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30 octubre 2013 3 30 /10 /octubre /2013 08:05

El_medico_aleman_Wakolda-503371792-main.jpg

La argentina Lucia Puenzo dirige esta producción española que debería inscribirse en la nómina de buenas películas de género histórico hipotético. La historia tiene que ver con el médico de Auschwitz, el "ángel de la muerte", Josef Mengele, ese monstruo de la maldad indiferente, de la amoralidad esencial, de la anomia de sentimientos, de la emocionalidad nula, de la empatía inexistente, de la inhumanidad científica llevada al genocidio. Ha pasado a la historia como el exceso de la ciencia cuando olvida que experimenta con seres humanos. Hace años que ha terminado la segunda guerra mundial y estamos en el profundo sur argentino, esa Patagonia que últimamente la revisitamos a menudo de la mano de directores de ese país. En esta ocasión no importa el paisaje, no importan demasiado las vidas de esa familia que trata de poner a flote un establecimiento hotelero, sino la de un médico alemán que está "de visita" en esos lugares con objetivos poco claros.

Una brillante interpretación de Alex Brendemühl, como el educado y gélido médico, pone el contrapunto a la normalidad cotidiana de esa familia argentina, bajo la mirada ingenua y empática de Lilit, una adolescente poco desarrollada para su edad, que se presta a las manipulaciones del doctor que le ha prometido un crecimiento normal, ante la desconfianza primero y la alarma después del padre de la niña. La directora imagina su historia (basándose en una novela homónima) sobre el dato histórico de la presencia del antropólogo y medico nazi en la zona de Bariloche. Varios jerarcas nazis obtuvieron asilo y ayuda para esconderse en Arhgentina tras la guerra. Y algunos con una impunidad inexcusable como el propio Mengele que abrió una farmacia en  el país y figuraba con su nombre en la guia telefónica.

La actividad israelí para encontrar y detener, incluso secuestrar, a los huidos nazis, como Adolf Eichmann, acaba con la apacible vida de Mengele en Argentina (parece que huyó a Paraguay: nunca fue detenido).

Puenzo imagina esta historia que bien pudo haber pasado y logra infundir el suspense de un horror profundo en la figura del médico y de sus actividades hasta el climax final de la película y las relevaciones que conlleva. Mucho menos costosa y glamurosa que "Los niños de  Brasil" de Franklin J. Schaffner, con Gregory Peck como improbable Mengele, "Wakolda" (nombre de la muñeca articulada, que imprime una muda y estremecedora metáfora en la película) logra inquietar y horrorizar al espectador mucho más que aquélla.

 

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29 octubre 2013 2 29 /10 /octubre /2013 08:27

el-mayordomo-cartel-1.jpgNuevamente los norteamericanos pasan revista a su historia reciente, sin edulcorar demasiado el pasado, sin justificarlo, pero sin ahondar en él. Una especie de Forrest Gump negro que también  se convierte en testigo privilegiado de una larga época de los Estados unidos, pero sin la gracia, la habilidad documental y el vigor de Robert Zemeckis. "El mayordomo" está basado --como se cuida muy bien de anunciarlo el director de la cinta, Lee Daniels-- en la vida de un trabajador negro, Cecil Gaines, que entra muy joven al servicio de la Casa Blanca y se convierte en el mayordomo preferido de una serie de presidentes, ocho, desde Eisenhower a Reagan (1952-1986). Al contrario que el sugestivo Forrest, este hombre, correcta pero cansinamente interpretado por Forest Whitaker (al que hemos visto con mayor soltura en otros papeles) va pasando por los distintos presidentes sin apenas variar el gesto silenciosamente servil, contraponiendo la sumisión de su carácter y empleo a unos presidentes  interpretados por actores conocidos que no acaban, ninguno, de recordarmos a quienes representan. Dado que la época mencionada fue justamente la de la toma de conciencia publica y política de los negros en Estados Unidos, la presencia del mayordomo podía haber añadido más fuerza y coherencia a la película, pero no es así. Solo al final de su vida como empleado de la Casa Blanca el bueno de Whitaker manifiesta alguna conciencia de clase. Lo demás es un recorrido casi de Reader Digest por las distintas presidencias y los hechos que ocurrieron en cada mandato, trufado de secuencias dedicadas a la vida personal y familiar del mayordomo que no logran provocar ninguna empatía en el espectador.

La película comienza en los años 20, en una plantación de algodón donde crece el futuro mayordomo, una melodramática narración que suena a "La cabaña del tio Tom" y no nos cuenta nada del desarrollo psicológico de nuestro hombre. Maniqueismo a tope, poca sutileza o como diría el clásico "manca finezza". Todo se cierra con un homenaje al mayordomo durante el advenimiento de Obama a la presidencia, lo que se muestra como un cierre circular de la grandeza del país que asume, tras injusticias, abusos, ku klux klan, asesinatos, barbarie blanca descontrolada y magnicidios, la lección humana del antiracismo. O es lo que cree haber conseguido este director con su película, que abunda en momentos algo bochornosos como el episodio --banalizado al máximo-- de los Panteras Negras.

No hay verdadera vocación de mostrarnos lo que realmente fue y todo se dirige a hacer que una serie de buenos actores hagan un poco el ridículo tratando de parecerse a los presidentes que interpretan. La blandenguería está servida en capsulas de caballo y la escasa sutileza de Daniels hace que el invento se le vuelva un poco en contra. No nos interesa la vida del mayordomo y no logramos aceptar que esos desvaidos retratos breves de los presidentes contengan algo de vida. Son más de dos horas de repaso histórico con un estilo de trazos gruesos y tópicos a manta, buscando de forma descarada la complicidad emotiva del espectador.

Complementado por una vigorosa Ophra Winfrey como su mujer y Cuba Gooding Jr, como su amigo, Forest Whitaker parece abrumado por la modestia de su papel y resulta tan poco convincente como Alan Rickman como Reagan, Jane Fonda como Nancy Reagan, John Cusack como Nixon (qué desperdicio de gran actor convertido en un muñeco ridículo), James Marsdem como John F. Kennedy, el cada vez más desvaido Robin Williams como un dudoso Eisenhower o Liev Schreiber como Johnson. En suma, una película fallida incluso para los nostálgicos del siglo XX en Norteamerica, desde la lucha por los derechos civiles, los asesinatos de politicos y presidentes, la guerra de Vietnam o el escándalo Watergate. Puestos a elegir, preferimos a Forrest Gump.        

 

 

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28 octubre 2013 1 28 /10 /octubre /2013 08:55

un-invierno-en-la-playa-cartel-1.jpg

 

Deliciosa y bastante banal película familiar de la factoría hollywoodense. Con un magnífico Greg Kinnear haciendo de escritor de éxito en horas bajas (la maldición de la página en blanco) hijos muy jóvenes con ínfulas de seguir el ejemplo de papá, Sam (Lily Collins) y Rusty (Nat Wolff) y mamá divorciada y en pleno amorío con su nueva pareja, como oscuro objeto del deseo del escritor, que no logra olvidar a su mujer y se permite la patética busca de una nueva oportunidad ante la incomprensión de sus retoños. La esposa reticente interpretada con escasa convicción por la habitualmente eficaz y bella Jennifer Connelly.

Dirigida con poco brío pero cierto encanto por Josh Boone, debutante en el menester, la película que ha sido libre y mal titulada en España como "Un invierno en la playa" (Stuck en love), tiene algunas secuencias divertidas pero se pierde casi siempre en un tratamiento poco realista y sentimentaloide con final previsiblemente feliz. Es agradable de ver y seguir pero no acaba de rascar las emociones de los personajes y por tanto no emociona tampoco al espectador. En definitiva una película blanda y simpática que no acaba de dejar huella en la memoria cinéfila del espectador. Buena para pasar un agradable rato en una tarde de domingo.

 

 

 

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26 octubre 2013 6 26 /10 /octubre /2013 10:21

las-casas-de-los-poetas-muertos-9788408113775.jpg

 

Angeles Caso, que suele transitar por los meandros de la novela histórica y las biografías, logra aunar ambos géneros con un ensayo "Las casas de los poetas muertos" publicado por Planeta, en la que nos invita a hacer un viaje por los lugares, las ciudades españolas, en las que vivieron grandes escritores y poetas que forman parte de nuestro Parnaso nacional. La idea es buena aunque su realización resulta solo correcta, no aporta nada nuevo o de superior interés a lo que conocemos de esas personalidades y la visión actual de esos lugares se limita a unas crónicas de viajes en las que Ángeles Caso deja curso libre a sus personales referencias sobre casas y ciudades con la amenidad de una buena periodista que nos habla de lecturas y experiencias personales respecto a esos autores y los lugares en que vivieron.

Creo que no sobra un libro de este jaez para animar un poco el panorama literario de nuestro país, demasiado dado al olvido y a la ignorancia de los tesoros literarios que tendríamos que tener presentes desde la educación elemental.

Y así viajamos a la Casa de Cervantes en Alcalá de Henares, la de Lope de Vega en Madrid, la de Jovellanos en Gijón (patria chica de la autora), la de Rosalía de Castro en Padrón, en La Coruña, Emilia Pardo Bazán, en Segovia la de Antonio Machado y las de Federico García Lorca en Fuente Vaqueros, Valderrubio y Granada. Con las peripecias personales de esos escrtiores enfrentados a ese familiar para todos nosotros "pensamiento mas reaccionario e inquina con la que el poder y la Iglesia" persiguieron a muchos de esos autores (pag 11). Y añade para nuestra verguenza histórica, "Ninguno de ellos tuvo una existencia fácil o serena...pero resistieron todos los  ataques y  se comprometieron incesantemente con el ser humano... nos queda, por fortuna, su obra".

Ojalá fuera real y globalmente así, amiga Caso. Tengo mis dudas. Ayer pregunté a un par de jóvenes amigos, universitarios, sobre qué sabían de Jovellanos. Corramos un tupido velo. Lean pues este libro en escuelas y facultades. Al menos como acicate para lecturas más detenidas.

 

FICHA

LAS CASAS DE LOS POETAS MUERTOS.-Ángeles Caso.-Ed. Planeta. 207 págs.

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25 octubre 2013 5 25 /10 /octubre /2013 09:45

  ha-vuelto-9788432220364.jpg

 

Timur Vermes es un  escritor alemán proviniente del periodismo que ha dado con una idea de inspiración muy fructífera y que transita continuamente por el peligroso borde de lo inconveniente, lo políticamente incorrecto y lo simplemente rechazable e irreverente. Sólo el agudo e irónico sentido del humor salva a su novela "Ha vuelto" de provocar altercados, escándalo, anatemas o indeseados panegíricos. ¿Cuál es la idea básica? Pues, casi nada, la aparición en un descampado del Berlín actual, en 2011, de un hombre con impecable uniforme nazi con un fuerte olor a gasolina, aspecto de Führer, que se parece a Hitler, habla como Hitler y...sin duda alguna es Hitler. El sueño dorado de los neonazis.

Por alguna razón inexplicable Hitler se despierta en el Berlin de la señora Merckel con la memoria intacta pero suspendida desde un nebuloso instante en el búnker cuando le enseña a Eva Braun su pistola y hablan de la necesidad de suicidarse juntos. El disparate está servido. Aunque no deja de ser un tema muy delicado y no sólo para Alemania, hay muchas sensibilidades en juego y no es un personaje para tomárselo a broma. Por otra parte Vermes no es Lubitch, ni "Ha vuelto" es "Ser o no ser" o "El gran dictador". La hipótesis de principio suena un poco a aquélla "La otra vida del capitán Contreras" de Torcuato Luca de Tena en la que un militar del siglo XVII vuelve a la vida en los años cincuenta del pasado siglo, con todos los chistes y bromas ucrónicas que se producen entre un hombre de hace cuatro siglos desembarcado en el Madrid de los años 50.

Lo primero que llama la atención de "Ha vuelto" es el diseño de portada. Los de Seix Barral han repetido la portada del original alemán y arrasan con ella. Lo segundo es que al rato de leer la novela uno se sorprende de la habilidad casi funambulesca con la que Vermes pasa la maroma de la delicadeza con la que se debe tratar un tema sejante en una sociedad planetaria en la que los rescoldos de los horrores nazis aun se mantienen humeantes. Lo tercero, el rejuego critico con el que el autor logra quitarle hierro y plomo a su historia aplicando el ojo critico, de forma irónicamente salvaje, a la sociedad y la politica actual en su país, mostrando las  "semejanzas" y familiaridad entre determinados usos y costumbres políticos y los "recuerdos" y presupuestos del genocida del bigotito.Y para terminar, el hecho sorprendente y un poco escandaloso de que las barbaridades psicóticas del personaje lleguen a parecer bromas burlescas sin mayor trascendencia y levanten sonrisas antes que rechazos. Así pues, un  consejo, si quiere divertirse con la novela, léala sin prejuicios, sin afán historicista, como contempla las imagenes de Charlot en "El gran dictador" o el Führer de pacotilla de la pelicula de Lubitch o el de Tarantino. Lo peor que se podría hacer con "Ha vuelto" es incluirlo en la lista de libros prohibidos o hacer hogueras con él. No se trata de banalizar el mal, en formula de Anna Harendt, sino de inocular en ese mal el virus corrosivo del humor y de la ironía, en una sociedad democrática lo suficientemente sólida para aceptar el juego.

El hábil Timur nos convence de dos cuestiones bastante importantes para el desarrollo y la fluidez de su novela. Primero, que aceptemos con la misma frivolidad y humor la presencia --y la existencia, en un segundo pero no menos importante nivel-- del  mismísimo Adolf Hitler tal cual. Y, después, que los sucesivos gags sean vistos como tales, en lugar de como alarmantes pruebas de que el individuo que asoló Europa sigue vivo y coleando y con el mismo mensaje prácticamente que le llevó a las desmesuras que todos conocemos.

Lo cierto es que la novela está conseguida, al menos en el objetivo principal, divertir, sorprender y hacer reir al lector. Otra cosa es que uno acabe preguntándose de qué diablos se ríe, pero eso solo ocurre cuando se aparta la vista del libro y se piensa  en "de qué estamos hablando cuando hablamos de Hitler", parodiando el libro de Carver.

Toda la estructura lógica de "El gran dictador", la confusión, los trazos gruesos en las palabras y los hechos, en busca de la comicidad del exceso, la demoníaca atracción de esa figura y ese símbolo para muchos. Y, por fin, lo mejor de todo es la verosimilitud con la que se nos muestra que en este siglo XXI, la figura de ese fantoche sanguinario y su discurso sigue teniendo posibilidades de éxito. Y eso hace pensar, ¿o no? Y si tenemos la tentación de suponer que eso solo ocurre en la nación alemana, recordemos para los desmemoriados o simplemente los no informados, que en nuestro país una novela bastante menos rigurosa históricamente y a años luz de la habilidad literaria de Vermes, "Y al tercer año resucitó" de Fernando Vizcaíno Casas, se convirtió en un best seller de 42 ediciones, en la España de 1978. ¿Quién era el protagonista? Un conocido de Hitler, el general Franco, dicador español "por la gracia de Dios".

Hábil la frase repetida a lo largo de la novela de no tratar el tema judío, por no pertinente, "Estamos de acuerdo en que el tema "judíos" no es divertido", le dice un personaje a Hitler y la respuesta de este "En eso tiene usted toda la razón" (pag.89). Ambivalencia inteligente de  Vermes. Y sarcasmo, que refleja  en el comentario de Hitler a la actualidad alemana, "A la cabeza del país estaba una mujer fondona con el poder de irradiación optimista de un sauce llorón".(pág.135).

Excelente novela de humor... aunque no sólo de humor, también supone una forma de despertar la reflexión y el análisis político y social.

 

 

FICHA:

"HA VUELTO".- Timur Vermes.-Ed. Seix Barral.-383 págs.19,33 euros.-Traducción de Carmen Gauger.

 

 

 

 

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23 octubre 2013 3 23 /10 /octubre /2013 07:58

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Buena película australiana sobre la Primera Guerra mundial. Con un excelente diseño de producción, sin grandes efectos especiales, como corresponde a un retrato con vocación de fidelidad de las horribles trincheras de los campos de batalla de Francia entre los aliados y los alemanes. La película, dirigida por Johan Earl y Adrian Powers, deja el previsible mal sabor de boca de la miseria y el horror de aquella guerra que inauguró la maldad de ese siglo para olvidar que fue el XX.

Johan Earl, que repite como protagonista además de codirector, Tim Pocock, Denai grace, Sarah Mawbey, y otoro ilustres desconocidos en estas tierras pero dotados de humanidad y autenticidad. La brutalidad y el sinsetido de la guerra de trincheras en aquellos tiempos, la ignorancia y soberbia de los mandos, la falta de compasión y lógica de las órdenes, llevan a diversas cargas suicidas de los ingleses contra las trincheras alemanas. Todas condenadas al fracaso y a la carnicería de los soldados mandados por incompetentes oficiales que no acompañaban a sus soldaddos y suboficiales en su salto hacia la muerte. Un suboficial, magnifico interpretado por Johan Earl, un cabo y un soldado quedan aislados en tierra de nadie entre las trincehras enemigas, a merced de los francotiradores alemanes y de la salvaje brutalidad prepotente deñl oficial británico al mando.

Magnifica descripción de aquellas horas desoladas y de los sentimientos y emociones de los tres combateinetes abandonados por sus compañeros y hostigados por el enemigo. Como recurso dramático contrapuesto la melodramática historia sentimental del protagonista, tal vez lo más flojo de la película, con casualidad casi increíble incluida. Demnasiado determinismo sentimental en la historia que se nos ofrece, que no añade nada a la película y de alguna manera incide negativamente en la excelente dinámica de la histoia bélica, muy en la linea de "La Delgada linea roja" de Malik o de "Gallipolis" del también australiano Peter Weir.

Australia

Director
Johan Earl, Adrian Powers
Guión
Johan Earl, Adrian Powers
Música
Jason Fernandez
Fotografía
Glenn Hanns
Reparto
Johan Earl, Tim Pocock, Martin Copping, Denai Gracie, Sarah Mawbey, Barry Quin, Damian Sommerlad, Oliver Trajkovski, Igor Breakenback, Byron J. Brochmann, Alex Jewson, Steve Maxwell, James Shepherd
Productora
24/7 Films / Armzfx / Scarlet Fire Films
Género
Bélico | I Guerra Mundial
Sinopsis
Tres soldados británicos se encuentran varados en tierra de nadie después de una carga fallida en las trincheras alemanas. Situado en Francia 1916

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22 octubre 2013 2 22 /10 /octubre /2013 21:47

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 Se trata de la película póstuma del director francés Claude Miller, que murió poco antes de presentar la cinta en el pasado Festival de Cannes. Es una versión de la novela de François Mauriac, el escritor francés que obtuvo el Premio Nobel en 1952. Nacido en Burdeos en 1885 y muerto en Paris en 1970, Mauriac es definido erróneamente como el escritor católico de una época de escritores combativos con la Iglesia y humanistas laicos. Mauriac es, ciertamente católico y sus novelas suelen ilustrar, muy criticamente, un mundo dominado por la hipocresía religiosa y social y las grandes pasiones de la carne, rodeado todo por los remordimientos, la soledad y la represión sexual. Así que más bien, como él mismo decía, "solo soy un católico que escribe novelas", uniéndose a otro gran católico pendenciero, Graham Greene., mucho más dinámico y vitalista que él.

"Thérèse Desqueyroux" es una novela sobre la imposibilidad de conocer las auténticas motivaciones de nuestros actos, incluidos los más crueles. La perplejidad ante una moral difusa, incapaz de encontrar un camino claro. La película de Miller abunda en esos conceptos y para ello se sirve de la icónica Audrey Tautou, cuya falta de emotividad y "el caos de su mente" lastran la dinámica de la película, que se convierte en un continuo recital de miradas insondables y del plúmbeo transcurrir de una existencia provinciana marcada por las tradiciones familiares y la eternización de los roles, sobre todo el de la mujer-esposa. 

La película de Miller no sigue la estructura de la novela sino que la simplifica haciendo lineales y correlativos los escasos hechos que jalonan un argumento intimista, atento a los detalles de la vida cotidiana, perdiéndose la cárama en observar morosamente la casa señorial y burguesa, los grandes pinares de las Landas, el pueblecito cercano a Burdeos, las estrecheces morales de la sociedad burguesa rural. El elemento principal en torno al que pivota la excesiva duración de la cinta, es el homicidio por inacción que está a punto de cometer Therese al no impedir que su marido tome dos veces el mismo día un medicamento compuesto de arsénico. En la película hay una actitud activa por parte de Therese, no solo por facilitar que ingiera dosis altas sino por falsificar recetas parta disponer de más arsénico. Todo queda mal explicado pero Miller trata de compensar tratando de aclarar un poco más que Mauriac los motivos de la mujer, cosa que desvirtúa un poco el sentido de la novela. La impávida Tautou parece insinuar que es su amor a la libertad, a su propia identidad, la que le impelen al terrible acto. Mientras que la Therese de Mauriac afirma e insiste en que ella no sabe porqué lo hizo. La figura de la mujer, con su crueldad egoista hacia los demás y su abstracción casi autista, el ambiente cerrado, asfixiante, del entorno provinciano en los años veinte, están sin embargo muy bien reflejados por Miller.

    La actuación de Gille Lelleuche (el marido, Bernard), es la mejor de un drama romántico que parece pasar de puntillas por esos dos conceptos, demasiado estático como drama de pasiones y demasiado simple y terrenal para ser romántico. La forzada (e innecesaria, creo yo) linealidad del relato en la pelicula provoca ciertos saltos --sobre todo las dos o tres alucinaciones imaginadas por la protagonista-- e incoherencias, que crean cierta confusión en el espectador (sobre todo los que hayan leido la novela). La casi inexistente acción se diluye en largos tramos en los que el espectador asiste a descripciones, paisajes y rostros perplejos en la falta de emociones, hasta el punto que uno acaba por desear que aparezca Bernard, con su ingenua vitalidad, lo que acaba provocando cierto rechazo ante una Therese-Tautou que se aburre y nos aburre con su inapetencia emocional.

 

 

 

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20 octubre 2013 7 20 /10 /octubre /2013 16:26

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Nuevo libro de ese forzado de la literatura, incansable galeote del buque insignia de la novela y el ensayo histórico, que comparte con Silva y Pérez Reverte, entre otros, una suerte de simpatía y hermandad estilística por el género militar, que va desde los Tercios hasta los cuerpos armados actuales y una innata inclinación hacia la novela de intriga o espionaje y la novela negra. Hablo de mi amigo Fernando Martínez Laínez al que saludé hace décadas en su entrada en el mundo de la novela con un título "Carne de trueque" que se me antoja una de las adelantadas en la novela negra moderna en España. Ahora, magníficamente editado por EDAF, sale a la palestra el primer título de una trilogía ("El ocaso de los héroes") con el título de "Aceros rotos", enriquecido con magníficas ilustraciones, en el que analiza señeras figuras de nuestra historia épica y literaria, desde Balboa y Cortés a Quevedo, Alonso de Ojeda o Garcilaso. Con una prosa sencilla y ajustada, Martínez Laínez trata de rescatar de nuestro pasado histórico motivos y personajes para enorgullecerse e insuflar a "esta nave España que hace aguas (sic) por todas partes sin avistar puerto" un poco del impulso, el vigor y la audacia de tiempos pretéritos cuando aún éramos un imperio "donde no se ponía el sol". Y justifica, "Viene a cuento preguntarnos por lo que fuimos y lo que vamos a ser, puesto que cada vez sabemos menos lo que somos". Diagnóstico certero y empeño prodigioso de difícil éxito. Pero Fernando se pone a la tarea y a fe que lo hace con esmero y amenidad. Aunque reconozca que tal empeño ""tiene mucho de busca del tiempo perdido, porque perdido está lo que ya no recordamos, como les ocurre actualmente a muchos españoles con su propia historia". Para tratar de paliar tal cosa (en la que estoy, tristemente, de acuerdo) vale la pena leer este libro.

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18 octubre 2013 5 18 /10 /octubre /2013 07:19

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 Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura en 2010, publica su primera novela desde la concesión del Premio por antonomasia en el mundo de las Letras. Y lo hace volviendo a su Perú natal, incluso resucitando a algunos de sus personajes de anteriores novelas como el policía Lituma, el sagaz don Rigoberto (quizá un trasunto del propio autor, al menos en su amor a la literatura, la música y el arte) y referencias a algunos otros personajes y ambientes de su amplio mundo novelesco, como el burdel "La Casa verde" o el colegio militar "Leoncio Prado" donde transcurre una de sus primeras novelas, "La ciudad y los perros". En cuanto a "El héroe discreto",  es una novela que se puede resumir en lo que don Rigoberto opina de los desaforados incidentes a los que se enfrentan: "Dios mío, qué historias organizaba la vida cotidiana; no eran obras maestras, estaban más cerca de los culebrones venezolanos, bresileños, colombianos y mexicanos que de Cervantes y Tolstoi, sin duda. Pero no tan lejos de Alejandro Dumas, Emile Zola, Dickens o Pérez Galdós" (págs.285/6). Lo cierto es que ese diagnóstico literario puede aplicarse al conjunto argumental de esta novela.

Y aún así, a pesar de los localismos peruanos con los que trufa su escritura, el maestro muestra un vigor y una enjundia literaria de primera categoría, mostrando su veteranía creativa en esos diálogos a dos o tres voces en los que los personajes van aportando al momento en que viven lo que dijeron u oyeron en el pasado reciente, siempre claro está respetando la pertinencia al asunto del que se habla. El artificio, que el autor llamó "vasos comunicantes" en su "Carta a un joven novelista", está muy bien hilvanado y el lector siempre sabe quién y de qué se está hablando y lo que se está recordando. Solo por esto, el culebrón que nos sirve Vargas Llosa complacerá a los lectores más exigentes, sin perder de vista que, tal como don Rigoberto dice, "El héroe discreto" no pasa de ser un divertimento guasón y punzante en el que disecciona con habilidad los elementos saineteros y de picante crónica social o lisa y llanamente folletinescos (como me dijo una vez Cabrera Infante, "folletín viene de follar", así que pueden figurarse los elementos sexuales que intervienen)  que van apareciendo en la novela. Ciertamente un divertimento de indudable fuerza que no gustará demasiado a lectores muy exigentes, pero encantará a los que busquen diversión literaria de calidad.

La novela, situada en el Perú de nuestros días, gira en torno a tres temas que se van entrelazando y acaban relacionándose entre sí. La historia de Felícito Yanaqué, un pequeño empresario (física y económicamente), sus dos hijos, su mujer y su amante. Ismael Carrera, un viudo adinerado, propietario de una compañía de seguros, sus dos hijos (apodados con mucha razón, "Las hienas") y la criada de su hogar con la que contrae matrimonio. Y el ya conocido por los lectores de Vargas Llosa, don Rigoberto, empleado y amigo de Carrera, su esposa, doña Lucrecia y su hijo Fonchito que ve y se relaciona con una especie de fantasma doliente que se llama Ediberto Torres. No les cuento más para no chafarles la lectura. Sólo sepan que los incidentes se van encadenando en esta historia a tres bandas de una forma rocambolesca  y que el autor sale con buen empeño de todos los avatares y desgracias que plantea, quizá con la única excepción del fantasma, sacudido en dos lineas, que dejan al lector pensando que don Mario se ha pasado de listo y nos escamotea uno de los elementos de intriga del relato (cosa que puede restar algún punto al autor y a su novela).

Vargas Llosa no escribe un cronicón nostálgico del pasado peruano, se enfrenta a las características, buenas y malas, del presente y se coloca más bien junto a los personajes de su edad, ya curtidos por la vida, a punto de jubilación y, como don Rigoberto, aspirando a vivir en una especie de cápsula de belleza y cultura que se han ido preparando durante toda la vida, al margen de una época y una sociedad que no entienden y no les gusta. Así pues es más bien una novela de encomio a la tercera edad y sus personajes principales son tres hombres maduros que buscan la felicidad con dignidad. Estos son los tres "héroes discretos" dispuestos a luchar por algo en lo que creen y hacerlo desde la humildad y el odio a esa popularidad breve y abusiva de la sociedad de la des-información actual (don Mario carga a menudo contra la prensa "rosa" y la sensacionalista) y así Felícito se niega a pagar a los chantajeadores que le presionan ateniéndose a las consecuencias con gran  valor y entereza, Ismael Carrera se enfrenta a sus dos hijos medio delincuentes y se casa con la criada ante el asombro  de la sociedad limeña y don Rigoberto que padece las amenazas y presiones de "las hienas" no cede ante ellos y trata de superar la extraña vivencia de su hijo Fonchito con un fantasma llorón.

El melodrama está servido, los trucos narrativos también, giros inesperados, ocultación de datos, finales de capítulos anunciando cambios, en fin todo el bagaje de un autor veterano, ingenioso y zumbón. Como suele encontrarse en este autor, todos los personajes, principales y secundarios está nsoberbiamente dibujados, el sargento Lituma y el capitán Silva, la adivinadora indígena Adelaida que Felícito consulta, el padre O' Donovan, Ediberto Torres, el fantasma, el propio Fonchito,  doña Lucrecia y don Rigoberto. Novela interesante, pues, seguramente no tan redonda como otras del nobel hispanoperuano, pero apreciable y divertida.

 

FICHA.

EL HÉROE DISCRETO. Mario Vargas llosa.- Ed. Alfaguara.- 383 págs.- 19,50 euros     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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17 octubre 2013 4 17 /10 /octubre /2013 08:39

dias-de-pesca-en-patagonia-cartel-copia-1.jpg 

 

 

Excelente película argentina. como la mayoría de las que nos llegan de ese hermoso país. Aqui se trata de un drama intimista, familiar, pleno de lejanías y ausencias, resuelto con un tono ascético y esencialista, en el que se muestran poco las emociones pero brillan en sordina los sentimientos profundos, desde el amor al rechazo, desde la nostalgia al desasosiego de un  pasado no aceptado, el recuerdo y permanencia de esas heridas entre padres e hijos que el tiempo y la lejanía sólo cicatrizan, raras veces curan.

Dirige Carlos Sorin, que obtuvo un León de Plata en Venecia por su ópera prima, "La película del rey" y que consiguió llamar la atención de la crítica con aquellas "Historias mínimas" que ya comentamos en otra ocasión. Hay fidelidad de estilo en estas dos películas que ahora mencionamos con la que hoy nos ocupa. De la primera (el imposible rodaje de un película sobre un episodio histórico demencial: un oficial francés que viaja al sur de Argentina para proclamarse rey de la Patagonia) comparte el tema itinerante, el viaje que lleva por un paisaje desolado e inmenso a cumplir algun tipo de sueño. Aquí la reconciliación de un padre ya mayor con su hija que vive en un lugar remoto con su marido y un bebé. De la segunda, el tratamiento intimista, sentimental y mínimo de una historia familiar de desencuentros y reconciliación, en el mismo escenario impresionante de la Patagonia.

En ésta el protagonista (inmenso Alejandro Awada), un cincuenton solitario que se repone de una etapa de alcoholismo y de un pasado lamentable, viaja a la Patagonia, un lugar llamado Puerto Deseado, para pescar el tiburón y ver a su hija con la que no se trata desde hace años. 

Encuentros con gente de paso y del país que Carlos Sorin ha sacado de los propios pobladores del lugar, en un gratificante tono semidocumental que da verismo y autenticidad a la película (soberbios los personajes del entrenador de boxeo y de su joven pupila, dos perdedores llenos de realismo). Todo suena a cita en el fin del mundo, lugares remotos y grandiosos donde vive poca gente y la vida se reduce a los mínimos indispensables. Hay una enorme comprensión, y compasión, en la mirada que Sorín dedica a esas personas, entre las que el protagonista encaja con su buena voluntad y su resignación. Película de autenticidad en los sentimientos, en la búsqueda sencilla del perdón y la paz interior. No hay una acción propiamente dicha sino dos motivos centrales que se van uniendo y separando con la parsimonia del "tempo" vital casi al relantí de aquellas tierras, la pesca del tiburón, como coartada, y el reencuentro con la hija, motivo central pero pudorosamente mostrado. En los personajes, la austeridad y el conformismo de los antihéroes de Hemingway, de Faulkner o de Carver. Película para un público minoritario que busque en el cine la expresión delicada de profundas emociones humanas, casi susurradas..

   

   

 

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