Overblog
Seguir este blog Administration + Create my blog
19 octubre 2011 3 19 /10 /octubre /2011 09:12

contagio-poster.jpg

 

  Un virus letal, que se transmite por simple contacto, pone en jaque a los gobiernos, las instituciones médicas y farmacéuticas y a las sociedades del mundo que entran en un estado de pánico que agrava y supera la siniestra eficacia destructiva del virus. El desmoronamiento social y político, la carrera contra reloj de los científicos que buscan la vacuna, los casos de sacrificio y lucha aislados en un climax de angustia social, miedo y muerte.

Esta es la historia que nos cuenta Steven Soderbegh que, como es usual en este tipo de películas, va insertando en la trama global las pequeñas historias más o menos pertinentes que dan valor y contenido humano a la gran y caótica tragedia de una civilización puesta a prueba.

El ritmo es trepidante, con pequeños apuntes que están dotados de una atomósfera propia, más calmada, pero al final arrastrados también por la vorágine del drama colectivo que se vive en todas partes. Las víctimas se cuentan por millones y durante el proceso se nos muestra, como botón de ejemplo, algunos que tratan de aprovechar la situación, incluso con buena fe, provocando más desinformación y creando suspicacia, violencia engendrada por el miedo y actos delictivos que buscan ser admitidos bajo el paraguas de la excepcionalidad.

El reparto es espectacular, Matt Damon, lejos de su dinamico papel de la saga Bourne, Kate Winslet como investigadora. Gwyneth Paltrow como una de las primeras víctimas cuya desgracia destapa un asunto de infidelidad, Laurence Fishburne como alto cargo sanitario mundial que no puede evitar dar un trato de favor a su familia, un desfigurado Jude Law como un periodista sin escrúpulos que cree en una cura naturalista y se aprovecha de su éxito en internet, Elliot Gould, siempre tan creíble, como científico que encuentra la secuencia de contagio del virus pero sucumbe a él...

Pero el acierto del director consiste en rodear a todos esos intérpretes de un ambiente, de un aire y un estilo en el que la amenaza y el terror hacia el virus, el realismo sin exageraciones, la economía de secuencias, la simple, fría, aséptica y difícil fórmula casi documental de lo que nos narra, crea en el espectador sentado en la butaca una de esas difíciles sensaciones que sólo los grandes del cine consiguen: el "contagio" por simple empatía de ese terror humano a la muerte y más como en este caso, invisible, sin forma, sin aviso, por el simple contacto con la persona enferma. 

Las reacciones que vemos en la panatalla son las que esperaríamos vivir si nos viéramos en esa tesitura, el ansia de acumular provisiones, la exigencia violenta de vacunas, las paranoicas conspiraciones que el miedo cultiva. Son noventa minutos en los que no sobra ni un solo fotograma. Y un  final abierto pero no por ello menos estremecedor por lo que tiene de corolario de una situación que no ha terminado y no sabemos si va a terminar. (Si no conociera el valiente y honesto cine de Soderbegh pensaría que se está preparando para un "Contagio" 2).

 ¿Cuál es esa verdad que nos presenta la pelicula? Simple y dura: la precariedad de nuestra inconsciente seguridad como sociedad y como especie. Y aquí no se trata de los marcianos o de criaturas inverosímiles, es un simple virus el que trastoca todas nuestras nociones de lo que es ético, de lo que está mal, de lo que nunca debemos hacer. Nadie está libre de contagio.

Y mucho menos en este mundo del que tan orgullosos nos sentimos: la aldea global. Es precisamente de la mano de esa globalización de la que el virus se hace rey, ayudado en su faceta, tambien muy peligrosa, del miedo, por personajes como el "blogguer" que interpreta Jude Law, cuya falta de responsabilidad extiende rumores de efectos catastróficos  con más velocidad de la que el virus se propaga .

Contagios pues, vírico, informativo, pero también de desconfianza hacia los politicos y el poder, hacia las empresas farmacéuticas y por último, pero no menos importante, la faceta destructiva intima del virus, la de los principios morales, la esperanza, la generosidad, el sacrificio por el otro, la comunicación y el amor.

Contagio pues universal, fisico y psíquico, social e individual, político y profesional: en suma jaque mate a nuestra cultura como estilo de vida, como jerarquía de valores. Eso es el cuerpo global donde el miedo se ceba como un virus carcomiendo las bases y los fundamentos. Ruina.

Un filme sin sensacionalismo, verosímil, firme y variado en su oferta de historias adyacentes al nudo central, critico con instituciones y comportamientos, con su gotita de esperanza humana en algunos, a veces tierno y a veces lleno de emoción y casi siempre salpicado de angustia y miedo. Pero todo este discurso ha sido hilvanado de una forma seria, dolcumental, honesta, veraz, sin teorias conspirativas ni complots de poder o de medios de comunicación (cosa que en aquella "Virus" con Dustin Hoffman, no acabó de funcionar). El hecho tal como se produce y se expande y las reacciones casi nunca adecuadas o buenas de las personas, sea cual sea su origen o su formación, desde el pillaje hasta el secuestro con extorsión o el asesinato.

Tal es la veraciadad que imprime este director a su película, que la secuencia en la que el jefe de los servicios secretos norteamericanos habla de que todo podria ser un ataque terrorista, suene irremediablemente a tópico y estupidez. Se nos ha convencido que es un peligro que no tiene bandera ni ideología, que es uno de los medios que la Naturaleza puede llegar a crear para terminar con la existencia humana, sin previo aviso, sin causa imputable a los humanos, simplemente un cruce biológico, excrementos de murcielagos comidos por cerdos que entran en la cadena alimentaria humana y causan un cambio genético que muta en virus y se inicia el contagio, desde el cocinero de Hong Kong que ha cocinado la carne hasta la bella ejecutiva que le felicita por el plato que ha comido y que comienza a difundir el virus allí mismo y tras regresar a Estados Unidos en todo su entorno. Una progresión geométrica brutal que contagia al mundo entero. El principio de la mariposa cuyo aleteo en una  punta del mundo provoca un tsunami en la otra.

 

 

 

.

 

.

Compartir este post
Repost0
18 octubre 2011 2 18 /10 /octubre /2011 15:36
 four_lions.jpg
  Chris Morris, un director inglés tocado por la magia irreverente de los Monthy Piton, la osadía de Borat y las gansadas de Mr. Bean, sin su ingenuidad, se ha atrevido a hacer comedia destructiva sobre un tema tabú: el terrorismo de sello islámico. "Four Lions" es una comedia que hay que ver con la mente clara y nada maniquea, ya que hace con el terrorismo islámico lo que el grupo iconoclasta de los Monthy Piton hicieron con "La vida de Brian" y la religión: humor crítico, inteligente, anarquista y salvaje sobre una realidad que tiene de todo menos graciosa.
En el festival de Sundance 2010 se alabó esta película rompedora aunque muchos le vaticinaron un dificultoso estreno, si lo había y una vida más bien corta en los cines comerciales, si es que alguien se atrevía a distribuirla.
Al final ha logrado estrenarse y veremos qué trayectoria tiene. El boca-oreja funciona desde luego y no sabemos de ningún atentado islamista contra los cines o contra Morris y sus actores (habida cuenta del escaso sentido del humor que suele mostrar esa creencia religiosa): las aventuras descabelladas de ese grupo de islamistas británicos, primero en Pakistán y más tarde en la propia Inglaterra roza el más radical y venenoso humor, con una ironía candente y un contexto politico y social desternillante pero, ojo, bastante realista. Las cosas seguramente no suceden así, pero lo que nos cuentan no es absurdo sino bastante posible, aunque aqui desemboque en la astracanada.
Datos para la carcajada; las motivaciones de algunos de los novatos terroristas, el uso de cuervos-bomba, los disfraces increíbles llenos de explosivos para correr la maratón de Londres y hacerlos estallar, la organización de los atentados, el comportamiento de las fuerzas del orden, los diálogos dignos de Jonathan Swift con unos gramos de Woody Allen, el entero planteamiento de la película, todo lleva al espectador a una orgía del sinsentido, el absurdo, la guasa irónica, la estupidez como forma de comunicación satìrica y en suma un regalo de buen humor negro para quitarle un poco de tragedia a un tema que, la verdad, agobia un poco.
Los cuatro leones, aspirantes a terroristas que van metiendo la gamba sin cesar con una estupidez ingenua que atrae a la mala suerte como la luz a los mosquitos, acaban conectando con el espectador en clave de humor de sal gorda, cada uno de ellos con sus motivaciones y sus dudas y sus necesidades cotidianas y su falta absoluta de idoneidad  y preparación para lo que quieren hacer.
Es obvio que no se trata de ironizar a costa de los musulmanes y esto es algo evidente para una persona minimamente inteligente aunque creo que puede resultar peligrosa en otras personas demasiado, digamos, convencidas de la legitimidad de la lucha contra el Gran Satán (occidente). Gags desternillantes, economía de medios, astracanada de la buena y disparates a gogó para alegrar un poco al personal, bastante hastiado de la osura y sangrienta tragedia de la realidad.
La broma final de relacionar al pintoresco grupo londinense con la muerte de Bin Laden ajusta un poco la lente de percepción de lo que nos narran y cómo lo hacen. No hay burla sino jolgorio, absurdo y sátira, un juego --difícil -- de decirnos hasta qué grado de locura pueden llegar algunas personas en nombre de ideales que en ningun momento preconizan esos actos. Pero no hay moraleja, ni crítica filosófica, hay broma, risas y excesos en nombre del humor. Los cinco terroristas descerebrados son dibujados con precisión de entomólogo y con detalles que los hacen, ay Señor, excesivamente "posibles".
Yo creo que la comedia de Morris debería ser de visión obligada en nuestras escuelas occidentales tan plurales en procedencias del alumnado. Reirse con la risa sana del humor de caricatura puede quitarle hierro a un tema que siempre se toma con excesiva emocionalidad. Jugar a desarmar una idea fanatizada puede resultar terapéutico, ya sea, por ejemplo, en los ámbitos nacionalistas violentos, ETA o IRA o en los desbarajustes políticos de dictaduras varias y de monopolios religiosos o sociales. Tal vez si aprendemos a reirnos un poco de la "sacralidad" de esos conceptos hagamos que se abran caminos a la razón y la empatía.
Aunque en definitiva la inmolación paulatina de los cinco terroristas imexpertos deja en la mente una pregunta oscura: ¿podría ser prematura la risa, la carcajada liberadora, en unos temas que todavía nos atañen con  toda su barbarie indiscriminada y letal? Pues, dedichadamente, en la vida real los terroristas pueden ser tan estúpidos como en la pelicula pero obviamente son más eficaces.
Compartir este post
Repost0
17 octubre 2011 1 17 /10 /octubre /2011 14:03

excursiones-7850.JPGTierras yermas, venteadas, con escasos pero hermosos árboles en torno a los ríos, tierras antiguas con huellas abundantes de una ocupación humana dedicada a la agricultura, la ganadería y la laboriosa construcción de infinitas terrazas sobre un terreno de escasos desniveles, lugar donde la piedra hace paisaje, no sólo la de las colinas, gargantas y montañas, sino la usada por el hombre ancestralmente para construir chozos y viviendas, parideros y corrales, sólo piedra, lajas finas formando paredes, divisorias, muros de contención, piedra con piedra sin nada más, orfebrería de las losas, inteligencia primitiva eficaz y duradera. Todo esto nos lo da el Maeztrazgo, una tierra bellisima en su desolada grandeza, con pueblos hospitalarios, arte arquitectónico y paisaje esplendoroso bajo un sol de justicia y con la frecuente presencia de los vientos.

Para empezar nuestros periplos por esa extraordinaria comarca he escogido un recorrido nada dificultoso y bastante representativo, creo. El sendero señalizado que lleva desde la Iglesuela del Cid hasta el caserío abandonado de Casas de San Juan por el puerto de las Cabritillas y el barranco del rio de la Cuba. Son aproxidamente unas cinco horas entre ida y vuelta, unos 18 kms, y se salva un desnivel acumulado de 425 m en las dos direcciones, aportando una visión de la zona de gran valor paisajístico. Durante todo el recorrido, bordeamos y bajamos a un par de barrancos, el segundo, de San Juan, de una belleza soberbia. Pasamos entre extensos campos con pocos árboles y roturados por las lineas geométricas perfectas de los tradicionales muretes de roca y piedra, cientos de kilómetros de bajas paredes de piedra, una integración de la "piedra seca" en el paisaje en forma de chozos, casas y los muros divisorios coronados de losas en pie, como el dorso de un animal prehistórico. Vegetacion de tipo herbáceo, enebros y boj por doquier, y en las laderass de los barrancos, bosquetes de carrascas y allá en el fondo, junto a los cauces secos de rieras y el rio de la Cuba, pleno de choperas en sus riberas, con ese característico color dorado del otoño. excursiones-7827.JPG

Salimos de la Iglesuela por el portal de San Pablo (el único que queda de los cinco que rodeaban el perímetro de la población medieval)  y las pequeñas huertas del barranquillo  arbolado que lleva  a la Fuente de los Alpargateros (un abrevadero a sus pies) y comenzamos a subir hacia el puerto de las Cabrillas, primero por un sendero entre chopos y arces, plataformas de roca (relieve subtabular) con aspecto antidiluviano y la presencia permanente de un paisaje transformado por la actividad humana durante milenios.

El sendero se convierte en anchísima senda  o via pecuaria entre muros bajos hechos de piedra rojiza en forma de lajas, ganadeería en los campos, caballos, vacas, toros, ovejas o burros y señales de PR que te llevan hasta el cruce de la carretra -- A-2706 -- en pleno puerto. Los vientos soplan fuertemente allí, es una compañía incesante todo el camino. Hay grandes mojones de piedra a lo largo del camino, prueba clara de que en el rigor del invierno con las grandes nevadas y los ventisqueros que se forman en la zona, no hay otra manera de guiar a hombres y ganados.

Por doquier y desde la bajada entre rocas hacia el barranco de San Juan, las masías y casetas empiezan a ser visibles ambos lados, en la lejanía. Un cruce de señales nos avisa de un sendero lateral que lleva a la llamada "arquitectura de piedra seca", declarada Lugar de interés etnográfico, ancestrales edificaciones de uso ganadero o humano realizadas con las lajas de piedra rojiza del lugar, sin ningún tipo de argamasa o barro sustentador, simplemente rocas encajadas con precisión de orfebre. Asombra la belleza y solidez de las bóvedas de esas edificaciones, realizadas son la técnica de "aproximación de hiladas" de roca y  rellena con "cascajos" para que con la simple fuerza de su cohesión se mantenga firme durante siglos. excursiones-7894.JPG

Chozos, casetas y muros de piedra seca forman un patrimonio cultural y etnográfico de gran interés que además dan al austero paisaje una nota humana que lo ensalza.

En el descenso al barranco del Mas de Osset, al borde del camino, encontramos una mesa de interpretación que nos informa sobre esa  arquitectura primitiva tan simple y admirable.

Altas plataformas calcáreas, la loma de la Cogolluda que separa Teruel de Castellón, formaciones y cadenas de lomas y cerros, arbustos de todo tipo, tierra de frontera, masías fortificadas y perfiles limpios en la lejanía donde es fácil ver en silueta a los caminantes, una zona en  la que la deforestación hizo estragos y solo quedan bosquetes en algunas riberas, un reino del boj, la aliaga, el enebro y las plantas aromáticas.

El caserío de San Juan que se divisa después de cruzar el primer barranco y comenzar la bajada del de San Juan, allá a lo lejos, da la impresión de que es un lugar habitado y el camino va bordeando la ladera en continuo descenso --300 m de desnivel negativo-, obstaculizado a veces por desprendimientos, cancelas o alambres.

Cuando llegamos al cauce del rio, lo atravesamos (está seco) y en la ribera frontera comienzan las abandonadas edificaciones del caserío, una docena de casas, algunas ruinosas lamentablemente. En la plazuela central del poblado, recoleta y con una piedra adornada con la bandera de España, está la ermita de san Juan (1409) y la vieja escuela de los del lugar.

En nuestros dias solo es destino de caminantes y lugar de romerias (último fin de semana de julio) y "tranza" de productos del campo (subasta tradicional). El silencio y sosiego del lugar, sólo interrumpido por el piar de los pájaros y el grito ronco de algún ave rapaz, buitres sobre todo o cuervos, merece el lindo caminar, nada cansino. La vuelta da, como suele suceder, una perspectiva distinta al paisaje y uno puede complementar la caminata con una visita a la Ruta de la Piedra Seca (PR-TE70), que suma unos seis kms de sendero con escaso desnivel y ninguna dificultad. Iremos por el Camino del Puntal, enlazando con el camino asfaltado de la Ermita del Cid y se cruza el barranco por un puente hasta las Caseticas del Cura y la caseta realizada por el taller de empleo "Vive la piedra, trabájala".

 

 

COMO IR

 

Tomando como base de salida Vallderrobres o Alcañiz, una ruta reomendable es ir hasta Morella y desde allí a Villafranca el Cid  (evitamos la pista que pasa por el puerto de las Cabritillas), desviándonos allí hacia la Iglesuela del Cid. Una vez en el pueblo, el sendero que sugerimos está señalizado, aunque conviene  consultar los libros Senderos del Maeztrazgo de la FEDME o el libro dedicado al Maeztrazgo de la Red Natural de Aragón, y los consabidos mapas del Servicio geográfico nacional, todos ellos localizables en librerías especializadas o en la de Serret en Valderrobres.

 

 

NO SE PIERDA

 

Iglesuela del Cid merece una estancia más que un simple paso. Situada a 1227 m sobre el nivel del mar y en el extremo inferior de la comarca, frontera con Castellón, es una población  de referencia en cuanto a la arquitectura de los siglos XVI y XVII, con edificios de la nobleza con estilo renacentista, muchos blasonados. La plaza Mayor con su torre de los Nublos (vestigio de un castillo templario) y la de la Iglesia, la casa consistorial la Casa del Blinque y el palacio Matutano-Dauden exigen una visita sosegada. Jardines, abrevaderos centenarios, lavaderos  y fuentes (como la de San Juan, del siglo XIV). Historia hecha piedra, residencia, palacio o simple casa solariega y blasonada (como cantaba Leon Felipe). La Iglesuela es historia desde sus primitivos pobladores en la edad de bronce, iberos y romanos y a partir del siglo IX, los árabes. En el XIX, las guerras carlistas y la presencia cercana del general Ramon Cabrera, El Tigre del Maeztrazgo y la sangría inmisericorde de la guerra civil que se ensañó con estos  lugares.

 

COMER Y DORMIR

 

Estancia  de categoría  si escoge la Hospedería de la Iglesuela del Cid, enclavada en un remozado palacio renacentista, con salones y rincones de una belleza señorial. Para comer -y dormir-  también Casa Amada  --con una cocina casera deliciosa- o instalaciones de turismo rural como Casa La Antigua Botica o Casa Colomer.

Compartir este post
Repost0
16 octubre 2011 7 16 /10 /octubre /2011 15:17

el-fin-es-mi-principio.jpgHace un par de meses, el 7 de agosto, día de mi santo publiqué en este blog un trabajo sobre la película "El fin es mi principio", protagonizada por ese enorme pedazo de actor alemán llamado Bruno Ganz (al que hemos visto mostrando un Hitler desvalido y patético en "El hundimiento") y dirigida por Jo Baier. En la editorial Maeva y la colección EMBolsillo podéis encontrar esta obra y con ella la constatación de que a veces las memorias personales son una revelación y un placer (a condición de que el personaje sea realmente digno de ese efecto, cosa que Tiziano Terzani es, sin ninguna duda).

Se trata de un libro de pensamientos y reflexión, de un diálogo permanente entre un padre, Tiziano y su hijo Folco, donde se desgranan recuerdos y la vida interesantísima de ese gran periodista de "Der Spiegel", testigo de algunos de los más históricos acontecimientos del siglo XX, pero también reflejando sentimientos y emociones íntimas, en sordina, de una sensibilidad grande y una belleza humana y natural sin paliativos.

La historia que vemos pasar en el diálogo entre el anciano moribundo y su hijo, no sólo atañe al testigo de excepción que es un periodista culto y bien informado, sino una persona con una enorme humanidad y que nos cuenta el trayecto paralelo de su maduración como persona, su búsqueda espiritual y las convicciones éticas que tal desarrollo psicológico conlleva. Para cualquier curioso de los avatares históricos del siglo XX (de aquellos polvos, estos lodos) este libro es una lección de historia.

 

thumbCA6K1L1M.jpg

Tiziano Terzani (1938-2004)  es uno de los más conocidos, hábiles y conspicuos corresponsales de guerra, un periodista de elite con un background impresionante y una bien ganada fama de hombre comprometido con su tiempo, de testigo notarial y comprometido de todas las grandes calamidades que asolaron la segunda mitad del siglo XX, desde la guerra fría y sus excesos, hasta la guerra de Vietnam, el horror de Camboya, la revolución china de Mao, las iniquidades del apartheid en Sudafrica...Un hombre que lo deja todo y se encierra en un ashram de la India, viaja al Himalaya y busca la espiritualidad y al fin se vuelve a Italia a morir, en una casa cerca de las montañas, un pueblo diminuto llamado Orsigna, donde se aisla para meditar en una habitación pequeña de madera -un gompa tibetano- construida en su jardín..

Es allí donde pide a su hijo que le acompañe en sus últimos días, junto a su esposa, haciendo de sus charlas con el joven, Folco Terzani (Nueva York,1969) --realizador cinematográfico, autor del último documental sobre la Madre Teresa de Calcuta y de otro sobre una comunidad asceta del Himalaya -- un verdadero testamento intelectual y espiritual que nos muestra al hombre tal como es a través de los grandes temas que son, en definitiva, la esencia del por qué y para qué de nuestra existencia. Desde la muerte, su sentido o su necesidad hasta la belleza del mundo y la no menos acuciante necesidad de la vida, del vivir.

Asistimos sobrecogidos a un  paseo por la vida de un hombre extraordinario, que se hizo singular no solo por su postura de denuncia de las cosas que van mal en el mundo y de las que él era testigo privilegiado, sino de su propio camino interior, lleno de dificultades y problemas. Habla a su hijo y a nosotros de su primera gran decepción. la caida del comunismo y antes de eso lo que los regímenes habían hecho del comunismo primordial que él soñó y que fue traicionado y bastardeado en Rusia, China, Camboya o Cuba. "Tantas muertes, tantas, ¿para qué?".

Y entonces llega al punto medular de su larga charla, "Mientras que el hombre no cambie, nada cambiará, esa es la verdadera revolución que hay que hacer". No es nada original, antes que él lo dijeron Gandhi, Cristo, Chrishnamurti, el zen o el taoísmo, pero nos convence dicho por este anciando que se está muriendo, en el estropicio de un cuerpo que falla por todos lados y con el que él no se identifica, Una suerte de Tostoi de hoy, rodeado de iconos budistas y de la hermosa realidad que le rodea, su cómoda casa de montaña, la naturaleza, su esposa y sus dos hijos (la hija, Saskia,  trae a su pequeño para que esté con el abuelo). Folco, el hijo, transcribe la larga conversación con momentos en los que nos cuenta las triviliadidaes de la vida cotidiana, los dolores de su padre, sus dificultades digestivas, las ocasionales charlas con su esposa, Ángela --el libro es un canto de amor a "mamá" por parte de Tiziano-. Folco se muestra fascinado, a veces a su pesar por la fuerza y la sensibilidad de su padre.

La última parte del libro se centra en el viaje interior de Tiziano, en su  búqueda de la verdad espiritual, a través de una estancia en la India y también de un retiro en el Himalaya, de esa "iluminación" que ha tenido algunas veces al alcance de sus dedos, pero que con gran lucidez acaba definiéndola de "ilusión". Entonces habla de la identidad, ese engaño de máscaras y roles, de su logro personal de avanzar hacia el estado de "sin nombre", el estado de unión con todo, la revelación de que todo es uno y de que "al final no hay nada y no eres nada". Leeremos conmovidos la frase que dedica al hijo, aunque habla de sí mismo, "Debes vivir una vida en la que te reconozcas, no importa lo que hagas, simplemente se tu".

El libro acaba con el testimonio de una muerte ejemplar, llena de paz, de sosiego y de dignidad, relata a través del dialogo entre los que están alrededor del ancaiano, su hijo Folco, su hija, su esposa Angela, con una enorme economía de medios, rozando la trrivialidad más enternecedora y esa petición ultima de Tiziano de que lo lleven a su pequeña casita del jardín-el gompa- y que lo acuesten allí. Y el final descrito por el hijo: "Se tiende en la cama. Se oye su respiración, como el viento que viene y va..."

En la película y para el recuerdo, la imagen de los dos, padre e hijo, en la cima de una montaña y la del hijo, en ese mismo lugar, aventando las cenizas de su padre. Otra ocasión en que sería aconsejable leer el libro y ver la película, aunque en esta ocasión debe ser con el orden cambiado: vea la película y después lea el libro.

Compartir este post
Repost0
15 octubre 2011 6 15 /10 /octubre /2011 09:50

 

 carfin.jpg

 

Esta es una de las pocas ocasiones en las que el lector cede, con agrado, su puesto al cinéfilo. La novela, autobiográfica, en la que está basada la película "La carta final", titulada más expresivamente "84 Charing Cross Road", fue escrita por la escritora norteamericana Helene Hanff, que resumió en poco más de 120 páginas la correspondencia que sostuvo durante más de 20 años con la librería Mark and Co. cuya dirección postal da título a la novela (publicada en España por Anagrama, con un lento éxito basado en el boca-oreja de lectores consumados y encantados).

El caso es que aunque la novela goza de buena fama y es una delicia sumergirse en sus páginas, la película se convierte en un producto mucho más completo y complejo gracias a que la linealidad del argumento y  la exigua acción permiten que la riqueza  extraordinaria de miradas, gestos, silencios y emociones de unos actores en estado de gracia engrandezcan la obra en su conjunto (deberian venderse en las librerías en forma de pack, libro y dvd, con la indicación de leer primero el libro y ver después la película: el mejor vino para el final).

 

Y eso no solo es recomendable sino que es lógicoy coherente ya que esta película es quizá la más valiosa aportación del cine al amor a los libros y la literatura que se ha dado en las pantallas desde hace más de 50 años. "La carta final" no es sólo una historia de amor entre personas, la escritora yanqui y el librero, inglés hasta las cejas, (Anne Bancroft y Anthony Hopkins) que jamás llegan a verse físicamente, sino que es una de las más bellas, dinámicas, divertidas y sugerentes loas de amor al libro como  objeto, a la lectura y a las bibliotecas y librerías de las que he podido disfruutar en mis largos años de lector y cinéfilo. Este canto de amor al inmarchitable mejor amigo del ser humano (que me perdonen los perros, hablo del libro) se convierte en epifanía en la correspondencia que intercambian la escritora y el librero sobre los ejemplares de clásicos ingleses que aquélla pide desde Nueva York. Las secuencias en las que esta gran Anne B. recibe el primer envío de los libros solitados, su manera de acariciar la portada, oler el libro, pasar las hojas y todo ello con una cara de sonriente arrobo, figura en el acervo cultural de todos los que amamos los libros. Como ese momento delicioso en el que la escritora confiesa a su corresponsal londinense, (un Hopkins lleno de sensibilidad, emoción contenida, silencios y miradas llenas de alma, una interpretación ascética y llena de matices) que le apasionan los libros que han sido dedicados, que están llenos de notas personales del lector o subrayados significativamente, "establezco una especie de complicidad y camaradería con el desconocido que poseyó primero el libro", dice sonriendo.

No me extraña que el director y actor Mel Brooks (marido de la Brankfortt) que aquí hace labores de producción, le regalara a su esposa la compra de los derechos de la novela para llevarla al cine y encargara a David Jones que dirigiera la cinta con su esposa como protagonista. Todo el entusiasmo encantador de la actriz parece en cada secuencia ser una respuesta de agradecimiento y amor hacia su marido a través de los libros y el cine. Sin olvidar que estuvo durante muchos años interpretándola en los escenarios.

Por cierto en los años en los que leí la novela y luego vi la película, fui a Londres por motivos profesionales y me precipité en dos direcciones de la ciudad:, el 221 B de Baker Street (hogar de Sherlock Holmes) y el 84 de Charing Cross. Como se dice una y otra vez en la pelicula (cuando la escritora logra al fin, pero tarde para conocer a su amigo, ir a Londres) uno encuentra en la capital del Támesis lo que busca allí: literatura si es el caso.  A Sherlock y al doctor Watson se le "huele" en el museo recoleto allí creado, pero a Frank Doel, el conmovedor librero al que Hopkins da vida y corazón, no se le encuentra en el pub que ocupa esa dirección (aunque hay una placa que reconoce que allí mismo habia existido una librería).

Helene Hanff  tenía 33 años cuando decidió contestar a un anuncio de la librería londinense Marc and Co para solicitarle ejemplares de clásicos ingleses y rarezas de bibliófilos cuyos precios en Estados Unidos estaban fuera de su alcance (era guionista de radio y escribía obras de teatro, su suerte cambió cuando comenzó a escribir guiones para la incipiente televisión). Su pasión por la lectura y los libros fue el detonante de una correspondencia de más de veinte años con el librero y despyés con otros empleados de la librería, a los que llegó a surtir de alimentos en fechas especiales (navidad) en una época en que los ingleses estaban sometidos a cartas de racionamiento tras la segunda guerra mundial.

84 Charing Cross Road (2) por ti.

En 1970 la escritora convirtió en libro aquella correspondencia y comenzó uno de esos raros fenómenos que se dan en la literatura: aparición y primeras ventas discretas del libro y poco a poco, gracias al eficaz boca-oreja literario, exito rotundo y duradero que enriqueció a la escritora y le pemitió vivir sin estrecheces hasta su fallecimiento en 1997, con 81 años.

No se pierdan a la actriz que da vida a la esposa de Frank Doel, el librero. Ni más ni menos que una ya madura Judi Dench, muy lejos de la gran jefe del MI-7 en la serie de Bond y de la reina Elizabeth o Victoria que a ambas ha interpretado. En diciembre de 1968, el real Frank Doel fallece de una peritonitis, un poco antes de que la escritora pudiera al fin cumplir su sueño de viajar a Londres y conocer la capital donde tomaban cuerpo los libros y los autores que tanto admiraba y también la librería que había sido su séptimo cielo durante veinte años.

Compartir este post
Repost0
14 octubre 2011 5 14 /10 /octubre /2011 14:41

johnny-english-2-cartel-2.jpg

Soberbia patochada sólo imprescindible para los fanáticos del, por otra parte, indiscutiblemente interesante Rowan Atkinson, un hombre que se cree Mr. Bean y que ha logrado hacer desternillar de risa a un par de generaciones de amantes del chiste visual fácil, las caras de palo y los gestos desmesurados. Un experto en los gags visuales, heredero del entrañable Buster Keaton (sin su genialidad y su inteligencia) de Wilder y de Jerry Lewis y en nuestros lares, el hermano tonto de Esteso o la parodia descerebrada de los tres genios catalanes del silencioso Tricicle.

El bueno de Atkinson repite en su papel de agente secreto Johnny English, una parodia excesiva y a veces irritante de las películas del 007, que tuvo un cierto éxito hace ocho años en la primera de la serie (quizá aupada al exito de Mr.Bean) y que ahora hace agua por todas partes, evidenciando como no podía ser menos que el cómico ya empieza a tener una edad y parece que la madurez no se lleva muy bien con las gansadas que se obliga a hacer. Quizá la secuencia inicial con J.E. en un monasterio tibetano tratando de olvidar una catastrófica metedura de pata cometida años antes en Mozambique, sea  la más graciosa ya que recurre al esquema habitual en su tipo de humor y volverá a repetirlo una y otra vez, perdiendo como es lógico el factor sorpresa, tan importante en el humor de gags.

La elegancia, el dinamismo y la emoción de los "imitados" por English, Bourne y Bond, brilla por su total ausencia en el filme que comentamos, que apenas roza el interés que despertaban, por ejemplo, la serie del patoso superagente 86 o incluso de Mortadelo y Filemón, agentes de la TIA y, en la misma onda, "Anacleto, agente secreto".

Pero, seamos positivos. La banda sonora de Llan Eshkeri es magnífica, la dirección de Oliver Parker mortecina y el guión de William Davies bastante estúpido...perdonen, queria ser positivo. Pues bien, ahí va: los espectadores que gusten de Mr. Bean y del agónico agente English, se lo pasarán muy bien, les encantarán las chicas bond que salen y podrán carcajearse animadísimos con otra de las secuencias muy "made in Atkinson": el agente conduciendo una silla de ruedas supersónica sin dejar de hacer gestos con el rostro, de esos mismos que destornillan al respetable desde hace más de dos décadas.

 

Compartir este post
Repost0
13 octubre 2011 4 13 /10 /octubre /2011 17:00

los-tres-mosque-pos.jpg

 

  Volver a disfrutar con D'Ártagnan, la astucia del cardenal Richelieu, los tres mosqueteros Athos, Portos y Aramis, la bella Constance, la reina y sus joyas, el recalcitrante inglés, duque de Buckingham, y la portentosa maldad femenina de Milady de Winter, es un valor seguro de cara a la taquilla. El problema está en cómo superar la clásica de George Sidney de 1948, en rabioso tecnicolor y un Gene Kelly-D' Artagnan que nunca tuvo rostro tan pícaro y cuerpo tan flexible, una "mala" LanaTurner que bordó a Milady y un siniestro pero refinado Vincent Price como cardenal.

De entrada ya les decimos que al parecer de este critico, ésta versión de Paul W. Anderson no lo ha logrado.

Pero es que tampoco se ha acercado mucho a la versión del clásico que firmó el gran Richard Lester en 1973 y que fue tan ambiciosa y tan minuciosa que dio metraje para tres partes, "Los tres mosqueteros: los diamantes de la reina" y "La venganza de Milady" (1974) y un epígono "El regreso de los mosqueteros" en 1989, que fue la despedida de Lester y una película con mal fario en la que murió uno de los actores protagonistas (el que hacía el papel del criado de D' Artagnan, Planchet, en  las tres películas) al caer de un caballo.En esta ocasión se daban cita actores como Michael York en el papel del gascón, Richard Chamberlain, Oliver Reed y Frank Finlay como mosqueteros, un soberbio Charlton Heston como Richelieu, el más majestuoso y digno de todos los que han encarnado ese papel y un irrepetible Christopher Lee como el malvado Rochefort. Tampoco la actual la supera. En 1993 Stephen Herek se atreve con otra versión, la más floja de todas, con Charlie Sheen, Kiefer Sutherland, Chris O'Donell y Tim Curry. A esta si la supera.

Y en este año 2011 de nuestro señor, alentado quizá por el merecido éxito (aunque discutido por los amantes del personaje literario, que tan excelentes versiones clásicas ha merecido) de la versión de Sherlock Holmes de Guy Ritchie, Paul W.S. Anderson dirige la enésima versión del clásico de Dumas y emplea el mismo criterio que Ritchie con el detective inglés: la modernidad del mito a través de la recreación virtual de un ambiente histórico y geográfico y la dinamización irreverente pero dinámica del personaje ajustándose a los criterios de la generación del video-clip y los increíbles juegos por ordenador.

Por tanto nadie espere más del señor Anderson que, justamente, es el responsable de titulos como "Mortal Kombat" y "Resident Evil" que antes de ser peliculas fueron juegos de ordenador.

Ya desde el principio de la cinta, en Venecia, en donde tras lograr unos planos de una máquina de guerra diseñada por Loenardo y guardados en un lugar secreto al estilo del Código Da Vinci, cuando los mosqueteros son traicionados por la bella Milady (atlética-demasiado para su personaje- y bellísima Milla Jovovich) a favor del Duque de Buckingham, (en esta versión, amoral petrimetre con los rasgos de Ornaldo Bloom) vemos por donde van a ir los tiros: el vino viejo en odres nuevos y con los cambios suficientes en el argumento para hacer más "moderna" la versión.

La magia del cine de ordenador nos llevan a un Paris de la época más creíble que los de todas las anteriores y a un Richelieu que parece una sombra taimada del soberbio jerarca nazi  de "Malditos bastardos" interpretado por el mismo actor: Christoph Waltz. El joven Logan Lerman, da cuerpo a un nada convincente D' Artagnan (pero eso sí, da el aspecto en edad y el comportamiento que debía tener el personaje en la novela, según Dumas). Los mosqueteros tiene los rostros de Mattew Mcfayden, Ray Stevenson y Luke Evans, aunque no logran ni emocionarnos ni interesarnos demasiado (parecen más un  grupo de colegas de un "Resacón" que tres mosqueteros con sus dramas personales a cuestas). El sobrio Mads Mikkelsen (el malo malísimo de 007 Casino Royale) hace un correcto Rochefort.

La ambición de nuestro director es obvia: acción y dinamismo a tope, peleas bien filmadas al estilo arte marcial, artilugios poco probables en la época y un aire contemporáneo a pesar de casacas, espadas y miriñaques. A los niños y adolescentes les encantará. También a los adultos con alma de niño y formación en videojuegos, mientras que los cinéfilos y los amantes de la novela torcerán un poco el gesto.

Anderson logra contagiar al espectador con esa propuesta de todo vale si logramos divertirles; y así se atreve a incluir en la historia artefactos voladores muy bien recreados y un aire de comedia relativa - sobre todo en la sobreactuación de Freddie Fox  como el joven Luis XIII--, que nos hace sospechar que los actores en muchos momentos se divierten con lo que hacen, por supuesto sin creerse una palabra ni esperar que la película pase a la historia del cine. No hay pues altibajos, momentos de decaimiento fílmico, ni errores de ritmo, la cosa fluye  en 3D, a la marcha de un tren expreso, sin detenerse en emociones ni sentimientos, todo como una gigantesca broma. 

Pero en todo caso una broma que divierte y que, estén seguros, tendrá secuelas.

 

Compartir este post
Repost0
11 octubre 2011 2 11 /10 /octubre /2011 16:08

ballena

 

 Me temo que esta película ha pasado sin pena ni gloria por las salas y acabará pronto siendo pasto del mercado de alquiler y compra. Y es una pena, pues a pesar de su talante de videoclip ecológico o de serie B con buenas intenciones, la propuesta argumental es hermosa, salvar las ballenas y responde más o menos a un interrogante que nos ha inquietado a todos los que amamos la naturaleza. ¿Por qué se suicidan las ballenas?  Ver al "Inmortal", el inexpresivo Christopher Lambert , en faenas de ejecutivo sin alma reciclado en salvador de ballenas resulta un poco chocante, Verónica Ferres hace su papel de hija de sabio erudito-padre descuidado- mártir de la causa (un Mario Adorf al que la edad ha prestado una dignidad que no tuvo en su juventud y madurez), y la película transcurre por senderos previsibles pero con hermosas imágenes de ballenas y penosas secuencias de ballenas varadas y moribundas.

La tesis central de esta cinta mediocre y bienintencionada va de multinacionales -británica- del petróleo que no tiene escrúpulos en acudir incluso al asesinato con tal de lograr una explotación en Nueva Zelanda. pero con tan mala puntería que se meten en una bahía en cuyas cercanías transitan las ballenas jorobadas, en trance de extinción. Los ultrasonidos utilizados para las prospección submarina dañan a esos bellisimos animales y les hacen varar en las playas donde su muerte es segura. 

Las dificultades de la protagonista y su joven hija, amorosas o familiares, no nos logran interesar  y todo queda en el mensaje apuntado: hay que preservar la existencia de las ballenas pues son un importante eslabón de nuestra propia existencia y la del planeta que estamos esquilmando.

La belleza increíble de Nueva Zelanda se prefigura como un personaje más en la narración y, visto lo visto, en uno de los más importantes de la película. Con eso queda dicho todo. El director, Philipp Kadelbach, pasa un aprobado rozando el listón.

Compartir este post
Repost0
10 octubre 2011 1 10 /10 /octubre /2011 09:18

la-ultima-cima-cartel.jpg

He aquí un buen documental biográfico. Como dice el propio director, Juan Manuel Cotelo, dotado de una rara naturalidad y convicción, en una de sus intervenciones directamente ante la cámara, "hacer una película donde en vez de sacrificar -crucificar dice él- a un sacerdote, se le ensalza condena irremisiblemente al fracaso a una película. No obstante me voy a arriesgar y es porque la persona sobre la que he investigado y que es el protagonista de esta película es un sacerdote ejemplar en muchos aspectos. Ustedes verán. Si les parece que no tengo razón, sálganse del cine o apaguen el DVD y digan  a sus amigos que no vean esta película. Pero estoy seguro de que no van a hacer tal cosa". Cotelo mira directamente a la cámara y lo que dice suena a algo creíble y lo que vemos en su cara y en sus ojos lo corrobora. Es un buen reclamo...uno de los mejores que he visto en cine.

Pues bien, nos sentamos cómodos y vamos a pasar algo más de una hora pendientes de este documental rodado con ortodoxia y sin ningún tipo de excentricidades, casi de puntillas y con una sonrisa de disculpa. Interesa más de quién hablan, parecen decirnos, que cómo lo hacemos. Pero, además, lo hacen muy correctamente. ¿Y de quién hablan? Del sacerdote Pablo Domínguez Prieto.

No tenía ni idea de quién es ese sacerdote. Me muevo lejos de los círculos clericales y mis relaciones con la Iglesia católica son inexistentes (sólo me relaciono ocasionalmente con mi maestra zen, Berta, que además es monja católica). La primera noticia la tuve por un montañero que comparte conmigo muchas salidas y un amor absoluto hacia las cimas, fue en febrero de 2009. Me habló de un montañero amigo suyo que había muerto en el Moncayo junto a una amiga también montañera, en una de esas jornadas luctuosas que sobre todo en invierno suelen asolar a la comunidad de las mochilas y las cumbres.

Dias antes de esa conversación, había visto en un telediario la noticia de las dos muertes y las labores de rescate de los cuerpos. En la prensa me enteré de quién era Pablo Dominguez y casi dos años mas tarde me sentí atraido por el titulo de una pelicula, "La última cima" (suelo ver todo lo que cae en mis manos de cine de montaña) y descubrí que hablaba sobre Pablo. En fin, el destino parecía indicarme que debía verla. Y lo hice. "Pablo Domínguez era el decano de la Facultad de Teología San Dámaso de Madrid cuando murió y tenía 42 años. Había estado impartiendo unos ejercicios espirituales a las monjas cistercienses del convento de Tulebras, a diez kilómetros de Tarazona, y decidió no regresar a Madrid sin ascender al Moncayo, cosa que hizo acompañado de la montañera Sara de Jesús Gómez, cirujana de 37 años y profesora en la Universidad Francisco de Vitoria, que falleció también en ese mismo accidente".

El documental de Cotelo va pasando de una persona a otra, familiares y amigos de Pablo, superiores religiosos, fotografías comentadas de sus viajes y de sus subidas montañeras, testimonios auditivos de conferencias pronunciadas por ese hombre que cautiva con su sinceridad y sencillez. Uno compueba el alcance de su inteligencia, con una personalidad brillante, simpática, sugestiva,  una de esas personas convencida de sus ideas, pero respetuoso con las diferencias, escasamente proselitista aunque sin ocultar su fervor religioso (punto en el que, a los que no estamos en esa honda, no nos interesaría sino viéramos que forma parte de la coherencia interna de un hombre desusadamente completo en sí mismo).

Quizá -para mi humilde y personalísima opinión- sobren los excursos en los que se evidencia el interés del director de extrapolar la figura de Pablo a un universalismo del sacerdocio en el siglo XXI, en un momento en que el papel de la Iglesia y muchos de sus ministros está cuestionada en términos de escándalos (no mayores que los que atañen a la sociedad política, por supuesto). El oportunismo de los medios de información para hacer leña del arbol caido en el caso de la Iglesia supone, en su exceso, un agravio comparativo respecto a los semejantes y aun más graves casos que atañen a la clase política. Por tanto algo de razón hay en esta defensa oportunista que Cotelo hace de la clase sacerdotal aprovechando el contexto ejemplar de Pablo.

La película es dinámica, provocadora, con vocación de sinceridad y de no manipulación, suena a menudo a homilía --otro de sus pequeños defectos-- pero lo cierto es que la fuerza del protagonista acaba restando importancia a esos deslices (repito, en mi opinión). Las recreaciones de la figura de Pablo son flojísimas, casi de video escolar (sorprende, dada la calidad del conjunto) y uno le diría a Cotelo que debería haberse atrevido a montar secuencias con un actor).

Parece ser que las últimas palabras que se conocen de Pablo fue un registro de móvil donde decía "he llegado a la cima". Ese debería ser la mejor inscripción en la tumba de un montañero. Y sin nos apuramos, de cualquier hijo de vecino. Al funeral de Pablo acudieron más de 3000 personas y 20 obispos.

 

Nota bene: como cinéfilo, permítanme una broma: también James Cagney ("El enemigo público número uno") grita antes de morir: "Mom (Mamá), he llegado a la cima". Estoy convencido que hasta Pablo se hubiera reído con la coincidencia.

 

 

 

 

Compartir este post
Repost0
9 octubre 2011 7 09 /10 /octubre /2011 09:37

 

mivida-enruinas.jpg

He aqui una comedia sin demasiadas complicaciones con una apuesta fácil para hacer sonreir al público y a veces reir, si uno no se cuestiona demasiado la lógica del personaje o del argumento. Para todo el que haya realizado un viaje turístico en grupo reconocerá las situaciones, las descripciones de personajes y los líos que suele acarrear la convivencia forzada de un montón de personas raramente interesadas en algo más que no sea divertirse del modo más elemental y barato posible, algún que otro rara avis que se interesa por la cultura (suelen disgregarse rapidamente) y la pareja autista que parece viajar con un ambiente propio exclusivo. Luego, la fauna de costumbre, el gracioso del grupo, la pareja que se odia y lo disimula poco, la pareja que acaba de empezar a amarse y lo lleva con poca discreción, el soltero que busca cama y acompañamiento como sea y donde sea, los separados o separadas que deciden que es el momento de echar una cana al aire, los ancianos que parecen frágiles y luego son insaciables y los maduros y maduras que tratan de que el viaje no les amargue un poco más de lo debido, los adolescentes huraños empeñados en fastidiar a los demás y el guía o la guía que trata infructuosamente de que la gente se lo pase bien o el que decide que no le pagan para eso y se limita a funciones no muy eficaces de asesoramiento.

La joven Georgia (Nia Vardalos, a quien conocimos en "Mi gran boda griega" donde hace un papel con los mismos gestos y miradas de una expresividad equivocada y universal) es una profesora griego-norteamericana que hace de guía para trabajar en algo antes de lograr un puesto en una universidad. Los turistas que le suelen asignar son el calco vulgar y pesadísimo de los especímenes que todos conocemos. Pero el gracioso del grupo, un madurísimo Richard Dreyffus (ay Dios, los papeles que se ven obligados a cumplir algunos antiguos grandes actores) resulta ser un diamante escondido en un trozo de carbón y la cosa se vuelve, viejo sabio que ayuda a joven desnortada a que ame su trabajo, conozca y aprecie a su futuro gran amor y se haga con los corazoncitos, al fin ya la postre no tan repugnantes, de sus turistas amantes de camisetas, recuerdos banales y desprecio hacia las nobles ruinas griegas.

Por tanto, como estaba cantado, tras unos pocos momentos de tensión y meteduras de pata generales, el grupo se vuelve civilizado, la chica triunfa y se queda con un novio guaperas y decente. En medio de todo ese original enredo, los chistes de rigor, mas o menos ordinarios, las imagenes de postal, los sentimientos y emociones cada vez mas edulcorados y el final apoteósico en el que el amor triunfa y el espectador se olvida de lo que ha visto en cuanto se encienden las luces del local.

Musica pegadiza, dos separadas españolas de juzgado de guardia, un poco creíble rollete sexual del gran Dreyffus que parece  preguntarse qué diablos hace un chico como él en un sitio como ese y la nota original de una viejecita que tiene una "simpática" tendencia a robar lo que puede con el mayor descaro y luego, como una nueva Robin Hood de la tercera edad, reparte su botín entre los compañeros de viaje. Produce Tom Hanks, (Dios...¿como es posible?) y también la industria del cine española (ICO) y aunque no se lo crean muchos exteriores han sido rodados en la zona de Alicante. Dirige la cosa Ronald Pretie y el guión parece haber sido perpretado por uno de los guionistas de los Simpson: algunas secuencias  de desmadre lo justificarian (como el episodio de la camiseta grabada que lleva el joven americano lelo-explosivo). Pero en general la cosa es un producto que yo calificaría del la serie C: sólo para adolescentes y mayores con reparos. 

 

 

Compartir este post
Repost0

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens