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20 marzo 2012 2 20 /03 /marzo /2012 10:36

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Tres chicos en edad de instituto, Andrew (Dane DeHaan), Matt (Alex Rusell) y Steve (Michael B. Jordan) reciben de una forma casual los efectos de unas radiaciones de origen desconocido que les altera de forma dramática la vida que llevan  al dotarles de ciertos superpoderes. El problema es que sus mentes no han recibido los mismos efectos y siguen siendo tres jóvenes inmaduros (uno, con ciertos problemas de adaptación al medio) en edad de formación y con las dificultades, desequilibrios y descontroles que los excesos hormonales y vidas familiares poco ajustadas provocan en la mayoría de los jóvenes. Así que no se trata de una peli habitual de jóvenes extraordinarios, sino de tres jóvenes bastante normales o mejor corrientes, que reciben un regalo inesperado en forma de capacidad para volar, poderes de telequinesis y poder en variar las caracteristicas de la materia. Por tanto, lo que aqui se ofrece es un producto de magnifica factura con pocos y bien cuidados efectos especiales y un presupuesto bajísimo que por la gracia del argumentos, el realismo de los personajes y la imaginativa realización en su conjunto se convierten, inesperada y gozosamente, en un éxito internacional.

Josh Trank, el director novel que da el aldabonzao con esta pelicula, la ha convertido en un filme de culto que al estilo de "Monstruoso" de Matt Reeves, "Rec" y "La bruja de Blair" de Sánchez y Myrick, hacen de una propuesta modesta una realización de largo alcance y profundidad a despecho de la penuria de medios. La bondad del argumento estriba en el lógico encadenamiento de problemas y vicisitudes de la incierta normalidad de adolescentes, con humor, crueldad, inconsciencia, pequeñas tragedias y complejos más o menos larvados que eclosionan, en uno de ellos, con la patología de un "superdepredador" de Nietzche si les das los medios.

El uso de la handcam que el más joven y desequilibrado de los jóvenes usa como técnica de autodescubrimiento y el apoyo que ofrece su uso en el desarrollo visual del drama hasta la tragedia apocaliptica del final (qué bien utilizados los pocos medios de los que dispone el joven y brillante realizador)  llega en algún momento a hacerse cargante o pretenciosa, aunque todo el proceso de agravamiento de la situación mantiene una lógica progresiva y una coherencia firme que redunda en la brillantez del filme. Una metáfora magnífica de la necesidad de asumir la responsabilidad por nuestros actos, primer mandamiento de la madurez psicologica y social de nuestra especie.

Como en "Akira" de Katsuhiro Otorno, la desolada frustración vital y la conseguiente rabia descontrolada de los adolescentes se reflejan con perfeccion de caso clínico en "Cronicle" en la que la permanente lucha interior entre la persona y su sombra (términos junguianos que se explicitan en los diálogos de los protagonistas) es decir la rivalidad entre las pulsiones del bien y la del mal, logran en las muy ajustadas intrepretaciones de los tres chicos una tensión dramática de primer orden.

Un solo "pero": u na vez presentado el tema y justificado el uso de la cámara portátil como elemento psicologico de uno de los personajes, quizá se debería haber prescindido casi totalmente de ese elemento que añade poco interés complementario al personaje de Matt (ya seduicido por el lado oscuro de su joven personalidad en formación) y resulta excesivo y obviamente limitador hacia el final de la narración. Los personajes no escapan de una cierta limitación, una vez definidas de entrada sus caracteristicas, y no acaban de presentar mayor complejidad que la de unos estereotipos cuyos diálogos no alcanzan en ningun momento una profundidad recordable. La ultima virtud consiste en sus solo 84 minutos de metraje quie impiden que captemos de forma mas evidente la insustanciabilidad de sus protagonistas y se les escape de las manos la lógica destructiva del argumento.

 

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19 marzo 2012 1 19 /03 /marzo /2012 08:54

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Producido por Jacinto Santos se puso hace tiempo a la venta un dvd que recoge dos documentos inestimables: el "Don Quijote" inconcluso de Orson Welles y la pelicula de Ruiz Barrachina sobre las andanzas del director y actor norteamricano por la España de los 50, rodando secuencias personales que luego serán montadas y comparadas con las obras y las vivencias de Goya. El denominador común: el amor de Welles por España.   Y ese amor cristaliza en una muy particular visión que tiene Orson de lo español y de los españoles, ligeramente exótioco-fol.clórica y un pelín afectada de cierto complejo de superioridad que Welles imprimió a toda su obra y también a su vida. Nuestro país es sometido al escrutinio de unos atemporales, ingenuos y absurdos don Quijote y Sancho que viajan por la España de los sesenta con la tolerancia oficial ( a condicion de que Welles no hiciera declaraciones u opinara de asuntos políticos y sociales), por lo que la temática del filme incide en los sanfermines, las fiestas de moros y cristianos, la Semana Santa y otros eventos con escaso o nulo mensaje socio-político.

Welles filmaba cuando tenía dinero y eso era en contadas ocasiones dado su tren de vida y las dificultades que entrañaba ganarse la vida con el cine en una época en la que la industria norteamericana huía de Orson como de la peste por su bien ganada fama de incómodo e inteligente bufón. La película fue filmada por Welles a lo largo de catorce años y murió sin haber podido terminar su montaje. El original director español Jess Franco, amigo de Welles desde el rodaje de “Campanadas a Medianoche”, ha sido la "mano de Dios" en la recuperación y montaje de este filme inacabado ya que buscó los rollos de película que estaban diseminados por medio mundo para lograr rendir este controvertido homenaje fílmico a su buen amigo.

La película fue presentada en 1992 y tenía 116 minutos de duración, mantenía un ritmo irregular y habia secuencias reiterativas y con escasa relevancia, las exageraciones del guión y el argumento mostraban más un documento filmico de una España ya desaparecida que una gran labor de dirección de actores y de ambiente. Evidentemente los admiradores de Welles se sienten fascinados por este trabajo de valor irregular y donde la genialidad de Orson apenas es discernible en unos contrapicados y enfoques de primeros planos. 

Se trata pues de un producto híbrido, una mezcolanza con más buena intención que originalidad que deja bien claro que se trata de una suma mas o menos coherente de filmaciones propias de Orson con secuencias tomadas del NODO y de la serie "Nella terra di Don Chisciotte" producida por Welles para la RAI y que le permitió rodar con el equipo italiano secuencias que luego aprovecharía para su propia película. Poca calidad técnica ddaas las vicisitudes y el desorden temporal y aplazamientos con los que Welles rodaba cuando podía. No es pues posible admirar esta película como un producto genuino del talento de Orson, sino un filme montado con escasa habilidad (seguramenbte motivado por la heterogénea procedencia del material) y que Orson rechazaría de plano si pudiera verla por un agujerito del cielo, aunque agradeciera al bueno de Jess Franco su buena intención y pobre resultado.

Las secuencia salvadas muestran de una forma incoherente y a saltos escenas no muy afortunadas, como la carga del caballero contra las ovejas y los molinos de viesnto, una encantadora Morgana montada en una vespa, asalto a los penitentes en una procesion de semana santa (montada con escenas de procesiones, claramente del Nodo), la estancia del Caballero en Andalucía para ver como premian y condecoran a Orson Welles por su afición al vino de Jerez y el Caballero bañándose en una azotea rodeado por innumerables antenas de televisión, Sancho mirando a la luna con un catalejo y luego recorriendo Pamplona en busca de su amo para encontrarle prisionero (una secuencia larguisima y reiterativa que debía haber sido adelgazada y montada con mas brío: es una de las que hubiesen provocado la ira de Welles) .. mucho metraje para un caudal de imágenes que acaban cansando y quizá disminuyendo el valor del documento. 

A destacar las interpretaciones del genial Akim Tamniroff en el papel de Sancho y de Francisco Regueira como el Caballero de la Triste Figura. Solo recomendable para fanáticos de Welles y forofos de don Quijote.

 

  

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18 marzo 2012 7 18 /03 /marzo /2012 08:37

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Estreno por todo lo alto, tras los temores de que las --muy justas-- reivindicaciones de los trabajadores del Gran teatro del bel canto en la Rambla barcelonesa impidiera la celebración de las sesiones dedicadas a la emblemática obra de Puccini. He tardado unos días en dar reseña del evento al que acudí un poco preocupado tras haber vivido aquél Shakespeare manipulado del que les hablé la pasada semana y saber por propia y amarga experiencia que el Liceo de los últimos tiempos permite demasiadas veces que las versiones "geniales" de obras clásicas disloquen irremediablemente el sentido y la belleza de tales joyas. Y no entremos en recordar ejemplos muy conocidos..

Sin embargo esta vez en el Liceo hemos disfrutado de una versión de grandes voces que además goza de una puesta en escena magnífica dirigida por Giancarlo del Mónaco y que se ha colocado en uno de los primeros puestos del ranking de las óperas presentadas en el Liceo durante los tres últimos años.

Ya era hora, dije en un susurro, al escuchar la primera aria de Rodolfo en el primer acto y comprobar que la buhardilla de los artistas parecía una buhardilla, no un platillo volante, los cantantes vestían como les tocaba dada la época y no trajes plastificados con bombillitas de colores y el Café Momus y las calles de Paris parecían muy reales y no circulaban hombres desnudos y mujeres en paños menores, nadie orinaba en ningun rincón del escenario, las relaciones sexuales no estaban al alcance de todos los ojos y oidos y los guardias no llevaban cascos nazis y amenazaban con metralletas o misiles. De verdad, qué alivio.

Una de las óperas más conocidas de todo el repertorio clásico se nos ofrecía con imaginación, sentido artístico, decorados espectaculares pero apropiados, movimientos escénicos humanos y no desgajados del argumento y las voces de artistas tan competentes como Ramón Vargas (Rodolfo), Gabriel Bermudez (Schaunard) Fiorenza Cidolins ( Mimi), Carlo Colombara (Colline), la sorprendente Ainoa Arteta (Musetta) entre otros intérpretes bastante correctos en general. Además funámbulos que no desmerecían el conjunto, malabaristas nada estomacantes, marionetas con sentido y zancudos sin exceso, integrando una escena de las calles de Paris con verdadero gusto y sentido coral. Magnifico. La orquesta, correcta como siempre, bajo la dirección de Victor Pablo Pérez, con escenografía y vestuario de Michael Scott.

Concebida como una obra del "verismo" la versión italiana del 'naturalismo' francés (que popularizó el escritor Émile Zola) la Boheme juega con un realismo atemperado, evidentemente, por los sentimientos, el amor y la amistad. Nadie espere una critica social "actualizada", un guiño a los "indignados", o un televisor gigante mostrándonos a la policía antidisturbios sacudiendo a Rodolfo y sus amigos por ser unos pobres indeseables que sabe Dios de qué vivirán. El libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica nos habla de la fragilidad de la felicidad y el bienestar en un mundo de miseria: cuatro jóvenes artistas viven esperando, entre el frio que apenas calma los orginales del escritor o del dramaturgo encendidos en la estufa, el hambre y la miseria, ese golpe de fortuna que les permita comer cada día, llevar buena ropa y vivir en un sitio decente. Y, lujo de los lujos, ser conocidos por su obra y cumplir de esa forma los sueños que cualquier persona pide realizar en su vida, entre ellos el amor. Cosa que a los protagonistas, Mimí y Rodolfo, la pobreza y la desgracia no les permiten. Ni siquiera pueden demasiado tiempo  la fugaz felicidad de su pasión.

 Es así y así lo vimos, sin añadidos, sin disfrazar la cursilería de ese amor condenado, respetando la letra y la música con las que concibió su ópera el gran Puccini, basándose en las "Scenes de la vie de boheme" del escritor Henri Murger. Casi dos horas de música inspirada y arias de una belleza insultante, a las que los largos entreactos del Liceo añaden casi una hora más.

Resumiendo, me siento reconciliado con el Liceo.

 

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17 marzo 2012 6 17 /03 /marzo /2012 08:51

 

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 Reconozco que no me sentía muy atraído por Almudena Grandes. Su "Malena..." y el "Atlas de geografía humana" no acabaron de convencerme aun admitiendo su fuste de narradora de raza, su manera potente de transitar por la novela. Cuando apareció "Inés y la alegría" volví a leerla. Era la primera de una serie dedicada, al modo galdosiano, a unos "Episodios de una guerra interminable" (sería difícil encontrar a una novelista tan poco semejante a don Benito como Almudena) y me empezó a reconciliar con esta autora madrileña, cuya energía e indignación política, aún necesitaban un poco de encauzamiento.

Ahora, con "El lector de Julio Verne" que edita Tusquets, me confieso atraido por la fuerza narrativa, la convicción literaria y el oficio en el diseño de la estructura de la novela, el ritmo de lo narrado y la habilidad en pergeñar personajes, idear --o recopilar, como ella misma asegura-- motes y sobrenombres del pueblo llano,llenos de sarcasmo, humor y mala baba y, en fin, narrarnos con absoluta eficacia, unos hechos y unas acciones que dibujan con gran nitidez el horrible escenario humano lleno de crueldad, mezquindad, miedo y violencia que constituye la memoria aún viva de una España que sobrevivía a duras penas de una guerra fraticida para la que se nos han agotado los calificativos.

Nino, entrañable protagonista de la novela, es un niño de nueve o diez años, hijo de un guardia civil, que vive con su familia --entre 1947 y 1949-- en un pueblecito de la provincia de Jaén, en cuya sierra aún se refugian y hostigan a los guardias, un grupo de maquis capitaneado por un líder mítico llamado "El Cencerro" o, como en "El Zorro", la memoria de él resucitada en nombre y métodos por cualquier otro guerrillero. La vida del niño en la casa-cuartel con sus padres y sus dos hermanas, las noches en ls que deben cantar entre ellos para no escuchar los ruidos de golpes y los gritos y lloros de los detenidos interrogados, el clima de miedo, de ajustes de cuentas, de aplicación de la "ley de fugas", el rechazo social de muchos vecinos, los pequeños dramas del niño --al que llaman el "Canijo" porque crece poco-- y sobre todo la descripción de la amistad del niño con un joven recién llegado al pueblo, "El Portugués", que vive solo en medio del monte en un viejo molino y el descubrimiento gracias a él de la lectura --las novelas de Julio Verne  son su iniciación intelectual y vital-- conforman una suerte de "bildungsroman" (novela de formación, aprendizaje y crecimiento) insertada en el paisaje feroz y sangriento de los rescoldos trágicos de una guerra incivil recién acabada. Por lo que hay que aceptar como mal menor ciertos maniqueísmos que la autora no reprime y algunos golpes de efecto algo excesivos en uno y otro bando.

La conexión de la vida interior del niño, con sus lecturas de Verne y más tarde, aún más importante con Stevenson, "La isla del tesoro", es uno de los aciertos de Almudena Grandes. La traslación de lo leído y asimilado con la azarosa circunstancia política y vital que le rodea, llega a embrujar al lector con la misma fuerza que el niño revive los episodios de Jim Hawkins y "La Hispaniola" y su relación con Long John Silver, el pirata de pata de palo y loro en el hombro, haciendo que piratas y fascistas, amigos admirables y los guerrilleros de "El Cencerro", amigos nada admirables pero obligados a seguir las circunstancias, su padre y sus compañeros, la reducida comunidad mal vista que se encierra en la casa-cuartel, todos van entrando en un escenario en el que Nino madura a la fuerza representando un papel heroico a tenor con su edad.

Magnifica novela, pues, sobre nuestra postguerra vergonzante que se aleja del discurso habitual de este tipo de novelas, un género con caracteristicas propias bastante reiterativas, por el recurso excelente de hacerla una novela de aprendizaje infantil, al estilo de las que el maestro Delibes dedicó a esta temática, aunque con un aire distinto.

Nino y "El Portugués" --una figura batante previsible pero que conserva su encanto-- conforman unas figuras y una relación muy logradas literaria y psicológicamente que, por sí solas, colocan "El lector de Julio Verne" en un nivel bastante alto de calidad. Y me atrapa con más fuerza  por una caracteristica paradójica: su ternura.  Hay una gran contención, un hálito poético simple y llano, una humanidad sin sombras en la  trayectoria de la novela, pese a transitar por unos hechos de una crueldad y una dureza espeluznante. Ese es para mi el gran logro de esta novelista. Trascender aquella horrible pesadilla con la enorme esperanza que supone la bondadosa ingenuidad de Nono y la sabia y paciente honestidad de "El Portugués" como mentor, ambos inmersos en una tragedia llena de traiciones, violencia y humillaciones. La Grandes domina la tentación de idealizar a las ideologías de la resistencia (aqui se habla del partido comunista) y se limita a darnos cuenta de la presencia e ideales de aquellos pocos guerrilleros rurales, "un grave error estratégico" para el PCE, y de las convicciones que les animaban, sin más, como fondo de lo que de verdad importa en la novela: la formación de una mente joven desde el horror hasta la rebeldía dentro del equilibrio y la inteligencia.

En una nota final, Almudena Grandes revela al lector las claves reales de lo narrado y uno disfruta tanto de esas aclaraciones como de la novela . Todo redunda en la sensación placentera que deja una narración con un fondo tan duro y desdichado.

 

 

 

   
 

FICHA DEL LIBRO

Título: El lector de Julio Verne | Autor: Almudena Grandes  | Editorial:Tusquets| Precio: 20 € | Páginas: 424 |

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16 marzo 2012 5 16 /03 /marzo /2012 08:51

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En un pueblo remoto de cualquier país de Oriente Medio los habitantes del lugar conducen a hombros un ataúd con un joven musulmán muerto a causa de un enfrentamiento mimético entre las comunidades cristiana y musulmana que siempre habian vivido en paz y concordia. Cuando llegan al camposanto común, hay dos recintos, uno con cruces y el otro con la estrella musulmana o la media luna. Los que llevan el ataud, con todo el pueblo detrás, se dan la vuelta trabajosamente y preguntan a la comunidad "¿Y ahora dónde vamos?". ¿Dónde se debe enterrar a este muerto? Es una escena con deseos de comicidad que cuando el espectador la ve, al final de una película sin coherencias, produce de todo menos risas.

 Tras la  sangre y los enfrentamientos, enardecidos todos los hombres del pueblo por las noticias de conflictos religiosos en otras partes del país, la comunidad gracias al apoyo del cura y del imán y sobre todo a la acción de todas las mujeres del lugar, ha logrado a la paz, han enterrado las armas y honran a su muerto conjuntamente. Se trata de la nueva película de la realizadora libanesa Nadie Labaki y es, nuevamente, la propuesta humanista, bienintencionada y dificilmente real que ya apuntaba, con mejores maneras, "La fuente de las mujeres" de Radu Mihaileneau.

En esta no se sigue la vertiente de humor y drama de "La fuente..." (que ya comentamos en este espacio) y las leves pinceladas cómico-costumbristas no ocultan la tragedia y violencia implícitas en el argumento. Pero las dos películas tienen una intencionalidad común, acudir al costumbrismo y la buena fe para tratar de superar un antagonismo que la realidad nos muestra cada vez de forma más dolorosa, sin entrar en el fondo de la cuestión y evitando un mensaje de profundidad y análisis serio que cambiaría totalmente el sesgo de la película.

Nadie Labaki no acaba de encontrar el tono adecuado para su propuesta, coquetea --de forma más bien desastrosa -- con ciertos aspectos de musical extemporáneo: la secuencia inical con las enlutadas mujeres yendo a cuidar el camposanto en un remedo de paso coral de danza-- con una mezcla de drama y comedia costumbrista, sin llegar a la amabilidad y belleza técnica de Radu (que ya en su magnífica "El concierto" nos trataba de convencer de un mensaje positivo y humanista que se da de bruces con la realidad) pero tratando igualmente de trasmitir un mensaje de concordia y amor entre comunidades o entre géneros enfrentados por la falta de cultura, de medios y de un exceso de tradiciones de contenido frustrante y represor (el primero, con la situación femenina en el norte de Africa y el segundo con la fraternidad entre religiones en Libano --y menos mal que se trata de cristianos y no de judíos--). 

Película coral, como la primera, en la que la directora también toma el papel de una de las mujeres del pueblo, en la que la mezcla de comedia costumbrista con el drama y la tragedia violenta no está bien resuelto y produce una cierta incomodidad en el espectador, que no sabe a qué carta quedarse. Y ello pese a unas interpretaciones, en general muy auténticas por su poca complejidad y su espontaneidad de la gente del pueblo. En los actores, por el contrario, se da un resabio de exceso interpretativo. Tampoco el guión permite una cierta coherencia narrativa y se suceden algunas secuencias donde la irrealidad de la propuesta no acaba de convencer al espectador (como la que acarrea la sustitución de agua bendita por sangre en la iglesia, perpretada por los niños musulmanes).

Tampoco la abundancia de subtramas con poca relevancia en el argumento --caso de las chicas ucranianas, por ejemplo-- permite que el espectador se sienta cómodo con una película que parece no respetar ninguna regla de coherencia y que está mal hilvanada entre secuencias desbordadas o innecesarias y en el mejor de los casos reiterativas. Demasiado mensaje inoportuno y dogmático en un desarrollo que no refleja con autenticidad el problema, no lo olvidemos, desgraciadamente muy real.

 

 

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15 marzo 2012 4 15 /03 /marzo /2012 08:42

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Película para los amantes del comic, las películas de la saga espacial y las aventuras basadas en libros juveniles. En este caso se trata de una ambiciosa y carísima versión, con superabundancia de efectos especiales, de una de las obras de Edgar Rice Burroughs "Una princesa de Marte". El creador de "Tarzán de los monos" también escribió novelas de ciencia ficción y entre ellas la que ha llevado a la pantalla  Andrew Stanton (el maravilloso director de esa joya del cine animado que fue "Walle-e"). En "John Carter" la ambición y el presupuesto son indirectamente proporcionales a la eficacia narrativa y el valor intrínseco cinematográfico de la película. El actor canadiense Taylor Kitsch (en general bastante soso, entre musculitos y Bruce Willis,) da vida al héroe de Burroughs (escritor que, por cierto, también está representado en la película (Daryl Sabara) , en un quiebro narrativo que no añade nada a la cinta).

 Desgraciadamente la película anda sobrada de todo excepto de la irreverencia y sentido del humor gamberro del original, cosa que le hubiera hecho mucha falta para salvarnos de cierto aburrimiento sólo paliado con algunos aislados aciertos, como el grotesco perro con figura de foca, los saltos kilométricos del héroe o la comicidad involuntaria de algunos personajes, incluidos los "cuatrobrazos colmilludos" a medio camino entre los larguiduchos de "La guerra de las galaxias, Episodio I" de George Lukas y los estilizados gigantes de "Avatar". La princesa, Lynn Collins, es hermosa pero su atractivo erótico en su relación con el héroe parece de lo peor que ha facturado la pacata Disney, mientras que las secuencias de acción y violencia están cercanas al bostezo y se resuelven son inesperadas rapideces o se vuelven pesadas y reiterativas.

Parece que el director ha olvidado aquello que nos mostró abundantemente en "Walle-e", ritmo, emoción, encanto, sentido de la ternura y la belleza...aquí todo es bastante plano, aunque se nos presente en 3D, y solo se salvan los paisajes marcianos y las secuencias iniciales del Oeste, el saloon y los calabozos del Séptimo de Caballería. Todo lo demás es insensato, repetitivo y, lo peor de todo, un poco aburrido. En el contexto actual del cine, con obras maestras en el género de aventuras espaciales,y de las otras, esta película no rebasa el listón de obra menor. Y no tendría importancia si no fuera porque ha tenido un prespuesto de obra mayor, muy mayor, y unas pretensiones de obra maestra inaugural. Y eso, ni lo roza.

 

 

 

 

 

 

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14 marzo 2012 3 14 /03 /marzo /2012 10:10

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La colaboración del Gobierno de Vichy del mariscal Petain con los nazis invasores de Francia, sobre todo en el genocidio judío, fue una asignatura pendiente de reconocimiento por parte de los sucesivos gobiernos de la República francesa desde De Gaulle y Pompidou hasta Giscard y Mitterrand (quien solo llegó al detalle  de depositar una corona de flores en el monumento a las víctimas de la redada del Velódromo de Invierno (Vel'd'hiv):13.000 judíos hacinados durante cinco dias sin agua ni alimentos) pero sin dar el paso de reconocimiento de culpa que llegó al fin en 1995  estando Chirac en la Presidencia.

La célebre redada en la noche del 16 de julio de 1942 hacinó en las instalaciones deportivas a miles de judíos en unas condiciones que no tenian nada que envidiar a las nazis, y ante la indiferencia o la complacencia de la mayoría de los parisinos, salvo unos pocos que se escandalizaron y trataron de ayudar a los desvalidos judíos.

La película, dirigida por Rose Bosch, se une  a todas las que tratan de glorificar la resistencia francesa al nazismo, no en el tono reivindicatorio y glorificador de tantas otras que buscan dar carta de naturaleza a un comportamiento global que distó mucho de ser de rechazo y menos aún de resistencia. En este caso la directora trata de que se vean ciertas actitudes anti judías en la población (aunque la más llamativa, la carnicera del barrio y su marido que insultan a los judíos detenidos, tienen ambos aspecto germánico por todos lados), aunque también apunta acciones heroicas de algunos, pero no llega a los parámetros de la calidad de "La batalla del rail" de René Clement, "Mister Klein" de Losey o "Lucien Lacombe" de Malle.

Pero donde la visión de la Bosch aporta una fuerza y claridad apabullante es el vergonzoso comportamiento de la policía francesa y de los políticos de Vichy, empezando por el mariscal Petain, (que comparte con la figura de Hitler en la película un mediocre aspecto de guiñol).

"La rafle" (La redada) me recuerda a "Monsieur Batignole" de Gérard Jugnot (el protsgonista de "Los niños del coro"),  por su valentía a la hora de dejar claro que entre la mayoría de los franceses las cuestiones éticas relacionadas con la presencia nazi fueron bastante tibias y hay suficientes razones para ser criticados y condenados. Pero si en la primera la tragedia toma un camino imposible de suavizar (con secuencias que parecen seguir la estela horrible de "El Pianista" de Polanski), la segunda se inclina por el humor y la heroicidad amable y nada escandalosa, desde la mirada de un colaboracionista que deja de serlo por proteger a un niño judío. Aquí de una forma batante irreal, tal como en "La vida es bella" lo cómico parece dominar incluso la lógica espantosa del horror nazi, lo cual la convierte en un producto previsible y manipulado por un mensaje positivo forzado.

En "La redada" también hay niños --por cierto el chico protagonista, Hugo Leverdez, no acaba de encontrar el gesto adecuado en muchos momentos de la trama-- pero son los actores adultos, Jean Reno, como el médico judio del Velódromo, Melanie Laurent, la enfermera no judía que se compromete en la defensa de sus pacientes y Gad Elmahe, el padre de familia que aporta una enorme dignidad a su papel.

Secuencias como la llegada de los bomberos al Velódromo o la salida de los vagones de ganado atestados de familias judias hacia Auschtwitz, hablan a las claras de la pericia de Rose Bosch y su implicación en una película más valiente que efectiva, aunque digna de ser vista y reflexionada..  

   

     

 

 

 

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13 marzo 2012 2 13 /03 /marzo /2012 07:52

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Cogiendo la cita shakesperiana que marcó el derribo de la figura y el asesinato de la persona de César (un ciego premonitorio advierte al triunfal César, "Acuérdate de los idus de marzo", apuntándole la fecha en que será asesinado), un excelente George Clooney rescata al actor de "Drive", Ryan Gosling, con su estólido y magnífico rostro para sumergirnos en otra visión honesta y crítica de la política norteamericana. Muy en la admirable tradición  del cine de ese país de poner en solfa la política y a los políticos de la república sin pararse en barras, del presidente hacia abajo.

En esta ocasión Clooney, tan buen actor como siempre incluso cuando dirige él mismo, se pone en la piel del gobernador Morris, candidato en las primarias del Partido Demócrata para la carrera presidencial (se dice que Clooney congeló la realización de esta película tras la victoria de Obama y, ahora, tras el desencanto, la ha llevado a la pantalla).

Como suele hacer este  tipo, bastante apreciable en lo que hace, Clooney no es el protagonista de su película. Cede el listón a Gosling, como joven e idealista jefe de su campaña, para que este actorazo de rostro imperturbable y super expresivo en lo mínimo del gesto, se luzca en un proceso que le lleva del entusiasmo al desencanto, de una cierta ingenuidad inteligente al compromiso interesado. Es pues una historia de pérdida de inocencia política, con un añadido en forma de historia de amor que parece calcada de los líos del presidente Clinton con una becaria.

Para disfrute del espectador la película, además de un guión hábil e inteligente (para personas adultas), nos ofrece una lección de cómo los  principios políticos unidos a egoísmos, mentiras y traiciones, acaban forjando un estilo político detestable que traiciona aquellos principios esenciales que definen la democracia. Y si a ese corpus conceptual bien trabado se le añade el trabajo de actores de la talla citada arropados, por ejemplo, por  Paul Giamatti, uno de los mejores robaescenas que tiene ese cine (que interpreta al dudoso jefe de campaña del rival de Morris, que trata de "atraer" a Gosling a su equipo para provecho propio) o la calidez y desconcierto de Evan Rachel Woods haciendo el ingrato papel de la becaria entre el gran jefe y el delfín joven y crecientemente poderoso o a los eficaces Philipp Seymour Hoffman, Marisa Tomei (una periodista en busca del scoop caiga quien caiga) o Max Minguella.

Pero como debe ser en un trhiller politico que se precie, hay un secreto y hay que tomar decisiones en torno a ese secreto y esas decisiones y tomas de partido suelen implicar mentiras y traiciones a los demás y a uno mismo. Y ese es el dilema al que Clooney nos enfrenta a través de Ryan Gosling imprimiendo una fuerza destructiva moral al personaje, dotándolo de una enorme complejidad ética y humana.

Aparentemente no tan incisiva como "Buenas noches y buena suerte", en "Los idus de marzo" Clooney adapta la obra teatral "Farraguth North" de Beau Willimon, un escirtor que dejó de trabajar en la campaña electoral de Howard Dean e inmediatamente escribió la obra que constituyó un rotundo éxito. En ella se ponen al descubierto las triquiñuelas del mundo político, el quebrantamiento de la ley, el uso y abuso de privilegios, las manipulaciones del proceso democrático...todo fácil de entender, fácil de comprobar, fácil de identificar. No es de extrañar, pues, que la Academia de los Oscar volviera pudorosamente la vista hacia otro lado al valorar esta película para los preciados y poco justos premios. Saben que el efecto corrosivo del mensaje de la película de Clooney comienza cuando se encienden las luces de la sala.

La figura del candidato  de "Los idus..." esta alejado del que interpretó Robert Redford en los 80 (que reflejaba la ingenua honestidad y nobleza de alguien  que creía en la política) sino más cercano al político de "El escritor" de Polanski o al Nixon de "Todos los hombres del presidente"

Morris, el candidato Clooney, es un hombre que sigue los parámetros de popularidad, sencillez y claridad honesta, de un Obama, Clinton, Kennedy, incita más fe y entusiasmo que intereses oscuros y componendas, pero en él hay también una sombra, un lado oscuro. Y eso es lo que Clooney, director, nos muestra con apabullante y estremecedora claridad y provoca eso, miedo e impotencia ante el poder, omnipresente y casi omnicorrupto. Es decir un mensaje corrosivo porque muestra con lógica y con hechos algo que nos duele a todos: la politica ya no es una avctividad en servicio del pueblo, sino al servicio de intereses bastardos y la propia conveniencia y enriquecimiento. Y la pregunta es, ¿"es que alguna vez no fue así"?. Y desgraciadamente la respuesta podría ser, "Si, pero nunca tanto como ahora, ni tan extendido por todos los países". Y eso nos suena, ¿verdad? Cuando sale el "The end" en la pantalla, Clooney nos deja solos con una verdad detestable, con algo que pulveriza nuestra relacion con la politica. Y lo malo es que es real.

 

 

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12 marzo 2012 1 12 /03 /marzo /2012 10:57

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 Lo cierto es que Nicolas Cage no acaba de convencernos como motero salvaje lanzallamas y en esta nueva entrega de Mark Neveldine y Brian Taylor, la cosa se desmadra muchísimo y el rostro atormentadito y sobreactuado de Cage queda desdibujado en este comic pasado de vueltas, con una música ensordecedora y un montaje histérico. La nueva aventura del motorista en llamas sólo convencerá a los adictos a este comic excesivo y aunque es imposible dormirse en la sala con las "místicas" evoluciones del diablo que engañó a Cage cuando era un buen chico dado lo desmesurado de las batallas, las persecuciones, las cadenas y el nuevo malo, este de verdad, que pudre a los que toca, el espectador normal --si es que se dejó engañar por la aparente épica motera de la cinta-- no acabará de aceptar el producto que ha entrado a ver.

Otra cosa es respecto al espectador que ya busca este tipo de películas. Este tiene asegurado el disfrute de la psicod´lica marcha de este tandem de directores que vuelven a someternos al lucimiento habitual de desmadres argumentales (hedereros de toda una tradición de embrujos, endemoniados, niños inocentes escogidos por el diablo y demás parafernalia de monjes siniestros (impagable el cortísimo papel de Christopher Lambert como monje de rostro ilustrado). Los directores de las dos entregas de "Crank" (con el excelente aunque encasillado Jason Statham) aprovechan hasta el último céntimo dedicado a la película aunque no consiguen ni de lejos algo que merezca recordarse en la historia del cine. Pero, en fin, ha de haber de todo en los gustos de los cinéfilos.

No obstante me han encantado algunos detalles que muestran el humor gamberro que se gastan este t´ndem de directores (como muestra: cuando repasan las posible encarnacioens del Diablo, se nos presente a un sorniente Carte (el expresidente norteamericano de los cacahuetes). Mención aparte del elenco, dejando al margen al aotrmentadito e insustancial Cege, uno se lo pasa pipa con el sacerdote poco usual que conforma Idris Elba, el diablo encarnado por el siempre eficaz, la joven maciza de materinan improbable y hasta el putrefaciente Jhonny Whitworth que se lo debe haber  pasado de fábula rodando esta pesadilla en color rabioso.En fin, para aficionados a la épica comiquera. Los demás, abstenerse.

 

 

 

 

 

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11 marzo 2012 7 11 /03 /marzo /2012 08:47

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Película para amantes de los mitos, para forofos de la estrella prematuramente desaparecida, para nostálgicos de una época que no volverá a repetirse y para fanáticos de los misterios humano-históricos que no se han resuelto: ¿fue accidental la muerte de Marilyn? ¿cuál fue su autentica relación con los Kennedy y qué papel jugó en el trágico destino de los dos hermanos? ¿era tan inteligente como se dijo después o tan boba como se decía mientras existió? Para estos una advertencia: nada de lo dicho queda aclarado con el visionado de  "Mi semana con Marilyn"

Se trata de una cinta realizada ad major gloriam de la estrella y de su memoria. Recuerda bastante aquella comedia británica "Mi estrella preferida" en la que un joven auxiliar de una cadena de televisión debe lidiar durante unos días con una estrella de cine  --Peter O'Toole ni más ni menos-- envejecida, un héroe de otros tiempos, aguantando todas las locuras y caprichos de un Peter inolvidable, lleno de recursos y sabiduria interpretativa, siquiera interpretándose a sí mismo, como este actor solía hacer casi siempre (excepto en la celebérrima "Lawrence de Arabia").

Ya desde el principio se nos presenta la baza única de la película: la algo interesante "semejanza" entre la actriz Michele Williams y Marilyn MOnroe y los esfuerzos de aquélla por imitar todos los gestos, mohínes, carantoñas, movimientos,  dramas internos y externos, sensualidades varias de la icónica estrella. Lo cierto es que lo hace muy bien (no en vano aspiró al Oscar que al final se llevó la incombustible  Meryl Streep), pero en los mejores momentos de la imitación falta algo que todos los que hemos visto una y otra vez algunas de las interpretaciones de la Monroe detectamos de súbito: se trata de un elemento difícil de mensurar y mucho menos de describir. Es como una suerte de exhibicionismo sensual e inocente, como un gesto erótico de colegiala, inesperado y como involuntario, algo pícaro, que no parece destinado a seducirte, sino que aparece de forma espontánea y que, precisamente por eso, te seduce irremediablemente. Pues bien, señores, esto falta. A pesar de la radiante belleza de la Williams y su bien entrenada habilidad para tratar de ser Marilyn

La historia está basada en las memorias del escritor Colin Clark que en su juventud protagonizó una experiencia semejante cuando en Inglaterra se rodaba "El príncipe y la corista" (1957), con un Lawrence Olivier genial y pagado de sí mismo que competía con la estrella americana, la despreciaba y al tiempo la deseaba y trató de seducirla (infructuosamante). Kenneth Branagh compone un Olivier entre la comeddia de l'Arte y la bufonería del exceso, ante el que la Williams --ojo, no su representada, Marilyn-- juega un papel brillante de timideces y coquetería.

Todo transcurrre como una comedia de enredos (como una versión en color de "Vacaciones en Roma") y ni siquiera las evidencias dramáticas y aun traáicas de la vida cotidiana de la actriz, sus drogas, su inseguridad, sus matrimonios desgraciados --entre ellos con Arthur Miller, el de "La muerte de un viajante", quien jamás llegó a comprenderla y seguramente a satisfacerla-- su necesidad de afecto y su soledad, logran dar a la película la pátina de documento, incluso de homenaje, que se le quiere dar

Alguien da un consejo a Brannagh-Olivier sobre cómo relacionarse con la actriz, y le dice: "Acéptala como es y no tendrás problemas. Intenta cambiarla y te volverá loco". Pues eso es exactamente lo que ocurrió con la vida personal de la actriz y en plan paródico lo que ocurre con esta película: es imposible reflejarla tal como fue y por eso el resultado, aunque no nos vuelve locos, tampoco nos satisface.

Simon Curtis dirige con un ritmo poco logrado, con momentos lentos o acciones ralentizadas, aunque con un excelente equipo de producción. Eddye Redmayne logra dar verosimilitud a su atormentado y juvenil personaje (no debia costarle mucho mostrar su fascinación por la rubia y explosiva actriz), Branagh se muestra endiosado y cruel a partes iguales y entre las joyas de la corona brillan Judi Dench, cada día más segura de sí misma, Julia Ormond, Derek Jacobi (interpretándose una vez más a sí mismo) y Toby Jones que sigue comportándose como cuando "fue" Truman Capote o yo siempre le veo así.

Película menor sobre una actriz mayor y una persona desdichada.

 

 

 

 

 

 

 

 

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