpretativa de los datos que nos atosigan sin cesar por todos los medios habidos y por haber. 

Interpretar los datos y tomar las medidas más logicas y adecuadas sin seguir fielmente la supuesta tendencia que nos marcan las cifras y estadísticas es uno de los "secretos" que nos enseña el autor. Para polítifcos y policías o ejército la utilidad es evidente. Por ejemplo, respecto a los atentados islamofóbicos nos cuenta: supongamos  una ciudad de un millón de habitantes  que cuente con una mezquita, las probabilidades de que alguien que NO introduce en el buscador de su ordenador “matar musulmanes” ataque esa mezquita son de 1 entre 100.000.000. En cambio, las de quienes SÍ introducen en el buscador “matar musulmanes” son de 1 entre 10.000. Supongamos ahora que la islamofobia se dispara y que las búsquedas de “matar musulmanes” pasan de 100 a 1.000. La respuesta adecuada, dice Stephens-Davidowitz, no sería detener a los individuos que efectúan la consulta, sino extremar la protección de la mezquita local, dado que hay más individuos con probabilidad de atacarla". 

Esto correlaciona con algo que ya es de dominio común desde hace años: la interrelación con los medios digitales van dejando una serie de rastros que configuran una suerte de retratos-robot de nuestra personalidad, nuestros deseos, motivaciones, carencias y rechazos que constituyen un material psicológico de enorme potencial en aspectos tales como el perfil consumista, político, social o sexual. Esos datos están en poder de las grandes empresas que controlan los servidores y las páginas de servicios más populares de Google, Facebook, Instagram o WhatsUp. Parece que está comprobado el papel decisivo que tuvo la manipulación de datos personales en las últimas elecciones norteamericanas que llevaron al poder a uno de los peores políticos del momento.  Ni Orwell con su "1984" llegó a imaginar el poder predictivo y manipulativo de contar con una base de datos con cientos de millones de usuarios en todo el planeta, aunque también hay que contar con los efectos benéficos que puede tener bien empleados: una prueba de oro sería aplicarlo a la detección y tratamiento de la actual pandemia, sin vulnerar, por supuesto, la intimidad de las personas y reduciendo su aplicación al área sanitaria. Esos datos están disponible desde la realidad cotidiana, de una forma no invasiva que las personas ofrecen si ningún tipo de cuidado o reticencia. Desde el ordenador de su casa usted y los demás usuarios del mundo regalan trillones de datos de impresionante valor combinatorio.

Y esos son datos honestos, no los recaban las encuestas de las agencias estadísticas, en las que -está demostrado- todo el mundo miente, desde la frecuencia de sus relaciones sexuales, sus hábitos de vida y salud: la gente fantasea, da respuestas sobre lo que quisieran ser, no sobre lo que son. Queremos dar una imagen sobrevalorada, presumimos de lo que no tenemos (cultura, atractivo, conocimientos, poder). La cuestión está, según nuestro autor, en que los Big Data van a terminar con esas mentiras y fantasías. Los macrodatos van a derruir muchos supuestos y convenciones que los humanos tienen sobre sí mismos, por encima de las mentiras que contamos a los demás y, más perturbador aún, las que nos contamos a nosotros mismos.

El autor no puede evitar cierta arrogancia cuando, por ejemplo, asegura que muchas de las teorías de Freud sobre los errores del inconsciente (en su obra "Psicopatología de la vida cotidiana"), los "lapsus linguae", son falsas y él puede demostrarlo. Así nos dice que cuando un sujeto se mete en un motor de búsqueda  y teclea "penicuro" o "sexuridad" no está mostrando sus deseos inconscientes, sino que son "lapsus de dedos" que todo el mundo comete y con mucha frecuencia. Y para terminar de "convencernos" asegura que si un mono tecleara en una máquina aleatoriamente el suficiente número de veces acabaría escribiendo "ser o no ser, esa es la cuestión...". De ahí a Pierre Menard, autor del Quijote solo hay un paso. Un poco desorbitado. Aunque para equilibrar a los lectores algo indignados, Stephens asegura que Freud sí tenía razón en la fijación sexual en la infancia que puede llevar a que haya muchos miles de adultos que buscan en la red material porno que trate sobre relaciones sexuales "con mamá".

Bien, están avisados. Es un libro interesante, inflado de datos como es de esperar, buenas conclusiones, algunas no tan buenas y sumamente perturbador sobre las mentes y los deseos, carencias, represiones y odios ocultos en la mente de las personas y expuestas en el escaparate de internet ante los ojos de los especialistas ...y de los que comercian con esos datos.

FICHA

TODO EL MUNDO MIENTE.-Seth Stephens Davidowitz.-Trad. Martin Schifino.-  287 págs. Ed. Capitán Swing.






 
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18 abril 2020 6 18 /04 /abril /2020 09:33

Se veía venir. En cuanto baja la curva de contagios sube la curva de incautos, imprudentes y desaprensivos. Los mismos políticos que antes clamaban porque debía blindarse y poner cerrojo a ciudades y provincias y países, ahora critican que se haga un proceso escalonado y cauto de desconfinamiento. En algunas ciudades comienzan a verse gente paseando como si no hubiera pasado nada. Caute! decía Spinoza ante su propio confinamiento por razones religiosas (se jugaba la vida, hubo un fanático de su propia comunidad judía que le apuñaló). Cautela es la palabra mágica ante algo tan desconcertante como el Covid19. No nos relajemos o quizá tengamos que pagar un precio aún más alto que el que estamos pagando.

La noticia buena es que el planeta Tierra ha tenido la caída global más alta de CO2 de la historia. ¿No podría buscarse una fórmula para mantener niveles óptimos de actividad y lograr niveles mínimos de contaminación? Quizá sea el momento de plantearlo a la comunidad científica y, por favor, hacer caso de sus recomendaciones. Es cosa, nada más y nada menos, que de salvar nuestro ecosistema.

En Estados Unidos el conteo sigue en alza pero el presidente anima a los Estados de su país a terminar con el parón económico ¿Señor Trump, podría dejar de hacer payasadas y tratar de entender que esa considerable mortandad en su país se podía haber evitado si usted tuviera un mínimo de sentido común y dejara de ser lobotomizado por el ansia de poder? Bueno, lo cierto es que el virus se ceba principalmente con los afroamericanos y los hispanos, gentes que no gozan de su simpatía. En el sur de Europa el Covid prefiere a los ancianos. Cada cultura deja morir lo que no ve o no quiere ver. O lo menos rentable. Parece que hay una relación inversamente proporcional entre el nivel de renta y la incidencia del virus. A  mayor nivel económico, menor número de infectados y fallecidos. Evidentemente no es una regla absoluta, pero hay algo de eso y cuando todo esto pase, aunque no del todo, (los virus como el Covid han llegado para quedarse, dicen algunos científicos) quizá tengamos accesos a datos más reales y contrastados.

De momento, y siguiendo con la pandemia geriátrica, la Fiscalía ha abierto de momento 38 diligencias contra geriátricos de todo el país por omisión de socorro, detención ilegal, coacciones, imprudencias y lesiones y ha ordenado a las fiscalías de toda  España que hagan un seguimiento de esos establecimientos públicos y privados. Eso está bien pero, por favor, lo más importante sigue siendo que cambien el modelo de asistencia y control de las residencias y la calidad de vida de las personas mayores en general, esos olvidados de la sociedad de consumo y del supuesto bienestar.

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17 abril 2020 5 17 /04 /abril /2020 16:52

 

Creo recordar que el malogrado ensayista e historiador británico Tony Judt,  (el cáncer se lo llevó en 2010, con 61 años) solía decir que  “puede que la UE sea una respuesta de los europeos a su dura historia de los últimos sesenta años, pero nunca podrá sustituirla y menos olvidarla”. Si el inolvidable pensador viviera aún, probablemente tendría palabras muy duras para los últimos acontecimientos políticos europeos desde el Brexit (que le hubiese herido en lo más profundo de sus ideales) hasta la gestión de la UE sobre el Covid-19, que es una decepción trágica para todos los que amamos Europa y confiábamos, ilusos, en un Gobierno europeo común. La antesala deseable de un Gobierno Mundial volcado en los ideales de la razón, la cooperación solidaria, la justicia, la igualdad, la ciencia, el humanismo y el progreso…para todo el planeta. En el caso de que leyeran este artículo, hasta este olvidado pueblecito turolense me llegaría el estruendo de las carcajadas de los realistas pragmáticos que nuestro siglo produce como copos de nieve en una tormenta nórdica,

 

 Muchos de los magnates que ocupan sillones decisorios en la UE pertenecen a países nord europeos liderados por la inevitabilidad germánica. El destino de Europa para bien o para mal siempre tiene un sólido obstáculo o ariete, según sea el caso, en el camino: Alemania. Como Bruto o como Casio, son hombres honrados y aman a Europa y justamente ese amor les lleva a apuñalarla, como a Julio César. ¿Se entiende eso?  Shakespeare se blinda de ironía pero esconde un mensaje demoledor en las contundentes palabras de Marco Antonio pidiendo justicia mientras halagaba a los asesinos.

 

La historia, si es honesta, es pertinaz  y como la realidad, obstinada. Si no aprendemos de ella, nos obliga a repetirla y a sufrir nuevamente de los mismos errores, agravados por la dimensión mayor que provocan los distintos tiempos. Las crisis económicas, financieras, políticas y sociales que se han ido sucediendo desde 2008 a 2010 y 2015 y que por diferentes motivos, todos nocivos y algunos delictivos han provocado la ruina de millones de familias, de empresas, de países, tuvieron en la UE una esperanza fallida. Bancos fraudulentos, buitres financieros, malas gestiones de Gobiernos, defectuosa praxis educativa social, espejismos de progreso alentados por trileros con camisa blanca, corbata y sueldos astronómicos, propaganda engañosa y publicidad malintencionada de paraísos al alcance de cualquiera…

 

En todas y cada una de las crisis el papel de la UE ha sido ambivalente o decididamente hostil: el Sur que también existe, según un reivindicativo Serrat, no debería existir según la Troika comunitaria que llevó a Grecia al suicidio político, económico y social en 2015 (vean ustedes la película de Costa Gavras “Comportarse como adultos”).La fábula de la cigarra y la hormiga ha sido empleada en los salones de Bruselas con ligereza y desvergüenza ética.

Exactamente la misma que se emplea ahora con motivo de la crisis –planetaria, no solo europea- del Covid-19. Saltándose el art. 122 fundacional de la UE: “La Unión y los Estados miembros actuarán conjuntamente y con solidaridad cuando un estado miembro sea víctima de una catástrofe natural”. ¿Qué es el corona virus, una excusa de mal pagador como se insinúa en la altas esferas europeas? E ignorándose el artículo 2 del Tratado de la UE de 1992, también llamado el Tratado de Lisboa, tras la revisión de 2007,  que dice: “La UE se fundamenta en los valores de respeto a la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de derecho y respeto de los derechos humanos, incluidas las minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros de una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres”. ¡Ja!

 

En el último Consejo Europeo,  donde  se humilló a los supuestos “países-cigarras”, como España o Italia, el jefe de Gobierno portugués, Antonio Costa, le espetó al obcecado ministro de Finanzas holandés: “Usted no entiende. No se trata de presupuestos, de gastos o economía, se trata de vidas humanas. Si Europa no hace lo que debe, está acabada”. La sombra del “Euroexit”, la destrucción de la UE, es alargada y ominosamente terca. Donald Trump y Boris Johnson, estarán satisfechos. La competitividad de una Europa unida ya no les preocupará más. Ese escenario lamentable depende de la actitud de Bruselas ante esta emergencia sanitaria. Es una oportunidad de oro para renacer de sus cenizas, como un Ave Fénix azul con estrellas de oro en sus alas desplegadas. Cumplid el imperativo categórico de la UE: Europa Unida.

 

 

ALBERTO DÍAZ RUEDA, escritor y periodista.

(Publicado en "Heraldo de Aragón" el 8 de abril pasado)

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17 abril 2020 5 17 /04 /abril /2020 09:29

Hace un par de semanas, creo, escribí para el Heraldo un largo artículo sobre lo que llamé un poco excesivamente "el genocidio geriátrico". En este instante  tengo la sensación subjetiva de que hace muchísimo tiempo que escribí ese artículo. ¿También les pasa a ustedes que los días de confinamiento parecen tener un "tempo" totalmente distinto y más complejo que el habitual: recobramos por un lado la interminable cadencia de los días de la infancia y curiosamente una rapidez meteórica en el conteo de los días y semanas, que pasan de una forma veloz).

Pero volvamos al tema lamentable que nos ocupa. En España, datos de hoy, el 86,5% de los fallecidos por el corona virus tienen más de 75 años. Mi fuente son periódicos de primera línea y de trayectoria intachable y agencias de prensa independiente on line. No obstante tomemos siempre las estadísticas con un sano esceptisimo. Lo cierto es que el dato es coherente con las informaciones colaterales que poseemos. Una de cada cinco personas en España es mayor de 65 años. Se ha constatado la virulencia del Covid en las residencias de ancianos y se está barajando la posibilidad de que la mitad de la cifra total de fallecidos que tenemos (no es la real, sin duda alguna, por razones de complejidad informativa) estaba internada en esas residencias.

No se me entienda mal. Ni las residencias en general adolecen del durísimo y desalmado perfil de las que motivaron las primeras alarmas de desatención y miseria ni, seguramente, la mayoría de esa cifra horrible de ancianos fallecidos ha carecido de los máximos cuidados que una sanidad responsable y sacrificada ha dado a sus pacientes. Estamos ante una pandemia inclemente, señores, y la prevalencia básica de ese virus se ensaña con los mayores de 65 años por razones orgánicas variadas.

Por tanto, amigos, esto no es una crítica, sino la constatación de un hecho. Y este razonamiento nos lleva a una conclusión: es obvio que el modelo de atención a las personas mayores vigente hasta ahora y el de gestión de las residencias, no ha resistido en absoluto la prueba de fuego de una epidemia letal. Por tanto la premisa básica de este artículo es: hay que cambiar el modelo de gestión, actuación, mantenimiento y financiación que hemos de utilizar para mejorar y preservar la situación de nuestros ancianos. Lo cual sería la guinda del pastel de la sanidad completa del país, que debe convertirse en una prioridad presupuestaria. Señores políticos (algunos, sin señalar), esto es básico. Literalmente nos jugamos la vida con ello. ¿Pueden entender de una puta vez, perdón por el taco, que los recortes y las privatizaciones en sanidad nos llevan a...justamente lo que está ocurriendo? ¿Hace falta una pandemia para mostrarles que sus bolsillos, las empresas colegas, los amigos bancos y el sillón del cargo bien pagado no lo son todo?

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16 abril 2020 4 16 /04 /abril /2020 09:34

Está claro que nuestro país no cumple los seis requisitos de la OMS para poder dar por terminado el confinamiento. Entre otros, se exige una aplicación masiva de los test de diagnóstico que, en estos momentos, está fuera de toda posibilidad. El hecho de que sea una liberación parcial del confinamiento y para determinadas personas, (el arco de edad entre los jubilados y los niños y adolescentes aún queda confinado hasta el 10 de mayo, supuestamente, claro). Lo cierto es que un repunte de contagios en estas próximas dos semanas sería una trágica noticia. Pero es tan condenadamente difícil hilar fino y ajustado en esta pandemia, por lo que siempre decimos: sabemos muy poco sobre cómo es y cómo actúa y cómo se propaga. Toda la población es, en principio, sospechosa. Y como decía un médico amigo mío: en medicina la ausencia de evidencia no es siempre evidencia de ausencia. Por eso una de las noticias tristes que nos depara la jornada es que hay vecinos en algunas ciudades que profieren amenazas -anónimas naturalmente, suelen ser cobardes- contra trabajadores de la salud acusándoles de propagar el virus. Ya es el colmo, ¿no les parece? He visto pintadas y anónimos escritos contra médicos y enfermeras. Están casi al mismo nivel, aunque afortunadamente con menos relevancia- que ese aborto político llamado Trump que ahora retira la ayuda a la OMS por "su mala gestión" de la pandemia. ¿En serio? ¿Y la suya que está costando decenas de miles de muertos más en su país? Pero claro como la mayoría son negros o hispanos...

Mi deseo en esta hora de cautelas, indignaciones y temores es brindar un guiño a la suerte y a la esperanza en tenerla. Como decía el gran don Quijote a su Sancho fiel: "Haz de saber amigo...que todas esas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque no es posible en el orden de la Naturaleza que ni el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca". Bendito Alonso Quijano, conocido como "el Bueno", por esa sabiduría que parece emanada de un Séneca o un Epicteto. 

Se que esto no es más que un "brindis al sol", una quimera , pero en momentos de aflicción, en contra del consejo de Ignacio de Loyola, uno debe hacer una mudanza inexcusable: evitar que las malas noticias y los peores augurios nos nublen la razón, el sentido lógico y crítico del pensamiento y nos dejemos vencer por el cristal oscuro de nuestros temores, que todo lo ven siniestro. A las cosas que ocurren hay que mirarlas con serenidad y aplicar los remedios adecuados que estén en nuestra mano, de nada sirven las lamentaciones, las críticas y los miedos. Hay que esforzarse en conocer la manera de actuar del virus y en promover su control sin dejar por ello de auxiliar a las víctimas, minimizando en lo posible su transmisión en hospitales, residencias de ancianos, escuelas y centros de trabajo. Todo esto se está haciendo, más bien que mal, en la medida del momento de la pandemia que vivimos. Nadie posee datos irrefutables del futuro. No tenemos datos suficientes. 

Por lo tanto vayamos todos en la misma dirección (excepto Trump) y con el mismo objetivo: controlar y detener al Covid 19. Lo demás, atención a determinados políticos, requiere que detengan los viles mensajes críticos y destructivos que no buscan  más que capitalizar el horror de todos en forma de futuros votos de los que son como ustedes. 

Alberto Díaz Rueda

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15 abril 2020 3 15 /04 /abril /2020 07:02

 Hoy se cumple el día vigésimo quinto de ese diario. Labor que empecé el 22 de marzo, diez días después de comenzar en serio la pesadilla del coronavirus entre las vacilaciones y los errores de quienes dirigen el país y el concierto disonante de bulos, mentiras, exageraciones y burlas negacionistas. Se han configurado en este mes y pico dos pesadillas simultáneas y el renacimiento de una conciencia solidaria. Por un lado la que marcaba el crecimiento y efectos letales del Covid 19 y por otro, la que creamos los hombres como reacción de lo que somos, niños gritones y destructivos indignados ante un elemento de la Naturaleza que nos daña de forma totalmente indiferente. Sin embargo la buena noticia es la sorprendente -que lo sea ya indica la poca fe que se tiene en la naturaleza humana-  marea de solidaridad, apoyo, cooperación y empatía que el virus ha provocado en una parte sustanciosa de la población española, desde las grandes ciudades a los pueblos más recónditos. Es como si de una forma inconsciente nos hubiéramos empapado de esa posibilidad que apuntaba el otro día el antropólogo Eudald Carbonell en una entrevista: "El Covid podría ser el último aviso a nuestra especie de que si no aprendemos a cooperar, a unirnos en un esfuerzo común, colapsaremos y nos extinguiremos". Como decía Canetti en su obra "Masa y poder", estamos aprendiendo a sentir el placer natural y la alegría vibrante de rebasar las barreras individuales para integrarnos en la masa con un designio positivo, creativo, de ayuda y superación. Y eso, resaltaba el Premio Nobel de Literatura en 1981, la grandeza y el peligro de la dinámica de la masa humana. Grandeza en cuanto podría ser el motor del cambio (que falta nos hace) político social y peligro -y no pequeño- en que también es fácil manipularla desde el poder y en ese caso conseguir el efecto contrario y aumentar la desventura y la falta de libertad del pueblo.

Esto es una cuestión abierta. Es dicícil conjeturar qué puede pasar, con un mínimo de posibilidades de acertar. Vivimos en este momento en una "terra ignota". No hay precedentes. Es la primera vez en nuestra historia que un peligro mortal para la especie alcanza el poder de ser global, por sus efectos y por su poder de transmisión. Y aún no sabemos gran cosa de él. Estamos luchando un poco a ciegas, aunque razonablemente en lo básico: el aislamiento social. Decir esto en el siglo XXI con una tecnología absolutamente revolucionaria, es una lección de humildad y una llamada de atención y alarma. Por eso, insisto por enésima vez, a un problema global sólo se le puede aplicar una estrategia global y una táctica basada en la cooperación internacional hasta puntos totalmente inéditos en nuestra historia común. Por Dios, aprendamos de una vez, antes que sea demasiado tarde.

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14 abril 2020 2 14 /04 /abril /2020 10:39

Hoy la pandemia tiene un nombre propio: África. Ya habíamos reflexionado con pesar en lo que las penurias sanitarias estaban provocando en países del hemisferio rico del planeta, sin duda por falta de previsión y de implementar las medidas cooperativas internacionales y luchar todos a una contra el virus. En aquellos momentos, hace un par de meses, pensábamos con horror en lo que el Covid podía suponer para los millones de personas pertenecientes a países donde la cuestión sanitaria, la miseria, las guerras locales y las enfermedades comunes dibujaban un escenario atroz. En aquellos días tenía una imagen recurrente en la imaginación: el cuadro de "El triunfo de la muerte" pintado entre 1562 y 1563 por Pieter Bruegel, el Viejo y que se puede admirar, no sin escalofríos, en el Museo del Prado. Si tenéis internet, poned el nombre del cuadro en el buscador y cuando aparezca, miradlo detenidamente y pensad: esto es África. En la mayoría de los países que se la dividen, la ratio de camas por millón de habitantes es de CINCO,  (en Europa es de más de 4.000). La FAO ha alertado de que, en este momento, cuando el virus comienza a extenderse ya hay más de seis millones de africanos en situación desesperada. ¿Por el Covid? Todavía no. Por el hambre. Los cuatro jinetes del Apocalipsis ya cabalgan ferozmente por África, la guerra, la peste, el hambre y la extinción total por una guerra nuclear..

Desconfío de los "big data", pero haciendo  una lectura rápida de las estadísticas que se ofrecen en algunos centros oficiales de instituciones de prestigio, uno llega a la conclusión de que los virus y las bacterias, viruela, gripe, la familia de los Covid, las pestes medievales, el sida o el ébola (que, por cierto, ha vuelto a aparecer en el Congo) ha matado a más personas que todos los demás desastres que afligen a la humanidad, incluida la guerra. Quizá por eso nos deberíamos tomar muy, muy, en serio lo que ocurre y no contentarnos con frenar al Covid, sino generar a nivel global, planetario, una conciencia crítica de especie, una gestión activa para extender la formación y la educación, la tecnología y la cooperación no sólo por los países digamos "acomodados" sino para todos aquellos que rozan la indigencia y están martirizados. Quizá ha llegado la hora de unirnos como especie. La alternativa es perecer.  Desdichadamente la última palabra la tiene la política (en realidad, en muchas ocasiones, la política podría ser el quinto jinete). Quizá la solución esté en crear un nuevo tipo de política y despedir a los que no se ajusten a las verdaderas exigencias para ser político: honestidad, formación y altruismo.

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14 abril 2020 2 14 /04 /abril /2020 09:36

¿Cómo puede ser un aserto falso y verdadero? ¿Es un oximorón? ¿Una antítesis? En estos días de encierro la Red está que arde y todos nos enviamos noticias, flash, imágenes, canciones, libros en pdf, ,artículos y comentarios con o sin apoyo de música, imágenes o  dibujos. Unos tienen alguna gracia, originalidad, fuerza expresiva y la mayoría entran en el saco de lo mediocre y fácilmente olvidable. Uno de esos envíos por WhatsUp era un presunto artículo póstumo del dibujante Antonio Fraguas, Forges. En realidad su autor es el periodista David Jiménez, ex director de "El Mundo", que lo publicó en su blog en 2012.  El propio Forges (que falleció hace dos años) había negado varias veces haberlo escrito. Pero como suele ocurrir en internet ha vuelto a ser actualidad, más por su mensaje que por su autor. Lo curioso de este texto falso por su autoría y certero por su texto; es que tiene una lectura sorprendentemente actual: escrito por su verdadero autor en 2012, resulta por completo adecuado y oportuno en este abrumador hoy.

Resumamos lo que dice el artículo aplicándolo textualmente aquí y ahora: "Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que -"pandémica", esto lo añado yo- y económica , va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo....nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes, o echándonos a la calle para protestar los unos contra los otros... nos hemos convertido en un país mediocre...es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente...hemos creado una cultura en la que los mediocres...son los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones...tan solo porque son de los nuestros. Vivimos en un país mediocre... donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra basura... un país que en toda la democracia no ha dado un solo presidente que hablara bien inglés o tuviera unos mínimos conocimientos sobre política internacional...que en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir, incluso, a las asociaciones de víctimas del terrorismo...que ha reformado su sistema educativo tres veces ("cuatro o cinco") en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado...en que se fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir... con una cuarta parte de su población en paro... donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada –cuando no robada impunemente- ... que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad... que, para lucir sin complejos su enseña nacional, necesita la motivación de algún éxito deportivo." ¿No suscribirían  este texto con fecha de hoy? - ALBERTO DÍAZ RUEDA

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