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25 enero 2014 6 25 /01 /enero /2014 10:51

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  Todo informe, por definición, ofrece datos que conciernen al lector al que va dedicado, de una manera o de otra, directa o indirectamente. Si además circunscribe su alcance a un "interior" determinado, conocido o al menos interesante para el lector, miel sobre hojuelas. Y el caso es que este "Informe del interior" del escritor norteamericano Paul Auster --complemento discursivo del libro anterior "Diario de invierno" o uno más lejano "A salto de mata"-- se refiere nuevamente al propio Auster, a detalles de su vida --de adulto y maduro en "el invierno" y de niño de cinco años  a los doce en este "interior"-- y por tanto, dadas las caracteristicas del sujeto, de un interés bastante relativo para un lector casual (supongo que a los fans de Auster les encantará saber las películas que le gustaban de niño, sus lecturas iniciales, su pasión por el beisbol y, para poner la guinda al pastel, comentarios sobre dos películas "El increíble hombre menguante" y "Soy un fugitivo" que fueron impactantes para el niño. Después, le acompañaremos en sus primeros amores, sus estudios, su estancia en Paris, las escarceos literarios, proyectos y tentativas y una cajón de sastre donde la sensibilidad del escritor neoyorquino nos muestra las reacciones de su  delicada mente en comentarios a unas imágenes que van despertándole recuerdos del pasado.

Todo en conjunto no configura un retrato psicológico del escritor como pretenden los exégetas sino un batiburrillo de materiales de variado interés y nada uniforme valía literaria que desconcierta un poco y hace pensar en una cierta sequedad creativa en Auster, un sensentón por otra parte muy activo que a falta de pan nos vende peces de colores. La pulsión autobiográfica es un recuerdo manido para escritores en horas bajas creativas. Casi todos lo han hecho y unos con más fortuna que otros, Graham Greene y Mark Twain, por ejemplo, Anthony Burgess, o Thomas Mann. Otros siempre han hablado de sí mismos, como Hemingway o Scott Fitzgerald disfrazándose con los personajes de sus novelas. Pero Auster no está a la altura, que me perdonen los austerianos, de ninguno de esos gigantes literarios y sus avatares relatados, aunque simpáticos algunos e indudablemente bien narrados --nadie le discute su oficio-- no entrarán en la historia de la buena literatura autobiográfica. Y, precisamente, uno de los más grandes en ese género fue Michel de Montaigne, el filósofo literato francés, uno de los más admirados por Auster, cuyo profesor de francés en la Univeriddad de Columbia fue precisamente un traductor de Montaigne al inglés. Quizá en esa familiaridad con la pulsión autobiográfica está el origen de esta insistente mirada de Auster en su propia vida.

Nadie puede negarle, pues, osadía a Auster, que parece haberse convertido en una especie de réplica literaria de la trayectoria europea de su compatriota neoryorquino Woody Allen. Uno en la literatura, el otro en el cine. Es decir: generan una simpatía generalizada entre los europeos --en España especialmente-- cuando en su propio país no los valoran tanto. No entro en que seamos o no más perspicaces que los yanquis para saber de genialidades y genios. Lo que es cierto es que, como decían los textos sagrados, "nadie es profeta en su tierra". En todo caso, una recomendación: los y las fans de Auster no se deben perder esta nueva entrega de las "confesiones" del escritor sobre su pasado. Los que no conocen a Auster, mejor que empiecen por la "Trilogía de Nueva York" y luego sigan, hay media docena de títulos notables entre los más de treinta firmados por Auster. A mí, admirador pero crítico con Auster, este libro me ha divertido a ratos y me ha mostrado lo que ya sospechaba: en sus juventudes solitarias y laboriosas, Auster no era un Schopenhauer o un Tolstoy o un Chejov. Padecía el desconcierto y la vulgaridad intelectual de la mayoría de nosotros (hace falta bastante honestidad y descaro también para ofrecer públicamente ciertas pruebas de ésto último) pero lo cierto es que él era uno de los de esa minoria de marcados por las musas: hay una pulsión de búsqueda que le ennoblece. Y eso también se deja ver en sus reflexiones y en sus cartas a su distante amada.

FICHA

 

INFORME DEL INTERIOR.- Paul Auster,. Ed. Anagrama.Traducción de Benito Gómez Ibáñez.-328 págs.    
   
   

  

 

     

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24 enero 2014 5 24 /01 /enero /2014 08:09

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Esta es una de las ocasiones en las que este crítico se dejó influir a primera vista por una portada, provocando no atender la demanda de lectura que todo libro plantea desde su "escaparate". No es que provoque rechazo, mas bien al contrario. La sonrisa de Laura Borrás desde la portada es una bienvenida radiante. Pero por un automatismo "publicitario" pensé que  el contenido sería quizá un banal y predigerido  paseo  superficial por los clásicos más trillados. Menos mal que entré en el índice y espigué entre las páginas. Aquello no era superficial, ni banal, ni las obras tratadas eran las habituales en todo "readers digest" que se preciara. La Borrás sabía de lo que escribía, se había trabajado profunda y profusamente la temática de cada trabajo, aportaba ideas y reflexiones personales de alto calado y exponía una brillante originalidad en casi todo lo que trataba a pesar de ser asuntos que ya han sido muy elaborados (sobre todo los tres primeros). Ya las 50 páginas de la introducción eran una muy agradable aportación al eterno debate de qué cosa son los clásicos, por qué lo son y cuál es la razón de su vigencia.  Los análisis del Edipo Rey de Sófocles y la inexcusable modernidad de su mensaje; el del personaje de Stendhal en "La Cartuja de Parma", la fascinante duquesa Sanseverina; la metamorfosis de Kafka, símbolo de transformaciones; y los poemas de diversos autores sobre la mujer sin nombre de la Biblia, la mujer de Lot (episodio que Laura Borrás refleja como símbolo del temor de muchos a "mirar hacia atrás", es decir a los clásicos), son reeelaboraciones de unas charlas dictadas por la autora en un ciclo de conferencias de una entidad. El conjunto es sugestivo, aleccionador y tiene algunas páginas brillantes. Lo he leido con sumo placer y lo recomiendo a estudiosos y profesores y, sin duda, al público amante de la literatura. Como escribe nuestra autora: "Alimentarse  solo de los productos (libros) de la temporada produce anemia cultural, por eso es necesario leer a los clásicos, hoy, mañana y siempre". Sólo una indicación a los editores (Ara Llibres): por favor pongan esa bella foto de la autora en la solapa y den un tono algo más serio a la portada, evitaremos confusiones.

FICHA

CLÀSSICS MODERNS.- Laura Borrás.- Ara Llibres. 183 págs.

 

 

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23 enero 2014 4 23 /01 /enero /2014 10:03

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Vi la pieza de Tracy Letts (ganadora de un Pullitzer en 2008) en el Teatro nacional de Cataluña hace dos años, interpretada por los mejores actores y actrices de la escena catalana del momento y el año pasado en el montaje de la Compañía de Tetaro Clásico, en castellano. En ambas ocasiones con un éxito enorme de crítica y público. Y es que la obra de Letts tiene toda la fuerza, el descaro, el ingenio y la fuerza humana de los grandes dramas. Era cuestión de (poco) tiempo que alguien se atreviera a llevarla a la pantalla. El hábil y multifacetal actor, guionista y productor John Wells, dirige su primera película contando con un excelente plantel de buenas actrices y actores y con el apoyo de producción de George Clooney y Grant Heslov y un guión que también firma el autor de la obra.

El resultado está a la altura del desafío. La agobiante, crítica, oscura y al tiempo brillante trama responde bien en la pantalla como lo hizo en los escenarios, con una sola reserva: los gritos y excesos actorales de la obra, en el escenario son más aceptables que en la pantalla, donde los primeros planos y la ficticia cercanía del espectador requería una cierta contención que se adaptara más a un medio que tiene sus propiao código, grandezas  y servidumbres. No es así y Wells permite que sobre todo las dos protagonistas principales de la obra, una madre adicta a los fármacos y una hija dominante y seca, ambas con una dramática historia personal a cuestas, se desmelenen al conjuro de sus frustraciones, su dolor y sus mezquindades.

El disminuido patriarca de la familia desaparece y ante el conjuro de esta huida, las tres hijas del matrimonio, más la hermana de la protagonista y sus respectivos maridos (todos elementos de segundo orden: es un drama de mujeres) se reúnen en la casa familiar para afrontar esa desaparición que pronto desemboca en un presumible suicidio. Pero Wells es un director de rara madurez dado que es su primera pelicula como director. No hay grandielocuencia en las imágenes, todo tiene un aire cotidiano, banal y vulnerable que redunda en la credibilidad de la trama. Las imágenes panorámicas, lentas y hermosas de las llanuras de Oklahoma, le sirven a Wells para contrapuntear la claustrofóbica vivencia coral en la finca aislada. Entonces, cuando pasa de la belleza de un atardecer a la rabiosa afloración de pasiones y sentimientos, de secretos de alcoba y de miserias humanas, al director se le va la cosa de las manos y el espectador parece quedar inmerso en la "hybris" de la tragedia griega, donde todos los desastres son posibles.

Y es que resulta muy difícil poner un cierto coto a la desmesura de Meryl Streep (con su aspecto patético y rabioso de enferma de cáncer de boca) o de la dura y exasperada Julia Roberts. Chris Cooper, Dermot Mulroney, Ewan McGregor o Benedict Cumberbatch (lejísimo de su fabuloso Sherlock Holmes de la pequeña pantalla) da ajustada réplica a las feroces bacantes que integran el elenco, además de las dos grandes citadas, una no menos brillante Margo Martindale, en el papel de hermana de Meryl, Abigail Lewis y Juliette Lewis. Combates interpretativos que dejan al espectador exhausto, mecido o sobresaltado por la magnífica banda sonora firmada por Gustavo Santaolalla.

La corrosiva historia familiar, en la que los vínculo paterno-filiales o los fraternales son sólo la excusa para abrir la caja de Pandora de los reproches, la mezquindad y el odio, "Agosto" se configura como  una película que atrae como atrae una hermosa flor venenosa a los insectos y que no llega a ser una cinta excelente debido a que le sobra una pizca de exceso interpretativo. Uno se pregunta qué hubiera hecho Liz Taylor y Richard Burton  o Dustin Hoffman con un guión como este y con el tipo de director que les hizo triunfar a ellos. Pero, en todo caso, no es el guión el responsable de los excesos. Y, en definitiva, vale la pena (y nunca mejor dicho) sentarse ante la gran pantalla y dejarse llevar por este dramón excesivo, al que le sobran aspavientos y le falta un poco de contención.

 

     

   

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22 enero 2014 3 22 /01 /enero /2014 08:14

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Jabbar Yassin Hussin es un escritor iraquí nacido en 1954 en Bagdad que se exilió en Francia y actualmente vive en La Rochelle dedicado a la jardinería y la literatura. En "El lector de Bagdad" (ed. Siruela) se recogen algunos de los relatos que ha escrito con el desarraigo del exilio y la memoria unidos a algunas visitas esporádicas (a partir de 2003) a su país, ya destruido por la guerra, las invasiones extranjeras y las luchas interiores. Enriquecido por un prólogo magnífico de Alberto Menguel, el libro, editado en 2004, ha llegado a mis manos tras una búsqueda casual entre los libros amontonados en un quiosco de venta de libros usados del Mercado de San Antonio barcelonés. Ya estaba leido y subrayado por un lector anónimo que también dejó curiosos comentarios escritos en los márgenes. Menguel nos recuerda uno de los datos que más me atrae de estos escritores de los países arábes: su acrisolada pertenencia a la "comu hidad literaria más antigua del mundo". Pues aquí nació la escritura, unos signos rudimentarios sobre una tableta de arcilla que indicaban algun tipo de transaccción comerical. Y miles de años después esos signos darían lugar a los cuentos de las Mil y una Noches, a la epopeya de Gilgamesh, a Macbeth o a Sancho Panza, a Kafka y a los cuentos que componen "El lector de Bagdad".

Ya en el mismo comienzo del libro uno cree estar escuchando a uno de esos contadores de cuentos que solían mostrar su arte en los cafetines del barrio sur de Bagdad, junto al perezoso curso de las aguas ocres del Tigris. En uno de estos cafetines tuve la fortuna de escuchar a uno de ellos que, con gran picardía, nos incluyó a los occidentales que lo escuchábamos en el relato. De tal forma que aunque no sabíamos qué decía, sí comprobamos el efecto cómico que producía en los iraquíes que nos rodeaban. Pero volviendo al relato de Jabbar Yasin, nos habla de los tiempos remotos (el año 1258) en que los mogoles entraron en Bagdad a sangre y fuego y cómo construyeron sobre el Tigris un puente para invadir la ciudad. El puente estaba hecho de libros amontonados de la Biblioteca de Bagdad, casi totalmente expoliada. Y dicen que las aguas del Tigris corrieron negras durante algunas semanas  por efecto de la tinta de los libros  y manuscritos que formaban el puente. Encontraremos en las historias del libro, una biblioteca semejante a la de Borges, con libros en blanco que describe el viejo bibliotecario asegurando que "cada uno de estos libros es una gota de nuestra desgracia, de la desgracia de los hombres". En otro relato encontraremos el árbol del santo espino, que crecía junto a la isla de Simbad, en el lugar donde se abrazan el Tigris y el Eufrates. Al parecer el arbusto fue plantado por Adán. En babilónico se le llamó kishkanu y tenía la virtud de curar enfermedades y alargar la vida. Jabbar nos comenta secamente que el arbol se secó durante la dictadura de Saddam Hussein. Los cuentos de  Jabbar juegan con la realidad y la ficción, el hoy, el ayer y las leyendas, un tiempo fuera de la historia, mezclando lugares aunque casi siempre Bagdad es el centro, el ómphalos de todo, aunque a veces parezca Buenos Aires y nos crucemos con un bibliotecario ciego que se llama Borges. O, quizá el propio autor se encuentre en la orilla del Tigris a un muchacho que le recita un párrafo del primer cuento del libro "El lector de Bagdad". Un aire mágico rodea estos cuentos de lectura fácil y emocionante.

FICHA

EL LECTOR DE BAGDAD.-Jabbar Yassin Hussin.-ED. SIRUELA.-104 págs.

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21 enero 2014 2 21 /01 /enero /2014 18:59

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El Médico” de Noah Gordon, al contrario que muchos otros best sellers, es una novela bastante estimable. Narra la historia de Rob Cole, un plebeyo inglés de humilde cuna, cuya fuerte vocación por la ciencia de la sanación le conduce a atravesar el mundo conocido de su época para poder estudiar en la legendaria escuela del mayor sabio en la materia en aquellos entonces, Ibn Sina (conocido por Avicena en estos lares).

 

 Y, aunque hay que reconocer que en los primeros minutos de la cinta creí que estaba viendo una aproximación a lo que esta gran novela cuenta, a medida que avanza la película sufrí un desengaño al observar la ausencia de pasajes y carencia de los rasgos más impresionantes de algunos de sus personajes.

También eché de menos algunos de los momentos más impactantes de la novela y que en la película han sido totalmente ignorados. Así , la recreación de los momentos históricos de la Inglaterra de la época, la muy difícil tarea de conversión y transformación de Rob Cole en Jeese ben Benajamin, el boato y esplendor del reino de Ispahán, la amistad que une a los tres amigos de la “Madraza” con el saha, la carrera épica de Karin, las rivalidades y luchas del reino de Isphaán con sus países vecinos, el regreso de Rob Cole a Inglaterra y el encuentro con uno de sus hermanos. En fin un largo y extenso cúmulo de hechos que convierten la novela en un clásico importante de la literatura, y que su ausencia en la película la desvituan y empobrecen.

Pero hay que dar al César lo que es del César, por lo tanto también es justo reconocer que el trabajo de los actores es impecable, dado que ellos si cumplen fielmente el papel que el guión les ha asignado, destacando sin duda Tom Payne en el doble papel de Rob Cole y de Jeese ben Benjamin, Stellan Skarsgard como Barber, Ben Kigsley como Ibn Sina, y Olivier Martínez como el Sha de Spahán. La fotografía espectacular con unos paisajes dignos de los reflejados en la novela.

En lo referente al tema religioso, resulta evidente que en la película es utilizado como uno de los puntos sobre los cuales giran y controlan a todos los personajes, tanto en su comportamiento como en sus vidas. Resaltando el fanatismo de todas las religiones y los desmanes y barbaridades que se han cometido siempre en el nombre de los respectivos dioses que los representan.

El otro punto de referencia en el cual se apoya la película lo encontramos en la ciencia, y en el empeño y esfuerzo de aquellos que buscan en ella la solución para los males que golpean a los seres humanos que pueblan la Tierra en cualquiera de sus lugares.

Por último recomendar a aquellos que leyeron la novela y quedaron extasiados con ella, que no vayan a ver la película, quedarían tremendamente decepcionados. Realmente no alcanzo a comprender como el señor Gordon, pudo autorizar esta versión tan desnaturalizada de su novela
Los que no leyeron la novela – no estoy seguro- pero quizá puedan ellos disfrutar de la película, pues aun cuando esté muy lejos de la genialidad de la novela, posiblemente pueda resultarles interesante.Una de las mayores virtudes del libro es su estupendo ritmo narrativo. Precisamente uno de los principales defectos de esta, por otra parte, discreta producción cinematográfica firmada por Philipp Stölzl.
Y es que resulta chocante que teniendo un metraje tan dilatado se desaproveche tanto el argumento, debido en buena medida al afán de convertir esta historia de aventuras en un drama romántico. La historia original se deforma una y otra vez a conveniencia del director para centrar el foco en el romance.

Personajes tan importantes como el amigo musulmán y el amigo judío de Rob, Karim y Mirdin, o el mismísimo Shá, son reducidos a un plano muy secundario.
La adaptación de Rob a las costumbres judías, el aprendizaje de lenguas, las desventuras para entrar en la madrasa, la enfermedad, las tensiones con el Shà.... todo desaprovechado.
Y lo peor sin duda la deficiente culminación de la historia, complaciente y mal adaptada, desvirtuando gravemente la intención del mensaje literario de la obra que no es otro que la conciliación cultural a través del conocimiento y la tolerancia.
Esta película solo consigue dicho propósito de forma superficial, resultando forzado en ciertos tramos.

Afortunadamente la magnífica interpretación del maestro Ben Kingsley y el buen trabajo en el diseño de producción y la fotografía consiguen salvar esta producción de la mediocridad absoluta.
Con todo ello y en conclusión, me atrevería a afirmar que “El médico” es un film entretenido pese a su larga duración aunque una pésima adaptación.

MHe leído tres veces el libro de Noah Gordon, un libro de cabecera, una historia apasionante. Rica. Maravillosa. Te transporta de lleno al siglo XI y te permite degustar el avance pausado del personaje y su transformación, así como la evolución del bárbaro occidente al más refinado y erudito mundo árabe, pasando por la realidad judía. El contraste entre la diferentes religiones se percibe muy bien. La historia permite descubrir y degustar (como ningún otro libro que yo haya entontrado) la figura del inigualable genio de Avicena (para mi, un mito a la altura de Mozart o Leonardo). El reto era mayúsculo para la versión cinematográfica... pues bien, mi gran conclusión después de ver la película es que... "esto tiene poco que ver con el libro". Resumir una historia que se hace a fuego lento en dos horas y media es todo un reto y el productor ha optado por adaptar la historia hasta tal punto que... es otra cosa, se queda con el título y se inspira en la esencia de la obra de Gordon para crear una historia paralela.

Partiendo de esta base, es decir que es una "inspiración en el libro", y sin ser un experto en cine, mi sensación es que el director abusa de los planos cortos, en las escenas intimistas (incluso en una plaza de mercado) y parece estar rodada exasperantemente "toda" en estudio... lamentablemente, pues se podría haber jugado muy bien con planos exteriores muy ricos y sobrios (en mi opinión). La figura de Avicena no llega a llenarte de su magestuosidad y por momentos, la historia está llena de tópicos fáciles...

... pese a ello, no puedo ponerle menos de un 6 pues, tal y como se cataloga, la película es interesante. O llega una superproducción cargada de millones que haga una trilogía que valga la pena o será difícil adaptar una obra como esta al cine y superar esta propuesta. ¡Espero que la disfrutéis!i auténtica recomendación es que lean el libro, si aún no lo ha hecho. Disfrutarán mucho más.

 

 

Philipp Stölzl. País: Alemania. Año: 2013. Duración: 150 min. Género: Drama. Interpretación: Ben Kingsley (Ibn Sina), Tom Payne (Rob Cole), Emma Rigby (Rebecca), Stellan Skarsgård (barbero), Olivier Martinez (Shah Ala ad-Daula), Michael Jibson. Guion: Jan Berger; basado en la novela de Noah Gordon. Producción: Wolf Bauer y Nico Hofmann. Música: Ingo Ludwig Frenzel. Fotografía: Hagen Bogdanski. Montaje: Sven Budelmann. Diseño de producción: Udo Kramer. Vestuario: Thomas Oláh. Distribuidora: DeAPlaneta. Estreno en Alemania: 25 Diciembre 2013. Estreno en España: 25 Diciembre 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.

Sinopsis

Rob J. Cole, un niño huérfano de nueve años, es adoptado por un barbero que le enseña el oficio. Durante años recorren Inglaterra montando espectáculos para atraer al público, hasta que su padre adoptivo también muere. Rob seguirá en solitario y conocerá a Benjamin Merlin, un médico judío al que pronto admirará y quien le descubrirá a su mentor, el científico persa Ibn Sina. Rob, determinado a convertirse en un gran médico, iniciará un emocionante viaje hacia Persia, donde se hará pasar por judío para poder estudiar en una escuela que no admite cristianos. “El médico” es la adaptación cinematográfica del best-seller homónimo de Noah Gordon.

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20 enero 2014 1 20 /01 /enero /2014 10:00

Chantaje_en_Broadway_AKA_El_dulce_sabor_del_exito-343443760.jpg

De vez en cuando un clásico desengrasa y revitaliza nuestro amor por el cine. En este caso, es un drama con dos monstruos de la interpretación frente a frente: Burt Lancaster y Tony Curtis (que ya fueron "pareja" --que me perdone Tony, pero entonces aun no habia salido del armario el gran Lancaster -- unos años antes en la entretenida "Trapecio" con una Gina Lollobrígida que parecía estar tragándose continuamente un sapo) con dos papeles antagónicos que bordean la tragedia y esbozan un mundo, el del periodismo de espectaculos, las feroces columnas capaces de arruinar una carrera artística o hundir una revista o una obra teatral. Dirige Alexander MacKendrick y está basada en una novela breve "Sweet smell of succes" de Ernest Lehman, inspirada en el columnista Walter Winchell. Se estrenó en EE.UU. en junio de 1957.

Veremos un Nueva York nocturno, filmado magistralmente en el brillante blanco y negro del celuloide de la época, donde dos depredadores de diferente tamaño, un ambicioso y sin escrúpulos agente de imagen (Tony) y el columnista resabiado, cruel y amoral que borda Lancaster, que suele dar migajas de su atención a cambio de los sucios servicios que Tony le presta. El último, donde se inicia la acción es de tipo muy personal: Tony debe desbaratar un idilio de la joven hermana de Burt con un trompetista de jazz. Para conseguirlo cualquier cosa sirve, desde un escándalo, a involucrar al joven musico en la droga o echarlo en manos de un policía corrupto. La oscura y patológica relación de Burt con su hermana añaden tensión. El drama está servido.

Aprovechando el elemento amoroso de la trama, la película depara una música jazzística de primera calidad, que va contrapunteando los numerosos momentos de humillaciones, mentiras, seducciónes macabras, abusos y demás lindezas, casi todas dinamizadas por el obsequioso y ruín personaje que Curtis compone con maestría (era su primer intento de cambiar su registro de eterno galán seductor por un papel más jugoso). El nivel de violencia y tensión de la obra es elevadísimo aunque en ningún momento se visualizan los hechos atroces que se narran por elipsis (podrían aprender determinados cineastas de hoy). Peor quizá, al margen del drama de los dos jóvenes o de la hedionda relación de poder y humillacion entre los dos hombres, el mensaje más duro e implacable de la película es sobre el poder de los medios de comunicación y el uso abusivo, inicuo, ilegal y rastrero que algunos profesionales hacen de su trabajo, siempre en un toma-daca de dinero, favores, sexo, prestigio o poder. Es una de las mas duras requisitorias del cine contra los medios de comunicación (sin el humor de "Primera Plana"). Apúntense la banda sonora y el tema principal: "The Street", junto con un fondo de jazz lento y pausado que firma "The Chico Hamilton Quartet".

   
 
   
   

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19 enero 2014 7 19 /01 /enero /2014 16:15

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De pronto, en un puesto de libros viejos, entre cientos de volúmenes, encuentro uno ("Antología poética moderna" Poetas españoles e iberoamericanos. Editado por Editorial Barna, posiblemente en los años 40)cuyo autor me llama la atención. Al conjuro de ese nombre, como un relámpago, vienen imágenes inconexas de mi infancia, algo se remueve en un añejo rincón de mi mente. Agustín del Saz, catedrático del Instituto "Ausias March" de Barcelona. Abruptamente aparecen imágenes del pasado a mi cabeza. Son los días remotos en los que, moviendo algún resorte burocrático oficial, mi padre me ha conseguido una plaza en un instituto de enseñanza media. Acabamos de llegar a Barcelona. El curso ya lleva dos meses comenzado. La familia viene de Marruecos, donde mi padre ostentaba un cargo oficial. Es el año 1960. El instituto está en un enorme y ajado palacio de la calle Aribau. Cada mañana debo coger un tren en Premiá de Mar, donde vivimos, para ir al instituto. Estudio 4º de Bachiller y es un curso importante pues habré de enfrentarme a la Reválida Elemental. Sin embargo es un curso doblemente difícil pues he cursado el comienzo en un Colegio de Maristas en Tetuán y debo seguirlo en un ambiente totalmente distinto: un instituto de enseñanza pública y una ciudad desconocida y gigantesca para un niño de 14 años. A trancas y barrancas trato de superar el desafío escolar. Todo es ligeramente hostil y extraño. Sin embargo me encuentro con un  profesor que me atrae. Ama la materia que imparte y ese amor resuena en mí, que ya llevo algunos años, desde el final de mi primera década, fascinado por los libros y la lectura. Es el catedrático de Literatura, Agustín del Saz. Ese irregular y complejo cuarto curso de Bachiller se salda con grandes dificultades con un suspenso en Matemáticas, aprobados por doquier y un sobresaliente en Literatura. Don Agustín se convierte en mi mentor. Me proporciona libros de lectura y me guía en el fascinante mundo literario. Una redacción mía gana el Premio del Instituto a la mejor narración. Don Agustin me entrega el premio: cuatro volúmenes de la editorial Juventud. Julio Verne (De la Tierra a la Luna) Salgari (Sandokán), Herman Melville (Moby Dick) y Dumas (Los tres mosqueteros). Aún los conservo en algún lugar de mi caótica biblioteca. En un aparte, don Agustín me dice: "Sigue así, chico. Te veré publicar y quizá algún día te pueda incluir en una de mis antologías y presumir de alumno." No he olvidado esas palabras. Al curso siguiente me cambiaron de centro y le perdí la pista a don Agustín. Y con esa inconsciencia ingrata de la juventud no volví a saber nada de él. Hasta ayer. Esté donde esté, --quizá como empleado en alguna Bibilioteca celestial o tal vez en la que dirige Borges, subiendo al Cielo a mano derecha,-- me gustaría que le llegara mi saludo afectuoso. No le he olvidado. Solo necesitaba un guiño libresco. Gracias, don Agustín. No he llegado tan lejos como usted, tan generosamente, proyectó para mí, pero no he dejado, ni un solo dia en mi vida, de respirar literatura, de existir para y por los libros. Y de eso, usted tiene bastante mérito. Algún día nos veremos, nuevamente entre libros, en el Séptimo Cielo donde residen los "lletraferits".

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18 enero 2014 6 18 /01 /enero /2014 09:53

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El excelente actor Billy Bob Thornton firma no sólo la dirección de la película sino también el del guión, a medias con Tom Epperson y hace un singular papel de héroe pirado y masturbador en "Jayne Mansfield`s Car", cinta que seguramente se titulará en España (que nadie pregunte por qué) "Infierno en Alabama". Se trata de una comedia bastante negra que habla de lo que ocurre cuando el funeral por una señora muerta en los años sesenta reúne en el profundo sur norteamericano a la familia inglesa del segundo marido de la dama y a los semiracistas retrógrados familiares del primer marido, con sus hijos correspondientes. La confusión, las críticas irónicas a estereotipos culturales y una cierta violencia están servidos en una película que juega con sal gorda y habilidad cómica con todos esos ingredientes haciéndonos pasar un buen rato ante la pantalla. Muy cercano al cine de los hermanos Cohen, Billy Bob demuestra que es tan original, austero y desmadrado al mismo tiempo como director que como actor. Todo transcurre en los años sesenta y eso le da pie al bisoño pero ´prometedor director a mostrarnos una galería de tipos disparatados, hijos de aquélla época y del entorno. La comicidad que resulta de la comparación entre los educados y pomposos ingleses y los americanos vulgares y desenhibidos, van produciendo las imágenes más sonrientes de la película. La rivalidad entre  el ex maridos y el viudo, magnificamente interpretados por dos primeros espadas como Robert Duvall y John Hurt, soldados de la 1ªguerra mundial con sus hijos, Kevin Bacon o Billy Bob, heroes heridos de la 2ª, es más seria y reflexiva de lo que parece tras su vestimenta de humor. Con ciertas desmesuras casi de vodevil casposo, la película resulta interesante aunque la critica norteamericana se ha cebado contra el pobre Billy Bob, cosa que me parece injusta. ¡Ah! ,y el guiño del título (el americano, no el español) una acerba critica a la feroz mitomanía comercializada del norteamericano medio, me parece de lo más divertido. En resumen, una película apreciable, pese a los cambios de ritmo, algunos excesos de guión y ciertas incoherencias.   




     

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16 enero 2014 4 16 /01 /enero /2014 10:09

mar interior

 

Philip Hoare pertenece a esa estirpe de escritores aventureros y eruditos que Inglaterra regala al mundo, desde T.E. Lawrence a Patrick Leigh Fermor, pasando por Lawrence Durrell o Robert Louis Stevenson. Cantante y musico punk en los setenta, comenzó a publicar libros en los noventa, biografías o analisis de autores como Noel Coward o Wilde, libros de historia o sobre lugares insólitos. Viajero impenitente y biólogo de vocación, Hoare despegó en su faceta de escritor de culto con el libro "Leviatán o la ballena", en el 2010, que mereció la crítica entusiasta de un buen grupo de exquisitos de la literatura y hace unos meses, también bajo el sello de "Ático de los libros", nos ofreció "El mar interior" donde insiste en un tipo de libro inclasificable que oscila entre los géneros de la autobiografía, el libro de viajes y aventuras o el ensayo científico. En este caso Philipp nos muestra su amorosa erudición sobre determinados animales, desde los marinos, ballenas y delfines o focas, hasta los pájaros, con una formidable descripción de los cuervos o referencias a escritores como Alfred Tennysson, fotógrafas míticas como Julia Margert Cameron  o fascinantes antepasados del escritor, todos arrullados por los "gemidos del vagabundo mar" que es el auténtico protagonista de este libro peculiar y fascinante.

Pero no es una admiración de erudito o científico, sino de hombre de acción. Hoare busca la comunión entre su cuerpo y el mar, continuamente, de forma cotidiana y alborozada. Si nos habla de las ballenas es porque ha buceado entre ellas, porque ha nadado entre delfines, porque busca continuamente el contacto con esos animales que admira y respeta, sin importarle el tiempo, ni la temperatura o el peligro. Sus ensoñaciones casi oníricas del mar, las costas, el agua cristalina, las olas furiosas siempre creándose a sí mismas, recuerdan un poco las paradojas de Chesterton y las arrobadas descripciones de otro Durrell, no Lawrence, sino su hermano Gerald, biólogo entusiasta que une a su amor por el mundo animal un humor sutil.

Ese entusiasmo es que brilla con luz propia en las páginas de Hoare, que incluso nos asegura que "el mar nos da sustento y nos amenaza, pero también es nuestro lugar de origen" (pag.57) y nos recuerda las teorías de Callum Roberts, Desmond Morris y Elaine Morgan que sostienen que somos "simios acuáticos" y que estando formados por un 50% de agua, "todos tenemos nuestro mar interior" y estamos más dotados para la natación y el buceo que para las carreras o el volar. Sin solución de continuidad, ese amor acuático impregna las historias que se van desarrollando de forma aparentemente espontánea sobre inmersiones y viajes en las Azores, Sri Lanka o Nueva Zelanda, sin olvidar las aguas de su país.

Y de vez en cuando, de forma inesperada, su foco de atención deja de ser marino para ocuparse, como dijimos, de los cuervos o del tilacín o Tigre de Tasmania, dejando entrever una dura y dolorida crítica a la actuación depredadora humana respecto a especies que se han extinguido o están en peligro de ello.

Las observaciones y juicios de Hoare toman a menudo un sesgo poético o reflexivo de enorme calado. Aún me hace reflexionar el comentario metafísico con el que acaba uno de sus capítulos; "Nuestro primer temor es el abandono; nuestro último miedo también. Todos dejamos nuestro hogar para encontrarlo y corremos el riesgo de perdernos para siempre" (pag.67). Pero la enseñanza implícita en "El mar interior" no nos habla de pérdida sino de hallazgo. El de un hogar difícil y variable pero cuya belelleza y pertenencia es indiscutible: el mundo en que vivimos, que exige respeto y ofrece gratificaciones vitales sin cesar.

 

Amenizado con dibujos y fotografías, el libro de Hoare es un placer y un reto. No sólo nos informa y atrae nuestra curiosidad e interés, también  nos alecciona y nos reclama amor y respeto a la naturaleza. A través de sus "mares" diversos, el suburbano, el del sur, el del vagabundo, el interior, Hoare despliega una prosa austera pero brillante y unos conocimientos enclopédicos pero mostrados con la gracia y el encanto de un prestidigitador, y lo hace de tal manera que uno comprende que se trata de un convencido, de un fanático amante de la vida natural y su defensa a ultranza.  Y acaba: "Mi cuaderno de notas descansa en la mesita de noche de mi habitación. Allí está todo, invertido entre sus páginas: las postales y las hojas secas y los recibos que guardo, los pedazos de piel de ballena, los esbozos de plantas y animales desconocidos. En ausencia de todo lo demás, esto es mi hogar, mi vida entre espirales y tapas de cartón negro, el ancla que suelto en los mares por los que navego...Es hora de volver a casa "(pag 308).

 

FICHA

EL MAR INTERIOR.-Philip Hoare.-Traducción Joan Eloy Roca.-Ed. Ático de los  Libros.333 pags 

 

 

 

 

 

 

 

 

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15 enero 2014 3 15 /01 /enero /2014 08:20

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Que un filósofo como Eugenio Trías, recientemente fallecido, se dedicara en algún momento a reflejar en un libro su amor por el cine es algo muy sugestivo no sólo para los filósofos, también para los cinéfilos. Para los primeros porque aplicar una mente lúcida pertrechada en el hábito del análisis a ese séptimo arte que es la primera actividad artística que mezcla narrativa, pintura, fotografía y música, poesía y ciencia, es una fuente de inteligentes sugerencias. Y para los segundos porque recibirán de una mente notable la visión intensa de un placer compartido que despertará sensibilidades y observaciones distintas, una forma diferente de completar el círculo artístico que emana de la visión de una película.Evidentemente como él mismo reconoce en su prólogo, la selección adoptada  por Trías es absolutamente subjetiva, es una selección correcta aunque incompleta y en algún punto discutible. Como decía Quevedo, "ni están todos los que son, ni son todos los que están". Pero referirse a las películas más importantes de Hitchcock, de Stanley Kubrick, de Orson Welles, de Coppola, de Tarkovsky, de Fritz Lang o de Bergman y David Lynch, no es precisamente una mala elección. Trías vehicula sus comentarios mostrando un concepto, una idea o un simbolismo como si estos formaran en las obras de esos directores una especie de corriente subterránea que emana aquí y allá en una secuencia o un plano, en el desarrollo del argumento. Y así nos habla de "La inteligencia y sus fantasmas" cuando comenta las peliculas de Kubrick, desde "Atraco perfecto" a "Eyes wide shut". De "catastrofes y contratiempos" sobre Ingmar Bergman y su "Fresas salvajes" o "Gritos y susurros". De "mundo aparte" a Coppola y la trilogías de "El padrino" o su "Drácula" . De "Grandes mansiones e historias de amor" sobre Hitchcock y "Rebeca", "Recuerda" o "Vértigo". Para terminar su interesantísima, aunque no demasiado original exposición, Trías nos ofrece su propio "canon" sobre la diez mejores películas de la historia del cine. Pero él rechaza la limitación numérica para proponer diez "constelaciones" es decir diez directores con sus obras más emblemáticas. Como he escrito antes: un libro para amantes del cine, en todo caso.

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FICHA

DE CINE.-Aventuras y extravíos.-Eugenio Trías.-Galaxia Gutenberg. 366 págs. 23 euros 

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