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12 junio 2012 2 12 /06 /junio /2012 07:11

haiku.jpgDentro del universo zen (aunque no sólo pertenece a esta disciplina sino a la tradición literaria japonesa) existe un tipo de poema corto, el haiku, formado por tres cuerpos de cinco, siete, cinco sílabas en el que el poeta trata de reflejar la inmensidad del instante, el aquí y el ahora, la belleza de ese segundo de percepción en el que se esconde el aliento vital, la poderosa corriente del ki, invisible y permanente, en la que se puede condensar la fuerza creativa de la Naturaleza. Ha habido grandes maestros zen que eran expertos poetas de haikus y ha habido poetas, no solo japoneses, que han utilizado la fórmula del haiku para ofrecer imágenes de una profundidad y belleza asombrosas, siempre dentro del esquema del "aquí y el ahora", básico en el budismo en general y en el zen en particular (entre ellos, nuestro inabarcable Borges).

Ayer, en la Casa del Libro de la Rambla de Cataluña, se presentó el libro "Haiku Grafías" del fotógrafo Juan Carlos Valdovinos y el poeta José Antonio González, dos hombres vinculados a la Escuela que dirige con su amable sabiduría la maestra Berta Meneses. Ella misma ha escrito las presentaciones de las cuatro partes que componen el libro (haikus relacionados intimamente con imágenes captadas por la cámara sensible de Valdovinos).

El acto tuvo la sosegada intimidad cortés que suele emanar del zen y los ponentes, el cónsul de Japón en Barcelona, la traductora del castellano al japonés Yayoi Doho y el profesor Angel Ferrer, más de treinta años de estancia docente en Japón, fueron desgranando diversos aspectos del libro y de la implacable efectividad poética del haiku, su brevedad, su sencillez y su extraño misticismo seglar en torno al evasivo instante que ilumina al observador.

Escuché la intervención de mi maestra Berta con redoblado interés, no sólo por lo que siempre traslucen sus palabras sino por el guiño incesante que la maestra emite a los que la conocemos: la referencia a la no presencia sin ausencias, a la paradoja de la barrera sin puerta, a la identidad sugerente de "nadie", al sonido de la palmada de una sola mano, a la contundencia inacabable del "mu", al "mushin" o no pensamiento, a ese acertijo sin solución lógica que da el salto de fe hacia el infinito,  el koan. No habia referencia directa alguna a todo esto en las palabras de Berta, pero le bastó evocar la esencia de "nadie" para que todo resurgiera en mi mente. Nuevamente me vi, veinte años antes o más, sentado en zazen frente a ella, tratando de mostrarle qué es "mu". Y ella devolviéndome una mirada y una sonrisa envolvente, cálida, llena de ese duro afecto zen, tan compasivo y tan íntegro y poco sentimental, casi brusco, el sabor zen auténtico.

Adios en "gasho", maestra.

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11 junio 2012 1 11 /06 /junio /2012 09:30

sleeping-beauty-cartel.jpg

La "Bella Durmiente" de  la australiana Julia Leigh, con el patrocinio de la también directora Jane Campion (que hace labores de producción y quizá algo más, lo prueba la semejanza de esta película con esa desasosegante frialdad animica que puebla las de la Campion, recordemos "El piano") es una versión perversa, de un erotismo retorcido, del cuento infantil. Creo recordar que hay una costumbre erótica japonesa, en hombres de gran poder económico, que consiste en dormir a las jóvenes con las que se acuestan y hacer con ellas lo quen quieren bajo unas limitaciones. Incluso me parece recordar a un novelista japoinés que lo incluye en un relato (Yasunari Kawabata, en "La casa de las bellas durmientes"). Quizá sea una versión australiana de la novela japonesa; si es asi, no hay rastros de ello en los titulos de crédito, o yo no lo he sabido ver.

Pero volviendo a nuestra película, se nos narra la vida de una joven universitaria (Emily Browning, excelente elección) que se busca la vida como puede para pagarse los estudios. A través de un anuncio de empleo universitario contacta con una sofisticada madame (genial y gélido, el primer encuentro donde la joven es evaluada fisicamente para su tarea, en un amabiente elegante y burgués) que le proporciona un trabajo muy bien remunerado, primero como sirvienta semidesnuda en un banquete de hombres mayores adinerados y después como prostituta de lujo en la modalidad de "bella durmiente". Es decir, es narcotizada antes del encuentro para que el hombre que ha comprado sus servicios a la "madame" pase con ella una noche en la que esta prohibida la penetración vaginal y los golpes o malos tratos, pero todo lo demás está permitido. Cuando despierta de la droga es enviada a casa, muy bien pagada.

De esta manera la joven sale de apuros. Esa anécdota erótica se nos explica con una imagen elegante, unos ambientes lujosos, unos personajes patéticos pero casi todos inteligentes y formados culturalmente y...una frialdad tan exigente que el espectador acaba viviendo los encuentros como pesadillas donde el erotismo queda diluido en la indefensión y vulnerabilidad de la muchacha. Su vida general queda logicamente afectada por las experiencias y las relaciones de la chica con otros hombres y en sus estudios y trabajos, resultan enigmáticas y algo desequilibradas.

Julia Leigh, la directora, es una novelista de cierto prestigio en los paises anglosajones (ignoro si está publicada en España aunque su apellido me resulta familiar) pero su discurso cinematográfico es un poco deshilvanado y en exceso triubutario del estilo de la Campion, a mi parecer.

Recuerda por el ambiente opresivo, lujoso y algo excesivo, a la ultima película del maestro Kubrick ("Eyes Wide Shut") aunque no llega a resolverse con tanta habilidad como en aquella cinta genial y poco comprendida, protagonizada por Tom Cruise y Nicole Kidman.

Emily Browning logra dar a su difícil papel un laconismo y una reserva que parecen aumentar la fuerza erótica de su cuerpo, una especie de ninfa que hubiera enloquecido a Humbert Humbert, el profesor de la "Lolita" de Nabokov. Y así nuestra directora pone a esa niña crecidita a disposición de lujuriosos y seniles clientes en la edad de los metales, oro en la cartera, plata en el cabello y plomo en el sexo. Las imagenes resultantes rozan la escatología y crean un poso de repugnancia y de temor por la "angelical" Emily. Pero al final uno no sabe muy bien de qué pie cojea nuestra ninfa, cuyas relaciones son de una sorprendente falta de solidez (no alguna  aislada, sino todas), con secuencias tan escasamente explicadas como la aportación de la joven al mundo de la ciencia con poco estimulantes escenas de inserción gástrica de globitos para medir algo que desconocemos, en un ambiente entre laboratorio de Frankestein y oficina bancaria.

En la ruptura del ritmo filmico para permitir la extrapolación de discursos de algunos personajes, se nota la raiz literaria de la directora, que no sabe muy bien como resolver la evidente falta de coherencia filmica.

En suma, una película formalmente deslumbrante, realizada e interpretada con una frialdad pasmosa y con muchos altibajos en  el ritmo y el desarrollo argumental. Las tres secuencias dedicadas a los clientes en pleno uso de sus facultades con el cuerpo inanimado de la muchacha, llegan a impresionar (y no precisamente de una forma erótica). La reflexión de la vejez, el deseo y su terminación, la impotencia masculina, queda subsumida en la imagen vulnerable y extrañamente poco sensual del bello cuerpo desnudo de la actriz, cual muñeca erótica de goma zarandeada por el tosco deseo impotente de unos viejos.

 

 

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10 junio 2012 7 10 /06 /junio /2012 09:20

men-in-black-3-cartel-2.jpg

 

Seguimos la saga de los hombres de negro, o mejor, de un Will Smith  haciendo de sí mismo y un Tommy Lee Jones lejísimo de su "Sunset Direct" y de sus buenas actuaciones de costumbre, mostrando un cansancio que parece habersele contagiado al director de estas tres películas, una serie que empezó de forma rompedora, audaz e inteligente, se descafeinó en la segunda parte y se vuelve reiterativa y tan estirada como las antinaturales facciones de Tommy en la tercera.

Ahora es un malvado interestelar, Boris "El animal", un "boglodita" encarnado por Jemaine Clement (que nos recuerda al malo-cucaracha de la primera entrega, aunque es menos desternillante y autoparódico) que escapa de la prisión lunar y vuelve a la  Tierra para vengarse de "K" (Tommy) el cual cuarenta años antes le dejó sin un brazo y le encarceló. Nuestro apuesto "J" (Will) deberá regresar a los años sesenta para tratar de cambiar la historia y salvar la vida de su compañero y amigo. En aquella época se encontrará con un "K" más joven y sin arrugas, encarnado por James Brolin con la misma apatía refunfuñante pero sin el carisma de Tommy, aunque si su efectividad cómica. El juego irónico y paródico de las ucronías y las referencias al pasado va desarrollándose en "gags" un poco reiterativos como los "disfraces" de los diversos alienígenas o alguna que ottra referencia a otros personajes de la saga (hay un retrato del divertido perro de la segunda parte, compañero de "J" ).

Es obvio que se trata de sacar  más leche a la vaca de negro y  para ello el guionista Etan Cohen (nada que ver con los geniales hermanos idem) trata de revivir viejos chistes, apostar por el siempre agradecido recuerdo de antaño y tratar de que los efectos especiales se ajusten al propósito de gigantesca broma irreverente que impulsa la saga desde el principio. Tal vez  acierte en algunas escenas paródicas (la de las bromas de conocidos personajes reales que resultan ser alienígenas, ya está un poco manida), pero lo de Andy Warhol  y Mick Jagger, arranca alguna sonrisa.

El ritmo decae a menudo y el espectador se pregunta ¿qué hace un chico como él ante otra película como ésta? Una inesperada Emma Thompson como jefa del cotarro (¿Se les habra pegado la moda que inauguró 007 con una "M" mujer y usando también a una excelente actriz, Judy Dench?) consigue animar la función, tras un comienzo prometedor. Los gestos de Emma tratando de imitar las voces de un alienígena en el funeral del anterior jefe de MIB, cuya foto tam bién nos recuerda al actor que lo encarnó en las dos peliculas anteriores.

Aquí echamos de menos más imaginación y más audacia para lograr superar un listón que, aun no estando demasiado alto desde un punto de vista cinematografico, si lo estaba en cuanto a ingenio visual y sano gamberrismo en los actores (fiados de la buena quimica entre Smith y Jones). Y nada que se parezca al soberbio final de la primera entrega, aquel "zoom out" que llevaba a años luz de la Tierra y nos mostraba que nuestra galaxia, la Via Lactea no era mas que una canica para el juego de un ser inconcebible. Sin embargo en este tercera parte (esperemos que se cierre la saga) hay un cierto abandono al sentimentalismo facilón, error en el que no incurrió ninguna de sus hermanas, a pesar del brillante giro narrativo que contiene las escenas finales. Barry Sonnenfeld, artifice de las tres partes de esta saga, debería tomarse un descanso.

En realidad no hay nada nuevo en esta película y si la intención era hacer otra explotación tipo James Bond, haría falta un equipo de guionista más imaginativo y audaz y tal vez, lo siento Will, ir pensando en otro protagonista. La tentación es grande. Ojalá no caiga nadie en ella. Creo que ya tenemos bastante con lo que hemos visto.  

 

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9 junio 2012 6 09 /06 /junio /2012 07:48

libreria-ambulante.jpg

 He aquí un clásico de la literatura norteamericana que es, por propio mérito, un clásico de la literatura occidental, aunque haya pasado desapercibido para nosotros por esas ocultas razones que uno nunca acaba de comprender.  "La librería ambulante" fue publicada en 1917 y aquí nos llega gracias al buen olfato de la editorial Periférica, con traducción esmerada de Juan Sebastián Cárdenas y fecha de edición de 2012.

Si quieren pasar un buen rato entren en el mundo ya definitivamente muerto y nostálgico de unos Estados Unidos rurales donde los carromatos de caballos comparten los caminos y las carreteras comarcales con ruidosos automóviles, la gente vive el tiempo con las estaciones naturales y se ocupa de labores tradicionales entre el campo y la granja, hornear hogazas de pan, preparar pasteles de carne o postres de frambuesas.

Y así, la protagonista, Helen McGuill, una dama que roza la cuarentena y se encuentra a sí misma vieja y demasiado gorda, ama de casa que ha contabilizado seis mil hogazas de pan horneadas en los pocos años que lleva en esa labor viviendo con su hermano, un conocido escritor, decide liarse la manta a la cabeza, abandonar su hogar y comprarle su carromato a un vendedor ambulante de libros para vivir la aventura de los caminos y el placer de vivir entre libros (el carromato tiene dos grandes estanterías laterales que nse abren con un mecanismo) y el placer de darlos a conocer y venderlos.

Y aqui entra la magia de esta novela: el carromato Parnaso,--arrastrado por el caballo Pegaso (Peg) y acompañado por el perro Bock (de Bocaccio)--, una libreria ambulante, dirigida por un hombrecillo Roger Mifflin, cuyo amor por los libros y labia inteligente, gana el corazón del lector, forman un entramado literario con una fuerza espectacular.

De una sencillez aplastante, un humor limpio y unos personajes atractivos, la novela circula entre los títulos de los libros que vende Mifflin, el viaje que emprenden la dama y el librero por la rural Nueva Inglaterra, en la Norteamerica de principios del siglo XX y el desarrollo de una trama amorosa descrita con una delicadeza tan atractiva como la sinfonía de colores de los bosques, los aromas del campo o las copiosas comidas en las granjas. En la trama, en la que no faltarán problemas y elementos discordantes que son resueltos con mano firme y amable por el novelista. El autor, Christopher Morley (1890-1957) periodista y escritor, tiene un estilo que recuerda poderosamente al de O'Henry o Mark Twain. Fue considerado un escritor de éxito en las primeras deccadas del siglo XX y despues se convirtio en un escritor de culto. Es una buena noticia que los lectores españoles puedan acceder a la delicia de esta novela (en la que uno percibe el humor socarrón pero refinado de un Amis, un Barnes o un Wolfe).

La misión autotrascendental del librero Mifflin, que lleva y vende libros a personas sin apenas base cultural, haciendo que sientan ese amor y respeto por la buena lectura, convirtiendolos en lectores devotos, tiene un gancho enorme. Unase a ello la habil descripción de paisajes  y ambientes (aqui se ve la influencia de H.D.Thoreau en el autor) y las peripecias y problemas que se ven obligados a superar los protagonistas. Tal es el humor y la sencillez, la emotividad que desprenden estas páginas que uno acaba colocando este libro en su anaquel de libros que merecen visitas diversas a traves de los años. Fíjense en la portada y en la cuidada edición de Periférica y comprenderán el atractivo visual del libro (sin entrar en el de su interior). Lejos de las novelas de carretera de unos años más tarde como "On the road" y el movimiento "beat", esta se acerca más por la placidez y la poesía que emana a clásicos como el "Tom Jones" de Fielding, o nuestro Don Quijote. Como dice el locuaz Mifflin, "Ninguna criatura sobre la faz de la tierra tiene derecho a creerse un ser humano a menos que este en posesión de un buen libro" (pag.63) o "Cuando le vendes un libro a alguien no solamente le estas vendiendo dode onzas de papel, tinta y pegamento. Le estas vendiendo una vida totalmente nueva. Amor, amistad y humor y barcos que navegan en la noche" (pag42) o como dice y firma Morley en su prólogo-carta dirigida a un editor en el que le manda el manuscrito "escrito" por Helen McGuill (otra semejanza con "El Quijote" en el que Cervantes hace autor de la novela a un morisco Hamete Benenjelí): "la diversion mas celestial conocida por el hombre: vender libros" (pág.8). Tomen nota los libreros. Es refrescante aun en estos tiempos de crisis.

En fin una lectura amable, tierna, sentimental y llena de humor para el fin de semana, para toda la vikda.

 

FICHA:

"La libreria ambulante".- Christopher Morley.-Editorial Periférica. Traducido por Juan Sebastián Cárdenas.-182 pás. 17 euros..

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8 junio 2012 5 08 /06 /junio /2012 18:03

Desde la terraza, con la aguja tensa y elegante de la torre de la iglesia a mis espaldas, el valle que se extiende desde la Torre a Cretas, es como un tapiz irregular, plácido y verde, con las montañas de los Puertos al fondo, un telón de azules, más compacto y oscuro con el "sky line" de las cumbres recortadas, y más suaves tiñendo un cielo que comienza a oscurecerse amenazadoramente, nubes preñadas de agua. A mis pies, en la plaza de Aragón, con su solitario parque infantil y las vecinas sentadas a la puerta de sus casas tomando el fresco del atardecer, la paz del pueblo se turba con las voces de las mujeres, alguna risa, silencios breves en los que sólo se oye el piar de los pájaros, abundantes a esta hora.

Desde el salón me llega la voz del locutor que comenta el juego entre Federer y Djokovic. He estado ante la televisora disfrutando con Nadal y Ferrer. Después he visto un rato de la otra semifinal de Roland Garros. Me he ido cuando quedaba claro que mi favorito, Federer, iba a perder contra el serbio. El tenis sigue siendo el unico deporte que me atrae ver, cuando me he pasado decadas de mi vida en las que solo me atraía jugarlo. Un zig zag de plata atraviesa las nubes negras en la lejanía del horizonte de las montañas. Aqui aun brilla el tono dorado del sol de la tarde que confiere una calidad de color inusitada a los verdes del campo. Leo al escritor libanés de "El contador de cuentos". Habla del paso del tiempo y la nostalgia que nos invade cuando ya estamos más allá del "mezzo del caminno de la nostra vita". Las mujeres entran sus sillas de enea y se resguardan en sus casas. No hay niños en este pueblo, excepto los fines de semana y las vacaciones. Sus gritos suelen obligarme a cerrar los ventanales de la terraza. Las gentes de esta tierra aragonesa suelen tener voces recias y contundentes. Ahora todo queda en silencio. El cielo se vuelve paulatinamente oscuro. Un viento calido barre la plaza. Quizá este lloviendo en las montañas. Ojalá. Por aqui pasarán las nubes de largo, todo quedará en una amenaza. Es una tierra sedienta que no tiene suerte con el agua. Las campanas han sonado con su deje metálico y reverberante. Doblan a muerto. Pedro, el anciano vecino de la casa de enfrente, ha sido vencido por el cáncer. Solía pronosticar el tiempo con la pericia y el acierto del labrador que fue durante ochenta y pico años, cuando me veía con la mochila a punto de salir. Descanse en paz. Los pájaros han callado. Caen unas gotas. Muy pocas. Nada. Una lágrima del cielo.

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7 junio 2012 4 07 /06 /junio /2012 07:31

   excursiones 3409   

 Salimos de Barcelona en tren, con la anochecida. Hace un día nublado y frío. Serán siete días de ruta a una media de entre 25 y 30 kilómetros por jornada. La subida a los poco más de 1400 m de ese monte legendario no es demasiado empinada y se hace con cierta comodidad. En Las Herrerías, comienza el largo ascenso hacia el  cima ventosa del monte desde el que Galicia da la bienvenida al peregrino, la puerta del cielo como se llamaba en la edad media. Hogaño, aquí Galicia se abre, valles, bosques, cimas peladas y rojizas, perfiles redondeados en los que el verde estalla con fruición. Aldeas de piedra, desperdigadas, en un paisaje rural, ensimismado, silencioso, sin servicios, ni bullicio, ni gente. Una Galicia que se escribe en la rutina de los trabajos y los días como soñara Hesiodo, una tierra milenaria de relieves suaves entre valles verdes y brochazos de amarillo y rojo de las flores y las copas de los carvallos (robles) y el verde brillante de árboles de ribera, o los jaspeados colores de hayas, robles y encinas.

 En lo alto de O Cebreiro, azotados por los vientos, hay una ermita sencilla y hermosa y casas de piedra con fondas y bares, además de los pequeños edificios circulares con tejado cónico de paja, las antiguas viviendas rurales. Salimos de O Cebreiro por detrás del refugio, entre los tendederos de la ropa recién lavada por los peregrinos. Seguimos hacia el alto de San Roque (1270m) donde destaca por su dura y exigente figura el monumento al peregrino, una estatua de hierro oscuro de un fornido caminante azotado por el viento y ofreciendo una épica resistencia física al vendaval, echado hacia delante con férrea determinación.

 Desde allí comienza otro de los andaderos, paralelos a la carretera, auténtica cruz para los caminantes, monótonos, de piso duro que castiga las rodillas y acompañados por el ruido de coches y camiones, afortunadamente no muy abundantes por esta zona.

 Pasamos por Hospital y al final de una gran cuesta nos espera el Alto do Poio, una antigua encomienda de los caballeros de San Juan, con bares y restaurantes a ambos lados de la carretera.

 Desde allí, nuevamente por el andadero, junto a la carretera que serpentea por el valle y las verdes colinas, bajamos hacia Fonfria,

un pequeño y embarrado pueblo sin encanto alguno, rodeado de pastizales de vacas, calles sucias y un solo meson-fonda, donde nos alojamos.

La segunda etapa del Camino nos acercará a un pueblo grande, limpio y ajetreado que se llama Sarria.

Serán ocho horas de caminata, casi 29 kilómetros, con paradas incluidas, una junto a un riachuelo para comer unas manzanas y otra en un bar del Camino para atacar una ración de tortilla de patatas y unas cervezas frías (muy de agradecer, debido a los más de 30 grados que caen sobre el Camino). El sendero va internándose por carenas de colinas, como si camináramos por un balcón que se abre ante un inmenso paisaje de colinas verdes, bosquecillos, sembrados y pastos. Abedules, robles, acebos, grandes matas de helechos, el pardo y persistente colonizador del enebro, el brezo y otro matorrales que se extienden por cimas peladas, dándoles una coloración muy característica

Pasamos Biduedo (llamado así por su bosque de abedules) en un tramo del Camino muy auténtico (existe tal cual desde el medievo) y atravesamos por la parte superior de una ladera el monte Caldeiron, mientras a nuestros pies se despliega un enorme valle con una antiestética cantera en el centro. Comienza un descenso suave que ya no cesará hasta Sarrias, pese a algunas subidas intercaladas, entrando el sendero en las famosas "correideras" de robles y castaños, con ejemplares de centenares de años y mohosos muros de piedra limitando los dos márgenes del camino, que se desliza entre árboles centenarios como por túneles de verdor, húmedos y umbríos, generalmente de piso embarrado.

 Entramos en el concejo de Triacastela, tres castillos (no queda ninguno en pie) pasaremos por Filloval (llamado asi por el nombre de las trampas para lobos que los del lugar preparaban), As Pasantes y Ramil antes de internarnos en este pueblo, con una calle mayor llena de refugios y restaurantes de peregrinos. Fue fundada por el conde Gatón del Bierzo en el siglo IX y ha sido considerada fin de etapa desde el medievo (según el LIber sancti Jacobi). Parece ser que en aquellos tiempos había la tradición de coger una piedra caliza de las que abundan en este pueblo para llevarla a Santiago y así ayudar a la construcción de la catedral.

 Nos demoramos en la visita a la iglesia parroquial dedicada a Santiago, una bellísima torre románica enclavada en el centro del camposanto.

En Triacastela hay que decidirse entre dos alternativas: ir a Sarria por el monasterio de Samos o, más corta y también muy hermosa y con desniveles, ir por San Xil. Nos decidimos por esta segunda opción y avanzamos por la ribera del arroyo Valdoscuro, donde haremos un refrescante baño de pies. Luego el sendero sube hacia el Alto de Riocabo, entre valles escondidos y corredeiras de enormes castaños y robles. Por pista se atraviesa Montán y Pintín, hasta llegar a Sarria.

 La etapa siguiente, desde Sarria a Portomarín ha sido más corta: 24,5 km en los que hemos invertido seis horas, con una leve parada para reponer fuerzas en un pequeño refugio de peregrinos en los que se oía todo tipo de idiomas, inglés, italiano, francés, excepto castellano. Nos dicen las chicas del figón que este es el mes de la abundancia de extranjeros. Luego la cosa se equilibra bastante.

 Hemos salido por la parte alta de la ciudad, junto al convento de la Magdalena  y la torre medieval, único resto del castillo.

 Los viajeros cruzamos el cauce del rio Celeiro por el pequeño puente románico de un solo ojo, "Ponte áspera". Nos dirigimos por una umbría corredeira hacia la via de tren, le haremos compañía unos metros, hasta que el sendero jacobeo la cruza y la abandona dirigiéndose hacia las colinas que circundan Sarria. que nos dará entrada a la Meseta Lucense en su andadura incesante hacia el MIño embalsado de Portomarín.

 El ascenso del Camino es entre un bosque encantado de robles, abedules  y castaños centenarios, retorcidos, inmensos, repletos de bultos informes y nervaduras, como si fuesen monstruos petrificados o gárgolas de un inmenso templo románico, caminando bajo el palio verde de las altas ramas que forman un soberbio artesonado vegetal catedralicio.

 Pasamos por Vilei e inmediatamente Santiago de Barbadelo, donde encontramos la iglesia de Santiago, una pequeña ermita románica de torre cuadrada truncada, del siglo XII, construida en granito, de una sola nave y engastada en el pequeño, irregular y repleto camposanto de la localidad.

 Parece que en Barbadelo (dice el Liber Sancti Jacobi) menudeaban los rufianes, estafadores, prostitutas, falsos tullidos y pícaros de toda ralea que trataban de robar a los peregrinos. Hay en el Libro del Camino medieval una descripción de uno de los sermones que usaban los amables y simpáticos embaucadores ofreciendo a los peregrinos que se alojaran en Santiago en sus hogares y que en prenda de ello  mostraran a su familia el objeto que él les daría para identificarse y ser tratados a cuerpo de rey.

 Despues de Parrocha y Vilalla llegamos a un recodo de una carretera desde donde se puede ver la superficie azulada del Miño y un poco mas tarde el gran puente que lo cruza y Portomarín e n la otra ribera, en la ancha boca del embalse de Belesar (en la orilla, oscuros restos de las viejas edificaciones del antiguo Portomarin). En el nuevo (1962) se pueden ver los monumentos restaurados piedra a piedra del viejo pueblo anegado por las aguas.

 Portomarín fue un paso romano del rio Miño (porto en gallego es paso de rio) y lleva Marin en el patronimico, por el monasterio de Santa Marina que existio alli desde la Alta edad media y celebraba a la primera santa que se travestía en hombre para profesar sus votos religiosos según consta en  el acta de su martirio, donde aun se le da nombre de  varón. Atravesamos el Miño y en la orilla ganada subimos la escalinata de los peregrinos que termina en una pequeña capilla dedicada a la Virgen de las  Nieves.

 Nuestro hotel está muy cercano al pétreo cubo de piedra almenado de San  Nicolás. Una iglesia fortaleza, con torreones y almenas, del siglo XII, una sola nave y abside semicircular con un enorme rosetón en el centro de su fachada.

 Salimos de Portomarín con la amanecida. Hacia el oeste se perfila un cielo amenazador, con nubes esponjosas de vientre negro y un horizonte tormentoso hacia los Montes de Vacaloura que habremos de superar por los desniveles escasos pero de buena pendiente de la Sierra de Ligonde.

Portomarín queda a nuestra espalda, con esa placidez ensimismada de los pueblos con un gran rio a los pies. La antigua pasarela sobre el embalse ha sido clausurada. Hay que dar la vuelta por el puente nuevo y coger el sendero que nos lleva hacia el Monte de San Antonio siguiendo el curso del arroyo Torres y ofreciéndonos un empinado paseo bajo castaños, robles, encinas y pinos. Durante casi toda la jornada vamos a caminar por andaderos que discurren paralelos a las. Es un tipo de caminata mucho más pesada y dura y se agradecen los pocos desvios que te llevan por entre el bosque o atraviesan remotas aldeas con  intenso olor a pienso y postas de vaca, en las que raramente hay alguna persona que mira el paso de los peregrinos con expresión inescrutable.

En Toxibo, tras el perfumado paso por las cercanías de fabricas de piensos y granjas vacunas, comienzan a caer gotas. En unos minutos la cosa se pone muy húmeda y decidimos parar y ponernos los ponchos de plástico que nos cubren a persona y mochila, convirtiéndonos en desgarbados bultos dotados de enormes jorobas.

 Sembrados de grano, abedules, robles, eucaliptos, pinos. En el ascenso a Eirexe y Portos, también por andaderos ya aparecen cielos oscuros y tormentosos hacia el oeste. En el Liber Sancti Jacobi se habla expresamente de esta etapa, de Portomarin a Palas de Rei, avisando a los peregrinos de la abundancia de mujeres, sirvientas o prostitutas que buscan "la condena del alma de los peregrinos" ofreciendo sus artes amatorias a buen precio por lugares boscosos y hospederías.

 Llegamos a Palas de Rei por su zona deportivo recreativa y entre campos de juego y merenderos (todo vacio) estalla una breve tormenta que nos deja mojados y mohínos.

 

 

Vuelta al Camino francés. Hace casi exactamente un año el amigo Jaime y yo nos echamos al Camino en León en busca de la cruz de Santiago y lo abandonamos en Ponferrada, con una pequeña incursión al lugar de O Cebreiro, el célebre monte que es la frontera y el anuncio de la última etapa del Camino. Ahora volvemos. Desde unos kilómetros antes de subir al monte, en el caserío de La Portela, quedan un poco menos de 200 kilómetros para darse un coscorrón con la Pedra os Croques o abrazarse al hombro del Santo, mientras el Botafumeiro realiza su gigantesca danza de humeante incienso.

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6 junio 2012 3 06 /06 /junio /2012 07:58

profesor-lazhar-cartel1.jpg

 

Reconozco que las películas de profesores desde el lejano "Mr. Chipps" (y en la versión de Robert Donnat más que en la cursilada musical de los setenta interpretada por Peter O'Toole y una nada creíble Petula Clark) pasando por la sentimentaloide "El Club de los poetas muertos" o la oportunista "Escándalo en las aulas" con Sidney Poitiers, me han atraido mucho. Mucho más serias y menos sentimentales de que las americanas, son interesantes las peliculas francófonas de este género, al estilo de "La clase" de Laurent Cantet ,"Ser y tener" de Nicholas Philibert y "Hoy empieza todo" de Bernard Tavernier. Esta película canadiense, "Profesor Lazhar", se inscribe un poco más en la línea de estas producciones.

En ella vivimos la peripecia vital de un refugiado politico argelino de media edad, Bachir Lazhar, que se presenta en una escuela de Montreal solicitando el puesto de profesor que ha dejado vacante una mujer que se ha suicidado en la propia clase en la que impartía sus enseñanzas  causando un fuerte trauma psicológico al alumnado de la escuela y principalmente a dos de sus propios alumnos.

Philippe Falardaeu nos muestra al "profesor" argelino y nos desvela poco a poco algo de su trágico pasado en Argelia, donde llevaba un restaurante y estaba casado con una profesora y escritora politicamente incorrecta en su país, tanto que es asesinada junto a su hija mientras Lazhar ya está en Canadá gestionando la llegada de su familia. Sin embargo la habilidad en la gestión de la trama hace que no nos importe nada si Lazhar es en verdad quien dice que es o no, ya que lo que impulsa la película es la trama escolar, el drama de dos de los niños afectados por el suicidio de su maestra y la interacción entre los niños y el falso profesor y entre este y sus compañeras profesoras y la directora de la escuela.

La cálida cercanía, digamos meridional, del profesor argelino contrasta vivamente con una obsesiva frialdad escolar en la que el contacto fisico con los alumnos está prohibido y muy castigado y las sombras de los abusos parece cernirse en toda la historia (de hecho, un presunto abuso en forma de abrazo o beso afectuoso es el motivo por el que parece haberse suicidado la profesora ante la denuncia de un desequilibrado alumno suyo).

La magnífica, contenida, correctísima, emocional y tierna presencia de Mohamed Fellag, no exenta de ambigüedad y un cierto misterio, es clave en la cinta. Su actuación da sentido a las emociones que muestra el resto del elenco, sobre todo los niños, cuya presencia muestra la esmeradísima labor del director. Estos se enfrentan a un mundo de prioridades y valores  que ya no les pertenece, contradictorio y antagónico, representado por el profesor y sus métodos de enseñanza e interacción (lo que, como era de esperar, un diez al realismo de la pelicula, provoca reacciones de rechazo en algunos de los padres).

Por otra parte esta pelicula polisemica nos permite otra lectura, la fuerza de la impostura, es decir cómo la actividad del "profesor" va provocando que éste se convierta en un paradigma positivo de la profesión que está suplantando, motivado por las vivencias que las circunstancias provocan en la interacción entre niños y profesores. Y como parte de ese esquema, la profunda tragedia interior de Lazhar, el asesinato de su familia, que él contrapone en el mismo plano a la brutal desaparición autoinducida de la profesora que sustituye. Ese negarse a actuar ante los niños "como si no hubiera ocurrido nada" provoca una respuesta  de Lazarh, que sabe intuitivamente que es preciso la aceptación para superar el drama y que la ocultación no sirve más que para aumentar los efectos negativos psicológicos de lo ocurrido.

No hay trampa ni cartón, ni empalagos de falsa ternura, si sentimentalismo de cartón piedra. Los niños son reales  y se comportan como tales, con sus diversos niveles de madurez . No hay manipulación de la imagen y mucho menos del mensaje. "Profesor Lazhar" nos habla de un tema tabú en nuestra sociedad de la abundancia y el desperdicio (emotivo): nos pide que aprendamos a convivir con la muerte, no como concepto sino como realidad que hay que asumir y comprendiendo, superar. "Los muertos se quedan en nuestra cabeza porque les amamos" dice el profesor al unir las tres muertes que marcan la trama. Ya que la muerte no es algo distinto de la vida, o su opuesto, sino que forma parte indisoluble de la misma vida y hay que aceptar su presencia, hacer el duelo si es el caso y seguir con la existencia y el disfrute de todo lo que la vida nos ofrece.

Mención especial a la pequeña Sophie Nélisse, cuyo personaje e interpretación, rozan la perfección.

 

 

 

 

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5 junio 2012 2 05 /06 /junio /2012 07:52

blancanieves-y-la-leyenda-del-cazador-cartel2.jpg

 

En un par de meses han coincidido en las carteleras de estreno dos versiones del cuento presuntamente infantil "Blancanieves y los siste enanitos". Una versión edulcorada y casi de Bolliwood dirigida por Tarsem Singh, de la que ya hablamos aqui (consultar criticas de cine) y la presente, oscura, rompedora y poco infantil versión en la que la malvada reina (bellísima Charlize Theron) es realmente bella, malvada y muy torturada, el espejo mágico es una versión delicuescente de los relojes blandos de Dalí y el bravo y rudo cazador Chris Hemsworth (sigue siendo tan soseras como en "Thor", más músculo que inteligencia, pero aqui ha ganado en simpatía) parece tener más química --y física erótica--con la reina malvada que con la dulce y poco creíble Kristen Stewart. Mucho uso de ordenador y un  director Rupert Sanders, proviniente de la publicidad que, a mi entender, hace un producto muy digno dentro de los parámetros de lo comercial y rozando la insatisfactoria categoría del "cine palomitas". Como ocurría con "Los vengadores" parece que ese género de uso, disfrute y olvido se está ganando a pulso en algunas--pocas ocasiones-- sellos de mayor calidad.

Doscientos años después de que los hermanos Grimm escogieran esta leyenda centroeuropea para confeccionar uno de sus duros "cuentos infantiles" y de que Disney hiciera su panfleto blandengue y sentimentaloide marcando el relato con el baldón de cursilería para varias generaciones, hay alguien que se atreve a bucear en el trasfondo sanguinario, cruel y feroz pero al tiempo valeroso manual de crecimiento psicológico de aquellos llamados cuentos infantiles, desde la "Caprucita Roja" que ya vimos hasta esta "Blancanieves" que no ahorra truculencia, agresividad y dureza a la versión adulta de la historia.

La puesta en escena es magnífica con momentos antológicos casi siempre relacionados con la reina malvada, la auténtica protagonista de esta historia fascinante visualmente: recordarán siempre la transformación de la reina negra en un viscoso alquitrán que nace de cuervos muertos o los monstruos que crea de brillantes cristales oscuros (todo ello en un ambiente muy de "El señor de los Anillos", sin llegar  a ser clónico.

Amor que provoca primaveras y odio que encierra la oscuridad y la putrefacción, los simbolos están tratados de manera inconfundible y clara, con una belleza formal tenebrosa que recuerda un  poco el mundo de Burton.

"Blancanieves, mirrro, mirror" la versión dulce y musical no tiene nada que ver con esta "Blancanieves y la leyenda del cazador", excepto el cuento en las que se basan. Lo demas es brillantemente diferente y en ambos casos, mas en esta segunda, de bastante acierto. A lo largo de más de dos horas el espectador asiste a un espectáculo vibrante, a veces el ritmo decae, pero en general se mantiene con  vigor y sopresas (la aparición y comportamiento de los enanos --magnificos actores reducidos por ordenador y con caracterizaciones y maquillajes sorprendentes: me ha encantado por ejemplo el del magnifico Toby Jones y el no menos encomiable Bob Hoskins-- o los harryportianos manejos de la reina aspirando la juventud de muchachas virgenes).

Película digna, pues, que aunque no la recordaremos jamás dentro de ese reducido lugar de las obras maestras, tiene virtudes que al menos la hacen digna del bastante abusivo precio de las localidades (lo cual va vaciando las salas y, paradójicamente, haciendo más caras las entradas).

 

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4 junio 2012 1 04 /06 /junio /2012 09:06

los-diarios-del-ron-cartel.jpg

 

Asistimos en esta película a los primeros pinitos literarios de uno de los "gurús" del llamado "new journalism" norteamericano, --nacido en los setenta y que revolucionó la literatura periodística con las obras de Truman Capote, Thomas Wolf y algunos otros--, Hunter S. Thompson, autor de "Miedo y asco en Las Vegas", una de las "biblias" del lisérgico desenfreno literario de autores sumergidos en el alcohol y la droga (bastante menos valiosos literariamente que otros más antiguos como Thomas de Quincey, Poe o Baudelaire) y que fue llevada al cine por el irregular ex Monty Piton, Terry Gilliam, en una película absurda (también con Johnny Deep) 

Interpretada también  por el camaleónico Johnny Deep (que fue amigo personal del escritor hasta que este se suicidó en 2005) se nos narra la llegada del personaje que interpreta al autor, Paul Kemp, a Puerto Rico para trabajar como redactor en el Star, un periódico local de escasa importancia y que está a punto de cerrar. Quizá el comienzo sea lo más notable de un filme que no acaba de encontrar el ritmo y el tono adecuado. "Los diarios del ron" es un manuscrito de Thompson olvidado en algun cajón hasta que lo rescató el actor Depp y se propuso hacer una película de él como tributo a su amigo fallecido.

Y así es como hemos de ver este relato alcohólico, excesivo, absurdo, discontinuo e irregular, en el que un improbable Kemp-Thompson metido en la piel de un joven periodista alcoholizado y pretendidamente inteligente y sagaz, nos pinta una sociedad corrupta, la de Puerto Rico, a principios de los sesenta.

En un momento de este filme extraño, el director del Star, interpretado por un magnifico Richard Jenkins, le dice a Depp al comentar el tipo de sociedad portoriqueña que la metrópoli permite que se desarrolle y medre en el patio de atrás de la gran patria norteamericana: "No estás dormido, estás despierto. Este es el sueño americano". Pero excepto dos o tres pinceladas casi demagógicas que Depp se permite para acreditar su "olfato" periodístico, todo lo que nos cuentan sueñan a mala resaca de whisky o ron, o una pesadilla lisérgica creada por el lsd (como la secuencia del uso de esa droga con su amigo el fotografo Giovanni Ribisi).

A pesar de la fuerza gestual del perplejo Depp, que parece parodiarse continuamente a sí mismo o la impagable Sparrow de "Piratas del Caribe", los mejores actuaciones son las del citado Jenkins, la de Ribisi e incluso la de Aaron Eckhart, que hace un sorprendente papel de marrullero vividor sin escrúpulos. Bruce Robinson dirige al cotarro de actores en una suerte de muestrario de escenas sin ningún ritmo y con una languidez que hace pensar en que todos, incluido el equipo técnico, estaban bebidos o fumados mientras hacían la película en las calles y playas de Puerto Rico.

Los ojos inyectados en sangre del borracho Depp al inicio de la película y su desternillante enfrentamiento con el camarero que le trae el desayuno, tras la magnifica secuencia de los titulos de crédito con un avion rojo paseando por los cielos de Puerto Rico hasta pasar por la ventana del hotel donde se aloja un resacoso Depp, son uno de los aciertos de este director, al que no se le puede reprochar una decidida honestidad en la puesta en imagenes de un libro que supongo bastante impublicable por caótico y poco significativo fuera de las gamberradas etilicas y tal vez algo obsoleto en su retrato del ya sobrepasado "periodismo gonzo", en el que el periodista forma parte de la crónica de lo narrado e influye personalmente en su desarrollo, al convertirse en uno de los actores de la trama. Película fallida, pero con ciertas virtudes para formar parte de ese "Inferno" de los filmes que tiene valores extracinematográficas que probablemente la convertirán con el tiempo en pasto de cinéfilos.

  

 

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3 junio 2012 7 03 /06 /junio /2012 19:45

walker

 

 

 

 

 

Mediante un misterio de asesinato tal vez innecesario, esta película de aroma clásico que bebe de "American Gigolo" se adentra en el oscuro mundo de la alta sociedad estadounidense de una forma intrigante y además presenta a un personaje central magníficamente compuesto a quien Woody Harrelson da vida de una forma perfecta y compleja.

Sinopsis: Carter Page III es un hombre bien educado de la alta sociedad de Washington que vive como acompañante asexual de mujeres cuando sus maridos prefieren no asistir a eventos públicos. Cuando el amante de una de sus amigas es asesinado y es ella quien encuentra el cuerpo, le pide a Carter que encubra este hecho para evitar un escándalo. La investigación del fiscal y de la policía ponen presión sobre él y Carter inicia sus propias averiguaciones al sospechar que hay más de lo que inicialmente pensaba.

El realizador Paul Schrader declaró que esta película no era técnicamente un remake de su popular "American Gigolo" pero que era más o menos como veía al personaje principal de ésta última cuando tiene cincuenta y pico de años. Tanto el personaje de Richard Gere como el interpretado aquí por Woody Harrelson se encuentran sumergidos en una misma situación: están siendo culpados de un crimen que no han cometido mientras ambos soportan esta carga por el bien de las apariencias. Pero hay una diferencia fundamental entre ambos filmes y es que si en "American Gigolo" la investigación de asesinato y sus ramificaciones era algo que daban dirección y pulso al filme, en esta ocasión son más una innecesaria distracción que languidece la película.

Curiosamente y según palabras del propio director, Woody Harrelson rehusó publicitar la película ya que el propio actor no estaba satisfecho con su interpretación. Con todos los respetos, tal vez él no sea su mejor crítico ya que su trabajo es lo que hace esta película. Es una actuación extraña, con algún altibajo pero en general de las más destacadas que ha hecho el actor, y ha hecho unas cuantas notables cada vez más en filmes que tienen menos publicidad como las recientes "Rampart" o la que le trajo su nominación al Oscar en 2010 "The Messenger". Harrelson da vida a un hombre extremadamente culto, homosexual, con complejos y dudas personales que no deja aflorar a la superficie que maquilla con un peluquín, trajes hechos a medida y dosis de encanto. Su personaje y principalmente la forma como le da vida, dentro de un mundo de las mujeres de la alta política y sociedad de Washington, crean solos unas impresionantes posibilidades para el estudio de este personaje.

No es de extrañar que el personaje central esté tan bien compuesto. Su director ha sido el autor también de los guiones de "Taxi Driver" y "Toro salvaje" por ejemplo, con lo que no cabe duda de su interés por lo profundo y torturado de sus personajes. En donde el filme se pierde ligeramente es en su aspecto de thriller. Este sirve para crear un nada optimista retrato sobre el mundo de la política en Washington pero la investigación en si sobre un asesinato y su resolución son algo menos elaboradas y poco satisfactorias que todas las otras partes del guión de Paul Schrader. Para representar esta realidad corrupta de la capital de EE.UU., no era necesario tanto misterio.

No obstante, lo que representa "The walker" es más que interesante y además posee a Woody Harrelson entregando una de sus composiciones interpretativas más complejas. Acompañado por Kristin Scott Thomas, Willem Dafoe y la mítica Lauren Bacall, la película no será un ajustado thriller pero su estilo clásico, su constante diálogo y su incisiva y aguda escritura de un personaje y un mundo, hacen de ella algo inmensamente valorable.

 

 

 

 

Dirección y guión: Paul Schrader.
Países:
USA y Reino Unido.
Año: 2007.
Duración: 107 min.
Género: Drama.
Interpretación: Woody Harrelson (Carter Page III), Kristin Scott Thomas (Lynn Lockner), Lily Tomlin (Abigail Delorean), Lauren Bacall (Natalie van Miter), Moritz Bleibtreu (Emek), Ned Beatty (Jack Delorean), Mary Beth Hurt (Chrissie Morgan), Willem Dafoe (Larry Lockner), William Hope (Mungo), Geff Francis (detective Dixon), Steven Hartley (Robbie Kononsberg).
Producción: Deepak Nayar.
Música: Anne Dudley.
Fotografía:
Chris Seager.
Montaje: Julian Rodd.
Diseño de producción: James Merifield.
Vestuario: Nic Ede.


SINOPSIS

Carter Page III (Woody Harrelson) trabaja como acompañante de las esposas de hombres muy poderosos en Washington. Sus principales clientas son: Lynn (Kristin Scott Thomas), Abby (Lily Tomlin) y Natalie (Lauren Bacall). Carter se ve involucrado en un escándalo cuando Lynn, mujer de un senador liberal, le llama al descubrir a su amante asesinado. Para protegerla a ella y la reputación de su marido, Carter declara haber sido él quien encontró el cadáver.

 

 

 

 

 

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