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29 marzo 2020 7 29 /03 /marzo /2020 11:09

Cada día ofrece su particular noticia con sus ecos de humanidad o de inhumanidad. Somos una especie curiosa, atrabiliaria, sorprendente, vergonzante o detestable. Como norma suelo reflexionar en lo que refleja un esfuerzo de ayuda, generosidad, solidaridad, cordialidad, belleza o compasión. La parte oscura no la sopeso, trato de comprenderla y paso a otra cosa. Mientras escribo suena en los altavoces del pueblo la música bellísima de Bach, Vivaldi, Handel o Albinoni. Esa es una ayuda psicológica relajante que no tienen esos millones de indios colapsados en las grandes ciudades, Bombay, Delhi, Jaipur y otras, porque el Gobierno, ante la pandemia, ha decretado, con cuatro horas de antelación, la suspensión de los transportes público. Millones de personas con trabajos precarios viven en pueblos distantes entre 40 y más de 100 Kms. de sus empleos. Y ahora están colapsados en las salidas de las ciudades y crean un éxodo dantesco  de hombres, mujeres y niños caminando con sus hatillos por las carreteras. Estas pobres personas no están para músicas.

De los 195 países inscritos en la ONU, 180 están en estado de alerta por el virus y muchos de ellos con medidas de confinamiento. España ocupa la cuarta posición en contagios, detrás de Estados Unidos, China e Italia. Mientras, ese oxímoron inaceptable que es la Unión Europea (unión y europa son dos conceptos opuestos) empieza a mostrar los agudos dientes de la insolidaridad y el abuso del capitalismo salvaje obcecado con las ganancias. Son media docena de países de los 27 que formamos la Unión. Alemania, Países Bajos, Austria, Finlandia (que había sido uno de mis países preferidos por cómo gestionó las crisis de 2010 y 2015 llevando a la cárcel a banqueros e inversionistas piratas) vuelven a exigir medidas como las que llevaron a Grecia a la ruina y desesperación. La mayoría comparten la lengua alemana y aceptan el liderato indiscutible de la líder carismática (¿les suena eso?). Alguien dijo que el que no sabe aprender y recordar sus errores está condenado a repetirlos. 

Y un ruego: no caigamos en el exceso de represión. No nos volvamos "comités de vigilancia" de barrio, al estilo de los cubanos de Fidel o de Stalin o de Ceausescu. Un poco de cautela. En las grandes ciudades ha habido trifulcas vecinales desde los balcones contra personas que salían con niños o jóvenes al parque o a pasear. Muchos de ellos, no todos (siempre hay espabilados que van a la suya), son personas afectadas por los TEA (trastornos del espectro autista) o discapacitados con alteraciones conductuales a los que el confinamiento provoca agravamiento de sus síntomas y dolencias. Se ha pedido por la Red que, mientras esté vigente la orden de confinamiento,  lleven un brazalete azul para que la gente sepa que son casos excepcionales. 

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28 marzo 2020 6 28 /03 /marzo /2020 08:29

En estos días aciagos, de horizontes limitados, inseguros y premonitorios, me viene a la memoria la vitalidad alegre, desenfadada y sabia de Alexis Zorba. ¿Recuerdan ustedes? Era el protagonista - y trasunto un punto salvaje del escritor griego Nikos Kazantzakis- de la novela "Zorba, el griego", que siempre tendrá el rostro duro y noble de Anthony Quinn, en su versión fílmica. En un momento de turbación y fracaso, Zorba reflexiona en voz alta: "Qué cosa tan simple y tan frugal es la felicidad: una copa de vino, una castaña asada, un brasero caliente, el rumor del mar...". La sencillez de lo auténtico, de lo bello, en cierto modo de lo esencial. Es la meditación de lo simple, lo que está al alcance de la mano; es barato, sencillo, su precio es  apenas nada, pero tiene un inmenso valor. El del simple vivir. Cuando se nos limita ese placer, por las razones que sea, pero ampliadas por el incierto peligro de enfermedad y muerte (no por lejano e improbable, menos cierto: "Mors certa, hora incerta") uno capta sin esfuerzo la lógica vibrante y vigorosa de la filosofía de Zorba. Así que, haga el favor, destierre la aprensión y el temor, mire el cielo azul tras la ventana o el balcón, el sol derramándose sobre las cosas, el perro persiguiendo mariposas por el patio del vecino, sírvase una copa de vino e invite a quien tenga a su lado, o a sus amigos predilectos si está solo (si son verdaderos amigos, están dentro de usted) y brinde por la vida, por las cosas sencillas y plenas. Recuerde que el amor a la vida no es un concepto estático sino el cultivo dinámico de la capacidad de percibir las formas de la belleza y la bondad en cuanto le rodea. Y si tiene buena memoria peliculera y tiene presente las imágenes finales de "Zorba, el griego" échese un sirtaki o cualquier danza que usted conozca, desde la jotica a las bulerías o la sardana; sí hombre, ahí mismo, en el comedor, sorteando sillas. La danza, sea cual fuere, da una rara felicidad al cuerpo y sosiega la mente, por muy desmañado que usted sea. Créame, es más cierto lo que le digo que la mayoría de las cosas que usted lee, en estos días, sobre el coronavirus

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27 marzo 2020 5 27 /03 /marzo /2020 10:05

El hirviente caldero informativo y también el desinformativo, las "fake news" y los "expertos" que salen del anonimato para cobrar su minuto de gloria dando las más peregrinas explicaciones, los miles de memes, videos, chistes y cantinelas varias que burbujean en la Red y el runruneo irritante de las teles, las radios y los periódicos desde los más serios a los más irresponsables están creando un "colchón de ruido" que tiene desconcertado al personal. Uno de los rotativos más serios pregona que "el covid ha venido para quedarse" y que las órdenes de confinamiento están motivadas más que como una forma de prevención del individuo, que también, como una forma de escalonar el sistema sanitario para que no se desborde y se bloquee. Y sugieren que acabaremos tratando de seguir el ejemplo de Singapur, donde se incide de forma tajante en las medidas personales de higiene y cuidado y no se ha decretado el aislamiento de los ciudadanos y incluso las escuelas siguen abiertas. En otros lugares de información, más o menos fiable, se reafirma que la mayor parte de la población deberá pasar por el virus y que se irá creando una inmunidad natural hasta que llegue el momento de que se pueda disponer de vacunas efectivas. 

La buena noticia del día es que el ritmo de contagios parece que se ralentiza. Y se advierte, con mucho sentido común, que las medidas elementales de higiene y de no contactos deben mantenerse por el momento de forma indefinida. Parece que el signo de los nuevos tiempos va a ser la casi virtualidad de las relaciones humanas. Supongo que con los años todo se irá relajando y convirtiéndose en algo distinto a lo que ha vivido la humanidad en sus relaciones sociales. Es como si el modelo virtual del mundo  digital se fuera a convertir en "lo correcto" en la articulación de las relaciones. Los contactos piel a piel serán aislados y esporádicos y reducidos a una total intimidad. Como en el universo digital de facebook, twiter y demás se sustituyen las emociones por emoticones y la conversación por tecleados y la personalidad por esquemas virtuales y las personas físicas por avatares. Muchos, los de más edad seguramente, se apuntarán a aquella inmortal frase de Groucho Marx: "Que paren el mundo, que yo me bajo". Afortunadamente sigue habiendo personas que, como el doctor Rieux, el protagonista de "La Peste" de Camus, dicen: "Sé únicamente que hay en este mundo plagas y víctimas y que hay que negarse tanto como le sea a uno posible a estar con las plagas".

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26 marzo 2020 4 26 /03 /marzo /2020 10:29

 Como suele ocurrir en todas las desgracias humanas masivas, siempre se dan dos caras en la situación, no del todo aisladas , a menudo se solapan: la desesperada, insolidaria, individualista, a veces cruel...y la que transmite serenidad y fortaleza, alguna sonrisa, compasión y a veces sentido limpio del humor. Decía Epicteto, el sabio estoico, que nos hay cosas malas y cosas buenas, que hay una manera de afrontarlas y percibirlas que las hacen buenas o malas. Que  en toda cosa mala hay escondida una semilla de bondad y que en muchas cosas buenas hay una posibilidad de hacer el mal sin intención y sin malicia. Eso lo estamos viendo cada día en las reacciones de apoyo de muchísimas personas, en aportaciones saludables y humorísticas en  la Red y los medios, en los que proliferan las ofertas de todo tipo para hacernos más llevadero el confinamiento.

Mientras el caballo desbocado de la pandemia sigue aumentando el número de casos en el mundo (a medio millón han llegado en este día) las noticias de recesión, control y disminución de diagnósticos positivos y fallecimientos en algunos países, conforman un gesto de esperanza y un aviso para no bajar la guardia. Pero hay un efecto sintomático, no demasiado extendido pero alarmante de esta pandemia: la estupidez de una minoría, tan escasa como escandalosa. No entraré en la cretinez de particulares que anteponen sus caprichos al peligro de contagio. Hoy traigo a la palestra a dos dignos imitadores de las "inteligentes" posturas iniciales de Trump, Johnson o Putin: se trata de los presidentes de Brasil y el de México: unos  majaderos llamados  Bolsonaro y López Obrador. El primero no toma medidas pues considera que el Covid es una "gripecilla" y que "hay demasiada histeria internacional al respecto". El segundo riza el rizo de la imbecilidad y asegura que la mejor defensa contra esta "supuesta" pandemia es seguir uno con la rutina de siempre y si acaso llevar en el bolsillo un amuleto o una estampita de la Virgen o de cualquier santo adecuado.  Creo que ni siquiera Groucho Marx o Woody Allen sabrían bromear con tan eficaz necedad.

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26 marzo 2020 4 26 /03 /marzo /2020 10:12

 

En sus “Cartas a un joven poeta”, Rainer María Rilke, (Praga 1875/Suiza 1926), el poeta checo de lengua alemana, desciende de las nebulosas alturas del simbolismo romántico e intelectual de sus poemas. Rilke es el referente nord europeo del poeta “maldito”, objeto de culto literario y casi de profeta. Su aspecto más humano, empático y positivo nos lo brinda en esta obra de pocas páginas. Son diez cartas de Rilke y una introducción del destinatario, un joven aprendiz de poeta, alumno de una escuela militar, que tuvo el atrevimiento de dirigirse al ya consagrado autor en busca de consejo y apoyo.

En cuestión de amores, Rilke le escribe esta bella sugerencia: “Amar a otro es una ocasión excelente de madurar, de ser alguien, de edificar un mundo, de ser un mundo para sí mismo por el amor a otro. Amar se convierte en una exigencia de excelencia que cuanto más tiempo pasa, más noble y más necesaria se hace”.

Y con motivo de ciertas dificultades de su “discípulo” le escribe: “Cuando sienta que entre los hombres y usted no hay nada en común, aproxímese a las cosas y a la Naturaleza: nunca le defraudarán. En el mundo natural de las cosas siempre se nos brinda ocasiones de integrarnos”. Rilke no es sino un poeta inadaptado y enfermizo que supo hacer de sus defectos privados públicas virtudes, que vivió trashumante entre palacios y mansiones de toda Europa, mantenido por sus propietarias; de un talento desbordante, una moralidad de conveniencia y una habilidad seductora rayana en lo mágico; obsesivo, narcisista y hermético y al tiempo materialista e interesado. Una personalidad que merece lecturas y análisis.  Mauricio Wiesental ofrece en su estudio sobre Rilke (“El vidente y lo oculto”, Acantilado) un retrato vibrante.

"Las cartas a un joven poeta" nacen a finales  de 1902, cuando Franz Xaver Kappus, cadete de la escuela militar Wiener-Neustadt (donde 15 años antes había estudiado Rilke), soñaba con ser poeta y se preguntaba  sobre el sentido de la creación artística y las dificultades de tal menester. El mensaje de Rilke es esperanzador : El verdadero poeta es un alquimista que convierte lo cotidiano en algo extraordinario. Su misión es escuchar, abrir un claro que permita la manifestación de la gracia, rebasar los límites que niegan la posibilidad de una teofanía.

Kappus renunciaría a ser poeta tras varios fracasos pero no se desprendió de las cartas de Rilke, que publicarían en forma de libro en Leipzig en 1908 (cuando ya hacía tres años que había fallecido el autor de "Sonetos a Orfeo" y las "Elegías de Duino".

La búsqueda de la esencia de la poesía, la verdad, la belleza , la naturaleza inefable de las obras de arte y la presencia de Dios en la vida y la obra del poeta, además de duros golpes a la prepotencia de la crítica, los malentendidos de la moda y la sociedad y la necesidad de que el poeta se mantenga al margen de esas corrientes, son algunos de los tópicos que Rilke desgrana en sus apasionadas cartas a ese joven desconocido. Una muestra enternecedora y desconcertante de un escritor encerrado en su hermetismo simbólico y en una vida personal contradictoria llena de altibajos y de momentos de gloria y tristeza. Un hombre que opinaba que "la vida habrá de ser, hasta en su hora más indiferente y nimia, manifestación y testimonio de esa necesidad de escribir, ya que escribir no es un oficio, sino una necesidad, un destino. Y en ese destino, no hay horas vacías o gestos insignificantes: ... Cualquier día, por insípido que parezca, contiene infinidad de tesoros que pueden ser recreados en un poema: la primera hora de la mañana, un árbol en primavera, un cielo saturado de colores. Y aunque se encontrara en un calabozo cuyas paredes no dejasen llegar a sus sentidos ni uno solo de los sonidos del mundo, ¿no le quedaría todavía su infancia, ese tesoro precioso y regio, ese santuario de la memoria?». Exhumar «ese vasto pasado» proporcionará al poeta algo esencial: una relación más estrecha, más íntima, más fecunda, con su soledad, que no es aislamiento del mundo exterior, sino comunión con la totalidad.

FICHA

CARTAS A UN JOVEN POETA.- Rainer Maria Rilke.-Trad. José María Valverde.- Alianza Editorial.- pags.104.- I.S.B.N. 978-84-206-0910-2

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25 marzo 2020 3 25 /03 /marzo /2020 11:34

Desde mi mesa de trabajo, habilitada temporalmente en el salón de casa, junto al ventanal que da a los campos de las afueras del pueblo, solía ver a los vecinos conducir sus ruidosos tractores a sus tierras, a algunas personas que pasean y quizá a unos forasteros con bastón y mochila que inician allí mismo el PR que une el pueblo con otro situado a tres horas de caminata por senderos muy hermosos. Ahora nadie camina bajo mi ventana, sólo los sempiternos gatos (la población gatuna se ha apoderado de las calles del pueblo) y alguna vecina presurosa que regresa de hacer la compra en la única tienda de la pequeña localidad turolense. Hay un silencio y una paz somnolienta que favorece la reflexión y la lectura, a pesar de la amenaza potencial del virus coronado que flota por todas partes como una inquietud ominosa y casi imperceptible.

Hoy he decidido silenciar el móvil, excepto las urgencias que puedan requerir mi ayuda o consejo, reducir mis accesos por radio o Internet a las noticias, apartar los gráficos y apuntes sobre el progreso de la enfermedad y meditar en lo que ocurre desde un punto de percepción libre de miedos y juicios de valor, un pensamiento más creativo que crítico, aunque realista en lo posible.

La pandemia está apuntando de forma lógica hacia un cambio de perspectiva de la compleja actividad humana en todos sus niveles: abandonar los enclaustramientos de familia, tribu, raza, riqueza o nación y aplicar soluciones y estrategias basadas en la solidaridad y la cooperación. Exactamente relacionado con el modelo de la naturaleza y expansión del Covid. El virus no entiende de ricos o pobres, españoles, ingleses o rusos, con fronteras sólidas o sin ellas, inteligentes o tontos, poderosos o esclavos, terratenientes o viajeros de pateras, musulmanes o cristianos, abuelos, padres o hijos…destroza la solidaridad o la pone a prueba y despierta la intolerancia de muchos, el egoísmo, la codicia, la histeria y el pánico.

Bertrand Russell acaba su libro “¿Tiene el hombre futuro?” con esta larga frase: “Con los ojos del alma veo un mundo de gloria y regocijo, un mundo de mentes en expansión, de esperanza inextinguible, donde las nobles ideas y actitudes ya no sean condenadas como traiciones a cualquier causa mezquina. Todo esto puede suceder sólo con que permitamos que suceda”.

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24 marzo 2020 2 24 /03 /marzo /2020 10:19

Dos noticias resaltan hoy en la corriente encrespada en las informaciones sobre las circunstancias que nos afligen. Una de ellas se llama especulación. La otra, irresponsabilidad delictiva. La primera está agravando exponencialmente una crisis económica que ya se estaba gestando antes del Covid. Es hora de carroñeros. En las Bolsas sigue el acoso y derribo creado no sólo por intereses de esos animales "racionales" que se alimentan de desastres, cuidando no manchar con la sangre de los exprimidos sus trajes de ejecutivos millonarios, sino por la codicia y el desenfreno de ciertos líderes de grandes potencias antaño enfrentadas que apadrinan hackers y creadores de bulos para desestabilizar a un rival que ya no merece ese nombre, la UE. No tienen bastante con gestionar la igualitaria pandemia en sus propios países, sino que agravan los deterioros económicos europeos para convertir en esclavo al que antes sólo fue rival. Eso sin hablar de la cara desalmada del capitalismo: los sujetos y las empresas que se están enriqueciendo especulando con el material sanitario.

Entremos en el segundo síntoma de la crisis. La incomprensible irresponsabilidad de: más de 60.000 mil personas que se pasan el confinamiento por las narices y deben ser denunciados y sancionados y los 600 individuos que además han sido detenidos por reincidencia o resistencia a la autoridad; la estupidez  perversa de unos hackers que tratan de afectar las redes informáticas de los hospitales o de gentes que propagan bulos y mentiras buscando el pánico de la población. Me cuesta entender a unos y otros desde un punto de vista patológico o ni siquiera racional.

Mientras tanto, hoy se ha alcanzado un nuevo pico de contagios y de fallecimientos en España (462, en las últimas 24 horas).  Las estadísticas revelan que los hombres son más afectados que las mujeres y que los ancianos de más de 60 años son los más proclives al contagio fatal. Yo tengo los dos elementos estadísticos. Como dicen los clásicos, "Que Dios reparta suerte". El secretario general de la ONU,  Antonio Gutierres. ha pedido al mundo que silencien los cañones. "Nuestro enemigo es el Covid". Parece que todavía hay lugares en el planeta donde los fusiles indican con sus estampidos el paso de las horas. En esos países el Covid puede arrasar sin barreras.

 

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23 marzo 2020 1 23 /03 /marzo /2020 10:04

Hasta el 11 de abril, sábado, se prorroga el estado de alarma. Creo que debería cambiarse la nomenclatura oficial: es más apropiado hablar de estado de alerta que cumple mejor con los objetivos: hay que implementar las medidas de alerta hasta el máximo y evitar que la gente se alarme demasiado y no entre en pánico histérico, aunque quizá ya sea tarde para hablar de ello.

En este momento hay 168 países infectados y 330.000 casos de contagio en el mundo en una curva ascendente. Con países con líderes populistas y aislacionaistas como Estados Unidos e INglaterra que se mofaron en principio del Covic y ahora empiezan a tomar medidas aunque suaves, o como Méjico y Brasil que creen que la cosa no va con ellos o la India con mil millones de habitantes que declaran una especie de toque de queda que los recluye de día y los libera de noche y no saben qué van a hacer si la pandemia se les dispara. En muchísimos lugares del mundo carecen de agua y jabón.

¿Cuesta tanto entender que el Covic es una pandemia y que nos concierne a todos los seres humanos? ¿El "Me first" -primero yo- de Trump no resulta ser una cretinez mayúscula ante un virus que no entiende de yos sino de nosotros? Cualquier persona medianamente culta sabe algo que está inscrito en nuestra herencia filogenética, que nos viene desde la edad ancestral del hombre prehistórico y que es una de las razones de que existamos hoy día como especie: el apoyo mutuo es un mecanismo instintivo de supervivencia. Que alguien haga razonar a esos líderes anclados en el eslabón perdido, el primate a la espera de la chispa de la razón.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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22 marzo 2020 7 22 /03 /marzo /2020 11:12

¿Tiene el hombre futuro? Eso se preguntaba Bertrand Russell en 1961, en plena guerra fría (que resultaba ser tórrida y amenazante hasta la pesadilla). El libro como muchas de las ideas de Russell ha quedado un poco obsoleto (no del todo) pero permite una lectura comparativa sumamente interesante en las circunstancias actuales. Me he quedado con un  par de frases que han provocado en mí algunas reflexiones. Una dice "En los estados de terror, la mayoría de las personas no piensan con sensatez sino que reaccionan de forma instintiva, animal", Y, contra  los que argumentaban a favor del uso del armamento nuclear de forma preventiva "antes de que los otros lo hagan", aun sabiendo que eso significaría el fin casi seguro de la Humanidad, Russell trataba de rechazar la razon que avalaba tal suicidio, según esos políticos norteamericanos, ingleses o rusos: "no se puede evitar: forma parte de la naturaleza humana". El pensador inglés escribía: "La llamada Naturaleza humana es, fundamentalmente, el producto de la costumbre, la tradición y la educación y que en los hombres civilizados, sólo una pequeñísima parte de ella depende del instinto primitivo".

Dejando aparte al poder político en España que reaccionó tarde y mal a la gestión y prevención de la crisis virus coronada, a pesar de los avisos en piel ajena, la ciudadanía -con deshonrosas excepciones- está dando ejemplos masivos de cooperación, asunción de precauciones y respeto a las medidas dictadas por un poder, que ahora ya sí -también con deshonrosas excepciones - trata de reparar activamente el mal causado por la desidia ejecutiva anterior. Por tanto ¿qué es lo que falla en nuestra Naturaleza para que se de una vergonzante alta suma de individuos insolidarios, estúpidos, irresponsables y que constituyen un peligro para el resto de lacomunidad humana? La costumbre -envilecida y deformada por un estilo de vida basado en el interés del sujeto, en el consumo y en el valor del dinero-, la tradición...desaparecida u obsoleta y la educación, dirigida al conocimiento técnico, la praxis del provecho personal y la ausencia de valores éticos.

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21 marzo 2020 6 21 /03 /marzo /2020 12:18

 

Tenía que ser Mauricio Wiesenthal quien se atreviera con Rilke, dedicándole unos cuantos años de estudio para desentrañar la complejidad muchas veces casi inabordable del gran poeta alemán. El subtítulo del libro, "El vidente y lo oculto" responde a la clave de la obra entera de Rilke, que según M.W. es "un viaje nocturno a la memoria". No en vano el mismo poeta aseguró con respecto a sus "Elegías", "No me gusta que consideren esta obra la labor de un escritor, porque soy un vidente". W. enfatiza en su introducción que Rilke era "un hombre radical entregado al Absoluto de su poesía, desclasado, distante, contradictorio, psicológiamente complejo y muy inadaptado al mundo que lo tocó vivir". Y añade: "interpretó un papel inciático y sacerdotal, sacrificando la propia vida ritualmente con una voluntad obsesiva. Fue...un impostor y un actor...que luchó con la conciencia de que cuando los sentimientos se llevan al extremo...nos redimen y se convierten en su contrario...así el dolor en amor, el pesar en alegría, lo oculto en revelación y la apariencia en realidad".

Wiesenthal escribe una obra compleja e híbrida, donde lo biográfico se convierte en novela y ficción, las referencias personales en narrativa íntima y poético libro de viajes, un mar de referencias literarias y reflexiones y consideraciones de tipo filosófico, literario o político que convierten el libro en un continuo lujo cultural, un periplo por el pensamiento mágico, el arte ocultista y misterioso, el mundo de los símbolos, de los enigmas, de la historia y las leyendas. Wiesenthal no sigue un orden coherente, una disciplina narrativa, se deja simplemente llevar por su volcánica inspiración, el fuego cruzado de su extensa y profunda cultura, sus vivencias, sus amigos, sus admiraciones, sus rechazos y sus obsesiones. Es tanto una biografía de Rilke como una autobiografía sentimental, sensitiva y poética de Wiesenthal, una especie de Hombre del Renacimiento que asoma la nariz en el siglo XXI aunque el resto de su cuerpo, incluido el privilegiado cerebro están en el arco del XIX y el XX. Por eso las frecuentes interpelaciones directas o indirectas del autor al lector, sus reflexiones "impertinentes" sobre los más variados temas (el de la mujer es uno de los más visitados) constituyen uno de los activos de este libro torrencial que se lee como si uno estuviera manteniendo una escucha activa del mismísimo Wiesenthal que rememora su pasión por el poeta Rilke y el mundo que le rodeó. Al fin y al cabo nos advierte en su introducción: "...no sería sincero si, después de haber estudiado y leído a Rilke durante muchos años, no aportase mi propia versión -a despecho de tantos admirados maestros que ya lo han hecho- apoyada en una rigurosa bibliografía, en la lectura de cartas y documentos -algunos inéditos- y en el conocimiento muy directo --existencialmente diría yo- de su vida y su obra, de sus ambientes y amistades, de los lugares que frecuentó y del conflictivo momento histórico en el que vivió"

Es, pues, un libro muy personal, que se resiste a ser encuadrado en un género determinado, realizado tres un aporte erudito de datos espigados a lo largo de treinta años de investigación en torno a la vida y obra del poeta Rainer Maria Rilke, mezclados con recuerdos, reflexiones y opiniones del propio Wiesenthal. Como en los libros de Sándor Márai o de Stefan Zweig, nuestro autor nos presenta una nostálgica y minuciosa visión del ocaso de la vieja civilización europea. Rilke, en este aspecto por un camino distinto que los dos narradores citados, basa su testimonio en lo invisible, en esa difícil y mistérica unión entre lo humano y lo divino. Y siempre bajo una encarnadura vital contradictoria, paradójica y débil. Rilke vivía de sus mecenas, de las mujeres a las que no sabía amar pero si seducir, de una falta sonrojante de principios y de ética política y personal. Pero aún así o precisamente por ello se convirtió en el símbolo de la decadencia secular y de una cultura específica, multiforme y peculiar. Una espécimen de intelectual europeo, desclasado y menesteroso capaz de vivir a expensas de mecenas o mujeres, frecuentar los salones más aristocráticos desde San Petersburgo a París o Venecia, y gozar de la amistad de artistas, escritores, políticos y poderosos nobles o financieros, como Rodin, Valéry, Zuloaga o la interesante Lou Andreas-Salomé, una de las muchas "Reinas de la Noche" -así las llama Wiesenthal- del poeta. o la princesa Marie von Thurn und Taxis.

Wiesenthal ha convertido este libro en un alegato personal de gran fuerza y perceptible admiración y entusiasmo. Tan absorbente que a veces uno no sabe si Rilke habla por W. o éste se pone en lugar del poeta. Una cierta confusión entre autor y biografiado, una relación parasitaria que suele acabar en una frase irónica o una observación mordaz del autor, que entiende y así nos lo hace saber que en todo caso la misión que se auto ordenó Rilke superó en mucho las posibilidades del poeta.

Wiesenthal que "acompañó" literariamente a Goethe en Weimar, a Mozart en Salzburgo y Viena, a Nietzsche en Sils-María, a Tolstoi en Iásnaia Poliana, a Byron en Venecia o a Keats en Roma, está tan familiarizado con las grandes figuras y su entorno que convierte a este libro sobre Rilke en la Joya de la Corona de toda su amplia y diversa obra literaria.

FICHA

RAINER MARIA RILKE (El vidente y lo oculto).- Mauricio Wiesenthal.- Ed. Acantilado.- 1157 págs. ISBN 9788416011780

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