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3 marzo 2012 6 03 /03 /marzo /2012 08:58

se-de-un-lugar.jpg

 

Una comedia interesante. Y más despues de haber visto la que les comenté sobre la pieza de Carol López en el Villarroel, "Res no tornará a ser com abans". Hablamos otra vez de crisis de pareja, pero en el escenario de  La Seca, Espai Brossa, la pieza de Iván Morales. "Sé de un lugar" merece tratamiento aparte.

Primero por la original cercanía que el diminuto espacio establece entre los dos actores Anna Alarcón y Xavi Sáez. Estos interactúan levemente con el público, ya que todos nosotros, los espectadores, nos sentamos en sillas dentro del salón de la casa donde en la ficción viven los dos actores . Notamos su turbación, sus risas o sus lágrimas, su pesar y su tristeza, su deseo y su miedo. Allí mismo, a flor de piel, codo con codo, los actores realizan su labor y nos preguntan, nos piden educadamente que cambiemos de sitio, nos piden consejos (aunque no se espera, claro está, que les contestemos) y complicidades y nos enseñan sus dibujos, sus papeles y sus notas.

Creo que por estos días la obra ha dejado de representarse, aunque dudo mucho que sea por falta de público. Pero si se enteran de que hacen bolos por cualquier pueblo o ciudad cercanas, no se la pierdan. La propuesta de Iván Morales, es fresca, divertida, rompedora, sugerente. La pareja deshecha que forman una inquieta y desnortada muchacha y su ex novio pero amor subliminal, dibujante de cómics, es de hoy y poco ortodoxa y parece dedicarse a desmontar tópicos del género "problemas de pareja" en el teatro o en la realidad. Hay mucho humor y mucha poesía en esas réplicas y monólogos anclados en el deseo imposible de una relación perfecta, un discurso ilustrativo, entregado, sugestivo, que nace de una declaración del protagonista masculino: "no puedo querer a nadie que no ame la musica que yo amo". Y en este caso se refiere a Triana, uno de cuyos temas da titulo a la obra y pertenece a su disco "El patio" (que da lugar a una de las anécdotas mas jugosas de la obra). Y a partir de ahí, con honestidad, con fuerza, los dos personajes van descubriendo su alma, sus pesares y sus sueños y ambos logran que todo nos sepa a nuevo siendo conocido, a ingenioso siendo lógico, crítico siendo realista y cáustico siendo entrañable. No hay grandielocuencia, solo elocuencia a secas y a veces muy chistosa, hay pasión y verbo en  funcionamiento permanente, ella, Berenice, es frágil y al tiempo muy firme, ama de verdad pero se permite mariposear por ellas y ellos, aunque siempre vuelve a Simó, a un paso de la neurosis, a un paso del hundimiento, siempre a un paso de todo, encerrado en su casa, que define a su eterna amiga con un exacto juego de palabras: "Berenice, is very nice".

Dos actores en estado de gracia. Y un público que se entrega al poco de empezar, cuando él nos explica su racismo y nos implica en su discurso, "todo esto trata de amor despues del amor" mientras nos presenta a su ex novia y visitante permanente que da la vuelta al mundo sin poder nunca encontrarse a si misma y que se busca incesantemente en los otros, sabiendo que su verdadero espejo, Simó, está encerrado en casa y ha sido su novio y es su verdadero amor. 

Hágase un favor, no se la pierda.

 

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2 marzo 2012 5 02 /03 /marzo /2012 08:44

castillos.jpgLuis Zueco es un historiador zaragozano fascinado por los castillos de su tierra (no en vano es vicepresidente de la Asociación de Amigos de los Castillos de Aragón) aunque también ha probado suerte en la narrativa con una novela sobre tema histórico, naturalmente, en concreto aquella cervantina "más alta ocasión que vieron los siglos", la batalla de Lepanto (editada por "Delibrumtremens", original nombre editorial, pleno de humor).

Pero ahora nos ocupamos del libro "Castillos de Aragón, 133 rutas" que saca a las librerías Mira editores y que puedo comentarles por gentileza de Librería Serret de Valderrobres).

Vaya por delante una constatación: es un libro muy bien  editado, excelente papel, buena impresión, limpia y clara, compaginación sin fallos, diseño de páginas (fotos a color, despieces informativos en cada ruta, recuadros de extensión documental, personajes pintorescos, consejos prácticos, etc). Se distribuyen las rutas por comarcas, bien definidas y acotadas, con datos prácticos del orden de los accesos, tiempos, estado de la construcción, curiosidades y direcciones de lugares para dormir y comer.

El texto es directo y periodístico, sin florituras literarias o poéticas, cosa de agradecer en este tipo de libros. Uno piensa con cierta envidia en las apasionantes jornadas que Luis Zueco ha debido vivir para patearse tanto lugar interesante, buscar los datos y ofrecernos todo con ese hálito identificable del que ha estado en el lugar que describe.

Para un caminante irredento como el que suscribe, el libro de Zueco es una inspiración y un reto. Aragonés de adopción como soy, me interesan todos los caminos, rincones, monumentos y paisajes de esta tierra. Ignoraba que hubiera tanta riqueza y número de estas épicas construcciones del pasado que son los castillos (517 están catalogados en Aragón) y el volumen de Zueco, que recoge una pequeña parte de ellos, tal vez los mejor conservados, me permitirá, estoy seguro, ahondar más en los entresijos misteriosos del pasado de esta tierra, en sus leyendas y misterios, en las huellas de unos tiempos idos que conforman, sin duda, la esencia actual de lo que es Aragón y de lo que son los aragoneses.

Recorremos con Zueco una intrincada y apasionante historia hecha piedra, desde los musulmanes de los siglos IX y X, la fortificada linea de castillos cristianos creados a partir del siglo XI, los castillos roqueros y monasterios o masias amuralladas del XII, las castillos refugio e iglesias fortaleza del XIV, los castillos palacio y los palacios fortificados de la nobleza del XV y XVI. Hay 20 diferentes tipos de castillos aragoneses, palacios, fortalezas, fuertes e Iglesias fortalezas y torres de vigilancia.

Un libro que podría ser el acompañante ideal para complementar muchos de nuestros paseos por estas tierras. Llévelo en el coche junto a la máquina fotográfica. Por lo que he podido ver y constatar (algunos de ellos ya los conozco y los he visitado) el aporte documental y los datos prácticos que ofrece el autor están a la orden del día. Un sólo "pero": ¿tanto hubiera costado que en las páginas a color donde se muestra la comarca y la localización de los castillos, de forma simbólica, se hubiese reproducido un mapa a escala, con las carreteras, caminos y senderos de acceso y ciudades o pueblos cercanos? El usuario lo agradecería.

 

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1 marzo 2012 4 01 /03 /marzo /2012 08:59

la-invencion-de-hugo-cartel.jpg

 

En fin, ¿quien puede pedir más? Se trata de Martin Scorsese, el genial director de "Uno de los nuestros" o "Taxi Driver" entre otras joyas del cine. Por tanto, sin duda, un hombre que ama el cine. No solo vive de él, y seguramente muy bien, sino que lo conoce, lo respeta y lo ama. Y la prueba, por si era necesario algun tipo de prueba, es esta película "La invención de Hugo" que Scorsese adapta de la novela de Brian Selznick, la rueda en el sistema 3D, al fin convirtiéndolo en algo mas que un recurso de atracción para adolescentes, de alguna manera ennobleciendo el sistema y dándole a partir de esta película carta de naturaleza y, en fin, consigue un filme que es una declaración de amor al cine. A pesar de mi admiración por "The Artist" y mi convicción de sus merecimientos para llevarse los Oscar, "Hugo" es una película que entrará sin duda en la lista de las más grandes, 170 millones de dolares de presupuesto cuyo uso brilla hasta el ultimo centavo (cosa nada habitual en las superproducciones de Hollywood). Se ha llevado cinco Oscar pero todos en el apartado técnico.

Hugo (Asa Butterfield) es un niño huérfano que vive en las entrañas de la estación de tren de Paris, cuidando en secreto de la buena marcha y exactitud de los grandes relojes de la estación (labor que ha heredado de su tío, un borrachin que aparece ahogado en el Sena, tras hacerse cargo de él por la muerte de su padre).

La secuencia inicial, con el larguísimo y fascinante travelling desde la vista panorámica de un Paris de principios de siglo XX, tras un vertiginoso viaje pleno de detalles yendo a enfocar los ojos del muchacho que miran por un agujero del horario del reloj, es de una originalidad y perfección técnica asombrosas.

Todo este complejo y superramificado cuento sobre el tiempo (los relojes son omnipresentes en la película, en la que se glosa el paso del tiempo a través del cine desde los hermanos Lumiere hasta Melies, el verdadero protagonista de la película) tiene momentos de una embrujadora magia, así el estropeado autómata que escribe, que dejó el padre del niño (Jude Law)sin arreglar, hasta la recreación de las películas de Melies o los episodios laterales que emanan de la humanidad que pasa o trabaja por la gran estación (ojo al policía uniformado encarnado por un Baron Sacha Cohen, demasiado histriónico pero inquietante) y a la historia de amor de los dos personajes maduros separados por el perrito de ella, la dueña del café y el quiosquero o entre el guardia de pierna metálica --un gag que se repite en la historia del cine-- y la florista.

Los guiños enamorados que se permite Scorsese con todas sus referencias al cine y a su historia es un placer continuado para los espectadores, no sólo para los conocedores, sino para los que empiezan a amar el cine. La maquinaria generadora de los sueños, como la llama Melies (encarnado brillantemente y con gran dignidad por Ben Kingsley) funciona en Scorsese de una forma magistral a pesar de los saltos y lentitudes ocasionales de un ritmo que tiene la consistencia caprichosa de los sueños, precisamente.

Banda sonora de primer nivel (Howard Shore), a mi parecer mas original y perfecta que la de "The artist" que la desbancó en los Oscar y una dirección artística clamorosa, con secuencias que cualquier cinéfilo paladeará como una esquisitez: así la relación entre el guardia citado y el niño, un trasunto evidente de la relación de algunos niños con Charlot en muchas de sus peliculas (ver "El niño"--The kid--, sin ir más lejos) o la recreación de aquella imagen inaugural del cine con el tren entrando en la estación de la villa de Ciotat, made in hermanos Lumiere.

Añádase a todo ello algunos regalos como la interpretación del gran Christopher Lee, en el papel del librero, que presta libros clásicos a la chica protagonista y regala un libro de Dumas al joven Hugo.

En esencia, un homenaje al cine en la persona de uno de sus pioneros, el gran Georges Melies, uno de los olvidados, al que sólo directores como David W. Griffith ("El nacimiento de una nación") o Georges Franju ("Le grand Melies" 1952) recordaron con admiración y respeto. Y de entonces ahora, casi nadie excepto Scorsese.

Honestidad, brillantez, nostalgia en su punto, sentido del humor (no comicidad), poesía, dos toques de Dickens, actores muy sobrados, Asa Butterfield, Chlöe Grace Moretz (los dos niños que llevan el peso de la película, de una forma muy convincente y a veces enternecedora) Kingsley, Lee, el mismo Sacha Baron,bastante sujeto por la brida del director, gracias a Dios, que lo deja en un personaje bastante patético con algun inesperado brote de ternura.

En cualquier caso "La invención de Hugo" es una gran película, no una obra maestra, pero si un filme para recordar y revisitar de vez en cuando. Un regalo para los amantes del cine, realizado por un cinéfilo de primer orden, autor de unos cuantos títulos que ningún  amante del cine ha dejado de ver.

 

 

 

 

 

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29 febrero 2012 3 29 /02 /febrero /2012 08:49

La_cena_de_los_idiotas_AKA_La_cena-828469954-large.jpg

 

Bueno esta vez no ha habido suerte. Los remakes que realizan los norteamericanos de las películas europeas alguna vez dan en el clavo y en el mejor de los casos hacen algo totalmente desgajado del original. Lo malo es hacer esto involuntariamente. Así, el "Milenium" americano no tiene nada que envidiar a la primera de la saga sueca y en algunos aspectos la supera, otra cosa es si lo consideramos necesario. Pero si nos referimos al remake de "La cena de los idiotas" la cinta francesa de Francis Weber basada en una obra de teatro "Le dîner dels cons"  (1998) un exitazo fácil en todos los países donde la representan (y no la dejan de representar, como ocurre por ejemplo con "Por delante y por detrás" basada tambien en una obra de teatro que arrasaba en Londres y en Nueva York por los setenta).

En Barcelona, por ejemplo, llevamos cuatro  o cinco años en los que dificilmente se deja de representar esta obra por compañías y actores más o menos divertidos. Así que la versión de Jay Roach que podemos ver en nuestros cines, "La cena" (Dinner for Schumucks"), e interpretada por un Steve Carrell fuera de vueltas y un Paul Rudd que no es la elección más adecuada para un perfecto cabroncete como el protagonista de esta obra, que seguro conocen bien todos ustedes. Rudd es blando y con cara de buen chico y Carrell se lo come con patatas en escenas que provocan verguenza ajena a raudales.

Roach ha perdido la ocasión de despacharse con toda la mala baba que le sobra al original. Pero se queda en poco trascendente y demasiado banal, vulgar y penoso. No es mal cómico Steve Carrell pero debe ser dirigido. No es mal actor Paul Rudd pero debe ser dirigido. Y Roach parece haber estado demasiado ocupado en terminar la peli dentro del plazo para pre-ocuparse de que un material tan bueno, pero tan conocido, tuviera algun viso original y al menos mantuviera la fuerte comicidad crítica de la obra. Los excesos de Carrell sumados a los intentos de Rudd de caernos bien y justificar su falta de ética y la crueldad del asunto, no acaban de funcionar juntos, con lo que se consigue sumir al espectador en una creciente irritación contra la pelicula, los actores y el director. No entiendo, la verdad, qué papel ha hecho aqui Sacha Baron Cohen, ese terrorista del humor, que se debe haber dedicado unicamente a poner el dinero como productor. Y eso es lo que cabe esperar de la mayoria de productores, excepto de éste y con la seguridad que una vitriólica intervención de Sacha hubiera mejorado la película.

Lo único bueno del filme son los ratoncitos disecados que Carrell coloca en escenas desternillantes pero que son un añadido a la película y, como es lógico, solo salen en los créditos del filme y en la secuencia del "concurso" de idiotas, cena que desvirtúa el asunto ya que parece más "La parada de los monstruos", el clásico del cine en blanco y negro, que no una cena de idiotas. Asi que, insisto,  lo único brillante de la película son los ratoncitos, que tampoco nos consuelan del excesivo metraje.

Si los distribuidores tienen un poco de sensibilidad fílmica y ojo para su negocio pasarán esa película directamente al mercado del dvd. Y gracias.

 

 

 

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28 febrero 2012 2 28 /02 /febrero /2012 08:55

el-invitado-cartel.jpg

"Todos traicionan a todos", dice Denzel Washington a un aturdido y horrorizado Ryan Reinolds. En "El invitado" el debut en Hollywood del director sueco Daniel Espinosa (autor de una película que revolucionó el panorama fílmico de Suecia, "Dinero fácil") la traición está tan visible como la violencia, la sangre abundante, cuchilladas, desnucamientos, golpes de toda índole, balazos en marcha o a sangre fría, automóviles estrepitosamente destrozados, persecuciones, emboscadas, asesinatos con mira telescópica y un batiburrillo de agentes contra agentes en el que apenas el espectador tiene claro nada, excepto que se trata de un mundo peligroso, letal y demoníacamente interesado, cruel y amoral.

Se trata además de un duelo interpretativo a gran escala entre Denzel y Ryan, en el que no faltan los tópicos, pero también cierta agudeza en el perfil del personaje y una evidente ambiguedad que los hace más peligrosos y poco previsibles.

Con un ritmo endiablado que pasa de la tranquilidad del principio (el trabajo de Reinolds para la CIA en un piso franco en Sudáfrica) a la aparición de una "leyenda" del servicio secreto norteamericano, Denzel, que se ha pasado a hacer la guerra por su cuenta y beneficio, con listas de dobles agentes y corrupción facilitadas por el MI6 que quiere vender al mejor postor, ignorante --cosa dificil de creer--de que jamas le dejaran disfrutar del dinero que le den, porque él también sabe del contenido de la lista. Denzel es el "invitado" y todo setruerce porque la máquina homicida de las agencias secretas--todas interesadas en que no se haga pública la lista de agentes corruptos-- ya se ha puesto en marcha.

Largo recorrido de violencia que va uniendo a ambos hombres hacia un final apoteósico con la muerte de uno de ellos y la huida del otro hacia una cierta libertad (¿hasta cuando?). Una realidad bastante plausible que está oculta a todo el mundo y que conforma la sentina maloliente del poder. Todo servido con un montaje fuera de control, aceleradísimo, una musica trepidante y una acción sin apenas respiro.

Como dice Sam Shepard en su previsble papel de mandamás de la CIA, con su elegancia y su mirada intrigante, sus "hijo" al dirigirse a sus subordinados y su poder enorme, "A la gente no le interesa la verdad". Al menos "esa" verdad que compromete totalmente al casi total poder de los agencias secretas de "seguridad". Roza en algunos momentos la profundidad política y psicológica esta propuesta fílmica  que parece desangelarse y convertirse en un trhiller al uso. Lástima. Pero aún así, "El invitado" está por encima de la media habitual.

 

 

 

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27 febrero 2012 1 27 /02 /febrero /2012 10:34

retorno.jpg

En esta ocasión déjenme hablarles de cine clásico. Se trata de "Retorno al pasado",  dirige Charles Tourneur, interpretan Robert Mitchum, con su gélida solidez y su sonrisa vulnerable, Kirk Douglas dominando un papel que no le va en absoluto, un villano retorcido y untuoso que parece mostrranos un talante que es como llevar un traje de alquiler al que le faltan ajustes y la vampiresa por antonomasia la morena Jane Greer (que no dice ni una sola verdad en toda la pelicula y es maquiavéliva y despiadada bajo una apariencia de amorosa bondad) y la pelirroja Rhonda Flemig componiendo un inusitado papel de chica buena. Porque se trata de eso, de una joya del cine negro, rodada en un suntuoso blanco y negro, bien dirigida y con un guión en estado de gracia, en el que ustedes podrán degustar diálogos que parecen haber sido escritos al alimón por Faulkner y Hemingway. Estén atentos y vean los rostros de los actores cuando dicen cosas como éstas: "Ojalá me alegrara de verte", "El jefe de esa banda no fue a vernos porque se creía muy importante; por eso y porque una chica le habia herido disparándole cuatro tios con su propia pistola" "– No quiero morir. – Ni yo, pero me gustaría ser el último en hacerlo si llegara el caso."   "– Guarde usted esa pistola.– Si la guardo, no me sirve para nada".

Fue producida por la RKO (ya saben la de los rayos) en 1947 y es la adaptación de una novela de Geoffrey Homes (en realidad se llamaba Daniel Mainwaring y era periodista) que luego se haría un clásico de la novela negra. Es justo nombrar al director de fotografía, Nicholas Murusaca, que saca un brillantísimo partido del blanco y negro. Y dirige todo el cotarro, como dije al principio ese olvidado genio del cine que se llamó Jacques Tourneur, si señores, el director de "La mujer pantera" esa bellísima pelicula de obligado visionado.

El argumento es complejo pero no demasiado dificl de seguir, gracias a la voz en off del narrador protagonista que nos va aclarando puntos oscuros, hasta donde él sabe claro (esto es algo acostumbrado en el cine negro clásico). Se trata del esquema del hombre entre dos mujeres (la pasión y el cariño), una en el pasado y la otra en el presente, que se debatirá hasta el trágico fin, como arrastrado por un destino fatídico, en esa ambiguedad de comportamientos y éticas que tan bien define el género.

La película merece una visita al deuvedéclub. Y si acaso, háganse también con "La mujer pantera". Me lo agradecerán.

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26 febrero 2012 7 26 /02 /febrero /2012 08:37

infierno-blanco-cartel.jpg

 Liam Neeson, a pesar de su madurez, se presta bien a los papeles de héroe de acción, incluso les da una dimensión humana y vulnerable que, por ejemplo, ni Bond ni Bourne logran. Después de la magnífica "Sin identidad", Liam vuelve al cine de acción con ese "Infierno Blanco" que dirige Joe Carnahan.

Liam trabaja en una refinería en Alaska, ocupándose de la seguridad personal de los trabajadores, que suelen ser acechados y a veces atacados por los lobos. Arrastra un pasado de abandono sentimental que le hace especialmente vulnerable y solitario. Le vemos a punto de suicidarse (deja de hacerlo, providencialmente, al escuchar la llamada de un lobo) y cuando ocurre el accidente que moverá la acción  de la película (me recuerda mucho a "El Desafío" interpretada por un soberbio Anthony Hopkins y dirigida por Leo Tamahori, en la que un accidente aéreo también deja a un grupo de hombres a merced de una naturaleza hermosísima pero hostil, aunque en ésta es un oso el depredador y en la de Liam son los lobos: la estructura es practicamente la misma, un recital de supervivencia humana en un ambiente natural, solitario y sin recursos).

A favor de Carnahan hay que reconocer que su película, menos sujeta al star system que  la de Tamahori, no recurre a ciertas trampas y licencias del guión que en la peli de Hopkins le convierten en una especie de superman en recursos y espiritu de lucha, cosa poco probable a la edad del actor. La de Neeson es una película seria, objetiva, realista y dura. De ahí la distinta factura del final en ambas películas.

Está basada en el relato "Ghost Walker" de Ian Mackencie donde se hace más hincapié en la fragilidad del ser humano en situaciones extremas que en la épica de sobrevivientes. Por tanto y a tenor de lo que sabemos de los viajes en esas condiciones, la sobrevivencia suele ceder ante la persistencia de la violencia y el horror, repartidos entre los  hombres defendiendose y manadas de lobos tratando de calmar su hambre en el invierno polar.

Desde la secuencia inicial de presentación del protagonista y su medio, pasando por el accidente aéreo, de una contundencia y realismo que te deja los pelos de punta, hasta el final, bronco y sin compasión., pero dotado de una rara dignidad y una fuerza shakesperiana: "Vivir o morir" dice Liam y se lanza contra el lobo líder de la manada.

Una buena película.

 

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25 febrero 2012 6 25 /02 /febrero /2012 08:51

viaje-al-centro-de-la-tierra-2-cartel-1.jpg

 Cine palomitas para los más pequeños. Preparaos padres en edad de merecer. Vais a ver una película que los más aficionados al cine de entre los sufridos papás no irían a ver por simple prescripción facultativa. "Viaje al centro de la Tierra 2: la isla misteriosa" es un intento de un libretista sin imaginación de sacar partido de aquella primera entrega interpretada por Brendan Fraser que fue facilmente olvidada. El niño de entonces (Josh Hutcherson) ahora es un jovencito que no interesa lo más mínimo como cabía esperar de sus limitadas aptitudes interpretativas. Ahora no ha mejorado su actuación y volveremos a olvidar que lo hemos visto, aunque se empeñe en hacernos creer que conoce realmente a Julio Verne y sus obras, a Jonathan Swift y sus "Viajes de Gulliver" (un libro menos leido de lo que suponemos y merece) y a  Stevenson, el genial autor de, entre otras muchas maravillas  literarias, "La isla del tesoro", uniendo a los tres autores en la película gracias a la perspicacia cultural  (poco probable) de un Dwayne Johnson (interprete de obras tan selectas como "El rey Escorpión"), que aquí logra un notable por su autoparodia de forzudo metido a padrastro dulce, comprensivo y afectuoso) que pasea sus musculos y ofrece una secuencia que forma parte de las más surrealistas --en el terreno burlón-- de mis recuerdos del cine: el uso de sus músculos pectorales accionados para teoricamente fascinar a las damas: increíble, palabra.

Esta "maravilla" de cartón piedra y efectos digitales menos que regulares (aunque pueden encantar a los niños pequeños) cumple a duras penas su función de entretener, gracias a un guión para sonrojarse y un ritmo que va a estirones. Y para sorpresa y alborozo del espectador avisado, una interpretación llena de guiños y de habilidad de viejo actor del inmarchitable Michael Caine, que parece divertirse mucho con su alimenticio papel y así le vemos convertido en arrojado aventurero y motero con chupa de cuero. Increíble también.

En resumen, producto olvidable realizado para mayor gloria del pretencioso sistema 3D, que no acaba de encontrar su papel en un cine de calidad, excepción hecha de "La invención de Hugo" de Martin Scorsese, hambrienta de Oscars (11 nominaciones) , de la que ya les hablaré otro día. Brad Peyton dirige la cosa, que no pasará a la posteridad y será carne de videoclub en poco tiempo (todo ello a pesar de los "inocentes" shorts que luce la jovencita protagonista, muy en la línea de las películas para teens). Ni siquiera Luis Guzman, un secundario muy apreciable, logra hacerse con el papel de contrapunto cómico como padre de la protagonista y piloto del tronado helicóptero que nos lleva a la isla misteriosa. Y eso es así, porque no puede resaltar un papel cómico en una película tan involuntaria y totalmente cómica.

  

 

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24 febrero 2012 5 24 /02 /febrero /2012 10:42

mercader-20de-20venecia.jpg

 

"¿Es que un judío no tiene ojos?¿Es que no tiene manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es que un judio no está nutrido por los mismos alimentos, herido por las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades, curado por los mismos medios, calentado y enfriado por el mismo verano y por el mismo invierno que un cristiano? Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos cosquilleais, ¿no nos reimos? Si nos envenenais, ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos?"

Es el famoso monólogo del indignado Shylock en la escena primera del acto III de "El mercader de Venecia".

¿Se imaginan tener que cerrar los ojos para escuchar los imperecederos versos del Bardo, el gran Shakespeare, para evitar que la indignación, la sorpresa y el fastidio me resten el placer de volver a oirlos? Pues, aunque no se lo crean, eso me pasó ayer en el Teatro Nacional de Cataluña (TNC) con la versión "modelna" que Rafel Durán perpetró del gran , aunque política y humanamente incorrecto en esta obra, clásico inglés.

Soy un fanático lector -y espectador-- de las obras, incluida poesía, del llamado "Cisne de Avon". Junto con Cervantes --curiosamente es su contemporáneo-- los dos  autores que tengo en mayor estima y no dejo de revisitar al menos un par de veces al mes desde que con doce o trece años comencé a leerlos.

Por tanto ver en vivo y en directo lo que el TNC ha perpretado en su neoclásico edificio, la joya de la Corona de la riqueza cultural catalana, con una de las obras más delicadas y sensibles de W.S. (en el sentido de que en estos tiempos actuales la figura de Shylock y por extensión el odio, rechazo e insultos a todos los judíos, no es un plato de fácil acomodo: por lo que dándole un aire actual a la acción, el asunto queda aún más fuera de la etica social actual que en los tiempos de Shakespeare en lo que casi era un  lugar común considerar socialmente que los judíos eras unos apestados).

Ramon Madaula hace un Shylock contenido, indignado, sujetando el histrionismo de la figura, no rozando en absoluto el ridículo que exagera Santi Pons en su papel del otro judío, amigo de Shylock. Alex Casanovas hace un Antonio sin garra, pijo e inconsecuente, Anna Ycobalzeta una Porcia excesiva y cabaretera en ciertos momentos y los demas actores y actrices cumplen su ingrata labor, con la excepción sobreactuada de Pep Ambros como Lancelot Gobbo y Joan Díez como el Príncipe de Marruecos. ( ambos servirían de ejemplo de lo que no debe hacer un actor aunque el director se lo pida de rodillas).

Pues bien, añadan a estas actuaciones mediocres --seguramente debidas al sesgo "modelno" de esta producción PELB ("Pour epater le bourgueois", es decir "exagera a ver si asustamos al espectador clásico")-- algunas escenas añadidas al respetable original como la orgía homosexual estilo nazi --con una coyunda bajo una manta-- o una actuación vodevilesca de Porcia, cuya insensatez no parece tener nada que ver con el  momento del juicio, en la que, vestida de hombre, aplica el recto pensar y la inteligencia con la que Shakespeare la vistió.

No me ha gustado la versión de Rafel Duran ni me parecen convincentes las razones que aduce en el programa de mano por su atrevimiento (de las que les hago gracia aquí, por no aumentar mi enfado ni exagerar mi rechazo). Así que, insisto, si van  a verla, en los momentos más hermosos de la obra, cierren los ojos y escuchen la voz de Shylock o los argumentos de Porcia. Lo demás es sólo ruido.

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23 febrero 2012 4 23 /02 /febrero /2012 08:58

katmandu-un-espejo-en-el-cielo-cartel1.jpg

Película menor de una directora, Iciar Bollain, muy lejos ya de sus primeros e intensos trabajos, desde "Hola, ¿estás sola?" o la angustiosa "Te doy mis ojos" y más en la linea de "También la lluvia", fallido panfleto ideológico lleno de trampas, con algunos momentos de intensidad dramática. Pues bien, en "Katmandú" vuelve a ser más amplio el afán de mensaje ideológico y de crítica social que el contenido coherente de la cinta, un argumento que va planteando tópico tras tópico con un afán casi ridículo de denuncia y una lejanía de postal antropológica que no conmueve a nadie, aunque se ve con cierto interés (las montañas nepalíes maravillosamnete fotografiadas).

Está basada en las experiencias de la joven maestra catalana Victoria Subirana que en los años 90 marchó a Nepal para ejercer su profesión en un país donde las condiciones de vida de los niños y las mujeres rozaban el crimen y el delito antihumanitario.

Para ello, para contarnos la explotación de las mujeres y los niños, la prostitucion infantil, las exigencias tradicionales nepalíes respecto a la religión, el sistema de castas, la falta de posibilidades de educación y promoción  social para mujeres y niños, la indiferencia y la corrupción de las autoridades, Iciar Bollain escribe un guión a medias con su pareja Paul Lavertry, guionista de Ken Loach, y seguramente trata de lograr un filme estilo Loach en cuanto a la critica social, pero tendría más efecto si se ocupara de las lacras sociales y económicas de nuestro país, que tambien existen, y pocos las denuncian de forma aceptable.

Iciar no aporta nada a lo que sabemos de Nepal y las culturas de raiz hindú con sus cerradas castas y su sistema de explotación denigratoria de las mujeres. Pero lo más grave para una cineasta, y más si ha demostrado ser buena, es que nos cuenta una historia de forma poco coherente, con  un ritmo roto a menudo por flash back que no nos aportan demasiado y trastocan el ritmo y un intento de emocionar al espectador tan burdo y evidente que no convence a nadie. Si ha pretendido mentalizar a los espectadores de que apoyen la causa de la ayuda a los niños del tercer mundo pero el discurso suena reiterativo y se vuelve autoreferencial.

Hay que decir  que los actores de la pelicula no son profesionales (y eso es un mérito para Bollain), con excepción de la protagonista, Verónica Echegi, un rostro de gran expresividad que no logra a veces creerse a si misma (sobre todo en sus diálogos con el joven nepalí --una buen actuación- con el que contrae matrimonio de conveniencia para poder quedarse en Nepal sin pagar las enormes "mordidas" de las corruptas autoridades nepalíes: deben estar contentos éstos con la pelicula).

 Exceso de conceptos manifestados en un tono discursivo, tópicos de lucha social y retratos de casos específicos de niños -- la prostituida, la "sin nombre"-- y de la joven ayudante nepalí de clase media, que están descritos y mostrados con una cierta frialdad, como ejemplos sacados de un tratado de antropologia social, más que de un argumento literario escrito con sangre y emoción.

En resumen, pleícula modesta de resultados para una directora que no acaba de encontrar su vigor narrativo.

 

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