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13 abril 2020 1 13 /04 /abril /2020 10:30

A través de los altavoces del Ayuntamiento suena, como cada mañana a las once, una serie de baladas, boleros, canciones de amor y alegría de vivir, de desengaños y de esperanzas. Durante poco más de treinta minutos la pequeña población comparte música, como un mensaje solidario y un guiño: estamos aquí, estamos juntos y recordamos juntos. Son aires musicales de los 70 a los 90, de una época en la que la mayoría de los vecinos que ahora escuchan nostálgicos, éramos jóvenes. Esto seguramente nos aliviará un poco el confinamiento.

Hoy el Gobierno ha decretado que muchos trabajadores de empresas no esenciales vuelvan, con las máximas precauciones, a sus trabajos. Es una medida difícil de tomar, delicada y contestada políticamente. El ,parón a la economía supone un efecto extremadamente grave al país. Pero esto no debe suponer un relajo en  el confinamiento del resto de la población. Es una medida controvertida y de consecuencias  imprevisibles. Precisamente por ello estoy con los que comprenden y apoyan al Gobierno, concretamente en esto. Y lamento la persistente y recalcitrante actitud egoísta y partidista de ciertas autonomías y ciertos líderes que generalmente siguen la orden de "vista a la derecha" y miopía hacia el resto del campo visual. 

El estado de alarma sigue vigente de momento hasta el 26 de abril. Las decisiones de desconfinamiento deben tomarse con sigilo, cautela y sentido común...más el asesoramiento de los expertos en sanidad y en epidemias. Caer en un rebrote generalizado nos devolvería a la pesadilla de las UCI colapsadas, los hospitales desbordados y las muertes a chorro  abierto. Lo inadmisible no es que el Gobierno trate de paliar el parón empresarial evitando en lo posible una reacción negativa del virus, lo que no tiene recibo es la violencia y la tensión política, la jaula de monos agresivos gritando su sinrazón en defensa de intereses partidistas. No he ahorrado críticas al Gobierno en muchos momentos de esta pandemia, sobre todo al principio. Soy un alérgico a los políticos actuales (no a la política,  que es necesaria cuando es buena y virtuosa, al estilo aristotélico) pero confieso que, analizando cada día las reacciones y respuestas de muchos países de este desdichado y hermoso planeta, el comportamiento del Gobierno español está dentro de esa minoría que puede recibir un aprobado, lo que es mucho cuando la nota de corte en un suspenso y es poco ante la otra minoría que no pasa de notable bajo con ligero olor autoritario. Señores de la muy desleal oposición al Gobierno, olviden sus diferencias y apoyen el hombro (que para eso les pagan) a la empresa común de sacar al país del marasmo donde se encuentra. Y si sus "convicciones" no se lo permiten, háganle un  favor a esa España que tanto y tan mal "defienden": váyanse a casa y esperen a que esto termine, bien confinaditos, renunciando a sus opíparos sueldos hasta que todo se normalice un poco.

Alberto Díaz Rueda

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12 abril 2020 7 12 /04 /abril /2020 09:59

Un supuesto artículo del añorado Forges (no cuesta imaginar la lucidez con la que los personajes entrañables del dibujante nos harían más llevaderas las duras circunstancias que vive el mundo) que en realidad es de un periodista madrileño que todavía no se cree el éxito viral que ha tenido en la Red, nos habla del pecado mortal nacional de nuestro país: una sórdida, blindada y alabada mediocridad. Es la conjura de los necios elevada a la máxima potencia posible. El autor de la explosiva filípica dijo ante la sorpresa del éxito: "pero si no es más que un conjunto de obviedades". Amigo mío, justamente ese es el secreto de la mediocridad española: es tan obvia que pasa inadvertida transmutada en supuestas virtudes. 

Mediocridad la sale por las orejas al ministro de cultura, un tal Rodríguez Uribes, que considera desdeñable ocuparse de la Cultura ante lo que estamos viviendo. ¿De verdad? Alguien recordó una anécdota de Churchill (creo que todo el mundo cuando no sabe a quien endilgar una agudeza citan a Churchill, Russell, Groucho Marx o Einstein): en un Consejo de ministros en plena guerra cuando alguien dijo que se debería reducir o anular el presupuesto de Cultura, Churchill se negó en redondo y le espetó: "La Cultura es lo que nos permite entender lo que ocurre y más aún, es lo que nos permite soportarlo". Dimita, señor Uribe.

Mediocridad insultante es el comportamiento de muchos hispanos recalcitrantes que están creando un amplio anecdotario de la picaresca y el mediocre" ingenio" de sus excusas ante la policía o la guardia civil para que les permitan violar el confinamiento (por el momento la única medida junto con lavarse las manos que ha demostrado cierta eficacia para detener el virus), desde aducir con cara de total inocencia que van a tomar el sol y que no sabían que eso estuviera prohibido, hasta sujetos que le alquilan el chucho al vecino para salir a pasearlo, o el que lleva a un segundo pasajero metido en el maletero del coche, el que va a comprar con chándal, zapatillas y una bolsa a quince kilómetros de su domicilio, o el que consigue una bolsa de repartidor, tipo Glovo y sale a pasear en bici, el que poniendo cara de suficiencia dice aquello (pensaba yo que no se usaría nunca más a partir de la democracia, qué inocente) de "usted no sabe con quién está hablando, agente", o el que muestra un carnet de abogado, ingeniero o arquitecto y asegura que su profesión está entre las facultadas para salir del confinamiento, los que fingen malestar, enfermedad o síntomas y rozando lo poético, una pareja de mayores asegurando que iban a la playa a "dar de comer a los peces". 

En fin, mucho bueno está surgiendo en la ciudadanía a causa de este desastre pandémico, cuya gravedad aún está creciendo y es difícil de imaginar sus retorcidas consecuencias . Hay una mayoría que respeta las prohibiciones. Los héroes anónimos abundan, desde la cajera del supermercado al personal sanitario, los cuidadores, los agentes de la policía, soldados, guardias civiles, repartidores auténticos, farmacéuticos, agricultores y  hortelanos, transportistas, periodistas, personal municipal---la lista es enorme. La mediocridad ética es la que hace que muchos encuentren divertido e ingenioso todo lo que antecede; mediocridad es la de aquellos que admiran y ensalzan a una folclórica que grita y dice tacos en los programas populistas de la tele; al banquero corrupto con labia de chamarilero que defiende con argumentos penosos una inmoralidad pública en la que "todos se aprovechan" y los que no lo  hacen es porque "no pueden o no saben", a políticos de una ignorancia descarada y de encefalograma plano que dedican a insultar y desgañitarse con un ojo puesto en su sillón bien pagado y el otro en cómo aumentar el número y la violencia de los descerebrados que le siguen...No vale la pena seguir.

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11 abril 2020 6 11 /04 /abril /2020 09:03

Hace un mes. En marzo, el dia 11, miércoles a primera hora de la mañana, llamaba al presidente de La Comarca para hablar sobre la suspensión de la Marcha Senderista que había de celebrarse el domingo 15. Todo estaba preparado, pero había algo que ya estaba más que preparado, estaba dando muestras de actividad incesante: el virus. No había orden ni concierto en los niveles altos del poder político. Desconcierto, falta de información fiable, exceso de bulos, noticias alarmantes, líderes que se reían de las alarmas, países que no acababan de tomarse en serio las noticias ya confirmadas del avance brutal del virus en Italia: uno de los más viejos recursos psicológicos del ser humano (y de los más peligrosos para la supervivencia), la negación de lo evidente, la fórmula absurda y mágica que dice que si niegas algo con la suficiente persistencia, ese algo no te afectará, no existirá. Un recurso típico de mentalidades infantiles o aterrorizadas. Trump, Johnson, Bolsonaro, Macron fueron negacionistas contumaces.

Después vino el desamparo ante la imprevisibilidad relativa de la pandemia, la inseguridad de la población ante Gobiernos superados por un desastre que no tenía precedentes, el miedo, las medidas contradictorias, ineficaces, el comienzo de la toma de conciencia de la gravedad, el conteo inmisericorde de contagios y de víctimas, pero también las muestras de solidaridad, de apoyo, la heroicidad de muchos, la hora de los aplausos. Un juego de contradicciones donde destacaban los irresponsables que trataban de burlar el confinamiento  (única medida realmente eficaz que está amansando la curva ominosa de la catástrofe), los que se aprovechaban económicamente de la falta de medios, la lamentable actitud de algunos políticos preservando su pesebre y su ideología y sus intereses bastardos por encima de la tragedia global, la concreción de medidas a través del ensayo-error, los primeros descubrimientos de la hecatombe geriátrica...y rodeándolo todo como una cúpula negra de tormenta, la amenaza de una crisis económica global de consecuencias difíciles de imaginar unido al egoísmo, el nacionalismo miope, la insolidaridad entre Estados.

Nunca como ahora son tan oportunos los versos de Mario Benedetti de "Cuando la tormenta pase":

Cuando la tormenta pase/ Y se amansen los caminos/y seamos sobrevivientes de un naufragio colectivo...nos sentiremos dichosos/  tan solo por estar vivos/... le daremos un abrazo al primer desconocido/ y alabaremos la suerte de conservar un amigo.

Y entonces recordaremos /todo aquello que perdimos/ y de una vez aprenderemos/ todo lo que no aprendimos.../ Valdrá más lo que es de todos
Que lo jamas conseguido/ Seremos más generosos/ Y mucho más comprometidos.

Entenderemos lo frágil/ que significa estar vivos/ Sudaremos empatía
por quien está y quien se ha ido.../ Y todo será un milagro/ Y todo será un legado /Y se respetará la vida,/ la vida que hemos ganado.

Cuando la tormenta pase/ te pido Dios, apenado,/ que nos devuelvas mejores,
como nos habías soñado

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10 abril 2020 5 10 /04 /abril /2020 10:32

Los escritores de temas relacionados con la Naturaleza, "nature writing", están muy de moda desde los lejanos Thoreau, Darwin, Emerson, Burroughs, Carson, Abbey y los más cercanos Oliver Rackman, Richard Maybey, Olivia Laing, Flora Thompson, Roger Deakin, Robert McFarlane.  Durante más de cincuenta años he vivido practicando dos deportes principalmente: el tenis y el senderismo/montañismo por los Pirineos, las cadenas montañosas anteriores tanto en Aragón como en Cataluña y cuando el trabajo no me dejaba tiempo suficiente, extenuantes excursiones corriendo montaña a través por el Montseny, Montserrat, Collcerola, Montsant y la zona de Sant Miquel del Fai y Tavertet. Por tanto acostumbro a devorar todo libro de montañismo, excursiones y, con envidia, de expediciones, que cae en mis manos.

El libro de Nancy Campbell no podía ser menos. Ya sólo el título me intrigó y me atrajo. El hielo es para mí un oximorón  fascinante:  es tan cálido como la belleza de sus paisajes y la rememoración de sus historias al calor de una buena chimenea , un pipa bien cargada y un whisky de diez años en vaso ancho y se vuelve gélido, inhóspito, amenazante y  rechazable cuando me encuentro en persona rodeado por él. Lo conocía en el cine y en las noticias y hasta pasada mi primera juventud no tuve contacto con él. Y no me gustó.

El libro de Nancy me ha devuelto al estado de ánimo fascinado que me producían aquellas lecturas de Grey, Salgari, Verne, Scott, Amudsen, Shackleton, Conan Doyle. Hacer un viaje literario por entre hielos eternos (¿durante cuánto tiempo seguirán así?) témpanos, glaciares, nieve virgen, el frío polar, la fauna y flora de ese mundo poco amigable de una belleza insomne, su particular fauna, los pueblos que habitan esos desiertos blancos y montañas coronadas. La voluntad enciclopédica de Campbell se desgrana en temas colaterales que se van sustantivando en los seis bloques en los que divide su libro. La especial garra que el momento que vivimos da al libro de Nancy se basa en las consecuencias ya visibles del cambio climático, con las amenazas -algunas desconocidas- que acarrea la destrucción de ese mundo y el desequilibrio que produce en la homeostasis del planeta ( más que la destrucción inicua, irresponsable y ecológicamente criminal que se está realizando de la selva amazónica, el pulmón verde del planeta).

Nancy es una buscadora pertinaz y está abierta a la sed de conocimientos y a la curiosidad estimulada por una sensibilidad naturalista poco común. Su personal vivencia en la residencia invernal en un museo de Groenlandia que invita a artistas de todo tipo a hacer sus obras evocadas por el hielo con tal de que las dejen en el museo después (con la excepción lamentable de los escritores que pueden llevárselas (mejor no entro en analizar esa normal). Nancy hará un trabajo hermoso entre narrativa y dibujos y los envia al Museo para agradecer su hospitalidad y algo más: el impulso que la llevará a viajar por muchas zonas y a investigar en bibliotecas a fin de escribir el libro que hoy les recomiendo.

La fascinación de Nancy por las cambiantes formas del hielo, su presencia y la infinita información que ofrecen, la historia del mundo encriptada en sus grandes praderas de grosores inauditos, la historia de los descubrimientos científicos, los mitos, la literatura y la filosofía que los enaltece, van ilustrando este viaje literario por ese elemento natural al que está atacando ferozmente el cambio climático. Nancy echa mano a menudo de su sensibilidad poética, evitando el sentimentalismo, tratando de ofrecer atisbos de visión de la pureza y la solidez austera del hielo y también de las comunidades que allí viven, mostrándonos su solidaridad y cálida relación con el visitante.

Han sido siete años de estancia y pesquisas en museos y bibliotecas, de viajes a lugares remotos., de apasionadas lecturas de viajeros polares y exploradores, de contactos con cultura indígenas, un canto en definitiva a la defensa de un entorno frágil que está amenazado de extinción (como, por supuesto, también lo estamos nosotros, los causantes en última instancia del desastre planetario). Nos va citando a personajes tan emblemáticos como Marco Polo, Robert Falcon Scott, John Irving y su travesía del Polo Norte. Sin olvidar el capítulo dedicado a los antiguos cazadores de los hielos o al patinaje artístico, un mundo peculiar.

La diferente densidad y agarre de los temas que Nancy va desgranando a través del viaje de su narración, todos engarzados como en un collar por el hilo del entusiasmo de la autora, le ofrece al lector un nivel de interés bastante elevado que hace de la lectura un placer.

FICHA

LA BIBLIOTECA DE HIELO.- Nancy Campbell. Trad. Lorenzo F. Díaz. Ed. Ático de los libros.- 2020.- 288 págs. 17,90 euros

 

 
 

 

 
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10 abril 2020 5 10 /04 /abril /2020 08:11

Desde la terraza de mi estudio, observo cómo  el sol cálido y dorado de la tarde prende en el paisaje silencioso, los bosques cercanos, el trazo rectilíneo de la Via Verde, las suaves colinas que se extienden por la verde y boscosa llanura hasta el perfil dentado de las azules barreras de los Puertos, allá en el norte, donde comienzan las tierras catalanas. Es como uno de esos paisajes en miniatura que asoma en los cuadros de la Escuela Flamenca. Hay una paz campesina, simple, apegada a la tierra parda labrada, los olivos alineados, almendros floridos, bosques de encinas, pinares, sabinas...y sobre ese tapiz verde un cielo impoluto, azul: Pero hay un detalle imprevisto que se advierte poco a poco, como el tenue movimiento de una mariposa, es la ausencia de movimientos humanos, mecánicos. No se escucha el eco profundo de los aviones comerciales que suelen sobrevolar de paso estas tierras bajoaragonesas, relativamente cercanas al mar, o los estampidos súbitos de cazas que dibujan sus líneas y arabescos blancos en el inmenso medio arco del cielo. Ningún automóvil o camioneta circula por la carretera sinuosa que lleva al norte. Ningún vecino regresa de la labor del día en su tractor ruidoso, ni Desiderio el pastor pasa con sus ovejas hacia el corral.

Es un día especial de un mes especial. Es el viernes de abril santificado por la tradición y la costumbre religiosa. Pero es más singular porque no nos llegan ecos de tambores, campanadas, murmullo de rezos o sonidos de pasos acompasados. El mundo ha detenido su giro estacional humano. La Tierra sigue su marcha propia, indiferente a los sinsabores de esa especie de bichitos que se creen en la cúspide de la Creación. ¿Aprenderemos, nosotros los ilusos, la lección clara y cruel, que la Naturaleza nos ha planteado? ¿O seguiremos con nuestra soberbia y nuestra codicia, creyéndonos que la dominamos? Con estas y otras reflexiones, pasa la tarde. Escucho la maravillosa música del "Lakmé" de Léo Delibes y su delicioso "Dúo de las flores", mientras leo los Ensayos de Montaigne y trato de que todo lo inopinado que ocurre en el mundo, eso que nos obliga a estar encerrados y esperar -en el mejor de los casos- que de una manera u otra se llegue  a una solución, afecte mi capacidad de razonamiento crítico, mi amor a la vida, mis afectos personales, mi empatía por el resto de las personas que viven su "aquí y  ahora" en cualquier parte de este planeta, sorprendidos y desolados al reconocer nuestra impotencia. Escribe Montaigne: "Nada fija algo en tu memoria tan intensamente como el deseo de olvidarlo". Espero que no olvidemos nunca la dureza de esta lección y aprendamos a comprender que sólo la solidaridad y la cooperación entre todos nos permitirá sobrevivir a las catástrofes venideras que nos afectarán nuevamente a todos.

 

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9 abril 2020 4 09 /04 /abril /2020 09:20

Hay datos esperanzadores aunque tímidos todavía de ralentización de contagios y fallecimientos en España. Parece que, a pesar de haber reaccionado tarde y con dudas, estamos haciendo lo correcto teniendo en cuenta la falta de medios y el bloqueo sanitario, por falta de previsión. Pero, claro, es casi imposible prever lo imprevisible. Peor lo tiene Estados Unidos o Inglaterra con unos líderes negacionistas, uno de los cuales está en la UCI y el otro sigue patinando con tanta estupidez que quizá el mundo se libre de él (si es que hay sentido común, cosa que dudo, en los votantes trumpianos). Ahora, con un descaro y una desvergüenza alarmantes, culpa a la OMS, a la que su país financia muy generosamente, de no "haberle avisado con tiempo de la gravedad de la pandemia", cosa que sí ocurrió y "ha olvidado" que se le avisó a finales de enero. También ha "olvidado" que él se burló públicamente de esa "gripecilla" hasta que a finales de marzo tuvo que reconocer, no que se había equivocado y pedir disculpas, sino simplemente que "existía la pandemia y había que tomar algunas medidas, pero sin parar la economía". Sería cómico si no fuera trágico. Al fin y al cabo la pandemia se está cebando con los viejos y los negros (los dos sectores de población más desasistidos en el país) elementos escasamente necesarios para Trump. 

En cuanto a los fallecimientos por el Covid, en España se acercan a los 15.000. Pero seguimos hablando, como en todo el mundo, de cifras aproximadas, ya que el sistema de conteo es distinto en cada país. El número real en el mundo tal vez lo sepamos algún día en el futuro. Ahora, no. Ese "paraíso del humanismo y la solidaridad" que es Holanda (otra decepción para el que esto escribe) no admite pacientes de edad avanzada en los hospitales y cuando mueren no los contabiliza en las cifras oficiales. Alemania sólo cuenta los muertos que habían sido sometidos al test. Y en nuestro país parece ser que sólo se contabilizan los muertos en hospitales y centros sanitarios, no en residencias o en domicilios.

Me temo que otro de los "fallecidos" por el Covid sea la UE, a no ser que se apliquen medidas sanitarias y económicas contundentes (cosa que me temo que, gracias a Holanda y algún otro país, no va a ser posible). La OMC, la Organización Mundial del Comercio lo ha dicho bien fuerte y claro: "El proteccionismo no es la solución de la crisis económica y sanitaria, no somos autosuficientes, nadie puede hacer nada solo. La cooperación mundial es esencial". Pero, mientras, el jefe del Consejo Europeo de Investigación ha dimitido en protesta por la falta de respuesta y actitud común, de liderazgo,  de la UE frente a la pandemia. Aunque la UE ha atacado duramente al científico por su "protagonismo". Tendremos que reinventarnos como europeos. No queda otra.

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8 abril 2020 3 08 /04 /abril /2020 09:35

Seguimos percibiendo la dicotomía entre libertad individual  y bien común, entre disciplina social motivada y derechos individuales, entre ciudadanos preocupados por su derecho a ir a sus segundas residencias a pasar la Semana Santa y personas que aplauden las 300.000 sanciones aplicadas y las 3.000 detenciones realizadas con reincidentes y agresivos. Hay pueblos costeros que han creado retenes de policías municipales para bloquear los accesos. Mientras tanto la eventual mejora de las estadísticas de mortalidad y letalidad del COVID siguen despistando a la población. La mortalidad designa la proporción de fallecidos con respecto a la población total de la ciudad o del país de que se trate. La letalidad es la proporción de contagiados por el virus que fallece. En todo caso si la curva de Gauss desciende, aumenta la curva en ascenso de los que tratan de saltarse el confinamiento. La ausencia de una política común y  de medidas coordinadas entre los países de Europa (y del mundo, pero eso es otro tema) muestra a las claras una de las mayores decepciones políticas que el que esto firma, y tantos otros como yo, hemos tenido sobre la idoneidad de Europa como futuro nivel de Gobierno continental. Un sueño utópico más que se desvanece-

Creo que el Covid también afecta a las neuronas-espejo  (las encargadas de crear ese sentimiento maravilloso que se llama empatía) de sujetos-as que van dejando jirones de su humanidad. Me refiero a personas de ambos sexos que trabajan como cuidadoras o personal sanitario con escasa formación en demasiadas residencias de la tercera edad. Evidentemente son la excepción -y la vergüenza- de esa abnegada profesión que sólo merece aprecio y admiración por su papel en esta hecatombe. Pero para alarma de todos se repiten ejemplos de actuaciones que rozan la criminalidad contra esa parte de la población que está siendo la víctima propiciatoria del virus (sin olvidar la problemática compleja de las faltas  de ayuda, los recortes, la mala gestión o la dejadez de administraciones y políticos): nuestros ancianos. No voy a entrar en detalles. Duele de solo escribirlos.

Y, por último, mi queja desde hace mucho, demasiado, tiempo. Los bulos, la manipulación de las noticias, los alarmismos, la instrumentalización política a base de mentiras, exageraciones y disfraces "humanitarios". La extrema derecha sigue su marcha de desprestigio, de creación de angustia ciudadana, atizando los odios y las quejas, creando campañas apocalípticas y destructivas...pero eso sí, incapaces de dar ni una sola idea constructiva. La queja y el odio como directrices. Forman una voz única e identificable de AUSENCIA de inteligencia, realismo, compasión y solidaridad.

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7 abril 2020 2 07 /04 /abril /2020 12:12

Parece que el confinamiento está dando un resultado positivo: la famosa función estadística o  "curva" de Gauss comienza a descender. Hay menos contagios y menos fallecimientos, pero la alarma está en vigor y, créanme ahora más que nunca debería mantenerse. Todos los que de una manera u otra han trabajado en alguna ocasión en entornos de epidemias y por supuesto el mundo sanitario, saben que las recaídas son muy peligrosas y aún más difíciles de erradicar. No escribiré de estadísticas y cifras provisionales, desconfío de los big data y de números sin constatar o fuentes y sistemas de evaluación. Pero hay algo desgraciadamente constatado, aunque no es su magnitud exacta: el enorme número de ancianos fallecidos a consecuencia del virus. una gran parte ingresados en las llamadas "residencias para mayores, en dos terceras partes bajo gestión privada.

Lo que más me llama la atención y me entristece es constatar cómo en pleno siglo XXI  parte de la sociedad española y muchas familias -quizá empujadas por necesidades y exigencias de nuestro actual modelo  de vida-  hayan olvidado el respeto y cuidado que merecen nuestros mayores. Que sigamos unos criterios económicos y sociales que descarta a los ancianos como no productivos y por tanto onerosos para la sociedad y sus familiares, obstáculos del progreso social y el bienestar familiar.  ¿Cómo se ha podido olvidar que muchas familias han sobrevivido en algunas épocas gracias a las magras pensiones de los abuelos? Otras no existirían o no tendrían una supuesta vida confortable -que lo es en muchos casos porque los ancianos tienen un agitada vida activa cuidando de los nietos mientras los padres trabajan- sin los sacrificios y el trabajo duro que esas personas hicieron toda su vida laboral. Y recordemos que esa generación dada por perdida, fue la que con su activismo y su sacrificio modelaron los cambios políticos y sociales para edificar una España que jamás había sido tan próspera. Y todo eso, para, en muchos casos, recibir como agradecimiento el ser aparcados en algunas mal llamadas "residencias". Lugares que más bien son " morideros" en los que ni siquiera, como en la vieja película "Soylent Green",  los ancianos descartados morían pacíficamente y sin dolor escuchando la Pastoral de Beethoven con maravillosas secuencias de una Naturaleza verde y fértil  tal y como ya no existía en la película, un mundo arrasado por la contaminación global.

Pero dejémonos de películas. Lo cierto es que el Covid19 ha traído a la realidad una cuestión nada baladí: ¿qué diablos está haciendo la sociedad capitalista avanzada con sus ancianos? ¿Sabremos algún día con certeza el número vergonzante de ancianos que ha muerto en esas "residencias" o en cualquier otra parte por efecto del virus, de la dejadez culpable de las administraciones públicas frente al problema y de la codicia inhumana de multinacionales y fondos carroñeros? ¿Recordaremos con vergüenza comentarios oídos a líderes políticos internacionales y algunas personas  en nuestro país, manifestando sin asomo de humanidad, "menos mal que el virus se ceba preferentemente en viejos" o "será un descanso para el sistema de pensiones" o "para lo que hacen" o "será un modo de equlibrar la superpoblación de ancianos" o "ya han tenido suvida, que dejen sitio a los que vienen"... Y demás lindezas tan prescindibles como éstas.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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7 abril 2020 2 07 /04 /abril /2020 11:42

A menudo uno se pregunta porqué nos dejamos invadir por otros idiomas cuando el nuestro cubre, incluso más bellamente, la necesidad u objetivo comunicativo de que se trate. La colonización del inglés es un fenómeno irreprimible y global. Y, sin duda, tiene sus razones económicas, científicas, sociales y culturales. Pero, vaya, hablamos tan ricamente de "fake news" cuando podríamos decir "noticia falaz". ¿Qué es falacia? Atiendan: mentira, engaño, calumnia, fraude, falsedad, capciosidad, insidia, dolo. El autor, falaz, es mentiroso, embaucador, embustero, artero, artificioso, engañoso, insidioso, capcioso, falso, impostor. ¿Quizá es que queda más fino, culto, informado o socialmente bien visto que hablemos de "fake news" más que de noticias falaces?

Dejemos eso. Hablo de la proliferación de ese tipo de "noticias" en estas jornadas dramáticas de forzado aislamiento relativo y de eclosión exponencial de mensajes, vídeos, postales, películas, charlas y conferencias, algunos de origen oficial y la mayoría anónimos o escudados en supuestos especialistas o expertos, cuando no lisa y llanamente en descerebrados o, aún peor, intereses ocultos de tipo político, económico o patológico. La mayoría muestran una grosera simplicidad, cierta estupidez y una agresividad partidista bien detectable. Pero en otros es difícil percibir y detectar su falsedad. Vienen protegidos por tres elementos que los blindan contra el sentido común. Uno, suelen apoyarse en verdades demostradas y del dominio público, pero sólo de forma instrumental y parcial. Dos, se enmascaran en personas más o menos conocidas, instituciones públicas y estudios científicos de índole universitaria. Tres, ofrecen mensajes neutros, bien escritos y desarrollados, con impecables apoyos de tipo gráfico o documental, en los que hay que ser muy diestro, informado en la cuestión y estar muy atento para detectar la semilla de falsedad que introducen. Y aún más difícil es percibir el interés doloso de la posible fuente. ¿Quién gana -dinero, poder o influencias- si uno se cree la falsa noticia?

Estoy percibiendo en los últimos días un crecimiento sutil (este tipo de fuentes deformativas tiene muy en cuenta el síntoma de sospecha que crea una aglomeración de noticias falaces) de informaciones suavemente sesgadas para "advertirnos" de la manipulación informativa de chinos y rusos con respecto al Covid, otros que resaltan geopolíticamente la bajada del precio del crudo y lo que supone para ciertos países y alguno más descarado que nos alecciona del nuevo mundo y los equilibrios de poder que van a sustituir y no de forma positiva al antiguo orden (que, asombrosamente, queda como algo "deseable" en sí mismo, aunque no aclara para quién). Ojo, pues con lo que leemos y vemos. No nos traguemos todo.

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6 abril 2020 1 06 /04 /abril /2020 09:37

Hace más o menos un mes comenzábamos a percibir la alarma que venía de oriente, ante los bulos, la desinformación y la arrogancia de quienes creían que eso no sería una amenaza real a nuestro "sólido" sistema de vida. Fue la primera lección que aprendimos: la prepotencia es pura y simplemente insensatez. Cuesta creer, cuatro semanas después, con las cifras de contagios disparadas a niveles obscenos y de muertos a números apocalípticos.  ¿Saben ustedes que las cifras que nos llegan no son en absoluto exactas, que la víctimas reales las desconocemos, no sólo porque hay quienes las ocultan sino porque las sistemas de computación son irregulares, en algunos países inexistentes y en otros quedan disimuladas por otras causas?

Pero lo más difícil de creer a estas alturas de la pandemia es que sigan corriendo bulos indeseables, mentiras interesadas, medias verdades manipuladas o ignorancia y estupidez negacionista. Hoy lunes las noticias siguen mostrando actitudes, comportamientos y tendencias absolutamente destructivas e insolidarias (que por lógica humana resaltan más que las maravillosas muestras de cooperación, compasión, ayuda altruista y humanismo que también abundan). Haré un rápido recorrido, desde mi particular "bestia negra" de la política internacional, ese dechado de reconcentrada cretinez pública que es el señor Trump, que pretende hacer más grande su país y está logrando su cometido: cada vez es más grande en su obstinada insolidaridad y mezquindad ombliguista. Y es más grande el rechazo y las críticas que recibe de sus antiguos aliados. Ahora ha dado en hacer su propia guerra comercial con el resto del mundo tratando de acaparar el mercado de material sanitario para luchar contra el Covid  aunque sigue presumiendo de su negacionismo irredente: ha declarado que él no se pondrá la mascarilla en ningún momento. Esperemos que lo haga así. Estados Unidos entra esta semana en los picos de contagios (más de 350.000) pero su nivel de vuelos internos sigue al nivel de siempre y el confinamiento público se reduce a algunos de esos Estados.

Por cierto,  el primo gemelo de Trump (y no sólo en chocante aspecto físico) el señor Boris Johnson ha tenido que  salir del 10 de Downing Street para internarse en un hospital, pues su positivo en el virus sigue adelante (debe lamentar amargamente sus comentarios desdeñosos ante la pandemia y su renuencia a tomar las medidas adecuadas). Que conste que no deseo más que un susto a esos dos líderes que tanto daño están haciendo a la solidaridad global. 

En otros lugares: Irak cuya guerra olvida la amenaza que ya tienen en casa, como Yemen y Siria. El negacionismo surrealista de los líderes de Brasil, Nicaragua y México que está agravando la potencialidad del virus, con mediocres sistemas de salud y una población con pocos medios y muchas aglomeraciones. O, lo que es muy alarmante, las recidivas de Singapur y Japón (el primer ministro Abe se niega aún así a declarar el estado de emergencia).

En fin, un panorama poco alentador. La cretinez de algunos con poder sigue complicando las cosas. Es la historia eterna de nuestra especie.

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