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22 noviembre 2013 5 22 /11 /noviembre /2013 08:10

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No conocía a Eugene Field (1850-1895) y tampoco había leido nada sobre él o sobre su obra. Al aparecer bajo el sello de Editorial Periférica "Los amores de un bibliómano" busqué datos sobre él, casi inexistentes, excepto en inglés (en Estados Unidos es conocido y estudiado). Me llamó la atención su corta vida (al parecer era una persona enfermiza desde niño) por cierto muy bien aprovechada (ocho hijos y varios libros de poesía, infantiles y relatos --entre ellos uno muy célebre entre los aficionados a los relatos de terror sobre el Hombre Lobo--) circulando cómodamente entre el mundo periodístico --donde fue muy popular una columna humorística que escribía en un gran diario-- y el literario. Y en cuanto al libro, aparte de la deliciosa portada de Periférica, me atrajo el hecho de que fuera considerado el germen de aquellas dos delicias de Christopher Morley, "La librería ambulante" y "La librería encantada" de las que ya hablamos aquí en otra ocasión y el más lamentable de que "Los amores de un blibliómano" fuese un libro póstumo con un postfacio de su hermano donde nos cuenta algunas peculiaridades de este autor que, además, era una buena persona con sólidos valores éticos y un talante amistoso y encantador (cosa que se trasluce en sus intervenciones personales en el libro que nos ocupa).

Con cierto candor (ay, tan desusado en estos tiempos) nos aclara nada más comenzar el libro que no se trata de los amores femeninos de los que nos va a hablar sino de sus amores irreprimibles por los libros. Muy bien traducido por Angeles Santos, con un desarrollo un tanto caótico y reiterativo, el libro deja evidente su carácter póstumo, ya que un cierto desaliño en la coherencia del relato hace pensar en que quedó pendiente una reforma del texto por el autor. Se articula como si fueran  artículos o comentarios literarios, a veces claramente biográficos y personales, siempre en torno  al amor, a veces obsesivo, por los libros, todo ello rodeado de un suave, blanco, inocentón sentido del humor en el que despunta algún guiño malicioso o picaresco y comentarios que dan cuenta de la religiosidad del escritor.

Hay más inteligencia que apabullante erudición en estas páginas (gracias a los dioses) y uno disfruta acompañando al autor en su viaje por la bibliomanía, aunque muchos de sus comentarios son irrelevantes para un lector español y algunas de las obras citadas rozan más las pasiones del coleccionista bibliófilo que las de lector. Da igual que no conozcamos --ni nos interesen-- muchos de los autores y obras citadas, es tal el encanto y el amor a los libros desplegados, que uno devora las páginas como un postre.

Ensayo ligero, aunque no banal, hay en muchas de sus páginas un generoso y vivificante cántico a los libros como compañeros vitales, consuelo en momentos amargos, alegre diversión y toda esa casuística que encanta a los "lletraferits" de todo el mundo. No olvida a libreros y editores, ni a ilustradores y nos habla de algo que conocemos, y añoramos, el olor inolvidable de los libros (preferentemente los antiguos) y la sensualidad del tacto de encuadernaciones y papel. De ahí el titulo ambivalente qiue puso Field a su libro, en cuanto sujetos-objetos de amor. Una leve misoginia que suena obsoleta impregna esas comparaciones y el tópico "rechazo" de las esposas a los libros como "rivales" en el amor del marido. Pero hay que recordar que es un hombre del siglo XIX el que escribe y sustenta opiniones y creencias que eran moneda común y de curso legal en la sociedad de su época.

¿Qué diría Field de nuestra época de crisis libresca cuando él había escrito que los libros serán eternos, ya que "dentro de mil años, serán lo que son hoy, dirán las mismas palabras, expresarán la misma alegría, la misma promesa, el mismo consuelo; siempre constantes, rien con los que rien y lloran con los que lloran" (pág. 14). Poco más de un siglo separa la publicación de estas líneas y los tiempos actuales, en los que el ebook es a los libros lo que la música militar es a Mozart, el café instantáneo al café moka o la pornografía  al amor.

A partir de esto, piense el lector que pasará unas horas deliciosas--pocas, es un libro corto, 205 páginas-- conociendo la influencia de la inteligencia de los escritores en sus calvicies, el lujo de leer en la cama, los libros adorados por el autor, desde Boccacio, a Cervantes, Villon, Cicerón o Plinio, o Defoe y Herodoto, la existencia del "bacillus librorum", los ex-libris, la relación de sus dos grandes amores juveniles con dos libros. Además, disfrutará del encanto de delicisos panegíricos propios y ajenos, que dedica a los libros, como: " Risa para mis momentos más alegres, distracción para mis preocupaciones, lágrimas para mis penas, consejo para mis dudas y seguridad contra mis miedos. Todo eso me dan mis libros, con prontitud, certeza y alegría..." (pág 81). 

Y una curiosidad espigada en la página 154 de este delicioso librito: "Alonso de Aragón solía decir, en elogio de la vejez, que la ancianidad le parecía preferible en cuatro cosas: la madera vieja para quemar, el vino viejo para beber, los viejos amigos para confiar y los viejos autores para leer".

 

FICHA

Los amores de un blibliómano.-Eugene Field. Periférica. Traducción:Ángeles de los Santos. 205 págs.17,50 euros-

 

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20 noviembre 2013 3 20 /11 /noviembre /2013 16:16

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Magnífico thriller psicológico australiano interpretado por el siempre solvente y aparentemente torturado Willem Dafoe. Se trata de una película muy digna inmersa en el género de denuncia ecologista. La cosa va del extinto Tigre de Tasmania o Demonio de Tasmania, un animal ya mítico que es una especie de cruce de carcaterísticas entre un gato y un perro salvajes, un depredador ya extinguido hace siglos pero que aún pervive en las leyendas y los mitos de remotas zonas de la isla de Tasmania.

Defoe es un cazador profesional a sueldo de una gran corporación de experimentación biológica. Debe encontrar los rastros de una pista sobre un supuesto espécimen que se encuentra en las selvas de ese remoto lugar. A partir de ese momento las complicaciones entorpecen el idílico y bellísimo recorrer selvático del cazador, bajo los rasgos austeros y de una severa dignidad del actor. La viuda y los dos hijos del científico ecologista que encontró el rastro (muerto y desaparecido en extrañas circunstancias) aportan el elemento sentimemntal y emotico a la historia. Cazadores rivales también a sueldo, los pobladores de la zona que mantiene una actitud agresiva hacia los ecologistas porque les impiden la explotación de los arboles de la zona y un entramado conspirativo en el que está implicado también el segundo gran actor de la película, Sam Neil, llevan hasta un climax de thriller violento que tendrá un trágico final para la joven viuda y un compromiso emocional para Dafoe en la persona del niño que ha perdido a sus padres y su hermana en la rivalidad por encontrar al ejemplar del animal ya casi desaparecido al que se pretende clonar.

A destacar la delicada química entre el niño casi autista que tiene una extraña habilidad para empatizar con la tierra donde vive y sus animales y el cazador solitario y hosco.

Buena película que, por razones incomprensibles, seguramente pasará directamente al mercado del dvd sin pasar por salas. Con sus defectos y sus simplicidades argumentales (esta basada en una novela de la escritora australiana Julia Leigh, que no he leido y por tanto ignoro el portecntaje de culpa que ésta tiene en la trama que nos ofrece la película) la cinta merecería mejor suerte.

Dirige Daniel Nettheim que reúne al citado Defoe,  a  Sam Neill y a la siempre ajustada y creíble Frances O'Connor como tripleto protagonista. El niño Sullivan Stapleton está muy bien en su duro papel y me recuerda al niño que dio la réplica a Nicholson en "El Resplandor" de Kubrick.

 

 

 

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19 noviembre 2013 2 19 /11 /noviembre /2013 08:55

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TRAVESÍA FÁCIL Y HERMOSA DE CUATRO DÍAS EN TOTAL, DE UNOS SETENTA KMS, REALIZADA EN CERCA DE 24 HORAS REPARTIDAS EN CUATRO ETAPAS

 

 

En este segundo reportaje, repasaremos las tres etapas siguientes del circuito del Brogit de la Vall, que fueron sustancialmente más cortas pero amenizadas por lluvias, vientos y algo de frío y sobre todo con el hallazgo casual de un refugio de montaña fuera de lo previsible y lo acostumbrado, uno de esos regalos que el senderismo guarda a sus adeptos.

Como recordarán dejamos el último reportaje en Farena, donde descansamos de una larga y muy variada excursión. Al dia siguiente subimos nuevamente hacia La Riba, unos 15 kms, con un desnivel de subida de 650m  y uno de bajada de 1340 m. La siguiente etapa fue de La Riba a Mont-Ral, una de las más bellas. Y finalizamos de Mont Ral a Capafonts, de sólo 12 kms, que un despiste en els Mollats convirtió en 14.

La etapa de La Riba, tras una noche agradable en Farena con Michel, el guarda (y también profesor de niños discapacitados), comienza muy de mañana, aún oscuro, y amenaza lluvia. En principio subimos entre llovizna por un sendero que va a La Bartra, antiguo camino vecinal que aun conserva su empedrado. Subimos a un collado que separa las vertientes del rio Brugent y el valle del rio Sec. pasaremos cerca de una serie de Masías, cruzamos el rio Sec que hace justicia a su nombre y caminamos un rato por la pista de la Bartra entre un bosque de encinas. La Bartra es una simple agrupación de casas, con una fuente y una balsa y un sosiego enorme.

Seguimos subiendo por la pista y cogemos a la izquierda un sendero que va a Rojals. Encontramos las señales del GR 171 cerca del barranco de Bernat Sec y lo seguimos,  ya sin dejarlo hasta llegar a Rojals. Antes pasaremos por la carretera TV-7044 y la seguiremos en dirección a La Riba, dejando a la izquierda el pueblo de Pinetell. En una curva fuerte encontramos una pista delimitada por muretes de piedra seca, antiguo camino de La Riba. Seguimos la pista orientándonos hacia el SE y seguimos un sendero entre pinos hacia el Brugent. Pronto encontraremos las ruinas de un molino de papel (hay 27 en el valle). Pasamos un collado y comenzamos una bajada entre campos antiguos de cultivos y dejamos dos molinos más a nuestra espalda. Al fondo vemos el Castell Dalmau, el gran bloque de roca que domina el valle y que visitaremos mañana. Pasanos junto a la ermita de Sant Doménec, adosada al molino del Figuerola. Bajamos a la TV-7044 y cruzamos el rio Brugent por el puente de la carretera hacia La Riba. Vemos el molino de les Truites y encima la Penya Roja. Unos minutos mas de caminata nos llevan a Els Masets, el punto de menos altitud de todo el recorrido, donde pasaremos la noche (La Riba queda a dos kilómetros).

11-nubes-bellisimas-anochcere.JPGAl día siguiente salimos con tiempo nuboso y frío aunque en el transcurso del día cambiará para mejor. La tercera etapa nos llevará a Mont-Ral (justo cuando lleguemos al refugio se desencadenará una fuerte tormenta), delicioso pueblo asentado en una colina entre las cuencas del Brugent y del Glorieta, con espléndidas vistas sobre el Camp de Tarragona.

Pero antes hemos de subir por una pista y luego un sendero estrecho y umbrío hasta el Castell Dalmau, cuna de la escalada en el conjunto de las Montañas de Prades y seguiremos rio arriba entre molinos papeleros y masías. Cae una fina llovizna cuando llegamos a la zona, con el imponente farallón de la Peña Roja a nuestra espalda. Pasamos por la fuente del mas de Pascual, al SE queda el pueblo de La Riba, un enclave fabril repleto de camiones y chimeneas humeantes, con la sierra de Miramar como fondo.

Encima de la fuente encontramos las señales del GR7. Por un sendero que nace a la izquierda nos dirigimos hacia el castell Dalmau, una enorme roca calcárea en forma de muela que emerge de la tierra y es un reto para los escaladores.

Despues comienza un recorrido con vistas sobre el valle del Brugent, el Camp de Tarragona y el Mediterráneo como telón de fondo, por una inacabable pista que baja hacia el Coll de Gracia. Allí encontramos un cruce de pistas que resolvemos optando por la que sigue a la derecha. Despues de una fuerte subida, en un tramo cementado, dejamos el GR 7 (que va a Mont Ral diectamente) y optamos por una pista que baja hacia el río, flanqueando el monte por un bosque de encinas. Llegamos a la fuente de la Diana, con un agua fresquísima y deliciosa. Muy cerca y de una forma casual encontramos el refugio de La Cabrera. Lo visitamos y gozamos de la hospitalidad de Jesús y Yoli (Yolanda), con la bella presencia potencial y venidera de su hija Jara.  Una hora mas tarde seguiremos camino a Mont Ral donde nos rodea una fuerte tempestad ya cobijados en el Musté-Recasens, un refugio oscuro y muy transitado. Cuando escampa, un problema de over booking nos obligará a volver por donde vinimos y buscar refugio en La Cabrera. Así que miel sobre hojuelas.

El último dia es el tramo más corto (unos 12 kms) y nos llevará hasta el punto de salida, Capafonts. Salimos de Mon-Ral por la antigua era  por la pista que va a Farena y pronto cogemos un sendero que sube hacia los riscos de La Foradada y Els Mollats. Encontramos un excelente mirador sobre Mont Ral y la cabecera del rio Glorieta. Continuamos a pie de pared, dejamos La Foradada a nuestra ziquierda y seguimos por la planicie dels Mollats., llaneando por el camino pedregoso cercano al risco. En ese punto tenemos un despiste y nos adentramos en els Mollats en lugar de bordearlo. Una hora y pico mas tarde nos encontramos lejos del camino que debiamos haber seguido hacia la fuente del Rei y el barranco del Marc. Por tanto nos vemos obligados a dar un rodeo y subir hacia Capafonts por el Puente natural que pasamos el primer día y descendemos por el valle del nacimiento del Brugent hasta llegar a Capafonts, fin del viaje.

En resumen: un poco mas de 70 kms de caminos con fuertes desniveles, realizado en un total de 24 horas de caminata con descansos incluidos, divididas entre los 4 días del circuito, una media de algo más de 17 kms por día. Una travesía bastante descansada y agradable, como ven.

 

UN RIO BRAVO

El Valle del Brugent ocupa unos 260 km2 y está limitado al norte por la Sierra del Bosque de Poblet y la meseta dels Mollats al sur, con cumbres y recorridos de más de mil metros de altitud. Justamente en las faldas del Mollats nace el rio Brugent --que durante miles de años ha perfilado y modelado el valle al que da nombre-- justo en la fuente de la Llúdriga, junto a Capafonts, que visitamos la jornada anterior. El rio va sembrando  su recorrido de fuentes, pequeñas cascadas y pozas hasta nutrir las aguas del Francolí, creca del pueblo de La Riba. El Brugent, muy estacional, ha provocado dos riadas famosas en los años 1874 y 1994, causando inundaciones, destrozos e incluso la pérdida de vidas humanas. Nadie lo diría viendo ahora su exiguo caudal, aunque en algunos lugares la ferocidad de destrozos de piedras y áboles en el cauce hablan bien a las claras de la ferocidad y bravura de sus aguas cuando las circunstancias ambientales lo permiten.

(Para consultar tanto las vias de acceso al valle, como los mapas disponibles y necesarios--asequibles para los lectores de la zona en la Librería Serret de Valderrobres-- así como cuestiones relacionadas con albergues y el servicio de la agencia que diseñó el recorrido, vean el anterior trabajo publicado el martes 5 de noviembre)

 

 

 

 

 

 

 

DATOS A TENER EN CUENTA

Durante todo el recorrido vamos conociendo los parajes pintorescos que el rio ha diseñado en el valle y además vamos dando una enorme vuelta por las cumbres de las montañas que rodean el valle, desde la planicie del Els Mollats donde crecen las carrascas y el boj, hasta los bosques de robles y arces en las vertientes umbrías, y el familiar clima mediterráneo de las solanas, con pinos, encinas e incluso palmitos, hasta pasear por las orillas del Brugent donde crecen los chopos, fresnos y sauces. Sinfonía de colores en el otoño, rojos, verdes luminosos, rosas en el azul desvaído de las mañanas neblinosas y el contraste con la gris contundencia de la roca, el blanco calcáreo y los rojos de la arenisca. De todo hay en la paleta pictórica del valle.

Además, la antiguedad remota de estos lugares se refleja en numerosos yacimientos de pobladores, con pinturas ruprestes, restos iberos (cerca de La Riba) romanos y árabes (está muy cerca el valiato de Siurana con ricas tradiciones y leyendas) que dominaron la región hasta el siglo XII. Pozos de hielo por doquier y sobre todo molinos de agua para moler el trigo o los trapos, la harina y el papel, nos hablan de las actividades industriales de la zona, sobre todo hasta el siglo XVIII (curiosamente esa ultima actividad se mantiene en La Riba). Los grandes edificios y las colonias fabriles de aquellos tiempos aún mantienen sus fachafas en lugares recónditos, invadidas por le vegetación y los árboles. Vale la pena detenerse en ellos y observar la distribución y los enclaves de esos mudos y derruidos testigos de otros tiempos, aún muy cercanos.

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18 noviembre 2013 1 18 /11 /noviembre /2013 08:17

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Película bastante edulcorada sobre los tiempos del colonalismo francés en Argelia (nada menos), con tímidas alusiones al racismo de aquellos franceses que luego lucharían contra la propia patria por su deseo irreal y suicida de mantener eternamente la racista, paternalista, abusiva administración colonial y los abusos y privilegios de los franceses que consideraban suyo el país africano. La disculpa, si la hay, es que no se trata de una película política, sino de una historia de amor. Un amor "fati", maldito, entre dos jóvenes, un argelino "integrado" en la sociedad dominante y una chica francesa. Pero no se trata de los impedimentos de las familias opuestas y enemigas, tipo Romeo y Julieta, ni de los de clase social y economica o religiosa. Hablamos del sentido del honor, del joven y de una razón más prosaica, la sexual. ¿Cuál es el problema? El muchacho argelino, interpretado en permanente estado de estupor y paividad por Fu'ad Aït Aattou (la secuencia de la seducción del chico por Anne Parillaud, la madre de la futura amada prohibida, roza la comicidad y el ridículo)  promete a su amante mayor que él que no aceptará el amor de su hija, lo que acerca esta película de una forma demasiado evidente a "El graduado", salvando las distancias: ni Fu'ad es Dusttin Hoffman, ni la Parillaud es Anne Bancroft, ni Nora Arnezeder es Katharine Ross, ni Alexandre Arcady es Mike Nichols.

Quizá lo más interesante sea el principio y el final de la película. Un bocadillo con nada suculento entre pan y pan.Si además unimos a eso las más de dos horas y media de elefantiaca proyección, la cosa tiene bemoles. Demasiado para un paraíso perdido francés que se habia convertido en un infierno colonial (más o menos lo que nos cuenta Coppola en las secuencias descartadas de "Apocalypsis Now", sobre la plantación francesa que encuentra el grupo de comandos norteamericano en plena selva de Vietnam).

La película se basa en una célebre novela de Yasmina Khadra, en la que trata desde un punto de vista original  (el de un muchacho desgarrado entre dos sociedades y dos nacionalidades), el problema de los "pieds noirs", los franceses argelinos obligados a volver a la patria cuando Argelia logró, tras una cruenta y cruel guerra, obtener la independencia. Papelito insustancial de Vincent Pérez, que sin embargo encarna magnificamente el drama interior de la clase dominante francesa obligada a abandonar ul país que ya consideraban su patria irrenunciable..

 

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16 noviembre 2013 6 16 /11 /noviembre /2013 08:50

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Antón Castro es uno de esos colegas (pocos) que dan prestigio, solidez, solvencia y dignidad a una profesión nunca muy sobrada de hombres notables, el periodismo. Como algunos de sus más interesantes compañeros de pluma, Castro juega en varias divisiones al mismo tiempo y nutre los no muy poblados campos de la buena literatura, ya sea relato o narración de altos vuelos, crítica literaria o teatral. Gallego de nacimiento y maño de adopción, conserva el límpido castellano de su cuna y la saludable y franca energía de la segunda. Me fascinó con el "Testamento de amor de Patricio Julve" y ahora aprovecho una confusión de mi librero, Octavi Serret, al que le pedí la novela "Cariñena" de Castro y me trajo "Conversaciones con Mariano Cariñena", del mismo autor. Se trata de la vida y trayectoria profesional de un "hombre total del teatro" en Aragón, a través de largas entrevistas con ánimo totalizador. Doy la confusión por aprovechable y leo de un tirón este documentadísimo volumen sobre unas charlas en las que me siento interesado, no sólo por razones de índole vocacional (siempre me he sentido muy cercano al teatro, no sólo como espectador asiduo sino como autor frustrado) también por pasar por una época, de los sesenta a los ochenta, en los que las dificultades, los problemas, la censura y la incultura como forma de acción política oficial, establecían un escenario público en el que los jóvenes que éramos entonces debíamos de luchar por poner en marcha nuestros sueños de libertad. Bernard Shaw, Arrabal, Bertold Brecht, Miguel Labordeta, Pirandello, Peter Hacks, Strindberg, Ionesco, Valle Inclán, Max Frisch, Moliere, Dario Fo, Sartre, Sanchis Sinisterra, Fasbinder, Jardiel Poncela... autores que son hitos en la memoria de cualquier persona aficionada al teatro. El libro de Castro sobre la figura de Mariano Cariñena, director y autor teatral, profesor y hombre comprometido con su tiempo y con Aragón, es de lectura amena y particularmente adecuado para quienes lucen canas y recuerdan los tiempos idos (no peores en algunos aspectos), pero también para los jóvenes interesados en el teatro que conocerán un tiempo en el que hacer teatro era más que un oficio, solía ser una toma de postura. Magnífica la edición del Centro Dramático de Aragón.

 

CONVERSACIONES CON MARIANO CARIÑENA.- Antón Castro.- Edición ilustrada del Centro Dramático de Aragón. 236 págs..

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15 noviembre 2013 5 15 /11 /noviembre /2013 08:18

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Después del desafío de los tres libros del "1Q84", no sólo argumental, sino estilístico y de factura de los personajes, Murakami vuelve a sus tics literarios con "Los años de peregrinación del chico sin color". Los elementos más visibles son reiterativos, nuevamente la música cumple una función importante en la trama, el personaje es un solitario treintañero culto y observador, el amor, el enamoramiento, la pasión y el sexo van de la mano en la historia, los detalles se multiplican, vestimentas, platos de cocina, pequeñas faenas cotidianas contadas son pulcritud escueta, las reflexiones abundan y las voces íntimas suenan con verosimilitud, todo hace un conjunto agradable de leer y que tiene un "sabor" que ya relacionamos inmediatamante con Murakami, aunque no sepamos si lo que leemos es de él.

En esta ocasión son las suites de piano llamadas "Los años de peregrinación" de Listz y sus piezas componentes las que van contrapunteando la búsqueda del "chico sin color", Tsukuru Tazaki, que busca a sus amigos del pasado para intentar comprender porqué fue cruelmente excluido del grupo, un día cualquiera sin ninguna explicación, abocándole a un infierno íntimo que sólo parecía desembocar en el suicidio. Él se siente un "chico sin color" no sólo porque a diferencia de sus cuatro amigos del grupo su apellido no hace referencia a ningun color, sino que su propia vida carece para él de sentido y de contenido.

No hay aquí la crítica social aguda de "1Q84", ni el romanticismo hipertrofiado de otras de sus obras, como "Baila, baila, baila", y perfila con cuidado los elementos y sugerencias sobrenaturales que suelen ser marca de la casa, sólo insinuándolos sin dejarse llevar por ellos. La historia, pese a su aparente banalidad, está muy bien contada y el autor nos sumerge con habilidad en la trama, aunque se permite algunos excursos y explicaciones que rompen el pausado ritmo de la narración, incluso estancándolo con cosas aparentemente al margen del nudo narrativo (algo que se recrudece al final, con todas las divagaciones en torno a la gran estación de Shinjuku, el ya muy explicado amor de Tazaki por los trenes y los sueños que le produce sus sentimientos por Sara) que le permite hurtar el bulto en el último capítulo, dejando todo sin resolver, ¿o quizá brindando un final abierto por la renuencia del joven ingeniero a hablar con su amiga aunque protesta sin cesar que desea hacerlo?

En esta ocasión los elementos sobrenaturales, que inquietan al lector desde la narración de un sueño de contenido sexual y la tragica muerte de una de las amigas del grupo, acaban desveneciéndose y el realismo de la narración acoge al lector hasta el final donde vuelve a surgir el apunte onírico y "extraño" que, no lo olvidemos, suele ser típico en Murakami. Esos elementos  no parecen afectar lo más mínimo al protagonista que, como otros héroes de este autor, parece vivir tranquilamente en un mundo real y cotidiano surcado de vez en cuando por ramalazos de cosas no cotidianas y seguramente tampoco reales.

Parece haber una tensión narrativa medida por un designio del autor: emparentar sus obras unas con otras, no solo por el estilo sino por determinados personajes y sucesos extraordinarios en lo cotidiano. A veces tales sucesos acaban con la coherencia de la narración como en "Kafka en la orilla" o en algunos momentos de "1Q84", convirtiendo a los personajes en simbolos vacíos y dislocando la realidad en algo desconcertante. En "Los años..." ese defecto de medida no vulnera la fragilidad poética de la obra y la historia se desenvuelve con ese ritmo irregular de Murakami, con largos momentos de verbalismo incontrolado y otros de austeridad expresiva y emoción contenida. Y cuando el engarce entre lo "sobrenatural" y lo cotidiano no funciona, Murakami nos escamotea la coherencia del personaje y los convierte en seres de papel, dejando al lector por lo común sin explicaciones del evento, como por ejemplo la "deserción" de Hada, su inteligente amigo, entremezclada con un  sueño erótico o las dudas de Tazaki sobre si asesinó o no a su amiga "en otro plano".

Murakami nos ha traido una nueva novela pero no una novela nueva. Es como si hubiera cogido de aquí y de allá en su obra anterior, hubiera espigado en ambientes, personajes y comparaciones poéticas y nos hubiera manufacturado una copia de elementos unidos de su propia obra. Quizá lo más resuelto sea el comienzo cuando el protagonista se enfrenta a lo que es por encima de lo que cree ser y de lo que los demás dicen de él. En lo demás no hay mucha originalidad. Aunque de ello emana una advertencia importante: es hora de cambiar de registro. Quizá una nueva vuelta de tuerca al realismo mágico "made in Japon murakamizado" no sería una buena idea.

"Los años de peregrinación..." satisfará a los seguidores y fanáticos (que los hay) de Murakami. A los lectores independientes les parecerá una novela menos esotérica que "1Q84" pero paladearán el universo cotidiano de este escritor con sus referencias al arte, la literatura, la cocina o la arquitectura. Y a los que esperaban algo mejor y distinto a sus obras anteriores, un poco de decepción. Uno, que es un lector optimista, cree que Murakami ha dado con esta novela un cuidadoso paso atrás, quizá con la intención de dar un salto para delante con la próxima. ¿Qué se apuestan?   

 

FICHA: 

Haruki Murakami, “Los años de peregrinación del chico sin color”, traducción de Gabriel Álvarez Martínez, Tusquets, 2013, 314 pp.PVP 19,95 euros  

 

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14 noviembre 2013 4 14 /11 /noviembre /2013 08:31

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En los años ochenta las novelas de ciencia ficción alcanzaban récords de venta y los aficionados leíamos verdaderas obras maestras del género sin demasiada conciencia de ello. Sólo nos divertíamos y !de qué manera! Entre las grandes obras de la época destacó "El juego de Ender" de Orson Scott Card, que se llevó los dos premios más presitgiosos de la SF, el "Nebula" de 1985 y el Hugo del año siguiente. En los noventa Scott Card amplió la novela tres títulos más y a finales de la década escribió una tetralogía basándose en la Saga de Ender, que se llamó la Saga de las Sombras. Así que el asunto dio bastante juego. Imagínense lo que Hollywood puede hacer de ese filón. Hasta Harry Potter se quedará corto.

Empecemos por decir que las novelas de Scott Card son bastante difíciles de llevar a la pantalla incluso en estos tiempos de fantasía digital hipertrofiada. Y añadiremos que si el resto de la saga sigue los derroteros en que Gavin Hood, director y guionista, nos ha llevado en esta primera película de Ender, no le auguramos mucho éxito si es que hay justicia en el mundo del cine (a primera vista no suele haberla, otra cosa es la posteridad).

El mundo novelesco de Scott Card es complejo y especulativo. Sus personajes, especialmente Ender, son contradictorios, inteligentes, potencialmente crueles y reservados. Los problemas del adolescente Ender en la Academia militar de oficiales y sobre todo en la de altos mandos, no son los de un niño genialoide que oscila entre la prepotencia y el desprecio, sino los de un persona de alto potencial intelectual desgarrado entre su mente y su moral, con un cuerpo de niño y unas capacidades de adulto genial. Las secuencias de la Escuela y el previsible final, aparte de dejar una descarada puerta abierta a las secuelas, resultan algo confusos y gratuitos, muy acorde con el gran público palomitero al que va dirigida la película, con preferencia evidente.

Harrison Ford como mando supremo de la Escuela sigue siendo una versión vetusta pero aún de buen ver de aquél que encandilaba a las jóvenes en Indiana Jones o como Hans Solo. Su cinismo y dureza no acaban de estar muy logrados y sólo parece que está siempre cabreado. Su aportación secundaria al filme sigue siendo un lujo tan discutible como la de Ben Kingsley que parece surgido de "Apocalipsys Now". Dos grandes venidos a menos en esta cinta que está decididamente montada a mayor gloria y honra del jovencísimo Asa Butterfield, en el rol protagonista, uno parecido al que nos brindó no hace mucho el hijo de Will Smith --junto a su padre, en una infumable película apocalíptica-- pero con bastante más solvencia y un parecido más que notable con Eliah, el gran Frodo de "El señor de los anillos".

La película nos muestra una Tierra que ha sobrevivido a un intento de colonización de extraterrestes con pinta de insectos gigantes, una especie de cruce entre murciélagos y mariposas pardas, llamados "insectores". El planeta sigue militarizado y hay una especie de escuela de élite donde ingresan niños y jóvenes con altisimo nivel de inteligencia y de los típicos valoies militares (cosa que no aparece demasiado en la película, poblada de jovenes con el coeficiente típico y la educación y comportamiento de los marines peliculeros, "¡Señor, sí señor!"). Encontramos a Ender, ya en la Escuela de Batalla, en la que el jefe supremo, Harrison Ford, le nombre públicamente y considera como el Lider que ha de salvar a la Humanidad en la definitiva guerra contra los insectors. Los problemas del chico se agudizan, no sólo en su familia, con un hermano medio psicótico que le odia y una hermana que llora constantemente por él (dos personajes mucho más interesantes y esenciales en la novela) sino en la Escuela donde, gracias en parte a Ford, se convierte en objeto de odio primero y de admiración después de sus compañeros (un recorrido habitual en este tipo de peliculas de base militar).

Los adolescentes que acompañan a Ender en su dinámico rito de paso que lo llevará a comandar la flota suprema de la Tierra (¡toma ya!) en un truco final que deja boquiabierto al respetable, resultan actores de mucha más credibilidad que los adultos que les acompañan, incluidos los dos grandes  actores ya mencionados. Pero todo ello no borra la envenenada sensación que uno tiene de que estamos viendo un episodio de teleserie, un episodio piloto de lujo, desde luego, pero a la altura, y bajuras con todos mis respetos, de Star Treck o "La historia intreminable" y ahora de la descafeinada "El Hobbit".

Los que aman y lle aún las novelas  de Scott se llevarán las manos a la cabeza. Es lógico que no se reflejen todas las complejidades de las novelas de la saga, pero  no lo es que se simplifique en exceso y se convierta en banal un dilema ético de primer orden y que tiene que ver con xenocidios y fascismo militar (aunque desgraciadamente esto no nos suena a ficción). En el plano cinematográfico, ritmo irregular, narración incoherente y como a saltos, interiores poco fascinantes, música ramplona y trepidante y fotografía mal iluminada en muchas ocasiones.

"Juegos de guerra" del siglo XXI (la película homónima de Richard Fleisher de mediados del XX es mucho más divertida). En resumen película para los aficionados a la Ciencia Ficción que estén dispuestos a ensordecer --qué manía con los decibelios desatados-- con una peli de adolescentes metidos en belicismos extremos. Los lectores de Scott Card, abstenerse. Los lectores a secas, que vean la peli y luego lean a S.C. Ya me dirán si están de acuerdo con mi crítica.

 

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12 noviembre 2013 2 12 /11 /noviembre /2013 09:29

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 Película a mayor honra de la actriz francesa Bernadette Lafont (ésta fue su última interpretación antes de fallecer, el pasado año) que en Francia se llamó "Paulette" y aquí hemos rebautizado como "El postre de la alegría". Poco tiene de alegría, excepto las ganas, a veces excesivas, de buscar la risa cómplice del espectador y mucho de postre en el sentido gastronómico del término, lo que viene al final del ágape y que en aras de la buena salud uno suele dejar de lado. La cinta es torpe, algo abusiva, ligeramente antipática, poco verosímil en un contexto que intenta ser de denuncia social y realismo, con su moralina desvaída y sus referencias, que no guiños, a películas más consistentes como "Chocolat" o "Amelie" mucho mejores aunque sinceramente sobrevaloradas

La cosa va de ancianas pensionistas en estado de necesidad, semiruina o miseria disfrazada. Una de ellas, Paulette, la protagonista es un prodigio de mala fe, racismo, antipatía y nula moralidad. No comprendo cómo la excelente Bernadette Lafont, una institución entre los secundarios célebres del cine francés, se prestó para interpretar un pesonaje semejante que, en la segunda parte del filme, como era previsible, se vuelve buena, atenta, considerada y supuestamente entrañable (sin llegar a serlo, ni siquiera en el edulcorado final). Bien es sabido que el sentido del humor suele ser distinto según el país de donde procedas. Así que no me sorprendería que en Francia tuviera éxito semejante humor (aunque no nos rasguemos las vestiduras, aquí hay un público fiel a los desafueros de un Torrente, por ejemplo).

Por tanto película para fans del humor bajo popular francés. Dirige, es un decir, Jerome Enrico y junto a la dichosa Paulette, vemos a nuestra Carmen Maura haciendo de maruja venida a menos. Y, ¿de qué va esta bagatela cómico-realista? De una abuela necesitada e impresentable en cuyas manos cae casualmente un paquete de grifa, haschis o "costo", se mete en el asunto al reclamo del dinero fácil, tropieza con los chorizos de poca monta que se dedican a la venta al por menor, conoce al boss de medio pelo que lleva la zona y tras algunos tropiezos trágico-cómicos decide elaborar pasteles drogados y tiene un éxito bárbaro. A partir de aqui las cosas se van complicando muchísimo, la lógica y verosimilitud se van de paseo y en el desbarre general de la película, personajes y situaciones rozan el ridículo más pretencioso. Por lo demás se salva alguna secuencia por su comicidad extrema y lo demás no merece más comentarios.

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11 noviembre 2013 1 11 /11 /noviembre /2013 08:14

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De vez en cuando la cartelera permite, entre el fárrago habitual de estrenos hollywoodienses y otras flores extranjeras, recuperar muestras del buen cine español que se hace en estos tiempos de crisis generalizadas en el mundo de la cultura. La nueva película de Gracia Querejeta no es para lanzar cohetes, desde luego, pero tiene un tono general de calidad que no deja de estar a la altura de las comedias o dramas cotidianos que nos vienen de otras latitudes. Esta realizadora (hija del productor Elías Querejeta) logra en sus obras un ambiente intimista, cotidiano, con elementos poéticos y bastante ternura en los personajes, piezas tan destacables como "Una estación de paso", 1992, "Cuando vuelvas a mi lado", 1999 o "Siete mesas de billar francés", 2007, que intercalan a veces obras menores (alguna con polémica incluída como "El último viaje de Robert Ryland", que provocó los procesos judiciales con el escritor Javier Marías por llevar al cine una novela de éste cuya versión soliviantó al novelista).

En "15 años y un día", Querejeta nos habla de una historia mínima, anécdota de crecimiento de un muchacho, Jon (Arón Piper), un adolescente problemático que complica la vida de su madre separada (Maribel Verdú, excelente como siempre) hasta el punto que ésta decide enviarlo a pasar una temporada con su abuelo (Tito Valverde, en el mejor papel de su carrera a juicio de este crítico). Película bien planteada, aunque resuelta de una forma en la que la sencillez se convierte en una cierta atonía emocional y desemboca en una suerte de thriller casero que no se resuelve con la fuerza que sería de desear.

Lástima porque los ritos de paso que suelen hacer interesante el difícil curso de la pubertad a la juventud (acordémonos de "Los cuatrocientos golpes" del maestro Truffaut, por ejemplo), aquí se banalizan en exceso, aunque los elementos complementarios de la narración nos atraen y nos interesan a partes iguales. El guión de Santos Mercero es excelente incluso en detalles tan marginales y algo excesivos para la verosimilitud general de la trama como la relación entre la inspectora de policía y Tito Valverde, o la muerte del perro del vecino que molestaba a la mamá Verdú y que el chico decide propiciar. No obstante, todo sería permisible excepto, como ya apunté, el final y la resolución de la trama con el asesinato del joven quinqui en unas circunstancias poco claras.

El tono general, en contra de otras película de Gracia Q., no logra crear empatía entre los personajes principales y el espectador, salvedad hecha del personaje del abuelo, cuya actitud y comportamiento entronca con  algunos grandes secundarios del cine español, como José Bódalo o Estanis González, por ejemplo.

Así pues, película que roza el notable y muestra una vez más la salud y el vigor del cine español, siempre tan menospreciado en líneas generales y con las debidas excepciones. Un análisis más pormenorizado del filme podría darnos las claves de lo que falla en  esta película para alcanzar mayor calidad, pero dejemos aquí el comentario con esa nota y la espera de que el siguiente trabajo de Gracia Q. esté a la altura de su indudable talento.

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9 noviembre 2013 6 09 /11 /noviembre /2013 08:27

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Como complemento del artículo vecino, ¿qué mejor opción que reseñar una novela publicada por una pequeña editorial madrileña, Demipage, sobre la figura emblemática que Jorge Carrión en su libro toca de pasada: el librero? Pues bien, a la altura de muchas otras novelas en las que el vendedor de libros (que suele ser mucho más que una simple  figura comercial) deviene protagonista de ficción, como la última que les dediqué sobre el misterioso señor Penumbra, dueño de una librería abierta las 24 horas del día, o el regente de una librería parisina que sólo quiere vender novelas excelentes, "La buena novela" o la pareja de "La librería ambulante", Régisde sa Moreira, el autor de "El librero", bebe un poco de todas ellas (aunque quizá no las haya leido, los conceptos y comportamientos en los que se basan están en el fondo anímico de todo amante de los libros) y nos habla de un espécimen de librero que vive por, para y dentro de los libros que apenas vende, sujeto a el corsé de una exigencia difícil: no vender jamás "basura" es decir libros malos o deficientes, sino libros a los que el librero da sello de valor. Pero en "El librero" no es éste el único personaje especial de la novela sino los propios lectores que van demandando libros extraños, limitados temáticamente por exigencias estrambóticas, todo ello en un ambiente onírico y poético en el que todo es viable. Novela menor, episódica y aparentemente sencilla y superficial, tiene no obstante un secreto encanto y complementa con su rareza y su osadía literaria la propuesta del "piso superior" en esta página. Narrada con un estilo que recuerda (solo recuerda) el Saint Exupery de "El Principito", la narración es corta y engancha, fácil de leer y con una rara poesía en su fondo. Y así leemos: "Tomó al azar un libro de su estantería. Lo abrió por la primera página, empezó a leer y sonrió. Pasó la página, siguió leyendo y se dejó caer sobre su sillón para deslizarse hacia abajo y acabar sentado en el suelo. Su sonrisa se ensanchó. No se trataba de un libro divertido, de hecho, estaba muy lejos de serlo, pero aquel era el efecto que los libros causaban en el librero. Es más, ese era el motivo por el que se había hecho librero" (pág.33). No hace falta más, ¿verdad?

 

FICHA

EL LIBRERO.-Régis de Sá Moreira. Traducción de Sofía Rhei.-189 págs. 14 euros. 

 

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