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5 abril 2013 5 05 /04 /abril /2013 12:00

paco elviraQuerido Paco, hace unos días me enteré de tu muerte. En acción, como cabía esperar. Conozco la zona donde tuviste el accidente de montaña. He caminado mucho por el Garraf. La noticia me la dio mi mujer, Anna (que no sabía que nos conocíamos) pues por los datos biográficos que publicaba "La Vanguardia" imaginó que nos habíamos cruzado. La verdad es que bastantes veces. No sólo por mi trabajo en el periódico. Nos conocimos cuando ambos estudiábamos 5º o 6º del bachillerato de antes. Los dos vivíamos fuera de Barcelona y nos quedábamos a comer en un barucho de Gracia, cerca del colegio al que íbamos (que no tenía servicio de comedor). Luego nos encontramos a menudo por cuestiones profesionales y siempre salía a relucir el colegio, nuestras comidas y esa inquietud por hacer cosas, conocer mundos y experimentar la vida. Siempre hubo entre los dos un tácito reconocimiento a la valía del otro y una cortesía amable y sincera en el trato. Ambos nos relacionamos con modestia y con afecto. Yo escribía novelas y reportajes y tú viajabas por el mundo con tu cámara notarial y poética. Ahora pienso que siendo tan parecidos en la manera de enfocar la vida debíamos habernos permitido conocernos mejor. Pero la discreción y una cierta timidez nos mantuvo sin dar el paso. Conservo una bella memoria de tí. Hasta la vista, amigo.

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5 abril 2013 5 05 /04 /abril /2013 07:39
el-cuarteto-cartel1.jpg
Que Dustin Hoffman es un chico listo lo sabemos desde que en los setenta se dejaba seducir en "El Graduado" por la madura esposa de un amigo de sus padres, encarnada --y nunca mejor utilizada la palabra-- por la bellísima y turbadora Anne Brancfort. De ahí al "star system" de un salto, no excesivamente aprovechado por Hoffman, al contrario que sus compañeros de generación Al Pacino o Robert de Niro. Los tres ofrecen un tipo de interpretación bastante parecido, sólido, íntegro, hipnotizante. Y los tres están llegando a la última estación de sus vidas con un similar decaimiento, una insulsez en la elección de papeles bastante semejante, muy por debajo de lo que sus enormes talentos dejaban prever. Los tres también han coqueteado con la dirección y lo ha hecho con probidad y bastante acierto en general, sin grandes éxitos ninguno de ellos. Ahora le ha tocado a Hoffman que nos ofrece una primera obra muy profesional, aparentemente sencilla pero en realidad orquestada con minuciosidad de orfebre y apostando, como no puede ser menos, por el factor interpretativo en primer lugar.
"El cuarteto" es una obra de madurez en un principiante de casi setenta años. Y narra un tema de absoluta madurez vital: una anécdota en la vida apacible de una comunidad de ancianos, una residencia para músicos jubilados. Con un tono de comedia agridulce, se nos habla de que siempre hay tiempo para la esperanza, la ilusión, la creación y el amor, aunque los cuerpos ya renuncien al vigor y los achaques sean objeto de comentarios sardónicos que no los hacen, desgraciadamente, menos omnipresentes.
Hoffman recluta viejas figuras del cine y de la música británicas y nos lleva a un lugar paradisíaco, la residencia campestre donde está el hogar de musicos ancianos, donde revitaliza los sueños, los temores, los rencores de media  docena de personajes muy bien presentados y perfilados, con sus historias a cuestas y su presente limitado y a veces incómodo o doloroso. La música es el elemento clave que les une a todos y uno de los grandes aciertos de Hoffman, ya que es precisamente ese arte el que mejor puede trascender la amarga existencia cotidiana  para florecer en un presente sin tiempo y sin fisuras. Romance, picardía, guiños al espectador y unas interpretaciones magníficas de un elenco que borda sus papeles sin llegar en ningun momento a profundizar demasiado (ese es el único pero que le pongo a esta película: la sombra de la banalidad planea sobre el argumento, aunque, zorro Hoffman, la música lo salva todo en definitiva).
Los cuatro miembros del cuarteto, Maggie Smith, la "diva" renuente que atraerá publico a un festival necesitado de fondos para salvar la residencia, sólo si la convencen para volver a cantar; Billy Connolly, un divertido roba escenas que es el personaje mas vital; el magnifico Tom Courtenay (muy lejos ya del corredor solitario del "hungry cinema" británico del los 60) con su historia de amor frustrado por Maggie y para completar el cuarteto, Pauline Collins, que trata de ser el elemento cómico y no pasa de ser el elemento patético (amigo Hoffman, no se puede tratar de hacer reir con una mujer que entra en el Alzheimer).
Maggie y Tom Courtenay, ofrecen sendas actuaciones de primer orden. Ellos son los que salvan la calidad de la película, bien arropados por los otros dos y por un grupo de secundarios de lujo entre las artes interpretativas y las musicales. Y no se vayan cuando comiencen los titulos de crédito pues Hoffman nos regala imágenes de los personajes de la ficción junto a los reales, con fotos de sus "años jóvenes".
Melancolía, recuerdos del pasado pero tambien deseo de vivir, de gozar, de rodearse de musica. De los guiños pícaros y ligones de Billy, algo patéticos fuerza es reconocerlo, al amor otoñal entre los dos protagonistas después de cincuenta años de rencor y malentendidos, sólo destaca de verdad la música --casi siempre ópera-- que va llenando la proyección y que mantiene fascinado al espectador.
   
 
 
 
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5 abril 2013 5 05 /04 /abril /2013 05:56

Un paseo  de exploración por la Sierra de la Escalera, entre Beceite y el Ulldemó, el río encajonado por las paredes de la Pesquera y la Peña Galera. He dejado el sendero balizado y he seguido trochas y sendas con una dirección sureste hacia una mole cuadrada que se levanta inhóspita enfrente mío. El camino se pierde. Hay arboles caidos por las recientes nevadas y todo está lleno de zarzas y matorrales espinosos. Imposible avanzar. En ese lugar perdido oligo ruidos acercándose de maleza  tronchada y me preparo para un encuentro con una cabra o un jabalí, lo que sería sorprendente a estas horas de la mañana, rozando el mediodía. Pero es una persona. Un hombre vestido con el uniforme verde de los forestales. Se acerca esquivando ramas. Es Ángel, el forestal de Beceite. Está buscando un lugar de observación para comprobar el estado de los árboles caídos y la cercana pista que baja al Ulldemó. Me disuade de la subida a la mola. "Por este lado no hay modo de escalar esas paredes. Puedes intentarlo por la ladera opuesta, donde el fortín del general Cabrera. A esa meseta le llamamos la Muela carlista." Hablamos de estos montes, flores, bichos, plantas medicinales y antiguos pobladores. Anónimos lugareños que durante siglos se rompieron el espinazo labrando estas difíciles tierras montaraces. Nadie en especial, no han dejado historia. De regreso a Beceite, en las soledades silenciosas de mi caminar, pienso que llevo años entrenándome para ser nadie en especial, como enfatiza el zen. Y que cada vez, a pesar del ruido infernal de nuestros tiempos y nuestras variadas crisis, cada vez me siento más cerca de ser "nadie en especial". Y eso me hace feliz.

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4 abril 2013 4 04 /04 /abril /2013 09:00

excursiones-1752.JPG

 

Exigente excursión de más de seis horas de duración, con desniveles acumulados bastante considerables pero con múltiples gratificaciones no sólo de tipo deportivo sino también estético. Bellísimos panoramas sobre toda la plana de la Franja, desde Horta de Sant Joan hasta Vallderrobres, pasando por Arnes y Cretas (al fondo Beceite y La Fresneda en los dos extremos). Vistas inéditas de los roquedales extraordinarios de Benet y subida por encima de la Roca Llisa, una pared vertical de más de doscientos metros de caída.

Salimos del Área recreativa de La Franqueta  por la pista que lleva al Mas del Quimet, masía restaurada donde está el Centro de interpretación del Paisaje. Seguimos el PRC-185 por el Coll del Llop hacia el Coll de Botana. Antes la pista dará muchas vueltas por en medio de pinares, carrascas y encinas, formando un bosque nada tupido. A la media hora de marcha más o menos llegaremos a la Fuente de Franxo (un tronco vaciado sobre el que cae un agua fresca y agradable de beber). Pasaremos por terrazas abandonadas de cultivo y árboles conjuntados con el paisaje rocoso, en ascenso continuo.

Despues de la fuente, la pista se convierte en sendero pedregoso rodeado por muralletas bajas de piedra seca que limitaban las terrazas de labor. En el Coll del LLop tenemos las primeras vistas de los Portellets a la derecha y más al fondo, a lo lejos, las cimas de los Rasos del Maraco.

Más arriba nos encontramos con las ruinas del mas de Franxo que domina sobre el Vall de Lliberós y la sierra de las Grosas con su muralla pétrea y la cresta de la Peña del Gall que iremos a buscar más adelante. El sendero se estrecha y pasa entre la arboleda hasta llegar al Coll de Botana y los corrales abandonados de Franxo, una ladera devastada por el cortafuegos que permite una visión magnífica sobre las montañas del macizo del Montsagre y, destacándose nítidamente la bifronte aguja sólida del Pic del Aigua.

En la pedregosa y ancha cima nos encontramos con un ciclista de montaña, Juanjo, que parece conocer muy bien la zona y demuestra una osadía y un vigor notables subiendo esos caminos con una bici. Sopla un viento incesante y nos despedimos pronto tras consultar los mapas. Bajamos por un sendero apenas dibujado que se lanza ladera abajo por entre boj, pinos negrales y matorrales floridos. Esa senda nos lleva al Coll de Membrado, a la pista que a la izquierda baja hacia la base de las Rocas de Benet y a la izquierda se lanza hacia el otro valle para morir junto al Mas de las Eres.excursiones-1882.JPG

Aqui hay dos opciones, bajar directamente por la pista hacia el comienzo del sendero que sube a las Rocas de Benet o, los mas atrevidos, internarse por un corriol que bordea las Rocas y sube porfiadamente hasta colocarse a su espalda y muy cerca del sendero de subida, a medio camino de la cumbre. Esta segunda opción tiene un tramo de subida por roca viva, una ligera grimpada sin dificultad y después el sendero va esquivando los precipicios de una forma osada, apenas un linea horizontal existente en la ladera de los precipicios (a veces hay que ayudarse con las manos asegurandose uno con ramas y arboles) hasta llegar aun altozano junto a las Rocas, con un descenso por tartera bastante delicado hasta dar con el sendero tradicional de subida.

Evidentemente hay que subir a las Rocas y ya saben mis lectores habituales que es una subida, y sobre todo bajada, bastante delicada por el tramo final, una hendidura en el macizo, de suelo desgastado, pedregoso y resbaladizo. Pero el esfuerzo y el riesgo valen la pena, como saben. Las Rocas de Benet es uno de los lugares mágicos de estas montañas.

Una vez realizada la magica visita a la amplia cima de Benet, bajamos el camino tradicional hasta la base de la pista y volvemos a caminar por ella hacia arriba, otra vez hacia el Coll de Membrado. A unos doscientos metros encontramos  a la derecha un sendero poco señalizado que se adentra en el bosque de bajada, abandonando la pista. Tenemos las triangulares grandes murallas de Les Gronses enfrente nuestro, con la cresta de navío de la Peña del Gall delante de ellas.

Hay una bifurcación y hay que estar atento. El sendero sigue bajando a la derecha y hemos de dejarlo para optar por el que sigue recto hacia la izquierda. El primero nos lleva tras una bajada brusca y larga hacia la base de la Peña del Gall y luego prosigue hacia el aparcamiento de la subida a las Rocas de Benet y la pista asfaltada de La Franqueta.

Seguimos por el sendero que hace frecuentes subidas y pequeñas bajadas de acercamiento, hasta colocarnos sobre la famosa Roca Llisa. Abajo vemos el Vall de Lliberos y la cinta azul de la pista asfaltada. El sendero llega a la cima y nos ofrece una vista magnifica sobre toda la zona.

Tras una bajada de  media hora por un sendero que es también cauce de aguas de fuentes ocultas, pasamos junto a la balsa de incendios y llegamos a la explanada del Monumento del Guardia Forestal. Una vez alli, cruzamos la pista asfaltada y bajamos al río dels Estrets que hoy baja tumultuoso . Debido a eso el paso cementado habitual está imposible de cruzar y hay que bajar al lecho del río y cruzarlo sobre piedras sueltas, con mucho cuidado y sin poder evitar mojarnos bastante. Al otro lado damos con el sendero balizado que lleva de regreso a La Franqueta, todo el tiempo paralelo al río. Rumor de agua en un sendero con un dosel vegetal. Excursión cerrada.

 

 

 

CÓMO LLEGAR

Ya sea viniendo de Cataluña o de Aragón, es preciso acercarse a Horta de San Juan y en la carretera que lleva de esta población a Arnes y Valderrobres, cerca de la gasolinera, parte la pista que se adentra en Los Ports para llevar, bien señalizada con carteles y flechas, hasta La Franqueta, justo por la base de las Rocas de Benet. Tanto los mapas de Piolet 1:30.000 de Los Ports, como el especifico de Port d'Arnes y los MTN de 1.50.000 de Horta de San Juan, pero sobre todo el de Estels del Sud de 1:25.000, más detallado, muestran bastante  bien el recorrido. Son faciles de encontrar en librerías de senderismo y en la muy surtida de Serret en Valderrobres.

 

NO SE PIERDAN

Esta excursión da para mucho. Tienen en Horta de San Juan y en Arnes un par de buenos sitios para comer (incluso enfrente a la gasolinera, en plena carretera, hay un restaurante muy apañadito). Piensen que decir Horta es decir Picasso. Desde La Franqueta pueden acercarse andando a la célebre Cueva de Picasso, una horita de paseo en total. Y en el pueblo, el Museo. También una visita al centro de Interpretación del paisaje es muy recomendable. A los más deportistas, les aconsejaría  que en el punto de la bifurcación de senderos ya citado en último lugar, opten primero por el de la derecha para ver de cerca la Peña del Gall y si se atreven tratar de subirla. Vale la pena.

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2 abril 2013 2 02 /04 /abril /2013 17:02

los-croods-cartel1.jpg

 

Es como si los "Picapiedra" se hubieran aliado a los animalicos de Ice Age a fin de montarse una juerga cavernícola mientras que el planeta Tierra, en su niñez, se dedicaba a mover sus continentes y a dejar salir los fuegos artificiales de sus entrañas candentes para  divertir al público familiar en su aspecto más amplio.
"Los croods" es la apuesta de Dreamworks para repartirse el pastel de la animación buscando, al estilo y semejanza de la añorada Pixar ("Walli-e", "Up", "Toy Story", "Rattatouille") un argumento inteligente (aunque fuera de toda pretensión de ajustarse a un cierto realismo prehistórico) llevando las formas de vida, algunos utensilios y ciertos avances sino al descaro mimético de "Los Picapiedra", sí a un grupo de detalles carcajeantes como los personajes haciendo surf, comportándose como "rastas" o inventando la "piedrafotografía" o el "costillar-helicóptero". Por lo demás los mensajes y moralejas habituales, la unión hace la fuerza, los cambios hay que saber gestionarlos, la familia que lucha unida, permanece unida, el respeto a la libertad individual y el amor como desideratum universal.
Dicho esto, lo cierto es que "Los Croods" es una peli de animación divertida, con dos o tres ideas magníficas en su guión, con unos personajes llenos de acierto y humor y algunos momentos espectaculares y sumamente entretenidos, como la dinámica persecución por relevos, con un ritmo enloquecido,  del huevo gigante de una gallinácea plena de encanto.
Kirk DeMicco y Chris Sanders son los artífices de este nuevo invento familiar de Dreamworks: justamente la historia de una familia de cavernícolas--atenazados por el terror nocturno y el miedo a lo desconocido-- que en un mundo en formación con rios de lava, levantamiento de montañas y terremotos, realizan el encuentro clave para el progreso de la especie: el encuentro con un miembro de una raza más evolucionada que entre otras cosas vitales, sabe hacer fuego, tiene un proyecto de futuro, ama los cambios y sabe enfrentarse a ellos con imginación y osadía. El encuentro nace gracias a la llave  del amor entre dos adolescentes y el viaje está servido: no en busca del fuego como en aquella maravilla de pelicula seria y bien documentada que dirigió Jean-Jacques Ainaud, sino en la busca de un lugar donde reina el sol y se puede vivir mas o menos a salvo de una naturaleza absolutamente imprevisible y peligrosa.
Así que la familia de la adolescente pelirroja Eep, el enorme y primario pero bondadoso Grug, su mujer Ugga y los dos niños Thunk y Sandy (un encanto pequeñín de dientes afilados y el instinto agresivo y depredador de un pitt-bull) más la abuela Gran y su inseparable bastón (cuyas diferencias con su yerno Grug son desternillantes).
 Uno de los grandes aciertos del filme es, justamente la evocación de lo más primitivo del hombre, su amor a los relatos y los dibujos trogloditicos con los dedos, en negro y rojo, de las escenas familiares sobre las paredes de las cavernas. Magnifico respeto al equilibrio básico de este tipo de filmes: el porrazo y tentetieso que hace reir a los mas pequeños y los guiños acrónicos de los "inventos" y de las relaciones entre los adultos para que papá, mamá y la abuela se rían a su vez. Dos niveles muy bien urdidos para complacer a todos. Estupendo empleo del color, soberbia iluminación y una cámara dinámica en la presentación de personajes, sin dar un respiro al publico, excepto en los momentos en que se nos narra algo y todos los Croods guardan silenciolo, rodean al narrador y presentan su más completo, ingenuo y chispeante interés infantil.
Quizá habria que realizar una votación pública para pedir a los realizadores que no sigan las estelas de "Sherk" o "Madagascar", productos de la misma casa de los sueños. Es decir, llevar una buena historia y unos personajes magníficos a la extenuación y la rutina de las secuelas cada vez más aburridas. Los personajes son definidos y la cinta abunda en pequeños detalles que hablan bien a las claras del mimo con el que han sido diseñados. Creo que sería una pena que entraran en el mismo juego de sobreexplotación comercial al que tan aficionada es la industria de Hollywood. Pero, por el momento, vayamos a disfrutar con estos cavernícolas que descubren de la mano de un joven huérfano de otra de las subespecies humanas (¿Cromagnones y Neardhentales?) que la vida es algo más que miedo a vivir y terror a morir.
 

 

 

 

 

 

 

 

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31 marzo 2013 7 31 /03 /marzo /2013 07:36

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Parece que el lado oscuro de la política, la corrupción, el abuso de la ley, el poder del dinero, los negocios sucios y las traiciones, son un buen caldo de cultivo para los guionistas. No hay temporada en la que al menos una docena de filmes no nos relaten por activa y por pasiva esas corruptelas del poder. Ahora es Allen Hugues el que dirige "La Trama" (Broken City) en el que el alcalde de Nueva York (Russell Crowe) contrata a un ex agente de policía apartado del cuerpo por presunto asesinato ( Mark Wahlberg) para que haga una investigación en torno a su propia esposa ( Catherine Zeta-Jones) a la que acusa de infidelidad y descubra quién es su amante.

En realidad hay mucho más que un asunto amoroso. Todo coincide con las elecciones municipales y el alcalde se enfrenta a un rival que pone en peligro su reelección. La elección del expolicía, convertido en investigador privado, es la clave de ese "más" que se juega en un guión inteligente aunque algo confuso llevado con buen ritmo y excelente producción por este director, arropado por unos actores bastante creíbles en sus respectivos papeles.

El panorama podrido de la alta política, en este caso municipal, y las corrupciones que acarrea son descritos de forma bastante plausible. El tema inmobiliario como trasfondo resulta desgraciaamente muy actual y familiar para este país, así que la trama se puede seguir con bastante interés, dados los muchos paralelismos que un espectador avisado puede establecer. El Nueva York que vemos está fotografiado muy al margen de las imágenes pretenciosas habituales y allí vemos un mundo turbio que no debe estar muy lejos de la realidad, que se nos muestra con frialdad y una sobriedad ejemplar. Los secundarios, Jeffrey Wrigth, Barry Pepper, hacen su labor con la eficacia habitual en este tipo de cine que desdeña la brutalidad directa de la imagen violenta y se centra en las tensiones que la trama provoca en los protagonistas. Y lo hace manteniendo la tensión narrativa y ofreciéndonos un final plausible con su aspecto redentor incluido.

Logra la película hacernos simpático al perennemente enfurruñado Wahlberg, que se define como "católico y estúpido" cuando la alcaldesa le reprocha su inocencia ante las actitudes de su marido ante la corrupción, la falta de moral y la especulación inmobiliaria que acarreará ruina a muchas familias modestas. Es un poli que compagina adustez y rectitud, defectos asumidos y valor, y todo bajo un manto de ingenuidad (excesiva en el trato con su novia actriz), que lo llevará a asumir sus responsabilidades aunque le caigan sobre la cabeza a cambio de desgranar una pizca de justicia en un entorno especialmente corrompido. La mirada hosca pero candorosa y honesta del actor contrasta fuertemente ante ese dictador de salón que compone el maquiavélico Russell, personaje mucho más plano que el del comisario, Jeffrey Wrigth, otro de esos secundarios que roba cámara cuando aparece en escena y que mantiene al espectador confundido ante su verdadero papel en la trama.

Algo confuso el argumento en sus idas y revueltas y con un final que no parece muy realista aunque sí aleccionador, la película no logra dar consistencia a dos atractivas subtramas, la de las dos mujeres importantes en la película, la esposa del alcalde y la novia actriz del policía. Lo importante para este director es dibujar los entresijos de los corrompidos hilos del poder y para ello permite que se manipule más de los creíble al personaje del policía. Película para  despertar el interés y olvidar pronto.

 

 

 

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30 marzo 2013 6 30 /03 /marzo /2013 08:33

las-flores-de-la-guerra-cartel-1.jpg

 

 

Reconozco mi debilidad por las películas de Zhang Yimou, como el soberbio e intimista "El camino a casa" o la bella "Amor bajo el espino blanco" o la sensible visión de la infancia de "Ni uno menos". La enorme calidad técnica de la fotografía, plena de sensibilidad y la delicadeza de la pintura de personajes o los escenarios naturales, quedan en el recuerdo de cualquier adicto al buen cine. Esta nueva producción de Yimou, "Las flores de la guerra" es, sin duda, otra cosa, quizá marcada por su carácter bélico y la dureza de los hechos narrados, durante la brutal ocupación por el ejército japonés de la ciudad china de Nanjing en 1937 . otra de las verguenzas de la humanidad, las ciudades mártires como Sarajevo, Saigón, Stalingrado, en las que la población civil paga con su sangre, brutalidades y violaciones, la inquina de los ejércitos.

La sangrienta violencia de los soldados nipones (de una atrocidad que se ha hecho legendaria en la historia de la guerra) queda difícilmente contrapesada por la sensibilidad espiritual y sensual de las protagonistas de la película, un grupo de inocentes adolescentes, estudiantes del convento católico de la ciudad y un grupo de jóvenes prostitutas de lujo, refigiadas en el monasterio y su catedral. Los dos grupos encerrados en el asfixiante entorno de la misión católica, rodeados por soldados japoneses en una ciudad destruida y brutalmente asediada.

"La flores de la guerra", título transparente, está basado en la novela de Geling Yan. Narrado --en pasado-- por una de las estudiantes, nos cuenta la heroica y tenaz resistencia de esos dos grupos, comandados por un hombre y un chico, para tratar de escapar de la ciudad destruida y de los asesinatos y violaciones que acompañaban la presencia japonesa en China.

El amortajador norteamericano, materialista y cinico, que trata de sacar tajada de la guerra, convertido en falso sacerdote, pero imbuido de su misión (una especie de general de La Rovere de De Sica, el hábito hace al monje), está interpretado por Christian Bale, experro en cine de acción, la trilogía de Batman, por ejemplo, pero también actor de registro sensible como demostró ya desde su infancia  (fue el niño protagonista de "El imperio del sol", la magnifica película de Spielberg).

El enfrentamiento de formas de vida y sensibilidades entre estudiantes y prostitutas se salda con un sacrificio y una hermandad de sangre que constituye el símbolo real de la película (al parecer basada en hechos reales). Ni el amortajador es el borracho sin escrupulos como parece ser, ni las prostitutas son mercaderes insensibles de sexo: la guerra saca lo mejor de todos ellos, incluidas las aterrorizadas estudiantes.

Hay mucha crudeza en las imágenes que nos muestran el salvajismo de la guerra y de los soldados. La secuencia de la persecución, violacion y muerte de los dos prostitutas escapadas y cazadas por los,soldados, imprime horror y miedo al dinamismo de la preparación de la huida, cuyos detalles mantienen al espectador pendiente de la pantalla y clavado en su asiento. Yimou logra que la película, con secuencias dificiles de olvidar por su bárbaro salvajismo, también ofrezca una serie de secuencias de una belleza y sensibilidad poética y espiritual que agudizan el poder fascinador de la historia. Quizá falta profundidad a los dos personajes adultos enredados en un amor que las circunstancias vuelven trascendente, el americano y Mo, la más bella prostituta del grupo. Yimou no busca justificaciones en el pasado y se centra en el cambio dramático que las circunstancias provoca en los personajes y en la capacidad de sacrificio de unos y otros.

Quizá se eche de  menos la sensibilidad en el retrato de esos personajes, la sutileza en el dibujo de situaciones, el equilibrio en la imagen: aquí se trata más bien de mostrarnos un episodio vergonzoso de una guerra particulamente atroz como fue la chino-japonesa. Suena un poco a exceso de mensaje, a una cierta propaganda en la que los matices no son sutiles, sino brochazos espectaculares pero groseros, donde los extremos parecen fundirse, por ejemplo, en el personaje tambaleante del padre de una de las alumnas, un colaboracionista chino de los japoneses que trata de salvar a su hija. Y para terminar, sobran a mi entender las secuencias musicales danzantes de las bellas hetairas entre el "flou" de una estética de cabaret. En fin, nada es perfecto. Y esta película tampoco lo es. Pero aun asi, vale la pena verla. 

 

 

 

 

 

 

      

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29 marzo 2013 5 29 /03 /marzo /2013 08:36

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Cuando hace un par de años saludé la publicación de "La princesa de Jade" de Coia Valls destacando la cualidad "oral" de la narradora, decía que Coia es una "contadora de cuentos" a la vieja usanza, una narradora omnisciente que trataba de deleitarnos con historias de aventuras y emociones, sin más, sin meterse en estructuras novelescas complejas o en aportaciones linguisticas y literarias exigentes. Es decir, muy a tono con los tiempos, primaba la eficacia del cuento sobre la estructura de la narración, la verosimilitud del lenguaje de los personajes o la belleza ortodoxa o revolucionaria de la expresión literaria.

Después, esta escritora, publicó "El mercader" y ahora llega a las librerías con una nueva propuesta "Las torres del cielo", una más elaborada historia basada en las circunstancias y los personajes reales o míticos que rodearon la fundación del Monasterio de Montserrat en el siglo XI. Es indudable que Coia posee en alto grado un olfato literario de primer orden para buscar temas y aconteceres históricos rodeados de gran fuerza y algo de misterio y leyenda. Territorios del mito, la epopeya y el símbolo, en el que esta escritora reusense  navega con la velas desplegadas de su imaginación. Pero también con un aire poético y telúrico semejante al que barre con fuerza las cumbres desoladas de la montaña de Montserrat, hervidero eremítico saturado de historias y leyendas enraizadas en esa tierra tan misteriosa y fascinante como esas montañas que dibujan un "sky line" prodigioso de crestas redondeadas y picachos enhiestos que parecen desafiar a los cielos. Los mismos bajo cuya evocación religiosa y espiritual se ha cincelado la amplia historia del macizo y sus habitantes, entre las diferencias y celos de las órdenes religiosas, el poder omnímodo de la Iglesia de la época y las ambiciones de las casas nobiliarias que rivalizaban en el dominio sobre la zona.

He leido "Las torres del cielo" con un interés doble: no sólo por la historia en sí. También por el lugar, el escenario de la novela, el macizo de Montserrat y sus tierras circundantes, a los que amo como montañero y conozco tras más de treinta años de patear sus esquivos y empinados senderos, perderme por sus valles ocultos o sus sendas imposibles o tratar de superar los pasos complicados que ofrece a cualquier amante de las montañas un poco osado.

Se trata de seguir la compleja trayectoria espiritual y religiosa de Dalmau Savarés, un ex soldado con una durísima historia secreta personal detrás, convertido en monje benedictino por el dolor y el arrepentimiento, enviado especial del mítico Abad Oliba, con el fin de fundar un monasterio en Montserrat. Coia nos lleva con las alas de la literatura al oscuro siglo XI, en pleno hervor de una edad media aún plena de sombras y sufrimiento, violencia y desigualdades y miseria de un pueblo llano formado por agricultores, pastores y artesanos, esquilmado por los dos poderes en permanente búsqueda de la supremacía, la nobleza y la Iglesia.

La  autora tiene nervio narrativo y mantiene su voz de narrador omnisciente, perfilando a sus personajes con trazos gruesos y emblemáticos. Los monjes, un grupo de doce, a los que se unen jovenes del lugar a lo largo de la narración, quedan bastante desdibujados como individuos diferentes excepto el mismo Dalmau y el ermitaño Basili (tal vez la perspicaz Coia ya sabía que el último ermitaño, ya fallecido, de Montserrat, se llamaba Padre Basili, un experto traductor con erudición enciclopédica con el que medité cada vez que subía a su cueva a visitarle). Tanto Oliba como los nobles, son estereotipos que forman un fondo dramático casi simbólico.

La expresividad de cuenta cuentos da una cierta artificiosidad al relato en detalles como el poco verosímil lenguaje culto --a veces salpicado de expresiones demasiado actuales-- que tienen los personajes, referencias a detalles psicológicos que eran imposibles en la época y el hecho inocente --pero revelador del caracter "oral" del estilo de Coia-- de expresiones coloquiales emocionales usadas por el narrador, (al ser omnisciente debe ser neutral), no por un personaje. Tampoco los personajes femeninos, dos hermanas agresivas y un poco histéricas, salen muy bien parados en la novela, que es, sin duda, un libro de hombres. Por ello, el escaso fundamento de los "amores" entre Dalmau y Magda, suena un poco a añadido innecesario, el tan  manido "toque amoroso". Sin embargo los capítulos dedicados a la rivalidad entre los monjes de Santa Cecilia y los de Santa María o la llegada y proceder de nuevo Prior enviado por el abad de Ripoll, sostienen los aspectos más inquietantes y dinámicos del libro.

Resalta la investigación realizada por la autora en torno a la fundación del monasterio, en cuanto a personajes reales y hechos documentados seguramente. La suma de elementos de ambiente, los lugares de la montaña que tienen papel en la narración, detalles como el órgano de agua instalado en el centro de la famosa gruta de Salnitre o los caminos que unen la antigua Monistrol o Collbató con los monasterios, destilan detalles de realismo que habla seguramente de los paseos que la autora hizo por el lugar y su conocimiento del territorio.

En suma una novela que atraerá al lector aficionado a la ficción histórica. Y especialmente a los que desean conocer el fascinante pasado de la bien llamada "Montaña mágica".

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28 marzo 2013 4 28 /03 /marzo /2013 08:50
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 El original italiano, "Shun Li y el poeta" se ha transformado por obra y gracia de los avispados distribuidores españoles en "La pequeña Venecia". Lamentable. Pero no nos quejemos, al menos la película ha pasado al circuito comercial y quizá siga la suerte de muchas otras modestas pero excelentes películas que gracias al boca-oreja o a la dinámica red social, se mantienen en cartel y permiten gozar a muchos espectadores de la sensibilidad de esta historia sencilla, elementalmente realizada, con una imagen bellísima y unas actuaciones sinceras, plenas de humanidad y tan discretas y hermosas como un poema de amor susurrado entre dos amantes imposibles.
Andrea Segre ha logrado realizar una película notable, con escasos medios, un entorno apacible, humilde y unos personajes que no desentonan y muestran autenticidad por los cuatro costados. Nuevamente es el choque de dos culturas, de dos maneras de entender la vida obligadas a complementarse, los inmigrantes chinos --dirigidos y explotados por las mafias de su país y el entorno laboral italiano, bastante semejante al nuestro. Desencuentos, incomprensiones, tópicos sin descifrar, abusos y esa brutalidad que se exhibe ante el diferente, incluso por las clase más humildes, que deberían ser más tolerantes con personas que viven en una pobreza un poco inferior a la suya.
De ese medio poco amable surge a veces alguna flor, como las bellas flores que nacen y viven en  los barrizales y los pantanos. Y es un amor, una amistad profunda, intuitiva y sensible entre un pescador del este europeo que vive en Italia y una inmigrante china que espera conseguir algún dia el dinero suficiente para traer a su hijo pequeño a Italia.
Pero, ¿cómo puede sobrevivir un amor así en un medio desencantado, grosero e inculto que se niega a tomarse la molestia de entender a los explotados trabajadores chinos que trabajan junto a ellos? Sin embargo no se trata de una película sobre la dureza de las mafias chinas --ésta queda muy desdibujada y es casi amable-- sino sobre la inicuidad de la incomprensión cultural y los prejuicios.
Shun Li (Zhao Tao) la inmigrante, trabaja de camarera en un bar que controla un grupo mafioso, en un pequeño pueblo italiano cercano a Venecia, Chioggia. Es allí donde conoce a Bepi, "el poeta" (Rade Serbedzija), un marinero y pescador yugoslavo que lleva treinta años en Italia. La amistad entre ellos florece como las grandes flores de papel con una velita dentro que Shun Li coloca en el río en homenaje a un poeta de su pueblo que amaba los rios. Pero esa relación, inocente, serena, comprensiva, no es bien vista por los del pueblo y, a consecuencia de ello, tampoco por el jefe de Shun Li, que le prohibe que siga con ella. No hay maniqueísmo en el dibujo de los personajes, es como si la camara fuese un espejo colocado a lo largo de un camino real.
Magnifica interpretación de ambos actores, bien apoyados por secundarios que no desentonan, que parecen  sencillos y elementales pescadores escogidos por el director. Ella se llevó el premio Devid di Donatello a la mejor actriz y lamento que él no se llevara otro. . Hay poesía y dignidad  en los gestos de la muchacha y profunda humanidad en la mirada del maduro pescador y en la historia se prima la sencillez del mensaje sobre la morbosidad del tema. Quizá sea una de las películas que tratan con más humanidad y comprensión el fenómeno de la mano de obra barata china avalada por las mafias de visados. Un tema bastante recurrente que en otras manos quizá se hubiera banalizado y aquí, son esa modestia narrativa que es uno de sus encantos, se transforma en una pequeña joya,  a la que tal vez sobre el precipitado final.


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25 marzo 2013 1 25 /03 /marzo /2013 08:56

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 Me niego a titular esta reseña con el nombre que los distribuidores han puesto en España a "Words". No señores, no se trata de la vida de un  "Ladrón de palabras", sino de una triple historia que resulta ser una sola de la vida de un escritor que vive y muere (espiritualmente) por las palabras y su engañoso valor. Ficción y realidad, los dos extremos de la misma cuerda con la que cualquier escritor juega a colgar su propia alma, a veces con resultados letales y la mayoría de las veces con obras ni fu ni fa y pocas, muy pocas veces con obras de verdadera importancia y valor (no precio).

Aunque no lo parece, esta buena película es una "opera prima" y los autores son Brian Klugman y Lee Sternthal. ¿La historia? Un escritor de gran éxito al que aborda un anciano que resulta ser el ignoto autor del libro tan celebrado de dicho autor. ¿Que va a ocurrir ahora? Todo está siendo narrado por otro escritor de éxito como parte de una  ficción que acaba de publicar. Como tres muñecas rusas o tres cajas chinas conteniendose unas a otras, es el juego que se nos propone. Y la trama es importante, la verdad y la mentira, la ficción y la realidad, la culpa y el remordimiento. Y en el fondo, dos historias de amor (más en el fondo es una) que resulta frustrado por el mayor amor del escritor a las palabras que a la persona que las inspira. Y eso es un error que se paga con el desconcierto y la vaciedad. A pesar de todo el exito del mundo.

Catarsis y purificación, desvelar la verdad, asumir la derrota cuando todo sonríe, enfrentarse a la impotencia propia o aceptar el fraude y después ser capaz de vivir con ello. ¿A qué precio?

Un buen montaje hace bastante clara la triple trama que se nos propone, los plateamientos éticos están bien planteados y a pesar de algun fallo de detalle (¿como sabe el escritor plagiario, Brad Cooper, dónde trabaja el viejo plagiado, Jeremy Irons?) lo importante se nos narra con enjundia. Como de costumbre, un recital de Jeremy Irons en el papel del viejo escritor al que su esposa le asesta inocentemente en su joventud  el golpe de la pérdida del mecanoescrito, del original unico de la novela (tragedia que han vivido en las relaidad muchos escritores, algunos geniales y la mayoría...habria que dar gracias a Dios por la pérdida). Bradley Cooper trata de no resultar muy desmontado por la presencia del tremendo compañero de reparto y Dennis Quaid, el tercero en discordia, logra comunicar con pericia la decadencia y el cinismo que es el resultante de todo lo demás. Magnífica banda sonora y un resultado global bastante bueno a pesar de las criticas negativas cosechadas en Estados Unidos. Junto a los tres actores principales, destacaremos a las dos jovenes Olicia Wilde y Zoe Saldana que complementan a sus compañeros de reparto incidiendo en los momentos más emocionales de la narración (con algun exceso, como en el drama parisino). En suma, película agradable de ver aunque no deja inquietud intelectual alguna, cosa que sí lo haría, dado el tema, una película con mayor hondura.

 

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