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15 noviembre 2013 5 15 /11 /noviembre /2013 08:18

Los_anyos_de_peregrinacion_big.jpg

Después del desafío de los tres libros del "1Q84", no sólo argumental, sino estilístico y de factura de los personajes, Murakami vuelve a sus tics literarios con "Los años de peregrinación del chico sin color". Los elementos más visibles son reiterativos, nuevamente la música cumple una función importante en la trama, el personaje es un solitario treintañero culto y observador, el amor, el enamoramiento, la pasión y el sexo van de la mano en la historia, los detalles se multiplican, vestimentas, platos de cocina, pequeñas faenas cotidianas contadas son pulcritud escueta, las reflexiones abundan y las voces íntimas suenan con verosimilitud, todo hace un conjunto agradable de leer y que tiene un "sabor" que ya relacionamos inmediatamante con Murakami, aunque no sepamos si lo que leemos es de él.

En esta ocasión son las suites de piano llamadas "Los años de peregrinación" de Listz y sus piezas componentes las que van contrapunteando la búsqueda del "chico sin color", Tsukuru Tazaki, que busca a sus amigos del pasado para intentar comprender porqué fue cruelmente excluido del grupo, un día cualquiera sin ninguna explicación, abocándole a un infierno íntimo que sólo parecía desembocar en el suicidio. Él se siente un "chico sin color" no sólo porque a diferencia de sus cuatro amigos del grupo su apellido no hace referencia a ningun color, sino que su propia vida carece para él de sentido y de contenido.

No hay aquí la crítica social aguda de "1Q84", ni el romanticismo hipertrofiado de otras de sus obras, como "Baila, baila, baila", y perfila con cuidado los elementos y sugerencias sobrenaturales que suelen ser marca de la casa, sólo insinuándolos sin dejarse llevar por ellos. La historia, pese a su aparente banalidad, está muy bien contada y el autor nos sumerge con habilidad en la trama, aunque se permite algunos excursos y explicaciones que rompen el pausado ritmo de la narración, incluso estancándolo con cosas aparentemente al margen del nudo narrativo (algo que se recrudece al final, con todas las divagaciones en torno a la gran estación de Shinjuku, el ya muy explicado amor de Tazaki por los trenes y los sueños que le produce sus sentimientos por Sara) que le permite hurtar el bulto en el último capítulo, dejando todo sin resolver, ¿o quizá brindando un final abierto por la renuencia del joven ingeniero a hablar con su amiga aunque protesta sin cesar que desea hacerlo?

En esta ocasión los elementos sobrenaturales, que inquietan al lector desde la narración de un sueño de contenido sexual y la tragica muerte de una de las amigas del grupo, acaban desveneciéndose y el realismo de la narración acoge al lector hasta el final donde vuelve a surgir el apunte onírico y "extraño" que, no lo olvidemos, suele ser típico en Murakami. Esos elementos  no parecen afectar lo más mínimo al protagonista que, como otros héroes de este autor, parece vivir tranquilamente en un mundo real y cotidiano surcado de vez en cuando por ramalazos de cosas no cotidianas y seguramente tampoco reales.

Parece haber una tensión narrativa medida por un designio del autor: emparentar sus obras unas con otras, no solo por el estilo sino por determinados personajes y sucesos extraordinarios en lo cotidiano. A veces tales sucesos acaban con la coherencia de la narración como en "Kafka en la orilla" o en algunos momentos de "1Q84", convirtiendo a los personajes en simbolos vacíos y dislocando la realidad en algo desconcertante. En "Los años..." ese defecto de medida no vulnera la fragilidad poética de la obra y la historia se desenvuelve con ese ritmo irregular de Murakami, con largos momentos de verbalismo incontrolado y otros de austeridad expresiva y emoción contenida. Y cuando el engarce entre lo "sobrenatural" y lo cotidiano no funciona, Murakami nos escamotea la coherencia del personaje y los convierte en seres de papel, dejando al lector por lo común sin explicaciones del evento, como por ejemplo la "deserción" de Hada, su inteligente amigo, entremezclada con un  sueño erótico o las dudas de Tazaki sobre si asesinó o no a su amiga "en otro plano".

Murakami nos ha traido una nueva novela pero no una novela nueva. Es como si hubiera cogido de aquí y de allá en su obra anterior, hubiera espigado en ambientes, personajes y comparaciones poéticas y nos hubiera manufacturado una copia de elementos unidos de su propia obra. Quizá lo más resuelto sea el comienzo cuando el protagonista se enfrenta a lo que es por encima de lo que cree ser y de lo que los demás dicen de él. En lo demás no hay mucha originalidad. Aunque de ello emana una advertencia importante: es hora de cambiar de registro. Quizá una nueva vuelta de tuerca al realismo mágico "made in Japon murakamizado" no sería una buena idea.

"Los años de peregrinación..." satisfará a los seguidores y fanáticos (que los hay) de Murakami. A los lectores independientes les parecerá una novela menos esotérica que "1Q84" pero paladearán el universo cotidiano de este escritor con sus referencias al arte, la literatura, la cocina o la arquitectura. Y a los que esperaban algo mejor y distinto a sus obras anteriores, un poco de decepción. Uno, que es un lector optimista, cree que Murakami ha dado con esta novela un cuidadoso paso atrás, quizá con la intención de dar un salto para delante con la próxima. ¿Qué se apuestan?   

 

FICHA: 

Haruki Murakami, “Los años de peregrinación del chico sin color”, traducción de Gabriel Álvarez Martínez, Tusquets, 2013, 314 pp.PVP 19,95 euros  

 

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14 noviembre 2013 4 14 /11 /noviembre /2013 08:31

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En los años ochenta las novelas de ciencia ficción alcanzaban récords de venta y los aficionados leíamos verdaderas obras maestras del género sin demasiada conciencia de ello. Sólo nos divertíamos y !de qué manera! Entre las grandes obras de la época destacó "El juego de Ender" de Orson Scott Card, que se llevó los dos premios más presitgiosos de la SF, el "Nebula" de 1985 y el Hugo del año siguiente. En los noventa Scott Card amplió la novela tres títulos más y a finales de la década escribió una tetralogía basándose en la Saga de Ender, que se llamó la Saga de las Sombras. Así que el asunto dio bastante juego. Imagínense lo que Hollywood puede hacer de ese filón. Hasta Harry Potter se quedará corto.

Empecemos por decir que las novelas de Scott Card son bastante difíciles de llevar a la pantalla incluso en estos tiempos de fantasía digital hipertrofiada. Y añadiremos que si el resto de la saga sigue los derroteros en que Gavin Hood, director y guionista, nos ha llevado en esta primera película de Ender, no le auguramos mucho éxito si es que hay justicia en el mundo del cine (a primera vista no suele haberla, otra cosa es la posteridad).

El mundo novelesco de Scott Card es complejo y especulativo. Sus personajes, especialmente Ender, son contradictorios, inteligentes, potencialmente crueles y reservados. Los problemas del adolescente Ender en la Academia militar de oficiales y sobre todo en la de altos mandos, no son los de un niño genialoide que oscila entre la prepotencia y el desprecio, sino los de un persona de alto potencial intelectual desgarrado entre su mente y su moral, con un cuerpo de niño y unas capacidades de adulto genial. Las secuencias de la Escuela y el previsible final, aparte de dejar una descarada puerta abierta a las secuelas, resultan algo confusos y gratuitos, muy acorde con el gran público palomitero al que va dirigida la película, con preferencia evidente.

Harrison Ford como mando supremo de la Escuela sigue siendo una versión vetusta pero aún de buen ver de aquél que encandilaba a las jóvenes en Indiana Jones o como Hans Solo. Su cinismo y dureza no acaban de estar muy logrados y sólo parece que está siempre cabreado. Su aportación secundaria al filme sigue siendo un lujo tan discutible como la de Ben Kingsley que parece surgido de "Apocalipsys Now". Dos grandes venidos a menos en esta cinta que está decididamente montada a mayor gloria y honra del jovencísimo Asa Butterfield, en el rol protagonista, uno parecido al que nos brindó no hace mucho el hijo de Will Smith --junto a su padre, en una infumable película apocalíptica-- pero con bastante más solvencia y un parecido más que notable con Eliah, el gran Frodo de "El señor de los anillos".

La película nos muestra una Tierra que ha sobrevivido a un intento de colonización de extraterrestes con pinta de insectos gigantes, una especie de cruce entre murciélagos y mariposas pardas, llamados "insectores". El planeta sigue militarizado y hay una especie de escuela de élite donde ingresan niños y jóvenes con altisimo nivel de inteligencia y de los típicos valoies militares (cosa que no aparece demasiado en la película, poblada de jovenes con el coeficiente típico y la educación y comportamiento de los marines peliculeros, "¡Señor, sí señor!"). Encontramos a Ender, ya en la Escuela de Batalla, en la que el jefe supremo, Harrison Ford, le nombre públicamente y considera como el Lider que ha de salvar a la Humanidad en la definitiva guerra contra los insectors. Los problemas del chico se agudizan, no sólo en su familia, con un hermano medio psicótico que le odia y una hermana que llora constantemente por él (dos personajes mucho más interesantes y esenciales en la novela) sino en la Escuela donde, gracias en parte a Ford, se convierte en objeto de odio primero y de admiración después de sus compañeros (un recorrido habitual en este tipo de peliculas de base militar).

Los adolescentes que acompañan a Ender en su dinámico rito de paso que lo llevará a comandar la flota suprema de la Tierra (¡toma ya!) en un truco final que deja boquiabierto al respetable, resultan actores de mucha más credibilidad que los adultos que les acompañan, incluidos los dos grandes  actores ya mencionados. Pero todo ello no borra la envenenada sensación que uno tiene de que estamos viendo un episodio de teleserie, un episodio piloto de lujo, desde luego, pero a la altura, y bajuras con todos mis respetos, de Star Treck o "La historia intreminable" y ahora de la descafeinada "El Hobbit".

Los que aman y lle aún las novelas  de Scott se llevarán las manos a la cabeza. Es lógico que no se reflejen todas las complejidades de las novelas de la saga, pero  no lo es que se simplifique en exceso y se convierta en banal un dilema ético de primer orden y que tiene que ver con xenocidios y fascismo militar (aunque desgraciadamente esto no nos suena a ficción). En el plano cinematográfico, ritmo irregular, narración incoherente y como a saltos, interiores poco fascinantes, música ramplona y trepidante y fotografía mal iluminada en muchas ocasiones.

"Juegos de guerra" del siglo XXI (la película homónima de Richard Fleisher de mediados del XX es mucho más divertida). En resumen película para los aficionados a la Ciencia Ficción que estén dispuestos a ensordecer --qué manía con los decibelios desatados-- con una peli de adolescentes metidos en belicismos extremos. Los lectores de Scott Card, abstenerse. Los lectores a secas, que vean la peli y luego lean a S.C. Ya me dirán si están de acuerdo con mi crítica.

 

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12 noviembre 2013 2 12 /11 /noviembre /2013 09:29

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 Película a mayor honra de la actriz francesa Bernadette Lafont (ésta fue su última interpretación antes de fallecer, el pasado año) que en Francia se llamó "Paulette" y aquí hemos rebautizado como "El postre de la alegría". Poco tiene de alegría, excepto las ganas, a veces excesivas, de buscar la risa cómplice del espectador y mucho de postre en el sentido gastronómico del término, lo que viene al final del ágape y que en aras de la buena salud uno suele dejar de lado. La cinta es torpe, algo abusiva, ligeramente antipática, poco verosímil en un contexto que intenta ser de denuncia social y realismo, con su moralina desvaída y sus referencias, que no guiños, a películas más consistentes como "Chocolat" o "Amelie" mucho mejores aunque sinceramente sobrevaloradas

La cosa va de ancianas pensionistas en estado de necesidad, semiruina o miseria disfrazada. Una de ellas, Paulette, la protagonista es un prodigio de mala fe, racismo, antipatía y nula moralidad. No comprendo cómo la excelente Bernadette Lafont, una institución entre los secundarios célebres del cine francés, se prestó para interpretar un pesonaje semejante que, en la segunda parte del filme, como era previsible, se vuelve buena, atenta, considerada y supuestamente entrañable (sin llegar a serlo, ni siquiera en el edulcorado final). Bien es sabido que el sentido del humor suele ser distinto según el país de donde procedas. Así que no me sorprendería que en Francia tuviera éxito semejante humor (aunque no nos rasguemos las vestiduras, aquí hay un público fiel a los desafueros de un Torrente, por ejemplo).

Por tanto película para fans del humor bajo popular francés. Dirige, es un decir, Jerome Enrico y junto a la dichosa Paulette, vemos a nuestra Carmen Maura haciendo de maruja venida a menos. Y, ¿de qué va esta bagatela cómico-realista? De una abuela necesitada e impresentable en cuyas manos cae casualmente un paquete de grifa, haschis o "costo", se mete en el asunto al reclamo del dinero fácil, tropieza con los chorizos de poca monta que se dedican a la venta al por menor, conoce al boss de medio pelo que lleva la zona y tras algunos tropiezos trágico-cómicos decide elaborar pasteles drogados y tiene un éxito bárbaro. A partir de aqui las cosas se van complicando muchísimo, la lógica y verosimilitud se van de paseo y en el desbarre general de la película, personajes y situaciones rozan el ridículo más pretencioso. Por lo demás se salva alguna secuencia por su comicidad extrema y lo demás no merece más comentarios.

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11 noviembre 2013 1 11 /11 /noviembre /2013 08:14

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De vez en cuando la cartelera permite, entre el fárrago habitual de estrenos hollywoodienses y otras flores extranjeras, recuperar muestras del buen cine español que se hace en estos tiempos de crisis generalizadas en el mundo de la cultura. La nueva película de Gracia Querejeta no es para lanzar cohetes, desde luego, pero tiene un tono general de calidad que no deja de estar a la altura de las comedias o dramas cotidianos que nos vienen de otras latitudes. Esta realizadora (hija del productor Elías Querejeta) logra en sus obras un ambiente intimista, cotidiano, con elementos poéticos y bastante ternura en los personajes, piezas tan destacables como "Una estación de paso", 1992, "Cuando vuelvas a mi lado", 1999 o "Siete mesas de billar francés", 2007, que intercalan a veces obras menores (alguna con polémica incluída como "El último viaje de Robert Ryland", que provocó los procesos judiciales con el escritor Javier Marías por llevar al cine una novela de éste cuya versión soliviantó al novelista).

En "15 años y un día", Querejeta nos habla de una historia mínima, anécdota de crecimiento de un muchacho, Jon (Arón Piper), un adolescente problemático que complica la vida de su madre separada (Maribel Verdú, excelente como siempre) hasta el punto que ésta decide enviarlo a pasar una temporada con su abuelo (Tito Valverde, en el mejor papel de su carrera a juicio de este crítico). Película bien planteada, aunque resuelta de una forma en la que la sencillez se convierte en una cierta atonía emocional y desemboca en una suerte de thriller casero que no se resuelve con la fuerza que sería de desear.

Lástima porque los ritos de paso que suelen hacer interesante el difícil curso de la pubertad a la juventud (acordémonos de "Los cuatrocientos golpes" del maestro Truffaut, por ejemplo), aquí se banalizan en exceso, aunque los elementos complementarios de la narración nos atraen y nos interesan a partes iguales. El guión de Santos Mercero es excelente incluso en detalles tan marginales y algo excesivos para la verosimilitud general de la trama como la relación entre la inspectora de policía y Tito Valverde, o la muerte del perro del vecino que molestaba a la mamá Verdú y que el chico decide propiciar. No obstante, todo sería permisible excepto, como ya apunté, el final y la resolución de la trama con el asesinato del joven quinqui en unas circunstancias poco claras.

El tono general, en contra de otras película de Gracia Q., no logra crear empatía entre los personajes principales y el espectador, salvedad hecha del personaje del abuelo, cuya actitud y comportamiento entronca con  algunos grandes secundarios del cine español, como José Bódalo o Estanis González, por ejemplo.

Así pues, película que roza el notable y muestra una vez más la salud y el vigor del cine español, siempre tan menospreciado en líneas generales y con las debidas excepciones. Un análisis más pormenorizado del filme podría darnos las claves de lo que falla en  esta película para alcanzar mayor calidad, pero dejemos aquí el comentario con esa nota y la espera de que el siguiente trabajo de Gracia Q. esté a la altura de su indudable talento.

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9 noviembre 2013 6 09 /11 /noviembre /2013 08:27

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Como complemento del artículo vecino, ¿qué mejor opción que reseñar una novela publicada por una pequeña editorial madrileña, Demipage, sobre la figura emblemática que Jorge Carrión en su libro toca de pasada: el librero? Pues bien, a la altura de muchas otras novelas en las que el vendedor de libros (que suele ser mucho más que una simple  figura comercial) deviene protagonista de ficción, como la última que les dediqué sobre el misterioso señor Penumbra, dueño de una librería abierta las 24 horas del día, o el regente de una librería parisina que sólo quiere vender novelas excelentes, "La buena novela" o la pareja de "La librería ambulante", Régisde sa Moreira, el autor de "El librero", bebe un poco de todas ellas (aunque quizá no las haya leido, los conceptos y comportamientos en los que se basan están en el fondo anímico de todo amante de los libros) y nos habla de un espécimen de librero que vive por, para y dentro de los libros que apenas vende, sujeto a el corsé de una exigencia difícil: no vender jamás "basura" es decir libros malos o deficientes, sino libros a los que el librero da sello de valor. Pero en "El librero" no es éste el único personaje especial de la novela sino los propios lectores que van demandando libros extraños, limitados temáticamente por exigencias estrambóticas, todo ello en un ambiente onírico y poético en el que todo es viable. Novela menor, episódica y aparentemente sencilla y superficial, tiene no obstante un secreto encanto y complementa con su rareza y su osadía literaria la propuesta del "piso superior" en esta página. Narrada con un estilo que recuerda (solo recuerda) el Saint Exupery de "El Principito", la narración es corta y engancha, fácil de leer y con una rara poesía en su fondo. Y así leemos: "Tomó al azar un libro de su estantería. Lo abrió por la primera página, empezó a leer y sonrió. Pasó la página, siguió leyendo y se dejó caer sobre su sillón para deslizarse hacia abajo y acabar sentado en el suelo. Su sonrisa se ensanchó. No se trataba de un libro divertido, de hecho, estaba muy lejos de serlo, pero aquel era el efecto que los libros causaban en el librero. Es más, ese era el motivo por el que se había hecho librero" (pág.33). No hace falta más, ¿verdad?

 

FICHA

EL LIBRERO.-Régis de Sá Moreira. Traducción de Sofía Rhei.-189 págs. 14 euros. 

 

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8 noviembre 2013 5 08 /11 /noviembre /2013 08:23

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Jorge Carrión ha escrito un libro, "Librerías" que puede llegar a fascinar a esa legión de lectores que aman los libros y suelen dedicar momentos intensos y evocadores a pasear por las librerías de las ciudades que visitan o por la propia. Es un libro para lectores enfebrecidos, para cultivadores de la letra impresa, para todos cuantos sienten palpitar su corazón ante una portada nueva y sugerente, un volumen que les conquista a primera mirada, o las baldas repletas de ordenados --o caóticos-- volúmenes, encuadernados en cartoné, plástico o piel, con sus historias prometedoras, sus asuntos fascinantes o su diversión nostálgica o sorprendente. Esos objetos que huelen a tradición, sabiduría, encantamiento y que producen en si mismos un placer difícil de definir, simplemente acariciando sus páginas, pasando la mano sobre sus lomos o sus guardas, aspirando el peculiar olor que el papel, la tinta, las gomas o la encuadernación deja en torno a ellos.

El paseo que nos propone Carrión, profesor universitario en la Pompeu Fabra, ensayista, viajero y lector apasionado, tiene a veces la caótica y ansiosa mirada del fanático, del obsesivo que, focalizado en el objeto de su amor, es incapaz de poner un poco de orden y fria coherencia a lo que expone, atropellándose por su entusiasmo y la pulsión descriptiva amorosa. Viajero y lector impenitente, Carrión ha visitado las principales ciudades del mundo y en todas ellas ha buscado ansiosamente sus librerías, haciendo una especie de recorrido sentimental por lugares llenos de tradición literaria que han configurado una especie de mapa sentimental que todo amante de los libros guarda en su su interior.

Acompañemos a Carrión en su fascinante viaje por la Shakespeare and Company (la orginal parisina y sus copias) donde aún pasean entre sus anaqueles los fantasmas de Joyce o Hemingway, La Hune también en Paris, La Central y la Laie en Barcelona, La Librería de Avila y Eterna Cadencia en Buenos Aires, la Antonio Machado en Madrid, Robinson Crusoe 389 en Estambul, City Lights y Green Apple Books en San Francisco, Stanfords en Londres, Bertrand y Ler Devagar en Lisboa, La Libreria Internazionale Luxemburg en Turín, , Fondo de Cultura Económica en Ciudad de México, The Book Lounge en Ciudad del Cabo, Libraire des Colonnes en Tánger, El Virrey en Lima, entre otras. Sin dejar de referirse a las que desaparecieron como desgraciado signo de la vulnerabilidad de esos establecimientos, como Catalonia o Canuda en Barcelona, el Temple of the Muses en Londres, la Libreria de los Escritores en Moscu, la Maison des Amis des Livres en Paris o la R.Viñas & Co. en Barranquilla (que daría lugar a la imaginaria librería del sabio catalán en Macondo, patria de las fábulas de García Márquez).

Soy consciente de que un libro como "Librerías" está sujeto al canon personalísimo de las personas con una fuerte afición a la lectura. Por tanto, insisto, este es un ensayo destinado a un sector de público muy definido, que dejará fríos o aburridos al resto (a pesar de que la nerviosa y saltarina prosa de Carrión atrae también con la inmediatez y la versalitidad que ofrecen los libros de viaje). ¿No es éste, sin duda, un dinámico viaje por el mundo físico e imaginario donde las librerías se convierten en el asilo de los espíritus inquietos?

Pero dejemos que resuene la voz del autor cuando nos expone las razones por las que ha escrito su libro: "hablaré... sobre los libros como objetos, como cosas, sobre las librerías como restos arqueológicos o traperías o archivos que se resisten a revelarnos el conocimiento que poseen, que se niegan por su propia naturaleza a ocupar el lugar en la historia de la cultura que les corresponde...sobre la erosión del pasado, sobre la memoria y los libros, sobre la librería y la biblioteca como almas gemelas, sobre la censura, los espacios apátridas, sobre la librería como café y como hogar más allá de los puntos cardinales...sobre las vidas y las obras de los libreros, sedentarios o errantes...sobre la lectura como obsesión o locura pero también como pulsión inconsciente o como negocio...sobre el mundo como librería y la librería como mundo...sobre la historia de todos los libros y sobre libros en concreto...sobre las librerías universales y mis librerías particulares..." (pág.32).

"Librerías" fue finalista del Premio Anagrama de ensayo, sobradamente justificado no sólo por su ambición recopiladora y la pasión del estilo, sino porque me cuesta suponer que había algun integrante del jurado que no vibrara apasionadamete con muchos de los párrafos de este ensayo de amor. Realizar un moroso viaje de 342 páginas por librerías, libreros, libros y escritores, ensayistas, libreros míticos, obras relacionadas con el tema, de ficción o ensayisticas, la extraña pero vívida vinculación entre las librerías y la ciudad o el barrio que las cobija, es desde todos los puntos de vista un regalo para los "lletraferits". Y, dado los tiempos que corren, un aviso para navegantes sobre lo que ya empieza a correr peligro de poca supervivencia o de desaparición. Y no hablo sólo de las librerías, sino del libro como objeto real, lo que los "modernos" llaman con frialdad "soporte papel".

Pero no sólo nos habla Carrión de pequeñas librerías, sino que nos hace visitar las de las grandes cadenas y espacios como la Barnes&Noble, la Amazon, la Fnac o la Chapters, lugares mastodónticos donde los libros comparten enormes salas con otros objetos de la cultura del momento, o nos acerca --como de puntillas-- hacia el advenimiento de la nueva era digital, tablets, smartphones, e-books, soporte electrónico, que parece proponer la caducidad del libro como objeto cotidiano y vehículo de la cultura de los siglos. Por tanto leamos "Librerías" con la idea clara de que quizá sea el canto del cisne de una tradición que está en peligro de muerte. Una amenaza que los amantes de los libros sólo detendremos si vivimos una nueva Cruzada del Lector en el consumo de libros. No en vano, hay que reconocerlo, el libro es también el objeto de un negocio y las librerías donde nos los venden, también. Una verdad incontestable que no disminuye ni un ápice el resto de los valores de orden superior que encierra el mundo de los libros. 

 

FICHA

LIBRERÍAS.- Jorge Carrión.-Ed. Anagrama.342 págs.. 

 

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6 noviembre 2013 3 06 /11 /noviembre /2013 08:33

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En 2009 ya se habían puesto de triste "moda" los ataques de piratas a los indefensos cargueros en las costas del cuerno de África, principalmente en las aguas de la levantisca y caótica Somalia, patria de los señores de la guerra, herederos nada románticos de los piratas berbericos y de los legendarios bucaneros de la bandera negra con calavera y tibias cruzadas que en el siglo XVII buscaban los galeones españoles cargados del oro de América. Posteriormente, ya en nuestra época, los cargueros tuvieron autorización para llevar a bordo soldados de compañías privadas de seguridad convenientemente armados y las marinas de guerra aliadas comenzaron  a destinar unidades a la defensa de las lineas comerciales y persecución de los piratas. Pero antes, en la primera década del siglo XXI, se habían convertido en una lamentable y frecuente noticia los abordajes de piratas a cargueros y naves de pasajeros  con la consiguiente sangría económica en forma de rescate que enriquecían a los señores de la guerra de esos países sin revertir en modo alguno en la pobreza, miseria y hambrunas de esa zona depauperada.

Fue en ese año de 2009 cuando se hizo célebre el caso del carguero Maersk Alabama, bajo bandera norteamericana, cuyo capitán,  Rich Philipps (Tom Hanks, en la pelicula que nos ocupa) copó las portadas de los medios internacionales con su peripecia personal y sus grandes dosis de valor y frialdad al enfrentarse a unos piratas somalíes que abordaron su barco. Un drama singular servido con profesionalidad y tensión por un director avezado en las cintas de acción, Paul Greengrass. Los elementos humanos y personales del drama del carguero, perssnificados en la figura de su capitán, conmueve y fascina al espectador por partes iguales, a pesar de los defectos de ritmo y extensión entre los que se mueve una película trepidante que en algunas ocasiones se estanca y juega con la ambivalencia ética y el primitivismo de supervivencia y violencia en los que se mueven los piratas. Quizá ese sea su mayor defecto, la excesiva extensión de un relato magistralmente urdido y llevado hasta sus últimas consecunecias, con un vigor y una eficacia narrativa envidiables.

La puesta en escena es clara, sencilla y abierta positivamente a la complejidad y las limitaciones que suele conllevar una historia que transcurre en alta mar y  en los circuitos cerrados de un carguero y mas tarde de un bote salvavidas. Un montaje excelente y un diseño de producción ajustado permiten que la demasiado larga película no llegue en verdad a pesar demasiado en un espectador hipnotizado por la peripecia de unos personajes bastante lineales que se mueven entre el exceso y la impaciencia contrapunteando el drama personal intenso, el sufrimiento moral y físico de un Tom Hanks, como siempre superlativo, sobre todo en las secuencias finales, en las que la resistencia y sangre fría del capitán llegan a un punto  de derrumbe y claudicación.Unos 130 minutos de intensidad y ocasional reiteración de momentos de calma chicha que nos nos aporatn nada, acaban cansando un poco al espectador y limándole en alguna forma la entrega incondicional a lo que se nos narra y a los personajes que transitan desorientados, temerosos y enloquecidos ya por los tramos finales de la historia.

Después de aquélla muy digna, pero maltratada por crítica y público, "Green zone, distrito protegido", Paul Greengrass, logra un notable alto en "Capitán Philipps", cuya historia parece razonablemente adecuada para el formato de telefilm o el resumen literario de un Readers Digest, pero que en sus manos se convierte en una metáfora salvaje sobre una época y unas gentes --piratas y marineros, marina de guerra después-- que superan el simbolismo para convertirse en simples seres humanos llevados a una situación límite. Para agradecimiento del espectador, Greengrass no cede ante el sentimentalismo o las facilidades lacrimógenes del héroe y sus seres queridos o de los marineros y sus circunstancias o la de los somalíes y su trágica faena que solo enriquece a unos pocos...pasa por todo ello con cuatro pinceladas y se centra en los momentos terribles y casi apocalípticos que todos viven en el universo cerrado del buque rodeados por la soledad e inmensidad extenuante del océano. Muy lejos de Jason Bourne, que es uno de sus activos cinemastográficos principales en su carrera, Greengrass, ha facturado una película notable que merece una visión atenta y un aplauso algo condicionado por los defectos apuntados.

 

 

 

 

 

 

 

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4 noviembre 2013 1 04 /11 /noviembre /2013 08:29

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El Brogit de la Vall (el canto del agua en el valle, en traducción muy lírica) es un lugar delicioso que se encuentra entre la Sierra de Prades y la de Montsant, en la Terra Alta, es decir a poco más de una hora del Matarraña. Unos avispados jóvenes emprendedores han diseñado una ruta de cuatro días para recorrer los pueblos y parajes montañosos de la zona. Aún está por perfeccionar pero, a pesar de los pequeños inconvenientes de albergues y señalizaciones, la belleza de los caminos y la buena voluntad de las gentes que nos acogen convirtieron la excursión en cuatro días de disfrute sin paliativos (incluyendo, en nuestro caso, un temporal de lluvia y viento). Haré dos entregas del circuito: la primera sobre el tramo más largo y variado (de 8 a 9 horas) y la segunda sobre los tres días siguientes.

Comenzamos el circuito desde el bello pueblo de Capafonts y nuestro destino, el pueblo de Farena, nos espera veinticinco kms.  y pico más lejos, aunque en linea recta son bastantes menos. Los fuertes desniveles que pasaremos más los momentos de descanso, avituallamiento y fotografíar parajes con encanto suponen alrededor de nueve horas de caminata. Capafonts se encuentra en la cabecera del valle del rio Brugent de cuya fuente de nacimiento (la Llúdriga) iniciaremos un camino de fuertes desniveles (880 m de subida y 590 de bajada, en total) que sigue un circular por las sierras que envuelven Capafonts en una serie de excelentes miradores sobre el valle hasta ir a buscar el pueblo de Farena, debajo de los Cogullons.

Tras bajar del pueblo hacia la TV-7041, seguimos unos minutos la carretera hacia Mont-ral y nos desviamos en la primera vuelta por una pista que discurre entre campos de avellanos hasta la fuente de la Llúdriga, situada entre los imponentes farallones y cingles de Els Mollats. Pronto abandonamos los campos de cultivos y comenzamos un fuerte ascenso entre bosques de encinas y pinos rojos. Pasamos una cadena y un sendero a la izquierda nos lleva a un lugar escondido junto al río, las Tosques, bajo la sombra de  grandes encinas y arbustos de boj. Podemos probar las aguas de la fuente que da vida al rio Brugent al que acompañaremos entre rumores de agua y rincones encantadores.

Pronto lo dejamos a nuestros pies y comenzamos otra fuerte subida hacia la carena de los Mollats, un altiplano en el centro de las montañas de Prades, a más de mil metros de altura. Vamos bordeando el valle de Capafonts por un camino a la izquierda que vuelve a subir con fuerte pendiente hasta llegar al puente natural de Goi. Este merece unas fotos y una vez superado, por debajo y por encima, llegamos al borde de la altiplanicie, desde donde vemos al NO la cima mas alta de Prades, el Tossal de la Baltasana (1203m).

La pista va flaneando por la planicie entre bosques de encinas y algunos pinos. Seguimos la dirección de la Font Nova (hay flechas y carteles) hasta llegar a un cruce de caminos. Tomamos el que lleva a la Creu Trencada (monumento sencillo realizado con materiales de metralla de la guerra civil). Junto a la Cruz encontramos las señales del GR65-5 que seguimos en dirección a Prades.

Avanzamos por la planicie de carena de la sierra Plana hasta ver frente a nosotros el Picorandan, un bloque redondeado de piedra calcárea que se yergue como vigilante de la Vall de Brogit. Vemos Capafonts al fondo y abajo rodeado por las tierras que hemos recorrido y al O las sierras de Montsant. Al llegar al Coll de Capafonts confluimos con las carreteras TV-7041 y la T-704, que seguiremos durante unos centenares de metros en dirección a Prades hasta llegar a una explanada con dos pistas y cogemos la de la izquierda, marcada como GR, por la que bajamos al barranco de Rancs y volvemos a subir hacia una pista, dejando el GR que sigue hacia Prades.

La pista de la derecha nos lleva, tras bordear la ermita de San Roc, al santuario de la mare de deu de l'Abellera (virgen madrina de los apicultores catalanes), un lugar recóndito dotado de una belleza arriscada e impactante (la sencilla edificacion religiosa aparece como colgada de un muro vertical de piedra rojiza entre los arboles y arbustos que nacen de la pared. En realidad se construyó al abrigo de una bauma). El lugar  merece un rato de descanso y de arrobada admiración.

Tras visitar la ermita y admirar el panorama que se divisa desde ella, bajamos por el sendero que desciende a los pies del hermoso lugar, entre un bosque de encinas y robles. Vamos bajando vertiginosamente, dejando a la derecha la roca de Corbs y en el plano de Freixes volvemos a ver al fondo els Mollats y Capafonts. Tras pasar por las ruinas de la masia de Pocurull volvemos a subir zigzagueando hacia el coll del Serafí.

Una vez en el coll cogemos una pista con el GR 171 que va hacia Cogullons. pero antes hemos de superar el coll de la Font del Dineral o de la Nevera ( a unos metros encontraremos el pozo o nevera medio destruido), seguimos el coll de Perrol por unas carenas rocosas que requieren buen equilibrio y poner cuidado en el avance, con el Vall y el barranco de Castellfollit a nuestros pies muchos metros mas abajo. Una vez en el coll de la Caldereta continuamos por una pista hasta llegar a un sendero que sube  intensamente a mano derecha hacia la cima de la Mola d'Estat o de los Cuatro Términos.

Desde la cima, un soberbio mirador, tendremos unas vistas magnificas sobre el Valle de Burgent al S, mientras al este y al oeste disfrutaremos del panorama de la costa mediterránea entre Tarragona y Torredembarra y la linea de las sierras de Tivisa, Cardó, Llaberia y hasta el monte Caro en las estribaciones de los Ports.

Un poco antes de la Taula de Quatre Termes (donde confluyen los de Vimbodí, Rojals, Mont-Ral y Prades) a mano derecha --hay que estar muy atentos-- hay un camino barrado por una cadena (que puede estar oculta) que baja hacia el mas de Mateu. Dejamos pues la pista que lleva a Cogullons y bajamos por la de la cadena. Descendemos bajo un bosque de pino rojo y cruzamos al  Barranc del mas de Xuflet, llegamos a  una pista que seguiremos hasta el mágico rincón de las ruinas del Mas de Mateu. Bajamos por las rocas rojizas del Roquerol y un encinar hasta llegar a un cruce que lleva, en dos senderos distintos, hacia farena. Seguimos el de la derecha que sigue bajando intensa y dedididamente hacia el rio Sec, por un camino de herradura que va haciendo lazadas en su implacable descenso, dejando a la derecha el Pic Gros. Llegamos al sendero que une Farena con el Mas d'en Toni y nos vamos hasta la carretera TV-7044 que nos deja justamente a los pies del pequeño caserío encantador que es Farena, fin de la excursión.

 

NO SE PIERDA

Disfrutar unos paseos tranquilos por las ca,les y los rincones de Capafonts y de Farena.Como complemento deportivo a esta excursión sugerimos a los aficionados a la escalada, hacer la del Castell-Dalmau, una muela  pétrea recortada por los cuatro vientos, que preside el Vall. Se trata de una escalada histórica ya que es la primera que se hizo en las Montañas de Prades, actualmente lugar obligado de escaladores de todo el mundo. Tres deportistas de Valls la escalaron por primera vez, con cuerdas y zapatillas de esparto en los pies, en plena guerra civil, el 4 de abril de 1937.  En relación indirecta con esto, y en el plano histórico, apuntar sobre la presencia de los maquis en toda la zona durante los años 40 y 50. Vecinos de Mon Ral, Rojals y Farena daban alimentos y a veces cobijo a los maquis que se refugiaban en los difíciles e inhóspitos rincones de los bosques y montañas de Prades. Para los andariegos y amantes de los rincones mágicos, aconsejamos descender por el camino del barranco dels Tres Esglaons desde la Cadeneta por la pista que lleva al mas de Toni. De alli parte un pequeño sendero que nos conduce al Toll de L'Olla , un agujero con una pared de roca inclinada que lo rodea, con una cascada que lanza el agua hasta un profundo Toll donde uno puede bañarse y disfrutar de la soledad y el silencio.

 

DOCUMENTACION

 

Totalmente necesario el librito y mapa de "El Brogit de la Vall.-Guia itineraria per la Vall del Brugent" editado por Piolet. Se puede hacer la travesía bajo la organización de la agencia "El Brogit Guiatges", cuya página web, www.elbrogit.com es de visita inexcusable. Para los del territoio maño, Serret de Valderrobres dispone de la citada guía. Hay refugios disponibles para los senderistas como los de Sant Andreu, Els Masets o el Musté-Recasens.

 

COMO LLEGAR

 

Desde la AP-2, salida 9 de Montblanc o salida 11 de Valls, cogiendo la C-37 hasta la C-14 en Alcover. Desde Alcover, la TV-7041 direccion Mon-Ral y Capafonts. Desde Montblanc, la TV-7042 hacia Rojals. Para los de aqui, lo mejor es ir en direccion Tarragona, por Gandesa y Mora, hasta coger el desvio de Reus hacia Alcover.

 

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2 noviembre 2013 6 02 /11 /noviembre /2013 09:53

 

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Hace muchos años en 1955) el director Juan de Orduña dirigió a Fernando Fernán Gómez en una película cómica que se tituló "La otra vida del capitán Contreras", un juguete banal y de humor elemental aunque ligeramente crítico que se basaba en una novela de Torcuato Luca de Tena que bebía en la figura de don Alonso de Contreras (y se mantenía al margen de sus memorias), un personaje real que vivió en el siglo XVII, fue amigo de Lope de Vega y escribió un manuscrito "Las aventuras del capitán Alonso de Contreras" que estuvo olvidado durante más de dos siglos. Fue descubierto por el erudito Manuel Serrano y Sanz que lo publicó en 1900 y se hundió en el purgatorio de los clásicos de este país durante todo el siglo XX (un par de ediciones, la de 1943 con prólogo de Ortega y Gasset) y en el XXI no parece tener visos de renacer (lástima, créanme).

Su autobiografía lleva por título literal Vida, nacimiento, padres y crianza del capitán Alonso de Contreras, natural de Madrid, Caballero de la Orden de San Juan, Comendador de una de sus encomiendas en Castilla, escrita por él mismo, y por subtítulo, Discurso de mi vida desde que salí a servir al rey, de edad de catorce años, que fue el año de 1597, hasta el fin del año de 1630, por primero de octubre, que comencé esta relación. El manuscrito original se encuentra hoy en la Biblioteca Nacional de Madrid.

Con un estilo llano y directo, como afirma el propio autor,  escribe "seco y sin llover" la narración es ágil, gráfica, interesante y arrebatadora en momentos y la información que sirve al lector sobre las costumbres, usos y momentos históricos es fascinante y ha enriquecido el saber que tenemos de aquélla época más que la mayoría de los sesudos estudios sociohistóricos publicados. Leyéndole uno entiende de donde le viene a  Pérez Reverte parte de su inspiración literaria de capa y espada. He leído, absolutamente entusiasmado, la edición facsímil de la editorial Maxtor, con el sello de la Revista de Occidente por diez euritos, menos del precio de un menú. Léanla y gocen con la trepidante acción de una obra que deja pequeñas a "Los tres mosqueteros", al "Tigre de Malasia", a "Cyrano de Bergerac" o al mismísimo "Scaramouche".

FICHA

"Aventuras del capitán Alonso de Contreras".- Alonso de Contreras.- Facsímil. Editorial Maxtor. 10 euros. 247 págs.

 

 

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1 noviembre 2013 5 01 /11 /noviembre /2013 11:49
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Después de la magnífica "Expiación" Ian McEwan prueba suerte en otro registro literario. "Operación Dulce" es  una novela compleja --traducida con vigor por Jaime Zulaika--, donde los entresijos de la guerra fría y las historias de espionaje con el MI-5  y el MI6 al retortero, se mezclan en un argumento donde el suspense y el humor se alían con la metaliteratura, el arte de escribir novelas y los guiños autoreferenciales. Estamos en los azarosos setenta del siglo pasado y los ingleses se encuentran en pleno resurgir del "problema del Ulster", una sangrienta guerra interna dentro de las fronteras en las que el terrorismo, las actividades  secretas del MI5 y la sangría constante en las calles de Belfast y Londonderry llenan de dolor y cieno la historia del país y siembran de vidas jóvenes una lucha sin cuartel entre el Ejército británico, los paramilitares protestantes, la policía del Royal Ulster y los católicos del IRA provisional, una de las fuerzas terroristas más eficaces de la historia.
En ese problemático contexto sociopolítico se desarrolla, iniciado por una amorío --tal vez lo menos logrado de la historia-- el argumento de los avatares de una joven, la protagonista, Serena Frome, reclutada por el MI5 para tareas menores, será encargada  de organizar una "fundación" que debe aglutinar a jóvenes novelistas  e intelectuales prometedores, con el señuelo de ayudas económicas y becas, con el objetivo de crear una avanzada propagandística anticomunista (recuerden que estamos en plena guerra fría entre los dos bloques).
Uno de los captados será Tom Haley, un escritor del que Selena acaba de enamorarse, creándole un dilema moral y sentimental con idas y vueltas, en las que se juegan conceptos de lealtades, traiciones, engaños y el fascinante juego de espejos entre la realidad y la ficción. Aquí McEwan deja fluir su incontestable ironía y su fuerza narrativa, su dominio de las complejidades psicológicas de los personajes y la eficacia de un estilo que entre bromas y veras mantiene la lector hipnotizado por la fluctuante trama, que va provocando incesantes vueltas de tuerca a la historia.
Un juego literario que es más que un thriller o una novela de sentimientos, picotea en el humor y la sátira y se guarda cartas de sorpresa y misterio que va deshojando con la conocida maestría, menos pesada en sus disgresiones de lo habitual en este autor, manteniendo la tensión hasta el final.  Hay una madurez discursiva que recuerda al mejor Le Carré, al maestro Greene o el humor devastador del Evelyn Waugh de "Soop, Noticia bomba", con la elegancia de estilo que suele acompañar las obras de McEwan.
Alusiones a eventos históricos reales, como el escándalo de la revista "Encounter", financiada por la CIA, sirven al autor para contextualizar su ficción dándole una verosimilitud que encantará a los entendidos y fascinará a los que no recuerden nada de aquélla época.
A mi entender mucho mejor novela que "Sábado", "Solar" o la interesante aunque algo fallida "Chesil Beach", se sostiene como un mecanismo de relojería y quizá en esta busqueda de perfección y de redondez asoma un poco el artificio profesional de McEwan. Y para los lectores de este autor desde sus novelas iniciales, "Operación Dulce" es una constatación de que en este libro McEwan nos habla bastante de sí mismo y de su propia carrera, entre los velos de la ficción, por supuesto.
 
 
FICHA
OPERACION DULCE.- Ian McEwan.- Traducido por Jaime Zulaika.- Ed. Anagrama. 396 páginas. 19,90 euros
 
 
 
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