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27 enero 2013 7 27 /01 /enero /2013 10:06

a-roma-con-amor-cartel.jpg

Lo siento en el alma, Woody Allen ha sido uno de mis directores preferidos, pero últimamente no acaba de levantar cabeza. Parece que el anciano realizador judío, vulnerable, adicto al psicoanálisis, neurótico y ladino mago del diálogo irónico y usuario de un humor inteligente y vitriólico que siempre deja encantado al espectador, no acaba de encontrar su pulso habitual, enfangado en películas que parecen de encargo y de carácter "alimenticio". Como dice uno de los personajes al arquitecto-augur encarnado por el pocas veces no satisfactorio Alec Baldwin, "está claro que te has vendido".

Como en "Vicki Cristina Barcelona", en menor medida que "Midnigth in Paris", el recurso postalístico dedicado a una ciudad determinada (donde Allen ha sido agasajado y que, seguramente, correrá con parte de los gastos de producción de la película) hace agua en esta dedicada a Roma con el tópico a toda marcha (empezando por el inicio  y el final con el "Volare" como tema musical y el cicerone a la manera felliniana haciendo de maestro de ceremonias) y un guion coral irregular que no complace de ninguna manera.

Woody vuelve a pinchar con esta Roma suya que trata de emular a Fellini y se queda en un pastiche de turista poco exigente, conforme con apuntar escenarios y personajes de lo más tópico (el de Roberto Benigni es de verguenza ajena, lo lamento por un intérprete como ese, cuya comicidad queda desvirtuada por un guión de sonrojo). Incluso el papel que se reserva Allen es de un esquematismo lamentable, apenas si Woody sabe representarse a sí mismo.

Infidelidades sin profundidad, personajes planos que transitan entre aspavientos por la película, enredos de alcoba a la italiana que han perdido el toque "Lubitsch" y la frescura que alguna vez tuvo Allen (ver "Manhattan", "Annie Hall" o "Maridos y mujeres"), desencanto y tristeza crepuscular (visibles en Baldwim, trasunto filosófico de Allen), integran una película olvidable  y que hace desear que el otrora genial director cuelgue la batura si no es capaz de hacer algo mejor.

Los guiños contenidos en "Annie Hall" o en "Recuerdos" a los filmes de Fellini no deberían haberse "relacionado" con esta "Roma" que parece una burla involuntaria de anécdotas de la felliniana "El jeque blanco" (la pareja de recién casados que llega a Roma y la fama absurda e instantánea de la viuda que ignora que lo es, aquí evocada por la farsa que protagoniza Benigni). Y si a eso unimos la guasa surrealista del cantante de opera que solo funciona cuando está bajo la ducha, el resultado es un conjunto lamentable. Ojalá alguien le diga a Woody que se siente, pare y reflexione. Destacar a Baldwin y a Ellen Page como unicos actores con cierto tono "Allen", un aprobado raspado a los demás, incluida nuestra Penélope Cruz, totalmente desperdiciada en su papel de prostituta.

 

 

 

 

 

Ambas líneas argumentales expresan también el problema del conjunto, este es, su tendencia al desequilibrio. En el primer caso, la deriva del guiño felliniano hacia un atropellado y poco convincente enredo de alcoba. En el segundo, la inclinación a alargar el chiste hasta agotarlo, algo que también sucede con la broma de ese Caruso que sólo es capaz de cantar en la ducha. “A Roma con amor” no presume ni reniega de su levedad general —tampoco renuncia a ciertos clichés de la italianidad—, pero está siempre marcada por una irregularidad que trata mejor a unos personajes que a otros, que pone más mimo en unas historias antes que en otras, sin posibilidad de que entre la descompensación brote la genialidad. Y eso que la película, ciertamente, tiene un corazón por el que no acaba de decidirse: el enamoramiento supervisado —por un fantasmal, fabuloso Alec Baldwin— del arquitecto interpretado por Jesse Eisenberg hacia la amiga de su novia, una Ellen Page que destruye arquetipos como tentación para resultar, entre la fascinación y la impostura, extrañamente seductora.

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26 enero 2013 6 26 /01 /enero /2013 08:21

belyy-tigr.jpegBasada en una novela de Ilya Boyashov, la rusa Karen Shakhnazarov dirige una película bélica dotada de un extraña fascinación. Mientras la Segunda Guerra Mundial llega a su fin, las tropas soviéticas avanzan por territorio alemán liquidando bolsas de resistencia. Cerca del Vístula, ya acercándose a Berlín, los tanques rusos se enfrentan a los nazis, pero en uno de los frentes aparece un extraño tanque, un Panzer dotado de enorme movilidad, bastante silencioso y con una potencia de tiro enorme. Es de color blanco y siembra la destrucción y el temor a su paso, infligiendo fuertes pérdidas a los rusos. Un sobreviviente de un tanque ruso, el sargento Ivan Naydenov, logra superar, milagrosamente, unas quemaduras en todo el cuerpo y emerge del coma dotado de una misteriosa capacidad para "escuchar" a los tanques, una escucha activa ya que "oye" cuando el tanque enemigo va a ser disparado. Todo el mundo piensa que el sargento ha enloquecido pero al ser reenviado al frente comprueban que logra escapar indemne a todos los ataques. El sargento está obsesionado con el "Tigre blanco" el nombre que le han dado al misterioso tanque nazi.

Comienza una larga búsqueda. Los mandos rusos no están seguro de que el Tigre Blanco exista en realidad pero un coronel del contraespionaje militar sovietico llega a verlo y encargan la construcción de un modelo T-34 ruso más potente y blindado para que busque y destruya al Tigre Blanco.

La historia, muy  realista pero con componentes "místicos" parece una metáfora urdida para demostrar la lucha del individuo, el sargento, contra la fuerza del mal, reflejada en el misterioso tanque nazi, tan blanco quizá como Moby Dick. Y así vemos al ballenero "Pequod" transformado en un tanque ruso con tres tripulantes, el capitán Acab como un sargento ruso enloquecido y místico y el Panzer nazi como la ballena blanca.

Para terminar de redondear la metáfora y el simbolismo de la lucha soviética contra el mal absoluto del nazismo, la directora añade un epílogo innecesario y diáfano con el mismo Hitler perorando sobre su locura y asegurando que lo que los nazis hicieron es lo que toda Europa hubiera querido hacer con judíos y rusos si se hubieran atrevido a ello. Lástima de moraleja que estropea el atractivo de una película interesante.

Por cierto las imágenes de las batallas suelen estar aderezadas con musica de ...Wagner, naturalmente. Gerasim Arkhipov compone un tanquista místico muy verosímil y contenido y Aleksandr Bakhov es un oficial de inteligencia militar (¿quién dijo que estos eran dos términos irreconciliables?) muy ajustado, dentro de la contradicción y la paradoja que supone para un hombre sensato e inteligente enfrentarse a lo desconocido, al "otro lado" de la racionalidad.

 

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24 enero 2013 4 24 /01 /enero /2013 10:55

frankenstein-copia-1.jpg

No se trata de un libro erudito (cosa fácil de intuir sólo por el título) pero sí de un divertido estudio literario dedicado a los que buscan en autores y libros lo que se cuece detrás del escenario, las pequeñas anécdotas que humanizan a los grandes autores y los detalles que dan un sabor especial a determinados títulos. Libro indicado pues para los amantes de la lectura y bastante útil para profesores y estudiantes de literatura.

Uno de los grandes aciertos de este libro es la portada, una composición fotográfica en tonos oscuros en la que vemos a un apacible lector, con un fondo de biblioteca y encendida chimenea, que lee atentamente "El Quijote". El caso es que el fascinado lector tiene el rostro increíble de Boris Karloff, en su más célebre papel, el del monstruo creado por Mary Shelley que toma el nombre del científico que le dió azarosa vida, Frankenstein.

Opinaba Serret, el librero, cuando me entregaba este volumen tan llamativo que recomendaría su lectura a los "lletraferits" asiduos a su establecimiento. Y no es mala medida. Santiago Posteguillo, el autor, profesor universitario de lengua y literatura inglesa, es un reputado escritor de novela histórica y aquí se ha permitido un descanso y un cambio de tercio, de una forma amena e instructiva. Se trata de un compendio de 24 artículos de variable extensión en los que analiza elementos curiosos, detalles sorprendentes, anécdotas divertidas, relativas a la narrativa en sí, a un autor determinado o a una obra conocida. Como reza el subtítulo del volumen: "La vida secreta de los lbros (porque los libros tienen otras vidas)". Y, por si quedaban dudas, el autor dedica su libro "A las primeras lecturas de Elsa", una clara declaración de objetivos.

El artículo que da nombre al volumen, nos cuenta la historia archiconocida del lugar y las circunstancias en los que se gestó "Frankestein", quiénes acompañaban a Mary Shelley, la autora, y la apuesta en un entorno de genios literarios en la que se decidió que cada uno de los asistentes escribiría un relato de "miedo". El acierto de Posteguillo es incluir el detalle de "El Quijote", evocado por los estudios de castellano que la famosa esposa del gran poeta, estaba realizando.

La lectura de este libro nos invita a un viaje muy entretenido, durante el que sabremos quién fue el inventor del orden alfabético (al que reverenciamos los que tenemos nutridas bibliotecas, entre otros), recorrer las calles de Dublin de la mano de autores tan preclaros como Jonathan Swift ("Gulliver"), Joyce ("Ulises"), Bernard Shaw ("My fair lady"), Bram Stoker ("Dracula") o acompañar a un caballero embozado por una calle española de 1553 que lleva un manuscrito a un impresor, una pieza que se titula "El lazarillo de Tormes", una novela que sería condenada por el Santo Oficio y perseguida por la Inquisición.

Además visitaremos el Londres de Shakespeare con el fin de participar en ese dilema misterioso que aún quiebra la cabeza de muchos, ¿quién escribió realmente las obras de Shakespeare? (suponiendo que no haya sido él mismo). Después, una cárcel de Sevilla donde un funcionario de tributos acusado de malversación, Miguel de  Cervantes, se supone que comienza a escribir "En algún lugar de la Mancha...". Por cierto amigo Posteguillo, quizá debería eliminar lo del "muñón" del brazo izquierdo de Cervantes (pág.52). Don Miguel nunca perdió la mano en Lepanto. Perdió su uso por las heridas recibidas, pero no le fue amputada.

Para los lectores muy avezados este libro no aporta nada nuevo, aunque sí reconocer la habilidad periodística de Posteguillo que ha recogido anécdotas conocidas por muchos y les ha dado nueva vida, destacándolas en su contexto. Así, la existencia de un"negro" que escribía  o ayudaba a escribir algunas de las obras de Alejandro Dumas, los detalles en torno al discurso en verso de Jose Zorrilla en su entrada a la Academia de la Lengua en 1885, los esfuerzos de Jane Austen por publicar "Orgullo y prejuicio", los problemas de Dostoievsky con el juego, la infancia de Rosalía de Castro, bebé abandonado en 1836 a las puertas del Hospital de los Reyes Católicos (hoy Parador nacional). Alguno de los temas está cogido con imperdibles, el detalle es nimio y casi no justifica su inclusión, pero el autor le sabe dar la vuelta a todo y nos nutre con información complementaria (como el relativo a Dickens "y la piratería informática" o el de "Esquina de Perez Galdos con Angel Guimerá"). A veces, no añade nada al detalle ya conocido (como el relativo a Sherlock Holmes). Otros responden a anunciados ambiciosos que luego se quedan en poco, como el de "la Geatapo y la literatura" o el "Eisenhower y la rebelión de un hobbit". Hay una cierta irregularidad de interés y calidad en los diversos artículos, aunque en todos destaca la habilidad en titular.

Y así en "El último vuelo" volvemos a vivir el final de Saint Exúpery, el autor de "El principito" entre otras obras,  los avatares del manuscrito de "Archipiélago Gulag" de Solzhenitsyn, la novela póstuma de Julio Verne, la relación del autor con Anne Perry y su duro pasado, la razón por la que el editor de  J.K. Rowling aceptó el original de "Harry Potter" ... Un recorrido que acaba en unas páginas dedicadas a "Para saber un poco más" en las que Posteguillo desvela el anaquel de libros donde encontró los temas y anécdotas con las que nos deleitó. En fin, un libro para amantes de los libros y para pasar una tarde de invierno, junto a la chimenea, leyendo.

 

 

FICHA: "La noche en que Frankenstein leyó El Quijote".- Santiago Posteguillo.- Editorial Planeta.-230 págs. 16 e.

 

 

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23 enero 2013 3 23 /01 /enero /2013 15:50

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Del amor y de la muerte. Dos temas, a veces entrelazados y si no que se lo pregunten a Freud. En "Amor", del austriaco Michael Haneke, Palma de oro de 2012 en Cannes, esos dos elementos tan humanos, demasiado humanos, están presentes en todo un metraje que nos relata una historia brutal y sórdida, la de dos octogenarios, marido y mujer, pertenecientes a la alta burguesía cultural francesa, ella profesora de piano, a los que una enfermedad imprevista y demoledora destroza el epílogo de una vida cultivada y razonablemente feliz. El autor de "La pianista" --otro desasosegante relato de sexo y degradación, contrapunteado también por la música-- y de "La cinta blanca" (que obtuvo otra Palma de Oro en 2009), nos habla de los límites y efectos de la decadencia de la edad en las personas, de los efectos de la enfermedad en los sentimientos, de la soledad de los ancianos, de la inicua y dolorosa falta de empatía de los hijos (la hija, interpretada por Isabelle Hupert, es un prodigio de frialdad y egoísmo) de la lucha cotidiana del anciano por ayudar y acompañar a su esposa, cada vez más reducida a un triste ser incapacitado y dolorido.

El mayor acierto de Haneke consiste en haber confiado los difíciles papeles de esos dos ancianos llenos de complicidad, respeto y amor, a Jean Louis Trintignant (82 años)¿lo recuerdan en "La escapada" de Dino Rossi, en los años 60, o en "Z" de Costa Gavras? y a la gran Emmanuelle Riva, con 86 años, en un  papel admirable por su crudeza y su dramatismo (Si han visto en la tele o en cinematecas aquella película extraordinaria "Hiroshima mon amour", la reconocerán cincuenta años más joven).

La película está rodada con estilo clásico, sin innovaciones, atenta a los gestos, miradas y diálogo de dos ancianos inteligentes y cultos que comparten el final de su vida, hasta que un accidente vascular cerebral aparece y ataca sin misericordia a la mujer. A partir de ese punto comienza un via crucis en el que el marido, Georges, va intentando superar las dificultades cotidianas que le provoca el cuidado de una enferma cada vez más discapacitada sin apenas ayuda, con una hija intrusiva más atenta a sus problemas personales que a los de sus padres y la ayuda pagada de cuidadoras que nos siempre están a la altura humana que se les exige para ese trabajo.

La importancia de esta película, que trata de evitar el tono de denuncia o el de documental de tema médico, se comprueba en el propio ánimo del espectador que se ve, pese a la dureza de muchas secuencias, atrapado hipnóticamente por el desarrollo de la historia, cuyo final es tan previsible como lamentable. Y que, prueba de oro, seguramente tardará en olvidar, si lo llega a olvidar alguna vez.

Las confidencias entre los dos ancianos en la primera parte de la película resulta sumamente conmovedora sin llegar a desbordarse en sentimentalismo. Todo ese mensaje de amor está contenido en la mirada afectuosa y amable de Trintignant o en el desamparo desolado de la Riva. El pulso de la vida de esas dos personas en sus últimos latidos llena de angustia y asombro al espectador, que asiste conmovido y turbado, a un recital de humanidad, de dolor y de amor profundo sometido a una prueba de entereza inhumana...y triunfante a pesar de la implacable crueldad del final.

Una cámara lenta, minuciosa en los detalles, acompañada de una banda sonora sensible, emotiva y profunda, excelente edición y dirección artísticas, y un movimiento calmo y magistral en las secuencias, fiado todo ello de la maestría mágica de los tres grandes actores en estado de gracia, de sus miradas y sus silencios, de sus diálogos a media voz.

Haneke nos obliga a abrir los ojos ante una puesta en escena sórdida, densa, pero al mismo tiempo clara, sencilla. Todo se desarrolla practicamente en el piso burgués que la pareja posee en París. No hay ninguna concesión, ninguna comodidad en las desoladas secuencias que se nos ofrecen. Pero sí hay una llamada intensa a los sentimientos y a las emociones más íntimas. Se podría pensar que el título, "Amor" es sarcástico, irónico. No es así. Hay amor profundo en la mirada de Trintignant, hay cariño incondicional en las manos de Emmanuelle acariciando las de su esposo, tras un episodio desagradble provocado por la enfermedad.

En toda la película no se menciona la palabra "Amor". No se trata de contarnos una historia de dulce y tópico amor otoñal. Sino las manifestaciones de un  amor profundo que no se parecen en nada a las tópicos. Que entraña la entrega sin condiciones y sin reserva de una persona a otra, en lo bueno y sobre todo en los malos y duros momentos de la enfermedad y la muerte. Hay, para terminar, una enorme dignidad en ese anciano que sueña o alucina con la imagen de su esposa, sana y activa, que le invita a partir. Y una entereza envidiable en los ultimos momentos de lucidez de ella compartiendo la descripción que su marido hace del entierro de uno de sus mejores amigos: nuestro tiempo ha pasado, parece sugerir la película. "Quizá no vale la pena vivir en un mundo tan diferente". El deterioro fisico, psicológico, biológico y emocional de la mujer amada, se refleja en una secuencia capital que no les contaré pero que reconocerán si van, como les recomiendo, a ver esta película incómoda que nos habla de que hay cierta esperanza para un género, el humano, capaz de reflejar sentimientos de delicadeza, respeto y amor en época de zozobras y de ruina.

 

 

 

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22 enero 2013 2 22 /01 /enero /2013 10:19
la-noche-mas-oscura.jpg
 
  Magnífico "thriller" político con  quince minutos finales modélicos en películas de acción militar. La oscarizada Kathrin Bigelow (el año pasado, con la sorprendente "En tierra hostil", otra incursión en el "lado oscuro" de los servicios militares especiales) que parece una John Wayne de la dirección -- igual de patriótica pero más inteligente que el legendario "Duque", prototipo del militar norteamericano de todas las épocas--, nos atrapa con la historia de la búsqueda, asalto y  muerte, de la figura odiada de Osama Bin Laden por los servicios de inteligencia norteamericanos, con la CIA a la cabeza.
Técnicamente irreprochable, con una tensión bien administrada y una narración fría pero llena de  detalles sutiles, la película nos muestra durante más de dos horas y media (algo excesivo el metraje) un cine magnífico que envuelve un mensaje ambiguo y manipulado. Nos dan todo tipo de detalles sobre los esfuerzos de la CIA por encontrar a Bin Laden, pasando (¿justificando?) por los tristemente famosos campos de interrogatorios. cárceles secretas donde se torturaba a presos isalmistas con inmunidad casi total, resaltando los esfuerzos de la pelirroja agente de la CIA (muy lograda la composición del personaje que nos ofrece Jessica Chastain) tratando de convencer a sus  superiores masculinos de que sigue una pista acertada, paracoronar la cinta con los citados quince minutos de despliegue del comando especial (la llamada operación "Lanza de Neptuno").
No nos engañemos, la realidad fue seguramente peor de lo que nos cuentan, pero lo que nos cuentan lo hacen tan bien que incluso no nos molesta que no se hiciera mención al final de la extraña y nunca bien explicada desaparición del cadáver de Bin Laden.
Y así las secuencias de tortura dejan sitio a los movimientos en el seno de la CIA, para culminar en el asalto y asesinato del lider de Al Qaeda en un villorrio de Pakistán. Ambos extremos, la tortura y el crimen de estado, un asesinato de varias personas, entre ellas Bin Laden, se nos presentan como elementos necesarios y disculpables de un momento determinado de nuestra historia reciente. Nada de análisis éticos o de una cierta sensibilidad política hacia el principio aquél tan democrático y olvidado de que el fin no justifica los medios. Presentarnos en un argumento paralelo que el error monstruoso (pero útiol) del asunto de las "armas de destrucción masiva" que segun la CIA estaban en poder de Saddam Hussein, al tampoco demostrado asesinato de Bin Laden, nos muestra hasta qué extremos llega el cinismo o la ingenuidad tenebrosa de Washington. Y, por otro lado, justifica que llamemos a la Bigelow, el nuevo  John Wayne de la dirección.
Realmente hábil es el inicio de la película, un fundido en negro en el que se recogen testimonios de sonido de las gentes que murieron en el atentado de las Torres Gemelas en 2001, para pasar de inmediato a una brutal secuencia de tortura a uno de los detenidos "sin nombrte" en las cárceles secretas militares destinadas a interrogatorios de islamistas y presuntos miembros de Al Qaeda. ¿Es un forma de decirnos que lo que vamos a ver está justificado por lo que acabamos de oir?
Pero si prescindimos (¿es eso posible?) de cuestiones éticas y nos quedamos con la película como producto destinado al entretenimiento sin más, pues enohorabuena a la Bigelow, y ojo a los Oscar. Sería irónico que la cargaran de estatuillas... y significativo.
 
   

 

   

 

 

 

 

 

 

 

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20 enero 2013 7 20 /01 /enero /2013 00:00

kontiki

 

Llevar al cine la vida de Thor Heyerdhal, el célebre aventurero, antropólogo y biólogo que se empeñó en demostrar que hubo habitantes de Sudamérica que colonizaron la Polinesia  en un pasado ancestral (en lugar de ser colonizada por asiáticos, que es la tesis que sostiene la mayoría de los antropólogos) cruzando el Pacífico del este a oeste más de siete mil kms en balsas fabricadas con árboles y unidos los troncos con cuerdas, sin más elemento moderno que unos aparatos de radio para comunicarse, puede resultar una película farragosa o fascinante. En este caso se ha apostado por una narrativa lo mas objetiva posible, sin entrar demasiado en detalles que no tengan que ver directamente con la expedición.

Comienza con unos retazos de la infancia de Thor en la que descubrimos que el célebre navegante tenía fobia al agua y no sabía nadar. Y también la enorme paciencia, arrojo, obstinación y audacia que caracterizaron al aventurero noruego. La película está muy bien filmada y ha sido interpretada por el actor noruego Pal Sverre Valheim Hagen, que ostenta un  enorme parecido con Heyerdhal. Dirigida por Joachim Ronning y Espen Sandberg, la pelicula tiene dos partes bien diferenciadas: los antecedentes del viaje, la busca de financiación, la relación familiar de Thor y la seleccion de los hombres que habrían de compartir la aventura, desde la fabricación artesanal de la balsa. La segunda y más atractiva narra la navegación por el océano, dese un puerto peruano, hasta embarrancar en los arrecifes de una isla polinesia, el 7 de agosto de 1947, tras un viaje de 101 días,  lleno de dificultades  y peligros.

La balsa estaba tripulada por Heyerdhal, Knut Augland, Bengt Danielsson, Erik Hesselberg, Torstein Raaby y Herman Watzinger. Tal como dice Thor en una escena de la cinta, "Los océanos no son una barrera para el hombre primitivo sino una vía de comunicación". Navegantes sudamericanos que, según la tesis de Heyerdhal, llegaron a Polinesia y colonizaron las islas. Se realizó un documental durante el viaje que obtuvo un Oscar en 1951.

Recuerdo haber leido el libro sobre la expedición escrito por Heyerdal durante mi infancia, en un ejemplar editado por Juventud, ilustrado con fotografías en color y blanco y negro de la expedición y haber soñado con  emular algun día al audaz y obstinado Thor. La película ofrece varias secuencias de la travesía, de una belleza increíble y logra mantener el interés y la tensión narrativa espigando en momentos significativos en el variadísjmo repertorio de sucesos inesperados y de rutina y plúmbea espera que dan de sí un centenar de días sobre una balsa en pleno océano, viviendo de lo que se pesca y evitando a los tuburones o sobreviviendo a las tormentas.  Película aconsejable a los aficionados a los deportes de riesgo y aventureros en general.

 

 

 

 

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19 enero 2013 6 19 /01 /enero /2013 08:05
el-doble-del-diablo-cartel1.jpg
 El director Lee Tamahori, neozelandés, que prometía mucho tras su comienzo con "Guerreros de antaño" y luego se mediocretizó con "La hora de la araña" o "Muere otro día", escoge ahora para su "El doble del adiablo" un tema bien amado en la literatura y el cine, el del doble, el "doppelgänger" como llama la cultura alemana a este argumento de la literatura y el cine universales. Poe, Cortázar o los hermanos Grimm o Andersen en los llamados "cuentos infantiles", nos hablan a menudo de ese intranquilizador tópico, la presencia real o fantasmal de un personaje idéntico al protagonista (recordemos a Heinkel, desternillante doble del barbero judío Chaplin en "El gran dictador" o  a "Kagemusha" del gran Kurosava).
En la película que nos ocupa,Tamahori adapta un pretendido libro de memorias de Latif Laia, que fue doble del hijo más bestia de Saddam Hussein, Uday, jefe de la guardia pretoriana que custodiaba a su padre y uno de ,los psicópatas embebidos de soberbia y poder absoluto que ha dado ese género tan lamentable que somos los seres humanos. Amoral, vicioso, asesino, violador compulsivo, Uday, sembró de crímenes la historia del Iraq de los años noventa y hasta que los intereses norteamericanos destronaron a Saddam. Uday fue tiroteado por soldados aliados y su cadáver expuesto al escarnio público.
El actor Dominic Cooper asume la dura e ingrata labor de dar vida a los dos personajes, el enloquecido e histriónico Uday y a su doble, un teniente del ejercito iraquí --con la mala suerte de parecerse fisicamente al cruel hijo del dictador--, eliminadas con cirugía plástica las pequeñas diferencias, para sustituirle en algunas circunstancias. La diferencia moral de ambos queda visible desde los primeros fotogramas y luego van condensándose en una relación anecdótica que no acaba de convencer. Uday es mostrado como lo que seguramente fue, un enfermo mental desatado, cruel, vanidoso, estúpido y sanguinario y Latif queda desdibujado y plano al otro lado del espejo, con un retrato sin matices, unicamente favorecedor y poco realista.
Esta es el mayor defecto en una película que mantiene el ritmo, arrastra por la fuerza de sus secuencias, con un buen diseño de producción y puesta en escena, pero que fracasa en los apartados de dirección de actores y guión. En ese sentido es una película fallida que se complace un poco demasiado en pintarnos los excesos y horrores de Uday  ante un Saddam Hussein (Philip Quast) acartonado, que parece haber surgido del Museo de Madame Tussauds y por contra no logra ajustar el enorme dilema moral, la tragedia personal de Latif, mudo testigo de los desmanes de su jefe, cada vez más plano y con unas reaccoones que, dado el tipo de personaje que era Uday, resultan poco verosímiles.
No obstante es tal la desmesura de la que hace gala Uday (ríanse ustedes de Calígula) que el retrato aparece como paródico y si no fuera por la tragedia brutal que evoca, parece más digno de un Sacha Baron Cohen (en "El dictador", el cómico nos dio un recital de un personaje muy semejante, el general Aladeen) que de una figura shakesperiana, clarooscuro que  la complejidad del personaje y sus relaciones familiares hubieran permitido. En realidad todo resulta tan brillante de oropel y falso de decorado  como los interiores del palacio de Uday y el desfile de prostitutas, lacayos y matones que rodean al patológico dictador sin corona de Irak, mientras su padre , Saddam, se lamenta de no haber castrado a su hijo cuando era niño y su madre le deja un lugar en su lecho y lo trata como a un bebé. No hay autenticidad en los retratos de Uday y su doble y todo queda como un carnaval sangriento, que de puro disparate termina pareciendo una parodia.

 

 

 

 

 

   
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18 enero 2013 5 18 /01 /enero /2013 10:47

el-abuelo-que-salto-por-la-ventana-y-se-largo.jpgMe confieso un fanático de la literatura humorística inglesa. Desde Jerome K. Jerome a Chesterton, pasando por Jonathan Swift, Richmal Crompton, Lewis Carroll y algún Dickens y aterrizando en la escuela británica del humor de los Amis, Lodge o Tom Sharpe, en la extensa nómina de los buscadores de sonrisas,  provocadores de buen humor y artífices de ocasionales carcajadas. Entre ellos brilla con luz propia uno de los más sutiles, ingeniosos y brillantes autores de la risa inteligente que me ha dado conocer y degustar: P.G. Wodehouse. Llegué a disfrutar de muchas de sus desternillantes novelas ya en los años 60 y 70 en la colección de libros económicos que editaba Editorial Plaza Janés. Hace un par de años Anagrama sacó el primer tomo de las historias escritas por Wodehouse con el protagonismo de su personaje, Jeeves, solícito ayuda de càmara, astuto, inteligente y fascinante, ocupado siempre en sacarle las castañas del fuego a su señor, Bertrand Wooster, un caballerete de la alta sociedad inglesa de principios del siglo XX, con poco seso y una incorrgeible afción a materse en líos. En las pasadas Navidades, el amigo Serret puso a mi disposición el segundo volumen del integral de las novelas "de Jeeves", cosa que amenizó mis fiestas con muchas sonrisas y ocasionales carcajadas, ,magnífico sistema como todo el mundo sabe para endulzar la existencia..

Para complementar esa lectura amenísima, mi librero favorito me proporcionó una novela de humor diferente, de origen nórdico, sueco, y con un título que llama la atención de inmediato: "El abuelo que saltó por la ventana y se largó", del sueco Jonas Jonasson (es decir Jonás, hijo de Jonás) , un "escritor profesional" dedicado a la televisión y otros menesteres que se ha descolgado con  una primera novela bastante divertida. Y ha sido casi de inmediato uno de esos éxitos literarios que se extienden como una mancha de aceite por la sociedad aficionada a la lectura: el boca-oreja funciona y más ahora en estos tiempos de la aldea chismosa global.

La historia del desternillante Allan Karlsson, que cumple cien años de edad la mañana que comienza la narración, es fresca y espontánea, crítica y dura en ocasiones, siempre aliada con una ironía llena de humor. El anciano se escapa por la ventana de la residencia donde están celebrando su cumpeaños y para empezar a atraer al lector, en la estación de autobuses le roba la maleta de un descerebrado joven melenudo, violento y simple, que llevaba en la maleta unos cuantos millones de coronas de origen oscuro y que le había pedido al viejo  que la cuidara mientras iba al lavabo, fiado de su aspecto inofensivo .

Lejos de  "El insólito peregrinaje de Harold Fry" de Rachel Joyce --otra novela geriátrica-- que ya habíamos comentado en estas páginas, menos aguda y sensible, pero con un humor más directo y desmadrado, el anciano saltador de ventanas que obedece a impulsos oscuros sin plantearse demasiado las consecuencias, comportándose  con una divertida inconsciencia, y demasiada suerte, provocando efectos demoledores allá por donde pasa. Hay tanta pasión de vivir en el viejo Allan que el lector admite y disculpa los barrabasadas que con una alegre audacia va perpretando el centenario gasmberrete.

El autor ha dotado al amigo Allan de un pasado bastante movidito y pasa comodamente de la novela de humor geriátrica al thriller de agencias de espionaje y asesinos a sueldo. El pasaporte del anciano no es otro que el sentido común adobado con un humor irónico y a veces vitriólico con el que Allan va superando las pruebas que su inadecuada existencia actual le depara. Escrita con gran imaginación y ese sentido crítico social que emana de las buenas novelas, la trama nos lleva a acompañar al anciano en un viaje lleno de sorpresas, giros argumentales y momentos de tensión (no creo que tardemos mucho en ver una película sobre ella: lo difícl será encontrar el actor adecuado: el cínico Nicholson, si adelgazara, podría ser un buen candidato). Son más de 400 páginas trepidantes en las que el lector no tiene tiempo de aburrirse ni ganas de levantar la vista del libro.

Los serios puristas de la literatura profunda pueden arrugar el gesto al toparse con esta novela pero el publico amante del humor no la debería desdeñar. La mafia, el viejo Julius de 70 años, amigo de Allan, la policía, la banda criminal que busca la maleta y al ladrón, Benny, el vendedor de salchichas, la Bella Dama y su mascota, constituyen la corte de los milagros del "joven" centenario, mientras se nos va contando detalles de la vida increíble que Allan ha introducido en los cien años que ha durado: conoce a Truman y a Franco, participa en la creación de la bomba atómica, se codea con Mao, la esposa de Chiang Kai Chek, Stalin o De Gaulle, camina por el Himalaya o es encerrado en un gulag...todas las historia del siglo XX pasa, muy cerquita, de la vida de Allan --en la que la suerte ha tenido un papel exageradamente alto y constante-- y solo al final sabremos como un personaje así ha acabado en una residencia de ancianos.

Este repaso a la historia, al estilo Forrest Gump, no deja títere con cabeza, empezando por la propia sociedad y politica sueca. El estilo, simple, directo, desvergonzado y con trazos de humor negro, resulta eficaz y convierte "El abuelo que saltó..." en una novela distraida, nada memorable, pero con méritos suficientes para comprarla y leerla. Pasará un rato divertido, no lo dude.

 

 

FICHAS:

1.- "El abuelo que saltó por la ventana y se largó".- Jonas Jonasson.-Ed. Salamandra.412 págs.

2.-"Ómnibus Jeeves".-P.G.Wodehouse.-Ed Anagrama.-605 págs..

     

 

 

 

 

 

 

 

 

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17 enero 2013 4 17 /01 /enero /2013 16:52
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 Basada en una novela de Lisa Lee, "Snow flower and the secret fan"  (traducida en España de manera harto simplista como "El abanico de seda") esta película narra la historia de Lirio Blanco y Flor de Nieve que a los siete años de edad son hermanadas con el rito femenino de "laotong" que podría traducirse como "mi otro yo" o "alma gemela", un vínculo sólo entre mujeres que la tradición china considera un compromiso de amor y amistad para toda la vida. Entre las "hermanas" se comunican con un  lenguaje secreto femenino llamado "nu shu"  escrito en abanicos y pañuelos de seda que van intercambiándose.
De esta forma comienza la película, una secuencia bellísima, minimalista, en la que una mano anciana escribe en un abanico mientras relata una historia (homenaje a la  anciana muerta en 2004, que era la ultima mujer que conservaba el uso de ese idioma secreto femenino, y fue entrevistada por la autora de la novela). Al contrario que el libro (muy recomendable, publicado por Ediciones Debolsillo) que se ocupa preferentemente de la relación de las dos "hermanas" desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX. El filme suma a esta historia principal dos historias más, alternándose en un montaje un poco enrevesado, el momento presente con flash back: una historia actual con dos jóvenes laotong, una de las cuales sufre un accidente y su "hermana" recuerda cómo se conocierotn y, la tercera historia, el pasado de las dos niñas  en la China de finales del XIX (que conoceremos a través del artificio de una novela escrita por la amiga accidentada sobre sus antepasadas). Con un golpe de guión, el director intenta relacionar las tres historias, en realidad dos, la actual y la decimononica, pero eso es algo que no les cuento.
Quizá hubiera sido preferible una recreación cinematográfica de la China prerevolucinaria y las costumbres de la sociedad clasista de la época y de una cultura patriarcal bastante cruel con las mujeres (cosa que en la novela vemos excelentemente reflejado). En especial, la costumbre de los "lotos dorados" con la que se deformaban atrozmente los pies de las niñas desde la infancia para que al crecer la muchacha tuviera unos pies diminutos, cosa muy apreciada por el elemento masculino de la época. Una dirección convencional para un guión algo confuso, servido con una fotografía bastante bella y un diseño de producción correcto. Como curiosidad, la aparición de Hugh Jackman como secundario de lujo en una obra casi totalmente dedicada a las dos protagonistas. Li Bingbing (Nina) y Jun Ji-hyun (Sophie), que interpretan a las dos chicas actuales y también a las dos muchachas de la historia de la China de hace cien años. Con un ritmo desigual y una resolución ambigua, la película se deja ver y logra interesarnos, aunque sólo sea  por las referencias a aspectos de una cultura milenaria que siempre sorprenden. Ah, por cierto, magnifica banda sonora. Dirige Wayne Wang, que  había firmado dos pequeñas joyas del cine chino, "Mil años de oración" y "Mi mejor amigo".

   
   
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16 enero 2013 3 16 /01 /enero /2013 10:43

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La sombra del "Intocable" de Enric Toledano y Olivier Nakache gravita sobre "Las sesiones", una cinta dirigida por Ben Lewin, polaco nacionalizado australiano. Si en la primera se nos narra la amistad entre un tetrapléjico en silla de ruedas y su cuidador negro, un canto delicioso y humorístico a la capacidad de superación personal de algunos de estos enfermos y a la eficacia de la amistad basada en la sinceridad y la espontaneidad generosa, en la de Lewin (él mismo afectado por la polio a los seis años y que ha pasado toda su vida con muletas) la visión es más realista y se basa en otra historia real, la de Mark O´Brien (John Hawkes, excelente en su forzada inmovilidad, todo rostro, mirada y sonrisa) que vive practicamente dentro de un pulmón de acero y está inmovilizado desde niño, hasta los 30 años en que nos lo presenta la cinta, también por la polio.

Pero esta persona tiene impulsos y necesidades como cualquiera y desea tener relaciones sexuales.La pelicula nos narra con gran naturalidad y sin efectismo ni blanduras, la lucha del joven por completarse como ser humano y la entrada en su vida de una terapeuta sexual (magnífica Helen Hunt, algo acartonada en los gestos, ¿se ha pasado con la cirugía estética, esta magnífica actriz?) que llevará a cabo el deseo del protagonista. Humor, rechazo al tono melodramático y nada de abusos sentimentaloides y moralinas, la película resulta divertida y emocional, sin desviarse en ningún momento de la espontaneidad y un cierto humor estoico que no permite que olvidemos de qué estamos hablando en todo momento.

Magnífico contrapeso "religioso" en el personaje que William H. Macy recrea con contenida humanidad , el padre Brendan, uno de los curas más entrañables que hemos visto en la pantalla. Los tres personajes, los tres actores, dan un recital que encabeza Helen Hunt, sigue Hawkes y corona Macy.

El guión de la película recoge en esencia los artículos que Mark O´Brien escribió, periodista y poeta en la vida real, encuadrados en un trabajo periodistico "On seeing a sex surrogate", en el que daba cuenta de las dificultades y sinsabores que una persona con sus discapacidades debe solventar para lograr realizarse en cuestiones tan vitales como el sexo y las relaciones amorosas. La película se llevó premios en Sundance y San Sebastián.

No obstante, la cinta trata de mantenerse en el lado amable  y vagamente reivindicativo de la cuestión, evitando profundizar demasiado en una temática delicada y que incomoda a muchas personas. No en vano trata un elemento tabú en nuestra sociedad hipócrita: la vida sexual de los discapacitados merecía más atencióin y un tratamiento honesto y alejado de lo clichés "humanitarios" en curso. Algo realista y una visión espontánea, fresca y natural de las necesidades lógicas de seres humanos aprisionados en sus propios cuerpos. Lejos de complacencias irreales, el director nos avisa al final de cuál fue el destino de Mark y cómo logró hacer realidad muchos de sus sueños y carencias. Hay que verla.

 

 

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La habilidad del guión, también responsabilidad del citado Lewin, reside en su talento para sortear los prejuicios morales. Para ello acude a la ayuda de un sacerdote confesor y cómplice de las pulsiones del citado O´Brien. Concebida como un diálogo a tres bandas, el filme se dirime en un pulso dialéctico entre el paciente y los profesionales del alma y del cuerpo. Es decir, puro cine clásico germinado para sensibilizar. Lewin opta por la representación amable y pedagógica a costa de evitar rozarse frontalmente con la pesadilla de lo real. Es su opción y como espectáculo es legítimo, aunque renuncie a profundizar. De hecho desestima mostrar cómo practica el sexo una de las actrices que realmente sufre una discapacidad real. O sea, evita la verdad a costa de pellizcar suavemente y reivindicar la valía de un héroe anónimo empeñado en vivir y gozar con su cuerpo roto.

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