Overblog
Seguir este blog Administration + Create my blog
2 mayo 2021 7 02 /05 /mayo /2021 11:44

                                                             Si tuviera un presente diferente

                                                             Tendría las llaves de mi pasado

                                                            Si mi pasado estuviera conmigo

                                                           Sería dueño de todo mi mañana

                                           (Mahmoud Darwish, refugiado palestino)

 

De vez en cuando, desde hace años, visito dos tumbas cercanas entre sí, en mi corazón, y relativamente en el territorio. A los dos lados de la frontera franco-española: la de Antonio Machado en Colliure y la de Walter Benjamin en Port Bou. Ambos símbolos culturales del exilio, como Annah Arendt, María Zambrano, Max Aub, Stefan Zweig, Nabokov, Leon Felipe, Buñuel, Sénder, Ayala, Bertold Brecht, Thomas Mann, Freud, Musil, Emil Ludwig y  otros muchos. Ellos integran la cara más notoria –pero más “glamurosa”-  de un drama que se extendió por todo el siglo XX como una marea trágica, la relevante “cresta” de una ola que devastó culturalmente a Europa.  Pero lo más angustioso, censurable y difícilmente comprensible es que el exilio, la inmigración, las oleadas incesantes de refugiados de cientos de miles de personas acuciadas por las necesidades más básicas y usando medios de transporte inadecuados y peligrosos, o jugándoselo todo al cruce ilegal de fronteras, han convertido el siglo XXI en el epítome de una trágica realidad: la errancia sin fin (título del libro de García Ponce) del mundo desposeído, hambriento y desesperanzado (y enojado) al “otro” mundo, calificado como “rico y poderoso”, aunque comienza  a ser más un espejismo que una realidad, gracias al sistema capitalista salvaje y neoliberal que está hundiéndonos a todos.

Aquí trataremos menos el esquema psicológico de los exiliados y refugiados culturales (que han dejado observaciones valiosas  sobre sus penurias y sufrimientos), que el análisis del aluvión brutal de las grandes masas que asaltan fronteras, desafían océanos y son explotados por mafias sin conciencia. Opino que en todos los casos, al margen de la formación cultural o la particularidad política de unos, el desarraigo, la amargura, el desconcierto y el miedo e inseguridad es el contenido básico de las  maletas o los hatillos de todos los que comparten el binomio básico: 1) imposibilidad de quedarse en el propio país por miedo, necesidad e indefensión y  2) huída en precario a otro país en busca de una posibilidad de sobrevivir.

Quizá nunca como ahora en tiempos de un “estado de excepción” ocasionado por la pandemia y de tan difícil gestión jurídico-política y con la incomprensión y rechazo de una parte de la ciudadanía, el estado anímico del refugiado o del exiliado muestran un espejo o vínculo que nos permite entender a estas personas reducidas  en sus derechos (a pesar de la distancia conceptual y situacional entre ellos y nosotros) y comprender la estructura y dinámica de la experiencia de ese “otro” que procede de otro país del que ha sido expulsado y viene al nuestro de mala manera y con una demanda imposible de satisfacer, aunque sí de paliar. ¿No nos resultan familiares esa indisponibilidad absoluta del refugiado sometido a una dinámica de amenazas, exclusiones e inquietudes, con la del ciudadano constreñido a la inmovilidad y a la vigilancia por motivos racionales pero difíciles de asumir? Y si tienen dificultad para ver el paralelismo, no piensen en el ciudadano con hogar, recursos económicos, salud, sino en el indigente, el subproletariado de las grandes ciudades, los parados y los sometidos a las disolventes mutaciones del bienestar en la actual hegemonía hipercapitalista.

Como en ese caso ya corriente en nuestros días, esa subclase de desocupados y marginados de la actual sociedad se asemejan al refugiado en que ambos en virtud de la naturaleza que se les endosa, van perdiendo su identidad, se convierten en seres en permanente proceso de des-subjetivación, no son ciudadanos sino entes fuera de la categoría de sujetos legales, nuda vida, cuerpos biológicos, sin derechos reconocidos, al margen no solo de la comunidad sino de la naturaleza, mantenerse alejados no sólo del orden que emana del oikos, el hogar  establecido, la comunidad, sino objeto de una cultura de la violencia y el odio que, singularmente, proviene de las instituciones del Estado,  que rechaza a ese ser sin territorio propio y lo coloca en un umbral de indiferencia cuando no de negación y confinamiento.

 

Considero que un enfoque cultural  del exilio está constreñido a ser una faceta del amplísimo y demoledor tema de los refugiados en el mundo, por ello quiero dejar constancia de ciertos datos que muestran la amenazadora tendencia al alza del problema que, sin duda, va a constituir uno más, y no el menos importante, de los desafíos que el mundo tiene planteados en nuestro tiempo. Según los últimos datos publicados por la ACNUR (Agencia de la ONU para los refugiados) unos 80 millones de personas han sido desplazadas de sus hogares o han huido de ellos, por miseria, guerras locales, sequía, epidemias o hambre, lo que supone un 1% de la población mundial. De esos millones, el 40 % son niños y  jóvenes menores de 18 años. Un 85% de estos son acogidos por países en desarrollo, lo cual no mejora demasiado la situación de los refugiados y empeora la de los países de acogida. Para agravar las cosas se anuncia una hambruna en países donde se espera que este año la plaga de la langosta migratoria” afecte a los países del sur africano y  los fenómenos asociados al fenómeno climático de “La Niña” a los países del arco de Yemen, Sudan, Siria o Libia. La hambruna, junto con la inseguridad crónica, la  Covid y la falta de recursos completan un panorama desolador que aumentará el flujo migratorio de desplazados.

Pero volvamos al “interior” de nuestra pesquisa. Hablemos del extranjero que viene a nuestro país, al que miramos siempre desde la “otredad” y exigimos que se adapte a nuestras costumbres e idioma. Aún así el diálogo y la negociación son siempre desde la “superioridad”, la dialéctica del amo y el esclavo. Y eso en el mejor de los casos, cuando no es la negación absoluta, el desprecio, el ninguneo y el insulto de los “patriotas” reaccionarios. La psicología señala atinadamente el atávico miedo al otro, al extraño, como sustrato emocional agresivo en esos individuos (y la presunta carga económica fraudulenta que la extrema derecha suele asociar sin fundamento a los refugiados). La dignidad del refugiado debería estar por encima del “choque cultural” o las obligaciones que genera lo que entendemos por integración, lo cual suele estar sesgado por creencias y opiniones.

Como escribe María Zambrano: “La figura del exiliado o del refugiado representa a la perfección la amenaza del desconocido, del radicalmente Otro. No se puede sucumbir al miedo sino trascender la inquietud, planificando un mundo, un espacio mejorado y diáfano, surcado de puentes y ventanas para recibir al recién llegado, que puede llevar en sus alforjas la mejora de un cambio”

Esa visión positiva hacia el que viene en busca de ayuda, de una vida mejor y aporta su fuerza, sus conocimientos y su voluntad de integración, debe estar sustentada en la comprensión de la diversidad y en la busca del punto de integración a partir del cual ambas culturas, la que viene y la que está se enriquecen mutuamente. ¿Utópico? No lo creo. Hay ejemplos en la historia en que eso fue posible, siquiera sea por algún tiempo.

Arendt define la causa del salto abismático a lo desconocido enfocando al elemental miedo a la extinción. Y describe la situación de ese Otro como un “estado total de desarraigo, de cercenadura de sus raíces (que ahora lleva al aire, incapaz de ocultarlas para protegerlas), de vaciamiento de todo lo superfluo hasta quedar reducido a lo esencial, a la “nuda vida”, pura vida biológica, cuerpo desnudo, sin leyes que lo amparen, sin ni siquiera una norma que lo reconozca en su inapelable humanidad.

El exiliado, el refugiado llega al lugar del desprendimiento, desde la patera o escalando vallas metálicas o atravesando ríos y desiertos, con la esperanza ciega y sorda de que es posible pensar el mundo de una forma distinta. Una especie de patria, sigue argumentando Arendt, que no es física, que está libre de límites y que crece junto a la que se truncó. Una patria interior que no coincide jamás con el lugar real donde la persona busca el espacio habitable.

A partir de ahí empieza un calvario interior que  Czeslaw Milosz describe en su libro “Sobre el exilio”: “La pérdida de armonía con el espacio circundante, la incapacidad de sentirse cómodo en el mundo, tan angustiosa para el expatriado, el refugiado y el inmigrante”,  y que paradójicamente lo integra en la sociedad en forma de  una nueva esclavitud, con un desarraigo brutal que nace tras haber vivido una odisea que no envidiaría el mismísimo Ulises. El filósofo Slavoj Zizek lo encuadra a la perfección: “hoy en día, en esta época de capitalismo global resurgen nuevas formas de esclavitud que se nutren de los refugiados e inmigrantes: millones de trabajadores privados de los derechos y libertades civiles más elementales, en fábricas, en los campos, en talleres desde Asia hasta Arabia Saudí o el Congo, donde la estructura de los campos de trabajo son una reedición de las campos de concentración nazis”.

A otro nivel, Isaac Bashevis Singer nos cuenta su percepción de su propio exilio: “Cambiar de país, emigrar, es como una especie de crisis. Tenía la sensación de que mi lengua estaba desubicada. Perdí mis imágenes. Veía miles de cosas para los que no había nombre en mi lengua. Tenía la impresión de que mi lengua materna había perdido su capacidad expresiva y yo, mi sensibilidad para percibir el entorno. Y por supuesto había que ganarse la vida, adaptarse a una nueva realidad.”

Zizek critica la idealización simplista de la izquierda europea que va a los refugiados como un proletariado nómada que podría actuar como núcleo de un nuevo movimiento revolucionario. Es ignorar la esencia del problema: hoy los refugiados “sueñan” con ser proletarios, pero saben que no son “nada”, no ocupan ningún lugar dentro de la jerarquía social del país que los acoge. Por eso existe un antagonismo pseudo cultural entre los  refugiados y la población local de la clase baja. En realidad es una lucha por los puestos de trabajo, no un choque de civilizaciones, sino por el hecho puro y simple que el patrón prefiere emplear a un refugiado sin derecho alguno que a un obrero local que está protegido por leyes y normas. La flagrante falta de humanidad que esto supone no parece preocupar a la política de izquierdas y da carburante agresivo a la ultraderecha. Es uno de los efectos del Nuevo Desorden Mundial. Y Zizek añade:  “En lugar de constituir un frente unido entre las clases bajas y los inmigrantes, se instaura un rechazo por el que los inmigrantes se refugian en el fundamentalismo, mientras que los sindicatos muy a menudo combaten por el bienestar de aquellos a los que representan en contra de esos otros sectores de la clase trabajadora, olvidando que el verdadero enemigo de todos es el capitalismo…Y así se da la curiosa circunstancia de que los trabajadores consideran a los inmigrantes títeres del gran capital, que los ha traído al país a erosionar su fuera y competir con ellos, puesto que su salario es menor, y los inmigrantes ven a los trabajadores, por pobres que sean, como parte integrante del orden occidental que los marginan. No es fácil predicar que sería eficaz que estuvieran en el mismo bando en una situación en la que la competencia es real.”

Lo cierto es que en los flujos humanos migratorios que van desbordando las fronteras de Europa –y aumentará más-siempre reconocemos un signo que comparten con los indigentes urbanos: el de los “muertos en vida”, aquellas personas expuestas a las organizaciones del crimen organizado,- ya sea laboral o sexual- y a las actividades del Poder en contra de las mafias, los narcos o el terrorismo, donde terminan engrosando filas. Explotados por los comerciantes de humanos y rechazados violentamente por ciertos sectores políticos y ciudadanos que ven en ellos una amenaza y un peligro, un síntoma (más) de intranquilidad en un sistema postcapitalista y neoliberal que se deteriora por momentos.

En el otro lado del espectro, para Arendt y Zambrano los exiliados no vienen a recibir sino a dar. La cita de la “Tumba de  Antígona” de la malagueña, debería hacernos pensar: “nosotros pedíamos que no dejaran dar. Porque llevábamos algo que allí, allá, donde fuera, no tenían: algo que no tienen los habitantes de ninguna ciudad, los establecidos; algo que sólo tiene el que ha sido arrancado de raíz, el errante”

Personalmente opino que, como dice el filósofo italiano Franco Bifo, en Europa estamos perdiendo una oportunidad única, histórica, de cambiar la faz de rechazo a los inmigrantes, al otro, por un acogimiento abierto a la diversidad para lograr redirigir la crisis europea ya que “nunca en nuestra  vida nos hemos enfrentado a una situación tan cargada de oportunidades revolucionarias. Pero nunca en nuestra vida hemos sido tan impotentes. Los intelectuales nunca han estado tan callados, nunca han sido tan incapaces de encontrar un camino que muestre una nueva dirección posible”. La joven fuerza que nos viene del “exterior” debe recibir dignidad, comprensión, apertura, trabajo y respeto. No se trata de caridad sino de intercambio en un modelo de justicia e igualdad. El pensamiento que se opone al Sistema actual no ha dado aún el paso hacia delante que obligue a replantear el futuro y a aunar fuerzas. Me viene a la mente aquella película de King Vidor de los años 30, en plena Depresión norteamericana, “El pan nuestro de cada día” en el que un centenar de míseros desplazados, condenados a la humillación y el hambre, se unen para crear una nueva existencia con el sacrificio y el trabajo, la solidaridad y la cooperación. ¿Creen ustedes que estamos mucho mejor en estos días que en aquélla crisis? No se equivoquen. Las apariencias confunden.

Hace sólo tres años el ensayista David Wallace-Wells publicó un libre preocupante: “La tierra inhabitable” y en él de una manera clara, sistemática y aportando datos irrefutables describe toda una gama de problemas actuales y en progresión, que amenazan nuestra supervivencia, calentamiento global, hambrunas, pandemias, falta de agua, guerras localizadas pero frecuentes por alimentos y materias primas, zonas devastadas …y hacía hincapié en un fenómeno que ya comenzaba a inquietar a todo el mundo: cientos de millones de refugiados producidos por la suma de estos desastres ante los cuales se empleará la violencia y que, sin duda, crearán violencia. En esa misma época el líder ultra de Hungría, Orban, pedía que se declarara a Europa Central y Oriental (ECO) “zona sin inmigrantes”, una descarada copia del la nazi “Zona sin judíos”. Un genocidio de proporciones gigantescas se está preparando.

Cada vez que leo que una madre que buscaba refugio a bordo de una zodiac mafiosa se ha ahogado con su bebé en el Estrecho cerca de las playas andaluzas siento que se ha hundido un poco más la esperanza de Europa y se ha dañado la dignidad del ser humano como tal. El Mediterráneo volvió a ser la ruta migratoria más mortífera del planeta, con 1885 muertes verificadas en 2019 y, si bien el apoyo creciente a Marruecos en el control migratorio logró reducir a la mitad las llegadas de migrantes a las costas españolas, al mismo tiempo reactivó la ruta atlántica hacia Canarias, como vemos en 2021  a pesar de la Covid. Las llegadas por el Estrecho de Gibraltar y el Mar de Alborán hacia las costas andaluzas y en menor medida hacia las de Levante y Baleares representan algo más del 25% de las que se produjeron en el conjunto de rutas que se dirigen por el Mediterráneo hacia la UE. En definitiva, las tendencias tanto de llegadas como de fallecimientos en el marco de los flujos migratorios varían de manera significativa en espacios de tiempo próximos

Sin olvidar el doloroso problema de los famosos MENAS (menores extranjeros no acompañados), chicos y chicas menores de 18 años, migrantes, que se encuentran separados/as de sus padres y que tampoco están bajo el cuidado de ningún otro adulto. La deshumanización que sufren esos adolescentes y niños desde el primer momento en situación de extrema vulnerabilidad, y la criminalización después (recordemos el cartel que Vox colgó en una estación de metro de Madrid del que se hizo eco, avergonzados, todo el país) están convirtiendo un problema que debería ser educativo, social y económico, en una amenaza radical de futuro. Hay informes que muestran como esos Menas son postergados en los estudios y desviados a educaciones básicas sin aprovechar las capacidades de formación superior que muchos de ellos poseen en sí mismos: condenados a un submundo de necesidades y con ello a una radicalización que casi siempre es fanáticamente religiosa. El reasentamiento en un tercer país es una de las principales vías legales y seguras para obtener protección internacional y uno de los objetivos centrales del Pacto Mundial sobre Refugiados, aunque por el momento –agravado por la pandemia- los resultados son escasos, debido a la complejidad operativa, económica y social que supone a los países afectados. La principal nacionalidad de las personas reasentadas en la mayoría de los países fue la siria. Solo Suecia, Noruega, Francia, Alemania, Reino Unido y Portugal reasentaron un número considerable de personas refugiadas originarias de otros países, entre los que se incluyen Sudán, República Democrática del Congo, Somalia, Sudán del Sur, Eritrea e Irak.

Para la comprensión realista de este problema, España- que es lugar de llegada preferente en la zona mediterránea- es uno de los países de la Unión Europea en los que más han crecido la pobreza y las desigualdades sociales: las tasas de precariedad laboral se sitúan en los últimos años en el 40% -aumentada exponencialmente por los ERES y las irregularidades creadas por la Covid -- y existe el lógico desequilibrio en el acceso a derechos sociales tales como la vivienda, la sanidad, la participación ciudadana... Como es fácilmente comprensible el escenario en el que los refugiados es poco favorable a los procesos de inclusión de las personas solicitantes de protección internacional que, por motivos diversos, se han visto obligadas a huir de sus países para buscar un sitio seguro donde reiniciar sus vidas. Por tanto, es imprescindible un mayor reconocimiento de los derechos sociales para las personas solicitantes de protección internacional en las políticas de nuestro país. Lo cual es una cuestión que, en una España bajo una crisis económica y social sin precedentes, acaba siendo un problema insoluble a corto y medio plazo.

Los datos expuestos afrontan además una evidencia paradójica: en el año en que España registró el mayor número de solicitantes también crecieron las dificultades de acceso al procedimiento. A pesar de que la normativa comunitaria, y en concreto la Directiva de Procedimientos, define un plazo ordinario de solo tres días, que puede ampliarse a seis, para el registro de las solicitudes de protección internacional formuladas, en ciudades como Barcelona este trámite se realizó con un retraso de hasta siete meses y en Madrid el registro de la solicitud no se concretó hasta su formalización. Por el momento, el Gobierno español ha aumentado el presupuesto destinado a la acogida de los refugiados. Pero su acceso a los derechos sociales más básicos y esenciales (pensiones, vivienda, empleo, educación –principalmente en los grados superiores-, salud o participación comunitaria) es un camino plagado de obstáculos difíciles de remover.

Quizá solo nos queda pedir a las personas del futuro que, cuando miren a los siglos XX y XXI, recuerden el poema de Bertold Brecht:

“Vosotros, que surgiréis del marasmo/ en el que nosotros nos hemos hundido/cuando habléis de nuestros errores y debilidades/ pensad también en los tiempos sombríos/ de los que os habéis escapado…./Desgraciadamente, nosotros/ que queríamos preparar el camino para la amabilidad/ no pudimos ser amables./ Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos/ en que el hombre sea amigo del hombre/pensad en nosotros con indulgencia”.

Eso en el caso de que no llegue esa época de igualdad y solidaridad entre los hombres, se cumplirá la irónica profecía de un escritor francés “No venimos del mono, vamos hacia él”. Que conecta con la frase de otro visionario del futuro: “La próxima guerra global no será con armas modernas sino con garrotes y piedras”. Y nos extinguiremos o, en el mejor de los casos, el ser humano volverá a empezar desde cero.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Escritor y periodista

Bibliografía

UNA POÉTICA DEL EXILIO.- Hannah Arendt y María Zambrano.-Olga Amaris Duarte.- Ed Herder. 317 págs.

COMO UN LADRÓN EN PLENO DÍA.- Slavoj Zizek.- Trad. Damià Alou.-Anagrama. 286 págs. ACONTECIMIENTO. Ed. Sexto Piso. Mismo autor y Raquel Vicedo, traductora.180 págs.

INFORME ANUAL DE CEAR (Comisión española de ayuda al refugiado) 2020 e INFORME DE LA ACNUR (Agencia de la ONU para los refugiados) 2020

Compartir este post
Repost0
1 mayo 2021 6 01 /05 /mayo /2021 17:57

LOGOI 198

Memoria rural

Publicado en La Comarca el 270421

Erundina, Josefa, Casto, Pedro, Juan, Alberta, Luis, Juan Antonio, Guillermo, Rosa, Nieves, Carmen, Alina, Aurelia, Desiderio, Loreto, Raquel, Miguela, Prudencia, Carmen, Evangelina, Juan… nombres propios de gente del pueblo, cada uno con su historia, sus avatares, sus penas y sus pequeñas satisfacciones; con su paisaje de olivos, almendros, cerezos, el barranco del Regall, la Font Tancá, la Era de la Creu, la Font del Gos; una carretera de acceso llena de baches, que no es de este siglo; la iglesia con su esbelta torre que destaca sobre una colina de calles medievales…un diminuto pueblo lleno de pequeñas grandes historias personales, de gentes, como cantaba Miguel Hernández, a las que “No los levantó la nada,/ni el dinero, ni el señor,/sino la tierra callada,/el trabajo y el sudor”. Son testimonios de vida y de sentimientos, quizá historias “de poca importancia” (ironía de León Felipe), pero nunca banales, siempre recorridas por un río oculto de todo lo que una existencia rural, en tiempos de necesidad, puede ofrecer y demandar.

En cada charla surgen los recuerdos: aquellos bombardeos…los niños, ajenos a todo, jugando entre los cascotes de la calle reventada; las fiestas del Santo Patrón; el baile con la gramola y las mozas en flor… la mirada se oscurece ante algunos hechos del pasado, pero en general todos hablan de lo suyo, la cosecha, la lluvia o la nieve, o el reparto de “calmante” calentito a todos los vecinos sentados en torno a las grandes mesas dispuestas en la plaza mayor y la procesión del santo hasta la ermita; los maestros y maestras que les enseñaron lo indispensable…gentes que nacieron en ese arco de la guerra civil y la larga postguerra. Recuerdos a menudo balbuceados o sacados a trompicones de una memoria que sigue viva…las mujeres lavando en el río o bajando las cuestas empinadas del pueblo hasta las fuentes y subiendo con cestos de ropa mojada o con cántaros de agua fresca. Memoria que por razones lógicas está desapareciendo poco a poco, “se va evaporando como niebla al sol, de manera imperceptible pero imparable”, como escribía Emilio Gancedo en su bello libro dedicado a la memoria rural: algo vivo que deberíamos preservar, por agradecimiento a una generación que se sacrificó para ofrecer a sus hijos y nietos un mundo mejor que el que ellos tuvieron.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
24 abril 2021 6 24 /04 /abril /2021 12:05

Logoi  197

GROCIO

Publicado en La Comarca 200421

¿Qué opinan ustedes de la idea de que las relaciones internacionales deberían estar fundadas sobre unas normas morales de respeto a la Humanidad? ¿Que resulta dañino para todos y sobre todo para el Estado que la promulga, la política de “nosotros primero”? ¿Que debería ser de exigible cumplimiento en el mundo que en determinadas circunstancias –como la presente pandemia, sin ir más lejos- se implemente una obligación de ayuda material transnacional? ¿Que todas las naciones tienen deberes relacionados con la admisión e integración de los migrantes, exiliados y desplazados por causas bélicas, de desastres naturales, hambrunas o epidemias? ¿Que del concepto mismo de humanidad se desprenden deberes estrictos de ayuda material, no sólo en el contexto interno sino en el conjunto de las naciones? ¿Que debe existir un compromiso interno en cada país por la redistribución material de los recursos propios, evitando la miseria, sobre todo en los ámbitos de la salud y la educación de todos los ciudadanos? ¿Que todas las naciones civilizadas comparten un deber común de protección de sus entornos naturales?¿Que el sujeto fundamental de justicia moral y política es el individuo, que goza de ciertos derechos sea cual sea el lugar que le haya tocado vivir? ¿Que el respeto  por la Humanidad, combinado con el concepto básico de que el mundo es, en cierto sentido, el hogar común de todos nosotros, entraña la obligación de facilitar el sustento preciso para la vida humana a aquellos que están en situación desesperada? ¿Que ningún grupo étnico o religioso puede ser objeto de un trato negativo aduciendo esas diferencias?

Todas estas ideas expuestas tienen una respetable antigüedad, cuatro siglos, aunque sorprende su idoneidad y conveniencia con los tiempos actuales. Su autor fue Hugo Grocio (1583-1645), uno de los fundadores del Derecho internacional.

Yo añadiría una más: ¿Que como  seres humanos en pleno siglo XXI y con el conjunto de conocimientos y técnicas de que se disponen sobre las formas de vida de animales y vegetales, tendríamos que reformular el concepto de justicia respecto a todos los seres sintientes del planeta (Aristóteles ya situaba a aquéllos al nivel básico de los seres humanos,  que compartían una explicación común del movimiento basado en  el deseo y la cognición)?

¿Opinan que todo esto será siempre una utopía?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

.

Compartir este post
Repost0
19 abril 2021 1 19 /04 /abril /2021 17:52

EL ACONTECIMIENTO DEL SIGLO

(Publicado en Heraldo de Aragón el 200421)

El estimulante “enfant terrible” de la filosofía actual, el esloveno Slavoj Zizek, define un acontecimiento como “algo traumático, perturbador, que parece suceder de repente y que interrumpe el curso normal de las cosas; algo que surge aparentemente de la nada, sin causas  discernibles, una apariencia que no tiene como base nada sólido”. Dedica un breve tratado, 163 páginas, al tema y lo publica en inglés en 2014 (en España  la ed. Sexto Piso lo traduce el mismo año). En otra de sus obras, afirmaba contundentemente “la Naturaleza es una locura. Es caótica y propensa a desastres salvajes, impredecibles y sin sentido y estamos expuestos a sus despiadados caprichos. No existe eso que se llama Madre Tierra…ni creo en ningún orden natural. Los órdenes naturales son catastróficos”. Seguramente Zizek debe sentirse profético

Personalmente  no estoy de acuerdo con estas últimas aseveraciones,  a pesar de que la pandemia que comenzó en 2019 parece dar la razón al levantisco filósofo. Decía el científico norteamericano, experto en la teoría del caos, Edward Lorenz,  que “llamamos caos al orden que todavía no comprendemos”. Podríamos aventurar que el mayor factor perturbador que tiene la Naturaleza es ese bípedo implume que es el ser humano, cuya respuesta al desafío del virus global no resiste un análisis lógico por los excesos habidos de arbitrariedad (política y social), irresponsabilidad, insolidaridad y en general, estupidez global (desde el negacionismo hasta la “violencia compensatoria”) pasando por una codicia desalmada que está enriqueciendo a una minoría que gestionan sectores como el farmacéutico, la sanidad o cuestiones financieras que inciden en la vida de todos.

El “acontecimiento” de la Covid nos ha demostrado el desequilibrio existente entre la asombrosa civilización tecnológica en la que vivimos y la capacidad de responder de una forma ética, humana y responsable a los desafíos naturales  que nos están arrasando. Si no acaba desapareciendo nuestro género de vida como animales “racionales”, sospecho que la huella histórica que vamos a dejar para lejanas generaciones futuras va a ser de horror; por la falta de consideración entre nosotros mismos y el estupor  ante esta pregunta: ¿Cómo es posible que, teniendo una tecnología  de alto nivel a disposición de la humanidad,  no supimos o quizá no quisimos  implementarla de forma global y por encima de las siempre codiciosas minorías de poder, para evitar los desastres que nos diezman en el siglo XXI?

¿Cómo es posible que en una parte del mundo regido por el  consumo desenfrenado y la producción alimentaria abusiva, un mundo de residuos y basuras “in crescendo” debido al mandamiento del “usar y tirar”, por el que se lanzan a los vertederos millones de toneladas de alimentos y residuos, una buena parte del planeta se esté enfrentando en estos momentos a una cercana hambruna que puede causar millones de víctimas más que sumar a los millones que provoca el virus?

Más de veinte países de África, Oriente Medio, Asia o el Caribe están en alerta roja. Tanto la PMA (Programa Mundial de alimentos) como la FAO están alertando al mundo “rico” de que la suma letal de pandemia, plagas (la langosta migratoria arrasará las cosechas de media docena de países africanos en abril y mayo) conflictos armados localizados (cuyas armas provienen de fábricas de occidente) o fenómenos climáticos extremos agravados por el conjunto de efectos de “La Niña”, que ya llega con sus impactos sobre la temperatura, vientos y pluviosidad, sequía, incendios e inundaciones…en suma, un conglomerado de elementos que extenderán la hambruna.

Por tanto, ¿cuál es el “acontecimiento” que según la definición de Zizek “interrumpe el curso natural de las cosas”, la pacífica supervivencia y el desarrollo global? No es la Covid, ni “la Niña”, ni la crisis económica, ni las hambrunas. Esas son circunstancias aterradoras que, de alguna forma, están sujetas a una causalidad remota en la que el sistema inicuo de explotación que prevalece en nuestra cultura geoeconómica, tiene un papel relevante.

El “acontecimiento” esencial del siglo XXI es la recalcitrante penuria ética del ser humano que le hace esclavo de lo inmediato, lo fácil, lo placentero y adicto a la violencia, el odio, la división, la codicia, el egoísmo y la insolidaridad. No parece servir de nada lo que nos enseñó la historia, lo que nos inculcó la filosofía, lo que nos facilitó la espiritualidad, lo que nos promete la tecnología, si la sabemos encauzar. Ese es el “acontecimiento” del siglo XXI: la creciente superioridad en el hombre de su cerebro reptiliano sobre su cerebro emocional o límbico y el racional o neocórtex. La razón y la inteligencia creativa, el respeto y la solidaridad,  no son utilizados como se debiera por una mayoría de personas en todo el mundo, a pesar de padecer un contexto de desastre global. Esa parte de nuestro cerebro busca la supervivencia egoísta, es conservadora y teme a los cambios, busca el placer primario ya sea del sexo, de la posesión de cosas o la subordinación al poder del más fuerte que le ofrece una ilusoria seguridad; tiene una conciencia territorial exacerbada, racista y xenófoba. Desconoce el diálogo y cree en la violencia como instrumento básico. Piensen en ello: un simple telediario visto con atención les dará sobrados ejemplos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Escritor y periodista

 

Compartir este post
Repost0
16 abril 2021 5 16 /04 /abril /2021 18:21

“BLADE RUNNER” EN ESPAÑA

(Publicado en La Comarca el 160421)

En 1982 el director Ridley Scott estrenó una película, “Blade Runner”, basada en un relato corto de Philip K.Dick titulado “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”. Fue un éxito mundial y forma parte de las obras de culto del 7º arte. En ella vemos cómo el protagonista (un joven Harrison Ford) usa un artilugio que analiza la retina del ojo de una joven a fin de averiguar si es humana o una “replicante”, un robot con apariencia humana. El test está basado en un tipo de preguntas cuya respuesta activa la empatía (capacidad de identificarse con alguien y compartir sus emociones y sentimientos). Esta reacción emocional a la pregunta, supuestamente, tiene el efecto reflejo de dilatar la pupila, sólo en los humanos, claro está. Si careces de empatía, sugiere la película, es que eres una máquina.

A tenor de lo que está pasando en el mundo sería interesante conocer el grado de humanización que nos queda. Para acotar la muestra de análisis propondríamos hacer el test en nuestro país. Sugerimos estas preguntas:

1.- ¿Quitaría importancia al clima turbulento y agresivo que se estila entre los políticos, algunos medios de comunicación y sobre todo en la Red y sus lugares de cita, Facebook, Twitter, etc. Lo calificaría de simple “jarabe democrático”?

2.- ¿Cree que se deberían exigir responsabilidades ante la preeminencia de intereses políticos o económicos sobre las vidas humanas que se han perdido por la covid y su mala gestión?

3.- ¿Le preocupa el contagio que supone para el resto del país que la Comunidad de la señora Ayuso, Madrid, la capital del Estado, sea una mala copia de “Sin City”, la ciudad del pecado, donde el capital y los negocios turbios están por encima de la protección, la sanidad y la seguridad de la población?

4.-¿Percibe que estemos llegando a no distinguir la mentira vociferada de la verdad que se musita; que se banalice la seriedad y la acción efectiva; que los insultos y la desmesura emocional impidan el diálogo; que se manipule la opinión; que se propicie el olvido de errores colosales; que se bromee sobre el conocimiento y que se apoye la ignorancia como si fuera un derecho; que el ensayo-error sea la norma de criterio de actuación en unos planes nunca bien diseñados; que llenemos de eslóganes vacíos y grandilocuentes un desierto social, político y económico de ideas serias y realistas; que el gesto teatral en política sustituya al trabajo concienzudo; que vivamos en términos de polaridad –si no estás conmigo, estás contra mí-- y sustituyamos el respeto por el sarcasmo, la mezquindad por la ecuanimidad, la aceptación de lo distinto por la glorificación del racismo…?

5.- ¿Que admitamos y mantengamos a políticos y altos funcionarios que nos ofrecen clichés resabiados y tópicos de taberna patriotera en  lugar de buscar y ofrecer salidas racionales a crisis enquistadas, dejando ver la nula preparación técnica, jurídica o ético-política de tales detentores del poder?

6.-Que toleremos que muchos de nuestros jóvenes se envenenen con la adicción a la violencia fácil, el sopor y la rabia que produce la falta de esperanza en un futuro cada vez más enturbiado y un ambiente falto de ética que premia públicamente al tramposo, oportunista, prevaricador o desvergonzado ignorante y se alimenta de memes, bulos, fakes news y un desprecio larvado hacia el trabajo serio, la responsabilidad, la honestidad y la decencia, como si fueran virtudes caducas e indicativas de debilidad de carácter, desconcierto y miedo.

7.- Que aceptemos un sistema educativo que, desde la infancia hasta la Universidad, carezca de aquellas materias y conocimientos que forman a las personas en principios y valores, sujetos a programas oportunistas que obedecen a una escala de motivación reducida al pragmatismo económico y a habilidades técnicas que faciliten el empleo y supongan una rentabilidad inmediata en el mercado de trabajo…

A estas alturas del test, ¿la mayoría de los españoles habría mostrado claros signos, por la aguda reacción emotiva de rechazo en las pupilas, de que no nos estamos convirtiendo en cyborgs, autómatas, “replicantes”?  O, por el contrario, estaríamos bostezando de aburrimiento, justificando que las cosas sigan ese curso o indignados porque creemos que se trata de justificar programas políticos que no creen en el ciego autoritarismo, la glorificación de “lo nuestro” y la necesidad de un líder carismático con mano dura que acabe con la “degradación de la raza”. ¿Qué opinan ustedes?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Periodista y escritor

Compartir este post
Repost0
13 abril 2021 2 13 /04 /abril /2021 16:03

Logoi 196

LUCIÉRNAGAS

Hace unos días mantenía una reunión. Ante mí, dos ingenieros jóvenes que no se conocían entre sí. La cuestión, técnica, que tratábamos, no viene al caso. Pero sí el conocimiento, la buena voluntad, la sinergia entre ellos, la ecuanimidad, la generosidad que ambos  ponían sobre la mesa, al margen de posibles y legítimos intereses propios. Allí se trataba de dar el mejor servicio posible, la mejor solución a un problema de un pueblo pequeño y algo olvidado por los poderes. De pronto me di cuenta de que me hallaba ante esa metáfora que Annah Arendt, María Zambrano, Passolini o el filósofo francés Didi-Huberman habían usado en repetidas ocasiones  para nombrar a esas personas fugaces, intermitentes, casi siempre anónimas, que a pesar del medio ambiente dominado por la codicia, la insolidaridad, la ignorancia y a menudo la barbarie, llevan en sí una suave y limpia luz como testimonio de actitudes y comportamientos a contracorriente respecto al caos ético habitual, las llamaban “luciérnagas”. Esos dos jóvenes- como otros pocos semejantes- eran seres íntegros. Eran como “resplandores del contrapoder”, lucecitas que iluminan las oscuridades del mundo.

En mi larga vida profesional he conocido algunas “luciérnagas”. En los últimos tiempos he visto muy pocas. Pensaba en el libro, optimista, de Didi Huberman, “Supervivencia de las luciérnagas”. En Annah Arendt y su muy meritoria esperanza de que siempre habrá alguna de esas personas en los momentos duros. Las  portadoras de una luz que suaviza las tinieblas de la época. Personas que cumplen su deber sin aspavientos, su cometido con puntillosa corrección, que no reclaman reconocimiento y tienen la suma delicadeza de pensar que los demás también lo hacen, a pesar de las abrumadoras pruebas en contrario. Lo normal es lo opuesto, personas que siempre están con la queja de lo mucho que trabajan o la exigencia de que se les reconozca todo lo que hacen y cuya propia valía sobredimensionan, que creen su deber poner obstáculos y que presumen de un largo historial que sólo ellos valoran. ¿Las reconocen? Son legión.

Por eso la presencia de “luciérnagas” en nuestra existencia es la única razón para esperar que el género humano pueda superar, de forma correcta, las actuales dificultades que comprometen su futuro.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
10 abril 2021 6 10 /04 /abril /2021 18:11

El ensayista italiano Francesco Alberoni tuvo un éxito fulgurante en la España de los 80 con sus libros sobre el erotismo y el amor. Comenzaba la moda de los libros de autor-ayuda  (porque ayudaba más a los autores y sus cuentas corrientes que a los "auto-lectores" que digerían como podían ensaladas variadas en las que los clásicos brillaban fuera de contexto. En en esa España desarrollista y destapada, obras como las de  Max Scheler ("Amor y conocimiento"), las de Erich Fromm, "El arte de amar" o "El miedo a la libertad", las procacidades inteligentes de Russell, tocaban esos temas con más enjundia y seriedad, pero requerían tiempo y reflexión. Ya comenzaba la "nueva era" de "todo en cinco lecciones" y los "readers digest" triunfaban en una cultura que empezaba a dar la espalda al concepto clásico del aprendizaje y el conocimiento.

No pretendo desmerecer la obra de Alberoni. Tenía dos cualidades: sencillez del mensaje y operatividad de sus análisis. Preguntas como :¿Qué es realmente el enamormiento? ¿El sufrimiento es inevitable en el amor? ¿Cuál es el papel de los celos? ¿Cuáles son los síntomas del enamoramiento y cuáles las del amor? ¿es eficaz una terapia que trate el enamoramiento como una patología leve pero importante? En suma : ¿cuando nos enamoramos, nos enfermamos psicológicamente? En estos días conocer la literatura nacida desde el punto de vista científico sobre la gestión de emociones, los libros de Damasio o de Sacks, complacen más al estudioso. Pero para el que no quiera ahondar mucho en el tema, Alberoni puede ser un aperitivo agradable e incluso divertido.

Alberoni nos habla del  estado naciente. Dicho estado facilita el enamoramiento que  es, en principio un acto inconsciente de voluntad, gracias a circunstancias que favorecen la receptividad de ambas partes a los encantos mutuos. Esas circunstancias tienen con ver con cuestiones como los fracasos en relaciones anteriores y la casi orgánica necesidad de sentirse amado. Aún así el "estado naciente" es frágil. ¿Cómo saber si la relación naciente vale la pena?  Aquí Alberoni es osado y sugiere 20 requisitos que son la piedra de toque de la certeza o falsedad del enamoramiento.

La relación de pareja como una sociedad anónima en las que los dos ganan -o pierden- puede resultar chocante para el lector avisado. De hecho, según nos cuenta la historia sentimental de los matrimonios al uso, cuando la cosa se divide y hay un ganador y un perdedor, sea el que sea, la cosa va esencialmente mal.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

Compartir este post
Repost0
7 abril 2021 3 07 /04 /abril /2021 16:15

Logoi 195

PESTES

“Lo que ha sucedido, vuelve a suceder; y lo que antes se ha hecho es lo que se hará. No hay nada nuevo bajo el sol.” Eso dice el Eclesiastés en la Vulgata antigua. Si unimos esa frase a la de Cicerón “El mundo está lleno de necios”, tendremos una radiografía filosófica exacta de la pandemia del Covid 19. Por supuesto con chocantes semejanzas –al margen de los cambios tecnológicos de nuestros días-  con la gripe española del 1918, (justo un siglo antes), la peste de Londres de 1665 (descrita años después por Daniel Defoe), la peste negra o bubónica de 1347, otra del mismo tipo en 1885, la gripe asiática de 1957, la de Hong Kong de 1968, la del Sida de los 70 (que aún sigue activa aunque muy controlada), el ébola en los 80, la del primer coronavirus SARS en 2002, la gripe porcina de 2009 y el MERS de 2012 (otra variante de coronavirus).

Estos flagelos humanos han provocado la creación de obras maestras literarias e infinidad de tratados de todo tipo  sobre los diferentes aspectos médicos, filosóficos, sociales, éticos, psicológicos, costumbristas, estadísticos, patológicos e históricos. En esas pandemias hay una coincidencia: en general comienzan siendo negadas y lo que es aún peor, ignoradas y de alguna manera, “desafiadas” con actitudes inicuas y temerarias.

Y hay una semejanza en las reacciones de las personas, las autoridades, los medios de información, los bulos y noticias falsas, el negacionismo y la proliferación de sujetos y entidades que sacan provecho económico. En esos escenarios parecidos, hay una constante: la dicotomía entre unos  que sufren la enfermedad y mueren o quedan afectados de por vida, los que se libran y acaban generando una especie de actitud de alivio y de “no era para tanto” con olvido creciente de lo ocurrido y una minoría que trabaja por combatirla y por ayudar a todo el mundo, desde los hospitales a los laboratorios, a proveer alimentos y transportarlos, vigilar y controlar la vida desbaratada y tratar de restañar las heridas económicas, laborales, sociales y familiares que se han producido.

A tenor de lo escrito, lean “Aragón 1918. La gripe española. Crónica de un desastre olvidado”, del historiador Luis Antonio Palacio Pilacés. (Ed. Comuniter). Sorprendente

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
5 abril 2021 1 05 /04 /abril /2021 15:43

INQUISICIÓN 3.0

(Publicado en La Comarca el viernes 020321)

La pandemia ha dado un empujón colosal al mundo digitalizado, a la virtualidad existencial, a la conciencia informática de cuanto hacemos, pensamos o decimos. Nos pasamos en general, y como mínimo, cinco horas al día enganchados a algún tipo de pantalla y de teclado. Y como “España es diferente”, queda añadir que el “diferente” se inclina más hacia lo reprobable y/o simplemente malo, que hacia la excelencia en lo bueno. Y para redondear, estamos alcanzando la excelencia en lo malo. Si les sirve de consuelo (a mí, no) es una característica que compartimos con muchos otros países. Una particularidad nuestra es que, al contrario que en el resto de la UE, creo que somos el único país al que le falta regular los contenidos audiovisuales y controlar los mensajes de odio, racismo, sexismo y violencia en los medios y en la Red por un organismo independiente de Gobiernos y grupos de presión de todo tipo. Hubo un intento de controlarlos en 2010, con un Consejo Estatal de Medios Audiovisuales que nunca entró en vigor porque cambió el partido en el poder (y no señalo a ninguno). Me consta que hay sendos Consejos con cierto –poco al parecer- control en Cataluña y Andalucía. En España como totalidad, se incumple la legislación obligatoria europea sobre este crucial asunto: de ahí la sinfonía de los horrores de mala educación, insultos, amenazas y críticas desalmadas  en programas, aquelarres deformativos e incluso discursos políticos, en los que se hacen alabanzas a la violencia con la mayor impunidad.  La existencia de un supuesto control por la llamada Comisión Nacional de los Mercados y Competencia (CNMC) es un “saludo al sol” en la mayoría de los casos. Lo tristemente cierto es que no tenemos la legislación normativa adecuada y su  correspondiente organismo porque empresas y lobbies de lo audiovisual se negaron a ello en nombre de una supuestos “principios de la libertad de empresa”. Ni Jonathan Swift se hubiera inventado algo así.

Pero esto es sólo una de las caras del problema Inquisición 3.0. La otra es el uso que está haciendo –y sobre todo que se hará, si nadie lo remedia- de toda esa estructura comunicativa y relacional del mundo digital del que somos siervos  (y sin protección alguna). No sólo se ha instituido un sistema prácticamente incontrolado y dotado de alta inmunidad de insultar, zaherir, hundir, despellejar, levantar falsedades y dictar sentencias durísimas sin pruebas de unos ciudadanos contra otros (desde el anonimato a menudo) y crear campañas de desprestigio y condenas “a la picota” capaces en unas horas de destruir prestigios o carreras de políticos, actrices o actores, escritores, poetas, artistas plásticos, bailarines e incluso científicos en nombre del dogma “wake” (“despierto”) en los países anglosajones o de los defensores del purismo (“su” purismo) sexual, racial o político: autodesignados sumos sacerdotes de la ortodoxia. Es la Inquisición 3.0.

El problema que tenemos en estos tiempos enigmáticos y sorprendentes –una época puente entre dos culturas socioeconómicas, costumbres y estilos de vida tan diferentes entre sí como la noche y el día- es que el invento del mundo digital y sus facilidades y esclavitudes ha creado, bajo el manto protector de lo que llaman “la libertad de expresión”, el advenimiento de la Laica Inquisición. Ésta se ha revelado mucho más dañina que la medieval, ya que afecta a todo el planeta, a todas las personas y sin una Institución visible y determinada que la controle. En ésta también suele haber ganancia directa o indirecta de tipo económico a causa de los desafueros y persecuciones que se perpetran impunemente. En bastantes ocasiones es gratuita en todos los sentidos de la palabra.

Segunda faceta: control ciudadano de seguridad (dicotomía libertad-orden). La imitación del “paraíso” chino: seguridad comunitaria controlada por el poder. Sistemas de reconocimiento facial en todas partes que no sólo controlan físicamente a los ciudadanos. Están conectados a potentes ordenadores estatales que, a través de algoritmos en bucles de auto enriquecimiento de datos, no sólo dan noticia de quién es cada cual, sino de lo que posee, sus cuentas bancarias, negocios o propiedades. También de lo que hacen o pretenden hacer y, a través de gestos o actitudes, lo que “piensan” que está bien o mal (“mal” es aquello que se sale de la norma oficial de lo que “está bien”). Con la minuciosidad china por los detalles, el referido patrón de” big data” podrá puntuar a los ciudadanos, según sus actos se consideren positivos o desafectos al régimen. Una multa de circulación puede llevar al algoritmo correspondiente a sellar al culpable como irresponsable o  nocivo para el sistema, con lo que su libertad de movimiento, su posibilidad de tener un crédito o una vivienda quedará gravemente comprometida.

Ni Orwell imaginó algo así. Y nos les hablo de un argumento literario distópico. Esto es real y es nuestro presente. Un grupo de intelectuales y científicos españoles ha escrito una carta abierta al Gobierno pidiendo que se nombre una comisión de investigación para que se regule los sistemas de reconocimiento y análisis faciales ya existentes. Como ven no estamos tan lejos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Escritor y periodista

Compartir este post
Repost0
4 abril 2021 7 04 /04 /abril /2021 09:17

(VERSIÓN AMPLIADA DEL TRABAJO PUBLICADO EN LA REVISTA "COMPROMISO Y CULTURA" DE ABRIL DE 2021)

Algunos colegas, benditos sean, han saludado como una novedad absoluta la solemne y hermosa edición de Acantilado de las entrevistas literarias de una de las revistas en inglés más famosa del mundo, “The Paris Review”. Son 2.800 páginas en dos tomos con estuche. Cien entrevistas escogidas de casi todos los grandes escritores del siglo XX. Hay muchísimas más. La revista, creada en París por un grupo de jóvenes norteamericanos, licenciados en Harvard y Yale, con George  Plimpton a la cabeza, se editó desde 1953 a 2012 y lo que comenzó siendo una ingeniosa manera de lograr grandes firmas para la revista –las entrevistas-  se convirtió con los años en un punto de referencia literaria  y una señal de distinción y calidad periodística: No estaban todos los que eran, pero eran todos los que estaban. Grandes de la literatura, la poesía, el teatro y algún cineasta como Billy Wilder. Entre todos ellos, españoles como Cela, Marías o Vila-Matas y hispanoamericanos como García Márquez, Vargas Llosa, Octavio Paz o Julio Cortázar.

Déjenme decirles que aunque imprescindible y oportuna, la edición por Acantilado de esas cien entrevistas y la promesa de sacar muchas más en otros volúmenes, no debe ocultar el recuerdo a otras ediciones en España de esas entrevistas que hoy celebramos y algunas que no están, aunque sin duda estarán más adelante. En mi biblioteca, desde el año 1980 se mantiene, supervivientes a todos los traslados y purgas, un ejemplar de Kairós “Conversaciones con los escritores” y otro de 1981 de la misma editorial, “Hablan los escritores”. De 2007 proviene una edición de Ignacio Echeverria para El Aleph, directamente titulada con el nombre de la revista. Entre los tres libros hay muchas repeticiones y algunas novedades. La edición de Acantilado cuenta con cuatro traductores de excepción y una edición lógicamente más homogénea que las antiguas ediciones comentadas. La selección de las entrevistas fue realizada por la editora Sandra Ollo y ha sido un proyecto desarrollado durante ocho años.

Pasemos a comentar estos dos libros que constituyen una riqueza enorme para todos los que aman la narrativa y  a los grandes escritores, sus rituales, sus tics, muchas vetas de su carácter, su manera de enfocar la creación, sus reacciones ante la crítica, sus pequeñas vanidades, el ejercicio práctico de la escritura, sus confesiones, su ironía o su humor, su impaciencia o su bondad y cortesía. Sus salidas de tono y sus excentricidades. Es como poder acceder a la intimidad de sus hogares –o en habitaciones de hoteles o dando un paseo por lugares cercanos a sus residencias- y verlos trabajar con ropa cómoda de estar por casa y con las pantuflas en los pies.

 

Empezaron en junio de 1952,  con E.M. Forster, el autor inglés de, entre otras grandes novelas, “Pasaje a la India” y la entrevista fue tan profunda y original que creó escuela. El novelista William Styron anunciaba en el primer número, 1953, que la revista estaba destinada a hablar de “los buenos escritores y los buenos poetas, aquellos que no siguen la corriente y no empuñan el hacha. Siempre y cuando sean buenos”. Y a fe que lo consiguieron. No hay periodista en ciernes, al menos en la época en que yo mismo me inicié, que no considere modélicas las entrevistas que publicaba y no aprendiera de ellas. Pero no sólo periodismo, también los que ansiábamos el estatus de escritor bebíamos de los detalles que se nos descubrían de los autores que admirábamos y los humanizaba hasta saturarnos de ingenio y de humor.

Desde la entrañable ternura y humildad de Simenon, hasta las manías de Lawrence Durrell que escribía como un monje medieval en su celda, la hospitalidad de Pasternak, el sarcasmo de Julian Barnes, los despistes de Houellebeck, el humor surrealista de Cortázar, el ingenio enciclopédico de Bradbury, la cazurrería dialectal de Cela…Kundera, Nabokov, algo irritable, la anécdota de Joan Didion que escribió la entradilla de la entrevista porque la periodista que la había entrevistado había fallecido semanas antes de publicarla… Y también Heinrich Böll que buscaba todo tipo de excusas para no ponerse a escribir hasta que los plazos con el editor le obligaban sin remedio.

Y como sello distintivo, el hecho de que las entrevistas no mantenían una estructura fija, ni temporal, ni de ubicación, ni temática. Podían realizarse a plazos, de una tirada, en un hotel, en el cuarto del escritor, en el jardín o paseando por París, en un restaurante (como la de Isak Dinesen). Estas conversaciones no suenan a verborrea ocasional, tienen la reconfortante serenidad de los clásicos. Uno disfruta con los guiños y procacidades llenas de ingenio de algunos escritores excelentemente captados por los ojos agudos y críticos de los periodistas. Me hubiera encantado escuchar a Greene hablando del “onanismo” que suponen las reuniones entre escritores o ver los esfuerzos de Hemingway por dar continua muestra de su viril sarcasmo y condenar premonitoriamente las visitas y el teléfono como algo letal para el trabajo serio de un escritor. Pero, entendámonos, en estas entrevistas nunca hay un enfrentamiento de egos, una crítica solapada, alguna burla disfrazada de ironía: son trabajos honestos y respetuosos sin llegar en ningún momento a ser laudatorios, aunque en algunos casos se trasluce la enorme admiración por el entrevistado. Lógico. Además existe un laborioso trabajo de repaso, corrección y filtrado, arreglo y edición de los textos parciales unidos tras varias citas y para llegar a un texto definitivo, se trabaja conjuntamente durante semanas o meses.

Los más inteligentes de entre los entrevistados acaban dándose cuenta de que todo ese entramado acaba por “sacarles” algo propio, íntimo, que ellos en principio no habían pensado o querido decir o enfatizar un aspecto inédito, lejos de su “figura pública” que les humaniza y que parece asombrar al propio sujeto. Para que ocurra esto es preciso una especie de “encantamiento mutuo” entre el entrevistado y los que le preguntan. Y el lector se percata de ello y el disfrute de lo leído es aún mayor.

Son particularmente atractivas las representantes del “género femenino” que, casi sin excepción, reniegan del tópico “punto de vista femenino” en sus obras y lo consideran reduccionista y un poco humillante. De hecho de los más de 400 autores entrevistados a lo largo de la existencia de la revista, sólo 87 son mujeres. Aún teniendo en cuenta que pertenecen a una época anterior a la nuestra, las quejas suenan vergonzosamente actuales. La crítica de Susan Sontag que coordina el hecho de que se considera a las mujeres como ella, parte de una “minoría”, y que por tanto a las minorías se les suele suponer un punto de vista unitario, es una manera de desmontar la falacia de que el sexo determina de forma esencial la creatividad literaria. Desde luego sí lo determina en el coste personal que se exige a hombres y mujeres literatos. Todos los escritores masculinos dependen de rutinas creadas por y para ellos mismos. Las escritoras, si tienen hijos por ejemplo, deben compaginar la escritura con el cuidado de los hijos y del hogar. No es una cuestión de genética femenina o masculina sino de roles sociales y culturales admitidos como verdades absolutas (cretinez en decadencia en estos días, aunque aún hay reductos masculinos donde se mantiene como una verdad bíblica). La gran Marguerite Yourcenar desprecia que se pongan etiquetas de género a la literatura y mi admirada Iris Murdoch desdeña que se la considere una creadora de “literatura femenina”. Y universaliza el cometido de la literatura, como también hace Doris Lessing, como un regalo para la humanidad sin hacer distinciones de género, raza o clase social.

La lectura de estos dos volúmenes constituye una experiencia  casi sensual, desde la satinada delicadeza de las páginas, la excelente edición y por encima de todo, las abundantes ocasiones de deslumbramiento intelectual que esos hombres y mujeres nos proporcionan a través de sus reflexiones y respuestas a las preguntas. Déjenme citar un párrafo de la entrevista realizada al inteligente y culto escritor judío  George Steiner (una de las mejores de esta colección). Cuando al gran autor de ensayos y novelas, profesor de selectas universidades, políglota y erudito en literatura y filosofía le preguntan por sus maestros, cita con gran ternura a varios y añade un dicho judío: "ojalá tuviera el coraje y la energía para hacer descalzo el largo viaje hasta cualquier hombre o mujer que pueda enseñarme algo. Estoy eternamente agradecido a mis maestros". Ese hombre, recientemente fallecido fue un dechado de inteligencia, ingenio y humildad.

Fichas.

1-THE PARIS REVIEW, ENTREVISTAS (tomo I: 1953 a 1983 y tomo II, 1984 a 2012).  2.819 págs. Trad. M.Belmonte, J. Calvo, G. Fernández Gómez y F. López Martín). Ed Acantilado 2020

2-THE PARIS REVIEW. Edición de El Aleph de 2007, recopiladas por Ignacio Echeverría.

3- HABLAN LOS ESCRITORES.-Edición de Kairós de 1981.

4- CONVERSACIONES CON LOS ESCRITORES”.- Edición de Kairós en 1980.

 

 

 

 

Compartir este post
Repost0

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens