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6 febrero 2014 4 06 /02 /febrero /2014 10:46

que-hacemos-con-maisie-cartel-1.jpg

Una vez más los distribuidores españoles realizan una traducción lamentable de un título ingles. Y así "What Maisie Knew", "Lo que Maisie sabía", novela de Henry james, se convierte en "¿Qué hacemos con Maisie?", lo que aún reflejando facilmente la pregunta básica que se hacen los padres de la niña Maisie, ante el divorcio del matrimonio. Como sucede demasiads veces, los intereses y egoísmos propios de una pareja, formada por Julianne Moore y Steve Coogan, afcetan la vida de una niña de seis años (deliciosa Onata Aprile) que solo desea tener un ambiente seguro y pacífico donde crecer y ser amada. La moore hace un recital de la madre rockera, hiperocupada que ama histéricamente a su hija pero se ve incapaz de integrarla en su movida existencia. También el padre, un tratadista en arte que no vez más allá de sus ambiciones y deseos, es capaz de dar a la niña lo que la pequeña necvesita. Pero sí lo obtiene de las frustradas nuevas parejas de los dos padres. Y así se resuelve la ecuación (sin dejar de involucrar a la niña en la lucha de ambos por lograr la plena custodia, que desean cada uno más por dañar al otro que por el propio bienestar de la niña). Dos padres incompetentes que son sustituidos por una pareja más joven y más empática (Alexander Skarsgard y Joanna Vanderhan)que se forma en paralelo con la atención que brindan a la pequeña.

Scott McGee y David Siegel firman la película, que ha bebido escenas de "Kramer contra Kramer" pero que se mantiene bastante por debajo de ese clásico de 1979 dirigido por Robert Benton y protagonizado por Dustin Hoffman y Meryl Streep. El aspecto original y bastante logrado, con algunas secuencias fallidas y un ritmo irregular, es que asistimos al drama desde el punto de vista de la niña.

 

 

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4 febrero 2014 2 04 /02 /febrero /2014 08:28

    La comarca excursiones-2168.JPGgerundense de La Selva tiene espacios naturales de una gran belleza, grandes extensiones de bosques de pinos, encinas, castaños y robles, algunos hayedos, ríos más o menos caudalosos, montañas redondeadas no muy altas pero que ofrecen vistas magníficas sobre los valles circundantes y, sobre todo, senderos bien cuidados que cruzan la comarca uniendo entre sí lugares pintorescos y la antiquísima arquitectura religiosa de las ermitas, en general bastante bien conservadas.

Tenemos que ir hasta la localidad de Amer, y desde el polideportivo, situado en las afueras, al norte de la población, junto al rio Brugent (donde dejamos el coche), seguiremos un sendero de unos 18 kms. que nos llevará por tres de las ermitas más interesantes del municipio, Santa Brígida, Santa Lena  y Sant Roc, que ya se encuentran dentro de la comarca de La Garrotxa.

Seguimos la pista asfaltada que  marca la dirección de la Ruta y en el cruce con una pista de tierra abandonamos el asfalto y giramos a la derecha por la de tierra hasta que vuelve a estar cimentada y comienza una fuerte subida. Tras pasar una granja se deja la pista y se sigue una senda a la izquierda que comienza a subir entre viñas y la cerca que rodea una masía. Mas tarde entramos en un bosque de castaños y encinas por el que vamos haciendo eses de subida. Cruzamos una pista junto a un depósito de agua y seguimos por otra pista que, unos minutos más tarde, vuelve a convertirse en sendero. Pasamos junto a una cantera en desuso y el camino se enfila hacia la cima del acantilado pasando entre grandes rocas y ofreciéndonos una vista preciosa sobre el valle de Amer y la población.

Más o menos en una hora llegamos a la ermita de Santa Brígida (a mas de 400 m). Allí encontramos un reloj de sol con una inscripción que debería ser la divisa de los senderistas: "Amunt i andavant" ("Arriba y adelante"). Vemos la fuente de Sant Bernat, protegida por una edificación y ascendemos por un camino empedrado hasta otra cantera.

Caminaremos por un sendero pedregoso hasta llegar a una piedra excursiones-2237.JPGvertical, triangular, con la fecha 1971, que nos indica la dirección a seguir. Dejamos la pista que lleva a Can Sensaire a la izquierda y tomamos el camino hacia la fuente de Can Catau, que baja muy empinado entre árboles y arbustos espesos que no dejan ver nada del paisaje.

En la Font de Can Catau conviene llenar cantimploras, es un agua buenísima. La encontramos llena de excursionistas muy alborotadores que nos seguirán toda la excursión. Por mucho que nos empeñamos en dejarlos muy atrás, escucharemos sus gritos y sus risas durante toda la caminata casi hasta el final.

Desde la Font bajamos por el torrente unos cien metros y tomamos un sendero a la izquierda hasta llegar a la pista que lleva a Amer, la cruzamos y seguimos a la izquierda. Hay otro cruce de pistas  y dejamos la que lleva a Santa Brigida para coger la de la derecha hasta Can Sensaire. Casi un km debemos caminar hasta llegar al collado de Puliol. Cogemos la pista de la izquierda para llegar a Santa Lena. Se trata de una bella ermita del siglo XIII a unos 560 m de altitud, con unas vistas majestuosas del entorno, Por aquí las grandes piedras cuadradas van limitando el camino, rodeado todo de encinas y arbustos. 

Cogemos un sendero por la cara norte de la ermita junto a la cisterna. Hay que bajar una trocha alga resbaladiza  y con bastante desnivel. Pasaremos junto a una masia en ruinas y una balsa. Llegamos al coll de san Roc con unas hermosas vistas sobre los valles, formando una cima de planicie rocosa, desnuda y con pocos árboles y unas fuertes caídas en picado. Continuamos recto por una pista ancha, empedrada a tramos. Desvío a la derecha hasta un cruce en H, seguimos a la izquierda y despues a la derecha hasta un collado donde acaba la pista. Vamos caminando entre un bosque espeso de encinas y algunos robles y castaños.

Llegamos a la ermita de San Roc, una nave baja, alargada, que rezuma antiguedad, con la puerta de plancha oxidada de hierro atada con una cuerda. El enclave es prodigioso. Situada en lo alto de una colina rocosa, rodeada de bosques y precipicios. Seguimos el sendero (señalizado con marcas blancas), un poco perdedor, hasta el Mirador, un blacón de roca desnuda sobre los bosques en una caida libre de unos 200m (ojo los que tengan vértigo, los bordes del precipicio no tienen ningún tipo de defensa). Vale la pena descansar un rato y disfrutar del panorama.

A partir de aqui el sendero se hace casi permanentemente de bajada. Cruzamos el rio seco del Arimany y bajamos por una torrentera junto al Grau del Llop. Camino un poco perdedor complicado por una señales rojas que hay que ignorar y buscar solo las blancas. Cruce de Can Puig que lleva a Sant Climent de Amer, pista que dejamos,  para seguir por la izquierda a cruzar el torrente del Sucurull y seguir por una pista bastante abandonada y enlazar con la ruta "La volta al Mont d'Amer". Dejamos otro desvío a la derecha a Sant Climent y nos dirijimos a la Torre de San Climent (del siglo X) o Castell de Roca Salva (corrupción medieval de "Rocas blancas", color de las  abundantes rocas de la zona). Mantenemos esa pista hasta un desvio a la izquierda en dirección a la Casa del Torner. Bajamos por la pista siguiendo las señales hasta encontrar un camino recto flanqueado por avellanos, pasamos Farigola y Can Xec. Seguimos por la pista hacia Pinyana. Llegaremos a un puente sobre el Brugent y optamos por seguir un antiguo sendero medio abandonado que va bordeando el río entre espesa vegetación de ribera. Ese paseo delicioso aunque a veces muy cerrado por la vegetación, nos llevará hasta el Polideportivo.

Hay que contar con unas cinco horas de recorrido. Habremos hecho casi 500 de desnivel positivo y negativo. Aconsejo que la excursión se haga en primavera o en otoño.

 

NO SE PIERDA

El pueblo milenario de Amer merece una visita (tiene en realidad mas de 1000 años ya que se tiene noticia documental desde el año 949 cuando se fundó el monasterio de Sant medir a orillas del rio Amera). Situado en el valle fluvial del RioBrugent (que desemboca aquí en el Ter, antes de que éste engrose el pantano de Susqueda), entre las comarcas de La Selva y La Garrotxa. La población, comnstruida sobre los restos de edificaciones medievales en torno al núcleo del monastreio de Sant Medir, documentados en el año 840 y destruido junto con la Iglesia durante las guerras napoleónicas, tiene un cierto encanto decimononico. Históricamente Amer tuvo cierta relevancia por encontrarse en el camino oficial de Girona a Olot y ser sede de un mercado concurridisimo en la edad media hasta el siglo XVIII (en su lugar se emplaza la actual Plaza de la Villa, porticada y cuadrangular). De 1237 data el privilegio de Justicia a la Villa de Amer firmado por el rey Jaime I. El siglo XV un terrmoto destruyó la villa. Para conocer todos esos datos les aconsejamos una visita al Museo Etnológico de can Terme. Otro de los lugares emblemáticos de la población es su antigua estación de tren, origen y destino de la Via Verde del carrileto que une Girona y Olot (la vía ferrea estuvo en funcionamiento desde 1894 a 1969).

 

DOCUMENTACION

La página web del ayuntamiento de Amer ofrece en pdf el recorrido de la Ruta de las Sierras de 23 km, que engloba la Rutad de las Ermitas que hemos realizado. Como complemento pueden llevar el Mapa Comarcal de Cataluña de 1:50.000, comarca de La Selva, que pueden encontrar en librerias deportivas o en la de Serret de Vallderrobres. Piolet tiene Guias de La Selva y La Garrotxa y Alpina mapas de las dos zonas.


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2 febrero 2014 7 02 /02 /febrero /2014 09:55

Cuando_todo_esta_perdido-100058019-main.jpg

 

Magnífica y angustiante película con un Robert Redford clamoroso: una lección para los divos del mundo del cine. Redford se comporta como lo que es, un anciano de mas de setenta años con un físico excepcional para su edad y enfrentándose con valor e inteligencia a una situación límite. Segunda película de J.C. Chandor, tras la magnífica ópera prima “Margin Call”. En esta nueva película además es guionista y se atreve con una historia simple, sin apenas más datos que los que genera un presente conflictivo. Vemos a un navegante solitario que está descansando en el interior de su barco. De pronto hay una sacudida y un ruido penetrante y comienza a entrar agua en el barco. Este ha chocado contra un enorme contenedor metálico caido seguramente de uno de los grandes navíos que cruzan los océanos cargados hasta los topes de varios pisos de containers apilados en  cubiertas más grandes que campos de futbol.. Una voz en off nos ha avisado de que va a haber problemas de vida o muerte. Pero de momento ya tenemos la causa, el container-iceberg, el elemento  ambiental un océano, y el protagonista humano, Robert Redford, simplemente un hombre, del que solo sabemos que es navegante y que está solo. Algún dato más se deduce por las actividades del hombre durante su trágica odisea. Pero no hay palabras, muy poca música, silencio generalizado y el ruido del agua al caer, de la lluvia, del oleaje, de la tormenta. Sólo escuchamos la voz del protagonista ,un desesperado "joder" cuando las cosas se ponen demasiado feas y los gritos de auxilio ante el paso de los enormes barcos con los que se cruza. Somos testigos de una lucha pura de supervivencia en un medio hermoso pero hostil. Un hombre habilidoso aunque mayor, que trata de salvar su vida y tiene tiempo y fuerzas para extasiarse ante una puesta de sol en la inmensidad solitaria del océano.

Una especie de Crusoe que no toca tierra pero tiene la misma mentalidad laboriosa y la fuerza vital de no darse nunca por vencido, hasta que le fallan las fuerzas. La película es modélica en su concisión conceptual, en sus planos subjetivos, en los fundidos y elipsis, en detalles como dejar ver el chocante contenido del container causante del drama, el desapego de lo material y en la persistencia en la lucha por sobrevivir, o la impotencia de ver muy cerca la salvación y ser incapaz de alcanzarla. Redford hace una actuación modélica, mostrando en su cuerpo y su rostro el desgaste, el cansancio y la angustia de su situación. Sorprende el control de sí mismo del personaje, pero me supongo que esa suele ser la catadura psicológica de los navegantes solitarios: ¿para qué perder energía y tiempo en enfadarse con lo que ocurre? Solo  queda hacer lo que se pueda para evitar las consecuencias o minimizarlas.¿Tiene sentido indignarse contra un contenedor o maldecir una tormenta? Las miradas de Redford son todo un poema de resignación. Y la inexprisividad estoica de su rostro durante los duros momentos que le depara el guión, podría parecer excesiva, pero él logra que aceptemos que hay hombres así. Él es el centro de la película  durante 106 minutos, apoyado en el trabajo magistral de J.C. Chandor tras la cámara, que mantiene  la tensión durante todo el filme, entremezclando silencios naturales con un muy bueno apoyo musical en ciertas secuencias. Cercana temáticamente (la soledad) a "127 horas". "Enterrado" o "Gravity", da una cualitativa vuelta de tuerca al tema, a pesar de la concesión del final o el muy "british" detalle del afeitado previo a la tormenta (y la curiosa ausencia de barba en el resto de los días). 

 

 


 
 

 

 

 

 

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1 febrero 2014 6 01 /02 /febrero /2014 16:31

montsal.jpg

 

Tiene un público minoritario pero fiel, entendido, detallista, entregado a la adoración común de ese arte sublime, la música. Proliferan los tratados, comentarios, exégesis en torno a la música y los músicos, compositores o intérpretes, directores o historiadores. Es como un gran club privado, o más bien una hermandad o una fraternidad masónica o rosacruz: los aficionados a la llamada música clásica (tópico linguístico que dejaremos así, por esta vez). Por eso me ha parecido interesante recomendarles esta semana un libro dedicado a analizar la vida y la obra de uno de los compositores españoles que triunfó en la segunda mitad del pasado siglo, Xavier Montsalvatge. El autor, un periodista vallisoletano, José Guerrero Martín, compañero de trabajo de quien esto firma durante cuatro décadas. Y las credenciales del analista: periodista cultural de rara calidad, melómano impenitente, dotado de un castellano perfecto y una curiosidad humana relevante, Pepe para los amigos, cultivó durante muchos años la amistad de su biografiado debido a la feliz circunstancia de que ambos trabajaban en "La Vanguardia": uno, artículos de cultura y política internacional y el otro, la crítica musical del diario. Por tanto estamos ante uno de esos ejemplos de convivencia enriquecedora entre una figura cultural y el hombre que habrá de legar a la posteridad la imagen más cercana del notable, como por ejemplo Eckermann con Goethe o Ernest Jones con Freud (éste es más bien un hagiógrafo). El autor subtitula su trabajo "Administrador de armonías y silencios" pues debe ahondar con sigilo y delicadeza en la personalidad de Montsalvatge, un hombre que muchos consideraban "hosco, reservado y distante" y emplea en ello "cientos de horas de conversación". Con una disciplina de trabajo admirable, Guerrero, Pepe, busca, indaga y analiza datos, opiniones, escritos, entrevista a personas que se han relacionado con el compositor, a familiares y amigos. Y con todo ello perfila a un hombre inteligente, contradictorio y lúcido, capaz de responder a una pregunta sobre cuál es su propia opinión de crítico sobre su faceta de compositor: "Sabe demasiado para que su obra esté mal y no es lo bastante buen músico para que resulte verdaderamente buena" (pág.413). Pero no hace un retrato del hombre aislado de sus circunstancias  sino que lo relaciona con el siglo que le tocará vivir intensamente y nos ofrece, en definitiva, una obra densa que no obstante se lee con fruición e interés. Recomendable para aficionados a la música y en particular para los que gusten de biografías honestas y documentadas.

 

XAVIER MONTSALVATGE.- José Guerrero Martín.- Témenos, edicions.-696 págs.-20 euros  

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31 enero 2014 5 31 /01 /enero /2014 08:53

una-verdad-delicada.jpg

 La última novela del maestro del thriller y la narrativa de espionaje, John le Carré (su nombre real es David Cornwell), uno de los sucesores más cualificados de la escuela de Graham Greene, te deja con un sorprendente sabor de boca, más aún que después de leer "El jardinero fiel". La complejidad de los personajes, su dicotomía ante el bien y el mal, la culpa y el arrepentimiento confrontado a una sociedad eticamente decadente, al abandono de los valores y principios y, sobre todo, como uno de sus personajes reflexiona, a ese desafío filosófico que hizo público Anna Arendt, el de la banalidad del mal. Que en esta novela es más bien la estupidez irremediable y la indiferencia patológica de la clase política.

Si en los años 70 cuando triunfaban las obras maestras del espionaje bipolar, "El topo" o "Nuestro hombre en La Habana" o "El ministerio del miedo" la ética de sobrevivencia imperaba, aunque se respetaban bastante las "reglas del juego" entre aliados y enemigos, en nuestra época el desencanto, la automatización, la sustitución de la moral por el beneficio, el olvido de las mas elementales reglas de respeto humano y una técnica desprovista de alma, vendida al mejor postor, instrumento ciego, han convertido el escenario en una selva sin remisión y sin principios.

También el novelista, Le Carré, ha perdido un poco el norte de su elegante relativismo moral. Aunque toda la trama de "Una verdad delicada" se basa en un frustrado, ridículo y absurdo intento de secuestrar a un terrorista en Gibraltar (en los noventa hubo una operación semejante allí, pero el sujeto era un miembro del IRA), en el que intervienen un comando del ejército británico y unos mercenarios norteamericanos de una gran empresa de seguridad privada, auspiciados por un viceministro inglés y comprobado "in situ" por un alto funcionario del Foreign Office que se convierte en uno de los protagonistas de la novela. La acción es cerrada oficialmente como un éxito secreto que, como fruto, le proporciona un titulo nobiliario al funcionario.

Unos años después, el funcionario, Christopher Probyn, ya está jubilado y goza de una vida cómoda y más o menos feliz con su esposa y su hija en Cornualles. Pero aparece uno de los soldados britanicos que intervino en la acción y demuestra que todo había sido un engaño. Que la acción no tuvo éxito y que durante un estúpido tiroteo innecesario habían muerto una inocente mujer árabe y su hija pequeña. El segundo protagonista de la novela,  Toby Bell, también funcionario del Foreig Ofiice, mucho más joven, que había sido secretario del diputado y que había sospechado desde el principio que toda esa operación era ilegal, conecta con su antiguo compañero y...

Bien, mejor que la lean. Toby es un idealista y Probyn un diplomático de la vieja escuela, ceremonioso y conservador-Ninguno encaja en un mundo donde la verdad siempre es incómoda y los que la defienden acaban siendo silenciados de un modo u otro. No hay compasión. Y la indefensión de todos los que están "fuera" no tiene recurso ni abrigo: la policía, el ejército, los políticos, prefieren no saber. La media docena de páginas en las que Le Carré nos describe la surrealista entrevista que sostiene Probyn con sus ex compañeros del F.O. a los que le lleva un documento donde denuncia la operación, son magistrales. Nada de reconocimiento y justas indignaciones, los burócratas oficiales acorralan al pobre ex alto funcionario y le amenazan con medidas que ponen en peligro su situación, a su familia y a sí mismo, con la connivencia de las más altas instancias politicas, profesionales o judiciales del país.

A sus 81 años, Le Carré nos brinda una novela nuevamente eficaz, distraída y perfectamente ensamblada y escrita. Su irónico sentido del humor se ha vuelto más mordiente y sus convicciones y denuncias siguen siendo lúcidas y pesimistas. La hipocresía, las mentiras oficiales, la codicia de un mundo que parece dirigirse a la autoextinción, la falta de ética pública y privada, las grandes injusticias antihumanas que asuelan el tercer mundo, la crueldad innecesaria y estúpida no son sólo conceptos generales, Le Carré las analiza en su propio país y de rebote en los Estados Unidos, país por el que, desde la guerra de Iraq, siente escasa simpatía. Y todo eso nuestro novelista lo pone en una platillo de la balanza literaria y moral, en el otro, la madre y su pequeña asesinadas por error, un crimen nunca asumido o reparado.

Estamos lejos de los tiempos del Circus y del gran Smiley, nuestro hombre ha dejado en un armario a los espías y sus maniqueas batallitas y reparte sartenazos con una sonrisa irónica pero sin compasión.  Léanla, pero después vuelvan a "La gente de Smiley" o a "El espía que surgió del frío". Entenderán lo que les he comentado.

 

FICHA

UNA VERDAD DELICADA.-John Le Carré.-Traducción Carlos Milla Soler.-Ed. Plaza Janés.-360 págs. 22,90 euros 


   

   
   
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30 enero 2014 4 30 /01 /enero /2014 09:38
Codigo_de_defensa-215263457-main.jpg

Excelente thriller dirigido por Kasper Barfoed e interpretado por un magnífico John Cusak, con el apoyo de Malin Akermann y una corta nómina de secundarios efectivos. La cosa va de las operaciones encubiertas de la CIA en todo el mundo y los códigos numéricos con los que se comunican con los agentes diseminados por doquier. Códigos emitidos por estaciones de control en la que nadie sabe lo que está haciendo pues sólo operan con secuencias numéricas crípticas y aleatorias (por eso, como suele suceder, el titulo en inglés es más ajustado que el español: "The station numbers"). En una de ellas, situada en un  lugar aislado en plena campiña inglesa, una zona supersofisticada técnicamente y secreta, hay una operadora de códigos y un agente destinado como seguridad y que en caso de ataques externos debe destruir el lugar y asesinar a la operadora, por "motivos de seguridad". En ese ambiente claustrofóbico, en el que conviven las dos personas en turnos semanales de tres días seguidos, se produce un ataque exterior.
Circunscrita a unas horas tensas y violentas, Cusak y su compañera deben enfrentarse a la muerte y a la desconfianza de ella y las dudas internas de él. Con algunas debilidades de guión (¿conoce usted algun hospital donde lleguen en estado inconsciente dos personas heridas de bala y armadas y les den los cuidados médicos sin avisar al mismo tiempo a la policía?) la acción es trepidante y el diálogo inteligente y cuidado, sin las típicas patochadas de costumbre en este tipo de películas. Un final poco coherente con el tipo de realidad que evoca, pero al fin y al cabo el mercado manda y es preciso a veces mantener el final feliz, aunque abierto.

         
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29 enero 2014 3 29 /01 /enero /2014 11:15

manu.jpgHa muerto Manu Leguineche, maestro, mentor, compañero y amigo (para mí una especie de Carlos Nadal en potencia cuya amistad nunca llegó a florecer debidamente por la circunstancia disgregadora de vivir él en Madrid y yo en Barcelona). Cuando se retiró a Tejar de la Mata, pueblecito alcarreño, aquejado por una enfermedad --me dijeron amigos comunes que le afectaba los procesos cognitivos -- me planteé el ir a verlo y por esas cosas que uno no sabe controlar, voy postergando la visita hasta que se convirtió en una sombra, una querencia difuminada por la falta de contacto y la lejanía. En los años 80 y 90 fue nuestra época dorada como amigos. Él dirigía Colpisa, una agencia de artículos y reportajes con sede en Madrid, que solía repartir por los diarios regionales de toda España los artículos y crónicas de los periodistas de "La Vanguardia", entre ellos los míos. Recíprocamente Manu dejaba rienda suelta a su instinto de gran reportero y se marchaba a los lugares del mundo donde se producían las noticias --guerras, golpes de Estado, elecciones-- como un "free lance" cuyas crónicas también publicaba "La Vanguardia" entre otros diarios. De ahí vino nuestra relación, bastante intensa esos años, que evolucionó a una simparía mutua y al final a una amistad incondicional.

Recuerdo con viveza una semana de estancia en Lekeitio, el pueblo vasco donde nació y en que conservaba el destartalado piso familiar en la calle principal. Yo estaba escribiendo una novela y me ofreció pasar allí unos días. Me dio las llaves y unos consejos para desenvolverme en el pueblo. Allí estuve seis o siete días, escribiendo sin parar, bañándome en la playa y comiendo pescado en los bares del pequeño puerto de Lekeitio.

También en Madrid nos veíamos, cuando Manu estaba con Rosa María Mateo, la "musa de la transición" la periodista de TVE con los ojos más azules de España. Estuve varias veces en el ático que tenía, lleno de libros y videos de cine. Ibamos a comer a un bar de su barrio en el que solía hacer sus partidas de mus, y donde le tenían un afecto y un respeto que era la tónica habitual de las reacciones que solía provocar el trato afable, llano y pleno de un humor sin malicia que era uno de los sellos distintivos de Manu. De él recibí un apoyo y un afecto del que me siento deudor. A pesar de que sólo nos separaban cinco años de edad, para mí era un maestro tanto más respetado y venerado cuanto hacía gala de una humildad y una ausencia de vanidad admirables.

Compartí muchas cosas con Manu. Desde el amor a los libros, al cine y a la política internacional, hasta la decisión --muy temprana y clarividente-- de que terminaríamos nuestros días de trashumancia profesional en un pueblecito, lo más pequeño y pacífico  posible. Él escogió un pueblo de La Alcarria y yo, uno de Teruel, en el Matarraña. Fue uno de los temas que quería analizar con él, ese amor al aislamiento, a la reflexión y a la lectura. Lamento no haberme dado la ocasión de volver a verlo y habernos echado unas risas en recuerdo de aquella época en la que yo formaba parte modestamente  de "la tribu" (los periodistas que circulaban por esos mundos de Dios como enviados especiales o corresponsales) y Manu era el indiscutible jefe, amado y respetado por todos, en un oficio donde la malevolencia, las críticas, la envidia, la vanidad y la burla eran el pan de cada día. Descansa en paz, amigo.

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28 enero 2014 2 28 /01 /enero /2014 08:55

blue-jasmine-cartel-1.jpg

Recital de Cate Blanchett, a años luz de la hermosa reina de los Elfos en "El señor de los Anillos", bajo la batuta  vieja pero aún firme del gran Woody Allen que parece sacudirse un poco la modorra que supuso sus tres últimas incursiones en el celuloide (aunque ahora ya no se puede hablar así: no hay celuloide en el cine). Aunque evidentemente Allen es al cine lo que Tolstoi a la novela, es decir siempre detras de la cámra o de la pluma pero dentro de la obra, bien visible, está el creador y todo lo tiñe con su ideología, sus creencias y sus manías (que nadie se rompa las vestiduras, no les comparo en términos de calidad, sino de proceso de reflejo en el propio trabajo). Pero aun así, todas son distintas aunque se parecen en el fondo, tienen un aire de familia. banalizado algunas veces y son las obras menos logradas y llevadas al colmo de la neurosis y estas son las mejores. "Blue Jasmine", a  mi parecer, es de las últimas.

Aquí no aparece Allen, ni ese personaje torturado e ingenioso que le sustituye de una forma casi gemelar, sino que parte de los fantasmas interiores de Allen que tiene una magnífica propnesión a hacer autoterapia con sus películas. Toda l inseguridad, los saltos al vacío, la inteligencia morbosa y el borroso sentido de culpa de raíces judías aparecen encarnados en los personajes de Blue Jasmine, sobre todo en la protegonista que se encuntra en el border line de la patología. Hay un irritante y catártico abuso emocional en lo que la pobre Blanchett se ve obligada a hacer para conformar su personaje. No hay complacencia en la mirada de Allen sobre sus personajes, ni siquiera humor, aunque su acido ingenio siga disparando aqui y allá. La mediovridad de nuestra sociedad, su absurda escala de valores, su maniqueismo hipórcita, su estupidez y el bochorno de la tontería que nos invade, son diseccionados con pulso de cirujano por Woody a través de unos personajes sin alma, con obsesión por el dinero, la avaricia y la representación del ego a través de firmas comerciales de dudoso gusto y alto precio.

No se la pierdan. Es un Allen corrosivo y una Blanchett agónica, excesiva pero real como la --alta y lujosa-- vida --desaprovechada y mezquina--misma. Basta con mirar las revistas de sociedad para ver muchas Blue jasmines en ciernes o ocupando las portadas. No diremos nombres.

 

     
     
   

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27 enero 2014 1 27 /01 /enero /2014 08:34

La_tienda_roja-193356000-main.jpg

  Magnífica película de acción histórica basada en la trágica expedición al Polo Norte en globo aerostático que realizó el general italiano Umberto Nobile a principios del siglo XX, un poco más tarde de que el sueco Amudsen, a pie y con trineos, lo conquistara. Se trata de una coproducción italo-soviética de 1969 con los principales actores de nacionalidad británica y alemana. Por exigencias comerciales, supongo, se añade un personaje femenino, la novia de uno de los expedicionarios, interpretado por la bellísima Claudia Cardinale. Peter Finch, un actorazo siempre excelente, interpreta a Nobile, acompañado por actores secundarios italianos y rusos. Colaboraciones especiales de Hardy Kruger, el actor austriaco. como el aviador que encontró a los supervivientes de la expedición y de un joven Sean Connery caracterizado de anciano rubio en el papel del expedicionario sueco Amundsen.

La película se plantea, originalmente, como la fantasmagoría íntima de un anciano general Nobile, ya en los años 60, que convoca a sus compañeros de expedición y analiza los hechos que llevaron al desastre y las actitudes de los principales protagonistas. Se nos cuenta la historia desde la salida del dirigible "Italia" hacia el Polo Norte, hasta la cronica de las angustiosas semanas pasadas por los supervivientes en un entorno hostil y el rescate del general --un par de  semanas antes que los demás-- la muerte de Amundsen que trató de rescatarlos y la intervención de unn rompehielos soviético que culminó el rescate de los escasos sobrevivientes.

Con algunos momentos en los que se rompe el ritmo de la acción, en general es una muy aceptable película que se enriquece con las complejidades psicológicas de los personajes sometidos a situaciones extremas. El director soviético Mikhail Kalatozov (recuerdo de él su maravillosa "Cuando pasan las cigüeñas") lleva con mano no muy firme, pero sensible, las historias entrecruzadas de los expedicionarios y gana muchos enteros en los momentos de dramática tensión entre los supervivientes. Música trepidante (de Ennio Morricone y Aleksandr Zatsepin) y una fotografía muy correcta de las inmensidades heladas del Polo.

No se entiende por qué razón esta pelicula no ha sido revisada y reestrenada con honores.

 

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26 enero 2014 7 26 /01 /enero /2014 10:36

Las he visto en algunas ocasiones, pocas, en casas de algunos amigos aficionados a los largos paseos por las montañas o los campos. Suelen tener piedras, generalmente en las repisas de las baldas de las bibliotecas. Cuando son muy hermosas, en un aparador o una mesita de noche. Son piedras singulares, recuerdos de caminatas, de ascensos a cumbres, algunas con un nombre escrito o una fecha, el lugar y el día. La mayoría son piedras corrientes. La singularidad se las da la mirada del montañero, su propia historia personal imbricada en el aire libre, la soledad, la belleza panorámica, la dificultad física y anímica del logro deportivo personal. He acarreado piedras de muchas excursiones, algunas son falsos petroglifos, amonitas, curiosos estigmas geométricos de plantas fosilizadas, otras son bellas y rotundas como un mensaje de amor y hay un par que presentan aristas u oquedades ominosas, como un desafío. O colores inesperados, ocres violentos, ramalazos de vetas blanas sobre un fondo gris o negro, auténticas joyas, agrestes como exclamaciones, como emociones súbitas, recuerdos sólidos de momentos delicados donde el miedo se une a la excitación del desafío y a la alegría de salir indemne. Hay algo vivo en esos fragmentos de roca. Una energía encapsulada, fundida en sí misma, matriz de algo más grande, inmenso, inabarcable, la naturaleza en estado puro. No se puede hablar de coleccionismo. Es mucho más que eso. Tiene una implícita trascendencia que no es percibida más que por el que atesoró la piedra, una hilación persona-mineral que tiene algo de magia del objeto, actitud de respeto hacia eso primordial que nos supera y en contadas ocasiones nos acoge. Hay biografía humana en esos elementos minerales, les prestamos algo de nuestra alma. Es el homenaje de un hombre a un principio atómico de identidad, un animismo cosmogónico que nos lleva a sentirnos parte de todo. De ahí nace el amor a la naturaleza y nuestra propia e insobornable humildad de pequeños seres anonadados por la infinitud de la creación, del mundo inabarcable de la existencia. 

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