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9 enero 2012 1 09 /01 /enero /2012 10:10

la-prima-cosa-bella-cartel.jpg 

 Lo cierto es que la película de Paolo Virzi promete mucho más de lo que da. Cine neorrealista italiano trufado de comedia de costumbres tipo Ettore Scola pero sin su refrescante desverguenza crítica. La historia del pasota Bruno (Valerio Mastandrea) y de Valeria (Claudia Pandolfi) a la sombra de su vitalista y alegre mamá (Micaela Ramazotti, la mamá casquivana y joven, y la mitica Stefanía Sandrelli, en la vejez y con una enfermedad terminal) se agarra al tópico del cine de la nostalgia del pasado personal en el momento del fin (vimos hace poco la inglesa "Atardecer" que incide, como tantas otras en el filme-recordatorio personal).

La cinta representó a Italia en la carrera hacia los Oscar y ha tenido una carrera de éxito en Italia (tres premios Donatello)  y un poco menos generosa en Europa, a pesar de su melancolía y sus grandes dosis de sentimentalismo y humor localista. Un homenaje al cine italiano de comedia costumbrista de los setenta (que es justamente cuando arranca el filme) con lo que se convierte en una película que emociona a un sector de la población que se ajusta cronológicamente a la época y seguramente dejará bastante frío al publico joven menor de 40 años.

Muy en la linea de los clásicos italianos de la época, hasta se nos hace vivir un rodaje, cine dentro del cine, con las figuras señeras de Marcelo Mastroianni, Mario Monicelli, Fellini o Dino Rissi, un cierto aire a algo ya visto que no acaba de funcionar pese a la indudable buena voluntad y oficio de los intérpretes, principalmente las dos actrices que hacen de la protagonista, Anna, en dos epocas de su vida melodramática. Alguna secuencia magnífica que no logra contagiar el lento ritmo del filme.

La relación entre Anna y us dos hijos va oscilando entre el drama, la tragedia y la entrañable muestra de amor y ternura, creando una imagen que logra algun momento de limpia emoción en el final de la "mamma" por un cáncer y la sentimental y algo excesiva secuencia del matrimonio "in artículo mortis". Película que canta a la vida y lo hace a través de una mujer sentimental y vitalista que imprime en sus hijos sentimientos ambivalentes de alegria rechazo, amor y temores, lanzándoles a vivir sus vidas de forma equivocada pero revisable (él coquetea con las drogas, la inseguridad y el pasotismo y ella se casa con el hombre equivocado solo por buscar seguridad). La muerte de la "mamma" cambiará las cosas y abrirá una ventana en sus vidas.

Película agradable de ver a pesar de sus defectos aunque noas hace pensar que la comedia italiana de los 70 y 80 no es renovable, al menos con sus mismos parámetros. Huele a naftalina.

 

 

 

 

 

 

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8 enero 2012 7 08 /01 /enero /2012 18:07

los-descendientes-cartel1.jpg

 

La mujer de Matt King (George Clooney) está en coma profundo. A la espera de que despierte, es tiempo para él de reconectar con sus hijas adolescentes, Alex (Shailene Woodley) y Scottie (Amara Miller). “Los descendientes” (ver tráiler) es lo nuevo de Alexander Payne, uno de los nombres más reconocibles del indie americano moderno que vuelve a nuestro circuito siete años después de la celebrada “Entre copas” (2004). Este trabajo, basado en la novela de Kaui Hart Hemmings, se estrena envuelto en el aroma inconfundible que emanan esos proyectos que optan a convertirse en triunfadores de la temporada de premios; de momento, cinco nominaciones a los Globos de Oro encabezan su calentamiento de cara a las ansiadas estatuillas doradas. 

 

«¿Paraíso? El paraíso puede irse a la mierda». El tiempo que pasamos en la Tierra no es sino un drama salpicado de humor. Lo sabemos todos, y a ello se entrega esta película que incide en que poco tiene que ver nuestra situación socioeconómica ─a veces peleada, a veces regalada─ a la hora de encajar los golpes de la vida; a ello, y a recordarnos que nunca conocemos totalmente a quienes nos rodean, por cercanos que sean. Narrada con ritmo constante, medidamente espontáneo, cínico, nostálgico y desarmante en ocasiones, Payne abre un abanico de personajes ligeramente extravagantes que se (re)descubren los unos a los otros forzosamente, al margen de que lo que descubran les guste o no. Vivir es lo que tiene.

 

Si bien el idílico marco de la historia adorna considerablemente los acontecimientos ─al tiempo que dibuja la actual postal hawaiana con desencantada acidez─, “Los descendientes” pretende dejar su entorno en segundo plano para lanzar su mensaje universal: céntrate en cuidar lo que realmente importa. Y para apoyar que ese texto llegue al público, el cineasta tira de sus virtudes habituales, que pasan por el acierto en el acompañamiento musical, una puesta en escena natural y la dirección de actores, con unos estupendos George Clooney ─que siempre logra ser él mismo yendo más allá de sí mismo─, Shailene Woodley, Amara Miller y Nick Krause, este último posiblemente el único participante libre e inamovible de la tragedia. Mahalo, y suerte para todos.

 

Ya iba siendo hora de que, tras las recomendables “A propósito de Schmidt” y “Entre copas (Sideways)” (más la primera que la segunda), Alexander Payne nos presentara una nueva película. La espera ha merecido la pena, puesto que “Los descendientes”  (ver tráiler y escenas) se convierte en su mejor trabajo hasta la fecha, una cinta claramente dramática que incorpora alguna que otra pincelada cómica para de este modo aliviar el dolor de los protagonistas y, por ende, el del espectador que observa sus aflicciones. El filme arranca de forma directa, puesto que nos muestra a un hombre cuya esposa está en coma tras sufrir un accidente. A partir de aquí empezamos a conocer su historia, la de sus hijas, la de su familia, la de sus amigos…

 

Este interesante planteamiento está bastante bien llevado por los guionistas (Nat Faxon, Jim Rash y el propio Payne), quienes poco a poco nos van revelando el pasado de los personajes y las distintas relaciones que actualmente existen entre ellos (algo que, por cierto, lo hacen de una manera que para nada parece forzada). Aunque la temática principal de la película es la pérdida de un ser amado, alrededor de ella encontramos otras cuestiones con las que cualquiera puede sentirse identificado: el fracaso de un matrimonio, el habitual enfrentamiento entre padres e hijos, la enfermedad, los problemas de una herencia… (quizás este último el aspecto más endeble de la trama). Sin embargo, insisto, todo en “Los descendientes” bascula en torno a la pérdida de alguien que, a pesar de sus imperfecciones, siempre llevaremos en nuestros corazones.

 

Debido a esto, quizás parte del público sienta una lógica tristeza al visionar el largometraje, pues, como antes comentaba, nos confronta con una situación que prácticamente todos hemos vivido en algún momento de nuestras vidas, de ahí que sea lógico emocionarse con numerosas de sus escenas (y que conste que no nos hallamos ante un título que se recree en los pasajes dramáticos para buscar la lágrima fácil del respetable). Con una sabia realización de Payne, quien busca la elegancia pero sin querer destacar en exceso, la película se sustenta en las magníficas interpretaciones de su reparto, siendo obligado mencionar a un brillante George Clooney (ver cuando escucha una triste noticia por parte del médico que atiende a su mujer). Lo mejor es que el resto del elenco está a la altura de las circunstancias, desde sus integrantes más jóvenes (Shailene Woodley) hasta los más veteranos (Robert Forster). En definitiva, un pequeño filme que, sin necesidad de ser portentoso, nos reconcilia con el cine.

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8 enero 2012 7 08 /01 /enero /2012 09:02

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Con una secuencia de apertura realmente extraordinaria, espeluznante, la mujer musulmana con su gran velo negro lanzándose desde una azotea al vacío y su desesperado vuelo inmóvil hacia la muerte, "Women without men", no se tradujo en su pase por nuestras salas, con buen criterio, ya que "Mujer sin hombre" no refleja bien la dura temática de denuncia femenina contra el estado de la mujer musulmana en Irán (y casi todos los paises islámicos y musulmanes). La historia, en el Irán del golpe de estado de 1953, involucra a cuatro mujeres, Munis (Shabnam Toloui), Zarin (Orsolya Tóth), Fakhri (Arita Shahrzad) y Faezeh (Pegah Ferydoni), atrapadas en el seno de un sistema represivo y una sociedad que mantiene una  tradición ferozmente patriarcal, en un momento en que casi toda la población joven lucha por recuperar el control de sus riquezas energéticas e instaurar la democracia en un régimen monárquico corrupto, vendido a las potencias occidentales..

Basada en una célebre novela -en Irán-- escrita por Shahrnush Parsipur, de un valentía fuera de lo común en su denuncia de una situación general injusta, que se duplica en las mujeres, ya que las convierte en víctimas propiciatorias de excesos y abusos de una parte y de otra.

Dirige la cinta una conocida artista visual iraní llamada Shirin Neshat -- trabaja en New York como creativa en video arte-- que obtuvo el León de Plata a la mejor dirección en el festival de Venecia de 2009.

La lucha por la democracia, liderada y ejecutada por los hombres, tiene en las mujeres un apoyo y sacrificio que no es bien valorado por casi ninguno de sus compañeros de lucha, que eternizan la opresión de género a pesar de luchar conjuntamente por la libertad y la paz, el respeto y la ley.

El caso es que  la historia no acaba de funcionar bien desde un punto de vista cinematográfico: el exceso de simbolismos (el jardín secreto donde se refugian las mujeres maltratadas por la vida y el sistema, el carácter de arquetipos de las cuatro mujeres cuya existencia sirve de vehículo a la historia) y los detalles de un momento histórico muy particular y que nos queda lejos a los espectadores occidentales no solo en el tiempo sino en el conocimiento de las fuerzas que se movieron en Iran en aquel entonces, hace que el ritmo de la película se resienta y salvando algunos momentos de una fuerte carga poética o sentimental, la narración se alargue demasiado o se enlentezca de manera excesiva.

Pero más allá de la anécdota histórica que inspira la histora de "Women without men", lo que nos seduce es la parábola de esas cuatro mujeres maltratadas que buscan la paz y la comprensión en un jardín de una casa de campo de las afueras de Teherán. La esposa del militar intolerante, la prostituta anoréxica que desea morir, la joven con ideas políticas que debe plegarse a la intención de su hermano de casarla con un hombre al que no queire o una amiga de ésta que es violada cuando volvía a su casa. Cuatro mujeres que tratan de simbolizar una población femenina que con como  flores maltratadas en un imposible jardín iraní (que al final será asaltado y violado por los soldados).

Realismo social, realismo mágico, muertos que resucitan, seducción de la poesía o el canto, mezquindad y elevación poética, libelo político o simple crónica de sucesos, la pelicula transita en un imposible maremagnum de estilos y categorías textuales diferentes e incluso enfrentadas, realidad o ficción, un exceso de simbología que parece prefigurar la secuencia de la mujer plantando flores de papel en un jardín florido. Una fotografía excelente de momentos brillantes nos arrastran desde las calles de las revueltas en Teherán, a los misterios de un jardín olvidado o a los secretos de alcobas en penumbra o el lacerante y siniestro salon del burdel o la bella y sórdida soledad angustiosa de la mujer flotando en la piscina de la finca, o la evidencia expositiva antiimperialista de las proclamas que van destilándose en la acción. Una pelicula manifiestamente mejorable pero que, no obstante, deja un regusto amargo aunque admirativo en el espectador.

El problema, desde un punto de vista humano, por lo que supone de falta de evolución política, social y humana de un país, es recordar la película "Persépolis" basada en la historia autobiográfica de la iraní Marjane Satrapi,  la historia de cómo creció en un regimen fundamentalista islámico que la acabaría llevando a abandonar su país. El 27 de junio de 2007 se estrenó en Francia la película que adapta a la animación los dos primeros álbumes del cómic, codirigida y coescrita entre la propia Satrapi y Vincent Paronnaud. La animación está realizada enteramente en blanco y negro y refleja la  historia de la niña a partir del año 1979, cuando Marjane tiene diez años y desde su perspectiva infantil es testigo de un cambio social y político que pone fin a más de cincuenta años de reinado del sha de Persia en Irán y da paso a una república islámica. El drama particular, femenino y nacional que nos narra Marjane, parece entroncar con "Women without men" como una continuación evidente no solo de la historia cronológica sino del estado lamentable de las mujeres en el país. No solo no cambiaron las cosas desde la época del Sha a la revolución islámica, sino que han empeorado y una dictadura ha dejado el paso a otra con un absurdo agravamiento de las condiciones de vida de las mujeres. Es como si Marjane se hubiera hecho mayor y se hubiera convertido en Shirin. Las mujeres son las mismas y el desastre muy parecido. No ha habido mejora, no ha habido evolución.

 

 

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8 enero 2012 7 08 /01 /enero /2012 07:17

Aprecio la obra y la persona del escritor turco Orhan Pamuk, con ese look de Harrison Ford de tercera edad que se ha echado encima desde que se separó de su esposa de toda la vida y se involucró en una relación con una dama joven y de muy buen ver (segun creo recordar de una foto de la prensa de hace algunos meses, tengo mala memoria para detalles de chismorreo) cosa que ocurrió no mucho después de arrasar con el premio Nobel de Literatura de 2006 en las librerias de todo el mundo.  Es un  autor que siempre me ha infundido mucho respeto. He disfrutado con sus novelas y recuerdo con placer su visión del Estambul de su  infancia y juventud que coincidió con mis primeros paseos por esa ciudad en uno de los destinos inaugurales de mi profesión de periodista de politica internacional. Otra coincidencia curiosa: El titulo de su novela "Me llamo Rojo" coincide  exactamente con el del primer relato que publiqué en mi vida, allá por los años sesenta. Recuerdo que el director de la revista que lo publicaba, Pérez de Olaguer, me pidió que cambiara el nombre de Rojo del protagonista. "Me trae malos recuerdos", me dijo. Me negué y le expliqué las razones por las que prefería mantener ese nombre. El director aceptó mis razones y solo unos años mas tarde me enteré que unos facciosos republicanos ("rojos") habían asesinado a padre y a su madre en una de las muchas barbaries cometidas por ambos bandos durante la guerra civil.

Pero volviendo a Pamuk, leo "El novelista ingenuo y sentimental" (editado por Mondadori). En el libro Pamuk aplica la distinción que hiciera Schiller  "Sobre la poesía ingenua y la poesía sentimental", para hablarnos  de escritores que se enfrentan a la creación de sus obras con un talante ingenuo es decir, naturales, espontáneos, viscerales, comparándolos a los "sentimentales", que son reflexivos, emotivos, más artificiosos y especulativos.

Así acompañamos al "sentimental" Pamuk en un recorrido que nos acerca a los libros que forjaron su adolescencia y juventud, Tolstoi, Stendhal, Dostoievski, Mann, Proust o Flaubert. Y para ello Pamuk especula con el efecto que el texto imaginativo provoca en nuestra mente, el afán del recuerdo, la memoria y el tiempo.

Seguiremos con mayor detalle...

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7 enero 2012 6 07 /01 /enero /2012 09:10

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Teseo, el gran héroe de la mitología griega (una pieza más en el juego de caprichos de los demasiado humanos dioses del Olimpo) intenta evitar que el rey Hiperión libere a los titanes y al mismo tiempo vengarse de él, por ser el causante de la muerte brutal de su familia. La cosa va de 3D y trata de acogerse al éxito de "300" o de la excelente "Furia de titanes", es decir un  "peplum" con abundancia de violencia sangrienta, casi gore, músculos relucientes y damas espectaculares, erotismo de Play Boy y encefalograma plano en los discursos de los personajes que, a pesar de ser dioses y asimilados, están mostrados más como estereotipos que como personajes de una cierta profundidad. Lástima, pues como saben todos los psicólogos y los fans de Jung y los seguidores de la psicología transpersonal, los dioses y personajes de la mitología griega se perfilan como auténticos arquetipos de los vicios y virtudes de los humanos, creados por el genio griego. Con esto quiero decir que un buen director hubiera sacado mucho más partido a los afanes de Teseo.

Por tanto la cosa se queda en un vehículo vistoso para contarnos una historia prodigiosa, realizada con una cierta habilidad visual, con lo que los aficionados al cine-palomitas lo pasarán bien, asi como los seguidores de las batallas y la épica del pasado y de los superpoderes.

La película ha funcionado bien en taquilla y Trasem Singh, el director, se permite incluso el osado intento de crear arte visual  a través de secuencias mostradas como obras de arte, aunque la debilidad de los decorados --bastante evidentes-- y unos efectos especiales del montón, unido a unas interpretaciones bastante planas (con excepción del maestro John Hurt, no tan excelente como en "El topo" pero, con mucho, el mejor de la función) Henry Cavill, "musculitos", Freida Pinto, "maciza", Stephen Dorff y Luke Evans, no se mereceran grabar sus manos en el cemento de Los Angeles por esta película. Sin embargo gozarán ustedes con la interpretación paródicamente memorable de Mickey Rourke que cada vez se aleja más del estereotipo de galán seductor y retorcido de "Nueva semanas y media". Parece que se lo ha pasado muy bien haciendo de rey villano y comeniños y el respetable se lo pasará  bien viéndole en pantalla.

Repito, este filme es una pena desde un punto de vista cultural además. Porque si hay algo que necesita el pueblo de nuestro pais es irle adentrando de forma más adecuada y gozosa en los meandros de la mitología giega. Olvídense de series sudamericanas y de tele basura, si a alguien se le ocurriera seriar la mitología griega tendría un éxito millonario. A condición de contratar a los guionistas de "La esquina" o de "Vigilados" con la supervisión de un comité de sabios presidido por Haroild Bloom y Oliver Sacks (entre otros). Pero si van  a ver la peli, por favor, olvídense de los niños. Esto no lo filmaría jamás ni Disney ni Pixar.

 

 

 

 

 

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7 enero 2012 6 07 /01 /enero /2012 08:35

"La palabra quebrada", "Ensayo sobre el ensayo" de subtítulo, es una de las dos obras escritas por Martín Cerda un intelectual chileno al que no tenía el privilegio de conocer, que nació en 1930 en esa maravilla de ciudad, empezando por el nombre, que se llama Antofagasta, y murió en 1991 de un ataque al corazón tras haber perdido en un desdichado incendio fortuito los originales de tres obras más y todas las notas y libros con los que nutría su labor. El librito editado por "Veintisieteletras", una pequeña editorial madrileña, es un primor desde todos los puntos de vista, aspecto exterior, cuidado editorial, guardas, papel, portadas y trasera en cartoné, impresión, claridad de tipos y, desde luego, calidad literaria e intelectual del texto. Es el primer ensayista que leo tan enamorado de su oficio como escaso de producción, poseedor de una visión lúcida y ajustada de su trabajo y su necesidad. Como él mismo escribe: "Me gustan los ensayos porque son el plato fuerte de las ideas". Con una erudición literaria y filosófica de primer orden  y unas dotes de observación y juicio poco comunes Martin Cerda va atravesando los nombres señeros de grandes autores y sus obras hilvanando un tejido global en el que graba una lúcida visión sobre el pensamiento y los defectos y grandezas de la inteligencia humana.

Hay un aura indescifrable pero emotiva en este autor de obra escasa y vida dramática que me llega cargado de un sentido oculto. Hay en sus páginas una fuerza indefinida y sugestiva que acrecienta la brevedad dramática de un mensaje lleno de inteligencia ysensibilidad. Volveremos a comentarlo. 

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6 enero 2012 5 06 /01 /enero /2012 08:13

 

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Dirigida por Brad Mirman, sobre un guión firmado por él mismo, y una excelente fotografía de Maurizio Calvesi, se nos narra la historia de un joven editor (Joshua Jackson) que es enviado desde Londres a Italia, a un pequeño pueblo de la Toscana, para que convenza a un viejo escritor (Harvey Keitel, formidable como siempre) para que supere su silencio de muchos años, veinte nada mas y nada menos, para que escriba una nueva novela que editará la famosa editorial londinense que representa Jackson. Allí se enfrentará con el rechazo y la oposición del escritor, la presencia cómplice de todos los del pueblo que protegen al escritor y el naciente y apabullante amor por una de la tres hijas de este (Claire Forlani). Como es de esperar y totalmente previsible tendremos un drama intimo, el del escritor, que le bloquea la creatividad y al que hay que "despertar" de la manera adecuada, y una comedia en la que tienen cabida el cura del pueblo (Giancarlo Giannini) el dueño del unico "albergo" del pueblo (Armando Pucci) y, vaya por Dios, los paisanos del lugar que aportan su granito de pimienta de casticismo italiano y dan un tono bienhumorado a la trama.

La verdad es que el buen humor está metido con calzador en la película. Tanto es así que no llegamos a sentirnos conmovidos con el silencio literario del escritor y uno acaba pensando que el joven editor es un cretino que está acosando al viejo escritor que vive maravillosamente bien en el pueblecito, que se emborracha y hace el amor cuando le da la gana, que tiene tres hijas que lo adoran y un grupo de amigos que están dispuestos a todo por él. Y eso sin tener que perder ni un minuto en llenar cuartillas con su vieja y apolillada máquina de escribir.

Secuencias de lo más trillado, amores profundos incomprensibles, ucronías tan absurdas como meter un tren de vapor en la Italia del siglo XXI en un lugar tan "primitivo" como la Toscana y un final absurdo y empalagoso que parece un recurso onírico. A mi corazoncito de amante del cine le ha sentado muy mal ver al gran Keitel haciendo un papelón como ese (al final de la pelicula uno cree entrever las ganas del actor de darle un papirotazo al guaperas estirado y sonriente que protagoniza la cinta).

Las secuencias donde el escritor describe un paisaje in situ tal como debiera escribirse o que le pide al editorcillo que haga lo mismo con la presencia de la hija amada por ambos (de distinta forma, entiendaseme bien), son de un ridículo sonrojante, por muchas caras de concentración dolorosa que improvise Harvey.

La verdad es que solo los paisajes estan maravillosamente fotografiados, así como el tambien sonrojante e innecesario desnudo de Keitel (comienzo a sospechar que al maduro actor le gusta demasiado enseñar su respetables cueros: no es la primera película en que lo hace, aunque espero que sea la ultima).

La peli es de hace unos años y no ha pasado a la historia del 7º arte. Gracias a Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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5 enero 2012 4 05 /01 /enero /2012 08:14

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Parece ser que al director de esta película, Mike Mills, le ocurrió algo semejante a Evan McGregor, protagonista de "Beginners": su padre salió del armario  cuando quedó viudo con algo más de setenta años. El gran Christopher Plummer es el anciano gay que deja fluir su frustrada y reprimida homosexualidad de una forma sumamente inteligente, sensible y cachonda. Ante un hijo que trata de asimiliar y afrontar el cambio brutal que supone en su visión simbólica del padre. Y que no parece lograrlo a pesar de repartir estirados abrazos con el joven amante de su padre.

¿A quién se refiere el título ¿Al recién estrenado gay? No. A su hijo, un joven diseñador que arrastra un fracaso matrimonial y no acaba de encontrar su forma de compartir su vida con una nueva compañera. Y también a ésta, la joven Melanie Laurent, confundida, desorientada e inmadura. Esos son los auténticos principiantes. El bueno de Plummer lo lleva con decoro y humor, con una vitalidad envidiable que acaba colapsando una enfermedad rápida y demoledora, el inevitable cáncer.

Y bien, estamos en una comedia pese a los realistas toques de drama bastante lógicos dada la edad del gay redivivo y su terrible enfermedad. Pero Mills tampoco se toma ningún esfuerzo en darle un poco más de trascendencia y profundidad a lo que ocurre, desperdiciando a dos grandes actores a su disposición. Lástima que prefiera la edulcorina de la anécdota y un poco de humor extra que nadie necesitaba y menos el filme. ¿Realmente él lo vivió así?  ¿Vivió de esa manera los ultimos años de su padre? Toda una vida metido a la fuerza en un papel que no le correspondía, jugando un rol sexual que le repugnaba, con una mujer a la que decía amar pero cuyo contacto no soportaba, ¿se puede resolver como una anécdota  familiar sin ápice de drama o tragedia?

Traspasar la carga de la película a la desorientación de la pareja jóven que forma su hijo, con ligeros toques freudianos realizados con superficialidad, convierte ese nivel de la película en un sinsentido con toques románticos de novela rosa. Es tanta la banalidad de lo que se nos propone, con momentos cargantes que desmerecen del habitualmente buen actor McGregor, que uno acaba preguntándose si el verdadero "principiante" no será el trabajo de Mills en esta película. Excepto su "Thumbsucker", no conozco ninguna película de este director, que proviene del mundo del videoclip y la publicidad.

Considerar que todos somos principiantes en los complejos enredos de las relaciones sentimentales, sea cual sea nuestra edad y experiencia, es una propuesta de comienzo interesante para un resultado mediocre que trata de restaurar el modelo del cine indie norteamricano, un cine alternativo que trata de afrontar con realismo y sin complejos (y sin muchos medios) la problemática humana y social del país, de forma distinta y generalmente más digna que el cine comercial al uso. Pero "Beguinners" no acaba de funcionar como cine indie, aunque ha tenido buenas criticas y una rentable carrera en los cines.

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4 enero 2012 3 04 /01 /enero /2012 10:25

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Harold Bloom, el crítico literario más famoso y divertidamente prepotente de los Estados Unidos, revolucionó hace unos años el mundo académico y el literario con la publicación de un muy particular "Canon" (en el sentido de medida perfecta de algo, de elementos escogidos por su valía en comparación con otros) de la narrativa y la poesía occidental: la norteamericana y la europea, tanto da. Con ello Bloom mostraba su pretensión y orgullo de creer que sus conocimientos y experiencia le capacita para dictar una lista de las mejores obras literarias  en el ámbito que sea. Pues bien, Harold Bloom, piensa de sí mismo que es la persona idónea para dictar el canon literario de nuestro siglo. ¿Discutible? Sin duda. ¿Convincente? Pues, también, con algún reparo personal. Lo importante es que en su última obra (siento que lo de "última" pueda llegar a tener un sentido más trascendente ya que supera los  80 años de edad y se encuentra muy enfermo) titulada  "Anatomía de la influencia" y subtitulada "La literatura como modo de vida" (edita Taurus), hace una especie de recuento vital literario, cerrando el círculo ambicioso de sus obras, ya que una de las primeras que publicó, en los años sesenta, y con la que atrajo el interés hacia él, se llamó "La ansiedad de la influencia".

Aparte de su controvertida "El Canon occidental", Bloom ha escrito un libro excelente sobre el Bardo, "Shakespeare o la invención de lo humano" con el que ganó el corazón de muchísimos lectores amantes del gran William, entre ellos el mío. Por lo que sé, Bloom sigue dando clases de literatura en Yale y es un experto reconocido en poesía inglesa y norteamericana, con una erudición soberbia equilibrada por un didactismo provocador e inteligente.

En el libro que comento, Bloom aplica el principio crítico que ha constituido una de sus aportaciones más lúcidas a la historia literaria: la búsqueda de las influencias que pueden rastrearse en las grandes obras y los grandes autores, rastreadas en autores y obras precedentes, en una dinámica de intensa lucha y rivalidad hasta lograr superar a esas "influencias".

Ni que decir tiene que es preciso mucho conocimiento, mucha erudición y mucha sensibilidad para hacer esa labor literario-detectivesca que además tiene el prurito de que molestará a más de uno de los simpatizantes con los escritores precedentes. El mundillo de la erudición literaria es tan inclemente y pertinaz como el de los coleccionistas. Y nadie perdona a nadie cuando está en juego el nombre y la carrera crítica o erudita.

Desde Milton a Selley, Leopardi, William Blake, Pound o Eliot, Joyce o Lawrence, pero sobre todo centrándose en Shakespeare y Walt Whitman, Bloom nos deslumbra y seduce no solo por su conocimiento de los autores y sus obras más representativas sino por la audacia y astucia con la que va mostrándonos de qué manera y con qué intensidad los grandes han bebido temas, estilos y técnicas de otros que les precedieron y que quizá en su día eran más famosos o conocidos y estimados que los grandes definitivos que admiramos.

Desde el Preludio y el Amor literario, apartados con los que empieza el libro, Harold Bloom, nos habla de una vida, la propia, dedicada por entero a los libros y a determinados autores, sobre todo el Bardo, Samuel Johnson (reconocido como mentor propio) y el poeta del "Canto a mí mismo", Whitman (al que dedica tres capítulos, sondeando la larga nómina de poetas influidos por Walt) el poeta latino Lucrecio, y los modernos Yeats, James Merrill o Hart Crane (poeta del que Bloom sabe de memoria la mayoría de sus versos).

En esas primeras páginas hay una declaración que ya es, en sí misma, un mandamiento vital y una filosofía esencial. Dice así: "La critica literaria...tal como yo la practico... es...personal y apasionada. Se trata de un tipo de literatura sapiencial y por tanto de una meditación sobre la vida. Sin embargo cualquier distinción entre vida y literatura es engañosa. Para mi la literatura no es solo la mejor parte de la vida, es en si misma la forma de la vida y esta no tiene ninguna otra forma". Por supuesto suscribo la mayor parte de este apotegma. Creo que en esta adoración por la literatura es lo que carga de simpatía para mí la figura de Bloom (aunque yo pienso que la vida SI tiene otras formas, pero eso es una limitación de carácter respecto a Bloom).

Para la mayoría de los lectores españoles supongo que el interes de este  magnifico libro reside sobre todo en los capítulos que dedica a Shakespeare y la influencia de Marlowe (ahora de actualidad cultural por la controvertida película dedicada a la autoría de las obras del Bardo ("Anonymus", que apunta más al conde de Oxford que a Marlowe), o incluso en los dedicados a Walt Whitman (del que habla más como fuente o influencia sobre otros poetas que de las recibidas por él, salvando a Emerson). Mas de cien páginas de las cuatrocientas  que integran el libro están dedicadas totalmente a Shakespeare y sus relaciones anteriores y las posteriores (los influidos) con especial hincapie en Milton, Keats, Crane, Borges, Joyce, Goethe, Dostoievski, Dickens, Melville, Stendhal, Dante...i tantti altri. Doscientas páginas más están dedicadas a Whitman y a los poetas que fueron influidos por el gran maestre de la poesía nortaeamericana desde su tiempo a nuestros días.

En resumen, como el mismo Bloom asevera al final de su libro, "Paul Valery dijo sabiamente que los poemas no se acaban, simplemente se abandonan...por tanto no puedo acabar este libro, porque espero seguir leyendo y buscando la bendición de más vida". También lo espero yo, amigo Bloom.

 

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3 enero 2012 2 03 /01 /enero /2012 08:37

Este principio del año  2012 lo estoy viviendo bajo las exigencias y restricciones creadas por un resfriado pertinaz que arrastro desde la Nochebuena y he agudizado tres dias despues, el 28 de diciembre, tras haber disfrutado de un enfriamiento adicional viendo a mi nieto jugar a fútbol por la noche bajo un viento frío insistente.

La cosa no es demasiado molesta, excepto ocasionales ataques de tos (que me vuelven un compañero poco agradable en actos públicos que exigen un cierto silencio, cine, teatro u ópera sobre todo), ya que me permite frenar mis actividades deportivas y familiares y dedicarme sin límite a algo que me atrae desde mi más remota infancia: leer y escribir, reflexionar cómodamente echado en el sofá o ver alguna buena película en el dvd.

Además de ir terminando los libros de los que he dado cuenta otros dias, el Gargantúa rabelaisiano, el ensayo literario de Bloom y el libro sobre Jung, he podido "hincarle el diente" a un trabajo del escolapio Ramón M. Nogués, catedrático de Antropología biológica de la Autónoma. Se trata de "Déus, creences i neurones" que ha editado Fragmenta editorial y que se subtitula "Un acostament científic a la religió" Ya lo analizaré en profundidad. De momento los temas que con gran pericia trata mosén Nogués, las funciones de nuestro cerebro en la reflexión, el papel de la trascendencia y cómo afecta a la neurobiología, el lenguaje y su papel en ese escenario, el valor evolutivo de las creencias y de la religión, la espiritualidad...conforman una propuesta fascinante para alguien que se siente atraido por esos temas esenciales. Es una lectura que aparece en un momento simbólicamente inaugural, como suelen serlo los principios de año. El libro, publicado en 2007, estaba escondido en segundos fondos de una atestada librería y ha aparecido "casualmente" en el momento en que buscaba u n libro que entrara en resonancia con el momento actual y el espíritu que promueve comenzar un nuevo año. Seguiremos hablando de mosén Nogués y su libro.

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