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5 noviembre 2011 6 05 /11 /noviembre /2011 10:34

Llueve intermitentemente. Los campos de la Terra Alta, con sus vides y sus bosques, sus montañas discretas, los sembrados plenos de paz envueltos en la niebla, los cielos plomizos descargando la benéfica lluvia, el olor vitalizante de la tierra mojada, el brillo de las tejas árabes y la solidez de las torres del entorno amurallado de Poblet, oración permanente hecha piedra...todo esto se convierte en presencia secular convertida en silencio y paz.

Llevo años viniendo de vez en cuando a encerrar mi cuerpo junto a los monjes de Poblet y a dar alas a mi alma entre los cánticos sagrados y una espiritualidad que uno puede encontrar sin esfuerzo en cualquier pequeño detalle cotidiano, desde las citas en el refectorio hasta los cánticos en las Completas o los rezos en Laudes. Paseos interminables intramuros, en los jardines de los claustros secretos, junto a las vides interiores, bajo los nogales del recinto exterior, en los rincones umbríos de las murallas donde reposan fieles y nobles de pasados siglos. Todo reclama recogimiento, silencio y reflexión.

Cuando hace buen tiempo camino por el trozo de GR que une el monasterio con Francolí. Son seis o siete kilometros en total que me sabe a poco pero me mantienen tonificado y en los que practico una especie de kinin, meditación en movimiento, que reafirma la paz interior que me proporciona Poblet.

Hubo  épocas en las que Poblet era para mi el santuario del guerrero, el lugar de aprovisionamiento de sosiego, de equilibrio psicológico, de elaboración interior, de orientación incluso. Hogaño más que un lugar de búsqueda es una ocasión de reencuentro, de reafirmación. Ya he dejado de luchar, he llegado al momento dulce de recoger. Vengo a Poblet para terminar de aceptar al que fui, para hallarme en una cierta plenitud que debe conquistarse dia a dia, no por el esfuerzo como antes, sino con la apertura; no con la tensión del guerrero, sino con la quietud y la vacuidad del monje.

En eso estamos. Y Poblet me regala, sin pago alguno, la generosa dádiva de su ambiente de sosiego y apertura espiritual.

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5 noviembre 2011 6 05 /11 /noviembre /2011 09:51

testamento_web.jpg 

Antón Castro es un periodista gallego enraizado en Aragón. No conocía sus habilidades de narrador. Y debo confesar que ha sido una  agradabilísima sorpresa. Para quien ha dedicado parte de su vida, más de tres décadas, a la lectura y a escribir posteriormente de lo leído, ya sea en "La Vanguardia", la Agencia Efe, revistas literarias como "Camp del Arpa", la radio, y otras revistas y periódicos, resulta una rareza digna de mención -y de celebración--dar con un autor distinto, con fuerza, con pluma original y creativa, que deja traslucir una visión propia, una percepción de los hechos, las personas y el paisaje con la potencia necesaria para convencer al lector con su narración y sembrar en él un deseo de seguir con la lectura de otras obras de ese autor.

Pues bien, Antón Castro, pertenece a esta exigua pero vibrante nómina. Y así lo creo pese a que sólo he leido de él el libro que les comento. Me entero de que tiene algunos más, de relatos como éste, "Los seres imposibles, "Golpes de mar" y "Fotografias veladas"; uno infantil, "Jorge y las sirenas"; otro de retratos literarios, "El sembrador de prodigios"; dos poemarios, "Vivir del aire" y "Paseo en bicicleta" y  la novela "El album del solitario".

Mientras lo leía sentía la familiaridad de autores que yo habia transitado en mis irredentas juventudes, Pio Baroja, Valle Inclán, Pérez Galdós, Ramón J. Sender, Alarcón, Bécquer...era como leer las aventuras de aquél loco, valiente y sentimental enamorado de las aventuras y de las mujeres, el marqués de Bradomin, transformado en el Tigre del Maeztrazgo o el protagonista de "El manuscrito encontrado en Zaragoza" buscándose la vida y la muerte en el Bajo Aragón.

Castro divide su libro en cuatro apartados, relatos cortos, a veces muy cortos, en los que vivimos en un ambiente real pero fantasmagórico, una geografía que parece mítica pero cuyos lugares y nombres responden a todo este teriritorio mágico que conforma el Maeztrazgo, sus gentes, sus bosques, valles y montañas y los distintos episodios van desarrollándose dejando aquí y allá que aparezcan una y otra vez personajes de las narraciones anteriores, ya sea el general Cabrera, su amante Margarita Urbino (un retrato de mujer que firmaría Laura Esquivel), el misterioso fotógrafo Patricio Julve que da nombre a la novela, el director de cine Loach, el coronel Balfagon narrador de fantasías, la mismisima maquis "La Pastora", la joven Raquel, cuyo retrato enamora a cualquiera que lo vea y que cierra su periplo en el relato que da titulo al libro. Esas apariciones dan una enorme coherencia al libro como totalidad y provocan la sensación en el lector de estar en un terriitorio único, legendario, donde todo, paisaje y seres humanos, animales, árboles y piedras tienen un lugar específico en el que se desarrollan las historias.

Y además Castro nos regala algo inapreciable, de un valor exquisito: su lenguaje literario, la fuerza poética y evocadora de su estilo,  que va dejando a lo largo de las  narraciones la impronta de una cultura literaria y una gracia narrativa que, al menos a mí, me han encantado. Las imágenes y metáforas que salpican lo narrado suelen ser de una justeza expresiva y unas alas poéticas sobrias pero muy evocadoras y sorprendentes. Y así una plaza se convierte en una "inmensa caracola de resonancias", nos evoca el invierno en cuatro trazos: "en plena invernada, el viento enfurecido muerde los aleros, recorre las barbacanas y los voladizos y enciende un rumor obstinado que sorprende al paseante con un manotazo cruel en el rostro". Personajes como Otilia que vende sus favores a Aureliano, el enterrador, el pintor Benigno Rabaza, Pilar Palomo y Julián, unos Romeo y Julieta del  Maeztrazgo,  y los seres saturnales del "Inventario de suicidas y otras desapariciones", la Rusa, el pianista, el fugitivo...o los relatos a la vera del fuego de "Angeles y bestias".

Quizá sea esta ultima parte del libro la menos potente literariamente hablando, aun siendo atractiva de lectura y evocadora de mitos y leyendas, (magnífica la del bandido Juan Bautista Billoro). La última narración, que cierra el libro, "El hombre invisible" en la que el protagonista es el director de cine Ken Loach que rodó "Tierra y libertad" en Mirambel, logra magistralmente transformar a una persona real en un verosímil personaje que cierra el círculo narrativo del libro dándole unidad y sentido, transformándolo en el reflejo de "un sueño colectivo" como escribe Castro.

Magnífico libro también para los  amantes del bajo Aragón. Cantavieja, Iglesuela del Cid. Ejulve, Mirambel, Fortanete, Mosqueruelas y otras localidades y villas, de las que da cumplida razón y convierte en escenarios en los que parecen caminar las sombras y los influjos del gallego Cunqueiro, el catalán Perucho, el portugués Saramago, el argentino Borges o el yanqui Poe, pues de todos ellos y de los anteriormente citados parece haber bebido el amigo Castro.

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4 noviembre 2011 5 04 /11 /noviembre /2011 07:44

Leo dos obras sobre Alejandría.  La célebre guía literaria de E.MForster publicada tras la Primera guerra mundial (en España en 1984) y un ensayo de Jane Lagoudis, publicado por la editorial granadina Almed, sobre Cavafis, Forster y Durrell, tres amantes de Alejandría, en la que vivieron en épocas diferentes. Solo coincidieron los dos primeros que mantuvieron una bella amistad. Durrell fue durante la Segunda guerra mundial y le dedicó su "Cuarteto de Alejandría". Los tres hicieron un mito de la legendaria ciudad histórica y literaria, patria de Hipatias, la inteligente dama neoplatónica de la antiguedad, asesinada por crisitianos fanáticos (tan semejantes, ay, a algunos musulmanes de hoy) evocada por el cine de Amenabar, de Cleopatra, el "Thais"de Anatole France, de los laboriosos coptos, de los 400.000 volúmenes de la mayor Biblioteca de aquellos tiempos, devastada por la ignorancia y la estupidez sectaria, la del Faro mítico, patria de apostatas inflamados como Atanasio y Arrio, pero sobre todo en nuestra era, finales del XIX y principios del XX, el lugar que atrajo al poeta Kavafis, de origen griego, y a los ingleses E.M. Forster y Lawrence Durrell. Una ciudad decadente, sofisticada y recelosa, plena de perezosa sensualidad, un cosmos urbano occidentalizado en el que se daban citas todas las culturas y todos los vicios y excesos, la sofisticada sensualidad egipcia con la audacia y el poder de occidente enfocados ambos hacia la satisfacción de los deseos.

Durante un viaje profesional a El Cairo para asistir a una conferencia internacional, cuando uno era un joven veintiañero rebosante de literatura y hambriento de vida, pude alargar mi estancia para visitar Alejandría. Nunca he sentido tanta decepción, jamás había visto con tanta claridad la naturaleza imposible de los sueños que genera la literatura. La polvorienta Alejandría que me recibió, calcinada por el sol y atravesada por vientos de arena, triste y menos que provinciana, el esqueleto de una dama que habia sido hermosa y deseada. La suspicacia de la policía omnipresente, las miradas hostiles de las personas con las que te cruzabas, el trato indiferente y frío en el restaurante, la sensación de estar de más en una ciudad que parecía una aldea perdida a las puertas del desierto, la imposibilidad de recuperar ni una sola de las imágenes que me habian impactado leyendo a los tres grandes fantasmas de Alejandría, Kavafis, Forster y sobre todo Durrell. La sombra delgada, elegante, felina de Justine ya no cruza las calles de la ciudad en busca de sus placeres nunca saciados, ni el Viejo poeta intercambia miradas equívocas con el joven del pelo rizado, ni Forster pergeña textos inmejorables describiendo una historia milenaria en la que ya no se puede repetir "Alexandria still", Alejandría sobrevive, sigue aún viva. No. A no ser que con la primavera arabe, tan manipulada, se abran las puertas a la tolerancia al forastero, el amor a la belleza y a la buena vida, el hedonismo de raiz oriental trufado de sabiduría griega, Alejandría no volverá a renacer y sólo quedará como el sueño hermoso de algunos hombres y mujeres geniales.

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3 noviembre 2011 4 03 /11 /noviembre /2011 10:09

Saul Bellow, ese judío genial, escritor nada pomposo que admiré mucho cuando comenzaba a sentir que mis novelas eran demasiado pretenciosas, responde a uno de los entrevistadores de "The Paris Review": "me he cansado de la solemnidad de la queja, he perdido la paciencia con ella. Obligado a elegir entre la queja y la comedia, escojo la comedia como forma más enérgica, inteligente y viril."

De alguna forma siento que en mis últimos folios escritos, los rudimentos de la novela que ambiciona tiranizarme, hay un poco de eso: he perdido la paciencia con la  visión intelectualizada, quejosa, pesimista y en el fondo autoreferencial de casi todas mis novelas anteriores y eso me está dando un punto distinto de percepción para comprender que el lugar que ahora habito (me refiero claro está al "lugar" íntimo, creativo) ya está muy alejado de mi propio ombligo y tampoco está cercano al ombligo de nadie, ni siquiera de alguno de mis clásicos predilectos. Así que trato de escuchar mi "voz propia" donde antes sólo estaba la queja y la esperanza de trascendencia. Y en el tenue murmullo que a veces escucho percibo algunas carcajadas y adivino muchas sonrisas. Es un consuelo, pero también es un riesgo. Me pongo muy solemne cuando trato de ser divertido. Así que habrá que llegar al mismo lugar usando un sendero distinto.

Ha sido un día casi enteramente dedicado al dios Moloch del dinero y la sucia y mezquina economía de cada día, nos la dé Dios o cualquiera de los dioses lares. Ir de Bancos es una de las ocupaciones más sórdidas, pero también es preciso comprender que no tener que hacerlo de vez en cuando, podría resultar aún más sórdido.

La visión amable de la vida va ganando puntos en mi estructura de pensamiento ligada a la existencia. Eso me hace un superviviente nato. Y esa es una característica útil para mi bagaje de escritor.

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3 noviembre 2011 4 03 /11 /noviembre /2011 10:07

Sin-Salida_cartel_peli.jpg

 Película dedicada a mayor honra y marketing de un guaperas (Taylor Lautner), al parecer conocido por la grey adolescente en películas del gremio y algunas de la moda vampírica de bellos y bellas de pocos años (Crepúsculo).Trepidante y sin demasiadas exigencias de verosimilitud y coherencia, "Sin salida" (en inglés "Abduccion") aparece como una manera de pasar el rato con un trhiller en el que un jovencito trata de emular a Jason Bourne con figura, comportamiento y expectativas de un muchacho de instituto de enseñanza media.

Todo comienza cuando ese joven estudiante descubre a través de internet que no es quien cree ser, ni sus padres son lo que pretenden y que además la policía lo pone en busca y captura y unos peligrosos elementos mafiosos del socorrido norte de Europa están decididos a secuestrarlo o matarlo. El asesinato de sus supuestos padres hace comenzar la persecución que durará el resto de la película, tras un comienzo escolar-familiar de lo más previsible y adolescente.

El chico tiene pesadillas recurrentes y así nos lleva a una psiquiatra bastante improbable que se parece mucho a Sigourney Weaver y que resulta ser también una agente de la CIA (esa agencia real debe estar hasta los cataplines de ser la mala o la ambigua en casi todas las películas made in USA).Sin_salida-719525-full.jpg

Todo va pues de niño con padre superagente (desconocido y solo perceptible el ultimo tercio de la peli), madre asesinada, niño protegido por padres falsos- agentes, malo serbio con grandes poderes y lista informatica de agentes dobles que el serbio busca y espera lograr secuestrando al jovencito.

Este, un monado de criatura, se esfuerza poniendo ojos de miope y sonrisa de carátula para hacerse creíble y solo logra hacerse previsible y ornamental. No he visto nada de "Crepúsculo" así que no conozco el nivel interpretativo de los jóvenes que intervienen, pero si todos tienen ese estólido careto que el joven Taylor mantiene durante la película...vamos mal.

Dirige el moreno John Singleton y hay un esfuerzo evidente por crear un personaje que atraiga a las masas de adolescentes y jovencitos. Todo rezuma primera parte de una saga: si Dios no lo remedia tendremos más Taylor en forma de precoz agente secreto (más cerca por el momento de Johnny English que de Bourne).

Hay un esfuerzo en Jason Isaacs (el padre falso en la película) o en Michael Nyqvist (el de Milennium) por no comerse la camara en las escenas que comparten con el jovencito (la Sigourney no se toma ningún esfuerzo, procura evadirse: apenas suman diez minutos sus intervenciones). Alfred Molina hace de sospechoso jefe de la CIA, muy aburrido consigo mismo y su descabellado papel, y Lilly Collins de jovencita amiga con futuro del protagonista, compartiendo una escena de sexo de lo más pazguato y menos excitante, casi una declaración de amor blando o sexo blanco, en la moda de "abstente, se puro hasta el matrimonio" que a veces recorre Estados Unidos de forma hipócrita y efímera.

Todo resulta impostado en este thriller en el que la violencia parece de mentirijillas, no hay sangre por ningun lado pese a la violencia de ciertas escenas y tampoco se respira la paranoia esperable en la trama. Producto descafeinado de un director que prometía mucho --"Los chicos del barrio", "Shaft", "Semillas de rencor"--, muy lejos de su talante rebelde y de denuncia..

 

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2 noviembre 2011 3 02 /11 /noviembre /2011 11:58

Vemos en el cine la versión que Spielberg hace de "Tintin". Película de animación realizada con el sistema que refleja los movimientos y los gestos de actores reales insertados a una teoría global de sensores que miden y dibujan virtualmente todo lo que hacen. Se me antoja irreconocible ver al Jamesbond Daniel Craig investido con barba y quevedos del malvado pirata --y su descendiente no menos malvado-- enfrentándose primero al capitán Haddock del siglo XVII y después al borrachín y entrañable capitán Haddock del XX, con su retahila de denuestos, insultos enciclopédicos y alucinaciones desternillantes.

Escribiré in extenso cuando llegue el momento, pero vaya por delante mi convicción de que esta pelicula atraerá de entrada a muchos admiradores hacia el comic de Hergé, pero no contentará en absoluto a los que siempre le hemos acompañdo sobre el papel, muchos desde la infancia, y guardamos como si fuera el tesoro del Unicornio los grandes libros de páginas claras con colores pausados que editó Juventud en España.

Mi esposa me regala la magnífica recopilación de entrevistas de "The Paris Review", editada por Ignacio Echevarria  para El Aleph editores y que contiene las realizadas a autores como Simenon, Isak Dinesen, Faulkner, Celine, Bellow, Cheever, Vonneguth, Roth, Naipaul o Rushdie entre otros. Guardo como oro en paño tres editadas hace años por Kairós. Inevitablemente hay repeticiones, aunque en más de 50 años de vida, la revista literaria norteamericana (desaparecida en 2003) revolucionó el arte de la entrevista literaria y ha dado noticia de las palabras y pensamientos de más de 200 autores, sólo entre narradores (también se entrevistó a ensayistas de tdo tipo y dramaturgos o poetas). En la que comento se presentan 16 entrevistas  algunas de ellas, como dije, editadas en otros libros de hace años y otras nuevas y desconocidas para mí (como las de Cheever, Jean Rhys, Carol Oates o Isak Dinesen y al hispanoamericano Manuel Puig).

Como me ocurrió en las otras ocasiones, la lectura de algunas entrevistas , la reflexión sobre lo que dicen de sí mismos y de su practica literaria algunos de mis mas admirados autores, como Faulkner, Cheever o Bellow, enardece mi fluctuante deseo creativo, me recuerda la pasión y la fuerza que me invaden cuando logro alguna página que juzgo interesante y el estado general de desafío, inquietud y euforia que alientan mi vida cuando me lanzo al mar ignoto de una nueva novela.

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2 noviembre 2011 3 02 /11 /noviembre /2011 08:18

  04unfragil.jpg

 

 

El dramaturgo norteamericano Edward Albee, obtuvo su primer Pullitzer a finales de los sesenta por su obra "Un frágil equilibro". Un par de años antes había estado a punto de conseguir el prestigioso premio por otra de sus célebres obras: "¿Quién teme a Virginia Woolf?", pero pese a que resultó ser la obra más votada en las deliberaciones del jurado, no se lo dieron. ¿Por qué?  Porque se consideró que la visión crítica, burlona, irónica y devastadora que ofrecía de la sagrada institución de un matrimonio culto en el estilo de vida norteamericano era demasiado dura y ponía en cuestión la eficacia de las instituciones del bendito país. Tal hipocresía tuvo su "castigo" cuando Albee recibió el Pullitzer por "Un frágil equilibrio" en la que se mantenía la brutal disección del desmoronamiento familiar, del orden ético de la clase alta norteamericana (extrapolable a cualquier otro pais de occidente) pero se procuraba no perder demasiado las formas y se un_equilibrio_delicado_22042_120.jpgpreconizaba --irónicamente-- el mantenimiento de un delicado equilibrio.

Para refocile del espectador avisado, en estos días se puede ver simultáneamente en dos salas barcelonesas las dos obras que provocaron la metedura de pata de los del Pullitzer en su afán hipócrita de presentar al mundo una cara más amable del modo de vida de las clases media y alta del gran país que, por cierto, compagina sin demasiados problemas la hipocresía social y moral con la denuncia más aguda y certera de esa misma hipocresía.

En 1973, Tony Richardson llevó al cine esta obra con las magnificas interpretaciones de Paul Scofield y Katharine Hepburn en los papeles de Agnes y Tobias, la pareja protagonista. 

Hoy las contaré lo que fue "Un fragil equilibre" en  el teatre Lliure, dirigido por Mario Gas e interpretado por Rosa Novell, Rosa Renom, Albert Vidal, Mia Esteve, Pep Ferrer y Merce Montalá. 

La obra sigue manteniendo al público en vilo. A pesar de pertenecer a una época pre-internet en la que aún existían cierto tipo de valores y había un consenso respecto a la importancia de ciertas instituciones tradicionales y determinadas convenciones sociales. No ha pasado el tiempo para este drama en el que todo sigue siendo actual porque, en el sentido de lo que entendemos por "clásico", nos habla de sentimientos, emociones, defectos y temores que siguen vigentes porque son profundamente humanos e intemporales.

La familia que forman Agnes y Tobias (contenida y eficaz Rosa Novell y un Albert Vidal sarcástico y vulnerable), con su multidivorciada hija, Claire, (Rosa Renom un poco excesiva) y la hermana de Agnes Julia (Mia Esteve, convincente como la alcohólica y desafiante cuarentona que esconde en el alcohol sus frustraciones) reciben la inesperada visita de sus "mejores amigos" Edna y Harry (Mercè Montalá y Pep Ferrer, magníficos en sus chocantes papeles) que piden asilo por padecer un inexplicable ataque de pánico que les hace escapar de su propio hogar. Un miedo que podría ser el reflejo de su propia vacuidad (extremo no explicado bien en las intervenciones de la pareja) y que es el pánico a la disolución de la seguridad aparente que da el matrimonio, el hogar o los hijos, cuando las personas se olvidan de ser y se limitan a aparentar, de espaldas a sus sentimientos autenticos. Es decir, justamente lo que les ocurre a sus anfitriones.

No hay más explicaciones. La llegada de los autoinvitados hace estallar el "frágil equilibrio" que mantenía más o menos coexionada la familia. Surgen las amarguras, los reproches y los rechazos en un permanente --como es habitual en Albee-- trasiego de copas y tragos, y no sólo por parte de Julia.

Una primera parte magnífica deja, tras el descanso, todo dispuesto para la caida de ritmo del final, muy a tono con la desvaida propuesta del dramaturgo, que parece haber buscado un final mas o menos "equilibrado" (aunque dejando sutilmente abiertos los interrogantes sobre la viabilidad de la familia).

Creo que es un error haber roto el ritmo de la obra con un descanso posiblemente innecesario. La obra puede acortarse de alguna escena  algo reiterativa y no se debería haber roto el embrujo de una historia y unos personjes cuyo contenido y falsamente amable y educado comportamiento van acentuando la tensión en busca de una explosión que nunca acaba de producirse.

 

El público --tres cuartos de sala, se notó la coincidencia con el partido del Barça y la noche de difuntos, castañas y panellets-- reaccionó con entusiasmo a la propuesta que se desarrollaba en un escenario central, casi en contacto con las primeras fila, acercamiento que favorece la tensión dramática, convirtiendo al espectador, casi, en otro miembro de la familia.

 

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1 noviembre 2011 2 01 /11 /noviembre /2011 17:41

Veo la peli francesa "Tímidos anónimos" y logra irritarme la blandura, estupidez y sentimentaloides trampas emocionales de la trama. A la sombra de "Amelie" pero lejos de "Mics Macs" o de "Bienvenidos al norte". Cine facilón sin  mucha sustancia que no aporta nada bueno a la comedia francesa.

Escribo la reseña del libro del colega Anton, galaico-zaragozano, sobre  las gentes y los rincones del Maeztrazgo. Excelente.

Mi novela "El exilio y el reino", en trance de escritura, sufre un cambio de orientación. Deja de reflejar lejanamente la muerte de un familiar político en Olot y se centra más en una inspiración sobre la figura de Sole Tura, el malogrado profe de Universidad y político del pSUC, al cual conocí en mi facultad-mater. Algo también de Pasqual Maragall.

Preparo la critica de "Margin Call" para el periódico y recojo material técnico para documentar mi novela, aunque va a ser más un proceso intimista, espiritual, intelectual, que médico. Ver la decadencia de una mente, el deterioro de un cerebro, desde su reflejo en el carácter del sujeto, en su comportamiento, en su degradación perceptiva.

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31 octubre 2011 1 31 /10 /octubre /2011 10:56

El cielo gris, opresivo, como una frazada de neblina lanzada desde lo alto que cubre totalmente el paisaje y deja un húmedo ambiente frío que se te mete en los huesos y ensombrece el corazón. Hoy ha cambiado la hora. Una hora menos para alargar las horas de luz y ahorrar energía.

En la Torre, el airoso campanario a cuyo amparo reposa mi hogar parece un mástil emergiendo de la niebla. En el estudio Anna y yo trabajamos en silencio, arropados por la música que John Barry compuso para la película "Bailando con lobos". Ella escribe su libro y yo repaso mis amados álbumes de Tintín y me dejo seducir por el encanto de "El museo imaginario de Tintín", el soberbio "Tintín, el sueño y la realidad" de Michael Farr y "El diccionario de Tintin" de Jordi Costa.
Escribo en mi blog sobre cine y literatura. Algunos de estos trabajos verán la luz pública en el periódico "La Comarca" de Alcañiz y el Maeztrazgo. Tengo saudades de caminar, pero los senderos están embarrados y las rocas resbaladizas. Sin embargo la tierra renace un poco. Leo que este tiempo durará poco. Mañana habrá sol nuevamente y la sequía resurgirá en el agostamiento de campos y montes.
 

 

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31 octubre 2011 1 31 /10 /octubre /2011 09:29

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Una nueva novela de mujeres escrita por una mujer. Dos sensibilidades contrapuestas, Lucía y Cecilia, dos amigas que podrian ser el paradigma de las dos caras de una moneda femenina (sin ambición exhaustiva, por supuesto). No se vea en esa aparente limitación definitoria, "novela de mujeres, escrita por una mujer" alguna clase de prejuicio o de afán simplificador, sólo es un dato objetivo, porque  Carmen Bandrés trata de huir, y lo consigue, de los defectos y cautelas de ese falso "género" femenino de la narrativa. Esta novela, créanme , no tiene sexo para el lector, cualquiera de los tres sexos, masculino, femenino e intermitente, puede pasarlo bien o muy bien con las dos protagonistas de "Noche de azahar", la alegro-hippylondia Cecilia y la conservadora y tradicional, pero firme y fuerte, Lucía.

De hecho y como ejemplo cercano y evidente, "Noche de azahar" gustaría a mi madre --gran consumidora de novelas sentimentales, de la saga de María Teresa Sesé, Corin Tellado y Carlos de Santander--  por la parte de Lucía y gustaría a mis hermanas por la presencia rebelde de Cecilia.

Pero no se llamen a engaño. El drama no es a lo Alvarez Quintero, sino que toma sombras y fulgores de tragedia griega, suavizada por el estilo coloquial, una técnica que requiere dominio de los latiguillos y fórmulas dialectales de nuestro tiempo, ay, tan poco literario, pero que permite verlo todo desde el tranquilizador prisma de un tercer nivel.

Las vidas cruzadas de las dos amigas, sus avatares, sus pequeñas o grandes vicisitudes, los sentimientos, las emociones que forman un rio subterráneo con  dureza de inundaciones a veces, interesan y conmueven, pero los personajes son descritos, se definen por lo que se dice de ellos y no por lo que ellos hacen, dicen y son, se evitan las descripciones físicas y se obvia la narración íntima y profunda de lo que de verdad sienten en los momentos en que son descritos, salvo los apuntes fácticos de rigor.

Los personajes caminan por esquemas de carácter casi cerrados y que son explicitados por las diferentes voces que intervienen en el relato. El "elegante, guapo y con manos de pìanista" Fidel, el malo de la función, es un poco el paradigma dramático de una historia de clarooscuros contada a un ritmo cambiable, irregular, un poco banalizada por la técnica coloquial que, paradójicamente, es uno de los logros de la autora. Carmen Bandrés domina el arte de la conversación tópica de los sms o los emails, aunque su narración es anterior--el tiempo que describe la novela son los 70, 80, 90-- a la aparición de esa vulgata idiomática que nos traen las nuevas tecnologías de la comunicación.

La previsibilidad de lo que acontece, de ninguna manera evitada por la autora, es un elemento que me sorprende en esta novela: no incomoda. Es como si alentara ese resquicio infantil de que a veces nos gusta que nos repitan cosas que ya esperamos o sabemos o intuimos, como si la narradora jugara con nosotros, como los cuentacuentos clásicos juegan con sus oyentes, que ya saben todo lo que va a pasar, pero siguen pendientes del sortilegio que emana de los labios del narrador. El punzante drama de la violencia en el seno de la pareja, los abusos, el horror cotidiano es tal vez lo mejor de la novela. No hay excesos emocionales, descripciones morbosas,  sino el gradual entenebrecimiento de la vida de la protagonista, su lucha contra una situación que desborda el esquema de sus principios éticos y convicciones sociales. 

Literatura sin pretensiones, ni de estilo, ni argumentales, ni innovadora, simplemente una historia de mujeres como las que os contáis unas a otras mientra tomáis un café o dais un paseo por los escaparates o entrais en ese ritual misterioso para la mayoria de los varones, de ir de compras sin comprar nada, solo por dedicar una tarde a charlar de todo, de nada o de vuestras "noches de azahar" y también de una esperanza en el amor que sobrevive a las feas historias de la violencia, aunque  en el fondo subyace el desencanto y acaba dominando el sordo retumbar de la tragedia y la muerte.

 

FICHA: "Noche de azahar".-Carmen Bandrés.- Mira editores. Sueños de tinta.Zaragoza 2010.-188 páginas.

 

 

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