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22 abril 2011 5 22 /04 /abril /2011 12:30

Neil Burger, el director de "Sin limites"  ha tardado varios años en rodar tras "El ilusionista",  un ejercicio clásico de cine de bastante calidad. Debería haber hecho mejor los deberes, para estar a la altura que él mismo se puso. Ya entre los títulos de crédito del comienzo nos ofrece una muestra de la técnica que va a usar --y abusar-- para provocar migraña al espectador y disimular el exceso de ideas, no siempre afortunadas, hilvanadas con el recurso de la cámara vertiginosa que se lanza hacia el infinito atravesando la realidad y cuando eso no toca nos lanza un discursito de voz en off en la que el protagonista nos cuenta lo que va a ocurrir.

Visto así parece poco prometedor. Y ese no es el problema. Resulta que "Sin límites" es muy prometedora. Demasiado prometedora. La historia de ese escritor --Bradley Cooper, el niño mimado, de moda, en Hollywood, con un inquietante parecido con "El paciente inglés", Ralph Fiennes-- en horas bajas creativas al que un excuñado droguero le facilita una pastilllita trasparente, llamada NZT,  que afirma es un medicamento revolucionario que hace trabajar al cerebro al ciento por ciento, es una idea de entrada prometedora. Pero el uso descuidado y excesivo que se hace de ella convierte un posible trhiller de base filosófica y sociológica en un galimatías pasado de rosca en la que se juega con el más allá todavía, se hacen trampas argumentales y se convierte en una confusión de géneros que despista y desanima al espectador.sin-limites.jpg

Si a ello unimos que esta mezcla desenfrenada de película de tesis psicológica, policíaca, de acción, de misterio científico y drama social se apoya en un endeble discurso ético, la cosa se pone formidable como diría Max Estrella. Cuando uno piensa que el final va a dar cierta coherencia al asunto (con la destrucción física y psíquica del protagonista) pues no, se vuelve el hombre un remedo de Clinton con aspiraciones al Senado, reconquista a su novia, deja en ridículo al magnate Robert de Niro (que ha llegado a ser lo que es con su esfuerzo y dedicación, no de la manera fulgurante y tramposa del protagonista) y apuesta por el principio tan aceptado en nuestra sociedad: el beneficio sin esfuerzo, el dinero fácil, la fama sin solidez...todo gracias a una pastillita, cuyos efectos negativos, letales, logra controlar el bello trepa tramposo de una forma que no queda clara.

Maravilloso todo pero de una falta de ética social, personal y psicológica que pone los pelos de punta. Si el lector deja de tomarse la cosa tan en serio, igual lo pasa bien. Cooper y Abbide Cornish son muy atractivos, los malos son muy malos y reciben su castigo (excepto el trepa, claro) y podemos disfrutar con un Robert de Niro que hace maravillosamente de Robert de Niro y que dice el único parlamento lógico y lúcido de toda esta película, un trepidante canto fílmico a la amoralidad escondido en un título de lo más ramplón y anodino.

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21 abril 2011 4 21 /04 /abril /2011 20:06

1303224425693.jpgLa escritora y periodista Rosa Montero (60 años) hace una segunda incursión literaria en el género de la ciencia ficción, ("Temblor" fue la primera) con "Lágrimas en la lluvia" donde nos lleva al Madrid del año 2109 de la mano de una detective Bruna Husky que es pendenciera, solitaria, carencial, dura aparentemente y profundamente necesitada de afecto y amor. Tiene además otra característica, es una "rep", es decir una replicante. Un androide, modelo de combate, que comparte con todos sus hermanos el mismo angustioso temor: conocen su exacta fecha de caducidad, de muerte. Son "nacidos" cuando tienen el aspecto de 25 años y diez años más tarde mueren por una especie de cáncer tecnológico. Mientras, viven su intimidad psíquica a base de recuerdos falsos estándar grabados en tarjetas de memoria. Sus relaciones con los humanos pueden ser sentimentales si ambos aceptan su precariedad. La sociedad en la que viven, los Estados Unidos de la Tierra, está desmoronándose por múltiples razones, en la que las secuelas de guerras universales, destrucción, caos ecológico, crisis política, social y económica, hace pensar inevitablemente en una cierta coherencia de raíz y causa con la situación que ahora vivimos en la realidad. Como si de los polvos actuales hubiéramos esperar lodos como los que asfixian al mundo "feliz" de Rosa Montero.

 

 

"Lágrimas en la lluvia" forma parte, como título, del imaginario colectivo de los amantes de la ciencia ficción. En 1968 el escritor Philip S. Dick escribe una obra maestra de la CF, "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" y en 1982 el director Ridley Scott lleva al cine una versión propia, apocalíptica, oscura y genial de esa novela con el nombre de "Blade Runner". Un mundo terminal donde se vive en un anochecer permanente entre nubes de contaminación y lluvia ácida y la humanidad va selectivamente emigrando a otro planeta pues ya ha destruido este por la superpoblación y los abusos ecológicos. En la tierra moribunda, los replicantes, de viva breve pero intensa, se rebelan contra su muerte prescrita por la ciencia. Uno de ellos, Roy, antes de morir declama ante un horrorizado e inerme Harrison Ford, "Todos estos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia".blade-runer.jpg

Pues bien, Rosa Montero nos lleva a una sociedad parecida donde los replicantes han comenzado a suicidarse, a pesar de que comienzan a ser reconocidos sus derechos. Uno de ellos, la protagonista, la detective Bruna, investigará el porqué de esas muertes aún más prematuras de sus congéneres por encargo de la sociedad que defiende la igualdad de derechos entre humanos y "reps". La caducidad de los replicantes, en realidad la incógnita irresoluble de la muerte, es el auténtico motivo central de esta novela, que juega con el misterio, la violencia y el humor, para mostrarnos la evidencia de que la ciencia ficción no es un género que escape de la realidad sino que nos ofrece una manera distinta de profundizar en ella.

La conjunción de novela policiaca, de ciencia ficción o de ideas políticas y sociales enriquece una lectura divertida, atrayente y de cierta complejidad. Las actividades de la detective androide, que no deja de recordarnos a la Lisbeth Salander de "Millenium", nos interesan tanto como la creación de ese mundo cuya historia alguien quiere manipular en los archivos centrales (otro de los misterios que envuelven al lector), pero -y es el único pero que le pongo a esta novela-, no nos conmueven en lo más profundo. Aunque nos interesa y divierte. Y eso no es poco.

Ficha: "Lágrimas en la lluvia".-Rosa Montero.- Seix y Barral 2011.- 477 páginas

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21 abril 2011 4 21 /04 /abril /2011 14:57

Marc Serena (que ahora tiene 28 años) decidió cuando cumplió 25 (como Jonás el personaje de la célebre película del suizo Alain Tanner) dar prácticamente la vuelta al mundo, buscar en 25 países distintos repartidos por el orbe, a veinticinco jóvenes que cumplieran entonces los 25 años, entrevistarlos y escribir un libro, "La vuelta de los 25"  sobre ese periplo periodístico original, que acaba de publicarle Ediciones B.

3927g.jpgEste manresano nacido en 1983 es periodista de tv, radio y prensa escrita. Catalunya Radio, RAC1, TVE, Canal 33 y Barcelona TV, El Periódico de Catalunya, Avui, región 7 y Público, han sido testigo de sus reportajes y trabajos. Con 25 años abandona todo y se marcha a hacer ese viaje pleno de simbolismos y comparte sus aventuras, desde el primer día, a través de la web lavueltadelos25.com. Este Julio Verne que no se encierra en ninguna biblioteca, comparte con nosotros el misterio de sus motivaciones reales, como Kavafis caminó por medio mundo para descubrir que lo importante no es dónde se va y cómo se vuelve, sino disfrutar del viaje en sí. Itaca para Marc Serena es este libro y el recuerdo imperecedero de sus experiencias.

Un pescador en una isla perdida filipina, una prisionera en chile, un monje budista en japon, una cantante de éxito, una contestataria anti-sistema en Quebec, un medallista olímpico, un ecologista chino, un gay en india, , una boxeadora tailandesa, una arqueóloga camboyana, un chamán peruano, una maestra mexicana, un perfumista gay en Londres, una cosmonauta rusa…personajes reales, todos con 25 años, todos hallados on the road, evitando los tópicos, buscando realidad…"una representación consistente de la juventud del mundo", como dice el autor, es decir la generación que en unos años deberá dirigir este mundo.

 ¿Qué nos llevaríamos para dar la vuelta al mundo? ¿Qué recuerdos nos acompañan?, son las preguntas que uno se siente tentado de realizar puestos en la misma tesitura. No es fácil y asi lo reconoce el amigo Marc.  Las etapas son altamente sugestivas y revelan un hábil planificación. Sudafrica, Mozambique, Swazilandia, Zimbabue, Japon, Corea del sur, Pekin, Hong Kong, India, Thailandia, Camboya, Vietnam, Filipinas, Australia, Nueva Zelanda, Chile, Argentina, Perú, Colombia, Venezuela, Mexico, Estados Unidos, Canadá y Rusia,  son algunos de los países que Marc visita, en los que busca y encuentra, a veces casualmente otras veces a tiro hecho, a las personas con cuyas entrevistas realizadas desde sep.2008 a agosto 2009, Marc Serena  escribirá su libro, en algo más de un año.

Una excelente lectura para estas mini  vacaciones. 

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20 abril 2011 3 20 /04 /abril /2011 18:54

aragonsinempal.jpg

 

 Presenté este libro en el espacio literario que la emisora de la SER en el Bajo Aragón (Radio La Comarca) ha puesto en mis manos. En el estudio, la compañera que me daba la réplica me obsequió con una sonrisa nada más mostrarle el libro del que iba a hablar. "Son muy conocidos", me dijo. A Joaquin Carbonell ya habia tenido el gusto de escucharle y leerle pero a Roberto Miranda, no. Pero su autopresentación como "pensionista del Inserso" ya me acercó a él y a su humor socarrón.

Ese dúo de terroristas del humor, ha perpretado cuatro libros, cuatro, sobre el "alma" aragonesa, a base de abrir compuertas al humor de la tierra, las bromas, chascarrillos, consejas, críticas aceradas, cornás, traspiés y peladillas con honda. "Propuesta de Estatuto de Autonomía de Aragón, plan B", "Gran enciclopedia de Aragón preta" y "Aragón a la brasa", son los libros anteriores, todos acogidos con enormes muestras de rechazo, visceralidad agresiva, amor a primera vista, cachondeo supino y declaraciones iconoclastas.

Su visión critica, irónica, salvaje y surrealista de los hombres, prohombres, cancilleres, concejales, mentes preclaras y mentes obtusas de la tierra, son descritos como paisanaje autóctono con una tierna mala baba que les malquista con los poderosos y les acerca fraternalmente al pueblo llano (que, por cierto, tampoco se libra de sus mandobles).

En fin, práctica sana de la parodia, con su grano de locura y su pizca de sensatez. Un ejercicio muy sano para la vida pública de cualquier pueblo que se precie.  Futboleros, roqueros, pensadores que no piensasn, directivos y ejecutivos de medio pelo, chusma pretenciosa del poder local o nacional, animales domésticos, sabios presuntos, fragmentos apócrifos de la historia cutre aragonesa, vicios y bondades del supuesto talante de la tierra, una especie de cóctel bien agitado, no mezclado, diría James Bond, del humor corrosivo de Jonathan Swift, Groucho Marx, Woody el grande, Eugenio el de los chistes del "ya saben aquel que diu...", Tip y Coll mas Cruz y Raya...En fin, el camarote de los Hermanos Marx pidiendo al unísono mucho más que dos huevos duros.

Humor noble, irónico, grotesco, de sal gorda a veces, rozando la grosería, siempre saludable para el buen gobierno de las gentes de aquí y de allá, que en el fondo muestran una visión muy seria de nuestro país. Un tipo de humor que oscila también entre el tremebundo Buñuel y el castizo Sender, de frases cortas y contundentes. Un libro éste que parece anclado en el humor oral de la tierra y que se centra en Aragón (de ahí el "sin empalmes", dejando a Cataluña al margen). Nota bene: ya les iría bien a los catalanes...y a los andaluces...y a los gallegos...etc.

Carbonell y Miranda dedican su libro a un aragonés de pro, con su humor honesto y duro y su socarronería lúcida: José Antonio Labordeta. Por cierto, el libro esta editado por "Voces del mercado", que casi prefigura con ese nombre la esencia literaria del libro.

 

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19 abril 2011 2 19 /04 /abril /2011 16:53

Caperucita-Roja_cartel_peli.jpgDirigida por la directora del primer "Crepúsculo", la fantasía vampírica para adolescentes, Catherine Hardwicke ha tenido la osadía de llevar el célebre y archimanipulado cuento de Perrault "Caperucita roja" a una versión cinematográfica de lo más "fashion" destinada a conmover los lucrativos corazoncitos de los adolescentes y jóvenes "teenagers" fascinados por las múltiples formas que adopta lo oscuro, la fascinación del mal y la atracción del abismo.

Una angelical y a veces lúbrica Amanda Seyfried, acompañada de sus atractivas madre y abuela, enfrentada a dos enamorados. Shiloh Fernández y Billy Burke y un oscuro padre, Max Irons, llamado a empresas mayores, sometidos todos a la presencia demoníaca de un hombre-lobo del que apenas tenemos vagos vislumbres pero cuyos ojos, muy humanos, la cámara se complace en enfocar para despistar al personal. Porque claro, se trata de saber quién es el vecino del pueblecito medieval que se dedica a matar y morder a los lugareños. La aparición estelar del gran Gary Oldman, envestido de "sacerdote" secular matador de hombres-lobo, con uñas de plata y todo, acompañado de una parafernalia inquisitorial de soldados y máquina de tortura incluída, no nos hace olvidar para nada al Drácula qué él bordó bajo la ordenes de Coppola. Aquí se limita a hacer de Gary Oldman, tan desmadrado como en "El cuarto elemento", junto a Bruce Willis.

La trama amorosa es poco convincente y apenas da para una escena de fundidos y vagorosos desencuadres que pasaría la censura de la catequesis de antaño, pero todo ello con aires  tan "fashion" que encantará al joven  público al que va destinado.

La vuelta de tuerca argumental nos viene dada por la evidente conexión familiar entre la bestia y la angelical Caperucita. El empeño de la directora de hacernos sospechar de todos los que rodean a la rubia protagonista, ¿ya había escrito "angelical"? da lugar a alguna secuencia demasiado manipulada, pero al fin, " The winner is...", bueno, eso no lo cuento, todo el mundo tiene que ganarse las habichuelas.

La tétrica aldea, las oscuridades, los hachones encendidos, los barridos de caperuci-poster.jpguna cámara contagiada por el histerismo de los protagonistas y los comportamientos de los lugareños ante el terror, no mejoran en absoluto una versión anterior - y esta realmente buena- que se llamó "En compañía de lobos" de Neil Jordan, donde la famosa lectura psicoanalítica del cuento llega a todo su esplendor. En la que nos ocupa, la relación de los dos protagonistas tiene el amilbarado y represivo tono romántico de los lánguidos vampiros adolescentes que infestan el cine teenagers.

Sin embargo no todo es rechazable, la amenaza y presión del mundo femenino de la aldea, entre la brujería y el despertar al sexo, el acecho masculino, las delaciones y la represión inquisitorial, sí que forman un endogámico ambiente cerrado y amenazador en la película. Y esto está bien logrado, como una referencia velada a las brujas de Salem de Arthur Miller y las tres damas oscuras de Eastwick que se disputan el amor del diablo Jack Nicholson, según la novela de Updicke. Un poquito del sentido del humor y la parodia de ésta última hubiera convertido "Caperucita" en una película de otro nivel.

No se pierdan la referencia incestuosa entre lineas (psicoanalítica) del final y olviden cuanto antes, o mejor ríanse, con la mejor escena de humor -involuntario- de la película: el recitado aquél de "abuelita qué ojos tan grandes tienes", etc.)

Pero en fin, eso es lo que hay.

 

 

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18 abril 2011 1 18 /04 /abril /2011 18:34

Mi artículo número 100 en este blog quiero dedicarlo al teatro de aficionados. Es un homenaje al hombre que escribe, al que lee, al que imagina historias que todos conocemos y que casi siempre nos sorprenden, a la fiesta de la cultura y la humanidad que se produce cuando un grupo de personas  se reúne para compartir las actuaciones de otras personas que, generalmente tratan sobre los mismos que los contemplan, más o menos. Una convención que está enraizada en la ontogénesis humana. Ah, y gracias por acompañarme durante estos meses. Y ahora, vamos a la función...

 

Un hombre y una mujer quedan aislados en un tejado durante una inundación. Sin embargo no se trata de una coincidencia dramática, hay una cierta intencionalidad en aprovechar las circunstancias para estar juntos, por parte de uno de ellos. Durante unas, muchas, horas, una noche entera, hablarán, empezarán a desvelarse algunos misterios impensables, anécdotas reales, dolorosas, ficticias, banales, mientras esperan que venga alguien a socorrerlos. Ese es el argumento de "Yo no sé de cuentos alegres", la obra que la compañía de teatro independiente "Liquidación por derribo" ofrece unos días a un público variopinto, peculiar, bastante entregado en una afición pura hacia el teatro, en un escenario improvisado en una vieja nave de un antigua fábrica del barrio de Gracia.cuen_0.jpg

Son dos actores sobre un escenario desnudo, en el centro de la sala, rodeados en estrecha vecindad por los espectadores, un público que no llega al centenar de personas, como una ceremonia litúrgica laica, de complicidad cultural, de afición simple y cálida a esa ancestral fiesta de la imaginación humana que es el hecho teatral en su más genuina pureza. Un hombre, Miquel Mozos, y una mujer, Ángeles Brun, que charlan, se enfadan, se emocionan, tienen miedo, sospechas, atracción, ternura, rebeldía, agresividad, todo ello cercanos al público que contempla casi tocándolos de qué fibra emocional vibran en ese momento los actores y comprueban la autenticidad del menor, el más minimo gesto o temblor, la mirada más íntima, incluso el fallo de vocalización, el mínimo despiste de la actriz porque alguien se ha movido bruscamente, la duda del actor al empezar un gesto prematuro, los defectos de la voz, un cierto segundo de impostación en un gemido o en un exabrupto.La mayoría de los actores y actrices que conozco han pasado por estos escenarios escuetos, rodeados de un público fraternal e inmediato, que respira junto a ellos y que comparte casi el mismo aire, parecida emoción, el milagro que une por poco mas de una hora a todos estos seres humanos en una convención genial que nació cuando el hombre habitaba aún las cavernas y pintaba en sus paredes y asistía  a la luz de las antorchas a las representaciones de acciones familiares, como la caza, el merodeo o las acechanzas de los depredadores.

Aquí, en el escenario de la fábrica, Miquel y Ángeles viven la particular historia de encuentro y desencuentro de una pareja joven sometida a unas circunstancias alienantes y dramáticas. En esa forzada intimidad se desgranan historias y miedos, desencuentros y esperanzas y el oscuro y trágico secreto que el hombre esconde en su corazón infantil y le ha envenenado la vida. Ese secreto que parece alcanzar el perdón con la confesión forzada por ella, será seguramente la clave de un final abierto que el espectador debe elaborar.

Quizá sea el momento menos logrado técnicamente por esa excelente pareja de actores, cuando la insistencia de ella en saber provoca un estallido en él y un desvelamiento obligado que generará una dinámica aparentemente de entrega amorosa. Y el mejor, para mi desde luego, es cuando él le ruega a su forzada compañera que le cuente un cuento, aunque no sea alegre. Y ella, Scherezade, tierna y hábil,  narra una historia surgida de las mil y una noches del imaginario amoroso y sentimental de la especie.

De todas formas el desgaste emocional de tanta presencia intensa ante lo que ocurre, ese estar tanto tiempo en el ojo del huracán, rodeados de espectadores atrapados por la dinámica de la historia (que muy pocas veces desfallece), mantiene un ritmo continuo de tensión, atemperado por cuatro fundidos en negro en diferentes momentos para lograr la ilusión de un paso del tiempo distinto al real que vivimos todos los que estamos bajo ese techo, público y actores.

Gustó la historia aunque desconcertó a algunos el final. Supongo que luego, en ese momento magnifico en que se produce la reelaboración de lo visto con lo intuido, lo imaginado y lo comprendido, esos momentos de charlas intimas entre parejas, entre amigos o en la soledad del espectador solitario consigo mismo, se apuntarían más finales y quizá alguno sea el que imaginó el autor de la pieza, Carles Armengol.

Creo que la compañía "Liquidación por derribo", tienes haberes artísticos  suficientes como para no liquidar. No ahora. No por algún tiempo.

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18 abril 2011 1 18 /04 /abril /2011 18:11

Desde que en setiembre de 2009 se celebró la primera “consulta” popular sobre la independencia de Cataluña en el municipio de Arenys de Munt, en el Maresme barcelonés,  hasta hace una semana en que se celebró en Barcelona capital y unos días más tarde en un debate en el Parlament, la llamada causa del soberanismo catalán no se ha movido de resultados más bien exiguos, a pesar de las irregularidades formales cometidas en una consulta de ese tipo. Desde el planteamiento: quién lo hace, cómo se vigila el cumplimiento de las reglas democráticas para ese tipo de consultas, durante cuánto tiempo tiene lugar la votación –sólo en Barcelona ha durado cuatro meses, desde el 12 de diciembre al 10 de abril- quién protege la gestión, conteo y fiscalización de los votos (las urnas y los votos se guardaban en el almacén de un supermercado), quién realiza el escrutinio y quién certifica si los resultados son los correctos…  No hay respuestas. Es decir se ha tratado de un asunto encuadrado dentro de la solera autóctona de Juan Palomo, “yo me lo guiso y yo me lo como”.

De todas formas los resultados se han movido más o menos dentro de lo esperado y habitual en las encuestas realizadas sobre la cuestión: un 34% de los catalanes apoyan la independencia, un 30 % se opone y un 36% no sabe/no contesta. Pero los catalanes que ha participado en esas encuestas han oscilado alrededor del 21%  del censo electoral y de esos el 18% se ha declarado a favor de la independencia. Una cifra cercana a la que desde 1980 se barajan en los sondeos de opinión (casi siempre diseñados de forma más correcta y ajustada a las normas democráticas para este tipo de consultas). La misma cifra vale para el conjunto de Catalunya y para la ciudad de Barcelona.

En el resto de España se ha contemplado con displicencia e irritación estos “extravagantes” actos,  tildándolos en el mejor de los casos de “cosas de catalanes”. Desde que se dictó la sentencia STC 31/2010 en la que el Tribunal Constitucional resolvió el recurso de inconstitucionalidad del PP contra la reforma del estatuto de Autonomía para Cataluña, la falta de conexión y comprensión entre Cataluña y el resto de España ha ido aumentando exponencialmente. Se ha dado carta de naturaleza al llamado “malestar catalán” (que tiene raíces económicas principalmente, no lo olvidemos) y que está provocando que el independentismo catalán, que resulta casi inane en sus expresiones políticas parlamentarias, esté avanzando socialmente de una forma imparable en una comunidad en la que el “seny” o buen sentido siempre ha tenido carta de naturaleza, a pesar de ciertas minorías de uno u otro signo, siempre tan ruidosas.

El giro soberanista del nacionalismo catalán se ha agudizado desde que se hizo pública la STC 31/2010. Sin duda el alto tribunal ha cumplido de forma recta e intachable su cometido, pero ese “ustedes se quedan fuera” propinado a la expresión de una voluntad popular política correcta y legalmente formulada, no deja fuera a “esos” catalanes sino a todos los catalanes, incluso a los que no están convencidos de dicha reforma. Deja simbólicamente fuera de la Constitución a una gran parte de Cataluña y eso no es un  buen escenario político,  ni para estos tiempos de crisis ni pensando en el futuro de España. No hay “problema” catalán, vasco, gallego, aragonés o valenciano. Hay un problema que se llama España y que es de todos nosotros. Hace falta rediseñar el nacionalismo y aceptar la regla incontestable de que unidos somos más fuertes. Todavía no lo hemos aprendido con Europa y así nos va. Una sola voz es más fuerte, se oye mejor y por lo tanto se entiende mejor,  que una algarabía caótica de gritos contrapuestos. Otra cosa es que seamos capaces de hacerlo. Pero eso es otra historia…

 

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15 abril 2011 5 15 /04 /abril /2011 09:02

No es sólo una película de romanos, un "peplum". El director,  Kevin aguila.jpgMacdonald,  ya dio muestras de su bien hacer en "El último rey de Escocia" y en "La sombra del poder".

Aquí nos lleva a una historia que se plantea de una forma que recuerda a los mejores western, una contraposición entre el concepto vigente en esos tiempos de "civilización" (el Imperio romano) y los pueblos fuera de su órbita de poder, los bárbaros, el resto del mundo. Como todos los imperios, el de los romanos también estableció esa línea de frontera que marcaba la diferencia. En Britannia, esa línea era física y correspondía a la famosa muralla de Adriano que dividía esa tierra en dos. El paralelismo maniqueo entre la barbarie y la "civilización" queda establecido, como en las películas del oeste, las tierras virgenes de los indios y la civilizacion que extiende el ferrocarril. El orden que impone la lex romana frente al caos de los pueblos de las Highlands de Bretaña.

Como en los western de frontera, la belleza del espacio natural ocupa aquí una importante baza. Los paisajes son bellísimos y están magnificamente fotografiados. Las secuencias del poblado picto e incluso la misma apariencia física de estos hace casi imposible sustraernos a la impresión de que estamos viendo un wester en el que las pistolas y el look de los  norteamericanos es sustituido por la faldilla y las piernas al aire, las espadas, túnicas y corazas de los romanos.

La trama también es propia de la dinámica del oeste, un centurión vuelve a Bretaña para recuperar un simbolo romano, el aguila dorada, que le fue arrebatado a su padre, también centurión,  tras una batalla en la que todo un batallón romano desaparece sin dejar huella. Las secuencias iniciales, el ataque al fortin fronterizo romano por las tribus bárbaras y el rescate de los priisoneros que  los pictos están masacrando ante el fortin, utilizando la famosa "tortuga" romana de escudos, erizados de lanzas, bajo los que se resguardan los soldados, como una coraza andante,  confrontados a la bravura caótica y salvaje de los pictos, tiene una gran categoría fílmica.foto-LALEGIONDELAGUILA.jpg

Toda la incursión del centurión en busca  del padre por territorio "salvaje" acompañado por un esclavo britano que le ha declarado fidelidad es de una contundencia cinematográfica digna de un Ford o un Wyler. Lástima que al final de la película esa fuerza se diluya y se busque el final tipo comic al que solo faltaban los compases triunfales y ramplones de la musiquita de la Guerra de las Galaxias.

A pesar de eso, película notable que refleja algo muy interesante, el pulso dialéctico entre dos formas antagónicas de entender el mundo, dos percepciones opuestas de lo que es la vida y las relaciones humanas. El mundo supuestamente civilizado versus el mundo supuestamente bárbaro.

 

 

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14 abril 2011 4 14 /04 /abril /2011 19:35

ThumbnailCAN6F0MS.jpgEduardo Mendoza, nacido en 1943 –68 años—abogado, traductor de la ONU en los años 70 y escritor desde "La verdad sobre el caso Savolta" (1975) novela publicada recién muerto Franco y saludada como la primera novela de la nueva era política española, es, fundamentalmente un escritor paródico, imaginativo, guasón, irónico, socarrón, lleno de sentido del humor y dueño de un estilo literario muy correcto y elegante que se ajusta como un guante a las características de la mayoría de sus novelas: la parodia, el folletín como disfraz, la crítica certera vestida con humor y algo de compasión. Para abrir boca y antes de hablar de la novela que hoy nos ocupa, recomiendo a los lectores un aperitivo doble: léanse "Sin noticias de Gurb" y "El último trayecto de Horacio2", dos parodias de la ciencia ficción en las que el humor y una sana y demoledora crítica harán las delicias de cualquier lector. Después, dos parodias más de novela detectivesca y de misterio gótico, "El misterio de la cripta embrujada" y "El laberinto de las aceitunas". Por fin, le híncan el diente a "La ciudad de los prodigios" para, debidamente informados y risueños podamos leer su "Riña de gatos. Madrid 1936". Es decir, ya sabremos que es un escritor paródico, al que le gusta mezclar géneros escogiendo lo mejor y más divertido de cada uno de ellos: folletín, novela romántica, de misterio, policíaca, de terror, ciencia ficción, histórica y de humor.

 

 

La que nos ocupa, es una novela muy diferente a esa otra buena novela con el mismo ambiente y temática histórica, el "San Camilo, 1936" del injustamente olvidado Camilo José Cela. En la que tenemos ante los ojos, el escritor barcelonés se cambia de residencia y vuelve los ojos y la pluma hacia Madrid y no en cualquier momento, unos meses antes del comienzo de la guerra civil.

ThumbnailCA5H853G.jpgYa empezamos a ver a qué se debe el título de la novela. España como un escenario de riña de gatos. Seguramente Mendoza ha jugado, como a él le gusta hacerlo con las referencias cruzadas (y esto es una hipótesis) ya que su personaje central es un joven inglés Anthony Whitelands, experto en pintura española y concretamente en Velázquez y visitante asiduo de El Prado. Pues bien, desde 1986 se exhibe entre las obras de Goya un cartón para tapiz que se titula así. Y además es un cuadro de cuya autoría ha habido dudas y estuvo casi un siglo "archivado" en el sótano del museo con peligro de dañarse irremisiblemente. También la obra que debe autentificar el inglés, propiedad de un noble español relacionado con la derecha española, es un cuadro de dudosa autoría y que corre peligro de destrucción y no sólo por las humedades.

¿Qué es "Riña de gatos"? Pues bien es una novela ejemplar al modo cervantino y una novela picaresca al modo del Lazarillo o de Marcos de Obregón. Es una parodia disimulada de las novelas históricas y es una novela de acción y también de intriga, de aventuras y de espías, en ocasiones erótica y en otros momentos de una sutil y lúcida pedagogía artística, es un folletín de trasfondo histórico y una novelista romántica, un sainete irónico y una comedia de enredos. Como en las películas de Lubitch o de Billy Wilder, los personajes no hacen más que entrar y salir, confundiéndolo todo, cerrando y abriendo puertas, complicando las cosas hasta el límite. Pues bien, el inglés Antoñito, atractivo como Leslie Oswald, se enfrenta a falangistas y entre ellos al mismísimo José Antonio Primo de Rivera que, incluso, será su rival amoroso, y conoce y se inmiscuye entre los políticos más destacados del momento desde Alcalá Zamora a Manuel Azaña, sabrá de los militares y sus conspiraciones, es testigo de la detención y encarcelamiento de José Antonio, perseguido por policías y matones, es agredido y camina entre los gatos en riña sin enterarse demasiado de lo que está pasando, manipulado y zarandeado por unos y otros.

Nos pasea Mendoza, junto a su atribulado protagonista, ese testigo accidental de unos hechos históricos que le superan, que a la inquietud social y política añade otras de tipo amoroso y sexual, por las calles de Madrid, sus barrios principales de uno u otro signo, ejerciendo de un donjuanismo ligeramente asombrado e inocente, sujeto a los caprichos y bandazos de las mujeres, esa asignatura pendiente que vemos en muchas novelas de Mendoza: el género femenino, que le atrae y le inquieta, seres incomprensibles dotados de un atractivo y un misterio que lo llevan a mal traer desde el principio.

En resumen, la vista del inglés, del otro, del extranjero, no está llena de lucidez a la hora de analizar el laberinto español en Madrid 1936, está llena de pasión contagiada, de miedo, de ironía y de un humor cáustico a veces y otras refinado. Con una mezcla de géneros muy habitual en Mendoza, las aventuras del experto en arte en un Madrid convertido en la poza pestilente y agresiva donde riñen todos como gatos, es tan entretenida y sugestiva como si Groucho Marx en un rapto de seriedad quisiera intentar analizar el por qué del desastre español, meses antes de que se declare la guerra civil. Y el lector asiste a ese viaje, divertido y asombrado, sujeto a un bien hilvanado recurso literario que relaciona hechos y sorpresas para así ir de capítulo a capítulo, todos engarzados, como se sacan las cerezas de un cesto, hasta que da con el final, tras 427 páginas de lectura apasionante.

 

 

 

 

 

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13 abril 2011 3 13 /04 /abril /2011 16:22

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Diez millones de euros gastó Carlos Saura en rodar y producir su "Io, don Giovanni", un capricho estético en la línea de sus obras sobre el flamenco o Goya. Aquí con el "Amadeus" de Milos Forman como referencia cultural y estética. Sin el formalismo académico de Forman (que yo aprecio a pesar de tantas criticas adversas) pero con su ambición intacta, Saura nos presenta, a mi modo de ver, una propuesta digna de metacine, en el que la ópera, el arte pictórico, el teatro y el cine logran un maridaje si no perfecto si apreciable y en momentos puntuales de superior nivel.

Saura ha tenido acerbas críticas en este filme realizado en 2009 y que no se estrenó hasta finales del 2010 y con escasas muestras de entusiasmo. A pesar de que la historia del Mozart enfermo, componiendo a trancas y barrancas su Don Giovanni y dejando en ese trabajo girones de su propia vida y de sus fantasmas personales, es una historia familiar, Saura da un hábil giro de tuerca y nos lleva a su relación con Lorenzo di Ponte, el escritor y libretista, masón y libertino -- protegido por Giaccomo Casanova, el célebre don Juan-- convirtiéndole en el personaje central de la película. Mozart, Salieri, el emperador austriaco, Casanova, giran en torno a las tribulaciones y enredos de Di Ponte, interpretado por Lorenzo Balducci.

En la consistencia de los personajes Saura no logra dar solidez a su propuesta. Balducci, Lino Graciali como el desmelenado Mozart o Emilia Verginell como Anna, la amada angelical de di Ponte, no nos conmueven. Sus actuaciones son como los recursos de Saura a poner como fondo obras de arte pictóricas para mostranos Viena, Venecia o los palacios donde se desarrolla la acción. Son impostaciones teatrales que nos recuerdan, sin disimulo, el artificio del cine para jugar con la idea del escenario en un compromiso estético con el espectador. (Apuesta que, supongo, reduce drásticamente el sector de público al que puede interesar  -y comprender- el guiño que propone Saura).

Asi pues "Io, don Giovanni" no es ópera filmada, ni filme teatral, sino cine en estado puro --no siempre al nivel que sería exigible-- que no logra alcanzar la excelencia de los primeros filmes de Saura, "La caza", "Elisa, vida mia", pero sintoniza esencialmente con "Goya en Burdeos" o "Flamenco", una suerte de cine invadiendo y hermanándose con otras artes, la pintura o la danza. Metacine para un realizador que aún vive de prestigios del pasado y que recurre -casi- al pastiche, como cuando alguien escribe una nueva aventura de Sherlock Holmes, hace caminar de nuevo a don Quijote o lleva una obra de Shakespeare a la ciencia ficción. Saura ha dejado de ser un creador en su arte para convertirse en un buen artesano que busca muletas en otras artes hermanas.

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