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14 febrero 2012 2 14 /02 /febrero /2012 19:10

silencio-en-la-nieve-cartel-1.jpg

Por esas extrañas casualidades que Jung llamaba "sincronicidades" y que revelan un orden de las cosas que no somos capaces de descifrar en el momento en que se producen, aunque si más tarde, ha coincidido la lectura de la novela de Lorenzo Silva "Niños feroces" con el visionado de esta película de Gerardo Herrero, "Silencio en la nieve". Ambos productos culturales, la novela y la película, nos hablan de vivencias históricas ancladas en la segunda guerra mundial. Eso sí, vivencias relacionadas muy íntimamente con nuestro país y la presencia española en el mundo. Y así tanto Silva como Herrero (que se basa en la obra de otro novelista, Ignacio del Valle, "El tiempo de los emperadores extraños" para filmar su película) nos hablan de la famosa "División Azul" integrada por soldados veteranos de la guerra civil y falangistas fanatizados que han declarado una guerra gremial contra el comunismo internacional y ven en la guerra en Rusia una especie de Cruzada evangelizadora y punitiva.

De la novela de Silva ya he hablado aquí y de la película de Herrero, protagonizada por Juan Diego Botto (un soldado divisionario, "voluntario" obligado para tapar deudas ideológicas, que fue inspector de policía en la vida civil) y el siempre magnífico Carmelo Góimez en la piel de un sargento al que le ordenan que ayude al soldado-inspector, destaco en primer lugar la garra del argumento (un thriller con asesino en serie incluido, en plena campaña de la División en las heladas estepas rusas) y en segundo lugar la frialdad, quizá sea un contagio ambiental,  de la realización que logra congelar la necesaria química entre los dos protagonistas para empezar y que a pesar de una ambientación bien lograda --con algunas tomas donde huele a decorado o a cartón-piedra-- y alguna secuencia excelente (la de apertura, con los caballos congelados en un lago, como trágicas marionetas o piezas de un destruido tiovivo) no consigue hacer vibrar al espectador y acaba provocando bostezos y sonrisas fastidiadas cuando tiene todos lo ingredientes para mantenernos en ascuas.

Una pena, pues, porque la película podría haber logrado mejorar aquella "Saigón" de los 80 con Willem Dafoe y Gregory Hines, en la que el asesino hace de las suyas en Vietnam en lugar de en Rusia.

Las víctimas del asesino aparecen degolladas y con los versos de una canción infantil grabados con un puñal sobre el pecho, aquella que habla de "Mira que Dios te mira..." y sigue "mira que te está mirando" para acabar recordándote que puedes morir en cualquier momento.

Pues bien, no les cuento por dónde van los tiros (o mejor, los degüellos) para no fastidiarles la película que, eso sí, a pesar del productor-director que le ha tocado, merece la pena que la veamos, siquiera sea por protenciar nuestro cine. El producto es digno, aunque fallido.

Decepciona un poco que Herrero no haya sabido lidiar con tan buen material y con unas imágenes que en algunos momentos rozan la excelencia y en otras nos hunden  en el aburrimiento a causa de un ritmo indigno de su nombre y una serie de subtramas mal desarrolladas, como con desgana, que acaban lastrando la trama principal (a pesar de contar con atractivos suficientes, como el asunto de los rituales masónicos: con menos de eso se montó ese fraude literario llamado "El código Da Vinci".

Tampoco los actores están como deberían estar, empezando por Botto, desaprovechando a Carmelo y con secundarios demasiado secundarios. Como nota positiva, le negativa del director de entrar en la fácil simbología de la guerra civil, dejando sólo algunos apuntes esbozados, pero obviando los mensajes en pos de un sólo interés, la trama policial, dejando como punto secundario (por ese solo hecho, lo convierte en una virtud) el que todo acontece durante la intervención de la División Azul en la guerra entre nazis y rusos stalinistas. Magnífica la secuencia de la ruleta-rusa, el macabro y sangriento juego que jalonaba secuencias inolvidables de "El Cazador" y el acierto de vincular los asesinatos a una canción infantil, al modo de Fincher o algunos autores de la dura saga nórdica de novela negra.

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13 febrero 2012 1 13 /02 /febrero /2012 10:36

res

 

Quizá la mayor virtud de la obra que Carol López dirige en la sala Villarroel, "Res no tornarà  a ser com abans" sea la naturalidad de los diálogos, la gracia minimalista del montaje (un escenario donde los actores hacen su papel en cuatro espacios sin separaciones, una cama de matrimonio, una bañera, una sala de estar con sofá y tocadiscos y un comedor con mesa y cuatro sillas) y la concisión de los elementos escénicos con un sólo apoyo "técnico": la pantalla de un televisor donde vemos sucesivas entrevistas de los personajes con un terapeuta fuera de cámara.

Tanto el argumento como lo que se dice y cómo se dice ya entran en el ámbito de lo previsible, a veces ingenioso y la mayoría de las veces sin originalidad rompedora o solo con la necesaria para arrancar risas espontáneas al espectador y mostrar la escasa entidad de los personajes que de puro adelgazamiento psicológico en sus tipos despiertan la familiaridad de los espectadores: todos tenemos amigos y amigas que se comportan de esa forma y, ni el mejor de entre nosotros, no ha tenido alguna vez la cabeza tan vacía y las vísceras tan encendidas y equivocadas como lo que nos muestran esos bastante corrientes personajes. Y lo mismo ocurre con la manera deslabazada de conducir sus vidas, arrebatadas por la nostalgia de los treinta años que ya desaparecen en la lejanía e incapaces de afrontar las exigencias de los cuarenta y más allá.

El alma de esta obra es la acostumbrada oscilación entre el amor (supuesto) y los desamores (reales) que van entorpeciendo la lucidez de los personajes. Carol López cita una frase del genial actor-director desaparecido John Cassavetes en la que éste asegura que lo único que le interesa de la vida es el amor y la falta de amor. El juguete que fabrica para adornar esa frase logra contagiar al espectador, que renuncia a mayores aspiraciones y se dispone a divertirse con esas dos parejas en crisis que no saben lo que quieren y se empeñan en vivir como si lo supieran.

Las intervenciones ante el terapeuta, filmadas, van punteando incesantemente la torpeza relacional de los cuatro personajes, con un poco de sobreactuación de Andrew Tarbet, la contención de Olalla, la vis cómica de Dolo Beltrán y la naturalidad de encefalograma plano de Andrés  Herrera, tan simpático que se le perdona. Los cuatro jóvenes, que pronto dejarán de serlo, hacen una huida permanente hacia la juventud, buscando en esa "aventura" mezquina de cama en plan de amigos hasta la tumba, una solución a su desorientación supina. Sin embargo nadie se toma en serio los implícitos dramas y la directora juega con ingenio su baza, provocando las risas de una parte del público y la sonrisa nostálgica de una minoría que ya sabe de qué va todo eso.

Hay buena química entre los actores y eso se acaba contagiando al patio de butacas, donde nada mas empezar se nos permite entrar en la trama (incluso con interpelaciones directas de la chispeante Dolo al público de la sala). La impresión general es que no se trata de hacer sangre, sino de jugar la baza de la nostalgia y la locura de la juventud que deja de serlo, vamos los últimos cohetes de la irresponsabilidad y el pequeño exceso (quizá por eso la intervencion filmada de Andrew al final, diciéndonos que pese a su separación, sigue muy bien con su vida anclada en la casa de los padres, las novias y la droga -blanda por supuesto- nos suena tan irremidablemente amarga e irreal).

Hablar de Carol López como de una Woody Allen de nuestra tierra, como ha escrito algún comentarista excesivo, se me antoja bastante corto de vista. Carol tiene madera, a qué negarlo, pero quizá le falta profundidad, mala leche e ironía. Exactamente lo que le falta a "Res no tornarà..." para ser mucho más que una pequeña comedia con aires de vodevil. Lo que si le sobra a Carol López es la habilidad de crear complicidad. Y no sólo en los actores.

 

 



 

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11 febrero 2012 6 11 /02 /febrero /2012 10:37

un-lugar-para-sonar-cartel1.jpg

El "star system" de Hollywood puede en ocasiones ser algo perverso de forma inconsciente. Nadie discute que una pareja como Matt Damon y Scarlett Johanson tiene todos los números para ofrecernos una película digna. Parece que hasta la química entre ambos no puede dejar de funcionar dadas las coordenadas de belleza, simpatía, fotogenia y fuerza interpretativa. Solo hay que ponerle en las manos un buen guión, un buen  director y una buena fotografía y técnica cinematográfica. Pues bien, en teoría, sobre el papel, todo eso, más o menos, estaba en el puchero de la película. ¿por qué diablos ha salido un potaje tan desangelado, previsible, absurdo, emocionalmente ambiguo y ñoño hasta la verguenza ajena?

La historia de esa familia desestructurada por la muerte de la esposa y el empecinamiento del varón en regentar un zoo, asi por las buenas, solo porque la casa de los sueños de su hijita lleva uno adosado, es de un pretendidamente lacrimoso sentimentalismo que bordea la idiotez más suntuosa. Ni Matt, ni Scarlett, ni el resto del elenco, incluidos niñita adorable y adolescente odioso, parecen creerse el bodrio que tratan de perpretar.

Cameron Crowe (que dirigió las vagamente interesantes "Jerry Maguire" o "Vanilla Sky") certifica aquí su decadente valía.

Con el marchamo evanescente y pretencioso de "una historia real", el asunto del viudo y su familia invirtiéndolo todo en un zoo en horas bajas cargado de personal desmotivado y logrando el triunfo del american good way con las sonrisas y las conversiones de todos los personajes inmotivados, es cuanto menos, reiterativa y previsible hasta dejárselo de sobras. Melodrama interpretado con su conocida profesionalidad por los dos actores mencionados, que tratan de salvar como pueden el Titanic de la película, pero acaban hundiéndose con ella. Pero como el mensaje es que la familia que se hunde unida permanece hundida la mar de bien, pues eso, amigos, conocidos y gente que pasaban por allí apoyan esta historia americana de superación personal, familiar, laboral y social, para que nadie niegue la virtualidad gozosa del paraíso norteamericano.

La cosa está basada en la autobiografía de Benjamin Mee, personaje real, que terminó regentando un zoo sin saber nada de animales, sólo como prueba canónica del esfuerzo personal y sacó un libro que engrosó la lista pretenciosa de libros de autoayuda y gloirificación por el esfuerzo.

Mencionemos el encanto de Maggie Elizabeth Jones, la niña, una de esas pequeñas actrices que parecen haber nacido con una cámara en el chupete. La subtrama adolescente es perfectamente olvidable y no hay muestras de profundidad psicológica en ninguno de los personajes secundarios, sino a efectos de coro tragicómico griego para un tema que no logra conmover a la mayoría de espectadores... y que pronto nutrirá los anaqueles de dvd de alquiler para tardes familiares de domingo

 


 

 

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10 febrero 2012 5 10 /02 /febrero /2012 12:08

Siempre me ha cautivado el ballet clásico. El paradigma popular de esa danza es para mí "El lago de los cisnes" de Piotr Txaikovski, que fue estrenado en el Bolshoi de Moscú en 1877. La actual revisión que se puede disfrutar en el Liceo es la del bailarín Angel Corella, bastante clásica a su vez. Como detalle de interés añadido, en el papel de Odette y de Odile, cisne blanco, cisne negro, la americana Sarah Lane, que dobló a Nathalie Portman en esa magnífica y algo tramposilla película que fue "Cisne negro" y levantó cierta polémica interesadamente orquestada por los encargados de promocionar la película. Sarah Lane reivindicaba el esfuerzo y dedicación que debe aplicar cualquier bailarín de ballet clásico para ejercer su profesión con lo que, sin minimizar los méritos de la Portman, aseguraba que para bailar de verdad como una profesional del ballet no eran suficientes ni uno (tiempo dedicado por la actriz para preparar su papel) ni diez años de entrenamiento. Sus palabras fueron sacadas de contexto y se presentaron como una reivindicación algo indigna e inoportuna de la bailarina contra la actriz.

Al margen de todo eso, ya escribiré otro día sobre la magnífica función liceísta, sólo dejar constancia de la perfección técnica de los bailarines de Corella, de él mismo y de su invitada. Un espectáculo que enriquece el alma. Bel.lo, bel.lísimo!!!

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9 febrero 2012 4 09 /02 /febrero /2012 08:12

ninos-feroces-pack-exclusivo-casa-del-libro-8432715050162.jpgNuevo libro del escritor madrileño Lorenzo Silva, editada por Destino. Una novela en forma de muñeca rusa (nunca mejor empleada la metáfora dada la temática de la narración). Una "matriuska" que va desvelando, conforme avanza la lectura, los componentes clásicos de novela dentro de la novela, dentro de la novela (hasta tres puntos de vista narrativos diferentes) que nos habla una vez más de la creciente habilidad técnica de Silva, de su amplia documentación, de su compromiso con la historia y de su amor a los personajes más injustamente tratados por la sociedad y el destino, el drama de los seres más débiles sometidos a los horrores de las guerras con especial mención a las del espantoso siglo XX que muchos han sufrido de forma terrible con especial mención a las mujeres y sobre todo los niños y los muy jóvenes (de ahí el título; por cierto, qué portada más anodina y poco apropiada).

En otro nivel de análisis se trata de una "bindungsroman" es decir una "novela de formación", al estilo de "Los años de aprendizaje de Wilhem Meister" de Goethe o "El guardián en el centeno" de Salinger. Aquí Silva nos ofrece las vivencias y esfuerzos literarios de un aprendiz de escritor que participa en un taller de escritura y recibe la generosa e inestimable ayuda (escasamente probable) de su maestro para que escriba una novela. A tal fin no sólo le proporciona el tema y el protagonista, sino que, convertido en una especie de genio áulico sabio y protector, le pone en contacto con personajes secundarios, lugares donde se desarrolla la accción, libros, películas, documentales y entrevistas con personajes reales que le darán información complementaria y/o formativa.

Los lectores de Silva ya están acostumbrados a esta participación casi mágica (por lo providencial) de mentores y gentes generosas que ayudan a sus protagonistas y en "Los niños feroces" la estructura de novela formativa es singularmente rica en elementos de ayuda. No obstante la ligera artificiosidad de la técnica no desmerece el impacto global de la novela, bien escrita como era de esperar en este autor.

La vida del voluntario de la División Azul que movido por un drama familiar adopta sin más cierta ideología y se lanza a las lejanas y heladas trincheras de Rusia bajo la bandera de la cruz gamada y las órdenes nazis, narrada en primera persona  a finales de los 80, por el anciano protagonista al maestro literario, (un novelista que, curiosamente, teniendo todo el material a su antojo no hace ningún uso de él sino que lo pasa a su alumno) durante varias mañanas en unas citas en un parque madrileño y éste se lo cuenta al alumno añadiendo material variado relacionado directa o indirectamente con la guerra.

Con gran eficacia narrativa y un estilo directo, Silva nos lleva a los cuarteles nazis que preparan a los voluntarios españoles llegados bajo la égida de Franco y sus interesados manejos con el Tercer Reich, nos cuenta las vicesitudes del joven voluntario y un compañero maduro, un legionario adicto a la guerra y el peligro, que le servirá de guía y apoyo. Más tarde, obligado a regresar a España cuando la guerra comienza a torcerse para Hitler y Franco coquetea con el apoyo a los aliados, regresarán ambos a Alemania para vivir en primera persona las jornadas más duras: el cerco de Stalingrado, donde Silva se esmera en contarnos las páginas de horror que se escribieron en aquellos aciagos días.

La novela sigue este curso temático, aunque se alimenta también de recursos periodisticos como la entrevista con soldados españoles actuales en funciones de "apoyo" en países como Irak (donde se trasluce la sabida admiracion de Silva por los militares y la guardia civil españolas), recomendaciones de libros y películas al alcance de cualquiera que aportan visiones complementarias y, para redondear la oferta, las citas a escritores como Walter Benjamin (cuyo paso por Portbou es seguido en peregrinación literaria por el escritor y su pupilo), Semprún o Gunter Grass.

La novela se lee bien, con algunos momentos poco explicitados o reiterativos y con el exceso retórico de las últimas páginas donde parece que el autor justifica su novela (innecesariamente), abonándose a la descripción de los jóvenes indignados como corolario de su alegato contra las guerras y los jóvenes que van o se ven inmersos en ellas.

Al final, pues, Lorenzo Silva reincide sobre los "niños feroces", concepto que ya habia comentado y analizado en diversos momentos de la novela: "Tiendo a pensar que unos y otros, los hombres ambiciosos y los niños feroces son, en definitva, dos de los mas poderosos instrumentos del mal sobre la tierra y que ninguno de ellos merece alabanza ni protagoniza epopeya digna de ser celebrada". Y no le falta razón, aunque en el desarrollo de la narración, si parece admirar --y compadecer-- las acciones de niños enfrentados a la guerra, con armas de combate en las manos, ya sea en Irak contra los legionarios españoles o en las ruinas de Berlín contra los rusos.

La subtrama ideológica no está bien anudada a los personajes y sus comportamientos (ya sea Jorge Garcia Vallejo, el viejo divisionario o su compañero el legionario irredento Laureano Grau) y Silva resuelve de un carpetazo las contradicciones en su afán de que soimpaticemos a los dos camaradas.

Los personajes principales, el maestro literario, su joven aprendiz, el falangista y el legionario, raramente abandonan su categoría casi de arquetipos, aunque el bien hacer de Silva logra que nos sintamos atraidos por ellos. Novela apreciable, excelentemente documentada y llena de guiños para el lector avezado. Vale la pena perderse en sus páginas (y puestos a ello seguir las recomendaciones de libros,peliculas y webs que nos hace Silva, vía Lázaro, el profesor casi omnisciente).

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7 febrero 2012 2 07 /02 /febrero /2012 08:21

 

 

bunraku-cartel-1

Con un comienzo francamente prometedor, un diseño de comic y de recortables maravillosamente filmado y una categoría de narración y personajes con la elementalidad de los grandes cuadernos de dibujantes argumentales, "Bunraku" es una cinta innovadora, voluntariamente rompedora de estilos y con vocación tarantinesca o de manga a lo "Kill Bill", con detalles gore y factura épica.

Todo empieza cuando un vaquero sin pistola (Josh Hartnett) y un samurai sin katana (Gackt) llegan a una ciudad sometida a la dictadura de los matones del "asesino numero 1", un sanguinario psicópata, llamado el leñador porque mata a hachazos, que se mantiene generalmente al margen y deja al "asesino numero dos" su lugarteniente, al mando de un ejército de matones vestidos de rojo dominar la ciudad a base de palizas y asesinatos. Los dos guerreros recién llegados vienen en busca de Nicola, el jefe del hacha (una tétrica y efectiva composición del cada vez más interesante Ron Perlman) por motivos distintos, uno por venganza y el otro para reponer una jova de gran valor tradicional al clan y que está en manos del gran jefe.

 Dirige Guy Moshe que, con mucha propiedad, titula su película "Bunraku", el nombre del teatro tradicional japonés que combina marionetas, música y recitaciones, como trata de hacerse en la película. La propuesta es sumamente original y está muy bien resuelta visualmente. ¿Cuál es su defecto? La falta de ritrmo interno, los excesos de los planos personajes que no se desvian de la amoralidad del género manga, el aburrimiento de los diálogos que pretenden ser filosóficos y sólo son infantiles y vulgares y el exceso de metraje para una historia previsible que ya han contado otros de mejor manera.

Western, cine de samurais y artes marciales, estética de comics y movimiento de cámara de videojuegos, con unas interpretaciones que nos hacen sospechar que los actores lo han pasado de verdadera fábula y han debido reirse a cajas destempladas cuando la cámara no les enfoca. Kevin McKidd y Woody Harrelson, el asesino dos y el amigo maduro y sabio de los dos protagonistas, se lucen en sus tópicos y teatrales papeles, así como una sensual y dura Demi Moore o un breve y rapidamente liquidado Jordi Mollá, suman un elenco que se lo pasa pipa mientras el público no adicto a las especialidades apuntadas se aburre soberanamente. Eso sí, una vez pasado el estupor y la fascinación ante la ingeniosa puesta en imágenes utilizando recortables y marionetas, escenarios de colorines, planos y esquemáticos o el uso psicodélico del color en todas las escenas.

A pesar de sus defectos, "Bunraku"· me ha divertido, al menos la mitad del metraje.

 

 

 

 

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6 febrero 2012 1 06 /02 /febrero /2012 08:51

albert-nobbs-cartel1.jpgUna película irregular pero apreciable en líneas generales, no sólo por el trabajo de Glenn Close. La composición del travestido Albert Nobbs, parece haber sido diseñada para avalar la sexta candidatura a un oscar de interpretación de esta actriz (sería injusto que no lo recibiera, aunque no tanto por esta película cuanto por la ductilidad de la que ha hecho gala durante su carrera).

Glenn Close, protagonista, productora y guionista (la película se basa en una novela del irlandés George Moore) se ha metido en la piel del pobre Nobbs, una mujer disfrazada trabajando como criado varón en un hotel de cierta categoría en Dublin en la mitad del siglo XIX, en plena época victoriana. Aunque Close no hace el papel por primera vez ya que la actriz lo interpretó en los escenarios del Off-Broadway durantelos años 80. Por tanto la película, dirigida con cierta eficacia artesanal, fría pero correcta, por Rodrigo García, suena más a empeño personal de la actriz que a un intento de desvelar la inhumana dureza de una época y la vida miserable de una clase social y en particular la situación de las mujeres.

El rostro estólido de Close, como cincelado por un embalsamador, domina ampliamente la pantalla con la vida reprimida de sus expresivos ojos azules y los labios firmemente cerrados en una expresión permanentemente congelada, que en pocas ocasiones se permite la distensión de una sonrisa o fugaces momentos de felicidad. Hay en ese rostro la constatación de que Albert Nobbs jamás logrará cumplir sus modestos sueños de independencia y de afectos. Como contrapunto del tenso y envarado Albert, la actriz Janet Mc Teer, otra mujer trasvestida que asume con propiedad el rol masculino y ha formado una  familia con una mujer, muy femenina, logra robar cámara en la mayoría de las escenas que ruedan juntas (sería una justa candidata a actriz de reparto en la carrera de los Oscar de este año, si el mundo del cine fuera justo) y nos muestra un dominio del papel verdaderamente espectacular, ofreciéndonos una actuación dotada de una humanidad y fortaleza apabullantes.

La Close se queda a medio camino entre la extrañeza de la caracterización masculina de Julie Andrews en "Victor o Victoria" de Blake Edwards y la contenida frialdad, reserva y congelada educación de Anthony Hopkins en "Lo que queda del día" de James Ivory. Su amor insensato y absurdo por la cada vez más sólida Mia Wasikowska y el otro vertice del triángulo interpretado por Aaron Johnson en un papel casi de melodrama, forma la trama esencial de la película, en la que el resto de los criados del hotel, la ridícula dueña y los clientes, hacen una propuesta coral que da una idea de la dureza de las diferencias sociales y el ambiente irlandés de la época con una clase baja reducida a la humillación, el paro y el hambre.

Pero no logra la cinta mostrarnos el cerrado, oscuro y deprimente Dublin que tan magistralmente pinta Houston en "Los muertos", todo queda en pinceladas anecdóticas que apenas pesan en el conjunto de la película, rodada para lucimiento de la protagonista, aunque secuencias como la de los paseos de Nobbs por las barrios humildes donde encuentra un local para cumplir su sueño de abrir un estanco (para lo cual lleva toda su vida ahorrando avaramente penique a penique como un mister Scrooge que cada dia cuenta sus ganancias) y vivir en él con una mujer que haga el rol propio de su sexo, tienen fuerza de convicción. Pese a que el espectador nunca acaba de creer en ese sueño que, efectivamente,  desbaratará un lamentable  accidente.

Con una factura  técnica impecable, creo que la película se queda en las puertas de ser un realización magnífica, para terminar siendo un ejercicio de interpretación de Close (superada a mi entender por Janet Mc Teer) que deja una sensación de obra bien hecha pero sin ambición, con una superficialidad que evita la posibilidad de dar un aldabonazo en las conciencias contra un tipo de vida, históricamente real, que fue una maldición para muchísimas personas. Como dice otro de los  intérpretes secundarios, el doctor del hotel, un magnífico Brendan Gleeson, al final de la película, cuando clama contra un dios que permite el vaciado de tanta miseria en las vidas de muchas personas, la película deja en el espectador un poso de amargura que no evita el final esperanzador antre la travestida Janet y la joven Mia.

Close, que recibió el gran premio de Donostia por el conjunto de su carrera trata aquí de robar un poco de brillo a Meryl Streep, a cuya sombra ha tenido que vivir y ambas aportan dos caracterizaciones de Oscar, la primera con su Albert Nobbs y la segunda con su retrato de la Thatcher. Las dos están un pelín excesivas, pero ambas rivalizan en su entrega a su personaje. La cosa está difícil. Los personajes citados son pesos pesados desde un punto de vista dramático (Y la premier británica, histórico también), ambas han sido dirigidas a mayor gloria de ellas, sin demasiada personalidad en la dirección, pero en todo caso lo que queda son dos películas sumamente interesantes y el buen hacer de dos mujeres que hacen cine sobre mujeres muy especiales.

 

 

 

 

 

 

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5 febrero 2012 7 05 /02 /febrero /2012 09:52

burbero.jpg

Alternando con las representaciones de "Las nozes de Figaro" de Mozart en el Liceo, se han programado las de "Il burbero di buon cuore" del contemporáneo de Mozart, el maestro valenciano Vicente Martin i Soler (que, se dice, en aquellos tiempos era aún más popular que el gran maestro vienés). En la entrada de las Ramblas el, acostumbrado en los últimos días, recordatorio de que la crisis también ahoga al magnífico Gran Teatro, con los trabajadores repartiendo octavillas contra la gestión del Teatro y el ERE anunciado y lamentando la cancelación de varios espectáculos de esta temporada.

Hubo amistad y admiración entre los dos maestros (Mozart compuso dos arias para esta ópera de su amigo y citó una melodía de "Una cosa rara", otra de las óperas del valenciano, en su magistral "Don Giovanni") que vivieron y triunfaron en la misma Viena imperial de finales del siglo XVIII. El Liceo ya habia estrenado en años anteriores dos óperas de Martin i Soler, "L'arbore di Diana" y "Una cosa rara" y ahora recupera "Il burbero...", ópera bufa, estrenada en Viena en 1785 cinco meses antes de la mozartiana  "Le nozze di Figaro", basada en una pieza de Goldoni (el dramaturgo italiano de la clase burguesa) con libreto del gran Lorenzo di Ponte (cuyos servicios  compartía con Mozart).

En ella nos hablan de una familia presidida por un solterón de cierta edad, el señor Ferramondo, que tiene un caracter irascible cuyos excesos provocan hilaridad y confusión, pero que esconde un corazón generoso y compasivo. En torno a él dos sobrinos, la chica que ama a un muchacho de familia humilde y su hermano malgastador y casado con una mujer frívola y derrochadora. El elenco lo completan el ama de llaves de la casa --en realidad es una pensión veneciana con pretensiones y algo hortera-- el criado Castagna y un amigo del gruñón protagonista con el que juega a ajedrez y  participa sin querer en un malentendido que le enfrenta a la timida Angélica, la sobrina y a su irascible tío.  Dirige la gran orquesta del Liceo Jordi Savall que con esta actuación deseaba rendir homenaje a su esposa Montserrat Figueras recientemente fallecida.

A destacar la magnifica soprano Veronique Gens, como madama Lucilla, la malgastadora, quizá la mejor voz de esta representación, que logró con las dos arias que  compuso Mozart para esta obra un entusiasta bravo del público. Mucho mas que correcto el proceder musical y escénico del bajo aragonés Carlos Chauson, como el señor Ferramondo, David Alegret como Giocondo el marido derrochador y débil de Lucilla y Elena de la Merced en el papel de Angélica.

La dirección escénica estaba encomendada a Irina Brook, hija de un director ilustre, Peter Brook, que nos dio una versión moderna, un poco paradójica en ocasiones por la diferencia de costumbres entre un siglo y otro (en la época que nos muestra Irina no suele decidir el hermano de la heroína que debe encerrarse en un convento por tal de no pagar la dote).

Como declaró Jordi Savall, "si hubiese sido alemán, ahora Martín i Soler sería mucho más conocido. Se ha sido muy injusto con él". El aforo del Liceo estaba un poco depauperado a pesar de las entradas a bajo precio vendidas en los ultimos minutos antes de la representación. Y es una lástima porque la musica de Martín i Soler tiene una viveza, un colorido y una fuerza autenticamente magnificas.

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4 febrero 2012 6 04 /02 /febrero /2012 09:27

 

 dickensEl martes próximo, día 7 de febrero, de hace doscientos años, nació en Londres Charles Dickens, uno de los grandes de la literatura de todos los tiempos. Autor de catorce novelas (quince si contamos "El misterio de Edwin Drood", que no llegó a acabar), centenares de artículos, libros de viajes y de relatos, llegó a crear más de 2000 personajes, entre los cuales hay figuras que se han convertido en auténticos arquetipos literarios que ya forman parte de la memoria de generaciones de lectores. ¿Quién no ha oído hablar de Oliver Twist o de David Copperfield? ¿Quién no se siente lleno de humor con el señor Pickwick o conmovido con Mr. Scrooge y sus fantasmas navideños?

 

 

En honor de este segundo centenario, el mundo literarrio anglosajón se ha lucido no sólo reeditando muchos de los títulos del novelista sino enalteciendo las vinculaciones esenciales entre Dickens y su Londres victoriano, dos nuevas biografías (a añadir al centenar publicadas desde la muerte del escritor en 1872) y en España la edición de la monumental obra dedicada por Peter Ackroyd al emblemático autor, "Dickens, el observador solitario", que aunque ya tiene algunos años acaba de ser traducida por Edhasa (firmada por Gregorio Cantera) en una versión acortada (la inglesa en dos volúmenes tiene el doble de páginas).

Para sumarnos a este homenaje internacional a Dickens, esta semana les propongo no sólo la biografía magnífica de Ackroyd, también la edición que Mondadori hizo en 2004 en su colección Grandes clásicos de "Los papeles póstumos del Club Pickwick", la divertida y entrañable novela de humor con la que el escritor londinense logró hacerse un nombre literario y empezar a ganarse la vida con su pluma, aparcando en cierta forma su labor de periodista (1836). En España hay más de cuatrocientos títulos de las obras de Dickens editadas por diversas editoriales y en todas las lenguas de nuestro país.

En la biografía citada vamos acompañando a Dickens desde su nacimiento y desolada infancia hasta los enormes esfuerzos juveniles para ganarse la vida empleando un talento fuera de lo común y unas dotes de observación que sembrarían el germen de su obra. El hecho de tener que trabajar en los menesteres más duros (a los doce años entró a trabajar en una fábrica de betún a las orillas del Támesis en jornadas de diez horas por un salario de seis o siete chelines a la semana (unos 30 euros actuales) para ayudar a su familia, mientras el padre estaba encarcelado por deudas. ¿No vemos en esta historia la semilla de David Copperfield o de Oliver Twist? ¿No comprendemos la presencia de tantos personajes duros, inhumanos o la de sujetos dotados de una enorme humanidad, de una alegría inexplicable o de una bondad sorprendente? Todos esos personajes rezuman realidad por los cuatro costados, son clones de la humanidad que caminaba por la fangosas calles londinenses sumergidas en la niebla y se ganaban la vida en la precariedad de los oficios más humildes y las exigencias de la miseria y la extrema necesidad.

Ackroyd, que es novelista también, nos ofrece una biografía muy bien escrita en la que siguiendo su talante novelesco va entrecruzando la obra de Dickens con los avatares de su vida y nos lleva a caballo de una cita novelesca a la experiencia vital concreta que seguramente fue el germen vivencial del reflejo literario. Nos habla de sus notables y agotadores esfuerzos por ganar dinero a fin de mantener a su amplia familia (diez hijos y algunos de ellos se constituyeron en verdaderos problemas para el padre) y comprar tiempo parta escribir. Complementaba la publicación de sus novelas, primero en forma de serial periodístico o entregas y luego en libro, con conferencias públicas que, sobre todo en Estados Unidos (donde entonces no pagaban derechos de autor a los extranjeros), sanearon mucho su economía pero le fatigaron extraordinariamente.

Dickens murió, tras una gira de conferencias, agotado, a los 58 años, en junio de 1870. Dejaba varias de las joyas literarias que dignifican la literatura inglesa y constituyen parte del acervo cultural de occidente. Como escribió Carlos Marx refiriendose a la importancia social y política de las novelas de Dickens, "ha proclamado más verdades de calado social y político que todos los discursos de profesionales de la política, agitadores y moralistas juntos". De hecho muchos de los cambios sociolaborales a favor de los niños trabajadores y en contra de la explotación inhumana de la infancia o la violencia contra los huérfanos y abandonados, fueron indirectamente provocados por la popularidad de personajes como Oliver Twist, David Copperfield o Nicholas Nickleby.pickwick

En cuanto a "Los papeles póstumos del club Picwick", no se pierdan las ilustraciones realizadas por dos artistas de la época Robert Seymour y Phiz y reproducidas en la edición de Mondadori, de los personajes y escenas de los compañeros del señor Pickwick, un grupo pintoresco de "aventureros" en la Inglaterra de la primera mitad del siglo XIX. Fue la primera novela de Dickens y una de las más populares, editada por entregas por el diario Evening Chronicle a partir de 1836. La importancia de esta novela es tal que en la literatura anglosajona se la considera a la misma altura, sino superior al Tom Jones, Joseph Andrews o Tristam Sandhy y en la literatura universal, cercana al mismísmo Don Quijote. Pickwick es un personaje capital en el imaginario anglosajón y se le pone al nivel de, por ejemplo, el Fasltaff de Shakespeare. Lo cierto es que su lectura es un placer y nos deja en la memoria el encanto de unos personajes y unas situaciones que nos evocan siempre buen humor, una sonrisa permanente y a veces alguna que otra carcajada.

 

 

 

FICHAS

DICKENS, El observador solitario.-Peter Ackroyd.- EDHASA, nov.2011.-700 págs.

LOS PAPELES POSTUMOS DEL CLUB PICKWICK.-Charles Dickens. Clásicos Mondadori. 2004. 1031 págs.

 

 

 

 

 

 

 

 

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3 febrero 2012 5 03 /02 /febrero /2012 08:18

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Hay cinéfilos que lamentan que Alexander Payne haya tardado siete años en volver a las pantallas, tras la magnífica "Entre copas" y la no menos interesante "A propósito de Schmidt". Con "Los descendientes" se depura el hábil cruce habitual entre drama y comedia que suele caracterizar su filmografía.  En esta ocasión nos brinda una historia de fuerte dramatismo, la mujer del protagonista (George Clooney) está en coma tras un accidente ocurrido mientras practicaba esquí náutico. El es uno de los descendientes del ultimo rey de Hawai y con una pléyade de primos estudia la venta del último paraje virgen que queda en las islas. Clooney tiene dos hijas, una niña de diez años (Amara Miller) y una adolescente (Shailene Woodley) a las que apenas ha tratado debido a su trabajo y están malcriadas, quejosas e incómodas ante el padre sin experiencia y con culpa, que se tiene que hacer cargo de ellas. Pero hay otro elemento que es el desencadenante del drama: el descubrimiento de la infidelidad de su esposa.

Aqui empieza una historia ambivalente que te hace sonreir a menudo y que te lastima en ocasiones, conmoviéndote profundamente. Aquí se inicia un recital sorprendente, dúctil y lleno de registros del rostro de Clooney, tratando de asimilar y reaccionar ante la andanada que le viene encima por todos los frentes. Payne juega fuerte y con habilidad tanto en la dirección de actores secundarios (excelentes las dos niñas, sobre todo la adolescente Woodley) como en el ritmo cambiante casi de road movie de una trama que lleva a Clooney y su desestructurada familia a  la que se une otro joven amigo de la chica, a irse acercando unos a otros a través de largas caminatas, vuelos de avión, viajes en coche y conversaciones que pasan de la astracanada maleducada y malsonante a instantes de afecto conmovedor, dolor o reencuentro emocional. El director ha basado su guión en la novela de una joven hawaiana, Kaui Hart Hemmings, moldeándolo para ofrecernos su austero mensaje cuyo mayor logro está en llevarnos sin excesos a un doble final: la declaración de amor y perdón de Clooney a su mujer moribunda e insconsciente y la secuencia que cierra la película, con un mensaje que admite muchas lecturas: el padre y sus dos hijas sentados en un sofá comiendo helado mientras ven un documental en la televisión. ¿Cuál es lo moraleja del duro viaje emocional y psicológico de esa pequeña familia? ¿Es este un final feliz?¿Apostarse ante un televisor para ver documentales? ¿Eso es todo lo que han aprendido del drama que han vivido? ¿Qué ocurre después? Quizá Payne nos aconseja resignación.

Como apuntaba un comentarista, uno se queda con la sensación de que Payne nos devuelve la pelota del final de "El apartamento". La chica despechada--Shirley McLaine-- que juega a las cartas con un hombre que la ama (un enorme Jack Lemon: un actor que recuerda mucho a Clooney) mientras ella ama al otro  (Fred McMurray), al que ha abandonado. ¿Es muy valioso ese aceptar compartir su soledad y su melancolía con otro hombre, una buena persona, un antihéroe que ya se ha puesto a sus pies? En "Los descendientes" parece cumplirse aquello tan discutible de que "la familia que sufre unida, permanece unida". Pero lo cierto es que la película merece ser vista y posiblemente reciba alguna mención en los Oscar. Desde luego Clooney ya ha mostrado sus capacidades de llevarselo. Y la historia, muy bien contada, también lo merece: un abrir la caja de Pandora de la  familia y correr la aventura de conocer a los más cercanos, puestos todos a prueba por una tragedia personal de difícil gestión.

En cuanto a la localización, las paradisíacas islas hawaianas, como dice el personaje de Clooney, "se pueden ir a la mierda" ya que toda su belleza exhausta por las mansiones, los hoteles y campos de golf, los coches y los turistas, no garantizan ni un gramo de felicidad a la mayoría de sus habitantes, incluso los más favorecidos. Cuando a la vida le da por plantarse y volverse difícil, da igual donde estés. Pero si además te dicen que estás en un paraíso la cosa se vuelve tragicómica.

Pues bien, volviendo al principio, yo soy uno de los cinéfilos que piensan que Payne no debería prodigarse demasiado, sino dedicarse a perfilar obras como ésta, bastante redonda, en general, y muy por encima de los habitual en las carteleras. ¿Que tarda seis o siete años? Mejor. Más garantía tendremos de ver otra buena película. Terrence Malick  --"El árbol de la vida", "La delgada línea roja"--, ha dirigido sólo cinco películas en más de treinta años, nadie ha protestado por ello y sigue siendo uno de los grandes directores de la historia del cine.

Y es que Payne es un director con fuerza e inteligencia que parece más surgido de los 40 y 50 que de esta época crispada que nos toca vivir. Su visión es serena, lúcida y sumamente adulta, empeñada en no ahorrarnos la sutileza cruel que merece nuestra sociedad y nuestra forma de comportarnos. Su retrato de esa familia respetable y adinerada del "paraiso" de Hawai nos toca de cerca a los espectadores, por la simple coexistencia de época y cultura. La pesquisa en el aburrido hastío de las relaciones de pareja, las paterno-filiales, las de amistad, son aplicables a todos nosotros, vivamos donde vivamos. Gracias a la película el eco de esas oscuridades, de esos fantasmas y esas dudas los vemos reflejados en el entorno que habitamos.

Nunca hasta el momento ese magnifico actor que es Clooney ha transitado con tanta sabiduría desde el ridículo y la indignación  del engaño y su respuesta, hasta la amargura, la impotencia y el desgarrro del dolor por la pérdida y el desencuentro afectivo. No mse la pierdan.

 

 

 

 

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