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11 mayo 2012 5 11 /05 /mayo /2012 14:04

He aprovechado una visita corta a mi pueblo, la Torre del Compte, a pocos kilómetros de los Puertos de Beceite, que forman un "skyline" soberbio, moles dentadas recortadas en azul cobalto contra el cielo mediterráneo del Matarraña, para subir a Peña Galera. La mañana primaveral, con ese olor fresco a Naturaleza recién nacida que tienen las primeras horas de sol en tierras de solano, destacaba los perfiles de los picos y las tortuosas gargantas como si Gustavo Doré hubiese pintado todo durante la noche anterior (siempre he sostenido que por las solitarias cumbres, valles escondidos, bosques y rios de los Puertos de Beceite se podría rodar con propiedad una nueva versión del "Manuscrito encontrado en Zaragoza" o de las escenas de Don Quijote haciendo penitencias amorosas en Sierra Morena).

Realmente las soledades y la austera belleza dura y montaraz de la Peña Galera me han reconfortado, como sólo suele hacerlo la montaña para los que hemos nacido y vivido con su presencia o su nostalgia. Es, sin duda, una psicoterapia activa de gran eficacia para la mayoría de las personas. Con una condición expresa, que he desatendido --menudo psicoterapeuta soy-- y así me ha ido. Los largos paseos, con alguna que otra subida y correspondientes bajadas, por lugares de montaña tienen un largo prestigio terapéutico en la historia de la medicina (y de la literatura, ¿recuerdan "La montaña mágica" del genio de Lübeck, Thomas Mann?). Pero siempre con una advertencia que dicta el sentido común: nada de pasos difíciles, excesos físicos o terrenos peligrosos. En esos casos, aun siendo un montañero experto o experimentado, es bastante posible que uno tenga un percance. El que me ha correspondido, por no saber aplicarme lo que pregono y aconsejo, ha sido afortunadamente leve, unas raspadas aparatosas en el brazo y el codo. Y el susto. Uno no puede bajar una montaña por una "dresera" inventada, con la mente repartida entre el paisaje, el bienestar fisico, la bajada sobre terreno resbaladizo y rocas poco fiables y las cuestiones personales que ocupen su mente. ASÍ QUE, OJO AL DATO: vale la pena salir a caminar para tranquilizar el ánimo y ordenar las ideas o mejor aún para olvidarlas momentáneamente. Pero ¡no intente hacer una carrera de montaña o una subida a un pico! Y eso, ni aunque tenga treinta años...imagínese con el doble...

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10 mayo 2012 4 10 /05 /mayo /2012 07:15

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He aquí un libro para biblioerotómanos. Dícese de personas que aman los libros, los leen, los guardan y atesoran, los coleccionan, sienten extrañas afinidades con ellos, los convierten en objetos eróticos o se erotizan con su lectura o su posesión, los que rozan la psicopatología benigna del lector compulsivo, pero que no los suelen robar (bibliocleptomanía), no matan a nadie por ellos, no se los comen (bibliofagia), no sienten horror por el exceso, no son víctimas de la biblioclastia (irrefrenable pulsión de destruirlos en autos de fe o por insanía mental, a la manera nazi) y no padecen esa detestable pero generalizada manía de no devolver los libros que nos han prestado los amigos (conozco algún miserable carota que se jacta de tener una surtida biblioteca con "donaciones" involuntarias de amigos y conocidos)

 

 Jacques Bonnet es uj escritor y traductor que ha pasado, como él mismo confiesa, toda su vida enfrascado en los libros, las bibliotecas y toda esa sintomatología gozosa que configura a un lletraferit. En su ensayo Bibliotecas llenas de fantasmas (Anagrama), juega con el doble sentido de la palabra. En francés los fantasmas de biblioteca son las cartulinas que se ponen con los datos del libro, en lugar del libro --que se ha prestado, por ejemplo-- en el correspondiente anaquel de la estantería. Esos huecos que indican la presencia fantasmal del libro con su ausencia.  Pero aun analizando la casuística que rodea a la desaparición de volúmenes, ya sea por préstamo, robo o destrucción, Bonnet se ocupa también de la cuestión contraria: cómo llegan los libros a nuestro poder, como se agrupan muchas veces por extrañas afinidades, cuáles son las circunstancias que los ha llevado a nuestra biblioteca..

El libro que les comentamos es una atractiva cita de amigos para el lector aficionado. Incluso se nos habla de los libros electrónicos y el extraño tiempo de mudanza que se avecina. O no. La lectura tiene una justificación muy por encima de las modas que la facilitan. Bonnet crea una agradable complicidad con los lectores que poseen muchos libros, con los amantes de las bibliotecas, con los que pierden la cuenta de los libros que tienen y aun asi siguen cayendo dia a dia en la tentación de adquirir más. Y por eso las célebres preguntas que todos hemos sufrido, después de los consabidos "Oooh" y la mirada bovina dirigida a los atestados anaqueles, ¿cuántos tienes?, ¿los has leidos todos? ¿como encuentras un titulo determinado entre tantos? ,¿los tienes ordenados de alguna  manera? ¿Cómo? ¿Por fechas de publicación, por géneros, por autores, en orden alfabético, por tamaño, por afinidades de tiempo, tema, escuela, siglo?¿no te agobian tantos libros? ¿cómo sabes a simple vista los que has leido y los que no? ¿te acuerdas de todos? Y así "ad nauseam".

 Uno siempre regresa al "Laberinto" de Borges, a las bibliotecas míticas, a los autores endemoniados por los libros, al "Auto de fe" de Canetti, a las perversas bibliotecas de los Mitos de Culthu, al aposento fantasmal de Don Quijote tapiado por un muro de mampostería por el Cura, la Sobrina y el Barbero, a la de la "Casa de los Libros" del autor uruguayo Carlos María Dominguez, a las maravillas ordenadas de Vargas Llosa, a todos esos laberintos personales donde la personalidad del bibliómano va reflejándose  en la estructura de su biblioteca que siempre acaba ocupando la casa a la manera de Cortázar.

Por ello uno simpatiza con Bonnet y acaba entendiendo la frase de Charles Nodier: "Despues del placer de poseer los libros pocas cosas hay mas dulces  que hablar de ellos ". O la frase antológica de Borges: "La lectura de un libro de Cervantes,  Flaubert, Shopenhauer, Dickens, Stevenson o Spinoza,  es una experiencia tan fuerte como viajar o estar enamorado".

También nos habla este autor de los libreros, esa benémerita raza de seres que tratan de ganarse la vida vendiendo libros y algunos de ellos, los que cuentan, también los aman y respetan a los autores y los cuidan. Borges, García Márquez, Auster, Chesterton, Mailer, Hemingway, Faulkner, han dedicado páginas preciosas a los que ellos conocieron y respetaron. Muchos de nosotros, los bibliofilos y escritores, hemos tenido la suerte de dar con algún especímen de librero especial. Yo he disfrutado de cuatro ejemplares: en mi juventud, Claudia, la encargada de la Librería Bosch, don Ramiro, el dueño de la Carroggio en Paseo de Gracia, el librero de viejo de Tarrades, don Luis (en el Mercado de Sant Antoni) y ahora, el amigo Octavi Serret en Valderrobres. Loor y gloria a todos ellos.

   Y como último detalle a destacar en el libro que comento y mi propia vida personal enfocada al uso y disfrute de los libros: A Jacques Bonnet y a mí nos une también una experiencia cinéfila traumática común. Ambos vimos en nuestra juventud, lógicamente en paises distintos, Francia y España, aunque en la misma  época, los setenta, un episodio de una serie de televisión llamada "The twiligth zone" ("La cuarta dimensión"), en el que un empleado de banca de media edad, furibundo lector obsesivo como nosotros, se encierra en una cámara acorazada para leer a gusto. Al cabo de un cierto tiempo logra salir, sorprendido de no haber sido interrumpido y se encuentra con que una catástrofe o una guerra nuclear ha devastado todo su mundo. Camina por una ciudad semi derruida. La gente ha desaparecido, Hay un silencio total. Los supermercados están llenos, las tiendas también. Llega a la gran biblioteca nacional. Miles y miles de libros le esperan. No le faltarán viveres ni tiempo para leer. Buscando un libro en un alto anaquel resbala y cae. Se da un golpe y rompe sus gafas. Sin ellas no puede leer. Rodeado de libros que ya no podrá gustar, el hombre llora amargamente. Solo ve sombras. Y no existe nadie que le pueda proporcionar otras gafas. Esa historia impresionó al autor de "Bibliotecas llenas de fantasmas". Y ese es el fantasma indeseado que pobló mis miedos más ocultos en la época en que vi la película. Olvidémos esa pesadilla. Y volvamos a este libro para los amantes de los libros.

 

 

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9 mayo 2012 3 09 /05 /mayo /2012 07:53

No hay ningún amante de los libros que no se sienta aludido y hasta enfermizamente hermanado por las historias que emergen de este librito de poco más de cien páginas de letra generosa y tamaño de bolsillo, "La casa de papel". Como confirmación del ambiente libresco, bibliomano y bibliofilo de una de mis recientes lecturas ya reseñada "Los fantasmas de la biblioteca",  el argentino Carlos Maria Domínguez sacó a la luz esta pequeña joya que circula en España desde 2004, aunque creo que yo la conocí muchos años antes en una edición sudamericana (o quizá lo soñé, contagiado por el ambiente onírico y fantasmal que suelen compartir los libros que hablan de la pasión de leer, de poseer y coleccionar libros, de formar bibliotecas imposibles y de soportar la silenciosa invasión de las letras en forma de su preciado continente, los libros.

La actual edición en libro de bolsillo tiene unos cinco años (2007) y lleva el sello de la editorial Mondadori, en formato de pasta dura, guardas rojas, dibujos de Peter Sis y letra clara y grande, con la dedicatoria el "Gran Josep", es decir Conrad, cuya "Linea de sombra" tiene una esencial importancia en la narración.

No recuerdo haber leido mucho sobre esta novelita luminosa y también oscura y algo ominosa, pero OTRO DÍA hablaremos de ella in extenso aprovechando que pronto recibiré un librito sobre "Bibliopatología" de un profesor de la Universidad de Sevilla, para hablar de todas la historias que se ocultan en torno al mundo encantador y misterioso de las bilbliotecas y los bibliomaníacos.

 

 

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8 mayo 2012 2 08 /05 /mayo /2012 07:47

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Irregular novela de mi admirado Michael Ondaatje (canadiense nacido en Sri Lanka), en la que la narración basada parcialmente en circunstacias de su vida, atrapan y seducen al lector, y en la que sobran -por poco pertinentes e irregularmente resueltas- un par de historias laterales que no añaden mucho a la novela y quedan más o menos en el limbo de lo  fallido (siempre teniendo en cuenta el nivel de calidad al que nos tiene acostumbrados el autor de "El paciente inglés", "Divisadero" o "El fantasma de Anil").

En "El viaje de Mina", Ondaatje nos cuenta un largo viaje iniciático en barco, 21 dias, de un niño de once años (el propio autor, llamado "Mina", diminutivo de Michael) durante los años cincuenta entre Colombo, patria del escritor, hasta Inglaterra. El descubrimiento del mundo del amor, el deseo y la violencia de los adultos, los fingimientos, hipocresías, engaños y profundos miedos  que se despiertan en ese contacto, todo narrado magistralmente desde la mirada de un adulto que recupera al niño que fue, va perfilando el recinto cerrado de un buque, lugar mágico para las aventuras de tres niños, Michael y sus dos compañeros de parecida edad, Cassius y Rhamadin, a los que destierran junto a algunos adultos "especiales" (principalmente por el color de la piel y el "acento" que desprendía su inglés) a la llamada mesa de los gatos (The Cat's Table, titulo de este libro en inglés), es decir la más alejada de las mesas del capitán y los oficiales o los pasajeros con fortuna y "clase", las "mesas del poder" como las llama el autor cuando comenta la dinámica de fuerzas que se desarrolla en la nave.

Las costumbres del pasaje, las comidas, los juegos, los bailes, la presencia de un misterioso preso al que sacan a pasear por cubierta, encadenado, cuando todos los pasajeros reposan en sus camarotes, pero al que los niños espían fascinados por la fuerza y la violencia potencial del hombre, van nutriendo la infantil necesidad de asombro y aventura de los tres niños. Mina y sus dos amigos, encuentran en el  barco y su rutina, las escalas y el largo recorrido del navio por tres  mares, las personas a las que admiran, desean o temen que aportan su misterio y su destino a la narración, la mejor de las enseñanzas vitales posibles. Por tanto era previsible que las historias colaterales de tantos personanjes fueran una tentación para Ondaatje. Sin embargo los niveles de excelencia de su narración llega a altas cotas cuando se centra en los tres niños y en el sensual descubrimiento del sexo y el amor del protagonista hacia su prima, la encantadora y misteriosa Emily, las relaciones con algunos pasajeros excepcionales por sus conocimientos o su actuación, caso del Barón que desvalija camarotes, el profesor Fonseka enamorado del idioma, el especialista en plantas y flores, Ashunta la joven misteriosa amiga de Emily, el sastre silencioso, la presunta  debil y apocada damita,  señorita Lasqueti, de importancia clave en los acontecimientos dramáticos que se producirían casi al final del viaje...es decir Ondaatje tenía suficiente material para ahorarse el recurso de la larga carta explicativa de la señorita Lasqueti y algunos de los comentarios en los que nos ilustra de la deriva de algunos de los personajes muchos años después del viaje.

Con su elegante estilo, su técnica lenta, detallista, demorada, Ondatje logra envolvernos en una atmósfera propia, una gran habilidad para reflejar el estilo de una época o la historia de unas personas, engarzadas en la historia general de un determinado pais y una determinada época. Es fácilmente perceptible la formación de este autor en poesía por la contundencia y belleza de sus metáforas y descripciones de instantes o gestos, como si se tratara de haikus japonenes compuestas con gran sencillez y economía de medios.

La novela arranca con unas magnificas primeras páginas narradas en tercera persona, hasta que de inmediato pasa a la primera persona y nos va describiendo en un caprichoso ir y venir la historia de los dias de la travesía trufándola de referencias al presente y el pasado mas o menos inmediato (posterior al viaje) del protagonista y algunos de los personajes principales en su relación con él, que van configurando con su presencia --o la ausencia-- el carácter, los recuerdos y la realidad de Michael, que se ha convertido en un escritor adulto, que va a escribir "El viaje de Mina" para poner en orden su memoria y colocar a las peersonas que conoció en su verdadera dimensión, ya que dichas personas son importantes porque con su aportación nos hacen como somos. Como Ondaatje dice en su libro: "nuestras vidas podían crecer gracias a desconocidos interesantes con quienes nos cruzaríamos".

Hay un talento descriptivo casi cinematográfico en las páginas de Ondaatje y uno "puede ver" las escenas que nos narra como secuencias de una película, desde la descripción de una tempestad maritima que Mina y su amigo viven sobre la cubierta, atados con cuerdas, travesura que está a punto de costarles la vida, o la fantasmagórica proyección de "Las  cuatro plumas" sobre una sábana en plena cubierta del navio.

Novela apreciable, pese a sus defectos o al menos lo que yo he percibido como tales, que no me desencanta de la maestría narrativa de Ondaatje y reafirma la irregularidad dentro de la excelencia que le caracterizan. Como los objetos zen, las novelas de este autor de raíces asiáticas, siempre tienen alguna falla, alguna tara que hace más bello el resultado final.

 

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7 mayo 2012 1 07 /05 /mayo /2012 09:41

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      Magnífica y entretenida adaptación de alguna leyenda de la Alemania medieval, a través de la aventura de un príncipe en la sombra, un bastardo rodeado de una leyenda de magia desde el momento de su nacimiento. "Isenhart", dirigida por Hansjörg Thurn, es una trepidante narración oscura, correctamente ambientada en una de las épocas más sombrías de la historia europea y en la que los personajes se libran de la polaridad tópica en las narraciones lineales y oscilan entre el bien y el mal como todo hijo de vecino que habite la realidad.

La violencia y la crueldad de aquellos siglos en los que se decidía el futuro europeo entre luchas y calamidades naturales --en concreto nos hablan del siglo XII, aunque podía ser cualquier otro entre el X y el XVI-- permite --en un insólito toque de modernidad-- presentarnos a un asesino en serie que se dedica a destripar doncellas. Superticiones, sectas diabólicas, terror primigenio y la búsqueda del alma en el cuerpo humano, es el contexto donde tienen  lugar las aventuras de la pareja formada por Isenhart y su fiel compañero de armas, mujeriego y provocador,Laurin. Los dos esforzados caballeros tratan de dar caza al ¿místico? asesino, desplazándose por las muy peligrosas  tierras del continente desde Toledo hasta zonas francesas, inglesas y alemanas. Michael Steinocher recrea un convincente Isenhart y protagoniza una cinta que está muy por encima de sus modestas aspiraciones casi a telefilme. El guiño a formas de investigación criminal que no tendrían aceptación hasta el XIX de Holmes y Dupin, hace aún más atractiva y divertida la cinta. Así como las conclusiones a las que van llegando y la resolución del misterio, en el que a través de los caballeros de las Cruzadas entran en danza cuestiones esotéricas como la busca del Santo Grial o de la "Piedra filosofal" y la fórmula áurea, es decir la transformación del plomo en oro.

Con estos elementos de principio "Isenhart" debía haber tenido mejor carrera y a traves del boca-oido convertirse en una apreciable cinta guerrera-religiosa- medieval, pero la propia caracteristica de producto de serie B le ha traicionado y el ritmo se resiente de una especie de prisa y descuido por resolver los dilemas planteados. Eso deja en el espectador una cierta insatisfacción que daña a la película. Hay pues un desequilibrio evidente entre la gracia y idoneidad argumental, la buena interpretación y la forma de resolver los dilemas planteados en la misteriosa trama: no se respeta la coherencia gradual de los hechos y descubrimientos y se altera el ritmo de tal manera que uno llega al final con la impresión de que le han birlado --cortado-- secuencias enteras.

La discotomía entre la balbuceante ciencia de aquellos tiempos con la superstición y la doctrina religiosa oficial, defendida con crueldad y fanatismo,  encuadran el fundamento conceptual de la película. Como ven no se trata de cualquier fruslería. Y está bien planteada y desarrollada. ¿A qué viene ese desaprovechamiento de tan buen guión?

Seguramente algun avispado productor norteamericano podría sacar importantes frutos de esta cinta, en un remake que podría competir con "El nombre de la rosa". Quizá ya se esté rodando en alguna parte de Hollywood, con un rotundo star system en el reparto y un director habilidoso, aunque Rodrigo Cortés o Amenábar, harían una buena película de este material.






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6 mayo 2012 7 06 /05 /mayo /2012 08:57

 

 

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Un magnífico elenco de actores británicos avala la fuerza de "El exótico Hotel Marigold", una comedia dirigida por John Madden, bastante lejos de su soberbio "Shakespeare in love", pero en absoluto desdeñable. Unir a Judy Dench (cada vez más segura en su apacible poder de representación) el soberbio Tom Wilkinson, la siempre apreciable Maggie Smith, Bill Nighy o Celia Imrie, en una deliciosa farsa de enfrentamiento de culturas, de costumbrismo exótico o de profundas realidades humanas que tienen relación con la vejez, la necesidad de afecto, los recuerdos, la bondad o la mezquindad, debería dar como resultado una memorable película.

¿Qué es lo que impide que estos excelentes actores, la localización magnifica en la ciudad india de Jaipur, con toda su enorme carga de pintoresquismo y variopinto color y la historia coral de un grupo de jubilados británicos que se retiran a vivir sus vidas en declive en Jaipur, por distintas y variadas razones, no alcance la fuerza y la convicción que cabría esperar? Ignoro si en la novela "These foolish things" de Deborah Moggach, queda más visible el posible fallo o carencia que limita el valor de la película. Porque es evidente que es un fallo de guión, un desequilibrio facilmente perceptible de ese tenue "tempo" que marca la narración, de esa tensión en lo que vemos y lo que nos cuentan que hace que nos interese todo ello y que esperemos una y otra secuencia para calmar nuestra sed de saber lo que hacen los personajes o los hechos y razones que justifican la trama...

Creo que ese grupo de veteranos ingleses que emigran en busca de una mejor rentabilidad de sus pensiones a un país, antigua colonia del Imperio, donde recuperar ciertos privilegios de raza y clase, es una propuesta interesante de entrada. Pero nos hacen pasar por toda la historia del viaje, el acomodo en el destartalado hotel y las peripecias de los maduritos británicos, de una forma liviana, superficial, amable y poco comprometida, a pesar de algunas pinceladas de compromiso con una visión más seria o crítica que cabría esperar de unj tal choque de culturas con toda su trastienda histórica de abusos, sufrimientos, sangre e injusticias y revanchas como afligió la reciente historia de la independencia de India de la Corona británica. Así la delicada historia de la joven sirvienta de la clase "intocable", la de los "apestados" sociales, que monta una fiesta familiar en su barraca, en uno de los barrios más pobres de la ciudad, a una gruñona y racista clienta del hotel porque cree que la trata con dignidad, cuando en realidad la desprecia. O la relación otoñal entre el juez gay y su amor hindú de juventud al que abandonó en situación dramática, treinta años antes, y trata de recuperar en su vejez por una fidelidad trasnochada y aplazada, como si se tratara de una historia de manual romantico, más que un lamentable episodio de superioridad y abuso étnico y flaqueza moral. Lo único positivo es que ambas historias, patéticas y lamentables, son protagonizadas por los dos actores más capaces del elenco, Maggie Smith y Tom Wilkinson.

Las demás historias de los maduritos excolonialistas rozan en todo momento una crítica suave, no comprometida, tratando de hacer una película de tono amable, en la que incluso la anunciada muerte del personaje del juez gay toma un carácter de "justicia" divina, entre el perdón del amante hindú, la comprensión de su esposa y la puesta de sol sobre la cremación a orillas del Ganges.

Asi que uno sugiere que los que sepan inglés hagan lo posible por ver la versión original dada la altura de los intérpretes y los que no, que disfruten de las interpretaciones por separado, sin tratar de valorarlas en el conjunto de la película, que sabe a poco o a demasiado, segun nos refiramos a la calidad exigible o a la extensión. El joven actor hindú (Dev Patel) gesticulante en exceso y su novia, dan la nota localista, ilusionada y joven, aunque producen, sobre todo él, cierta irritación. Magnífica también la actuación de Penélope Wilton, por el eficaz patetismo que imprime a su papel de odiosa esposa de Bill Nighy. El romance invernal entre éste y la magnifica Judy Dench logra parecer posible a pesar de las excesivas diferencias de edad y talante.

Película que agradará a los nostálgicos del Imperio británico y  la India colonial que aún suspiren por los ambientes de las novelas de Kipling ("fíjate en lo que se han convertido estos hindúes, estaban mejor con los ingleses"), a los aficionados al cine de maduritos que reviven el amor y a los amigos del cine coral con ínfulas humanitarias y buenismo de ong. Y, por supuesto, a los admiradores de los buenos actores británicos, aunque sea en envoltorio de tarjeta postal.

 

 

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5 mayo 2012 6 05 /05 /mayo /2012 07:41

 

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Creo que la desaparición física de Antonio Tabucchi casi coincidió con la primera edición por Anagrama de este libro que no es más que una recopilación de escritos del novelista italiano-portugués sobre los viajes que realizó o que imaginó. o  que vivió primero en los libros y luego quiso vivirlos con los  sentidos y los ojos bien abiertos. Una bellísima recopilación, por cierto. Ya en uno de sus primeros libros, Dama de Porto Pim, el entrañable autor italo-luso nos habla de retazos de libros de viaje, diálogos compartidos o escuchados a bordo de un barco o sabrosos trazos sobre las ballenas que cruzan por el mar de las Azores. En este que comentamos, como en otros de sus libros, Tabucchi va perfilando su obra bajo la influencia de dos conceptos o vivencias, el viaje como extrañamiento de uno mismo respecto al Otro o la otredad y el mundo onírico, donde tampoco es posible controlar la propia identidad o la confluencia del otro en nuestra vida.

No importa pues que Tabucchi nos regale experiencias vividas por él en sus viajes imaginarios, o vivencias imaginadas en viajes reales, el escritor camina o hace caminar a sus personajes los espacios que él mismo transitó viviendo experiencias imaginadas y, quizá, nunca vividas. En cuanto  a los espacios soñados, permiten al autor hacer otras singladuras que se realizan desde la inmovilidad. Y asi a menudo algunos personajes aparecen en sus sueños para narrarle sus propias historias que luego él pasará al papel (caso de Pereira, por ejemplo).

Los viajes que se nos cuentan en este libro, pasan desde el ensueño de la memoria propia (ese familiar que llevaba al niño Tabucchi a Florencia en un gozoso descubrimiento de Giotto), el hallazgo en  la Provenza de un pueblo, Mougins, donde la belleza se ha instalado. O se pierde por Hernani en el Pais Vasco en la casa museo de Chillida (en estos tiempos, cerrada, por desavenencias entre autoridades y la familia del artista)  o nos habla de su pequeña patria adoptada, Lisboa, ciudad legendaria en la que uno puede tomar un cafe junto a Pessoa, en efigie, o puede perderse en una calle maravillosa que nadie visita, la Rua da Saudade. Para concluir, hablándonos de Goa en la India, de Grecia y su Cabo Sunion, de Brasil y sus personajes historicos legendarios, de Paul Valery ante el Mediterraneo  o Cortázar en Paris. Y tambien nos narrará de viajes realizados a ciudades imaginarias gracias a personas interpuestas, los escritores que crearon un mundo propio, como Proust o Faulkner. Para concluir diciéndonos al oido: "tal vez falten los viajes mas extraordinarios. Son los que no he hecho, los que nunca podré hacer. Que permanecen sin escribir, o encerrados en su propio alfabeto secreto bajo los párpados, por las noches. Después nos quedamos dormidos, y levamos anclas."

Y así, como en "La Hispaniola", acompañando a Jim Hawkins y a John Silver el Largo, Antonio Tabucchi logra con su libro de viajes hacernos añorar los imposibles viajes de los libros de aventuras de Strevenson, London o Poe. Esa inquietud creativa que nos hace levar anclas de la realidad y surcar el ancho mar de los Sargazos de la imaginación leída.

 
  .



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4 mayo 2012 5 04 /05 /mayo /2012 18:43

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De la historia de una persona a la que un trauma cerebral de la clase que sea le quita la memoria de su vida pasada y le obliga a afrontar la existencia como viene sin el bagaje de los recuerdos de su vida anterior, argumento clásico donde los haya, se pueden hacer grandes películas como "Niebla en el pasado", "El enigma Gaspar Hauser", "Recuerda" o "El gran dictador" (el drama paralelo del barbero judio amnésico que es físicamente idéntico al dictador Heinkel-Hitler) o se pueden hacer películas fallidas como "Todos los dias de mi vida", en  la que la banalidad más superficial derrota el dramatismo planteado de entrada.

El guaperas televisivo Channing Tatum y Rachel Adams forman una pareja mas bien indigesta, pero muy "cool", cuyo maravilloso matrimonio casi perfecto se va al traste debido a un accidente de coche en el que ella recibe un golpe traumático en la cabeza que le hace perder la memoria reciente. Y así, de un plumazo, o mejor de un tortazo, se evaporan los años de recién casada y su enamoramiento resultón de su hermoso marido. ¿Hay alguien que dude que todo volverá a ser como antes? Bueno, así será pero habrá que currárselo...y mucho (sobre todo por parte de él). Con su nueva-vieja identidad la joven casada redescubre que era una pequeño burguesa de lo más pijo e insoportable, rodeada por unos padres ultraprotectores que ademas tienen sus inconfesables secretos en el armario, aprovechando de esta manera que la memoria de su hija no registra ya el motivo de un supuesto y olvidado alejamiento familiar.

Michael Sucsy firma ese elemental ejemplo de indigesto cine pretendidamente romántico, en el que al espectador le queda la duda razonable de quién es de verdad esa chica tan mona y tan superficial, si la artista atormentada por el amor y la creatividad o la pánfila que rie las gracietas abominables de las "compas" de instituto y recuerda vivamente su descafeinado romance con el guaperas de turno de pelo cardado y sonrisa de anuncio. Parece que las angustois del marido desdeñado y las previsibles anecdotas de los intentos de re-enamorar a la esposa semidescerebrada (en todos los niveles de la metáfora), han tenido un exito feroz en la patria del bodrio, Estados Unidos. En fin, supongo que tiene su público y no hay nada más que decir. Con tal de que se llenen las salas de cine...

La etiqueta de "basada en un hecho real" no hace más que abundar en la sorpresa y la alarma del espectador consciente de que tratan de darle gato por liebre. En fin, lástima. El asunto sobre el papel merecía tener un mejor producto fílmico. Piensen en lo que hubiera hecho con esto un Billy Wilder, por ejemplo. Y aún mejor, un Ernest Lubicht. Imaginen a Gary Grant en el papel del tontorrón e inexpresivo Channing Tatum y una Cat Herpburn en el de la tontorrona desmemoriada, con Gary Cooper como su ex novio. Uf, qué delicia imposible.

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3 mayo 2012 4 03 /05 /mayo /2012 07:44

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Pauls, el pequeño y montaraz pueblo dels Ports, a 440 m de altura,  de unos 600 habitantes, junto a la falda del Montsagre, es centro de numerosas excursiones y por tanto objetivo de muchas otras que parten de los alrededores. Esta semana vamos a hacer uno de los recorridos circulares clásicos de Pauls, el que pasando por la Ermita de Sant Roc, la umbría y deliciosa Fuente de Galdiri, el Collado de las Canals, la Moleta (1.071 m) y bajada por el collado de Guasc y la Fuente del Teix  hasta regresar a la zona recreativa de Sant Roc.

Es este un lugar idílico y las veces que he estado, casi solitario y silencioso, aunque en los dias de san Antonio y san Roque se convierte en cita de todas las familias del pueblo, que tienen allí sus tradicionales "corros" o mesas de piedra con bancos, también de obra, sobre las que consumen sus comidas.

En San Roc, origen y destino de nuestra excursión, bajo una rica arboleda de encinas y pinos,  cipreses, arces, álamos, muchos centenarios, conviene llenar algunas garrafas de la rica agua de la fuente de 16 caños que suele manar aun en tiempos de sequía. La ermita de ese nombre no tiene particularidades artisticas dignas de mención y podemos seguir la pista principal de la derecha, que pasa junto a una casa de colonias para subir baranco arriba entre pequeñas zonas de cultivo y almendros.

En un par de minutos dejamos el GR y una pista a la izquierda, siguiendo recto el camino por el fondo del valle hasta abandonar la zona de cultivos e internarnos en un pinar espeso, con el sendero bien dibujado.

En el Mas de Torrat dejamos la pista y continuamos dirección SO hacia un cruce de pistas, seguimos la del centro que es acompañada por el tubo de goma de una conducción de agua. En unos 20 minutos llegamos a la arboleda de la Fuente de Galdiri. Hay un sistema de conducción del agua --no muy abundante en estos dias-- que la envía por entre troncos de árboles vaciados hasta una balsa que nutre de agua los cultivos que hay más abajo. Las encinas regalan una sombra fresca y relajante, en un contexto de silencio y el cercano ruido del agua.

El sendero sube por el eje del barranco en direccion oeste, rodeados de bosque y con algun tramo algo perdedor por la gran cantidad de vegetación. Ojo al cruce de un sendero que va hacia la derecha y nos llevaría al Pla de l´Hedra y por la izquierda al Collado de Guasc `punto donde conectamos con el GR por el que luego bajaremos de la Moleta).

Si teneis tiempo aconsejo la subida al Pla y una vez allí, siguiendo la senda en unos quince minutos llegaréis a un corral antiguo con zona para suministrar sal al ganado (ya en desuso y en ruinas, tras el abandono de los años setenta), las Seleres del Borni o de Can Joana.

Volvamos al cruce. Siguiendo recto llegamos a ver frente a nosotros el Collado de las Canals y se nos ofrece una perspectiva del valle de Pauls. Enfrente destaca la Moleta del Camp (justo encima del collado). Comienza una fuerte subida en forma de lazadas con el paso de pedreras, hasta llegar al Collado, a casi 900 m de alzada.

 Bajamos por la otra vertiente hacia una hondonada cubierta por el bosque, en cuyo fondo hay un camino que lleva al rio Canaleta y el Mas de les Eres, nosotros nos vamos hacia el sendero de la izquierda que comienza la subida que nos lleva a un nuevo collado rocoso. Aqui el camino se pierde y debemos seguir la direccion sur hacia un collado que está en la base de las paredes que rodean la Moleta. Hay que seguir ese camino en la base de la muralla hasta casi el final, donde resulta facil --con una trepada sin complicaciones-- subir hasta la cima de la Moleta.

En ella encontraréis un pilón de cemento y os extasiaréis ante un panorama amplio y despejado sobre el Valle del Ebro, el delta, y puntos como La Espina, Peñagalera. las Rocas de Benet o la Punta del Aigua.Desde la cima bajamos por la cfesta hacia el sur, hacia el Collado del Camp (950 m) donde hay que localizar las señales del Gr-7 (rojas y blancas) y bajar constantemente, haciendo lazadas hacia el Mas del Castillo, junto a las planos amurrados de los Rassos de la Tossa (es zona privada y hay que pasar por dos puertas metalicas de ganado).

Atención, pues en 15 minutos debemos dejar la pista y seguir por un sendero a la izquierda  hasta el coll del Ploron. Por esa zona está la Fuente del Teix y hay que desviarse del sendero para visitarla. Por fin llegamos al collado de Guasc, se baja por terreno pedregoso hasta el Mas de Macia (coll de L' Ametlleral) y desde allí, entre dos pistas, el sendero nos lleva nuevamente hasta San Roc. Sin seguir el desvio del Pla de la Hedra hay que contar con unas cuatro horas y haciéndolo nos vamos a las seis horas.

 

NO SE PIERDA

 

La bellísima población de Pauls, un bello caserio instalado en las faldas de una colina, integrado en un entorno rodeado por sierras y altas montañas y roquedales, por lo que existe una fuerte tradición de caminos con los que se atravesaban a pie o con caballerías los puertos que les comunicaban con Horta, Alfara o Prat del Compte. A Pauls se llega desde Tortosa y Jesús, hacia Xerta. En esta población es donde nace la carretera que va a Pauls. Se puede venor desde Aragón, por la nacional que va de Horta de San Juan a Prat del Compte y desde allí hacia Tortosa, desviándonos como queda dicho en Xerta. De 1168 data la carta de donación realizada por Alfonso I del castillo de Pauls a Guerau de Riu y Pere de Santmartí y Ramón Queralt. En 1205 el señorío pasó a Drogo de Verdeyo y  familia Despuig en el siglo XIII. Esta población fue escenario sangriento de las guerras carlistas entre 1834 y 36, lo cual supuso incendios, matanzas y destrucción. Tampoco salió bien librada de la guerra incivil, ya que la linea del frente de la batalla del Ebro estaba muy cercana. Las casas están construidas sobre fiertes pendientes, por lo que muchos edificios tiene entrada por dos calles a altura diferente. Sobre la colina se encuentran las ruinas del castillo y la iglesia parroquial, gótica, dedicada a la Natividad de la Virgen. Por cierto, en fiestas patronales se baila la jota de Pauls, una tradición que se mantiene de forma practicamente oral. Es una variación de la jota aragonesa cuya musica  original se ha perdido, y cuyos pasos de baile y vestimenta son muy parecidos a los maños.

 

DOCUMENTACION

Aconsejo una visita a Octavi Serret en Valderrobres (y naturalmente en cualquier librería especializada en senderismo) para conseguir uno o varios de estos titulos: "A peu del Massis del Port", Vicent Pellicer (Cossetània edicions). "Lo Port, 52 rutes" de Joan J. Tiron, (Piolet), "Caminades prl massis del Port" de V.Pellicer (Cossetania) "Pel Matarranya en BTT", de Francesc Roig (Cossetania) y el magnifico "Itinerarios por los Puertos de Beceite" de Jordi Bustos (Prames).

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2 mayo 2012 3 02 /05 /mayo /2012 08:04

Hay tres grandes principios existenciales en la doctrina budista: la vejez, la enfermedad y la muerte. De alguna manera lógica, pero no única, la secuencia habitual de esos tres elementos básicos de la vida humana está marcada por la decantación desde la vejez hasta la muerte con la enfermedad como elemento hilativo casi indispensable, entrelazados por la causalidad. Sin embargo  todos sabemos que, en demasiadas ocasiones, el primer elemento no es necesario para el encadenamiento de los otros dos. Y así cualquier edad es proclive a desencadenar  la dramática cadena. Cuando esa edad es muy corta y acontece que la enfermedad se declara en los supuestamente dorados dias de la infancia hay como un rechazo radical e instintivo a lo que se califica, muy visceral e ingenuamente, de "injusticia" de la vida, como si la vida se rigiera por los parámetros éticos de los humanos.

Vivir de cerca una enfermedad grave de un niño de muy corta edad es una experiencia desgarradora. Es una prueba de resistencia psíquica --y física, por supuesto: nunca es tan claro el correlato entre la mente y el cuerpo como en estas dramáticas ocasiones, las somatizaciones son evidentes-- y un desafío al equilibrio de la familia a la que tal cosa acontece.

Lo primero que se resiente es la lógica y coherencia del discurso. Hablar a los desolados padres se convierte en un transitar lamentable entre lo obvio y lo inconsecuente. Desde el punto de vista médico la actitud está mejor definida y se han elaborado mucho los protocolos psicológicos de trato a los familiares, aunque ya de por sí, la claridad y el respeto a la persona, mas la contundencia factica de la enfermedad y su tratamiento, lo necesario desde un punto de vista médico, crean de por sí un discurso preciso y escasamente emocional. El problema surge cuando la comunicación es entre miembros de la familia o amigos. Aqui la mezcla entre las emociones y sentimientos y la falta de palabras que reflejen el estupor, rechazo y pesar que se siente al ver a un niño de corta edad, con el que la persona tiene vinculos de familia, asediado por una enfermedad grave, supera toda capacidad imaginativa de un discurso alentador, pero que evite los peligros y los excesos de sentimentalidad (lo que ayuda escasamente a los padres) y las obviedades de rigor que el mismo sujeto ya entiende como innecesarias. Hay quien opta por el silencio compungido y los gestos de empatía y de dolor. Hay quien, absurdamente, se rebela e indigna, buscando la culpabilidad de hados y dioses o, al contrario, buscando su apoyo "mágico" o complicidad (actitud que, si los padres no son creyentes, causa un rechazo fulminante). Hay quien musita una de las muchas generalidades  que los psicólogos proponen como forma de acompañar empáticamente a los que sufren. Lo cierto es que nada de eso sirve de mucho. El dolor de los padres es irreductible a ninguna fórmula de pesar. Tal vez un sentido abrazo y una mirada de amor incondicional y respeto sea la manera más aceptable de afrontarlo.

Al principio de mi ejercicio profesional como psicólogo unos amigos me pidieron que tratara de ayudar a unos padres que estaban pasando por el calvario de un cáncer infantil. Durante casi un mes fui practicamente cada día al Hospital de la Sagrada Familia a hablar con los padres. Creo que no les ayudé mucho. En realidad, ellos me ayudaron a mí. Me ayudaron a comprender la enormidad de su sufrimiento --que sólo se atenúa, paradojicamente, con la aceptación serena de lo que es--, la generosidad del amor hacia el niño, la vaciedad de los discursos presuntamente de consuelo, la fuerza de los gestos si nacen desde la sinceridad y la auténtica compasión, la necesidad y eficacia de un "estar ahí" en silencio, la obligación de respetar las prioridades que establece el niño con sus necesidades y su dolor, la exigencia de naturalidad ante lo que ocurre sin permitir que el sentimentalismo y las convenciones corrompan la claridad y sencillez de una situación que requiere pulso firme y contención emocional.

Yo recomendaría  a los estudiantes de psicología, no sólo a los que van a dedicarse a la clínica, a todos, que hicieran prácticas en un hospital del tipo de San Juan de Dios de Barcelona, bastante modélico en su género. Vivir el drama de los niños enfrentándose a enfermedades graves, es una experiencia humana y educativa de gran eficacia.  

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