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31 mayo 2012 4 31 /05 /mayo /2012 07:50

casa-de-papelok.jpg

 Hace unos días escribí en mi dietario: "no hay amante de los libros que no se sienta aludido y hasta enfermizamente hermanado por las historias que emergen de este librito de poco más de cien páginas de letra generosa y tamaño de bolsillo, "La casa de papel". El argentino Carlos Maria Domínguez (residente en Uruguay) sacó a la luz esta pequeña joya que circula--poco-- en España desde 2004, aunque creo que yo la conocí muchos años antes en una edición sudamericana (o quizá lo soñé, contagiado por el ambiente onírico y fantasmal que suelen compartir los libros que hablan de la pasión de leer, de poseer y coleccionar libros, de formar bibliotecas imposibles y de soportar la silenciosa invasión de las letras en forma de su preciado continente, los libros. La actual edición en libro de bolsillo tiene unos cinco años (2007) y lleva el sello de la editorial Mondadori, en formato de pasta dura, guardas rojas, dibujos de Peter Sis y letra clara y grande, con la dedicatoria el "Gran Josep", es decir Conrad, cuya "Linea de sombra" tiene una esencial importancia en la narración.

La relectura de este titulo vino a abundar en una de esas deliciosas causalidades que aparecen en la vida de cualquier lector: sin saber cómo ni por qué hay momentos en los que una extraña fuerza ("sincronicidad" la llamó Jung) provoca casualidades y coincidencias que es dificil explicar por la lógica y la razón. En este caso, como una secuencia realmente inexplicable, varios libros vinieron a mis manos, todos movidos por un tema y propósito común, un empeño semejante: el de los diferentes autores con respecto a un objeto y una pulsión: el amor a los libros. Desde los "Fantasmas en la biblioteca" a "La librería ambulante" de Christopher Morley, "El novelista ingenuo y sentimental" de Pamuk, la "Bibliofrenia" de Joaquin Rodriguez, "Los libros que nunca he escrito" de Steiner, "Leer la mente" de Volpi, "La biblioteca de los libros perdidos" de Alexander Pechmann, "El vicio de la lectura" de Edith Wharton y algun otro que en este momento no recuerdo. Todos en torno a la mania lectora. ¿Causalidad o causalidad?

Habida cuenta que vivo semi-aislado en un pequeño pueblo aragonés a cientos de kilómetros de las dos grandes capitales que me rodean y mi único contacto con el mundo cultural libresco me viene de la deliciosa persona interpuesta de mi librero favorito, Octavi Serret, de Vallderrobres, el asunto tiene un cierto misterio añadido que solo cabe explicar como un ejemplo de las "afinidades electivas" que uno ha ido cultivando desde que comencé a degustar libros...y a coleccionarlos, es decir mi lejana infancia.

Pero volvamos a "La casa de papel", un libro breve de dilatado placer. Se trata de una especie de "trhiller" , una trama detectivesca que tiene como objeto básico un ejemplar de "La linea de sombra" de Josep Conrad, un libro con páginas dañadas por una especie de argamasa y destinado a una profesora de Universidad, compañera del protagonista --un escritor argentino, también profesor en Cambridge-- que ha muerto atropellada por un vehículo que se dio a la fuga, mientras cruzaba una calle leyendo a Emily Dickinson. El narrador comienza una labor detectivesca que le lleva  a un hombre, Carlos Brauer, un bibliófilo uruguayo cuya obsesión por los libros no sólo le transforma la vida sino que le provoca la ruina y tal vez la muerte, pero no sin antes dar en la experiencia más salvaje que cualquier lector pueda imaginar, como respuesta a una enfermiza preocupación por el futuro de su gran biblioteca cuando él desaparezca. Decenas de miles de ejemplares, primeras ediciones, incunables, ediciones raras, manuscritos.

Las preguntas que a todo bibliomano le asaltan son dolorosamente parecidas de unos a otros: ¿Cual será el destino de los libros que uno amó y atesoró durante toda su vida? ¿como ordenar una biblioteca de miles de ejemplares para saber dónde están los que uno busca? Las respuestas a estas preguntas si son muy variables y en ellas a veces se esconde cierta paranoia o cierta patología. Las respuestas de Carlos Brauer son descomunales. Pero no les voy a contar más. Lean este librito de pocas páginas, muchas sugerencias y bastante placer

 

Las descripciones de las bibliotecas de los personajes, de su obsesión, de su amor enfermizo por los volúmenes, las ideas que barajan para organizar sus bibliotecas, la dictadura de los libros, el placer sin nombre y sin techo que los libros provocan, se van compaginando con las descripciones casi psicoanaliticas del buscador y el buscado y todo culmina en las escenas delirantemente escritas de aquello que Goya llamaba "el sueño de la razón produce monstruos" aplicado a los libros y la pasión de atesorarlos.

La locura de don Quijote o las hogueras de Ray Bradbury en su "Farenheith 451" o el "Auto de fe" de Canetti, o las bibliotecas devora hombres de Cortázar o de Borges, las posibilidades de novelar esa manía, nada funesta, de la lectura, son muy variadas. Dominguez no abandona el humor y la ironía (muy al estilo de Montaigne), y eso quita filo a la bibliopatía que subyace. No se lo piensen más...Vayan y traten de habitar esa "casa de papel". Vale la pena. 

 

FICHA. "LA CASA DE PAPEL" .-Carlos María Dominguez.-Editorial Mondadori. 120 páginas.

 

    

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30 mayo 2012 3 30 /05 /mayo /2012 15:54

NOTA AL LECTOR; ESTA ULTIMA ETAPA, LA VISITA A FINIS-TERRAE, LOS PASEOS POR SANTIAGO Y EL REGRESO A BARCELONA, FORMAN PARTE DEL REPORTAJE QUE PUBLICARE EN  "LA COMARCA" Y QUE SE PODRA LEER PROXIMAMENTE EN ESTE BLOG.

GRACIAS POR VUESTRO INTERES

 

ALBERTO

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29 mayo 2012 2 29 /05 /mayo /2012 17:53

Pues tal como adelantamos ayer, la última etapa, la llegada a Santiago es paisajistica y culturalmente decepcionante, y aunque parte del personal andariego mostraba ciertos sintomas de histerismo entre religioso y deportivo, la mayoría de los caminantes oscilaba entre el ensimismamiento que produce el cansancio de muchas jornadas de desollarse los pies o la alegre y ruidosa inconsciencia de los que esperan una jornada más de cuchipandas e ingestas etílicas de mayor o menor grado, que de todo hay en las viñas de mi señor Santiago Matamoros.

En algo más de dos horas, entre un trasiego incesante de peregrinos, algunos ciertamente tocados, como dos chicas inglesas bastante jovenes que se sentaron en la acera y miraban tristemente a quienes pasaban, caminamos por carreteras secundarias, entre casas mas o menos normalitas y de una calidad estandard junto a verdaderos palacios rurales o casonas en las que el lujo es evidente, edificios como los de la television gallega y los RTVE, muy cercanos, fabricas de diversas caracteristicas o el enorme campi ng de San Marcos, bastante vacio para lo que es habitual e n el Camino. Como nos dijo el hotelero de ayer, la crisis también se nota, las estancias son menos abundantes, los hoteles con cierta categoría, y precio, estan medio vacios y bares y restaurantes han bajado o mantenido los precios (lo normal es un menu diario de 7 a 10 euros). 

El ambiente es decididamente premioso y con expectativas del muy cercano final. La gente, no se sabe por qué, pone el turbo (los que pueden) y pasan presurosos como si Santiago se les fuera a escapar trotando monte arriba. Se empieza a barruntar la excitación del apoteosis aunque aun no se  vislumbra ninguno de los grandes edificios de la ciudad o las torres de la catedral.

Aun hay que subir, por una empedrada carretera el Monte do Gozo, desde cuya vertiente occidental antaño se distinguía perfectamente el caserío de la ciudad y las torres catedralicias. Subimos por una pista asfaltada hasta llegar a las monstruosas instalaciones construidas en 1992 con  ocasión de la  visita del Papa y el año compostelano jubilar. Pasamos por la cancela sin husmear y subimos hasta la cima donde, a mano izquierda, se levanta el pretencioso mojón gigante del monumento al Papa y al Camino. Los peregrinos se fotografían ante él y nosotros buscamos la robada vista de la ciudad, ahora ya apenas visible a causa de los arboles replantados y los edificios que, un poco mas abajo, comienzan a sugir entre bosques esquilmados.

Cruzamos por un puente con piso de madera la autovía, el rio Sar y la via férrea. Cruzaremos el barrio de dos Concheiros (hace cientos de años se instalaban allí los comerciantes que vendían conchas, simbolo del Apostol y objetos piadosos a los que entraban en entonces  amurallada ciudad. Llegamos a la Porta del Camiño (donde estuvo la puerta de entrada del Camino Francés, (hoy simbolizada por una tasca-pulpería con ese nombre) y por la Rua das Casas Reais y das Animas (donde está la iglesia de ese nombre, con un delirante frontispicio donde se nos muestran varios personajes desnudos (muy disimulados) entre llamas coloreadas de rojo) hasta la Plaza de Cervantes. De allí por la Rua de Azabachería (donde vendian los dijes de azabache con la imagen del Santo) y la Via Sacra hasta entrar por la entrada lateral trasera de la Catedral y por una rua con arco a la inmensa planicie del Obradoiro.

Un  gaitero ameniza la continua arribada de peregrinos, las masas de turistas trotando tras un sujeto o sujeta con una pertiga con banderola o los ciclistas pertrechados que acaban allí su pedalear. Todo el parque temático de la religión católica se despliega ante los asombrados ojos  del caminante. Hay abrazos en grupo, gente mohina con una rara sonrisa en los labios, jovenes que expresan sus emociones de forma estentórea aunque algo contenida y una legión de bien alimentados pedigueños de carnet que montan guardan sedente junto a todas las puertas de entrada de la catedral. Todos piden de forma mas o menos vehemente que les auxilies con tu dinero y algunos presentan carteles con sus necesidades escritas...en varios idiomas.

Tras una somera visita al Santo y la frustracion por no poder extasiarme --como siempre habia hecho en la media docena de ocasiones anteriores en que fui a la bella ciudad-- ante el Portico de la Gloria del maestro Mateo, hoy rodeado de lonas y andamios. Hay una version virtual de pago que me negué a ver por coherencia personal. NI siquiera pude darme un coscorrón con el "Santo dos croques" o meter los brazos por los agujeros ad hoc que rodean su busto, ni pasar los dedos de mi mano por la desgastada y pulimentada huella de millones de manos anteriores aplicadas en el mismo lugar por los siglos de los siglos. Amen.

En la Oficina del Peregrino, unos metros mas abajo, la cola de caminantes comenzaba en el patio interior y subia por las escaleras hasta el piso donde media docena de funcionarios del Obispado sellaban y garantizaban con la "Compostela" que habias cumplido los requisitos de la larguísima peregrinación de casi ochocientos kms. o su modalidades mas cortas, con tal de que superes los 300 kms. Con ella en la mochila (antiguamente era un pergamino co n sello episcopal, hoy es un titulillo a dos colores preimpreso donde te ponen a mano (y, la verdad, el burocrata que me tocó la tenía vacilante y deficiente como la de un niño de preescolar y creo que aun peor) tu nomb re y apellidos --"en latín" asegura muy ufano el currinche del que sospecho no tiene ni pajolera idea de ese idioma bastante muerto pero aún vivo para un estudiante del bachiller antiguo de letras como este comentarista-- y te despiden tras hacerte rellenar un formulario con datos de tu viaje, incluida la motivación, "religiosa", "religiosa y otras", "otras". El. cachondo que fue atendido antes que yo, había escrito en letra  menuda, "y bueno, tenia unos dias y no sabia qué hacer".

 

 

 

Lavacolla-Santiago

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28 mayo 2012 1 28 /05 /mayo /2012 17:52

De Arzúa a Lavacolla transcurrirá la jornada de hoy, en la que nos quedamos en las inmediaciones del Monte del Gozo desde donde los peregrinos podian contemplar las torres de la Catedral de Compostela, entre rezos y emociones de fervor y alivio: el objetivo quedaba cumplido y uno habia sobrevivido a miles de penalidades hasta llegar al anhelado sepulcro del apostol amado por Cristo.

Pero de momento salimos con la amanecida del hotel Suiza, con Arzúa un par de kms. más arriba, con cielos despejados y pronóstico bueno de tiempo. Hoy no nos regarán. Primera subida por carretera hasta enlazar con el camino que se interna en el bosque por una de esas corredoiras, senderos anchos rodeados de arboles centenarios con ramas profusas que se extienden de los dos lados para unirse a muchos metros por encima de la cabezas de los peregrinos (suelen ser eucaliptois enormes y robles increiblemente fornidos y retorcidos). En esta jornada irán turnándose los paseos bajo palio vegetal con andaderos junto a las grandes vias o caminos estrechos que atraviesan aldehuelas cada vez más juntas entre sí, sin apenas pueblo con servicios o hermosas iglesias romanicas que han abundado hasta aquí, pero quiza por la cercania con Santiago, ya nadie se atreve a rivalizar.

Raido, Preguntoño, Calzada, Outeiro, Boavista, Salceda, otra Brea más del Camino (Brea es "vereda" en gallego) y el Alto de Santa Irene donde hacemos parada y refuerzo, queso de Arzúa (excelente) cerveza fria, una buenisima ensaladilla rusa y croquetas de la casa. El amigo Jaime me presta una aguja para pinchar una ampolla en el empeine y una tirita para protegerla. Un barbado y maduro peregrino nos confiesa que es la octava vez que cumple con el Apopstol. Dos mujeres de media edad lo contemplan con admiración y brindan a su salud con el fuerte vino del lugar.

En un riachuelo cercano, el que esto escribe moja sus pies con agua helada, y reposa bajo una sombra agradable (el sol vuelve a reinar en el Camino) y una paz solo turbada por el paso incesante de peregrinos por el pequeño puente (algunos peregrinos hacen el camino en estentorea conversación, gritos y carcajadas, como si se tratara de una etilica romería pueblerina; la mayoría, gracias a Dios, van a lo suyo, caminan con mayor o menor soltura y siguen un itinerario interior que solo ellos conocen: no hay lugar para conversaciones superficiales o gritos y carcajadas.).

Burgo, Arca, Pedrouzo, donde si uno quiere comer entre muchas opciones debe dejar el camino y desviarse por la carretera unos150 m. Nosotros seguimos. Nuevo recorrido bajo los arboles en San Anton y tras Amenal, una subida que nos lleva bajo la cabecera de pista de despegue del aeropuerto de Santiago (paradoja de epocas: camino espiritual, esfuerzo y recogimiento frente a la metáfora del avion, el ruido, la epoca de la velocidad y la neurosis) . La atravesamos por detrás y subimos otra colina hasta conectar nuevamente con la carretera nacional. Un desvio nos lleva a Lavacolla (o Labacolla) donde nos espera el hotel. Han sido un par de km menos de lo esperado (confusión de la guía que da motivos de bromas e ironías entre los dos peregrinos).

A la salida de Salceda tomo nota de un modesto monumento ( una hornacina con un par de botas de bronce, lleno de estampas, recuerdos, fotos y flores) dedicado a Guillermo Watt, un peregrino de 69 años fallecido allí mismo en 1993 a una jornada de llegar a Santiago. La verdad es que las tropelias urbanisticas de los gobiernos gallegos sucesivos han convertido esta ultima etapa en un tortuoso desbarajuste de carreteras de circunvalación, estudios de television, fabricas de madera,  urbanizaciones a cual mas hortera, horrores varios arquitectonicos que, por ejemplo, han destrozado el  Monte del Gozo, donde los peregrinos siguen llorando pero no por ver al fin las agujas de la Catedral, sino por el destrozo del antaño bello monte repleto de arbolado, ahora convertido en un inmenso receptaculo de peregrinos con ocasión del Año del Jubileo compostelano y la visita del Papa Juan Pablo II, en 1992. En fin, cosas de la reputada sensbilidad espiritual de proceres y muinicipes de todas las épocas. Decepcionante.

Como dato peculiar, sabed que en Lavacolla, junto al rio del mismo nombre, los peregrinos medievales y hasta bien entrada la modernidad, solian lavar en esas aguas sus ropas y cuerpos para presentar algo mejor aspecto en la entrada a la ciudad y la visita a la Catedral y venerar al Santo.

 

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27 mayo 2012 7 27 /05 /mayo /2012 15:51

Salimos de Palas del Rei por la ermita de San Tirso, de escaso interés artístico y bajamos las escaleras que llevan hasta la carretera N-547 a la que acompañamos unos 100m y nos desviamos a la derecha, cruzamos el rio Ruxian y pasamos por Carballal hasta pasar por una corredoira bajo el palio de los árboles y llegar a San Xulian del Camiño. El día amenaza lluvia y el camino va pasando de corredoiras umbrías o andaderos protegidos por setos de la carretera, a pistas de cemento o  barro endurecido entre sembrados y casas humildes en aldeas pequeñas y solitarias.

En Leboreiro dejamos la provincia de Lugo y entramos en la de A Coruña. Santiago está como quien dice a la vuelta de la esquina, que en términos de caminante es bastante más trabajoso.

En Casanova decidimos buscar un lugar para desayunar (hemos salido del hotel antes de la siete y no hemos tomado nada). Llevamos dos horas y pico de caminata, caen gotas aisladas y nos apetece comer algo. Desechamos un figon aleman por exceso de caminantes y nos aposentamos en un albergue de muy buen aspecto llamado Somoza. Un camarero de media edad y aspecto nervioso nos canta las excelencias y categoría del establecimiento ante la pregunta inocente de Jaime sobre si el pan es de ayer (hoy es domingo) que provoca una respuesta casi indigmada del personaje, herido nen su honrilla profesional. Luego trata de ser demasiado amable y nos srive unos huevos con panceta y a la hora del cafe nos obsequia con sendos trozos de tarta de santiago.

Algo repuestos llegamos a Leboreiro donde disfrutamos del portico romanico de la Iglesia de la Virgen de las Nieves y el original cabeceiro, hórreo con forma de cesta de mimbre, hechos con ramas. Despues pasaremos junto a un poligono industrial, con unas curiosas placas de roca con nombres grabados en bronce de los caballeros de la Orden de Santiago y sus capítulos celebrados en los últimos dos siglos, hasta bajar hacia el rio Furelos que atravesamod sobre un bellísimo puente romanico de cuatro ojos, que nos llevará a Melide.

Despues deberemos atravesar un bosque de pinos, robles y eucaliptos, hasta cruzar el rio Barreiros. Castañeda,Doroñas y Ribadioso, entre carreteras y tajos, hasta llegar a Arzúa, nuestro final de etapa. Han transcurrido más de ocho horas, treinta y un km, de los cuales más de dos gastados en cruzar el pueblo bajo una lluvia fina y persistente, porque el hotel escogido está muy a las afueras de un pueblo particularmente extenso. Llegamos empapados y bastante cansados.

La jornada ha sido agotadora pero interesante desde un punto de vista historico y artistico. (hemos pasado a pocos kilometros del famoso Pazo de Ulloa, inmortalizado por la novela de Emilia Pardo Bazán) pateado las venerables losas romanas de la calzada de Cornixa, y en Boente vemos en la iglesia una imagen de Santiago en majestad, lo cual solo acontece en Compostela. El camino ha oscilado entre desneveles no excesivos pero si continuos y nos ha dado ocasión de atesorar en el desván de la memoria a personajes como el hospedero de Boente, Mariano Dios, escalador, fotrógrafo y aventurero (conocido por los montañeros del Pirineo con su sobrenombre escrito en los libros de casi todas las cumbres: "El Yeti") que vino a hacer el Camino y quedóse en él. El hombre pàrece un motorista de Harley de los sesenta, de la banda de Brando, reciclado en orondo y feliz hotelero. Y la otra imagen, la de una anónima mujer madura con la cabeza canosa y aspecto y figura de gran dignidad que, sentada en una roca junto al rio Iso, con los pies descalzos sumergidos en el agua, parecía absorta en la contemplación del bello recodo del puente romanico, una bella estampa bucólica llena de delicadeza y poesía, y que cuando se dio cuenta de que la mirabamos nos sonrió y  agitó la mano diciendo; "buen camino". Claro que aún quedaba el paso bajo la lluvia de Arzúa con 31 kms en las piernas. Por cierto, el famoso LIber sancti Jacobi, cuenta que en este pueblo apareció un peregrino que se detuvo frente a una casa del pueblo en la que una mujer tenía pan  en el horno. El olor era magnifico y el peregrino pidió a la mujer que le diera algo de su pan cuando estuviera. La señora contestó que se equivocaba que su horno estaba vacío. Que debia ser de alguna vecina.El peregrino se lavantó y al marcharse dijo: "Espero que tu pan sea como una piedra". Cuando la mujer estimó que el pan ya estaba horneado fue a buscarlo y encontrro en su lugar una piedra. Salio espantada a buscar al peregrino pero no lo encontró. Cosas de nuestra madre Iglesia que se preocupaba por espantar al pueblo y así convencerlño de que tratara bien a los peregrinos. El negocio espiritual.

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26 mayo 2012 6 26 /05 /mayo /2012 15:50

Salimos de Portomarín con la amanecida. Cada día nos levantamos más pronto e iniciamos el Camino, quizá un poco escarmentados por las horas de sol que acaban multiplicando las fatigas de la caminata. Sin embargo, hoy, el sol que se levanta sobre el Miño también ilumina hacia el oeste un cielo amenazador, con nubes esponjosas de vientre negro y un horizonte tormentoso hacia los Montes de Vacaloura que habremos de superar por los desniveles escasos pero de buena pendiente de la Sierra de Ligonde.

Portomarín queda a nuestra espalda, con esa placidez ensimismada de los pueblos con un gran rio a los pies. La antigua pasarela sobre el embalse ha sido clausurada. Hay que dar la vuelta por el puente nuevo y coger el sendero que nos lleva hacia el Monte de San Antonio siguiendo el curso del arroyo Torres y ofreciéndonos un empinado paseo bajo castaños, robles, encinas y pinos que forman un tunel de verdor, todos rodeados de musgo como en un bosque encantado.

Durante casi toda la jornada vamos a caminar por andaderos que discurren paralelos a las carreteras comarcales y la nacional. Es un tipo de caminata mucho más pesada y dura y se agradecen los pocos desvios que te llevan por entre el bosque o atraviesan remotas aldeas con  intenso olor a pienso y postas de vaca, en las que raramente hay alguna persona que mira el paso de los peregrinos con expresión inexcrutable.

En Toxibo, tras el perfumado paso por las cercanías de fabricas de piensos y granjas vacunas, comienzan a caer gotas. En unos minutos la cosa se pone muy húmeda y decidimos parar y ponernos los ponchos de plástico que nos cubren a persona y mochila, convirtiéndonos en desgarbados bultos dotados de enormes jorobas.

Sembrados de grano, abedules, robles, eucaliptos, pinos. Alcanzamos y rebasamos a una pareja de media edad. Van cogidos de la mano. Forman una estampa tierna y poco habitual durante las largas caminatas.. El lleva la cabeza inclinada hacia su compañera, quiza para oirla mejor y van hablando en italiano muy animadamente. Rien con alborozo y nos miran con timidez cuando los dejamos atras. Ella sonríe y hace un comentario en voz baja a su compañero. El la mira y alza el rostro, entonces veo los ojos sin vida y la atención tensa en la expresión del rostro, formando como un gesto permanente. Mas tarde encontraremos al ciego y su compañera tomando tapas en una terraza., Ella me saluda con un gesto alegre y me pregunta por el nombre del plato que Jaime y yo tomamos con sendos vasitos de vino blanco. "Pulpo". Piden lo mismo.

Pero antes de eso debemos cruzar Gonzar, Castromaior, Hospital da Cruz  y Ventas de Narón, donde abundan los pinares y las tierras de cultivo, granjas y aldeas pequeñas y se comienza el ascenso a la sierra de Ligonde, elevación que pertenece a la Dorsal Gallega que separa el Miño del Ulla.

Tomamos un bocado en el Bar de Teresa a la salida de Ligonde. Ha empezado a llover de nuevo y hace frio. El bar esta repleto de extranjeros caminantes. Entre ellos, una pareja de ingleses o quizá canadienses que llevan a una niña de tres años en un carrito con ruedas que luce  una banderola de color rojo. La niña es preciosa, rubita y espabilada. En el bar se acerca a todo el mundo. Los padres, ufanos, calientan un biberón y comen bocadillos.

Salimos de allí y vuelve a aparecer el sol aunque el ascenso a Eirexe y Portos, también por andaderos junto a la carretera, menos mal que no muy transitada, ya muestra cielos oscuros y tormentosos hacia el oeste. Nos perdemos la iglesia románica de Vilar de Donas pues no me acuerdo de hacer el desvio hacia el pueblo, pero he disfrutado con la iglesia de Santa Maria en Gonzar y el pequeño templo románico de Castromaior.

En Lamiros habia un hospital para enfermos contagiosos (hoy un edificio particular) y un cementerio de peregroinos del que solo queda la cruz de término. Hay restos de dos castros célticos en Eirexe y Portos.

En el Liber Sancti Jacobi se habla expresamente de esta etapa, de Portomarin a Palas de Rei, avisando a los peregrinos de la abundancia de mujeres, sirvientas o prostitutas que buscan "la condena del alma de los peregrinos" ofreciendo sus artes amatorias a buen precio por lugares boscosos y hospederías.

Llegamos a Palas del Rei por su zona deportivo recreativa y entre campos de juego y merenderos (todo vacio) estalla una breve tormenta que nos deja mojados y mohínos. El nombre viene de una deformacion de "Palatium Regis" y n o se ha podido probar si existió tal palacio y de qué antiguedad hablamos, documentandose desde el siglo XII seguramente debido a la existencia de una iglesia milagrera dedicada a San Tirso de Ulloa.

Nos refugiamos en una gasolinera junto a dos chicas sudamericanas  que hacen el Camino en bicicleta. Los cuatro estamos empapados mientras fuera cae con fuerza un pequeño diluvio gallego que convierte la carretera en un riachuelo negro.

Portomarin-Palas de Rey

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25 mayo 2012 5 25 /05 /mayo /2012 15:49

La etapa de hoy, desde Sarria a Portomarín ha sido más corta: 22,5 km en los que hemos invertido seis horas, con una leve parada para reponer fuerzas en un pequeño refuigio de peregrinos en los que se oía todo tipo de idiomas, inglés, italiano, francés, excepto castellano. Nos dicen las chicas del figón que este es el mes de la abundancia de extranjeros. Luego la cosa se equilibra bastante.

Hemos salido por la parte alta de la ciudad, junto al convento de la Magdalena  y la torre medival, unico resto del castillo.

Atravesamos la carretera que lleva a Monforte  y Lugo que, un poco mas adelante, circulará por el inmenso y majestuoso puente de la autovía que se levanta sobre el valle un centenar y pico de metros en una orgullosa obra de la ingeniería  de esta época. Por debajo, mucho más modesto, pero también más bello,antiguo y recoleto, los viajeros cruzamos el cauce del rio Celeiro por el pequeño puente románico de un solo ojo, "Ponte áspera". Nos dirigimos por una umbría corredeira hacia la via de tren, le haremos compañía unos metros, hasta que el sendero jacobeo la cruza y la abandona dirigiéndose hacia las colinas que circundan Sarria. que nos dará entrada a la Meseta Lucense en su andadura incesante hacia el MIño embalsado de Portomarín.

El ascenso del Camino es entre un bosque encantado de robles, abedules  y castaños centenarios, retorcidos, inmensos, repletos de bultos informes y nervaduras, como si fuesen monstruos petrificados o gárgolas de un inmenso templo románico, caminando bajo el palio verde de las altas ramas que forman un soberbio artesonado vegetal catedralicio.

Pasamos por Vilei e inmediatamente Santiago de Barbadelo, donde encontramos la iglesia de Santiago, una pequeña ermita románica de torre cuadrada truncada, del siglo XII, construida en granito, de una sola nave y engastada en el pequeño, irregular y repleto camposanto de la localidad.

Nos quedamos unos minutos admirando las figuras que decoran los capiteles, medio comidas por el mal de la piedra, y la extraña figura humana con los brazos extendidos que está esculpida en el tímpano (parece una representación ritual masónica de los antiguos cofrades del triángulo y la plomada).

Parece que en Barbadelo (dice el Liber Sancti Jacobi) menudeaban los rufianes, estafadores, prostitutas, falsos tullidos y pícaros de toda ralea que trataban de robar a los peregrinos. Hay en el Libro del Camino medieval una descripción de uno de los sermones que usaban los amables y simpáticos embaucadores ofreciendo a los peregrinos que se alojaran en Santiago en sus hogares y que en prenda de ello  mostraran a su familia el objeto que él les daría para identificarse y ser tratados a cuerpo de rey.

Prados verdes, abundancia de arboles formando correderas o gruipos aislados, aldeas de pocas casas edificadas en granito oscuro, Renta, Xisto, Cortiñas y Lavandeiras, poca gente, pocos servicios. Corredeiras umbrías, caminos empedrados que pasan y cruzan las lomas bajo el sol, abundancia de peregrinos, la Pena do Cervo, con su pinar espeso entre robles, atravesando el arroyo Ferreiros.

En Couto paramos en una alquería repleta de derrengados peregrinos. Llama mi atención la presencia de dos muy maduras damas británicas, vestidas con esa falta de gracia peculiar que suelen adoptar las señoras inglesas de edad cercana a la Reina (por ejemplo el modelito florido de sombrero que lleva una de ellas, sobre la cabeza cana, protegiendo la lechosa piel con rosados rosetones en las mejillas y la nariz). Van charlando como cotorras entre risotadas y exclamacio nes. Las perdemos pronto en la caminata.  Va alternandose el asfalto y la piedra con el camino o sendero de tierra apisonada, pero abundan los tramos en los que se camina por el borde de la carretera, elevando la temperatura de los pies y el cansancio.

Despues de Parrocha y Vilalla llegamos a un recodo de una carretera desde donde se puede ver la superficie azulada del Miño y un poco mas tarde el gran puente que lo cruza y Portomarín e n la otra ribera, en la ancha boca del embalse de Belesar (en la orilla, oscuros restos de las viejas edificaciones del antiguo Portomarin). En el nuevo (1962) se pueden ver los monumentos restaurados piedra a piedra del viejo pueblo anegado por las aguas.

Portomarín fue un paso romano del rio Miño (porto en gallego es paso de rio) y lleva Marin en el patronimico, por el monasterio de Santa Marina que existio alli desde la Alta edad media y celebraba a la primera santa que se trasvestía en hombre para profesar sus votos religiosos segun consta en  el acta de su martirio, donde aun se le da nombre de  varon. Atravesamos el MIño y en la orilla ganada subimos la escalinata de los peregrinos ("lo único que nos faltaba", dice un obeso peregrino al comenzar a subir la escalinata que termina en una pequeña capilla dedicada a la Virgen de las  Nieves.

En la edad media en la cabecera del antiguo puente (1120) habia un hospital para peregrinos, bajo la protección de la Orden de San Juan, omnipresente en estas tierras, como el Temple en tierras leonesas,

Se dice que la actual iglesia de san N icolas fue edificada sobre la que existia de Santa Marina y que domina la colina donde se asienta el pueblo, sobre el cauce rápido y ancho del Miño.

Nuestro hotel está muy cercano al pétreo cubo de piedra almenado de San  Nicolás. Una iglesia fortaleza, con torreones y almenas, del siglo XII, una sola nave y abside semicircular con un enorme rosetón en el centro de su fachada.

Hemos caminado durante seis horas y el sol y la dureza del asfalto en varios tramos del camino nos hacen merecedores de un buen descanso. Perdonamos la hora de la comida en beneficio de la ducha y el descanso. Esta tarde cenaremos bien y disfrutaremos de la final de Copa. El amigo Jaime es partidario del Barça y el que esto suscribe lo es del buen juego, sea de quien sea. Disfrutaremos.

 

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24 mayo 2012 4 24 /05 /mayo /2012 17:48

Segunda etapa del Camino. Tras una noche movida por cumbias, donde una matrona de media edad--dueña del refugio-- era camelada por cuatro varones jóvenes de la Republica Dominicana y un cubano, sus empleados, en una inesperada repetición, corregida y aumentada, de las memoranbles secuencias de "La noche de la iguana" de John Houston, (con una Ava Gadner cuarentona, dueña de un hotel en la costa mexicana que se divierte con jovencitos rumberos), nos internamos de buena mañana en el Camino que nos llevará desde Fonfría y su hotel cutre-sabrosón hasta lares quizá más serios en un pueblo grande, limpio y ajetreado que se llama Sarria.

Serán ocho horas de caminata, casi 29 kilómetros, con paradas incluidas, una junto a un riachuelo para comer unas manzanas y otra en un bar del Camino para atacar una ración de tortilla de patatas y unas cervezas fría (muy de agradecer, debido a los más de 30 grados que caen sobre el Camino).

Hace una mañana despejada, un poco fría a estas horas (las 7.30) y el sendero va internándose por carenas de colinas, como si camináramos por un balcón que se abre ante un inmenso paisaje de colinas verdes, bosquecillos, sembrados y pastos. Abedules, robles, acebos, grandes matas de helechos, el pardo y persistente colonizador del enebro, el brezo y otro matorrales que se extienden por cimas peladas, dandoles una coloración muy característica

Pasamos Biduedo (llamado asi por su bosque de abedules) en un tramo del Camino muy auténtico (desde el medievo) y atravesamos por la parte superior de una ladera el monte Caldeiron, mientras a nuestros pies se despliega un enorme valle con una antiestetica cantera en el centro. Comienza un descenso suave que ya no cesará hasta Sarrias, pese a algunas subidas intercaladas, entrando el sendero en las famosas "correidoras" de robles y castaños, con ejemplares de centenares de años y mohosos muros de piedra limitando los dos márgenss del camino, que se desliza entre árboles centenarios como por túneles de verdor, húmedos y umbríos, generalmente de piso embarrado.

Entreamos en el concejo de Triacastela, tres castillos (no queda ninguno en pie) pasaremos por Filloval (llamado asi por el nombre de las trampas para lobos que los del lugar preparaban), As Pasantes y Ramil antes de internarnos en este pueblo, con u na calle mayor llena de refugios y restaurantes de peregrinos. Fue fundada por el conde Gatón del Bierzo en el siglo IX y ha sido considerada fin de etapa desde el medievo (segun el LIber sancti Jacobi). Parece ser que en aquellos tiempos habia la tradición de coger una piedra caliza de las que abundan en este pueblo para llevarla a Santiago y asi ayudar a la construccion de la catedral. (tradición cantera que continua en la actualidad en la zona). Otra historia relacionada con Triacastela habla de la picaresca delictiva de ciertos mesoneros de Santiago que enviaban a esta población (a 120 km de Santiago) a sus compinches para apalabrar con los peregrinos una estancia más económica en sus establecimientos de Santiago, donde eran esquilmados y sometidos a toda clase de abusos.

Nosotros nos demoramos en la visita a la iglesia parroquial dedicada a Santiago, una bellisima torre románica enclavada en el centrro del camposanto de la localidad con sus lápidas y sepulcros vistosos y de gran lujo como parece ser costumbre gallega.

En Triacastela hay que decidirse entre dos alternativas: ir a Sarria por el monasterio de Samos o, mas corta y también muy hermosa y con desniveles, ir por San Xil. Nos decidimos por esta segunda opción y avanzamos por la ribera del arroyo Valdoscuro, donde haremos un refrescante baño de pies. Luego el sendero sube hacia el Alto de Riocabo, entre valles escondidos y correidoras de enormes castaños y robles. Por pista se atraviesa Montán y Pintín, hasta llegar a Sarria.

Es una población con restos preromanos pero documentada desde su refundacion por Alfonso IX (en torno a 1200). Los peregrinos se encontraban al entrar en Sarria con  la Iglesia de Santa Marina (que fue románica, ahora no lo es), pero si se mantiene románica la de San Salvador. En lo alto del cerro que domina la poblacion quedan restos de un castillo. Y cerca de allí, el convento de la Magdalena, el mas grande y hermoso.

Nuestro hotel se encuentra al final del pueblo, casi en la salida hacia Lugo, por donde mañana iniciaremos la tercera etapa. Hoy nos espera la ducha y luego un  paseo por este bello pueblo, con sus merenderos junto al rio y su recoleto casco antiguo.

 

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23 mayo 2012 3 23 /05 /mayo /2012 15:47

A las siete y media de la mañana el tren hotel de Renfe, un modelo Avant aerodinámico nos deja en la dormida estación de Ponferrada. Debemos dejar las maletas en un pequeño hotel del centro de la ciudad para que un taxista las lleve al lugar donde dormiremos esta noche, un poblado insertado en la sierra do Rañadoiro, llamado Fonfria.

Cogemos un autobús que nos lleva hasta La Portela, un caserío en las faldas del O Cebreiro, allí comenzamos nuestra caminada hacia Las Herrerías, donde comienza el largo ascenso hacia el  cima ventosa del monte desde el que Galicia da la bienvenida al peregrino, la puerta del cielo como se llamaba en la edad media. Hogaño, aquí Galicia se abre, valles, bosques, cimas peladas y rojizas, perfiles redondeados en los que el verde estalla con fruición. Aldeas de piedra, desperdigadas, en un paisaje rural, ensimismado, silencioso, sin servicios, ni bullicio, ni gente. Una Galicia que se escribe en la rutina de los trabajos y los días como soñara Hesiodo, una tierra milenaria de relieves suaves.

Durante la trabajosa subida al O Cebreiro los peregirnos van quedándose rezagados, hay personas de edad que resuellan sonoramente y se detienen cada diez pasos, gente joven que camina presurosa con resoplidos poderosos, la mayoria gente de media edad que sube poco a poco pero sin detenerse, con la vista en el suelo, perdiendose por momentos en la contemplación del ancho paisaje de lomas y bosques que se despliega desde lo alto, una teoría de valles verdes y brochazos de amarillo y cardeno de las flores y las copas de los carvallos (robles) y el verde brillante de árboles de ribera, o los jaspeados colores de hayas, robles y encinas.

En lo alto de O Cebreiro, azotados por los vientos, hay una ermita sencilla y hermosa y casas de piedra con fondas y bares, ademas de los pequeños edificios circulares con tejado cónico de paja, las antiguas viviendas rurales. Es un lugar turistico declarado de interés cultural, histórico y artistico.

Salimos de O Cebreiro por detras del refugio, entre los tendederos de la ropa recien lavada por los peregrinos. Caminamos por una senda que se desliza entre las laderas del Monte Pozo de Area hacia Liñares, cuatro casas, un bar y naves industriales al filo de la carretera. El sol cae de justicia. Seguimos hacia el alto de San Roque (1270m) donde destaca por su dura y exigente figura el monumento al peregrino, una estatua de hierro oscuro de un fornido caminante azotado por el viento y ofreciendo una épica resistencia fisica al vendaval, echado hacia delante con ferrea determinación.

Desde allí comienza otro de los andaderos, paralelos a la carretera, autentica cruz para los caminantes, monotonos, de piso duro que castiga las rodillas y acompañados por el ruido de coches y camiones, afortunadamente no muy abundantes por esta zona.

Pasamos por Hospital, que debe su nombre a un antiguo hospital fundado en el siglo IX por una condesa, hoy dia inexistente. Desde allí seguimos cada vez más empinada la caminata hacia el caserío de Podornelo, donde Jaime y yo nos regalamos con el agua de una fuente, helada, deliciosa, que nos libra del agobio del calor y el esfuerzo. Al final de la gran cuesta nos espera el Alto do Poio, una antigua encomienda de los caballeros de San Juan, con bares y restaurantes a ambos lados de la carretera.

Desde allí, nuevamente por el andadero, jun to a la carretera que serpentea por el valle y las verdes colinas, bajamos hacia Fonfria, destino de la jornada.

En total han sido 26, 8  kms, lo que con algunas paradas breves, han supuesto casi ocho horas en total. Llegamos cansados a Fonfría donde nos espera un pequeño y embarrado pueblo sin encanto alguno,rodeado de pastizales de vacas, calles sucias y un solo meson-fonda, donde nos alojamos. En los cielos las grandes nubes pasean morosamente. Quizá mañana probemos el chirimiri, el corballo de aquí, agua lenta y menuda quie cala hasta los huesos gracias al viento. Pero eso, en todo caso, nos preocupará mañana. Hoy basta con una ducha, una buena cama y una cena sencilla y nutritiva.

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22 mayo 2012 2 22 /05 /mayo /2012 15:44

excursiones-3409.jpgVuelta al Camino francés. Hace casi exactamente un año el amigo Jaime y yo nos echamos al Camino en busca de la cruz de Santiago y lo abandonamos en Ponferrada, con una pequeña incursión al lugar de O Cebreiro, el célebre monte que es la frontera y el anuncio de la última etapa del Camino. Quedan unos 170 kilómetros para besar la Pedra os Croques o abrazarse al hombro del Santo, mientras el Botafumeiro realiza su gigantesca danza fumígera.

En esta ocasión me llevo un pequeño ordenador portátil con un pen de Movistar, con la intención de no tener que indagar en cada etapa desde dónde puedo escribir mis pequeñas crónicas del Camino. Me pregunto sobre la utilidad de esa actividad que convierto en obligatoria quizá en recuerdo de mi pasado periodístico itinerante, mis añoradas experiencias de corresponsal.

Lo cierto es que las personas, amigos y conocidos, que siguen mi blog, me leyeron cada día cuando el año pasado, por primera vez, fui escribiendo las crónicas de lo que acontecía en el Camino. Eso por sí solo, en pago a tal fidelidad lectora, justifica hasta cierto punto mis desvelos. Pero es que hay otra razón, más poderosa y de índole íntima: no puedo evitarlo. Necesito poner negro sobre blanco los aconteceres de mi vida, sobre todo cuando se trata de situaciones en cierta forma excepcionales. He sido autor de diarios y crónicas personales, reflexiones por escrito y planteamientos literarios vitales desde que tengo uso del oficio de escribir y de pensar. Aun conservo alguna libreta de mi infancia con páginas garrapateadas con la sencilla caligrafía infantil narrando pequeños y elementales comentarios sobre hechos sin importancia, pero que de una forma u otra me afectaban o incluso un mero apuntar lo que hacía, lo que deseaba o lo que me frustraba.

De ahí, el paso natural sería a la escritura para el Otro, es decir cuando ya cuentas con un Lector ajeno a tí mismo, un Otro cuyo juicio positivo, complicidad o placer buscas. Y nace la literatura. Primero muy personal y testimonial, casi notarial, despues, un día mágico, interviene la imaginación. Un día fascinante alguien publica alguno de tus escritos, un cuento, un artículo. Y un día para recordar, alguien te paga por lo que te publica y te conviertes en profesional. A partir de ese momento, generalmente, oscilando con la magnitud de tu compromiso, de cuánto de tí mismo vendes, son más bien días y trabajos para olvidar. Hasta que, de pronto, inopinadamente, empiezas a escribir lo que deseas escribir, nuevamente como al principio, sin tener en cuenta al Otro (esto nunca de una forma total y pura, siempre está la sombra del Otro interfiriendo, quieras o no). En ese momento ya eres un artista, un escritor de verdad (te paguen o no por lo que escribes).  Usualmente pocos llegan a ese punto. La mayoría se quedan en la tierra de nadie que existe entre la pureza absoluta del outsider literario y los asalariados de las editoriales o de su fama y demás mercenarios de la pluma.

Una vez dilucidadas la sombras y realidades de mi pulsión de escribir, volvamos al Caminoo. 

Salimos de Barcelona en tren, con la anochecida. Hace un día nublado y frío. Serán siete días de ruta a una media de veintipocos kilómetros por jornada. Mañana por la mañana comenzamos la caminada desde antes de subir al O Cebreiro hasta Fonfría, lo que configura una jornada de unos 26 kms.

La subida a los poco más de 1400 m de ese monte legendario no es demasiado empinada y se hace con cierta comodidad. Desde allí el Camino va serpenteando por los pinares del Monte Pozo de Area, hay trozos de pista forestal hasta llegar a la carretera y marchar en paralelo hasta el Alto de San Roque, donde ya se coge sendero, gracias a Dios, hasta Hospital de Condesa. Nuevamente trozos de asfalto y alguno de sendero hasta divisar la torre de la Iglesia de Padornelo.

En ese pequeño pueblo se comienza la subida hacia el Alto de Poio y vuelta al asfalto, pero llegaremos a nuestro destino, Fonfría, tras dos kilometros y medio de sendero. De esta guisa cumplimos la primera jornada.

 

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