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8 septiembre 2012 6 08 /09 /septiembre /2012 07:01

los-mercenarios-2-cartel4.jpg

Dispóngamse a pasarlo bien. Evidentemente los amantes del cine de "Action hero". A los que les guste Allen, Lars Von triers, Tim Burton o los Hermanos Cohen, mejor que se abstengan. Este es una película para vibrar con destrucciones, mamporros y muchos, muchos muertos a balazos de los más chusco, sonreirse irónicamente o reirse a carcajadas. Porque eso sí, es un película encarnada por actores que se parodian a sí mismos, que hacen guiños incesantes a sus espectadores más fans o demuestran que el paso de los años no les han hecho mejores actores (caso del incombustible Schwarzenegger) o que su buen sentido del humor y olfato comercial les hace montarse en un carro (de carrozas) que no es todavía el suyo (caso de Jason Stathman).

Eso si, es un filme sin trampa ni cartón. Que se ofrece tal como es, sin pretensiones, con mucho cachondeo de sal gorda y que desde los primeros minutos de proyección en los que en un plis plas el grupo salvaje de carrozones de los 80 (con excepción, claro de Stathman) una orgía de musculos aún aparentes pero envejecidos, rostros estirados por el bisturí en los que el tiempo sigue dejando su miserable huella, se dedican a destruir todo un cuerpo de ejército y una población que dejan reducidas a cenizas. Aquí no hay sutilezas ni suavidades estilísticas: cine de acción desmesurado, violento hasta la caricatura y absolutamente  irreal. El tono festivo general, las conversaiocnes entre los envejecidos héroes y las secuencias en las que repiten una y otra vez los tics que les han hecho famosos y envian un mensaje socarrón al patio de butacas: no os creáis nada de esto, lo estamos pasando bien, touts les copains, y sólo os pedimos que suspendáis el sentido común y simplemente disfrutéis con lo que os contamos.

¿Qué tiene "Los mercenarios 2" que no tenga "Los mercenarios 1"? Autoparodia definitivamente descarnada y sentido del humor y de la desmesura sin límites. Por lo tanto, tampoco pasará a los anales del gran cine. Pero creo que a todos los participantes desde Sylvester Stallone, productor con Stathman de la saga, al citado Arnold "Terminator" o Bruce Willys. hasta el director Simon West o los mismisimos espectadores es una cuestión que les trae al pairo. El caso es disfrutar de los guiños de un guión escrito con la mayor irreverencia y sano sentido de la guasa que, por cierto, firma Stallone (no es tan descerebrado como sus actuaciones hacen pensar, cosa que ya sabiamos desde los incesantes "Rocky") junto con Richard Wenk.

¿Qué podemos decir de la interpretación? Por favor, olvidense de eso. Quizá el único actor digno de ese nombre sea Jason Stathman y su precuela Bruce Willys. Los demás, un impagable Jean Claude Van Damme como malo malísimo, el citado Willys que aporta su sabia ironía a un papel episódico, la tarantinesca Jet Li, un increíble Dolph Lundgren que a pesar de su bestialidad acaba por sernos entrañable, Terry Crews que aporta su negritud salvaje o Liam Hemsworth y naturalmente mención aparte para Chuck Norris y el abuelítico Arnold (cuya forma de reirse de sí mismo merece nuestro aplauso y admiración).

Simon West se mueve mejor con la batuta de director que el mismisimo Stallone de la primera entrega, es evidente, aunque hay secuencias en las que parece olvidarse que es una cinta acción/humor y pretende ser solo de acción, como en los viejos tiempos. Paradojicamente eso solo se nota en las secuencias transitivas, las que llevan de una destrucción a otra. "La trama? ¿Qué mas da? Un pretexto poco creíble para hacer crepitar las metralletas, lanzar bombas, provocar incendios y matar a muchisima gente, tantas casi como bañlas se disparan. Diviértanse.

 

 

 

 

 

 

 

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5 septiembre 2012 3 05 /09 /septiembre /2012 15:00

Kokoda_Batallon_39-378412-full.jpgMuy lejos de la magnífica "La batalla de Pachendeale" (que ya comentamos en estas paginas), "Kokoda, batallón 39" vuelve a documentar un episodio bélico que concierne a los australianos, pujante cinematografía bastante honesta en sus planteamientos y de una buena factura técnica (ya incidimos en las secuencias de aquélla pelicula sobre la primera guerra mundial y su indudable inspiración para el gran rey Midas del cine, Steven Spielberg, en su efectista "Caballo de batalla"). En esta ocasión, el director Alister Grierson, nos documenta la famosa batalla de Kokoda en Papúa Nueva Guinea, Polinesia, con el brutal avance de las tropas japonesas que intentaban ganar una posición privilegiada para iniciar la conquista de Australia y asi golpear en su vientre a Estados Unidos. Dicen en la pelicula y posiblemente tienen razón, que aquella batalla y un par más en esa zona fueron la que decidieron la suerte de la guerra en lo que respecta a   Australia, manteniendo el bellísimo continente libre de la zarpa nipona.

"Kokoda" nos habla de un batallón formado por soldados poco avezados para el combate, gentes de la zona (llamados "chocolates" por los altivos australianos, no por ser negros sino simplemente morenos y desde luego de una sociedad muy alejada en cualquier parametro de la "sofisticación" australiana --es decir, mantenían una actitud despreciativa semejante a la que los ingleses mantenían con los australianos--) que casi al precio de su desintegración aguantaron las feroces embestidas de los japoneses hasta que fueron auxiliados por las fuerzas regulares asutralianas, soldados de elite.

La historia se nos cuenta de una manera efectiva pero rutinaria, los actores, desconocidos aquí, no brillan especialmente en sus actuaciones y todo presenta un aire cansino y maniqueo en el que hasta se nos hurta el rostro de  los enemigos. Los japoneses se nos pintan como extraños hibridos de personas y camuflaje vegetal, alejados de toda humanidad pero, eso si , somos testigos de sus brutalidades (como la muerte de un soldado desarmado ante un japonés que le mata ensartandole su bayoneta en un ojo: por cierto en "Pachendeale" la escena inicial es el protagonista clavando su bayoneta en la frente de un jovencisimo e inerme soldado alemán).

Truculencias "gore" en el tratamiento visual de heridas y muertes, y la escatología que provoca la disentería,  que no añaden nada al contenido y un discurso oscilante que, paradojicamente, muestra  bien el sinsentido y absurdo de la vida cotidiana de los pobres soldados metidos en semejante barbaridad. Los exteriores, la selva de Papúa, los rios y las cascadas son hermosísimos.Consuela  un poco tanta miseria, suciedad y penalidades en un ambiente semejante. El heroísmo de los soldados suena un poco redundante y el  triunfo --momentáneo-- no logra conmovernos. Lástima, porque ese episodio bélico bien merece un mejor tratamiento. Y si no, vuelvan a ver "Pachendeale".

 

 

 

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3 septiembre 2012 1 03 /09 /septiembre /2012 07:38

bank.jpgMagnífica película al servicio de un Jason Statham, cada vez más sólido, a pesar del encasillamiento que padece dado su indudable carisma de hombre de acción. Cada vez las similitudes entre Bruce Willis y Statham son más evidentes: ambos son buenos actores a los que la industria del cine tiene sujetos a unos parámetros banales que ellos tratan por todos los medios de superar, simplemente actuando con esa desarmante naturalidad y ese encanto un poco bronco y violento que les caracteriza.

No hay mucha diferencia entre "El gran golpe" y cualquiera de los exitos protagonizados más o menos por Jason, desde la trilogía de "Crank", en las que un cierto sentido del humor bastante bestia crea un saludable alejamiento y perspectiva entre lo que nos cuentan y cómo nos lo cuentan, hasta trabajos tecnicamente perfectos como "The italian job" o la saga de "Transporter".

En este caso se trata de una variación sobre el manido "basado en un hecho real" en el que el subgénero "robo a un banco" se enriquece con elementos que involucran cuestiones políticas, la casa real británica, la prensa, la mafia rusa, los servicios secretos británicos y una humilde banda de delincuentes de poca monta a los que le va demasiado grande el lío en que les meten.

El famoso robo tuvo lugar en 1971 (año de  acción de la película, la ambientación de aquella época es uno de sus logros)y nunca llegó a resolverse de forma satisfactoria, cubierto los hechos de secretos oficiales y distracciones y falsas informaciones en los medios.

Dirige Roger Donaldson con un magnifico guión de Ian LaFrenais y Dick Clement, que sacan punta especulativa a las numerosas lagunas que presentó el caso y diseñan con milimétrica precisión una trama bastante compleja que podría haberse perdido en especulaciones. Los giros sorprenden pero no resultan descabellados y el ritmo es magnífico con momentos de autentica tensión.

Digamos que se trata de una película de 2008 por lo que tendran que acudir al Dvd club para encontrarla, (cosa que les aconsejo) ya que entonces no fue suficientemente valorada bajo mi opinión. Me encanta recuperar cintas interesantes, aunque ya no esten en cartel y haya que buscarlas en las estanterías de viejas películas (2008 está aqui mismo pero es tal la cantidad de estrenos que hasta las del año pasado ya suenan a viejas).

El plantel de actores que acompañan a Jason es uno de esos que no solo ensalzan al protagonista sino que ellos mismos tienen momentos de gran acierto. Por ejemplo la bella Saffron Burrows como la mujer fatal que embrolla todo (aunque luego se redime) y David Suchet, un malo correoso y malvadísimo que mantiene no obstante su humanidad en algunos momentos, solo mostrando sus debilidades (me sorprende siempre la calidad de los actores secundarios británicos: no tienen desperdicio).

La clave crítica de la película sobre la sociedad, los medios, los poderes y los politcios británicos de la época es descaradamente dura, a veces transitando un poco por la caricatura del exceso, pero resulta refrescante en su visión de las contradicciones internas del país,si las comparampos con el efecto politicamente correcto de los Bond 007.

Pelicula interesante que merece un visionado aunque sea para comprobar una vez más que el marketing del cine a menudo estropea exitos de peliculas que se lo merecen más que la mayoría de las que gozan de lanzamientos espectaculares. ¡Bien por el cine british de la serie B!

 

 

 

 

  

 

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1 septiembre 2012 6 01 /09 /septiembre /2012 09:02

piratas-cartel.jpg

Por favor, no se la pierdan. Es una pasada con toda la gracia gamberra de las películas de "Wallace y Gromit" o de la fabulosa "Chicken run, Evasión en la granja", rodada con las tradicionales técnicas de "stop-motion" (en este caso con ayuda de elementos digitales perfectamente integrados en la maravilla de detalles que nos muestra una cámara tan divertida y ocurrente que parece un miembro más de la pelicula), personajes realizados con plastilina y fotografiados gesto a gesto. Imaginativa, deliciosa, con un humor sano, atrevido y gozosamente crítico y una perfección técnica asombrosa. Guión perfecto, personajes desternillantes, secuencias de acción llenas de guiños a los cinéfilos y un tratamiento de los personajes históricos de una saludable irreverencia.

Para que vayamos haciendo boca de esa irreverencia extendida a toda la película, desde los personajes ficticios a los "reales" (una reina Victoria convertida en maniática degustadora de manjares prohibidos y absurdos, el hombre Elefante desprovisto de su tragedia, Jane Austen o Charles Darwin y los científicos convertidos en charlatanes dominados por sus egos y sus locuras) nada más empezar la película vemos un letrero de situación y por un "descuido" de la cámara a un "miembro del equipo técnico" de la película que trata de ocultarse tras haber mostrado el cartel. Delicioso.

Comienza en 1837.  Como en "Asterix y Obelix" se nos informa  que todos los mares están controlado por la flota británica (no romana, claro). Con una excepción; los lugares donde dominan los piratas, una clase de individuos que produce ataques de ira a la soberana. Pues precisamente uno de esos irreductibles corsarios, el pirata Capitán, está a punto de entrar en la vida de la Reina debido a sus esfuerzos por llevarse el título de Pirata del Año. Y aquí comienza la larga secuencia de la presentación de los piratas que desean llevarse el galardón que transcurre en la isla de los piratas, una especie de Isla Tortuga donde todos los excesos están permitidos bajo la ley de la bandera negra de la calavera y las dos tibias cruzadas.  

Esta joya del cine de animación pertenece a la factoría británica Aardman comandada por Peter Lord y Jeff Newirr, en esta ocasión, basándose en una serie de libros cómicos de Gideon Defoe que arrasan en el mundo anglosajón(también firma el guión de la película).

Esta delicia a nivel visual, llena de inteligencia y cachondeo, es una nueva demostración de mimo artesanal por parte de un equipo de artistas en permanente estado de gracia que regala escenarios llenos de detalles, personajes tremendamente expresivos y un color dinámico que recuerda las viejas peliculas de piratas de la Warner. La narración es coherente y detallista, vivaz, empapada gracia elegante y compleja hasta la excelencia que se desborda desde el argumento lleno de ingenuo candor y una salvaje ironía que parece surgida de los Monthy Pyton ─todo muy british, of course-- .

Me he reido con ganas y la satisfacción resultante coloca a "Piratas" en la estela y nivel de obras maestras de la animación como "Up", "Walle-e" o "Rattatouille" (aunque no es propiamente animación de dibujos)

A mi parecer más lograda que sus predecesoras citadas dirigidas por Peter Lord y Jeff Newitt, la película bucea en el imaginario cultural e histórico de los ingleses, desde Darwin y el Beagle, la reina Victoria, el pajaro Dodo y un Londres victoriano donde uno espera ver surgir a Sherlock Holmes o al Destripador. La gracia ingenua del Pirata Capitán (cuya voz en inglés es la de Hugh Grant) y su tripulación, forman un divertido grupo de muñecos, a cual más rompedor, que nos darán motivos de jolgorio, diversión y asombro.

La pasmosa perfeccion de los muñecos, sus gestos y la animación, unida a un tratamiento irónico y lleno de humor de los personajes, logran  montar una autentica fiesta, en la que el espectador debe observar minuciosamente los fotogramas en los que no hay detalle sin importancia, desde los decorados y fondos, llenos de gracia y justeza documental, hasta los mas minimos detalles y movimientos recreados por todos los personajes en escena, desde los protagonistas hasta loos secundarios (por cierto, qué gran elenco de secundarios, todos merecedores de aplauso, desde el mono inteligente y mudo (una especie de Buster Keaton) que acompaña a un Darwin bastante menos inteligente, por cierto fisicamente idénticos,--guiño antropológico de la película--, hasta la impresionante reina Victoria, pura maldad gordinflona, o los miembros de la tripulación, con especial hincapié en el marinero con casi todos él reconstruido con piezas de madera y hierro o el lugarteniente del Capitán, pura entrañable dignidad, o la mujer que se hace pasar por varon pirata ("pirata de increíbles curvas", la llama, socarrón, el Capitán) y, por supuesto, el pájaro Dodó, una especie de pájaro rechoncho y de enorme pico, símbolo de Oxford y popular gracias a la novela de Lewis Carroll “Alicia en el País de las Maravillas”, que se extinguió por su incapacidad para huir de los cazadores que sólo querían de él sus plumas para adornar los sombreros de las damas de Oxford Street. Es el único ejemplar que existe (el Capitán lo cree un extraño loro) y el origen y causa argumental de la película.

Y, desde luego, no se levanten cuando acabe el filme y comienzan los titulos de crédito. Observen con atención las diversas paredes que nos muestra la camara como fondo, y los objetos, carteles y cuadros que ven apareciendo. Son unos minutos más de humor inteligente, burlón e irónico. Debería llevarse el Oscar a la mejor pelicula de animación. De veras lo merece.    

Queda claro que la animación stop motion,  que parecía condenada a desaparecer, va a vivir una nueva vida de éxito. La ayuda de las tecnicas digitales de animación ha sido un soplo de energía y ha agilizado el costoso y lento proceso habitual de la Aardaman, dinamizando el resultado y dándole un superior encanto. Créanme, no se la pierdan.

 

 

 

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30 agosto 2012 4 30 /08 /agosto /2012 07:46

elefante-blanco-cartel.jpg¿Qué dosis de cochambrosa, cruel, lacerante realidad está dispuesto a aceptar en una película? El argentino Pablo Trapero (ya les he confesado en más de una ocasión el respeto que se va ganando el cine argentino en mis comentarios) nos trae a colación el asesinato de un cura obrero, el padre Múgica, en Argentina el año 1974, para hablarnos años después de otros dos curas (soberbio, como siempre, Ricardo Darín y a su sombra, Jerome Renier) que se dejan dia a dia la vida en una imposible lucha contra la corrupción y la miseria en una barriada marginal del gran Buenos Aires, ante la violencia del narcotráfico, las bandas callejeras y una policía establecida como brazo represor y violento de la ley de la diferencia social.Con un inicio impactante, primero el primerísimo plano de la cabeza de Darín sometiéndose a un scanner cerebral y como contrapunto la desesperada huida de una matanza de indígenas en el Amazonas con el otro sacerdote, Renier, cuya "culpa" por haber sobrevivido a la gente que amaba y es  tan cruelmente destruida, es uno de los aciertos de la complejidad del personaje, que no logra mantener su fuerza interior y termina siendo devorado por un desarrollo argumental y una interpretación desvaida, que lo deja convertido en mero traspunte testimonial.

La miseria, la barbarie, la lucha interminable de unos pocos por el bienestar y la supervivencia de una masa humilde y necesitada, a veces indignada y siempre reprimida, las luchas en el seno de esa sociedad elemental, las drogas, los matones, las venganzas, forman un caldo espeso en el que la película trata a duras penas de no naufragar.

El duro final, la creación de un nuevo mártir, la falta de compromiso auténtico de la jerarquía eclesiástica, la soledad profunda de esos dos hombres y los pocos seglares que les ayudan, dejan un regusto amargo en el espectador, aunque sin llegar a mantener la fuerza testimonial del arranque. Todo sigue igual. Siempre habrá injusticias demenciales, miseria y horror. El consuelo relgioso es solo eso, un consuelo, cada vez más desvaido. Solo queda el coraje y la fuerza de esas personas que se sacrifican y lo sacrifican todo por una solidaridad que casi nunca es entendida y valorada, en un clima callejero de conflicto y violencia permanentes con diversos orígenes.

La subtrama amorosa entre el cura francés y la asistente social da un tono de humanidad y comprensible debilidad personal a la película, sin llegar a cuajar en el drama intimo que lograba inquietarnos en "El poder y la gloria", de Graham Greene, por ejemplo. Esa historia secundaria -- a mi entender poco pertinente-- empalidece frente al gigantesco y profundo drama de Julian, Darin, cuyas dudas y rabia interior deslumbran por su autenticidad (todo en Darin es auténtico, menudo monstruo de actor) como indignan la desidia de los gobernantes, el olvido y la marginación que se derrama sobre tantos seres humanos, en el umbral de la sociedad cómoda y desarrollada que les rodea, la rutinaria actitud de la iglesia o la aplicación de la violencia desde todas las direcciones como una forma necesaria e inevitable de relación.

"Elefante blanco", nombre del esqueleto de un gran hospital para los menesterosos que jamás llega a terminarse, es la metáfora hiriente y vergonzosa de un sistema politico y social que nunca cumple las expectativas que genera, aunque especialmente en la dirección de los más desfavorecidos. Todo deviene en la película un "elefante blanco" monstruoso en el que se instala el infierno de la miseria y la violencia. En ese oscuro y fatídico engranaje trata de sobrevivir la luz de unos pocos, la labor desinteresada de los dos curas y los que le ayudan. Martina Gusman se mete en el poco airoso papel que le dan y el resto descansa sobre los hombros de Ricardo Darin, que salva y enaltece esta difícil película de visión obligada para conocer una situación que resulta familiar en muchísimos países de esta sociedad humana imperfecta de principios del siglo XXI.

 

 

 

 

 

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28 agosto 2012 2 28 /08 /agosto /2012 07:17

 

excursiones-6076.JPG

 

Fuerte y exigente subida al Montsagre de Horta por el histórico sendero de la Escalerola (con un pasado legendario de camino vecinal entre Horta y Pauls), con su paso algo expuesto sobre la roca, entre paredes verticales, no apto para personas con miedo a las alturas , a pesar del cable forrado que montañeros piadosos han instalado para ayudar a los más tímidos. No obstante y dadas las condiciones del sendero, creo que es preciso tener en cuenta el estado del tiempo antes de acometerlo. Ni en jornadas de lluvia o en las que sople el fuerte viento de estas tierras es prudente hacerlo.

El pueblo de partida es fronterizo con el Matarraña y forma parte de la Terra Alta tarraconense. Está a 363 m de altitud y se llama Prat de Compte. En la carretera nueva que une ese pueblo con Horta de San Juan, entre los km 24 y 23, veremos un desvío (a la derecha viniendo de Horta o la izquierda desde Prat) junto al barranco de Engrilló. El desvío está junto a una encina enorme y es una carretera rural asfaltada que se dirige directamente hacia los roquedales del Port por entre masías abandonadas, una granja en activo y terrenos cultivados, olivos y pinos. Menos de dos km de asfalto y comienza una pista de tierra recién arreglada y afirmada que sigue subiendo hacia el sur superando los desniveles del barranco citado, hasta un punto (Viloubás) donde pdoemos dejat el coche junto a unos cobertizos de piedra seca en buen estado, cerca de una balsa, un poco mas abajo a la derecha. A unos metros después del desvío a la balsa hay una fita que marca el comienzo de un estrecho sendero que se adentra en  el bosque. Enfrente nuestro, por encima de los árboles vemos los roquedales y cortadas del Salt adonde nos dirigimos por un camino cada vez más en pendiente (hace unas semanas, la pista se hacia impracticable unos 200 m antes). Estamos a 550m de altitud y ya podemos poner nuestros cronógrafos en marcha.

Lo primero es cruzar el barranco de Engrilló ( algún conocedor de este lugar me habló de torrentera de agua en años lluviosos, ahora está totalmente seco) y seguir un sendero cada vez más empinado que está señalizado con fitas de piedras y alguna que otra señal  de pintura roja. Nos rodea un bosque de encinas, algunos árboles frutales descuidados de la época en que todos estos lugares estaban habitados, y cruzamos un lugar más despejado llamado la solana de Mateu. Parece que en tiempos había por aquí una fuente (Sant Miquel o Bruna) de la que sólo quedan juncos y vegetación de ribera, pero ni rastro de agua. Senderos de labranza, carboneras y bancales de cultivos abandonados limitados con esos trabajosos margenes de piedra seca que uno encuentra por doquier. Nos encontraremos con un primer "eco" de grandes bloques de piedras --caidas de los cingles que nos rodean como murallas ciclópeas--, el sendero las evita y se enfila bravamente hacia lo alto, cruzando una fita pentagonal con las siglas MP.

Llegamos a una tartera de tierra y piedra descompuesta, empinada y algo resbaladiza que hemos de subir en diagonal (unas fitas nos orientarán para subir por el lugar menos arriesgado) hasta llegar a un punto en que nos desviamos a la izquierda bajo una roca puntiaguda. A nuestra izquierda, al pie de la pared blanquecina, hay fijado un cable forrado con cuya ayuda podemos subir, apretándonos contra los angulos de la roca, con una no muy alta pero vertical caída. Es el paso de la Escalerola, quizá el más delicado de la excursión. Es un paso estrecho, un poco aéreo, labrado en la roca calcárea y que hay que pasar con cuidado y atentos (poco recomendable con lluvia o viento fuerte, como dijimos). Más adelante tras unos minutos de desnivel fuerte llegamos a un paso entre rocas, una hendidura oblicua  y estrecha que merece una de las fotos más preciadas de la excursión. Seguimos subiendo con alguna que otra pequeña grimpada entre las rocas. El sendero mantiene la subida porfiadamente entre pinos negrales y se desvia a la derecha hasta llegar a la cabecera del barranco, un coll que roza los 1000 m de altitud. Desde ese punto la vista del barranco es muy hermosa y al fondo disitinguimos las tierras de Horta. Al otro lado, la mola Grossa, los pinares que la rodean, la pista que proviene del Prat y que lleva hasta el estanque de la Refoia, en el coll Roig,( del que hablamos no hace mucho en otra excursión) Estamos en los valles interiores del Montsagre, de donde parten numerosos senderos que lo cruzan en todas direcciones y llevan a Horta (por la bajada de Valero o la subida de la Mala Dona) hacia las Rocas de Benet por Arnes o, por el otro lado hacia Pauls o Alfara de Carles y en tierras de Beceite hacia Fredes.

Llegamos hasta el coll llamado del Avion (por lo visto hubo alli un accidente aéreo hace muchos años) y el sendero se dulcifica cresteando por terreno esquitoso, piedra gris destelleante, sin vegetación, hasta llegar a famoso Pilón o tosal de Engrilló con un vértice geodésico, una gran panorámica en todas direcciones y una caseta de vigilancia de incendios. La vista es muy hermosa y en dias despejados podemos ver a los lejos algunas cimas pirenaicas y en el valle  la extensión azulada de la terra Alta y las del Matarraña, con los pueblos blancos aislados, Calaceite, La Fresneda a lo lejos. A nuestros pies, la Mola de Atans, muy cercana, la bifronte punta del Agua y los Montsagres. Desde aquí podemos ir a buscar la bajada de Valero que nos lleva a la pista que por un lado, yendo hacia la derecha, a unos tres cuartos de hora, nos llevará al punto de origen. A la izquierda la pista nos dejaría en un punto muy cercano desde donde se accede en coche desde Horta si hemos tenido la precaución de dejar un coche en ese lugar antes de ir. con otro, al lugar mencionado de la carretera a Prat.

Los más audaces pueden desde el coll cercano a la ya citada cima de Avion, bajar una empinada cuesta hacia el barranco, giraremos hacia el sur frente a dos cingles de paredes verticales, en cuyo punto de encuentro cruzaremos frente a un pozo cubierto con una reja (pozo Rec) que nos lleva a la balsa de la Refoia (la más grande los Ports), caminaremos por la solana de la Refoia (hacia el noroeste) hacia la cresta de la Punta del Ortigó. Allí mismo comienza el Canal de l'Esterrosall  (justo bajo la punta de L' Esterrossall (de 900 m) que marca un camino poco apetitoso entre dos paredes brutales y una presumible caida en picado. Pero no es así. Bajamos a un sendero estrecho que va hacia la izquierda, justo junto a la pared del cingle. Comienza una bajada con algun punto de desgrimpada. Hay que estar muy atento y evitar empujar rocas que puedan herir a quienes van debajo nuestro. La bajada impresiona y tiene la fuerza ciclópea de los grabados de Alberto Durero. Ojo con la encina enorme que parece colgada del barranco, allí hay que dejar la tartera (que se despeña pocos metros mas delante) y nos desviamos a la derecha hacia la pared de otro cingle. Abandonamos la primera  canal y vamos a buscar la segunda que nos llevará al pie de un segundo single por una tartera que requiere toda nuestra atención hasta dejarnos a pie de pista. La seguimos hacia la izquierda y comienza una larga caminata en lazadas hasta llegar al lugar donde hemos dejado el coche. Calculemos unas 4 horas para hacer la vertiente de Valero (en caso de tener dos coches) y casi 5 para la opción del Canal de L'Esterrossall.  Belleza y emociones a tope en ambos. Asegurado

 

 

 

NO SE PIERDA

El pueblo de Prat de Compte. merece una visita atenta y tal vez una comida en la  fonda  situada en la entrada de la población, no muy lejos del centro de información de los Ports, donde facilitan información de las numerosas excursiones que se pueden hacer por la zona.  Uno de los puntos más agradables es la ermita de la Fontcalda, al pie de las pozas del rio Canaleta (que bien merecen un baño) al que se puede llegar aprovechando el trazado de la Via Verde o el paseo circular por el Vall de la Jepa. Si hace esta excursión por los días de la Virgen del Pilar en octubre, no se pierda la fiesta del Aguardiente. El pueblo tiene fama por sus destilerías y la calidad de su aguardiente.

 

 

DOCUMENTACION

Como de costumbre hay que recurrir los mapas de Els Ports 1:30.000 editados por Piolet, el del IGN de Horta de San Juan o los mapas de la terra Alta editados por ICC. Aconsejo también el librito "Guia de Prat de Compte" de Joan Hilari Muñoz, editado por la Diputación de Tarragona y que están disponibles en librerías especializadas y en la Librería Serret de Vallderrobres.

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25 agosto 2012 6 25 /08 /agosto /2012 10:43

prometheus-cartel2.jpg

 

"Alien, el octavo pasajero" constituyó una memorable fita en el camino de perfección de las películas de ciencia-ficción. Dirigida por Ridley Scott, el mítico director de "Blade Runner" (otra obra maestra del género) o la eficaz "Gladiator", nos llevaba a bordo del "Nostromo", una nave espacial dirigida por oscuros intereses de grandes corporaciones, a un lugar sin esperanza donde el terror era sabiamente dosificado y se creaba una atmósfera de pesadilla servida con una escenografía dantesca, un monstruo de una maravillosa maldad natural y de una presencia exquisitamente brutal (una mezcla de gigantesco lagarto-serpiente humanizado con letal armazón telescópico en las fauces siempre babeantes)  dentro de la enormidad de su diseño. Servida además por actores en estado de gracia, desde la dura y atractiva teniente Ripley (Sigourney Weaver) a John Hurt el vulnerable primer huésped del terrorífico espécimen o el androide Hash encarnado por Ian Holm (que años más tarde sería Bilbo Bolsón en "El señor de los anillos"). Fue "Alien" una de esas películas que marcan un "antes" y un "después" en la historia específica del cine de género, dejando su impronta en generaciones posteriores de directores y filmes.

Pues bien, "Prometheus" es el fallido intento de ese mismo director Ridley Scott de realizar una película que fuese la madre generativa de un nuevo impulso a la ciencia ficción en particular y al cine en general. Le ha perdido la desmesurada pretensión filosófica. Ahí es nada, responder a preguntas clave para la humanidad como, ¿quienes somos?, ¿de donde procedemos? ¿Quienes fueron nuestros creadores?,lejos del darwinismo común o de la respuesta religiosa. Todas quedan subsumidas en otra,  ¿por qué intentan destruirnos nuestros creadores?, con lo que nos hurtan las preguntas trascendentes para pasar a la intencional, que genera la trama ya banal.

Asombra la chocante debilidad  de Scott al contagio de su anterior obra maestra. "Prometheus" es una precuela no confesa de "Alien", con mayores y mejores medios técnicos cinematográficos, un guión que se complica y se vuelve oscuro  y banal a medida que transcurre la película, firmado por Damon Lindelof y Jon Spaiths, una escenografía delirante que no logra superar la asfixiante de "Alien" y un desarrollo de la trama que, con la excepción de alguna secuencia particularmente dura pero eficaz (como la cesárea de la protagonista), reitera elementos argumentales como el de la traición del androide encargado del control de la nave (en este caso un impecable Michael Fassbinder, que termina descabezado como su homólogo en "Alien") el sexo del indiscutible protagonista, en este caso Noomi Rapace (una excelente elección) y otros que no vamos a desvelar.

La evidente voluntad de dejar la obra abierta para la inevitable segunda parte hace que "Prometheus" a pesar de su innegable belleza formal (el espectador archivará en sus recuerdos algunas de las imágenes más bellas e impactantes de la ciencia ficción, tras ver esta película) produzca una sensación de "dèja vu", de algo ya visto, aunque envuelto en un lujoso y llamativo envoltorio. Así, las secuencias de apertura de la película tienen la dramática belleza de una obertura wagneriana, aunque los personajes no logran atraer el interés o la empatía del espectador, tal vez contagiados por la frialdad de la propuesta. Tanto Noomi como Fassbinder (el robot David) y la inquietante Charlize Theron, se llevan todos los méritos y no deja de ser curioso que tanto el robot humanizado como la hija del patrocinador de la expedición, Charlize, sean dos prodigios de frialdad e insensibilidad. Eso se contagia al espectador que, aun seducido por la forma despampanante del producto, termina pensando "muy bien ¿y ahora dónde vamos? indiferente ante el fin de la historia.

La suerte de la "Prometheus" no nos conmueve como lo hizo la "Nostromo" de la teniente Ripley que, por cierto, también acaba embarazada del monstruo en otra entrega de la saga, vaya por Dios, aunque Segourney no recurre a la cesárea.

Para los cinéfilos,hago especial mención a la secuencia del androide David (Fassbinder) seducido por la película  "Lawrence de Arabia" de David Lean, imitando a Peter O'Toole en sus gestos, su voz y sus frases, mientras en la nave "Prometheus" todos los tripulantes humanos duermen a la espera de un terorrifico despertar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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23 agosto 2012 4 23 /08 /agosto /2012 09:44

 

 

Juan Villoro es uno de los escritores hispanoamericanos más brillantes de esta última generación que sigue a aquélla que tiene como maestros indiscutibles a los que vivieron el  famoso "boom", Vargas Llosa, García Márquez, José Donoso, Carlos Fuentes y tantos otros. Villoro está más cerca de nuestro hoy literario, como Volpi, por ejemplo. Goza de un estilo irreprochable, una inventiva deslumbrante y un dominio del idioma que aumenta nuestro amor por la palabra escrita y las provocadoras posibilidades de nuestra lengua, el español, en torno a las ubres generosas del idioma cuando fructifica allende Europa, al otro lado del océano. A ese respecto permítanme recomendar a la editorial de Villoro, Alfaguara, (defecto no tan visible en los libros de Volpi u otros hispanoamericanos) que no sea tímida y añada a las ediciones que se venden en España unas simples notas a pie de página para aclarar ciertos modismos mexicanos, giros y frases hechas que sumen al lector de aquí en perplejidades innecesarias. Esas aclaraciones enriquecen el idioma, no lo desvalorizan. No siempre uno se entera de lo que lee cuando, por ejemplo, se enfrenta a "huicholes siguiendo a su maracame"  o "se adentró en un terreno de mezquites y huizaches" (págs, 73 y 74). Podrían decirme que para eso están los diccionarios de americanismos, pero ¿cuesta tanto facilitar al lector que entienda lo que lee y pueda seguir absorto en las páginas de "La casa pierde"?

Porque realmente este libro de relatos engancha. Uno rastrea el inconfundible regusto literario de un Faulkner o un Hemingway (aun siendo tan distintos, notamos su benéfica y común influencia en Villoro) en los endurecidos y desvalidos, vulnerables, personajes de  este escritor mejicano (al parecer de origen aragonés, ¡y del Matarraña para mayor abundamiento!) que suele usar de un estilo directo, áspero a veces, con un sutil sentido del humor sin contemplaciones pero donde suele resonar esa compasión difícil que guardamos para los eternos perdedores, hombres y mujeres que mantienen el gesto adusto pero digno, casi nunca lloran o se quejan y viven hasta el fin tratando de no traicionarse demasiado.

El libro que comentamos es una reedición del premiado en el 2000 y que afianzó la carrera de este escritor. Y no es para menos, qué riqueza de personajes, de escenarios, situaciones, argumentos, estilo. Reconozco que me fascina más la faceta de escritor de relatos de Villoro que la de novelista (cosa que me ocurre también con Faulkner y con Hemingway). La condensación dramática y estilística del relato, su forzada brevedad y su economía de medios hace verdad la frase de Bloom sobre el mayor grado de exigencia y perfección que exige el relato sobre la novela. Y Villoro juega en la Liga de Campeones (perdonen la metáfora deportiva, tan queridas a este escritor que no puede --ni quiere-- disimular su historial de periodista deportivo).

"La casa pierde" es, a mi gusto, uno de los mejores relatos del libro y da título al volúmen. La fuerza evocativa de "Terrales" el lugar donde nadie quiere estar, el pueblo de paso, junto  a la dramática presencia del protagonista, el Radio, y la larga descripción de una partida de cartas ruinosa, con su secreto añadido, tiene momentos de una sencilla y contundente aspereza realmente magistrales.

  Le sigue a este relato en calidad "Campeón ligero". En él, Villoro nos habla del boxeo, del periodistas que viven a la sombra de los campeones, del enrarecido ambiente de ese deporte y en concreto de un campeón que sólo lo es por ser un fajador que se autocastiga en el ring por un crimen que no cometió. Tanto en este relato como en "Corrección", un agudísimo retrato del mundo literario, el narrador nos habla de su envilecimiento a través de la amistad extraña, compleja, con otro hombre (el boxeador en el primero, un escritor de talento, en el segundo). También en "El domingo de Canela" se da ese recurso de Villoro hacia unas  indefinibles amistades masculinas, tensas, duras, llenas de oscuridades y malentendidos, mientras que permite que veamos las interioridades de ciertos amores y relaciones sentimentales que transitan por caminos de pérdidas y de soledad.

En muchos casos, un tipo de amor violento, vampírico a veces (lean "La estatua descubierta" o "El anillo de cobalto") en otras engañoso, casi en clave de comedia o triste vodevil ("La alcoba dormida") permiten calibrar la escéptica y desencantada visión realista del escritor sobre el fenómeno amoroso y sus variables formas. Otros relatos, "Coyote" o "El extremo fantasma" sugieren mundos muy concretos, el viaje iniciático al desierto en busca de peyote (parece una parodia del Castaneda de los setenta) en caso del primero y el cerrado circuito de un equipo de fútbol y los intereses que le condicionan, en el segundo. Dos relatos con un disgregadora técnica común; en el primero es la lucha del protagonista contra un coyote en la soledad del desierto, y en el segundo, la misteriosa singularidad del lugar donde se desarrolla, esa Punta Fermin, seguramente el origen del "resort" mexicano de la última novela de Villoro, "Arrecife".

Para acabar, "Planeta prohibido", en el que Villoro aplica su irónica y acerada crítica al ambiente universitario norteamericano  visto por un desorientado profesor hispano, así como en "La estatua descubierta" parodia el ambiente diplomático y los tópicos que rigen en ese mundo hacia Hispanoamérica.

Libro muy justificadamente recuperado en la obra de Villoro y un racimo de relatos recomendables que dejan clara la valía de este escritor.

 

FICHA

"La casa pierde". Juan Villoro. Alfaguara, 2012. 295 páginas. 18 euros. 

 

 

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20 agosto 2012 1 20 /08 /agosto /2012 07:41

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Pelicula delicada e intimista, lenta, plena de sugerencias y un dulce respeto de actitudes, en la que los sentimientos brillan en la mirada de una mujer o en el rictus de un hombre, en torno a un amor imposible que aquí deviene una historia tan melancólica como el piano que puntea muchas secuencias o la voz increible de Oum Kazum, la cantante egipcia muerta hace muchos años, en 1975, pero aun presente y viva en el imaginario popular arabe. 

Juliette, (Patricia Clarkson) es una mujer casada que viaja a Egipto para encontrarse con su marido Mark, funcionario de las Naciones Unidas. Su marido está trabajando en Gaza en un campo de refugiados y no puede salir de alli debido a los disturbios. Para recoger y acompañar a su mujer Mark pide a un amigo egipcio, Tarek (Alexander Siddig) que la cuide hasta su regreso. La directora de esta cinta, la canadiense de origen arabe Ruba Nadda, mantiene una exquisita discreción en una trama en la que la delicadeza y la idiosincracia enfrentada de los protagonistas juegan una baza exótica en una tensión emocional que recuerda el "Breve encuentro" de Davis Lean o "Los puentes de Madison" de Eastwood. El melodrama está servido, pero lo hace con una suave empatía por la soledad y la ilusión amorosa de una mujer madura que se siente renacer y rejuvenecer ante el cuidado, el respeto y la indudable atracción de un hombre que despierta los ecos sentimentales de su corazón.

No hay momentos de tensión, celos, vulgaridad o violencia interior. Todo transcurre con la cadencia de una sonata de Chopin, forjando una `película que se ve con agrado aunque está muy lejos de sus modelos evidentes. El  Cairo, Alejandría, el Nilo, las Pirámides ofrecen un declorado luminoso y colorista para una atracción amorosa que huye de los clichés desesperados de "El paciente inglés" por ejemplo, pero que aprovecha con parecida habilidad la indudable belleza y sugetión de ese país inolvidable.Es quizá la historia de una bella tentación que no se resuelve en ningún  momento pero que abunda en detalles exquisitos del reprimido amor de una pareja que sólo roza el misterio de la entrega. Cada uno de ellos, encierra la vivienvia en lo más profundo, aceptando el fin y el desarrollo de ese amor no nato y también la continuación de la vida de cada uno al margen de ese seuaño entrevisto apenas: la relación de una pareja que rozó le tensa satisfacción de la pasión durante el breve lapso de dos semanas.

Maravillosa actuación de Patricia Clarkson, que da vida, sensibilidad e inteligencia a un rostro aparentemente frío y distante pero que compone en sus miradas, en la leve sonrisa, todo un catálogo de emociones y sentimientos femeninos. Hay una gran elegancia en la manera en que la directora sortea y evita situaciones que podrían empujar la trama en una dirección de conflicto: las secuencias del beso rozado  ante el ascensor, la breve estancia en la habitación en la que con una simple mirada  de pasión compartida pero refrenada se evita lo que parece inevitable y la despedida final en el hall del hotel ante el marido llegado por sorpresa, dan una medida de la habilidad narrativa de esta directora. Un regalo para los espectadores /as románticos, que añoran la vieja delicadeza en las relaciones amorosas.

 

 

 

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17 agosto 2012 5 17 /08 /agosto /2012 07:25

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Katniss (Jennifer Lawrence) y Peeta (Josh Hutcherson) son los dos elegidos jovenes adolescentes para representar a su distrito en un juego letal al que deben prestarse los habitantes de Panem (que fueron los Estados Unidos antes del holocausto) en castigo por haberse rebelado contra el distrito central. El país en ese futuro indeterminado es una dictadura militar con una sociedad minoritaria sofisticada, ociosa y depravada que viven del poder y el resto del país en el que la miseria, el hambre y el miedo son el estado habitual. Heredera del "1984" de Orwell, la propuesta de la saga novelesca escrita por Suzanne Collins se centra en la violencia, la juventud, el valor y el amor como elementos principales.

En la brillante, aunque rutinaria y algo irregular versión cinematográfica de Gary Ross, se percibe la intencionalidad comercial de constituir una saga que recoja el listón de Harry Potter o de la blanda trilogía vampírica del Crepúsculo. No le faltan méritos desde luego, aunque la mediocre categoría de la trama y la linealidad psicológica de la mayoría de los personajes serán más observables y enjuiciados por los adultos cinéfilos que por los jovenes y adolescentes que vibren con el valor y la pericia de la sin par Katniss y los elementales sentimientos y emociones que reflejan tanto ella como su ambivalente compañero.

    Está bien descrita la fuerza aglutinante y globalizadora de unos Juegos marcados por la supervivencia, la violencia y la muerte, fotografiados al milimetro, por camaras omnipresentes en un show live realizado en un mundo controlado virtualmente desde el centro de poder (al estilo de la inquietante "El show de Truman. Una vida en directo", de Peter Weir"). No tanto la figura del líder de la nación, un engañosamente cordial y familiar Donald Shuterland, en realidad manipulador, cruel, soberbio y amenazador. En resumen una versión potmoderna con moda "retro" del "Panem et circenses" propuesta por los romanos, donde el pan es exiguo y el circo brutal. No entra en más honduras sociopoliticas la película: es un entretenimiento, no lo olvidemos. La critica feroz contra la represión totalitaria y el miedo en la novela de Orwell "1984", brilla aquí por su ausencia y las figuras de poder devienen estereotipos ya gastados por el uso.

El problema es, como casi siempre ocurre con este tipo de obras, el exceso de metraje. Dos horas y media dan para mucho si son utilizadas con sabiduría. Aquí nos sobran muchas escenas del principio, redundantes, la mitad de las de las persecuciones en un escenario manipulable, en el que se controlan desde el tiempo atmosférico, hasta los incendios o la presencia de criaturas monstruosas. También en la conclusión se debilita el tono argumental con tal de buscar el final feliz (aunque abierto) y se suman algunas reiteraciones que marean al espectador no entregado. Tampoco la elección del casting es muy adecuada, especialmente en la figura del héroe (un poco descafeinado el amigo Joss) aunque sí la simpatica contundencia física y la actitud desabrida de Jennifer (la credibilidad del cambio de actitud amorosa es poco creíble). Ayudan algo a la fuerza del filme las aportaciones de Woody Harrelson (un poco pasado de vueltas al principio), y el histrionismo de Stanley Tucci y Toby Jones (amigo, lo que hay que hacer para seguir saliendo en el cine) y sobre todo el citado Shuterland (que sigue haciendo papelitos insignificantes a los que dota de la fuerza de su rostro irónico, agudo y algo malvado).

En resumen una alegoría de fuerza política contra la represión y la falta de libertad (muy suavizada por el tono de película de aventuras) y un alegato en contra de los "reality show" con su carga de indignidad y manipulación emocional descarada, al servicio de los más bajos y vulgares instintos. Como dice el cínico Donald Shuterland en una escena, "Al pueblo hay que darles un rayo de esperanza, pero breve, nunca demasiada" y seguir manteniéndolo en la brutalidad de las necesidades basicas nunca satisfechas del todo pero, eso sí, con acceso universal a las grandes pantallas de televisión donde mostrarles los mensajes implícitos que la dictadura cree más efectivos.

Escenas de acción con sabor de videoclip, fotografía fría y distante para mostrarnos a la sociedad poderosa y decadente del Capitolio, en contratse con los tonos oscutos y la fealdad de la miseria entre los tristes y atemorizados habitantes de los distritos sometidos. Ritmo desigual entre las persecuciones y las secuencias de amor, amistad o ternura (algunas sentimentales en exceso como la de la adolescente compañera de la heroína). En suma un producto realizado con profesionalidad, destinado a la mayoría joven que abarrota las salas de cine en busca de diversión y entretenimiento con una cierta calidad argumental y técnica.

 

 

 

 

 

 

 

 

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