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19 junio 2013 3 19 /06 /junio /2013 07:15

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Magnífica película del coreano Park Chan-wook, famoso internacionalmente por su "Trilogía de la venganza", aunque poco conocido en España, excepto por el público aficionado al cine asiático. Sin embargo "Stoker" es un filme maduro (lo cual debería ser lógico: el director tiene 50 años) y constituye su iniciación en el feroz mundo del cine norteamericano. El guión está firmado pot Wentworth Miller, un ex actor de la serie "Prison Break", y ambos aportan una visión fresca y llena de cinefilia o cinemanía a la memoria del espectador. En "Stoker", brillantemente interpretado por Mia Waskowska (India, una chica "rarita" a la que atrae la caza de animales y la introversión morbosa), Nikole Kidman (su madre, una ausente emocional pertinaz) y el tio Charlie (Mattew Goode, una especie de mezcla de Anthony Perkins de "Psicosis" y Josep Cotten de "La sombra de una duda"). Conocemos a los personajes tras la muerte en un extraño accidente del padre de India (Dermot Mulroney) y la sorprendente aparición del simpático, fascinante y embaucador tío Charlie, del que nadie habia oido hablar hasta ese momento.

Estamos exactamente en el núcleo argumental que marca la influencia evidente de tres películas, "Psicosis" del gran Hitch (con secuencias insistentemente remarcadas por el director, como el plano de la ducha o el de la lámpara de techo oscilante en el sótano, previo a un descubrimiento macabro), "Lolita" de Stanley Kubrick, el gesto, la adolescente seducción de India y la citada "La sombra de una duda" que ofrece el andamiaje esencial de la historia, aunque luego se desvía por sus propios patológicos derroteros.

Se trata pues de una historia elegante de un encantador psicópata y de su obsesiva relación con su sobrina. Un asesino que tiene un agujero emocional hacia el valor de la vida de los otros, en tanto obstaculicen sus deseos y que busca su alma gemela --un caso de predestinación, de la cuna a la tumba-- en una atmosfera de seducción. El afable tio Charlie se emplea a fondo sobre las personas de la madre y la hija (como en "Lolita" el maduro James Mason --un inolvidable Humbert Humbert, uno de los mas  fascinantes  personajes de Nabokov)-- seduce a la madre para poder llegar mejor a la hija). Todo ello con una vestimenta técnica de lujo, de gran director, con un ritmo pasimonioso y sabio, una fotografía brillante, una música adictiva (de Clint Mansell y Philipp Glass), la película (que tendrá muchos detractores y unos pocos fans totales) es indudablemente de lo más interesante. Es un filme hermoso, con actores en estado de gracia, creíbles, fascinantes, llenos de un encanto letal, peligrosos y sensuales. No creo que vaya a tener una brillante carrera comercial, a pesar de ser en su faceta de terror más inquietante que la mayoría de la reciente moda de la hemoglobina a tope; en su aspecto de thriller, te atrapa en su dinámica, y en su lado de drama familiar te conmueve y te llena de sospechas. Los guiños de Chan-wook a la legión de admiradores de Hitchcock constituye uno de los elementos más atractivos de la película en su vertiente cinéfila.

¿Por qué "Stoker" no llega a ser una gran película? Por fallos de la trama, en la que los misterios fundamentales son presentados con escasa sutileza, cuando no destripados por algún "flash back" inoportuno en ese momento. Es como un ejercicio de estilo que hace esperar con curiosidad e interés una nueva aparición de este director. Como detalle ilustrativo de su eficaz e irónico fondo cultural, recuerden que el título de la película, que es el apellido de la familia de India, es también el apellido de un ilustre escritor, Bram Stoker, cuya novela más importante  es "Drácula" . Referencia indirecta a la sangre y la violencia, tratadas aquí casi como un elemento decorativo minimalista (los flores salpicadas de gotas carmesí que el espectador cree naturales al principio de la película hasta llegar al final y comprender de qué se trata). Un final, por cierto, excesivo, que no coincide con el clima sensual, elegante, retorcido y amenazador del resto de la película. Quizá hay razones del mercado que han exigido a Chan-wook que olvide las razones del arte del cine. A pesar de todo no se la pierdan . Podrán comprobar, por ejemplo, cómo una actriz muñeca como la Kidman se está convirtiendo cada vez más en una actriz de profunda y camaleónica personalidad (como ocurre en otra película reciente que, por razones oscuras, irá directamente al mercado del DVD, "Los secretos del corazón").

 

 

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17 junio 2013 1 17 /06 /junio /2013 09:32

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Excelente película ambientada en el mundo de las subastas de arte. con un recital magnífico de ese grandísimo actor que es el inglés Geoffrey Rush, capaz de integrar con absoluta convicción a un sobreactuado capitán Barbossa en la franquicia de "Piratas del caribe", como el logopeda fantasioso de "El discurso de el Rey" o el melifluo espía a la fuerza de "El sastre de Panamá", una especie de explosiva mezcla entre el histrionismo contenido de Sir Alec Guinnes o la elegancia natural de un Rex Harrison, deambulando con sofisticada presencia bajo la música sutilmente antigua de Ennio Morricone. Una historia de amor otoñal (el clásico enamoramiento goethiano de hombre mayor con jovencita) ambientada en el mundillo de las subastas, con toques de suspense, un sabor centroeuropeo, un reparto internacional y rodada en inglés. Virgil Oldman --encarnado por un soberbio Rush--, un subastador inglés, un obsesivo de la limpieza, el orden y la soledad, vivirá una profunda transformación gracias a una inesperada relación sentimental con una misteriosa joven (hacia la que siente desde el principio una mezcla de rechazo y curiosidad) enclaustrada por propia voluntad debido a supuestas dolencias.

 "Es una historia de amor contada un poco como un thriller pero sin detectives ni agentes de policía" ha afirmado el director, Giuseppe Tornatore, en una entrevista de promoción.

Curiosamente la película no acaba de aparecer en las carteleras españolas, pero en cualquier caso cuando lo haga (sería una irresponsabilidad no estrenarla) por poco inglés que conozca pásese a la versión original, podrá captar los matices increíbles que da a su voz ese actorazo. La historia tiene que ver con el amor y con la codicia, con el arte, el mundo de los coleccionistas y el de los técnicos y especialistas en pinturas, muebles y objetos artisticos. Resulta muy semejante, demasiado, al que nos pinta  la pelicula "Un Plan perfecto" (2012) interpretada por Colin Firth (otro espectacular actor británico, que acompañó a Geoffrey Rush en "El discurso del Rey"). De hecho el personaje central de Firth en "Un plan perfecto" es como una versión más joven del que interpreta Rush en "La mejor oferta".

Pero a pesar de esto, la película que comentamos es muy digna de verse y disfrutarse. Está muy bien contada, el plantel de actores secundarios (Jim Sturges, un extraordinario Donald Sutherland --otro actor que ha ganado con la edad, como Sean Connery-- y la bella Silvia Hoeks que logra dar un aire misterioso y vulnerable a su papel lleno de dobleces.

Escrita y dirigida por el italiano Giuseppe Tornatore, responsable de títulos como 'Cinema Paradiso', 'La desconocida' y 'La leyenda del pianista en el océano', creo que ha logrado superarse a si mismo y a mi parecer podría ser la mejor película de su filmografía, en la que ha evitado el sentimentalismo y la emocionalidad de su gran exito anterior, "Cinema paradiso" o el maniqueísmo elemental de otros títulos.

Le cinta guarda un mensaje con moralina que no acaba de apuntalar la fuerza de la película. Quizá lo más flojo sea el alargamiento excesivo del final, cuando el tasador, hundido, va descubriendo algunos detalles de la turbia historia en la que se enredó. Tal vez el final absoluto, con ese travelling inverso alejándonos del protagonista, sentado solo en un restaurante de moda, rodeado de gentre ajena e indiferente y sumido en una absurda espera que nunca tendrá reposo (el acierto estriba en contraponer esa imagen desolada con la inicial que nos presenta al estirado caballero en un restaurante lujoso comiendo solo en su propia vajilla, rodeado por la atención y la admiración del resto de los comensales).

Gran película, pues, donde todos los actores citados --Sturgess crea un personaje genial y contradictorio-- logran envolver al cauto pero vulnerable Geoffrey Rush en una danza de mentiras y tinieblas en la que destaca con fuerza propia todo el tema del autómata misterioso (que recuerda muchísimo al de "La invención de Hugo" de Scorsese). De verdad, no se la pierdan cuando llegue a nuestras pantallas.

 

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16 junio 2013 7 16 /06 /junio /2013 07:38

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Película bélica del claustrofóbico género de los submarinos. En este caso casi una copia de "La caza del octubre rojo", teóricamente basada en un evento histórico, supuestamente ocurrido con Breznev en el poder, cuando la URSS peridó un submarino en 1968 el famoso B756. Años más tarde fue encontrado por los norteamericanos, así como una ojiva nuclear sin estallar en el fondo del océano. Lo que havia ese submarino fue considerado información secreta y por tanto pasto libre para especulaciones. La película desvela que estuvo a punto de provocar la cuarta guerra mundial, la defintiva, ya que sería la hecatombe nuclear. Como es un tópico en este tipo de filmes, un grupo fanático relacionado con la KGB y al margen del Gobierno soviético decide armar con una ojiva atómica un viejo submarino de gasoil que lleva un aparato de sonar llamado "Phantom" que tiene la posibilidad de cambiar la identidad del submarino con la de otro buque  y darle la nacionalidad más oportuna para sus fines, en este caso la china, con lo que se propiciaría un ataque nuclera a Estados Unidos pero aparentemente lanzaado por China y no por la URSS.

La película, dirigida por Todd Robinson, un dinamico director de series para relevisión y de largometrajes muy aceptables como "Corazones solitarios" o "Tormenta blanca", mantiene un nivel pasable de calidad a pesar de la sobreanundancia de tópicos argumentales y de desarrollo cinematográfico, movimientos de cámara previsibles y algo mareantes y una cierta desgana narrativa.

La presencia del gran Ed Harris como protagonista, bien secundado por William Fichter y por Davis Duchovny como un "malo" frío, duro y controlado, amén de otros secundarios bastante correctos, elevan el lkistón de la previsible película. Tras un desarrollo muy dinámico que avanza un poco a trompicones, los "buenos" logran evitar que se cumpla el complot que hbiera cambiado la faz de la tierra y nuestra historia. Con el añadido innecsesasrio yn poco realista de la dolencia cerebral del capitán, el argumento está a punrto de salirse de madre pero al final permite un final mas o menos razonable pero abiertamente confuso. No obstante los aficoonados a ese género bélico lo pasatrán bien, aunque no ytanto como con "The boot" o la citada "La caza del Octubre rojo".

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15 junio 2013 6 15 /06 /junio /2013 07:32

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Para todos los lectores que ya veían cine en los años sesenta esta película es como un revival romántico, algo ñoño y magníficamente recreado ambientalmente del llamado "cine rosa" de aquellos años. Una especie de bienintencionada recreación de las comedias blancas en rabioso tecnicolor de las  juerguecitas sentimentales tipo Doris Day y Rock Hudson (aunque en esta hay una inesperada recreación de un acto sexual, eso sí muy circunspecto, con mucho "flou" y cortes anatómicos solo femeninos).

La cosa transcurre a finales de los cincuenta y se nos sirve, con la comicidad gala, una especie de mezcla de Audrey Toutou en "Amelie" y de Audrey Hepburn de "My fair lady" (de hecho la foto de esta actriz norteamericana sale en algunas escenas), envuelto todo con la colorista y algo quica estética de la época: una secretaria dotada de una gran velocidad mecanográfica es contratada por el jefe de una empresa de seguros que se obsesiona por convertirla en la mas rapida mecanógrafa del mundo de aquéllos años. Tan absurda pretensión, menos creible que la del profesor Higgins que pretendía hacer pasar a una pobre florista por una dama de alta sociedad solo perfeccionando su lenguaje, provoca una  relación que --con los altibajos normales en este tipo de comedias de superación personal y social,--acaba resultando un cuento de hadas sin demasiada magia y bastante previsible en general.

Prescindiendo de la poco convincente moraleja de la historia, que evoca las diferencias de sexos de aquellos tiempos (en los que a lo máximo que podía esperar una muchacha de la clase humilde era a ser secretaria)  pero trata de endilgarnos a base de humor un discurso más actual sobre esas diferencias, la película remite siempre a un mensaje edulcorado cuyo final está cantado desde la primera secuencia: una legión de aspirantes femeninas a un empleo que el jefe de la empresa debe evaluar con parámetros por lo menos confusos, en los que brilla el tópico de la mujer poco inteligente pero eficaz y ornamentada servidora del prepotente varón.

Regis Roinsard dirige esta su primera película con Romain Duris, un actor ligeramente acartonado pero adecuado y una Déborah François que recuerda en todo momnento los gestos e indefiniciones de la Hepburn frente al poder y la fuerza de su mentor, el profesor Higgins en la citada "My fair lady". Como suele suceder en el cine francés, apariciones de viejas glorias como Miou-Miou, el incombustible Eddy Mitchell en el rol del gruñón padre del protagonista o la agradable Berenice Bejo.

Así pues, película de buen pasar, comedieta romántica trufada de competición "deportiva" (la de los mecanógrafas, tal vez lo más conseguido de esta película) para facturar una historia llena de colorines, publicidad quitch de los setenta y ochenta y ninguna intención crítica, un anacronismo mucho menos logrado que "The artist", por ejemplo, (evocación nada gratuita debido a la ,presencia de Berenice Bejo) acercándose más a la línea de telefilmes como "Mad Men" aunque sin la mordiente crítica de esa excelente serie.  Colores pastel a gogó, música rockera de los sesenta, bailes de la época, vestuario calcado, todo suena a los sesenta y desgraciadamente también el listón de calidad no rebasa la de aquellas comedietas de programa doble de cine de barrio. Es una rememoración amorosa de las películas francesas que ponían furiosos a los de la "nouvelle vague" y que se realizaban como imitación de las procedentes de Hollywood y que arrasaban en el cine popular de entonces.

 

 

 

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14 junio 2013 5 14 /06 /junio /2013 07:42

 

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  Magnífica película bélica sueco-noruega que seguramente no pasará a las salas de cine y quedará en las viodeotecas. Cosas de las injusticias del marketing cinematográfico, cuando tantos bodrios infumables se estrenan en las salas para aburrimiento del respetable. En esta cinta, concentrada y austera como un clásico del teatro, se nos brinda un motivo de reflexión. Durante la segunda guerra mundial, con Noruega ocupada por los nazis, en una cabaña aislada en plena montaña invadida por la nieve y un frio polar, el destino une a dos tripulaciones de aviones de combate, alemanes e ingleses que probablemente se han derribado mutuamente. La película narra con economía de medios, sencillez y verismo las relaciones difíciles entre los dos grupos, uno formado por tres aviadores y el aliado por dos. Todo el recorrido previsible de las relaciones enfrentadas va siguiendo un proceso en el que la supervivencia se convierte en una prioridad por encima de las ideologías y los fanatismos. No les contaré más para alentarles a que busquen en los dvd clubs o en la web esta excelente película y la disfruten, si son aficionados al cine bélico o, simplemente, si les guta reflexionar sobre la condición humana asometida a condiciones extraordinarias.

La trama y el paisaje, las excelentes actuaciones de actores poco conocidos pero que dan una enorme veracidad a sus papeles, forman los tres elementos que deben definir a una buena película, por encima de los sacrosantos efectos especiales que cada dia se apoderan más del protagonismo. Esto es cine bélico psicológico en estado puro. Un hermoso relato que despierta la nostalgia por "los de antes", relatos redondos donde no se quedan cabos sueltos y dejan un buen sabor de boca y un buen recuerdo filmico. Dirige el noruego Peter Naess a actores sobresalientes y poco menos que desconocidos como Florian Lukas, Rupert Grint, David Kross, Stig Henrik Hoff, Lachan Nieboer,  Sondres Krogtoft Larsen. Quizá como único "pero", se podria apuntar el ritmo demasiado lento con momentos que se alargan y demoran (como la secuencia en que todos beben juntos y hablan de sus vidas), pero vista en su conjunto yo no lo considero un defecto importante y en ningun momento me sentí incómodo.

 

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13 junio 2013 4 13 /06 /junio /2013 07:05

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Como es sabido, Luís Mateo Díaz es uno de los más conocidos cultivadores de la novela corta de este país. En la buena tradición de los narradores anglosajones --Conrad, Kipling, Woolf, Carver-- y los  europeos (Camus, Kafka, Tosltoi-- y la no menos rica pero escasa tradición de los grandes escritores de corta distancia en castellano. En España somos más dados al novelón de largo aliento --con algunas honorables excepciones en el XIX, Pereda, Pardo Bazán, Juan Valera-- y sólo en el siglo pasado, al amparo de los multiples premios literarios, comenzó a surgir una bastante rica muestra de escritores breves y enjundiosos, que quedaban de inmediato encerrados en el Purgatorio de este tipo de narrativa, desgraciadamente poco valorada por el público lector en estos lares.

El leonés, miembro de la Real Academia, es un escritor de aliento tradicional, largo recorrido narrativo, estilo formal, lento, algo rebuscado, de perífrasis largas y comentarios complejos pero precisos en los que, de pronto, estalla un fulgor poético o una frase de humor austero. No es un escritor fácil y hay que acostumbrarse a la solidez recia y castellana de su estilo. Todo ello se corresponde con un mundo narrativo propio, cerrado en sí mismo, un mundo geográfico, nominalmente imaginario. Personajes con nombres que huelen a pueblo o capital de provincia de los cincuenta del siglo pasado y a historias donde transita un tiempo ido donde las emociones y pasiones humanas parecen recién surgidas del armario de un ayer que quizá nunca fue, dotadas de un aire entre fantástico y nostálgico.

En este libro, compendio de narraciones cortas que su autor convierte en fábulas de la vida y el destino humanos, hay una voluntad poderosa de reflejar el,encanto y las contradicciones, las mezquindades, la soledad, el orgullo, la búsqueda y el desasosiego de una serie de personajes que deambulan por los relatos  buscando algo, quizá un sentido a la existencia. En muchas ocasiones el relato transita como por zonas de sueño, se alarga morosamente sin llegar a clarificar o concretar cuál es la moraleja de la historia o la fuerza disgregadora de su desenlace y queda en una tierra de nadie en la que todo es posible y al tiempo no parece que vaya a cambiar nada.

Sentencioso y lleno de sabiduría tradicional, Mateo Díaz suele invocar en algunos de sus personajes esas consejas llenas de sentido común que resultan evocadoras para lectores maduros e hijos de esos pueblos y ciudades pequeñas donde  el idioma aun tiene marchamo de clasicismo y enjundia gramatical. Como dice el abuelo Honorio en el relato "El fulgor de la pobreza",  "La dignidad del que calla cuando debe es la que pide Dios. Cualquier palabra resulta vana si no es necesaria y pocas lo son" (pag.52). Y así sus personajes no suelen ser parlachines y compensan con un monólogo interior que fluye con la maestría técnica de nuestro autor. Escueto y austero en el fondo, los relatos se extienden por las páginas en un florecimiento a veces excesivo.

Durante diez años Mateo Díaz ha ido pergeñando estos relatos que aunque salieron en principio en distintos volúmenes, publicados de tres en tres, ahora los ha reunido en uno solo siguiendo el diseño de una obra específica que debía ser  su"comedia humana", una suerte de laberinto de espejos incrustrado en su peculiar mundo propio narrativo (como Faulkner o Benet, este es un  autor con escenario novelistico creado literariamente por él)  en el que sus personajes daban una vuelta de tuerca a ese mundo terrenal para permitir la incursión de lo inesperado, lo inexplicable, el caos de lo casual, la magia de las coincidencias, las "sincronicidades" que decía Jung. Como el maestro alemán del psiconalisis, Mateo Díez sostiene el tenso edificio de sus novelas con un andamiaje en el que la moralidad, huyendo de la moraleja, muestra sus perfiles ya sean positivos o carenciales. Por eso sus fábulas son "del sentimiento", ya que "implican esa orientación de las emociones que revela la fragilidad e intensidad de lo que se vive" (pág.10), sin olvidar también "lo más oscuro y misterioso de nuestras conmociones y comportamientos".

Doce fábulas independientes pero, por voluntad del autor, con un Guadiana interior común en el que surgen, --y se integran en la corriente oculta--, cuestiones (apuntadas por él mismo en un clarificador prólogo intitulado "Vidas, secretos, conmociones") como el desarraigo, el aprendizaje subliminal del odio, el amor como fuerza repadora pero también disgregadora, los secretos como "deus et maquina" de muchos comportamientos, la adolescencia como campo de batalla interior (en el relato "Los príncipes del olvido"), las deudas imperecederas, la subterránea violencia que subyace en las familias, los amigos, uno mismo, los vicios profundos que engendra el deseo y la soledad. Personajes sólidos, unas tramas interesantes que se desarrollan con cierta morosidad y que suelen ofrecer finales abiertos.

He aquí un honorable intento de Luis Mateo Díaz por lograr aquello que él busca en toda su obra, el reto de la perfección. Asombra la multiplicidad de sus recursos narrativos, primera persona, perspectivismo de la memoria, narrador omnisciente, discurso interior, diálogos.  "Fabulas del sentimiento" es una obra insoslayable para el seguidor o el conocedor de este escritor. Y una oportunidad interesante para el que quiera acercarse a él. Aunque estos lectores deberían empezar por una obra previa: "La fuente de la edad" (1986) que se llevó entonces el Premio nacional del Literatura y el de la critica.

 

 

FICHA

FÁBULAS DEL SENTIMIENTO.- Luis Mateo Díez. Editorial Alfaguara. 549 págs..

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11 junio 2013 2 11 /06 /junio /2013 09:32

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Parece que hay noticia de La Cerollera desde el año 1413, cuando solo era un barrio de Monroyo, con 16 fuegos, manera de contar población de aquellos tiempos (cada fuego es un hogar) y que supone unas 80 personas, aunque hasta  mediados del siglo XVIII no obtendría la categoría de villa con iglesia propia, que sufriría (como casi todos los pueblos de la zona y, si me apuráis, de este país desaforado) la pasión desructiva e incendiaria de raíz politica y anticlerical de ciertos grupos y partidos en epocas convulsas de guerras cainitas (desde las carlistas a la incivil).

Voy a dedicar este reportaje senderista a las opciones que ofrece el pequeño pueblo de La Cerollera en el Bajo Aragón, empezando por el trayecto vecinal hasta Belmonte de San José, uno de los caminos empedrados más hermosos de la zona que en una parte considerable se mantiene, circulando entre bosques de pinos, antiguas tierras de labor y vestigios de antiguos pobladores de la zona que, tras la guerra civil, fue quedándose deshabitada.

Una vez en La Cerollera iremos a buscar el PR que lleva a Belmonte, que se encuentra debajo mismo de la ermita de San Cristóbal (destruida durante la guerra y reconstruida en los años 70: no se pierdan el curioso pilón que se levanta en medio de la puerta de entrada) desde donde tendremos una panorámica hermosa del pueblo y las tierras que se extienden hacia el norte, con tierras roturadas con muretes de piedra y bosques de pinos. Dejamos la ermita a nuestra izquierda y bajamos hacia los campos de labor iniciando de inmediato una subida por el sendero que va mostrándonos los vestigios y restos de su trazado de piedras, adentrándose en el bosque, salvando ciertos desniveles no muy empinados (toda la ruta es bastante llana excepto en su última tercera pàate, una vez llegamos a los Puntales (900 m) en la sierra del mismo nombre, donde comienza una pista que va haciendo giros en continua bajada y desde donde ya se vislumbra a los lejos el ordenado caserío de Belmonte con su iglesia  en el centro, el campanario esbelto y su cúpula octogonal de la nave lateral del templo, con sus mosaicos brillando como espejuelos bajo la luz del sol.

excursiones-4716.JPGEl trayecto es plácido y transcurre en su mayor parte bajo un pinar de carrasco, pero si el caminante está atento verá recios ejemplares de pino negral o laricio, con profusión de enebros, alguna sabina espesa y las achaparradas carrascas, de la familia de las encinas. Haremos al menos dos subidas y descensos a valles que se extienden hacia el oeste, con bancales de sembrados orillados por un bosque tupido.

Mas o menos a la hora de trayecto encontraremos un claro de bosque donde se entrecruzan dos senderos y una pista. El que hemos de seguir está balizado con un hito de piedras y es la continuación natural hacia el suroeste del camino que seguimos, internándose de nuevo en el bosque y con algunos tramos del antiguo empredrado. Ascendemos un largo trecho hasta llegar a la citada cima del Puntals donde el sendero se transforma en pista descendente con el barranco de La Cerollera a nuestra izquierda.

    A mano derecha encontramos un desvío que lleva a la "Cova del Saltador", bauma de roca en un paraje recoleto (una visita de unos cuantos minutos) y un poco más abajo a la izquierda otro desvío señalizado "A la Puntata", una roca cortada a pico que tiene una panorámica hermosa, con la Cañada de Verich a la izquierda y Belmonte enfrente al fondo  junto al largo y sinuoso barranco que abre el rio Mezquin por el valle de Las Calderas. Volvemos a la pista y a nuestra izquierda encontramos una balsa pequeña que recoge las aguas de la Fuente del Gil, con unos cultivos vallados en pendiente y bancales de olivos y almendros.

Seguimos bajando por la pista y pasamos junto a un vertedero, luego dejamos una granja encima nuestro y llegamos al original Calvario de Belmonte, la ermita de Santa Bárbara a la izquierda, para entrar en el pueblo junto a la piscina municipal y dos de las capillitas del rosario y muy cerca de la antigua nevera del pueblo. Hemos dedicado un poco de más de dos horas de camino, incluidos los desvíos apuntados.

A partir de aquí y una vez en Belmonte tendremos otra excursión, algo más larga, que nos llevará al barranco Fondo y al Molino Siscar, pero eso será objeto de otro reportaje.

En esta ocasión, y de ahí viene la "radialidad" de la propuesta, la excursión a Belmonte es de ida y vuelta ya que en La Cerollera, como centro radial, tenemos tres agradables propuestas senderistas más. Una de ellas  es la del Pas del Molí y la Cova del mismo nombre (que sigue en su inicio el mismo sendero que va a Belmonte, con lo que puede unirse a la anterior a modo de desvío). Se trata de un recorrido circular de una hora que comienza en el cruce de senderos que hemos mencionado en el camino a Belmonte (a la izquierda del que seguimos entonces). Desde el Pas de Molí, con su estrechamiento de rocas y su vegetación abundante, seruimos a la izquierda hacia la Cova, famosa en la zona por haber sido escondite de paisanos cuando llegaban las tropas de los dos bandos a esas tierras en el transcurso de la guerra incivil.

Otro sendero interesante es el que lleva a la punta del Santet  (850m), se coge  a las afueras del pueblo junto a la carretera, con poste indicador, pasamos por un molino de aceite en ruinas hasta llegar por campos de labor en terrazas al fondo del barranco donde encontramos un "obellón" o canal de drenaje y un abrevadero que van a nutrir la balsa de "Fon des Camps". Seguimos hasa un corral de ganado, cruzamos la pista junto a una balsa de incendios y estemos atentos hasta ver una majestuosa carrasca llamada "del Piapo" que merece una foto y un rato de escanso a su sombra. Un ratito de pista forestal hasta la "Balsa de la Basella" y muy cerca los restos de las trincheras republicanas de la guerra civil. Muy cerca observarán una cruz de madera en un montón de piedras, reflejo de uno de esos episodios sangrientos vecinales ocasionados por razones politicas, económicas las más de las veces, ya algunas, pasionales. Es una cruz erigida en memoria de un maestro de La Cerollera asesinado por un tipo llamado "el Floro" en 1883 (que también es mencionado por su escondite en una cueva) y la tradicion del lugar quiere que el caminante desposite una piedra allí mismo.  Una senda protegida por una empalizada de madera, en rampas muy empinadas, nos lleva a la punta del Santet coronada por un peirón de piedra y una capilla con los santos Abdon y Senen, protectores del pedrisco. Es una ruta relativamente larga (unas tres horas y pico) pero muy agradable y variada.

Para terminar hay dos rutas más, la de las Neveras y la de las Fuentes.  De entre una hora y media y tres horas cada una (mas larga la de las Neveras) ,  atraviesan en uno u otro sentido toda la zona aledaña al pueblo, una por las Fuentes de Mont-Roig, Mas de la Parra y de Baixa, y la otra por el Pas de la Nevereta, la Punta Llobatera y Torrejón, el Ms de Cauvet y el Mas de la Parra. Ambas parten de la zona del pueblo llamada el Merendero, junto a un panel informativo.

 

NO SE PIERDA

Dedique un buen rato a pasear por el pequeño pueblo y trata de que le abran la iglesia de Nuestra señora del Remedio (una vecina muy cercana a la plaza de la iglesia tiene las llaves) construida en 1535 gracias a una provisión real instada por el Comendador de la Orden de Calatrava, que patrocinará el templo. Primero un templo sencillo de una sola planta, inaufurado el 10 de octubre de 1545 por el arzobispo de Zaragoza. Había libros reglamentados de nacimientos y defunciones desde 1561. A partir de siglo XVIII La Cerollera es nombrada villa y se edifica el templo actual sobre las bases del anterior, inaugurándose en 1767. Se construye el altar mayor y ocho altares laterales y se instalan cuatro campanas en el cuerpo central de la torre (1797). A pesar de penurias, hambrunas y guerras, es de notar el esfuerzo y entusiasmo de los vecinos de este pueblo en mantener su iglesia (y se trata de una población escasa, 370 personas en el núcleo de la villa y 120 en las masías del término, según el censo de 1849). En agosto de 1936 fueron incendiados todos los bienes artisticos, altares, tallas e incluso archivos. En 1963 empezaron las obras de restauracion externa y e interna (no se lo pierdan, costeadas por los vecinos) y fue en 1998 cuando se acabó de resturar el campanario, los motivos y pinturas del interior y los suelos de la iglesia.

Sabados y domingos por la mañana se puede visitar una exposición sobre la presencia de la guerrilla en el término municipal. Este pueblo es uno de los ejemplos más admirables de talante cívico y amor a lo propio de los vecinos.

 

 

 

COMO LLEGAR

 Saliendo desde Alcañiz se coge la N-232 que lleva a Monroyo atentos al desvío a mano derecha TE-V-8401 que nos llevará a La Cerollera. Una vez en el recoleto pueblo en dirección a La Cañada de Verich encontraremos los carteles indicadores del sendero PR-TE 11 (el PR1 del Mezquin, que marca el camino hacia Monroyo por Belmonte y el Barranco Hondo, que ya haremos otro día). Si vienen de Cataluña y el Matarraña iremos a buscar la N-232 por La Fresneda y Valljunquera o más directamente por la comarcal que lleva de Valderrobres a Monroyo por Fuentespalda (cogiendo la nacional dirección Alcañiz). Tendrán información suficiente con el librito de la red natural de senderos de Aragón, editado por Prames y los mapas de la zona, tanto de la red nacional como los específicos del Bajo Aragón, todos a la venta en librerías especializadas y, por supuesto, en el establecimiento de Serret en Valderrobres. Folletos específicos de los senderos apuntados los obtendrán en el Ayuntamiento de La Cerollera (una manera de promocionar el pueblo que he encontrado en contadas ocasiones en todos mis viajes).

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10 junio 2013 1 10 /06 /junio /2013 10:22

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Julio Llamazares, leonés nacido en 1955, es un narrador habilidoso y austero que suele entroncarse en una narrativa intimista, llena de anclajes temáticos a la tierra, el paisaje y las gentes que los habitan. Gusta también de los libros itinerantes (de hecho tiene varios volúmenes dedicados a una suerte de reportajes literarios al modo del viejo Cela, como "El río del olvido", "Cuaderno del Duero" o "Tras os Montes", pero persigue los viajes intimistas al interior de algun Otro en forma de novela "Luna de Lobos" o "El cielo de Madrid" y luce un clasicismo de estilo que parece resonar de los parajes castellanos como una emanación seca y firme, justa en los adjetivos, concreta y terrenal como emanada de aquellos lugares sencillos y duros. aunque dotados de un encanto primario y algo salvaje. También cultiva el relato y el apunte periodístico ligado a la inmediatez. Este todo terreno del arte de narrar se nos descuelga ahora con una novela levemente proustiana, "Las lágrimas de San Lorenzo", en la que con un tono melancólico y sosegado, propio de un talante reflexivo, nos cuenta dentro de una estructura novelesca simple de doble recorrido, el pasado  a través del recuerdo del narrador y su presente inmediato pivoteando en torno a una experiencia estética --y ética-- singular: asistir desde Ibiza a ese fenómeno astronómico que se llama "las lágrimas de san Lorenzo", una especie de lluvia de estrellas fugaces que es posible ver una determinada noche de agosto en cielos limpios de contaminaciones lumínicas.

El narrador lleva a su hijo de 12 años a observar el fenómeno en un paraje solitario de la isla, justamente el lugar desde lo vio muchos años antes, cuando él mismo era un niño, junto a su padre ya fallecido pero vivamente   añorado. Durante esa experiencia sugestiva, el pasado y el presente, el tiempo, la infancia, la madurez y los barruntos de la vejez van convirtiéndose en temas de reflexión, un "work in progress" literario en el que los personajes , las sombras del pasado, van volviendo a la vida dinámica que les presta la memoria y la palabra del narrador, con momentos de un poesía vibrante y otros, nostálgica y triste, en los que se desgrana la vida en recuerdos

de muy variada índole, estampas que la magia de la narrativa convierte en postales de una época pasada y en una paciente y algo apesadumbrada colección de instantes plenos de sentimiento y emociones .

La historia, una rosario íntimo que deviene universal dada la filosofía plácida que lo impregna todo (al estilo de Pascal o de un Montaigne sin malicia) se convierte en una reflexión sobre el tiempo y los cambios que sustancia, vistos sin acritud y sin juicio penalizador. Hay mucha ternura en ese repaso de los años jóvenes, de las figuras familiares donde no falta el tío mitificado, desaparecido durante la guerra civil, una especie de Corto Maltés más imaginado que real y todo esa remembranza cautelosa y sencilla envuelta en música (una pieza de Bob Dylan) o de olores campestres, el tomillo o el lúpulo, puestas de sol inenarrarables, mares en calma, agua cristalina y sensaciones vitales a tenor con el paso de las edades del hombre (el narrador ya con el medio siglo a cuestas y una vida itinerante por las universidades de toda Europa y el adolescente, trasunto del primero, ambos mostrando hacia la vida una actitud semejante, curiosidad, ansia de libertad y placer de vivir) mientras las soluciones éticas básicas, la aceptación de los errores y el dolor que causan, la capacidad de perdonar, la asunción del arrepentimiento, van cristalizando en las dos personas, padre e hijo, que charlan y piensan, tumbados sobre una manta, en un prado frente al mar, en el silencio y la paz de la noche veraniega mientras el cielo se desgrana en trazos de estrellas errantes, como si un dios aburrido lanzara ascuas al capricho sobre la negra capa suntuosa del firmamento.

Hay mucha sustancia filosófica sencilla y sin complicaciones, un correr de vida, en esa larga noche de extraña felicidad entre padre e hijo. Prosa limpia y trasparente, reflexiones filosóficas sin ansia de trascendencia, de calado menor pero que se refieren a cosas que todos pensamos y sentimos muchas veces a lo largo de nuestra vida. El miedo, la soledad, la tristeza, el deseo, la frustración, los errores sentimentales, los viajes, las tierras extrañas, el hambre de amor, la paternidad, las acusaciones de abandono (más dolorosas si como en este caso provienen el propio hijo), los engaños y las traiciones van emergiendo de las páginas de esta novela que parece estar destinada a ser leída en otoño (y no me refiero solo al climatológico) al abrigo de una buena chimenea, sin prisa y sin pausa (son menos de 200 páginas).

Momentos de epifanía como los que narra en las páginas 65 a 67 o al final, cuando no se atreve a despertar a su hijo ante el esplendor del cielo estrellado, junto a reflexiones amargas que giran casi siempre en torno al tiempo y que pueden resumirse en la frase de su padre que rememora en la página 33 "Nos pasamos la mitad de la vida perdiendo el tiempo y la otra mitad  queriendo recuperarlo". O su propia percepción melancólica, "mi vida se va alejando a velocidad de vértigo de la memoria que conservo de ella".

El narrador, como el Nick de "El gran Gatsby" o el Marcel de "La Recherche" resume "he luchado contra todo, la soledad, el paso del tiempo, los desengaños, el desamor...y aquí permanezco reemprendiendo cada dia el camino de mi vida, ese camino que empiezo cada mañana como si lo estrenara siempre y que termino de madrugada cuando la melancolía me duerme como al agua de la acequia de mi abuelo o a los olivos y buganvillas de Ibiza, cuando yo era joven" (pag.123). O modificando la célebre frase de Lenon, "la vida es eso que pasa mientras estamos ocupados en pensar qué hacer con la nuestra".(pag 147). Para terminar con un desencantado "¿No será Dios el tiempo?". Lo cierto es que la novela deja un cierto regusto a reiteración nostálgica, un ligero exceso melancólico que parece apuntar más al talante de un Celine que al de Séneca. Y eso es algo que se comprende, dada la temática --no se corresponde a la edad del escritor, ¿qué escribirá cuando pase de los 60?-- pero que acaba pasando factura al lector, que cierra el libro sin poder evitar un sabor algo triste.

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FICHA

LAS LÁGRIMAS DE SAN LORENZO.-Julio Llamazares. Editorial Alfaguara. 193 págs.

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8 junio 2013 6 08 /06 /junio /2013 08:21

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Me encanta la buena ciencia ficción, la que se platea cuestiones importantes y no necesita de los efectos especiales y los tipos monstruosos o los alienígenas de Stark Treck para atraernos o fascinarnos, la que tiene guiones razonables, coherentes e imaginativos sin apelar a la fe extrema del espectador, la que reserva sorpresas sin hemoglobina a espuertas, sino con sutileza, con un respeto al espectador que admite los recursos del género pero no le gusta sentirse engañado por los excesos.

 

"Oblivion" (referencia al olvido que, con la memoria, es la lave de la película) es una discreta y entrenida muestra de la ciencia ficción que adoro. Dentro del sugénero apocalíptico, aquí el guionista y el director (Josep Kosinski, el artífice de "Tron") se atreven a dar una delicada vuelta de tuerca que trastorna todo el planteamiento inicial --bastante repetitivo en la Scf -- ya aceptado por el espectador. El mundo destruido por una guerra de invasión alienígena (ganada aparentemente) y los supervivientes luchando por volver a una cierta normailidad. Pero aquí habra sorpresa y de las buenas esperandonos al final, con una lamentable secuela o truco sentimental que podría haber sido evitada y hubiera convertido esta película en un producto redondo.

 

Los paisajes y las referencias al pasado --lugares emblemáticos destruidos, restos conocidos -- se nos ofrecen dotadas de una belleza enorme y desoladora. Casi como aquella inmejorable secuencia final del "Planeta de los simios", la primera versión con Charlton Heston, que se ha convertido en un símbolo del género: el plano cenital de los restos de la estatua de la libertad enterrada en las arenas de una playa, en un mundo que no sabíamos hasta ese momento que era el nuestro, tras el apocalipsis.

 

Entre la pulcritud estética de "2001, una oidsea espacial" y la dinámica rural y ucrónica del "Planeta de los simios" o la urbana caótica y multiracial de "Blade runner", la película transita por un tema obsesivo e interesante (también abordado en el filme de los replicantes protagonizado por Harrison Ford), los recuerdos y la posibilidad de que nos sean implantados. La tierra es un planeta desolado que aun conserva lugares maravillosos aunque están prohibidos presuntamente por su contaminación. En ese mundo agónico, una pareja, Jack (Tom Cruise) y Victoria (Andrea Riseborough) están encargados de la vigilancia y control de una zona, a través de drones, a la espera de ser repatriados a Titan donde está el resto de los supervivientes humanos de la destructiva guerra contra los invasores del espacio. Pero Tom ansía mantenerse en la Tierra donde cree que existe un paraíso personal a pesar de la presencia depredadora y salvaje de los "otros" supervivientes, los contaminados por los vencidos invasores. Pero todo esto es la historia que Tom y Victoria deben creer ya que están programados para ello a fin de que conserven la eficiencia en su labor...y no les cuento más. Vayan a verla y disfruten de las sorpresas que les esperan.

 

Tom Cruise sigue haciendo con gran habilidad de Tom Cruise, aunque he de reconocer que logra ser condenadamente convincente. Y uno simpatiza con él, pese a que mantiene los tics del protagonista de "La guerra de los mundos" o los de "Misión imposible", el adulto adolescente eterno, que resulta encantador haga lo que haga (y un poco irritante). Magnífica Andrea, con su belleza llena de frialdad y la acidez de su expresión y normalito el incombustible Morgan Freeman, los tres arropando en lo posible a la bellísima Olga Kurylenko que no logra superar el listón de su físico (y cuya química con Tom es basicamente inexistente).

 

Cine que se esfuerza en atraparte e intrigarte. Y cuando acabas de verla te hace pensar un poco en la propuesta y los giros de la acción, y ello nos demuestra que se ha desperdiciado la ocasión para hacer una película más sólida (en la línea de "El ultimo hombre vivo" o "Yo soy leyenda"). Pero bueno, en todo caso, en las antípodas de lo que uno suele esperar de este género, ay, tan manipulado. Lo importante es que seguramente no necesitará del cubo de palomitas para aguantar las dos horas de proyección. 

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7 junio 2013 5 07 /06 /junio /2013 09:12

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Película suavemente transgresora cuyo desarrollo parece avalar y valorar la "espontánea" vulgaridad y zafiedad de un Benoit Poelvoorde en la plenitud de su habilidad interpretativa. Dotada de momentos entretenidos y francamente divertidos a pesar de su mensaje implícito desorientador, "Mi peor pesadilla" ("Mon pire cauchemar"), dirigida por Anne Fontaine, desvela una quizá involuntaria admiración por la virilidad algo brutal del personaje de Benoit en menoscabo de la educada contención de su marido en la ficción, André Dussollier, un editor culto y algo estirado. La secreta pero evidente admiración de la protagonista, una gélida Isabelle Huppert, por la viritlidad agresiva de Benoit y su desprecio burlón hacia las buenas maneras y la discreción de su esposo, a pesar del clasismo inherente en toda la película hacia la baja clase social de Patrick, un desvergonzado y arribista albañil que trata de llevar a su hijo a coelgios de barrios de clase alta para tratar de acercarse a sus envidiados y despreciados busgueses.

La historia es simple: Agathe es una ejecutiva cerebral y elegante, ligeramente clasista. Recibe en su casa a un compañero de escuela de su hijo, cuyo padre, aunque ella lo desconoce es un simple albañil que se dedica a apaños y chapuzas mal viviendo con tal de habitar en un barrio elegante, aunque sea en un cuchitril. Marrullero y descaradamente amoral, Patrick logra engatusar al marido de Agatha y provoca indirectamente que éste inicie una relación con una joven, aprovechando para , con excusas de unas obras que realiza en el piso de Agatha, irse metiendo en la casa y terminar ocupando el lugar del marido de la mujer, que ha cedido ante el "encanto" vulgar y sexualmente excesivo de Patrick. Un poco como la seducción de "El sirviente" (The servant") llevado a las relaciones heterosexuales y con más zafiedad que en la pelicula de Losey.

El problema es la indefinición moral de Anne Fontaine que lleva a las ultimas consecuencias el supuesto (o real) encanto de la bestia que seduce a la bella, degradándola, por el imperativo de la libido femenina que a pesar de todos los aditamentos de la cultura y el refinamiento termina (según el tópico masculino) cediendo a la franca fuerza sexual ,cuanto mas evidente y grosera mejor. Lo curioso es que es una mujer quien la sustenta en esta ocasión.

Buenas las interpretaciones del trio protagonista y bien logrado el ambiente de comedia critica que suaviza un tanto el esquematismo poco ético de la propuesta argumental.

 

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