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11 noviembre 2011 5 11 /11 /noviembre /2011 10:25
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Jaume Cabré, barcelonés de 64 años, profesor, guionista y novelista caudaloso, dotado de unas formidables dotes de observación y un sentido épico de la vida cotidiana, salta a la palestra literaria con su última novela "Yo confieso" (editorial Destino y Proa en catalán) de ecos zolianos,  en la que acompañamos el periplo vital de un personaje que circula por el siglo oscilando entre el culto a las palabras y la peripecia histórica de un violín, instrumento ligado  a unos dramas humanos que acompañarán a Adrià, el protagonista en su extenso y melodramático existir.
Casi mil páginas de una historia que se ramifica, como las Mil y una noches en muchas historias más, oscilando entre épocas y escenarios diferentes desde la Barelona de los 40 y 50,  Roma, Girona, Paris, Cremona y los avatares históricos e ideológicos que marcaron los últimos cinco siglos en Europa.
Hay una ambición totalizadora, un afán de contarlo todo, de cubrir todos los aspectos directos o indirectos de la narración, de dejarse seducir por la vida en torrente que va desbordando las páginas en una narración sin aparente final.
Jaume Cabré tiene un estilo premioso, detallista, documentado y el lector va dejándose embrujar por la palabra, los hechos, los diálogos, las sorpresas en una narración permanente que va hilándose a sí misma, dando en ocasiones sensación de exceso, fabricando un mundo propio, cerrado y al tiempo sugestivo que exige a veces un respiro.
La historia de Europa que va afectando la vida los personajes se imbrica de tal manera en los hechos novelescos que uno tiene la sensación agobiante de estar siendo testigo privilegiado de una trayectoria histórica, repleta de crueldad y excesos en los que los personajes son meras marionetas del destino, pero donde se observa a veces con nitidez la mano y la voluntad del creador, el novelista.
Uno percibe que el deus et maquina de la narración es, nuevamente, el mero placer de contar, de narrar. No parece haber una estudiada estructura argumental tras la complejidad de la trama y a veces uno percibe la fuerte voluntad del novelista autoseducido por su placer creador, es el epítome de un escritor enamorado de su oficio, con dotes y sin freno. "Yo confieso" es puro ejercicio de la escritura, el espejo estandaliano paseando por los difíciles y duros senderos de la historia europea.
Los temas filosoficos que Cabré explicita en su larga narración son lo que conmueven y preocupan a los hombres de nuestra época, a los hombres y mujeres sujetos a un devenir histórico que el siglo ha convertido en uno de los más complejos y salvajes: desde la muerte, la crueldad de los regímenes totalitarios hasta la enorme capacidad del hombre para hacer el mal, o la ausencia o el sentido de Dios. Pero todo esto no toma la forma de un discurso frío o retórico, la fuerza de Cabré reside en su capacidad para encarnar las ideas en sus personajes, en escoger los momentos históricos, en hilvanarlos en unas secuencias coherentes que va enredando al lector en su propia complejidad de tela de araña literaria.
Esta novela es pues un acto de soberbia literaria, del autor, del tema y de la exigencia hacia el lector al que encadena por sugestión y por el propio encanto y desafío del exceso. Utiliza unos elementos permanentes en la historia que van hilando entre sí a personajes, hechos y épocas. Por ejemplo el violín storioni que es una de las constantes argmentales. Se percibe el oficio del autor en su labor de guionista, ya que ofrece con habilidad al lector esos elementos ocasionales pero importantes con los que crea la urdimbre precisa para que el lector se sienta "arropado" por una historia coherente que tiene sus propias leyes de desarrollo.
El afán enciclopédico de Cabré se refleja en la propia historia familiar de su protagonista Adrià, de su amigo Bernat, de la historia del violín, de las multiples historias personales que van decantándose en un permanente y mantenido vigor narrativo. El escritor dijo en una antrevista que habia tardado ocho años en concluir el empeño del "Yo confieso" y que habia tratado de reflejar la historia europea en su novela. Un empeño torrencial y con ambición abarcadora que parece la respuesta a un desafío personal de Cabré, el sueño de escribir "la gran novela europea", quizá a imagen y semejanza de "El hombre sin atributos" de Musil o "El cuarteto de Alejandría" de Durrell o lo que fue "En busca del tiempo perdido" de Proust para finales del XIX y principios del XX. Una ambición la de nuestro autor que se ha acercado bastante a la excelencia, aunque su propio exceso le pasa a veces factura. Recorrer cinco siglos de historia europea entre el horror, la vileza y la infamia, ajustando una teoría literaria en el cambio de puntos de vista, de escenarios y de épocas, con el mal como fuerza motora, es un empeño colosal. Y Cabré lo ha intentado y lo ha solventado con buena nota.
Personalmente me ha encantado el juego con los personajes  imaginarios Aguila Negra y el sheriff Carson, recurso tipo "aventi" del niño Adrià para ayudarse en las peripecias infantiles que se ve obligado a afrontar.
 
 
FICHA
 
"YO CONFIESO", Jaume Cabré, Editorial Destino 2011, 863 páginas, 26,90 euros. Traducida del catalán por Concha Cardenoso. 
 

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11 noviembre 2011 5 11 /11 /noviembre /2011 10:04

En febrero de 1951 salió la primera edición de "La Colmena" de Camilo José Cela, entonces un joven autor que sobrevivía en la España de la postguerra buscando sinecuras oficiales y empleos subsidiarios hasta poder vivir de la literatura, cosa que CJC  lograría y jamás dudó. Releo la edición hispano-americana que editorial Noguer sacó en mayo del 62, ilustrada con dibujos magníficos de Lorenzo Goñi. "Un trozo de vida narrado paso a paso, sin reticencias, sin extrañas tragedias, sin caridad, como la vida discurre, exactamente como la vida discurre"., dice don Camilo. Son 296 personajes imaginarios y y cincuenta reales los que bullen en esa "colmena" que fue el Madrid de 1942. Don Camilo fue etiquetado en aquellos años como un "enfant terrible" al que el régimen férreo de Franco dio algunos pescozones por su atrevimiento realista. En la edición que poseo, de 1962, CJC ya es un escritor reconsagrado, se permite la condescencia del tuteo al poder y su estilo --en la nota a la edición-- se ha vuelto culterano, lleno de retranca, cultista y con su punto de desfachatez y a veces de simple grosería  (que luego sería marca de autor en CJC).

He vuelto a CJC, un autor injustamente dejado de lado, por una de esas extrañas coincidencias que los lectores de oficio, y de escaso beneficio, solemos atesorar: el regalo de una edición de coleccionista del DVD de la pelicula "La Colmena" que dirigió Mario Camus en 1982 y la caida imprevista de su estante del ejemplar del libro, editado por Noguer, lleno de polvo, mientras hacía un trasiego de libros de una casa a otra (una de mis pesadillas recurrentes durante casi toda mi vida).

Ayer vi la película y hoy tengo el libro en mis manos, deseando volver a leerlo, cuarenta años después de haberlo leido por última vez (en 1971 a propósito de un artículo sobre CJC publicado en una entrañable revista literaria en la que colaboraba). Hablaré de ella y de CJC dentro de unos días. Palabra.

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10 noviembre 2011 4 10 /11 /noviembre /2011 11:10

cakor-mortal.jpgOtra película de serie B destinada a consumo directo del mercado de dvd, aunque esta con una calidad que la pone muy por encima de la media de esas producciones que tienen una vida efímera en las programaciones de las cadenas de televisión .

En este caso el argumento gira en torno a una realidad preocupante en el mundo actual, la escasez de agua potable y el despilfarro y manipulación comercial que una necesidad tan básica está empezando a sufrir. La carestía de ese bien preciado y esencial, el agua provocará,  según un tratadista muy serio de problemas ecológico-politicos, que las guerras del siglo XXI y el próximo --caso de que lleguemos-- serán fundamentalmente guerras sobre la posesión del agua. Escenario apocalíptico que no está tan lejos de nosotros y de nuestra cultura depredadora.

La película nos habla de ese problema a través de algo que ya conocemos, el calentamiento global, los incendios y como consecuencia la carestía mayor de agua. Se trata de una producción australiana  basada en un hecho real, la sequia de hace un par de años que llevó la alerta máxima a una megaurbe como Sidney, sitiada por varios pavorosos incendios que avanzaban hacia el nucleo urbano. Para evitar herir susceptibilidades, la cinta sitúa el asunto en 2012 en Nueva Gales del Sur, el estado más poblado de Australia. El calentamiento global está provocando una brutal subida de temperaturas en todo el planeta, pero se ceba especialmente en Australia que lleva 247 días sin lluvia. El agua potable escasea, su precio ha subido (beber un vaso de agua cuesta 400 veces más que hace cinco años) y abunda el contrabando y la manipulación política de una necesidad tan básica. A pesar de eso y como suele suceder la población sigue con sus hábitos de derrroche. Como dice un personaje de la película, la periodista Susan Saphiro, "la gente cree tener derecho sobre el agua y en este país gastamos más 250 millones de litros de agua al año en lavarnos los dientes con el grifo abierto".

A eso sumamos que se declaran varios fuegos en distintas zonas de los alrededores de Sydney que, debido al calor y el viento avanzan a mucha velocidad rodeando la ciudad por tres frentes. La escasez de agua impide a los bomberos controlar los fuegos y pronto la situación se convierte en una catástrofe sin precedentes. Una periodista investiga el porqué de la escasez de agua cuando se han tomado medidas como la creación de plantas desalinizadoras. Aunque parece que la catástrofe se debe enteramente a la climatología hay algo que no cuadra en la falta de suministro de agua para combatir los incendios. Susan pagará con su vida la escasez de agua, junto a cientos de personas y muchos voluntarios y bomberos.

La película, trepidante y bien rodada, con escenas documentales de incendios pavorosos y escasos efectos especiales, muestra la agresividad de una situación de la que somos parcialmente responsables. Dirige Tony Tilse a un plantel de actores muy correctos, como Rachael Carpani, la audaz reportera, Cameron Daddo como el jefe del servicio de extinción de incendios y Georgie Parker como médico de urgencias. Historias personales complementarias van mostrando distintos aspectos del drama humano que la tragedia general va creando, con un ritmo bien medido que mantiene al espectador pendiente de lo que va ocurriendo. Muy aceptable y sugerente. Hace pensar en lo que estamos propiciando con un estilo de vida bastante equivocado y dilapidador.

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9 noviembre 2011 3 09 /11 /noviembre /2011 10:43

DSC01797.JPGEste es un paseo pirenaico hermoso, sugestivo y encantador. Lo único malo es que es demasiado popular y que se ha convertido casi en un parque temático para findesemanistas, aficionados ligth, familias enteras con neveritas y comidas preparadas, aficionados al bocadillo-tour saludable y montañeros de paso. El larguísimo paseo, muy poco accidentado, fácil de cubrir con un poco de preparación física, sin que te exija retos importantes, va creando de forma natural bellos apeaderos para caminantes poco avezados y va ganando en soledad conforme se aleja más de la Ripereta, lugar habitual de descanso, a medio camino del final.

Pertenece al Parque nacional de Ordesa, creado en 1918 por el Gobierno del rey Alfonso XIII. En él se encuentan las primeras vias ferratas de nuestro país, las de Soaso, Cotatuero y Cariata, creadas por los cazadores, usadas por los contrabandistas y mantenidas por el entusiasmo de los excusionistas en la actualidad.

El Cañón de Añisclo es una excursión larga si se hace hasta su objetivo natural, que es su origen: la cascada de la Fon Blanca, una surgencia espectacular que nace de una pared de más de cien metros en la falda del collado de Añisclo y bajo la sombra imponente del Monte Perdido. Por tanto se trata de ascender por el margen del rio Bellos, por el más bravio y agreste de los cuatro valles que confluyen en el macizo del Monte Perdido.

Dejamos el coche en el aparcamiento de la Ereta de Biés y salimos de la ermita de San Urbez (a la derecha del camino, excavada en un farallón rojizo). En cinco miuntos estamos en el puente Sangón, donde comienza el cañón propiamente dicho, tras pasar primero por una amplia pista. Tras cruzar el rio, comenzamos la subida por un sendero bien marcado que discurre  entre tilos, hayas, abedules, avellanos y encinas, entre dos paredes de roquedos grises y verticales, sembrados de vegetación y humedales. Dejamos a la izquierda el sendero que lleva al poblado abandonado de Sercué (otra excusión aconsejable, mucho más corta). Hay que superar un fuerte escarpe rocoso y lo hacemos haciendo lazadas empinadas entre hayas y tejos, con el rio cada vez más hundido e inaccesible.

Es un sendero que sube en progresión constante, mas de 800 metros de desnivel hasta la Fon Blanca, destino de los menos entre los excursionistas que acuden cada temporada al Cañón. Este, por cierto estuvo a punto de desaparecer en los años 70, convertido en presa hidroeléctrica. Hubo una fuerte protesta multitudinaria y la cosa se paralizó hasta que en 1982 se constituyó Territorio natural protegido dentro del parque natural.

Al inicio pasamos entre los farallones de las Sestrales y el Mondoto, con sus pequeñas ermitas colgadas de los precipicios y se va caminando junto a  miradores y lugares singulares acompañados por el continuo canto del río. El primer descanso es en la Ripereta, confluencia del rio Bellos con el barranco de la Pardina, practicamente a mitad del recorrido, donde el cañón se ensancha y el rio forma pozas y cascadas en un entorno bellísimo de paz y silencio. Aqui es fácil ver los vuelos sosegados de buitres leonados y quebrantahuesos, pues en las fajas de la Pardina tienen sus nidos.

Hay una nueva subida y el paso mágico por un hayedo, para acercarnos de nuevo a la orila del rio y cruzarlo por un puente de madera en la confluencia con el barranco de la Capradiza. Aquí comienza una subida exigente por la pared pedregosa, hacia la senda del GR 11, el pirenaico, que lleva a Goritz y que nos acercará, a través del esanchamiento del valle de Añisclo, formando valles alpinos con bosquedales de pino negro, hasta el pie de la Fon Blanca, unos llanos formados por la confluencia del barranco del mismo nombre. La belleza de las aguas sugiendo de la pared rocosa a casi un centenar de metros de altura es considerable. Es un lugar donde se debe descansar un rato y disfrutar de las vistas y el panorama del cercano collado de Añisclo y las paredes del macizo. Por lo demás, hay que contar unas diez horas entre ir y venir, sin sumar tiempos de parada, lo cual requiere una cierta preparación física y un cuidadoso planing para contar con las horas de luz y la meteorología. Preferiblemente hacer esta excursión en primavera, verano u otoño. En épocas de deshielo es de una belleza que te deja boquiabierto.

 

 

NO SE PIERDA

Una estancia tranquila en la villa de Ainsa, lugar aconsejable para preparar la excursión, con hoteles y restaurante con buena relación calidad-precio en general. Hay albergues en Escuain y Nerín y camping en Ainsa. La villa es un conjunto arquitectónico magnífico, delarado de valor historico-artistico. La Plaza Mayor es una de las mayores y mejor conservadas de nuestro país. Todo el pueblo, sobre un promontorio que domina los rios Ara y Cinca, es el paso obligado para ir a Broto y Bielsa. Fue un centro de disputa bélica entre moros y cristianos y resulta embriagador transitar por el caso antiguo y ver el majestuoso telón de fondo de Las Tres Sorores acompañándonos en el paseo.

 

CARTOGRAFIA

 

La Editorial Piolet tiene ua carta-guía en escala 1:25.000 y Alpina otra de 1:40.000. Prames ha editado otra de 1:25.000 con cuadricula de navegación para GPS y recomiendo encarecidamente la Guía de Alpina escrita por Marta Montmany sobre el "Parque nacional de Ordesa y Monte Perdido". Todos ellos hallables en librerias especializadas y para los de aquí, en Valderrobres, chez Octavi Serret.

 

LUGAR MÁGICO

Vale la pena dedicar algunos minutos a la ermita de San Urbez, al inicio del recorrido del Cañón, junto al puente del mismo nomre. San Urbez fue un eremita, un santo milagrero del siglo VIII, con justificada fama en Aragón, una figura casi mitica que unía el cristianismo con las creencias naturales y el amor a las fuerzas de la Naturaleza. Se dice que lograba conjurar las lluvias y las tormentas. El primer puente de Añisclo se debe al cayado del santo que definió el lugar donde había de tenderse. El santo llegó a la zona proviniente de Francia de donde huía perseguido por motivos religiosos.En la gruta donde se refugió -la actual ermita--  habia cuatro cavidades de escasa altura, unidas por un paso amurallado exterior, con una escalera de acceso.

 

 

 

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9 noviembre 2011 3 09 /11 /noviembre /2011 08:32

Hace muchos años vi a Richard Burton y Elizabeth Taylor despellejarse vivos el uno al otro en la película de Mike Nichols "¿Quién teme a Virginia Woolf?". Ayer en el Romea volví a ver a Martha y George, los protagonistas, dirigidos por Daniel Veronese, en los cuerpos y las voces de Emma Vilarasau y Pere Arquillué. La obra de Edward Albee (traducida al catalán por el gran Josep Maria Pou) no ha perdido ni un ápice de su dureza original que le valió que el jurado del Pullitzer descabalgara del premio al autor, pese al éxito de su obra.

La pareja de alcohólicos, en los que el odio y el amor están tan mezclados que ni ellos mismos saben salir del círculo vicioso de la violencia, la grosería más atroz, la mezquindad y la humillación. Mientras escribía en este blog sobre la obra, rememoraba la historia de algunas parejas que he conocido que mantenían cierto paralelismo con los personajes descritos por Albee. En todas las parejas que recordaba, la crueldad era menos explícita que en la obra, como es lógico, ya que el autor teatral lleva casi al paroxismo las situaciones, pues debe  condensar en apenas dos horas la fuerza dramática de lo que nos muestra. Pero había un punto en el que la realidad superaba a la ficción de una forma muy sutil pero al mismo tiempo más escalofriante. Los protagonistas reales de esos dramas a los que uno se ve obligado a asistir por la fuerza de las circunstancias tienen un evidente deseo de disimular y "no dar el espectáculo" (generalmente acaban dándolo). En los minutos iniciales se producen una serie de pequeños hechos fortuitos que marcan la determinada acción que están viviendo y de la que eres testigo indeseado. De pronto salta una chispa. Suele ser por una bagatela, una tontería a la que nadie daría importancia, algo que podría ser un simple malentendido o un acto fallido sin relevancia alguna. De pronto se produce el fenómeno, inesperado, de una intensidad brutal aunque en sordina, como si fuese algo, un gesto, una mirada, una palabra, un acento, que parece desentonar, es como un error, algo que no corresponde al momento. El espectador inocente, sueles ser amigo, conocido, vecino de alguno o de los dos protagonistas, incluso empieza a sonreir como si fuese testigo de una broma, de una equivocación sin malicia. En ese momento capta que algo no va bien, que se ha producido una disonancia, como algo que no está en el guión predecible de una reunión. Mira los ojos de uno de los dos y como lo que ve le asusta o le inquieta, mira al otro y ve exactamente lo mismo: un odio total sin sombra alguna de amor ni de humor. Ve la total ferocidad del rechazo. Incluso uno de los dos puede sonreir, pero no es un gesto distendido, de paz, sino un rictus burlón, cruel y despiadado. En ese momento percibe la monstruosidad de las emociones que están a punto de desbordarse. Sólo el débil control de la presencia del testigo parece contener la furia del tornado que se avecina. No hay motivo visible, objetivo, para esa brutal borrasca que amenaza. La frase, el monosílabo, la mirada o el gesto "culpable" no justifican la reacción mutua, el ansia de exterminio. Y el pobre testigo comprende, tarde, que la bagatela ocurrida sólo ha sido la gota que ha desbordado el vaso lleno hasta el borde de hiel, odio y amargura.

Pues bien, algo parecido vimos ayer en el Romea. Desdichadamente nada extraordinario en ciertas relaciones de pareja. Lo genial es resumirlo en una función de poco menos de dos horas.

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8 noviembre 2011 2 08 /11 /noviembre /2011 07:55

El tema del Alzheimer me ha interesado intermitentemente desde mis tiempos de estudiante de psicología. No sólo por sus implicaciones clínicas, por la dificultad de una terapia eficaz, por el hecho de que en esencia es una enfermedad que va dirigida como un obús contra el fundamento de la especialidad psicológica que más me interesó desde el principio: el psicoanáisis. Principalmente porque también es un desafío ontológico al fundamento del ser humano: la raíz de su propia identidad. El "¿quién soy yo?" , la pregunta que inicia el conocimiento filosfófico deja de tener sentido para los que sufren esa enfermedad degenerativa y particularmente más cruel para los que acompañan y aman al enfermo que para la propia persona demenciada que acaba viviendo, ¿o no?, en un especie de nirvana sin límites precisos. El drama, incluso la tragedia de esas mentes, de esas personas y de las que están con ellos, es el tema de la novela que escribo. El libro del psiquiatra Luis Rojas Marcos, "Eres tu memoria", que edita Espasa,  me venía como anillo al dedo. Pero ha sido mayor mi expectativa que la realidad informativa que me ha proporcionado el libro de Rojas. Es un libro de divulgación, con no demasiadas novedades. Me he quedado con ganas de algo más profundo, que me aportara datos y enfoques más nuevos, aportaciones científicas de interés. Quizá tendría que investigar, hacer un trabajo de campo, entrevistar a cuidadores y familiares, hablar y conocer a algunos enfermos. Quizá en esto como en tantas otras situaciones semejantes los libros no lo son todo.

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7 noviembre 2011 1 07 /11 /noviembre /2011 15:50

Comenzaba de nuevo a llover cuando salia del recinto amurallado de Poblet. El padre hospedero, Fray Paco, viene a abrirme la puerta metálica que comunica los jardines interiores con la gran explanada exterior del monasterio, donde a los huéspedes nos permiten dejar el coche. Un hermoso parking al aire libre bajo los inmensos tilos y cipreses que montan guardia junto a las  murallas almenadas.

Me despido con un abrazo del vivaz anciano y éste aprovecha para regañarme con mucha cautela y picardía porque "no se te ve" en los actos religiosos de la comunidad. "¿Es que no eres cristiano? ¿Estás bautizado?", me pregunta en rápida sucesión, mirándome con fingida severidad por encima de las gafas.  No se cómo decirle al buen monje que ya llevo mucho tiempo al margen de la Iglesia católica, alejado aunque no hostil, pero muy comprometido con cierta visión espiritual de la vida. "Soy budista", le digo sencillamente, tomando la parte por el todo. Su rostro se ilumina. "Acabáramos. Tengo muchos amigos que son monjes budistas". Le digo que no soy monje, solo practicante. Y de una rama del budismo, el zen. La lluvia va arreciando.Fray Paco sigue desgranando el rosario de sus amistades budistas y concluye: "en realidad, es otro camino hacia lo mismo, hacia Dios". Guardo silencio. ¿Entendería si le dijera que el budismo no cree en Dios? Al menos en SU Dios. Si los monjes de la túnica azafrán no se lo han explicado, ¿quién soy yo para hacerlo? En ese momento la lluvia es francamente copiosa. Fray Paco me mira con una sonrisa seráfica. "Es curioso el budismo, andar con el rostro iluminado y la bondad y el silencio. Me gustan los budistas, son buena gente y sonrien continuamente". Me mira con las gafas medio opacas por la lluvia y se despide: "Ale, súbete al coche y márchate con Dios, parece que llueve un poco". Totalmente empapado me despido. La lluvia es como una cortina espesa que apenas deja ver a diez metros. Fray Paco aun se entretiene limpiando, como de paso, un macizo de plantas aromáticas que crecen junto a la verja. El monje no parece tener prisa, incluso alza el rostro y sonrie a la lluvia que resbala por su cabeza. Fray Paco es el monje más zen que conozco...y él no lo sabe.

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7 noviembre 2011 1 07 /11 /noviembre /2011 10:43
Margin_Call_New_Poster.jpg
"Margin call" es el nombre que se da en la jerga financiera norteamericana al margen de la garantía contra la pérdida de capital  que se ofrece en la compraventa de acciones en la bolsa de valores. Un límite que los especuladores jamás deben sobrepasar a riesgo de desastre. Es humo, es fantasía virtual, pero con efectos directos económicos: si hay fraude, el batacazo es descomunal y se extiende como una mancha de aceite. Al parecer el director y también guionista de esta película, el neófito J.C. Chandor, conoce bien el clima financiero de alto riesgo ya que su padre se dedicó a ello. Para contarnos su historia se ha basado, como es obvio nada más comenzar la pelicula, en la espectacular debacle financiera mundial que hace solo tres años extendió por todo el mundo los polvos que hoy nos ahogan en forma de lodo, con el origen en las torres ebúrneas de Wall Street y el protagonismo de media docena de desalmados, verdaderos criminales de guante blanco y cuello almidonado, que han extendido la miseria por todo occidente mientras llenaban sus bolsillos de una forma inicua y escandalosa.
Una pelicula con tal argumento puede parecer tediosa y difícil de entender y seguir. Pero no, vivimos con auténtica angustia especular esa tragedia de millones que protagonizan unos salvajes vestidos de Armani en los que la ética es un lujo inalcanzable (tal vez el único), unos psicóticos atenazados por la unica obsesión que es bien vista en toda nuestra cultura: la de la ganancia brutal de dinero al precio que sea y sin mirar sobre cuantos miles de seres humanos lo consigues. Y logra este director joven e inteligente que nos veamos de inmediato como el "coro" GRIEGO (muy a propósito) que soporta y teme los errores funestos de los mal llamados "héroes" de esta tragedia universal. Todo lo que vemos nos concierne, la deriva no es sólo la de los elegantes mercenarios de Wall Street, sino la de nuestra cultura colectiva en este inicio del siglo XXI.
Como dice el gran Jeremy Irons en uno de los papeles más fríos, duros, inmorales y despectivos de su carrera, el de gran jefe de la empresa que provocará la tragedia, (no hace falta dar nombres, todos sabemos quienes fueron los intérpretes reales del lacerante episodio de los bonos basura) "esto es el fin. No solo de nuestra empresa, ni de nosotros, sino del capitalismo como sistema fiable".
Así pues, vean esta película. Con la fuerza de "Inside Job" de Charles Ferguson, o de "The shock doctrine" de Michael Winterbottom, pero vestida con la convenciones dramáticas que firmaría un Shakespeare de nuestros días, "Margin call" es el retrato, casi un daguerrotipo, de nuestros días, de la inseguridad, la angustia  y la incredulidad que ha dado nacimiento al movimiento de los indignados y que está provocando una cadena de crisis cuyo final aún no podemos prever. Y es una crisis que nos afecta a todos, menos a los que están en la cúspide, que seguirán siendo un poco menos ricos pero aún poderosos y que, lamentablemente, no aprenderán nada del horror que han desencadenado (al contrario que en la tragedia clásica, en la que esos poderosos pagaban con la cabeza sus errores).
Desde el principio se nos ofrece la secuencia que  será el epítome de toda la narración: la despedida sin contemplaciones de dos tercios de la  plantilla de la empresa, de un dia para otro, con los seguratas vigilando que no  se lleven nada, ni siquiera su propia dignidad. Y esa es la tónica que sigue: ni siquiera los leales se salvan de la quema, por lo que ¿quién va a pensar en los miles de ciudadanos que pagarán con su trabajo, sus ahorros o su vida los dislates que causan esos brokers sin alma?
Para hacernos más creíbles esta catástrofes y siguiendo el estilo de Hollywood, Chandor recurre a un plantel de grandes actores (como en los sesenta y setenta se hacía con las películas corales de catástrofes, estilo "Aeropuerto", "El coloso en llamas" o "El hundimiento del Poseidón") como Kevin Spacey, Paul Bettany, Jeremy Irons, Zachary Quinto, Demi Moore o Stanley Tucci.
Durante 110 minutos se nos cuentan las horas previas a aquél estallido vírico financiero que convulsionó el mundo en 2008, siguiendo el pulso a sus protagonistas, ese grupo de financieros presentados como lo que seguramente son, no seres de un sub-Olimpo virtual, sino figuras mediocres, impotentes, trágicas, ridículas y descontroladas incapaces de reaccionar con un mínimo de honradez o de compasión, obsesionadas con sus casas lujosas, sus automoviles ultimo modelo, sus fiestas desordenadas, sus prostitutas, sus trajes y sus vicios, alcohol o drogas.Margin_Call_poster.jpg
Y ese deambular de monigotes extenuados en la pantalla tiene un no se qué de ritual mágico o de liturgia secretista y solo para iniciados. Es dífícil que un espectador de cultura media o no específicamente económica se entere realmente de lo que ha pasado, a pesar de las numerosas repeticiones que se dan de las explicaciones que un joven broker, un científico espacial reciclado, da a sus superiores de lo que ha descubierto: el ciclón destructivo que ellos han comenzado y que devastará la escena financiera mundial.
Sospechamos lo que ocurre más o menos, pero lo que si tenemos claro, porque lo estamos viviendo, son sus consecuencias y también la responsabilidad de los financieros de Wall Street. Y, como guinda, la falta de castigo y de responsabilidad de esos mismos personajes turbios.
Y así la película va creando un climax de angustia y de inexorable desastre, en el que ya las voluntades o los deseos de esas gentes no van a poder cambiar nada de lo que va a ocurrir, con lo que los más poderosos de entre ellos se limitan a intentar proteger sus capitales y su ostentosa forma de vida. Sólo un personaje o dos (Spacey es uno, aunque parece más preocupado por la muerte de su perro) albergan dudas sobre la forma egoísta -y criminal-  de tratar de salvar el capital de la empresa, pero al final prima el amor al dinero ("la necesidad", dicen). Como dialogan entre si dos de los protagonistas mientras cruzan Nueva York a bordo de un coche de alta gama, "Mira a esta gente. Van por ahí andando sin saber lo que se les viene encima" e inmediatamente, varias veces durante la trama, se nos ofrecen vistas nocturnas de Manhattan, toda una civilizada y potente ciudad inerme ante esos tiburones de papel. La unidad de acción en el término de unas pocas horas acentúa el dramatismo. Como si fuera un thriller de Hitchcock que tiene una ominosa, terrible, caracteristica: no se acaba en sí mismo, con el fin de la pelicula, sino que es una advertencia brutal y real: esto puede pasar en cualquier otro momento, otra vez. No hemos aprendido nada, es el sistema el que está enfermo y estos desastres los produce ese patológico sistema incontrolable.
Una película brillante y aleccionadora. Es el espejo en el que se mira occidente. El espejo que refleja el tipo de cultura que hemos creado y que nos está devorando.

 

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6 noviembre 2011 7 06 /11 /noviembre /2011 09:55

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Excelente película española de ciencia-ficción, subgénero de la robótica, que nada tiene que envidiar a ninguna de las buenas de esa temática, incluidas las norteamericanas como "Yo robot" e incluso no desentona con el alto listón que nos ofreció ya hace muchos años, ese clásico del género que fue "Blade Runner" (dejémonos de complejos). Con algo más de cuatro millones de euros de presupuesto, esta película en la que se recuperan los dilemas morales entre las personas y los productos de la Inteligencia Artificial (recordemos también la novela de Rosa Montero "Lágrimas en la lluvia"), aporta una visión sensible e inteligente al tema dentro de un contexto en el que un bien logrado look retro se compagina de forma excelente con las aportaciones de la tecnología futurista (mascotas robóticas como el delicioso gato Gris o servidores humanoides como el indispensable Max).

El tema está dentro de los parámetros del género: es el año 2041, en el que los robots forman parte de la vida cotidiana humana. Alex (Daniel Brühl) regresa a la Facultad de Robótica de un país indeterminado con la misión de crear un niño robot. Allí se reencuentra con su hermano y su amada, que se ha casado con él y con quien tiene una hija adolescente, Eva (magnifica Claudia Vega). Alex se siente fascinado con la niña (como nos fascina a los espectadores) y decide tomarla como modelo para su robot. Tiene el apoyo de la niña pero los padres, su hermano y su antigua amada, se oponen.

A partir de ese momento la acción y la trama se complican hasta extremos muy desasosegantes, y una sorpresa al final, bien llevada aunque algo previsible. Los dilemas éticos planteados tienen profundidad y coherencia.

La creación de robots semihumanos con estructura emocional se enfrenta a un grave problema: un punto de agresividad cuando son contrariados, que los hace inestables. Es decir la ruptura de la segunda ley de la robótica diseñada por Asimov: el robot puede volverse contra el humano en situaciones especiales.

Alex, el protagonista, tiene la ayuda doméstica de otro robot, Max (genial Lluis Homar, dentro de unos registros desarrollados con perfecta economia de gestos) que sirve de contrapunto a los afanes del joven científico. 

Se trata del primer largometraje de Kike Maillo (retengan ese nombre) y da cima a su labor con el exiguo presupuesto citado, una nadería comparándolo con los habituales presupuestos de este género de películas. ¿Estamos ante otro Amenabar?

Un montaje magnífico, una puesta en escena excelente y un uso comedido y sugestivo de efectos especiales. Se rueda en Suiza y los Pirineos de Huesca y se logra dar el reflejo de un ambiente retro en el que va ensamblando toques futuristas, en una dirección artística que saca partido de todo con detalles pequeños y "casuales" que dan credibilidad al conjunto. En el guión la sorpresa de encontrar a Sergi Belbel (mas Cristina Clemente, Marti Rosa y Aintza Serra) y la excelencia de un pulso de intriga y sorpresa muy bien medidos.

Los actores, un tanto envarados al principio, se van soltando en el transcurso de la película y se acercan al listón que mantienen el estupendo Homar y la encantadora Claudia Vega. Interesante y prometedora película por lo que supone de reto para nuestro cine, capaz de hacer inmersiones en géneros prohibitivos hasta el momento y no solo por cuestiones de dinero sino de ideas y cintura realizadora. Y se me ocurre jovenes realizadores españoles que están triunfando en Estados Unidos o Inglaterra en ese dificil género del fantaterror o el thriller.

"Eva" además cumple un cometido mucho más difícil que el de ser una cinta de referencia en su género, ya que de alguna forma lo rebasa y se vuelve, como pasa con los clásicos, una película que ofrece mucho más que una visión del futuro, nos sugiere  tantas cosas que el futurismo deja espacio a la fabula moral y a la especulación filosófica primaria: plantearnos la ética de una situación que podría llegar a ser cotidiana, la convivencia con esos seres "artificiales" que poseen una inquietante "humanidad". 

Sólo permítanme una última reflexión, que comparto con algunos colegas: a Eva" sólo le falta un detalle: una industria del "merchandising" capaz de arropar con inteligencia y habilidad campañas de promoción de una película que, repito, está a la altura de productos tan protegidos y ensalzados como el Tintín de Spielberg. Palabra de Capitán Haddock. 

 

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6 noviembre 2011 7 06 /11 /noviembre /2011 07:50

En una entrevista publicada en 1977 por "The Paris Review", Kurt Vonnegut, el lenguaraz y sarcástico autor de "Matadero 5", a la pregunta de, mas o menos, qué haría si fuera ministro de Cultura para promocionar la narrativa en el país, Kurt contesta: "No hay falta de buenos escritores. Lo que falta es una masa de lectores fiables". ¿Y entonces?, insiste el plumilla. "Propongo que cada persona que no tenga trabajo tenga que escribir un informe de lectura sobre un libro antes de que pueda recibir su cheque del paro". Me parece una respuesta genial, ¿y a ustedes? Es operativa, respetuosa con el parado, gratificante (si es que logra crear un hábito de lectura), de consecuencias culturales y económicas (para editores y en menos medida para escritores, salvo los escogidos, claro está) y plena de posibilidades secundarias de todo tipo, desde la culturalización social, al enriquecimiento psicológico hasta algún tipo de arma para batallar contra el empobrecimiento de la lengua. Me he reido a gusto con el irónico, blasfemo, escatológico y mordaz escritor norteamericano (maestro de John Irving, cosa que se nota en sus páginas más irreverentes). No conozco a ningun autor español actual que tenga tan saludable falta de respeto por las convenciones y la hipocresía socio-sexual-religiosa, con las saludables, aunque mínimas, excepciones del desaparecido Cela y del bueno de don Arturo P.R., "Alatriste". Y, por Dios, que hace falta en cualquier República de las Letras que se precie.

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