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13 octubre 2012 6 13 /10 /octubre /2012 07:04

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Después de "Soldados de Salamina", "El vientre de la ballena", "La velocidad de la luz" y la magnifica recreación del 23-F en su "Anatomía de un instante", una curiosa mezcla de ensayo y novela, el escritor cacereño Javier Cercas, con 50 años recien cumplidos, insiste en su muy particular visión de la creación literaria, en la que suele intentar el camino híbrido de la mezcla de géneros para dar un mensaje, un contenido y una forma literaria en la que subyace siempre una narración inteligente y sensible.

Su nueva obra, "Las leyes de la frontera" es una novela con firme asidero en la realidad de un momento historico de este país, los años setenta, una clase social y un fenómeno sociológico de primer orden, el advenimiento de una delincuencia  juvenil, los "quinquis", y las relaciones que se establecen entre un joven de clase media y la banda juvenil que lidera con mano dura "El Zarco". La conversión de éste en una figura mediática (al estilo del tristemente famoso y real "El vaquilla") y el aprovechamiento del tirón popular del joven delincuente por algunos medios con intereses políticos y sociales, están hábilmente reflejados por Cercas.

Lo singular de este texto es la maestría literaria que imprime el autor a una estrucutura narrativa basada en el género periodístico de la entrevista, con sus limitaciones y peculiaridades a menudo muy alejadas de la novela. Cercas logra que el lector devore el libro "como si fuera una novela", que es justamente lo que es, aunque se salga de los parametros del genéricos (lo cual es indicativo de la buena salud del género y de la habilidad narrativa del escritor).

El juego hilvanado por Cercas con datos, hechos y recuerdos de la época, la fidelidad ambiental , la suma de referencias a una época crucial en nuestro país, en la Gerona de la transición, los saltos temporales, perfectamente ensamblados (se nos narra lo ocurrido en los años setenta a través de entrevistas realizadas con los protagonistas de los hechos, treinta años mas tarde) y los detalles reales que dan verosimilitud a la narración, hacen de esta peculiar novela un libro de referencia para recordar aquellos años o conocerlos y comprender mejor nuestro presente.

La penetración psicológica de la que hace gala Cercas, el analisis de las motivaciones reales de los personajes, el desconcierto y las limitaciones de éstos, hacen de la trayectoria de los protagonistas, al adolescente Cañas ("El gafitas") fascinado por el  supuesto "Robin Hood" quinqui y enamorado de  la compleja Tere, supuesta chica de el Zarco, ensambla un trio sentimental de una fuerza y dinamismo psicologico poco común.

La fórmula narrativa escogida por Cercas provoca algunas limitaciones y defectos de ritmo e interés que se reflejan en el atractivo para el lector de algunas de las entrevistas y de unos personajes sobre otros. El narrador, un escritor que quiere escribir un libro sobre el Zarco (cuando este ya ha muerto) y entrevista a Cañas, al director de la cárcel donde estuvo el quinqui y al policía que logró acabar con la banda, carga  la fuerza, como es lógico, en el primero, el adolescente desclasado que acaba siendo abogado y defenderá a su admirado quinqui logrando incluso un breve indulto que estropeará el sino agresivo y patético del Zarco. El punto mas positivo de este libro concierne a un concepto que va imponiéndose en la lectura:   lo importante del libro no es el Zarco y su penosa vida de delincuente, sino la complejidad de un personaje, Ignacio Cañas, el Gafitas, al que el amor y el símbolo de un sueño infantil de "justicia" y libertad (los personajes de "La frontera azul", una serie de televisión de aquella epoca) convierten en lamentable y equívoco paradigma humano de una epoca y un país.

 

FICHA

"Las leyes de la frontera".- Javier Cercas.- Editorial Mondadori.- 382 págs.-21,90 euros 

 

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9 octubre 2012 2 09 /10 /octubre /2012 15:43

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Magnífica película del director británico Mike Leigh, finísimo observador de la vida humana. En "Another year" nos habla de un matrimonio maduro, Tom, un geólogo aficionado a cultivar su huerto, hombre tranquilo y cordial, y de Jerry una asistente social, sencilla, inteligente y bondadosa. Jim Broadbent, uno de esos actores acostumbrados a papeles secundarios que da aquí un recital de humanidad, una actuación magnífica (recordemos a este actor como marido de Iris Murdoch, la escritora, en "Iris" o como esposo de la señora Thatcher en "La dama de hierro"), brillantemente secundado por Ruth Sheen, que logra llenar la pantalla con sus gestos y su sonrisa amable y comprensiva. En torno a esa pareja tranquila y llena de amor, desfilan una serie de personajes, amigos, compañeros de trabajo, el hermano de Tom, una compañera de trabajo de Gerri, Mary (Lesley Manville) que arrastra una patética vida de soledad y deseos frustrados, y algunos amigos más que conforman un escenario de personas maduras en la que la presencia del hijo de la pareja y su novia, crean un contraste clarificador que deja más evidente el raro equilibrio de la pareja protagonista frente a las soledades y tristezas del resto de los personajes.

Un microcosmos en el que la vida va dejando su huella con sus cargas de frustración y desencanto, frente a la que la pareja protagonista mantiene un positivo e insobornable talante de apoyo y comprensión. No hay rechazo ni egoísmo en la magnífica pareja que tratan de acoger y ayudar a sus desnortados amigos, manteniendo siempre la firmeza y el encanto de sus personalidades.

Como en el resto de sus películas, el director de "Secretos y mentiras" hace un trabajo minimalista, delicado y sutil. Hay una madurez intelectual y humana detrás de esta historia, en la que Leigth nos muestra la estructura de una pareja sólida, cómoda en el otoño de sus vidas, que siguen siempre un código sencillo y perfecto de desarrollo, la amabilidad, el respeto, el humor, el cariño, en suma todos esos componentes delicados que configuran lo que el mundo reconoce como un verdadero amor. Sabiduría vital que ya habiamos visto en otra de sus peliculas ("Todo o nada", por ejemplo) y que aquí está sugestivamente estructurada en torno a las cuatro estaciones del año y en el giro del mundo y los cambios y pesares que conllevan, frente a una relación firme, dúctil y abierta a los demás, incluso a  sus pesares y desdichas. Un ejercicio de comprensión y de compasión que dejan un b uen sabor de boca a pesar del final, lindando lo patético, en el que la soledad y dependencia emotiva de la mujer que encarna Lesley Manville (Mary) contrasta con la apacible cena familiar en la que ella se ha colado en su irreprimible busca de apoyo.

 Y el mensaje está servido, la vida sigue son su apabullante normalidad y hay que aprender de ella y fluir con todo lo que de bueno aporta. Y para ello está la conversación amigable y un abrazo de vez en cuando, la habilidad de la escucha generosa y el afecto sin doblez. Afecto que la pareja protagonista proporciona con su discreción y su amable trato.

Leigh ha dado un ritmo fluido a la película, como el de las estaciones que dividen la trama, evitando el tono episódico, dandole una continuidad que parece ser la metáfora del huerto que con tanto amor cuida la pareja en sus ratos libres.

Hay aquí un tono amable, positivo, sin dureza o sarcasmo, muy cercano al que destila en su otra pelicula "Happy: un cuento sobre la felicidad", mostrándonos unos personajes bastante entrañables a pesar de sus defectos, dirigidos muy sabiamente, llenos de espontaneidad y realismo fresco, con unos diálogos ingeniosos y a menudo amablemente irónicos.En resumen, una gozada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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7 octubre 2012 7 07 /10 /octubre /2012 08:21

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José Antonio Labordeta es esa clase de persona que uno siempre desea contar entre sus amigos. Y hablo en presente a pesar de que ya hace dos años que murió víctima de un cáncer de próstata. La razón de ello es una: las personas como Labordeta nunca mueren del todo, en tanto existan personas que lo han querido y respetado. Y por el momento, y va para largo, somos muchos los que le quisimos y respetamos.

Ahora, uno de sus amigos, Joaquín Carbonell, cantautor, periodista, escritor, y alumno de Labordeta en los años setenta en un coriáceo Teruel, donde Labordeta comenzaba a insuflar energía y genio a su figura pública, nos regala una emocionada y entrañable biografía, "Querido Labordeta" en la que, más que los usos y modos de un biógrafo al uso, Carbonell deja paso libre a sus emociones y sentimientos personales sin dejar por ello de aportar datos, hechos y fechas. El resultado es original: Carbonell nos informa de quién y cómo fue Labordeta y nosotros, los lectores, nos emocionamos y nos divertimos espiando por el agujerito de la página a una persona cuyo adjetivo más propio es "querido".

Contemplo su rostro y siento el pesar de no haber podido llegar a conocerle personalmente (teniamos conocidos comunes en la profesión de periodista que yo ejercía, con los que ya habia pactado propiciar una ocasión de encuentro) para poder hablar de la admiración que me creaba su trayectoria pública, del placer fisico y espiritual que compartíamos (la afición por la mochila) y del afecto reflejo que me producían sus canciones y su poesía implícita. Hay una recia honestidad en ese rostro de aire melancóilico y mirada triste y recta. Las cejas pobladas y de trazo fuerte enmarcando unos ojos de mirada seria y profunda humanidad. El bigote grande, lacio, cerniéndose sobre los labios de trazo fino y de sonrisa difícil e insospechadamente inocente. Todo un rostro definido por ese doble arco de las cejas y la mirada curiosa y un poco atónita, la frente poderosa, un busto de senador romano con la solidez acrisolada de lo entero, lo recto, lo insobornable.

Carbonell empieza su largo recorrido biográfico por la noche del domingo 19 de setiembre de 2010 cuando recibe una llamada telefónica en la que le informan que Labordeta ha muerto. A partir de ahí, en una suerte de flash back sentimental, se nos informa de los dias inmediatos posteriores al desfallecimiento, para abrir la puerta al pasado, desde la "Zaragoza gusanera" de 1935 a 1964, donde vamos conociendo los primeros años de Labordeta, para pasar rapìdamente a  los años de Teruel (1964-1970) donde realmente se gestó el hombre y la figura que luego conoceriamos todos.

Años de profesorado en el Colegio San Pablo, su empreño en impulsar la vida cultural, guiños al teatro, al cine (el cineclub Buñuel rebautizado Obispo Polanco por aquello de la censura), el comienzo de su vida de poeta y de cantautor, las revistas, el periodico Andalan...y ya la adcripción política que sería la bandera permanente de Labordeta, su antifranquismo que le llevaría a viajar a Suecia, verdadero primer viaje de educación sociopolitica.

Despues, la lenta gestación de una figura roqueña que siempre me gusta imaginar como esa escultura de Churchill que hay cerca del Parlamento inglés, un bloque inclinado en el que una figura sólida, inanmovible parece ofrecer una resistencia gigantesca al viento que trata de moverla. El nacimiento de la Cancion popular aragonesa, en los setenta, "Polvo niebla viento y sol// y donde hay agua, una huerta//al norte los Pirineos//esta tierra es Aragón" rodeado de ciertas miserias económicas, pero pleno de entusiasmo y ganas de "hacer patria". Viaje  de actuaciones por Europa en un Renault verde con mantas, instrumentos y cinco padajeros y un contrabajo en la baca..

Recorremos de la mano de Carbonell la trayectoria de una vida dedicada a la canción y la poesía como instrumentos de lucha social,  los reconocimientos, la actuaciones, los discos y el reflejo de la realidad en su voz "Seguimos por aqui//aguantando el temporal//cada uno lo soporta// segun como le va."

Más tarde, su época de diputado (2000 a 2006), en la que su faceta de hombre público logra entusiasmar a todos los que nos gusta la palabra clara y sin tapujos, la honestidad como bandera y una cierta dureza de pedernal en lo que se dice cuando cae la que estaba --y está-- cayendo. "Espero que llegue un dia en que todos veamos una tierra que ponga libertad, por encima de nacionalismos rurales, insolidarios o nacionalismo centralistas, igualmente peligrosos". ¿No es rabiosamente actual?

Pero acabemos esta reseña de un libro interesante y aleccionador con una cita del final de ese hombre magnífico que me ha conmovido especialmente "Cada dia lucho más contra esta indecente forma de hacerme viejo, casi anciano, y uno de mis deberes cotidianos es recorrer el pasillo de mi casa". Carbonell ha escrito un documento sentido sobre la muerte de un gran amigo. Y el lector lo apreciará en su justo valor: se trata de la vida de una gran persona que además era una buena persona.

 

 

FICHA: "QUERIDO LABORDETA".-Francisco Carbonell. Ediciones B.-499 págs..

 

    José Antonio Labordeta.| Luis de Alas--

 

 

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5 octubre 2012 5 05 /10 /octubre /2012 09:03

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La cultura cinematográfica norteamericana, así como su correlato comercial, la industria, Hollywood, el cine indie o los llamados independientes, tiene un pavoroso poder de fagocitación de ideas y peliculas provinientes de Europa o de otros continentes más exóticos (India, Australia y Nueva Zelanda, Japón o China). Sin embargo su cantera preferida es Europa. Y puestos a aprovechar ideas ajenas, ahora han dado en copiar al cine francés, amigo hasta el escándalo del adjetivo "nuevo", y están publicitando a tambor batido "la nueva comedia  americana". Pues bien, "Eternamente comprometidos", mejor titulado en el original ("Five years engagement") es una de las joyas de la corona de ese "nuevo humor" que está dando más bodrios que diamantes pero que de vez en cuando acierta. Y esta es una de ellas.

Dirige Nicolas Stoller ("Paso de ti" y "The Muppets") nuevamente con la complicidad del guionista Jason Segel, y ambos consiguen dar bastante interés a un guión que parece ir a discurrir por caminos tontorrones y sin embargo va generando situiciones originales y decididamente humorísticas, sin causar verguenza ajena.

Precisamente Jason Segel se hace cargo de interpretar al protagonista masculino y comparte cámara de manera muy equilibrada con una inspirada Emily Blunt. Ambos nos cuentan la historia de una noviazgo que por diversas causas va extendiendose durante cinco años de aplazamientos consecutivos  de la boda. Secuencias como la boda del amigo de Jason y la hermana de Emily, con una temible interpetación de "Cucurrucu paloma" con acento ingles o la fiesta de compromiso con unas intervenciones de los amigos de lo más patético, son el cebo que nos hace pensar que la película va a desmadrarse en la previsibilidad y la comicidad de trazo gordo (ay, cómo añoramos las comedias de Gary Grant, la sabiduría de Billy Wilder...), pero no, rozando sabiamente el drama, la pelicula se endereza y comienza a brindarnos secuencias elaboradas e inteligentes que no sólo nos hacen reir, sino que constituyen una acerba crítica a unos usos sociales y familiares que requieren un vapuleo.

Director y guionista y, por supuesto, unos intérpretes muy bien dirigidos, van mostrando la capacidad del cine para imitarse a sí mismo y lograr un producto poco casposo y razonablemente inteligente.

Bajo el sello Judd Apatow, Stoller y su guionista-actor han firmado ya al menos tres buenas películas y en ésta han jugado con lo obvio y lo previsible para hacer algo distinto en cada momento, el juego simulado en la petición de mano, la secuencia de las dos hermanas discutiendo con las voces de los teleñecos, ,la boda como un trámite de supermercado que hay que hacer para satisfacer a las familias y amigos (le elección de oficiante entre cinco religiones es magnificamente irónica), convierte a la película en una sátira inteligente vestida con el color y los oropeles de una comedia tontorrona (no desmerece el "Un, dos, tres" del maestro Wilder). Los miedos, las emociones y los  sentimientos apenas reprimidos, la estupidez de las modas, son realzados como de pasada, escondiendo tras el tópico la casi siempre amarga verdad de una realidad inevitable por mucho que la disfracemos: la necesidad de un aprendizaje emocional a la hora de compartir la vida con otra persona y formar una familia. Y eso es algo que el género "comedia" solía evitar, omitir o disfrazar, llenándolo todo con bromas baratas y estereotipos pretendidamente divertidos..

"Eternamente comprometidos" ha sido una sorpresa. Siguiendo más o menos el rastro inteligente de "Cuatro bodas y un funeral", se nos propone una cinta que es como una de esas "matriuskas" rusas: bajo la apariencia de un juguete banal y conocido se esconden varias sorpresas todas tratadas con solvencia, delicadeza y humor. Tiene sus defectos, como todo en esta vida y en este género, pero la quimica entre Segel y la Blunt funciona en todo momento y los secundarios logran, a pesar de alguna patochada, dar una cierta coherencia gamberra  al un poco largo desarrollo de la película. Llegaremos a un final feliz, eso era previsible, pero no como una concesión a la galería y al tópico sino como algo trabajado por los protagonistas a traves de adveridades superadas y asumidas y de esa convicción madura y adulta de que no hay que buscar, en este mundo, una perfección amorosa total. Como en la tradición zen, las irregularidades y pequeños defectos son las que enriquecen el objeto.

En resumen: vayan a verla. Absténganse los forofos de los "Resacones" y demás fanfarrias simplonas y de humor para descerebrados juerguistas.

 

 

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3 octubre 2012 3 03 /10 /octubre /2012 07:11

El valle del Algars, el río que va marcando fronteras políticas (que no naturales, ojo al dato para "nacionalistas"  incipientes) entre la Terra Alta y el Matarraña, encierra verdaderas maravillas para goce de montañeros y senderistas.Desde los estrets al Toll del Vidre, desde Peña Galera (1029) a la Punta de la Clapissa (1022m) o a la Miranda (1192m), bosques silenciosos, masias por doquier (la mayoría abandonadas y en ruinas), presencia del hombre en el pasado, lindes de piedra seca limitando campos abandonados, caminos perdidos, pozos y fuentes que fueron famosas y ahora languidecen por la sequía y por encima de todo, cumbres recortando el cielo, valles angostos, desfiladeros, picos impresionantes, farallones, cortadas de cientos de metros en roca viva...

Pero quizá lo más singular de este paseo que les propongo es la constatación de las huellas de población rural amplísima que hubo en estas tierras hasta bien entrado el siglo XX, pobladores que se pierden en la noria de los siglos pasados y cuyas viviendas, sembrados, caminos, arboles plantados, pozos y linderos de piedra, quedan más o menos deteriorados para admiración de los pocos caminantes que conocen y saben de la riqueza de estas tierras.

Comenzamos la excursión en Arnes. Podemos ir en coche desde el pueblo (a la entrada del caserío hay una pista que dirige hacia el "Toll del Vidre"). Unos cinco kms de pista rural estrecha (ojo en verano o fines de semana, apenas cabe un vehículo y hay que aprovechar los puntos de ampliación cuando nos cruzamos con alguno) nos llevan hasta la explanada del Toll, que merece una visita --y un baño-- aunque en estos días el caudal de agua es exiguo. El paisaje que rodea todo ese tramo de pista hasta el Toll, es soberbio: vistas de la Peña Galera desde un ángulo inédito (con el espolón de la Peña cerniéndose sobre el valle como la proa de una nave de piedra gigantesca), la muralla gris del Blau y el curioso monolito del Molló, elevándose desafiante y las remozadas Mas Blai  y Mas del Tamboner cerca del Toll. Después se sigue unos minutos más por la pista hasta la barrera de madera situada junto a otra explanada donde se pueden dejar los vehíclos.

A partir de ese momento comienza la caminata que en poco más de media hora nos lleva al Mas de Damiá, refugio libre, una de las mejoras realizadas por el Ayuntamiento de Arnes. Hace años se podía hacer casi toda esta excursión en automóvil, hasta el Mas de Pau, por lo menos. Las famosas riadas del año 2000 destruyeron la pista en algunos tramos. También se ha rehabilitado el Mas de Pau, el siguiente que nos encontramos y donde comienza el sendero de subida hacia el Pico de la Clapissa y La Miranda, siguiendo el curso del río y cruzándolo de una ribera a otra con gfrecuencia. El rio está encajonado entre la Peña Galera a la derecha y los recios farallones verticales de la Clapissa.

Abundan las terrazas de cultivos abandonados y las ruinas, aunque en el mas de Caramel-lo se vuelven a  verse sembrados. A nuestra derecha nace una pista que conduce a los altos de Peña Galera por el collado del Pelele. Una hora de caminata nos dejará junto al bellísimo Mas de Pau. Desde allí se puede ir al barranco de la Paridora (excursión que requiere permiso especial) y a los Ullals del Mas de Pau o subir por el barranco del Corb hacia la Mola de Lino o, como haremos en esta ocasión, subir al mas de Llosero hasta el collado de Monfort y desde alli alcanzar el pico de la Clapissa y, si hay tiempo y ganas, seguir sendero hasta la Punta de la Miranda.

A un lado del Mas baja un sendero, con marcas amarillas, que cruza el río y se empina hacia el Mas de Llosero, en bastante mal estado, pero que comienza a presentar señales de restauración. La subida, bajo un bosque de encinas y bancales abadonados es bastante fuerte y tiene tramos de terreno desgastado de subida penosa. Todo el transcurso de este sendero está rodeado de arbustos, pinos, encinas, algún abedul, hayas majestuosas en rincones difíciles, castaños y  arces, además del boj y el acebo, con sus pequeños frutos redondos y rojos y algún que otro fresno y sabina.

Tras una última pendiente muy empinada, llegamos al Collado de Monfort y casi inmediatamente a la pista que viene del area recreativa de La Franqueta, en el valle vecino, por donde discurre el rio dels Estrets y se forma el gran desfiladero de los Estrets de Arnes.

Una vez en este recodo de la pista tenemos dos opciones: la subida al Pico de la Clapissa, que es la que escogemos hoy, o seguir por la pista hasta su final tras dos recodos en subida, desde donde se puede acceder al sendero que lleva al Pico de La Miranda por el collado de la Ereta dels Clos, el de la Grassada y el altiplano de Terranys. Lo haremos otro día.

Ahora afrontamos el último reto de la excursión: la subida a la Clapissa. Hay un sendero poco marcado pero muy intuitivo que parte de nuestra izquierda y sube de inmediato entre matojos, matorales y arbustos. Inmediatamente nos adentramos por el bosque que cubre las laderas del Pico. El sendero es estrecho y va bordeando la vertiente norte de una montaña más baja que parece apuntalarse con el Pic de la Clapissa. Una media hora de subida, nos lleva a la roca propiamente dicha. Hemos de subir, ayundándonos con las manos, por una fácil pared de roca inclinada, gris blanquecna y completamente pelada, aunque hay matojos de boj en los bordes. La subida por el plano inclinado termina en otra superficie aun más inclinada que se alza hasta el pico inferior de La Clapissa. El piso de roca está agrietado en lajas y grandes esquirlas que permiten la subida con relativa facilidad.

Al fin vemos el pico propiamente dicho recortado contra el cielo, como una gigantesca azada de roca que se alza sobre una caida de doscientos metros con un manto de bosque en el fondo y sobre un paisaje magnífico donde se ve en la azulada lejanía los pueblos de Arnes, Horta de San Juan y su Tossal y las estribaciones del Montsagre. La cima, inclinada y con un monolito de piedras, requiere unos minutos de contamplación y descanso.

Después, el descenso, con cautrela al principio y algo monótono por el largo tramo de pista. En total, unas cuatro horas, sin contar descansos, claro.

 

 

 

DOCUMENTACION

Imprescindible el libro de Jordi Bustos Bernús, "Itinerarios por los Puertos de Beceite" editado por Prames. Y naturalmente los mapas del servicio cartografico nacional de Arnes, el del Port d'Arnes 1:15.000 editado por Piolet y, como complemento, los dos de El Port 1:30.000 también de Piolet. Hallables en librerías especializadas y, desde luego, en la de Serret de Vallderrobres.

 

 

 

 

 

NO SE PIERDA

Baño o un rato de relax en las pozas del Toll del Vidre, un lugar paradisíaco --sobre todo cuando hay agua en abundancia-- muy frecuentado en verano pero solitario, silencioso y calmo el resto del año. Otro momento de deliciosa comunión con la naturaleza es posible encontrarlo en el Mas de Pau, cuya rehabilitación ha dejado muy evidente la solidez práctica del viejo mas y el embrujo del entorno. Observen la fuerza y tamaño de las encinas que lo rodean, el enorme roble que da sombra a toda la entrada de la casona, las toscas escaleras y el pórtico elevado con columnas y dintel. Hay una fuente pequeña de la que, milagro en estos tiempos, mana un hilillo de agua fresca. En Arnes encontrarán un magnifico lugar para comer, "El petit Cabirol", además de la oportunidad de un delicioso paseo por un  pueblo cuya plaza del Ayuntamiento e Iglesia merecen una visita morosa.

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1 octubre 2012 1 01 /10 /octubre /2012 07:29

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 No llega ni a 90 páginas con unos caracteres del cuerpo 10 y con numerosos sangrados y planas en blanco de fin de capitulo.  Un lector de velocidad mediana puede tardar un par de horas en leerla de cabo a rabo, aun  demorándose en la gracia de las descripciones de los lugares o en los poemas y citas que abundan. Es una novela corta escrita por una mujer norteamericana, neoyorquina, de origen familiar europeo, nacida en 1928 y fallecida en Ginebra en 1996. Sus padres murieron al final de la II Guerra Mundial al ser torpedeado por los alemanes el buque donde viajaban y Mary Ann resultó herida durante el naufragio del buque, aunque fue salvada. En 1946, en plena recuperación va a pasar el verano en casa de su tio Marcel. judio de origen alemçan, que habia muerto un poco antes. En el cobertizo de la casa, Mary Ann organiza una biblioteca para el pueblo, aprovechando los libros de su tio, ya que la de la población había sido destruida por los alemanes que ocuparon la zona.

La muchacha protagonista entra en una dinámica cotidiana en la que los libros lo son todo y al mismo tiemnpo es la medicina perfecta para tratar de superar su doble horfandad, la de sus padres y la de su tío Marcel, culto, librepensador, soltero (con una historia de amor "fou" cuyas escasas huellas perseguirá su sobrina entre los libros). Como dice en la pagina 43, "Ahora sentia mi corazon también ...como si fuera...de papel rígido, cuarteado por la muerte de mis poadres y de mi tio". Y cita a Baudelaire: "Pobre e ingenuo corazón, astíllate, no eres nada" (pag. 19).

Sus amigos y compañeros serán Dickens, Poe,  las hermanas Bronte,  William Wodsworth, Stephen Crane, Flaubert, Stendhal, Proust, Verlaine, Thomas  Hardy, George Eliot, "Ningun libro malo entre tantos libros", como apunta ella misma (pag. 32).

Los libros le acercan a la gente del pueblo (a quienes aconseja lecturas, desde Rabelais a Don Quijote) y le acercarán también el gran amor, el primero, de la joven. Se trata, precisamente, del hijo natural de su tio y la amante oculta, con el que se cierra el gran circulo amoroso de las dos familias judías. Precisamente el talante judío, la historia judia, es la que define la historia en su complejidad simple y en su desenlace.

El titulo original de esta novela es "Notebooks 1, Summer Library"  y se trata realmente de la primera entrega de unas memorias que Mary Ann escribió a partir de 1970, en distintas editoriales y con pseudónimo, hasta que hace pocos años, después de su muerte, comenzó a publicarse con su nombre y revelando su identidad.

Lo cierto es que esta escritora ya desaparecida, virtualmente desconocida, encierra un gran encanto, con un estilo sobrio y de un ingenuo detallismo lirico, en el que la presencia de los libros va entretejiéndose con una vida cotidiana regida por una actitud estoica y placentera ante la existencia. Como recuerda en la pagina 53, trataba de seguir el consejo de su amado tio: "Cuida tu carácter, aliméntalo con lo mejor de la vida, con lo que nos hace felices. Y se fuerte, pero no inflexible".

La lectura de Katherine Mansfield le reconforta en los momentos depresivos que le asaltan y la vida plácida, la belleza rural del pueblo la van serenando. Comienza a surtir efecto en ella el milagro de la lectura. William Hazlit, Defoe o Strevenson la preparan para conocer a Saul "que reía en todas las lenguas" y que le enseñaría a amar. Y ella le hablaría de la importancia de los libros en su vida: "Los libros eran la vida y podia recrearlos aunque estuviera lejos de ellos" (pag 82). Pero el amor estaba marcado por la tragedia: los libros volverían a cumplir su labor maravillosa. 

Y es en ese momento, cuando Saul muere en la guerra arabe israelí, cuando el libro acaba. En cuatro páginas transcurre el gran amor de su vida, los diez años de felicidad que mantuvieron y la desolación ante la muerte. La tajante  y concisa discreción de esta escritora nos deja sobrecogidos. Y uno cierra el pequeño libro con una sensación amibigua, de belleza y brevedad, como el vuelo entrevisto de una mariposa o el momento efimero del colibrí buscando en un ansioso vibrar de alas el néctar de una flor.

Como en "La librería ambulante",de Christopher Morley, en esta misma editorial, "La librería" de Penelope Fitzgerald (editorial Impedimenta), "84 Charing Cross" de Helen Hanff (Anagrama), citadas en estas páginas con anterioridad, los libros son el bagaje preciso, indispensable, para alcanzar un cierto equilibrio y una dulce parcela de felicidad.  Habrá que esperar nuevas entregas de esta escritora recién salida a la luz con su verdadera identidad.

 

FICHA
Una biblioteca de verano.- Ann Clark Bremer.- Editorial: Periférica Ediciones.- Traducción de Hugo Bachelli. Páginas: 86
PVP 14,75€

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29 septiembre 2012 6 29 /09 /septiembre /2012 09:09

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Casi 22 años ha tardado Hollywood en esta ocasión en hacer uno de sus inevitables "remakes" para seguir sacando tajada de una buena idea. Esta vez le ha tocado el turno a una película fantasiosa, surrealista e innovadora dentro de su gamberrismo visual, que dirigió Paul Verhoeven, adaptando un relato corto del genial Philip K. Dick (sí, el autor del relato base de "Blade runner") titulado "We can remember it for you wholesale" que podríamos traducir libtemente por "Le vendemos recuerdos a precio de saldo", publicado en la venerable "The Magazine of Fantasy& Sciencie Fiction" en 1966.

Con estos antecedentes comprenderán ustedes que si les digo que la protagonizaba un joven y desatado Arnold Schwarzenegger, aliñado todo con un sentido del humor paródico y efectista, la película resultante: "Desafío total" (1990) se haya convertido en un filme de culto para las aficionados al género. La cuestión filosófica básica: la identidad del individuo, la memoria como garantía del yo y las manipulaciones que esta herramienta de la mente puede llegar a cometer debidamente dirigida, se planteaban linealmente sin meterse en honduras, solo para justificar la trama.

Pero es que la versión nueva del clásico, dirigida por Len Wiseman, pasa completamente no solo de la filosofía de la propuesta sino que banaliza el desafío jocoso que se nos proponía en la primera versión, para hacer una copia descafeinada del original, totalmente falta de sentido del humor, cambiando los sueños por ir a Marte del bueno de Arnold por los dos polos de una tierra postapocalíptica unidos por un ascensor gigantesco (que parece olvidarse del núcleo candente que sostiene el interior del planeta)  entre los que se mueve un Colin Farrell que no acaba de sentirse cómodo en su papel y apenas puede estar a la altura de las dos damas de cuidado que se ocupan de él, Jessica Biel y Kate Beckinsale (de una agotadora y eficaz energía: debería haber sido la protagonista en lugar del soso Colin. En la anterior pelicula, el papel también lo bordaba Sharon Stone).

La historia, brillantemente filmada, con un soberbio despliegue de efectos especiales y un diseño de producción magnífico, se queda en vigorosa postal postapocalíptica que rinde involuntario homenaje a "Blade Runner", "Minority report" y "El quinto elemento", tratando de ser el "Desafío total" modernizado y quedando en un Total Desmadre urbanita que no se distingue mucho de los apocalipsis tipo Resident Evil del cine de acción futurista de hoy.

Hay guiños al cinéfilo, alguno con cierta gracia. Por ejemplo en la celebre secuencia del control de entrada al "otro" mundo --en este caso es el mismo, pero en el polo opuesto-- Arnold lleva colocado un dispositivo que le crea una personalidad fisica distinta, una matrona obesa, que se desgaja por un fallo del cacharro y aparece el rostro del héroe. En la versión nueva, vemos a una señora semejante y llevados por el mimetismo de la versión, esperamos que se desgaje y aparezca Colin. Pues no... En fin, véanla, al menos pasarán un rato instructivo los que vieron la anterior y divertido los que no la han visto.

Por tanto nos vemos una vez más con una maniobra comercial de los grandes estudios USA. Producto sin garra y sin ambición, sigue por los senderos de antaño pero sin aportar nada nuevo, diferente. Se queda uno con Arnold que, a pesar de sus innegables defectos como actor, ha participado en cintas memorables. Y "Total Recall" fue una de ellas, La que comentamos hoy es...olvidable.

 

 

 

 

 

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28 septiembre 2012 5 28 /09 /septiembre /2012 07:30

Hay una suerte de hado benéfico que parece protegerme y ayudarme en los momentos más inesperados, a veces incluso enderezando cuestiones --quizá baladíes pàra la mayoría, pero importantes para mí-- que se torcieron abruptamente hace años y que de pronto, sin comerlo ni beberlo, son compensadas tras un arco temporal enorme. Digo esto a propósito de un incidente que ocurrió hará unos treinta años mal contados. En aquél entonces vivía en un barrio barcelonés llamado La Guineueta. Estaba casado y tenía dos niñas, Isabel y Silvia, una, regordeta de ojos azules y expresión plácida e inteligente, mientras que la otra, delgadita, sensible y graciosa, te robaba el corazón con una mirada color de miel. Trabajaba en La Vanguardia como redactor de Internacional. Era un domingo de primavera y había ido al centro, al Mercado de San Antonio, a las paradas de libros viejos que se colocaban bajo las marquesinas modernista del popular mercado. Aquél día encontré, entre montañas de libros desvencijados, tres ejemplares en bastante buen estado de las obras completas de Saavedra Fajardo, editados por Clásicos Castellanos. Se trataba de los dos tomos de "Idea de un príncipe político cristiano" y uno de "República literaria" del mismo autor y la misma editorial. Se habian editado en los años cuarenta y tenían la cubierta en fino cartoné y el papel de calidad inferior que solía haber en España en la época. Estaban encuadernados en pliegos cosidos con hilo y se mantenían un poco deslabazados pero aún firmes. Los hojeé cuidadosamente, mirando que no faltaran páginas o tuvieran taras. Excepto las manchas de humedad y el deterioro del papel, envejecido deprisa, un tanto amarillento, no parecía haber sufrido el acoso de los bichos devoradores de libros. En las guardas aparecían sellos de bibliotecas privadas y en uno de ellos, la "Republica literaria" creo que era, el de una biblioteca navarra, con su numero de orden y una firma. No recuerdo ya lo que pagué por ellos, pero si la sensación de ser un precio lo suficientemente bajo para no dañar mi humilde economía de entonces. 

Solía desplazarme por la ciudad en una moto "Sanglas 400", un armatoste poderoso que había que poner en marcha a pedal, que me habia comprado con el dinero obtenido al ganar un par de premios de relatos cortos, entre todos a los que solia presentarme con más ambición que acierto (como los ilustres donnadies del café del Prado que describe Cela en "La Colmena"·).

Pues bien, aquél dia primaveral entró subitamente en amenaza de agua, las nubes cubrieron los cielos y comenzó a chispear. Abandoné presuroso el Mercado, por el temor de que mis hallazgos sufrieran un chaparrón. Y como no llevaba bolsa, los até a la parrilla trasera de la moto con un pulpo, un elástico con ganchos, y me puse en camino hacia casa, sin dejar de mirar los cielos encapotados.

Lo cierto es que ese día no llegó a llover, pero...a medio camino, transitando a toda velocidad por la Meridiana, escuché como me pitaban los automoviles que me adelantaban. Uno de los conductores me hizo un gesto de que parara, al pasar junto a mí. Giré un poco la cabeza para ver si pasaba algo detrás mío, pues no notaba que hubiera pinchado. En ese momento sentí un escalofrío y me dirigí hacia el arcén para detener la moto sin peligro. Había visto algo terrible: un aluvion de hojas volanderas partía de mi moto y se diseminaba por toda la Meridiana, machacadas por los coches que pasaban.

En la parrilla posterior, pendía flaccido el elástico y no quedaba ninguno de los tres libros que llevaba. Jamás pude olvidar el incidente y la desolación íntima que me produjo. 

Pues bien, el otro día hice una visita al mercado del Libro de Ocasión del paseo de Gracia. Fui al mediodia, cuando menos gente hay junto a los puestos. Empece por la primera de las librerías que exponían. Era de Molins de Rei y realmente, en el tosco aparador, donde se alineaban por centenares los libros, comprobé que éstos eran realmente viejos cuando no antiguos u obsoletos. Comencé la atenta mirada paseante por los mas cercanos y de pronto, escondidos entre una vieja enciclopedia y unas colecciones de autores de  moda hace veinte años, vi los marrones lomos, en cartoné duro de la antigua Biblioteca de Clásicos Castellanos. El corazón se me aceleró. ¿Estarían? Y sí. Los tres volúmenes de Saavedra Fajardo, en ediciones de 1922 y 1927, encuadernados estos en cartoné grueso, por Ediciones La Lectura de Madrid. Miré a la dependienta, una señora que parecía surgida de una novela de Pérez Galdós o de Clarín, y le pregunté el precio. La señora hizo un gesto magnánimo abarcando todo el mostrador y pronunció unas palabras mágicas: "todos los de aquí están a 5 euros cada uno". Me sentí Creso ante la biblioteca de Alejandría. Encontré también en las mismas ediciones clásicas, los dos respetables volúmenes de la "Vida y hechos de Estebanillo González, hombre de buen humor, compuesta por él mismo" (éstos editados en 1934) con notas de Juan Millé y Gimenez, mientras que las de Saavedra, las firmaba  el erudito Vicente Garcia de Diego. El destino me había compensado la pérdida lejana. Y me regalaba también unos tomos con varias obras cada uno de Julien Green, Stevenson, Pierre Loti, Slaugther y el "Freud" de Emil Ludwig, en una vieja edición sin fecha de Mateu Editores. En total 50 euros, que por gentileza de la dama, un hada madrina de los lectores compulsivos, quedó en 40 (quizá conmovida con mi entusiasmo y mi aspecto: volvía de la montaña  y vestía pantalón corto, botas, camiseta deportiva y un chaleco de excursionista).

Todavía rememoro aquél lejano día en que volaron por la Meridiana tres libros que habia deseado durante mucho tiempo, desde mi adolescencia. Ahora, el destino, ese hado bienhechor, ha puesto las cosas en su sitio. El circulo se ha cerrado.  

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27 septiembre 2012 4 27 /09 /septiembre /2012 07:24

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Para un actor de carácter esta pelicula es una perita en dulce, una de esas pelis que a veces los actores deberían pagar por interpretar, aunque en el caso que nos ocupa la propuesta es superior al desarrollo del guión, la interpretación superior a la dirección y la intención de reflejar un sufrimiento y un proceso humano superior a lo logrado en la conciencia del espectador.

Joey y Jane son dos amigos muy peculiares. El primero es un negro de media edad que ha sido bombero y ha pasado por la tragedia de ver morir a su familia en el incendio de su casa. Este hecho le vuelve psicótico y tras una estancia en un psiquiátrico no ha logrado superar la pretensión de poder hablar con los espíritus y gozar de la visión de los ángeles. Forest Whitaker logra maravillas de convicción en este papel. Jane es una cantante que no ha vuelto a actuar desde que en un accidente de automovil muere su marido y ella queda  confinada a una silla de ruedas y todo ello la dessteabiliza psiquicamnente de tal modo que su pequeño hijo es dado en adopción. Una vez presentados los dos personajes, que mantienen una ambivalente relación (se conocierotn en el psiquiatrico), se introduce un nuevo elemento dramático: Jane recibe una invitación de su hijo de diez años que, con motivo de su primera comunión, la invita a asistir a la fiesta y manifiesta su deseo de volver a verla (tebía 3 años cuando el accidente).  Por casualidad es Joey quien lee la carta y convence   a Jane para que le acompañe en un viaje hacia Nueva Orleáns donde vive el niño ,aunque ocultándole la verdadera razón con la coincidencia de que un autor de libros de autoayuda --con la ayuda de  los ángeles-- da una conferencia en ese estado.

La película entra entonces en el género de la "road movie" y aquí es donde el director, el francés Olivier Dahan, se nos vuelve didáctico y abusa de  la dinámica de "la vida es bella a pesar de todo lo malo que nos encontramos y el secreto está en compartir la belleza de las pequeñas, buenas y bellas cosas con las que nos encontramos". Complementan la historia un papelito episódico y algo excesivo de Nick Nolte con el que acaba de bordar el rosario de encuentros y desencuentros de la pareja protagonista,  a la que desde casi el principio se les añade Billie (Madeline Zima), una joven medio destrozada por el abandono y la huida de su marido, que borda un maravilloso papel secundario con el que logra ponerse a la altura de los protagonistas. Y, por supuesto Elias Koteas, un  granuja "simpático" --otro secundario de lujo--que les tima  y muestra una profundidad de autocritica dolorosa que desmiente su amoral comportamiento. Encuentros en los que late el deseo de ayuda y ejemplo, como la pareja de ancianos que hacen un viaje de despedida y sólo le piden a Jane una sonrisa.

En el borde de lo coherente, secuencias mágico-surrealistas como la del Jardín del Edén en la que Nolte, junto a los demás algo pasados de vueltas tras comer todos un pastel...¿de marihuana?, les cuenta la historia del musico negro que vendió su alma al diablo por lograr una música irrepetible una leyenda muy conocida en Nueva Orleans,  (recuerdan a los hermanos Cohen integrándola en su maravillosa "Oh Brother") desbordan en cierta forma la atmósfera realista que exigía un tratamiento más efectivo de la historia (muy mermada ya por los "ángeles" que el bueno de Forest cree ver y que nosotros acabamos de ver también, vaya por Dios). Covertida en cuento de hadas la historia cambia de railes y se nos va a otra cosa, también agradable de ver pero menos  arriesgada y por tanto menos valiosa. Tendencia que ya se pasa absolutamente de medida al incluir las secuencias animadas con pájaros cantores de enorme tamaño. Lástima dice uno, con tan buen arranque... se queda en cuento de buenas intenciones, en el que, pese a todo, brilla la fuerza interpretativa de unos soberbios Renée Zellweger y Forest Whitaker.

Pero adelantemos un soberbio valor añadido: las canciones de Bob Dylan, que van salpìcando la pelicula, dos de ellas interpretadas por la misma Renée, entre ellas la que da titulo a la película, en la que la dolorida Jane cuenta su viaje en busca de la sonrisa de su hijo.

Drama de actores, pues, con un desarrollo irregular y vagamente desequilibrado, que podía haber sido una película memorable y se queda en una agradable y fallida historia sentimental.

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A ratos ameno, a ratos forzado, el drama tiene en sus actores la clave fundamental. Sin el rostro ácido/dulce de Zellweger, o sin la imponente presencia, siempre reconfortante e inquietante a un tiempo, de Forest Whitaker, este drama quedaría más como un indie petulante que como la alegoría sencilla y desarmada que pretende ser. Arropando a la pareja central, sorpresas como Elias Koteas o Nick Nolte, que con facilidad de manual ayudan a los protagonistas a encontrarse, o la epatantemente agradable Madeline Zima, tan perdida ─si no más─ como el resto de sus compañeros de aventura. Nada trasciende más allá de nuestros actos y actitudes inmediatas, y aquí está el truco: cuando abandonamos la sala… a otra cosa, no hemos cambiado. Lástima.

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25 septiembre 2012 2 25 /09 /septiembre /2012 15:11

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Bodrio trhilleresco con las inexplicables ¿o no? presencias de dos actores de la categoría de Bruce Willis y Segourney Weaver. Dirige Mabrouk El Macri, que había logrado interesarnos con su dramática, tensa y realista visión del auge y caída de un actor especializado en películas de acción, Jean Claude Van Damme (al que vimos hace poco mas o menos rehabilitado en "Los mercenarios 2" haciendo de malo, malísimo) con la fuerza documental que supone narrar algo real desde el punto de vista del protagonista real interpretado por sí mismo. Vamos un live Show con el striptease fisico y moral de un ser humano en decadencia total.

Pero en "La fría luz del día", al hombre se le cruzan los cables y nos narra la historia (sucede en España) de una familia en la que el padre (Bruce Willis) supuesto funcionario del consulado de Estados Unidos, es asesinado (a los diez minutos de empezar la película: ¿cuánto le habrtán pagado al bueno de Willis por hacer tan horrendo papel en un lapso de tiempo tan escaso? y su joven hijo (Henry Cavill) debe salvar al resto de la familia secuestrada tratando de devolver un maletín que Willis habia pasado a los malos a cambio de dinero o tal vez formando parte de una operación a tres bandas (no queda claro en la confusión general de un guión sin pies y cabeza). Israelíes del Mossad, mafia rusa, la inevitable CIA u agencias paralelas, la policía española poco amablemente dibujada y la Weaver haciendo de mala medio psicópata pero sin jamas despeinarse (incluso tras un brutal accidente de coche) o cambiar de expresión avinagrada, van montando un filme de persecuciones, peleas y la novedad de la archisabida carrera de automoviles a gran velocidad disparándose entre ellos por las calles del Madrid nocturno, perfilan un filme en el que casi todo es bastante prescindible, desde el guión enrevesado, a las actuaciones francamente olvidables y una dirección que pretende emular los filmes de Bourne y se queda en una historia que hace agua por casi todos los frentes. La localización geográfica española, aparte de imprecisiones geográficas de verguenza ajena, no nos favorece nada, todo está mal filmado, es reiterativo, feo, oportunista y deslabazado. Ahórresenla. Ni para el mercado de dvd. Fans de Willis y Segourney, abstenerse o dejarán de serlo.     

 

 

 

 

 

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