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21 mayo 2012 1 21 /05 /mayo /2012 07:53

excursiones-3265.JPGSalida senderista por el Montsant. El dia ha sido mal elegido: el tiempo no acompaña, en principio. Una niebla espesa se va enseñoreando de las cumbres rocosas de la Montaña Santa, refugio de eremitas, de cenobios religiosos, de oradores y frailes milagreros, de lugares que han santificado siglos de rituales y romerías, presencia religiosa y espiritual entre cipreses, inmensas rocas peladas, lugares píos escondidos, cuevas con fama y leyendas. El viento es frio, invernal, la sensación es de que van a caer chuzos de punta. Dudas. Cuando llegamos a Albarca, comienzo de la expedición, decidimos seguir y a ver qué pasa con el tiempo. Vamos bien pertrechados, goretex, buenas botas, chubasquero y pantalones largos impermeables. Salimos del solitario pueblo por el GR 171. A la altura del Grau Gran nos desviamos por una dresera empinadísima hacia el GR 174 que está doscientos metros más abajo, que nos llevará entre carenas hasta Sant Joan del Codolar, donde espero encontrar a mi amiga la monja Montserrat (setenta y pico de años con una lozanía y una energía espiritual sorprendentes: está al cargo del mantenimiento de la ermita). Hay un cartel en la puerta de su casita, adjunta a la ermita: "Estoy en Cornudella". Así que me quedo sin los consejos expertos de esta montañera espiritual. Nos preguntábamos si era adecuado subir por el Grau dels Tres Esglaons para llegar a a la Roca Corbatera, con el tiempo que hace, llovizna intermitente, rocas mojadas, niebla y amenaza de tormenta. Conciábulo montañero. Decidimos probar. Subida empinadísima por un terreno gradualmente más resbaladizo, conforme se va mojando. Llegamos a la via ferrata. El primer escalón, lo subimos sin problemas. El segundo es un poco mas enrevesado, pero lo pasamos. En el tercero pinchamos. Las clavijas están demasiado alejadas unas de otras y cuando intentamos subir buscando apoyo en la roca, ya hace rato que llovizna y están chorreando. Las suelas de las botas resbalan como si fuera hielo. Sopesamos la situación. Bajar es peligroso. El ultimo tramo de la ferrata no se deja atacar por la roca mojada. No llevamos cuerdas. Miramos altrededor e incluso tratamos de buscar una via distinta para superar las enormes rocas. Por fin se impone la prudencia. Es mucho mas peligroso intentar la subida por la ferrata o por una -seguramente inexistente-- via distinta (hemos resbalado varias veces y nos hemos arañado por todos lados). Así que nos queda la opción más razonable: volver a bajar por el empinado canal pedregoso y los dos escalones con ganchos de hierro (de bajada la cosa se pone inquietante si uno no logra superar la impresión de vértigo de la caída). Poco a poco y buena letra, nos decimos. Y así es. Bajamos extremando precauciones y cuando llegamos a la ermita, la niebla ha sumergido totalmente la montaña en un puré de guisantes a la londinense. Volvemos por el GR 171 hacia Albarca. La niebla se está retirando de las cumbres y sale el sol. En total, con el tiempo gastado en subir y volver a bajar por la dura dresera de los Tres Esglaons, cinco horitas de marcha con cuatro desniveles importantes de subidas y bajadas. La prudencia en la montaña es una de las pocas garantías de un regreso feliz.

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20 mayo 2012 7 20 /05 /mayo /2012 07:06

adriana_01.jpg

Francesco Cilea compuso a principios del siglo XX una ópera basada en la vida de Adriana Lecouvreur,  gran estrella de la Comédie-Française, en el siglo XVIII. Se trata de una obra "verista", en la que sin abandonar del todo las exigencias del bel canto, se imponen unas voces intensas y melodiosas, amén de la visión realista de los hechos y los personajes. El libreto, en cuatro actos, es obra de Arturo Colautti, basado en un drama de E. Scribe y E. Legouvé. Se estrenó en el Teatro Lírico de Milán el 26 de noviembre de 1902. La versión definitiva, más breve, fue estrenada en 1930 en el teatro San Carlos de Nápoles. Pero es una ópera con escaso éxito entre las compañías internacionales de ópera. Después de escucharla y verla, uno no entiende el por qué.

Volvamos a Adriana. La actriz tuvo una justificada fama de revolucionaria en las tablas, al poner de moda una forma de actuación basada en la naturalidad y la sencillez, rompiendo con la moda pomposa y artificiosa que solía usarse en Francia. La Lecouvreur era una dama tan apasionada que, enamorada de Mauricio de Sajonia, hijo bastardo del ultimo rey de Polonia, sacrificó carrera, riquezas y popularidad por ayudar al noble a recuperar su trono. Al fracasar en sus pretensiones, Mauricio abandonó a la actriz por la duquesa de Bouillon. Poco después, Adriana fue hallada muerta en circunstancias más o menos misteriosas y, según la leyenda, fue envenenada por su rival.

El Gran teatro del Liceo despide prácticamente su temporada 2012 con ésta obra, que ha resultado ser un éxito formidable. Desde el vestuario, a los decorados, cambios escénicos, música (muy bien la Orquesta y el coro) y, sobre todo, cantantes, unas voces de lujo, la "Adriana Lecouvreur" que ha dirigido Maurizio Benini, ha logrado niveles de excelencia conjunta que últimamente no prodiga el Gran teatro de la Rambla.

Barbara Frittoli, como Adriana, ha cautivado al público, bien arropada por el dominio vocal del gran  Roberto Alagna (como Maurizio). Dolora Zajick, en el papel de Princesa de Bouillon, la rival y probable asesina de Adriana por el amor de Maurizio (en la ópera Maurizio vuelve  con Adriana y ésta muere envenenada al aspirar un ramito de flores), ha mostrado no sólo un perfecto dominio de su voz en los timbres más bajos sino una rara eficacia como actriz. Joan Pons ha hecho un dignísimo Michonnet, el director de escena enamorado sin esperanzas de Adriana.

Y otra sorpresa más: el ballet-pantomima del tercer acto (el Juicio de Paris) se ha respetado y ha sido excelentemente coreografiado por Jerónimo Forteza. Sesión de lujo, pues. Esta muestra de "teatro dentro del teatro", con sus razonables dificultades de credibilidad cuando se trata de ópera, ha quedado bien resuelta en el escenario del Liceo. Esperemos que no sea flor de un día.

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19 mayo 2012 6 19 /05 /mayo /2012 06:54
molier6.jpg
 
Ni que decir tiene que admiro al viejo Moliére. Por eso al ver el título que le han puesto a  la película de Laurent Tirard, "Las aventuras amorosas del joven Molière", (el título original es, simplemente, "Moliere") dudé mucho en ir a verla (tanta fue la duda que he tardado 5 años en verla y sólo lo he hecho porque un amigo cinéfilo de cuyo parecer me fio, me la recomendó).
Tal como me suponía, el "biopic" no se aguanta como tal, la fidelidad de los hechos narrados, es más una recreación de una historia que permite al director contarnos las supuestas fuentes de algunos de los grandes personajes y argumentos de las comedias y dramas más famosos del genial escritor (incluso se permite el amigo Laurent que el actor -no muy acertado-- que encarna al dramaturgo grite en pleno furor etílico: "Cuando alguien en los siglos venideros habla de la lengua francesa, sólo dirá 'la lengua de Moliere'" ).
A pesar de lo dicho, se trata de un filme muy digno, respetuoso con la figura que ensalza, nada pacato, condescendiente o hagiográfico, una comedia romántica ágil, divertida, ingeniosa y chispeante. La verdad es que uno la pasa bien,  aunque  a veces le sobra la sobreactuación de Romain Duris, que suple con pasión y vehemencia su físico demasiado moderno y estilizado, así como unos rasgos que uno jamás dotaría de una inteligencia superior. Pero en fin, si olvidamos la cercanía en el tiempo de "Shakespeare in love" de la que parece ser deudora esta "Moliere", lo cierto es que el diseño de producción, el vestuario, las mansiones donde se rodó y los detalles de música, decoración, diálogos, fotografía  y ritmo narrativo y de montaje, la transforman en una película que si aún no han visto deberían localizarla en los mercados de DVD y dedicarle un par de horas. Las disfrutarán.
No siendo pues una histgoria fidedigna sino un amable y a veces divertido juego de enredos sentimentales, uno disculpa el atrevimiento de usar a Moliere en estos asuntos y gusta en suponer que si el genio francés pudiera ver por algun agujerito del Parnaso esta película, sonreiría con indulgencia y seguramente alabaría el gusto por las damas que muestra su no muy acertado trasunto cinematográfico. La bellísima y sensual Laura Morante, con un perfecto equilibrio entre la elegancia y la pasión, la inteligencia y la paciencia, la tolerancia y la fuerza, da la réplica a otro actor de verdadero mérito, Fabrice Luchini, en su bobo papel del burgués gentilhombre,  monsieur Jourdain, un fatuo que cuando se percata de las crueles burlas que provoca sus acciones y comportamientos, adquiere una  admirable y serena dignidad, en el polo opuesto de su humoristica estupidez. Entre esos dos pesos pesados de la escena francesa, el joven Romain Duris --que parece imitar al actor que encarnó al Shakespeare enamorado-- trata de mantenerse a flote y a veces lo consigue con la ayudita de sus dos compañeros, en escenas tan bien logradas como las clases de comportamiento que Moliere da a Jourdain, mostrándole cómo imitar a un caballo y los diferentes tipos de comportamiento y andadura que éstos tienen según su raza (ya que un actor debe aprender a meterse en la piel de lo que representa, y así el burgués fatuo podria lograr que la joven, bella y cruel marquesa se fije en él). "Tartufo", "El misántropo" o "Las preciosas ridículas" son algunas de las obras que nuestro director ha saqueado para dotar de realidad literaria su visión de Moliere.
La accion transcurre en París en 1644, con un Jean Baptiste Poquelin como actor de farsas, no demasiado bueno, asediado por los acreedores y obligado a cerrar su "Theatre Groupe" e ingresar en la cárcel. Cuando sale en libertad hay un lapso de varios meses en que no se tiene constancia de donde estuvo o lo que hizo. Es el periodo misterioso que escoge nuestro director para dar contenido a su pelicula, ya que cuando esta ausencia sin datos acaba, varios meses después, Moliere cambia de registro, hace una gira de trece años con su compañía por toda Francia y cuando regresa a Paris en 1658 ya es un dramaturgo conocido y comienza su edad de oro. En esos meses de misteriosa ausencia Moliere conocerá a muchos de los personajes que luego nutrirán su obra: esa es la gracia y justificación de la película.
En la vida real hay un detalle de la vida de Moliere que siempre me ha impresionado: la hemorragia cerebral que habria de producirle la muerte le ataca justamente cuando está en escena representado a su personaje "Argán" el hipocondríaco protagonista de "El enfermo imaginario". Era la noche del 17 de febrero de 1673.
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18 mayo 2012 5 18 /05 /mayo /2012 07:21

almayna-cartel.jpg

El abuelo Hüseyin, un jubilado turco que vive y trabaja en Alemania desde los años sesenta, con una familia muy integrada en la forma de vida alemana, pretende volver a sus orígenes, Anatolia, y recuperar sus raíces culturales con su familia nacionalizada alemana. Para ello compra una "casa" en el pueblo de donde salió cincuenta años antes y pide a su familia que le acompañen durante las vacaciones de verano a fin de "arreglarla" y disponer toda la familia de un lugar propio donde impedir que se difuminen las señas de identidad turca.

Entre renuencias y rechazos, el abuelo se lleva a su reticente familia a Turquía. En el camino, una de sus nietas --embarazada de un inglés, vade retro Satanás-- va contando la historia de la familia a otro nieto más joven, para que comprenda el empeño del abuelo en que todos sigan considerándose turcos, aunque vivan en Alemania y ya bajo la ley sean alemanes.

Es un poco como aquellas películas, tipo "Vente a Alemania, Pepe" y todas las que protagonizó el inefable Alfredo Landa, un estereotipo de hispano, no ya feo, catolico y sentimental como el marques de Bradomin de Valle Inclán, sino en versión cutre "bajito, inculto y obsexo". Aunque en aquéllas solía brillar, más por carencias que por presencias, cierta mala uva crítica disfrazada de humor de trazo grueso. En la que ha dirigido Yasemin Sindereli se trata más bien de un producto buenista y complaciente, con aspiraciones sentimentales, a la manera de la francesa "Bienvenidos al norte" o de la clónica italiana "Bienvenidos al Sur".

No hay intención crítica alguna en la película turca, que recurre a los tópicos y clichés de nacionalismos, racismos desvaídos, tipismos varios y floklores de la parte más exótica (la vida rural turca en Anatolia y las paradojas que nacen en su contacto con una sociedad avanzada) aunque por vida del humor infantil nos hablen de "un pueblo sádico que adora a un hombre torturado hasta la muerte, come carne de cerdo y veranea en Mallorca", un pueblo disciplinado, sucio, grande y que los domingos hacen ritos de antropofagia comiéndose trozos del "cuerpo de Cristo".

Todo ello da para secuencias memorables, como el sueño lisérgico de uno de los niños. hijos del abuelo cuando era papa joven, en un paraiso de coca-colas y asaltado por un horripilante crucificado sediento de venganza. Hay una voluntad de conciliación e integración que llega a su cumbre con ese acto de homenaje a los antiguos inmigrantes en presencia de la canciller Angela Merckel. Esa voluntad positivista y un poco ingenua va contagiando toda la película de un buenismo que se abre por parte de los turcos a un deseo de integrarse y forzar una trasculturización sincrética poco probable. Asuntos como el embarazo no deseado, el trabajo de las mujeres o su independencia, la unión sexual con sujetos de otras etnias, no ya alemanes, mal menor, sino etnias tan rechazables historicamente como la inglesa para los turcos, van siendo reducidas a anécdotas ingenuas y sin malicia crítica, con la suavidad respetuosa que refleja la inculturación navideña, cuando los niños turcos piden a sus padres que celebren la Naviudad con un arbol navideño y la llegada del papa Noel.

Como en "La pequeña Miss Sunsine" un acontecimiento luctuoso ocurrido durante el viaje familiar en el pequeño bus alquilado por el abuelo, deberá reorientar toda la acción, las actitudes de los personajes y sus ideas frente a lo que fue y a lo que es o será. Ese cambio, positivo, tendrá su reflejo en la foto familiar con la que se cierra la película, en la que cada personaje adulto se encuentra con su réplica joven (a los dos los hemos conocido con los tres grandes flash back que va configurando la narración de la joven nieta) durante una fiesta que se celebra en la "casa" comprada por el abuelo en el pueblo de Anatolia, que apenas es más que una fachada con el interior, sin paredes, abierto hacia un paisaje idílico y bellísimo.

El simbolismo, tan apreciado por esta directora turca (no en vano está filmando su propia historia familiar), se completa: la casa, el hogar por construir entre todos, dados los muros y la tierra y el lugar y la confluencia armónica y coherente entre el pasado, el presente y el futuro que se debe construir desde la única realidad sólida que existe: la familia. Lo demás, el hogar de acogida, el buenismo con el que se contempla la autocomplacencia prepotente alemana (a años luz de la dureza del humorista judío Sacha Baron Cohen, en "Borat", fustigador de los estereotipos transnacionales). Todo en "Almanya" es políticamente correcto, incluso un poco untuosamente correcto.

 

 

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17 mayo 2012 4 17 /05 /mayo /2012 07:18

excursiones-2953.JPGMañana sosegada en la montaña. Subo a las Rocas de Benet, el soberbio macizo de conglomerado rojo, con paredes verticales de 300 m, aves rapaces surcando sus cielos como pequeños navíos dorados y negros, lentos, majestuosos. Desde la carretera que une Horta de San Juan con las primeras tierras de Aragón, el viajero las tiene a su izquierda, como una inmensa nave de piedra varada en el comienzo de los Puertos, una especie de enorme caja de angulos redondeados y precipicios que parecen cortados con el hacha de un gigante, una fortaleza natural aparentemente inexpugnable. La via de acceso es una torrentera en elevado ángulo de desnivel, una hendidura angosta entre dos roquedales, un corte de garganta, llena de vegetación, con un suelo desgastado de grandes pedruscos y gravilla resbaladiza entre árboies torturados y matorrales espinosos. Se requiere mucha atención en la subida y redoblada prudencia en la bajada. El premio es una gran planicie engastada entre los picos de cada una de las gigantescas torres de este castillo de piedra y vegetación, rodeada por todos lados por caidas de más de doscientos metros y un panorama a vista de pájaro de la planicie del Matarraña extendiéndose hacia el azul, los cercanos puertos que separan la zona del mar, donde a la altura de Alfara de Carles o Pauls hoy parecía extenderse un fuego forestal de considerables dimensiones. Esa es la maldición de las Tierras del Ebro y el Matarraña. raro es el año en que no hay que lamentar varios incendios.

Pero volvamos a la planicie de la cima de las Rocas de Benet. Habitualmente es fácil encontrar rebaños de cabras salvajes, compitiendo con las rapaces en el dominio del lugar, casi siempre sin presencia humana y profundamente silencioso. En esta ocasión, sin embargo, no veía ninguna. Durante un rato, apostado sobre unos relieves rocosos al sol, sacudido por un viento frío que barría las cimas de las peladas rocas, dediqué varios minutos a la silenciosa contemplación del paisaje, sin pensamientos, sin la cháchara mental que nos suele acompañar, relajado y feliz. De pronto, frente a mí, entre unos arbustos, muy lentamente, apareció una cabra  muy joven, casi una cria. Miró en mi dirección sin alarma alguna. Yo extremé mi quietud. La cabra me miró intensamente con sus grandes ojos atónitos. Después giró la cabeza como si hubiera perdido todo interés por mí. Se dio la vuelta y siguió su paseo mordisqueando las hierbas que alfombran el suelo o algunos arbustos tiernos.

excursiones-2968.JPGLa contemplé hasta que desapareció de mi vista. Me había llegado su fuerte olor, por lo que dada la dirección del viento, seguramente ella no me había olfateado.Tras unos minutos de silenciosa oración de amor a la Naturaleza, me levanté para iniciar la bajada. De pronto  de una balma o covacha bajo un reborde de roca, la cabra apareció subitamente. Nos miramos unos segundos. Ella dio un espectadular salto lateral y desapareció en un quiebro hacia lo más alto. Iba a comenzar una divertida experiencia entre la pequeña cabra y el humano: el animal parecía seguirme, como si jugara al gato y al ratón, al escondite, a ver si te pillo, me adelantaba dando saltos increíbles junto al abismo, desaparecía entre unos arbustos, mostraba la cabeza triangular junto a un recodo o insinuaba su cuerpo entre los arbustos salteados por el peligroso pedregal del descenso: los casi treinta minutos que dura la lenta y trabajosa bajada, el animal me acompañó desde las cortadas laterales. Cuando llegué al fondo de la garganta, donde sigue el sendero que lleva hasta la pista de subida, la cabra apareció sobre mí, en un picacho puntiagudo sin vias de acceso visibles. Asomó la cabeza y me miro largamente. Allí estuve un par de minutos, con la cara alzada hacia la roca, mirándonos. Luego, de im- proviso, desapareció y ya no la ví mas. Bajé hasta la pista donde estacioné el coche. El todoterreno de los forestales se detuvo para saludarme. "¿Qué tal allá arriba?", me preguntaron. "De fábula", dije. "Un poco solitario, ¿no?". Contesté: "He venido varias veces y nunca me he encontrado a nadie...excepto cabras y buitres" Los forestales añadieron: "Hoy desde luego, está más solitario que de costumbre. No nos hemos cruzado con coches en toda la mañana." Me despedí: "Yo he tenido mas suerte, he estado jugando al escondite con una cabra muy joven".

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16 mayo 2012 3 16 /05 /mayo /2012 07:05

marai.gif

Sandor Márai (su verdadero apellido es Grosschmied) escritor húngaro de entreguerras, nació en 1900 y huyó de su país a Norteamerica en 1947, al ver las dificultades para escribir y trabajar que conllevaba el régimen comunista. Viejo y cansado, después de escribir un diario espeluznante sobre sus últimos días (“Diarios, 1984-1989″) se suicidó en San Diego, California, muy poco antes del derrumbe del imperio soviético que le hubiera abierto las puertas para volver a su tierra, y acaso asistir al renacimiento de su gran literatura. Mantiene en su obra una visión desencantada pero lúcida y elegante de la vida y la sociedad, la politica y la historia de su tiempo. Prohibida su obra por el régimen comunista (no llegó a vivir, por unos meses, la caida del muro de Berlín que seguramente le hubiera confortado) cayó en un largo periodo de olvido. Editado en España en los 50 y 60 por Destino, no alcanzó un éxito profundo y persistente de autor de culto, hasta la publicación por Salamandra de "El último encuentro" en 1999.

Desde el momento de su aparición en el mercado literario español, empezamos a ser legión los que descubrimos a un autor con la fuerza, el saber, la convicción y la potencia narrativa de un Thomas Mann o un Stefan Zweig por citar dos de los autores contemporáneos suyos con los que fue comparado (con el segundo comparte la depresión de raiz politica y humana que llevó a ambos al suicidio)

Después de su aparición en 1999, la editorial "Salamandra" ha publicado el resto de su obra, "La herencia de Eszter", "Divorcio en Buda", "La amante de Bolzano", "La mujer justa", "La hermana", "Las "Confesiones de un burgués" o los patéticos y duros "Diarios 1984-1989", entre otras. La publicación de "Liberación" ha alertado de inmediato a los admiradores de este escritor excepcional. Y no defrauda.

"Liberación" fue escrita entre julio y setiembre de 1945 poco después de la ocupación nazi de Budapest, cuando la Gestapo y los fascistas de la Cruz Flechada húngara, persiguen a cualquier simpatizante con otras ideas más liberales que las que convenían al régimen de encefalograma plano de nazis y adláteres. Unos dias antes de la Navidad de 1944, la joven Erzsébet trata de buscar un refugio para su padre, un destacado intelectual perseguido por la Gestapo y otro para ella misma, entre bombardeos, miserias de supervivencia y razzias de la siniestra policia politica hungara. Encuentra un misero refugio en los sotanos de un vecino bloque de viviendas, hacinada con otros ciudadanos hungaros, mientras el Ejército Rojo asedia la ciudad y comienza a ganarla calle a calle.

Esa espera angustiosa y llena de privaciones de la "liberación" --que todos aspiran a que los rusos traigan-- va perfilando la novela, que se concentra en la descripción dura y nada complaciente de los comportamientos humanos en situaciones de privación y peligro...hasta que en la madrugada del 19 de enero, el primer soldado ruso aparece a las puertas del refugio y se desencadena un angustioso relato íntimo en el que la joven comprueba cómo el escenario deseado e imahginado dista mucho de parecerse al real. Pero la prueba será superada y asumida. La chica está dispuesta a sobrevivir, a luchar por un mundo mejor, aunque no tenga nada que ver con lo que el presuntamente traerían los soviéticos.

La conclusión, realista, desencantada pero esperanzada, brutal pero renovadora, aunque duramente irónica queda reflejada en las últimas palabras de la muchacha con la que acaba la novela: "Bueno , parece que al fin soy libre". Esas palabras son musitadas por la joven ante el cadáver del hombre que la ha violado, el representante primero de ese ejército ruso que habría de traer la justicia y la paz. La escena de la violación resulta una de las descripciones sobre ese tipo de salvajada realizada con más eficacia dramática, menos sentimentalismo y más naturalidad, delicadeza  y maestría a la que me he enfrentado en mi larga vida de lector.

Esta excelente novela de Márai, ha tardado 67 años en publicarse (en otros paises europeos se publicó el año 2000, centenario del nacimiento del autor), ¿por qué? Lo ignoro. Hay autores de gran calidad que tienen una especie de mal fario editor. Y Márai es uno de ellos. La novela tiene páginas descriptivas que parecen reportajes periodisticos (él era un gran periodista) y recuerdan al soberbio Ivo Andric o al Vasili Grossman de "Vida y Destino", pero también muestran que la devastación moral de la guerra no era sólo de una de las partes, la nazi, sino que concierne a todos los implicados, desde los soviéticos a los propios húngaros, incluyendo los perseguidos. Y eso puede ser una razón que justifica el silencio impuesto a Márai. Ni vencedores ni vencidos llevaban la bandera de la paz y la justicia. Eran los mismos perros con diferentes collares. Y esa es una visión que no agrada a los vencedores.

Al contrario que los escritores antes citados, Márai no se empecina en describirnos la situación militar, sino que se concentra en la vida, las rutinas miserables, privaciones, penurias y temores, en el hacinamiento del refugio, en las acttitudes de los refugiados, tan acobardados ante las arbitrariedades de sus autoridades y de los nazis como confuamente desesperados ante la posibilidad de que las cosas con los rusos no mejoren. Algo que la historia se encargaría de mostrar como inevitable, hermanando a todas las dictaduras con el mismo rasero de horror, destrucción, ignominia y crueldad.

FICHA DEL LIBRO: "Liberación".- Sándor Márai.Ediciones Salamandra.Traducción:Mária Szijj.Núm. páginas:160

 

  

 

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15 mayo 2012 2 15 /05 /mayo /2012 07:59

excursiones-0945.JPGHe aquí una propuesta de delicioso paseo por los alrededores del rio Tastavins. Salida desde la famosa ermita de la Virgen de la Fuente, río arriba por un sendero de poca inclinación entre bosques, llegada al pueblo tras unas dos horas de caminar, subida a las últimas casas del arracimado Peñarroya hasta encontrar el camino que lleva a las rocas de Masmut, casi una hora más por pista ascendente. Una vez frente a los rojizos cortados graníticos, subida a la cima --con unas pequeñas grimpadas sin mucho riesgo-- y regreso directamente a la ermita y santuario. En total unas seis horas sin contar paradas.

Salimos desde ldetrás de la ermita de Abajo (que merece una detenida visita como comentamos  un poco más abajo) dejando a una media hora de carretera arriba el caserío blanco de Peñarroya de Tastavins, arracimado sobre las laderas del Cerro de la Moleta. El sendero está marcado como GR (es el 8) en su comienzo, justo detrás de los edificios de la Hospedería . Cruzamos el rio y dejamos atras el recodo del puente viejo siguiendo un sendero estrecho que sube un poco para convertirse en una senda ancha, a veces pista, que va siguiendo el camino paralelo del cauce del río (en esta ocasión con poca agua, aunque en otros tiempos habia llegado a arrasar la antigua ermita, obligando a construir una nueva con grandes muros de piedra de contención).

Entramos y salimos de bosques, espacios de cultivos, ruinas de masías abandonadas, arboles frutales, pinos, carrascas, encinas, chopos. El sendero está bien marcado. Pasamos por el Moli Nou, un conjunto de casitas remozadas para turismo rural, ocupando la orilla izquierda del rio y hay que estar atento pues junto a unos grandes campos de cultivo y una explotación ganadera el sendero se bifurca, el GR8 sigue a la izquierda y el PR que debe llevarnos de nuevo al pueblo, tras dar un amplio círculo, se encamina hacia la derecha bordeando los grandes pastos y alguna construcción de adobe y piedra para guardar trastos de faenar. El sendero sigue rio arriba, acompañando el cauce, dejando a un lado muchos campos de cultivo. Encontramos un estrechamiento del cauce que se incrusta entre paredes graníticas de conglomerado gris, formando una especie de cañón de piedra con aguas  de color esmeralda  en donde se abren pequeñas pozas de poca profundidad. Al otro lado del rio van apareciendo viejas masías abandonadas, algunas incluso amuralladas, que dan un aspecto fantasmal a la zona. Cuando se camina junto a las gargantas pétreas que ha excavado el rio, es posible ver las laboriosas conducciones de agua que los antiguos pobladores han excavado y enmurado a cierta altura sobre la roca.

Chopos, encinas, sauces, van acompañando al caminante, que cambia de dirección tras pasar junto a un gran poblado de casas diseminadas, al fondo, en la oltra orilla del rio. Volvemos hacia el noroeste (donde intuimos que se encuentra Peñarroya) y avanzamos bajo bosque y sendero pedregoso con subidas y bajadas leves, hasta llegar a una gran explotación ganadera vallada con alambre de espino, que nos lleva tras una subida no muy acusada hasta la carretera  secundaria que une Peñarroya con  la carretera nacional a Fuentespalda y una pista al Pantano de Pena, por los Sucarrades y el Coll de Andreu, encima del rio de los Prados que hemos estado siguiendo. A la derecha, siguiendo la carretera, vemos nuevamente el pueblo de Peñarroya. Hemos de estar atentos pues el sendero, señales blancas y amarillas, cruza la carretera y se adentra por los campos de cultivo hacia la izquierda junto a una explotación ganadera y una granja porcina. El sendero nos lleva ahora hacia la espalda del pueblo, al que entramos por el Roquedal, frente al espacio abierto entre las rocas del fondo donde estaba el puente romano desaparecido, el "Pont chafat". Aqui podemos seguir la senda hasta el pueblo y alli la primera calle de subida hacia la pista de Masmut o subir directamente hasta la balsa de San Miguel, que está en el inicio de la pista que lleva a las grandes paredes de conglomerado rojizo. Una vez que llega la pista a las primeras paredes verticales del macizo, hay una confluencia de sendas y caminos. Un sendero de bajada dejando las rocas a la izquierda, por entre el bosque de encinas y pinares, una pista a la derecha que asciende hacia el mirador y un camino estrecho medio borrado a la izquierda del sendero que sube empinadamente hacia un lateral de las Rocas. Ese es el que hemos de subir. Al llegar a la base de las primeras rocas que forman parte del macizo, la subida se inicia de inmediato con una suave grimpada hacia la derecha, con algunos pasos aéreos. Hay que seguir las señales azules, que nos llevarán tras algunos momentos en que hay que usar manos y pies sobre las rocas, a la cima. Dado que ya hemos hablado en otra ocasión de las Masmut, comenzamos el regreso.

Salimos por la pista hacia el pueblo. Conviene una larga paseada por las calles estrechas y empinadas. Atención a algunos bellos edificios medievales o renacentistas, a la Iglesia de Santa Maria la Mayor (Monumento histórico-artístico desde 1984) y reponer fuerzas en, por ejemplo, el Hotel Tastavins, con un buen servicio de restaurante. Despues solo queda bajar dando un paseo hasta el Santuario (hay un senderito algo perdedor que lleva desde la explotación de los Jamones hasta detras del santuario, justo al comienzo de nuestra excursión, pero se pueden ahorrar, por una vez, el sendero y seguir tranquilamente la carretera.

 

 

 

ACCESOS Y DOCUMENTACION

 

Los mapas del Servicio Topohgrafico Nacional, 520, de Peñarroya de Tastavins, amén de los libros "Lo Port" de Joan J. Tirón y, Las "Rutas por el Matarraña y los Puertos" editado por Prames y el Gobierno de Aragón  y algun ejemplar para el recuerdo de cualquier de los muchos libros editados sobre las Rocas de Masmut (una maravilla tambien desde el punto de vista fotográfico),  justifican una visita a la librería de Octavi Serret en Valderobres, aunque por supuesto también suelen encontrarse en otras librerías especializadas

 

LA VIRGEN DE LA FUENTE, PATRIMONIO MUNDIAL

 

Solo por visitar este antiguo Santuario, declarado Patrimonio Mundial del Arte mudéjar aragonés en 2001, la excursión ya vale la pena, imagínense si sumamos los encantos deportivos y paisajísticos. El Santuario está formado por un coinjunto de edificios, unidos entre sí por escalinatas y paseos. Hay dos ermitas (la de Arriba y la de Abajo, no denotan mucha imaginación los que les pusieron los nombres) mas una hospedería (hoy en funcionamiento otra vez), la oficina de Turismo y el Centro de Interpretación del Porcino (una de las riquezas de la zona: reputados jamones con denominacion de origen). La ermita de Arriba tiene un estilo gótico-mudejar, es de finales del siglo XIV y tiene una techumbre del mudejar aragonés decorada con pinturas y motivos geometricos y naturales que causa verdadero asombro. La de Abajo es del siglo XVII (1638) con dos portales en los que campan las fechas 1658 y 1783. De 1341 data la Cofradía , cuyo primer cofrade fue el rey Pedro IV. La Virgen de la Fuente (ésta, muy hermosa, con quince caños) es una más de que gozan de una leyenda de itinerancia. Fue descubierta por el consabido pastor junto a la fuente en el siglo XIII, llevada al cercano pueblo y milagrosamente perdida y vuelta a encontrar en la misma  fuente. Una y otra vez. Hasta que se decidió construir la primera ermita en la zona. Cosas.

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14 mayo 2012 1 14 /05 /mayo /2012 07:35

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 Seguramente el director Tim Burton está envejeciendo mal.  Esta historia,"Sombras tenebrosas", basada en una serie de televisión de los años 60, realizada con el típico uso y disfrute de la perfecta dimensión técnica de las películas de Burton, es decir, música, montaje, efectos especiales, intérpretes, diseño de producción, todos ellos modélicos, rozando la excelencia en cada plano...no logra que el espectador supere sin impaciencia las dos horas largas de proyección, en las que todo tiene un cansino aire de "dejà vu", algo visto y paladeado en otras ocasiones, con o sin Burton.

Incluso los aficionados al cine que hemos vibrado con muchas películas del desmelenado Tim, en ésta su última producción sólo hemos gustado aquí y allá de algunos momentos  y detalles muy en la linea barroca y oscura, irónicamente siniestra y bastante gamberra y visionaria del realizador, pero sin llegar en ningun momento a deslumbrarnos o simplemente a apelar a nuestra complicidad de cinéfilos, hijos de aquellas peliculas de la serie B de la Universal, todo el gótico horror, sin maldad o retorcimiento ético, de los monstruos entrañables que conformaron nuestra adolescencia, prontamente horrorizada ante otros monstruos bien reales que viven y medran entre nosotros y que se realizan entre Hiroshimas y crisis financieras que empobrecen a naciones enteras.

Pero Tim Burton aun juega en la división de honor de los de antes y la historia que nos cuenta, la del vampiro Barnabás Collins (Johnny Depp, menos histriónico de lo habitual, pero siempre dentro de las caricaturas deliciosas que pergeña para su amigo Burton) y los habitantes de la tétrica mansión Collinwood (una delicia para los amantes de las mansiones tenebrosas)  nos divierte hasta cierto punto, nos atrae un poco menos, nos fascina poquísimo y acaba           haciéndonos mover la cabeza con cierto pesar para murmurar: no es esto, no es esto. Lo intentas, amigo Burton, pero parece que no lo haces con la debida energía (o sabiduría).

Se saca partido de un elenco excelente, desde la recuperada Michele Pfeiffer (lejos de la juguetona y letal Cat Woman del magnifico "Batman" de este director), Jackie Earle Haley, Helena Bonham Carter, menos truculenta que de costumbre en las peliculas de su marido, la chica Bond, Eva Green, que está muy convincente como la malvada bruja (la secuencia del acto amoroso entre Depp y ella, con grandes destrozos incluidos, resulta divertida) o Clöe Grace Moretz, con un sorprendente papel doble de adolescente pasada de vueltas y de... ya lo verán, sorpresa, hacen su cometido con bastante acierto. Quizá Bella Heathcote, como la angelical y oscura institutriz Victoria, no logra dar el tono preciso a su complejo papel, aunque quizá por eso mismo se perfile paradójicamente como el reflejo del defecto principal de esta película: falta de nervio y convicción. Todo está narrado con una cierta desgana, con alejamiento y frialdad.

Uno echa de menos la poesía implícita e imaginativa en "Big Fish", el gamberrismo crítico y demoledor de "Mars attack", el humor surrealista y transgresor de "Bitelchus", la siniestra eficacia de "Eduardo Manostijeras", patrón de los "freakes", la sentimental  y magistral "Ed Woods" donde Burton nos desnudó su alma de cinéfilo, su carácter de "raro" ya entonces en sintonía con su actor fetiche Johnny Depp, al que en "Sleepy Hollow" logró convertir en un paradigma del oscuro y entrañable héroe burtoniano, superando entre épicas difitcultades el atroz oscurantismo de la magia y el horror humano y sobrenatural, cosa que repetiría desde otro orden con su "Barbero diabólico  de Fleet Street".

Los forofos del universo Burton, tan diferente, inusual, distinto, encerrado en sí mismo, no acabarían de degustar las rarezas de su "Alicia", en el que pondria a prueba sin mucho éxito su fórmula de buscar siempre un equilibrio entre el horror y el humor, ni mucho menos las de "Charlie y la fábrica de chocolate".

En resumen: Tim Burton no ha logrado sacudirse  en "Sombras tenebrosas" el halo de escasa energía y poca convicción de sus últimas películas, en las que repite los excesos, marca de la casa. Pero aun acentuando las dosis de horror y de humor, no logra una dinámica que nos haga salir de la proyección con secuencias y personajes que se nos queden dentro. La última película de Burton que lo logró, en mi mente cinéfila personal, fue en "Big Fish" o en su sentida biografía del director mítico "Ed Woods", brillante retrato de un director medio sonado con sus películas artesanas de nulo presupuesto y su desverguenza supina, en el tiempo heroico del cine.

El universo personal de Tim, con todas sus carencias, problemas, sentimientos y emociones, ese niño grande que se sentía infeliz y raro, puede obtener ricas proyecciones artisticas, pero quizá es hora que Burton madure y supere, dandole otra forma, a su personal mundo del dislate y el asombro.

 

 

 

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12 mayo 2012 6 12 /05 /mayo /2012 07:36

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  Imagínense que el Diablo Cojuelo de Quevedo, experto en fisgonear en las casas por el método de levantar el tejado y mirar dentro, le da por montarse un escenario semejante en una casa del profundo oeste norteamericano, mostrándonos la interacción áspera y a veces violenta de los miembros de una familia típica y tópica de la clase media, un padre desaparecido a la buena de Dios, una madre permanentemente drogada por pastillas a fin de aliviar el dolor que le  produce un cáncer de boca, tres hijas más o menos a la deriva de sus fracasos sentimentales, la hija adolescente de una de ellas, la hermana cotilla de la dueña de la casa y su marido, el hijo de ambos y el amante de otra de las hermanas, un tipo impresentable y chulesco.Se abre el telón y se nos presenta una casona, un hombre que filosofa en una hamaca al calor de agosto y al calor de un continuo ingerir de whisky. Una chica, de raza india, cheyenne, viene a emplearse como sirvienta y cuidadora de la esposa del hombre, enferma de cáncer.Tras un largo monólogo del hombre, este hace mutis y la chica entra en la casa, todo el armazón se desplaza por el escenario y el espectador tiene frente a sí la casa completa de tres niveles, como si la pared que la protege de nuestra mirada fuera de cristal o de aire. Comienza la acción...

Hay libros, muchos, en uno de los extremos, el hombre desaparecido es profesor universitario, hay el continuo tintineo de las pastillas que la dama trasiega sin cesar, cigarrillo tras cigarrillo, y hay una mesa de salón donde cenan cada noche, de verdad, once personas, en el segundo acto. Da igual que vea usted esta obra en Chicago, en Buenos Aires, en Paris o en Barcelona. Sólo cambia el idioma. Todo lo demás es semejante. Tres actos para una representación que abunda en momentos jocosos, la mayoría discutiblemente jocosos, en gritos, chillidos, denuestos, insultos, algo de música y una trama que circula por el abuso de drogas, el alcoholismo, la pedofilia, los enfrentamientos generacionales, el racismo, el incesto, la infidelidad, el suicidio y hasta el amor. Se estrenó el 28 de junio de 2007 en Chicago, seis meses mas tarde en Broadway con un éxito de año y medio en cartel. Ha obtenido el Pulitzer y otros siete premios en 2008. Su autor, Tracy Letts, actor y escritor, nacido en Tulsa, Oklahoma, (lugar donde acontece la acción de "Agost, osage County"), ha barajado con pericia componentes dramáticos y cómicos de la tradición teatral americana y europea, desde Eugene O' Neill y Miller por un lado, hasta Wilde (sin su elegancia) y De Filippo, pero sobre todo Tennessee Williams. Se nota también la huella perfeccionista de la Steppenwolf Theatre Company de Chicago. Esta compañía de Illinois, fundada en 1974, es hoy un grupo estable de 41 miembros, al que Tracy Letts pertenece como actor y dramaturgo. 

Hay una energía incesante en la acción y la obra resulta un desafío para los actores, que se ven obligados a hacer excesos de voz y gestos en los que suelen caminar en la cuerda floja entre el patetismo y el ridículo (cosa que provoca no pocas risas equivocadas e innecesarias entre el público). Uno no ve que sea cosa de mucha risa el farfullar dolorido de una enferma de cáncer de boca o la estúpida charlatanería de una adolescente. Lo asombroso de esta situación elevada al máximo desde el segundo acto es que acabamos aceptando esa dureza expositiva, esos gritos y nos parezca impostado y falso lo más auténticamente humano de la obra, las intervenciones y la persona de la india, la joven "nativa americana". Paradojas del exceso.

Desde los gritos de Violeta, la esposa del desaparecido profesor (se ha suicidado y se sabe muy pronto) delirante y excesiva, llena de dolor y rabia, hasta sus hijas o su nieta, esta es una obra de mujeres. Los hombres son meros comparsas que acompañan y provocan la acción de las mujeres, su rechazo o su amor.

Bajo la asfixiante atmósfera de la cerrada casona en pleno agosto, en las calcinadas llanuras de Oklahoma, se desarrollan los sentimientos de los personajes con unos diálogos incisivos, ingeniosos, duros y cortantes como navajas de afeitar. El desmoronamiento de la familia --y añadidos-- es atroz. La tragica desaparición del padre no es más que una excusa que lleva a la luz el desconcierto de todos y cada uno, en la que surgen las dos líderes familiares, Violet como reina destronada (una Anna Lizarán, gran trágica de la escena catalana, en pleno y a veces excesivo disfrute de su poder como actriz de carácter) y su hija Bárbara (Emma Vilarasau) que acaba el segundo acto con un desafiante "¿Aún no te has enterado? Yo soy ahora la que manda aquí".

Dicen que es la primera gran obra americana del siglo XXI (la manía de los norteamericanos por lo grande llega a sonar a guasa metafísica), yo no sé, pero si creo que es la consecuencia lógica --no muy distinta moralmente-- de obras como "Quién teme a Virginia Woolf" o "Un delicado equilibrio", que ya les comenté en su día. No hay nada excesivamente nuevo en "Agosto" como imagen de la decadencia ética de una familia norteamericana, impulsada por una manera de vivir y unos valores, o sus ausencias, que quedan muy lejos de los que se presentaban, por ejemplo, en "La muerte de un viajante", de Miller.

La obra, con una Sala Gran del TNC repleta de un público entregado y a veces inoportuno, ha sido dirigida por Sergi Belbel, el que fue "enfant terrible" de la escena catalana, y sostiene la fuerza de la historia con las contundentes interpretaciones --y sobreactuaciones--de dos mujeres, ya citadas, Lizarán y Vilarasau. Abel Folk, Rosa Renom, Clara de Ramon (necesita un hervor de saber estar en un escenario), Karen Westen, Manuel Veiga (un cheriff flojito) Almudena Lomba (la india), Maife Gil, la dicharachera metomentodo, Frances Luchetti como muy acertado cuñado de Violet y Charlie Aiken, que borda su monólogo del principio de la obra, sin olvidar a los dos añadidos varones, Albert Triola, el hijo desquiciado lleno de complejos y Oscar Molina, que hace odioso a su personaje, como era de esperar.

De todas formas hay que conceder a "Agost" un mérito, aquí y ahora, es una pieza de peso en un acontecer teatral lleno de materiales livianos, casi volanderos (sin contar, claro está, con los clásicos, siempre resultones). Y un defecto: falta una más habil dirección de actores que limite un poco el histrionismo de la mayoría de los actores. ¿O es un defecto de la escena catalana? Pero no, hemos visto este año obras donde tal histrionismo no existía y la obra resultaba. "Se de un lugar", "Els dolents", "El tipo de la tumba de al lado", meros juguetes escénicos si queréis, pero interpretaciones ajustadas a la naturalidad y la fuerza de los personajes y la trama. En fin...

 

 

   

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11 mayo 2012 5 11 /05 /mayo /2012 14:04

He aprovechado una visita corta a mi pueblo, la Torre del Compte, a pocos kilómetros de los Puertos de Beceite, que forman un "skyline" soberbio, moles dentadas recortadas en azul cobalto contra el cielo mediterráneo del Matarraña, para subir a Peña Galera. La mañana primaveral, con ese olor fresco a Naturaleza recién nacida que tienen las primeras horas de sol en tierras de solano, destacaba los perfiles de los picos y las tortuosas gargantas como si Gustavo Doré hubiese pintado todo durante la noche anterior (siempre he sostenido que por las solitarias cumbres, valles escondidos, bosques y rios de los Puertos de Beceite se podría rodar con propiedad una nueva versión del "Manuscrito encontrado en Zaragoza" o de las escenas de Don Quijote haciendo penitencias amorosas en Sierra Morena).

Realmente las soledades y la austera belleza dura y montaraz de la Peña Galera me han reconfortado, como sólo suele hacerlo la montaña para los que hemos nacido y vivido con su presencia o su nostalgia. Es, sin duda, una psicoterapia activa de gran eficacia para la mayoría de las personas. Con una condición expresa, que he desatendido --menudo psicoterapeuta soy-- y así me ha ido. Los largos paseos, con alguna que otra subida y correspondientes bajadas, por lugares de montaña tienen un largo prestigio terapéutico en la historia de la medicina (y de la literatura, ¿recuerdan "La montaña mágica" del genio de Lübeck, Thomas Mann?). Pero siempre con una advertencia que dicta el sentido común: nada de pasos difíciles, excesos físicos o terrenos peligrosos. En esos casos, aun siendo un montañero experto o experimentado, es bastante posible que uno tenga un percance. El que me ha correspondido, por no saber aplicarme lo que pregono y aconsejo, ha sido afortunadamente leve, unas raspadas aparatosas en el brazo y el codo. Y el susto. Uno no puede bajar una montaña por una "dresera" inventada, con la mente repartida entre el paisaje, el bienestar fisico, la bajada sobre terreno resbaladizo y rocas poco fiables y las cuestiones personales que ocupen su mente. ASÍ QUE, OJO AL DATO: vale la pena salir a caminar para tranquilizar el ánimo y ordenar las ideas o mejor aún para olvidarlas momentáneamente. Pero ¡no intente hacer una carrera de montaña o una subida a un pico! Y eso, ni aunque tenga treinta años...imagínese con el doble...

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