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19 septiembre 2011 1 19 /09 /septiembre /2011 07:55

balmary_260x346.jpgFragmenta editorial vuelve a ofrecernos una de esas joyas filosófico-espirituales (también interesante desde un punto de vista puramente religioso o psicoanalista, en el otro polo de percepción, no tan alejado como se presupone). Precisamente en mi calidad de modesto profesional de lo segundo leí, o más bien debería decir "bebí" literalmente,  "El monje y la psiconanalista" y ahora he disfrutado de "Freud hasta Dios" de la misma autora, Marie Balmary, esa brillante exégeta de una nueva y profunda re- lectura de la Biblia en clave psicoanalítica que brinda una plausible forma de terapia más cerca de lo espiritual que de la estructura del psicoanálisis (con lo que podría entrar en el campo de la psicología profunda, la humanista y la psicología trascendental.

En este nuevo libro, de fácil lectura y pocas páginas (83) ocurre como con las buenas semillas, permanecen activos desde el tiempo en que los saboreamos hasta que dan fruto en un futuro impreciso pero cierto e imprevisible. Nace el opúsculo de una pregunta-aseveración que no hay psicoanalista que no haya escuchado alguna vez: ¿Es un lujo el psicoanálisis? Marie Balmary responde tajantemente: "Sí, es un lujo. Como toda vida espiritual". Los huesos de los freudianos ortodoxos deben haberse removido por todo el orbe psicoanalítico.

Balmary nos recuerda que la dirección espiritual y el psicoanális son dos experiencias de la palabra, "una perdonaba sin curar y la otra curaba sin perdonar".

El viaje no ha hecho más que empezar. La autora, hacidendo gala de una erudición y una sensibilidad lectora poco comunes, nos lleva a interesarnos por detalles tan significativos como la manipulación realizada por los discipulos de Freud  (mas freudianos que el propio Freud) de algunas de las palabras de este solía decir y que fueron borradas de sus escritos ya que resultaban "incoherentes" con el mensaje del divinizado pensador, así  la palabra "alma" , o la necesidad de Dios: Freud es un ateo que teme a Dios; la proyección que en ocultación de Dios se hace sobre las artes donde se busca el Aliento espiritual que todos, lo creamos o no, necesitamos.

La relectura de la tragedia de Edipo, unida al análisis de la correspondencia de Freud con Fliess y al rechazo tardío del maestro sobre su famoso "complejo", nos recuerda que el resorte de la tragedia no es el deseo de Edipo de matar a su padre y acostarse con su madre, sino las faltas remotas de Layo, su padre, que abusó del hijo de su anfitrion y provocó su suicidio. La maldición subsiguiente prohibía que Layo tuviera hijos. Pero nació Edipo...

El viaje continúa por la esencia del fanatismo como una abdicación de la propia libertad en una experiencia semihipnótica y cuasireligiosa, una sumisión que tiene su raiz en el miedo profundo a ser abandonado, herencia filogenética del animal débil y vulnerable que somos cuando nacemos y durante muchos años más. Después y como concepto paralelo, la presencia en la mente del ser humano de esa voz que Freud llamó superyo y que es como un parásito negativo y perseguidor, que nos juzga y condena continuamente, nos infravalora y nos aboca a la desdicha. No hay persona alguna que en muchos momentos de su vida (y los más desdichados-y enfermos- continuamente) no haya escuchado el sonsonete maligno de esa voz que algunos llaman también "conciencia", acercándose peligrosamente a la patología de la idea de que esas voces provienen de "fuera". Balmary nos recuerda que no pertenecen a los "malos espíritus", ni provienen de una instancia superyoica (otra forma de llamar a lo mismo), sino que se pueden rastrear en nuestro pasado dentro de las creencias que hemos heredado, de los miedos paternos o maternos, de ciertas experiencias tempranas.

Y por fin nos avisa, cerrando el círculo con las primeras páginas donde nos hablaba del ateísmo   de Darwin, el autor del "Origen de las Especies" y su funeral popular y religioso, de la diferencia entre el dios arcaico que clama cruelmente por una sumisión con sangre y el Dios festivo que resplandece en la Naturaleza y en la alegría. Nos recuerda la frase de Nietzche: "Yo no creería más que en un dios que supiese bailar".

El pequeño pero denso opúsculo filosófico queda completado con el texto de la conferencia dada por la autora en Barcelona en 2008 sobre "Religiones para servirlas o para que nos sirvan".

Título,pues, doblemente recomendable, para el lector común, porque acrecentará su interés por la psicología profunda y también para los menos comunes de los lectores, los filósofos y psicólogos (-analistas), por lo que supone de desafío intelectual.

 

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17 septiembre 2011 6 17 /09 /septiembre /2011 19:47

db_15767.jpgHe aquí una gran película. Dirigida por Michelangelo Frammartino en 2010, ha tenido una presencia casi testimonial en cines muy especializados y posiblemente pase pronto a las listas de DVD lastrada por una distribución de poca entidad. Pero búsquenla. Claro que hay que dedicarle una atención y abrirse a la sensibilidad de lo eterno, de la naturaleza, de nuestro papel en ella y del respeto a todo lo que existe. Amparada por imágenes muy bellas y una cámara de mirada limpia y a veces estática, de mirada ingenua pero no inocente, la película transcurre con la lentitud hermosa del paso de las estaciones.

No hay protagonistas, hay paisaje, pueblo, animales, algunas personas, eventos lentos presentados sin explicaciones, sin diálogos, con la música de los lugares, es decir el viento entre las ramas, las campanas de la iglesia, los gritos y risas de la fiesta popular, el silencio del campo, los sonidos de los animales. Se nos invita a vivir la vida, compleja y sencilla al tiempo, de un antiguo y pequeño pueblo de montaña en Calabria, el trabajo de un pastor enfermo que lleva a sus cabras por el monte y las recoge al anochecer, sus toses y el uso de un remedio mágico,pintoresco y superticioso, el polvo barrido y recogido en la nave de la iglesia, disuelto en un vaso de agua. No hay quien hable o diga alguna cosa, no hay más banda sonora que los ruidos de los actos humanos, los fenómenos naturales y los que producen las cabras en su triscar.

Asistimos a la muerte silenciosa del pastor y al nacimiento simultáneo de una enternecedora cabra blanca y más tarde al crecimiento de esa cabra y a su muerte, perdida del rebaño, junto a un gran árbol. Después al corte de ese árbol --creo que es un enorme abeto-- a su transformación por las personas del pueblo en una cucaña para las fiestas, después a su abatimiento y el corto de su gran tronco para alimentar las cónicas montañas de fuego  y ceniza donde se hace la turba, emanando nubes de humo entre la tierra negra y al fin, convertida en carbón para alimentar los hogares de los vecinos del pueblo.

¿Cuales son esos cuatro estadios, estaciones de las que nos habla el título? Pues bien el lento discurrir de la vida a través de los cuatro reinos, el humano, el animal, el vegetal y el mineral. Pastor, cabra, árbol y carbón. Todo en imágenes sencillas y directas. Un canto incesante, lento, premioso, delicado, sutil y poético, al mero y fundamental hecho de existir. Y la poco observada relación de hermandad entre los cuatro estados. ¿Quieren un mensaje más bello y unitario, un mensaje donde se capta la fugacidad de lo permanente?. Pura filosofía poética, la fuerza evocadora y feliz de los detalles llenan la película de momentos inolvidables, el pastor desesperado porque ha perdido los polvos milagrosos que eran la garantía de su vida, la cacerola donde guarda los caracoles, su muerte en compañía de sus cabras que han asaltado su hogar, el parto seco, inmediato y brutal de la cabritilla y más tarde, la penosa llamada del animalito al quedarse sola en el monte, apartada del rebaño, su paciente muerte junto al gran árbol...La vida tal como es cuando apenas se separa de sus fundamentos, cuando las fronteras de lo localista, lo pueblerino, se funde en la vastedad de lo que es universal, lo que siempre será, lo esencial de la vida y la muerte y la conexión misteriosa entre todo lo creado...Hay una suerte de animismo vigoroso y sereno en esta aceptación de la muerte y la vida, en la conexión del hombre que vive y muere, en el animal que también nace y muere, en el árbol que acaba siendo carbón y vuelve para facilitar la vida de los hombres. Pitagórico y chamánico, el mensaje de la película nos concierne a todos. La vida y la muerte es la misma cosa, los hombres, los animales, los bosques, las flores y las piedras, el carbón, el hierro...todo son formas de lo mismo, de la misma esencia. Lo reconoce la fisica cuántica, lo dijeron los místicos, lo cantaron los poetas y lo razonaron los filósofos. Proyécten esta película en las escuelas. Apenas necesita explicación y ofrece sabiduría.

 

 

 

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16 septiembre 2011 5 16 /09 /septiembre /2011 07:08

Ver a Samuel L. Jackson, probablemente uno de los actores negros más sólidos del star sistem, convertido en un  torturador más o menos oficioso de la CIA, es una experiencia incómoda pero fascinante. Su discurso, pleno de la ambiguedad que rezuman los comportamientos humanos cuando se enfrentan los derechos individuales con el interés común, concretamente en el círculo demoníaco del terrorismo, es de lo más inquietante que nos ofrece el cine. "Amenazados" es un thriller psicológico que no ahorra dureza ni crueldad a las escenas pero que, principalmente, constituye un revulsivo moral que nos hace salir del agradable refugio que ofrecen las cuestiones morales en tiempos de paz.

El terrorismo urbano, en este caso, cómo no, de raiz islámica (con el 11-S gravitando permanentemente en el espectador y en la trama) enfrentan de manera brutal al terrorista --un norteamericano converso al islam, magnífica interpretación de Michael Seen-- al torturador sin aparente moral, un profesional que reivindica la necesidad de sus terribles metodos contra el miedo de los que protestan, cada vez más debilmente, de la crueldad exhibida, en defensa de un objetivo de índole superior: lograr ubicar tres bombas nucleares repartidas por todo el territorio norteamericano en grandes ciudades. ¿Hasta qué punto, qué limites puede tener la labor del torturador con tal de lograr saber la ubicación de las bombas antes de que estas estallen y hagan millones de víctimas?

La antagonista del torturador, una agente del FBI, convincentemente interpretada por Carrie-Anne Moss, representa la legalista y humana postura de quien abomina de la tortura y trata de lograr por la compasión y la comprensión que el terorrista colabore. La dualidad entre esos dos personajes, sus enfrentamientos y el papel del terrorista buscando la gloria y manipulando emocionalmente a la agente, crean un sofocante ambiente en el que asistimos a los cambios que la tensión dramática va propiciando en los tres elementos del drama. ¿Dónde está el límite que no se puede saltar cuando están en juego las vidas de millones de personas? La ambiguedad moral de la película la convierte en este sentido en un epígono ético del 11S y de la  prisión de Guantánamo y en la justificación vicaria de cualquier exceso cometido por el Estado en la defensa de sus ciudadanos.  No hay excusas, el dilema imposible planteado por la película se expone con claridad y valientemente.

El director Gregor Jordan, no intenta diseñar un dilema ético para resolverlo con ideas y conceptos, de forma intelectual. Opta por la simplicidad de los argumentos, directos y sin concesiones (con lo que roza un poco la sospecha de que podría ser una película financiada secretamente por el Departamento de Estado para aleccionar a los ciudadanos de la necesidad del antiterrorismo sin barreras) y naturalmente amenazados_38596_120.jpgdeja los extremos tan perfilados que no deja otra opción al espectador que tomar partido y aceptar lo que ocurre (en una gradación de límites que se van superando que desconcierta a la agente y al espectador). El recurso a elementos externos a la trágica trama que se desarrolla en el cubículo de torturas distrae un poco la tensión (un  buen director europeo hubiera eliminado esos excursos) pero la pelicula logra sus objetivos: atrae la atención del espedtador, lo inquieta sin piedad, le asquea y le provoca rechazo e indignación, pero al tiempo le crea dudas morales y le hace reflexionar. No se puede dudar que la película es oportuna en estos días.

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14 septiembre 2011 3 14 /09 /septiembre /2011 23:00

dequehablocuandohablodecorrer_big.jpgTenía verdadera curiosidad por leer "De qué hablo cuando hablo de correr" (Tusquets Editores, colección Andanzas, 11ª edición, julio, 2011) de Haruki Murakami, el poco convencional escritor japonés, dotado de una enorme capacidad para crear mundos de una fuerza considerable con el auxilio de un lenguaje natural, divertido, escueto y muy gráfico. Una especie de Hemingway nipón, autor de obras tan rompedoras, originales y aparentemente espontáneas (sin jamás parecer descuidadas) como "Tokio blues", "Kafka en la orilla" o "After Dark". Dado que también es el traductor al japonés de las obras de Raymond Carver, no es de sorprender que la viuda de éste le permitiera utilizar  una variación del célebre título del americano, "De qué hablamos cuando hablamos de amor" (que, por cierto, creo haber leido en alguna parte que no es producto de la mente del este escritor sino de su prepotente editor), aunque el delicioso libro de Haruki Murakami pertenece a una galaxia distinta del famoso "realismo sucio" de Carver. por tanto ahí acaban las semejanzas.

Cuando habla de correr, Haruki habla de correr. Y también de escribir, claro. Pero para este autor correr y escribir pertenecen al mismo grado de imperativo categórico que respirar o comer, por tanto las confesiones literarias o biográficas del escritor están teñidas de esa condición esencial que, como dice en una de sus páginas, hizo que se hiciera escritor de una forma espontánea y para ver lo que pasaba y se dedicara a correr maratones y a practicar carreras de triatlón por medio mundo, no sólo sin que esas actividades se molestaran la una a la otra, sino que lograra una especie de simbiosis creativa en la que, como vasos comunicantes, la energía de correr se transformara en la creación literaria.

El libro de Murakami se lee con la enorme fluidez que parece sello de la casa y que uno experimenta en la lectura de sus novelas y relatos. Hay sinceridad, espontaneidad, sentido común y mucho sentido del humor en este libro y en el resto de la obra del japonés.

Cualquier persona, escriba o no y corra o no, podrá disfrutar de las confesiones del sexagenario escritor, pero sin duda los practicantes de jogging o cualquier modalidad atlética que implique correr, nadar o ir en bici, disfrutarán como locos de este texto valiente y divertido. Y, por supuesto, los escritores, más o menos en ciernes o consagrados, los periodistas y los "lletraferits" de cualquier modalidad lectora o plumífera, devorarán como adictos las reflexiones literarias de un escritor que está en la cumbre de la ola de su capacidad creativa (y que dure muchos años más).

Como él mismo escribe (pagina 110) en su libro: ...para vivir una vida plena..."yo pienso que correr me ayuda a conseguirlo. Ir consumiéndose a uno mismo, con cierta eficiencia y dentro de las limitaciones que nos han sido impuestas a cada uno, es la esencia del correr y, al mismo tiempo una metáfora del vivir (y para mí también del escribir)".

Pues nada, para los que opinamos que el ejercicio fisico intenso, ya sea correr, ir en bici, nadar o subir montañas, no sólo no entorpece la vida intelectual creativa sino que la estimula, el libro de Murakami es un saludable guiño de un camarada que a pesar del éxito mediático nunca ha dejado de sudar la camiseta y de considerarse una persona sencilla y normal, sin creerse o admitir que otros lo crean, un genio en nada.

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14 septiembre 2011 3 14 /09 /septiembre /2011 11:07

cowaliens.jpgCine palomitas con todas las de la ley que marca tradicionalmente Hollywood. Con dos pesos pesados -y algo pasados-  de la industria estrellada : Daniel Craig, que no deja su tono seco y zumbón del 007 y un abuelete con cara de malas pulgas, malas prácticas de tirano abusón (y corazón de oro) que recuerda vagamente a Indiana Jones (Harrison Ford). Dirige Jon Favreau como si fuera una pelícvula de episodios de la época del primer cine de aventuras y que crea una pelñícula híbrida e improbable que destila la fuerza hipnótica elemental de los comics (enuno de llos está basada).

Son casi dos horas de ataques, violencia alienígena y humana, tan parecidas y un mensaje claro y tópico: ante la amenaza de fuera los de denttro por muy anemigos que sean se vuelven hermanos y luchan contra el enemigo común. Aquí son terratenientes sin moral, bandidos con aún menos principios, indios apaches porque quedan bien y dan la nota primaria y natural y, naturalmente, los invasores del espacio, unamezcla entre Alien y Predator, que además de buscar el oro como materia primaria que sustenta su civilización, tienen costumbres vampíricas muy parecidas, excesivamente parecidas diría yo, a sus congéneres de Marte en el clásico que copió hace unos años Spielberg con Cruise como arrojado protagonista.

El director (responsable de Iron Man y su secuela) no logra aquí dar simbolismo épico y lirismo noistálgico a peesonajes y ambiente que parecen salidos de "Valor de ley" o las películas de John Ford, sino que todo lo subordina a una desasosegante historia narrada a trompicones, en la que los cuatro estamentos antes citados, vaqueros, bandidos, apaches y alienígenas forman un cóctel que se le escapa de las manos produciendo un poco de aburrimiento por hartazgo en el espectador, que no acaba de unir bien los dos dispares mundos que nos propone.

No nos conmueve nada de lo que ocurre en la pantalla. Es como un comic sin ángel, pura oferta temática que jamás cobra coherencia fímica, garra sentimental y emoción humana. Se supone que debería atraernos esa apùesta arriesgada por las ucronías, pero tanto nos da en definitiva si los malos son como son y si los buenos son tan débiles ante los alienígenas y su inmensa potencia de muerte,  si sabemos que éstos van a recibir su castigo y como en "Mars atac", "Independence Day" y otras películas semejantes bastante recientes, la raza humana --utópicamente- logrará reducirlos a cenizas, gracias a los microbios, a la musica tirolesa o a la acción mancomunada de los intrépidos y desiguales protagonsitas de "Cowboys and aliens".

 

 

 

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13 septiembre 2011 2 13 /09 /septiembre /2011 08:06

floresiq.jpgDirigida por Ulrik Imtiaz Rolfsen en 2007, e interpretada por Trond Espen Seim como el detective privado Varg Veum, "Flores amargas" es la primera película de una larga serie de aventuras y trhillers ambientados en el país de origen del autor de las novelas Gunnar Staalesen, Noruega, y uno de los motivos de la espectacular  fiebre de cine nórdico, muy bien rodado y bastante eficaz, basado en novelas policiacas y trhillers de los que la famosa trilogía del periodista Larsson, fue uno de los ejemplos con más éxito.

Cabría preguntarse sobre los motivos socio-psicológicos que permiten entender cómo esas sociedades del bienestar  teóricamente tan capaces y equilibradas llegan a producir esa oleada de escritores de serie negra con un alto nivel de excelencia por lo general.

El argumento comienza a desarrollarse con la desaparición de una niña de 7 años, hija de Vibeke Farang, la líder de un partido conservador noruego. Paralelamente a las investigaciones policiales la política contrata al detective Varg Veum para que investigue a su vez la desaparición de su amante, un ingeniero de una planta química, presintiendo que las dos desapariciones tienen un punto en común o están realcionadas.

A partir de aquí los métodos un  poco  irregulares del detective comienzan a dar frutos, inesperados, que llevarán a la resolución del caso. En un planteamiento de dicotomías elementales, un poco ingenuo, la película nos sumerge en un universo empresarial corrompido, tráfico de armas químicas internacional, malos muy malos y poderes financieros y políticos que tratan de obtener beneficios al margen de la ley y la moral.

El dibujo de los personajes es de trazo grueso, sin ahondar demasiado en sus caracteres y actuaciones, sólo perfilando lo preciso para mostrarnos al detective arrojado e inteligente y astuto, el policía honesto y poco imaginativo pero apegado a la estructura básica de la ley y el procedimiento, la abogada de empresa que se juega la vida para llegar a la verdad, la familia de empresarios que no tienen reparos en aplicar medios y métodos mafiosos para prosperar...

La película está bien contada y recuerda un poco la simplicidad de las peliculas de serie negra del inspector Maigret o los filmes franceses de los sesenta en blanco y negro y con Jean Paul Belmondo o Gabin o Delón como protagonistas poco expresivos, muy humanos, y ascéticos como samurais.

El escenario , como es habitual en las películas del detective, es la ciudad noruega de Bergen con sus cielos grises y su lluvia tan cinematográfica. La serialidad que inaugura esta película, a la que siguen "Angeles Caidos" y "Svarte Far" entre otras, realza la simpatía que despierta el detective Varg Veum, cuyo trabajo no le exime de recibir palizas o vivir situaciones en las que parece haber llegado a su última hora, en la vía de Sam Spade o cualquiera de los grandes del cine americano de los cincuenta. En esta, como en aquellas, la película no analiza problemas filosóficos, ni ofrece discursos o diálogos profundos sobre la maldad humana, sino que son historias planteadas muy directamente, de forma sencilla y clara, con golpes de efecto y economía de medios .

En Noruega, uno de los estados nórdicos donde el bienestar social está generalizado, también hay un submundo donde priva la droga, la violencia, la prostitución y donde los bien alimentados y asegurados ciudadanos se permiten el grado de locura suficiente como para crear ese mundo imprevisible y violento..

Sin abandonar el tono templado y parco de su protagonista y un cierto aire de telefilme que por una vez no lastra el producto sino que lo hace más apatecible (por su serialidad y la calidad cinéfila), las películas deVarg Veum que he podido ver gozan de buena salud , y son encontrables fácilmente en las tiendas  de DVD.

 

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12 septiembre 2011 1 12 /09 /septiembre /2011 07:21

ladron_tiempo.jpgEs el responsable de millones de lágrimas derramadas al conjuro de una historia fenomenal, inquietante y llena de congoja que se tituló "El niño del pijama a rayas", llevada posteriormente al cine por Mark Herman, donde se multiplicaron las lágrimas y las emociones desatadas. El irlandés John Boyne logró seducirnos con su patética y trágica historia infantil en un campo de concentración nazi. Años antes  (2000) ya había surgido al mundo de la novela con "El ladrón de tiempo", que ahora se publica en España (Salamandra editorial) al amparo de su bien ganada fama literaria. Posteriormente escribiría otra novela sobre el motín de la Bounty.

Boyne se vale de un subterfugio fantástico-literario para contarnos la historia de Matthieu Zéla, un parisino contemporáneo de la revolución francesa (nació en 1743) y que vivirá hasta nuestros días aquejado por una misteriosa caracteristica: se queda desde sus cincuenta años sin envejecer, a través de los siglos. Con esa condición de supervivencia anómala y antinatural, Boyne ingresa en la lista de los creadores fantástico-utópicos, al estilo de Swift, su paisano, que ideó en "Los viajes de Gulliver" un país donde la gente llegaba a vieja pero no moría. Ese país de inmortales no era, ni de lejos, un país de sabios y credores, sino de gentes amargadas, ignorantes y embrutecidas que no sabían aprovechar su longevidad y deseaban la muerte. En el caso de Matthieu, Boyne le ha hecho bastante sabio, curioso y encantado con su naturaleza inmortal.

Y así lo hace testigo y notario de algunos de los más importantes eventos de la historia, desde la Revolución, al Hollywood de los años 20 con el cine mudo --Chaplin se cuenta entre los conocidos de Matthieu--, la caza de brujas, la crisis del 29, los primeros Juegos Olímpicos de Atenas y los avatares y adelantos de nuestra época. Por todos ellos pasa Matthieu, rodeado de amores forzadamente limitados, pérdidas sentimentales, negocios y proyectos a los que da vida con su privilegiada visión del tiempo. Como contrapeso, Boyne, crea la figura de un sobrino, que va generacinalmente ocupando su lugar manteniendo una constante de malicia o maldad, de disipación o incluso delito, toda una saga de granujas que acaban siempre junto al insólito tío secular, exactamente como su hermano Tomás, único testigo del gran amor de la vida de Matthieu, Dominique Sauvet. .

Nadie pregunte las razones de tal longevidad o la del capricho de que sea precisamente la cincuentena la fecha que el fenómeno escoge para manifestarse y para mantenerla. No se trata de una historia de fantaciencia sino de algo histórico-literario que nos permite ver cómo un hombre inteligente y dotado navega a través de años y años de acontecimientos (aunque de poco serviría como manual de autoayuda, Matthieu es como es gracias a su longevidad, principalmente, no es un superdotado y sus ambicons no pasan mas allá de conseguirse poder y unavida regalada).

Es una primera novela y ya da atisbos de que el autor tiene un fuerte aliento creativo, --como se verá--, pero nadie pida mas que entretenimiento de ella (lo que según como se mire, es mucho). Con estas aventuras a través del tiempo,como buen discípulo de Wells, Conan Doyle, Swift, Stevenson, Boyne escribe un cuento --que podría extenderse por varios volúmenes, Dios quiera que no acoja esta idea-- no exento de ironía crítica, aunque un poco reiterativo y con la virtud de irnos novelando la historia desde un punto de vista alejado del protagonista, a veces casi de una de las víctimas colaterales (que recuerdan, perdónenme, las historias de las  sagas de vampiros y una en concreto, la celebérrima "Entrevista con el vampiro"). Dejen pues la credibilidad en suspenso y navegen por los mares de la historia en la Hispaniola, al mando de un pirata con pata de palo, sin importarles más que la aventura por la aventura, dejando todos los cabos sueltos que sean precisos a fin de hacer marchar dinámicamente una naración que como la de "Las mil y una noches" no importa lo que se cuenta sino cómo se cuenta.

Y así, de salto en salto, se nos narra desde el hilo conductor del presente: cuando Matthieu es accionista de una cadena de televisión en la que su perenne sobrino, a traves de sucesivas encarnaciones todas prematuramente eliminadas, es una figura famosa de una serie. A partir de los acontecimientos de ese presente, el reloj del envejecimiento de Matthieu se pone en movimiento y su sobrino muere sin dejar descendencia, la saga queda truncada y nace la amenaza del fin del protagonista. No digamos más. Lo cierto es que la novela de Boyne deja una serie de ideas en sazón, desde la decadencia de la historia, el fracaso del sentido común y la sensatez (no hemos aprendido nada) el horror y la violencia como revulsivo para el "progreso" --como si no existieran métodos mas seguros y adecuados--, en resumen, la tremenda enseñanza de la historia: mientras el hombre no sea capaz de encauzar sus emociones y sus sentimientos, de primar el bienestar común, la honestidad y el respeto a los semejantes como normas básicas, la naturaleza humana destrozará cualquier sistema que sea vulnerable a la maldad, la codicia, la vanidad y la ignorancia violenta. Por eso los sucesivos Tommy, el sobrino del protagonista, encarnan al hombre corriente de cada época y Matthieu, un fenómeno humano, al poseedor de la razón que termina siendo fagocitado por un tiempo que, a pesar de lo que apunta Boyne, es más padre de la entropía, de la destrucción, que del progreso, la estabilidad y la sabiduría (no confundir con conocimientos).

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11 septiembre 2011 7 11 /09 /septiembre /2011 09:22

He aquí una excursión de una belleza sobrecogedora. Desde las abruptas carenas de las moletes de Arany (1228 m) se logra una visión dantesca de los picos, agujas y monolitos de roca viva que festonean el desfiladero agreste y medio salvaje del Parrisal, esa estrecha garganta que abre el Matarraña entre montañas y colinas llenas de verdor y con paredes desnudas que se levantan, ocres y grises, sobre esa cascada de verdes que se desparraman por las dos vertientes.

Salimos de Beceite por el extremo inferior derecho del pueblo y por una pista  pavimentada y muy estrecha  de unos siete kms que hay que hacer con sumo cuidado pues es un lugar muy popular y bastante transitado en verano y los fines de semana. Podemos dejar el vehículo en el parquing habilitado a la entrada de la pista del Parrisal, un poco antes de la toma municipal de aguas para el consumo en Beceite. Después caminaremos unos dies minutos de pista a la izuqierda del rio, pasaremos por dos tuneles abiertos en la roca viva, junto a la famosa Cova de la Dona y frente a un lugar vallado donde se encontraron pinturas rupestres y llegamos al Pla de la Mina, antiguo aparcamiento dotado de zona de recreo y picnic bajo los arboles y a la orilla del Matarraña. Al fondo a la derecha hay una caseta forestal y junto a ella el cartel del sendero que vamos a hacer.

Este sube muy empinado en dirección suroeste, haciendo continuas lazadas para superar el gran desnivel, pasamos un pequeño collado y nos internamos en un espeso bosque de coníferas. En quince minutos más o menos, en una zona con grandes bloques de piedra, dejamos el GR (pintura roja y blanca) que sigue paralelo al barranco y subimos a la derecha, hacia el Este, siguiendo las señales amarillas y blancas del PR-TE 153. Seguimos bajo los arboles, hay pinos, boj, carrascas, sabinas y enebros. El sendero no deja de subir y llegamos a un collado por un trozo de camino empredrado, desde donde tenemos las primeras vistas panorámicas del valle del Matarraña y de la pista que nos condujo a él. Seguimos por la izquierda en dirección este, por un suelo más rocoso y con piedras y tierra descompuesta hasta llegar a un nuevo coll que forma una pequeña plataforma desde donde parte un camino que va a una antigua mina abandonada. Seguimos a la izquierda por un sendero que se va estrechando y apenas es una linea que sube pegada a una pared rocosa de grandes paneles calcáreos de roca gris blanquecina. El camino tiene algún paso delicado pero fácil entre paredes de roca a un lado y barranqueras y tarteras por el otro. El paisaje comienza a ser muy hermoso, un oceáno verde del que emergen como espinas dorsales de roca desnuda haciendo caprichosas cornisas.

Dejamos el espacio abierto y llegamos a un nuevo bosque en cuya cima está la redonda loma desnuda que da paso al valle pequeño y coqueto de los masos de la Balenguera, casi todos en ruinas, incluso el mayor, el Mas de Ferreret. Aqui podemos visitar la fuente de la Balenguera, al fondo del valle a mano derecha bajo una pared de roca invadida por la hiedra. Hay un  pequeño estanque  de aguas verdosas a sus pies pero comprobé que no manaba agua de la fuente. Es la maldición de estas tierras.

Despues hemos de seguir el sendero señalizado que sube abruptamente a la derecha de los masos. Nos lleva primero a la Roca Morera, tras una pendiente continua. Una pequeña grimpada nos permitirá subir directamente (para los que se impresionen por la altura, hay un caminito invadido por las zarzas a mano derecha) hasta ese balcón natural que se abre sobre el estrecho del Parrisal y su bosque de agujas pétreas emergiendo del mullido bosque verde que siembra toda la zona. Créanme es una de las vistas más bellas y sorpendentes de esta región, plena de lugares con encanto.

Seguimos subiendo hasta la cima del Arany con su fita redonda o vértice geodésico del Servicio Geográfico Nacional, erguido sobre una roca  de aspecto curiosamente inestable. La panoramica desde ese punto queda muy limitada por las copas de los arboles que nos rodean. Seguimos el camino y unos minutos mas tarde llegamos a otra sorpresa de esta excursión llena de bellezas: un airoso puente natural, un fenómeno provocado por la erosión, formando una arcada de grandes dimensiones que parece una ventana abierta a la belleza del Parrisal y las montañas que nos rodean. Despues el camino sigue cresteando por las moletes hasta que se desvia a la izquierda y comienza de nuevo a ascender bajo el bosque hasta llegar a una nueva bifurcación.  Por la derecha sigue el GR8 y a la izquierda (el cartel ha sido destrozado, uno no acaba de entender qué placer hay es hacer eso) comienza la bajada que nos llevará de nuevo a la Balenguera en una media hora mas o menos, bajando por el barranco y a veces por el lecho seco de una torrentera hasta llegar de nuevo a los masos abandonados. A partir de ahí en poco más de media hora llegamos de nuevo al Pla de la Mina, donde quiza podamos darnos un baño en  las frescas aguas del Matarraña.

 

 

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10 septiembre 2011 6 10 /09 /septiembre /2011 20:02

hlawrence.jpgControvertido, considerado un hombre de dudosa moralidad, convertido en piedra de escándalo de la sociedad aún victoriana en las formas por su manera libre y sumamente erótica de considerar las relaciones entre hombres y mujeres, David Herbert Lawrence, (1885-1930) impenitente viajero y novelista con fuerza y brío literario, fue considerado ya en vida y sobre todo tras su prematura muerte (a los 44 años, de tuberculosis) una de las cumbres literarias de la novela británica de principios del siglo XX. Uno de las indiscutibles maestros de su generación E.M. Forster, el autor de "Habitación con vistas" y "Las alas de la Paloma" o "Maurice", excelente critico además, escribió de él: "fue el novelista imaginativo más grande de nuestra generación".

En "Mujeres enamoradas", una de sus noevlas más duramente criticadas por sus descripciones amorosas y sexuales, logró soliviantar al recién aparecido movimiento feminista, pero pocas personas, tras el velo del escándalo, percibieron la demoledora critica que el autor realizaba de la sociedad de su tiempo, de su hipocresía e inmoralidad esencial, escrita con brillantez, rigor y una fina ironía que revelaba a un pensador de altos vuelos. Siempre he pensado que D.H. Lawrence fue un visionario intelectual, dotado de una exquisita sensibilidad, que vio más claro y más lejos que sus contemporáneos, un hombre adelantado a su tiempo que padeció toda su vida la hipócrita animadversión de  la sociedad y vivió practicamente en el exilio voluntario toda su vida.

Viajes por Australia, Italia, Ceilán (la actual Sri Lanka), Estados Unidos, México, Francia, hasta recalar en Nuevo Mexico donde formó parte de un intento utópico de convivencia en comunidad (lo que en los 60 fueron las "comunas"). Su literatura fue bebiendo de todos esos lugares y esas gentes sin abandonar nunca su raiz británica. Sus obras se multiplicaban, "La serpiente emplumada", "La mujer cabalgante", "Hijos y amantes", "El arco iris", "La vara de Arón", "El amante de Lady Chatterley", además de colecciones de artículos, reportajes de viajes y ensayo (curiosamente uno "Pornografía y obscenidad" que era una defensa de su talante literario en esos temas y un irónico ataque contra la pacata e hipócrita censura de su país.

La escritora y crítica Catherine Carswell salió en defensa, (junto con Aldous Huxley) del anatematizado escritor con unas líneas realistas:

 

"Frente a las grandes desventajas iniciales y su siempre delicada vida, la pobreza en que se mantuvo durante las tres cuartas partes de su vida y la hostilidad que sobrevive a su muerte, él no hizo nada que realmente no quisiera hacer, y todo lo que más quiso hacer lo hizo. Viajó por todo el mundo, fue dueño de un rancho, vivió en los rincones más hermosos de Europa, y conoció a quien quería conocer y les dijo que estaban equivocados y que él estaba en lo correcto. Pintó e hizo cosas, y cantó, y cabalgó. Escribió alrededor de tres docenas de libros, de los cuales incluso la peor página baila con una vida que podría ser equivocada para cualquier otro hombre, mientras que las mejores son reconocidas, incluso por aquellos que lo odian, como insuperables. Sin vicios, con muchas virtudes humanas, el marido de una mujer, escrupulosamente honesto, este estimable ciudadano aun así consiguió ser libre de los grilletes de la civilización y del no de las camarillas literarias. Se hubiera reído suavemente y maldecido vehemente al pasar por los búhos solemnes - uno tras otro por su propio pie - que ahora lo investigan. Para hacer su trabajo y llevar adelante su vida a pesar de que le supusieron algún esfuerzo, lo hizo, y tiempo después de que sean olvidadas, la gente sensible e inocente - si queda alguna - volverá a las páginas de Lawrence y sabrá a partir de ellas qué tipo de hombre excepcional fue"

 

En estos tiempos en los que triunfa un cierto aire híbrido y sincrético en la novela, donde se mezcla la evasión o la aventura, con la psicología y el ensayo, Lawrence fue sin duda un innovador y un precursor. Su obra "La serpiente emplumada", que transcurre en México, es un ambicioso y apasionante tratado sobre la feminidad,  sensible y receptiva, abierta al conocimiento y la masculinidad invasiva, fuerte y creativa. Todo ello en un intenso argumento de cultos ancestrales mexicanos y de simbolismo azteca. Siempre presente esa dicotomía entre el hombre y la mujer en la que ésta se convierte en la auténtica fuerza oculta, el misterio ancestral  que un homosexual no confeso como D.H.L. --estuvo toda su corta vida casado con la misma mujer, que le acompañó siempre, aunque se le conocieron varios amantes masculinos-- tuvo la sensibilidad y la valentía de analizar. No es de extrañar pues la admiración y la defensa de Forster, que solo despues de su muerte se atrevió a permitir la publicación de "Maurice", una de las primeras novelas  en defensa de la homosexualidad.

Creo que Lawrence, que tuvo un éxito enorme desde los cuarenta a los  setenta del pasado siglo, volverá a gozar de fama renovada en cuanto a alguien se le ocurra la honrosa idea de llevar al cine, por ejemplo, "La serpiente emplumada", o mejor a la televisión, una de esas series de culto que han devuelto a la vida de las librerías a más de un autor olvidado. Esperémoslo por el bien de la literatura.



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9 septiembre 2011 5 09 /09 /septiembre /2011 15:56

la-ultima-estacion-cartel.jpgHoy voy a sugeriros una doble propuesta, realmente atractiva. Os recomiendo una novela del escritor norteamericano Jay Parini titulada "La última estación" (1999), editada por RBA, y una película que conserva ese mismo titulo. Tanto la novela como la película en la que se basa, analiza el último año de vida de León Tolstoi, dentro de la propia familia haciendo hincapié en la figura de Sofía, la esposa del escritor durante casi cincuenta años de matrimonio, que se mantiene siendo una esposa devota, amante enamorada a pesar de la edad y las diferencias. Precisamente cuando Sofía descubre que en nombre de la nueva religión que acaba de crear, el gran novelista ruso renuncia a su título nobiliario, a sus propiedades e incluso a su familia en favor de la pobreza, el vegetarianismo y el celibato, la condesa decide tomar cartas en el asunto y se opone frontalmente al envejecido escritor y a sus discípulos. Uno de ellos, Vladimir Chertkov, a quien ella desprecia, parece haber convencido a su marido para que haga un nuevo testamento. El documento le daría los derechos de sus obras al pueblo ruso en vez de a su propia familia. Sofía lucha por lo que ella cree que le corresponde. El conflicto se vuelve tan intenso que Tolstói, a los 82 años, abandona su casa en mitad de la noche y trata de huir en tren hasta un lugar sin relieve donde su malestar se agrava y debe tratar de reponer fuerzas en la casa del jefe de estación. Sofía alquila un tren para seguirle por toda Rusia. Y los periodistas, los fieles y los curiosos se citan en aquella olvidada estación para asistir al fin del egregio escritor y los choques familiares.LA-ULTIMA-ESTACION-i0n1408615.jpg

Dirigida por Michael Hoffman, la película, que adapta la novela de Jay Parini, se despliega majestuosamente, como lo es el tema que trata, en torno a la residencia campestre de Tolstoi. La trama se complica no sólo con las intrigas familiares y de Chertkov, que mete en la casa a un joven como espía y secretario del escritor, sino también con los amores del joven con una  muchacha de la comuna tolstoiana, todo ello con un ritmo desigual que parece en momentos contagiarse de la placidez de la campiña rusa y termina trepidando con los movimientos humanos en torno a Astapovo, la ultima estación donde Tolstoi morirá.

Y es que el viaje del joven Bulgakov ─ muy bien interpretado por James McAvoy─ dará via libre a ese final de opereta, que parece un epígono del alma rusa, tan apasionada, rudimentaria y dramática como el gran escritor que se acerca a su final. Gran recital de interpretaciones, no sólo un maravilloso y expresivo Christopher Plummer como Tolstoi, sino la inmesa Helen Miller como su esposa.

Su papel es de una complejidad, diversidad y hondura sorprendente, que muestra la fascinación de lo humano en toda su completud, con sus servidumbres y su grandeza. A pesar de sus pequeñas maldades, sus astucias femeninas y su dureza cuando le convenía, el personaje merecía mejor trato que el que le han dado algunos exégetas de su esposo, empezando por Chertkov. Muy adecuadamente el complejo y atormentado discípulo es interpretado por ese ladrón de escenas que se llama Paul Giamatti.

Jay Parini nos recuerda un episodio que tendría una importancia clave en la relación de Tolstoi con su mujer y que permite a Parini orquestar su novela como una dinámica coral de primeras voces que se van turnando dando cada una de ellas sus versiones de los hechos. Poco antes de su boda, movido por una voluptuosa exaltación de sinceridad, Tolstoi confió a su novia de 18 años frente a los 34 del autor)  el diario que venía escribiendo, y en el que se reflejaban sus ambiciones literarias, sus absurdas teorías de la vida, la pirotecnia de su brillantez intelectual a pesar de las inevitables contradicciones, todas las mezquindades de la vida íntima del enorme y descontrolado personaje, desde sus achaques fisicos --incluidos los mas miserables y dignos de discreción-- hasta sus fantasías eróticas y sus encuentros sexuales ocasionales con con gitanas zíngaras y campesinas. La pobre muchacha se horrorizó de la imagen que le brindaba el desmesurado escritor y ella misma comenzó a escribir su propio diario, que permitió leer a su marido. Con lo cual la lectura mutua de los diarios pasó de convertirse de un original instrumento comunicativo a ser un arsenal peligroso de reproches, vejaciones y miserías que acabó endureciendo la relación, aunque no logró acabar con ella hasta el episodio de la huida nocturna del escritor, acompañado de su joven secretario.

Esa sobrecarga de sinceridad puede cortocircuitar la relación más sólida. Por eso no es de extrañar que la figura de Tostoi sea tan complicada de analizar y conocer por la sobreabundancia de datos, opiniones y juicios emanados de los diarios que llevaron no solo la pareja protagonista sino los de su hija, su secretario, su medico, sus amigos, todos ellos influenciados por el virus literario que emanaba a raudales del escritor (que llevaba tres diarios paralelos, una de las pesadillas de su esposa que intrigaba en la pesquisa de los diarios y de lo que en ellos decía).

En suma, una oferta tentadora: lean la novela de Parini y visionen la película de Hoffman. De este festival sobre Tolstoi podéis pasar a un festival propiamente de Tolstoi: la lectura, por ejemplo, de "Guerra y Paz" y de "Ana Karerina", dos cumbres de la literatura de todos los tiempos.


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