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1 enero 2014 3 01 /01 /enero /2014 08:11

12-anos-de-esclavitud-cartel-2.jpg

 

He aquí una película que parece haber sido facturada en todos sus extremos para remover la conciencia crítica del aletargado Hollywood, provocar el picazón del Oscar y calmar la mala conciencia de los norteamericanos respecto a algunos episodios de su historia, a base de golpes de pecho fílmicos, cuanto más contundentes mejor." 12 años de esclavitud", dirigida por ese sosias nominal del actor Steve McQueen (muerto en 1982) que brillaba en "Bullit" y "La gran evasión" y que es una persona totalmente distinta.  Director, que no actor, negro en plena negritud y no rubio con ojos azules, más inteligente y creativo y con una trayectoria crítica, social y artística varios enteros por encima del discutible y duro McQueen actor. Ah, y se llama axactamente así, el negro director, porque su padre se habia quedado fascinado con "Bullit" y pretendió hacer un homenaje al actor poniéndole el nombre y apellido a su hijo. Lo cierto es que el McQueen negro ha hecho olvidar casi totalmente al Mc Queen blanco. Ya con su primera película "The Hunger", sobre la guerra del Ulster, cautivó al público con su ferocidad crítica y su buen hacer tras la cámara. Después "Shame" encendió las luces rojas con un Michael Fassbinder obsesionado por el sexo. Y ahora, bate los cañones de la inhumanidad con una visión de la esclavitud que supera en horror y encarnizamiento al "Django" de Tarantino --que banaliza la esclavitud por el exceso y los guiños gamberros del genial Quentin--  y por supuesto al "Lincoln" de Spielberg tan académico como inane o a "El mayordomo" que se queda en postal de antiguedades.

Basada en una obra autobiográfica, como "El mayordomo", pero escrita un año antes que "La cabaña del Tio tom" (año 1852), nos narra la atroz aventura vital de un hombre libre --negro-- que es secuestrado en el norte de los Estados Unidos para formar parte de las tristes legiones de esclavos del profundo sur. Interpretada por Chiwetel Ejiofor, correcto pero empalidecido ante los actores blancos que le rodean, el mismo Fassbinder y Brad Pitt entre otros, la historia provoca  al espectador con su relato de demencial violencia y abuso de unos seres humanos por otros solo a causa del color de su piel. Doce años de esclavitud que dejan un sabor amargo en la boca y las retinas del espectador pero que al mismo tiempo provocan un cierto rechazo, debido a la sutil y vergonzante sensación de que se nos está manipulando emocionalmente. Pero aun así, la película no deja indiferente a nadie y sostiene un nivel de calidad superior, que le ponen a la altura de uno o dos Oscar bien merecidos (y no diré en qué apartados).

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31 diciembre 2013 2 31 /12 /diciembre /2013 10:42

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Dentro del ámbito del género carcelario ha habido películas bastante notables, desde la "Brubaker" del inmarchitable Robert Redford allá por los setenta o la española, magífica, "Celda 211", o las menos conseguidas de "Fortaleza infernal" con el ligeramente estrásbico Christopher Lambert, protagonista de "Los Inmortales", aquél serial de cortadores de cabezas abocados a la eternidad o incluso las clásicas al estilo de "Papillón" con un Dustin Hoffman que ya daba muestras de su arte camaleónico. En esta ocasión tenemos la oportunidad de revisitar el trabajo de dos vejetes en forma, clásicos del género forzudín, muy en la linea de estas peliculas de reunión de amigos de la tercera edad, tipo "Jubilados en acción". Se trata de Silvester Stallone, alias "Rocky" y el enorme y mucho más autoparódico Arnold Schwarzenegger, metidos en la piel de dos presos (uno estilo "Brubaker", de quien en esta película se roba la idea motriz argumental y otro, el "compa" leal que, en contra de lo habitual, no morirá en el intento de ayudar a su amigo). Por lo tanto, en un recorrido lleno de bofetadas y fiambres violentos, no hay mucho que resaltar. Excepto, claro, divertirse con estos dos carcamales aún en buena forma (para su edad) que han logrado pasar a ser entrañables sin dejar de ser pésimos actores. Mikael Hafström dirige la enorme broma semipalomitera y pseudo cine de acción, podría encantar como película de domingo en cualquier geriátrico con imaginación lúdica. Y además tendrán ocasión de ver al gran Sam Neill haciendo de médico poco convincente ,junto a Jim Caviezel como malo, con actuaciones poco menos que olvidables y más pendientes del sueldo que recibirán al final por ese divertimento.

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29 diciembre 2013 7 29 /12 /diciembre /2013 09:22
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Bastante atractiva y original versión del clásico de Shakespeare, "Much ado about Nothing". Realizada por el norteamericano Joss Whedon, en una casa moderna --creo que es la propia del director--  en nuestra época, con actores y actrices vestidos como ejecutivos de Wall Street y un tiempo récord de dos semanas, la película atrae desde el primer momento en el que uno, con notable sorpresa, ve a contemporáneos nuestros hablando con la gracia y la compleja estructura del diálogo shakesperiano. Quizá el amor a  los textos del gran William me haga ser tolerante con ciertos defectos y contrastes paradójicos entre el lenguaje empleado y el ambiente donde se producen los hechos, pero creo que vale la pena captar el esfuerzo, la imaginación y la osadía artística que son precisas para llevar a cabo con cierto éxito una empresa semejante.
Las películas en las que textos clásicos son deconstruidos respecto a su tiempo histórico y recreados en épocas y ambientes ucrónicos, ofrecen un alimento agradable al paladar cultural. Y así vimos un Ricardo III con simbología nazi por doquier o un Hamlet, "príncipe" de una corporacion financiera  o el “Ran" de Kurosawa (El Rey Lear) o "Romeo debe morir". El intento de Joss Weldon ("Los vengadores" o "La cabaña en el bosque"  es desenfadado y ambicioso, aunque hay momentos en los que la acción se vuelve confusa, el parloteo frivolo de los personajes se enquista con el ambiente y los ejercicios de imagen rompedora aparecen como al margen de la belleza de las palabras que unos y otros pronuncian. Quizá por esa y otras razones, se queda muy por debajo de la trepidante versión de Kenneth Branagh. Pero la oportunidad de volver a gozar con los enfrentamientos dialecticos de Beatriz y Benedicto sobre el amor, la ingenuidad de la ralción sentimental entre los dos jovenes Claudio y Hero o la perfidia del hermano del noble  don Pedro de Aragón empeñado en destrozar los amores de esos jovenes, justifica sentarse ante la pantalla.

 

 

 

           
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28 diciembre 2013 6 28 /12 /diciembre /2013 08:53

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El director Conor Allyn, bajo bandera indonesia, perpetra este trepidante thriller con bastantes defectos y dos virtudes esenciales: el desparpajo en mezclar el género de los colegas policías con el del terrorismo mezclado con la delincuencia de altos vuelos, proponiéndonos una película que deja mucho que desear pero que al mismo tiempo es divertida y en algún punto transgresora. En los carteles, el musculito Kellan Lutz (bastante mediocre) comparte estrellato con un Mickey Rourke (a años luz de "Siete semanas y media") convertido en un fornido y barrigón Falstaff con sus greñas rubias, su rostro patibulario y su sarcasmo de matón filosófico. Y sin embargo el que actúa con más corrección y profesionalidad es el policía compañero de Lutz, que se llama Ario Bayu y es indonesio.

La cosa va de atentado sangriento, secuestro de una sultana, islamistas de cómic, malo refinadamente destestable, pedófilo y sádico, bueno tontorrón, policía listo, exteriores suntuosos en belleza y pintorescos, antiguos palacios, pirámides, mezquitas, templos y calles atestadas en la bella Java, final tenso in crescendo y resolución feliz, todo ello rodeado de la música contagiosa de Justin Caine y una realización algo descuidada pero voluntariosa.

Buena para pasar una tarde domingo con palomitas y competir con los amigos en detectar fallos.



     

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27 diciembre 2013 5 27 /12 /diciembre /2013 08:31

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Con "La piedra de la paciencia" he seguido el camino inverso al usual: he visto la película antes de leer la novela. Ambas pertenecen al mismo autor, Atiq Rahimi, afgano nacido en Kabul en 1962, refugiado en Francia, que escribe en francés y recibió el premio Goncourt en 2008 por esta novela. Escrita en un estilo pleno de acotaciones, como si se tratara de un guión de cine o una obra de teatro, con una verbalización directa y sencilla, en ocasiones poética en su esquematismo, con escasos adjetivos y observaciones agudas, tiene la facultad de crear una estructura ambiental que retrotrae a la narrativa esquemática, despojada de adornos y casi onírica de un Samuel Beckett al que le hubieran propuesto que describiera la "Cinco horas con Mario" de Delibes en versión musulmana, un "Esperando a Godot" con referencias constantes a Alá, el Corán y una historia de desamor trágico entre una mujer árabe y su marido, inmovilizado y catatónico por un balazo en la nuca que sólo respira, tendido en un  colchón, con los ojos abiertos y convertido en un vegetal que es puro silencio.

Es decir la simbología perfecta con la piedra a la que hace referencia el título: una piedra a la que la mujer va contando sus secretos, sus temores y sus deseos frustrados, su penosa vida de ser humano reprimido y maltratado por una cultura que las cosifica y las desprecia. Según una leyenda persa, la piedra de la paciencia "escucha" todos esos mensajes hasta que revienta y conduce a la liberación del pasado de la mujer que ha confesado sus fantasmas y de esta forma impide que la envenenen.

La mujer cuida el cuerpo de su marido, le cambia la ropa, le pone colirio en los ojos, le alimenta con suero en un gota a gota, mientras la guerra civil le rodea --disparos, bombas, combatientes que invaden la casita y buscan a la mujer, y con dos niñas pequeñas, sus hijas, que lloriquean de hambre y miedo en la habitación de al lado. Violencia, fanatismo, opresión, dureza ingente de una vida sin esperanzas. No importa qué ciudad es, ni siquiera qué pais, sólo que es musulmán y que la protagonista es una mujer, en la que toda la miseria de ese mundo toma caracteres aún más insidiosos y humillantes que para los hombres.

Entre esas cuatro paredes, como la mujer del Mario de Delibes, los secretos y temores del alma femenina van surgiendo y con las palabras, la rabia, el miedo, la humillación, los deseos...y los secretos más íntimos, los ecos de la sexualidad angustiante de la mujer y las historias que ha debido ocultar en el fondo de su corazón y que ahora se permite desvelar a ese cuerpo, el de su casi desconocido marido, que sólo respira y no vive.

Y aquí es donde la película --no lo olvidemos, dirigida por el mismo autor de la novela, Atiq Rahimi-- se despega y quizá obedeciendo a las "leyes" del mercado, se hace menos dura y radical, menos trágica. Permitiéndose un final que deja una puerta abierta frente al cierre abrupto y fatal de la novela. De esta forma se establece un interesante debate sobre las dos formas de narrativa y sus limitaciones. Y esos cambios nos parecen comprensibles pero también lamentables. En fín, quédense con la novela, pero no dejen de ver la película. Como casi siempre, el texto llega un paso más adentro, más profundo e impactante que la mejor de las películas posible sobre la misma obra. Son dos artes diferentes y en "La piedra de la paciencia" tenemos un ejemplo perfecto.

En la novela vivimos en primera persona la fuerza de los sentimientos arrasadores de la protagonista, la lucidez poética de sus emociones, la desgarradora humanidad de una mujer bella e inteligente que está rondando por las puertas del infierno desde la niñez. Y la serie de pequeños subterfugios, mentiras y ocultaciones de superviviente, los deseos cercenados, la violencia absurda, el sometimiento irracional que van tomando cuerpo a través de la confesión, en un recital escalofriante. Un mundo cerrado que supera en horror a los intelectualizados "huis clos" de Sartre o a las mujeres ardientes de García Lorca, encerradas entre las cuatro paredes de la ignorancia y el fanatismo religioso y social.

FICHA

"LA PIEDRA DE LA PACIENCIA".-Atiq Rahimi.- Ed.Siruela.-Traducción Elena García-Aranda.-114 págs.14,90 euros.

 

 


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26 diciembre 2013 4 26 /12 /diciembre /2013 16:30

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Vamos a terminar el año con un apasionante libro del escritor y periodista norteamericano Carter Phipps, editado por Kairós, sobre el movimiento intelectual, literario, científico y poético que se está generando espontáneamente en torno a una de las ideas capitales de la cultura occidental, la evolución. Lo que en los 60 y 70 fue el libro de Marilyn Ferguson "La conspiración de Acuario"  (una conspiración desprovista de objetivos políticos, carente de programa y de proclamación, integrada por intelectuales de las más variadas disciplinas que se valen de estrategias pragmáticas, incluso científicas, con una perspectiva emparentada con la mística, para tratar de cambiar la percepción del mundo y nuestra postura frente a la naturaleza) y en esa misma época el libro de Thomas Khun sobre "La estructura de las revoluciones científicas" , con su aporte del término "paradigma" (designa todos los compromisos compartidos por una comunidad de científicos. Por un lado, los teóricos, ontológicos, y de creencias y, por otro, los que hacen referencia a la aplicación de la teoría y a los modelos de soluciones de problemas). Conformaban ambos libros un tipo distinto de paradigma científico-cultural. El libro de Phipps, "Evolucionarios", es a mi entender la propuesta de nuestros días a una empresa semejante, revolucionaria y fascinante que tiene la misma esencia de la Conspiración de Acuario y busca un cambio de paradigma tan radical como aquél, involucrando los trabajos y mensajes de científicos, filósofos y buscadores espirituales. Hablamos de personas de un arco que engloba desde Darwin, el padre de la evolución como doctrina, hasta filósofos con Teilhard de Chardin o Jean Gebser, maestros espirituales como Sri Aurobindo y tratadistas como Ken Wilber. Phipps sugiere que de una forma convergente y no intencional todas esas mentes lúcidas siguen un camino que lleva a una nueva visión de la realidad, en la que la ciencia y la espiritualidad se dan la mano en un paradigma que podría llegar a cambiar la relación humana con nuestro planeta. Para ello divide su libro en cuatro apartados: reexaminando la evolución, reinterpretando la ciencia, recontextualizando la cultura y reimaginando el espíritu. Una lectura imprescindible para empezar el nuevo año.

 

FICHA

"Evolucionarios. El potencial espiritual de la idea más importante de la ciencia".-Carter Phipps.- Editorial Kairós
Traducción: David González Raga.-PVP: 19,50 euros.-Páginas:    496

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24 diciembre 2013 2 24 /12 /diciembre /2013 08:29

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Wadja o "La bicicleta verde", es una película amable, crítica y realista sobre la situación femenina en los países árabes, concretamente en Arabia Saudí, inscrita en una serie de  cintas como la magrebí "La fuente de las mujeres", la iraní "Persépolis" o la afgana "La piedra de la paciencia", todas ellas de distinta factura pero todas ellas animadas por un loable y difícil cometido, mostrar, más que denunciar, al mundo la peculiar y lamentable situación de las mujeres musulmanas en sus países en nuestra época (situación no tan alejada de las vividas en occidente en otras épocas y cuyos maniffestaciones más encubiertas persisten aun en nuestro tiempo).

La película ha sido dirigida por Haifaa Al-Mansour, una joven saudí, octava hija de un poeta afamado en Arabia, Abdul Rahman Mansour, que se ha formado profesionalmente en Australia y se muestra en esta su primera película muy cercana estilísticamente y en su afán de denuncia --suave-- al cine iraní.

Vivimos la historia de una niña que quiere una bicicleta verde, una niña que calza deportivas junto a la exigencia del pañuelo en la cabeza, el chador, y la represión permanente a su sexo que es enseñado y asumido en la escuela  y tiñe la vida cotidiana de todas las mujeres, de niñas a ancianas, en una sociedad que privilegia al hombre y reprime y esconde a las mujeres. Para lograr obtener la bicicleta debe transitar continuamente por el borde de la navaja de lo prohibido y lo tolerado, luchar contra la tradición que prohibe a las niñas montar en bicicleta --por razones de índole sexual--, la hace participar en un concurso de recitación de versículos del Coran para obtener el dinero que vale la bici y la enfrenta en  definitiva al estamento escolar y al social, hasta llegar a un final poco verosímil en la realidad social que vive Arabia Saudí --uno de los países árabes más tradicionales y fundamentalista--  pero sí enaltecedor: cuando la mamá de la niña cede en su prohibición, compra la bici a Wadja y la anima a que siga defendiendo su derecho a ser diferente.

La jovencísima Waad Mohammed da vida, muy convincente y encantadoramente, a esa protagonista pícara e inteligente que trata de pasear su ansia de libertad --simbolizada en ese uso de la bicicleta-- por un país donde las personas de su sexo están brutalmente discriminadas, bajo las cadenas de los velos y el silencio. Con una inteligencia descriptiva de gran alcance, la cineasta deja en el aire el final de la película, con la niña montando su bicicleta, parada ante un carretera muy transitada, dudando entre cruzar o no. Final simbólico abierto que el espectador observa en suspenso, completamente seducido por la osadía y vulnerabilidad de la niña y sensibilizado por la situación social descrita.

 

 

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21 diciembre 2013 6 21 /12 /diciembre /2013 10:24

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 Delicioso librito de la traductora Dolores Payás. Al tratarse de una experiencia personal, la obra tiene el encanto y la frescura de unas pequeñas memorias sobre algo inusual entre traductoras y autores, una efímera pero bella amistad entre Dolores y el escritor Patrick Leigh Fermor, el interesante autor de "El tiempo de los regalos", "Entre los bosques y el agua", "Tres cartas desde los Andes" o "Tiempo de callar" (que ya comenté en esta página), entre muchas otras obras. El tono amable, culto, lúcido y alegre de estas crónicas de las conversaciones y visitas entre Dolores y su autor, lo conviert en una lectura apacible y casi espiritual. Autor celebérrimo en los paises anglosajones como modelo de escritor viajero, los apuntes que Dolores deja caer sobre la apasionante vida de PLF, su insobornable independencia, humildad y lucidez, nos ofrece un retrato holístico de esa persona que, se me antoja, me recuerda a un T.E. Lawrence, al que le han injertado algo de Burton, unas gotas de Fitzgerald y un sabor al otro Lawrence, David Herbert, autor de culto y objeto de persecuciones por su "El amante de Lady Chatterley" pero gran viajero. Me ha encantado este librito de apenas cien páginas en formato de bolsillo. He gozado con la descripción del día a día de la vida de PLF y el testimonio de su mente brillante y sarcástica. Como dice Dolores Payás hablando del hogar de PLF y de sus libros, "era habitar dentro de un sueño elíseo cuyo tempo transcurría en otra dimensión: un paréntesis de poesía del que quedaba excluida toda sordidez". Eso ocurre con la lectura de este librito. De verdad, léanlo.

 

FICHA:

DRINK TIME!.-(EN COMPAÑÍA DE PATRICK LEIGH FERMOR).- Dolores Payás.-Ed. Acantilado. Cuadernos 59.- 110 págs. 

 

     

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20 diciembre 2013 5 20 /12 /diciembre /2013 10:07

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Caminante por antonomasia (en 1933, con menos de 20 años, caminó desde Holanda hasta Estambul) soldado legendario contra los nazis, erudito y poeta, escritor de pocas obras --pero de una insobornable belleza literaria-- donde narraba sus viajes, inglés por crianza y vocación y griego por amor, Patrick Leigh Fermor, que murió en 2011 con más de noventa años, se ha convertido en un autor de culto cuyas obras están a la altura  de los grandes escritores viajeros ingleses, los tres Lawrence clásicos, Durrell --Grecia y Egipto), T.E. Lawrence (el líder legendario de la lucha contra los turcos en Arabia) y D.H. Lawrence (con sus fascinantes novelas sobre México y otros paises).

Las obras que hoy recomiendo encarecidamente, "El tiempo de los regalos" y "Entre los bosques y el agua" han sido editadas conjuntamente en un solo volúmen por RBA con traducciones de Jordi Fibla e Inés Belaustegui (hubo en 2001 y 2004 dos ediciones en castellano de cada libro por separado en otras editoriales, ambas agotadas) y recogen las vivencias y comentarios de P.L.Fermor de aquél viaje increíble desde Rotterdam hasta Hungría, siguiendo los cursos del Rhin y el Danubio por el corazón inquieto de la vieja Europa. Falta el tercer volúmen que nos hubiera llevado con él hasta Constantinopla, el nombre clásico de Estambul. Fermor era un escritor lento y concienzudo y cuando murió estaba trabajando en ese libro que llevaba decenios por escribir. Así que el "Continuará" ironicamente escrito en la última página de "Entre los bosques..." seguramente jamás verá la luz.

La Europa tradicional que nos relata, la de entreguerras, con el nazismo surgiendo osado y brutal en la Alemania que describió, tiene el encanto oscuro y legendario de un enorme daguerrotipo amarillento, un documento histórico, literario y artístico que recuerda las novelas de Stefan Zweig o de Sandor Marai, salpicado con la humilde erudición de un joven aventurero con la formación humanística y poética de un Lord Byron (repase el lector las páginas 111 y siguientes para tener una idea "sólo" de la enormidad de material de diversos autores --principalmente clásicos-- que el veintiañero ya había memorizado, y más tratándose de un estudiante díscolo y caprichoso que habia sido expulsado de las mejores escuelas).

Como raras veces ocurre, PLF reafirma con su vida personal el mensaje cualitativo que nos ofrece su obra. Los datos biográficos van surgiendo junto a la vivencia y el recuerdo, en una mezcla apasionante y ajena a la vanidad y a la exageración que se convierte en un delicioso y ameno recorrido que deja boquiabierto y seducido al lector. Pues esa es la característica esencial de PLF, un desbordante amor a la vida, unido a un ejercicio dinámico, a veces heroico, del valor, la osadía, la curiosidad, el sentido humanitario, el humor y la sensibilidad e inteligencia de un hombre notable. Sus aventuras bélicas en las islas griegas y su historias de amor le convierten en una especie de Casanova brillante pero modesto que narra,  sin  darse importancia, historias tan electrizantes que dejan de manifiesto el punto crucial de la personalidad del escritor: su enorme capacidad de seducción.

Convertido por la Reina inglesa (a regañadientes del propio Fermor) en Sir por su genial aportación literaria e histórica, el gran "Paddy", a secas, como exigía que le llamaran, falleció en silencio y humildad, como uno de esos cartujos que él acompañó en su "Tiempo de callar" (ya comentado en estas páginas). La narración del viaje, escrito cuarenta años después de realizarlo, constituye una guía de estilo de vida para el perplejo lector, un libro digno de ser paladeado poco a poco, con un mapa de Europa en las manos y una libreta de apuntes donde rescatar impresiones y vivencias.

"El tiempo de los regalos" parafrasea el comienzo de un poema o villancico de Louis Maneice --dedicado a la Navidad-- con el que adorna el comienzo del libro, junto a una cita de Petronio y otro poema de George Herbert. Pero el tiempo ha convertido ese título en el concepto esencial indirecto del libro: lo que nos ofrece Fermor es la constatación literaria de que el tiempo de los regalos es justamente el tiempo de nuestra juventud, o lo que es igual, el tiempo de vivir con ilusiones, valor y osadía, con curiosidad insaciable de todo lo bello que nos rodea y la capacidad y arrojo para vivir la vida de la forma más honesta y libre.

Como epítome a este comentario, reproduzco los versos del abuelo de Carlos V, Maximiliano, citados por Fermor en la página 291:

"Vivir, no se cuánto tiempo//Y morir, no se cuándo//Deber ir, no se adónde//Me asombra que esté tan alegre". 

 

FICHA

EL TIEMPO DE LOS REGALOS y ENTRE LOS BOSQUES Y EL AGUA.- Patrick Leigh Fermor.- Editorial RBA. 30 euros.703 págs.


 

 

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18 diciembre 2013 3 18 /12 /diciembre /2013 15:24

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 No es la primera vez que asistimos a un week-end de parejas más o menos en conflicto con el deseo de arreglar las cosas y reverdecer viejos sentimientos. Al cine se le da bien ofrecer historias de segundas oportunidades y generalmente suele ser sumamente realista, es decir, acaban mal. En esta agradable, agridulce, sardónica y deliciosa "Le wee-kend" ("Siempre nos quedará Paris", dulce referencia a "Casablanca" que también acaba mal, aunque sea por una forzada separación) no es el final lo que marca la calidad de la película, sino el desarrollo, el proceso de la relación entre dos personas angustiadas por el paso del tiempo y el deterioro de los sentimientos. Y si esas dos personas están encarnadas por dos grandes actores, Jim Broadbent y Lindsay Duncan (¿para cuándo un Oscar a ese soberbio actorazo de ojos azules y sonrisa bondadosa?) pues resulta que nos da igual si se van a apañar o si se irán cada uno por su lado. Lo que cuenta es el recital de emociones, miradas, palabras, gestos de una pareja de actores en estado de gracia.

El guión lo firma Haniuf Kureishi, inglés descendiente de pakistaníes, al que conozco por una novela suya que me impresionó, "El Buda de los suburbios". Con algún "pero" sin demasiada importancia, el guión es excelente y nos acerca sabiamente a la pareja, considerados uno por uno, al tipo de relación que llevan, sus referencias al pasado, sus problemas y después, a mitad de película, la aparición casual en Paris de un viejo discípulo de Jim, encarnado histriónicamente por  Jeff Goldblum, que según parece debía perfilarse como la piedra de toque de la calidad y cohesión de la pareja. En realidad no es así. Jeff es excesivo, anecdótico, no agrega casi nada a la trama sentimental de la película (¿problema del actor, del director, Roger Michell, o del guión?) y acaba desvaneciendose ante la indiferencia de los dos casi ancianos conyuges. Pero, aparte de eso, todo lo llena la caligrafía delicada y sutil de la relación reflejada en la cinta de una manera elegante. Con algun momento penoso (la escapada sin pagar del restaurante o la prepotencia de LIndsay mostrandose en una sadica dominación sexual que les envilece a ambos), la valoración es muy positiva. Los personajes dejan un regusto amable por su inteligencia, su sensibilidad y su eventual ternura, aderezado todo con un brillante sentido del humor y una visión lúcida pero crítica y sin remilgos de lo que es la vida y sus problemas. Por cierto, se nota cierta predilección por el personaje encarnada por Jim. No les culpo a director y guionista. Yo también lo preferiría. Y mi mujer también.

 

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