Overblog
Seguir este blog Administration + Create my blog
8 octubre 2011 6 08 /10 /octubre /2011 09:05

 

mapayter.jpg

 

  Este autor de apellido impronunciable, producto cultural francés hasta la médula, con toda la fascinación, el exhibicionismo, la vanidad, la pedante complejidad y la feroz crítica generalizada sin piedad que es marca de la casa en los buenos escritores, Michel Houllebecq, vuelve a buscar ser piedra de escándalo en su última novela, "El mapa y el territorio", con la que recibió, merecidamente, el premio Goncourt, uno de los más prestigiosos del mundo literario.

Este escritor vedette, pagado de sí mismo, con un punto de histrionismo que le crea enemigos encarnizados y admiradores fanáticos, ya asombró, irritó y fastidió al universo lector con obras como "Plataforma", "Ampliación del campo de batalla", "Las partículas elementales", todas ellas pluripremiadas, jaleadas y anatematizadas generosamente por una sociedad internacional de lectores que son sistemáticamente arrastrados a la polémica por un escritor inclasificable, provocativo, presumido y tan complejo como transgresor, una especie de Balzac postmoderno trufado con la sofisticación de Proust, la vulgaridad de Simenon y la patología de un voyeur un poco psicógeno que se usa a sí mismo como material de ensayo.

En esta novela asistimos al nacimiento, esplendor y decadencia de un tipo bastante pasivo y desdibujado, un "artista" que cuestiona con su solo trabajo y su figura el concepto de lo que es el arte, la cultura y la inteligencia, no sólo en Francia, de la que es una genial y cáustica crítica constante, sino de los parámetros de la cultura occidental de nuestro siglo XXI. La vida de Jed Martin, sus intuiciones, sus aficiones, sus amores, su éxito, es como una opereta de Bertolt Brecht manipulada por Jonathan Swift, en ella vivimos toda la riqueza exagerada, superficial, bobalicona de una cultura autoreferencial, la francesa en su aspecto menos sólido y más mercantilista. M.H. (perdonen las siglas, pero es más cómodo que repetir el apellido del escritor) juega con el papanatismo de una cierta concepción del arte (destripado irónicamente por una compatriota suya, Yasmina Reza, en su célebre obra teatral "Arte") haciendo que su triunfo inicial correspondiera a una serie de fotografías de los mapas de la guía Michelin y el definitivo, tras un periodo de sequedad, una serie de cuadros dedicados a los oficios con títulos rimbombantes e irónicos dignos de la pluma del escritor más que de su personaje.

Pero a través de este "artista" lo que se desmenuza usando como catapulta su biografía personal, el, amor, el sexo, las relaciones familiares, la figura del padre, la fama, la sociedad y sus antojos y modas, los gustos gastronómicos, la muerte, Francia como ombligo del mundo y meretriz de un turismo voraz y deslumbrado, la patología siniestra del crimen, la vanidad del nombre, todo con una salsa corrosiva e irónicamente cruel en la que M.H. se autocita constantemente, se hace personaje de su propia novela y se da en sacrificio cruento como un corderito al monstruo de la ambición literaria.

El exceso, la brillantez de la purpurina y la supuesta elegancia de este epítome de lo francés que es M.H. no debe ocultar la eficacia narrativa, el interés a vaces absorbente y la fuerza reflexiva de un texto, siempre sobreabundante y excesivo que consigue ofrecer al lector una imagen, distorsionada pero real, de lo que es nuestra sociedad, nuestros valores y nuestros defectos en este inicio del siglo XXI. No sólo Francia, modelo denigrado pero ensalzado también  de M.H., sino todo occidente. Su creatividad y dotes de observación de la dinámica del tiempo que vivimos le hace ser profético en sus obras, así en "Plataforma" (2001), un atentado islamista o las revueltas de la primavera árabe unos años antes de que se produjeran en "La posibilidad de una  isla" (2005). Sin embargo, nadie busque la profundidad de un análisis sociopolítico de un Tony Judt, no, M.H. es un novelista y no bucea en causas y consecuencias, en él todo tiene la superficialidad de la página literaria a la manera de Sthendal, un espejo a lo largo del camino. Son intuiciones certeras pero nacidas más de la brillantez de un payaso crítico muy hábil con la pluma y el sarcasmo, que del peso razonado de un pensador que sacrifica la forma por el fondo.

"El mapa y el territorio" es una vuelta de tuerca (que algunos tildarán de rettroceso a posiciones literarias más conservadoras) en la obra de M.H. Lo sociológico tipo Swift cede su lugar a un retrato, igualmente cáustico pero más reposado y juguetón de la sociedad del momento y sus vicios y virtudes (más lo primero). El tema central, el arte, es la diana más precisa. Como M.H. escribe en la página 94  de su libro: "ser artista es ante todo ser alguien sometido...a mensajes misteriosos, imprevisibles...que habria que calificar de intuiciones, mensajes imperiosos, categóricos...que no te dejan la menor posibilidad de escabullirte...a no ser que pierdas toda noción de integridad y respeto por tí mismo". Y M.H. da todas las muestras de ese sometimiento del que habla y se refiere a sí mismo, por supuesto, el escritor, más que a su personaje, que no deja de ser un pálido reflejo de su propia abarcadora y exigente personalidad que nos ofrece una visión del mundo que, indudablemente, es categóricamente la que le ofrece su particular visión de escritor de éxito indiscutible, inflado de sí mismo y autoreferencial, hasta el punto de convertirse a si mismo en un personaje nada casual de su propia novela, por primera vez con forma y ambición de novela tradicional, más que de sarta de provocaciones brillantes y demoledoras.

La trayectoria de Jed Martin con   su exito Michelin, su silencio de diez años y su arrebatadora serie de retratos de los oficios que caracterizan al siglo desde la escort-girl que le alegra el sexo desde la salida de escena de Olga, la rusa que es su primer amor y su lanzadera con el éxito, hasta el encuentro simbólico entre Steve Jobs y Bill Gates, el retrato de Dorian Grey en forma de Damien Hirts y Jeff Koons, gurús del mercado del arte, el de su padre o el del propio escritor, M.H. convertido en cliente y motor de una parte de la novela, asesinado irónico, parodia de un thriller. Una trayectoria que se remansa al final, en una decadencia fisica, artistica y psíquica que constituye uno de los mementos más nostálgicos y humanizados del personaje y una lenta degradación que consume la brillantez paródica de la novela.

M.H. no decepcionará  a sus fans y logrará irritar un poco más a sus detractores. Pero una cosa es segura, hay que leer "El mapa y el territorio", un titulo muy  zen, que le da la vuelta al estilo provocativo M.H.: para este no existe la confusión que denuncian los maestros zen: "no confundas el mapa con el territorio, ni el dedo que apunta a la luna con la luna". Para M.H. el mapa es más importante que el territorio. Muy acorde con la personalidad exhibicionista del escritor.

 

 

 

Compartir este post
Repost0
7 octubre 2011 5 07 /10 /octubre /2011 13:11

cuento-chino.jpg

La verdad es que tener a Ricardo Darin ("Nueve reinas", "El secreto de sus ojos" o "El hijo de la novia", entre más de cuarenta títulos) como protagonista de una película suele ser garantía de una interpretación de una naturalidad y eficacia pasmosas. En esta ocasión "Un cuento chino", el ingenio del argumento y los secundarios que dan réplica a Darin, principalmente el co-protagonista el chino Ignacio Huang y la chica de la función, la deliciosa Muriel Santa Ana, bordan una historia, un "cuento chino", que desborda veracidad, ritmo magnífico y una solidez argumental, forjada con pequeños detalles, miradas y gestos de una sobriedad ejemplar y la corriente subterránea -que aflora de vez en cuando-- de una humanidad enternecedora.

El argentino Sebastián Borensztein firma, que yo sepa, su primer largometraje y lo hace con una solvencia sorprendente. Desde la primera secuencia que deja boquiabierto al espectador (sucede en China) a la siguiente secuencia de engarce (en Buenos Aires) en la que la cámara está boca abajo como corresponde a las antípodas y se pone lentamente al derecho, hasta los créditos del final (ojo, el espectador debe esperar a que se sucedan los créditos si quiere gozar de una sorpresa añadida), el filme cabalga con maestría consumada entre el drama, la comedia, la película psicológica o una secuencia policial, sin permitir que el espectador se de cuenta si su asiento es incómodo o no y énternediéndose ante el patetismo del protagonista, complejo, amargado, irritante y profundamente humano, tierno y desvalido, como un ogro gruñón al que le gusten las hadas y le tenga miedo al amor. Un personaje que parece surgido de la pluma de Borges, el tintero de Cortázar y la mano de Bioy Casares: huraño, maniático, neurótico hasta la extenuación ( dueño de una ferretería, cuenta los clavos de una caja para asegurarse que el número de clavos que figura en el envoltorio es el correcto), rutinario hasta la desesperación y con un solo hobby: recortar de periodicos atrasados las noticias que narran algo increíble, chusco y sorprendente, para despues pegarlas en un álbum. Ex combatiente en las Malvins, con todo lo que supone de humillación y debacle ideológica, es también un hombre firme en sus convicciones, recto, justo, que abomina de los abusos y de la falta de honestidad que le rodean.

Hay que estar atento porque no hay ni un solo detalle de los que se nos van narrando que no tenga una importancia capital en el desenlace de la película. Como por ejemplo la ayuda que Darín presta a un chino que no sabe hablar más que su idioma y que ha encontrado en plena calle tras ser desvalijado por un taxista desaprensivo. El joven chino acaba formando parte de la vida de Roberto (asi se llama el protagonista) a regañadientes de este, un misántropo que huye de la compañía, y del amor, porque quiere creer que no los necesita.

No les cuento más. Piensen que el chino, las manías de Roberto, su bondad estrangulada por su aspereza y la presencia de la joven vecina que le ama serán determinantes en el desarrollo de la película, que se va demorando con los conflictos domésticos entre el joven chino y su irascible anfitrión a la fuerza, la búsqueda de los parientes del chino para que se hagan cargo de él, toda una serie de dificultades que van haciendo surgir lentamente una especie de identidad emocional que ablanda a Roberto y le hace replantearse su vida.

Película llena de sorpresas, de humanidad y de ternura, de humor y de un medido drama íntimo que convierte a los personajes en personas, a pesar de lo absurdo y casi disparatado de la propuesta inicial (aunque desde el principio se nos advierte que la película está basada en un hecho real).

 

 

Compartir este post
Repost0
6 octubre 2011 4 06 /10 /octubre /2011 10:06

increible.jpg

De vez en cuando es recomendable dar una vuelta por la estantería de clásicos de cualquier deuvedéclub y visionar alguna de esas películas que marcaron la infancia de algunos y que son recomendadas fervorosamente por los críticos y cinéfilos de todos los tiempos. La versión última de "Soy leyenda" basada en la novela de Richard Matheson e interpretada por Will Smith (hubo una versión en los setenta interpretada por Charlton Heston) me recordó que había un clásico de los cincuenta en blanco y negro que se mantiene tan fresco como si fuera actual, aunque con la diferencia de la presencia de unos efectos especiales que entonces eran rudimentarios aunque muy efectivos.

Se trata de "El increíble hombre menguante" basada en un relato de Matheson y que este mismo adoptó a la pantalla. Dirige la película Jack Arnold, un especialista en cine de terror y CF que había firmado trabajos tan excelentes como "La mujer y el monstruo" o "Vinieron del espacio". El argumento es simple, un joven matrimonio pasa unos dias de vacaciones y sale a navegar en el barco de un amigo. Scott Carey, el joven, queda expuesto durante la navegación al paso de una extraña niebla mientras su esposa está en el interior del barco. Al paso de los días Scott comienza a sentir una efectos extraños y no tarda en percatarse de que está disminuyendo de tamaño. Con un ritmo bien medido y gradual, el misterio atrae y asombra a los médicos que se ven incapaces de frenar el fenómeno. Poco a poco Scott va disminuyendo y se va enfrentando a una existencia inesperada y llena de peligros, ya que su tamaño choca frontalmente con los objetos que antes formaban parte de su vida cotidiana. Con ejemplar economía de medios y una lógica aplastante el argumento nos lleva a comprender algo que por lógico resulta baladí: nuestra vida se basa practicamente en un principio esencial: todo lo que nos rodea y nos hace la vida más llevadera se convierte en un objeto absurdo o simplemente peligroso cuando nuestro tamaño no responde a los cánones habituales. Así un gato deja de ser una mascota inofensiva para convertirse en un depredador, un grifo abierto es una inundación brutal, una araña es una bestia peligrosa y un alfiler una espada defensiva, una escalera en un obstáculo casi invencible incluso para un escalador y una caja de cerillas es un refugio improvisado ante los peligros que amenazan a cualquier criatura diminuta en una casa normal.

El proceso psicológico por el que pasa Scott hasta la admisión de su estado es de una concisión y realismo sorpredentes. No hay ni una secuencia, ni una reflexión que sobre o se reitere en esta película modélica. Matheson logra ir dosificando pequeños detalles, escenas llenas de tensión con otras en los que el cansancio o la desesperación del protagonista parece comunicarse al ritmo de la película, hasta un final, quizá lo más discutible, en el que el autor no puede evitar ofrecer un desvío místico a la lógica y coherencia del argumento. Un final abierto que en nuestra época actual supondría sin lugar a dudas el encadenamiento de más versiones numeradas. Y en el caso que nos ocupa, un final rozando la trascendencia que puede gustar a espectadores más ambiciosos que buscan un mensaje creativo incluso en películas de la llamada clase B.

Son sólo 78 minutos, un estándar de duración escaso incluso para la época, pero es una hora y pico en la que el espectador no deja de acompañar emotivamente al angustiado protagonista. Sobresaliente la puesta en escena de Jack Arnold y su imaginación para reflejar las imégenes mentales de Matheson, trucajes que logra dar una veromilitud que para sí quisieran muchas peliculas rodadas hoy en dia con la enormidad de recursos técnicos de que se dispone.

Grant Williams es el actor que da vida al protagonista y lo hace con contención y austeridad gestual. No recuerdo haberle visto en más peliculas de la época y me sorprende dada la calidad del trabajo que hizo.En resumen, una película que hay que conocer y que no desentona e incluso supera a muchas de las peliculas actuales del género con, no lo olviden, unos medios técnicos que están en la prehistoria del cine de hoy.

Compartir este post
Repost0
5 octubre 2011 3 05 /10 /octubre /2011 12:34

la-deuda-cartel-1.jpg

 

No he visto la película israelí sobre la que se basa "La Deuda", pero parece ser que es bastante mejor que esta copia o remake norteamericana. Se llamó "Ha-hov" y es de 2007. Cuenta un hecho que  sucedió en 1965, cuando tres agentes del Mossad están en Berlin oriental con la intención de secuestrar y llevar a Israel, para que sea juzgado, a un criminal de guerra nazi, el doctor Dieter Vogel (Jesper Christesen) conocido como "el cirujano de Birkenau". El director John Madden --"Shakespeare in love", "La verdad oculta" -- se queda corto pese a contar con tres jóvenes que trabajan bien Matthew Vaugn, Jane Goldman y Peter Straughan, pero que no consiguen generar la quimica esencial para ser emocionalmente creíbles, la presencia siempre brillante de Helen Mirrer como la agente israelí en nuestros días y un guión magnífico que deja pasar planteamientos morales e ideológicos de gran calado para convertirse en un thriller bien realizado pero frío, en el que los dilemas morales se convierten en elementos banales que no conmueven al espectador.

La cuestión es básica, a los tres agentes se les escapa el nazi y ellos dicen que han logrado matarlo cuando huía. Eso plantea dilemas morales que los tres asumen de distinto modo y por tanto una deuda no solo ética que contraen con el Estado israelí y con todos los que les apoyaron y premiaron por el exito de su misión. Ha sido un engaño y es difícil para algunas personas vivir con ese engaño. Es una pelicula que logra el objetivo de entretener pero que queda lejos del objetivo de hacer pensar, que se evade de planteamientos éticos más profundos e intranquilizantes, como si el fin justifica los medios, lo que hay de humano en los monstruos genocidas nazis, amén de todos los elementos ético-históricos que plantea la brutal matanza de judíos inermes por una autollamada "raza superior".

Muy en la linea de aquella soberbia cinta de  Roman Polanski, "La muerte y la doncella", pero sin asomo de su profundidad, sin conexión vibrante con el trasfondo politico y sociologico donde se desarrolla, con lo que queda en un ejercicio correcto en el que los avatares de los tres agentes a lo largo de los años no nos aportan nada del infierno de cada uno de ellos por vivir, y medrar, sobre una mentira.

La aparición de un supuesto doctor Vogel en un sanatorio mental de Ucrania dispara las dudas y las especulaciones y el miedo a la verdad descubierta. No se cómo resolvía la cuestión la pelicula israelí, pero la americana echa mano del ambiente thriller y bueno...mejor no os lo cuento.

La apuesta no logra cumplir sus objetivos, el horror del mal personificado en el doctor nazi queda a medias dibujado, a pesar de que hay momentos en los diálogos del nazi con dos de los agentes, la chica y el chico más radical y más vulnerable, en que se replantea la pregunta crucial que el mundo se hace desde entonces: ¿Cuál es la naturaleza del hombre capaz de cometer tales actos? Y a esta pregunta la película no logra responder, con lo que la deuda no queda saldada y todo queda en un thriller inquietante.

 

 

.

Compartir este post
Repost0
4 octubre 2011 2 04 /10 /octubre /2011 15:50

colombiana-cartel-1.jpgUna película producida y escrita por Luc Benson es garantía a veces de pasarlo bien, mucho movimiento, acción trepidante, malos de catálogo, protagonista que va de colega en plan héroe, esfuerzos físicos a borbotones y algunas secuencias para la antología personal de lo descacharrante. Esta vez la dirección se la ha dejado a un tal Olivier Megatón, que podría ser un psiudónimo del mismo Luc.

La cosa va de heroína en plan venganza salvaje quince años después de los hechos luctuosos (el malo se cepilla a toda su familia) cuando era una niña angelical con nombre de flor amazónica, Cataleya, pero con arrestos suficientes para perforar la mano confiada de un Jordi Mollá, nuevamente encastillado en papel de drogata o esbirro (¿qué tendrá ese chico de ojos azules, qué tendrá?).

La actriz Zoe Saldana, cuya belleza, hermoso y estilizado cuerpo y dotes para  la violencia acrobática quedan de manifiesto desde la primera escena, se convierte por decisión propia (con la ayudita de haber visto como mataban a sus padres) en una asesina. No se pierdan la impresionante secuencia en la que su tío Emilio (Cliff Curtis) la convence de que debe estudiar primero para ser una buena asesina después. El argumento que le da a la niña, o mejor le muestra, está al nivel "filósofico-ético" de la película en su integridad manifiesta.

Tengo la sospecha de que el avispado Benson tiene en la mente una franquicia con la bella Zoe, al estilo de su "Nikita" o de "Transporter".

"Colombiana" se deja ver y también disfrutar, como buen producto de la factoría cine-palomitas. Algunas secuencias como la inicial del episodio carcelario o el ataque policía al piso de Zoe-Cataleya o el de ésta a la residencia de un financiero ladron y su asesinato con la ayudita de tiburones, logran que uno duplique su ingesta de palomitas.

La historia de amor de la letal asesina con el guaperas inocente es de lo más trivial y no logra que superemos las sospecha de que es puro relleno estratégico: unas gotitas de sexo ligth siempre dan buen sabor al cocido fílmico y Benson no se estruja las meninges para ofrecernos algo interesante.  Así que nos olvidamos del amor y nos sumergimos en la tremebunda venganza sangrienta de una niña que ya en tan tierna edad daba muestras y maneras de ser pelín psicótica.

 

Compartir este post
Repost0
3 octubre 2011 1 03 /10 /octubre /2011 16:29

jefe.jpg

Es curioso cómo los directores y productores cinematográficos se sensibilizan con los tiempos en que vivimos. Llevamos varias películas que tratan de la crisis que nos aflige de forma directa o indirecta. En esta ocasión se trata de un incidente laboral que se repite más de lo que muchos creemos: el mobbing, los abusos contra el trabajador por parte de sus superiores buscando que termine la relación laboral de la forma más económica y rápida posible. En este caso los norteamericanos se toman la cosa a guasa esperpéntica y se desmadran con una comedia desaforada y divertiida en la que tres amigos se enfrentan asus tres jefes, unos monstruos con síntomas patológicos cada uno de ellos (como, por otra parte, también los tienen, aunque en menor y mas simple medida los tres amigos). Es decir una película de compañeretes al estilo del humor pasado de rosca que tanto priva en los ultimos tiempos (qué nostalgia de Lubitsch, Wilder y otros directores para los que el sentido del humor no era un ejercicio de humor sin sentido).

Los tres amigos tienen un solo y parecido objetivo: librarse de sus jefes, por las buenas o por las malas. Esos tres angelitos se atreverán con todo con tal de eliminar a los tres jefes, desde contratar a un "profesional" (que no lo es tanto o nada en absoluto) a hacer una imitación barata del clásico de Hitchcok, "Extraños en un tren". Los tres jefes impotables son un psicópático Kevin Spacey, una desmesurada Jennifer Aniston y un sobreactuado Colin Farrell. Con estos tres divos en acción una cosa queda de manifiesto: se han debido divertir como locos los tres actuando en esta película un poco descerebrada. 

Los chicos buenos (aunque uno es un obsesivo sexual, medio lelo el otro y  demasiado ingenuo el tercero) son Jason Bateman (‘Todo incluido’), Charlie Day (‘Salvando las distancias’) y Jason Sudeikis (‘Carta blanca’). El producto está dirigido, por asi decirlo, por Seth Gordon que da unos minutos de metraje al gran Donald Sutherland en los  que se merienda con patatas a todo el que sale junto a él.

El "profesional", (Jamie Foxx) un estafador que toma el pelo a los tres infelices,(aunque poco fiables dada la endeblez de la moralidad de cada uno de ellos) da un poco la medida de todo el entramado argumental que juega una y otra vez con la previsibilidad en las actuaciones delirantes de los amigos y las no menos absurdas de sus jefes.

Quizá en esas figuras estriba el único mérito (relativo) de esta película que pretende ser divertida y se queda en una visión más bien pesimista de la estupidez humana. Así que nos encontramos como una nueva (y más mala) versión del "Cómo eliminar a su jefe" el clásico de los 80, con Jane Fonda.

Situaciones grotescas, poco transgresoras y nada críticas como cabía esperar de un tema tan jugoso. Se trata de una astracanada donde la dentista ninfómana (Aniston) persigue a su empleado creando situaciones patéticamente "excitantes", el hijo del jefe (Farrell) que hereda a su padre (Sutherland) muerto en un ataque al corazón y tiene todas las lacras de un descerebrado yonqui o el psicótico sádico (Spacey lo borda) que explota hasta la extenuación a un  empleado ambicioso. No hay medias tintas, extremos todos desmadrados y una curiosa tendencia a olvidarse de que hay otra solución que queda lejos del asesinato: dejar el trabajo. Pero la crisis es la crisis y los tres amigos prefieren los trazos gruesos de un crimen para el que no tienen la menor capacidad.

Todo acaba bien, como suele ser dictamen de la industria del (poco) entretenimiento. Asi pues una comedia negra al uso que arranca algunas carcajadase al respetable (supongo que debe haber muchos casos de autoidentificación en la platea) y que plantea un triple asesinato con el peregrino argumento de  que "Una mala persona puede motir en beneficio de la humanidad". Pero son, precisamente, esas tres malas personas las que se llevan el gato al agua: ellos dan categoría a la película, aunque se salgan de madre los tres, sobre todo la Aniston y Farrell, en el desempeño de sus abracadabrantes roles.

 

Compartir este post
Repost0
2 octubre 2011 7 02 /10 /octubre /2011 07:33

Mammuth-269622816-large.jpg

El cine de Gustave Kervern y Benoit Delépine es un cine proletario, irreverente, provocador. Y "Mammuth" puede ser su obra más representativa, una película que seguramente gustará solo a unos pocos, pero que dificilmente olvidarán todos los que la vean, incluso los más disgustados,  con las peripecias del fondón, enorme y desmesurado Gerard Depardieu, un personaje border line que pasea  su patetismo por un escenario friqui donde abundan personajes del parecida sintomatología.

El argumento, el jubilado que a la hora de gestionar su pensión descubre que muchas de las empresas en las que trabajó no le dieron de alta a la seguridad social y marcha por el país  a la busca de sus antiguos lugares de trabajo y compañeros, para que le ayuden a recuperar sus certificados de trabajo, es  algo que se vive cotidianamente por desgracia en esta Europa en crisis social, económica y de valores.

En el fondo es la misma desesperación, vulnerabilidad y abusos que se denuncian en "Inside Job", "Capitalismo, una historia de amor", "Up in the air", "A propósito de Schmidt" (un comienzo argumental parecido pero esta cinta muy bien dirigida por Michael Payne) o "The company men", los mismos collares para perros de distintas clases y pelajes. Personajes alineados o francamente patológicos para ilustrar una pretendida comedia de trazos groseros, surrealistas, crueles o simplemente patéticos. Y digo lo de pretendida, porque lo que acontece en la pantalla dificilmente puede  atraer ni la más desvaida sonrisa. Pelicula que debería convertirse en un clásico para el movimiento de los indignados o en un motivo de reflexión sobre la capacidad de ciertos actores para hacer creíbles los aspectos más trastocados de sí mismos. Depardieu, excelente actor, con sus greñas salvajes y su corpachón elevado al cubo, parece una versión triste de la figura golpeada de Mickey Rourque, una Bestia sin Bella a su alcance (sólo es hermosa la figura fantasmal, ensangrentada, de la novia que tuvo en su juventud, que falleció tras un accidente de moto con él) tan tierno  y vulnerable por dentro como lamentable en su aspecto físico que le asemeja a un orco simple y triste.

El final, supuestamente poético, con Depardieu ya no a lomos de su moto Mammouth, sino viajando en un ciclomotor con los brazos al aire y una sonrisa idiota en el rostro, se sale fuera de la coherencia del feísmo deliberado de la película (a no ser que se nos insinúe que ese viaje final es realmente el último viaje, con el inevitable accidente).

Compañeros y familiares del jubilado itinerante, cada vez más absurdos, patéticos y fuera de la más lineal normalidad, desfilan ante la cámara de estos dos directores franceses que se encuentran muy lejos de los hermanos Cohen aunque a veces parece que les intenten seguir los pasos.

En suma, una road movie pesimista, llena de asperezas y amargura crítica que trata de pasar como una comedia  de nuestro tiempo, insolidario, insensible y muy a menudo cruel. Secuencias como la fiesta de despedida desangelada que le dan al jubilado Depardieu (sus compañeros le regalan un puzzle!!), el encuentro con el buscador de monedas y metales en las playas desiertas, el intercambio onanista con el primo que mas que risas provoca un cierta repugnancia o la relación con su mujer, dejan un poso de emociones poco agradables en el espectador, que reconoce en la pintura burda de la cinta un universo de humor negro que podría pintar Goya, Buñuel o Valle Inclán, una especie de comedia maldita entre el esperpento, la locura y la mezquindad. Ni siquiera la bella Isabelle Adjani, cubierta de sangre, se escapa del negro tono general. Y uno acaba como el Kurtz de Apocalipsis Now musitando, "El horror, ah, el horror"

 

Compartir este post
Repost0
1 octubre 2011 6 01 /10 /octubre /2011 09:36

arbol-vida-poster-b.jpg Es un director "de culto", es decir uno de esos como Allen, Kubrick, Houston, los Cohen y unos pocos más, vivos o desaparecidos, cuyo trabajo es una garantía si no de éxito inmediato --algunos ruedan para la posteridad-- sí de que sus películas formarán parte de esa no muy amplia nómina de "clásicos" de todos los tiempos.Terrence Malick  ha rodado muy pocas películas (cinco largometrajes en casi cuarenta años) pero basta que se sepa que va a rodar una para que las estrellas más rutilantes del Star System se ofrezcan al precio que sea para formar parte de los titulos de crédito. En esta ocasión, dos de los grandes, Brad Pitt y Sean Penn han sido los agraciados (el primero como protagonista, el segundo como secundario de lujo: sospecho que en el montaje final han debido caer muchas de las secuencias en las que intervino este excelente actor y de eso se resiente un poco la película).

El argumento de "El Árbol de la Vida" acompaña la vida del hijo mayor, Jack,  (Sean Penn como adulto y el niño Hunter McCraken, una revelación, cada gesto y mirada contienen un mundo) de una familia de clase media de los años 50, con especial hincapié en la infancia y en las relaciones difíciles con su autoritario padre (Brad Pitt), la muerte de un hermano y sus consecuencias, en suma el desarrollo problemático del niño en un contexto  duro, desequilibrador y sin concesiones, donde surgen todas las paradojas de una educación  deficitaria y unas incógnitas sobre asuntos éticos y de comportamiento que el chico, como la mayoría, debe resolver por sí mismo, con escasa ayuda externa y nula ejemplaridad paternal.

Vístase esa trayectoria vital no muy original con una puesta en escena suntuosa donde el ritmo sigue la cadencia de las mareas, se nos invade constantemente con bellísimas imágenes espaciales y de la naturaleza, como si se nos recordara de continuo que todo está relacionado, ese nacimiento, desarrollo y muerte de estrellas, planetas, seres humanos, árboles y animales, es todo la misma canción con diferentes melodías. Y todo ello bajo la evocación de un música de lujo: Bach, Mahler, Smetana. Berlioz, además del compositor propio de la cinta, Alexander Desplat. Gozo visual, gozo intelectual, gozo auditivo.

Como suele ocurrir con Malick, el mensaje se repite una y otra vez, entre lineas, inducido, quizá intuido, y los personajes y las imágenes que les rodean siguen un proceso de escritura muy singular. Por eso este director gusta o no gusta, pero nunca aburre, nunca deja indeferente. La familia de los O’Brien (Brad Pitt y Jessica Chastain), se enfrentan desde el principio de la pelicula al doloroso trauma de la pérdida de un hijo y de ese terrible drama emocional surgen los recuerdos y las oniricas, simbólicas, intervenciones del hijo mayor ya adulto (Penn). Esta catarsis familiar toma una estructura no fácil para el espectador, ya que los recuerdos van mezcládose con las tomas no argumentales de las que les hablamos y articulándose en un discurso ético y religioso de altos vuelos, en los que las visiones espaciales o de la naturaleza parecen la epifanía del mensaje religioso. Por eso es laborioso conciliar en la mente del espectador ese nivel superior con los aconteceres en la vida cotidiana de una familia dominada  por la brutalidad de un padre excesivamente autoritario, la pasividad de una madre imbuida del sentido espiritual de la vida, los dramas de los chicos, el amor entre ellos, la compañía no siempre positiva de los amigos, las carencias paternales y la irritación hacia el papel de la madre.

¿Como evitar con esta abundacia de niveles de lectura, las caidas de ritmo? No las evita Malick. Yo creo que se refocila en ellas. Por eso su cine irrita a muchos, desconcierta a otros y fascina a unos pocos, aparte de los que cantan alabanzas por imitación o por repetición bobalicona ante el "genio" enaltecido por tantos. Las maravillosas secuencias "espaciales" parecen una reedición mejorada -- y sensible a raudales-- de las que ya vimos en la irrepetible "2001 una odisea espacial", de Stanley Kubrick. Y como en ella Malick recurre también a las épocas remotas presentándonos a unos animales prehistóricos en acción como muestra de lo que podría calificarse de "piedad" (lo que en Kubrick sería el elemento reflejado en su célebre secuencia de los homínidos, el origen del afán de conocimiento y la violencia contra los congéneres) y esa comparación entre todos los niveles  de la existencia en el planeta. Es la vida, pues, el árbol que forman los seres vivientes, desde las raíces hasta las ramas y los frutos, el elemento esencial de la ambiciosa película.

Los actores saben de sobras que están haciendo historia y asi nos regalan interpretaciones memorables, como la de Brad Pitt con su gesto facial calcado de "Malditos bastardos" y una brutalidad semejante aunque calibrada con estallidos de ternura y de amor reprimido, la Chastain llena de candor y sensibilidad, el soberbio Jack, Hunter Mc Cracken, que de adulto tomará las facciones atormentadas de Sean Penn. Las voces de todos ellos, las preguntas que lanzan al aire, sin respuesta posible "¿Donde estabas, Dios mio, cuando murió nuestro hijo?", ¿Por qué nos has hecho esto a nosotros, que siempre te hemos amado"?" "¿Por qué nuestro padre nos hace daño?" , Y las inquietudes que subyacen, sobre el origen del mal, la necesidad de que éste exista, qué sentido tiene la muerte, a quién beneficia la muerte de un joven, preguntas llenas de sentimiento que elevan el tono de la película en una sinfonía de emociones, color, música y sentimiento que llega a aturdir un poco al espectador, sobrepasado en muchos momentos.

Película pues para ver más de una vez (en el caso de que uno sea un saboreador del cine de Malick) y para estar atento a lo que va despertando su película en nosotros, atendiendo más a lo que se sugiere que al desarrollo anecdótico de la vida de la familia, ya que hay películas que tratan con más efectividad el tema de la muerte juvenil o el de la figura paterna brutal y odiosa, o dejarse llevar demasiado por el mensaje religioso que desprenden muchas de sus escenas. Descubrir la gloria de Dios por doquier puede ser una vivencia en muchas personas pero cuando pasa a mensaje para todos se convierte en algo que no convence. Y Malick es un director que ha dado muestras de una sabiduría y una humanidad que merecen un visionado de su trabajo con seriedad y sin prejuicios.

Personalmente el mensaje religioso  --salvando el espiritual- esa oferta incondicionada a Dios del dolor como parte del amor en un todo que suena a Antiguo testamento, no me convence demasiado, pero si lo hace el contexto cinematográfico en el que me lo presentan, esa visión deslumbrante de que la vida, en su conjunto, es pura e inexplicable trascendencia. Y ese es un mensaje espiritual, metafísico y por tanto universal. Y convierte "El árbol de la vida" en un poema visual con profundas ramificaciones éticas y filosóficas, metafísicas y humanas, de un director inescrutable y enigmático que va encadenando escenas y secuencias para ofrecernos un mensaje de una rara trascendencia en la que se pretende abordar, ahí es nada, el misterio de la vida. No importa lo que pasa, el hilo argumental, importa lo que sientes y lo que piensas mientras la ves y después de verla. Como ocurrió con "Malas tierras" (1973), "Dias del cielo" (1978), "La delgada linea roja" (1998) y "El nuevo mundo" (2005). Quizá sea esta la más redonda de todas a pesar de su mayor complejidad y de esa decisión personal de este incalificable director: tratar de contarnos de qué va esto de la existencia, la muerte y el dolor, la alegría del nacer y la angustia que provoca la muerte de una persona joven llena de vida. Y sobre todo ello, la presencia de Dios para los creyentes, y Malick sin duda lo es.

Compartir este post
Repost0
30 septiembre 2011 5 30 /09 /septiembre /2011 11:20

boladefuegocartel.jpg"Ball of fire" o "Bola de fuego" de Howard Hawks es uno de los grandes clásicos de la comedia norteamericana, en la que resuena el ingenio y la ironía de ese ser irrepetible que fue Billy Wilder, coautor del guión junto con Charles Brackett y Thomas Monroe, sobre un cuento escrito por Wilder cuando aún era un director europeo, una visión corrosiva del famoso cuento de Blancanieves y los siete enanitos (si recordamos la película de Disney, los siete profesores de Hawks remedan a los de dibujos animados).

Lo cierto es que no es de las mejores comedias de Hawks ("La fiera de mi niña" o "Luna nueva" ) pero si una de sus mejores películas debido precisamente al hecho de la intervención del genio cáustico de Wilder en el guión y a su cinismo crítico. Con las presencias llenas de encanto de Bárbara Stanwyck y Gary Copper (al que Hawks logró imprimir una vis cómica del todo inesperada y sorprendente, a veces creemos estar ante una visión primeriza de Gary Grant)  y un magnífico elenco de secundarios, las aventuras de esa chica de cabaret que huye de la policía y el grupo de profesores incautos, inocentes y enternecedores, logra momentos de una comicidad insuperable, en la que pardójicamente se nos vende un engaño y un abuso de confianza como una comedia agridulce. Barbara Stanwyck and Gary Cooper in Ball of Fire trailer 2.jpg

La eficacia de esta película inspiró una segunda versión "Nace una canción" (1948) con Danny Kaye y Virginia Mayo (dirigida tambien por Hawks) y una visión distinta del arquetipo argumental de la mano del soberbio Ernest Lubicht  con "Ninotchka".

En "Bola de fuego" el argumento juega todo el rato con el doble sentido, los personajes que se hacen pasar por quienes no son y el juego entre una realidad dura, la de la "otra vida" de la chica, vida de cabarets, sexo,violencia, relaciones mafiosas y la vida real-ficticia de la casa aislada con los siete sabios inmersos en su trabajo, al margen de la sociedad y de los problemas y dificultades que existen al otro lado de la puerta.

La intromisión de un ser del lado duro, disfrazada de cordero, belleza angelical con mente y corazon de lobo, trastoca el orden establecido por la vida entre los libros, el conocimiento y los conceptos y simbolos de la cultura. ¿Qué puede surgir de esta incursión del lado salvaje de la vida en el sereno y filosófico del estudio? ¿Y si ademas se produce la chispa amorosa entre la intrusa y uno de los mas inocentes profesores? Pues eso, complicaciones a destajo. Con el añadido de que la otra parte del triángulo, el amante de la chica, es un conocido gangster que necesita a la chica como coartada legal.

Aqui ya  el guionista se compadece del espectador y decide ser fiel a la tradición de Hollywood de los finales felices. Pero bueno, mejor que la recuperen en cualquier video club y perciban lo buenos que eran los buenos directores de antes, en la época del nitrato de plata, cuando el blanco y negro resplandecía con un fulgor que nuestra época es incapaz de crear a pesar de todos los adelantos técnicos de la era digital.

 

 

 

Compartir este post
Repost0
29 septiembre 2011 4 29 /09 /septiembre /2011 10:41

fragmentavega_142x190.jpg

 

El profesor Amador Vega nos ofrece en su librito editado por Fragmenta Editorial, "Tres poetas del exceso: le hermenéutica imposible en Eckhart, Silesius y Celan" una obra forzadamente minoritaria pero de una sugestividad y precisión tal que la considero una obra de referencia para el lector que quiera entrar en la obra de los tres grandes pensadores citados.

Según Vega los tres tienen un punto en común, su texto, muy poético las más de las veces, circula por un universo comunicativo difícil de captar, polisémico, de interpretación aleatoria, con un mensaje de múltiples siginificados que transita por niveles místicos y simbólicos elevados.

Me atrajo en principio el hecho de la diversidad y aparente lejanía entre el Maestro Eckhart, un teólogo dominico alemán que cabalga los siglos XII y XIV y que fue juzgado herético por la autoridad eclesiástica del momento y posteriores, Angelus Silesius, un místico polaco que se expresa en alemán y que vivió en el siglo XVII y Paul Celan, un poeta rumano de lengua alemana, judío, que vivió el convulso siglo XX. Aparte de su origen geográfico y por tanto de una cultura con sus propias caracteristicas diferenciales, se me escapaba antes de leer el librito de Vega esa esencia común del lenguaje y su contenido enigmático.

Como dice Vega,  «Los tres autores aquí reunidos, a pesar de su distancia en el tiempo, parecen tener una misma vocación: crear un lenguaje que escape a toda pretensión interpretativa. Cuando leemos sus textos poéticos no podemos dejar de pensar que ninguna imagen puede ser extraída de su contexto de escritura sin que con ello caiga rota en pedazos en su resistencia a ser trasladada a conceptos". Ese lenguaje que les une, el verbo que se convierte en instrumento de acercamiento a Dios, no solo a la idea o el concepto, sino a la esencia de lo absoluto, de lo inconmovible, de la raiz de todo, es el medio que se eleva en un vuelo de águila en busca de una intuición perceptiva que se nos niega una y otra vez. En esos momentos los poetas evocan el absoluto de la nada, del vacío, hermanándose con las disciplinas espirituales orientales y también en algo que forma parte de nuestra cultura espiritual, la evocación de la unión de todos en todo, de la uniformidad de lo creado.

Amador Vega (1958, Barcelona) es filósofo doctorado en Alemania y catedrático de estética de la UPF y se dedica al estudio de la mistica occidental. Entre sus libros destaco "Maestro Eckhart, El fruto de la nada y otros escritos" (Siruela 2010) y "Zen, mística y abstracción" (Trotta 2002), por mi familiaridad con el zen y mi afición a esta temática.

La lectura de su libro (124  densas páginas en formato pequeño, menos de medio folio) resulta amena aunque hay algunos fragmentos que es preciso  leer dos veces para captar la profundidad de lo que evoca. Su gancho estriba en esa expresión de la transgresión que el mismo autor considera característica de la literatura espiritual. Y así nos habla de la conversión mediante el abandono, "un conocimiento cuyo modo carece de modo" de Eckhart, a la metanoia del amor como principio y fin de la sabiduría. Cita:

Hazte como un niño

hazte sordo y ciego.

Tu propio yo

ha de ser nonada,

atraviesa todo ser

y toda nada...

abandona el tiempo

y tambien la imagen.

 

Es difícil no percibir el talante zen en estas palabras.

Se pregunta Vega "¿Hasta que punto los excesos del lenguaje de los misticos no responden en toda epoca a un exceso de significado de sus imágenes?" y analiza la obra y el estilo de Johannes Schefler (1624-1677) conocido como Angelus Silesius, en el que se percibe  la "topología del desasimiento" en un lenguaje a menudo críptico y de tan alto lirismo que merece y exige una y otra revisitación reflexiva.

 

Como dice Silesius "Amigo ya basta, si quieres leer mas

ve y conviértete tu mismo en la escritura y la esencia.

¿hay algo más actual que ese estilo frente al lector?

Y en Paul Celan, ese cripticismo, esa enigmática oferta al lector (escribía: leer es recoger  "el mensaje lanzado al mar en una botella". Sus poemas exigen, también en este poeta, una atención continua, un "leer una y otra vez, la comprensión llegará por si sola" como dice él mismo. Una atención que es como una "oración natural del alma" y que no está tan lejos de la atención permanente que postula el zen.

También la nada se expresa en este poeta angustiado que termina sus dias en las aguas del Sena tras escribir poemas como este

"Negra leche del alba te bebemos de noche

te bebemos en la mañana y al mediodia te bebemos,

al atardecer

bebemos y bebemos"

Esa leche negra del alba que acompañará los ultimos días del poeta, judio en la Alemania nazi, pierde su significado circunstancial para ajustarse al poemario -y a la via-- del desdichado Celan.

En suma, una obra breve pero densa y evocadora, sugestiva y sugerente.

 

Compartir este post
Repost0

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens