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9 enero 2020 4 09 /01 /enero /2020 08:42

Stephen Greenblatt es un profesor de Humanidades norteamericano, que ejerce en la Universidad de Harvard, autor de varios libros y entre ellos dos que me han fascinado. Uno fue premio Pulitzer en 2012 "El Giro" y otro, "El Tirano. Shakespeare y la política" publicado en 2018 y traducido hace unos meses en España.. En el primero habla del descubrimiento de un humanista italiano en 1417 del único ejemplar existente del "De rerum natura" el poema filosófico epicúreo de Lucrecio (s.I a.C.). En "El tirano" nos habla de los tiranos que Shakespeare refleja en sus obras más importantes y del método "de "ángulo oblicuo" que usaba el escritor para reflejar los dramas políticos de su propia época y no perecer en el intento: escogiendo a los tiranos en épocas pasadas, "al menos un siglo entero de distancia entre él y los acontecimientos que describía". Creo que Greenblatt ha usado el mismo "ángulo oblicuo" para describir ciertas actitudes políticas de algunos líderes de nuestra época, usando a los personajes de Shakespeare. 

Supongo que a los tiranos de hoy, sin ir muy lejos Greenblatt tiene uno en casa, les cuesta tanto como a los del pasado reconocerse en los retratos objetivos que los describen, pero ya se sabe que suelen estar rodeados de gentes muy serviciales que resaltarían ciertos parecidos enojosos. No tengo noticia de que el autor haya recibido algún "tuits" firmado por el inquilino de la Casa Blanca o por el de Downing Street, pero después de leer el capítulo dedicado a John Cade, uno le enviaría un mensaje al profesor de Harvard advirtiéndole que no bajara la guardia. Los consejeros del presidente y los del primer ministro británico, "esas larvas de la cosa pública" podrían aconsejarles la lectura de ese capítulo dedicado al "populismo fraudulento". Cade fue un personaje real que vivió en 1504 y que dirigió una revuelta popular (orquestada desde el poder) dueño de una oratoria salvaje y demagógica. Como cuenta, Greenblatt "el populacho es perfectamente consciente de que Cade es un mentiroso, pero por venal, cruel y egoísta que sea, es capaz de articular lo que sueñan las masas: romper todos los acuerdos, cancelar todas las deudas y desmantelar las instituciones existentes que no sean útiles para sus objetivos", "apoyándose en su indiferencia por la verdad, en su desvergüenza y en una seguridad en sí mismo sobredimensionada, el demagogo bocazas va adentrándose en una fantasía".

Ninguno de los dos líderes políticos es propiamente un tirano. Nuestra época ha diluído los excesos de poder en su retórica democrática, con lo que precisan cierto apoyo popular y tienen establecidos frenos institucionales. Aún así, esas dos y otras muchas figuras políticas que conciernen a demasiados países en este desorientado mundo del siglo XXI, tienen en el pasado reflejos alarmantemente semejantes.

Greenblatt nos habla en su libro de instituciones muy firmes en el ámbito político y económico, de líderes políticos con un poder inmenso y al tiempo nos informa del caos reinante, en el que el rencor y los intereses partidistas se imponen, la miseria económica se extiende por el país, haciendo que surjan actitudes populistas que encienden el desorden y la violencia en las calles bajo banderías y eslóganes que son mentiras evidentes pero que todos aceptan como verdades. ¿Nos está hablando del siglo XXI, de hoy mismo?No, señores. Está haciendo referencia a la Inglaterra de la reina Isabel I y ese autor-reportero es el mismísimo William Shakespeare. Nuestro autor juega con los espejos del pasado y el presente y usa las palabras del Bardo para mostrarnos a Trump y a otros individuos ensoberbecidos por el poder que están llevando a sus países y muchos de los demás a situaciones de guerra latente. 

Analizando a Ricardo III o a Macbeth, las razones psicológicas, infantiles, sexuales, narcisistas y los temores llevados a las mentiras más tortuosas y a un populismo violento y delirante que están en la psicopatología de esos personajes tienen un reflejo que produce estupor en personas totalitarias y sin pudor que dominan las políticas de sus países y amenazan a los que tienen alrededor. Greenblatt se pregunta, como Shakespeare en su tiempo:  "¿cómo es posible que alguien que gobierna a través de la violencia, no para defender los intereses de su pueblo sino por motivos propios, irracionales o malvados, consiga mantenerse en el poder”.

Y esboza una respuesta: La gente vive de una forma tan insegura y tan lejos de la comodidad económica y social que necesita creer en las mentiras de alguien que les promete un cambio a mejor y que les señala a los "auténticos" culpables de su situación (que nunca es el Gobierno del tirano) con los enemigos del líder carismático, ya sean raciales, los judíos, los negros, los asiáticos o los árabes, como económicos, el capitalismo salvaje o los separatistas o el terrorismo de los desahuciados y los sin techo o los inmigrantes.

FICHA

EL TIRANO.- Shakespeare  y la política.- Stephen Greenblatt, - Ed Alfabeto.- Pags. 252

 

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7 enero 2020 2 07 /01 /enero /2020 09:15

Stephen Greenblatt es un profesor de Humanidades norteamericano, que ejerce en la Universidad de Harvard, autor de varios libros y entre ellos dos que me han fascinado. Uno fue premio Pulitzer en 2012 "El Giro" y otro, "El Tirano. Shakespeare y la política" publicado en 2018 y traducido hace unos meses en España.. En el primero habla del descubrimiento de un humanista italiano en 1417 del único ejemplar existente del "De rerum natura" el poema filosófico epicúreo de Lucrecio (s.I a.C.). En "El tirano" nos habla de los tiranos que Shakespeare refleja en sus obras más importantes y del método "de "ángulo oblicuo" que usaba el escritor para reflejar los dramas políticos de su propia época y no perecer en el intento: escogiendo a los tiranos en épocas pasadas, "al menos un siglo entero de distancia entre él y los acontecimientos que describía". Creo que Greenblatt ha usado el mismo "ángulo oblicuo" para describir ciertas actitudes políticas de algunos líderes de nuestra época, usando a los personajes de Shakespeare. 

Supongo que a los tiranos de hoy, sin ir muy lejos Greenblatt tiene uno en casa, les cuesta tanto como a los del pasado reconocerse en los retratos objetivos que los describen, pero ya se sabe que suelen estar rodeados de gentes muy serviciales que resaltarían ciertos parecidos enojosos. No tengo noticia de que el autor haya recibido algún "tuits" firmado por el inquilino de la Casa Blanca o por el de Downing Street, pero después de leer el capítulo dedicado a John Cade, uno le enviaría un mensaje al profesor de Harvard advirtiéndole que no bajara la guardia. Los consejeros del presidente y los del primer ministro británico, "esas larvas de la cosa pública" podrían aconsejarles la lectura de ese capítulo dedicado al "populismo fraudulento". Cade fue un personaje real que vivió en 1504 y que dirigió una revuelta popular (orquestada desde el poder) dueño de una oratoria salvaje y demagógica. Como cuenta, Greenblatt "el populacho es perfectamente consciente de que Cade es un mentiroso, pero por venal, cruel y egoísta que sea, es capaz de articular lo que sueñan las masas: romper todos los acuerdos, cancelar todas las deudas y desmantelar las instituciones existentes que no sean útiles para sus objetivos", "apoyándose en su indiferencia por la verdad, en su desvergüenza y en una seguridad en sí mismo sobredimensionada, el demagogo bocazas va adentrándose en una fantasía".

Ninguno de los dos líderes políticos es propiamente un tirano. Nuestra época ha diluído los excesos de poder en su retórica democrática, con lo que precisan cierto apoyo popular y tienen establecidos frenos institucionales. Aún así, esas dos y otras muchas figuras políticas que conciernen a demasiados países en este desorientado mundo del siglo XXI, tienen en el pasado reflejos alarmantemente semejantes.

 

 

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1 enero 2020 3 01 /01 /enero /2020 10:21

 Va para diez años que he ido ensartando textos míos en el collar de Indra literario de la Librería Serret. Artículos sobre escritores y novelas, críticas literarias, filosofía y costumbrismo, espiritualidad y arte, senderismo y amor a la naturaleza, bajo dos constantes intensamente respetadas: el amor a los libros y el respeto al pensamiento crítico. Con una ética operativa esencial que concernía al respeto al Otro, sea quien fuera y a la honestidad de exposición. Hace algo más de un año iba dejando caer en el regazo virtual de esta web fraternal las migajas orientativas de mis "logoi", marcando quizá un camino en el bosque de los libros y del pensamiento que tiene que ver con esa ética a la que antes me refería. Pequeñas píldoras de pensamiento que planteaban un modesto punto de reflexión. Una de ellas es este texto que dedico a ese "milagro" cultural que ha sido la Librería Serret en esta comarca del Matarraña. Durante diez años he sido huésped bien tratado, mimado diría yo, de esta web y en ese tiempo no ha habido barrera ideológica, política, religiosa o social que no haya cuestionado y siempre me he sentido libre para hacerlo, desde el respeto por supuesto.  
Para mí, la Librería Serret ha sido un símbolo  de concordia, inquietud cultural y resonancia entre dos lenguas diferentes pero no necesariamente enfrentadas: el catalán y el castellano, dos ramas de un mismo árbol lingüístico. Es, si ustedes me apuran, el punto de confluencia enriquecedor: tanto monta, monta tanto. Dos lenguas unidas por un efecto de ósmosis, ¿qué sentido tiene imponer jerarquías donde sólo debería existir el placer etéreo de complementarse y apoyar el mutuo enriquecimiento? La cultura con mayúsculas no implica conflicto sino  suma; no división, sino multiplicación de efectos y frutos. Durante diez años he reseñado autores catalanes, castellanos, ingleses y americanos, franceses o portugueses e italianos, turcos o sudamericanos, australianos o japoneses, gallegos o vascos...a todos les une la literatura, el ensayo o la filosofía. Las traducciones son la cortesía de las editoriales, aunque cuando he podido he leído a franceses, portugueses, catalanes o gallegos en sus respetados y amados idiomas, con más dificultad a los ingleses...¿a alguno de ustedes se les ha ocurrido discriminar a un autor por el idioma en el que escribe? Si no conocen lo suficiente ese idioma, han recurrido a traducciones y no por ella han amado menos a esos autores, ¿no es cierto? No hay absurdo más hiriente que establecer jerarquías de valor entre los idiomas o basar el detritus de la mala política en banderías idiomáticas. Por eso se me antoja que la Librería Serret puede considerarse un símbolo de lo que defiendo: el amor por la cultura en sí, está por encima de cualquier evaluación político-social de las lenguas ( en este caso castellano y catalán, enfrentadas artificial y mezquinamente en recuerdo de épocas pasadas que afectaron por igual a unos y otros habitantes de este país). 
Octavio, amigo, vas a navegar por otros mares y harás diferentes singladuras, nada alejadas del mundo de la cultura. Te deseo buena fortuna y un éxito al menos tan generoso y elocuente como el que has obtenido con tu librería. Fraternidad de lenguas, hermanamiento cultural...¿por qué habría de parecer utópico pensar en que algún día viviremos una unión sin reticencias basada en la igualdad y el respeto? Tu lo has practicado desde hace muchos años...y somos legión los que te aplaudimos y apreciamos por ello. Hasta siempre, Librería Serret.

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31 diciembre 2019 2 31 /12 /diciembre /2019 10:48

Nuestro Quevedo lo decía de paladina manera: "Poderoso caballero es don Dinero" y aunque no podía ni siquiera soñar hasta dónde podía llegar las habituales redes de corrupción ni, por supuesto, que siglos más tarde se convertiría la cleptocracia de los poderosos en un "arte global" tan complejo y bien articulado "legalmente" que crearía un mundo paralelo global --  "en la sombra", "0nline", "virtual"--,  al mundo real, un país  literalmente utópico, es decir sin lugar físico, donde el dinero defraudado, robado o hecho desaparecer, permanecía fuera de control y circulación y seguro, a disposición de sus dueños, politicos dictatoriales, ladrones de guante blanco, defraudadores, cárteles de la droga, mafiosos. Hablamos de "Money Land", el país del dinero, donde van a parar trillones de dólares u otras monedas con un Banco Central detrás, más o menos serio. No tiene ninguna localización geográfica aunque suele emergen aquí o allá en los llamados paraísos fiscales. Es el gran club de los mega ricos, protegidos por grandes abogados y astutos economistas y respaldados de forma oficiosa por los grandes banqueros del mundo, dando la espalda generalmente al hecho  vinculado a esas grandes sumas de su procedencia dudosa y inmoral cuando no abiertamente delictiva y manchada con el sufrimiento, el hambre y la pobreza de millones de personas de los países esquilmados  por los que detentan el poder.


Para ilustrar ese secreto a voces que es la existencia de "Money Land"  recurrimos a dos autores y sus respectivas obras. El primero es periodista de investigación y se llama Oliver Bullough. El segundo es uno de los escritores victorianos menos conocidos en nuestro país, Anthony Trollope, con una novela aclamada por los historiadores literarios  y los críticos: "El mundo en que vivimos". Es la ilustración literaria de la codicia, la ambición y la falta de escrúpulos que es la tarjeta de visita de los desalmados ricachones de la estafa y el envilecimiento , todos pertenecientes a la misma familia de individuos separados por dos siglos de diferencia: unos en la Inglaterra del siglo XIX y otros en el mundo actual, del siglo XXI.  Lo asombroso no es que Trollope describa con profética habilidad la catadura de esos individuos, sino que vengamos a comprobar con temor y temblor que nuestros adelantos técnicos no han servido para controlar esa escoria humana sino que les ha hecho más invulnerables, más codiciosos y desalmados y muchísimo más ricos. 

Bullough hace un trabajo asombroso y nos muestra a través de entrevistas -a veces rechazadas pero nunca justificadas éticamente- con banqueros y empresarios cómo el actual sistema financiero se ha convertido en un servicio que continuamente roza la ilegalidad y está a disposición de los que tienen el dinero, siguiendo el ejemplo de muchos políticos y gobernantes en todo el mundo. Es una red tan compleja, ambigua, poderosa e incontrolable como internet pero con un objetivo tejido de injusticia y corrupción. Y así nos vamos enterando del sistema perverso gracias al cual los recursos de muchos países, ya sea africanos , asiáticos o del este europeo (para no señalar más ejemplos cercanos) se transfieren desde determinados órganos o personas de poder político a lugares que "blanquean " el dinero, lo hacen "legal" y se invierte en países ricos. Bullough sugiere ciertos sistemas para desactivar ese proceso en algún punto de la cadena. Quizá en el ámbito de los compañías "offshore", de los fondos fiduciarios o de fideocomisos o de los paraísos fiscales con celoso secreto de identidades o muchas de esss 10 millones de empresas creadas como "hombres de paja", del pasado, escudos de anonimato hoy, para ocultar los haberes de miles de individuos pertenecientes a la "crème" de Money Land. Algo que como defiende "The Economist" "no es necesariamente ilegal" y "existen razones respetables" para algunas empresas que buscan países donde invertir. Esa es la paradoja: usar los huecos y carencias de las leyes para favorecer acciones y objetivos que no tendrían posibilidades con unas leyes más justas con los principios de igualdad, legalidad y contribución fiscal. Ya que, como dice este autor, "El dinero fluye libremente a través de las fronteras, pero las leyes no".

Como un ejemplo  asombroso de  correspondencia entre la obra recién comentada y una obra literaria de casi dos siglos antes, proponemos una lectura de "El mundo en que vivimos", la obra de Anthony Trollope. Ese gran humorista de sagaz ojo crítico  empezó a publicar a los 42 años, nos ofrece en su novela una sátira vibrante sobre el capitalismo incipiente en Gran Bretaña y una corrosiva visión sobre la sociedad, sus costumbres y su acomodaticia falta de ética. Si ustedes creen que la novela costumbrista, crítica, satírica, sarcástica y virulenta de la época victoriana tiene sus más altos referentes en Thackeray y Dickens, Kingsley, Meredith o George Eliot, Lewis Carroll, Oscar Wilde o Stevenson, Wilkie Collins, las hermanas Brontë, Conan Doyle  o Samuel Butler -autores bastante traducidos al español- se sentirán algo alarmados con los criterios que animan a nuestras editoriales a traducir a autores del pasado, cuando lean a Anthony Trollope. ¿Por qué diablos a casi nadie se le ha ocurrido traducir antes  a este prolífico inglés victoriano? Ático de los Libros ha resuelto esa manifiesta injusticia literaria.

Trollope, compuso casi medio centenar de novelas - sin contar los cuentos, biografías y libros de viajes-, vendió su arte durante medio siglo con un éxito envidiable y luego comenzó unos altibajos que no han cesado desde entonces a pesar de las versiones en cine, televisión y radio de sus obras. Aunque a fuer de verdadero, Trollope ha sido leído sin cesar por los británicos, incluso en nuestros días donde más de un  lector ha visto en su  "El mundo en que vivimos" una profecía de la situación económica y social que vivimos y sobre todo del desierto moral que la sustenta.

El escritor demuestra un enorme sentido del humor satírico cuando es  capaz de definir un diario de su tiempo con estas palabras: "El diario desarrollaba sus tareas con un asombroso aire de omnisciencia, y a menudo adornado con una ignorancia a duras penas superada por su arrogancia". O esta otra aplicada a los "principios" de su editor: "Un periódico que desee prosperar jamás debe perder el espacio de sus columnas y agotar a  sus lectores elogiando nada. Las alabanzas son invariablemente aburridas".

Se la ha considerado una de las cien mejores novelas en lengua inglesa. Es, sin duda, un clásico de los que uno atesora en su mente y en su biblioteca. Por eso puede considerarse un ejemplo literario- reducido al ambiente victoriano ingles-  de lo que estamos viviendo en la actual situación económica mundial, regida como en la novela por la corrupción, la falta de ética y una codicia impresionante, narrado eso sí con una enorme solidez intelectual a la altura de su sentido del humor.

La corrupción financiera que denuncia Trollope está a la altura de un mundo social mezquino, inclemente y deshonesto en el que los intereses propios priman sobre cualquier otra consideración. Políticos, financieros, escritores o poetas, caballeros sin dote o muchachas casaderas sometidas al escrutinio económico, convertidas en elementos bursátiles. Todo descrito con una ironía elegante y un sarcasmo hiriente, ya sea en los entresijos de los pensamientos de los personajes y su inconcebible falta de moralidad o el vergonzante juego de sobornos, manipulaciones o engaños en el que damas y caballeros de todos los niveles plantean sus ofrecimientos al mejor postor. Uno cree ver a los magnates de la City o de Wall Street en estos personajes arrogantes, pendencieros y mezquinos, para los que lo único válido es el dinero y el único objetivo acumular codiciosamente sus activos aunque sea sobre el cadáver de sus seres más cercanos.

No les cuento más. No deseo hacer un "spoiler" literario de una novela que merece ser leída hasta el final entre el asombro por la galanura narrativa del autor, la vergüenza por el realismo de lo narrado tan visible en nuestra propia sociedad, el placer de la lectura y el reconocimiento hacia una obra que roza la excelencia imperecedera de los grandes clásicos, sin dejar por ello de ser una de las mejores y más acertadas críticas del capitalismo que nos ahoga en el siglo XXI.

FICHA

EL MUNDO EN QUE VIVIMOS.- Anthony Trollope.- Traducción (excelente) de Claudia Casanova.- Ático de los Libros.- 854 págs.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MONEY LAND.-Oliver Bullough.- Trad.Joan Eloi Roca.- Principal de los Libros.-389 págs.

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27 diciembre 2019 5 27 /12 /diciembre /2019 10:01

Doris Dorrie, una escritora alemana que también ejerce de directora de películas y ha logrado cintas tan memorables como "Sabiduría garantizada" y "Hombres, hombres". La presente novela se llevó el Premio Alemán el Libro en 2003 y en ella se recoge de forma evidente el soberbio talento de Dorrie para mostrarnos la psicología femenina (y la masculina como contraste), casi siempre con un tono jocoso, irónico, sarcástico y nunca malintencionado o cruel.

Dorrie rezuma inteligencia por todos sus poros y tanto sus películas como sus novelas  dejan en el lector o en el espectador un regusto sutilmente amargo y una sonrisa de complicidad. En esta ocasión la lúcida ironía de la autora funciona como un escalpelo para mostrarnos el desvalimiento surrealista con la que las personas del mundo capitalista afrontan experiencias vitales tan profundas, inevitables e inesperadas como la muerte de un ser querido, el absurdo que nos invade durante el duelo, las insatisfactorias relaciones con las que intentamos paliar la soledad y los juegos compensatorios en los que casi todos los son invadidos por esas experiencias se dejan dominar. 

El vestido azul es el "mcguffin" o pretexto que Dorrie como buena cinéfila utiliza para desarrollar la acción y enhebrar a sus protagonistas que transitan entre la muerte, la soledad y la existencia sin saber muy bien a qué carta quedarse ni cómo encauzar sus vidas rotas por un accidente absurdo. Pero que nadie espere un tratado novelesco inspirado por Schopenhauer o  Heidegger. Habrá momento en que no podrá evitar la carcajada, transitará por casi toda la novela con una sonrisa de reconocimiento y placer y le encantará comprobar que uno no es tan bicho raro como creía. 

Dorrie nos lleva de viaje junto a su desconcertada protagonista , Babette, a Bali donde encuentra la muerte su marido y a la mexicana Oaxaca en plena jornada de los Muertos, donde se encuentra a sí misma... o espera hacerlo (la novelista, muy sabiamente, deja el futuro abierto, como de hecho está siempre y para todos). No les cuento más. Pasen al mundo de Babette, del homosexual Florian, del indeciso y temeroso Thomas que acude a su rescate como un caballero legendario a pesar de que Babette no acaba de estar muy segura de si es, en realidad, una nueva encarnación de Fritz, su marido muerto accidentalmente en Bali. Disfruten con la estimulante ironía de Dorrie y su mundo de personajes tan reales como usted o como yo.

FICHA

EL VESTIDO AZUL.- dORIS dÖRRIE.- Trad. Ursula Maria Barta y Beatriz Galán.- Galaxia Gutemberg.Círculo de Lectores. 187 págs.

 

 

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25 diciembre 2019 3 25 /12 /diciembre /2019 20:25

Nuestro Quevedo lo decía de paladina manera: "Poderoso caballero es don Dinero" y aunque no podía ni siquiera soñar hasta dónde podía llegar las habituales redes de corrupción ni, por supuesto, que siglos más tarde se convertiría la cleptocracia de los poderosos en un "arte global" tan complejo y bien articulado "legalmente" que crearía un mundo paralelo global --  "en la sombra", "0nline", "virtual"--,  al mundo real, un país  literalmente utópico, es decir sin lugar físico, donde el dinero defraudado, robado o hecho desaparecer, permanecía fuera de control y circulación y seguro, a disposición de sus dueños, politicos dictatoriales, ladrones de guante blanco, defraudadores, cárteles de la droga, mafiosos. Hablamos de "Money Land", el país del dinero, donde van a parar trillones de dólares u otras monedas con un Banco Central detrás, más o menos serio. No tiene ninguna localización geográfica aunque suele emergen aquí o allá en los llamados paraísos fiscales. Es el gran club de los mega ricos, protegidos por grandes abogados y astutos economistas y respaldados de forma oficiosa por los grandes banqueros del mundo, dando la espalda generalmente al hecho  vinculado a esas grandes sumas de su procedencia dudosa y inmoral cuando no abiertamente delictiva y manchada con el sufrimiento, el hambre y la pobreza de millones de personas de los países esquilmados  por los que detentan el poder. Comprobamos con temor y temblor que nuestros adelantos técnicos no han servido para controlar esa escoria humana sino que les ha hecho más invulnerables, más codiciosos y desalmados y muchísimo más ricos. 

Bullough hace un trabajo asombroso y nos muestra a través de entrevistas -a veces rechazadas pero nunca justificadas éticamente- con banqueros y empresarios cómo el actual sistema financiero se ha convertido en un servicio que continuamente roza la ilegalidad y está a disposición de los que tienen el dinero, siguiendo el ejemplo de muchos políticos y gobernantes en todo el mundo. Es una red tan compleja, ambigua, poderosa e incontrolable como internet pero con un objetivo tejido de injusticia y corrupción. Y así nos vamos enterando del sistema perverso gracias al cual los recursos de muchos países, ya sea africanos , asiáticos o del este europeo (para no señalar más ejemplos cercanos) se transfieren desde determinados órganos o personas de poder político a lugares que "blanquean " el dinero, lo hacen "legal" y se invierte en países ricos. Bullough sugiere ciertos sistemas para desactivar ese proceso en algún punto de la cadena. Quizá en el ámbito de los compañías "offshore", de los fondos fiduciarios o de fideocomisos o de los paraísos fiscales con celoso secreto de identidades o muchas de esss 10 millones de empresas creadas como "hombres de paja", del pasado, escudos de anonimato hoy, para ocultar los haberes de miles de individuos pertenecientes a la "crème" de Money Land. Algo que como defiende "The Economist" "no es necesariamente ilegal" y "existen razones respetables" para algunas empresas que buscan países donde invertir. Esa es la paradoja: usar los huecos y carencias de las leyes para favorecer acciones y objetivos que no tendrían posibilidades con unas leyes más justas con los principios de igualdad, legalidad y contribución fiscal. Ya que, como dice este autor, "El dinero fluye libremente a través de las fronteras, pero las leyes no".

FICHA

MONEY LAND.-Oliver Bullough.- Trad.Joan Eloi Roca.- Principal de los Libros.-389 págs.

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22 diciembre 2019 7 22 /12 /diciembre /2019 19:11

Durante mi infancia en Marruecos, en la época del Protectorado español, donde mi padre ocupaba un cargo oficial, viví una profunda amistad con una familia judía que residía en una casa aledaña a la nuestra. Era una pareja de mediana edad que no tenían hijos y para los que poco a poco me convertí en un invitado especial (principalmente para la mujer, una dama elegante de gestos suaves y voz musical con acento francés). Ella me fue contando detalles sobre su cultura, sus creencias, su amor a los libros y a la Palabra, entendida como un vínculo con lo divino que hay en nuestro interior. No se si a mi corta edad entendía lo que me contaba,  pero lo cierto es que dejó en mí un poso de curiosidad insaciable por el mundo de los judíos, su cerrada cultura endogámica y la dinámica inteligencia de sus planteamientos. Ella me enseñó a leer de una manera distinta a la que aprendí en el colegio y me facilitó algunas claves para entender la manera de vivir judía. Después, ya en España, tuve amigos judíos en el Colegio y la Universidad y hubo un fácil y cómplice entendimiento con la mayoría, a pesar de que siempre llegaba a un punto donde aparecían los obstáculos de "la diferencia".

Y es precisamente esa característica del pueblo judío, que ha construido su identidad mediante el amor al Libro, a los libros, la lectura, la discusión, la enseñanza y la obligatoriedad de estructurar eso en la educación de los hijos por sus padres, en la cohesión de la familia con lazos de ese tipo, lo que constituye la principal fascinación que me ha provocado esta etnia. Convertir en señal de identidad de un pueblo algo como la íntima y secular relación entre la persona y las palabras, un principio vital articulado en mi propia vida como individuo fascinado por los libros, me parece algo asombroso.

Amos Oz en un ensayo titulado "Los judíos y las palabras" dice que en el interior de cada judío hay una biblioteca, salvo para aquellos que han desdeñado sus raíces y asimilado otras culturas. La pasión por saber, por interpretar, convierte "al mundo entero en un texto" y no es casual que la mayoría de grandes cerebros de la historia de la humanidad, en la ciencia, las artes, la filosofía o la literatura, hayan sido judíos. El judaísmo avala la búsqueda incansable del conocimiento y la verdad, aunque siga habiendo temas pendientes como el sometimiento de la mujer, la prepotencia patriarcal, la tradicional verbosidad compensatoria judía, la actitud ante el sexo o el sentido oscuro del humor (Woody Allen o Groucho Marx) y el complejo permanente y profundo de culpabilidad (Freud). Los judíos no deberían ser el Otro, el Forastero por antonomasia, sino unos hermanos a los que no hemos aprendido a amar, a entender o a conocer (aunque tampoco ellos han sabido propiciar ese acercamiento). El judío es la asignatura pendiente de la Humanidad. Lo malo es que parece que ellos también lo creen así, aunque por razones diametralmente opuestas. En realidad son el gran Malentendido de la historia.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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20 diciembre 2019 5 20 /12 /diciembre /2019 18:29

Si ustedes creen que la novela costumbrista, crítica, satírica, sarcástica y virulenta de la época victoriana tiene sus más altos referentes en Thackeray y Dickens, Kingsley, Meredith o George Eliot, Lewis Carroll, Oscar Wilde o Stevenson, Wilkie Collins, las hermanas Brontë, Conan Doyle  o Samuel Butler -autores bastante traducidos al español- se sentirán algo alarmados con los criterios que animan a nuestras editoriales a traducir a autores del pasado, cuando lean a Anthony Trollope. ¿Por qué diablos a casi nadie se le ha ocurrido traducir antes  a este prolífico inglés victoriano? Ático de los Libros ha resuelto esa manifiesta injusticia literaria.Trollope, compuso casi medio centenar de novelas - sin contar los cuentos, biografías y libros de viajes-, vendió su arte durante medio siglo conun éxito envidiable y luego comenzó unos altibajos que no han cesado desde entonces a pesar de las versiones en cine, televisión y radio de sus obras. Aunque a fuer de verdadero, Trollope ha sido leído sin cesar por los británicos, incluso en nuestros días donde más de un  lector ha visto en su  "El mundo en que vivimos" una profecía de la situación económica y social que vivimos y sobre todo del desierto moral que la sustenta.

Como suele acontecer, los padres de Trollope dejaron una huella y una influencia en el devenir del escritor: desde su padre, abogado poco hábil y sin suerte que trajo la miseria a su familia hasta su madre, Frances,  emprendedora e imaginativa, que sacó a la familia de apuros gracias a su pasión por escribir novelas donde satirizaba el poder y las bases sociales impregnadas de mezquindad y deshonestidad. Ella sería la figura esencial que fructificaría en su tercer hijo, Anthony, marcando su futuro.  Empleado de Correos y casado y con dos hijos (ambos escritores más tarde) comenzó a escribir una serie de seis novelas, el llamado ciclo de las Crónicas de Barsetshire (que le permitieron dejar su empleo). La segunda serie que emprendió, los Palliser, muy críticas con la vida política, tuvieron mucho éxito aunque no le permitieron como deseaba, paradójicamente, entrar en la política.

El escritor demuestra un enorme sentido del humor satírico cuando es  capaz de definir un diario de su tiempo con estas palabras: "El diario desarrollaba sus tareas con un asombroso aire de omnisciencia, y a menudo adornado con una ignorancia a duras penas superada por su arrogancia". O esta otra aplicada a los "principios" de su editor: "Un periódico que desee prosperar jamás debe perder el espacio de sus columnas y agotar a  sus lectores elogiando nada. Las alabanzas son invariablemente aburridas".

Se la ha considerado una de las cien mejores novelas en lengua inglesa. Es, sin duda, un clásico de los que uno atesora en su mente y en su biblioteca. Por eso puede considerarse un ejemplo literario- reducido al ambiente victoriano ingles-  de lo que estamos viviendo en la actual situación económica mundial, regida como en la novela por la corrupción, la falta de ética y una codicia impresionante, narrado eso sí con una enorme solidez intelectual a la altura de su sentido del humor.

La corrupción financiera que denuncia Trollope está a la altura de un mundo social mezquino, inclemente y deshonesto en el que los intereses propios priman sobre cualquier otra consideración. Políticos, financieros, escritores o poetas, caballeros sin dote o muchachas casaderas sometidas al escrutinio económico, convertidas en elementos bursátiles. Todo descrito con una ironía elegante y un sarcasmo hiriente, ya sea en los entresijos de los pensamientos de los personajes y su inconcebible falta de moralidad o el vergonzante juego de sobornos, manipulaciones o engaños en el que damas y caballeros de todos los niveles plantean sus ofrecimientos al mejor postor. Uno cree ver a los magnates de la City o de Wall Street en estos personajes arrogantes, pendencieros y mezquinos, para los que lo único válido es el dinero y el único objetivo acumular codiciosamente sus activos aunque sea sobre el cadáver de sus seres más cercanos.

No les cuento más. No deseo hacer un "spoiler" literario de una novela que merece ser leída hasta el final entre el asombro por la galanura narrativa del autor, la vergüenza por el realismo de lo narrado tan visible en nuestra propia sociedad, el placer de la lectura y el reconocimiento hacia una obra que roza la excelencia imperecedera de los grandes clásicos, sin dejar por ello de ser una de las mejores y más acertadas críticas del capitalismo que nos ahoga en el siglo XXI.

FICHA

EL MUNDO EN QUE VIVIMOS.- Anthony Trollope.- Traducción (excelente) de Claudia Casanova.- Ático de los Libros.- 854 págs.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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18 diciembre 2019 3 18 /12 /diciembre /2019 18:01

Esas banderías facinerosas que campan por las calles catalanas, escudadas tras los derechos que protege el Gobierno que tildan de "fascista", han perpetrado dos "heroicidades" más: quemar ejemplares de la Constitución y la bandera de nuestro país (que es utilizada de forma partidista desde hace muchos años, siendo como es un símbolo de todos y no sólo de unos cuantos). Los partidarios del "peor es mejor" con despacho en la Generalitat se deben sentir orgullosos por los actos de esa turba de neo-oligofrénicos que con esa quema de símbolos superiores del país al que jurídicamente pertenecen están favoreciendo la eclosión de fascismos retrógrados: cada una de las hojas del texto constitucional lanzado a la hoguera supone, seguramente, más de un millar de votos a la ultraderecha y, al tiempo, un insulto inicuo al resto de los ciudadanos de este país, entre ellos muchos catalanes.

La palabra iniquidad significa una acción o acto realizado con maldad, abuso, injusticia, infamia o ignominia. Algo contrario no sólo a las leyes positivas del país sino a la ética del resto de los españoles. Encaja con otro concepto, el de anomia, que es una perturbación psicológica que afecta a una persona o a un grupo, que les hace rechazar las normas o convenciones de la  sociedad en la que viven y les hace ignorar y transgredir las leyes y el conjunto de reglas que regulan la convivencia pacífica.

Hay una frase de Steiner que parece definir la situación actual en la querida y atribulada Cataluña: "ninguna mentira es tan burda que no pueda expresarse tercamente, ninguna crueldad tan abyecta que no encuentre disculpa en la charlatanería del historicismo...el lenguaje de la política se ha contaminado de oscuridad y locura". Steiner, desde luego, no se refería a todas las manipulaciones  y falsedades del "procés", ni a la excusa de agravios históricos empleada absurdamente por la propaganda historicista del independentismo... pero lo cierto es que la frase parece ajustarse a esos hechos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA, Escritor

 

 

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13 diciembre 2019 5 13 /12 /diciembre /2019 20:04

No se me alarmen, lectores míos. Les sugiero que presten atención a ciertas noticias, que reflexionen y que hagan un diagnóstico. Nuestra vecina Cataluña nos va a servir como precipitador. Conocen la violencia y el caos organizado por ciertos "cerebros exaltados" en las calles de las principales ciudades catalanas. No entremos aquí en debatir legalidad o legitimidad. Vamos a quedarnos con esa violencia, ese empoderamiento de miles de catalanes en las calles, en su componente gradualmente más juvenil que maduro y por fin en el rechazo de los moderados hacia esos excesos gratuitos y en el divorcio entre el supuesto objetivo y el caos en sí mismo. En un momento determinado las noticias del caos, barcelonés por ejemplo, se relacionó miméticamente con el de Hong Kong (no tienen nada que ver los elementos del problema de uno y otro) e  inmediatamente con las calles chilenas (aumento del precio del billete del metro), con las de Bolivia (presunto fraude electoral) o con las de Francia e Irán (por el aumento del precio del combustible) o con las de Egipto, Irak, Libano, Reino Unido o Amsterdan.

¿Qué está pasando en el mundo? ¿Existe un virus global cuyo síntoma primordial es la tendencia al caos violento, que está afectando por igual a países cuyas problemáticas no tienen nada que ver unas con otras? Se trata de países pobres y ricos, de democracias más o menos venerables y regímenes autoritarios o directamente fascistas. La ola contestataria que causa ese virus afecta globalmente. ¿Como internet? Pues sí, pero la Red es más un instrumento de contagio que una causa.¿Estamos ante una revolución semejante a la de 1968? A los 40 años de esa algarada estudiantil sin consecuencias graves, en 2008, comienza a producirse en muchos puntos del planeta un aumento vertiginoso de manifestaciones ciudadanas, mas o menos violentas y justificables. ¿Hay algún patrón común que pueda servirnos para entender lo que ocurre? Creo que podría haber uno y no es el mundo digital: El desprestigio de los Gobiernos y de los políticos ante una población joven sin esperanzas de futuro y una población madura irritada ante la persistencia y profundidad de la ineficacia y la corrupción políticas. Es la primera revolución de la globalización.  Piensen en ello.

ALBERTO DÍAZ RUEDA. Escritor y periodista

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