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18 abril 2013 4 18 /04 /abril /2013 08:43

la-trama-nupcial-9788433978585.jpgJeffrey Eugenides es un escritor greco-norteamericano que a finales de los noventa se hizo célebre con una novela rompedora, "Las vírgenes suicidas", a la  que, como suele suceder, el cine convirtió en un éxito de ventas y a su autor en una promesa bastante sólida. Aunque el empujón que Sofía Coppola dio a la novela con su película fue meramente conyuntural. La novela se merecía el éxito. Unos años más tarde, ya mediada la década anterior, Eugenides se lanzó al ruedo con "Middelsex" que volvió a copar listas de éxitos y como confirmación de calidad oficial recibió el Pullitzer en 2003. Diez años después, y eso es un buen síntoma de lo trabajadas que son las novelas de Eugenides, nos ofrece "La trama nupcial". Como algunos de sus compañeros de generación, (Paul Auster y Irving son un poco anteriores y son los que más me gustan, quizá porque pertenecen a mi generación) Art Buchwald, Jonathan Franzen, Thomas Friedman, Jonathan Ames, David Mamet o Paul Theroux, entre otros, su estilo me agobia un poco con su enciclopedismo y su precisión técnica. Dominan un sentido del humor eficaz y cómplice, están documentadísimos, suelen ser muy explícitos en cuestiones sexuales y abundan en referencias metaliterarias e históricas.

Lo hermoso de este libro es el intento, a mi parecer frustrado pero admirable, de recrear una novela sentimental inglesa del siglo XVIII, al estilo de Jane Austen,Wharton o George Eliot con los mimbres de una joven universitaria de los ochenta inmersa en la sociedad del momento y el clásico ambiente universitario de los Campus de aquellos años sitiados por el sida y el desencanto de Reagan. Eugenides, para establecer una tensión humoristica interna, hace que su protagonista, la joven Madeleine, deba lidiar con sus dudas amorosas y el caracter e idoneidad de los dos candidatos a convertirse en marido, un joven científico, prepotente y brillante y un estudiante de religiones comparadas, un tanto místico, inmerso en dudas metafísicas y personales. Para complicarlo tdo, Madeleine vive en el Campus la eclosión del estructuralismo francés en la Universidad norteamericana, con las demenciales interpretaciones de Derrida, la semiótica de Eco o los agónicos ensayos de Barthes. Y los textos de Levy Strauss, Peter Handke, Cioran o Robert Walser.

Eugenides se pone en al lugar del creador omnisciente y no se corta en opinar sobre los problemas y las actitudes de sus personajes, con un humor demoledor y un sarcasmo divertido. Aunque nos ofrece los puntos de vista de Leonard (el cientifico) y de Mitchell, (el mistico) sobre los vaivenes sentimentales que viven con Madeleine, es realmente habil cuando se pone bajo la piel de la chica y nos habla de sus lecturas, de su romanticismo un tanto teórico y literario, de sus ilusiones y temores. La búsqueda de una visión intelectual sobre el amor y las relaciones que Madeleine refleja incesantemente forja la trama más divertida de la novela: las contradicicones entre la táctica sentimental y amorosa de la chica y su obsesión por comprender el carrusel histérico de sus relaciones a través del análisis obsesivo y desencantado que va leyendo en "El discurso de los enamorados" de Roland Barthes. Actitud que la deja inerme ante la pasión que Leonard le despierta de forma brutal aunque casi indiferente por parte de él. Así que el hallazgo de la novela consiste en el empeño de Madeleine por poner un traje romántico a unas relaciones que tienen toda la simplicidad y aspereza de la     desencantada juventud de los ochenta.

Ese desencanto satura "La trama nupcial", lo que evidencia el lamento y pesar de Eugenides porque en aquel tiempo, --mucho menos en el actual-- los esquemas amorosos de la literatura de esos autores leídos no sean aplicables. El mundo de hoy carece del orden y la claridad que la sociedad aceptaba entonces como normas validas en las relaciones (aunque debamos incluir en el paquete la hipocresía, la minusvaloración de la mujer y las diferencias sociales angustiosas). De alguna manera, se lamenta el autor, entonces todo el mundo sabía cuáles eran las reglas de juego. Y ahora, no hay reglas. Y apenas hay juego. Sin embargo las novelas de amor siguen alterando nuestras neuronas, porque el amor --a pesar de todas las deformidades y manipulaciones--sigue siendo un sentimiento valido, deseable y necesario.

"La trama nupcial" es un título que define no sólo el estudio de fin de carrera que Madeleine realiza, basándose en los citados autores y autoras ingleses del XVIII y XIX, Dickens, Trollope, las hermanas Brönte, Jane Austen o Henry James, sino una temática que llevó a un éxito sin parangón de la novela como género. Quizá por eso, por la dificultad en volver a escribir novelas semejantes, Eugenides propone un final ambiguo en el que dos de los personajes de la trama, el místico y Madeleine se enfrentan a una opción que altera el esquema habitual de "chica duda ante los pretendientes y acaba decidiéndose por el mas adecuado y no por el más deseado". Y no les digo cúal es esa opción para que acudan al libro.  La Austen y las Brönte deben haberse removidas inquietas, aunque divertidas, en sus tumbas.

Sin llegar a la cerrada perfección de "Las vírgenes suicidas", Eugenides logra con esta novela encandilar a los lectores bibliófilos y emocionar a los amantes de la literatura inglesa del XVIII y XIX. E interesar a cualquier lector digno de ese nombre. Piensen que la primera frase de la novela dice: "Para empezar, mira todos esos libros". Y nos cuenta el contenido de la biblioteca "de tamaño medio, sin dejar de ser portátil" de su protagonista. Es un novela divertida y compleja.

 

FICHA

 

LA TRAMA NUPCIAL.- Jeffrey Eugenides.-Editorial Anagrama. 544 páginas. 23,90 euros..

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16 abril 2013 2 16 /04 /abril /2013 09:34

un-asunto-real-cartel1.jpg

La Ilustración, las ideas nacidas tras la revolución francesa, tuvieron un fugaz éxito en la lejana Dinamarca debido a las caracteristica de la casa real, con un  monarca inestable y enfermizo, bordeando la locura y la presencia de un médico alemán, un ilustrado, que se convierte en el mentor del Rey y logra insuflar a través de la marioneta real la carga explosiva y revolucionaria de las ideas que cuestionaban el poder brutal de la nobleza y el clero sobre un pueblo miserable, empobrecido y sometido de todos los abusos del mundo en nombre de la Corona y la Iglesia.

La idea, basada en hechos reales que convirtieron a Dinamarca en una excepción boyante de la Ilustración a finales del siglo XIX por un efímero periodo de tiempo, es tan buena como mediocre el resultado en el filme que dirige Nikolaj Arcel e interpretan tres sólidos actores, Mads Mikkelsen (el eficaz "malo" del último Bond) Alicia Vikander, en el rol de la reina Carlota, cuyo romance con el médico convierte en un asunto de alcoba algo más profundo y sobre todo Mikkel Boe Folsgaard, que borda su papel del desdichado rey Cristian VII, un monarca ridículo, apayasado y caprichoso, con una enfermedad mental que le vuelve más patético que peligroso.

La historia se desgrana a través de la voz en off de la reina que escribe, cuando todo ha fracasado, una carta a sus hijos contándoles su versión de los hechos y pidiendoles que actúen en defensa de unos valores como los que ella y su amante trataron de mantener. Una fotografía excelente y una ambientación de época magnífica, hacen de esta película el envoltorio brillante de una historia de ideas que se banaliza por la cuestión sexual. No hay mucho sentimiento en el enfoque y el director parece mas atento a mostrar la formula de martires de una causa que la de unos amantes arrastrados por la pasión, aunque evidentemente no lo consigue y todo parece desvirtuarse, cuando el protagonista cede a los intereses de su pasión por encima de los de sus ideas y principios. Película que tenía elementos para haber sido memorable y se queda en un buen ejercicio fílmico totalmente chato de ambición y brillantez.

 

 

 

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14 abril 2013 7 14 /04 /abril /2013 09:31

tesis-sobre-un-homicidio-cartel

Al igual que el maestro Hitchcock, el argentino Hernán Goldfrid se deja tentar por el crimen intelectualizado. Como en "La soga", aún más que en "Crimen perfecto", se nos ofrece un sofocante thriller psicológico que podría haberse rodado con una sola camara y en un solo plano en un ambiente neutral como un despacho de profesor universaitario o el aula de una facultad de derecho. Precisamente se trata de un profesor (Ricardo Darín, un poco sobreactuado y cosa rara, poco convincente, sobre todo al final) que imparte un seminario en la Facultad de Derecho de Buenos Aires. Justamente en el aparcamiento debajo del aula donde se dan las clases una chica es barbaramente asesinada. El profesor metido a investigador se va percatando de cierta conexión entre el crimen y la "justificación" intelectualizada de un asesinato sin motivo aparente, que constituye el discurso rompedor de un alumno brillante y oscuro (Alberto Ammann) que clama contra la inutilidad de una Justicia, incapaz de evitar la supuesta invulnerabilidad que da la superioridad intelectual de ciertas personas sobre leyes o tabúes que condicionan a la mayoría pero no a los "seres superiores".

La publicidad de esta película interesante aunque fallida (y no sólo en la interpretación, sino también en el guión) basada en una novela de Diego Paskowski, nos informa que los productores de esta cinta son los de "El secreto de sus ojos". Muy bien. Pero allí estaba Campanella y un Darin en estado de gracia. En esta no. El desafío argumental, superado con brillantez por el viejo Hitch, supera con mucho a Gold, no ayudado por un Ammann acartonado y con pinta de pirado místico y un Darin al que parece habérsele atragantado la artificiosidad y el desplome emocional de su personaje. No hay hondura ni siquiera intelectual en los planteamientos, que rozan el absurdo y en las reacciones de los personajes secundarios que oscilan entre la histeria y el cuelgue ligérsico.

No hay, como hace Campanella, un recurso a la historia reciente del país, lo que legitima a veces ciertos excesos argumentales, aquí estamos en un ambiente universitario normal y corriente y en una lucha dialéctica entre dos personajes que no nos convencen, ni siquiera cuando las complejidades poco verosimiles del guión nos proponen reacciones edipicas incontroladas o némesis patológicas de obsesivos paranoides. La tesis es que la Justicia no puede llegar a cumplir las exigencias de su labor. Siempre hay cabos sueltos en los cuales la Justicia no llega a intervenir, permitiendose --incluso de forma legal-- que los criminales puedan escabullirse si todo ha sido montado con rigor inteligente y amoral. Podía haber sido una película notable, pero ha quedado en un fiasco que no logra convencer.

 

 

 

   

 

 

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12 abril 2013 5 12 /04 /abril /2013 11:43

grandes-esperanzas-cartel1.jpg

Dickens siempre es un recurso agradecido. El cine le debe mucho y muchas de las grandes películas de todos los tiempos están basadas en las novelas del imperecedero y sentimental escritor inglés. Quizá sea el personaje de "Pip", al margen de la naturaleza folletinesca del argumento de "Grandes esperanzas", el que muestra con mayor vehemencia el alma cándida, generosa y valiente del propio escritor, que solía reflejarse con mayor soltura en los niños y jóvenes, desde David Copperfield, a Oliver Twist o al citado Pip. Sus novelas (con gran contenido autobiográfico, especialmente las tres citadas) eran consideradas en su tiempo como duras denuncias y críticas de la estratificación social inglesa victoriana.  Su compasión y afecto hacia las clases mas desfavorecidas, el escepticismo con el que contemplaba la sociedad burguesa, quedan reflejadas en casi todas sus obras, aunque sea con el humor de "Los papeles póstumos del Club Pickwick" o el melodrama de "La pequeña Dorrit".

En "Grandes esperanzas", desde el mismo comienzo, cuando el pequeño Pip es asaltado por el presidiario fugado que luego será su benefactor, lo que se pone en cuestión es la rigidez social victoriana que condenaba a las clases más pobres a la humillación, el abuso y la explotación de por vida y a una muy escasa, casi milagrosa, posibilidad de promoción.. Y, con cierta ironía escéptica, el poder del amor para romper las convenciones y mantenerse a pesar de las dificultades y barreras. La película que nos ocupa está muy lejos de la versión que el gran David Lean dirigió con el título "Cadenas rotas". Mike Newell realiza una versión impecable en el  apartado de dirección artística, ambiente y vestuario, pero es una versión a la que falta alma y emoción. No hay una aportación destacada al imaginario del espectador informado y que conozca las otras versiones que se han realizado. Quizá atraerá y sorprenderá a los jóvenes que se enfrentan por primera vez a esta obra dickensniana.

Quizá lo más relevante de esta "Grandes esperanzas" sean los actores secundarios, más que los protagonistas. Ralph Fiennes como el huido Abel Magwitch y Helena Bonham Carter como Miss Havisham, la espectral dama que arrastra la amargura y el desvarío  de haber sido abandonada el dia de su boda (por cierto, compone un personaje que parece surgido de una de las peliculas de su marido, Tim Burton), superan en mucho a los dos jóvenes actores que representan a Pip (Jeremy Irvine) y a su amada "sin corazón", Estella (Holliday Gringer). Pero reconozco que el director ha acertado con la elección del niño Pip, de una expresividad encantadora.

El análisis de la variable y compleja naturaleza humana es uno de los aciertos literarios de Dickens. Y en este película se pasa de puntillas por encima de la mezquinad y la hipocresía de una sociedad viciosa y cruel y al tiempo se convierte en folletin la fuerza e integridad de algunos, la capacidad de superar obstáculos y redimirse de los propios errores, que era siempre el motivo clave de la novela dickensniana.

Quizá sea en la primera parte de la película donde el director logra mayores niveles de efectividad y poder de la imagen. El mundo rural que nos describe, la amistad del niño con el herrero, marido de su hermana, la presencia de la joven maestra, están muy bien reflejados en una fotografía de calidad. Quizá sobra el exceso melodramático de la colérica hermana, pero no importa, el espectador se siente cerca de esa belleza natural y esas almas sencillas (tal vez con ecos de "Jane Eyre" o "Cumbres borrascosas" dos peliculas recientes con alta finura en reflejar ambientes y paisajes de la campiña inglesa.

A partir de aquí, con la llegada a Londres del joven Pip, todo cambia para peor y se vuelve previsible. Ese Londres sucio, mugriento, con multitudes atareadas y miserables, ya lo hemos visto en otras películas. No hay nada nuevo aquí y todo lo que vemos, esa visión repelente de una ciudad monstruosa, resulta reiterativo. Tampoco en el diseño de interiores, brilla la inspiración, todo es reflejado como espacios sin alma  donde los personajes siempre rozan la sobreactuación y el argumento se deshilacha en un puro melodrama.

Lo siento, pero estas "Grandes esperanzas" se quedan en frustradas expectativas. Mejor leer el libro (acaba de salir una nueva edición--la enésima--aprovechando el tiron de la pelicula) y tratar de pillar una versión anterior en DVD, preferiblemente la de David Lean. Luego pueden ir a ver la actual y ya me dirán..

 

 

 

 

 

 

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10 abril 2013 3 10 /04 /abril /2013 07:04

nadie-quiere-saber.jpgLa inspectora de la Policía nacional, Petra Delicado y el subinspector Fermín Garzón, son dos personajes de nueve novelas policíacas de la escritora Alicia Giménez Bartlett que desde "Ritos de muerte" al  "El silencio de los claustros" han protagonizado una serie de novela negra que parece tener bastante éxito no sólo en nuestro país. "Nadie quiere saber" es la última novela de la serie y la primera que leo, por lo tanto estoy un poco a salvo del encanto añadido que supone la serialización en los lectores. He sido desde la adolescencia un lector entregado a personajes de serie como Sherlock Holmes, Maigret o Guillermo Brown y comprendo ese valor plus que confiere a este tipo de personajes el portar sus caracteristicas personales y su idiosincracia a otros argumentos y otros personajes secundarios.

Escribo todo esto para situar las coordenadas de mi crítica. La novela de Alicia Giménez es entretenida, en algunos momentos absorbente y la trama con algunos "`peros" y excesos, lleva una trayectoria coherente y dinámicamente tensa. Y una de las coordenadas que delata mi nula familiaridad con el personaje de Petra Delicado es que la inspectora me parece una mala copia autocomplaciente de algún detective duro de la catadura de Sam Spade o alguno de los amigos de Hammet, preferiblemente con el rostro de Humprey Bogart. Desde luego no es función ni objetivo de un personaje de novela, por muy protagonista que sea, el ser o comportarse de una forma simpática y atractiva. A veces nos gustan precisamente porque son unos bordes rematados (Holmes, sin ir más lejos, es un ladrillo a menudo) pero la inspectora es borde a secas e intempestivamente y de forma curiosa todos los de alrededor, incluido su marido, el compañero Garzón,  y el comisario jefe, acaban encontrándola divertida, humana y fascinante. Bueno en cuanto a gustos no hay disputas. Ella misma lo dice (pag.149): (Él)...estaba pensando que (yo) era una borde rematada y probablemente llevaba razón".

En esta nueva aventura de la pareja de polis, se nos habla de un "caso reabierto", el asesinato, cinco años antes del hoy novelesco, de un industrial barcelonés en circunstancias particularmente delicadas, aparentemente a manos del chulo de la joven prostituta. La noche del asesinato estaban en un piso del industrial. El chulo --la prostituta aseguró que no fue el sino un italiano que venía de su parte-- aparentemente asesinó al industrial al ser descubierto cuando pretendía robar en el piso con la connivencia lógica de la joven. El caso se cerró definitivamente cuando el chulo fue asesinado en otra ciudad.

La reapertura de la investigación fue instada por un juez y este a su vez por la joven viuda del industrial (segunda esposa de este), pone en la lente de la lente policial la deteriorada trama familiar de las tres hijas del difunto y los presuntos tratos de éste con una de las grandes asociaciones de la mafia italiana, la Camorra.

Con viajes a Roma y a Andalucía, la inspectora y su sufrido segundo, van desarrollando dos vías, la de la mafia, el sicario italiano que fue el verdadero asesino del industrial y posteriormente de dos personajes más (con un intento fallido de cargarse a la mismisima Pedtra) y la trama familiar, en la que poco a poco vamos sabiendo las dificiles relaciones de las tres mujeres con su padre, el industrial asesinado y la catadura más bien penosa de éste

Mientras la novela va salpicando detalles cotidianos de la investigación y sus protagonistas. Asi, referencias a la carterística de tragón inveterado de Garzón (quizá el detalle más revelador  de la personalidad del policía, por lo reiterativo que nos revela la autora), la viril belleza del policia italiano que lleva la investigación en Roma y los esfuerzos de Petra de componer su imagen autoritaria, aunque con deslices eróticos mal explicados --a no ser que se siga el tópico masculino-- y de dejar bien claro su feminismo militante, la novela nos lleva por cuatrociento y pico páginas hacia un final algo previsible ya desde la mitad de la novela. Pero aun así, la historia se mantiene con oficio y seguramente los fans de Petra Delicado se sentirán satisfechos ya que supongo que la acritud dinámica y pendenciera de Petra ya es marca de la casa y sólo a un novato en la serie, como yo, se le puede ocurrir que tal vez debería usarse el recurso literario con más discreción y como decían antes, solo si el guión lo exige.

Para mí todo lo anterior lo salva bastante el humor. No el de Petra en quien es practicamente inseparable de la ironía, el sarcasmo y la mala uva, sino el de su compañero y algún otro personaje. Y así, por ejemplo, en la pag 24, Petra habla con su marido : "Yo argüi que en mi vertiente profesional era cínica, dura y un punto obsesiva, mientras que en la vida privada me mostraba equilibrada, dulce y poco temperamental" y el marido le contesta: "Yo no veo tanta diferencia...seguro que en comisaria también eres dulce". Su amigo y compañero nos ofrece más claves (siempre a través de la narradora que, claro, es Petra Delicado) "usted se flagela sin piedad como una monja de las antiguas".  O en pag 223, "consigue ser odiosa cuando se lo propone"  O en pag 345 "cuando esta de mal humor, suele ser muy injusta con todo el mundo" .Y antes ella ha confesado (pag 106) cuales son las reglas del juego "Me encantaba jugar un poco con el subinspector, era tan bientencionado y tan sincero que yo siempe llevaba las de ganar". Y no obstante de forma increíble tanto el "inspectore"  italiano como el comisario o Garzon parecen creerla encantadora. El asunto sentimental resulta poco fundamentado y las actitudes de Petra hacen pensar más bien, en bastantes momentos, como en una mujer que toma actitudes topicas masculinas y las defiende como un derecho feminista.

La inspectora nos revela en la página 104 de qué va a ir la cosa. "Toda familia es un nido de viboras por definición". Y la clave de la novela no está en la Camorra, el sicario Rocco, bastante tópico, o el asesinato del lúbrico industrial, sino en la miseria profunda que rodea a las tres hermanas y el odio y el temor que la figura del padre les ha motivado. Así que nada de "El rey Lear", aqui no se trata de poder, o de riquezas, sino de otras cosas más profundas y de otro tipo de heridas, aquellas que ni siquiera el tiempo las cura.

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8 abril 2013 1 08 /04 /abril /2013 14:42

 

comp-of-heroes.jpg

 Una película bélica bastante modesta en realización y con un argumento un tanto deslavazado, actores no muy conocidos y un ritmo irregular. Al principio me sorprendió el planteamiento argumental, un pelotón de soldados norteamericano lucha por destruir un nuevo tipo de arma que los nazis está experimentando. No se trataba de las reales U1 y V2, bombas volantes, que ya se han visto reflejadas en varias buenas películas, sino de algo indeterminado que suena a ficción y no muy bien hilvanada. Dudo mucho que esta película, en la que se producen algunos errores precisamente en armamento y uniformes, ya que presentan modelos  bastante alejados en el tiempo de los de la segunda guerra mundial, llegue a los cines, es más que probable que se quede en el circuito de DVD. Y no se pierden mucho, la verdad.

Mas tarde entendí lo que pasaba con  este filme. Se trata de la versión cinematográfica de "Company of Heroes" un video juego de estrategia militar que parece tener bastante exito entre los aficionados (de ahí mi ignorancia, jamas he jugado con esos artilugios). Se rodó en Bulgaria por eso de los costes y la protagonizan Tom Sizemore, Neal Mc Donough y Jurgen Prochnow (al que vimos en la genial "Das Boot").

Efectos especiales de segunda, interpretación en general buena y dirección mediocre (Don Michael Paul). Los T34 alemanes son posteriores a la batalla de las Ardenas donde se localiza la acción, y tampoco los yanquis llevaban el K98. En fin, una peli para pasar el rato.

 

 

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6 abril 2013 6 06 /04 /abril /2013 07:13

portada de De la montaña y el amor

Josep Conrad aseguraba que el único placer, arrobo estético y espiritual que podía compararse al que produce el mar, debía ser el que muchos hombres (en  aquella época, principios del siglo XX, resultaba ridícula la coletilla "y mujeres". Lo siento, pero es así) sentían cuando coronaban una montaña  "y cuanto más alta, mejor" añadía el autor de "Lord Jim". Con eso el marino-escritor polaco en lengua inglesa intuía que la subida a picos y montañas, el alpinismo, podía llegar a ser el refugio de una nueva narrativa épica. Y lo cierto es que no andaba errado. Es una mezcla armónica de literatura de viajes, de poesía en su estado más puro, filosofía y psicología y unos gramos de novela de aventuras. Quizá por eso son tan contados los maestros en este género y si acaso suelen destacar con una sola obra destacable, como "El leopardo de las nieves" de Peter Matthiessen que ya comenté en estas páginas o "Tocando el vacío" de Joe Simpson de la que ya escribiré otro día..

En estos días pretendidamente "santos", he aprovechado para leer tres libros dedicados a la montaña, "De la montaña y el amor" de Javier Arruga (Premio Desnivel 2012), "Paso a paso. Razones para subir montañas" de Carlos Muñoz Gutiérrez (edit. Eutelequia) y la maravillosa "Tras la huella de Nives" del italiano Erri di Luca (Ed. Siruela).

Éste último dedica su libro a la italiana Nives Meroi (" tigresa de alta montaña") una de las alpinistas que se acerca al récord de los catorce ochomiles de la manera propia de esa disciplina montañera: sin oxígeno, sin ayuda de porteadores, haciendo como ella dice, "compañía al viento". Escrito con un estilo poético, sentencioso, limpio y claro, el libro recoge las conversaciones que mantiene el autor con la alpinista durante una subida al Himalaya y acaba siendo una reflexión sobre el amor a las montañas, en la que no faltan acotaciones prácticas para todos los que comparten ese amor y ese ejercicio y esa disciplina interior. De la pagina 62 a la 66, Nives cuenta a Erri De Luca su personal experiencia del amor hablando de su compañero de escalada, su marido Romano. Les recomiendo una lectura atenta.

Precisamente el amor es la excusa, el mcguffin (o pretexto) que diría un cinéfilo, para Javier Arruga. Es el amor o su falta o su exceso --al final pensamos que eso no es amor, lo de Nives, si-- lo que impele al protagonista de "De la montaña y el amor" a contarnos en tres partes una aventura que transcurrre primero en Nepal, recorriendo los valles que llevan al Annapurna, en plan documento antropológico, le sigue la difícil aventura de un grupo de montañeros experimentados, vascos y aragoneses en el K2, atenazados por uno de los constantes dramas que se producen a esas alturas y en la tercera parte llegamos a la resolución conjunta de las dos aventuras. Aquí el estilo es más pedrestre, menos cuidado, sin el vuelo poético de Erri, aunque con la eficacia del detalle y el juicio rápido de un viajero avezado y apasionado. Realmente se lee como lo que es, una novela que trata de reflejar el mundo peculiar que rodea a escaladores, caminantes y alpinistas cuando sus pasos les llevan al techo del planeta.

Precisamente en el tercero de los libros, "Paso a paso" nos enfrentamos con otra de las vertientes, quiza la menos concurrida, de la literatura de montaña. La filosófica. Carlos Muñoz es profesor de esa materia en la Complutense y aporta el enorme bagaje de sus conocimientos de autores y obras filosóficas que de una manera u otra han reflexionado sobre el caminar por las montañas, el subir a las alturas paso a paso. A través de citas y textos de Kant, Nietzche, Wittgenstein, Walter Benjamin,  Jung o Freud, Platón o Gilles Deleuce, Carlos Muñoz nos habla del miedo, de la muerte, de la soledad, del compañerismo, del territorio de lo salvaje, de la altura, de los mapas y los caminos, del invierno y la nieve y el frío y la dureza e importancia del descenso, de su subida al Montblanc y de sus pensamientos desde cualquier cumbre, en pleno ejercicio de esa pasión activa por las cimas. Y en una frase (pág.66) resume todo: "Subir montañas puede ser el proyecto de una vida por lo que supone de superación, de realización personal, de aprendizaje, de exaltación estética, de sincera y desinteresada actividad, de compañerismo y experiencia compartidos; pero no infrecuentemente, subir montañas es exponerse al sufrimiento, al agotamiento, al frio y a la muerte. Arriba, lo más arriba posible, puede ser sencillamente lo peor...". Claro como el agua. 

FICHAS

 

DE LA MONTAÑA Y EL AMOR.- Javier Arruga.-Ed.Desnivel 222 págs.16e.--TRAS LA HUELLA DE NIVES.-Erri di Luca.Ed.Siruela.131 págs.--PASO A PASO.-Carlos Muñoz.-Ed. Eutelequia.194págs

 

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5 abril 2013 5 05 /04 /abril /2013 12:00

paco elviraQuerido Paco, hace unos días me enteré de tu muerte. En acción, como cabía esperar. Conozco la zona donde tuviste el accidente de montaña. He caminado mucho por el Garraf. La noticia me la dio mi mujer, Anna (que no sabía que nos conocíamos) pues por los datos biográficos que publicaba "La Vanguardia" imaginó que nos habíamos cruzado. La verdad es que bastantes veces. No sólo por mi trabajo en el periódico. Nos conocimos cuando ambos estudiábamos 5º o 6º del bachillerato de antes. Los dos vivíamos fuera de Barcelona y nos quedábamos a comer en un barucho de Gracia, cerca del colegio al que íbamos (que no tenía servicio de comedor). Luego nos encontramos a menudo por cuestiones profesionales y siempre salía a relucir el colegio, nuestras comidas y esa inquietud por hacer cosas, conocer mundos y experimentar la vida. Siempre hubo entre los dos un tácito reconocimiento a la valía del otro y una cortesía amable y sincera en el trato. Ambos nos relacionamos con modestia y con afecto. Yo escribía novelas y reportajes y tú viajabas por el mundo con tu cámara notarial y poética. Ahora pienso que siendo tan parecidos en la manera de enfocar la vida debíamos habernos permitido conocernos mejor. Pero la discreción y una cierta timidez nos mantuvo sin dar el paso. Conservo una bella memoria de tí. Hasta la vista, amigo.

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5 abril 2013 5 05 /04 /abril /2013 07:39
el-cuarteto-cartel1.jpg
Que Dustin Hoffman es un chico listo lo sabemos desde que en los setenta se dejaba seducir en "El Graduado" por la madura esposa de un amigo de sus padres, encarnada --y nunca mejor utilizada la palabra-- por la bellísima y turbadora Anne Brancfort. De ahí al "star system" de un salto, no excesivamente aprovechado por Hoffman, al contrario que sus compañeros de generación Al Pacino o Robert de Niro. Los tres ofrecen un tipo de interpretación bastante parecido, sólido, íntegro, hipnotizante. Y los tres están llegando a la última estación de sus vidas con un similar decaimiento, una insulsez en la elección de papeles bastante semejante, muy por debajo de lo que sus enormes talentos dejaban prever. Los tres también han coqueteado con la dirección y lo ha hecho con probidad y bastante acierto en general, sin grandes éxitos ninguno de ellos. Ahora le ha tocado a Hoffman que nos ofrece una primera obra muy profesional, aparentemente sencilla pero en realidad orquestada con minuciosidad de orfebre y apostando, como no puede ser menos, por el factor interpretativo en primer lugar.
"El cuarteto" es una obra de madurez en un principiante de casi setenta años. Y narra un tema de absoluta madurez vital: una anécdota en la vida apacible de una comunidad de ancianos, una residencia para músicos jubilados. Con un tono de comedia agridulce, se nos habla de que siempre hay tiempo para la esperanza, la ilusión, la creación y el amor, aunque los cuerpos ya renuncien al vigor y los achaques sean objeto de comentarios sardónicos que no los hacen, desgraciadamente, menos omnipresentes.
Hoffman recluta viejas figuras del cine y de la música británicas y nos lleva a un lugar paradisíaco, la residencia campestre donde está el hogar de musicos ancianos, donde revitaliza los sueños, los temores, los rencores de media  docena de personajes muy bien presentados y perfilados, con sus historias a cuestas y su presente limitado y a veces incómodo o doloroso. La música es el elemento clave que les une a todos y uno de los grandes aciertos de Hoffman, ya que es precisamente ese arte el que mejor puede trascender la amarga existencia cotidiana  para florecer en un presente sin tiempo y sin fisuras. Romance, picardía, guiños al espectador y unas interpretaciones magníficas de un elenco que borda sus papeles sin llegar en ningun momento a profundizar demasiado (ese es el único pero que le pongo a esta película: la sombra de la banalidad planea sobre el argumento, aunque, zorro Hoffman, la música lo salva todo en definitiva).
Los cuatro miembros del cuarteto, Maggie Smith, la "diva" renuente que atraerá publico a un festival necesitado de fondos para salvar la residencia, sólo si la convencen para volver a cantar; Billy Connolly, un divertido roba escenas que es el personaje mas vital; el magnifico Tom Courtenay (muy lejos ya del corredor solitario del "hungry cinema" británico del los 60) con su historia de amor frustrado por Maggie y para completar el cuarteto, Pauline Collins, que trata de ser el elemento cómico y no pasa de ser el elemento patético (amigo Hoffman, no se puede tratar de hacer reir con una mujer que entra en el Alzheimer).
Maggie y Tom Courtenay, ofrecen sendas actuaciones de primer orden. Ellos son los que salvan la calidad de la película, bien arropados por los otros dos y por un grupo de secundarios de lujo entre las artes interpretativas y las musicales. Y no se vayan cuando comiencen los titulos de crédito pues Hoffman nos regala imágenes de los personajes de la ficción junto a los reales, con fotos de sus "años jóvenes".
Melancolía, recuerdos del pasado pero tambien deseo de vivir, de gozar, de rodearse de musica. De los guiños pícaros y ligones de Billy, algo patéticos fuerza es reconocerlo, al amor otoñal entre los dos protagonistas después de cincuenta años de rencor y malentendidos, sólo destaca de verdad la música --casi siempre ópera-- que va llenando la proyección y que mantiene fascinado al espectador.
   
 
 
 
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5 abril 2013 5 05 /04 /abril /2013 05:56

Un paseo  de exploración por la Sierra de la Escalera, entre Beceite y el Ulldemó, el río encajonado por las paredes de la Pesquera y la Peña Galera. He dejado el sendero balizado y he seguido trochas y sendas con una dirección sureste hacia una mole cuadrada que se levanta inhóspita enfrente mío. El camino se pierde. Hay arboles caidos por las recientes nevadas y todo está lleno de zarzas y matorrales espinosos. Imposible avanzar. En ese lugar perdido oligo ruidos acercándose de maleza  tronchada y me preparo para un encuentro con una cabra o un jabalí, lo que sería sorprendente a estas horas de la mañana, rozando el mediodía. Pero es una persona. Un hombre vestido con el uniforme verde de los forestales. Se acerca esquivando ramas. Es Ángel, el forestal de Beceite. Está buscando un lugar de observación para comprobar el estado de los árboles caídos y la cercana pista que baja al Ulldemó. Me disuade de la subida a la mola. "Por este lado no hay modo de escalar esas paredes. Puedes intentarlo por la ladera opuesta, donde el fortín del general Cabrera. A esa meseta le llamamos la Muela carlista." Hablamos de estos montes, flores, bichos, plantas medicinales y antiguos pobladores. Anónimos lugareños que durante siglos se rompieron el espinazo labrando estas difíciles tierras montaraces. Nadie en especial, no han dejado historia. De regreso a Beceite, en las soledades silenciosas de mi caminar, pienso que llevo años entrenándome para ser nadie en especial, como enfatiza el zen. Y que cada vez, a pesar del ruido infernal de nuestros tiempos y nuestras variadas crisis, cada vez me siento más cerca de ser "nadie en especial". Y eso me hace feliz.

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  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
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