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9 noviembre 2010 2 09 /11 /noviembre /2010 20:30

P10401451.jpg Dicen en Aragón, mi patria  más cercana, que en el Turbón nacen algunos de los vientos más duros e inquietos de esta tierra. Creencia que comparte con el Moncayo, aunque en el Turbón se acentúa la versión más inquietante pues es lugar donde la tradición y las leyendas ubican la presencia de brujas, sortilegios y maleficios. Hasta bien cumplido el siglo XIX, casi a las puertas del XX, esas  leyenda y consejas anidaban en el saber popular ya que no quedaban muy lejos los ultimos procesos inquisitoriales contra algunas mujeres de los alrededores  tenidas por brujas y condenadas. Se trata de una injusticia histórica que en  peor de los casos dañaba a una pobre mujer malquista por algunos vecinos y en otros, eran verdaderas sanadoras, mujeres de conocimiento, cuyo saber del efecto salutífero y reparador  de hierbas y productos de la naturaleza, creaban confusión, envidia y codicia en el poder de entonces azuzado por intereses bastardos de médicos y curanderos.

En esta ocasión, finales de octubre, caminamos tres amigos, Jaime, Sergio y quien esto escribe. Salimos de madrugada, cuando aún el sol no había despuntado sobre el macizo y apenas era una promesa de luz sobre el Cervín, una escarpada montaña solitaria que domina e lpueblo de Campo (679 m) donde habíamos pernoctado. Aún oscuro atravesamos el Valle de Lierp, por Aguascaldas y Egea donde nos desviamos hacia Serrate, ya en las laderas cortadas a hachazos de un gigante, formaciones calcáreas que recuerdan un poco al Montserrat catalán, del macizo del Turbón. Una pista de montaña subirá haciendo eses durante más de siete kilómetros hacia el refugio de La Plana, desde  los 1.120 del acceso hasta los 2020 del refugio.. Es una cansina y constante subida, novecientos metros, que nos llevará por la ladera pelada, con pocos árboles y muchos arbustos, piedra caliza y formaciones de granito y solida roca, hasta La Plana, donde se encuentra el refugio. Se trata de una gran pradera ondulada, una enorme extensión herbosa, sin más vegetación, que la hierba de las cumbres, que da accseso al ultimo tramo de subida al Castillo de  Turbón (a 2492 metros). Es una canal pedregosa, un roquedal o ,pedriza, roca viva, tarteras de piedra desmenuzada,  dificultosas y resbaladizas,  en una pendiente constante de más de cuatrocientos metros de desnivel, con tramos delicados y una cumbre aérea de quistes pizarrosos,  aunque poco peligrosa y bastante fácil de superar. La mejor forma de superar la tartera es subir hacia la izquierda del inicio hasta llegar a terreno más sólido y a un estrechamiento que lleva a la cumbre. Tras más de cinco horas de marcha (contando con paradas para hacer fotos y beber) llegamos a la cima, donde admiramos  la soberbia pared  de la Coma de san Adrian que se abre enfrente, creando la particularísima "U" que conforma el macizo. La cresta es fácil de cubrir hasta el vértice geodésico. La vista es soberbia: al norte la Coma o valle de san Adrian, con su forma de frontón rojizo arcilloso inclinado y los valles de Benasque y el Alto Isábena, las cumbres del Maladeta, Posets, Perdiguero  y la punta inevitable del Aneto, al sur los valles de Lierp y Bardaijí y al oeste el macizo de Cotiella.

Tras una media hora de descanso y refrigerio, hicimos el descenso que, como todo buen montañero sabe, es uno de los momentos másdelicados de la excursión. Uno está cansado y puede añadir al cansancio un ciertto descuido. Por ello, nos tommos nuestro tiempo y sólo después de la tartera de decenso, en l  larguísima pista, nos permitimos hacer frecuentes bajadas corriendo, acortando el largo tiempo de bajada. Con un total de nueve horas y pico desde la salida nos encontramo en el rincón donde habíamos dejado el coche, justo junto al final de la carretera y el inicio de la pista.

En la foto, Jaime me sigue a bastante distancia. Sergio se ha atrasado para hacer la foto. Llegamos cansados y felices. El Tubón, a pesar de su leyenda, es una montaña hermosa, de relieves ariscos, agujas inverosímiles y grietas y estrechamientos espectaculares, carenas serradas y precipicios espeluznantes, junto a valles minimos y acogedores, que exige respeto, cuidado y una cierta energía. En realidad, como todas.

 

 

 

 

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7 noviembre 2010 7 07 /11 /noviembre /2010 21:57

 

Josep Igual ( (Benicarló 1966) es un narrador con un bagaje de publicaciones respetable y por lo que veo bastante prolífico. Galardonado con abundancia, su mejor tarjeta de presentación es su propia pluma. Las narraciones, estampas, pinceladas y guiños literarios que conforman su ultimo libro “No és el que sembla” muestran un talento creativo, unas dotes de observación y un dominio del lenguaje y de la técnica del diálogo que llaman la atención. Con un desarrollo a veces fulgurante, otras premioso y en alguna ocasión frustrado, su pluma fuerza una lectura siempre sugestiva que a veces deja al lector con la miel en los labios y otras provoca un retorcimiento de la lógica y el ritmo que sorprende. Sus bazas son el manejo de situaciones cotidianas que oscilan entre el realismo más duro, con un tratamiento del sexo siempre áspero y operativo y evocaciones oníricas, sorteadas con humor y un escepticismo nada sentimental aderezado siempre con una ironía sin paliativos. Hay historias resueltas en menos de treinta líneas con un final abierto y otras que cumplen su ciclo y dejan pensativo o satisfecho al lector. La selección de relatos es irregular y junto a relatos redondos como el de la tarotista con marcha o el del profeta que trata de resucitar a un lázaro desternillante, otros tratan de forzar los géneros (ciencia ficción, robótica, abducciones, o la crónica de sucesos desnuda). Pero en esencia en todos ellos hay algo que ennoblece el resultado final: Josep Igual es un narrador de fuste. Sus personajes son creíbles y están llenos de ese duro desencanto de la vida cotidiana, armados con unos diálogos directos y unas situaciones que casi siempre interesan al lector, descritos con un lenguaje austero y sin contemplaciones, aunque a menudo roza el surrealismo y un cierto tremendismo escatológico. La conexión con la historia reciente, la tragedia de los Alfaques o el 11 S, está evocada con agilidad y talento. Y, a veces, como en el relato de los niños y la gitana, ese talento resplandece y tiene un aliento propio, eso tan difícil de hallar que se llama encanto.

En resumen, “No és el que sembla”, ofrece un buen y esperanzador ejemplo de lo que es capaz de hacer un narrador de fuste, con toda su irregular creatividad, entre la ironía, el humor y una cierta crueldad, es decir, y esto es algo importante, tal como el espejo de la literatura refleja la vida de este nuestro desnortado siglo. Recomendable, sin duda.

FICHA:

“No és el que sembla”, Josep Igual, Cossetània edicions, Valls, 2010, 126 páginas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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6 noviembre 2010 6 06 /11 /noviembre /2010 19:57

Ha sido una mañana formidable. Hemos seguido el GR-5 desde Santa Cecilia, el bellísimo templo románico del siglo XV, restaurado con mucho gusto, en el entorno privilegiado de la carretera al Monasterio, con el Cavall Bernat y los Frares Encantats como telón de fondo: El misterio hecho piedra, agujas y vertiginosas paredes rocosas que es Montserrat, festoneado por todas las gamas del verde. A la hora de la cita montañera, las diez de la mañana, una niebla espesa, ríase usted del puré de guisantes londinense, creaba dificultades para circular y hacía imposible adivinar el magnifico escenario natural, a no ser que ya lo conocieras. Tres hombres y dos mujeres reunidos por el común amor a la montaña en general y a Montserrat en particular. Durante las casi dos horas de ascenso suave, la niebla comenzó a esponjarse con claros en los que reinaba un sol primaveral y un cielo límpido, de un tenue azul celeste.

Algo más de tres horas de recorrido, poco más que un  paseo, a pesar de las quejas, simpáticas y poco creíbles,  del novato del grupo, Xavi. A la hora de comer, como es preceptivo, comida fraternal en La Vinya Nova, el tradicional restaurante de masía, carne a la brasa, ensaladas y papas con all i oli, secas y butifarra. Entonces allí ocurrió el milagro. ¿Qué milagro? ¿Los panes y los peces, el vino surgido del agua, Lázaro reclamando su porción de condumio, que los dueños de la Vinya Nova invitaran a comer gratis por un dia? No. Algo más entrañable. La manifestación de una cualidad humana de primer orden, a la altura del amor o la compasión, la presencia súbita e inesperada del ejercicio gratuito, desinteresado, generoso y poderoso de la amistad. Si, la simple y tan manipulada noción, concepto, idea, de la amistad. La amistad hecha carne, identidad y sonrisa, palabra y guiño, brindis y sinceridad, la amistad como colofón a años de compartir vivencias, trabajos, alegrías y algunas penas, confidencias, encuentros, silencios forzados y olvidos rutinarios y sin mala intención. La amistad como emanación del ser humano en su versión más libre, amable y generosa.

El sujeto de tamaña manifestación, el que esto firma. Sus actores principales: amigos, compañeros de trabajo y camino, Domingo, Alfred, Sergi, Xavi, Esther, el gran Brunetti, Albert y la complicidad entrañable de mi propia esposa, Anna. Un hermoso regalo de todos y otro regalo aún más importante y duradero: el testimonio personal, intimo y conmovedor de su cariño.

La caminata hoy, más que nunca, ha sido una fiesta. Me siento orgulloso y al tiempo humildemente agradecido de haber inspirado estos momentos.

 

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3 noviembre 2010 3 03 /11 /noviembre /2010 15:49

Digamos que un escritor es como un cocinero experimentado. Una persona que conoce los ingredientes que conforman un plato determinado, sabe dónde adquirirlos (o tiene una nutrida despensa donde ha ido almacenándolos), domina más o menos las técnicas de cocción, ensamblaje de elementos y orden de colocación, sabe acudir a su instinto profesional (educado por mucho tiempo de vivencias, lecturas y aprendizaje)  y aplica un tempo que es distinto para cada plato.

Pues bien, en mi despensa ya existe una modesta representación de platos únicos que han salido al mundo (siete novelas, un libro de relatos, dos de ensayo), un reservorio de platos acabados  que solo esperan la sanción definitiva del autor para lanzarlos a la palestra, entre los que hay novelas (tres), relatos (los suficientes para formar dos o tres volúmenes), dos ensayos (budismo zen y psicoanálisis más otro sobre ética) y casi un centenar de poesías que seguramente nunca me decidiré a publicar. Únase a este bagaje un limbo de novelas frustradas, proyectos en diversas fases de realización y el material inclasificable que suele tapizar el suelo y las paredes de todo grafómano que se precie, escribidor obsesivo, pensador en esencias y poeta  de la vida fascinado por la belleza, el drama, el humor y la tragedia de la existencia.

Precisamente es esa existencia incontrolable, sorprendente y  sabia, la que ha dado un giro copernicano y me permite, tras un largo paréntesis de décadas, volver a mi ocupación primordial, la escritura, la creación literaria, la crítica de libros y el desenfadado placer de mis actvidades deportivas, el montañismo esencialmente.

Vivo a caballo entre la gran urbe, Barcelona, madre putativa de mi carrera literaria y mi profesión periodística y mi refugio matarrañense, Torre del Compte. Un periodismo activo durante cuarenta años  en uno de los grandes diarios del país me ha enriquecido formalmente en vivencias y conocimientos, política internacional, critica literaria y de cine, páginas de opinión, entrevistas con escritores, políticos y pensadores, amén de dotarme a través de los años de práctica en la técnica de la escritura dirigida a otros, el reportaje, la crónica, el editorial, la reseña...

Ahora mi despensa está bastante llena, mis proyectos abundan, mi disponibilidad es considerable y mi energía está a niveles óptimos.

Sigamos, pues. Me pongo manos a la obra, como un humilde artesano dispuesto a doblegarse ante la exigente hydra literaria, dejando que toda esa acumulación intelectual y vital destile, si los dioses y las musas de los escritores me son propicios, un néctar literario que puede, o no, decantarse en esa obra única que conmueva a alguien y justifique en la alquimia maravillosa de la lectura, todos los trabjos, esfuerzos y desvelos implícitos a este oficio.

 

 

 

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2 noviembre 2010 2 02 /11 /noviembre /2010 17:38

Esta mañana cuando mi amigo David y yo recorríamos las pistas forestales al este de Peñarroya de Tastavins, un cielo gris con nubes oscuras pasando velozmente de valle en valle, desgajándose en una neblina algodonosa sobre las carenas cercanas pobladas de pinos blancos y carrascas hacía presagiar algun que otro chubasco.

-¿Estás seguro de que es por aquí?

Repasé el viejo libro apergaminado de hojas amarilleadas por el tiempo y los hongos.

--No da localizaciones exactas. Entonces no existían los gps y la cartografía estaba en sus inicios, aun basándose en las  técnicas de Ptolomeo y la lectura de las estrellas. ¿Cómo puedo saberlo? Me guío por esta frase que el oscuro monje benedictino escribió en su códice: "Camina por el este del Tastavins, hacia la larga cadena de rocas cortadas como por el hacha de un gigante, semejante quizá al cuerpo de una nave abierta por el medio". Y aún más claro, "cercano a un gran conglomerado de rocas altísimas que forman como una gran mesa alzada sobre los mares de arboles, cual ancho altar donde comen lo dioses paganos, acompañados por el ruido de aves carroñeras que en lugar abundan".

--Quizá se refería a Masmut.

David me señaló con un gesto los cingles rojizos de la meseta y al fondo la herida blanca de la montaña cortada, una alargada pared gris claro que corría de norte a sur ganando en altura.

--Podría ser.

--Bueno, mientras investigamos podemos seguir el plan B.

--Optimista y práctico David. ¿De qué se trata?

--Bueno, si no encontramos huella alguna de tus bayas, ese pueblo misterioso que crees más antiguos que los iberos, siempre podemos tratar de encontrar algunas setas que luego podemos comer en amigable condumio, bien regadas por un par de botellitas que tengo guardadas para ocasiones como esta.

--Bueno, no creo que haya especímenes de los bayas ya en estos días. Pero quizá encontremos alguna huella de su existencia. Según el antiguo pergamino hallado en Cretas,  se dejaron ver por romanos, visigodos, arabes y colonos castellanos y aragoneses que aprovecharon las llamadas y privilegios de reyes y señores. Si es cierto que no son una leyenda, dejaron maravillados  a los que les vieron o trataron con ellos por su avanzadísima cultura y una tecnología entonces inexistente y casi inimaginable.

--Oye, no se si te das cuenta que todo esto suena a la búsqueda del Santo Grial, los caballeros de la Mesa Redonda y una mezcla de Benitez el de los misterios y un hispano Indiana Jones.

--Eres un genio, David. Así es, una especie de Santo Grial pero mas digno de nuestra época que de aquellos remotos tiempos.

Mi amigo detuvo el 4x4. Se volvió lentamente hacia mi y me espetó:

--¿Qué es...exactamente...lo que estamos...buscando?

 

 

Bien...la mañana siguió sin grandes descubrimientos, sin sustos ni aventuras, desgraciadamente sin hallazgos. No hubo lluvia y no hubo huellas de los bayas y mucho menos Santo Grial. Encontramos una docena de rovellones, un buen montón de bolets de bestiar y una infinidad de brunetes.

A media tarde  mientras digeríamos el festín de setas a la vera de un buen fuego, compartíamos un licor de hierbas helado y fumábamos dos puros habanos, al estilo Cabrera Infante, puro humo, le conté a mi amigo algo de lo que sabía de los bayas, el estado de mi libro dedicado a ese pueblo maravilloso y desconocido y mi compromiso de llevar esta empresa a cabo como el cumplimiento de una promesa a un personaje misterioso que abrió la puerta de  mi vida a esa apasionante civilización que enraizó en la zona del Matarraña cuando aún no tenía ese nombre y nadie había soñado en dárselo.

Eran los tiempos en que todo era tan nuevo que las cosas, los montes y los rios aún no tenían nombre. Entonces aparecieron...

 

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1 noviembre 2010 1 01 /11 /noviembre /2010 17:39

En los años noventa del pasado siglo,  preparaba un doctorado en psicoanálisis y me sentía fascinado por la neurología y las ciencias del cerebro en general. No olvidéis que habia sido declarada la década del cerebro y los avances en neuroanatomía, neurofisiología y ciencias afines habían sido muy prometedores. Me mantenía al corriente hasta la medida de mis posibilidades (entronces más escasas que hoy dia) sobre tales avances. Y esto lo hacía por dos motivos principales. mi convicción fuertemente intuitiva y también informada  de que en el cerebro se esconde la esencia del ser humano y su relación con el mundo que le rodea y con sus semejantes y las, digamos coincidencias, entre los hallazgos científicos  y las descripciones que de esa relación cosmogónica hacían las disciplinas espirituales de origen oriental y mucho más veladamente las tradiciones religiosas occidentales, tan manipuladas por las iglesias (desde algunos padres del desierto al maestro Echkart,  san Juan de la Cruz o en nuestra época Merton, el padre Enomiya Lasalle o nuestro recién fallecido Pánikkar...

Soy practicante zen, aunque un practicante escéptico, muy disciplinado y nada apegado a maestros y liturgias varias. Mi práctica se debía al convencimiento de que la "sentada" o meditación zen no era más que una disciplina de tipo físico-mental que superaba la paradoja de hacer de la práctica una relación desinteresada y sin objetivos con el ejercicio del silencio de la mente, es decir y con idioma neurológico del hoy, propiciar el silencio del hemisferio izquierdo del cerebro y animar de alguna manera la preponderancia del hemisferio derecho, el intuitivo, el "femenino" (qué gran piropo a las mujeres disfrazado de insulto y menosprecio), el "irracional", el poco disciplinado, el artítstico, el descontrolado. Con una práctica continua y despojada de búsquedas espirituales, de iluminaciones o de adquisiciones de virtudes o propiedades operativas espectaculares, de nuevo de forma paradójica, podía producirse un fenómeno bien documentado por las tradiciones religiosas y esprituales de todo el mundo: la llamada iluminación, satori, visión de Dios, el estallido de la kundalini. 

Ahora, tras la lectura del libro de la doctora Jill B. Taylor, "Un ataque de lucidez" (publicado por la editorial Debate), una neuroanatomista que sufrió un demoledor ictus en el hemisferio izquierdo del cerebro, recibo una noticia alentadora: el descubrimiento de la zona exacta del cerebro donde radica tal experiencia o vivencia, calificada como sentimiento oceánico. El problema está en que tal zona se activa unicamente cuando  disminuye la actividad en los centros de lenguaje del hemisferio izquierdo, lo que provoca el enmudecimiento de la permanente charla mental, se establece uin silencio total, unido a otra disminución de actividad en la zona de orientación y asociación, situada en la circunvalacion posterior del h. izquierdo, lo que hace desaparecer el sentido del yo y los limites fisicos personales, con lo que fluimos con el resto del universo y no nos sentimos ni seres solidos ni separados de lo que nos rodea, y, en fin, desaparecen los miedos, cautelas, estrategias de evitación y huida, recuerdos y aprendizajes que maneja el hemisferio ziquierdo. Resultado total: LA  PERCEPCIÓN DE UNO MISMO COMO UNA PARTE INMENSAMENTE FELIZ DEL COSMOS.  Todo está bien y no hace falta nada más. Estamos completos y en absoluta paz y concordia. Es decir: la iluminación perseguida por santos y gurus y sólo vislumbrada por unos pocos artristas, poetas e intelectuales ol simples hombres sencillos, quiza ignoarntes, pero inmensaqmente sensibles e  intuitivos.

Os preguntareis pues, si es preciso un ictus en el hemisferio izquierdo para ser capaces de vivir esa experiencia totalmente renovadora y revolucuionaria. No, si os fijáis en las condiciones,son las mismas que preconizan las disiciplinas espirtuales de las que hemos hablado. Por tanto, aunque nadie lo puede garantizar, aparte del ictus u otros accidentes cerebro vasculares, las diciplinas de meditación, cuanto más desinteresadas y irreligiosas mejor, nos pueden acercar a las condiciones precisas para que el fenómeno se produzca en algún momento inesperado. No hay progresión sistemática en esto, depende de conexiones nauronales sobre las que no tenemos control: solo facilitamos el caldo de cultivo donde se producen.

Seguiremos con esto en algún momento.

Como artículo de bienvenida a mi blog, creo que es suficiente y tal vez demasiado.

Buenas noches y buena reflexión.

ALBERTO

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  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
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