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9 febrero 2012 4 09 /02 /febrero /2012 08:12

ninos-feroces-pack-exclusivo-casa-del-libro-8432715050162.jpgNuevo libro del escritor madrileño Lorenzo Silva, editada por Destino. Una novela en forma de muñeca rusa (nunca mejor empleada la metáfora dada la temática de la narración). Una "matriuska" que va desvelando, conforme avanza la lectura, los componentes clásicos de novela dentro de la novela, dentro de la novela (hasta tres puntos de vista narrativos diferentes) que nos habla una vez más de la creciente habilidad técnica de Silva, de su amplia documentación, de su compromiso con la historia y de su amor a los personajes más injustamente tratados por la sociedad y el destino, el drama de los seres más débiles sometidos a los horrores de las guerras con especial mención a las del espantoso siglo XX que muchos han sufrido de forma terrible con especial mención a las mujeres y sobre todo los niños y los muy jóvenes (de ahí el título; por cierto, qué portada más anodina y poco apropiada).

En otro nivel de análisis se trata de una "bindungsroman" es decir una "novela de formación", al estilo de "Los años de aprendizaje de Wilhem Meister" de Goethe o "El guardián en el centeno" de Salinger. Aquí Silva nos ofrece las vivencias y esfuerzos literarios de un aprendiz de escritor que participa en un taller de escritura y recibe la generosa e inestimable ayuda (escasamente probable) de su maestro para que escriba una novela. A tal fin no sólo le proporciona el tema y el protagonista, sino que, convertido en una especie de genio áulico sabio y protector, le pone en contacto con personajes secundarios, lugares donde se desarrolla la accción, libros, películas, documentales y entrevistas con personajes reales que le darán información complementaria y/o formativa.

Los lectores de Silva ya están acostumbrados a esta participación casi mágica (por lo providencial) de mentores y gentes generosas que ayudan a sus protagonistas y en "Los niños feroces" la estructura de novela formativa es singularmente rica en elementos de ayuda. No obstante la ligera artificiosidad de la técnica no desmerece el impacto global de la novela, bien escrita como era de esperar en este autor.

La vida del voluntario de la División Azul que movido por un drama familiar adopta sin más cierta ideología y se lanza a las lejanas y heladas trincheras de Rusia bajo la bandera de la cruz gamada y las órdenes nazis, narrada en primera persona  a finales de los 80, por el anciano protagonista al maestro literario, (un novelista que, curiosamente, teniendo todo el material a su antojo no hace ningún uso de él sino que lo pasa a su alumno) durante varias mañanas en unas citas en un parque madrileño y éste se lo cuenta al alumno añadiendo material variado relacionado directa o indirectamente con la guerra.

Con gran eficacia narrativa y un estilo directo, Silva nos lleva a los cuarteles nazis que preparan a los voluntarios españoles llegados bajo la égida de Franco y sus interesados manejos con el Tercer Reich, nos cuenta las vicesitudes del joven voluntario y un compañero maduro, un legionario adicto a la guerra y el peligro, que le servirá de guía y apoyo. Más tarde, obligado a regresar a España cuando la guerra comienza a torcerse para Hitler y Franco coquetea con el apoyo a los aliados, regresarán ambos a Alemania para vivir en primera persona las jornadas más duras: el cerco de Stalingrado, donde Silva se esmera en contarnos las páginas de horror que se escribieron en aquellos aciagos días.

La novela sigue este curso temático, aunque se alimenta también de recursos periodisticos como la entrevista con soldados españoles actuales en funciones de "apoyo" en países como Irak (donde se trasluce la sabida admiracion de Silva por los militares y la guardia civil españolas), recomendaciones de libros y películas al alcance de cualquiera que aportan visiones complementarias y, para redondear la oferta, las citas a escritores como Walter Benjamin (cuyo paso por Portbou es seguido en peregrinación literaria por el escritor y su pupilo), Semprún o Gunter Grass.

La novela se lee bien, con algunos momentos poco explicitados o reiterativos y con el exceso retórico de las últimas páginas donde parece que el autor justifica su novela (innecesariamente), abonándose a la descripción de los jóvenes indignados como corolario de su alegato contra las guerras y los jóvenes que van o se ven inmersos en ellas.

Al final, pues, Lorenzo Silva reincide sobre los "niños feroces", concepto que ya habia comentado y analizado en diversos momentos de la novela: "Tiendo a pensar que unos y otros, los hombres ambiciosos y los niños feroces son, en definitva, dos de los mas poderosos instrumentos del mal sobre la tierra y que ninguno de ellos merece alabanza ni protagoniza epopeya digna de ser celebrada". Y no le falta razón, aunque en el desarrollo de la narración, si parece admirar --y compadecer-- las acciones de niños enfrentados a la guerra, con armas de combate en las manos, ya sea en Irak contra los legionarios españoles o en las ruinas de Berlín contra los rusos.

La subtrama ideológica no está bien anudada a los personajes y sus comportamientos (ya sea Jorge Garcia Vallejo, el viejo divisionario o su compañero el legionario irredento Laureano Grau) y Silva resuelve de un carpetazo las contradicciones en su afán de que soimpaticemos a los dos camaradas.

Los personajes principales, el maestro literario, su joven aprendiz, el falangista y el legionario, raramente abandonan su categoría casi de arquetipos, aunque el bien hacer de Silva logra que nos sintamos atraidos por ellos. Novela apreciable, excelentemente documentada y llena de guiños para el lector avezado. Vale la pena perderse en sus páginas (y puestos a ello seguir las recomendaciones de libros,peliculas y webs que nos hace Silva, vía Lázaro, el profesor casi omnisciente).

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7 febrero 2012 2 07 /02 /febrero /2012 08:21

 

 

bunraku-cartel-1

Con un comienzo francamente prometedor, un diseño de comic y de recortables maravillosamente filmado y una categoría de narración y personajes con la elementalidad de los grandes cuadernos de dibujantes argumentales, "Bunraku" es una cinta innovadora, voluntariamente rompedora de estilos y con vocación tarantinesca o de manga a lo "Kill Bill", con detalles gore y factura épica.

Todo empieza cuando un vaquero sin pistola (Josh Hartnett) y un samurai sin katana (Gackt) llegan a una ciudad sometida a la dictadura de los matones del "asesino numero 1", un sanguinario psicópata, llamado el leñador porque mata a hachazos, que se mantiene generalmente al margen y deja al "asesino numero dos" su lugarteniente, al mando de un ejército de matones vestidos de rojo dominar la ciudad a base de palizas y asesinatos. Los dos guerreros recién llegados vienen en busca de Nicola, el jefe del hacha (una tétrica y efectiva composición del cada vez más interesante Ron Perlman) por motivos distintos, uno por venganza y el otro para reponer una jova de gran valor tradicional al clan y que está en manos del gran jefe.

 Dirige Guy Moshe que, con mucha propiedad, titula su película "Bunraku", el nombre del teatro tradicional japonés que combina marionetas, música y recitaciones, como trata de hacerse en la película. La propuesta es sumamente original y está muy bien resuelta visualmente. ¿Cuál es su defecto? La falta de ritrmo interno, los excesos de los planos personajes que no se desvian de la amoralidad del género manga, el aburrimiento de los diálogos que pretenden ser filosóficos y sólo son infantiles y vulgares y el exceso de metraje para una historia previsible que ya han contado otros de mejor manera.

Western, cine de samurais y artes marciales, estética de comics y movimiento de cámara de videojuegos, con unas interpretaciones que nos hacen sospechar que los actores lo han pasado de verdadera fábula y han debido reirse a cajas destempladas cuando la cámara no les enfoca. Kevin McKidd y Woody Harrelson, el asesino dos y el amigo maduro y sabio de los dos protagonistas, se lucen en sus tópicos y teatrales papeles, así como una sensual y dura Demi Moore o un breve y rapidamente liquidado Jordi Mollá, suman un elenco que se lo pasa pipa mientras el público no adicto a las especialidades apuntadas se aburre soberanamente. Eso sí, una vez pasado el estupor y la fascinación ante la ingeniosa puesta en imágenes utilizando recortables y marionetas, escenarios de colorines, planos y esquemáticos o el uso psicodélico del color en todas las escenas.

A pesar de sus defectos, "Bunraku"· me ha divertido, al menos la mitad del metraje.

 

 

 

 

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6 febrero 2012 1 06 /02 /febrero /2012 08:51

albert-nobbs-cartel1.jpgUna película irregular pero apreciable en líneas generales, no sólo por el trabajo de Glenn Close. La composición del travestido Albert Nobbs, parece haber sido diseñada para avalar la sexta candidatura a un oscar de interpretación de esta actriz (sería injusto que no lo recibiera, aunque no tanto por esta película cuanto por la ductilidad de la que ha hecho gala durante su carrera).

Glenn Close, protagonista, productora y guionista (la película se basa en una novela del irlandés George Moore) se ha metido en la piel del pobre Nobbs, una mujer disfrazada trabajando como criado varón en un hotel de cierta categoría en Dublin en la mitad del siglo XIX, en plena época victoriana. Aunque Close no hace el papel por primera vez ya que la actriz lo interpretó en los escenarios del Off-Broadway durantelos años 80. Por tanto la película, dirigida con cierta eficacia artesanal, fría pero correcta, por Rodrigo García, suena más a empeño personal de la actriz que a un intento de desvelar la inhumana dureza de una época y la vida miserable de una clase social y en particular la situación de las mujeres.

El rostro estólido de Close, como cincelado por un embalsamador, domina ampliamente la pantalla con la vida reprimida de sus expresivos ojos azules y los labios firmemente cerrados en una expresión permanentemente congelada, que en pocas ocasiones se permite la distensión de una sonrisa o fugaces momentos de felicidad. Hay en ese rostro la constatación de que Albert Nobbs jamás logrará cumplir sus modestos sueños de independencia y de afectos. Como contrapunto del tenso y envarado Albert, la actriz Janet Mc Teer, otra mujer trasvestida que asume con propiedad el rol masculino y ha formado una  familia con una mujer, muy femenina, logra robar cámara en la mayoría de las escenas que ruedan juntas (sería una justa candidata a actriz de reparto en la carrera de los Oscar de este año, si el mundo del cine fuera justo) y nos muestra un dominio del papel verdaderamente espectacular, ofreciéndonos una actuación dotada de una humanidad y fortaleza apabullantes.

La Close se queda a medio camino entre la extrañeza de la caracterización masculina de Julie Andrews en "Victor o Victoria" de Blake Edwards y la contenida frialdad, reserva y congelada educación de Anthony Hopkins en "Lo que queda del día" de James Ivory. Su amor insensato y absurdo por la cada vez más sólida Mia Wasikowska y el otro vertice del triángulo interpretado por Aaron Johnson en un papel casi de melodrama, forma la trama esencial de la película, en la que el resto de los criados del hotel, la ridícula dueña y los clientes, hacen una propuesta coral que da una idea de la dureza de las diferencias sociales y el ambiente irlandés de la época con una clase baja reducida a la humillación, el paro y el hambre.

Pero no logra la cinta mostrarnos el cerrado, oscuro y deprimente Dublin que tan magistralmente pinta Houston en "Los muertos", todo queda en pinceladas anecdóticas que apenas pesan en el conjunto de la película, rodada para lucimiento de la protagonista, aunque secuencias como la de los paseos de Nobbs por las barrios humildes donde encuentra un local para cumplir su sueño de abrir un estanco (para lo cual lleva toda su vida ahorrando avaramente penique a penique como un mister Scrooge que cada dia cuenta sus ganancias) y vivir en él con una mujer que haga el rol propio de su sexo, tienen fuerza de convicción. Pese a que el espectador nunca acaba de creer en ese sueño que, efectivamente,  desbaratará un lamentable  accidente.

Con una factura  técnica impecable, creo que la película se queda en las puertas de ser un realización magnífica, para terminar siendo un ejercicio de interpretación de Close (superada a mi entender por Janet Mc Teer) que deja una sensación de obra bien hecha pero sin ambición, con una superficialidad que evita la posibilidad de dar un aldabonazo en las conciencias contra un tipo de vida, históricamente real, que fue una maldición para muchísimas personas. Como dice otro de los  intérpretes secundarios, el doctor del hotel, un magnífico Brendan Gleeson, al final de la película, cuando clama contra un dios que permite el vaciado de tanta miseria en las vidas de muchas personas, la película deja en el espectador un poso de amargura que no evita el final esperanzador antre la travestida Janet y la joven Mia.

Close, que recibió el gran premio de Donostia por el conjunto de su carrera trata aquí de robar un poco de brillo a Meryl Streep, a cuya sombra ha tenido que vivir y ambas aportan dos caracterizaciones de Oscar, la primera con su Albert Nobbs y la segunda con su retrato de la Thatcher. Las dos están un pelín excesivas, pero ambas rivalizan en su entrega a su personaje. La cosa está difícil. Los personajes citados son pesos pesados desde un punto de vista dramático (Y la premier británica, histórico también), ambas han sido dirigidas a mayor gloria de ellas, sin demasiada personalidad en la dirección, pero en todo caso lo que queda son dos películas sumamente interesantes y el buen hacer de dos mujeres que hacen cine sobre mujeres muy especiales.

 

 

 

 

 

 

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5 febrero 2012 7 05 /02 /febrero /2012 09:52

burbero.jpg

Alternando con las representaciones de "Las nozes de Figaro" de Mozart en el Liceo, se han programado las de "Il burbero di buon cuore" del contemporáneo de Mozart, el maestro valenciano Vicente Martin i Soler (que, se dice, en aquellos tiempos era aún más popular que el gran maestro vienés). En la entrada de las Ramblas el, acostumbrado en los últimos días, recordatorio de que la crisis también ahoga al magnífico Gran Teatro, con los trabajadores repartiendo octavillas contra la gestión del Teatro y el ERE anunciado y lamentando la cancelación de varios espectáculos de esta temporada.

Hubo amistad y admiración entre los dos maestros (Mozart compuso dos arias para esta ópera de su amigo y citó una melodía de "Una cosa rara", otra de las óperas del valenciano, en su magistral "Don Giovanni") que vivieron y triunfaron en la misma Viena imperial de finales del siglo XVIII. El Liceo ya habia estrenado en años anteriores dos óperas de Martin i Soler, "L'arbore di Diana" y "Una cosa rara" y ahora recupera "Il burbero...", ópera bufa, estrenada en Viena en 1785 cinco meses antes de la mozartiana  "Le nozze di Figaro", basada en una pieza de Goldoni (el dramaturgo italiano de la clase burguesa) con libreto del gran Lorenzo di Ponte (cuyos servicios  compartía con Mozart).

En ella nos hablan de una familia presidida por un solterón de cierta edad, el señor Ferramondo, que tiene un caracter irascible cuyos excesos provocan hilaridad y confusión, pero que esconde un corazón generoso y compasivo. En torno a él dos sobrinos, la chica que ama a un muchacho de familia humilde y su hermano malgastador y casado con una mujer frívola y derrochadora. El elenco lo completan el ama de llaves de la casa --en realidad es una pensión veneciana con pretensiones y algo hortera-- el criado Castagna y un amigo del gruñón protagonista con el que juega a ajedrez y  participa sin querer en un malentendido que le enfrenta a la timida Angélica, la sobrina y a su irascible tío.  Dirige la gran orquesta del Liceo Jordi Savall que con esta actuación deseaba rendir homenaje a su esposa Montserrat Figueras recientemente fallecida.

A destacar la magnifica soprano Veronique Gens, como madama Lucilla, la malgastadora, quizá la mejor voz de esta representación, que logró con las dos arias que  compuso Mozart para esta obra un entusiasta bravo del público. Mucho mas que correcto el proceder musical y escénico del bajo aragonés Carlos Chauson, como el señor Ferramondo, David Alegret como Giocondo el marido derrochador y débil de Lucilla y Elena de la Merced en el papel de Angélica.

La dirección escénica estaba encomendada a Irina Brook, hija de un director ilustre, Peter Brook, que nos dio una versión moderna, un poco paradójica en ocasiones por la diferencia de costumbres entre un siglo y otro (en la época que nos muestra Irina no suele decidir el hermano de la heroína que debe encerrarse en un convento por tal de no pagar la dote).

Como declaró Jordi Savall, "si hubiese sido alemán, ahora Martín i Soler sería mucho más conocido. Se ha sido muy injusto con él". El aforo del Liceo estaba un poco depauperado a pesar de las entradas a bajo precio vendidas en los ultimos minutos antes de la representación. Y es una lástima porque la musica de Martín i Soler tiene una viveza, un colorido y una fuerza autenticamente magnificas.

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4 febrero 2012 6 04 /02 /febrero /2012 09:27

 

 dickensEl martes próximo, día 7 de febrero, de hace doscientos años, nació en Londres Charles Dickens, uno de los grandes de la literatura de todos los tiempos. Autor de catorce novelas (quince si contamos "El misterio de Edwin Drood", que no llegó a acabar), centenares de artículos, libros de viajes y de relatos, llegó a crear más de 2000 personajes, entre los cuales hay figuras que se han convertido en auténticos arquetipos literarios que ya forman parte de la memoria de generaciones de lectores. ¿Quién no ha oído hablar de Oliver Twist o de David Copperfield? ¿Quién no se siente lleno de humor con el señor Pickwick o conmovido con Mr. Scrooge y sus fantasmas navideños?

 

 

En honor de este segundo centenario, el mundo literarrio anglosajón se ha lucido no sólo reeditando muchos de los títulos del novelista sino enalteciendo las vinculaciones esenciales entre Dickens y su Londres victoriano, dos nuevas biografías (a añadir al centenar publicadas desde la muerte del escritor en 1872) y en España la edición de la monumental obra dedicada por Peter Ackroyd al emblemático autor, "Dickens, el observador solitario", que aunque ya tiene algunos años acaba de ser traducida por Edhasa (firmada por Gregorio Cantera) en una versión acortada (la inglesa en dos volúmenes tiene el doble de páginas).

Para sumarnos a este homenaje internacional a Dickens, esta semana les propongo no sólo la biografía magnífica de Ackroyd, también la edición que Mondadori hizo en 2004 en su colección Grandes clásicos de "Los papeles póstumos del Club Pickwick", la divertida y entrañable novela de humor con la que el escritor londinense logró hacerse un nombre literario y empezar a ganarse la vida con su pluma, aparcando en cierta forma su labor de periodista (1836). En España hay más de cuatrocientos títulos de las obras de Dickens editadas por diversas editoriales y en todas las lenguas de nuestro país.

En la biografía citada vamos acompañando a Dickens desde su nacimiento y desolada infancia hasta los enormes esfuerzos juveniles para ganarse la vida empleando un talento fuera de lo común y unas dotes de observación que sembrarían el germen de su obra. El hecho de tener que trabajar en los menesteres más duros (a los doce años entró a trabajar en una fábrica de betún a las orillas del Támesis en jornadas de diez horas por un salario de seis o siete chelines a la semana (unos 30 euros actuales) para ayudar a su familia, mientras el padre estaba encarcelado por deudas. ¿No vemos en esta historia la semilla de David Copperfield o de Oliver Twist? ¿No comprendemos la presencia de tantos personajes duros, inhumanos o la de sujetos dotados de una enorme humanidad, de una alegría inexplicable o de una bondad sorprendente? Todos esos personajes rezuman realidad por los cuatro costados, son clones de la humanidad que caminaba por la fangosas calles londinenses sumergidas en la niebla y se ganaban la vida en la precariedad de los oficios más humildes y las exigencias de la miseria y la extrema necesidad.

Ackroyd, que es novelista también, nos ofrece una biografía muy bien escrita en la que siguiendo su talante novelesco va entrecruzando la obra de Dickens con los avatares de su vida y nos lleva a caballo de una cita novelesca a la experiencia vital concreta que seguramente fue el germen vivencial del reflejo literario. Nos habla de sus notables y agotadores esfuerzos por ganar dinero a fin de mantener a su amplia familia (diez hijos y algunos de ellos se constituyeron en verdaderos problemas para el padre) y comprar tiempo parta escribir. Complementaba la publicación de sus novelas, primero en forma de serial periodístico o entregas y luego en libro, con conferencias públicas que, sobre todo en Estados Unidos (donde entonces no pagaban derechos de autor a los extranjeros), sanearon mucho su economía pero le fatigaron extraordinariamente.

Dickens murió, tras una gira de conferencias, agotado, a los 58 años, en junio de 1870. Dejaba varias de las joyas literarias que dignifican la literatura inglesa y constituyen parte del acervo cultural de occidente. Como escribió Carlos Marx refiriendose a la importancia social y política de las novelas de Dickens, "ha proclamado más verdades de calado social y político que todos los discursos de profesionales de la política, agitadores y moralistas juntos". De hecho muchos de los cambios sociolaborales a favor de los niños trabajadores y en contra de la explotación inhumana de la infancia o la violencia contra los huérfanos y abandonados, fueron indirectamente provocados por la popularidad de personajes como Oliver Twist, David Copperfield o Nicholas Nickleby.pickwick

En cuanto a "Los papeles póstumos del club Picwick", no se pierdan las ilustraciones realizadas por dos artistas de la época Robert Seymour y Phiz y reproducidas en la edición de Mondadori, de los personajes y escenas de los compañeros del señor Pickwick, un grupo pintoresco de "aventureros" en la Inglaterra de la primera mitad del siglo XIX. Fue la primera novela de Dickens y una de las más populares, editada por entregas por el diario Evening Chronicle a partir de 1836. La importancia de esta novela es tal que en la literatura anglosajona se la considera a la misma altura, sino superior al Tom Jones, Joseph Andrews o Tristam Sandhy y en la literatura universal, cercana al mismísmo Don Quijote. Pickwick es un personaje capital en el imaginario anglosajón y se le pone al nivel de, por ejemplo, el Fasltaff de Shakespeare. Lo cierto es que su lectura es un placer y nos deja en la memoria el encanto de unos personajes y unas situaciones que nos evocan siempre buen humor, una sonrisa permanente y a veces alguna que otra carcajada.

 

 

 

FICHAS

DICKENS, El observador solitario.-Peter Ackroyd.- EDHASA, nov.2011.-700 págs.

LOS PAPELES POSTUMOS DEL CLUB PICKWICK.-Charles Dickens. Clásicos Mondadori. 2004. 1031 págs.

 

 

 

 

 

 

 

 

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3 febrero 2012 5 03 /02 /febrero /2012 08:18

los-descendientes-cartel1-copia-1.jpg

Hay cinéfilos que lamentan que Alexander Payne haya tardado siete años en volver a las pantallas, tras la magnífica "Entre copas" y la no menos interesante "A propósito de Schmidt". Con "Los descendientes" se depura el hábil cruce habitual entre drama y comedia que suele caracterizar su filmografía.  En esta ocasión nos brinda una historia de fuerte dramatismo, la mujer del protagonista (George Clooney) está en coma tras un accidente ocurrido mientras practicaba esquí náutico. El es uno de los descendientes del ultimo rey de Hawai y con una pléyade de primos estudia la venta del último paraje virgen que queda en las islas. Clooney tiene dos hijas, una niña de diez años (Amara Miller) y una adolescente (Shailene Woodley) a las que apenas ha tratado debido a su trabajo y están malcriadas, quejosas e incómodas ante el padre sin experiencia y con culpa, que se tiene que hacer cargo de ellas. Pero hay otro elemento que es el desencadenante del drama: el descubrimiento de la infidelidad de su esposa.

Aqui empieza una historia ambivalente que te hace sonreir a menudo y que te lastima en ocasiones, conmoviéndote profundamente. Aquí se inicia un recital sorprendente, dúctil y lleno de registros del rostro de Clooney, tratando de asimilar y reaccionar ante la andanada que le viene encima por todos los frentes. Payne juega fuerte y con habilidad tanto en la dirección de actores secundarios (excelentes las dos niñas, sobre todo la adolescente Woodley) como en el ritmo cambiante casi de road movie de una trama que lleva a Clooney y su desestructurada familia a  la que se une otro joven amigo de la chica, a irse acercando unos a otros a través de largas caminatas, vuelos de avión, viajes en coche y conversaciones que pasan de la astracanada maleducada y malsonante a instantes de afecto conmovedor, dolor o reencuentro emocional. El director ha basado su guión en la novela de una joven hawaiana, Kaui Hart Hemmings, moldeándolo para ofrecernos su austero mensaje cuyo mayor logro está en llevarnos sin excesos a un doble final: la declaración de amor y perdón de Clooney a su mujer moribunda e insconsciente y la secuencia que cierra la película, con un mensaje que admite muchas lecturas: el padre y sus dos hijas sentados en un sofá comiendo helado mientras ven un documental en la televisión. ¿Cuál es lo moraleja del duro viaje emocional y psicológico de esa pequeña familia? ¿Es este un final feliz?¿Apostarse ante un televisor para ver documentales? ¿Eso es todo lo que han aprendido del drama que han vivido? ¿Qué ocurre después? Quizá Payne nos aconseja resignación.

Como apuntaba un comentarista, uno se queda con la sensación de que Payne nos devuelve la pelota del final de "El apartamento". La chica despechada--Shirley McLaine-- que juega a las cartas con un hombre que la ama (un enorme Jack Lemon: un actor que recuerda mucho a Clooney) mientras ella ama al otro  (Fred McMurray), al que ha abandonado. ¿Es muy valioso ese aceptar compartir su soledad y su melancolía con otro hombre, una buena persona, un antihéroe que ya se ha puesto a sus pies? En "Los descendientes" parece cumplirse aquello tan discutible de que "la familia que sufre unida, permanece unida". Pero lo cierto es que la película merece ser vista y posiblemente reciba alguna mención en los Oscar. Desde luego Clooney ya ha mostrado sus capacidades de llevarselo. Y la historia, muy bien contada, también lo merece: un abrir la caja de Pandora de la  familia y correr la aventura de conocer a los más cercanos, puestos todos a prueba por una tragedia personal de difícil gestión.

En cuanto a la localización, las paradisíacas islas hawaianas, como dice el personaje de Clooney, "se pueden ir a la mierda" ya que toda su belleza exhausta por las mansiones, los hoteles y campos de golf, los coches y los turistas, no garantizan ni un gramo de felicidad a la mayoría de sus habitantes, incluso los más favorecidos. Cuando a la vida le da por plantarse y volverse difícil, da igual donde estés. Pero si además te dicen que estás en un paraíso la cosa se vuelve tragicómica.

Pues bien, volviendo al principio, yo soy uno de los cinéfilos que piensan que Payne no debería prodigarse demasiado, sino dedicarse a perfilar obras como ésta, bastante redonda, en general, y muy por encima de los habitual en las carteleras. ¿Que tarda seis o siete años? Mejor. Más garantía tendremos de ver otra buena película. Terrence Malick  --"El árbol de la vida", "La delgada línea roja"--, ha dirigido sólo cinco películas en más de treinta años, nadie ha protestado por ello y sigue siendo uno de los grandes directores de la historia del cine.

Y es que Payne es un director con fuerza e inteligencia que parece más surgido de los 40 y 50 que de esta época crispada que nos toca vivir. Su visión es serena, lúcida y sumamente adulta, empeñada en no ahorrarnos la sutileza cruel que merece nuestra sociedad y nuestra forma de comportarnos. Su retrato de esa familia respetable y adinerada del "paraiso" de Hawai nos toca de cerca a los espectadores, por la simple coexistencia de época y cultura. La pesquisa en el aburrido hastío de las relaciones de pareja, las paterno-filiales, las de amistad, son aplicables a todos nosotros, vivamos donde vivamos. Gracias a la película el eco de esas oscuridades, de esos fantasmas y esas dudas los vemos reflejados en el entorno que habitamos.

Nunca hasta el momento ese magnifico actor que es Clooney ha transitado con tanta sabiduría desde el ridículo y la indignación  del engaño y su respuesta, hasta la amargura, la impotencia y el desgarrro del dolor por la pérdida y el desencuentro afectivo. No mse la pierdan.

 

 

 

 

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2 febrero 2012 4 02 /02 /febrero /2012 08:53

250px-Mozart_libretto_figaro_1786.jpgMozart en estado químicamente puro. Llenazo en el Liceo. Las imperecederas notas de las brillante música mozartiana, con una orquesta bastante inspirada dirigida por Christophe Rousset. Y representantes de los trabajadores del Gran Teatro apostados en las puertas para entregar con mucha amabilidad cuartillas impresas con sus reivindicaciones al respetable público. Parecía como si el espíritu prerevolucionario y satirico de Mozart se hubiese contagiado del escenario a la vida real, a las Ramblas, donde se levanta el remozado noble edificio del bel canto.

Seguramente bastantes nobles de viejo linaje se cruzaron, entre el público, anónimos, con los trabajadores reivindicantes, mientras en el gran escenario se cantaba sobre los abusos del conde de Almaviva, su presunta renuncia a los derechos feudales de pernada (ius primae nocis) sobre las jóvenes del pueblo, entre ellas su criada Susanna, esposa de Figaro, mayordomo de palacio.

Los trabajadores acusan a la dirección del teatro y a los medios de comunicación de una ceremonia permanente de la confusión en la que la mala gestión de una y los intereses de otros están dando a la opinión pública una imagen distorsionada de lo que está ocurriendo en el Gran teatro y de los efectos no deseables de la crisis económica en la trayectoria del Liceo, sobre todo en esta temporada con la anulación de montajes y el despido de trabajadores.

Volviendo a la célebre y hermosa ópera mozartiana, con libreto de Lorenzo da Ponte, basada en "La folle journée" o "Le mariage de Figaro" de Pierre de Beaumarchais, (que obtuvo con dificultades el permiso de representación del emperador Josep II de Austria siempre que se evitaran las proclamas revolucionarias francesas) es un ejemplo de sátira social picante en la que asistimos al desarrollo de los acontecimientos que tuvieron lugar en "El barbero de Sevilla". Ahora el Conde de Aguaviva ya se ha casado con Rosina, amor conseguido gracias a los oficios del barbero Figaro, que en el presente de la obra es mayordomo del castillo y va a casarse con la doncella Susana (asediada por el Conde).

Con la dirección de escena de Lluis Pascual y un tratamiento moderno de decorados y vestuario, los intérpretes de la divertida pero hábilmente crítica obra van deambulando entre los brillantes paneles de palacio que en los cuatro actos muestran, sucesivamente, la habitación que el Conde ha destinado a Figaro y Susana, las de la condesa y sus tristes arias de amor despechado, la sala donde se han de celebrar los esponsales y el jardín del castillo "de Aguas Frescas" donde , al estilo de las "Alegres comadres de Windsor", se embrollará todo en un ágil enredo de equívocos y personalidades fingidas, para  llegar al climax final donde el perdón del casquivano Conde a todos los que le han "ofendido", se hace  inevitable dado que él mismo ha sido sorprendido por su mujer en flagrante infidelidad. A pesar de la alegre algarabía general, se desprende del momento una sutil tristeza, no sólo por la constatación de la infidelidad del Conde y la fragilidad de los sentimientos amorosos, sino por una sensación general de que acaba una época y con ella un mundo ingenuo, todavía, al que sucederá seguramente --como ocurrió-- algo sino peor, muy distinto.

Borja Quiza perfila un Conde libidinoso y altanero, quizá un punto excesivo mientras que Maite Alberola nos ofrece una Condesa triste y nostálgica, pero muy digna en su dolor. Ainhoa Garmendía una Susana pizpireta y fuerte, frente a un Joan Martin Royo (Figaro) desenvuelto y pícaro. Maite Beaumont, como el paje Querubino, se llevó una de las grandes ovaciones del público, muy en su papel de enamoradizo jovenzuelo y el resto de personajes cumplieron con bastante eficacia.

A la salida, casi cuatro horas más tarde, los trabajadores seguían en las puertas y se afanaban por repartir sus octavillas de protesta. En las Ramblas, a pesar del frio y la hora, paseantes, turistas y curiosos llenaban el paseo central y las aceras laterales.

 

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1 febrero 2012 3 01 /02 /febrero /2012 08:21

 

happy-thank-you-cartel.jpg

Ópera prima al canto. Muy digna por cierto, aunque un poco demasiado ortodoxa. Josh Radnor es un actor de la pequeña pantalla donde da vida a un personaje clónico al que aqui interpreta en una serie que parece llamarse "Cómo conocí a a vuestra madre". La verdad es que este hombre-orquesta, dirige, intrerpreta, escribe el guión y ha logrado un producto descafeinado y encantador como su propio protagonista.

La cosa va de buenas intenciones a mogollón, discreto encanto de los jóvenes ejecutivos y artistas neoyorquinos y despiste emocional a raudales en las jóvenes parejas que nos muestran dos arquetipos, masculino y femenino, repetidos con escasas variaciones.

Las peripecias fluctuantes de un joven escritor, Josh, que encuentra a una encantador chiquillo negro (que además resulta ser un genio en agraz del dibujo) en el metro y lo prohija casi sin más, los amores repentinos del ardoroso joven, el encuentro de su amor principal, las dudas, los xdesencuentros y el encuentro final, son complementados con dos historias amorosas  más en paralelo, un joven que quiere mudarse a Los Anngeles y llevarse allí a su superneoyorquina novia y un empalagoso tipo que trata de enamorar a una joven de regular salud que suele enamorarse de los hombres equivocados constantemente, son la panoplia de historias neoyorquinas que nos presenta Radnor en su primera incursión en la gran pantalla, "happythankyoumoreplease", así todo seguido, que no es más que una frase de autoayuda que un personaje le dice a otro.

Los problemas que genera el amor y la amistad en un grupo de jóvenes habitantes de "la mejor ciudad del mundo" bajo la óptica liberadora pero irrreal del "todo er mundo e güeno" y los neoyorquinos entre los treinta y los cuarenta años, aunque con comportamientos y conclusiones vitales de los veinte. La cosa se queda en correcta, lo cual es bastante dado los presupuestos iniciales. Uno echa de menos un ritmo más adecuado, personajes mas consistentes y desarrollados y hacer sabido dosificar un poco el evidente afán arquetípico que  simplifica en exceso a los personajes.

Josh Radnor logra parecernos simpático, aunque un poco bobalicón, Kate Mara, la chica, cantante y camarera por nombre Mississippi, como en una comedia de los 40, y el niño Michael Algieri que logra que no nos irrite durante los 90 minutos que dura el asunto.

La película se llev´ço el premio del público en Sundance, lo cual es una clave de la amable falta de exigencia de ese festival con los primerizos, al menos con este. Y digo amabilidad porque creo que esa es la virtud esencial del filme: es una película amable, con personajes amables y con historias amables herederas del "happy end" tan caro a cierto cine estadounidense. La pena es que desde el mismísimo comienzo el espectador sabe cómo va acabar todo una vez que las dificultades en cada pareja hagan su conveniente catarsis crítica. Los personajes se ajustan a lo previsible y obedecen a patrones estereotipados (aunque, eso sí, encantadores) y en general la película no cansa a pesar de todo lo dicho, está filmada con corrección y resulta un tebeo sentimental para jóvenes optimistas que te deja un leve pero agradable sabor de boca. Luego ya no te acordarás más de ella, excepto por el título.

 

 

 

 

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29 enero 2012 7 29 /01 /enero /2012 08:17

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El cine británico se dedica ultimamente a revisar su historia más reciente, así el biopic de la reina Isabel II y el magnífico "El discurso del Rey" donde se centra en la anécdota personal, tartamudez mediante, de Jorge VI y pasa con cautela por la figura controvertida de su hermano abdicante y su esposa divorciada y los coqueteos --y más que eso, podría hablarse de alta traición-- con el Reich de Hitler.

Ahora se vuelve hacia la peculiar señora Thatcher, la dama de hierro, como con eslavo respeto la bautizaron los rusos, otra de las figuras del siglo XX que se ha ganado de sobras méritos y deméritos para figurar en la iconografía política de ese desventurado siglo.

Hacía falta una actriz muy especial para dar vida a doña Margaret y un ductil actor para encarnar a Denis, el sufrido marido de la férrea dama. Se trata de ofrecer una imagen bastante fidedigna de la compleja figura sin restar contenido a una visión humanizadora de una mujer cuya dureza, falta de sensibilidad social y agresividad restaban verosimilitud a sus posibles valores personales femeninos, maternales o como esposa. Meryl Streep, la camaleónica actriz, escritora de "Memorias de Africa" o madura madre de familia de "Los puentes de Madison", es el primer acierto de esta película. Dirige con habilidad pero irregularmente, Phyllida Lloyd, aunque es en las secuencias de la Thatcher anciana perdiendo el contacto con la realidad y anclada en el pasado, donde más y mejor brilla su dirección, mientras no consigue encontrar el ritmo y la sensibilidad fílmica en la faceta política y social (el uso y abuso de documentales lastra la película, que pierde ritmo y eficacia dramática). La directora nos muestra sin tapujos la faceta feminista combativa de Thatcher y parece aceptar como mal menor los conflictos familiares que provoca en su marido y sus hijos, sin llegar a convencernos el drama doméstico en el que se ve inmersa.

El divorcio entre sentimientos y pensamientos que, según el guionista Abi Morgan, es el meollo de la personalidad de la primera ministra, la subordinación de la vida afectiva a la racionalidad de las ideas, es la argamasa intelectual que sustenta la vida personal y pública de la Thatcher que, en su tramo final, recibe el espaldarazo de lo evidente en una secuencia onírica inventada por el guionista en la que Margaret "despide" la figura alucinatoria de su marido y pese a ello dice temer la soledad que conlleva y el difunto marido le "responde": "No ha cambiado nada. Tu siempre has estado sola y te ha ido perfectamente".

Así pues, la película decae cuando nos muestra el ascenso y poder de la dama y se llena de interés cuando nos muestra los momentos intimos y domésticos de la exigente política y la decadencia irremisible de su viva inteligencia. Y eso es posible porque la señora Streep, Meryl, hace un verdadero recital interpretativo, ayudada por una caracterización magnífica y ese citado espíritu camaleónico que nos hace creíble --y atractivo-- hasta a un personaje público tan antipático y duro como Margaret Thatcher.

Mención especial al actor que encarna a Denis Thatcher, Jim Broadbent, que logra competir en acierto con la mismisima Meryl, dándole una réplica ajustada y encantadora, llenando de credibilidad y simpatía un papel tan poco agraciado.

Película interesante para nostálgicos de la segunda mitad del siglo XX y admiradores de la señora Thatcher.

 

 

 

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28 enero 2012 6 28 /01 /enero /2012 08:29

portada-leer-mente_med-copia-1.jpgDamos por hecho que sabemos qué es leer y cómo lo hacemos. La lectura consiste en ejercer activamente una técnica fisica y mental obtenida por la educación y descifrar los grafismos de las letras, unir éstas en palabras y distinguir y entender las frases y, lo que es aún más difícil, comprender el mensaje que se nos comunica a través del texto.

Bueno, pues intuyendo que se trata de un proceso muy complejo, la verdad es aún más complicada e interesante. Para ayudarme a investigar esta cuestión, he leido para ustedes --y puedo recomendar su lectura a todos lo que se sientan atraidos por el tema-- dos libros: "Leer la mente. El cerebro y el arte de la ficción" del novelista mexicano Jorge Volpi (autor de la magnífica "En busca de Klingsor") editado por Alfaguara y  "Los ojos de la mente" del  neurólogo y escritor Oliver Sacks, autor de libros tan sorprendentes como "Migraña" o "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero" o la autobiográfica "Despertares" (de la que se hizo una película célebre protagonizada por Robert de Niro y Robin Williams, en los 90), publicadas todas por Anagrama.

Aunque supongo que mi admirado maestro de la crítica, Víctor Moreno, despotricaría sobre los argumentos de Volpi sobre la necesidad "ontológica" de la lectura (llega a sostener el mexicano que las novelas y los cuentos han sido elementos esenciales para la evolución de la especie humana) para mí el recorrido de Volpi sobre el papel que las célebres "neuronas espejo" (las que reproducen en nuestra mente cualquier acto ajeno como si fuera propio, lo que ha permitido al ser humano evolucionar y prever actos futuros) tienen en la formación de la conciencia y la gestión de las emociones, y la influencia relevante que la lectura tiene en el proceso de cultivo de la inteligencia, me ha parecido altamente sugestivo. Sostiene Volpi que "el arte, y en especial el arte de la ficción, nos ayuda a adivinar los  comportamientos de los otros y a conocernos a nosotros mismos".  Para él y apoyándose en recientes descubrimientos neurológicos "los mecanismos cerebrales con los que nos acercamos a la realidad son básicamente idénticos a los que empleamos a la hora de crear o apreciar una ficción", pues "reconocer el mundo o inventarlo son mecanismos paralelos".  Por un fenómeno de empatía y gracias a las neuronas-espejo  localizadas en las  areas motoras del cerebro, las ficciones que leemos ensanchan nuestra idea de nosotros mismos y nos hacen comprender mejor a los demás. Por eso, dice Volpi, "leer es tan fecundo y tan cansado como vivir". Aunque nuestra mente es capaz también de producir ideas que paralizan la empatía: el racismo, la xenofobia, el nacionalismo, "todas esas perversas exaltaciones de las pequeñas diferencias". Y añade, "leer cuentos y novelas no nos hace por fuerza mejores personas... pero los que no leen tienen menos posibilidades de comprender el mundo o  a sí mismos".

El recorrido de Volpi nos lleva desde el hombre primitivo y el famoso "gen egoísta", pasando por Descartes y Spinoza, hasta el contenido de la conciencia, el yo como ficción autoreferencial de la mente, el "flujo de la conciencia (reflejado en las obras de Joyce, Virginia Woolf o Freud) o la función cerebral de la memoria, con sus trampas y vacilaciones y el papel de la ficción en la gestión de las emociones. 

Por su parte, Oliver Sacks incide indirectamente en el tema de la lectura desde un nivel más específico y biológico: el del órgano de la visión y la imaginación visual ("los ojos de la mente"), su correlato cerebral y las curiosas patologías neurofisiológicas que entorpecen, dificultan o anulan la capacidad del cerebro para convertir las imágenes que captan los ojos, no sólo la lectura, sino el simple reconocimiento de los rostros familiares (prosopagnosia), o los colores, o el movimiento, o la existencia de objetos y miembros corporales propios que desaparecen de nuestro universo cotidiano por efectos de patologías traumáticas cerebrales.

El neurólogo-escritor nos habla de la fuerza de voluntad, la dedicación, el esfuerzo heroico de esas personas dañadas para recuperar lo que la generalidad de las personas apenas valoran (hasta que los accidentes o las circunstancias los limitan o anulan) esas funciones de la visión que nos permiten conectarnos con el mundo.Para ello nos cuenta historias de pacientes --y de él mismo, sujeto a algunas patologías orgánicas limitativas-- como un escritor de novelas policiacas o una concertista de piano que un buen día, de forma trágica y súbita, dejan de reconocer las palabras o las pautas musicales y su enorme odisea para recuperar de alguna forma esas funciones que daban sentido a su vida. En este sentido, la necesidad empática de relación con las personas, los cuadros,la música o las personas, es donde estriba la pertinencia de hablar de este libro aquí.

Sacks nos habla de la plasticidad del cerebro, que busca de forma casi simpre eficaz compensar los déficits usando otros circuitos cerebrales, no espacializados, en recuperar la función perdida.

El recorrido del neurólogo por esas discapacidades sobrevenidas que afectan a la visión o alteran sustancialmente actos como leer (alexia: no reconocemos las palabras o las letras de nuestro idioma) debido a apoplejías o lesiones cerebrales o encontrar las palabras (anomia) en el habla cotidiana o, simplemente, entender el habla de los demás y expresar los propios pensamientos (afasia), logra por la via indirecta incidir en la valoración que Volpi hace del acto de leer, con todas las cautelas que queramos poner a las afirmaciones a veces excesivas de este autor.

 

FICHAS:

"Leer la mente",.Jorge Volpi. Ed. Alfaguara.163 págs.

"Los ojos de la mente".-Oliver Sacks. Anagrama. 286 págs.

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