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2 septiembre 2011 5 02 /09 /septiembre /2011 09:03

El-mundo-segun-Barney_cartel_peli.jpgSe puede disfrutar mucho con esta tragedia de un pobre infeliz, destinado a pifiarla en los peores momentos, alguien mediocre rodeado por seres mucho más interesantes que él, pero al mismo tiempo un indiscutible y enternecedor ejemplo de la apabullante normalidad del urbanita moderno de media edad. Es como usted y como yo, nada extraordinario y aunque semejante en la superficie a todos, un ser complejo y enternecedor, lleno de debilidades y de secretas generosidades con el que el destino juega a los dados sin ningún miramiento, solo arrancándole una media sonrisa dolorida y timida. La tragedia, el melodrama, golpean con sus alas pegajosas al pobre Barney, pero él se recompone y acaba saliendo magullado pero indemne del asunto. Las víctimas definitivas siempre son los demás, a Barney hasta sus tragedias personales acaban siéndole fieles: así al final de la vida el alzheimer le evita tener que sufrir con el recuerdo de sus ocasiones perdidas, sus errores y la estúpida tontería que le privó de la mujer única, a la que recupera en cierta forma por via de la compasión, sin que llegue a ser consciente de ello.

Esto es "El mundo según Barney", una película hecha a la medida de un gran, grandísimo actor, Paul Giamatti que presta su mirada inteligente e irónica, su aspecto de persona sencilla y no muy agraciada, --gordito, entrado en carnes, no muy alto-- a la persona pasiva, irrelevante y mediocre que configura un antihéroe decididamente sugestivo, incluso en sus peores momentos.

Dirigida por Richard J. Lewis con impresionante habilidad (el envejecimiento de más de treinta años de Giamatti, sólo a base de maquillaje y pelucas, sin que en ningún momento la cosa chirrie o el actor sobreactúe, es un ejemplo de bien hacer)  y basada en la novela de M. Richler "La  versión de Barney", la vida estereotipada de Barney se despliega a a base de flash back ante nuestros ojos seducidos  (a pesar de un cierto exceso de metraje), vemos a Barney en los sesenta viviendo la vida hippie, o casi, en Roma, conocemos a sus tres mejores amigos, a la histérica novia con quien va a casarse porque cree que es el causante de su embarazo, su posterior aficamiento en Canadá como guionista de éxito en una productora de televisión, tras el suicidio de su esposa. Más tarde, su segundo matrimonio con una rica heredera, forzado y absurdo desde el principio,  la desaparición de su mejor amigo --el ideal de lo que Barney hubiera querido ser-- y, por fin, el tercer matrimonio con el amor de su vida, una magnífica Rosamund Pike, que presta una dignidad y belleza enormes a su personaje, la creación de una familia y el estúpido fin de esa familia que él mismo facilita, como suele suceder, de una manera gratuita y absurda.

La película es ágil, está bien contada y goza de secuencias y diálogos de una gran brillantez. Sin duda es uno de los filmes que pueden constituirse en la mente del espectador como parte de su personal bagaje cinematográfico, que no siempre es de grandes películas de la historia del cine, sino de películas como esta, que sin ser magistrales, tienen un poso de humanidad ten certero que las rescata del olvido. 

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1 septiembre 2011 4 01 /09 /septiembre /2011 07:43

7334-1311-_visd_0000jpg002wa.jpgMarie Balmary es una psicoanalista francesa, en activo, que en los años setenta se atrevió a enfrentarse con el "establishment" freudiano (y supongo que lacaniano, como ella misma cuenta en su prólogo) de la Sorbona, proponiendo una relectura del mito de Edipo (tan fundamental en el corpus freudiano) y una forma diferente  de ejercer la famosa escucha activa o atención flotante que une al psicoanalista y su paciente en el ejercicio de la transferencia y la terapia. Naturalmente, años setenta, la propuesta fue rechazada, con cierta virulencia supongo, y la incansable Marie publica su tesis sobre los fundamentos del psicoanálisis en forma de libro y se convierte en piedra de escándalo entre los ortodoxos del psicoanalisis oficial.

A partir de ahí, la trayectoria de Marie se orienta a la práctica de una técnica psicoanalística de lectura en grupo de textos específicos, una suerte de análisis dialogante, abierto, intuitivo y sin cortapisas frente a textos de importancia capital en nuestra cultura: los libros fundacionales de nuestra civilización, entre otros, la Biblia. A través de pasajes y personajes del libro sagrado, Marie explicita los hallazgos psicoanalíticos y fomenta la cura de sus clientes o al menos la claridad en la percepción y las ideas, luchando contra el pensamiento cautivo por las doctrinas y los dogmas.

El libro que hoy nos ocupa, "El monje y la psicoanalista", fue publicado en francés en 2005 y traducido recientemente por Julia Argemí en la edición que presenta Fragmenta Editorial. En él, Marie Balmary utiliza la ficción narrativa para recrear su encuentro y amistad con el monje Marc-François, hermano de Jacques Lacan. A través de sus charlas, Balmary analiza las relaciones entre religión y psicoanálisis. Y las afronta proponiendo una búsqueda personal y profesional no tanto de lo que cura, sino de lo que salva. A  través de un dialogo realizado durante varias jornadas, entre los dos personajes cuya profesión da título a la obra, la autora nos ofrece una suerte de resumen de su método, sus análisis, sus dudas, sus descubrimientos y sus proyectos.

Como ella misma escribe "Todo me separa de un monje católico. No creo en Dios, y es probable que él no crea en el inconsciente. Para él, la verdad es divina, se ha revelado a los hombres e incluso se ha encarnado en un hombre. Para mí, la verdad es humana, permanece oculta y solo nos llega a través de lo que no sabemos. La palabra le viene de fuera; a mí, de dentro. Él ha escogido vivir como si estuviera más allá de la condición humana, en ese celibato, esa pobreza, esa comunidad masculina, esa vida religiosa. En cambio, mi vida y mi trabajo están inmersos en la diferencia de sexos y de generaciones, en la sociedad de mi época y en la investigación científica".

La conversación entre la psicoanalista judía que convalece de una grave enfermedad que casi le cuesta la vida --en una villa de montaña, propiedad de una  pareja de amigos,cerca de un monasterio-- y un monje católico, amigo de sus anfitriones, va surgiendo de una forma sumamente atractiva, con la maestría secuencial semejante a la que muestra el anónimo escritor de "Las mil y una noches" (en versión freudiana, claro está). Es un diálogo denso pero no aburrido o desmesurado, con la habilidad de disimular la latente pedagogía y permitiendo como Platón en sus Diálogos socráticos, que la verdad aparezca como el desenlace de un buen trhiller, ajustado a la lógica de los acontecimientos y a la vez sorprendente.

El lector disfrutará de este libro, aunque no conozca nada --en estos tiempos eso es casi imposible-- o conozca poco del psicoanálisis, y aunque conozca poco o nada de los sagrados libros que forman la Biblia y toda la tradición religiosa y espiritual que encierran. Esos dos temas centrales son el acicate intelectual pero también espiritual y humano que los dos personajes van tejiendo en torno a una amistad que va consolidándose conforme pasan las páginas.

Es un libro de análisis, de cultura superior, de inquietud espiritual y de audacia intelectual, el que nos ofrece Marie Balmary. Les confieso que se lee como una novela y te queda en la  mente como un desafío. De todos los temas y subtemas que tratan los dos inteligentes amigos, me quedo con el capitulo dedicado al episodio de Abraham y de su hijo Isaac, al que va a sacrificar por mandato divino y cuyo brazo armado detiene un ángel por orden también de Dios. ¿Una prueba? ¿Un signo de crueldad divina? ¿Una muestra del talante fanático e inhumano de ciertas religiones que amparan el sacrificio y la muerte humana como algo del agrado de un dios? El diálogo del monje y la analista desbroza esas incógnitas y proponen una sorprendente relectura.

Pueden creerme, este libro no tiene desperdicio.

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31 agosto 2011 3 31 /08 /agosto /2011 07:35

thumb-200-lamiradainvisible201108.jpgHe aquí un festival de interpretación femenina. Una película de mujer sola, reprimida y angustiada, de servilismo y deseos frustrados encerrados en el pecho y en el vientre, un alegato contra el fanatismo político, la hipocresía, la barbarie disfrazada de disciplina paramilitar y la libertad ausente, detenida y encerrada bajo las siete llaves de un sistema político castrador.

Todo eso es "La mirada invisible", una película argentina dirigida por Diego Leman que, con planos largos y minuciosos, con una lentitud de "nouvelle vague" y unos encuadres precisos de orfebre de la imagen, nos ofrece un filme magnífico y notable apoyado en la interpretación de Julieta Zylberberg, preceptora de un colegio de clase media alta, que se ofrece en un rasgo de servilismo degradante progresivo a vigilar a los alumnos del colegio para evitar transgresiones a las numerosas leyes represivas de la escuela (reflejo de las de la sociedad argentina de los ochenta) y para ello se embosca en los lavabos masculinos tratando de investigar si los alumnos fuman o hacen cualquier cosa prohibida en los  lavabos (y en realidad para entrar en una dinámica patética de espionaje erótico en pos de uno de los alumnos hacia el que se siente atraída hasta límites bochornosos).

Con la connivencia interesada del jefe de estudios, que devendrá pieza dramática muy activa al final de la película, la preceptora María Teresa, se foto-LAMIRADAINVISIBLE.jpgconvierte en un símbolo de la degradación moral que crea el sistema militar en la sociedad argentina. Allí se desarrolla un instrumento de delación y control, la mirada invisible, que es aquélla que lo registra todo y vigila sin cesar, "la que a todos mira y nadie ve", metáfora ineludible de la dictadura militar fascista que tendrá su final con el fiasco de la guerra de las Malvinas (y que volverá de nuevo, en otras formas, a aherrojar a los desdichados argentinos).

Los planos interminables de la arquitectura fría y simétrica del colegio, el gran patio con sus ajedrezadas baldosas en blanco y negro, la sinfonía exquisita de miradas, silencios, gestos ínfimos pero llenos de contenido, hacen de este filme una pequeña joya desasosegante que a los españoles de cierta edad nos resulta muy familiar. La voracidad de la mirada de la preceptora, su fondo castrador alentado por una frustración permanente, torturada por sus deseos sin escape, reflejan certeramente la inanidad de la noche de piedra de todas las dictaduras, sea cual sea el país donde se entronicen.

La película está basada en la novela de Martin Kohan "Ciencias morales" (que no tengo el probable gusto de haber leido) y muestra el pulso certero de un director que sabe su oficio, que sabe transformar la lentitud en sentimiento y el silencio en emoción. Recomendable para una educación sentimental y política de jóvenes espectadores, que no saben y no contestan cuando se les pregunta por las dictaduras ya sean fascistas o de izquierdas.

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30 agosto 2011 2 30 /08 /agosto /2011 07:35

conan-cartel1.jpgDe vez en cuando este fanático del cine "pincha" en hueso. Seducido por la nostalgia y envuelto en las mieles visuales del séptimo arte, cometo el error en contadas ocasiones de ir a ver una película sin antes haber pulsado ese rio oculto de cinefanáticos, un "gulfstream" subterráneo de críticos cítricos y nada empalagosos a los que raramente se les escapa una genialidad o un bodrio. Y esta es una de esas ocasiones.

Aficionado a los comics y cada vez más decepcionado visionador de películas basadas en comics, no supe resistirme al placer de reencontrarme con el bárbaro más famoso de la pantalla, héroe mítico de los cuadernos dibujados y escritos por Robert Ervin Howard ya hace muchos años. Tres décadas después de disfrutar como un enano con el "Conan el bárbaro" de John Milius, con ese armario ropero que fue Arnold Schwarzenegger, con su expresividad de zapatilla turca y su capacidad interpretativa bastante por debajo de la mona Chita de Tarzán, nos llega la homónima película de un director alemán trasplantado a Hollywood, Marcus Nispel, responsable de infumables remakes, como el de Viernes y 13 o La matanza de Texas (cosa de la que me he enterado posteriormente).

Cartel_de_Conan.jpgEl nuevo engendro cinematográfico de Nispel, interpretado, es un decir, por Jason Momoa, no sólo está a años luz en interés, dinamismo, humor y fuerza visual de la pelicula de Arnold (que no es una maravilla pero se ha convertido en un "clásico" por su ingenua rotundidad) sino que acaba adocenando al guerrero cimmerio y lo convierte en un gruñón desbocado que va jugando sus piezas en una partida rutinaria y con escaso interés, efectos especiales lamentables (con la excepción de los guerreros de arena, copiados de "La Momia") que apenas logran evitar la previsibilidad de un guión escrito por lo visto con prisas y sin ganas.

El malo, Khalar Zym y su hija paleo punk, buscan a través de una máscara mágica y el cuerpo de la bella amada de Conan, revitalizar el espectro de la esposa bruja del Zym-pático malo, surgido de cualquier película post apocaliptica (¿no les suena este embrollo a la lucha del Momia por traer a la vida a la esposa adultera del Faraon con Brendan Fraser luchando por evitar que su futura esposa se convierta en momia?).

En resumen, el Conan de Nispel no convencerá a nadie, ni siquiera a los niños, me temo. Los aficionados al personaje del comic se alquilarán el dvd del musculoso Arnold y los que no sepan nada de todo esto se preguntarán qué diablos hace un aficionado al cine en una película como esta.

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29 agosto 2011 1 29 /08 /agosto /2011 19:15

El pare va morir ahir, vint-i-sis d’agost, a les 10.15 hores, després de tres dies d’agonitzar i administrar-li morfina. Tres dies i dues nits escoltant el ritme d’una respiració compassada i feixuga que el meu cervell registrava pendent del moment que es trencava per una apnea. Aleshores dirigia la meva mirada a l’abdomen esperant recuperar la imatge del moviment toràcic que empenyia la caixa amunt i l’enfonsava, mostrant una lluita aferrissada per la vida.

Els ulls tancats, la pell freda i insensible, la boca oberta. No reaccionava pas ni a les carícies ni a les paraules, i això donava lloc al gran enigma: Pot sentir alguna cosa? És conscient de la nostra presència? Pot escoltar el que diem? En Jaume i jo vam acostumar-nos al seu rostre de cera, al color morat blanquinós del cos, a la presència de la mort que rondava pacient i impassible sabent en tot moment que tenia la batalla guanyada.

Sentia els badalls de la dama de la daga, insultants. Només ella descansava, el pare guerrejava contra un fantasma invencible; nosaltres patíem conscients i impotents enfront del desequilibri de forces. El desànim ens envaïa: No hi ha res a fer. No lluitis, entrega’t, pare. Mostra-li la bandera blanca. La mort sabia que sense menjar ni sense beure aigua, era qüestió d’hores. Havia planificat un setge final que acabaria amb la seva porfidiosa resistència. I el va vèncer!

Diuen que les olors ens evoquen records. Mentre el pare no va entrar en coma, l’habitació i ell desprenien la flaire de les colònies de nens; però les darreres hores, el baf de l’alè mortuori envaïa la cambra. Malgrat tenir les finestres obertes, -i l’atenció de les infermeres que fins mitja hora abans d’expirar el van canviar, li van curar les nafres, el van afaitar i perfumar- el que va començar sent un efluvi premonitori es va anar fent dens i persistent, hora rere hora, fins arribar a atrofiar-me les pituïtàries; fent-me perdre la consciència d’aquella flaire que algun dia tornaré a identificar.

Els metges no entenien pas la resistència del pare. Un cervell que s’havia desconnectat del lligam de gairebé tots els òrgans vitals, i un cor que bombejava amb escassesa, però suficient per permetre una respiració continuada, difícil i esgotadora que s’entestava a viure. Què el retenia encara a preservar l’estat vegetatiu sense esperança? Vam saber-ho quan van arribar els dos fills del meu germà que faltaven. En el moment que el seu llit va estar envoltat per tots el qui ell volia, va deixar anar el darrer alè.

El metge va certificar la seva defunció i ens va dir que havia estat un malalt agraït, educat i fàcil de portar. Les infermeres abans ens havien facilitat poder passar els tres darrers dies amb ell, sense cap mena de limitació d’horari ni de nombre de persones. Cada nit ens vam quedar dues persones, i de dia, ens alternàvem, entre quatre o cinc. Tot va ser planer, regnaven les bones formes, l’aparent cordialitat i la serenor, però la processó anava per dintre.

Va arribar l’hora d’escollir el vestit, el taüt, els recordatoris, la cerimònia i les flors. Ara es desplegava davant nostre un món de fantasia, on tot era possible: Digui’m el que vol i li aconseguirem. Tot fet a mida. L’habilitat dels serveis funeraris està en aconseguir que facis la major despesa possible. I la de la família a mantenir-se serena i no perdre el seny.

El pare volia ser enterrat al Mallol, on reposen les despulles dels avis. La seva germana, la Margarida, l’única que resta viva, ha anat pagant el nínxol i ens el va oferir. El divendres començaven les festes de Sant Bartomeu, festa major del poble on el pare va néixer. El capellà va acceptar celebrar la cerimònia l’endemà mateix, a les quatre de la tarda. Ens va preguntar si havia rebut els darrers sagraments. En Jaume i jo ens vam mirar, ni se’ns havia passat pel cap. Vaig contestar al mossèn que no va ser pas possible perquè feia temps que havia caigut en demència..

El funeral va posar en evidència el poc esperit religiós de la família. Ningú no sabia seguir la missa. Només s’escoltava la veu del capellà que va optar per respondre ell mateix allò que suposadament havíem de dir nosaltres. El pare no era pas practicant però creia en Déu, un Déu particular, íntim i senzill que predicava una doctrina basada en una sola frase: "No facis mal a ningú".

Adossat al temple hi ha el cementiri. Un quadrat deliciós amb el terra encatifat d’herba. La vista des de la plaça de l’església s’obre a la Vall d’en Bas i a les muntanyes que l’envolten. Hi havia banderoles, guarniments i la tarima dels músics per fer xerinola. Ves per on, pare, als teus noranta-un anys tornes a la festa, escoltaràs la música i sentiràs el xivarri dels joves i no tan joves que ballen sota l’envelat. Mentrestant i en silenci jo m’acomiado llegint els versos del teu recordatori:

Em costa imaginar-te

absent per sempre,

tants de records de tu

se m’acumulen,

que ni deixen espai

a la tristesa,

i et visc intensament

sense tenir-te.

 

 

ANNA

 

 

 

 

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29 agosto 2011 1 29 /08 /agosto /2011 09:56

sabina.jpgDe Joaquín Sabina, por supuesto, el cantautor desgarrado, algo canallita, entrañable, amado hasta el paroxismo por sus fieles y odiado con igual virulencia por quienes no tragan su castiza manera de ser, un malditismo cultural que oscila entre el aguardiente, el cigarrillo sempiterno y la granujería ligona permanente. Pero al mismo tiempo sus letras inteligentes, de una poesía a nivel de calle, es uno de los ejemplos de poesía musical popular más conectada a su tiempo. Joaquín Sabina es un hombre de su tiempo y sus canciones, muchas veces son tan poéticas como las de Serrat, pero quizá más cercanas a los niveles sociales medios y bajos, cuando no al lumpen. Sabina es un cantautor proletario, con aspecto y maneras de señorito andaluz o madrileño echado a perder. Un hombre ya maduro que parecer "habitar el país de la melancolía", como dice en sus canciones y en sus reflexiones : "la melancolía es un territorio donde caen las canciones, es una caída de la tarde, es una pareja que está perdiendo la pasión, son unas canas que aparecen, es el territorio de la poesía. No le tengo el menor miedo la melancolía, vivo ahí desde hace mucho tiempo.  Si uno está muy alegre o muy triste, de ahí no crece casi nada poético. Si uno está muy contento tiene que ir a dar saltos al parque, y si uno está muy enamorado echa polvo tras polvo… pero la melancolía es el sentimiento húmedo con el que nacen versos en la cabeza”

 El libro de Joaquín Carbonell, “Pongamos que hablo de Joaquín”, editado por Ediciones B, pone bastante las cosas en su sitio. Es un retrato apasionado, personal y con ansias de objetividad  -imposible tratándose de un espécimen como Joaquín— que se lee como una novela y que a los amigos de la música de Sabina nos desvela  mucho sobre su pasada trayectoria que ahora han creado en carácter casi icónico que Sabina presenta con sólo escuchar su voz cascada y su estilo personalísimo. El aporte de documentación, testimonios y vivencias en el entorno de Sabina o en vivo y en directo es pasmosa y se comprende que Carbonell haya tardado tres años en concluir su libro.  Ni siquiera sus enemigos más acérrimos serían capaces de arruinar una figura tan compleja, controvertida y tan rica en facetas de todo tipo. Como dice el mismo Sabina: "Yo no tengo tiempo para los enemigos, hay demasiadas ciudades por ver, demasiadas mujeres por conocer, demasiados libros por leer y canciones por escribir como para pararme a pensar en mis enemigos. Eso crea odios, porque a los miserables les encanta que tu les contestes y también seas un miserable, y si ven que realmente no tienes tiempo les pareces muy pretencioso, y no es eso, es sólo respeto a uno mismo".

 El libro de Carbonell, cantautor bien conocido en estas tierras, es además de un documento elaborado por un “connesseur” sabinesco, una profesión de fe y admiración profesional. Léase con respeto (por favor).

 

 

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28 agosto 2011 7 28 /08 /agosto /2011 07:25

bruc-poster-b.jpgDirige Daniel Benmayor y nos cuenta una historia pretendidamente histórica, que circula entre la peli de aventuras y las complacencia de un nacionalismo edulcorado y mítico (en el que afortunadamente se obvian cuestiones como el catalanismo) en una dicotomía invasor perverso y cruel y defensor sacrificado y heroico. Hay un aire de western crepuscular que no desmerece del todo, con un malo, un oficial francés amigo de Napoleón al que éste encarga la misión de salvar el honor de la France aportando la cabeza del lugareño catalán, carbonero en Montserrat, que se ha atrevido a simbolizar la primera derrota del ejército del gran corso: la guerra  en España, que en palabras del mismo Napoleón fue el inicio de la pérdida de su imperio. Para ello, el cruel e inquietante oficial, muy bien interpretado por Vicent Perez, acompañado de los cuatro magníficos, hombres duros y buenos luchadores, van en busca del carbonero que con su resistencia y el redoble de su tambor logró vencer a las tropas francesas en Montserrat. Leyenda épica basada levemente en la historia, creación de un héroe popular que uniera al pueblo y la milicia hispana contra el invasor, la pelicula nos aporta de una forma dinámica pero fría, sin llegar en ningun momento a emocionarnos, un desarrollo levantado sobre los cimientos estéticos de una bella fotografía y unas localizaciones en el mágico macizo que a cualquier aficionado a corretear por sus dificiles y empinadas veredas y caminos nos llena de satisfacción y nostalgia.

Hay lugares filmados en la película, que los que conocemos Montserrat, sus valles escondidos y sus rincones pétreos de difícil andadura, no nos suenan de nada (privilegio del creador cinematográfico que desde Melies han manipulado lo que fotografía para hacernos comulgar credibilidad con ruedas de molino de falsedad) y otros que reconocemos y nos encanta verlos en pantalla grande con toda su fuerza, su misterio y su indómita y salvaje belleza.

La historia comienza con las secuencias de la sonada victoria (por cierto en una garganta con rio , y con agua abundante, cosa inexistente en el seno del macizo,  que parece mas bien rodada en los estrechos de Arnes) y prosigue con la busca y captura de los cinco esbirros napoléonicos que tratan de dejar sin cabeza al humilde muchacho, interpretado de forma escasamente convincente por Juan José Ballesta y su novia, la bella Astrid Berges-Frisbey. La lucha entre los curtidos soldados y el montaraz muchacho, con secuencias que recuerdan a Rambo en la selva o al capitán que busca en el fondo de las tinieblas al coronel Kurtz en "Apocalipsis Now", configura una peli de comandos "avant la letre", sencilla y elemental, que no obstante seduce al espectador, a pesar de planteamientos tópicos e improbables, divagaciones impertinentes y superficialidad argumental.

"Bruc, el desafío" es una película española  de acción "histórica" que no desmerece y que evita con honestidad y eficacia el panfletismo de charanga nacionalista, deviniendo en una cinta de acción de la serie B con muchas virtudes y pocos aunque visibles defectos.

No sé si por la localización, las imágenes aéraas del macizo y algunas reconstrucciones fotográficas de los lugares que tanto amo, pero he disfrutado viendo "Bruc". Debilidades que tiene uno.

 

 

 

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27 agosto 2011 6 27 /08 /agosto /2011 09:38

excursiones-5786.JPGLo que más me sorprende de este maravilloso triángulo isósceles que conforman els Ports, con la punta superior sobre la Terra Alta y Prat de Comte y la base del triángulo entre La Portella del Pinell y el Tossal del Rey, aparte de la amplia diversidad paisajística, la complejidad de su entorno, la superabundancia geológica que alucina al observador y la belleza inagotable de sus cumbres, valles, gargantas y rincones, es una característica que también me fascina: la capacidad de encantarte una y otra vez con lugares y rincones que enamoran. Los naturales del sur de la Terra Alta, el Baix Ebre, el Montsiá y el Matarraña pueden estar satisfechos, limítrofes todos con ese enorme pastel de roca calcárea y conglomerado que guarda en sus entrañas unos paisajes de verdadera antología.

En esta ocasión, vamos a recorrer una zona no demasiado ignorada pero que conforma un recorrido senderista de unas 4 o 5 horas, variado y con un final de premio gordo: el Toll del Vidre. Una guinda muy adecuada en jornadas de calor, cuando del cielo te cae una cálida y pegajosa sensación de que te vas a derretir en cualquier momento y consumes líquido cual dromedario en horas bajas.

Salimos de Arnes por una pista señalizada, en la entrada del pueblo, que lleva al Toll del Vidre. Son unos cinco kms de pista estrecha, conducid atentos, no cabe más que un coche y a veces hay que dejar paso y apartarse. Tras el recorrido, hay un aparcamiento bajo los pinos, a la izquierda, frente a las ruinas de un maset. Sin embargo les propongo que sigan por la pista hasta otro parking que hay junto al Toll del Vidre y regresen andando hasta el primero, ya que desde allí parte el sendero que vamos a coger. ¿Razón? Simple: es mejor hacer esos casi dos kms de pista caminando con las primeras horas de la mañana y descansado, que al terminar la excursión, en horas de más calor y con casi cinco horas de caminata por desniveles considerables. Se agradece que en ese punto esté el coche para volver. De nada.excursiones-5787.JPG

Una vez de nuevo en el primer parking, vemos el sendero que enfila por el interior del bosque en dirección a les Valls. Diez minutos después de comenzar nos encontramos con que hemos de cruzar el rio Algars en el primero de los muchos cruces que haremos a lo largo de la excursión. Casi inmediatamente comenzamos a recorrer un paraje que recuerda el de los Estrets, pero más pequeño y como más salvaje. El rio tiene menos caudal y las pozas son pequeñas, pero asombra el contraste entre sus aguas y la roca gris, blanquecina, anaranjada en algunos sitios, más los verdes rabiosos de la vegetación de ribera, los árboles diseminados, las paredes angostas...el recorrido es  breve pero mágico. Pasamos bajo la enorme mole rojiza de la Roca Grossa, paraíso del escalador, que domina todo el rato el angosto desfiladero. Al otro lado vemos los restos bastante enteros del mas del Botzut (donde observé la pasmosa presencia casi fantasmal de un macho cabrío subido a uno de los muros, recortándose contra el follaje que invade la vieja masía). Es esa otra costante de este bellísimo camino: el paso ante o cerca de numerosas masías de nombres evocadores de la población que hubo en tiempos en la zona. La segunda que veremos es el mas de les Valls, totalmente derruida, en el centro de un bancal, con el coll de la Ferrera al fondo.

Volvemos a cruzar el río, en este punto no hay agua, todos son rocas blanquecinas por un limo podrido y seco, y nos encontramos con una bifurcació. Por la derecha se va al coll de Xertó y seguiremos por la izquierda en una subida constante que nos lleva al barranco de les Tosques o del Pedregal. Durante más de una hora cruzaremos a lo largo del barranco, disfrutando de un paisaje riquísimo en arboleda y un sendero que sube y baja entre pedregales. A punto de llegar al Estret de l'Home, en un coll breve como un suspiro, hay un lugar donde parecen haberse desnudado todos los vientos y uno siente, junto a una roca de apariencia y forma muy original, una especie de menhir de Obelix, como si se encontrara en la Cima de los vientos. Un par de metros antes o después de ese minicoll, no hay viento alguno.

El Estret de l´Home, es una estrecha y corta garganta, entre dos paredes grises de apariencia de cemento, festoneada de vegetación, con el lecho pleno de rocas de distinto tamaño que parecen restos de una riada monstruosa. Antes de dejar el barranco podemos echar un trago en la fuente del Pedregal, a la vera del sendero que sube, dos troncos vaciados en los que se vierte el agua fría de un caño nada abundante.

Aqui abandonaremos los lugares mágicos y buscamos la pista de la Franqueta que sube al coll de Miralles (nosotros iremos en dirección opuesta) y con ella atravesamos el barranco que dejamos atrás, a los pies de una alta pared desde donde en tiempos de lluvias el agua hace un salto magnífico. La pista nos lleva (y termina) en el Coll de Monfort. Allí mismo cogemos un camino a la derecha que baja abruptamente por el bosque. El desnivel es fuerte y la bajada permanente, y  a menudo exigente, pero nada peligrosa y poco resbaladiza. Con atención y cuidado no hay problema.excursiones-5592.JPG

Llegamos al valle, con el río Algars serpenteando en su fondo, por el mas del Llosero, bastante en ruinas. Hemos de atravesar el lecho del río, vadeando entre piedras si no queremos mojarnos, y tenemos encima el perfil blanco del hemoso mas de Pau, muy bien conservado, que se levanta junto a árboles enormes, carrascas, robles y pinos.

Desde aquí, se pierde la magia un poco salvaje del valle y el barrancal, pero la pista, larga y cómoda, transcurre siempre jugando a encuentros y desencuentros con el río, cuya corriente plácida hemos de atravesar una y otra vez saltando entre piedras o, los que lleven calzado apropiedo, mojándonos y refrescándonos.

Minutos mas tarde llegamos al Mas de Damià, rehabilitado y que sirve de refugio montañero libre (limpio y en buenas condiciones, por lo que pude observar). Nos queda casi una hora más de paseo hasta el Toll del Vidre, en cuyas aguas esmeraldas vale la pena darse un baño. Si previsoramente hemos dejado el coche allí, se acaba la excursión. Memorable.

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26 agosto 2011 5 26 /08 /agosto /2011 08:52

the-beaver-cartel2.jpgDirigida por Jodie Foster, la ex niña superdotada que ya es una mujer madura e inteligente a la que le ha quedado cierta tensión permanente en la sonrisa, "El castor" es una de esas películas que justifica por sí sola el tan denigrado star sistem de Hollywood,  ya que aunque parece más propia de los canales de películas que ambicionan calidad (debería haber sido presentada en el Sundance festival que dirige con mano maestra Robert Redford) se ha atrevido a colarse entre los estrenos banales del mes. Interpretada por la propia Foster y un magnificamente patético Mel Gibson (en el papel más excepcional y ajustado de su carrera), junto a un elenco de muy buenos secundarios, nos  presenta ese tipo de historia que podría ser veneno para la taquilla: un industrial juguetero golpeado por una depresión mayor, con intento de suicidio incluido, que traspasa la responsabilidad de la cura a un peluche, un castor al que la pericia de Foster y la habilidad interpretativa de Gibson --ligeramente excesiva, plena de tics, pero con el añadido dramático de que el espectador informado sabe que el actor no está o ha estado muy lejos de su personaje--llenan el filme de una verosimilitud dramática. Y terrorífica al final.

Tratar un caso patológico, una esquizofrenia maniacodepresiva resuelta con automutilación, como una comedia  con final feliz y detalles de autosuperación tipo USA, no acaba de ser una buena idea y por eso, a mi parecer, la película se resiente, a pesar de la fuerza de la propuesta y el festival de gestos y expresiones dolorosas de Gibson. Y es que "El castor", es Gibson  y no trato de mostrar la evidencia de la interpretación, sino afirmar que los fantasmas personales del actor han dado cuerda vital a ese muñeco siniestro que habla como un manual de autosuperación y acaba siendo un manipulador infernal.

Mi "pero" mas consistente a la película va dirigido a Jodie Foster que en ocasiones banaliza el guión, volcándolo en el patetismo o en el ridículo, como si el trato  con el delirio esquizoide de su marido fuese demasiado para ella.

Tampoco la historia paralela del hijo mayor que odia a su padre y apunta las similitudes como monstruosidades, sigue un engarce creíble con la premisa mayor: la enfermedad del padre. El final feliz para el chico, gracias exclusivamente a que el amor funciona con su chica, vulgariza a un personaje de tanta o más complejidad que la del padre y desmiente su inteligencia y su sensibilidad -rozando también la patología- que ha mostrado durante todo el metraje.

Pelicula fallida, pero muy digna de verse, que constituirá con el tiempo una de las películas de culto de esa mujer tan interesante que es Jodie Foster.

  

 

 

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25 agosto 2011 4 25 /08 /agosto /2011 08:18

solo-una-noche-cartel1.jpgHe aquí una versión posmoderna de "Secretos de un matrimonio". Hay mucho de Bergman en "Last night" que dirige con acierto casi pleno Massy Tadjedin. Los sueños, los deseos, la infidelidad mental aunque no física, la represión , el miedo, las emociones desbocadas, la seducción, el arrepentimiento...todos los cajones secretos y también los evidentes de esa cómoda de la habitación común que es el matrimonio.

Keira Knightley, muy lejos de los "Piratas del Caribe" presta su rostro sensual e inteligente a la esposa, Sam Worthington al joven marido y Eva Mendes y Guillaume Canet (muy lejos también de "El caso farewell") a las dos piezas que van a elevar la tensión en el rutinario proceso de un matrimonio que dura demasiado para lo poco que reciben sus protagonistas.

La propuesta sería tópica si no estuviera sembrada de observaciones y detalles de una sutileza a veces dolorosa que enriquecen la historia y la hacen huir de los estereotipos del género. La dinámica entre los dos esposos y sus respectivos némesis emocionales, el anteriormente amado escritor francés, aparecido del pasado de ella que, concesión al tópico, nunca ha dejado de amarla, y la chica nueva de la oficina de él, Eva Mendes, con su enorme carga sexy y el capricho de seducción que ejercita para vencer la resistencia --un tanto bovina-- del esposo traidor.

La sospecha y los celos alimentan la pasión prohibida de ella, aunque sin ceder el triunfo carnal, mientras que el hastío y la aventura prohibida alimentan la caída de él. Esa es la diferencia, una vez más tópica, en la historia de Tadjedin: ella viaja por el ámbito del deseo reprimido, del "plus" femenino de control de lo físico por el poder de lo romántico, mientras él se deja vencer en el último minuto (más o menos los presupuestos de "Eyes wide shut" la película póstuma de Kubrick).

Para regodeo del espectador destacamos el plano final de la película, cuando el marido infiel vuelve un dia antes de lo esperado al redil, lleno de conflictivos sentimientos, de arrepentimiento y culpa y se encuentra a su esposa en pleno lloro tristísimo, interpretando que es por su ausencia, hasta que ve en el suelo los zapatos de fiesta de ella y comprueba que ahí hay algo que él desconoce y se aparta de ella con una mirada llena de sospechas (aunque su culpa le impide decir nada) mientras la mujer nos muestra en sus ojos que ha quedado herida de verdad en sus sentimientos hacia el antiguo amigo, quizá por no haber consumado su encuentro...

 

 

 

 

 

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