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15 agosto 2012 3 15 /08 /agosto /2012 08:01

nabokov.jpg

 

Editada por Duomo-Perímetro, este libro "El encantador. Nabokov y la felicidad" de la iraní exiliada Lila Azam Zanganeh, es un híbrido entre novela y ensayo literario. Es decir, más que un argumento novelesco se nos habla de una joven lectora, de inteligencia y sensibilidad privilegiadas, enamorada platónicamente del novelista Vlaidimir Nabokov. Las lecturas e investigaciones biográficas que ésta realiza sobre la fascinante figura del escritor ruso, forman el entramado de este ensayo, en el que Lila Azam deja volar su imaginación y convierte en materia literaria un análisis y unas emociones lectoras que trascienden el género del ensayo y se embarcan timidamente en la metaliteratura, es decir la ficción a lomos de una realidad humana --el escritor-- y literaria --su obra-- que fue y que está ahí a disposición de cuantos quieran sumergirse en las brillantes, intelectuales y eruditas, aunque irónicas y burlonas, páginas de Nabokov.

Fue este un escritor ruso exiliado que durante la convulsa época de entreguerras se refugió y vivió en Inglaterra, Francia, Estados Unidos y Suiza (no muy lejos de las montañas que adoraba). Publicó sus obras en inglés y paradójicamente tuvo una vida plácida, no muy aventurera y al parecer sentimentalmente poco azarosa.

 La paradoja nace del hecho de que varias de sus novelas fueron materia de escándalo a partir de los 50. En los 60 tras publicar su novela "Lolita" relato de un amor entre un viudo y una adolescente y realizarse la versión cinematográfica (dirigió Stanley Kubrick, en una verdadera obra maestra interpretada por James Mason en el papel de Humbert Humbert el profesor viudo y de Sue Lyon en el de Lolita) el elegante y distante profesor universitario aficionado a la caza de mariposas, pasó a convertirse en un escritor popular, pese a lo escandaloso de su obra, o quizá debido a ello. La fuerza de su novela fue tan extensa que el nombre de su protagonista se convirtió en un genérico que designaba a un tipo peculiar de niñas, las "lolitas" o las "nínfulas", para los más cultivados, nombre que se da a las adolescentes precozmente dotadas de un fuerte atractivo sexual y que hacen uso de él.

Por tanto, procedamos con tiento: no se trata en puridad de un ensayo, pero tampoco de una novela al uso. La bella Lila Azam Zanganeh, exiliada como su admirado Nabokov, iraní, con estudios en Francia, residencia en Estados Unidos y una formación cultísima y plurilingue (habla seis idiomas, segun dicen, que parecen enrocarse en sus hemosos ojos pardos y en unos labios tipo Penélope Cruz) ha jugado con el lector un juego de citas de los textos de Vladimir y los propios (honestamente reseñados los ajenos en un apéndice al final del libro), una suerte de pastiche con el original nabokovesco y el optimista y juvenil contexto de la autora iraní.

La belleza del resultado complace largamente a los admiradores de Nabokov, entre los que me cuento, y los detalles biográficos y familiares que nos facilita Lila Azam aclara muchas de las dudas y oscuridades de su amado, sardónico y huidizo escritor.

El valor de este libro consiste más bien en la justeza, habilidad y eficacia de las citas espigadas por la autora en la obra de Nabokov. Por ejemplo, el fragmento de "Habla memoria" en el que Nabokov cuenta su entrada en el mundo de la conciencia, su primer atisbo a los cuatro años de que era una persona distinta a las demás que le rodeaban pero semejante por el hecho de compartir la vida y el tiempo. !Maravilloso! La sensibilidad literaria de esta autora y su proeza de comprensión de un escritor varón, de una época distinta y unas vivencias diferentes, hace que nos sintamos cerca de Nabokov, perfecto ejemplo de autor resguardado eternamente tras su propia obra y que guarda un obstinado secretismo de sí mismo y un educado pero evidente desprecio por la popularidad y las banalidades del publico.

La inventiva de esta escritora llega a hacernos partícipes de su entrevista imposible a Nabokov (había muerto diez años antes de que Lila naciera) con foto --por supuesto amañada-- incluida. Este ejemplo y otros que no contaré hacen de "El encantador" un libro delicioso, ligero, lejos de toda pretensión o presunción enciclopédica o hagiográfica, que aparece como una aventura literaria menor, una "delicattesen" nada indigesta para consumir durante las  calidas tardes de agosto, mientras uno dispone cerca de sí los platos majestuosos de "Ada o el ardor", "Lolita", "Habla memoria"  o "La dádiva", el auténtico Vladimir Nabokov, cuya sombra nos ha estado rondando juguetona mientras leíamos a Lila Azam y descubríamos el secreto de ser feliz, ese misterio envuelto en un arcano y encerrado en una metáfora, que Nabokov buscó en su vida y en su obra: El amor y las palabras, buscar mariposas en pantalón corto, encontrar el adjetivo preciso y fulgurante, la palabra que compendia un momento especial, una epifanía de la existencia, y también amar, amar y amar, personas, lugares, objetos, instantes...como él mismo escribió: "Conciencia al final del día, como una  vantena abierta de par en par a un paisaje iluminado en la noche del no ser".

Para calmar la fiebre y el rechazo de los nabokovianos que en el mundo existen, Lila explica:

"Nunca, ni durante un segundo, he pensado que yo estuviera a la altura de Nabokov pero durante sólo un momento, que es el momento del libro, nos miramos los dos a los ojos. Y esto forma parte del juego, de esa irreverencia que también implica un sentido de alegría. En esta irreverencia hay una actitud muy alegre y un poco subversiva, y se crea un espacio de felicidad, que además es el sentido y el contenido del libro."

 

 Esto es justamente lo que nos ofrece la lectura de "El encantador". Seducción. . 

 

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12 agosto 2012 7 12 /08 /agosto /2012 07:39

trilogiadegetafe.jpg

 

Confieso no ser un lector de ese género amplio e impreciso llamado "literatura  juvenil". Entre otras cosas porque no se exactamente cuáles son los elementos diferenciales con la llamada por ejemplo, literatura adulta, de aventuras, de ciencia ficción, de espada y sortilegio. ¿Es "La isla del Tesoro", "El señor de los anillos", "El señor de las moscas", "El libro de la selva", "Rebelión en la granja", "Alicia en el Pais de las Maravillas"  "El doctor Jekyll y Mr. Hyde" o "Los viajes de Gulliver", literatura juvenil? Cuando mi amigo el librero Octavi Serret me sugirió que leyera y escribiera sobre una trilogia de novelas "juveniles" escritas por el  aún joven --¿debe ser eso el hecho diferencial?-- Lorenzo Silva, me quedé perplejo ante esa curiosa aunque creo que arbitraria limitación genérica, seguí perplejo mientras leía las novelas de Silva supuestamente dedicadas a chicos y chicas entre los 12 y los 16 años y aun me dura la perplejidad a la hora de reseñarlas.

cazador.jpgQuizá la diferencia estribe en una especie de amable suavidad en las formas con las que se nos describen las pasiones y sentimientos de las jóvenes protagonistas. Irene, Laura y Silvia, o sus respectivos trasuntos masculinos, que transitan un camino casi siempre un poco maniqueo, en el que el romanticismo, los sueños , los problemas y las acciones suelen encadenarse en un continuum donde el lector va recibiendo de vez en cuando mensajes subliminales de lo que es bueno o malo, belleza o fealdad, valor o miedo, renuncia y sacrificio. En la historia de "Algún día, cuando puede llevbarte a Varsovia" se nos habla de la sugestión de la palabra y la aventura. Es una suerte de Sherezade al revés, unido al candente tema del racismo urbano, los inmigrantes ilegales y el despertar a la atracción amorosa (sujeta a los límites de un pudoroso Silva ante las edades de sus chicas). En la segunda novela de la trilogía "El cazador del desierto", el elemento de aventura, exotismo (tan querido por este autor) y amor se entremezclan y si en la primera novela era Josep Conrad el guiño literario, aquí será una figura legendaria Lawrence de Arabia quien evocará el elemento vertebrador de la novela, el desierto y el amor a los duros y fascinantes océanos de arena y roca (que solo son amados por algunos locos románticos occidentales, no por los beduinos, como nos recuerda amablemente el Principe Feisal--Alec Guinnes en la mítica película "Lawrence de Arabia"). Y en la tercera "La lluvia de París", ese cinéfilo oculto que parece ser Lorenzo Silva se deja embrujar y de paso nos embruja con la aventura de la tercera de las amigas juveniles de Getafe, la bella Silvia, la pequeña de los anuncios en la primera novela, que aquí ya florece con su espléndida belleza y llega a Paris para perseguir su sueño y enfrentarse a  esa melancólica  supuesta derrota que se llama realidad, también tropezando con el amor, las dificultades y la superación personal que suponen éstas si son bien elaboradas. Y esa es otra de las caracteristicas que parecen emerger del género juvenil: el empeño de Silva de proponernos una ética de la maduración. Lo que nos cuentan Laura, Irene y Silvia lleva implícito en el discursos, tras los recovecos y contradicciones de rigor, un mensaje  agridulce pero inequívocamente positivo: la madurez, en el mejor de los casos, es una empresa personal enfocada a la superación de las dificultades y errores, a la aceptación de las diferencias y a la disponibilidad para levantarse y seguir hacia lo que Pascal llamaba la optimización de tu propia vida.

Lorenzo Silva, autor de novelas como "La flaqueza del bolchevique", "El alquimista impaciente", "El déspota adolescente", "La estrategia del agua" o "Niños feroces" (Silva tienen una evidente habilidad para "poner el titular" a sus obras), entre otras (algunas de estas las he comentado en estas páhinas), es un autor dotado de una fuerza y una limpieza discursiva de primer orden. Y no solo en creación literaria, también en el ensayo o libro de viajes. Su "Del Rif al Yebala": "Viaje al sueño y la pesadilla de Marruecos" --país hacia el que compartimos un parecido amor y una mala conciencia y reticencia cultural e histórica-- me ha parecido excelente aunque se echa de menos una mayor implicación emocional e intelectual del autor en lo que describe y vive. 

Volviendo a la Trilogía de Getafe, población al sur de Madrid en la que vive el autor -Madrid 1966-- y hacia la que jamás hubiera apostado por ella como lugar o escenario de novela, Silva nos describe a las tres adolescentes que viven una vida compleja proyectada havcia el mundo, aunque con su propia trastienda de sueños y proyectos. Hay que decir que las tres conforman un corpus literario que uno tildaría de narrativa femenina (perdonen por la simplicidad), no sólo por el hecho basico de que son muchachas las que nos narran sus historias, sino por la sensibilidad que va emanando de observaciones y juicios y que cualquiera que haya tenido hijas adolescentes conoce muy bien. Lo cual es una muestra más del acierto como creador literario de Silva, escritor con modos y temas bastante masculinos, la verdad.  El nervio de  narrador de Silva, que ordena y administra a sus personajes con la pericia de un buen fabulador, consigue --aplicando un sentido del ritmo casi cinematográfico-- que las tres novelas sea posible leerlas como un armonioso conjunto de piezas diferentes en un puzzle común. Y que quede un recuerdo amable de las tres jóvenes y sus peripecias vitales. Recomendable, efectivamente, para jóvenes lectores. Aunque quizá sean los adultos más maduros los que apreciarán otros niveles de lectura que tampoco son desdeñables. Como en las obras clásicas "juveniles" que apuntaba al principio de este trabajo.

 

FICHA: "TRILOGIA DE GETAFE".- Lorenzo Silva.- Existe una edición conjunta de las tres novelas en un solo tomo en Ed. Destino. Y otras individualizadas en Anaya: "Algún día cuando pueda llevarte a Varsovia" (231 págs.1997), "El cazador del desierto" (183 págs.1998) y "La lluvia de París (185 págs. 2000). Todas con numerosas reimpresiones, hasta en este mismo año. Y "DEL RIF AL YEBALA" en ed. Destino (2001) 335 págs.

 

 

 

 

 

 

 

                  

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10 agosto 2012 5 10 /08 /agosto /2012 07:42

el-dictador-cartel1.jpg

El que va a ver una película de Sacha Baron Cohen (dirigido por Larry Charles, compinche y coautor visceral de todo este chispeante desaguisado) sabe a lo que se expone. Si ha visto "Borat" y la inferior pero aún estimable "Bruno" (no contemos con el papel excesivo y lleno de tics de policía de la estación de tren de Paris en el "Hugo" de Scorsese, esa maravilla del 7º arte que aprovecha todos los recursos técnicos para urdir uno de los mejores homenajes al cine) entrará en la sala para desternillarse de risa. Solo si uno es del nivel de los espectadores más sencillos; Se asombrará y divertirá ante la mala uva de lo que allí se cuenta, su no está entre los más entendidos; y gozará con la critica acerada e irónica de nuestra política y nuestra sociedad, si uno es de los que no se entusiasman con el humor de sal gruesa y escatología pero sabe degustar un plato zafio pero incisivo, valiente y original.

Esa polisemia del lenguaje de Baron Cohen pese a su aparente vulgaridad y simplicidad directa, es lo que convierte a "El dictador" en una película apreciable, aunque no sea una buena película. En esta ocasión, como en algunas --pocas-- otras, importa más lo que se dice --o se insinúa indirectamente-- que el cómo se dice.

Y el mensaje implícito --aunque fallido y luego les dire por qué-- de Cohen está muy claro: las despreciables dictaduras son el revés igualmente despreciable de las democracias que no cumplen con sus principios, es decir, practicamente todas. El desfile triunfal de Cohen por la 7ª avenida neoyorquina, representando al almirante general Haffaz Aladeen, dictadorzuelo de la república norteafricana de Wadiya, un remedo cómico pero letal de Gaddafi, Idi Amin Dadá, Mubarak y demás fantoches sanguinarios, unido a su barba inverosímil, montado en camello y rodeado de hermosas beduinas armadas hasta los dientes, mientras clama a pleno  pulmón su amor por la democacria americana, patria del sida, de las estafas financieras y del racismo y sexismo más intolerantes, es una imagen que ejerce de humoristico revulsivo de todo lo que no nos gusta de aquél gran país lleno de grandes defectos y de muchas virtudes.

No se trata de un remedo colorista y de humor fácil de "El gran dictador" de Chaplin como podria creer alguien que no conozca a Baron Cohen, pero también juega con la ambivalencia del doble con menos habilidad que Chaplin. Si en la pelicula de este queda claro el distanciamiento entre el dictador Heinkel y el barbero Chaplin, en la de Cohen el "doble" nunca de ser el animalejo sanguinario e inhumano que es el dictador, provocando que la gracia y la simpatía de uno se comunique al otro. Y la verdad encontrar algo positivo, siquiera sea el humor, en semejante monstruo, resulta innecesario y lamentable.

 Tampoco sabemos a quien se refiere Baron Cohen con su atrabiliario dictador, aunque se nos dan pistas evidentes de que nos habla de una mezcla de Saddam Hussein y Gaddafi. Heninkel-Hitler estaba bastante claro, aqui al perderse la referencia segura, el mensaje pierde algo de su contundente critica corrosiva, lo cual es una lástima dada la eficacia malévola con la que analiza los desmadres politicos, humanos y financieros que la sociedad occidental, a traves de sus políticos está provocando a sus cada vez más constreñidos ciudadanos, sin contar las aventuras neocolonialistas que llevan la guerra y el terrorosimo a todos los rincones del mundo. El problema es que este tono de burla y cachondeo irreverente por todos los estamentos y doctrinas hace que los contornos se difuminen y el mensaje pierda fuerza. Este es el tercer elemento negativo que Cohen no logra evitar.

Solo el enorme sentido del humor que se despliega permanentemente en "gags" frescos y descomunales, que en algun momento se vuelven reiterativos, logran evitar el cansancio en el espectador (quiza por la inteligente táctica de presentar una película no muy larga, no llega a los 90 minutos, cuya amplisima trama se comprime en esos gags encadenados que no llegan a impacientar o aburrir al espectador).

Escatología, grosería de baja estofa, vulgaridad, sexismo declarado en forma de bromas de dudoso gusto, tratan de hacernos tragar el anzuelo argumental de la película: el dictador arabe que viaja a Estados Unidos a hablar ante las N.U., es traicionado por su hombre de confianza (¿que hace un actorazo como Ben Kingsley, en un películo como este?) y aprende a conocer la sociedad que detesta desde su nivel mas humilde, hasta que logra volver al nauseabundo poder, naturalmente sin haber aprendido nada, excepto hipocresía y disimulo para seguir haciendo las barbaridades  que hacía pero menos descaradamente (es decir lo que hacen tantos desde el poder en nuestra descafeinadas supuestas democracias). En resumen, pelicula para cualquiera que busque diversión directa y algo vulgar pero eficaz, estudiosos del cine político en su rama de humor paródico y fanáticos --que los hay, como también los hay del infumable Torrente-- de Baron Cohen. Los demás, abstenerse.

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7 agosto 2012 2 07 /08 /agosto /2012 12:52

excursiones-6369.JPGEntre tres y cuatro horas (baño breve incluido) es lo que exige este hermoso circular que ofrece una fórmula inédita para ir a La Pesquera (la hermosa zona de baños fluvial de Beceite) dejando el coche en Beceite, recorriendo dos cordilleras diminutas y sus correspondientes valles, superando desniveles apreciables y disfrutando de vistas maravillosas sobre el macizo de Peñagalera y el rio Ulldemó. El objetivo de la excursión consiste en probar las aguas del Matarraña y las del Ulldemó, en una misma jornada andariega, cosa muy recomendable con la calorina que está cayendo.

Podemos ir a buscar el inicio del sendero al roquedal del barranco del Predicador, en la parte alta del pueblo, pasando junto al polideportivo, el depósito de agua y el campo de fútbol, donde nace la carreterita comarcal que lleva a Las Pesqueras. El sendero surge a mano derecha, una subida rápida haciendo eses por la ladera vertical, con viejos muretes protegiendo el camino. Este es el comienzo más atinado y goza de una panorámica asombrosa del valle del río y el caserío antiguo de Beceite en torno a la pequeña torre de la iglesia. Eso aparte de un paseo por el borde de las rocas rojizas hasta pasear por el centro de una carena con unas magnificas vistas de las barranqueras y el valle, y las montañas que los rodean, desde la Caixa y Pañagalera hasta La Picossa, San Miguel y la sierra de Les Escales.

Hay una opción para los más aventureros: dejar el coche bajo el viaducto reconstruido, en las afueras del pueblo, en el camino al Parrisal, junto al desemboque del barranco de los Predicadores y subir desde allí, barranco arriba. No hay camino,  pero las vertientes del barranco permiten una subida intuitiva sin riesgo, aunque no sin esfuerzo,  hasta el coll del Barranc del Comellasos -o de los Predicadors-- (esta opción permite, al regreso, acceder a la piscina natural del Matarraña en las afueras del pueblo, a pocos metros del viaducto, donde darse un baño refrescante tras el esfuerzo).

Pero sigamos con el camino ortodoxo: llegaremos al coll y a la derecha, el pico desnudo de una roca situada entre el barranco y el valle del Matarraña, tdesde donde endremos una doble vista sobre las montañas ya citadas, el coll de la Creu tras el que se esconde el pantano de Pena y el del Querol tras el que asoman las casas de Vallderrobres. Rodeamos el Barranco de los Predicadors (donde según dicen se lanzaban los cuerpos de los an males muertos, festín de buitres, por eso existían tantas rapaces en aquellas epocas y ahora estan desapareciendo).

Cuando ya nos dirigimos hacia el fantastico muro de piedra del macizo de Peñagalera, con la roca del Migdia, el Moletó, el racó de la Olla y otras cingleras verticales sobrevolada por algunas aves rapaces, un poco antes de pasar por el bosque de sabinas, encontramos, muy bien señalizado, un cruce de senderos, ambos con las señales blancas y amarillas del PR. Aqui está el nudo de nuestro circular: a la derecha vamos a la Pesquera por el camino más largo, con una larga pista de montaña al final. A la izquierda por un camino más breve pero también de un desnivel más abrupto que nos dejará a la altura del Toll Blau, uno de los más hermosos del Ulldemó. He hecho el camino en las dos direcciones y sugiero hacerlo al contrario de las agujas del reloj. Seguiremos por el de la derecha y regresaremos por el de la izquierda, ya que aunque la subida es más dura por el primero, también es más breve. Mientras que la larga bajada por la pista forestal es casi un  paseo (de subida y con calor, es bastante agotadora).

No tardamos en llegar a un mirador desde donde admiramos los farallones verticales del macizo de Peñagalera y en el fondo, lamiendo sus escarpadas rocas, la corriente esmeralda del Ulldemó con sus vueltas y revueltas, rocas de fondo de color ámbar, piscinas naturales por doquier y algun que otro toll de aguas verdes entre la vegetacion de ribera y algunos árboles que hunden sus raices en el  amplio lecho del rio.

Tras un largo recorrido por un sendero que sube y baja entre sabinas, pinos y ginebras, ginestas, romeros, arbustos espinosos con pequeños frutos rojos, encotramos una pista paralela al camino por donde iniciaremos la bajada hascia el barranco de les Escales, pasamos por desniveles separados con muros de piedra, antiguas tierras de labor, terrazas en lugares increíbles, , una cueva en lo alto, muestras de canalizacion abandonada, las ruinas del mas de les Escales. Da un poco de pena admirar esa presencia humana ya tan destruida. Quizá sea añoranza de unos tiempos quen no volverán y que daban vida al bosque y al monte.

Llegamos a la pista alquitranada de la Pesquera que discurre por casi diez kilometros a la vera del rio. Nos dirigimos --algo más de un centenar de metros aguas arriba -- al Raco de San Antoni, una gigantesca revuelta del rio, al pie de la verticalidad de los gigantescos farallones de la Olla del Racó, que se alzan sobre el río como los tubos de un inmenso órgano de piedra. Alli están las cuevas de Bertol, que fueron corrales, un lugar magnífico para descansar y bañarse. Cerca de allí, otra posible opción para volver al Matarraña por los escarpados fortines de Cabrera, junto al Parrisal. En su momento busqué el camino que sugiere Vicent Pellicer Ollés en su magnifica "El massis del port, el plaer de la aventura", pero no logré encontrarlo.

Volvemos por nuestros pasos y haremos una media hora más o menos de pista siguiendo al río, hasta llegar cerca del Toll Blau, al inicio de la subida de la carretera con el gran chalet a la derecha. Allí en un pequeño recodo de la pista, usado como diminuto aparcamiento por los visitantes, pueden verse las señales del PR enfilándose monta arriba de una forma muy pendiente, entre viejos cajones  abandonados de abejas. Tras esa pequeña escalada por roca blanca ,el sendero toma forma y comienza su subida constante hacia el Racó de les Escales donde nos reuniremos en una hora más o menos con el cruce que comentamos y desde allí a Beceite. Luego no queda más que bajar hasta donde dejamos el coche y darnos el segundo baño, esta vez en las aguas del Matarraña.

 

 

 

NO SE PIERDA

Al comienzo de la excursión, por la parte alta del pueblo, una vez pasado el polideportivo, de cara al valle del río con sus huertos y sus casas de labor, hay un vulgar muro de mampostería en el que con un poco de atención veréis una estela funeraria integrada en la obra. Se trata de una estela cuyo origen no he podido encontrar en los libros de la zona pero que tiene aire medieval, si no es más antigua aún. Debería ser destacada por su valor histórico de una forma más evidente. Un poco más de sensibilidad artistica, señores del Ayuntamiento de Beceite. Si ustedes no aprecian las maravillas que tienen, ¿quién lo hará? El dia menos pensado le darán una mano de cal para que "no desentone" con el resto de la pared.

 

UNA ALTERNATIVA

Tal como comentaba en el texto, ese escritor excursionista Vicente Pellicer, en el libro citado sobre el placer de aventurarse por los Puertos (es un autor que logra hacerte vivir sus excursiones con sus descripciones y comentarios; muy recomendado en estas páginas)  menciona  el regreso a Beceite a través de un sendero bastante pendiente y pronunciado desnivel que nace cerca del Raco de Sant Antoni (no logré encontrarlo) y sube junto al barranco de Niern, con un paso algo delicado que se supera con unas cuerdas ya instaladas. Pasaría junto al Mas de Niern hasta llegar a una pista que pasa junto al Mas de Silvestre y conecta con el GR 8 que nos llevaría hasta la pista del Parrisal, a pocos metros del tramo cementado, a cuya derecha surge la subida señalizada a los fortines del general Cabrera, el Tigre del Maeztrazgo. Trataré de encontrar este sendero en otra ocasión.

 

DOCUMENTACIÓN

 

Recomiendo naturalmente "El massi del Port" de Vicent Pellicer y también sus "A peu por el Massis del Port" y "Caminades pel masis", donde cumple el milagro de no ser reiterativo. Todos son libros complementarios. Edita  Cossetania en su colección Azimut. Llevense también el mapa de Prames sobre Puertos de Beceite, 1:40.000. Los pueden adquirir en librerias especializadas y los andarines de estas tierras en la librería de Serret en Valderrobres.

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5 agosto 2012 7 05 /08 /agosto /2012 07:46

 eelnoche_afiche_0.jpg Una película argentina muy entonada con ese baremo de calidad que suele venirnos del país hermano. Con unos titulos de crédito diáfanos y casi demodés, acompañado por una musica muy variada y efectiva, la comedia tiene un desarrollo de fotografía limpia, actuaciones excelentes y un rejuego a película de cine negro americano que nos lleva muy rápidamente, demasiado, a recordar la pelicula de Woody Allen, "Misterioso crimen en Manhattan". Tanto Diego Torres, el protagonista, una especie de Clark Kent interpretado por un joven y prometedor sosias de Cary Grant ("todos queremos ser Cary Grant", dicen que afirmó el actor en una entrevista) al que da la réplica una Julieta Zylberberg espléndida. Una pareja magnífica y llena de humor que nos recuerda, ay el cine, al susodicho Grant y la Hepburn en "La fiera de mi niña", de un Howard Hawks en sus mejores momentos. El director de esta -- pequeña, aunque irregular gozada-- comedia argentina, es Alejandro Montiel (creo que es su primer largo, felicidades) que aunque trata de emular al maestro norteamericano, la verdad es que queda bastante por debajo. Digamoslo claro: "Extraños en la noche" es una buena comedia, a la que se le va a veces la mano, que se resuelve demasiado aprisa, que es un poco demasiado enredada y poco satisfactoria en el desarrollo de la trama, pero que deja un buen sabor de boca.

La química entre los protagonistas, bien secundados por un elenco casi sin fallos, hace olvidar la obviedad del argumento, evidentemente deudor de las comedias de enredos de directores norteamericanos (hasta el Buenos Aires que nos muestran tiene más de Nueva York que de la ciudad del Rio de la Plata). El resultado no es brillante pero si entretenido, divertido a veces y en general satisfactorio. Hay además algunas secuencias que rozan una maestría que luego, desgraciadamente, se difumina: por ejemplo, la actuación de Diego Torres al piano y la genial Julieta Zylberbeg remedando a "Los fabulosos Baker Boys", con un desenlace inesperado (pero fácil). Para pasar de la comedia romántica al thriller y volver a la comedia costumbrista o a la intriga negra, hace falta una cintura y experiencia que el director desde luego no tiene. Los conatos de psicologismo de manual de autoayuda (los argentinos no pueden evitarlo, casi es un tópico) no logran  llegar a hacer sonreir pese a que están muy buscados (ejemplo, el taxista que ejerce de psicologo de ocasión aunque "le falta una asignatura").

El previsible "happy end" no resulta forzado a pesar de muchas elipsis argumentales, y el espectador se va a casa con la conciencia de haber sido tratado con mucha amabilidad. Es una película cálida en personajes y amanble en el retrato. Deja buen sabor de boca.

 

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3 agosto 2012 5 03 /08 /agosto /2012 07:01

  El-duelo-y-la-fiesta.jpg

 

Lo cierto es que "El duelo y la fiesta" me ha sabido a ejercicio de estilo. Como si Jenn Diaz olvidando su generosa, sorprendente y un poco fallida inauguracion literaria con la aclamada por muchos "Belfondo", se hubiese dejado poseer por los espíritus de Carmen Laforet, Ana Maria Matutes o Concha Alós, en sus obras primerizas, para pergeñar una novela que huele a postguerra y naftalina, a épocas pretéritas aunque cercanas (no para la autora que nació en plena democracia, con un dictador Franco ya casi desaparecido del joven imaginario sociopolílico español). La perfecta estructura literaria de "Belfondo", una narración coral donde un pueblo imaginario sirve de metáfora humana y social de alto nivel y considerable y solida profundidad, atravesado todo por un lirismo que raramente perdía su contención y su propiedad, conformó un listón demasiado alto para una primera novela.

"El duelo y la fiesta" no ha estado a la misma altura y sin embargo algunos defectos de estilo apuntados entonces se mantienen en esta, con el añadido de que el tema, los personajes y la trama no logran levantar ese vuelo imprevisto que nos sorprendió en "Belfondo". Hay en "El duelo y la fiesta" un empeño casi notarial de ajustarse a la pequeña, mísera, mezquina realidad de una vida urbana, en una época muy concreta caracterizada por la estrechez, el miedo, la miseria económica y la debilidad de los sueños, en la que la presencia de una poetisa moribunda, de su criada , de un secreto admirador, un joven profesor y de su más joven alumna, forman un grupo de personajes que van interactuando mientras la poetisa, Blanca Valente, dormita en su cuarto cerrado con llave, acercándose a la muerte. Un sacerdote equívoco, el Padre Damián (represión sexual al canto: "había echado de menos a todas las mujeres del mundo", pág.90) y su enviado--el joven seminarista Elías-- para que confiese a la poetisa, forman el nivel literario de contraste buscando un misterioso punto de contacto que habrá de unirlos a todos en una escena final, en la que se produce una sórdida exaltación de la trama, cuajada de niños abandonados, madres complejas y culpables, remordimientos de la carne y del espíritu.

Suena todo a un Delibes menor en el que se ha perdido la saludable tenión entre el drama que se narra y la liberalizadora estupidez humana y los gestos posibles de distanciamiento, incluso,de los propios protagonistas, cuando atesoran un poco de sentido del humor o incluso de sentido común. Algo de eso resuena a veces en las voces múltiples de "El duelo y la fiesta" y da cierta profundidad a la novela. El empeño de Jenn Díaz es meritorio, qué duda cabe. No estamos muy acostumbrados a ejercicios de estilo en las letras españolas. O son descaradas imitaciones o fallidos y torpes "escritos a la manera de", y nuestra escritora no pertenece a niunguno de los dos bandos. Valoro en mucho algo que intuyo en Jenn Díaz, su honestidad como escritora. No busca el camino fácil ni ha tratado de instrumentalizar el exito  de su "Belfondo". Su prosa sigue las mismas virtudes y defectos. Y eso es un detalle revelador: "Belfondo" no es un ejemplo de la suerte del principiante. Por eso en esta novela, debajo de su trama literaria un poco basta, manifiestamente mejorable, hay una escritora de raza y de empuje.

Hay un juego con la paradoja, el humor y la fuerza del cambio que subyace en toda la novela y que atrae al lector minucioso como los hilos maestros de esa trama de la que hablaba. A veces los adjetivos son vulgares, tópicos o resalta el desaliño de una frase, de una descripción, las repeticiones sin ritmo, excesivas, ( y que se producen con casi todos los personajes: señal de que es unj problema de la escritora) la previsibilidad de las voces de Elías, Luisa, Julio o Candela al principio de la novela (Sin que lleguen a tomar carta de naturaleza las diferencias entre los personajes).

Quizá lo más acertado de esta novela irregular sea la creación del "huis closs", el lugar cerrado, la casa de la poetisa, donde se dan cita todos los personajes, algunos de los que aparecen a partir de la segunda parte de la novela y los anteriores, todos con sus deseos, sus miedos y su destino, orquestados con habilidad por la autora. Y en la misma ocasión, rompiendo la tensión con su recurso de la reiteración, que aplica contundentemente: "No lo hago, dice Rosario, no lo hago, no lo hago, no lo hago, te juro que no lo hago" (pag 123) O la madurez de una frase y un juicio que no se corresponde con el personaje: "Tu estudio no va sobre Blanca Valente, sino sobre como la criada de Blanca apaga sus anhelos maternales con un chico que, a pesar de su edad, esta castigado por negarse a decirle a su madre dónde ha pasado la tarde. ¡La tarde! ¡La tarde!" . Y eso lo dice Candela, casi una niña (pag. 127).  El chusco final con la inesperada declaración de la poetisa da un cierto tono divertido al relato si no fuera por la descarada intención dramática que la autora imprime  a sus repeticiones, casi como los aldabonazos del destino en Wagner, "Elias, Elias, Elias, Elias"...(pag.154).

Como "decíamos ayer"...aquí hay una escritora con futuro...pero aún está verde. Si sigue asi no tardará mucho en dar frutos singulares.Creo.

 

 

   

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1 agosto 2012 3 01 /08 /agosto /2012 07:45

 

Recuerdo aquella magnífica película, para mi un juvenil rito de paso, que fue "La escapada", dirigida en 1962 por Dino Risi, con Vittorio Gassman, Jean-Louis Trintignant y Catherine Spaak. Bruno y Roberto (el maduro vividor Gassman y el tímido estudiante de derecho, Trintignant) se conocen casualmente en una Roma vacía por el calor (inicio de los años sesenta, el boom turistico alucinante aun no habia estallado en las grandes capitales europeas) y realizan una "road movie" divertidamente critica por una Italia que comienza a renacer de la postguerra y donde las nuevas costumbres relajadas y vitalistas chocan con la tradición y la hipocresía social y religiosa de la Italia de siempre.

Pero para mi fue fundamentalmente (uno era un casi adolescente fascinado por la libertad ruidosa y divertidamente audaz de Gassman, aunque secretamente identificado con el jovencísimo estudiante de derecho Trintignant, carrera en la que yo ingresaría pocos años más tarde) un rito de  paso intelectual y sensual, la constatación de que habia un mundo mas allá de la lobreguez gris de la juventud española de aquellos años y, naturalmente, de la sociedad de la sustentaba.

Aunque ya entonces rechacé la moralina que se desprendía de su final como algo que sospechaba habia sido impuesto por esa doble moral tan fustigada en la película, no impidió que disfrutara de ella y del mensaje vitalista y existencial implícito.

Como en la película, el mes de agosto cae sobre mis dos hogares, el Bajo Aragón y la Barcelona escandalosamente  invadida por los "guiris" y yo me siento un poco como el estudiante de derecho  que fui en aquellos años o el estudiante de lo humano y lo divino que soy en la actualidad,  embaucado para que rompa mi disciplina de escritura por el existencialismo libre y un poco transgresor de Gassman (hogaño representado por el ansia de viajar --por dentro sobre todo-- que para mí ha sido siempre unos de los acicates más permanentes de la busqueda).

Así que voy a permitirme quedar en el relativo silencio de un blog que hasta setiembre solo se va a alimentar de las criticas que publico en el periodico "La Comarca" y un par de excursiones por esos caminos de Dios.

Que lo pasen ustedes bien y regresen conmigo en setiembre. Por una vez el nulle die sine linea no va a ser respetado. No se me tenga en cuenta. Es por un buen fin.

 

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31 julio 2012 2 31 /07 /julio /2012 07:59

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Primero fue una lucha entre la manera de hacer animación de la revolucionaria Pixar (la maravillosa y creativa empresa del flexo saltarín) y las demás firmas post-Disney, entre ellas la capitaneada por Spielberg (DreamsWorks) que inició en 2005 la saga de "Madagascar", sin lograr ni el éxito ni la fuerza creativa de, por ejemplo, "Up", "Toy Story" o "Walle-e". No habia mucha originalidad, pero sí ganas de divertir y hacerse con la franja menos comprometida del público familiar. Tras una bajada de interés con "Madagascar 2", la llegada de la tercera entrega de la saga, esta vez irrumpiendo los protagonistas en el escenario europeo, logra un nivel más alto, sin llegar a emular a las maravillas de Pixar, pero igualando por lo menos la saga de los Ice Age. Aun reconociendo que los personajes de Ice Age son más carismáticos que el león Alex, Marty la cebra, Melman la Jirafa y Gloria la hipopótamo, en esta tercera entrega los creadores de la serie,  Eric Darnell y Tom McGrath, dejan la batuta de dirección a Conrad Vernon, el guión lo firma Noah Baumbac y la música nada menos que  Hans Zimmer: el resultado es óptimo.

Desde las secuencias iniciales con el cumpleaños de Alex y el desembarco en Montecarlo de los amigos en busca de la troupe de pinguinos de acción y el batallón de los simios que están desbancando el casino de Monaco, la película se proyecta de una forma magnífica en dos direcciones, la del mundo del circo y la huida del grupo de animales ante la persecución de uno de los grandes hallazgos de esta película: una "mala", policía-cazadora "de animales", la capitana Chantal DuBois,  una especie de mezcla explosiva entre Cruella De Ville, Cat Woman, Marlene Dietrich, Bette Davis y con la voz y estilo de Edith Piaff, que intenta atraparlos para devolverlos al zoo de Nueva York.

Nuevos personajes se añaden a los ya conocidos, un león marino italiano que se parece al indolente Gooffy  de Disney, un tigre ruso en la mejor tradición de los tigres malos del "Rey León" o "El libro de la selva" y una jaguar llena de sex appel que recuerda a la tigresa de dientes de sable de "Ice Age 4". El rey lemur y su desternillante amorío con la osa saltibanqui (tal vez el animal más animalizado de la serie), el grupo de pinguinos (quizá el activo mas importate de esta saga, hasta el punto de que tienen serie en exclusiva) y los divertidísimos monos, el lider de los cuales logra una inquietante imagen disfrazado de Luis XIV, suman puntos a favor de la fuerza de esta entrega.

Guiños cinéfilos por doquier, desde el mismo principio con Alex haciendo de agente del Ethan-Cruise de "Mision imposible" o la feroz persecución que la policía motorizada --en vespa--y sus acólitos hacen de la troupe por las calles de Montecarlo. No se pierdan la imitación de "Matrix", con la sofisticada y dura policía evitando que las bananas disparadas por un mono desde el "avión a superpropulsión a monos" impacten en ella. Frenético ritmo que apenas deja respiro, aunque se remansa en las secuencias de la vida del circo, para llevar la historia a un brillante remedo de aquellos balbuceos de Disney en su por otra parte genial "Dumbo" (recuerden la secuencia lisérgica de la borrachera del elefantito). Brillantes apuntes de animación técnica de las ciudades de Montecarlo, Roma, Londres y Nueva York,  que dan una consistencia ambiental a la película muy por encima de las otras dos entregas donde este aspecto estaba muy descuidado. Y además el mensaje implícito es rompedor y liberal: a pesar de que toda la trama la mueve el deseo de los cuatro amigos de volver al zoo de Nueva York, una vez allí comprueban que el hogar sólo está en donde eres feliz y estás con tus amigos y por tanto hay que abrirse a la novedad y al cambio. ¡Toma ya!

Hay otro activo en la versión americana de "Madagascar" que no sirve para el doblaje español: las voces de Ben Stiller (Alex), Chriis Rock (Marty), David Schwimmer (Melman) o Jada Pinkett Smith (Gloria). Y por supuesto, la maravillosa, pérfida y psicótica Chantal  Dubois (Guiño de altura de los guionistas a la Blanche Du Bois de "Un tranvia llamado deseo") cuya voz original es nada menos que de Frances McDorman  una de las más sólidas actrices norteamericanas de los ultimos veinte años y la menos diva de todas. Cine familiar del bueno. Una película  divertida, psicodélica y algo gamberra 

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29 julio 2012 7 29 /07 /julio /2012 07:27

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La corta y disipada vida y sobre todo la misteriosa muerte del escritor Edgar Allan Poe  (1809-1849) ha inspirado a escritores y cineastas en los últimos tiempos, no sólo en la adaptación de sus obras (ya desde el mismísimo comienzo del cine) sino en las especulaciones sobre su extraño fin. En los últimos meses y ciñéndome a escritores de nuestro país, destaqué en su día dos novelas en las que aparecía Poe como personaje: la magnífica "El mapa del cielo" de Félix J. Palma (Ed.Plaza Janés) y la ingeniosa "Las muertes de Poe" de Carmen Lafay (Editorial Davinci). En cuanto a películas, rebasaría en mucho una prudente extensión de este artículo, ya que se podría escribir un ensayo sobre ese tema cinematográfico (la vida y obra del escritor de Boston).

Poe apareció en estado comatoso en un bar de Baltimore y fue inmediatamente ingresado en un Hospital. El médico de guardia, Joseph Moran, fue el único que pudo durante un par de días hablar con él, antes de que falleciera. No se tienen pruebas documentales de la causa de la muerte y hasta hoy se ha especulado entre envenamiento, suicidio, asesinato, cólera, sífilis, e incluso haber sido emborrachado por agentes electorales para hacerlo votar y dejado luego a su suerte. Julio Cortázar, que fue especialista y traductor de Poe, sostiene que fue el alcohol la causa de su muerte.

La película, "El enigma del cuervo" que bebe de la iconografía literaria de este autor, no persigue en absoluto ser biográfica y se limita a recoger algunas de las obras más llamativas y populares de Poe para montar un espeluzante caso de asesino en serie, cuya obsesión es matar siguiendo los métodos de los cuentos de Poe y haciendolo primero sospechoso de los crimenes y después un solícito ayudante del inspector de policía que investiga los casos. Para dar mas emoción al argumento, el asesino secuestra a la novia de Poe (ninguna mención a sus mujeres auténticas) y se propone enterrarla viva como en otro de los góticos cuentos de horror del escritor, si el escritor no cede a sus deseos literarios (giro argumental que fuerza la credibilidad y la lógica hasta puntos excesivos).

Todo ello transcurrre en el Baltimore de 1849, es decir el mismo año y mes de la muertereal de Poe  (en la pelicula es obligado por el asesino a autoenvenenarse ).Un gesticulante pero efectivo John Cusack da su físico a Poe (hay un cierto parecido) mientras desfilan ante nuestros ojos la ciudad oscura y lluviosa, las dificultades de Poe para publicar y vivir, sus amores desesperados con una rica heredera cuyo padre le detesta y la acción salpicada de sangre en que se ve metido.

James McTeigue (que me entusiasmó con su "V de Vendetta") se muestra aquí menos convincente. Los aspectos técnicos del fime pecan de escasos y limitados (recuerda un poco al Sherlock Holmes de Ritchie, aunque menos histérico) y no le ayuda el guión (uno de los autores tiene el apellido Shakespeare, vaya por Dios) que resulta previsible y adocenado a pesar del tirón que provoca en muchas personas ver en pantalla grande al genial y desdichado Poe. No he logrado, a pesar de ser uno de esos que se emocionan ante la metaliteratura en el cine, despegarme de una sensación de estar viendo un telefilme, sin la fuerza, ritmo y alardes virtuales de la citada broma sherlockiana de Ritchie.

Luke Evans hace de inspector Fields con bastante credibilidad, aunque pasando de la desconfianza hacia el bebedor Poe hasta casi el afecto fraternal con demasiada ligereza. Casi con tanta como el director al hacer mal uso de obras como "El cuervo" (que da nombre a la película, animal totémico de Poe), "La caida de la casa Usher" (¿recuerdan al extraordinario Vicent Price? dirigido por Roger Corman) o "El pozo y el péndulo" (segundo de los crímenes del asesino plagiario: curiosamente la víctima es un crítico literario que odiaba a Poe, guiño real de los guionistas, pues uno de esos criticos fue el albacea de la obra de Poe y escribió una biografía mendaz y calumniosa que terminó manchando hasta nuestros días la vida del autor, a pesar de los desmentidos que se publicaron).

Para el rol de la amada de Poe, Emily, un personaje ficticio en el que los guionistas "trataron de representar a todas las mujeres de la vida del escritor" --cosa que no lograron en absoluto-- la bella Alive Eve, y en el papel de su irascible padre, el gran Brendan Gleeson (cuyo papel de asesino en "Escondidos en Brujas" siempre me fascinó). Sepan que el Baltimore de la cinta es en realidad Budapest y otros exteriores fueron rodados en Serbia que mantiene rincones a tenor con lo que fue el siglo XIX en Estados Unidos.

Mucho más alto pusieron el liston de calidad cinematográfica no solo las peliculas dirigidas por Corman en los 60, "La caida de la casa Usher", "La máscara de la muerte roja", "El péndulo de la muerte" o "La tumba de Ligeia" --maravillosa serie B que llenaba de gritos los cines de barrio--, la de episodios firmados por Fellini, Louis Malle o Roger Vadim en "Historias extraordinarias" (donde brillan estrellas como Brigitte Bardot, Jane Fonda o Alain Delon). Tanto "El cuervo" (Landers en 1935, con Bela Lugosi y Boris Karloff) como "El gato negro" (Rogell 1941) o "Los asesinatos de la calle Morgue" (Florey 1932) dan una idea somera de algunos de los titulos dedicados a los relatos de Poe, que conforman una atmósfera y unos personajes de un muy peculiar sesgo literario, que ha atraido como pocos a los directores y guionistas de cine. "El enigma del cuervo" es, lo siento, solo una más y no de las mejores (aunque tampoco de las peores, medio centenar de las que prefiero no hablar).

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27 julio 2012 5 27 /07 /julio /2012 07:45

una_casa_llena_de_palabras.jpg

 

Hubiera preferido con mucho que la editorial Roca hubiese dejado el título en español traducido libremente del inglés: "Las hermanas fatídicas" (The weird sister") como guiño al lector enterado (las tres brujas que le auguran la corona a Macbeth son calificadas por Shakespeare de "las hermanas fatídicas" y en el transcurso de la novela, "Una casa llena de palabras" --es un título infortunado, a mi parecer--, se hace referencia a esa imagen como reflejo de las tres protagonistas de este libro: las hermanas Andreas, Rose, Bean y Candy (justamente hay algunas referencias en la novela a la importancia del número tres en W.S.).

Es una novela de mujeres, escrita por una mujer, Eleanor Brown, (por cierto es su primera novela, de una increíble madurez, ternura, humor e ironía) en la que se nos cuenta un momento puntual de la historia de la familia Andreas. El matrimonio, formado por un pintoresco profesor universitario que sólo suele expresarse con citas de Shakespeare, un ama de casa, la madre, a la que un cáncer de mama coloca como el revulsivo que pondrá en marcha la trama y las tres hijas, Rose (basada en la Rosalind de "A vuestro gusto"  -O "Como gustéis" en otras traducciones--), Bean (la Bianca de "La fierecilla domada") y Cordy (la Cordelia de "El rey Lear"), vuelven al hogar familiar para cuidar y acompañar a la madre enferma.

Claro, como suele suceder, las cosas no son tan altruistas y claras. y lo sabemos desde el prologo: "Volvimos a casa porque habiamos fracasado". Rose, inteligente y eficaz, tiene un talón de Aquiles: necesita sentirse necesitada, sobreprotege a los que le rodean y lo da todo por volverse imprescindible aunque luego maldiga y desdeñe su afán de servicio. En pro de esa imagen está dispuesta a encerrarse toda la vida en la pequeña ciudad universitaria donde vive la familia y renunciar a su amor por Jonathan, que vive en Londres. Bean, la mas hermosa y seductora de las hermanas, huye de su pasado para conquistar Nueva York con su inteligencia y su belleza. Pero allí sus monstruos personales la dominan y debe volver a la casa familiar con una amenaza legal sobre la cabeza y un delito inicuo y absurdo cometido por pura inconsciencia. Y la más joven, Cordy, la mas mimada, irresponsable y nomada de las tres. Vive una vida de hippy trasnochada y tan promiscua como la de su hermana, es bondadosa e inquieta y vuelve a casa porque ha quedado embarazada y quiere conservar a su bebé.

Con esas bases Eleanor Beown nos teje una novela inusitadamente madura (para ser la primera) en la que brillan tres aspectos por encima de los demás. El primero es la esencia argumental del libro: una familia que vive con y para los libros, con la lectura compulsiva como motor cotidiano, como consuelo de sus problemas ("no hay ningun problema que no se resuelva con un carnet de biblioteca"), como distracción y como necesidad. Segunda,  los miembros de la peculiar familia se comunica entre sí usando a menudo de citas de Shakespeare (aunque a veces y sobre todo en el padre, acaba siendo cargante por lo exclusivo) no siempre adecuadas, oportunas o sufienetemente relacionadas con lo que ocurre. Y así en la página 126 se nos dice: "en nuestra familia siempre hemos comunicado los sentimientos más profundos por medio de las palabras de un hombre que lleva casi cuatrocientos años muerto".

 Y tercero, el punto de vista narrativo. La Brown recurre a una técnica usada alguna vez por Faulkner, si no me equivoco, pero que en su caso logra redondear con suma habilidad. Se trata de una voz colectiva, la primera y a veces segunda persona del plural (nosotras, vosotras) en la que representa a las tres hermanas, pasando de una a otra con endiablada eficacia, sin que sepamos nunca cual de ellas habla y por el contexto tengamos que adivinar que es precisamente de la que no se habla en ese momento. La técnica no resulta farragosa en ningúna ocasión y logra bastante claridad, impulsada por una ironía y una frescura crítica que dan solidez a los tres personajes. Y el realismo queda acentuado cuando el narrador colectivo se dirige al lector y le dice (pag 98 "aunque te pido que esperes hasta que sepas hacia dónde vamos") o ("Mira, nosotras nos queremos. Lo que pasa es que no nos caemos demasiado bien", pag. 33)

La narración va complementando el hoy de las tres hermanas, en su lucha por ordenar sus propias vidas y tratar de ayudar a los padres, inmersos en su propia lucha y su dolor, con un adecuado uso del flahs back descrito por algunas de las voces que forman el narrador colectivo. El pasado de la familia se nos cuenta (quizá es en el único apartado donde hay algunas páginas innecesarias ( la escapada de las tres hermanas niñas en el coche paterno para ir a tomar helados) y la trama va ajustándose a un cuadro de "happy end" que suena un poco artificial. Pero ha sido tanto el encanto desplegado por la Brown, que se lo perdonamos y nos quedamos con una cierta nostalgia por saber cómo se desarrolla la segunda parte de la vida de las hermanas, ya que hemos asistido a un triple rito de paso de la adolescencia psiquica a la madurez en tres jóvenes mujeres dotadas de mucho encanto.

Conviene recordar que en esta novela de mujeres, complejas, dificiles, inseguras, pero entrañables, los hombres son mero elemento decorativo, tópicos y de postal en el mejor de los casos (como el novio de Rose o James Andreas, el profesor y padre de las hermanas, que resulta de cartón piedra o el sacerdote Aidan). Quizá cabría preguntarse, un poco psicoanaliticamente, sobre la madre que no pasa de ser una figura cuyo unico papel es de ser el revulsivo, la causa motora, del reencuentro de las hermanas y siempre ocupa un lugar secundario y acomodaticio con la trama. Pero esto no quita peso a una firmación: lean esta novela, señoras (y señores inteligentes), les encantará.

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